Instalaciones Restaurante KOMA

Tema en 'Sakura Inn' iniciado por Gigi Blanche, 3 Marzo 2026.

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    Gigi Blanche

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    Kohaku accedió a la propuesta de Ilana y, mientras el pequeño grupo seguía parloteando de cualquier tontería, Makoto se materializó en silencio en la zona. El primero en notarlo fue Cayden, pues se pronunció a su lado, y sus ojos violáceos lo repasaron sutilmente antes de empezar a caminar, captando la atención del resto. Se detuvo en un punto intermedio, juntó las manos tras la espalda y fue recorriendo al grupo mientras una música ambiental reptaba desde los parlantes. Suspiró apenas.

    —Iniciaremos de todas formas, acérquense —indicó, en tono neutro—. Como bien saben, nos estarán ayudando esta noche. Serán repartidos en tres puestos diferentes: Shinomiya, Miller e Ishikawa serán meseros. Dunn, ayudarás en la cocina. Shimizu y Rockefeller, trabajarán en la barra.

    Su mirada se posó inequívocamente en cada pasante nombrado y, de la misma forma, excluyó a quienes no se encontraban allí.

    —Lo primero que necesito es que se cambien. —Estiró el brazo hacia su derecha, de forma grácil y despreocupada—. Al cruzar aquella puerta verán dos salas, para hombres y mujeres. Ya hay lockers a su nombre. Dispongan de los uniformes allí guardados y, de la misma forma, dejen sus pertenencias personales. Teléfonos móviles y relojes inteligentes están terminantemente prohibidos en horario laboral. —Miró a Abigail e Ilana—. También necesitaré que se aten el cabello. Cuando hayan finalizado, simplemente salgan al pasillo y espérenme allí.

    Sin mayores dilaciones, Makoto giró sobre sus talones y se alejó en otra dirección. Abigail, quien se había mantenido cerca de Ilana, enganchó su brazo al de la muchacha y comenzó a llevársela mientras expresaba su deseo de que los uniformes fuesen lindos. Kou las siguió de cerca, y unos segundos después Kohaku empezó a caminar.

    Tanto el pasillo como las salas se encontraban vacías. Acorde a las instrucciones de Makoto, una tarjeta había sido impresa con el nombre del estudiante en cada locker, en orden alfabético según sus apellidos. También descansaba la llave en la pequeña cerradura. Los uniformes de las chicas eran iguales; en cuanto a los muchachos, sólo el de Cayden difería del resto.


    Dejo espacio por si llegaras a querer rolear algo en los cuartos de cambio de ropa, caso contrario puedes poner que salen a esperar a Makoto y ya ta

    Este es el uniforme de meseros y bartender, y este el uniforme de ayudantes de cocina
     
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    Zireael

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    Había seguido parloteando con Kohaku y Abigail mientras tanto, luego de que él accediera a lo que propuse y sólo guardé silencio cuando Makoto apareció. Fue un poco fantasmagórico, había que decirlo, pero ello no quitaba que había que respetar a la persona a cargo. Presté atención y el estómago me cayó a los pies al oír que me tocaba con Shimizu en la barra y mi sonrisa, sin que lo notara, desapareció. Me acomodé mejor el cabello y procuré no dar muchas señales de tensión o eso intenté. Era… Este chico ya ni siquiera se detenía a mirarme, se notaba que intentaba no aterrorizarme más, pero mi cuerpo actuaba solo. Lo hacía y yo no quería estar con él.

    Cuando tuvimos todas las instrucciones, Abigail se enganchó a mi brazo y me llevó con ella, apenas la sentí volví el rostro para buscar a Kohaku con la vista y lo despedí con un movimiento de mano, como si no fuese a verlo de nuevo pronto de por sí. No me molestó ser llevada por la chica, sólo me pescó un poco con la mente en otro lado.

    —Bye-bye, sensei! —Mi atención regresó a Miller—. Espero que lo sean, ¿qué haremos si no?

