Explícito Círculos

Tema en 'Novelas' iniciado por Dark RS, 9 Junio 2019.

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  1. Threadmarks: Prólogo. Círculos
     
    Dark RS

    Dark RS Caballero De Sheccid Comentarista empedernido

    Capricornio
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    20 Marzo 2012
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    Escritor
    Título:
    Círculos
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Drama
    Total de capítulos:
    3
     
    Palabras:
    2596

    Prólogo. Círculos



    La Preparatoria Dante Circle, o Preparatoria DC como se le suele llamar para abreviar, es uno de los institutos más prestigiosos y reconocidos de todo el país, y de las veinte mejores a nivel mundial. A esta asisten los hijos de las personalidades más influyentes y poderosas en el ámbito comercial y político, tanto nacional como internacional. En este lugar, cada año, se matriculan cientos de estudiantes, que no solo van desde herederos de compañías multinacionales hasta hijos de políticos, sino que incluso los descendientes de soberanos de medio oriente. Venir a este lugar es asegurar relaciones comerciales de por vida.


    Como en todas partes, en esta institución hay divisiones de clases y esto es más que evidente a la hora del almuerzo, donde cada quien se reúne a compartir con sus pares. En el comedor, que más que comedor da la impresión de ser un enorme restaurante, hay meseros que van hasta las mesas a tomar la orden de los estudiantes, de acuerdo a un menú ya establecido, y les llevan la comida. Muchos estudiantes optan por pedir comida de fuera, que aunque está técnicamente prohibido nadie lo regula por lo que se ha vuelto una práctica común que les ahorra mucho trabajo a los empleados del comedor.


    El comedor es tan grande como campo y medio de fútbol, tanto de largo como de ancho. Las mesas se encuentran a una distancia de al menos cuatro metros entre ellas, para mayor comodidad y privacidad de los estudiantes. Hay una división de cuatro zonas, a veces llamadas Círculos; donde la zona más lujosa presenta mesas de mármol, con manteles de seda, servilletas hechas con telas persas, sillas de pino sobre las que se colocan cojines de gamuza. A los que se sientan en estas mesas se les sirve en platos de porcelana y cubiertos de plata esterlina. Están localizadas cerca de los amplios ventanales que dan hacia el colorido jardín y la cristalina laguna llena de cincuenta tipos distintos de peces koi, que de vez en cuando saltan, como si saludaran a los estudiantes.


    La segunda zona tiene mesas de roble, con sillas del mismo material. Manteles de seda, no tan finos como los de la primera zona, servilletas de tela, platos de porcelana y cubiertos de acero. Los de la tercera, que es la mayor de las zonas, se sientan en mesas de madera gruesa, sillas de metal con acolchado de tela fina. Se les sirve en platos de vidrio, con cubiertos de acero. Estas dos están localizadas en medio del comedor, o cerca de las paredes.


    El cuarto círculo, que también es el más pequeño, ya que consta de una única mesa, es la zona establecida para los becarios. La mesa es de madera común, se encuentra manchada y con grafiti, al igual que las sillas que cojean y nadie parece apurado por reemplazar o arreglar. Se les dan servilletas de papel, platos y cubiertos de plástico reciclable. Ésta se encuentra justo al lado de los basureros; afortunadamente siempre hay un conserje llevándose la basura, por lo rápido que suelen llenarse, así que es poco común que huela mal.


    Esta división se realiza acorde a lo influyentes que sean los padres de cada estudiante, su puesto en el Consejo Estudiantil o si pertenecen a algún club o equipo deportivo. Los mejores sitios pertenecen a los herederos de las empresas multinacionales, miembros del Consejo Estudiantil y jugadores del equipo de baloncesto, que resultan ser el orgullo tanto de la institución como de la ciudad, al encontrarse estos invictos desde hace tres años.


    La segunda y tercer área, son para los hijos de personajes importantes, y miembros de los clubes y otros equipos deportivos. La última mesa es para los que pertenecen al Club de Becarios, o Club de Perdedores como los llaman los otros estudiantes, y uno que otro profesor. Este club está conformado por los afortunados, o desafortunados según cómo se quiera ver, que han ganado la llamada Beca Dante. La Beca Dante le es otorgada a un estudiante sobresaliente de alguna preparatoria pública, para darle la oportunidad de un mejor mañana, o eso es lo que se espera al menos.


    Los becarios suelen ser de clase media o de escasos recursos, jóvenes que jamás en la vida siquiera soñarían con pagar la matrícula de un lugar como lo es la DC. Muchos de ellos, al principio, creen haber tenido un cambio positivo en su suerte, pero, al momento de asistir a clases, se dan cuenta que son personas non gratas; les juegan bromas pesadas, los insultan, incluso los profesores los ignoran y permiten, si no es que participan en, esa clase de comportamientos. Los más afortunados pueden pasar desapercibidos, al volverse una especie de esclavo de otros estudiantes. Pero las humillaciones y maltratos los obligan a abandonar eventualmente. Un destino casi seguro para la mayoría de becarios.


    En la actualidad, este club consta de únicamente tres miembros. El mayor de ellos, que también es considerado el presidente del club, por antigüedad, se llama Marco Martínez, un joven de diecisiete años, que cursa tercero de preparatoria. De cabello negro y corto que peina con línea en medio, ojos negros, piel blanca, altura promedio y un poco obeso. Su familia es dueña de un mini supermercado, localizado en un mal barrio, famoso por ser un lugar lleno de drogadictos y prostitutas. Lleva el uniforme masculino: chaleco negro, camisa blanca y corbata roja, que es el color para los de tercero, pantalones largos negros, zapatos negros, y calcetines azul oscuro. Al respaldar de su silla se encuentra el saco de su uniforme, el cual es azul oscuro, con el logotipo de la preparatoria, que consiste en el dibujo del edificio principal con una DC dorada enfrente, bordado en el bolsillo delantero izquierdo.


    La segunda miembro, que ya lleva medio año escolar asistiendo, se llama Alicia Hatter, una chica de muy baja estatura, cabello negro, opaco y lacio, hasta los muslos, ojos, que siempre lucen tristes, color miel y piel tan pálida que parece que nunca saliera al sol. Viste el uniforme femenino: chaleco negro, con blusa estilo camisa, corbata azul, color que utilizan los de segundo, falda hasta las rodillas color azul marino, medias hasta los muslos color negro, zapatillas negras, tan gastadas que cuesta que queden brillantes, lo cual intenta a diario sin mayor progreso. También tiene el saco al respaldar. Su madre trabaja limpiando un edificio de oficinas durante el día y muchas veces llega hasta muy tarde en la noche, y los fines de semana labora como camarera en un hotel local.


    La tercer miembro, es una joven de descendencia asiática, piel blanca, ojos azules como el cielo de un día despejado, cabello castaño, rizado y largo hasta media espalda, usa exactamente el mismo uniforme que Alicia, demostrando que están en el mismo grado, presenta una cicatriz en su mejilla derecha, la cual oculta con maquillaje. Su nombre es Satoko Miyuki, pero sus amigos le dicen Sally, algo a lo que nunca se ha opuesto, aunque tampoco lo ha aprobado. Está en una silla de ruedas, la cual está notoriamente desgastada y vieja.


