One-shot Admirador [Pokémon Rol | Ethan x Emily]

Tema en 'Mesa de Fanfics' iniciado por Amane, 7 Octubre 2019.

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    Amane

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    Escritora
    Título:
    Admirador [Pokémon Rol | Ethan x Emily]
    Clasificación:
    Para todas las edades
    Género:
    Romance/Amor
    Total de capítulos:
    1
     
    Palabras:
    1390
    Título: Admirador.
    Fandom: Pokémon Rol Championship | AU.
    Personajes: Emily Hodges, Ethan Encina, Mimi Honda.
    Palabras: 1295
    Summary: "Emily llevaba recibiendo cartas y pequeños regalos en su taquilla todos los días desde hacía ya más de una semana. ¿Quién demonios sería la persona que tendría esa dedicación para conquistarla pero no la valentía para dejarse ver?"
    N/A: Gabi, no sé, ¿has pensado en dejar de prostituir a tu personaje? ¿Así como idea? No, ¿verdad? ¿Para qué? | GalladeLucario <3

    —¿Qué? ¿Hoy no tienes cartas de tu admirador secreto?

    Dos jóvenes chicas se encontraban caminando bajo la tenue luz del atardecer, alejándose a paso tranquilo de la academia en la que estudiaban.

    Había sido la rubia quien había hablado, con un tono entre sarcástico y molesto.

    —¿E-eh? —la morena sintió como su rostro se enrojecía ante la repentina pregunta de su amiga—. N-no sé de qué me hablas —siguió hablando, con una sonrisa nerviosa, acelerando el paso de manera inconsciente.

    Mimi no pudo evitar enarcar una ceja ante la respuesta de Emily. ¿Acaso se creía que era tonta? Sin embargo, lo único que pudo hacer fue suspirar y acelerar el paso para alcanzarla. No tenía sentido insistir, si Emily no quería hablar sobre el tema, no lo haría.

    Pero Mimi no podía negarlo, tenía mucha curiosidad por saber quién demonios era el tipo que le estaba dejando cartas a su mejor amiga. Es decir, no era algo del todo extraño, Emily era una chica atractiva y popular, extraña era la semana en la que alguien no decidía declararle su amor.

    Pero aquello era diferente.

    Emily llevaba recibiendo cartas y pequeños regalos en su taquilla todos los días desde hacía ya más de una semana. ¿Quién demonios sería la persona que tendría esa dedicación para conquistarla pero no la valentía para dejarse ver?

    Mimi entendía que tuviese miedo, era consciente que Emily rechazaba a todos los chicos que se le declaraban. Pero Mimi también había visto como todos los días Emily salía cada vez más sonriente de la academia, como caminaba con rapidez para llegar cuanto antes a su casa y poder leer la dichosa carta.

    Aquel día no había sido excepción. Las chicas llegaron rápidamente al cruce en el que se despedían debido a que sus caminos se separaban y Emily prácticamente salió corriendo hacia su hogar.

    Así como había supuesto Mimi, un nuevo sobre se encontraba dentro de su maletín, y la chica estaba deseando saber su contenido.

    * * *
    A la mañana siguiente, ambas amigas se encontraban hablando tranquilamente, cada una en su mesa, de temas triviales.

    Así fue hasta que Mimi observó como a no muy lejos de su posición se creaba un tumulto y no pudo evitar soltar un gruñido de desesperación.

    —¿Qué pasa? —preguntó Emily, curiosa.

    Lo único que la rubia hizo fue señalar con su cabeza hacia el alboroto y la morena siguió con la vista el movimiento.

    Ethan Encina era un chico que había llegado a su instituto al principio del año, él y su familia se habían mudado desde el extranjero hacia poco en la ciudad debido a un trabajo de su madre. Y, como solía ser costumbre, su pupitre siempre estaba rodeado de chicas cuando él llegaba.

    Emily simplemente rio, divertida.

    >>No me extraña, es un chico muy guapo —murmuró Emily, sin apartar la vista del pelirrojo.

    No lo vio pero pudo imaginarse a la perfección la cara de asco de su amiga. Según Mimi, Ethan era un narcisista engreído al que le encantaba ser el centro de atención.

    Finalmente, ambas jóvenes volvieron a su conversación trivial, provocando que ninguna se percatase de como el chico abandonaba el aula no mucho después. Qué extraño, si la clase estaba a punto de empezar.

    —¡Ah! —la voz de Emily se alzó minutos después, cuando se percató de algo mientras buscaba en su maletín.

    —¿Qué sucede?

    —Me he olvidado la calculadora en la taquilla. ¡Voy a por ella! ¡Vuelvo en dos minutos!

