Explícito Círculos

Tema en 'Novelas' iniciado por Dark RS, 9 Junio 2019.

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  1. Threadmarks: Prólogo. Círculos
     
    Dark RS

    Dark RS Caballero De Sheccid Comentarista empedernido

    Capricornio
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    20 Marzo 2012
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    Pluma de
    Escritor
    Título:
    Círculos
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Drama
    Total de capítulos:
    11
     
    Palabras:
    2596

    Prólogo. Círculos



    La Preparatoria Dante Circle, o Preparatoria DC como se le suele llamar para abreviar, es uno de los institutos más prestigiosos y reconocidos de todo el país, y de las veinte mejores a nivel mundial. A esta asisten los hijos de las personalidades más influyentes y poderosas en el ámbito comercial y político, tanto nacional como internacional. En este lugar, cada año, se matriculan cientos de estudiantes, que no solo van desde herederos de compañías multinacionales hasta hijos de políticos, sino que incluso los descendientes de soberanos de medio oriente. Venir a este lugar es asegurar relaciones comerciales de por vida.


    Como en todas partes, en esta institución hay divisiones de clases y esto es más que evidente a la hora del almuerzo, donde cada quien se reúne a compartir con sus pares. En el comedor, que más que comedor da la impresión de ser un enorme restaurante, hay meseros que van hasta las mesas a tomar la orden de los estudiantes, de acuerdo a un menú ya establecido, y les llevan la comida. Muchos estudiantes optan por pedir comida de fuera, que aunque está técnicamente prohibido nadie lo regula por lo que se ha vuelto una práctica común que les ahorra mucho trabajo a los empleados del comedor.


    El comedor es tan grande como campo y medio de fútbol, tanto de largo como de ancho. Las mesas se encuentran a una distancia de al menos cuatro metros entre ellas, para mayor comodidad y privacidad de los estudiantes. Hay una división de cuatro zonas, a veces llamadas Círculos; donde la zona más lujosa presenta mesas de mármol, con manteles de seda, servilletas hechas con telas persas, sillas de pino sobre las que se colocan cojines de gamuza. A los que se sientan en estas mesas se les sirve en platos de porcelana y cubiertos de plata esterlina. Están localizadas cerca de los amplios ventanales que dan hacia el colorido jardín y la cristalina laguna llena de cincuenta tipos distintos de peces koi, que de vez en cuando saltan, como si saludaran a los estudiantes.


    La segunda zona tiene mesas de roble, con sillas del mismo material. Manteles de seda, no tan finos como los de la primera zona, servilletas de tela, platos de porcelana y cubiertos de acero. Los de la tercera, que es la mayor de las zonas, se sientan en mesas de madera gruesa, sillas de metal con acolchado de tela fina. Se les sirve en platos de vidrio, con cubiertos de acero. Estas dos están localizadas en medio del comedor, o cerca de las paredes.


    El cuarto círculo, que también es el más pequeño, ya que consta de una única mesa, es la zona establecida para los becarios. La mesa es de madera común, se encuentra manchada y con grafiti, al igual que las sillas que cojean y nadie parece apurado por reemplazar o arreglar. Se les dan servilletas de papel, platos y cubiertos de plástico reciclable. Ésta se encuentra justo al lado de los basureros; afortunadamente siempre hay un conserje llevándose la basura, por lo rápido que suelen llenarse, así que es poco común que huela mal.


    Esta división se realiza acorde a lo influyentes que sean los padres de cada estudiante, su puesto en el Consejo Estudiantil o si pertenecen a algún club o equipo deportivo. Los mejores sitios pertenecen a los herederos de las empresas multinacionales, miembros del Consejo Estudiantil y jugadores del equipo de baloncesto, que resultan ser el orgullo tanto de la institución como de la ciudad, al encontrarse estos invictos desde hace tres años.


    La segunda y tercer área, son para los hijos de personajes importantes, y miembros de los clubes y otros equipos deportivos. La última mesa es para los que pertenecen al Club de Becarios, o Club de Perdedores como los llaman los otros estudiantes, y uno que otro profesor. Este club está conformado por los afortunados, o desafortunados según cómo se quiera ver, que han ganado la llamada Beca Dante. La Beca Dante le es otorgada a un estudiante sobresaliente de alguna preparatoria pública, para darle la oportunidad de un mejor mañana, o eso es lo que se espera al menos.


    Los becarios suelen ser de clase media o de escasos recursos, jóvenes que jamás en la vida siquiera soñarían con pagar la matrícula de un lugar como lo es la DC. Muchos de ellos, al principio, creen haber tenido un cambio positivo en su suerte, pero, al momento de asistir a clases, se dan cuenta que son personas non gratas; les juegan bromas pesadas, los insultan, incluso los profesores los ignoran y permiten, si no es que participan en, esa clase de comportamientos. Los más afortunados pueden pasar desapercibidos, al volverse una especie de esclavo de otros estudiantes. Pero las humillaciones y maltratos los obligan a abandonar eventualmente. Un destino casi seguro para la mayoría de becarios.


    En la actualidad, este club consta de únicamente tres miembros. El mayor de ellos, que también es considerado el presidente del club, por antigüedad, se llama Marco Martínez, un joven de diecisiete años, que cursa tercero de preparatoria. De cabello negro y corto que peina con línea en medio, ojos negros, piel blanca, altura promedio y un poco obeso. Su familia es dueña de un mini supermercado, localizado en un mal barrio, famoso por ser un lugar lleno de drogadictos y prostitutas. Lleva el uniforme masculino: chaleco negro, camisa blanca y corbata roja, que es el color para los de tercero, pantalones largos negros, zapatos negros, y calcetines azul oscuro. Al respaldar de su silla se encuentra el saco de su uniforme, el cual es azul oscuro, con el logotipo de la preparatoria, que consiste en el dibujo del edificio principal con una DC dorada enfrente, bordado en el bolsillo delantero izquierdo.


    La segunda miembro, que ya lleva medio año escolar asistiendo, se llama Alicia Hatter, una chica de muy baja estatura, cabello negro, opaco y lacio, hasta los muslos, ojos, que siempre lucen tristes, color miel y piel tan pálida que parece que nunca saliera al sol. Viste el uniforme femenino: chaleco negro, con blusa estilo camisa, corbata azul, color que utilizan los de segundo, falda hasta las rodillas color azul marino, medias hasta los muslos color negro, zapatillas negras, tan gastadas que cuesta que queden brillantes, lo cual intenta a diario sin mayor progreso. También tiene el saco al respaldar. Su madre trabaja limpiando un edificio de oficinas durante el día y muchas veces llega hasta muy tarde en la noche, y los fines de semana labora como camarera en un hotel local.


    La tercer miembro, es una joven de descendencia asiática, piel blanca, ojos azules como el cielo de un día despejado, cabello castaño, rizado y largo hasta media espalda, usa exactamente el mismo uniforme que Alicia, demostrando que están en el mismo grado, presenta una cicatriz en su mejilla derecha, la cual oculta con maquillaje. Su nombre es Satoko Miyuki, pero sus amigos le dicen Sally, algo a lo que nunca se ha opuesto, aunque tampoco lo ha aprobado. Está en una silla de ruedas, la cual está notoriamente desgastada y vieja.


    Este día, como es costumbre, los del Club de Becarios almuerzan juntos, para conversar un poco y despejarse antes de volver al infierno que son las clases. Para ellos es una especie de desahogo de las insoportables bromas, humillaciones y burlas a los que son sometidos durante las clases y recesos.

    —Hoy realmente apestas, querida —le hace ver Marco a Alicia, apenas soportando la peste despedida por la baja chica —. Casi hace que se me quite el apetito.

    —Unas chicas de mi clase me pasaron el trapo del baño sobre el cabello y la boca —explica la de cabellera negra, mirando hacia su comida. Intentó lavarse el cabello antes de venir al comedor, pero fue en vano, el olor no la deja. Aunque agradece haberse podido quitar ese nauseabundo sabor de la boca.

    —Oh, querida, lo lamento tanto. ¿Una papa? —le ofrece una papa cocida, que aún queda en su plato de plástico, la misma está cubierta por especias y aún desprende algo de vapor —. Las papas siempre me hacen sentir mejor.

    —No, gracias... Además, no es peor que lo que te hicieron a ti —le hace ver la chica baja, mirándole el rostro.

    —¿Esto? —se señala el ojo derecho, que tiene amoratado —. No te preocupes por eso. No es el peor golpe que me han dado esta semana.

    —Lo triste de esa afirmación —añade Sally, que mantiene las manos sobre las rodillas, sosteniéndose la falda —, es que hoy apenas es martes.

    —Un poco triste en verdad —el joven sonríe —. ¿Cómo te sientes, querida? ¿Se te pasó el asco?

    —Sí —asegura la de silla de ruedas, suspirando pesadamente —. Tampoco es la primera vez que lo hacen.

    —No puedo creer que te quitaran la ropa interior, y un chico se masturbara con ella y te la devolvieran llena de esa... ni puedo terminar de decirlo —dice Alicia, que perdió el apetito de solo imaginarlo.

    —Solo tengo que intentar que no se me levante la falda durante el resto del día, porque esa porquería ya la tiré —comenta, tomando con aún más fuerza su falda. Casi no ha comido, y no planea terminarse el almuerzo.

    —Oh, mis queridas —se lamenta Marco —. Tienen que sufrir tanto.

    —Cambiando el tema —dice Sally —. Vean quién acaba de entrar —señala hacia el extremo opuesto del comedor, donde algunos miembros del equipo de baloncesto acaban de tomar asiento en una de las mesas del primer círculo.

    —Oh, vaya, querida, el amor platónico de Alicia —molesta un poco el chico, sonriendo de manera conspirativa.

    —N-no es mi... a-a-amor platónico... —niega, completamente sonrojada. Se queda viendo al chico que hace que su corazón se paralice cada vez que lo ve. Alguien arroja un pedazo de carne contra la de cabello negro, pero está tan concentrada que no se dio cuenta.

    —Pues es guapo —añade el joven, antes de comerse un trozo de su papa restante.

    —Claro que es guapo —añade Sally, mirándolo fijamente —, y musculoso, y rico, y alto, y encantador, y... ¿Qué decía?

    —No te enamores de él —regaña Marco —, ve que ya Alicia se babea por él y lo último que necesitamos en el grupo es un drama pasional.

    —Perdona, perdona, pero es solo que.... —suspira, mirando al chico al otro lado del comedor, los ojos le brillan a la vez que pensamientos eróticos invaden su juvenil mente.

    —Ay, querida —niega él con la cabeza ante tan lasciva mirada que pone la castaña —. Oye, Alicia, ¿por qué no vas a hablar con él?

    —Claro que no —niega de inmediato la de cabello negro —. Suponiendo que logre llegar viva al otro lado de los círculos, alguna de sus prometidas me mataría antes de poder decir siquiera “hola”.

    —¿Ya es oficial? —pregunta la de silla de ruedas — Lo del compromiso.

    —Sí, lo vi en las noticias anoche —afirma la chica bajita, recostandose sobre la mesa, notoriamente decaída.

    —No puedo creer que esté comprometido con dos chicas y ande tan campante —reclama Marco, frunciendo el ceño y cruzando los brazos. Tiene una fuerte opinión en contra de la bigamia y poligamia.

    —A ti te molesta más que no te haga caso —menciona Alicia, inflando las mejillas.

    —¿Yo? No, claro que no —se sonroja un poco, reflexionando en lo apuesto que le resulta —. Pero aquí hablamos de ti, no de mí.

    —Sí, claro, porque te conviene —se golpea la cabeza contra la mesa, desparramando su oscuro y abundante cabello por todas partes.

    —Escuché el rumor que solo es un matrimonio por conveniencia —añade la castaña en voz baja.

    —¿Por conveniencia? —cuestiona Marco, interesado en el chisme.

    —Sí. Por ahí dicen que solo se van a casar para abrir relaciones comerciales con medio oriente.

    —¿Quiere decir que no las quiere? —cuestiona en voz baja, la de cabello negro, a la vez que levanta la mirada.

    —Eso ya es otro asunto —niega Sally con la cabeza —. ¿Saben? Es posible que él no sepa sobre cómo nos tratan los demás.

    —¿Qué quieres decir, querida? —pregunta el joven, ladeando la cabeza un poco, dando a entender que no le comprende.

    —Piénsalo, las Becas Dante las da su compañía, incluso el dinero que nos dan cada mes viene directamente de su bolsillo, o eso tengo entendido.

    —Creo que tienes razón, Sally —afirma Alicia, al recordar el papeleo que tuvo que leer sobre la beca y la preparatoria —. El presidente de las empresas Magno & Asociados es quien paga, de su propia bolsa, lo que nos viene de beca para gastos extraordinarios y las mensualidades de la matrícula.


    Los tres se quedan mirando al chico que ha sido el centro de atención de la conversación. Es un joven de diecisiete años, muy alto y algo musculoso, piel morena, cabello corto negro y ojos oscuros, los cuales no demuestran ninguna señal de emoción. Lleva su uniforme casi completo, por excepción de la corbata roja, que se quitó y puso sobre la mesa en cuanto llegó. Sobre su regazo, se encuentra sentada una de las que se presume son sus prometidas. Una joven de estatura promedio, ojos tan dorados como el sol y piel tan exótica como el chocolate, de cabello negro y lacio hasta media espalda. Tiene las uñas pintadas en azul brillante con diseños de flores rojas, lo que es una violación al código de vestimenta de la institución, pero, al ser tan popular, ni a los profesores les molesta que las tenga así. Usa la falda un poco por sobre los muslos, y varios botones de su blusa abiertos, dejando al descubierto el sostén blanco que protege su generoso busto.

    —Quizás me enamoré de una mala persona... —murmura Alicia, viendo como esa chica extranjera se come a besos al que es su interés amoroso. Se siente más triste que celosa.


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    Saludos, estimado(a) lector(a), esta es una especie de prueba en la que intento salirme un poco de mi estilo de fantasía para pasar un poco hacia el drama. Al inicio intenté que solo fuera un drama romántico, y pues, terminó siendo algo distinto, más oscuro que la idea original. Supongo es un caso de "Puedes sacar al autor de su género, pero no al género del autor". No tendrá más de diez u once capítulos.
    Bienvenidos y agradecimientos a los que quieran leer esta historia.
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    Nombre: Marco Martínez
    Apodo: ---
    Ocupación: Estudiante de Tercer Año en la Preparatoria DC/Presidente del Club de Becarios
    Edad: 17 años
    Género: Masculino
    Ojos: Negros
    Piel: Blanco
    Cabello: Negro y Corto
    Altura: 1,61
    ☯☯☯☯☯☯☯☯☯☯
    Nombre: Alicia Hatter
    Apodo: Al
    Ocupación: Estudiante de Segundo Año en la Preparatoria DC/Miembro del Club de Becarios
    Edad: 16 años
    Género: Femenino
    Ojos: Miel
    Piel: Blanca
    Cabello: Negro, Largo (hasta los muslos) y Lacio
    Altura: 1,44
    ☯☯☯☯☯☯☯☯☯☯
    Nombre: Satoko Miyuki
    Apodo: Sal, Sally
    Ocupación: Estudiante de Segundo Año en la Preparatoria DC/Miembro del Club de Becarios
    Edad: 16 años
    Género: Femenino
    Ojos: Azules
    Piel: Blanca
    Cabello: Castaño, Largo (hasta media espalda) y Rizado
    Altura: 1,53
    ☯☯☯☯☯☯☯☯☯☯
    Nombre: --
    Apodo: --
    Ocupación: Estudiante de Tercer Año en la Preparatoria DC/Capitán del Equipo de Baloncesto/Presidente de Magno & Asociados
    Edad: 17 años
    Género: Masculino
    Ojos: Oscuros
    Piel: Moreno
    Cabello: Negro y Corto
    Altura: 1,92
    ☯☯☯☯☯☯☯☯☯☯
    Nombre: --
    Apodo: --
    Ocupación: Estudiante de Segundo Año en la Preparatoria DC
    Edad: 17 años
    Género: Femenino
    Ojos: Dorados
    Piel: Negra
    Cabello: Negro, Largo (hasta media espalda) y Lacio
    Altura: 1,68
     
    Última edición: 23 Junio 2019
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  2. Threadmarks: Capítulo 01. Deudas
     
    Dark RS

    Dark RS Caballero De Sheccid Comentarista empedernido

    Capricornio
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    20 Marzo 2012
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    Escritor
    Título:
    Círculos
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Drama
    Total de capítulos:
    11
     
    Palabras:
    2710

    Capítulo 01. Deudas



    Después de clases, que es cuando los clubes se reúnen, los miembros del Club de Becarios tienen su reunión diaria. Y, ya que el suyo es un club fundado con el fin de ayudar a los nuevos estudiantes que ingresan gracias a las becas, al tan solo haber tres miembros, y ninguno relativamente nuevo, se les encomendó la labor extra de realizar informes mensuales sobre las condiciones de las instalaciones del amplio campus, que podría pasar por una ciudad pequeña. Por lo que acostumbran pasear de un lado a otro, buscando desperfectos en los edificios o proponiendo algunas ideas que podrían mejorar el ambiente escolar. Estos informes son presentados directamente ante el Consejo Estudiantil, quienes suelen encargarse, casi de inmediato, de reparar o solucionar los problemas encontrados. Aunque parecen ignorar cuando se informa sobre algo que afecte a los becarios, como lo es la ya habitual solicitud de cambio de mesa y sillas del cuarto círculo, por unas en mejores condiciones.


    Este día, tienen que presentar el informe del mes de junio. Siempre temen que llegue el momento de presentar informes, es de las peores cosas que tienen que realizar, y cada mes se vuelve peor y peor. Los tres miembros del Club de Becarios se encuentran frente a la presidenta del consejo, quien está detrás de un escritorio de madera barnizada, que cuenta con diez cajones. Se encuentra sentada sobre una silla de oficina muy grande y acolchada color negro. Alicia agradece que Sally tuviera algo de perfume para enmascarar el desagradable olor de su cabello.


    La presidenta, que cursa el segundo año, es una joven de diecisiete años, cabello lacio y negro hasta media espalda, ojos dorados y piel oscura, es una persona agresiva, en el estricto sentido de la palabra. Incluso el resto de miembros del Consejo Estudiantil le tienen, un justificado, miedo. Siempre suele usar el uniforme perfectamente alineado y sin una sola arruga visible.


    Los tres tragan saliva nerviosos, el rostro feroz de la presidenta siempre deja helado a cualquiera que se le cruce en frente. Casi da la impresión de que los atacará en cualquier momento, y nadie duda de que sea capaz de hacerlo. Ninguno se atreve a decir palabra alguna. Es bien sabido que la presidenta controla por completo al Consejo Estudiantil, el resto de miembros solo se hacen presentes para darle soporte, cumplir cualquier capricho que se le ocurra o coordinar las reparaciones que se deban hacer.

    —¿Y bien? —cuestiona la de ojos amarillos, harta de verles la cara a los becarios.

    —Bueno... —se atreve a decir Marco —. Realmente... todo está... en... en...

    —¡Ya sácate el sapo de la boca y habla bien! —grita la presidenta, alterando a todos los presentes.

    —P-perdone, presidenta Budusk —se disculpa el joven, pone la mente en blanco y pierde la mirada en la zona sobre la chica, para no verla directamente, pero que parezca que si lo hace —. Realmente la mayoría de las instalaciones están en buenas condiciones —coloca una copia de su reporte sobre la mesa, le tiemblan las manos.

    —La mayoría significa que no todas lo están —dice ella, dándole una mirada rápida a las cinco hojas de papel que componen el informe.

    —Me temo que tiene razón. La piscina tamaño olímpica del club de natación tiene una pequeña fisura en el fondo, cerca de la esquina sureste, no se está filtrando el agua, pero lo mejor sería acabar con el problema antes de que inicie —respira profundamente, tomando valor para continuar —. Hay unos gatos que se están comiendo a los peces del estanque. Una de las ramas del árbol de manzana del noreste del campus está peligrosamente crecida y el viento la mueve mucho, tememos que pueda caerse en cualquier momento.

    —¿Algo más? —pregunta, lanzando el informe hacia un chico que se encuentra en un rincón. Este lo atrapa y solo lo abraza contra su cuerpo, como si tuviera miedo de que lo fueran a regañar, o peor, si lo dejara caer.

    —No, presidenta Budusk —niega Marco, aliviado que acabara la presentación sin ningún incidente.

    —Pablo se encargará de aprobar el presupuesto, ¿cierto, Pablo? —pregunta la joven, mirando al chico al que le arrojó los papeles.

    —Me estoy tardando mas bien. — El joven sale apresuradamente de la habitación, para preparar todo el papeleo y hacer las llamadas respectivas.

    —Oigan, Club de Perdedores —dice la de ojos dorados —. Bueno, no todos, solo la paralítica china.

    —Mande usted, presidenta Budusk —responde Sally, para nada feliz por la forma en que la llamó, aunque tampoco es el peor apodo que le han puesto.

    —Voy a verme en la obligación de embargar lo que recibes de beca en su totalidad y tendrás que comenzar a pagar más por mes —informa la presidenta, sonriendo ante la reacción perpleja de la chica en silla de ruedas.


    Sally no puede creer lo que escucha, deja caer los brazos a los lados, comienza a derramar lágrimas. No es capaz de procesar adecuadamente lo que está escuchando. Una parte de su ser quiere que sea una cruel broma, pero sabe que no es el caso, esa chica habla muy en serio y se nota que disfruta con el sufrimiento que le causa.

    —¡Tonterías! —reclama Marco, su enfado ante la situación hace que el temor a la presidenta quede atrás — ¡El Consejo Estudiantil no tiene derecho a hacer algo como eso!

    —No le dí permiso para dirigirme la palabra, maricota —reprende Budusk, frunciendo el ceño.

    —¡No me importa, lo que hace es una canallada y no lo permitiré! —asegura el joven, con gran pasión en sus palabras.

    —¿Que no lo permitirás? —cuestiona, indignada por haber recibido una amenaza por parte de alguien tan inferior socialmente.


    La presidenta se levanta de su asiento, rodea el escritorio y se coloca frente a Marco, frunce el ceño y lo mira directamente a los ojos. Al notar que el joven no parece temerle, se enfada aún más. Le da un puñetazo en el estómago, lo que hace que este se incline un poco y se cubra el abdomen con ambas manos. De inmediato, la chica le da un rodillazo justo en el rostro, haciendo que él caiga de espaldas. Alicia intenta detenerlo, para que no se golpee contra el suelo, pero es tan pequeña y débil que acaba siendo derribada y siendo aplastada por el peso de su amigo.

    —Aprendan su lugar, perdedores —amenaza Budusk, sacudiéndose la rodilla con la que agredió al estudiante.

    —Eso no fue nada —reta el joven, escupiendo sangre en la lujosa alfombra blanca que cubre el suelo del cuarto del Consejo Estudiantil.

    —Algunos simplemente no conocen su lugar —suspira la presidenta, resignada a tener que seguirlo golpeando hasta que entienda que no es nadie para hablarle así.


    La de ojos amarillos patea en el costado a Marco, una y otra vez hasta que se cansa. De vez en cuando falla, intencionalmente, golpeando a Alicia en el pecho.

    —¡Por favor, deténgase! —ruega la castaña, soltando en llanto —. Solo dígame qué debo hacer.

    —Odio a los llorones y a los respondones —murmura, para luego volver a su asiento.

    —¿Están bien? —cuestiona Sally, acercándose a ellos. Se limpia las lágrimas y mucosidad con un pañuelo que saca del bolsillo de su falda.

    —Podía... —Marco respira con dificultad — seguir... todo el día... —sonríe, para que su amiga deje de preocuparse, pero la sangre que le mancha los dientes logra el efecto contrario.

    —Estoy bien —miente la de baja estatura, en realidad le duele mucho el pecho y el hombro izquierdo.

    —Mucho lloriqueo —regaña la presidenta —. Para que quede claro para tus metiches amiguitos, explicaré lo que ocurre.

    —No hace falta, por favor —pide la de silla de ruedas —. Necesito ser la que se los explique, se lo suplico.

    —Adelante —permite la de ojos dorados, esperando a ver como se humilla sola la chica.


    Sally respira profundamente, le tiemblan las manos, se limpia las lágrimas. Está por decir algo que jamás les había contado a sus amigos, algo que solo la directora del orfanato donde vive sabe. Siente que va a devolver lo poco que almorzó en cualquier momento.

    —Cuando sucedió el accidente que me dejó en silla de ruedas —respira profundo —, mi pa-papá falleció ahí mi-mismo —se le entrecorta la voz al recordar a su padre lleno de sangre en el asiento del conductor, con los ojos abiertos, dirigidos directamente hacia ella, como si la mirara —. Mi mamá y yo sobrevivimos, nos llevaron al hospital. Mi mamá pasó dos semanas en coma, pero al final no lo logró... su corazón ya no tuvo fuerzas para resistir... —se limpia las lágrimas, Marco y Alicia también comienzan a llorar —. Como saben, mis piernas quedaron muy dañadas, las puedo sentir un poco, incluso mover los dedos de los pies si me esfuerzo, pero el doctor dijo que es muy probable que no podré volver a caminar.