    Este día, como es costumbre, los del Club de Becarios almuerzan juntos, para conversar un poco y despejarse antes de volver al infierno que son las clases. Para ellos es una especie de desahogo de las insoportables bromas, humillaciones y burlas a los que son sometidos durante las clases y recesos.

    —Hoy realmente apestas, querida —le hace ver Marco a Alicia, apenas soportando la peste despedida por la baja chica —. Casi hace que se me quite el apetito.

    —Unas chicas de mi clase me pasaron el trapo del baño sobre el cabello y la boca —explica la de cabellera negra, mirando hacia su comida. Intentó lavarse el cabello antes de venir al comedor, pero fue en vano, el olor no la deja. Aunque agradece haberse podido quitar ese nauseabundo sabor de la boca.

    —Oh, querida, lo lamento tanto. ¿Una papa? —le ofrece una papa cocida, que aún queda en su plato de plástico, la misma está cubierta por especias y aún desprende algo de vapor —. Las papas siempre me hacen sentir mejor.

    —No, gracias... Además, no es peor que lo que te hicieron a ti —le hace ver la chica baja, mirándole el rostro.

    —¿Esto? —se señala el ojo derecho, que tiene amoratado —. No te preocupes por eso. No es el peor golpe que me han dado esta semana.

    —Lo triste de esa afirmación —añade Sally, que mantiene las manos sobre las rodillas, sosteniéndose la falda —, es que hoy apenas es martes.

    —Un poco triste en verdad —el joven sonríe —. ¿Cómo te sientes, querida? ¿Se te pasó el asco?

    —Sí —asegura la de silla de ruedas, suspirando pesadamente —. Tampoco es la primera vez que lo hacen.

    —No puedo creer que te quitaran la ropa interior, y un chico se masturbara con ella y te la devolvieran llena de esa... ni puedo terminar de decirlo —dice Alicia, que perdió el apetito de solo imaginarlo.

    —Solo tengo que intentar que no se me levante la falda durante el resto del día, porque esa porquería ya la tiré —comenta, tomando con aún más fuerza su falda. Casi no ha comido, y no planea terminarse el almuerzo.

    —Oh, mis queridas —se lamenta Marco —. Tienen que sufrir tanto.

    —Cambiando el tema —dice Sally —. Vean quién acaba de entrar —señala hacia el extremo opuesto del comedor, donde algunos miembros del equipo de baloncesto acaban de tomar asiento en una de las mesas del primer círculo.

    —Oh, vaya, querida, el amor platónico de Alicia —molesta un poco el chico, sonriendo de manera conspirativa.

    —N-no es mi... a-a-amor platónico... —niega, completamente sonrojada. Se queda viendo al chico que hace que su corazón se paralice cada vez que lo ve. Alguien arroja un pedazo de carne contra la de cabello negro, pero está tan concentrada que no se dio cuenta.

    —Pues es guapo —añade el joven, antes de comerse un trozo de su papa restante.

    —Claro que es guapo —añade Sally, mirándolo fijamente —, y musculoso, y rico, y alto, y encantador, y... ¿Qué decía?

    —No te enamores de él —regaña Marco —, ve que ya Alicia se babea por él y lo último que necesitamos en el grupo es un drama pasional.

    —Perdona, perdona, pero es solo que.... —suspira, mirando al chico al otro lado del comedor, los ojos le brillan a la vez que pensamientos eróticos invaden su juvenil mente.

    —Ay, querida —niega él con la cabeza ante tan lasciva mirada que pone la castaña —. Oye, Alicia, ¿por qué no vas a hablar con él?

    —Claro que no —niega de inmediato la de cabello negro —. Suponiendo que logre llegar viva al otro lado de los círculos, alguna de sus prometidas me mataría antes de poder decir siquiera “hola”.

    —¿Ya es oficial? —pregunta la de silla de ruedas — Lo del compromiso.

    —Sí, lo vi en las noticias anoche —afirma la chica bajita, recostandose sobre la mesa, notoriamente decaída.

    —No puedo creer que esté comprometido con dos chicas y ande tan campante —reclama Marco, frunciendo el ceño y cruzando los brazos. Tiene una fuerte opinión en contra de la bigamia y poligamia.

    —A ti te molesta más que no te haga caso —menciona Alicia, inflando las mejillas.

    —¿Yo? No, claro que no —se sonroja un poco, reflexionando en lo apuesto que le resulta —. Pero aquí hablamos de ti, no de mí.

    —Sí, claro, porque te conviene —se golpea la cabeza contra la mesa, desparramando su oscuro y abundante cabello por todas partes.

    —Escuché el rumor que solo es un matrimonio por conveniencia —añade la castaña en voz baja.

    —¿Por conveniencia? —cuestiona Marco, interesado en el chisme.

    —Sí. Por ahí dicen que solo se van a casar para abrir relaciones comerciales con medio oriente.

    —¿Quiere decir que no las quiere? —cuestiona en voz baja, la de cabello negro, a la vez que levanta la mirada.

    —Eso ya es otro asunto —niega Sally con la cabeza —. ¿Saben? Es posible que él no sepa sobre cómo nos tratan los demás.

    —¿Qué quieres decir, querida? —pregunta el joven, ladeando la cabeza un poco, dando a entender que no le comprende.

    —Piénsalo, las Becas Dante las da su compañía, incluso el dinero que nos dan cada mes viene directamente de su bolsillo, o eso tengo entendido.

    —Creo que tienes razón, Sally —afirma Alicia, al recordar el papeleo que tuvo que leer sobre la beca y la preparatoria —. El presidente de las empresas Magno & Asociados es quien paga, de su propia bolsa, lo que nos viene de beca para gastos extraordinarios y las mensualidades de la matrícula.


    Los tres se quedan mirando al chico que ha sido el centro de atención de la conversación. Es un joven de diecisiete años, muy alto y algo musculoso, piel morena, cabello corto negro y ojos oscuros, los cuales no demuestran ninguna señal de emoción. Lleva su uniforme casi completo, por excepción de la corbata roja, que se quitó y puso sobre la mesa en cuanto llegó. Sobre su regazo, se encuentra sentada una de las que se presume son sus prometidas. Una joven de estatura promedio, ojos tan dorados como el sol y piel tan exótica como el chocolate, de cabello negro y lacio hasta media espalda. Tiene las uñas pintadas en azul brillante con diseños de flores rojas, lo que es una violación al código de vestimenta de la institución, pero, al ser tan popular, ni a los profesores les molesta que las tenga así. Usa la falda un poco por sobre los muslos, y varios botones de su blusa abiertos, dejando al descubierto el sostén blanco que protege su generoso busto.

    —Quizás me enamoré de una mala persona... —murmura Alicia, viendo como esa chica extranjera se come a besos al que es su interés amoroso. Se siente más triste que celosa.