    Fue casi una lamentación y cuando estuvimos en la sala correspondiente, me solté con cuidado de ella para ir a mi locker. Vi que los uniformes eran negros sólidos y pensé que semejante contraste me haría ver un poco como un fantasma, pero ni modo. Dejé mis cosas y trastabillé un instante cuando estaba dejando el teléfono porque volví a recordar a Shimizu. Al final desbloqueé el aparato y busqué el chat con Kakeru, ¿por qué? Seguridad. La noción me llegó con tal claridad que fue vergonzoso.

    Holi
    Soy tremenda salada y me tocó con Shimizu en el turno, digo, a los dos nos pusieron en la barra
    Me lo tengo que tragar
    No pasa nada! Simplemente quería quejarme, me sentía un poco mal
    Suerte en el bar ♥


    Después de enviar todo, m quedé mirando el contacto como idiota unos segundos, al final suspiré y zambullí el móvil en locker y empecé a ponerme el uniforme. No, espera, ¿era bonito o no? Mi opinión no estaba muy establecida al respecto y estiré algunas arrugas que le quedaron al ponérmelo.

    —No sé muy bien qué opinar… —dije en voz baja y me giré hacia Abigail estirando los brazos un poco a lo T-posing—. ¿Tú qué dices? ¿Te gusta? Yo no suelo usar tanto negro, se siente raro.

    Arata1.png

    Vaya turnito hecho con el culo, ¿no? Que Rockefeller, que Cayden y Kohaku y encima tirando a Shinomiya, para que la porquería terminara de amarrarse. La que quedaba suelta era Miller y... ¿Y no se suponía que había más nombres escritos en el turno? ¿Por qué coño solo estábamos los meados y Miller? En fin.

    Parecía estar a mi bola, pero me comí el show con papitas desde mi posición. Cayden llegando con Rockefeller, porque ni Dios sabía qué pasaba con estas criaturas, Miller, Ko y Shinomiya... ¿Le había cerrado la puerta en el hocico? Los vistazos que casi parecían imaginarios, pero noté la tensión inmensa que le cayó encima a la mariposa en cuanto el castaño de Shibuya apareció. Lo habría pasado por alto de no conocerlo como lo hacía. Se había apretado contra la barra, la madera debía lastimarle la espalda, y había sumergido la atención en el teléfono, pero su pierna, incluso de pie, traqueteaba.

    Había algo con el lobo este y ahora era tan ruidoso que era ridículo que no lo hubiese notado antes. Mantuve la atención en Cay, me quedé mirándolo por el rabillo del ojo todo el rato y de vez en cuando miraba un instante a las dos chicas con Ko. Joder, hermano, ¿y el elefante en la habitación? Bien, gracias.

    Aquella… persona se manifestó de pronto, junto a Cay específicamente, frenando todos sus tics nerviosos y forzándolo, por decencia, a guardar el teléfono que hasta entonces había tenido en la mano con tal de no lidiar con el espacio. Anunció la repartija y el alma un poco me bailó en el cuerpo, supuse que a Cayden también. Hubo algo parecido al alivio por saber que al menos estaría en otro espacio y algo en él, al mismo tiempo, parecía increíblemente frustrado. Shinomiya, ¿verdad? Habría preferido soportarlo él así fuese un turno de doce horas que dejarlo respirar el mismo aire que Ko. Esta criatura no tenía remedio.

    Pero lo entendía.

    Esa era una cosa, la otra me interpelaba a mí. La sonrisa de Rockefeller había desaparecido en cuanto oyó que le tocaba conmigo, aunque no dijo nada hacia su repentino grupito. En silencio, tensa, se hizo con la larga trenza a su espalda y la giró sobre sí misma, formando una especie de moño con ella cerca de su nuca. La indicación fue para las mujeres, pero vi a mi pelirrojo de turno acatarla también hasta donde le fue posible, domando aquella melena de un largo bastante incómodo para poder hacer algo en específico. Seguro le encajarían una redecilla, pero eso sin duda facilitaría la tarea de meter aquel nido de pájaros en ella.