    —Al punto, rueditas, al punto —apresura la presidenta, impaciente ante tanto lloriqueo.

    —Resulta que mis padres no tenían seguro médico, y ahora debo pagar los gastos del hospital, y los del funeral de mis padres —confiesa, comenzando a llorar nuevamente. Recuerda como si hubiera sido ayer la forma en la que el abogado del hospital le dijo que debía pagar los gastos médicos. La falta de tacto que tuvo al decírselo unos minutos después de que su madre falleciera.

    —Seis millones de aurums en total —añade Budusk, sonriendo ante el sufrimiento de la chica.

    —¡Eso es demasiado! —grita Alicia, sorprendida por la enorme cantidad de dinero que debe su amiga.

    —Falta la mejor parte —declara la de ojos dorados, sonriendo complacida.

    —Cuando vine a esta preparatoria, vi en la pizarra de anuncios que el Consejo Estudiantil realiza préstamos a los estudiantes —dice la de silla de ruedas, bajando la mirada a sus propias piernas, nota como le tiemblan ambas manos.

    —Correcto, se me debe devolver lo prestado antes de abandonar esta benemérita institución, más un veinticinco por ciento, ya saben, debo ganar algo, no presto nada por caridad —explica la presidenta, cruzando las piernas, complacida por lo que acaba de decir.

    —Veamos, seis millones más el veinticinco por ciento... —calcula Alicia, contando con los dedos, transcurre un largo minuto, que le permitieron tomarse para matarse pensando —. ¡¿Siete millones y medio de aurums?!

    —Toda una genio matemática —insulta la líder del Consejo Estudiantil.

    —Sí —afirma Sally, suspirando —. He estado pagando con la mitad de mi beca. Veinte mil aurums por mes. También embargaron las cosas de mis padres.

    —Pagas una miseria, apenas si has abonado ochenta mil aurums. Y ese montón de basura que llamas “cosas de tus padres” en total apenas si alcanzaron a sumar dos millones ciento sesenta y dos mil aurums —dice la de ojos dorados, negando con la cabeza —. Aunque el carro sí tenía seguro, y parece que la aseguradora lo pagará definitivamente, pero de eso serán solo dos millones más, y ya prometiste que nos darías ese dinero.

    —¡Lo haré, lo juro! —asegura la castaña.

    —Sé que lo harás, está estipulado en el contrato que firmaste conmigo —sonríe —. Pero, eso en total con costo si suma cuatro millones doscientos cincuenta y dos mil aurums. Dejando tu deuda en tres millones doscientos cuarenta y ocho mil aurums.

    —Lo sé, tengo el número muy presente...

    —No he terminado, chinita —regaña la presidenta —. La Beca Dante se paga incluso en vacaciones, y te falta medio año y hasta noviembre del próximo año, que debería ser cuando te gradúes. Pagarme solo veinte mil por mes, hará que de aquí a tu graduación solo hayas abonado unos miserables trescientos cuarenta mil, y eso es mucho menor al monto que debes. Así que tomaremos toda la beca, que sumando todo el tiempo restante tan solo serían seiscientos cuarenta mil, y comenzarás a pagar ciento sesenta y tres mil aurums por mes. Con eso quedarás sin deudas para cuando te gradúes.

    —No... no puedo pagar tanto... —dice Sally, con ganas de vomitar, todo su cuerpo tiembla. Espera estar en medio de una pesadilla y despertar en cualquier momento.

    —No pagues nada —recomienda Marco a su amiga —. Lo más que pueden hacer es demandarte y, hacer que lo pagues con tu salario cuando trabajes.

    —Tan tierno —se burla la de ojos dorados —. Esto jamás llegará a una corte, si te niegas a pagar, siempre puedo matarte y vender tus órganos para recuperar mi inversión.

    —¿La amenazas de muerte? —cuestiona el joven, indignado por las palabras de la presidenta. Le hierve la sangre de escuchar como amenazó a su amiga, sin siquiera pestañear.

    —Tan solo deja de pagar y verás si era amenaza o promesa —sentencia la de ojos dorados —. Tengo inmunidad diplomática, y jamás se atreverían a ponerme un dedo encima. Este país está desesperado por abrir relaciones comerciales con mi padre. El petróleo tiene más peso que un trío de pobretones muertos de hambre que nadie extrañará.

    —Solo diga qué tengo que hacer, presidenta Budusk —acepta temerosa la castaña. Ha escuchado terribles rumores sobre la presidenta, y la cree más que capaz de cumplir su amenaza.


    La líder del Consejo Estudiantil saca una hoja de la primer gaveta, del lado izquierdo, del escritorio, se lo ofrece a la castaña, quien no tiene más remedio que tomarla. Sally queda completamente pálida al leer lo que dice ahí, siente que el corazón se le saldrá del pecho. Sus amigos se asoman, por sobre su hombro, para leer lo que ahí está escrito.

    —¡Esto es ridículo! —grita Marco, completamente asqueado.

    —Si no cierras el hocico me veré forzada a cerrártelo —amenaza, con una mirada fiera.

    —No te metas, Marco, por favor —pide la de silla de ruedas, al borde del llanto.

    —¿Qué te parece, rueditas? —pregunta Budusk, disfrutando de la indignación de los becarios —. Es una buena forma de ganar dinero extra. Gracias a esto una becaria del año pasado logró pagar sus deudas conmigo, e incluso la trataban un poco mejor.

    —¿Por eso Marta parecía como muerta en vida? —cuestiona el chico, al borde de lanzarse a golpear a la presidenta.

    —No sé cómo se llamaba, ni me importa la verdad, ya se graduó, y este año eres la única lo bastante endeudada como para aceptar hacerlo —se relame los labios —. Verás que los precios son más que generosos. Y la oferta va para los demás, puede que se hagan ricos usando esos inútiles cuerpos de espantapájaros que tienen.

    —Jamás podría... —tiembla Sally, con gruesas lágrimas brotando de sus azules ojos —. Ni siquiera he dado mi primer beso.

    —¿Una virgen? ¡Mejor aún! Podemos subastar tu virginidad al mejor postor. Nunca lo he visto suceder, pero hay registros de que en años anteriores se hizo, varias veces en realidad. — Saca un libro de una de las gavetas inferiores, pasa varias hojas hasta que encuentra lo que buscaba —. Se comienza en un millón de aurums como mínimo, y si dan más de lo que debes te puedes quedar con la diferencia.

    —No lo hagas, Sally —pide Alicia, abrazando a su amiga.

    —¿Puedo pensarlo? —pide la castaña.

    —Claro, llévate la hoja, te daré hasta el final de la siguiente semana para responderme —sonríe de forma maliciosa —. Pero, si para el viernes de la próxima semana no me has dado una respuesta, será mejor que ni salgas de la casucha para huérfanos en la que vives si quieres llegar viva al sábado.


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    Nombre: Marco Martínez
    Apodo: ---
    Ocupación: Estudiante de Tercer Año en la Preparatoria DC/Presidente del Club de Becarios
    Edad: 17 años
    Género: Masculino
    Ojos: Negros
    Piel: Blanco
    Cabello: Negro y Corto
    Altura: 1,61
    ☯☯☯☯☯☯☯☯☯☯
    Nombre: Alicia Hatter
    Apodo: Al
    Ocupación: Estudiante de Segundo Año en la Preparatoria DC/Miembro del Club de Becarios
    Edad: 16 años
    Género: Femenino
    Ojos: Miel
    Piel: Blanca
    Cabello: Negro, Largo (hasta los muslos) y Lacio
    Altura: 1,44
    ☯☯☯☯☯☯☯☯☯☯
    Nombre: Satoko Miyuki
    Apodo: Sal, Sally
    Ocupación: Estudiante de Segundo Año en la Preparatoria DC/Miembro del Club de Becarios
    Edad: 16 años
    Género: Femenino
    Ojos: Azules
    Piel: Blanca
    Cabello: Castaño, Largo (hasta media espalda) y Rizado
    Altura: 1,53
    ☯☯☯☯☯☯☯☯☯☯
    Nombre: ?? Budusk
    Apodo: Presidenta Budusk
    Ocupación: Estudiante de Segundo Año en la Preparatoria DC/Presidenta del Consejo Estudiantil
    Edad: 17 años
    Género: Femenino
    Ojos: Dorados
    Piel: Negra
    Cabello: Negro, Largo (hasta media espalda) y Lacio
    Altura: 1,70
     
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  3. Threadmarks: Capítulo 02. Subasta
     
    Dark RS

    Dark RS Caballero De Sheccid Comentarista empedernido

    Capricornio
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    Escritor
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    Círculos
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    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Drama
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    11
     
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    Capítulo 02. Subasta



    Han transcurrido dos semanas desde la cruel reunión con la presidenta del Consejo Estudiantil. La última semana, Sally ha estado faltando a las reuniones del Club de Becarios, incluso se salta la hora de almuerzo. Sus amigos saben bien lo que hace durante su tiempo libre. Les gustaría ayudarla, pero no encuentran una forma de sacarla de la trampa en la que Budusk la metió.

    —Ay, Al —suspira Marco, sonando melancólico. Tiene la espalda del saco del uniforme manchado con pintura verde, esto debido a una broma que le gastaron durante la primera clase —. Extraño tanto a Sal. Me da tanto miedo de pensar en lo que le pueda suceder.

    —Hoy tampoco me quiso hablar durante los recreos —añade la chica de pelo negro, que siente un fuerte dolor en su corazón. Hace unas horas la golpearon en la cabeza con un pesado libro de historia y eso la hizo vomitar en medio del aula, y el profesor lejos de regañar a la culpable de tal acto, la obligó a limpiar lo que ensució —. Ya se sabe lo que hace. Le han escrito en su escritorio insultos, la golpean más que antes. En serio estoy preocupada por ella. Incluso se va antes y falta a clases. Así no es ella, Marco. Nadie debería someterse a esas cosas.

    —La vi durante el almuerzo, entraba en un aula vacía con uno de tercero.

    —Tal vez debería ayudarla —propone Alicia, triste, pero pensando que podría ser útil para que su mejor amiga salga del problema.

    —¿Qué quieres decir? — Teme que su amiga esté pensando en hacer algo malo o peligroso.

    —Si vendo mi virginidad, podría pagar la deuda de Sally, y ya ella no tendría que hacer esas cosas desagradables —le tiemblan las piernas y brazos de solo sugerirlo.

    —No seas tontita, Al —abraza a la chica con fuerza. Le parece algo noble, y hasta cierto punto inocente que piense de esa forma.

    —La extraño, y tengo miedo que algo feo le ocurra —dice ella, comenzando a llorar.


    Sally ha estado del otro lado de la puerta, escuchando lo que sus amigos han estado conversando, le duele en el pecho la forma en que se preocupan por ella. Decide que es tiempo de hablarles directamente sobre lo que ha estado haciendo y lo que planea hacer para ponerle fin a la desagradable situación en la que se encuentra. Tiene miedo de lo que pueda ocurrir en el futuro, y si de algo está segura, es que necesita a sus amigos a su lado, o no podrá lograr mantener su cordura. Entra al aula que usa el club, se acerca hacia ellos, el silencio que se produce es tan intenso que solo se escucha el rechinar de la silla de ruedas mientras avanza.

    —Hola —saluda la castaña, no muy segura de ser bienvenida. Tiene un par de moretes en el rostro.

    —Oh, Sally —Alicia va hacia ella y la abraza con fuerza.

    —¿Cómo estás, querida? —pregunta el chico, feliz de ver a su amiga.

    —Más o menos... Creo que les debo una explicación de lo que he estado haciendo... La razón por la que he estado tan distante...

    —No te preocupes —le dice la pelinegra, abrazándola con más fuerza.

    —Solo necesitamos que sepas que siempre estaremos contigo, Sal. No nos importa lo que hagas.

    —Gracias. — Comienza a llorar —. Son los mejores amigos que cualquiera pueda desear. Pero... necesito sacarme esto del pecho. ¿Podrían escucharme? Si no es mucho pedir.

    —Adelante, querida —permite Marco, un poco asustado por escuchar lo que su amiga tiene por decir.

    —Te escucharemos —le dice Alicia, volviendo a su asiento.


    La castaña cierra los ojos y toma una gran bocanada de aire frío. El aire acondicionado está puesto al máximo por lo caliente que ha estado el clima el día de hoy. Se avergüenza de lo que está por decir, de lo que ha hecho, de lo que hará, y sobre todo, se avergüenza de pedirles a sus amados amigos que no la abandonen sin importar qué haga. Se siente como el ser más egoísta que existe sobre la faz de la Tierra.

    —Recordarán el folleto que me dio la presidenta —los voltea a ver, pero ninguno dice nada —. Bueno, ahí estaba anotado lo que se paga según lo que se haga. — Toma más aire, como si acumulara valor para continuar con su relato —. Vi que quizás no tenía que perder mi virginidad para conseguir tanto dinero. Me dan diez mil aurums por usar las manos, por cada vez que... ya saben... Veinte mil por usar mi boca, cinco mil más si lo trago. Cincuenta mil por usar mis pechos, y cinco mil más si acaban en mi boca. En esta semana ya he ganado casi seiscientos mil.

    —Lo lamento —dice la de cabello negro, asqueada de imaginar todo lo que debe haber hecho Sally.

    —¿Por eso no has comido con nosotros, ni vienes al club? —pregunta Marco, más que preocupado por su amiga, teme que le vayan a contagiar alguna enfermedad.

    —Sí... Pero ya no aguanto más —estalla en llanto —. Solo quiero… que todo acabe...

    —Has sufrido tanto —la consuela la chica de baja estatura, la vuelve a abrazar, con más fuerza que antes, como si temiera que si la suelta la perdería.

    —No me abraces tanto, aún estoy asquerosa de hace rato —confiesa, sintiendo repulsión de sí misma. No quiere recordar la forma en que ese asqueroso muchacho usó su boca para satisfacer sus pervertidos instintos, y no solo una sino dos veces. Y luego se limpió en su frente para terminar de humillarla.

    —No me importa, eres muy especial para mí —asegura Alicia, negándose a soltarla.

    —Supongo tienes algo más que decirnos —dice el chico, adivinando de qué se trata.

    —Sí, decidí vender mi primera vez —confiesa, derramando más lágrimas —. Será solo una noche y listo, no tendré que hacerlo nunca más.

    —No dejaré que lo hagas —dice su amiga, derramando lágrimas.

    —Tampoco me parece bien que lo hagas —niega con la cabeza Marco, dando entender su desagrado.

    —Ya lo decidí, por favor, no les pido que lo acepten, solo que no me odien, que no me dejen de querer después de hacerlo. Es todo lo que pido.

    —Siempre serás mi amiga —asegura Alicia, dándole un beso en la frente —. ¿Por qué sabe tan feo tu frente?

    —Perdona, creí que me había lavado bien —se limpia la frente con un pañuelo blanco —. Será mejor que te enjuagues la boca.

    —¡Qué asco! —grita la chica de cabello negro, antes de correr hacia los baños.


    En su camino a los lavados, un par de chicas se interponen; una la empuja mientras que la otra le atraviesa el pie para hacerla tropezar. Alicia termina dándose un fuerte golpe contra el suelo, sus reflejos son tan malos que no es capaz ni de atravesar las manos y acaba golpeándose el rostro, rompiéndose la nariz como consecuencia. Nunca ha tenido buenos reflejos, y los otros estudiantes se aprovechan de eso para divertirse a sus expensas. Muchos ríen ante su caída, un chico de tercero se sube sobre su espalda y se limpia los zapatos. Tristemente, un día común para ella.


    El miércoles de la siguiente semana, que es el día que se acordó para llevar a cabo la perversa subasta, Sally y Alicia se encuentran a solas, tras una cortina roja que es donde la de silla de ruedas debe permanecer hasta que comience el horrendo evento en el que Satoko venderá su virginidad. La presidenta la obligó a quitarse el uniforme y quedar en ropa interior, para encender a los pujantes, “un incentivo para que ofrezcan más” según dijo. Es una noche inusualmente calurosa, aunque se le puede atribuir a la gran cantidad de personas reunidas en el teatro de la preparatoria, que es en donde se realizará tan oscuro evento. La piel de la castaña luce brillante debido al sudor que corre por su cuerpo, aunque no está segura si es por el calor o por el miedo de lo que está por ocurrirle.


    La pelinegro viste su uniforme, ya que no se fue a casa una vez terminadas las clases, no podía dejar sola a Sally ni por un momento, tiene que estar a su lado en este momento tan difícil. Aunque, concluida la subasta, definitivamente no la acompañará.

    —Juro que esto está más lleno que cuando actúa el club de teatro —comenta Alicia, asomándose por la cortina —. Aún no puedo creer que vayas a hacer esto.

    —Lo sé, me doy asco a mí misma —confiesa, bajando la mirada. La continuación de una pesadilla, es lo que espera que sea todo el asunto, pero sabe que no despertará en su cama cuando todo termine. No tiene idea de en qué cama despertará cuando todo termine.

    —No puedo creer que Marco no viniera —reclama la chica de baja estatura, intentando parecer enojada, pero su expresión es adorable.

    —No tenía más opción, lo obligaron a cuidar la tienda de su familia y a su hermanita. — Se queda mirando hacia el oscuro techo —. Pero sé que cuento con su apoyo.

    —Supongo —dice Alicia, sintiéndose más nerviosa de lo que parece estar Sally —. Ojalá te compre un chico dulce y guapo.

    —No creo que ninguno de los que estén afuera sean dulces o guapos. Seguro lucen como sapos horrorosos llenos de verrugas y penes minúsculos.

    —¡Qué horror! — Ambas ríen.

    —No te enojes si Magno me compra —molesta Sally, para sacarse los nervios de encima.

    —No creo que venga aquí —hace ver la de cabello negro —. La gente lo ve como un monstruo desalmado, pero es muy dulce y amable. — Sonríe levemente, como adolescente enamorada, que es justo lo que es.

    —No puedo creer que esté comprometido con la presidenta —añade la de silla de ruedas, frunciendo levemente el ceño.

    —Y su hermana gemela —recuerda, suspirando un tanto decaída.

    —¡Oigan, par de cucarachas! —les grita la presidenta Budusk —. Ya es hora. Que la enana se largue, a menos que quiera que la subaste también. Aunque claro, ¿quién querría a un duende tan feo y asqueroso como tú?


    Las becarias soportan los insultos, no tiene caso oponerse a la presidenta, lo último que necesitan es ser agredidas físicamente por ella. Alicia se despide de su amiga y va hacia donde casi cien estudiantes, y cinco profesores, aguardan a que salga la chica cuya virginidad está en venta.

    —¡Estimadas escorias! —presenta Budusk, que viene vestida con un traje de etiqueta color gris claro, y un micrófono inalámbrico color blanco que porta en su mano derecha. Da más la impresión de ser maestra de ceremonias que subastadora —. Esta chica, cuyo nombre no interesa —y tampoco lo recuerda — hará lo que ustedes quieran por diez horas completas. Son las siete, así que el que la compre la tendrá hasta mañana a las seis de la mañana. Y como mañana es día de clases, no le daré excusa a ninguno para faltar. ¿Mencioné que es primeriza?

    —¡Ya muestra a la zorra! —grita alguien desde la multitud.

    —¡Mejor ponte tú a la venta! —grita alguien más.


    Budusk arroja el micrófono hacia el chico que se le insinuó, golpeándolo justo en la frente y abriéndole una herida sangrante que lo obliga a salir del lugar para recibir atención médica. Una de las amigas de la presidenta le arroja el micrófono de vuelta, para que continúe con el depravado evento.

    —Al próximo malnacido que diga algo así lo mato lenta y dolorosamente —amenaza, poniendo una mirada furiosa, luego muestra una sonrisa —. Muy bien, ahora que todos se portarán bien, les presento la razón por la que vinieron. Solo no esperen la gran cosa, porque no lo es.


    La cortina roja se abre, dejando ver a Sally, quien busca con la mirada a Alicia, al encontrarla, se dedica a mirarla detenidamente, para ignorar las miradas lascivas hacia su persona. No quiere ver a nadie más en este momento.

    —Vaya, ropa interior con diseño de mariposas —señala la presidenta, refiriéndose a las pantaletas de Sally —. Creo que nadie le dijo a esta tipa que ya está en preparatoria y no jardín de niños. — Varios ríen por la broma —. Dejando de lado que se viste como niñita, los insto a que observen esos melones, tienen un buen tamaño. — Le arranca el sostén, de un solo tirón, dejando al aire los senos de la castaña, los cuales no son muy grandes, pero si lo suficiente como para desatar los impulsos depravados de varios en la audiencia, tiene los pezones de un color color café muy claro. Se cubre los pechos instintivamente, y cierra los ojos, con el rostro completamente rojo.

    —¡Muévelos, zorra! —grita un profesor, usando un tono obsceno.

    —Y vean esas caderas, bien anchas. Pero su trasero es plano, así que no la volteen mucho. — Golpea en la cabeza a Sally, usando el micrófono, lo que produce un chillido ensordecedor en los parlantes del auditorio —. Y no teman maltratarla un poco, porque resiste bien los golpes. — La vuelve a golpear, con más fuerza, produciendo un nuevo chillido —. Aunque claro, eso ya lo sabían. No creo que alguno no lo sepa ya, pero esta cosa pertenece al Club de Perdedores.


    Algunos comienzan a insultar a la castaña, como si lo que estuviera pasando no fuera lo bastante malo. Alicia siente una enorme rabia creciendo dentro suyo, escuchar como todas esas personas, aunque en este momento no las considera como tales, denigran a alguien que está en el peor momento de su vida, solo la pone más furiosa. Lo considera inaceptable, por completo inaceptable, pero es incapaz de hacer algo para ayudarla.

    —¡Sin más tiempo que perder, comenzamos la puja con un millón de aurums. Vamos, vamos, oferten, escorias! —pide la de ojos dorados, intentando, con todas sus fuerzas, no reírse del rostro de desesperación y vergüenza que muestra la de silla de ruedas.


    En el transcurso de un par de minutos pasan varias ofertas, y sube de uno a dos millones, y, en este punto, ya nadie parece querer ofrecer más. Esto preocupa a Sally, no solo por que el que tiene la mayor oferta es un hombre obeso, sudoroso y desagradable que no ha dejado de mandarle besos, sino también, debido a que el monto es inferior a lo que aún debe. Aunque la alivia un poco saber que lo restante podrá pagarlo con lo que ha juntado de sus desagradables trabajos, incluso le sobrará algo para hacer reparaciones en el orfanato. Como lo es la calefacción, que ha estado descompuesta desde hace más de tres semanas, pero no ha habido dinero para arreglarla.


    De un momento a otro, el antes animado auditorio cae en un sepulcral silencio, casi como si algo terrible acabara de suceder y todos temieran verse involucrados en eso. Sally no tiene idea de lo que ocurre, en especial debido a que los reflectores hacen que le sea difícil ver a las personas desde la mitad de los asientos hacia atrás. Alicia comienza a buscar la causa de tan repentino silencio. Un joven muy alto le pasa al lado, junto con una chica que va tomada de su brazo.


    Cuando la joven de baja estatura descubre de quién se trata, se sonroja notoriamente y siente nervios por tenerlo tan cerca. El chico alto es aquel al que apodan Magno, capitán del equipo de baloncesto, uno de los mejores promedios de los de tercero, dueño, a pesar de su corta edad, de una de las tres más grandes empresas en el país, y, sin olvidar, prometido de la presidenta del Consejo Estudiantil. Visto de cerca, luce mucho más grande, aunque, al lado de Alicia todos lucen altos. Magno mide alrededor de un metro noventa y dos centímetros, siendo de los más altos de la preparatoria.


    Alicia siente que pierde el aliento, el chico del que está enamorada finalmente se encuentra cerca suyo, las palabras quieren salir, pero su boca se niega a abrirse, y probablemente sea lo mejor. Normalmente no pasan por los mismos lugares durante el día, y en el comedor él se sienta en el primer círculo, quedando muy lejos de ella. Se pierde en la piel morena del chico, en sus ojos cafés y en su brillante y corto cabello negro. Tenerlo tan cerca le permite ver sus músculos, los cuales están marcados, pero tampoco son muy grandes, lo que a ella le encanta, ya que le desagradan los músculos anchos.


    La chica, que viene tomada del brazo con él, es la viva imagen de la presidenta, pero lleva su cabello un poco alborotado, la falda del uniforme por sobre los muslos y sin la corbata en su sitio, la cual se encuentra atada a su lujoso bolso de cuero color blanco marca Asmodeo. Otra diferencia entre ambas hermanas es que esta se pinta las uñas.

    —No, no, no, ¡no! —exclama preocupada la presidenta, al ver a su prometido llegar —. ¡No puedes cancelar esto, la pobretona firmó un contrato y es totalmente legal!