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    Saludos, estimado(a) lector(a), esta es una especie de prueba en la que intento salirme un poco de mi estilo de fantasía para pasar un poco hacia el drama. Al inicio intenté que solo fuera un drama romántico, y pues, terminó siendo algo distinto, más oscuro que la idea original. Supongo es un caso de "Puedes sacar al autor de su género, pero no al género del autor". No tendrá más de diez u once capítulos.
    Bienvenidos y agradecimientos a los que quieran leer esta historia.
    ☯☯☯☯☯☯☯☯☯☯
    Nombre: Marco Martínez
    Apodo: ---
    Ocupación: Estudiante de Tercer Año en la Preparatoria DC/Presidente del Club de Becarios
    Edad: 17 años
    Género: Masculino
    Ojos: Negros
    Piel: Blanco
    Cabello: Negro y Corto
    Altura: 1,61
    ☯☯☯☯☯☯☯☯☯☯
    Nombre: Alicia Hatter
    Apodo: Al
    Ocupación: Estudiante de Segundo Año en la Preparatoria DC/Miembro del Club de Becarios
    Edad: 16 años
    Género: Femenino
    Ojos: Miel
    Piel: Blanca
    Cabello: Negro, Largo (hasta los muslos) y Lacio
    Altura: 1,44
    ☯☯☯☯☯☯☯☯☯☯
    Nombre: Satoko Miyuki
    Apodo: Sal, Sally
    Ocupación: Estudiante de Segundo Año en la Preparatoria DC/Miembro del Club de Becarios
    Edad: 16 años
    Género: Femenino
    Ojos: Azules
    Piel: Blanca
    Cabello: Castaño, Largo (hasta media espalda) y Rizado
    Altura: 1,53
    ☯☯☯☯☯☯☯☯☯☯
    Nombre: --
    Apodo: --
    Ocupación: Estudiante de Tercer Año en la Preparatoria DC/Capitán del Equipo de Baloncesto/Presidente de Magno & Asociados
    Edad: 17 años
    Género: Masculino
    Ojos: Oscuros
    Piel: Moreno
    Cabello: Negro y Corto
    Altura: 1,92
    ☯☯☯☯☯☯☯☯☯☯
    Nombre: --
    Apodo: --
    Ocupación: Estudiante de Segundo Año en la Preparatoria DC
    Edad: 17 años
    Género: Femenino
    Ojos: Dorados
    Piel: Negra
    Cabello: Negro, Largo (hasta media espalda) y Lacio
    Altura: 1,68
     
    Última edición: 23 Junio 2019 a las 5:36 AM
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  2. Threadmarks: Capítulo 01. Deudas
     
    Dark RS

    Dark RS Caballero De Sheccid Comentarista empedernido

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    Escritor
    Título:
    Círculos
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Drama
    Total de capítulos:
    3
     
    Palabras:
    2710

    Capítulo 01. Deudas



    Después de clases, que es cuando los clubes se reúnen, los miembros del Club de Becarios tienen su reunión diaria. Y, ya que el suyo es un club fundado con el fin de ayudar a los nuevos estudiantes que ingresan gracias a las becas, al tan solo haber tres miembros, y ninguno relativamente nuevo, se les encomendó la labor extra de realizar informes mensuales sobre las condiciones de las instalaciones del amplio campus, que podría pasar por una ciudad pequeña. Por lo que acostumbran pasear de un lado a otro, buscando desperfectos en los edificios o proponiendo algunas ideas que podrían mejorar el ambiente escolar. Estos informes son presentados directamente ante el Consejo Estudiantil, quienes suelen encargarse, casi de inmediato, de reparar o solucionar los problemas encontrados. Aunque parecen ignorar cuando se informa sobre algo que afecte a los becarios, como lo es la ya habitual solicitud de cambio de mesa y sillas del cuarto círculo, por unas en mejores condiciones.


    Este día, tienen que presentar el informe del mes de junio. Siempre temen que llegue el momento de presentar informes, es de las peores cosas que tienen que realizar, y cada mes se vuelve peor y peor. Los tres miembros del Club de Becarios se encuentran frente a la presidenta del consejo, quien está detrás de un escritorio de madera barnizada, que cuenta con diez cajones. Se encuentra sentada sobre una silla de oficina muy grande y acolchada color negro. Alicia agradece que Sally tuviera algo de perfume para enmascarar el desagradable olor de su cabello.


    La presidenta, que cursa el segundo año, es una joven de diecisiete años, cabello lacio y negro hasta media espalda, ojos dorados y piel oscura, es una persona agresiva, en el estricto sentido de la palabra. Incluso el resto de miembros del Consejo Estudiantil le tienen, un justificado, miedo. Siempre suele usar el uniforme perfectamente alineado y sin una sola arruga visible.


    Los tres tragan saliva nerviosos, el rostro feroz de la presidenta siempre deja helado a cualquiera que se le cruce en frente. Casi da la impresión de que los atacará en cualquier momento, y nadie duda de que sea capaz de hacerlo. Ninguno se atreve a decir palabra alguna. Es bien sabido que la presidenta controla por completo al Consejo Estudiantil, el resto de miembros solo se hacen presentes para darle soporte, cumplir cualquier capricho que se le ocurra o coordinar las reparaciones que se deban hacer.

    —¿Y bien? —cuestiona la de ojos amarillos, harta de verles la cara a los becarios.

    —Bueno... —se atreve a decir Marco —. Realmente... todo está... en... en...

    —¡Ya sácate el sapo de la boca y habla bien! —grita la presidenta, alterando a todos los presentes.

    —P-perdone, presidenta Budusk —se disculpa el joven, pone la mente en blanco y pierde la mirada en la zona sobre la chica, para no verla directamente, pero que parezca que si lo hace —. Realmente la mayoría de las instalaciones están en buenas condiciones —coloca una copia de su reporte sobre la mesa, le tiemblan las manos.

    —La mayoría significa que no todas lo están —dice ella, dándole una mirada rápida a las cinco hojas de papel que componen el informe.

    —Me temo que tiene razón. La piscina tamaño olímpica del club de natación tiene una pequeña fisura en el fondo, cerca de la esquina sureste, no se está filtrando el agua, pero lo mejor sería acabar con el problema antes de que inicie —respira profundamente, tomando valor para continuar —. Hay unos gatos que se están comiendo a los peces del estanque. Una de las ramas del árbol de manzana del noreste del campus está peligrosamente crecida y el viento la mueve mucho, tememos que pueda caerse en cualquier momento.

    —¿Algo más? —pregunta, lanzando el informe hacia un chico que se encuentra en un rincón. Este lo atrapa y solo lo abraza contra su cuerpo, como si tuviera miedo de que lo fueran a regañar, o peor, si lo dejara caer.

    —No, presidenta Budusk —niega Marco, aliviado que acabara la presentación sin ningún incidente.

    —Pablo se encargará de aprobar el presupuesto, ¿cierto, Pablo? —pregunta la joven, mirando al chico al que le arrojó los papeles.

    —Me estoy tardando mas bien. — El joven sale apresuradamente de la habitación, para preparar todo el papeleo y hacer las llamadas respectivas.

    —Oigan, Club de Perdedores —dice la de ojos dorados —. Bueno, no todos, solo la paralítica china.

    —Mande usted, presidenta Budusk —responde Sally, para nada feliz por la forma en que la llamó, aunque tampoco es el peor apodo que le han puesto.

    —Voy a verme en la obligación de embargar lo que recibes de beca en su totalidad y tendrás que comenzar a pagar más por mes —informa la presidenta, sonriendo ante la reacción perpleja de la chica en silla de ruedas.


    Sally no puede creer lo que escucha, deja caer los brazos a los lados, comienza a derramar lágrimas. No es capaz de procesar adecuadamente lo que está escuchando. Una parte de su ser quiere que sea una cruel broma, pero sabe que no es el caso, esa chica habla muy en serio y se nota que disfruta con el sufrimiento que le causa.