    Miller se llevó a la rubia enganchada de un brazo, que se despidió de Ko con un movimiento de mano algo atropellado, y yo esperé por los monos de mi circo en vista de que Shinomiya había ido tras las damas. Ko caminó primero apenas con unos segundos de diferencia, yo lo seguí y escuché el rumor de los pasos de Cay detrás de nosotros.

    Seguí las instrucciones, dejé mis mierdas en el casillero con mi nombre y saqué el uniforme para colocármelo. Cerré el locker, me guardé la llavecilla y antes de pararme a ver qué pasaba en esta sala, dirigí los pasos a Kohaku.

    —Lástima que no te pusieron conmigo en la barra, no te habrías aburrido ni un segundo —le dije como si estuviese orgulloso de mi capacidad de no cerrar la boca—. Y me habrías puesto al día de tus vacaciones, pero ya qué. ¿Listo, Ko-chan?

    Otra puerta de casillero se cerró, se notó que intentó no hacer ruido, y Cay vestido de blanco se retiró de la sala todavía tratando de meter un último rizo rebelde detrás de su oreja. ¿Qué si fingí no darme cuenta en lo absoluto? La verdad que sí. No era el momento ni el lugar para nada de esto.
     
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    Gigi Blanche

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    Cuando el encargado del restaurante repartió las tareas y directivas, no tardé en engancharme del brazo de Ilana y empezar a caminar, siendo que éramos las únicas chicas ahí. Kohaku correspondió su saludo agitando la mano apenas y con una sonrisa que le cerró brevemente los ojos. Al conectar con mi mirada, le hice un saludo militar y él asintió, entretenido. En menos de un parpadeo ya estaba fantaseando con los uniformes.

    Solté a Ilana al ingresar a la sala y mi ilusión se evaporó al abrir el locker. Era... negro. Completamente negro. Rezongué, chasqueé la lengua mientras lo analizaba y al final me encogí de hombros, comenzando a desvestirme. Al menos habían sido bastante meticulosos con la talla. Espera, ¿de dónde habían sacado nuestras medidas? ¿La escuela?

    —Girl, I'm allergic to black —me quejé, riéndome, y coloqué los brazos en jarra al enfrentar a Ilana—. Whatever, we'll pull it off. We're pretty enough, right~? Oh! —Di un leve brinco y junté las manos frente a mi pecho—. ¿Me ayudarías con el cabello? Anythin' close to a messy bun will do. By the way, you American?


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    Con la aparición de Makoto me permití tomar aire de forma disimulada y, aún sin pretenderlo, recuperé la consciencia del espacio que me había esforzado en apagar. Cayden y Shinomiya se habían mantenido pegados a sus móviles, cada uno en su respectiva esquina, mientras nosotros charlábamos y Arata simplemente observaba. La tensión de Cay era más evidente que la del lobo, quien, a decir verdad, no lucía extenuado en absoluto. Sólo aburrido. Siempre lo había creído propio de su naturaleza pero ahora, luego del incidente con Rei, luego de las confesiones que no debería haber oído, me preguntaba si lo suyo no era, también, una mera fachada. Una máscara meticulosa y obsesivamente tallada.

    Ser mesero con él y Miller no me generó nada específico y compartí una breve sonrisa con la chica. Cayden iría a la cocina y Arata estaría en la barra, con Ilana. La tensión subyacente palpitaba en el ambiente con la constancia necesaria para confundir mis sentidos, pero aún así creí notar una ligera disonancia de la muchacha a mi lado. La sonrisa que se evaporó por el rabillo de mi ojo y sus manos que acataron la orden al instante, aún si su cabello ya estaba trenzado y no exigía atención. No la miré directamente, no quise hacerlo, y en su lugar recorrí el espacio con disimulo. ¿Habría deseado trabajar con Cayden, quizá? ¿Le molestaba ocuparse de la barra? ¿Se relacionaba con Arata? No tenía idea.

