Microrrelato Entre oreja y oreja

Tema en 'Nano y Microrrelatos' iniciado por NNIN, 27 Octubre 2026 a las 2:13 PM.

  1.  
    NNIN

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    3 Marzo 2017
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    Escritor
    Título:
    Entre oreja y oreja
    Clasificación:
    Para adolescentes. 13 años y mayores
    Género:
    Horror
    Total de capítulos:
    1
     
    Palabras:
    500
    La vida de un jubilado es tranquila, rutinaria. Cada mañana, Pablo Corneta se levantaba temprano, cogía su café y se metía al taller . Revisaba los cinceles, las sierras, las lijas,…; era su pequeño ritual para empezar el día, y una vez comprobaba que estuviese todo a punto, se ponía a trabajar la madera.

    Llevaba 50 años con esa misma rutina. Ni la muerte de su esposa hacía ni las visitas los domingos de sus hijos habían cambiado esta costumbre.

    A Pablo moldear la madera no le daba felicidad, le daba calma.

    Tras años de hacer encargos para otros ahora tenía la libertad de hacer lo que le viniese a la cabeza. Tallas, grabados, muebles… estaba trabajando en una flauta. No era aficionado a la música, pero no quería morirse sin al menos haber intentado hacer un instrumento, por desafinado que luego sonase.

    Tras días trabajando terminó la última pieza: el bloque, la parte que hace sonar la flauta cuando el aire golpea su borde tallado; lo ajustó, sopló… y nada. El bloque era demasiado pequeño y el resultado era como soplar una pajita. Quitó la pieza defectuosa e hizo otra, en este caso pasó al contrario, el bloque no dejaba pasar el aire. Lo intentó varias veces y o se pasaba o se quedaba corto.

    Harto de dar vueltas y vueltas cogió un taladro, le hizo un agujero a uno de los bloques grandes, lo incrustó en el instrumento y sopló con todas sus fuerzas.

    El pitido resultante zumbó en sus oídos. Aquel chillido de ultratumba casi le deja sordo. Pero, técnicamente, ya había hecho sonar la flauta…Se dio por vencido y lo dejó así mientras aún se recuperaba del estruendo.

    Cenó y se acostó con la cabeza aún embotada. A la mañana siguiente, cuando revisaba las sierras le pareció escuchar algo. Un leve chirrido parecía venir de una de las hojas, como si vibrase. Se decidió a no usarla ese día y arreglarla más adelante. Quería revisar la flauta.

    El bloque se había atascado. Se quedó pensando qué hacer. Entre sus pensamientos se colaba un leve pitido. Miró a la sierra. La desconectó. Seguía sonando. Encerró la hoja en un cajón. Seguía sonando. Se salió del taller. El pitido le perseguía.

    Encerrado en el baño de su casa, sentado en el suelo, llamó a sus hijos. Le consolaron, le llevaron al médico, al otorrino, al neurólogo, al psicólogo, …

    El pitido seguía ahí. Constante. Nadie sabía qué hacer.

    El anciano no podía comer, dormir, ducharse …todo lo opacaba aquel molesto sonido. En las noches lloraba y apenas oía su propio llanto por aquel pitido constante.

    Sostenido en el tiempo, siempre en la misma nota, siempre con la misma intensidad, siempre atormentándolo.

    No podía deshacerse de él.

    Una mañana, tras tantas noches sin apenas dormir, se levantó de la cama, no cogió su taza, no revisó las herramientas, no cogió ninguna madera.

    Sólo cogió el taladro, lo apuntó a su oreja y terminó para siempre con ese pitido insufrible.

    Y sonrió.
     
    Última edición: 27 Octubre 2026 a las 2:18 PM

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