    —¡Tonterías! —reclama Marco, su enfado ante la situación hace que el temor a la presidenta quede atrás — ¡El Consejo Estudiantil no tiene derecho a hacer algo como eso!

    —No le dí permiso para dirigirme la palabra, maricota —reprende Budusk, frunciendo el ceño.

    —¡No me importa, lo que hace es una canallada y no lo permitiré! —asegura el joven, con gran pasión en sus palabras.

    —¿Que no lo permitirás? —cuestiona, indignada por haber recibido una amenaza por parte de alguien tan inferior socialmente.


    La presidenta se levanta de su asiento, rodea el escritorio y se coloca frente a Marco, frunce el ceño y lo mira directamente a los ojos. Al notar que el joven no parece temerle, se enfada aún más. Le da un puñetazo en el estómago, lo que hace que este se incline un poco y se cubra el abdomen con ambas manos. De inmediato, la chica le da un rodillazo justo en el rostro, haciendo que él caiga de espaldas. Alicia intenta detenerlo, para que no se golpee contra el suelo, pero es tan pequeña y débil que acaba siendo derribada y siendo aplastada por el peso de su amigo.

    —Aprendan su lugar, perdedores —amenaza Budusk, sacudiéndose la rodilla con la que agredió al estudiante.

    —Eso no fue nada —reta el joven, escupiendo sangre en la lujosa alfombra blanca que cubre el suelo del cuarto del Consejo Estudiantil.

    —Algunos simplemente no conocen su lugar —suspira la presidenta, resignada a tener que seguirlo golpeando hasta que entienda que no es nadie para hablarle así.


    La de ojos amarillos patea en el costado a Marco, una y otra vez hasta que se cansa. De vez en cuando falla, intencionalmente, golpeando a Alicia en el pecho.

    —¡Por favor, deténgase! —ruega la castaña, soltando en llanto —. Solo dígame qué debo hacer.

    —Odio a los llorones y a los respondones —murmura, para luego volver a su asiento.

    —¿Están bien? —cuestiona Sally, acercándose a ellos. Se limpia las lágrimas y mucosidad con un pañuelo que saca del bolsillo de su falda.

    —Podía... —Marco respira con dificultad — seguir... todo el día... —sonríe, para que su amiga deje de preocuparse, pero la sangre que le mancha los dientes logra el efecto contrario.

    —Estoy bien —miente la de baja estatura, en realidad le duele mucho el pecho y el hombro izquierdo.

    —Mucho lloriqueo —regaña la presidenta —. Para que quede claro para tus metiches amiguitos, explicaré lo que ocurre.

    —No hace falta, por favor —pide la de silla de ruedas —. Necesito ser la que se los explique, se lo suplico.

    —Adelante —permite la de ojos dorados, esperando a ver como se humilla sola la chica.


    Sally respira profundamente, le tiemblan las manos, se limpia las lágrimas. Está por decir algo que jamás les había contado a sus amigos, algo que solo la directora del orfanato donde vive sabe. Siente que va a devolver lo poco que almorzó en cualquier momento.

    —Cuando sucedió el accidente que me dejó en silla de ruedas —respira profundo —, mi pa-papá falleció ahí mi-mismo —se le entrecorta la voz al recordar a su padre lleno de sangre en el asiento del conductor, con los ojos abiertos, dirigidos directamente hacia ella, como si la mirara —. Mi mamá y yo sobrevivimos, nos llevaron al hospital. Mi mamá pasó dos semanas en coma, pero al final no lo logró... su corazón ya no tuvo fuerzas para resistir... —se limpia las lágrimas, Marco y Alicia también comienzan a llorar —. Como saben, mis piernas quedaron muy dañadas, las puedo sentir un poco, incluso mover los dedos de los pies si me esfuerzo, pero el doctor dijo que es muy probable que no podré volver a caminar.

    —Al punto, rueditas, al punto —apresura la presidenta, impaciente ante tanto lloriqueo.

    —Resulta que mis padres no tenían seguro médico, y ahora debo pagar los gastos del hospital, y los del funeral de mis padres —confiesa, comenzando a llorar nuevamente. Recuerda como si hubiera sido ayer la forma en la que el abogado del hospital le dijo que debía pagar los gastos médicos. La falta de tacto que tuvo al decírselo unos minutos después de que su madre falleciera.

    —Seis millones de aurums en total —añade Budusk, sonriendo ante el sufrimiento de la chica.

    —¡Eso es demasiado! —grita Alicia, sorprendida por la enorme cantidad de dinero que debe su amiga.

    —Falta la mejor parte —declara la de ojos dorados, sonriendo complacida.

    —Cuando vine a esta preparatoria, vi en la pizarra de anuncios que el Consejo Estudiantil realiza préstamos a los estudiantes —dice la de silla de ruedas, bajando la mirada a sus propias piernas, nota como le tiemblan ambas manos.

    —Correcto, se me debe devolver lo prestado antes de abandonar esta benemérita institución, más un veinticinco por ciento, ya saben, debo ganar algo, no presto nada por caridad —explica la presidenta, cruzando las piernas, complacida por lo que acaba de decir.

    —Veamos, seis millones más el veinticinco por ciento... —calcula Alicia, contando con los dedos, transcurre un largo minuto, que le permitieron tomarse para matarse pensando —. ¡¿Siete millones y medio de aurums?!

    —Toda una genio matemática —insulta la líder del Consejo Estudiantil.

    —Sí —afirma Sally, suspirando —. He estado pagando con la mitad de mi beca. Veinte mil aurums por mes. También embargaron las cosas de mis padres.

    —Pagas una miseria, apenas si has abonado ochenta mil aurums. Y ese montón de basura que llamas “cosas de tus padres” en total apenas si alcanzaron a sumar dos millones ciento sesenta y dos mil aurums —dice la de ojos dorados, negando con la cabeza —. Aunque el carro sí tenía seguro, y parece que la aseguradora lo pagará definitivamente, pero de eso serán solo dos millones más, y ya prometiste que nos darías ese dinero.

    —¡Lo haré, lo juro! —asegura la castaña.

    —Sé que lo harás, está estipulado en el contrato que firmaste conmigo —sonríe —. Pero, eso en total con costo si suma cuatro millones doscientos cincuenta y dos mil aurums. Dejando tu deuda en tres millones doscientos cuarenta y ocho mil aurums.

    —Lo sé, tengo el número muy presente...

    —No he terminado, chinita —regaña la presidenta —. La Beca Dante se paga incluso en vacaciones, y te falta medio año y hasta noviembre del próximo año, que debería ser cuando te gradúes. Pagarme solo veinte mil por mes, hará que de aquí a tu graduación solo hayas abonado unos miserables trescientos cuarenta mil, y eso es mucho menor al monto que debes. Así que tomaremos toda la beca, que sumando todo el tiempo restante tan solo serían seiscientos cuarenta mil, y comenzarás a pagar ciento sesenta y tres mil aurums por mes. Con eso quedarás sin deudas para cuando te gradúes.

    —No... no puedo pagar tanto... —dice Sally, con ganas de vomitar, todo su cuerpo tiembla. Espera estar en medio de una pesadilla y despertar en cualquier momento.

    —No pagues nada —recomienda Marco a su amiga —. Lo más que pueden hacer es demandarte y, hacer que lo pagues con tu salario cuando trabajes.