    Abby se la llevó como si nada, con su energía usual, y por un instante envidié su ignorancia. Habiendo despedido a las chicas me permití respirar hondo y liberar el aire lentamente, relajando mis facciones en un semblante neutro. Shinomiya inauguró la marcha de los hombres y esperé un poco para seguir sus pasos, marcando la sana distancia que pretendía conservar. Detrás mío oí a Arata y Cayden hacer algo similar. Era desde trágico hasta gracioso, parecíamos soldados entrenados.

    Enfoqué mi vista y toda la atención que pude administrar en el locker y el uniforme, aunque cada sonido me alcanzaba amplificado. Los pensamientos se atropellaban uno detrás de otro mientras me vestía con tanta calma. ¿Debía hacer algo? ¿Hablarle? ¿Saludarlo, aunque sea? ¿Soltar una broma tonta? ¿Él querría saber algo de mí, para empezar? No pretendía... No quería volver a perturbarlo. Llevábamos un mes entero sin saber del otro, quizá... ¿quizá tenía que dejarlo así?

    Arata se acercó a mí desde el otro lado, arrancándome de la espiral nerviosa. Me habló como si nada y yo le sonreí como si nada, sintiendo un tipo diferente de alivio. "Al menos él no está enfadado conmigo". El pensamiento fue espontáneo, casi intrusivo.

    —Le pido tan poco a la vida y ni eso me concede... —me lamenté, sin perder la sonrisa—. Puedo ir a la barra a distraerte entre mesa y mesa. Algo es algo, ¿no?

    También estaría Ilana y me permitiría rellenar los tiempos muertos con algo que no fuera Shinomiya, así que no sonaba a un mal plan. Estaba por responderle que sí, todo listo, cuando oí el casillero tras mi espalda y giré el cuello, viendo que Cayden ya se estaba retirando de la sala. No junté el coraje necesario para detenerlo y me limité a verlo marcharse. Sabía que acababa de exponerme frente a Arata, quien de por sí había asumido que estaba al tanto de lo ocurrido. Regresé los ojos a él y sonreí con cierta resignación. Suponía que eso sería todo.

    —Nací listo, Akkun, ¿no lo sabías?

     
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    Zireael

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    La queja de la muchacha me sacó un risa directo del pecho y relajé la postura, asintiendo con la cabeza. ¿Éramos lo bastante lindas? ¡No, hasta más que suficiente! Nos veríamos bien en un saco de patatas, ¿a qué sí? Preferí pensar en eso que en lo pálida que debía lucir.

    Su brinco, aunque leve, me sobresaltó ligeramente y sonreí ante su pedido, algo enternecida. Asentí con la cabeza y la rodeé para quedar a su espalda. Me hice con su cabello, formé una trenza bastante floja con lentitud y la inflé un poco, mientras tanto fui hablando.

    —I am, East Coast. From Pennsylvania —contesté y repetí lo que había hecho con mi trenza, pero que al haber dejado la suya floja pude colocarla más arriba. Sostuve el moño con una mano y usé otra de las ligas que tenía en la muñeca para asegurarlo—. ¿Y tú?

    Saqué algunos mechones de cabello para que la idea del messy bun no se perdiera y el resultado, de alguna forma, me dio Abigail vibes. No lucía formal ni nada, pero tenía bastante movimiento y no se veía aburrido. Volví frente a ella y me tomé el atrevimiento de acomodarle algunas hebras del fleco antes de retrocecer.

    —I guess it's done. I did my best!

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    Daba bastante pena verlo, si debía ser honesto, intentaba no pensarlo de más y había sido así todas las vacaciones e incluso antes, pero era penoso sin duda. No guardaba un solo recuerdo en la mente donde estos dos hubieran coincidido en el mismo espacio físico sin intercambiar palabra y ahora estábamos aquí, donde obviamente los dos se veían y fingían no hacerlo y seguramente estuvieran atorados en una espiral bastante similar.

    Creía incapaz a Cay de molestarse al punto de dejar de hablarle por toda la eternidad, ya no por el embrollo nuclear, era simplemente porque antes que nada más Ko era y, para bien o para mal, siempre sería su amigo y su persona favorita en el mundo. Habría dosciendos hijos de puta en el planeta y Ko siempre sería Ko. Nada ni nadie podía sustituirlo ni borrarlo.