    Magno cruza los brazos, observa, con el ceño fruncido, a la chica de traje gris, que le muestra un papel doblado, el cual es más que evidente no puede leer desde donde se encuentra ni le interesa hacerlo. Luego escanea con la vista a los asistentes, todos lo observan con temor, casi da la impresión de que estuvieran viendo a una bestia salvaje que los asesinaría si se mueven o hacen movimientos bruscos. Un par de profesores se escabullen, para no tener problemas con el joven, pero logra verlos con el rabillo del ojo.

    —Satoko Miyuki, ¿cierto? —cuestiona el moreno, sonando enfadado. No lo está realmente, es solo su tono normal.

    —Sí, señor... —responde Sally, cubriéndose tímidamente los pechos con los brazos. Le da pena que él la vea en una condición tan deplorable.

    —¿En verdad deseas hacer esto? —pregunta el joven, mostrando una mirada penetrante dirigida hacia ella, como si le leyera el alma.

    —Yo... — No sabe qué contestar a esa pregunta. No es que quiera ser vendida como una prostituta, pero es la única opción que tiene para salir del problema en el que se metió. Es la única que se le ocurre por lo menos.

    —¡No quiere! —grita Alicia, tomando el valor para defender a su amiga. No tiene idea de dónde salió la fuerza para levantar la voz como lo hizo y dirigirse a la persona más intimidante del lugar, pero supone que es debido a su deseo de ayudar a su amiga en un momento como este. Traga saliva a la vez que gotas de sudor le recorren el rostro.

    —¿Y tú eres? —pregunta Magno, volteándose hacia la chica baja, para poder mirar a quien le habló.

    —Soy su amiga. Y la quiero, por eso debo hablar en su defensa. — Se siente agitada, mareada y con ganas de vomitar, pero tiene que mostrarse valiente —. Esto lo hace solo porque se encuentra entre la espada y la pared.

    —Ya veo —comenta el moreno, descruzando los brazos. Analiza el rostro de la chica baja, que más da la impresión de ser estudiante de primaria. Tiene una mirada adorable que seguramente ella piensa es una expresión desafiante, pero no tiene las facciones para hacerlo —. Ofrezco justo lo que debe.

    —Oye, oye, oye —interrumpe la presidenta —. No sabes si lo que debe es mayor a lo que han ofertado hasta el momento.

    —¿Alguno hizo una oferta seria por esta joven? —pregunta la hermana de la presidenta, poniendo una expresión de mofa. Sabe perfectamente que nadie se atreverá a ofertar contra Magno. Al menos nadie que sea sensato y quiera evitar ser un sacrificio.


    Todos niegan, incluso el que iba ganando la subasta. Nadie piensa siquiera intentar oponerse al capitán del equipo de baloncesto. Si la presidenta causa miedo en los estudiantes, Magno causa un terror extremo en todos, tiene suficientes influencias y dinero como para hacer desaparecer a todos en la preparatoria, y a sus familias, y hacer que a nadie le importe. Y según los rumores que corren en los pasillos, ya lo ha hecho.

    —Parece que tengo la oferta mayor, Hana —le dice a la de traje, sonando serio.

    —La mayor oferta es de Magno. — La presidenta sabe que nadie tiene el valor para competir contra él, se siente decepcionada, su diversión acabó muy pronto —. A la una, a las dos y a las tres. La virginidad de esta zorra paralítica es vendida a Magno.

    —Tu saco, Haala, ahora —ordena con firmeza el chico alto, a su prometida, la que está a su lado.

    —Adoro que me trates así —comenta la chica, sonrojada. Se quita el saco y se lo entrega.


    Magno va hacia el escenario, brinca para subir, ignorando las escaleras, haciendo un salto de casi dos metros, algo a lo que está acostumbrado a hacer en los partidos de baloncesto, aunque para muchos, que nunca han asistido a un partido, fue algo sobrenatural que jamás habían presenciado en la vida. Le pone el saco a Sally, por sobre los hombros, esta se cubre con este.

    —Gracias —agradece la de silla de ruedas, sonrojándose ante tal acto de caballerosidad.

    —¿Meterás a la cama a esta cosa? —cuestiona la presidenta, notoriamente enfadada —. Ya somos tres en cama, una más sería muy raro.


    Haala corre hacia su hermana, la abraza desde la espalda y le muerde la oreja, esto para ponerla de buen humor, ya que es algo que le gusta le hagan durante el sexo. Aunque, en esta situación, la presidenta se zafa, y le propina un puñetazo en el estómago, usando todas sus fuerzas.

    —¡Te he dicho mil veces que no hagas eso! —reclama, sonrojada, intentando parecer lo más seria posible.

    —Ese fue un golpe tan fuerte... de los mejores que me has dado... —confiesa su hermana, que es más que evidente que disfrutó recibir el golpe.

    —Puede irse, Satoko Miyuki —informa el alto chico a la castaña, usando una voz neutra —. Su deuda está saldada, ya no tiene asuntos aquí.

    —¿No me hará...? Ya sabe —cuestiona Sally. Se sorprende ella misma por estar decepcionada de que no vaya a ocurrir lo que antes tanto temía que sucediera.

    —¡Claro que no! —le grita la presidenta, indignada ante tal proposición —. Magno es mucho hombre para ti.

    —Como le dije, puede irse —insiste él, aún sonando neutro —. Pero devuelva ese saco en cuanto se vista.

    —Lo haré, gracias. —Sally se sorprende de la manera tan formal en la que le habla el apuesto chico de tercero, nadie le había hablado de una forma tan respetuosa antes, y es muy posible que nadie le vuelva a hablar de esa forma.


    La castaña sale del escenario, por la parte trasera, donde Alicia y su ropa la esperan, para irse a descansar. Sally pasa la noche en casa de Alicia, ya que desde antes la castaña había avisado en el orfanato que pasaría la noche en casa de una amiga, mentira que tuvo que inventar, ya que no podía decirles la verdad.


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    Nombre: Marco Martínez
    Apodo: ---
    Ocupación: Estudiante de Tercer Año en la Preparatoria DC/Presidente del Club de Becarios
    Edad: 17 años
    Género: Masculino
    Ojos: Negros
    Piel: Blanco
    Cabello: Negro y Corto
    Altura: 1,61
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    Nombre: Alicia Hatter
    Apodo: Al
    Ocupación: Estudiante de Segundo Año en la Preparatoria DC/Miembro del Club de Becarios
    Edad: 16 años
    Género: Femenino
    Ojos: Miel
    Piel: Blanca
    Cabello: Negro, Largo (hasta los muslos) y Lacio
    Altura: 1,44
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    Nombre: Satoko Miyuki
    Apodo: Sal, Sally
    Ocupación: Estudiante de Segundo Año en la Preparatoria DC/Miembro del Club de Becarios
    Edad: 16 años
    Género: Femenino
    Ojos: Azules
    Piel: Blanca
    Cabello: Castaño, Largo (hasta media espalda) y Rizado
    Altura: 1,53
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    Nombre: --
    Apodo: Magno
    Ocupación: Estudiante de Tercer Año en la Preparatoria DC/Capitán del Equipo de Baloncesto/Presidente de Magno & Asociados
    Edad: 17 años
    Género: Masculino
    Ojos: Oscuros
    Piel: Moreno
    Cabello: Negro y Corto
    Altura: 1,92
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    Nombre: Hana Budusk
    Apodo: Presidenta Budusk
    Ocupación: Estudiante de Segundo Año en la Preparatoria DC/Presidenta del Consejo Estudiantil
    Edad: 17 años
    Género: Femenino
    Ojos: Dorados
    Piel: Negra
    Cabello: Negro, Largo (hasta media espalda) y Lacio
    Altura: 1,70
    ☯☯☯☯☯☯☯☯☯☯
    Nombre: Haala Budusk
    Apodo: --
    Ocupación: Estudiante de Segundo Año en la Preparatoria DC
    Edad: 17 años
    Género: Femenino
    Ojos: Dorados
    Piel: Negra
    Cabello: Negro, Largo (hasta media espalda) y Lacio
    Altura: 1,68
     
    • Fangirl Fangirl x 1
  4. Threadmarks: Capítulo 03. Galletas
     
    Dark RS

    Dark RS Caballero De Sheccid Comentarista empedernido

    Capricornio
    Miembro desde:
    20 Marzo 2012
    Mensajes:
    1,301
    Pluma de
    Escritor
    Título:
    Círculos
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Drama
    Total de capítulos:
    11
     
    Palabras:
    3189

    Capítulo 03. Galletas



    El viernes de la misma semana en que aconteció lo de la subasta, a las tres de madrugada, Sally se levanta, intentando no despertar a las otras chicas con las que comparte el cuarto en el orfanato, algo muy difícil de lograr tomando en cuenta lo mucho que rechinan las camas y el suelo. Es una simple habitación que mide quince metros de ancho y once de largo, con seis camas individuales, sobre cada una hay un colchón viejo, en la mayoría de los casos con una almohada vieja y deforme. El suelo es de madera barnizada, lleno de rayones que se han ido acumulando con el pasar de los años. Las paredes son de cemento, pintado en color papaya, en la que hay varios afiches pegados: algunos de grupos musicales y otros de estrellas de cine. Un calendario con temas de aves, que muestra el mes de julio, en el que está la fotografía de un papagayo de cresta amarilla comiendo un mango, se encuentra al lado de la vieja y pesada puerta.


    El orfanato en el que vive tiene como nombre: Centro para Jóvenes y Adolescentes de Ciudad Esmeralda. Una institución que acoge a chicas entre los quince y dieciocho años, que, por alguna razón, fueron sacadas de sus hogares o quedaron huérfanas y no tienen a nadie que se haga cargo de ellas. No es una institución patrocinada por el gobierno, por lo que se mantienen con donativos, principalmente de la iglesia local.


    La joven castaña va hacia la cocina, tratando de que su silla no haga mucho ruido y alerte a alguien de su presencia, pero rechina tanto que es una verdadera misión imposible. Viste un camisón rosa, que le llega hasta los tobillos, con un bolsillo del lado derecho. Una vez en su destino, busca en el refrigerador, saca algunas cosas, luego enciende la estufa de gas, que es la única que le queda a su alcance, ya que la eléctrica está muy alta para alguien que no puede mantenerse en pie. Lava algunos vegetales, y para cuando va a buscar un cuchillo para cortarlos, nota que hay alguien más en la cocina con ella, que la observa sentada desde un banco de madera que parece que está por quebrarse.

    —¡Hermana! —se sorprende Sally, al reconocer a quien le hace compañía.


    La mujer, que observa a la chica, es de piel blanca, ojos azules y cabello negro con líneas teñidas en rubio. Viste un viejo hábito negro, pero la cabeza descubierta. Cuenta con cincuenta y dos años de edad, pero aparenta estar en sus treintas. Apenas si es tan alta como Sally, pero tiene la fuerza de un toro cuando se enoja. Entre las chicas del orfanato se corre el rumor de que es capaz de sentir las buenas o malas intenciones en el corazón de las personas. Su nombre es Marian, hermana Lady Marian.

    —Imagino tienes una buena razón para esto, Sally —dice la mujer, sonando seria, mirando detenidamente a la chica que tiene la expresión de un bandido que fue atrapado en medio robo —. Ya sabes que no se puede robar comida. Además de ser una regla, el robo es un pecado mortal.

    —Hermana, lo que sucede es que... verá... ¡quiero cocinar algo para un chico! —confiesa, completamente sonrojada. No ha podido sacarse la buena acción de Magno de la cabeza y quiere encontrar una forma de recompensarselo. Y ya que está segura que ella a penas cubierta por cintas rojas, cual obsequio, no es algo factible, aunque si algo con lo que ha estado fantaseando últimamente, decidió que lo mejor es hacerle algo de comer. Sacó la idea de un dorama que vio en su teléfono, y le pareció que era el gesto perfecto.

    —Eso no es una excusa para robar comida —le hace ver la de hábito, comenzando a sonar enfadada.

    —Lo sé, por eso —saca un billete rojo de su bolsillo, cuyo valor es de cinco mil aurums — pagaré lo que estoy tomando —coloca el billete sobre la mesa de la cocina, lo prensa con un viejo salero de plástico para que la brisa nocturna no lo vuele por la pequeña ventana rota que es imposible de cerrar.

    —¿Eso es de tu fondo para la universidad? —pregunta la monja, mirando seriamente el dinero.

    —Sí, pero sé que tengo que pagar lo que tomo —observa el dinero —. Desde el principio me dispuse a pagar por todo lo que use.

    —Ay, mi niña —niega la mujer, sintiendo ternura por la mirada y actuar de la joven —. ¿Vas a cocinar almuerzo para ese chico?

    —Sí, pensaba en arroz con yuca frita y ensalada —confiesa, pensativa. Es justo lo que prepararon en el dorama y le gustó la presentación del mismo.

    —¿No les dan almuerzo gratis? —pregunta la mujer, con el fin de que la joven lo recuerde.

    —Cierto... Lo que haga será basura comparado con la comida del comedor... —dice decaída, culpándose por no recordarlo antes.

    —No te pongas triste, podemos preparar galletas —propone la directora, levantándose de la silla y acercándose a ella.

    —¿Galletas? Pero no sé hacer galletas...

    —No quiero que las demás se enteren, pero yo soy buena cocinando postres. Antes de volverme monja trabajaba en la pastelería de mi padre y era muy buena —presume Marian, sacando pecho —. Pero no le digas a nadie o esperarán que cocine postres todo el tiempo.

    —¡Ayúdeme, por favor! —pide Sally, juntando las manos.

    —No ruegues —reprende la mujer, jalándole la oreja —. Solo se le ruega a nuestro señor Dios, a Jesús y al Espíritu Santo.

    —Perdón —baja la cabeza, sobándose la adolorida y colorada oreja.

    —Ve prendiendo el horno, y saca leche, huevos y mantequilla de la refri. Yo iré por el resto de cosas a la alacena. Ya verás lo sabrosas que nos quedan las galletas, y se las darás a tu enamorado.

    —Muchas gracias, hermana —sonríe agradecida.


    Para el primer receso de las clases, Alicia y Sally conversan sobre las galletas que la castaña preparó, o más bien, que ayudó a preparar, ya que la hermana Lady Marian hizo casi todo el trabajo. La de cabello negro se siente un poco triste de que su amiga vaya a darle un regalo al chico de quien ella está enamorada.

    —Por cierto —la de silla de ruedas saca una servilleta de papel, que cubre algo, y se lo entrega a su amiga —. Estas son para ti, e hice algunas para Marco también.

    —Gracias —agradece tomando las galletas. Prueba una. La combinación de vainilla y mantequilla que invade el paladar de la joven es indescriptible —. ¡Están deliciosas! —exclama con la mirada brillante.

    —Me alegro, espero que a él también le gusten... —dice nerviosa, tomándose con fuerza la falda. Ya solo le falta encontrar una oportunidad para acercarse a Magno, sin morir asesinada por la presidenta en el intento.


    Una chica de su mismo salón, de cabello rubio, ojos azules, y piel blanca, que proviene del extranjero, pasa junto a ellas y le arrebata las galletas a Alicia de las manos.

    —¡Hey, todos, la bitch tiene galletas! — Se come una —. And also taste good.

    —No te comas eso —dice un chico, de cabello negro, ojos verdes y piel morena —. Quién sabe qué cosas le puso la zorra pobretona.

    —Quizás te dé gonorrea si la comes —añade otra chica rubia, pero de ojos cafés y piel un poco más oscura —. Deberías tirarlas al sanitario, con el resto de la mierda.

    —Good idea —dice la joven extranjera. Toma el resto de las galletas, pero las arroja al suelo, luego las pisotea varias veces, como si intentara asegurarse que solo quede polvo de ellas.

    —¡No hagan eso! —reprende Alicia, tratando de sonar enfadada, pero su voz y expresión no la ayudan a parecerlo. .

    —No te creas la gran cosa —le dice la rubia de ojos cafés —. Ustedes son nada, no, menos que nada, el polvo en la suelas de mis zapatos valen más que las dos juntas. — Empuja a la chica baja, haciendo que se caiga de su silla, golpeándose el hombro contra el escritorio que está al lado. Luego le coloca la suela de su zapato derecho sobre su pequeño rostro.

    —Let's see. —Toma la mochila de Sally, y saca una bolsita de plástico color rosa transparente, atada con una liga color verde, en la que hay casi veinte galletas, de diversos tamaños y formas, aunque predominan los corazones y estrellas —. ¡Funny! La bitch iba a darle galletas a su darling.

    —Imposible —se burla la otra rubia —. Las zorras no pueden enamorarse. ¿O acaso regalas una galleta luego de cada cogida?

    —¡Devuélveme eso! —pide la castaña, con lágrimas en los ojos. Intenta alcanzar la bolsa, pero la extranjera la pone fuera de su alcance, lo cual no es muy difícil al ésta no poder levantarse.

    —Trae acá —dice el de ojos verdes, antes de quitarle la bolsa de galletas a su compañera de clases, rompe la bolsa y derrama el contenido sobre una hoja de papel —. Estas porquerías deben estar llenas de sida y cáncer, me dan asco —las golpea con el puño varias veces, haciéndolas polvo.

    —No, ¿por qué...? —comienza a llorar la castaña.

    —¡No nos molesten más! —exige la de cabello negro, poniéndose en pie.


    El chico lanza el polvo de galletas sobre Sally y Alicia. Entre los tres bravucones las encierran en el armario del salón, donde se guardan los artículos de limpieza y otras cosas. Atraviesan la silla de ruedas para que las becarias no puedan escapar. Ya estando ahí, simplemente se sientan a esperar a que alguien les abra, no es la primera vez que las encierran en ese lugar, ni la primera vez que usan la silla de Sally para trabar la puerta, y posiblemente no sea la última vez que lo hagan. Hay un fuerte olor a cloro y desinfectante frutal. La castaña se limpia las lágrimas.

    —Supongo que es otra cosa que no podré hacer —se dice Sally, sacudiéndose un poco de migajas del cabello —. Igual seguro me acobardaba y no se las podía entregar...

    —Supongo —suspira Alicia —. ¿Sabes? Me puse celosa cuando me dijiste que le horneaste galletas a Magno. Pensé en hacer algo para él también. Soy pésima amiga. — Accidentalmente se golpea la cabeza contra la pared de madera.

    —No lo eres —le toma la mano —. No creo haya una mejor amiga en el mundo entero que tú. Soy la que se metió de pronto. A ti te ha gustado desde que lo viste por primera vez.

    —Igual no me haría caso... —dice, volviéndose a golpear la cabeza, pero esta vez contra un estante.

    —Mejor no te muevas más —recomienda la castaña, sabiendo que Alicia suele golpearse varias veces, debido a que no puede mantenerse quieta por mucho tiempo y la oscuridad del armario no ayuda a su torpeza.


    Para el final del receso, el profesor libera a las chicas de su encierro. Siempre que no las ve en sus respectivos asientos las encuentra encerradas en el armario y las reprende fuertemente por eso, como si fuera culpa de ellas ser encerradas en ese sitio.


    A la hora de salida, en el Club de Becarios, las chicas se reúnen con Marco. Le comentan lo ocurrido con las galletas y que, desafortunadamente, no le pudieron traer ninguna para que la probara. Pero el joven igual le agradece a Sally la intención.

    —No quiero salir de aquí —menciona Sally, con pereza de realizar una ronda alrededor de la Preparatoria DC, en busca de desperfectos en la estructura, o algo más para agregar al próximo reporte.

    —Tuviste una semana difícil —agrega Marco —. Ve a casa, Al y yo podemos solos.

    —Sí, no te preocupes —asegura la de baja estatura, sonriendo.


    No tuvieron que rogarle más para que aceptara encantada la idea de irse a casa más temprano. Acompañan a Sally hasta la estación del autobús, se despiden de ella y regresan a la preparatoria. Comienzan a recorrer algunas de las instalaciones deportivas, que son las que, según el itinerario auto impuesto, tienen que visitar el día de hoy. Notan que hay que repintar las líneas de la cancha de fútbol y comprar dos nuevas redes para las canchas de tenis, aunque acuerdan poner en el informe que lo mejor es comprar al menos cuatro, para tener repuestos a la mano. También pasan por la piscina principal del club de natación, y comprueban que la fisura en el fondo ya fue reparada.


    Piensan terminar el día revisando el gimnasio que utiliza exclusivamente el equipo de baloncesto, el corazón y orgullo de la preparatoria DC. Una vez dentro, Alicia se decepciona al notar que el equipo no se encuentra practicando este día. Chequean las graderías, las cuales son de cedro barnizado y reforzado con acero templado. Luego inspeccionan el piso, el cual es de madera de arce duro, con la forma de la cancha señalizada en negro y el logo de la preparatoria justo a la mitad. Las canastas pueden ser subidas hasta los cinco metros, gracias a un mecanismo que se controla desde un tablero que está bajo llave, localizado cerca de la puerta principal. Una de estas parece estar muy maltratada, por lo que anotan como recomendación reemplazarla. El techo, con vigas de acero, está hermosamente pintado en dorado, dando la impresión de ser de oro real, efecto que se acentúa durante los juegos nocturnos gracias a las luces led que casi no consumen electricidad y casi no generan calor.


    Los últimos lugares a revisar son las duchas y la bodega de almacenaje. Marco se encarga del segundo lugar, mientras que la chica del primero. Alicia, en cuanto entra, nota que la luz de las duchas se encuentra encendida, algo extraño, ya que no las encendió ella y se supone que no había nadie, al menos nadie había contestado cuando saludaron al entrar. Avanza un poco más y encuentra algunas toallas en el piso, extendidas pero arrugadas, como si alguien las hubiera usado como cama.

    —Eres la que defendió a la chica en silla de ruedas la otra noche, ¿cierto? —se escucha preguntar una voz femenina.


    La chica de baja estatura voltea hacia la fuente de la voz, se siente nerviosa de encontrar a alguien en un lugar que se supone estaba vacío. La idea de que se trate de un fantasma ronda por un instante en su mente. La dueña de la voz es la presidenta del Consejo Estudiantil, o eso pensó Alicia al principio, pero al ver que no se comporta grosera o intenta insultarla, supone que es su hermana gemela, lo que confirma al verle las uñas pintadas. La de ojos dorados viste no más que una toalla alrededor de su exótico, sensual y bien dotado cuerpo.

    —Perdón, creí que no había nadie —se disculpa, se voltea para huir del lugar.

    —Si estás aquí, es porque tenías que hacer algo —dice, con un tono amable, uno que no se parece en lo absoluto al de su hermana.

    —Solo... venía a revisar si hay algo que requiera reparaciones y eso... —vuelve a ponerse de frente a la de ojos dorados, se sonroja ante el generoso busto de la chica y perfectas piernas sin rastro de vello.

    —Siéntete como en casa —permite, sonriente —. Por cierto, ¿qué tienes que hacer luego de revisar eso? Ya que estás aquí, podrías quedarte y unirtenos.

    —Deja de molestarla, Haala —reprende una seria voz masculina —. Y deja de preguntarle a la primera chica que te encuentres si quiere formar un trío. No es que me queje cuando aceptan, pero tampoco me gusta que lo andes ofreciendo.


    Alicia reconoce la voz al instante, una voz seria, firme y autoritaria. La voz de aquel que hace que su corazón se acelere. Voltea a verlo, y el rostro se le pone por completo rojo ante lo que tiene enfrente. Magno se encuentra ante ella, usando nada más que un ajustado bóxer color negro con líneas grises a los lados. La de baja estatura no puede dejar de verlo, como si una fuerza extraña la obligara a dejar la mirada fija en él y fuera incapaz de apartarla. Presta especial atención al abdomen limpio, marcado y sin un solo vello, de allí baja al gran bulto que se le forma en la entrepierna.

    —Se te cae la baba —le susurra la hermana de la presidenta, sonriendo maliciosamente.

    —¡Perdón! —grita Alicia avergonzada — ¡Por cierto, te agradezco que ayudaras a Sally, ambas te estamos muy agradecidas! ¡Gracias! — Sale corriendo de las duchas, va notoriamente avergonzada y acalorada.

    —Agradable chica, un poco rara —comenta la de la toalla, mirando hacia la puerta por donde salió la baja chica.

    —Esto hace más que evidente que no cerraste la puerta, como te lo pedí que lo hicieras y como me aseguraste que sí habías hecho —reprende el chico, con una expresión neutra.

    —Ops, lo olvidé —ríe nerviosa —. Merezco que me castigues por eso —se acerca a él, dejando caer su toalla, dejando al descubierto su voluptuoso y exótico cuerpo. Caderas anchas, pechos redondos y amplios con aureolas negras. Varias cicatrices de diverso tamaños y quemaduras adornan su abdomen, espalda y nalgas —. Castígame cuanto quieras, dame con el cinturón o ahorcarme hasta perder el sentido y viola mi inconsciente cuerpo. — Por su expresión jadeante, ella en verdad desea que él le haga esas cosas.