    —Tan tierno —se burla la de ojos dorados —. Esto jamás llegará a una corte, si te niegas a pagar, siempre puedo matarte y vender tus órganos para recuperar mi inversión.

    —¿La amenazas de muerte? —cuestiona el joven, indignado por las palabras de la presidenta. Le hierve la sangre de escuchar como amenazó a su amiga, sin siquiera pestañear.

    —Tan solo deja de pagar y verás si era amenaza o promesa —sentencia la de ojos dorados —. Tengo inmunidad diplomática, y jamás se atreverían a ponerme un dedo encima. Este país está desesperado por abrir relaciones comerciales con mi padre. El petróleo tiene más peso que un trío de pobretones muertos de hambre que nadie extrañará.

    —Solo diga qué tengo que hacer, presidenta Budusk —acepta temerosa la castaña. Ha escuchado terribles rumores sobre la presidenta, y la cree más que capaz de cumplir su amenaza.


    La líder del Consejo Estudiantil saca una hoja de la primer gaveta, del lado izquierdo, del escritorio, se lo ofrece a la castaña, quien no tiene más remedio que tomarla. Sally queda completamente pálida al leer lo que dice ahí, siente que el corazón se le saldrá del pecho. Sus amigos se asoman, por sobre su hombro, para leer lo que ahí está escrito.

    —¡Esto es ridículo! —grita Marco, completamente asqueado.

    —Si no cierras el hocico me veré forzada a cerrártelo —amenaza, con una mirada fiera.

    —No te metas, Marco, por favor —pide la de silla de ruedas, al borde del llanto.

    —¿Qué te parece, rueditas? —pregunta Budusk, disfrutando de la indignación de los becarios —. Es una buena forma de ganar dinero extra. Gracias a esto una becaria del año pasado logró pagar sus deudas conmigo, e incluso la trataban un poco mejor.

    —¿Por eso Marta parecía como muerta en vida? —cuestiona el chico, al borde de lanzarse a golpear a la presidenta.

    —No sé cómo se llamaba, ni me importa la verdad, ya se graduó, y este año eres la única lo bastante endeudada como para aceptar hacerlo —se relame los labios —. Verás que los precios son más que generosos. Y la oferta va para los demás, puede que se hagan ricos usando esos inútiles cuerpos de espantapájaros que tienen.

    —Jamás podría... —tiembla Sally, con gruesas lágrimas brotando de sus azules ojos —. Ni siquiera he dado mi primer beso.

    —¿Una virgen? ¡Mejor aún! Podemos subastar tu virginidad al mejor postor. Nunca lo he visto suceder, pero hay registros de que en años anteriores se hizo, varias veces en realidad. — Saca un libro de una de las gavetas inferiores, pasa varias hojas hasta que encuentra lo que buscaba —. Se comienza en un millón de aurums como mínimo, y si dan más de lo que debes te puedes quedar con la diferencia.

    —No lo hagas, Sally —pide Alicia, abrazando a su amiga.

    —¿Puedo pensarlo? —pide la castaña.

    —Claro, llévate la hoja, te daré hasta el final de la siguiente semana para responderme —sonríe de forma maliciosa —. Pero, si para el viernes de la próxima semana no me has dado una respuesta, será mejor que ni salgas de la casucha para huérfanos en la que vives si quieres llegar viva al sábado.


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    Nombre: Marco Martínez
    Apodo: ---
    Ocupación: Estudiante de Tercer Año en la Preparatoria DC/Presidente del Club de Becarios
    Edad: 17 años
    Género: Masculino
    Ojos: Negros
    Piel: Blanco
    Cabello: Negro y Corto
    Altura: 1,61
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    Nombre: Alicia Hatter
    Apodo: Al
    Ocupación: Estudiante de Segundo Año en la Preparatoria DC/Miembro del Club de Becarios
    Edad: 16 años
    Género: Femenino
    Ojos: Miel
    Piel: Blanca
    Cabello: Negro, Largo (hasta los muslos) y Lacio
    Altura: 1,44
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    Nombre: Satoko Miyuki
    Apodo: Sal, Sally
    Ocupación: Estudiante de Segundo Año en la Preparatoria DC/Miembro del Club de Becarios
    Edad: 16 años
    Género: Femenino
    Ojos: Azules
    Piel: Blanca
    Cabello: Castaño, Largo (hasta media espalda) y Rizado
    Altura: 1,53
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    Nombre: ?? Budusk
    Apodo: Presidenta Budusk
    Ocupación: Estudiante de Segundo Año en la Preparatoria DC/Presidenta del Consejo Estudiantil
    Edad: 17 años
    Género: Femenino
    Ojos: Dorados
    Piel: Negra
    Cabello: Negro, Largo (hasta media espalda) y Lacio
    Altura: 1,70
     
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    Dark RS

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    Capítulo 02. Subasta



    Han transcurrido dos semanas desde la cruel reunión con la presidenta del Consejo Estudiantil. La última semana, Sally ha estado faltando a las reuniones del Club de Becarios, incluso se salta la hora de almuerzo. Sus amigos saben bien lo que hace durante su tiempo libre. Les gustaría ayudarla, pero no encuentran una forma de sacarla de la trampa en la que Budusk la metió.

    —Ay, Al —suspira Marco, sonando melancólico. Tiene la espalda del saco del uniforme manchado con pintura verde, esto debido a una broma que le gastaron durante la primera clase —. Extraño tanto a Sal. Me da tanto miedo de pensar en lo que le pueda suceder.

    —Hoy tampoco me quiso hablar durante los recreos —añade la chica de pelo negro, que siente un fuerte dolor en su corazón. Hace unas horas la golpearon en la cabeza con un pesado libro de historia y eso la hizo vomitar en medio del aula, y el profesor lejos de regañar a la culpable de tal acto, la obligó a limpiar lo que ensució —. Ya se sabe lo que hace. Le han escrito en su escritorio insultos, la golpean más que antes. En serio estoy preocupada por ella. Incluso se va antes y falta a clases. Así no es ella, Marco. Nadie debería someterse a esas cosas.

    —La vi durante el almuerzo, entraba en un aula vacía con uno de tercero.

    —Tal vez debería ayudarla —propone Alicia, triste, pero pensando que podría ser útil para que su mejor amiga salga del problema.

    —¿Qué quieres decir? — Teme que su amiga esté pensando en hacer algo malo o peligroso.

    —Si vendo mi virginidad, podría pagar la deuda de Sally, y ya ella no tendría que hacer esas cosas desagradables —le tiemblan las piernas y brazos de solo sugerirlo.

    —No seas tontita, Al —abraza a la chica con fuerza. Le parece algo noble, y hasta cierto punto inocente que piense de esa forma.

    —La extraño, y tengo miedo que algo feo le ocurra —dice ella, comenzando a llorar.


    Sally ha estado del otro lado de la puerta, escuchando lo que sus amigos han estado conversando, le duele en el pecho la forma en que se preocupan por ella. Decide que es tiempo de hablarles directamente sobre lo que ha estado haciendo y lo que planea hacer para ponerle fin a la desagradable situación en la que se encuentra. Tiene miedo de lo que pueda ocurrir en el futuro, y si de algo está segura, es que necesita a sus amigos a su lado, o no podrá lograr mantener su cordura. Entra al aula que usa el club, se acerca hacia ellos, el silencio que se produce es tan intenso que solo se escucha el rechinar de la silla de ruedas mientras avanza.