    ¿Estaba dolido? Claro, ¿pero lo había echado de menos en todo este mes? También. Se le notaba en la cara. Lo veía, también, en la manera silenciosa en que trataba de seguir el consejo que se le había dado y cómo guardaba incluso aquella carta que a veces no parecía poder comprender del todo y que lo hacía sentir cosas contradictorias posiblemente. Cay no iría a remediarse de un mes al otro, su miedo y sus errores no podían borrarse, pero lo veía intentarlo aunque retrocediera con frecuencia. Era un inmenso trabajo en proceso, pues era imperfecto e inmaduro como todos.

    Y ahora, ¿ahora? Bueno, un poco lo de toda la vida. Tenía a los dos aquí y yo estaba en medio. Uno lucía calmado, el otro era más bien un saco de nervios y ninguno se atrevió a acercarse al otro. Yo opté por hacerme el tonto más grande del planeta, al menos fue así hasta que Kohaku oyó el casillero del otro y giró la cabeza, viéndolo irse sin lograr hacer nada más que quedarse tieso y como el Evitavito 3000 en remisión tenía un máster en huir, tampoco fue que se frenara, estaba intentando con todas sus fuerzas ser un fantasma y… no incordiar a Ko, suponía. La idea de haberlo quemado lo perseguía y yo lo sabía. Reflejé la sonrisa de pelo de nube, incluida la resignación en ella, y le eché el brazo sobre los hombros.

    —Voy a fingir que te creo si te hace sentir mejor y sí por favor, ve a la barra a sacarme del aburrimiento o me moriré mientras preparo un trago y no podemos permitir tal cosa. ¿Te imaginas el escándalo? —le dije agitándolo suavemente, empezando a caminar. No estaba molesto con Ko, más bien eran él y Cay quienes debían estar molestos conmigo, pero no entraría en esos detalles ahora mismo. Ni sabía en cuáles entrar y en cuáles no, por ello al final suspiré, me rasqué la nuca con la mano libre y hablé casi en voz baja—. No le lleves mucho el apunte, a Cay quiero decir, al menos en el turno. Ya sabes que es... difícil de amansar. Ahora está muy nervioso y no sabe gestionarlo, menos con el turno de trabajo en medio. Tú debes estar en un bote similar a tu propia manera, porque te conozco. Así que solo sobrevivan este rato y ya luego vemos.
     
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    Gigi Blanche

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    —West Coast, L.A. —respondí, adecuándome a ella, y solté una risa floja—. You know, like the Lana Del Rey song.

    Por lo demás, yo misma había solicitado el servicio, así que permanecí quieta y con la espalda bien erguida, siguiendo el movimiento de sus manos en mi cabello. Le sonreí al aparecerse en mi campo de visión y no me demoré ni un pestañeo en utilizar el móvil de espejo. Ladeé la cabeza, toqueteando apenas los mechones que caían, y mi sonrisa se amplió.

    —Lookin' good! Thank you, peach.

    Me incorporé de un brinco y regresé a mi locker a dejar mis últimas pertenencias. Antes de cerrarlo, sin embargo, me hice con el bálsamo, lo utilicé y se lo mostré a Ilana, meciéndolo suavemente de lado a lado mientras presionaba los labios, desparramándolo bien. Olía a fresa y dejaba un brillo suave, rojizo.

    —Want some? We're pretty, but we can be super pretty!

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    —Prefiero no verte muerto en un charco de alcohol, suena apestoso y poco elegante —respondí a su broma, sin inmutarme por la imagen mental, y lo reflexioné unos segundos—. Supongo que no quiero verte muerto y punto. ¿Quién seguiría invadiendo mi espacio personal, si no?

    Mientras soltábamos las tonterías, noté de soslayo que Shinomiya cerraba su locker y se retiraba de la sala, avanzando con la seguridad y gracilidad que, por desgracia, le caracterizaban. Era algo irritante de ver, si debía ser completamente honesto, pero ¿de qué importaba mi opinión en la materia? El tono de Arata cambió y enfoqué mi atención en él mientras empezábamos a caminar. Me imaginaba lo que diría. El tiempo se había encargado de apaciguar la intensidad de ciertas emociones y el viaje me había brindado perspectiva. Le sonreí, sereno, y asentí.