    Magno le propina un largo y apasionado beso a la chica, luego la toma del cuello con su poderosa diestra, la sofoca fuertemente por algunos segundos. Logrando una expresión llena de placer en su prometida. Cuando le nota los ojos salidos, la empuja con fuerza sobre las toallas del piso. Ella tose con fuerza, luego lo voltea a mirar, sonriendo sonrojada y agitada, deseosa de una nueva ronda de embestidas brutales y excitante dolor que la hagan llegar al excitante clímax.


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    Nombre: Marco Martínez
    Apodo: ---
    Ocupación: Estudiante de Tercer Año en la Preparatoria DC/Presidente del Club de Becarios
    Edad: 17 años
    Género: Masculino
    Ojos: Negros
    Piel: Blanco
    Cabello: Negro y Corto
    Altura: 1,61
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    Nombre: Alicia Hatter
    Apodo: Al
    Ocupación: Estudiante de Segundo Año en la Preparatoria DC/Miembro del Club de Becarios
    Edad: 16 años
    Género: Femenino
    Ojos: Miel
    Piel: Blanca
    Cabello: Negro, Largo (hasta los muslos) y Lacio
    Altura: 1,44
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    Nombre: Satoko Miyuki
    Apodo: Sal, Sally
    Ocupación: Estudiante de Segundo Año en la Preparatoria DC/Miembro del Club de Becarios
    Edad: 16 años
    Género: Femenino
    Ojos: Azules
    Piel: Blanca
    Cabello: Castaño, Largo (hasta media espalda) y Rizado
    Altura: 1,53
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    Nombre: Lady Marian
    Apodo: Hermana Marian
    Ocupación: Directora del Centro para Jóvenes y Adolescentes de Ciudad Esmeralda/Monja
    Edad: 52 años
    Género: Femenino
    Ojos: Azules
    Piel: Blanca
    Cabello: Negro, Largo, con rayos Rubios
    Altura: 1,56
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    Nombre: --
    Apodo: Magno
    Ocupación: Estudiante de Tercer Año en la Preparatoria DC/Capitán del Equipo de Baloncesto/Presidente de Magno & Asociados
    Edad: 17 años
    Género: Masculino
    Ojos: Oscuros
    Piel: Moreno
    Cabello: Negro y Corto
    Altura: 1,92
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    Nombre: Haala Budusk
    Apodo: --
    Ocupación: Estudiante de Segundo Año en la Preparatoria DC
    Edad: 17 años
    Género: Femenino
    Ojos: Dorados
    Piel: Negra
    Cabello: Negro, Largo (hasta media espalda) y Lacio
    Altura: 1,68
     
    Última edición: 30 Junio 2019
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  5. Threadmarks: Capítulo 04. Crimen
     
    Dark RS

    Dark RS Caballero De Sheccid Comentarista empedernido

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    Drama
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    Capítulo 04. Crimen



    El lunes de la siguiente semana, durante la hora de almuerzo, la tragedia se cierne sobre la Preparatoria Dante Circle, nadie puede creer lo ocurrido. La policía interroga a quien fue responsable de tal acto, para intentar llegar al fondo del asunto.


    Horas antes, durante el primer receso de la mañana, los miembros del Club de Becarios son llamados a reunirse con la presidenta Budusk. Los tres están completamente nerviosos, pensaron que no tendrían que volver al salón del Consejo Estudiantil hasta dentro de un par de semanas para presentar el informe, pero la suerte nunca ha estado del lado de ninguno de ellos.

    —Perdedores —comienza a decir la de ojos dorados, mirándolos como si fueran tres pilas de desperdicios que alguien tiró en su oficina —, no es que me guste verlos aquí, si por mi fuera los expulsaba de inmediato. Pero, por desgracia no puedo hacerlo —niega con la cabeza. Saca una serie de documentos, de la gaveta superior derecha del escritorio, y los arroja sobre el mismo, como si no fueran importantes —. Estos son los papeles que firmaste, tanto del préstamo como del consentimiento para subastarte. Son los originales, los puedes revisar.


    Marco se adelanta y toma los archivos, los revisa cuidadosamente. Es capaz de entender bien los términos legales escritos ahí. Algún día quiere llegar a ser abogado, y por esa razón estudia libros de leyes por diversión, incluso quiso unirse al Club de Abogacía, pero, al ser un becario, lo discriminaron y no le permitieron ingresar.

    —Sí, son los originales —asegura el joven, luego de leerlos cuidadosamente.

    —Y esto —saca otro papel, del mismo lugar —, es un documento firmado por mi persona y autenticado por el representante legal de la preparatoria, en el que doy por saldada tu deuda con mi persona —informa la presidenta, sonando derrotada.

    —Gracias —dice Sally, tomando el papel, lo lee y luego lo abraza. Se le humedecen los ojos por la emoción de que sea oficial la cancelación de su deuda.

    —¿No le molesta que preguntemos al representante legal de la preparatoria sobre la autenticidad de este documento? —pregunta el joven, mostrándose incrédulo.

    —No me molesta para nada, rata desconfiada —permite, de mala gana —. Por cierto —saca un papel de una carpeta, que ya tenía sobre el escritorio —, esta es la renuncia de Magno sobre la propiedad de la virginidad de rueditas.

    —¿Va a dar el dinero sin pedir nada a cambio? —cuestiona Sally, que no logra creer la buena voluntad de Magno para con su persona.

    —Exacto, me parece un desperdicio gastar tanto dinero en una zorra pobretona como tú, pero así lo decidió él —explica la presidenta, sonando aliviada. Ella en verdad no quería que su prometido se acostara con alguien tan inferior —. Ya lárguense de mi oficina que me la están hediondando con su pobreza.

    —Creí que era el salón del Consejo Estudiantil y no su oficina —le hace ver Marco.

    —¡Solo lárguense!


    Los tres caminan por le pasillo hacia sus respectivas clases. Marco empuja la silla de la castaña, para que esta pueda llevar los papeles en lugar de mover las ruedas.

    —No sé, queridas —menciona el chico —. Me suena a una trampa todo esto.

    —¿Qué quieres decir? —cuestiona Sally, que no ha dejado de abrazar los papeles.

    —Alguien tan importante como Magno gastando tanto dinero para salvar a alguien que ni conoce, ni pertenece a su círculo social. No sé, es extraño.

    —Magno es buena persona, a pesar de su reputación —la imagen del chico en bóxer regresa a la mente de la de cabello negro, haciendo que se sonroje.

    —También me dio esa impresión —añade la castaña, sonriente ante lo que considera es el mejor día que ha tenido desde que quedó huérfana.

    —Ay, queridas, deben bajarse de esas nubes —reprende Marco —. Aquí nos separamos. Guarda bien esos documentos, Sal.


    A la hora del almuerzo, mientras los estudiantes se dirigen al comedor, comienza una acalorada discusión cerca de las escaleras que bajan al primer piso. Cuando los becarios se asoman a ver lo que ocurre, ven a la presidenta, su hermana y uno de tercero en medio de una confrontación.

    —Ya quieren dejar de joder tanto por nada —se queja el de tercero, con una expresión pedante. Es alto, de cabello alborotado color rubio, ojos grises y piel blanca.

    —¡Le tocaste el trasero a mi hermana, maldito cerdo de mierda! —reclama la presidenta, tomándolo del cuello de la camisa con fuerza.

    —Y tú lo que quieres es que te toque el tuyo. Me hubieras dicho antes que te sentías celosa de que solo le prestara atención a tu hermana —dice el de tercero, agarrando el trasero de la presidenta.


    La chica, ante tan atrevido acto, lo arroja por las escaleras. El adolescente rueda escaleras abajo, quebrándose el cuello durante el descenso, algo que muchos pensaron al escuchar un fuerte tronido durante la caída. Alguien corre para revisar si aún sigue con vida, pero al estar cerca no se molesta en hacerlo, la innatural posición de la cabeza del rubio hace más que evidente que no puede seguir con vida.


    Se llama a la policía, y varias patrullas llegan en pocos minutos. Un detective se lleva a la presidenta a un salón vacío, para interrogarla en un lugar donde nadie más pueda intervenir. Al mismo tiempo, se les toma declaración a los testigos, así como a la hermana de la sospechosa. Aunque todos parecen decir lo mismo: que la presidenta empujó al chico por las escaleras de forma intencional.


    Luego de unos minutos, Magno ingresa en el salón donde se lleva a cabo el interrogatorio, se cruza de brazos y observa al sorprendido detective a los ojos. El agente se pone en pie, el joven es mucho más alto que él, pero no se deja intimidar por alguien que irrumpe de esa forma en medio de un interrogatorio policial. El oficial es un hombre como de metro ochenta, ojos oscuros, piel morena y cabello negro corto, usa un barato traje de caqui con corbata azul. La chica se abraza a Magno en cuanto lo ve ingresar al salón.

    —Teniente Humberto Torres, ¿cierto? —cuestiona el alto joven, sondando serio.

    —Correcto, ¿señor?

    —Llámeme Magno, por favor.

    —Ya veo, el famoso Magno de empresas Magno & Asociados —reconoce el oficial al momento de escuchar el sobrenombre —. Déjeme decirle algo, señor Magno, no porque tenga influencias y dinero va a lograr que su amiguita se salve de esta. Tenemos múltiples testigos que la vieron empujando al joven Ramsés por las escaleras. Intencionalmente, debo recalcar.

    —El tipo se lo buscó —explica Hana, pensando que es excusa más que suficiente para que todo quede olvidado. No ve por qué hacen tanto escándalo por la muerte de un fulano que no sabía su lugar.

    —Imagino no sabe quién es ella —señala Magno, estudiando el rostro serio del oficial. Investigó sobre el teniente antes de ingresar al salón: es un hombre incorruptible, que siempre persigue a los que considera malos y los lleva a la justicia. Siempre siguiendo la ley al pie de la letra. Un ejemplo a seguir para la policía, y, desafortunadamente, alguien que no puede ser comprado o amedrentado fácilmente.

    —Ni me importa tampoco, homicidio es homicidio —insiste el oficial, sonando firme.

    —Ella se llama Hana Budusk, hija del sultán Budusk. Ella, y su hermana, cuentan con inmunidad diplomática absoluta, eso incluye el homicidio —explica el chico, esperando que con eso se solucione todo. Posiblemente lleven a Hana a la delegación y la interroguen hasta que se confirme su inmunidad, y, en el peor de los casos, la prensa se enteraría y el padre de Hana la haría volver a casa para evitar fricciones internacionales, y es justo lo que el alto chico quiere evitar.

    —Sigue sin importarme.

    —No me deja opción. Sacaré mi teléfono de mi bolsillo —avisa, para evitar que el policía reaccione pensando que va por un arma.



    Magno hace una llamada, intercambia un par de palabras con la persona al otro lado de la línea y luego cuelga. Unos momentos después, el oficial Torres recibe una llamada a su celular, lo que lo deja bastante confuso. La contesta de inmediato al ver que se trata del número del jefe de policía.

    —Si, sí, sí, señor. Pero.... Lo entiendo, pero ella... Como usted diga, jefe —cuelga el teléfono, notoriamente enfadado.

    —Pudo ahorrarse esa llamada —hace ver el joven, con total serenidad.

    —Recibí una llamada conjunta del fiscal general, el jefe de policía y el alcalde. ¿Quién diablos logra que estos tres burócratas hablen en defensa de una simple mocosa?

    —¡¿Mocosa?! ¡Cómo se atreve viejo....! —Magno le cubre la boca para que deje de hablar, ya tiene el asunto solucionado y lo último que necesita es que se la lleven por agresión a un oficial, un delito no tan grave como el homicidio, pero si lo bastante como para que el padre de Hana considere llamarla de vuelta a casa.

    —Los llamé desde antes de entrar aquí, solo estaban en espera de que les dijera qué había ocurrido para llamarlo a usted, pero solo en caso que se pusiera difícil —explica, con seriedad —. Y si se preocupa por llamar a los padres del chico, no se moleste, yo personalmente me encargaré del asunto. Es algo que sus superiores también le explicarán en cuanto regrese a la estación.

    —Más les vale no meterse en problemas —sentencia el oficial. No piensa dejar las cosas como están. Salirse tan campante de un homicidio, del que hay numerosos testigos, es algo que no muchos pueden darse el lujo de hacer. Ha escuchado los rumores sobre los dos hombres que, supuestamente, dirigen la ciudad y el bajo mundo a nivel nacional, incluso puede ser que el país entero si le hace caso a sus informantes. Y ambos hombres viven en ciudad Esmeralda, la capital del país. Uno de ellos es un viejo magnate de apellido Libeskind, y el otro, que antes lo consideraba un error en sus investigaciones, un adolescente al que apodan Magno. No tiene más opción que abandonar el salón y dar el caso por cerrado, pero investigará a fondo a Magno hasta encontrar algo en su contra y llevarlo ante la justicia.


    Hana se lanza a besar a su prometido, le está agradecida por su intervención.

    —Ese sujeto no me creía lo de la inmunidad —cuenta, con el ceño fruncido.

    —Eres muy brusca para hablar con la gente —reprende él —. Hay que hacer las cosas con tacto. Y tampoco te puedes quedar sin castigo.

    —¿Qué? —pregunta, temiendo lo peor.

    —Cubrirás los gastos para hacer desaparecer este asunto, me darás tus tarjetas de crédito para esconderlas por un mes, y te irás a dormir a la sala por el mismo tiempo.

    —¿Por matar a una escoria? Deberían darme una medalla por eliminar a ese manos alegres.

    —Como dije, hay que hacer las cosas con tacto, y si no dejas de renegar serán dos meses.

    —Bien —frunce el ceño, aceptando el castigo, que considera exagerado para lo poco que hizo. Aunque está agradecida que no fuera lo que pensaba al principio.


    Los estudiantes ven como los policías abandonan el campus, sin decir nada más, y dejando la investigación a medias. Y todo ocurrió poco después de que Magno entrara a conversar con el agente a cargo. Esto solo intensifica la reputación del capitán del equipo de baloncesto, de mala manera. Se comienza a esparcir con mayor fuerza el rumor de que la policía trabaja para él. Incluso hay quienes sospechan que es un jefe de la mafia que tiene comprada a la policía. Hay otros que dicen que Magno hace sacrificios humanos en rituales satánicos con el fin de invocar demonios, no es algo que tenga que ver con el asunto actual, pero es un viejo rumor que ha estado rondando los pasillos de la preparatoria.


    Los becarios se dirigen hacia la estación de buses, luego de que dejaran a todos irse antes, ya que se cancelaron todas las actividades extracurriculares por el resto del día debido al trágico “accidente”, como lo anunció el director desde los parlantes, que se encuentran por todo el campus.

    —Les dije que Magno era peligroso —recuerda Marco, nervioso por lo ocurrido el día de hoy y la influencia que demostró al hacer desaparecer un homicidio así como si nada.

    —Dijiste que era extraño que gastara dinero en ayudarme —corrige Sally.

    —Hizo que la policía se fuera, a pesar de que se había cometido un crimen, un crimen grave —recalca el joven, sumamente preocupado por la pasión con la que sus amigas parecen defender a un sujeto que obviamente es más peligroso que una cascabel a la que le majaron la cola por error.

    —Es cierto... —coincide Alicia, no tan convencida —. Pero, igual pienso que es buena persona.

    —Ay, querida —niega Marco —. Tú lo que estás es bien ciega de amor por ese sujeto.

    —Tal vez no fue Magno quien hizo que se fueran. Recuerden que la presidenta había presumido de tener inmunidad diplomática cuando nos amenazó aquella vez —recuerda la castaña.

    —Igual se la habrían llevado a la comandancia y habrían solicitado que la deporten, o algo por el estilo. Se me hace que se libró de un asesinato muy fácilmente.

    —No sabemos lo ocurrido realmente, y probablemente nunca nos enteremos de la verdad. Así que no vale la pena discutir sobre eso —sugiere la de baja estatura, negándose a pensar algo malo sobre Magno.

    —Eso me recuerda. ¿Qué vas a hacer con las clases de álgebra? —cuestiona la de silla de ruedas.

    —Ni me lo recuerdes —pide Alicia, notoriamente decaída —. Es la única materia que me causa problemas. Y me da miedo pedir un tutor.

    —Es verdad, se puede solicitar un tutor en caso de rezago —recuerda Marco, pensativo —. Aunque tenemos derecho a pedir tutores, no creo que nadie quiera enseñarle a un becario. Y el que lo acepte, quizás tenga una razón oculta para hacerlo.

    —Por eso me da miedo, casi no hay quienes nos traten bien, y las tutorías son a solas en la biblioteca, podrían hacerme algo peor que lo de costumbre. ¿No pueden enseñarme ustedes?

    —Podríamos estudiar juntas —propone Sally —. Aunque no estoy tan bien como para andar enseñando a alguien más.

    —Y yo tengo que ir a casa luego de las actividades del club, para ayudar en el negocio familiar, y hasta muy entrada la noche es que puedo comenzar a estudiar —se excusa el chico, sintiéndose culpable de no poder ayudarla.

    —No se preocupen, solo tengo que estudiar más y seguro entiendo todo sin problemas.


    Al siguiente día, martes, durante la reunión del club, comentan sobre los rumores que escucharon durante las clases. Alicia trae el cabello húmedo y huele a agua estancada, mientras que Marco tiene un golpe sangrante en su labio.

    —Ya no pueden negar que Magno es alguien peligroso —insiste el mayor del club, poniendo un envase de cartón de jugo de pera en su labio, el cual está frío. Esto para bajar la inflamación.

    —Son solo rumores —dice la de cabello negro —. Todo lo que dicen es imposible que sucediera.

    —Me parece que son solo rumores para perjudicar a Magno —menciona la de silla de ruedas —. Unos dicen que los padres del chico muerto desaparecieron, otros que fueron asesinados en un ritual satánico, otros que los mandaron a matar y lanzaron sus cadáveres en barriles al fondo de algún río.

    —Incluso hay quienes dicen que vieron una luz roja salir de la casa de ese pobre chico. Como si los hubieran quemado vivos o algo así. Pero son solo rumores y nada más —comenta Alicia, convencida que es solo eso, un rumor disperso para perjudicar al más popular de la preparatoria.

    —Deben admitir que el clima estuvo extraño anoche —recuerda Marco —. Salió en las noticias: una única nube negra lanzó un rayo negro cerca de donde vivía ese chico Ramsés.

    —La verdad si escuché sobre eso, pero no sabía que fuera por ahí donde vivía ese chico —comenta pensativa la castaña —. No sabía que los rayos pudieran ser negros.

    —No lo son, ni deberían —menciona el único chico del club, convencido que hay algo perverso detrás de todo el asunto, y que eso perverso tiene relación con Magno. No sabe cómo, pero tiene que averiguar la verdad detrás del popular capitán de baloncesto y dueño de una empresa internacional que todos saben que existe pero nadie sabe lo que hace con exactitud. Magno es peligroso, y debe probarlo para que sus amigas se mantengan alejadas de él.

    —Yo me tengo que ir ya. Resulta que estudiar más no ayuda entender en lo absoluto, por lo que solicité ayuda. Me encontraré con mi tutor de álgebra en la biblioteca. Crucen los dedos para que resulte ser una buena persona que tenga deseos de enseñar —informa Alicia, cruzando los dedos y sonriendo de forma triste.

    —Suerte, Al, llama si necesitas ayuda, estaremos aquí cualquier cosa —dice Marco, despidiéndola con la mano. No está muy seguro de que ella vaya a estar bien, ni tampoco va a dejárselo a la suerte.

    —Suerte, espero sea un chico guapo —le desea Sally, sonriente. En cuanto Alicia abandona el aula, cambia su expresión a una de preocupación —. Estoy segura que le va a ir feo.

    —Es por eso que la iremos a cuidar, Sal —propone el chico, teniendo un mal presentimiento.


    La biblioteca de la preparatoria es un laberinto, en el estricto sentido de la palabra. Hay cientos de libreros, todos repletos, que abarcan la mayor parte de la edificación, la cual consta de siete pisos. El suelo, de cada piso, es de cerámica blanca, con relieves florales, las paredes son de mármol, hay bustos, sobre columnas de ónix, de los distintos benefactores de la biblioteca, así como de famosos científicos y ex presidentes que alguna vez asistieron a la preparatoria DC. Hay de quince a veinte mesas por casa piso, las cuales son de roble pulido y barnizado, al igual que los estantes. Bancas de acero sirven como asientos. Hay una salida de emergencias en cada piso, pero una única entrada principal está localizada en el piso inferior, junto a la cual hay un enorme escritorio, tras el cual trabajan siete bibliotecarias, las cuales se encargan de registrar los libros que se llevan prestados o regresan los estudiantes. El lugar no está tan lleno como en otros días, a penas si hay unos cien estudiantes, todos en los pisos superiores, la mayoría haciendo alguna tarea, consultando algún libro para un examen o leyendo algún cómic o manga de la basta colección del popular Séptimo Piso para el Ocio, como se le conoce popularmente.


    En una de las mesas del piso inferior, cerca de las bibliotecarias, aguarda Alicia la llegada del que se supone será su tutor de álgebra. Está más que lista para salir corriendo, en caso que sea alguien que la quiera lastimar de alguna forma. Lleva unos veinte minutos esperando cuando ve a alguien familiar entrando por la entrada, alguien que ruega con todas sus fuerzas sea su tutor. Aunque no ve por qué razón lo sería, alguien como él no perdería el tiempo siendo tutor de algún estudiante al azar, ni le sobra el tiempo para serlo tampoco, y menos de uno de los miembros del Club de Becarios. El corazón se le acelera cuando lo ve acercarse a su mesa, pierde el aliento, como si el aire se negara a ingresar a sus pulmones y brindarle el oxígeno que tanto requiere.

    —Hola —es el simple saludo que le da el imponente chico que se sienta a la mesa, quedando frente a ella.


    Este chico coloca tres enormes libros sobre la mesa, que tienen títulos relacionados con el álgebra: “Álgebra Lineal y Geometría Cartesiana”, “Álgebra Lineal y Sus Aplicaciones”. El título del tercero no es visible desde donde está la chica, pero logra leer la palabra “Vectores”.


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    Nombre: Marco Martínez
    Apodo: ---
    Ocupación: Estudiante de Tercer Año en la Preparatoria DC/Presidente del Club de Becarios
    Edad: 17 años
    Género: Masculino
    Ojos: Negros
    Piel: Blanco
    Cabello: Negro y Corto
    Altura: 1,61
    ☯☯☯☯☯☯☯☯☯☯
    Nombre: Alicia Hatter
    Apodo: Al
    Ocupación: Estudiante de Segundo Año en la Preparatoria DC/Miembro del Club de Becarios
    Edad: 16 años
    Género: Femenino
    Ojos: Miel
    Piel: Blanca
    Cabello: Negro, Largo (hasta los muslos) y Lacio
    Altura: 1,44
    ☯☯☯☯☯☯☯☯☯☯
    Nombre: Satoko Miyuki
    Apodo: Sal, Sally
    Ocupación: Estudiante de Segundo Año en la Preparatoria DC/Miembro del Club de Becarios
    Edad: 16 años
    Género: Femenino
    Ojos: Azules
    Piel: Blanca
    Cabello: Castaño, Largo (hasta media espalda) y Rizado
    Altura: 1,53
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    Nombre: --
    Apodo: Magno
    Ocupación: Estudiante de Tercer Año en la Preparatoria DC/Capitán del Equipo de Baloncesto/Presidente de Magno & Asociados
    Edad: 17 años
    Género: Masculino
    Ojos: Oscuros
    Piel: Moreno
    Cabello: Negro y Corto
    Altura: 1,92
    ☯☯☯☯☯☯☯☯☯☯
    Nombre: Hana Budusk
    Apodo: Presidenta Budusk
    Ocupación: Estudiante de Segundo Año en la Preparatoria DC/Presidenta del Consejo Estudiantil
    Edad: 17 años
    Género: Femenino
    Ojos: Dorados
    Piel: Negra
    Cabello: Negro, Largo (hasta media espalda) y Lacio
    Altura: 1,70
     
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  6. Threadmarks: Capítulo 05. Inocente
     
    Dark RS

    Dark RS Caballero De Sheccid Comentarista empedernido

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    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
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    Drama
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    Capítulo 05. Inocente



    Alicia no da crédito a su suerte, porque lo considera buena suerte. El chico más popular de todo el instituto, de las mejores notas, sin mencionar que es su amor platónico desde la primera vez que posó su mirada sobre él, con el que ha fantaseado desde hace varios meses, está frente a ella. Sus fantasías son de una índole inocente, como las llamarían sus amigos de enterarse, no se atreve contárselas a nadie por vergüenza a que se burlen de ella. Como cuando imagina, durante el almuerzo, que él la invita a comer y conversan de cosas sin importancia, o que la acompaña a casa. Entre sus favoritas se encuentra en la que se ve junto a él paseando a un hermoso labrador dorado por las calles de la ciudad, ambos tomados de la mano, sonriendo, conversando. Y ahora, una de sus fantasías se hizo realidad, casi por completo como la imaginó: en la planta baja de la biblioteca, estudiando para los parciales, frente a frente, con el atardecer comenzando a enrojecer el cielo. Lo único que falta es una sonrisa amplia en el rostro de Magno, pero su expresión seria también hace que su corazón lata de tal forma que no sabe si está por sufrir una arritmia.