    —Hola —saluda la castaña, no muy segura de ser bienvenida. Tiene un par de moretes en el rostro.

    —Oh, Sally —Alicia va hacia ella y la abraza con fuerza.

    —¿Cómo estás, querida? —pregunta el chico, feliz de ver a su amiga.

    —Más o menos... Creo que les debo una explicación de lo que he estado haciendo... La razón por la que he estado tan distante...

    —No te preocupes —le dice la pelinegra, abrazándola con más fuerza.

    —Solo necesitamos que sepas que siempre estaremos contigo, Sal. No nos importa lo que hagas.

    —Gracias. — Comienza a llorar —. Son los mejores amigos que cualquiera pueda desear. Pero... necesito sacarme esto del pecho. ¿Podrían escucharme? Si no es mucho pedir.

    —Adelante, querida —permite Marco, un poco asustado por escuchar lo que su amiga tiene por decir.

    —Te escucharemos —le dice Alicia, volviendo a su asiento.


    La castaña cierra los ojos y toma una gran bocanada de aire frío. El aire acondicionado está puesto al máximo por lo caliente que ha estado el clima el día de hoy. Se avergüenza de lo que está por decir, de lo que ha hecho, de lo que hará, y sobre todo, se avergüenza de pedirles a sus amados amigos que no la abandonen sin importar qué haga. Se siente como el ser más egoísta que existe sobre la faz de la Tierra.

    —Recordarán el folleto que me dio la presidenta —los voltea a ver, pero ninguno dice nada —. Bueno, ahí estaba anotado lo que se paga según lo que se haga. — Toma más aire, como si acumulara valor para continuar con su relato —. Vi que quizás no tenía que perder mi virginidad para conseguir tanto dinero. Me dan diez mil aurums por usar las manos, por cada vez que... ya saben... Veinte mil por usar mi boca, cinco mil más si lo trago. Cincuenta mil por usar mis pechos, y cinco mil más si acaban en mi boca. En esta semana ya he ganado casi seiscientos mil.

    —Lo lamento —dice la de cabello negro, asqueada de imaginar todo lo que debe haber hecho Sally.

    —¿Por eso no has comido con nosotros, ni vienes al club? —pregunta Marco, más que preocupado por su amiga, teme que le vayan a contagiar alguna enfermedad.

    —Sí... Pero ya no aguanto más —estalla en llanto —. Solo quiero… que todo acabe...

    —Has sufrido tanto —la consuela la chica de baja estatura, la vuelve a abrazar, con más fuerza que antes, como si temiera que si la suelta la perdería.

    —No me abraces tanto, aún estoy asquerosa de hace rato —confiesa, sintiendo repulsión de sí misma. No quiere recordar la forma en que ese asqueroso muchacho usó su boca para satisfacer sus pervertidos instintos, y no solo una sino dos veces. Y luego se limpió en su frente para terminar de humillarla.

    —No me importa, eres muy especial para mí —asegura Alicia, negándose a soltarla.

    —Supongo tienes algo más que decirnos —dice el chico, adivinando de qué se trata.

    —Sí, decidí vender mi primera vez —confiesa, derramando más lágrimas —. Será solo una noche y listo, no tendré que hacerlo nunca más.

    —No dejaré que lo hagas —dice su amiga, derramando lágrimas.

    —Tampoco me parece bien que lo hagas —niega con la cabeza Marco, dando entender su desagrado.

    —Ya lo decidí, por favor, no les pido que lo acepten, solo que no me odien, que no me dejen de querer después de hacerlo. Es todo lo que pido.

    —Siempre serás mi amiga —asegura Alicia, dándole un beso en la frente —. ¿Por qué sabe tan feo tu frente?

    —Perdona, creí que me había lavado bien —se limpia la frente con un pañuelo blanco —. Será mejor que te enjuagues la boca.

    —¡Qué asco! —grita la chica de cabello negro, antes de correr hacia los baños.


    En su camino a los lavados, un par de chicas se interponen; una la empuja mientras que la otra le atraviesa el pie para hacerla tropezar. Alicia termina dándose un fuerte golpe contra el suelo, sus reflejos son tan malos que no es capaz ni de atravesar las manos y acaba golpeándose el rostro, rompiéndose la nariz como consecuencia. Nunca ha tenido buenos reflejos, y los otros estudiantes se aprovechan de eso para divertirse a sus expensas. Muchos ríen ante su caída, un chico de tercero se sube sobre su espalda y se limpia los zapatos. Tristemente, un día común para ella.


    El miércoles de la siguiente semana, que es el día que se acordó para llevar a cabo la perversa subasta, Sally y Alicia se encuentran a solas, tras una cortina roja que es donde la de silla de ruedas debe permanecer hasta que comience el horrendo evento en el que Satoko venderá su virginidad. La presidenta la obligó a quitarse el uniforme y quedar en ropa interior, para encender a los pujantes, “un incentivo para que ofrezcan más” según dijo. Es una noche inusualmente calurosa, aunque se le puede atribuir a la gran cantidad de personas reunidas en el teatro de la preparatoria, que es en donde se realizará tan oscuro evento. La piel de la castaña luce brillante debido al sudor que corre por su cuerpo, aunque no está segura si es por el calor o por el miedo de lo que está por ocurrirle.


    La pelinegro viste su uniforme, ya que no se fue a casa una vez terminadas las clases, no podía dejar sola a Sally ni por un momento, tiene que estar a su lado en este momento tan difícil. Aunque, concluida la subasta, definitivamente no la acompañará.

    —Juro que esto está más lleno que cuando actúa el club de teatro —comenta Alicia, asomándose por la cortina —. Aún no puedo creer que vayas a hacer esto.

    —Lo sé, me doy asco a mí misma —confiesa, bajando la mirada. La continuación de una pesadilla, es lo que espera que sea todo el asunto, pero sabe que no despertará en su cama cuando todo termine. No tiene idea de en qué cama despertará cuando todo termine.

    —No puedo creer que Marco no viniera —reclama la chica de baja estatura, intentando parecer enojada, pero su expresión es adorable.

    —No tenía más opción, lo obligaron a cuidar la tienda de su familia y a su hermanita. — Se queda mirando hacia el oscuro techo —. Pero sé que cuento con su apoyo.

    —Supongo —dice Alicia, sintiéndose más nerviosa de lo que parece estar Sally —. Ojalá te compre un chico dulce y guapo.

    —No creo que ninguno de los que estén afuera sean dulces o guapos. Seguro lucen como sapos horrorosos llenos de verrugas y penes minúsculos.

    —¡Qué horror! — Ambas ríen.

    —No te enojes si Magno me compra —molesta Sally, para sacarse los nervios de encima.

    —No creo que venga aquí —hace ver la de cabello negro —. La gente lo ve como un monstruo desalmado, pero es muy dulce y amable. — Sonríe levemente, como adolescente enamorada, que es justo lo que es.

    —No puedo creer que esté comprometido con la presidenta —añade la de silla de ruedas, frunciendo levemente el ceño.

    —Y su hermana gemela —recuerda, suspirando un tanto decaída.

    —¡Oigan, par de cucarachas! —les grita la presidenta Budusk —. Ya es hora. Que la enana se largue, a menos que quiera que la subaste también. Aunque claro, ¿quién querría a un duende tan feo y asqueroso como tú?