    Sin darle tiempo a Mimi a rechistar, Emily desapareció de su vista en menos de un segundo. Vaya que era rápida…

    La rubia solo suspiró, esperando que la chica no tardase mucho, o si no recibiría un buen regaño por parte del profesor.

    Por su parte, Emily corrió a toda prisa por los pasillos hasta llegar a su taquilla, teniendo la mala suerte de chocarse con alguien al girar una esquina, cayendo estrepitosamente al suelo.

    —Aw… —murmuro, quejumbrosa, acariciándose la cabeza que empezó a dolerle por el golpe.

    —¡Lo siento! ¿Estás bien?

    La chica escuchó una voz masculina y cuando abrió los ojos, encontró una mano extendida que le ofrecía ayuda para levantarse. No dudo en aceptarla, poniéndose en pie no mucho después.

    —S-sí, debería ser yo quien me disculpe, iba demasiado rápido y sin mirar…

    Emily levantó la vista, encontrándose con los chispeantes ojos verdes del pelirrojo. Inevitablemente, sintió su rostro enrojecerse.

    “¡Qué vergüenza!”

    >>E-Ethan…

    —Me alegro de que estés bien… ¿Emily? —la chica asintió, avergonzada—. Bueno, me tengo que ir, ¡nos vemos!

    De forma apresurada, el chico empezó a alejarse por el pasillo. Emily se quedó algo embobada, mirándolo, hasta que recordó porqué estaba ahí y dio un respingo. ¡La calculadora!

    Fue hasta su taquilla y grande fue la sorpresa al abrirla. Otra de aquellas cartas se encontraba sobre sus cosas.

    ¿Cuándo la habían puesto, si apenas había empezado la primera clase?

    Ladeando la cabeza, la morena cogió el sobre y también su calculadora.

    El camino de vuelta a la clase fue más lento, pues la chica acabó sumida en sus pensamientos. No podía ser lo que estaba pensando… ¿verdad?

    Cuando entró al aula, ignoró por completo los regaños del profesor dirigidos hacia ella y las preguntas de su amiga del por qué había tardado tanto.

    Se pasó todo el día mirando de reojo a Ethan.

    Pero no podía ser, ¿cierto? El chico no parecía actuar diferente a lo que era cotidiano, y no tenía ninguna clase de sentido que se fijase en ella… ¿verdad?

    Cuando llego el final del día, Emily se despidió de manera apresurada de Mimi y salió corriendo hacia la salida.

    Había perdido de vista al pelirrojo y no estaba dispuesta a dejar que aquella duda le carcomiese durante todo el día.

    Lo vio dirigiéndose hacia la salida del edificio acompañado por un par de chicos de su misma edad. Impulsada por un valor no común en ella, Emily gritó el nombre del chico para llamar su atención, consiguiendo que el grupo se parase en seco.

    Se acercó entonces a los chicos y, sintiendo como su rostro se enrojecía al darse cuenta de cómo la miraban, empezó a tartamudear, nerviosa, pidiéndole a Ethan que hablasen en un sitio más privado a solas.

    El chico aceptó sin dudar y tras despedirse de sus amigos, siguió a Emily hacia la parte trasera del edificio. La chica no dejó de mirar al suelo en ningún momento.

    Ninguno dijo nada en cuanto llegaron a su destino.

    A Emily le tomó más de un minuto armarse de valor, y cuando lo hizo, sacó la carta que había recibido ese mismo día.

    —¿E-es t-tuya?

    Silencio.

    Tras unos segundos de pesado silencio, Emily levantó la cabeza, encontrándose con una expresión mezcla de ternura y tristeza en el rostro del chico. No supo por qué, pero esa reacción la tranquilizó levemente.

    —Era cuestión de tiempo que te dieses cuenta… —respondió, tras un suspiro, dirigiendo su mirada al suelo para volver a levantarla segundos después, con una sonrisa amarga—. Supongo que ahora es cuanto toca que me rechaces. ¡N-no pasa nada!

    Emily sintió como su rostro se suavizaba y sus labios mostraron una dulce sonrisa. Negó levemente con la cabeza.

    No lograba entenderlo, no tenía sentido en su cabeza hacía unos minutos, pero… la confirmación de Ethan alivió su corazón de sobremanera.

    De alguna manera, se sentía correcto que así fuese. Nunca había dudado cuando rechazaba a los demás, porque entendía perfectamente cómo se sentía al respecto.

    Pero en esa ocasión era diferente, se sentía diferente… pero se sentía bien. Qué… extraño.

    —Me gustaría intentarlo —murmuró, acercándose lo suficiente para depositar un beso en la mejilla del chico.

    Cuando se separó, ambos se miraron, sonrientes.

    Aquella parecía obra del destino, quizás… estaban destinado a estar juntos.
     
    Última edición: 7 Octubre 2019
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