    Por un instante, a la pelinegra le parece ver a Marco asomándose desde la puerta, pero desaparece casi de inmediato y duda de si en verdad era él. No tarda mucho en alejar ese pensamiento de su cabeza y concentrarse de nuevo en el chico que tiene en frente. Este se queda mirándola fijamente a los ojos, como si intentara ver dentro de su alma, y por la seriedad que mantiene, ella puede jurar que lo está haciendo en verdad. Cuando él finalmente la deja de mirar, toma el libro de hasta arriba y lo abre en una página al azar, donde dibujos de gráficas se muestran en ambas páginas.

    —¿En qué necesitas ayuda? —cuestiona, con total serenidad, el alto chico.


    Desde la puerta principal, e intentando no dejarse ver, Marco y Sally espían como Magno llega y se sienta en la misma mesa en la que se encuentra su amiga. Confirman varias veces que en verdad se trate de quien creen que es, pero no hay dudas, no hay dos como él en la preparatoria DC, y según Marco, es lo mejor para todos que así siga siendo. Por un momento, la de cabello negro y el presidente del Club de Becarios cruzan las miradas, este se oculta rápidamente, esperando no haber sido descubierto.

    —No puedo creer que resultara ser él —susurra la de silla de ruedas, sintiendo celos por lo cerca que se encuentra su amiga de Magno, y no hace nada para ocultar ese sentimiento.

    —Me preocupa Ali —menciona el chico, sintiendo un mal presentimiento sobre lo que ocurre.

    —¿Por qué? —pregunta la castaña — Si esto funciona como quisiera que funcionara para mí, Alicia y Magno estarán hechos una masa de sudor y fluidos para el final del día —se sonroja. Comienza a fantasear que el enorme chico la carga hacia su cama, la de su antigua casa, donde vivía cuando sus padres aún estaban en este mundo, la arroja sobre el colchón, le desgarra la ropa con desesperación, para luego él desnudarse y robarle la virginidad con lujuria y salvajismo, disfrutando del éxtasis del sexo. Aunque no tiene idea de cómo se siente, está segura que es cientos de veces más placentero que cuando sacia sus propias ganas con sus dedos.

    —Ay, Sal, no sé que piensas pero debes detenerte ahora —dice Marco, al ver lo sonrojada que está su amiga, y la forma como frota las piernas una contra la otra, sin duda a causa de estar teniendo pensamientos lascivos.

    —Perdona —se disculpa, acalorada, respirando con fuerza para que se le pase.

    —Me parece algo muy extraño que una persona como Magno, con dos novias, capitán del equipo de baloncesto, dueño de su propia empresa, sin mencionar que es el más popular de toda la preparatoria, tome el trabajo extra de ser tutor de álgebra, y para una de las becarias —menciona el chico, mirando con desconfianza hacia el que tiene a su amiga embobada.

    —¿No crees que estás exagerando? —pregunta la castaña. Casi al mismo tiempo alguien la empuja, y de no ser por la rápida reacción de Marco se hubiera caído de la silla de ruedas —. Gracias.

    —Ojalá así sea, Sal, ojalá así sea —musita, sin perder de vista la amplia espalda de Magno. Lo vigila con recelo, como esperando a que haga algo sospechoso para intervenir.


    El alto joven puede sentir como alguien lo observa, ya sea una corazonada o el resultado de su entrenamiento para prever y evitar a los que quieren robarle el balón en la cancha, pero está convencido que alguien lo observa. Pero no es la clase de miradas que suele recibir; de admiración, lujuria o celos. No, esta es distinta a esas. Es como si alguien intentara ver dentro de sus intenciones, como si alguien sospechara algo y lo observara para comprobarlo. Realmente no es importante para él descubrir quién es el causante de esa sensación, mientras no le sienta cerca o con intenciones agresivas hacia su persona no tiene nada de qué preocuparse.


    Más importante que esa mirada, que tal vez sea solo producto de su imaginación, está concentrarse en la chica frente suyo. La estudia: es baja, tan pálida como un vampiro de película antigua, de hermosos y a la vez tristes ojos color miel que se concentran en uno de los libros abiertos, cabello negro, opaco y muy largo. Es delgada, débil. Frágil es la palabra más acertada para describir su físico. Pero hay algo en ella, algo en sus rosas labios que lo atrae, como si lo hipnotizaran, como si pronunciaran palabras distintas a las que la chica en verdad está diciendo.

    —Y eso es en resumen lo que no entiendo... —confiesa Alicia, sin atreverse a hacer contacto visual.

    —No es nada difícil —comenta el alto chico —, lo que tienes que hacer es ajustar las fórmulas para crear nuevas y así sacar las medidas que están pidiendo en el problema.

    —Pero no entiendo cómo sacar la distancia recorrida —insiste ella, comenzando a frustrarse a pesar de solo llevar unos pocos minutos intentándolo.

    —Ve esta fórmula con la que resolviste el problema anterior: velocidad es igual a la distancia recorrida entre el tiempo, ¿cierto? — La expresión de confusión de la pelinegra le es atrayente, no por ser una expresión sensual o provocativa, sino por ser una expresión adorable.

    —Bueno, sí, pero esa fórmula es la que nos enseñaron en clases y con las que resolví las tres anteriores, pero no me sirve para este problema —se rasca la mejilla, frunciendo el ceño. Para Magno ese es el fruncimiento de ceño más hermoso y tierno que ha visto en sus diecisiete años de vida.

    —Pero si tienes velocidad y tiempo, ¿qué harías para convertir la fórmula a una que dé como resultado la distancia?

    —Veamos —escribe en un papel “v= d/t”, luego mira la fórmula detenidamente, como si esperara que el papel o las letras le den la respuesta —. ¿Distancia es igual a la multiplicación de la velocidad por el tiempo?

    —Correcto —afirma él, sonriendo por un instante, para luego volver a su expresión seria.

    —En ese caso el resultado es... —comienza a resolver el problema, tarda un par de minutos en hacerlo, luego lo compara con la respuesta que debería darle, pero no es la misma, muerde el lápiz que tiene en su mano, un reflejo nervioso que tiene cuando piensa. Este lápiz es nuevo, pero en su cartuchera con diseño de One Piece tiene otros dos con las marcas de sus dientes plasmadas en ellos, y uno de ellos tiene escrita una palabra que no quiere él vea —. No me está dando igual, ¿qué hago mal? —lo observa con una mirada suplicante, como pidiendo auxilio.


    A Magno le toma un instante ver dónde está el problema, es tan evidente que tiene que obligarse a no mostrar una sonrisa de mofa. Pasa la mirada del cuaderno al rostro de la chica, la mirada que ella muestra la ha visto antes, es la de alguien que está rogando por algo, que está desesperado y frustrado, claro que ella no sabe lo que es en verdad estar rogando por algo importante, como la propia vida o la de un ser querido. Esa clase de miradas le gustan, es el preámbulo a abrir las puertas al infierno, o al cielo en ciertos casos.

    —Tienes que convertir el tiempo a horas, el resultado de esta fórmula la dan en kilómetros por hora en el libro, pero tu operación es correcta cuando se habla de kilómetros por segundo.

    —¿Entonces está bien? —pregunta, esperando ansiosa la respuesta.

    —Está correcto.

    —¡Sí, lo hice! —exclama en voz baja para sí misma, celebrando haber hecho correctamente ese problema que hace más de una semana que la estaba atormentado —. Y todo gracias a ti —sonríe de forma dulce.


    El corazón del chico se acelera ante ante esa pura sonrisa que deja entrever las blancas perlas de su boca, que solo hacen que la sonrisa sea aún más llamativa. La única forma que encontró Magno para describir tal sonrisa es como la de alguien inocente y puro que ilumina la oscuridad del sombrío y podrido mundo en el que vive.

    —Bien, ahora resuelve los diez siguientes y luego puedes irte a casa a repasar —propone Magno, usando un tono de voz neutro.

    —Sí, señor —la chica se lleva la mano derecha extendida hacia la frente, imitando torpemente el saludo militar.


    Las habilidades matemáticas de Alicia son tales que para cuando termina ya son las ocho de la noche y son los únicos en la biblioteca. La bibliotecaria en jefe, que normalmente cierra a las siete, está impaciente por que se vayan, aunque no atreve a decir nada, para evitar hacer enojar a Magno. Puede que sea solo un estudiante, pero por su reputación incluso los profesores y el director le tienen un perceptible miedo. Se dice en la sala de profesores que el director anterior, que desapareció de un día a otro sin decir nada o dejar rastro alguno, sancionó a Magno y este como represalia lo mató en una especie de ritual satánico. Claro que no es más que un tonto rumor, pero varias veces se ha encontrado sangre en la cancha de baloncesto y el escenario del teatro. No mucha, unas simples gotas, nada alarmante, quizás de estudiantes que se cortaron con algo y sangraron un poco, pero el miedo igual mantiene precavidos a los mayores.


    La mujer quiere irse a casa con aún más desesperación, pero ya no es por impaciencia, sino por miedo, recordar sobre la sangre la puso nerviosa al punto de quedar tan pálida con un papel. Finalmente ve a los jóvenes levantarse, pasan a su lado, ella solo asiente con la cabeza mientras se fuerza a sonreír, no sabe si parecía una sonrisa falsa, pero tampoco le importa. En cuanto salen, ella se apresura a cerrar e irse a casa, sin revisar si hay alguien más o si hay algún libro olvidado en alguna de las mesas. No le interesa en lo absoluto si la chica que salió con Magno acaba muerta en un ritual satánico o circense, le da lo mismo. Aunque es una chica dulce que siempre sonríe por más mal que le haya ido en el día, es mejor que sea la joven y no ella la que no regrese a casa.


    Magno se ofrece a acompañar a la chica a casa. Ella insistió en que no debía molestarse, pero él le dijo que las noches son muy peligrosas y nunca se sabe si algo o alguien ronda en la oscuridad. Viajan la primer parte del trayecto en un autobús colectivo, un cambio extremo para el chico, que está acostumbrado a las largas limusinas negras o a su nuevo jaguar gris modelo “Shadow”. La chica se la pasa hablando de cosas cotidianas, cambiando el tema a cada minuto, buscando uno que a Magno le interese para hablar. Una tarea que realiza en vano, ya que él pasó en total silencio los treinta y siete minutos que tardó el autobús en llagar a su parada. Ambos bajan frente a un viejo mini mercado, con la pintura naranja escarapelada, mostrando el cemento de abajo. Unas letras pintadas en azul dan el nombre del local, o parte del nombre, ya que algunas letras son ilegibles; “Ca lu “.

    —Tengo que hacer una compra rápida, si quieres puedes dejarme aquí —dice ella, con una hermosa sonrisa que casi resulta infantil. Él solo niega y se cruza de brazos, dándole a entender que la esperará.


    Alicia entra al negocio dando largos pasos, se voltea un par de veces, asegurándose que el chico siguiera afuera esperándola. Magno saca su celular, un modelo “Makoto TXC”, mira la pantalla por unos momentos, la foto de fondo son Halaa y Hana tomadas de la mano y sonriendo, vistiendo bikinis que dejan poco a la imaginación, la primera en azul oscuro y la otra en verde oscuro, con el océano atrás reflejando el naranja atardecer. Entra a los contactos, y busca la “H”, presiona sobre el contacto que dice “Hana”, se pasa el teléfono al oído, oye timbrar un par de veces hasta que le contesta.

    —La chica, Alicia Hatter, es inocente y pura. Aún falta averiguar si guarda malicia en su interior, aunque no lo creo —dice el chico, siempre mirando hacia el mini mercado, para cerciorarse que la chica no lo esté escuchando. Espera unos segundos mientras alguien al otro lado de la línea dice algo que considera obvio, pero no lo dice en voz alta —. Ya lo averiguaré, pero ella es la persona perfecta para invocar un celestia —espera a recibir respuesta —. Llegaré en una hora más o menos, llevaré pizza.


    Al mismo tiempo que cuelga, Alicia sale del mini mercado de nombre incompleto. Trae una bolsa de papel color terracota en las manos, sonríe hermosamente, mostrando su blanca dentadura. Comienzan a avanzar hacia el sur, donde lotes baldíos comienzan a remplazar las casas y negocios.

    —Espera un momento —pide ella, corriendo hacia una propiedad cercada con alambres de púas donde se encuentran los restos de lo que alguna vez fue una casa de tres cuartos, pero ahora no es más que ruinas que hacen ver el templo de Afrodita como una edificación nueva.


    Una gata tricolor se asoma desde detrás de unas de las paredes, si es que se les puede llamar así por su estado actual. Maúlla al ver a la pelinegra, se acerca a ella, se deja acariciar en la cabeza y cuello. Alicia saca de la bolsa de papel un emparedado de jamón de pavo, sin vegetales, y lo deja en el suelo, junto a la felina. Esta lo olfatea, luego maúlla agradecida y jala el emparedado hasta que se pierde de vista tras la pared. La chica regresa al lado de Magno y le explica que esa es una gata callejera a la que le puso como nombre Alpha, la cual tuvo tres gatitos que son la viva imagen de la mayor, pero en pequeño, a los que bautizó como Gamma, Delta y Épsilon. Cuando escuchó los nombres, Magno quiso decirle a forma sardónica que seguramente había pasado muchas horas pensando esos nombres o hacerle notar que se brincó a Beta. Pero optó por permanecer en silencio, escuchando como ella hablaba y hablaba de lo lindos que son los gatitos: de como Épsilon es el más goloso de los tres, Gamma busca pelea hasta con las hormigas y Delta es una coqueta que adora que le soben la pancita y le digan que es linda.


    No les toma más de quince minutos llegar a la casa de la joven. Magno observa la edificación sin emoción, es menos de lo que esperaba ver. Una casa prefabricada, de las que dona el gobierno a las personas de escasos recursos, pintada en blanco abajo y azul arriba, con una puerta de madera tan delgada que caería de una simple patada, una sola ventana al lado derecho de la puerta, a penas lo bastante amplia como para dejar entrar algo de sol durante el día. Está dividida en cuatro cuartos; el primero sirve como sala, cocina y comedor, el segundo es el cuarto de baño, que apenas si es más amplio que un baño portátil y las otras dos son habitaciones que hacen ver una celda como un cuarto de hotel de cuatro estrellas.

    —Muchas gracias por acompañarme —agradece ella, ligeramente sonrojada —. Prometo estudiaré mucho para sacar un diez en el examen del viernes.

    —Mas te vale —es la única respuesta que recibe del enorme joven.

    —Ve con cuidado y gracias de nuevo —muestra una amplia sonrisa, para luego entrar a su casa.


    Magno se queda frente a la modesta edificación durante unos minutos. Saca su teléfono, ve la foto de fondo de pantalla, se concentra en las sonrisas de las gemelas. Pero no es la misma clase de sonrisas, no le hacen sentir lo mismo, aunque tampoco está seguro de lo que lo hace sentir la sonrisa de esa pequeña chica becaria. ¿Ternura,? ¿Empatía? ¿Qué es exactamente lo que siente al ver a esa pura e inocente chica que tiene la mala suerte de ser perfecta para invocar a un celestia?


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    Nombre: Marco Martínez
    Apodo: ---
    Ocupación: Estudiante de Tercer Año en la Preparatoria DC/Presidente del Club de Becarios
    Edad: 17 años
    Género: Masculino
    Ojos: Negros
    Piel: Blanco
    Cabello: Negro y Corto
    Altura: 1,61
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    Nombre: Alicia Hatter
    Apodo: Al
    Ocupación: Estudiante de Segundo Año en la Preparatoria DC/Miembro del Club de Becarios
    Edad: 16 años
    Género: Femenino
    Ojos: Miel
    Piel: Blanca
    Cabello: Negro, Largo (hasta los muslos) y Lacio
    Altura: 1,44
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    Nombre: Satoko Miyuki
    Apodo: Sal, Sally
    Ocupación: Estudiante de Segundo Año en la Preparatoria DC/Miembro del Club de Becarios
    Edad: 16 años
    Género: Femenino
    Ojos: Azules
    Piel: Blanca
    Cabello: Castaño, Largo (hasta media espalda) y Rizado
    Altura: 1,53
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    Nombre: --
    Apodo: Magno
    Ocupación: Estudiante de Tercer Año en la Preparatoria DC/Capitán del Equipo de Baloncesto/Presidente de Magno & Asociados
    Edad: 17 años
    Género: Masculino
    Ojos: Oscuros
    Piel: Moreno
    Cabello: Negro y Corto
    Altura: 1,92
     
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  7. Threadmarks: Capítulo 06. Ritual
     
    Dark RS

    Dark RS Caballero De Sheccid Comentarista empedernido

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    Capítulo 06. Ritual



    Viernes por la noche. Una nube oscura se cierne sobre el edificio donde se encuentra el teatro de la Preparatoria DC. Exactamente a media noche un rayo blanco cae justo sobre el edificio. Rayo que solo algunos vagos, drogadictos y guardias nocturnos ven, pero se convencen que no es real, sino producto de las drogas o el cansancio. Pero fue real, muy real, y no fue el primero que se ha visto caer en ciudad Esmeralda en los últimos dos años. Aunque en su mayoría, los que han sido avistados son color negro. Estos fenómenos ocurren normalmente en la preparatoria DC, aunque también han caído sobre la casa de alguna pobre familia que de la noche a la mañana ha desaparecido sin dejar rastros o sin decir a nadie a dónde se irían. Estas desapariciones nunca son tomadas en serio por la policía, a pesar de los numerosos reportes que hacen los familiares de los desaparecidos.


    Sábado por la madrugada. Una decena de fornidos hombres vistiendo trajes negros y anteojos oscuros rodean el edificio del teatro, vigilando las salidas y entradas. Una limusina Hummer gris oscura, cinco vehículos Mercedes-Benz negros y una camioneta blanca con el logotipo de una compañía de limpieza: “Erradicadores”, se encuentran aparcados en el estacionamiento localizado al norte del teatro. Dos varones vistiendo trajes de una pieza color blanco, con el mismo logotipo que el de la camioneta, aguardan sentados en el suelo junto a la misma, uno de ellos está exhalando lo último de su tercer cigarro, mientras que el otro solo se dedica a mandarle mensajes de texto a su amante. Al estar dentro del campus de la preparatoria nadie puede ver a los hombres de negro, trabajadores de limpieza o a los lujosos vehículos desde afuera. Los guardias de seguridad del campus recibieron la orden explícita de no acercarse a este lugar hasta la mañana.


    Dentro del edificio, sobre el escenario, se encuentran cuatro personas, o mas bien tres tomando en cuenta que uno de ellos está muerto. Atado a una silla negra con cojín rojo se encuentra, ya sin vida, el que hasta hace unas horas era el Teniente Humberto Torres, el único oficial que jamás cayó bajo el encanto seductor de la corrupción y los sobornos. Lo degollaron a tal punto que su traquea es visible. Su sangre fue usada para pintar a su alrededor, lo que los incultos llamarían, símbolos satánicos. Un círculo, con un círculo dentro de otro círculo, en el interior de la más pequeña de las circunferencias, justo debajo de la silla, hay un símbolo enorme imposible de describir. En circunferencia al del medio, pero siempre dentro del más grande, otros cuarenta y dos símbolos están dibujados, todos distintos entre sí y, al igual que el de mayor tamaño en el centro, son imposibles de describir con palabras. Los que los han limpiado en ocasiones anteriores los llaman terroglíficos, por la sensación de terror que les causa verlos. Incluso les provocan terribles pesadillas. Normalmente deben cerrar los ojos para evitar mirarlos.


    Los otros tres son personajes bien conocidos en la preparatoria, celebridades dependiendo a quien se le pregunte. Los tres están desnudos y bañados en la sangre del pobre policía que decidió iniciar una guerra personal en contra de las dos personas que, desde su punto de vista, son el mal mayor que pudren al país y lo sumergen en la más perversa corrupción. Se trata de Magno, Hana, presidenta del Consejo estudiantil, y su hermana, Haala. Después de matar al Teniente Torres, y completar el ritual de invocación, como lo llaman ellos, se sumieron en horas de sexo depravado sobre la sangre que se encuentra regada sobre todo el escenario.


    Magno, que está ahora en pie, observa, con total encanto algo que se encuentra dentro de un frasco de cristal que tiene en su mano derecha, contra la luz de un reflector. El frasco posee en relieve algunos de los símbolos que componen el círculo de sangre. La presidenta del Consejo Estudiantil se acerca al chico desde atrás, lo abraza, le besa en el cuello al mismo tiempo que le acaricia los pectorales.

    —Pareces complacido por el celestia invocado —le susurra ella al oído, observando la criatura que se encuentra dentro del contenedor de cristal.


    Un ojo de iris azul, con algunas venas verdes, del tamaño de un ojo humano, levita justo en medio del frasco, se mueve, pasando su atención del humano macho a la humana hembra. No sabe por qué razón fue traído a este mundo, o por qué razón su ser disminuyó de tamaño hasta ser capaz de quedar aprisionado en esa extraña prisión traslúcida. Siente las vibraciones de las palabras de los que reconoce como humanos y las traduce en su mente para formar palabras que tengan sentido en su idioma natal.

    —Claro que lo estoy, es un celestia que nunca había visto antes, quedará perfecto al lado del resto de infernos y celestias que hemos invocado Es una lástima que sea algo débil. — El ojo vibra por un momento, al parecer entendió el comentario y se sintió insultado.

    —Más importante —interviene Haala, que está sentada en el suelo, intentando sacarse la sangre del cabello, tiene restos de la semilla de Magno en sus pechos y goteando desde su intimidad —, ¿no podemos comenzar a tener sexo antes de matar para luego no mancharme el cabello? —suspira, aparta las manos de su cabello, se resigna a tener que lavarlo. — El ojo voltea su atención hacia ella.

    —No es conveniente, después del sexo tenemos menos energía y nos concentramos menos —niega el chico de cabello negro, sonriendo —. Si quieres dejar de venir a los rituales o irte en cuanto concluyen puedes hacerlo.

    —No es que no me guste, solo es que la sangre es mala para el cabello, sin mencionar que me despinta las uñas y me toca ir de nuevo a que me las hagan —se mira las uñas, un par de ellas presentan rayones en la pintura.

    —No me molestaría quedarme a solas con Magno en un ritual —dice la otra hermana, tomando del miembro al chico, se lo mueve de atrás hacia delante varias veces —. La verdad es que hace mucho que no somos solo él y yo.

    —Dejaremos la conversación para después, mis amadas. Vístanse, nos tenemos que ir ya, el equipo de limpieza debe de dejar limpio el lugar antes de las siete de la mañana. Sin olvidar que tienen que encargarse de nuestro buen amigo aquí presente. — El ojo voltea hacia el cadáver sobre la silla, lo puede sentir, la sangre que lo atrajo y consumió para mantenerse en este mundo provino de ese humano macho, no tiene la mínima duda de eso.


    Los tres jóvenes se visten con ropas simples que trajeron especialmente para eso; solo pantaloneta, camiseta y sandalias. Suben a la limusina, la cual arranca de inmediato, siendo seguida por tres de los cinco vehículos negros. El cadáver es envuelto en una lona, y amarrado con una gruesa soga, dando la impresión de ser una enorme bolsa de dormir enrollada, para luego ser puesto en la cajuela de uno de los vehículos que se quedaron en el estacionamiento. Los empleados de la empresa de limpieza entran al edificio, cargando grandes máquinas especiales para sacar manchas de sangre de la madera y la tela.


    Para las cinco de la mañana, ninguno de los vehículos se encuentra en el campus de la preparatoria y el teatro brilla como nuevo, sin una sola gota de sangre que delate el fatídico y retorcido ritual que tuvo lugar durante la noche. Al igual que ha sucedido muchas veces antes durante el último año./JUSTIFY]

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    Nombre: --
    Apodo: Magno
    Ocupación: Estudiante de Tercer Año en la Preparatoria DC/Capitán del Equipo de Baloncesto/Presidente de Magno & Asociados
    Edad: 17 años
    Género: Masculino
    Ojos: Oscuros
    Piel: Moreno
    Cabello: Negro y Corto
    Altura: 1,92
    ☯☯☯☯☯☯☯☯☯☯
    Nombre: Hana Budusk
    Apodo: Presidenta Budusk
    Ocupación: Estudiante de Segundo Año en la Preparatoria DC/Presidenta del Consejo Estudiantil
    Edad: 17 años
    Género: Femenino
    Ojos: Dorados
    Piel: Negra
    Cabello: Negro, Largo (hasta media espalda) y Lacio
    Altura: 1,70
    ☯☯☯☯☯☯☯☯☯☯
    Nombre: Haala Budusk
    Apodo: --
    Ocupación: Estudiante de Segundo Año en la Preparatoria DC
    Edad: 17 años
    Género: Femenino
    Ojos: Dorados
    Piel: Negra
    Cabello: Negro, Largo (hasta media espalda) y Lacio
    Altura: 1,68
     
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  8. Threadmarks: Capítulo 07. Obsesión
     
    Dark RS

    Dark RS Caballero De Sheccid Comentarista empedernido

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    Círculos
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    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Drama
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    11
     
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    Capítulo 07. Obsesión




    Primer lunes de agosto. En el aula que usan los becarios, Sally y Alicia observan una enorme carpeta que Marco colocó sobre un escritorio hace apenas unos momentos. El chico luce pálido, un poco más delgado y con grandes bolsas bajo los ojos. Desde hace días que ellas habían notado que él estaba diferente. Distante. Cada vez que le preguntaban si le ocurría algo él solo decía que no y se unía a la conversación como si nada, aunque siempre con la mente en otra parte. Pero este día está peor que nunca, como si llevara días sin dormir o se hubiera vuelto loco.