    Las becarias soportan los insultos, no tiene caso oponerse a la presidenta, lo último que necesitan es ser agredidas físicamente por ella. Alicia se despide de su amiga y va hacia donde casi cien estudiantes, y cinco profesores, aguardan a que salga la chica cuya virginidad está en venta.

    —¡Estimadas escorias! —presenta Budusk, que viene vestida con un traje de etiqueta color gris claro, y un micrófono inalámbrico color blanco que porta en su mano derecha. Da más la impresión de ser maestra de ceremonias que subastadora —. Esta chica, cuyo nombre no interesa —y tampoco lo recuerda — hará lo que ustedes quieran por diez horas completas. Son las siete, así que el que la compre la tendrá hasta mañana a las seis de la mañana. Y como mañana es día de clases, no le daré excusa a ninguno para faltar. ¿Mencioné que es primeriza?

    —¡Ya muestra a la zorra! —grita alguien desde la multitud.

    —¡Mejor ponte tú a la venta! —grita alguien más.


    Budusk arroja el micrófono hacia el chico que se le insinuó, golpeándolo justo en la frente y abriéndole una herida sangrante que lo obliga a salir del lugar para recibir atención médica. Una de las amigas de la presidenta le arroja el micrófono de vuelta, para que continúe con el depravado evento.

    —Al próximo malnacido que diga algo así lo mato lenta y dolorosamente —amenaza, poniendo una mirada furiosa, luego muestra una sonrisa —. Muy bien, ahora que todos se portarán bien, les presento la razón por la que vinieron. Solo no esperen la gran cosa, porque no lo es.


    La cortina roja se abre, dejando ver a Sally, quien busca con la mirada a Alicia, al encontrarla, se dedica a mirarla detenidamente, para ignorar las miradas lascivas hacia su persona. No quiere ver a nadie más en este momento.

    —Vaya, ropa interior con diseño de mariposas —señala la presidenta, refiriéndose a las pantaletas de Sally —. Creo que nadie le dijo a esta tipa que ya está en preparatoria y no jardín de niños. — Varios ríen por la broma —. Dejando de lado que se viste como niñita, los insto a que observen esos melones, tienen un buen tamaño. — Le arranca el sostén, de un solo tirón, dejando al aire los senos de la castaña, los cuales no son muy grandes, pero si lo suficiente como para desatar los impulsos depravados de varios en la audiencia, tiene los pezones de un color color café muy claro. Se cubre los pechos instintivamente, y cierra los ojos, con el rostro completamente rojo.

    —¡Muévelos, zorra! —grita un profesor, usando un tono obsceno.

    —Y vean esas caderas, bien anchas. Pero su trasero es plano, así que no la volteen mucho. — Golpea en la cabeza a Sally, usando el micrófono, lo que produce un chillido ensordecedor en los parlantes del auditorio —. Y no teman maltratarla un poco, porque resiste bien los golpes. — La vuelve a golpear, con más fuerza, produciendo un nuevo chillido —. Aunque claro, eso ya lo sabían. No creo que alguno no lo sepa ya, pero esta cosa pertenece al Club de Perdedores.


    Algunos comienzan a insultar a la castaña, como si lo que estuviera pasando no fuera lo bastante malo. Alicia siente una enorme rabia creciendo dentro suyo, escuchar como todas esas personas, aunque en este momento no las considera como tales, denigran a alguien que está en el peor momento de su vida, solo la pone más furiosa. Lo considera inaceptable, por completo inaceptable, pero es incapaz de hacer algo para ayudarla.

    —¡Sin más tiempo que perder, comenzamos la puja con un millón de aurums. Vamos, vamos, oferten, escorias! —pide la de ojos dorados, intentando, con todas sus fuerzas, no reírse del rostro de desesperación y vergüenza que muestra la de silla de ruedas.


    En el transcurso de un par de minutos pasan varias ofertas, y sube de uno a dos millones, y, en este punto, ya nadie parece querer ofrecer más. Esto preocupa a Sally, no solo por que el que tiene la mayor oferta es un hombre obeso, sudoroso y desagradable que no ha dejado de mandarle besos, sino también, debido a que el monto es inferior a lo que aún debe. Aunque la alivia un poco saber que lo restante podrá pagarlo con lo que ha juntado de sus desagradables trabajos, incluso le sobrará algo para hacer reparaciones en el orfanato. Como lo es la calefacción, que ha estado descompuesta desde hace más de tres semanas, pero no ha habido dinero para arreglarla.


    De un momento a otro, el antes animado auditorio cae en un sepulcral silencio, casi como si algo terrible acabara de suceder y todos temieran verse involucrados en eso. Sally no tiene idea de lo que ocurre, en especial debido a que los reflectores hacen que le sea difícil ver a las personas desde la mitad de los asientos hacia atrás. Alicia comienza a buscar la causa de tan repentino silencio. Un joven muy alto le pasa al lado, junto con una chica que va tomada de su brazo.


    Cuando la joven de baja estatura descubre de quién se trata, se sonroja notoriamente y siente nervios por tenerlo tan cerca. El chico alto es aquel al que apodan Magno, capitán del equipo de baloncesto, uno de los mejores promedios de los de tercero, dueño, a pesar de su corta edad, de una de las tres más grandes empresas en el país, y, sin olvidar, prometido de la presidenta del Consejo Estudiantil. Visto de cerca, luce mucho más grande, aunque, al lado de Alicia todos lucen altos. Magno mide alrededor de un metro noventa y dos centímetros, siendo de los más altos de la preparatoria.


    Alicia siente que pierde el aliento, el chico del que está enamorada finalmente se encuentra cerca suyo, las palabras quieren salir, pero su boca se niega a abrirse, y probablemente sea lo mejor. Normalmente no pasan por los mismos lugares durante el día, y en el comedor él se sienta en el primer círculo, quedando muy lejos de ella. Se pierde en la piel morena del chico, en sus ojos cafés y en su brillante y corto cabello negro. Tenerlo tan cerca le permite ver sus músculos, los cuales están marcados, pero tampoco son muy grandes, lo que a ella le encanta, ya que le desagradan los músculos anchos.


    La chica, que viene tomada del brazo con él, es la viva imagen de la presidenta, pero lleva su cabello un poco alborotado, la falda del uniforme por sobre los muslos y sin la corbata en su sitio, la cual se encuentra atada a su lujoso bolso de cuero color blanco marca Asmodeo. Otra diferencia entre ambas hermanas es que esta se pinta las uñas.

    —No, no, no, ¡no! —exclama preocupada la presidenta, al ver a su prometido llegar —. ¡No puedes cancelar esto, la pobretona firmó un contrato y es totalmente legal!


    Magno cruza los brazos, observa, con el ceño fruncido, a la chica de traje gris, que le muestra un papel doblado, el cual es más que evidente no puede leer desde donde se encuentra ni le interesa hacerlo. Luego escanea con la vista a los asistentes, todos lo observan con temor, casi da la impresión de que estuvieran viendo a una bestia salvaje que los asesinaría si se mueven o hacen movimientos bruscos. Un par de profesores se escabullen, para no tener problemas con el joven, pero logra verlos con el rabillo del ojo.

    —Satoko Miyuki, ¿cierto? —cuestiona el moreno, sonando enfadado. No lo está realmente, es solo su tono normal.