    El presidente del Club de Becarios se afloja la corbata, lo que lo hace lucir aún más desalineado. Le da algunas palmadas a la carpeta, se humedece los labios con la lengua un par de veces, luego voltea a ver hacia sus amigas, quienes han estado en un sepulcral silencio desde el momento que él entró. Entiende que están preocupadas por él, pero todo lo que ha hecho es por el bien de ellas, para alejarlas del mal.

    —Las tengo, las tengo —dice el joven, mirando primero a Sally y luego pasando la mirada hacia Alicia. Tarda casi un minuto y medio en parpadear.

    —¿Qué tienes? —cuestiona de forma tímida Alicia, sintiendo por primera vez miedo de su amigo.

    —Pruebas de que Magno es malo —golpea la carpeta con fuerza, asustándolas a ambas.

    —¿Qué clase de pruebas? —pregunta la castaña, temiendo que su amigo haya enloquecido.

    —De todo, pruebas de todo —sonríe ampliamente —. Desde usura hasta homicidio. Fraude, amenazas, todo, todo, todo...

    —¿Estás seguro no estás...?

    —¡Estoy completamente seguro de lo que digo! —interrumpe él a la pelinegra —. Lo iré a exponer ante todos —sale del salón, cargando la pesada carpeta.

    —¿A dónde crees que vaya a ir? —pregunta Alicia, aún agitada por lo ocurrido.

    —Seguramente a la cancha de baloncesto. El equipo juega mañana contra la Preparatoria CC, así que deberían estar todos los miembros del equipo entrenando en este momento —supone la de silla de ruedas, preocupada por lo mal que lucía su amigo —. Lo mejor será seguirlo.

    —Sí —se pone en pie y comienza a empujar la silla de Sally.


    En la cancha de baloncesto, el olor a sudor y plástico invade todo el sitio, las graderías están llenas de estudiantes, en su mayoría chicas, que presencian el entrenamiento, aunque más que nada vienen a ver al capitán del equipo. El ruido de las suelas chillando contra la madera y los murmullos cesan de un momento a otro, la razón: un chico de tercero, cargando una enorme carpeta, que invade la cancha hasta quedar frente al capitán del equipo.

    —¡Lo sé todo! —grita Marco, sosteniendo con fuerza las evidencias, se siente intimidado. El tamaño de Magno es aterrador al tenerlo de frente, y la mirada seria que despide no ayuda en nada.

    —¡Saquen al pobrete de ahí! —grita un chico desde las gradas.

    —¡Muérete, pedazo de basura! —insulta una chica en las gradas delanteras.


    De repente todos los espectadores insultan al chico que tan osadamente interrumpió el entrenamiento. Uno de los miembros del equipo arroja un balón hacia la cabeza del becario, pero en un rápido movimiento, Magno atrapa el balón con una sola mano para luego dejarlo caer al suelo, donde rebota cuatro veces y luego rueda unos metros hasta ser detenido por otro miembro del equipo. El imponente joven levanta la mano y, como si estuvieran entrenados, todos en el edificio hacen silencio de inmediato. El capitán observa al que se atrevió a interrumpir su entrenamiento, le dedica una mirada seria, neutra, una que resulta aterradora para la situación.

    —No creas que te tengo miedo —traga saliva nervioso —. Tengo en mis manos evidencia de que no eres más que escoria mafiosa y perversa —le tiemblan las manos.

    —¡¿Cómo te atreves a acusar a Magno de algo?! —grita la presidenta del Consejo Estudiantil, que observa todo desde las gradas. Se baja de las mismas y se dirige hacia ellos, pero al ver que Magno levanta de nuevo la mano, se detiene en seco, frunciendo el ceño.

    —Marco Martínez, ¿cierto? —cuestiona Magno, estudiando el rostro del chico, un rostro perdido, pálido y cansado. Se nota lleva al menos dos días sin dormir, y la causa debe ser lo que contiene esa carpeta que lleva en brazos.

    —Lo soy —afirma el becario, tragando de nuevo saliva —. Y en mis manos tengo las pruebas de algunas de tus fechorías, y solo Dios sabe cuántas más has cometido.


    En ese mismo momento entran al edificio las dos miembros restantes del Club de Becarios. La atención de Magno se concentra en la chica baja de aspecto inocente. Percibe está asustada, al igual que su amiga castaña en silla de ruedas, aunque esta segunda no le podría importar menos. Normalmente le gusta ver el rostro aterrado, suplicante o desafiante de los demás, es uno de sus mayores placeres, pero en ella no le gusta para nada ver esa expresión. En esa pequeña chica inocente y pura no debería existir tal expresión de miedo. No le gusta para nada, en lo absoluto, y le gusta menos que no le guste.

    —Por favor, informe a todos los presentes sobre esas “fechorías” que he cometido —permite el enorme chico, cruzando los brazos, siempre manteniendo su cara seria.

    —¡Matas a las personas y luego compras sus casas para derribarlas y hacer nuevos edificios que te generan millones de aurums en ganancias —dice, mostrando recortes de casos de desapariciones y otros artículos que tratan sobre la compra de las propriedades que resultan ser propiedad de los desaparecidos.

    —Media ciudad es mía, no me encargo de todas las compras en forma personal, pero todo se hace de forma legal y correcta, con la aprobación de los dueños de los terrenos, lo cual se puede constatar en el Registro Público de la Propiedad de Esmeralda.

    —Pero... ¡¿Qué hay de las desapariciones?! Muchos de los que desaparecen en esta ciudad han tenido algún altercado con usted o son obstáculos en sus negocios. ¡Como la familia de Ramsés, el que fue asesinado por su prometida! —Marco está convencido que eso no lo puede explicar, todos en la preparatoria vieron como los oficiales se fueron con tan solo Magno entrar a conversar con el encargado del caso por unos momentos.

    —No me consta si esas personas están desaparecidas o no, o si están realmente relacionadas conmigo o mis negocios de alguna forma. Tampoco me interesa en darle seguimiento al asunto. La inmunidad diplomática de Hana fue la responsable de que los oficiales se fueran, mi intervención fue solo para ejercer presión sobre el oficial a cargo, pero nunca le ordené nada a nadie para que el caso quedara así o para que supuestamente desapareciera la familia de ese chico.

    —¡No puedes solo dar excusas y pensar que todos las van a creer! —grita el becario, sintiéndose frustrado, en efecto no puede demostrar que lo que él está diciendo no sea una explicación lógica para sus acusaciones —. Los rayos negros en las casa de los desaparecidos... —murmura para sí, como esperando que eso le dé una ventaja, pero Magno luce inmutable, invencible. Pero la presidenta no, ella reacciona ante lo que dijo, fue por un momento, pero lo hizo. Eso lo hace pensar: ¿significa que sí hay una relación entre Magno, los rayos negros y las desapariciones? Pero no logra verla en este momento.

    —¿Respondí a todas sus preguntas e inquietudes, señor Martínez? —cuestiona el capitán, dándose cuenta que Hana debió reaccionar ante lo de los rayos negros y que el becario lo notó.

    —No me convence en lo absoluto. Sé que es responsable de todo esto, solo tengo que probarlo —se da la vuelta, y pasa al lado de sus amigas, sin siquiera mirarlas, para luego abandonar el edificio y regresar a su casa para seguir investigando.


    Magno regresa su atención hacia la pelinegra de baja estatura, sigue preocupada, le parece que incluso lo está aún más. ¿Le preocupa que puedan atacar al chico que lo confrontó como represalia? Claro que le preocupa, y con buena razón, pero no es de los abusivos de la preparatoria de los que tiene que preocuparse, no, es de él que debe preocuparse. Marco Martínez firmó su sentencia de muerte y la de toda su familia al intentar acusarlo de esa forma en público. Claro que no lo hará de inmediato, eso sería muy sospechoso y probaría su punto, aunque tampoco es como que importara. Esperará lo que haga falta y luego lo sacrificará.


    Magno voltea hacia Alicia, ésta parece sorprendida de que crucen miradas, se sonroja ligeramente. La de silla de ruedas le dice algo y ambas abandonan el edificio de inmediato, probablemente para seguir a su amigo becario. El entrenamiento se reanuda, muchos conversan sobre lo ocurrido, pero siempre en voz muy baja, para que el capitán del equipo de baloncesto no los escuche.


    Pasa el mes de agosto, los abusos, humillaciones y burlas en contra de los becarios se intensifican debido al altercado entre Marco y Magno. Esto solo acentúa la obsesión de Marco sobre el poder y maldad del que él considera un sociópata. Dejó de asistir al club de becarios para ir directo a casa para buscar pistas en internet que le ayuden a resolver el rompecabezas. Está seguro le falta algo importante que permita unir los sobrenaturales rayos negros y blancos con las desapariciones, pero es más fácil decirlo que hacerlo.


    Les tocó a Sally y Alicia presentar el informe del mes de agosto ante la presidenta, y extrañamente no fue tan agresiva como suele serlo, siempre les puso apodos ofensivos y demostró que les tiene repulsión, pero no las amenazó en lo más mínimo ni intentó atacarlas tampoco. Lo consideraron un respiro después de lo horrible que les ha ido en la semana. Justo después de presentar el informe regresan al cuarto del club para conversar un rato.

    —Me pregunto qué estará haciendo Marco —suspira la castaña, mirando hacia ningún lugar en particular. Tiene varios cortes recién cicatrizados en su cuello y brazos.

    —Estoy preocupada. No contesta mensajes ni llamadas, no se ha vuelto a conectar a Facebook desde como hace tres semanas. Es como si nos evitara —menciona preocupada. Alicia tiene el cabello hasta los hombros, muy corto en comparación a como suele usarlo, un ojo amoratado y un vendaje en su brazo derecho —. Por cierto, ¿qué dijo el doctor?

    —Bueno —se mira los cortes en los brazos —, no es nada grave, el corte en el cuello estuvo cerca de la vena, pero sanarán sin dejar marca —se acaricia la mejilla derecha, recordando que esa cicatriz jamás desaparecerá y le recordará el día que perdió a sus padres —. ¿Qué hay de ti, qué dijo tu madre cuando llegaste ayer con el cabello corto?

    —Le inventé que me había decidido a cortármelo —se le humedecen los ojos, adoraba su largo cabello, lo cuidaba mucho —. No le dije que me agarraron en el salón y me lo dejaron hecho un espanto, eso la asustaría y me pediría que cambie de prepa, pero está tan orgullosa de que me hayan dado una beca aquí que le rompería el corazón.

    —¿Tenías dinero para el corte? —cuestiona, pensando que no es posible que ella misma se haya emparejado tan bien el cabello.

    —No tenía... —se sonroja ligeramente —. A decir verdad, me topé a Magno afuera del campus y se ofreció a pagar por el corte. Quería declinar su oferta, ya sabes que no me gusta pedir prestado, pero no tenía dinero y mi mamá ya estaría en casa para cuando llegara y vería el estado de mi cabello.

    —Oh, conque tu caballero en armadura te salvó —sonríe pícaramente.

    —No es mi... caballero... —suspira pesadamente —. Es el caballero de la presidenta.

    —Pero te ha ayudado a estudiar, e incluso te pagó el corte. Quizás le gustes.

    —No creo, no soy nada en comparación con sus prometidas —baja la mirada, normalmente su largo cabello formaría un túnel que le impediría ver bien a los lados, pero ahora puede ver perfectamente todo a su alrededor.

    —Cada vez se hace más difícil ocultar los abusos. En el orfanato no me creen mis excusas, la hermana Marian está insistiendo mucho para que me cambie a una prepa pública.

    —Tal vez deberías considerarlo —recomienda la pelinegra —, te cortaron con navajas, eso fue muy serio, pudieron matarte.

    —¿Qué hay de ti? Hoy te agarraron entre cinco, te golpearon en el cuerpo y en la cara, esas mismas chicas fueron las que la semana pasada casi te quebraron un brazo con un tubo de metal —niega con la cabeza —. Te querían matar, de no ser por el conserje estarías en peores condiciones, o incluso muerta.

    —No quiero decepcionar a mi mamá, en verdad está feliz que esté asistiendo a una preparatoria tan prestigiosa, tengo que soportar todo esto para que no se preocupe —sonríe tristemente —. Con algo de maquillaje puedo ocultar el golpe en el ojo, así que no se dará cuenta.

    —Probablemente acabemos muertas antes de graduarnos —sentencia la de silla de ruedas, mirando hacia la nada.


    Al siguiente día, no hay reunión en el Club de Becarios, ya que Marco sigue sin llegar a las reuniones y Alicia tiene tutoría de álgebra. Cuando llega a la biblioteca encuentra un cartel que dice que está cerrada por fumigación. Una fecha muy extraña para hacer la fumigación anual, normalmente se hace hasta que finaliza el año escolar, pero las bibliotecarias encantadas aceptaron que se adelantara la fecha para aprovechar un fin de semana largo, ya que estaría cerrada por tres días enteros y apenas es miércoles, por lo que ninguna deberá regresar hasta el siguiente lunes, y que igual se los paguen hace aún mejor el asunto. Alicia se voltea para irse a casa, pero en cuanto lo hace choca contra alguien que estaba justo detrás de ella.

    —Perdón, fue mi culpa —se disculpa, esperando que no la vayan a golpear, mantiene los ojos cerrados, con un gran temor de abrirlos. Luego de casi un minuto entero, se fuerza a dar un vistazo para ver si con quien chocó sigue ahí o ya se fue, y para su sorpresa sigue ahí y queda aún más encantada cuando se da cuenta que se trata de Magno —. No me fijé y te choqué, perdona.

    —No hay cuidado —niega él, preguntándose por qué razón se disculpa por segunda ocasión.

    —Parece que hoy no podremos repasar... —menciona nerviosa, señalando hacia el letrero.

    —Aún podemos ir a tu casa a estudiar, no me molestaría.

    —Y-yo.. no... casa... este... yo... mi... —quiere intentar decir que no es buena idea que vayan a su casa. Su madre no llegará hasta tarde y seguro no se entera que estuvo ahí, pero le da miedo estar a solas con un chico en su casa. Le da miedo lo que pueda llegar a ocurrir.

    —¿No puedo ir? —pregunta serio, aguardando la respuesta. Ella, completamente sonrojada, solo asiente, dando a entender que se da por vencida —. Entonces vamos —la agarra de la mano, y la guía hasta la estación del autobús, quiere evitar usar sus vehículos lujosos en el barrio donde ella vive, llamaría mucho la atención si llegan en su modelo Shadow y aún más en una limusina.


    Al cabo de una hora de viaje y caminata, llegan a la humilde casa de la pelinegra. Pararon en el camino para que la chica le diera un trozo de carne a la gata tricolor. La chica saca la llave de la puerta de la casa, le cuesta atinarle al cerrojo por lo nerviosa que se siente.

    —Pasa, por favor —dice ella en voz muy baja.

    —Permiso —es la respuesta del enorme chico.


    El interior de la casa es lo que se llamaría compacto. En cuanto se entra se está en el cuarto que sirve de cocina, sala y comedor: el suelo es de cemento pintado en verde oscuro, con múltiples rayones causados por mover los muebles, una plantilla de gas sirve como cocina, una refrigeradora pequeña, como de la mitad del tamaño de Magno, un armario de madera donde se guardan las ollas, platos y vasos. Una mesa de madera sin pintar sirve como comedor, con dos sillas, una plástica como de jardín y la otra de metal con una almohada vieja encima, un simple florero de barro con una flor amarilla, casi marchita, la decora. Un pequeño televisor se encuentra sobre una mesita de metal, justo al lado opuesto de la plantilla, quedando la mesa en medio. Una pared divide la casa a la mitad, en la cual hay tres puertas, todas de madera, en una de ellas, la del medio, hay letras de cartulina que dicen “Alicia” y pintada con crayones hay una gran carita feliz que se está despintando.

    —Podemos usar la mesa para estudiar, siéntate donde gustes —propone la chica, a la vez que quita el florero y lo coloca cuidadosamente al lado del armario, pegando a la pared. Luego coloca su bulto en el suelo y saca sus útiles para comenzar a estudiar.


    Magno se limita a sentarse en la silla de metal, ya que calcula que quebraría la de plástico. Unos momentos después la chica se sienta en la plástica, normalmente usa la de metal, pero no va a pedirle a su invitado que se levante solo para cumplir un capricho infantil suyo. Conforme pasan los minutos Alicia comienza a perder los nervios y a adentrarse en la materia, se concentra tanto que se le olvida que está en casa y no en la biblioteca. Así transcurren unas tres horas, hasta que terminaron de resolver todas las dudas que tenía la joven. Magno se guarda sus libros y lápices en su mochila de cuero negro, que es tan grande como la chica. Es en este momento que la joven recuerda que está en casa, se vuelve a poner nerviosa, guarda sus útiles, pero le tiemblan las manos.

    —¿Puedo ofrecerte un poco de agua dulce? —ofrece Alicia, pensando en qué otra cosa podría ofrecerle a alguien que está acostumbrado a las comidas abundantes y lujosas. Se pone en pie y se acerca a la nevera, pero durante el trayecto Magno la toma de la cintura, la levanta como si no pesara nada y la sienta sobre la mesa. Esto la hace tener una serie de sentimientos que la atacan; nervios, miedo, excitación y confusión. No tiene idea de qué es lo que ocurre —. ¿Q-q-qué ha-haces?

    —Quiero probar tus labios —le acaricia el rostro con la mano derecha, sintiendo lo suave y tersa que la chica tiene la pálida piel. Tenerla tan cerca le permite percibir el aroma dulce del perfume que ella usa, también apreciar mejor esos ojos tristes color miel, y esos labios pequeños y rosas.


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    Nombre: Marco Martínez
    Apodo: ---
    Ocupación: Estudiante de Tercer Año en la Preparatoria DC/Presidente del Club de Becarios
    Edad: 17 años
    Género: Masculino
    Ojos: Negros
    Piel: Blanco
    Cabello: Negro y Corto
    Altura: 1,61
    ☯☯☯☯☯☯☯☯☯☯
    Nombre: Alicia Hatter
    Apodo: Al
    Ocupación: Estudiante de Segundo Año en la Preparatoria DC/Miembro del Club de Becarios
    Edad: 16 años
    Género: Femenino
    Ojos: Miel
    Piel: Blanca
    Cabello: Negro, Largo (hasta los muslos) y Lacio
    Altura: 1,44
    ☯☯☯☯☯☯☯☯☯☯
    Nombre: Satoko Miyuki
    Apodo: Sal, Sally
    Ocupación: Estudiante de Segundo Año en la Preparatoria DC/Miembro del Club de Becarios
    Edad: 16 años
    Género: Femenino
    Ojos: Azules
    Piel: Blanca
    Cabello: Castaño, Largo (hasta media espalda) y Rizado
    Altura: 1,53
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    Nombre: --
    Apodo: Magno
    Ocupación: Estudiante de Tercer Año en la Preparatoria DC/Capitán del Equipo de Baloncesto/Presidente de Magno & Asociados
    Edad: 17 años
    Género: Masculino
    Ojos: Oscuros
    Piel: Moreno
    Cabello: Negro y Corto
    Altura: 1,92
    ☯☯☯☯☯☯☯☯☯☯
    Nombre: Hana Budusk
    Apodo: Presidenta Budusk
    Ocupación: Estudiante de Segundo Año en la Preparatoria DC/Presidenta del Consejo Estudiantil
    Edad: 17 años
    Género: Femenino
    Ojos: Dorados
    Piel: Negra
    Cabello: Negro, Largo (hasta media espalda) y Lacio
    Altura: 1,70
     
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  9. Threadmarks: Capítulo 08. Confusión
     
    Dark RS

    Dark RS Caballero De Sheccid Comentarista empedernido

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    Capítulo 08. Confusión



    Alicia está en una situación que ni en sus sueños más salvajes pensó se encontraría, aunque claro, los sueños más salvajes de ella apenas si involucran besos o contacto mano a mano. Par alguien tan inexperta en el tema de tratar con chicos como lo es ella, lo que está sucediendo es totalmente nuevo y no tiene idea de cómo debe reaccionar o qué debe de hacer. Le gusta tener a Magno cerca, el calor que emana es agradable y le provoca sensaciones extrañas en su intimidad.


    El chico la besa, con sus poderosos labios que hacen suyos los de ella. Le mete la lengua dentro de la boca, rodeando la de ella y haciendo que la chica se moje casi de inmediato. Cuando el beso cesa y se separan los labios, una delgada línea de saliva los mantiene conectados unos instantes más, hasta que irremediablemente se rompe. Alicia mantiene una expresión de agitación, con la lengua afuera, jadeante y el rostro completamente rojo. Fue demasiado para ella, su cerebro requiere oxígeno de manera urgente para pode procesar lo que está ocurriendo. Es su primer beso serio, su segundo beso si toma en cuenta que besó a un amigo cuando estaba en jardín de niños. Pero este fue su primer beso de adulta.


    Antes de darse cuenta, Magno le está desabotonando la camisa hasta dejarla abierta y sacarle las faldas, dejando al descubierto el sostén blanco de entrenamiento que usa. Para Magno ver que una chica de la edad de Alicia aún utilice sostenes de entrenamiento solo le da gracia, significa que no tiene nada que presumir debajo. Aunque eso le trae recuerdos sobre su primera vez, él tenía trece, igual que la chica, y ella usaba un sostén muy similar al que ahora tiene enfrente. La abraza con la intensión de quitarle el broche del sostén, pero abandona su intento al sentir que no hay broche alguno. Pasa de inmediato a besarla nuevamente a la vez que le levanta el sostén, apenas dejando al descubierto los pezones cafés y perfectamente redondos de la chica que adornan un par de pechos apenas sobresalientes. Cualquiera que la viera jamás supondría tiene dieciséis años.


    Cuando se termina el segundo beso, ella queda igual de agitada y jadeante que con el primero. Magno lleva la mano derecha al sexo de la chica, para excitarla aún más, aunque no tiene que hacerlo por mucho tiempo, ya que ella ya está muy mojada. Le baja la ropa interior hasta las rodillas. Saca un condón del bolsillo derecho de su pantalón, al ver esto, Alicia abre los ojos por completo y lo toma de la mano usando ambas manos.

    —Y-yo... no puedo... —dice ella, sonando apenada.

    —¿Qué no puedes? —pregunta él, perdiéndose en esos ojos tristes color miel que le hacen sentir algo extraño en su interior.

    —Esto... no puede pasar... —está completamente roja y caliente, se tiene que forzar a verlo al rostro, pero nunca a los ojos —. Le prometí a mi mamá que... primero me graduaría y conseguiría trabajo antes de involucrarme con algún chico de esta forma.


    Magno la mira detenidamente para ver si es una broma, pero ella parece estar hablando en serio. En verdad ella le había prometido a su madre mantenerse virgen hasta que se graduara y tuviera trabajo. No entiende cómo es que alguien, en estos tiempos, pueda llegar a realizar semejante promesa, y peor aún, cumplirla realmente. Decide dejarlo hasta ahí, con lo que ella ha dicho puede comprobar que la chica aún es virgen, y es todo lo que necesitaba comprobar en este encuentro. Se encuentra deseoso, pero no la obligará a nada, no es su estilo, y, de todas formas, saliendo de este lugar irá directamente con sus prometidas para desahogarse tanto como quiera. Le da un beso en la frente al mismo tiempo que se atreve a volver a subirle las bragas.

    —Lo entiendo —se guarda el condón de vuelta al bolsillo, cuando le ve el rostro a la chica, este lo tiene completamente pálido, con la mirada fija en algo que está detrás de él, se cubre los pechos rápidamente cerrándose la camisa. Es hasta este momento que efectivamente el alto chico siente una presencia detrás suyo.


    Magno se voltea, ve a una mujer de baja estatura mirándolo con el ceño fruncido. Es la viva imagen de Alicia, pero mayor, le calcula que está a mediados de los treintas, con el cabello recogido en una larga cola de caballo, piel pálida, ojos muy cansados color miel. Lleva puesto un uniforme que reconoce como el de los misceláneos del Banco Central de Ciudad Esmeralda, uno de los edificios de oficinas más altos de la ciudad.

    —Má... este es Magno, él solo estaba...

    —Intentando montarte, lo vi —interrumpe la mujer a su hija, aún con expresión de furia.

    —¡Má! —grita sonrojada Alicia.

    —Es la verdad —dice la mujer, acercándose al alto chico —. Salga de mi casa, ahora mismo —ordena, mirando desafiante al chico que intentó aprovecharse de su pequeña.

    —Me disculpo. Me iré de inmediato. Perdone mi irrupción e irrespeto a su hogar y familia —toma su mochila y sale de inmediato de la casa.


    Afuera, el chico se queda pensativo, mirando la humilde casa. Quiso evitar problemas y por eso simplemente se fue, pero, por alguna razón que ni él mismo logra entender, está preocupado por Alicia, aunque es más que evidente que su propia madre no la va a matar, igualmente no puede dejar de lado ese sentimiento de preocupación. Le da un último vistazo a la casa y luego emprende su camino hacia su propia y lujosa casa.


    Para la madrugada del siguiente día, en un cuarto muy amplio, con cinco armarios, dos escritorios y dos sillas, cada escritorio tiene encima una lámpara de pie. Las paredes son de mármol tallado a mano, y el suelo de cerámica pulida, una alfombra de piel de búfalo se encuentra en medio del cuarto, donde una amplia cama king size reposa. La luz es tenue, dos personas se encuentran acostadas en la misma, cubiertas por una fina sábana de seda egipcia.

    —Desde que llegaste pareces muy distraído —menciona Haala, mientras le besa el pecho a Magno.

    —No me puedo sacar a esa chica inocente de la cabeza —confiesa el chico, mirando el techo del cuarto, con expresión pensativa.

    —Oh, parece que estás de enamorado —da una risita de burla —. Pero no le digas a Hana o la mata ella misma por robarse tus pensamientos.

    —No sé qué es lo que tiene esa chica que no dejo de pensar en ella —se relame los labios —. No es como que quiera tener sexo con ella, es algo distinto, pero no sé describirlo.

    —Oh —sonríe tétricamente —. Parece que soy engañada por mi prometido. Y por alguna razón eso me pone de humor —se mete bajo la cobija y baja hasta quedar frente a la entrepierna del chico.

    —No quiero sacrificarla —confiesa, sorprendiéndose así mismo por esa revelación.

    —¿Después de que te molestaste tanto en adelantar la fumigación y darle tutorías? —pregunta, a la vez que se escucha que lame algo bajo la sábana.

    —Igual mandaré a fumigar la biblioteca nuevamente al final del semestre —hace silencio por unos momentos, siente la lengua de su prometida pasando por todo su erecto miembro —. Lo de las tutorías seguirán por unas semanas más —dice, sonriendo ligeramente, vuelve a su expresión seria casi de inmediato.

    —Hay que ver que dice Hana cuando le digas que no habrá sacrificio. De seguro se enoja —levanta la sábana de golpe, mostrando un rostro entusiasmado —. ¿Si comienza a lanzar golpes puedo recibirlos todos?

    —Si Hana se suelta dando golpes y patadas te puedes quedar con todos ellos —permite el chico, siguiéndole el juego.

    —Casi me dan ganas de ir a decirle de una vez —vuelve a bajar la sábana, para continuar con el oral.

    —Termina lo que haces y saco el látigo —propone él, sin realmente estar entusiasmado por eso.

    —Oh, amor, así es como me gusta me trates —dice estremecida, con ansias por comenzar.


    Al siguiente día, después de clases, Alicia y Sally son las únicas que se reúnen en el Club de Becarios, como ya ha sido costumbre desde el encuentro entre Magno y Marco. Este día, Marco ni siquiera fue a clases, lo que tiene completamente preocupadas a las jóvenes. Deciden saltarse la revisión de los edificios e ir a visitar al chico a su casa, para cerciorarse que se encuentra bien. Llegan sin problemas al mini mercado de la familia Martínez, donde son guiadas a la parte trasera por la madre de Marco, hasta una puerta que da acceso a la casa de la familia. El chico se niega a recibirlas, poniendo la tonta excusa de que está estudiando y no puede distraerse. Ante esto, y para que las chicas no se vayan con tan mala experiencia, la madre de Marco las invita a cenar, esperando que su hijo salga de su cuarto para comer y pueda hablar con ellas. Llega la hora de servir la cena, pero Marco no da señales de querer salir de su habitación.

    —No me explico qué le sucede a mi niño —se lamenta la madre del presidente del Club de Becarios, a la vez que trae una gran olla de metal abollada, dentro de la cual hay arroz con pollo. Es una mujer de unos cuarenta y cinco años, cabello negro corto, ojos cafés, piel morena y un poco obesa, viste un vestido verde oscuro con flores azules, sobre el cual lleva un viejo delantal blanco lleno de manchas de varios colores.

    —¿Marco ha estado comiendo bien? —pregunta Alicia, preocupada por la salud de su amigo.

    —Desayunó bien, pero no almorzó. Creí que tendría hambre pero... —suspira pesadamente.

    —¡Mama, tengo hambre! —exclama una niña de unos cinco años, restregándose los ojos. Es de piel morena, ojos negros, cabello largo más negro que castaño. Trae puesto un vestido naranja con dibujos de unicornios blancos.

    —Ya vamos a comer, cariño —dice la mujer, levantando a la niña y sentándola en una silla alta.

    —¿Mama, quiénes son ellas? —cuestiona la niña, abriendo por completo los ojos.

    —Amigas de tu hermano —responde la mujer, forzándose a sonreír.

    —¿Maco tiene amigas? —pregunta la pequeña con sorpresa, ya que su hermano nunca había traído amistades a la casa.

    —Es Marco, Mar-co —corrige sonriente la mujer.

    —Maco, Maco, Ma-co —la niña se ríe. Lo que provoca que las chicas también se rían.


    Conversan de cosas sin importancia durante el resto de la velada. Desafortunadamente, Marco no se apareció en ningún momento. Derrotadas, pero sabiendo que su amigo está bien, las dos vuelven a casa.


    Para el martes de la siguiente semana, Alicia asiste a la tutoría en la biblioteca. Aún está preocupada por Marco, ya que no ha venido a clases desde hace días y no parece querer contactarse con ellas por alguna razón. La preocupación se le pasa en cuanto ve a Magno llegar, no lo ha visto desde el incidente en su casa y no sabe cómo comportarse o lo que esté pensando el alto chico que tanto le atrae. Le tiemblan las manos y se siente completamente fría, como si estuviera por vivir una experiencia traumática o estuviera por ser víctima de algo terrible. Piensa que seguramente está más preocupada de lo que debería, aún así es incapaz de serenarse.

    —Hola —saluda Magno, sentándose a la mesa a la vez que saca un pesado libro de su mochila.

    —Ho-hola... —traga saliva nerviosa, se toma las manos con fuerza.

    —Perdona por lo de la última vez —dice él de la nada, sin mirarla —. Seguramente te regañaron por mi culpa, y por eso me disculpo.

    —¡No, perdóname tú a mí, debí ver la hora que era y saber que mi mamá ya estaba por llegar! —se apresura a gritar ella, lo que ocasiona que muchos la volteen a ver, incluyendo a la mayoría de las bibliotecarias. Una de ellas sonríe al entender sobre qué trata lo dicho por la estudiante.

    —No te disculpes, tu madre tenía razón, en ese momento si intentaba tener sexo contigo —dice él, disfrutando lo colorada que ella se puso por el comentario.

    —Pero —baja la mirada para no verlo a los ojos por el momento — respetaste lo que te pedí y no seguiste adelante. Mamá lo vio también, por eso no me regañó tanto —suspira profundamente, cierra los ojos para darse valor —. Tengo que pedirte que no lo vuelvas a intentar, ni con ninguna otra chica. T-tú tienes prometidas... —le tiembla la quijada, tiene que detenerse por unos segundos —. No me gustaría que mi prometido me engañara... y de guro que a ellas tampoco les gustaría... —finge una sonrisa, que más luce como una expresión triste.

    —No te preocupes por eso, ellas realmente no son celosas —miente, ya que Hana si es extremadamente celosa y ya ha asesinado a dos chicas con quienes él ha tenido relaciones. Se le hace curioso que la furia de su prometida no arremeta contra él sino contra las demás.

    —Aún así no está bien, el adulterio es pecado —dice ella, con el ceño ligeramente fruncido. Una expresión adorable desde el punto de vista del alto chico.


    Magno se levanta de su asiento y va hasta la silla que está al lado de Alicia, la toma del rostro con ambas manos y le planta un apasionado beso. Ella no intenta detenerlo, tiene la mente en blanco, su boca reacciona sola y corresponde al beso, no es capaz de pensar. Magno en verdad disfruta los labios de la bajita chica. Tiene la extraña sensación de estar probando una fuerza opuesta a la propia, como si algo de bondad entrara en su boca y derritiera la maldad en su propia alma. Se pregunta por un momento si al mismo tiempo que la bondad lo invade a él, ella es infectada por su maldad. Ese pensamiento lo obliga a detenerse, se asusta por un instante. Ve el rostro de Alicia; está completamente roja, jadea, tiene lágrimas en los ojos. Una imagen excitante, podría tomarla ahí mismo, sobre la mesa, sin importarle quién los pueda ver. Pero esos pensamientos no son más que su inconsciente necesidad de corromper lo puro.

    —Perdona, a partir de hoy dejaré de darte tutorías —promete, agarrando su mochila y el libro para salir de inmediato de la biblioteca.


    Lo ocurrido deja confusa a la chica de baja estatura, quien se queda en la biblioteca durante un largo rato pensando sobre lo acontecido.


    Llega el final de semestre, Alicia y Sally logran pasar al siguiente año, pero Marco no. Por haber dejado de asistir a clases y no haber realizado los finales perdió el año, y como consecuencia también perdió la beca para poder seguir asistiendo.


    Es noche buena, la mayoría de las familias duermen esperando la mañana siguiente para abrir los regalos en familia o celebran hasta el amanecer. Pero para los Martínez es una noche de pesadilla hecha realidad. Marco se encuentra atado y amordazo en una silla de madera, del juego de comedor, que está colocada justo en medio de la sala. Viste una pantaloneta y nada más. Todos los muebles están arrinconados, dejando mucho espacio en medio. Un círculo de sangre, muy similar al que rodeaba al fallecido teniente Torres, rodea la silla sobre la que se encuentra Marco. La muñeca derecha del chico tiene amarrada una venda empapada en sangre, puesta para que no escape más sangre de él y que no se altere el círculo de invocación. La mordaza ahoga los llantos, insultos y gritos que prolifera a los responsables del hecho atroz que toma lugar en su casa.


    En la pared, justo frente a Marco, se encuentra crucificada su pequeña hermana, vistiendo solo ropa interior, con su estómago abierto y sus intestinos regados en el suelo. Un círculo de sangre yace alrededor de la pequeña, pintado en la pared. Se nota que estuvo llorando hasta su último aliento. Magno admira un frasco de cristal con símbolos indescriptibles, dentro del cual se encuentra una especie de serpiente completamente blanca, de medio metro de largo, levitando enroscada a la mitad del mismo, no tiene ojos, a pesar de lo cual, parece estar observando fijamente hacia la niña crucificada en la pared.

    —Tu hermana era inocente —menciona Magno, admirando el extraño reptil —. Este es sin duda un celestia. Y también comprueba que los celestia e inferno tienen su par opuesto.

    —Es verdad —añade Haala, que solo viste ropa interior color gris oscura, está cubierta en sangre, sostiene un cuchillo de cacería lleno de sangre en su mano derecha —. Invocamos un inferno idéntico a este hace unos meses, pero aquel era rojo.


    Marco comienza a luchar con sus ataduras, lleno de rabia. Presenció la forma como la prometida de Magno clavó a su hermanita a la pared, sin tener la menor compasión, luego usó la sangre que escurría de entre los clavos y dibujó ese extraño círculo satánico alrededor de ella. La peor parte fue cuando le clavó el cuchillo por debajo de su pecho y lo bajó sin piedad hasta abrirle por completo el estómago. Ver la forma en que las entrañas de su amada y dulce hermanita caían al suelo fue lo más terrible y doloroso que ha visto en su vida. Presenció como el color abandonaba los ojos de la pequeña después de tres largos minutos de agonía, que le parecieron una eternidad. Y lo más aterrador fue cuando un fuerte sonido, como el de un rayo, y una luz blanca cubrió todo, y cuando fue capaz de ver nuevamente, había una enorme serpiente blanca de unos quince metros de largo, pero muy delgada, su piel, porque parecía tener piel y no escamas, donde le pegaba la luz brillaba como si estuviera llena de brillantina. Estaba rodeando la sala por completo. Revive el recuerdo de como ese largo ser abrió la boca, de tal forma que hasta para una serpiente es sobrenatural, y la sangre de su pequeña hermana fue drenada hacia el interior hocico de la alargada criatura. De alguna forma, la serpiente disminuyó su tamaño y entró voluntariamente en el frasco de vidrio que ahora sostiene Magno.


    Marco quiere matarlos a todos, a la malnacida que mató a su hermanita, a la desgraciada de la presidenta que se llevó a sus padres a otro cuarto y solo Dios sabe qué les hizo. Pero sobre todo, quiere ponerle fin a la vida de Magno que, aunque no ha hecho más que observar y mover muebles, está seguro que es la mente maestra detrás de todo.


    Haala, también en ropa interior, pero color blanca, entra a la sala, trae un segundo frasco de vidrio entre las manos. Tiene una cuantas manchas de sangre por todo su exótico y oscuro cuerpo, se nota se intentó limpiar pero igual quedó manchada. Muestra una sonrisa triunfal, le enseña el frasco a Magno.

    —Te lo dije: dos sacrificios en un mismo círculo de invocación atraen a dos infernos.

    —Lo dijiste —observa el interior del frasco que trae su prometida. Dentro del mismo se encuentran dos seres similares a nubes negras que se dedican a girar en círculos.

    —¿Puedo matar al maricotas? —pide la presidenta del consejo estudiantil, sonriendo de forma sádica.

    —Por favor —permite el chico, tomando también el frasco que contiene las dos nubes negras.

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    Nombre: Marco Martínez
    Apodo: ---
    Ocupación: Estudiante de Tercer Año en la Preparatoria DC/Presidente del Club de Becarios
    Edad: 17 años
    Género: Masculino
    Ojos: Negros
    Piel: Blanco
    Cabello: Negro y Corto
    Altura: 1,61
    ☯☯☯☯☯☯☯☯☯☯
    Nombre: Alicia Hatter
    Apodo: Al
    Ocupación: Estudiante de Segundo Año en la Preparatoria DC/Miembro del Club de Becarios
    Edad: 16 años
    Género: Femenino
    Ojos: Miel
    Piel: Blanca
    Cabello: Negro, Largo (hasta los muslos) y Lacio
    Altura: 1,44
    ☯☯☯☯☯☯☯☯☯☯
    Nombre: Satoko Miyuki
    Apodo: Sal, Sally
    Ocupación: Estudiante de Segundo Año en la Preparatoria DC/Miembro del Club de Becarios
    Edad: 16 años
    Género: Femenino
    Ojos: Azules
    Piel: Blanca
    Cabello: Castaño, Largo (hasta media espalda) y Rizado
    Altura: 1,53
    ☯☯☯☯☯☯☯☯☯☯
    Nombre: --
    Apodo: Magno
    Ocupación: Estudiante de Tercer Año en la Preparatoria DC/Capitán del Equipo de Baloncesto/Presidente de Magno & Asociados
    Edad: 17 años
    Género: Masculino
    Ojos: Oscuros
    Piel: Moreno
    Cabello: Negro y Corto
    Altura: 1,92
    ☯☯☯☯☯☯☯☯☯☯
    Nombre: Hana Budusk
    Apodo: Presidenta Budusk
    Ocupación: Estudiante de Segundo Año en la Preparatoria DC/Presidenta del Consejo Estudiantil
    Edad: 17 años
    Género: Femenino
    Ojos: Dorados
    Piel: Negra
    Cabello: Negro, Largo (hasta media espalda) y Lacio
    Altura: 1,70
    ☯☯☯☯☯☯☯☯☯☯
    Nombre: Haala Budusk
    Apodo: --
    Ocupación: Estudiante de Segundo Año en la Preparatoria DC
    Edad: 17 años
    Género: Femenino
    Ojos: Dorados
    Piel: Negra
    Cabello: Negro, Largo (hasta media espalda) y Lacio
    Altura: 1,68
     
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  10. Threadmarks: Capítulo 09. Arrebato
     
    Dark RS

    Dark RS Caballero De Sheccid Comentarista empedernido

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    Círculos
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    Género:
    Drama
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    Capítulo 09. Arrebato



    El primer sábado del año. Magno se encuentra golpeando un saco de boxeo en su gimnasio privado, el cual está en su mansión, a las afueras de la ciudad. Le gusta estar lejos del bullicio del tránsito y de las personas. De no ser porque se necesitan doncellas, cocineros, mayordomos y guardaespaldas para mantener la edificación en orden y segura, viviría solo con sus dos prometidas, sin preocuparse por nada más. Es de madrugada, la hora perfecta para ejercitarse, nadie lo molesta hasta la hora del desayuno y las gemelas suelen dormir hasta casi media mañana. Tiene el gimnasio para él solo. O así debería ser, pero un mayordomo, con la clásica apariencia de un mayordomo como los de las películas viejas, trae un teléfono inalámbrico sobre una almohadilla de gamuza que descansa sobre una charola circular de platino.

    —Me disculpo, señorito, pero es una llamada urgente para su persona —informa el mayordomo, sonando tan servicial como luce.

    —Gracias —es lo único que responde.


    De nada sirve quejarse, ya lo interrumpieron y ya no queda más que tomar la llamada para luego volver a su tranquilo y solitario entrenamiento. O eso es lo que esperaba al menos. Contesta la llamada, es uno de sus contactos, de los que suelen investigar sobre ciertas cosas para luego informarle a él en cuanto descubren algo o sucede algo que pidió mantener bajo vigilancia. Magno tiene que pedirle al hombre del otro lado de la línea que le repita la noticia un par de veces, hasta que logra procesarla. Agradece y cuelga de inmediato, está tan pálido como una hoja de papel.

    —Que preparen mi auto más veloz y un chofer. No creo poder conducir —le ordena al mayordomo, quien de inmediato sale a cumplir con lo solicitado.


    En menos de una hora, Magno llega al Hospital General de la Seguridad Social de Ciudad Esmeralda. Va al área de cuidados intensivos, entra en un cuarto privado. Tanto las paredes como el piso y techo son de color blanco, la cama es de metal, con sábanas color verde claro, las cuales están algo desteñidas. Un par de pantallas muestran los signos vitales de una chica que se encuentra acostada en la cama. Un asiento estilo sofá está colocado al lado de la cama. En el asiento se encuentra la madre de Alicia, vistiendo una bata de hospital. Presenta moretes por todo su rostro, el lado derecho de su rostro está completamente hinchado, tiene vendas y parches por todo su cuerpo. Está llorando, y por lo húmeda que está la cama, ha estado llorando desde hace mucho tiempo. En la cama, con los ojos cerrados, se encuentra Alicia, está aún peor que su madre, su pulso es muy bajo. Una venda le rodea medio rostro, los brazos los tiene en posiciones anormales.

    —Los doctores dicen que en cualquier momento morirá... —dice entre lágrimas la mujer.

    —¿Qué ocurrió? —pregunta el alto chico, sonando neutro. No puede creer el lamentable estado en que se encuentra la pequeña e inocente chica. Esa hermosa boca normalmente rosa está toda hinchada y de color rojizo, y la pálida piel llena de moretes y cortes abiertos.

    —A la mitad de la noche unos hombres entraron en nuestra casa... no los llegamos a ver. Nos ataron y vendaron los ojos —sostiene con fuerza la mano de su hija —. N-no... —respira profundamente para tranquilizarse un poco y poder contar lo ocurrido —. Nos violaron... a mi pequeña también... —gruesas lágrimas le recorren las mejillas —. No estoy segura, creo que fueron unos cinco que se turnaban conmigo... A mi pequeña fue solo uno, la dejó así...

    —Lo lamento —se pregunta por qué la mujer le dice todo esto. La única interacción que tuvieron no fue una placentera y no es alguien que inspire la bastante confianza como para hacer esa clase de confesiones —. ¿Por qué me dice todo esto? ¿Ya la interrogó la policía?

    —No han venido, ni vendrán —dice ella, llena de ira —. Sé bien quién le hizo esto a mi pequeña, y es intocable por la policía —voltea a ver al alto chico, con una marcada expresión de desprecio —. La llamaba su bastarda mientras la violaba. Solo una persona le dice así a Alicia, aunque ella no lo sabe.

    —¿Quién? —interroga Magno, sonando serio.

    —Libeskind. Jack Libeskind, el padre de Alicia —la ira se torna aún más notoria —. El maldito me violó cuando tenía la edad que ahora tiene Alicia. A la policía le importó un bledo lo que me hizo, después de todo, era el dueño de media ciudad y los tenía bailando entre sus garras. Jamás le dije a mi pequeña la verdad, ella cree que su padre era un novio mío de la escuela que murió en un accidente.

    —¿Por qué me dice todo esto?

    —Sé perfectamente quien eres. Cuando te vi en mi casa te reconocí. Has ido muchas veces al banco donde trabajo, es imposible no reconocer al ahora dueño de la otra mitad de la ciudad —aprieta los dientes, haciéndolos rechinar. Estaba convencida que sería este chico el que le haría algo así a su pequeña —. No tengo idea si eres como ese malnacido. Pero sí estoy segura de que el rumor que dice que eres un desalmado que mata a los que se interponen en su camino es verdad. ¡Mata a Libeskind! ¡Venga a mi pequeña!


    Por un momento Magno abre por completo los ojos, luego vuelve a su expresión seria. Nadie nunca le había pedido con esa intensidad que matara a otra persona. Claro que muchos le han pedido que mate a alguien más, pero es la primera vez que ve esa convicción acompañando a la petición.

    —Delo por hecho —afirma él, frunciendo el ceño.


    Se quedan en silencio durante casi una hora, solo el sonido del monitor se escucha. Alicia abre su ojo visible, lo tiene completamente inyectado de sangre, dándole una apariencia aún más lamentable. Parece estar confusa sobre el lugar dónde se encuentra.

    —¿Ma? —pregunta asustada.

    —Aquí estoy, mi pequeña —dice la mujer, poniéndose en pie para entrar en su campo visual, ya que ella no es capaz de mover la cabeza.

    —¿Estás bien? —pregunta la joven, preocupada por su madre.

    —Lo estoy, lo estoy —comienza a llorar, pero se obliga a ser fuerte para no preocupar a su hija en sus últimos momentos —. Mira quien vino a visitarte.

    —Hola —saluda Magno, acercándose para que la pueda ver. Pensó que la mujer preferiría que ella no lo viera, por lo que fue una sorpresa que fuera ella misma la que apuntara la atención hacia él.

    —¿Magno? —pregunta confundida —. No quiero que me... —pega un leve grito de dolor que la obliga a dejar la oración incompleta.

    —¿Te dije alguna vez que pienso que eres preciosa? —dice, sonriendo levemente. En verdad lo cree y aún como luce ella ahora lo piensa. Le impresiona sentir que, a pesar de haber sido ella violada, mutilada y llevada al borde la muerte, no parece presentar rastro alguno de rencor, enojo o desesperación. Su luz, pureza e inocencia sin duda se están apagando, pero en ninguna parte de ella encuentra el mínimo rastro de oscuridad.

    —No es... —se estremece por un dolor punzante — cierto... no soy así...

    —Lo eres —mira a la madre de la chica, como buscando que ella le de permiso de hacer lo que quiere hacer, esta lo comprende y asiente.


    Magno se agacha, se acerca a ella y le planta un dulce beso en los labios. No está acostumbrado a dar un beso como este, ya que siempre los da de forma apasionada, por ser el preámbulo a algo sexual, pero esta vez su boca da un beso suave, un beso de despedida que no quiere terminar, pero que eventualmente tiene que hacerlo.

    —Ma se va a enojar... —dice la chica, al separarse los labios de ambos, preocupada porque su madre la vaya a regañar por ese beso.

    —No te preocupes, mi pequeña, está bien... por esta vez —le dice su madre, sintiendo un dolor en su corazón, por ver que su hija siga siendo como siempre.

    —Pero me da... vergüenza... —confiesa, comenzando a sentir sueño —. Te quiero, ma... —algunas lágrimas comienzan a salir de su único ojo visible — te agradezco... toda mi vida haber...