    —Sí, señor... —responde Sally, cubriéndose tímidamente los pechos con los brazos. Le da pena que él la vea en una condición tan deplorable.

    —¿En verdad deseas hacer esto? —pregunta el joven, mostrando una mirada penetrante dirigida hacia ella, como si le leyera el alma.

    —Yo... — No sabe qué contestar a esa pregunta. No es que quiera ser vendida como una prostituta, pero es la única opción que tiene para salir del problema en el que se metió. Es la única que se le ocurre por lo menos.

    —¡No quiere! —grita Alicia, tomando el valor para defender a su amiga. No tiene idea de dónde salió la fuerza para levantar la voz como lo hizo y dirigirse a la persona más intimidante del lugar, pero supone que es debido a su deseo de ayudar a su amiga en un momento como este. Traga saliva a la vez que gotas de sudor le recorren el rostro.

    —¿Y tú eres? —pregunta Magno, volteándose hacia la chica baja, para poder mirar a quien le habló.

    —Soy su amiga. Y la quiero, por eso debo hablar en su defensa. — Se siente agitada, mareada y con ganas de vomitar, pero tiene que mostrarse valiente —. Esto lo hace solo porque se encuentra entre la espada y la pared.

    —Ya veo —comenta el moreno, descruzando los brazos. Analiza el rostro de la chica baja, que más da la impresión de ser estudiante de primaria. Tiene una mirada adorable que seguramente ella piensa es una expresión desafiante, pero no tiene las facciones para hacerlo —. Ofrezco justo lo que debe.

    —Oye, oye, oye —interrumpe la presidenta —. No sabes si lo que debe es mayor a lo que han ofertado hasta el momento.

    —¿Alguno hizo una oferta seria por esta joven? —pregunta la hermana de la presidenta, poniendo una expresión de mofa. Sabe perfectamente que nadie se atreverá a ofertar contra Magno. Al menos nadie que sea sensato y quiera evitar ser un sacrificio.


    Todos niegan, incluso el que iba ganando la subasta. Nadie piensa siquiera intentar oponerse al capitán del equipo de baloncesto. Si la presidenta causa miedo en los estudiantes, Magno causa un terror extremo en todos, tiene suficientes influencias y dinero como para hacer desaparecer a todos en la preparatoria, y a sus familias, y hacer que a nadie le importe. Y según los rumores que corren en los pasillos, ya lo ha hecho.

    —Parece que tengo la oferta mayor, Hana —le dice a la de traje, sonando serio.

    —La mayor oferta es de Magno. — La presidenta sabe que nadie tiene el valor para competir contra él, se siente decepcionada, su diversión acabó muy pronto —. A la una, a las dos y a las tres. La virginidad de esta zorra paralítica es vendida a Magno.

    —Tu saco, Haala, ahora —ordena con firmeza el chico alto, a su prometida, la que está a su lado.

    —Adoro que me trates así —comenta la chica, sonrojada. Se quita el saco y se lo entrega.


    Magno va hacia el escenario, brinca para subir, ignorando las escaleras, haciendo un salto de casi dos metros, algo a lo que está acostumbrado a hacer en los partidos de baloncesto, aunque para muchos, que nunca han asistido a un partido, fue algo sobrenatural que jamás habían presenciado en la vida. Le pone el saco a Sally, por sobre los hombros, esta se cubre con este.

    —Gracias —agradece la de silla de ruedas, sonrojándose ante tal acto de caballerosidad.

    —¿Meterás a la cama a esta cosa? —cuestiona la presidenta, notoriamente enfadada —. Ya somos tres en cama, una más sería muy raro.


    Haala corre hacia su hermana, la abraza desde la espalda y le muerde la oreja, esto para ponerla de buen humor, ya que es algo que le gusta le hagan durante el sexo. Aunque, en esta situación, la presidenta se zafa, y le propina un puñetazo en el estómago, usando todas sus fuerzas.

    —¡Te he dicho mil veces que no hagas eso! —reclama, sonrojada, intentando parecer lo más seria posible.

    —Ese fue un golpe tan fuerte... de los mejores que me has dado... —confiesa su hermana, que es más que evidente que disfrutó recibir el golpe.

    —Puede irse, Satoko Miyuki —informa el alto chico a la castaña, usando una voz neutra —. Su deuda está saldada, ya no tiene asuntos aquí.

    —¿No me hará...? Ya sabe —cuestiona Sally. Se sorprende ella misma por estar decepcionada de que no vaya a ocurrir lo que antes tanto temía que sucediera.

    —¡Claro que no! —le grita la presidenta, indignada ante tal proposición —. Magno es mucho hombre para ti.

    —Como le dije, puede irse —insiste él, aún sonando neutro —. Pero devuelva ese saco en cuanto se vista.

    —Lo haré, gracias. —Sally se sorprende de la manera tan formal en la que le habla el apuesto chico de tercero, nadie le había hablado de una forma tan respetuosa antes, y es muy posible que nadie le vuelva a hablar de esa forma.


    La castaña sale del escenario, por la parte trasera, donde Alicia y su ropa la esperan, para irse a descansar. Sally pasa la noche en casa de Alicia, ya que desde antes la castaña había avisado en el orfanato que pasaría la noche en casa de una amiga, mentira que tuvo que inventar, ya que no podía decirles la verdad.


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    Nombre: Marco Martínez
    Apodo: ---
    Ocupación: Estudiante de Tercer Año en la Preparatoria DC/Presidente del Club de Becarios
    Edad: 17 años
    Género: Masculino
    Ojos: Negros
    Piel: Blanco
    Cabello: Negro y Corto
    Altura: 1,61
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    Nombre: Alicia Hatter
    Apodo: Al
    Ocupación: Estudiante de Segundo Año en la Preparatoria DC/Miembro del Club de Becarios
    Edad: 16 años
    Género: Femenino
    Ojos: Miel
    Piel: Blanca
    Cabello: Negro, Largo (hasta los muslos) y Lacio
    Altura: 1,44
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    Nombre: Satoko Miyuki
    Apodo: Sal, Sally
    Ocupación: Estudiante de Segundo Año en la Preparatoria DC/Miembro del Club de Becarios
    Edad: 16 años
    Género: Femenino
    Ojos: Azules
    Piel: Blanca
    Cabello: Castaño, Largo (hasta media espalda) y Rizado
    Altura: 1,53
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    Nombre: --
    Apodo: Magno
    Ocupación: Estudiante de Tercer Año en la Preparatoria DC/Capitán del Equipo de Baloncesto/Presidente de Magno & Asociados
    Edad: 17 años
    Género: Masculino
    Ojos: Oscuros
    Piel: Moreno
    Cabello: Negro y Corto
    Altura: 1,92
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    Nombre: Hana Budusk
    Apodo: Presidenta Budusk
    Ocupación: Estudiante de Segundo Año en la Preparatoria DC/Presidenta del Consejo Estudiantil
    Edad: 17 años
    Género: Femenino
    Ojos: Dorados
    Piel: Negra
    Cabello: Negro, Largo (hasta media espalda) y Lacio
    Altura: 1,70
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    Nombre: Haala Budusk
    Apodo: --
    Ocupación: Estudiante de Segundo Año en la Preparatoria DC
    Edad: 17 años
    Género: Femenino
    Ojos: Dorados
    Piel: Negra
    Cabello: Negro, Largo (hasta media espalda) y Lacio
    Altura: 1,68
     
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