    Fueron las últimas palabras que en su vida dijo la joven. El aparato encomienza a emitir un molesto sonido, indicando el fallecimiento de la paciente. La madre de Alicia pega un fuerte grito que estremece por un momento a Magno. No es el primer grito de desesperación que escucha, pero este le llegó al corazón por alguna razón que no es capaz de entender. Sale del cuarto, para dejar a la mujer a solas con su pena, siente que algo le recorre las mejillas, se lleva la mano al rostro y nota que está derramando lágrimas. Está llorando. No lloraba desde que sus padres murieron cuando era un niño pequeño, estaba convencido que era incapaz de volver a llorar.


    Un chirrido metálico llama su atención, voltea hacia la fuente del mismo, una chica castaña en silla de ruedas, que reconoce como Satoko Miyuki, lo observa con el rostro pálido y ojos llorosos. Se memorizó ese rostro debido al fallido plan de Hana para crear una persona desesperada y llena de rencor que fuera el sacrificio ideal para invocar un inferno de alto rango. Un plan ingenioso, que pudo resultar, pero atacar un orfanato hubiera sido un problema, y secuestrar un huérfano de específicamente el Centro para Jóvenes y Adolescentes de Ciudad Esmeralda provocaría que la hermana Lady Marian comenzara a presionar a la policía, realmente no lograría nada a la larga, pero no quiere hacerla sufrir a menos que sea necesario. Esa misma monja lo acogió durante unos meses luego de la muerte de sus padres y considera que está en deuda con ella, por lo que se prometió mantenerse alejado de ese centro y de la hermana Lady Marian como pago por lo que hizo por él.

    —¿Alicia está...? —pregunta la de silla de ruedas, con la voz entrecortada. No necesita respuesta, ya que los gritos y lamentos, que reconoce pertenecen a la madre de su amiga, lo dicen todo.

    —Hace unos momentos —afirma él, con seriedad.

    —¡Alicia! —exclama, comenzando a llorar a todo pulmón.


    Magno la observa derramar lágrimas, realmente no le interesa en lo más mínimo que esa chica esté sufriendo, pero piensa que probablemente esa chica pura e inocente que pereció hace unos momentos se pondría triste si la viera en ese estado. El alto chico va hacia Satoko, se agacha y la abraza con fuerza contra su cuerpo, para acallar un poco los gritos, le acaricia la cabeza. Permanecen en esa posición durante unos pocos minutos, hasta que la misma joven es la que termina con el abrazo.

    —Creo que entraré a darle el pésame a su madre —se limpia las lágrimas —. Seguro que Alicia estuvo feliz que la vinieras a ver.


    Magno ignora ese comentario, no podría decir si en verdad esa pequeña, pura e inocente chica estuvo feliz de verlo o fue una molestia su presencia. Simplemente asiente con la cabeza a la vez que se aleja del cuarto. Sally lo ve desaparecer en el elevador, sonríe levemente, le alegra saber que ese serio chico tenía un espacio en su vida para Alicia. Toca a la puerta y al cabo de unos momentos se le permite entrar.


    De regreso en casa ya no había prisa, por lo que llegó a su mansión hasta pasada la hora del almuerzo. Pasa por una de las tres salas de estar, una que tiene que cruzar obligatoriamente para llegar a su habitación. Es un cuarto acogedor, para nada cargado de objetos lujosos como las otras dos salas de estar. Hay una chimenea de ladrillos naranja, con un juego de diez atizadores de plata pura con mango de madera. Un sofá largo color café claro hace juego con el piso de madera barnizada, es el único cuarto con esta clase de piso. Las paredes están tapizadas con trozos de tronco barnizado, dando la impresión de ser una cabaña. Hay un bar con vitrinas de vidrio de colores varios al lado opuesto de la chimenea. Dos pantallas en la pared muestran un paisaje nevado muy realista, cortinas yacen frente a las pantallas para asemejar una ventana abierta. Una piel de oso polar adorna el suelo entre el sofá y la chimenea. Las puertas parecen ser de madera barnizada desde el interior, pero por el otro lado son blancas con bellos diseños en dorado. Un carrito de madera con ruedas muestra dos platos llenos de galletas surtidas y tres tazas de porcelana boca abajo.

    —¿Dónde fuiste a estas horas? —interroga Hana, que se encuentra sentada en el sofá, mostrando una expresión fúrica. Lleva puesto un camisón negro traslucido bajo el cual lleva ropa interior del mismo color. Se pone en pie en cuanto acaba la pregunta.

    —Comprobando algo —responde serio, notando que en el sofá se encuentra sentada Haala, con cara de sueño. Esta lleva una camiseta blanca que le queda muy grande con el logotipo de un videojuego de aventuras, la cual le pertenece a él.

    —¿Qué? —insiste la de reveladora ropa negra, cerrando el puño.

    —La chica inocente y pura falleció —dice, mirando a los dorados ojos de su furiosa prometida.

    —Me alegro —escupe estando aún más molesta.

    —Esta noche mataremos a Libeskind —informa, comenzando a caminar hacia la puerta que da al pasillo por el que puede llegar a su cuarto.

    —¡¿Espera?! —lo agarra del brazo para detenerlo, pero lo suelta al ver la expresión aterradora que le da su prometido —. ¿Estás loco? No podemos solo ir a matar a Libeskind así como así. Estoy deacuerdo que esa basura pedófila debe ser exterminada, pero ya habíamos calculado los daños a la larga. Media ciudad está bajo su control, y por consecuencia medio país lo está.

    —Estoy muy consiente del acuerdo verbal que tenemos. Él maneja el mercado de drogas y tráfico humano, mientras que yo manejo el de venta de órganos y tráfico de armas. Las pandillas de nuestros territorios están bajo nuestras respectivas órdenes, al igual que las mafias y cárteles —recuerda el chico, sabiendo que sacar del medio a Libeskind es un serio error en todo sentido.

    —Matar a Libeskind es iniciar una guerra contra toda la basura, escoria y mal vivientes que están bajo su mando —dice Haala, resumiendo la conversación que están teniendo su hermana y prometido. Se pone en pie, intenta abrazar a su hermana, pero esta solo la empuja.

    —Lo tengo muy presente —dice, mirando hacia los troncos quemados en la chimenea.

    —¡Al carajo que lo tienes presente! —golpea el en abdomen a su gemela — ¡Siempre has sido temerario —le propina otro golpe —, pero jamás —la patea en la entrepierna —has sido imprudente en tus decisiones! —toma la cabeza de Haala y la impulsa hasta su rodilla, dejándola mareada — ¡Solo di que te enamoraste de esa puta pobretona y por eso haces esto! —agarra uno de los atizadores de la chimenea y hace a golpear a su gemela.


    Magno la agarra del brazo y le quita el atizador para evitar que mate a su hermana. No interrumpió los golpes sabiendo que Haala se excita con el dolor. Hana se saca las preocupaciones golpeando a los demás, es una especie de impulso que le da cuando le entra ansiedad o se siente frustrada. Por eso la relación entre las hermanas funciona a la perfección; una es de carácter explosivo y agresiva y la otra es masoquista. Pero no por eso la dejará llegar tan lejos.

    —Mataremos a Libeskind esta noche —sentencia, doblando el atizador de plata hasta llegar a un ángulo de noventa grados, luego lo deja caer al suelo, produciendo un pesado golpe —. No quiero una sola queja por parte de ninguna. Iniciaré los preparativos de inmediato.

    —Tal vez... —la de camiseta blanca tose con fuerza, le sangra la nariz — logremos invocar... —se sienta de golpe en el sofá — un inferno de alto... rango... —se comienza a reír mientras se sostiene el estómago.


    A la mañana siguiente, en el Centro para Jóvenes y Adolescentes de Ciudad Esmeralda, Sally junto con otra veinticinco chicas, de edades entre los cinco y los diecisiete años, desayunan a la mesa, junto con la hermana Marian y otras dos monjas. La mesa es de madera y tiene una pata floja, las sillas son distintas, sin que ninguna haga juego con otra o con la mesa. Un mantel de tela amarillenta, lleno de manchas de todos los posibles colores, cubre la mesa. Usan platos y cubiertos de metal o plástico para comer pan con mermelada o con mantequilla, así como jugo de naranja con zanahoria. En un pequeño televisor en blanco y negro, que se encuentra a un lado, sobre un viejo mueble de metal, tiene el noticiario puesto. Una joven y hermosa reportera vistiendo traje color gris, narra una noticia de última hora. Se encuentra frente al enorme edificio de oficinas que es la sede principal de las empresas Libeskind.

    —Según parece —narra la mujer —, en horas de la noche y madrugada, un grupo armado entró a estas oficinas que se encuentran a mis espaldas. Para los que no lo sepan esta es la llamada Torre Libeskind, sede principal de las empresas Libeskind.

    —Compañera, vemos una gran cantidad de oficiales en el área —se escucha decir a una voz masculina, proveniente de un presentador que se encuentra en el estudio principal del noticiero.

    —En efecto, no nos han querido dar detalles de lo ocurrido, pero hemos visto como sacan al menos unas veinte bolsas para cadáveres del interior del edificio.

    —¿Se sabe cómo se encuentra el señor Libeskind? ¿Estaba en el edificio durante lo sucedido?

    —Como dije antes, la información que las autoridades nos han propinado es muy poca. Aunque hay testigos que dicen haber visto personas ser arrojadas desde los pisos superiores, y si observamos detenidamente —se hace un zoom hacia las ventanas de los pisos del veinte al veintitrés —los vidrios en algunos pisos están quebrados. Y se supone son vidrios antibalas, por lo que lo que haya sucedido debe haber sido terrible. Incluso hay quienes aseguran que una lluvia de rayos negros azotó el edificio cerca de la media noche.


    La hermana Lady Marian se levanta y apaga el televisor, para evitar poner nerviosas a las más pequeñas. Los rayos negros son señal de una sola cosa, pero prefiere no pensar en eso. La de silla de ruedas se niega a probar bocado, sigue muy afectada por la muerte de Alicia.

    —¿A dónde llegará este mundo? —dice una monja anciana, percinándose.

    —No lo sé, hermana Blanca, no lo sé —niega Marian, pensativa —. Lo mejor será que recemos por esas pobres almas.


    Realizan una larga plegaria en voz baja, muchas de las mayores solo ruedan los ojos hacia atrás, dando a entender que no les interesa rezar, pero no reniegan y se quedan simplemente en silencio. Para cuando se termina el desayuno, solo Sally y Lady Marian permanecen en la mesa.

    —¿Qué harás, Sally? —cuestiona la mujer, preocupada por el futuro de la joven.

    —Creo que iré a la prepa pública, como usted quería —suspira —. Alicia ya no está y Marco perdió su beca y no volvió a intentar contactarme por más mensajes que le dejo.

    —Es lo mejor, las demás chicas van ahí, podrás verlas durante el día si necesitas ayuda en algo.

    —Mañana es el entierro de Alicia... ¿Puedo ir? —cuestiona, con lágrimas en los ojos.

    —Claro que puedes ir —la abraza con fuerza —. Yo misma te acompañaré, las hermanas Blanca y Clementina podrán encargarse de todo por unas horas.

    —Gracias... —suelta en llanto.


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    Nombre: Alicia Hatter
    Apodo: Al
    Ocupación: Estudiante de Segundo Año en la Preparatoria DC/Miembro del Club de Becarios
    Edad: 16 años
    Género: Femenino
    Ojos: Miel
    Piel: Blanca
    Cabello: Negro, Largo (hasta los muslos) y Lacio
    Altura: 1,44
    ☯☯☯☯☯☯☯☯☯☯
    Nombre: Satoko Miyuki
    Apodo: Sal, Sally
    Ocupación: Estudiante de Segundo Año en la Preparatoria DC/Miembro del Club de Becarios
    Edad: 16 años
    Género: Femenino
    Ojos: Azules
    Piel: Blanca
    Cabello: Castaño, Largo (hasta media espalda) y Rizado
    Altura: 1,53
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    Nombre: --
    Apodo: Magno
    Ocupación: Estudiante de Tercer Año en la Preparatoria DC/Capitán del Equipo de Baloncesto/Presidente de Magno & Asociados
    Edad: 17 años
    Género: Masculino
    Ojos: Oscuros
    Piel: Moreno
    Cabello: Negro y Corto
    Altura: 1,92
    ☯☯☯☯☯☯☯☯☯☯
    Nombre: Hana Budusk
    Apodo: Presidenta Budusk
    Ocupación: Estudiante de Segundo Año en la Preparatoria DC/Presidenta del Consejo Estudiantil
    Edad: 17 años
    Género: Femenino
    Ojos: Dorados
    Piel: Negra
    Cabello: Negro, Largo (hasta media espalda) y Lacio
    Altura: 1,70
    ☯☯☯☯☯☯☯☯☯☯
    Nombre: Haala Budusk
    Apodo: --
    Ocupación: Estudiante de Segundo Año en la Preparatoria DC
    Edad: 17 años
    Género: Femenino
    Ojos: Dorados
    Piel: Negra
    Cabello: Negro, Largo (hasta media espalda) y Lacio
    Altura: 1,68
     
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  11. Threadmarks: Epílogo. Contrastes
     
    Dark RS

    Dark RS Caballero De Sheccid Comentarista empedernido

    Capricornio
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    Pluma de
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    Epílogo. Contrastes



    Al día siguiente, en el cementerio municipal, se lleva a cabo el entierro de los restos de la que en vida fue Alicia Hatter. Pocas personas asisten, entre los que resaltan la madre de la chica, los tíos, una prima pequeña, los abuelos maternos y unos cinco amigos de la secundaria. El sacerdote narra lo trágico que siempre resulta decir adiós a una alma tan joven. Sally logra ver a lo lejos a Magno, vestido en traje negro, está siendo acompañado por un sujeto muy alto, incluso más alto que el mismo chico, vestido como mayordomo. No está segura si es por lo lejos que se encuentra, pero el mayordomo parece tener la piel gris, los ojos brillando en verde, orejas puntiagudas y brillantes labios rojos.


    Durante el discurso del sacerdote, la hermana Lady Marian, que viene acompañando a Sally, se aproxima al serio chico que observa desde lejos. Lo reconoce al instante, no ha cambiado nada desde que era un niño pequeño. Y aunque hubiera cambiado su apariencia, un alma tan llena de oscuridad no le podría pertenecer a nadie más. Mientras se acerca ve al acompañante del chico; un ser que desprende un aura maldita. Sabe perfectamente a la clase de ser inmundo a la que pertenece esa aura: un demonio de alto rango. Su experiencia en exorcismos es muy corta, pero fue bastante instructiva, sin mencionar traumática, como para permitirle distinguir cuando se enfrenta a un demonio o un ángel y medir su fuerza en el mundo terrenal. Una habilidad que el fallecido Arzobispo Tonyari le había dicho era un don dado por Dios en persona para ayudarla a combatir el mal. Siempre ha tenido el presentimiento que este chico frente a ella tiene un don similar, que seguramente no le fue otorgado por Dios, sino por el enemigo del cielo en persona.

    —Hermana Marian —saluda el alto chico, extendiendo la mano para saludar a la mujer —. Es un placer ver que se encuentra con salud.

    —Oh, pequeño. — Cierra los ojos, soportando las nauseas que le produce el alma oscura del chico. Ni el demonio de pie a su lado la hace sentir tan mal —. Temí que tomaras el mal camino... Rogué a Dios para que te guiara por la senda del bien...

    —Lamento decepcionarla, hermana Marian. — Baja la mano, al ser evidente que la mujer no se la tomará para saludarlo.

    —Tu maldad alcanzó otra alma pura y la destruyó —le reclama enfadada. Está segura que la joven Alicia Hatter fue una más de la interminable lista de vidas cobradas por la codicia de Magno.

    —Lamento que piense eso —responde de forma seca. El comentario le molestó en verdad, pero no le levantará la voz a esta mujer. Él en verdad intentó alejarse de la inocente y pura chica para evitar corromperla.

    —Que Dios te perdone por tus pecados —menciona la mujer, dándose la vuelta para regresar al lado de Satoko, se detiene luego de un par de pasos —. Con Dios como mi testigo, prometo que si le haces algo a alguna de mis amadas niñas, no me detendré hasta destruirte.

    —No se preocupe, hermana Marian, prometo que nunca intentaré un mal en su contra o en contra de su orfanato —le promete, con una voz neutra.

    —Más te vale —se aleja de él, sin voltear en ningún momento. Se le enseñó a jamás darle la espalda al mal, porque un demonio es traicionero y siempre ataca cuando se es vulnerable, pero por más que le duela admitirlo, la palabra de Magno es definitiva y si promete algo es por que lo piensa cumplir.


    Cuando llega el momento de despedirse del cuerpo terrenal de Alicia, Magno es de los primeros en acercarse, el mayordomo da la impresión de no tener la más mínima intención de moverse de su sitio. Una vez ante el barato féretro afelpado, que fue comprado gracias a una colecta realizada entre todos los vecinos de la familia Hatter, el alto joven deja un ramo de dieciséis hermosas y vibrantes rosas, tan blancas como la nieve recién caída, sobre la tapa del mismo. Observa la caja, con su habitual expresión seria, luego aparta la mirada. Se dirige hacia la madre de Alicia, la abraza, sin realmente usar fuerza, solo colocando los brazos alrededor de ella, le susurra dos simples palabras: “Lo hice”, ella asiente, entendiendo a lo que se refiere.


    La mujer no necesitaba que él le confirmara que cumplió con su promesa. En todos los noticieros se anunció la muerte de Jack Libeskind y la misteriosa desaparición de su esposa y cinco hijos. No está segura si es una mala persona por alegrarse de la muerte de Libeskind, pero no lo puede evitar, es lo único que la ha hecho sonreír desde la muerte de su preciosa hija. Saca un lápiz, el cual está todo mordido, de su bolso de mano de imitación, se lo enseña al enorme chico. Se ve obligada a mirar hacia arriba para buscar sus inexpresivos ojos cafés.

    —Era de ella —informa la mujer, con los ojos llorosos —. Es una tontería sentimental —sonríe de forma triste — pero quiero que lo tengas.

    —Gracias —agradece Magno al tomarlo, sin entender para qué podría usar un lápiz mordido y usado.

    —Mi pequeña... —decide no decir nada más —. Suerte en tu vida.

    —Gracias —se da la vuelta —. Lamento no haberla conocido antes, a su hija me refiero. —Comienza a avanzar hacia el extraño ser que lo ha acompañado durante todo el sepelio, que está vestido cual mayordomo.


    Sally y la hermana Marian se acercan a la madre de Alicia y le dan el pésame. Se mantienen al lado de ella durante el descenso del féretro y luego al ser cubierto con tierra. Llega la noche, y son las únicas en el panteón, la mujer doliente no ha querido despegar la mirada de donde se encuentra enterrada su hija, como si temiera que algo le volviera a ocurrir a su pequeña si la dejara sola.

    —¿Por qué no permanece Satoko con usted por esta noche? —propone la monja, juntando las manos, como si rogara por que su plan funcione.

    —¿Cómo? —pregunta la castaña, extrañada ante tal petición.

    —Sí, ambas sintieron más que los demás la pérdida de Alicia, a quien el señor seguramente tiene en su gloria. Se me ocurrió que quizás podrían consolarse en este momento tan difícil —sonríe dulcemente, esperando que sus palabras tengan efecto —. No creo que ninguna deba estar sola esta noche. ¿Qué opina, señora Hatter?

    —La casa ha estado muy silenciosa... —se dice la madre de Alicia —. ¿Eras la mejor amiga de mi pequeña, cierto?

    —Me gusta pensar que me consideraba como su mejor amiga —responde la castaña —. Y sería un honor hacerle compañía esta noche —también propone, sintiendo que la mujer se debe sentir muy sola desde la muerte de Alicia.

    —Está bien, puedes quedarte esta noche en mi casa —acepta la mujer, forzándose a sonreír. También piensa que es buena idea tener con quien conversar, porque los deseos de quitarse la vida la han estado acosando desde la muerte de su querida Alicia y cada vez se vuelven más frecuentes.


    Lady Marion sonríe feliz. Espera poder unir a esas dos almas; la mujer necesita una hija y Satoko una madre. Está muy consciente que nunca serán un remplazo para esos valiosos seres queridos que han perdido, pero podrían encontrar consuelo, y ruega a Dios, quizás una familia.


    La limusina de Magno ha estado dando vueltas en la ciudad desde hace horas. El chofer comienza a cansarse de solo estar conduciendo sin un rumbo fijo, sin mencionar que no come nada desde el desayuno, pero fue justo lo que le ordenó su empleador: “solo conduce hasta que diga otra cosa”. En la parte posterior, separado del conductor por un vidrio opaco, Magno permanece pensativo. El extraño ser vestido de mayordomo se mantiene en silencio, sentado en uno de los asientos de los costados, mirando con una sonrisa burlona al joven

    —La ama Hana propuso que revisara si la chica muerta podría ser usada como sacrificio para invocar un celestia de alto rango —dice el de piel gris, para conversar un poco con Magno. Le pone nervioso, incluso a un ser como él, ver a este específico humano tan callado —. Pero ese cuerpo era solo un desperdicio sin valor, su sangre ya había perdido toda la...


    Magno se abalanza sobre el de ojos verdes, lo comienza a ahorcar con todas sus fuerzas. Las uñas del ser crecen cual cuchillas y se las clava al chico, pero este no siente nada, simplemente sigue apretando con fuerza. La boca del mayordomo cambia hasta volverse un hocico como de caimán, hace a morder, pero no lo logra. Los ojos se le quieren salir por la presión ejercida en su cuello. Comienza a alarmarse, no necesita aire para vivir, pero si un humano con tanta oscuridad en su alma le rompe el cuello será el final de su milenaria vida.

    —Per-per-per-do-ne... pie-dad... — Finalmente Magno lo suelta. Se soba el cuello, su hocico vuelve a ser una boca rojiza —. Me disculpo por mi atrevimiento, amo Magno. Tuve el mal juicio de emplear las palabras incorrectas. —Tose un par de veces, al mismo tiempo que las uñas vuelven a un tamaño normal —. Lo que quise decir es que la energía elemental de luz, chi blanco, bondad, yang o como prefiera llamarlo, ya había abandonado el cuerpo de esa excepcional humana. — Este ser no tenía la intención de usar la palabra excepcional en su explicación, pero decide que va a tratar con guantes de seda la memoria de esa común y corriente humana cuando esté en presencia de este chico humano, ya que parece tener un significado especial para él —. Pero puedo proponer una forma alterna para invocar un Serafo, la clase de celestia que se compara a nosotros, los Lores Inferno.

    —¿Cómo? —cuestiona el chico, interesado en hacer un pacto con un celestia de alto rango.

    —La sangre de diez infantes con menos de diez días de nacidos —muestra una horripilante sonrisa que le recorre el rostro de oreja a oreja, literalmente, mostrando hileras de brillantes colmillos tan negros como la oscuridad absoluta —. De ser verdad que la excepcional humana tenía una presencia que lo atraía a usted, un humano con una cantidad desbordante de energía elemental de oscuridad, chi negro, maldad, yin o como quiera llamarlo, significa que tenía un nivel igual o superior de energía opuesta a la suya. Ella hubiera podido invocar unos dos o tres Serafo Celestia, de un poder similar o superior al mío. Y estoy tomando en cuenta que fui traído a este mundo debido al sacrificio de ese tal Libeskind, que no tenía en su cuerpo ni la mitad de oscuridad de la que usted desprende, amo Magno.

    —Estudiaré su propuesta, Behl' Z' Bhus —dice el chico, que en este momento no tiene tiempo para pensar en eso. La guerra por el territorio de Libeskind ya ha iniciado y tiene que descubrir cómo acabarla antes de que consuma la ciudad entera, su ciudad. Afortunadamente, las criaturas en los frascos tienen un pacto con su persona y, de ser necesario, estas consumirán a cada persona que se oponga a él con una sola orden, pero eso será solo considerado como un último recurso.


    Magno saca el lápiz que perteneció a Alicia y le fue entregado a él como obsequio por la madre de la misma. Lo estudia detenidamente, nota que en un costado, escrito con lapicero azul, se encuentra la palabra “Magno”. Este descubrimiento lo hace sonreír ligeramente, pero pierde la sonrisa en un instante y regresa a su habitual expresión seria. Se guarda de nuevo el lápiz en el bolsillo interior de su saco. Ordena al conductor que lo lleve de vuelta a la mansión, donde sus prometidas aguardan su regreso.


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    Nombre: Satoko Miyuki
    Apodo: Sal, Sally
    Ocupación: Estudiante de Segundo Año en la Preparatoria DC/Miembro del Club de Becarios
    Edad: 16 años
    Género: Femenino
    Ojos: Azules
    Piel: Blanca
    Cabello: Castaño, Largo (hasta media espalda) y Rizado
    Altura: 1,53
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    Nombre: --
    Apodo: Magno
    Ocupación: Estudiante de Tercer Año en la Preparatoria DC/Capitán del Equipo de Baloncesto/Presidente de Magno & Asociados
    Edad: 17 años
    Género: Masculino
    Ojos: Oscuros
    Piel: Moreno
    Cabello: Negro y Corto
    Altura: 1,92
     
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