    —Está bien, Akkun, en cierta forma fui yo quien le pidió esto. Por terrible que suene, no espero nada de él. —Agaché la mirada un instante y la regresé al frente, aproximándonos a la puerta—. Está bien así.

    Salimos al pasillo, donde sólo faltaban las chicas, y regresé a la liviandad de antes.

    —Te queda bien el uniforme —le halagué y me reí, alzando un brazo—. A mí me queda un poco baggy, debo haber perdido peso durante el viaje. ¡Caminé mucho! Y me asé mucho también.
     
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    Zireael

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    —Estábamos en direcciones contrarias —apañé junto a una risa en parte por lo de la canción de Lana del Rey—. That's why we came to know each other in Japan of all places then.

    La verdad era que me gustaba poder jugar con el cabello de las personas, hacerles trenzas, simplemente peinarlos o hacerles mimos. Era un acto de cercanía que me resultaba agradable y por eso cuando ella lo pidió, no lo dudé y sonreí al verla quedar a gusto con mi trabajo.

    —You're welcome —contesté sin perder la sonrisa.

    Se fue a meter las últimas cosas al locker, yo creí haber oído el teléfono vibrar y antes de mirarlo ya tenía a la muchacha ofreciéndome de su bálsamo. Me acerqué de vuelta para aceptarlo, lo utilicé y se lo regresé mientras juntaba los labios para repartirlo de manera uniforme. El olor a fresa me gustó y regresé al casillero, para checarme en el reflejo del teléfono también.

    —We, indeed, are super pretty —acordé muy convencida.

    Desbloqueé el móvil, noté la respuesta de Kakeru y una sonrisa suave me alcanzó el rostro. Me había quejado sin esperar que me contestara ya mismo ni nada, pero aquí lo teníamos.

    Te van a regañar! Qué haces respondiéndome, Fujiwara??? Es chiste, muchas gracias
    Tengo que guardar el teléfono en un locker, anyway
    Después hablamos byebye


    Escribí todo lo rápido que pude, para no demorarnos más, volví con Abigail y la pesqué del brazo para que fuéramos saliendo ya. Ni me molesté en disculparme por las confianzas ni en pensar en ellas.

    —¡Ven a hablarme en la barra cuando puedas! —le dije—. Así no tengo que morirme de ansiedad pensando si estoy sirviendo bien una cerveza.

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    La respuesta a la broma me arrancó una carcajada del pecho porque se asimilaba peligrosamente a la realidad y era, de hecho, el motivo por que Hikkun estaba hasta la polla de mí y de Cayden. Claro que luego derivamos a que prefería no verme muerto y asentí con la cabeza, dándole la razón.

    —Sí, bueno, no es como que yo tenga el título universal de "Invasor del espacio personal de Ko-chan", pero sin duda no me gustaría palmarla, ¿sabes? Así que al menos en eso estamos en la misma línea.

    Como fuese, Shinomiya fue el siguiente en salir con su actitud de que se la sudaba todo en el planeta y me imaginé que nuestro querido intenso, ya afuera, habría preferido dispararse en un pie que verle la jeta, pero no era que le quedaran muchas opciones. No había mucho que hacer en este contexto de mierda y este turno elegido por un tocahuevos de mi calibre.

    Le hablé a Ko, al menos sobre lo que pude hacerle una especie de, ni idea, reflexión y él me contestó con la calma que lo caracterizaba. A veces los entendía a ambos, la verdad. Las emociones de Cay eran abrumadoras, no las soportaba, pero la serenidad de Ko también podía ser complicada... Demasiado de algo siempre se volvía un lío, no importaba la dirección. Y sí, sonaba como la mierda, hermano, decir que no esperas nada sonaba como el culo, de hecho. Puede que la noción no fuese el problema en sí, eran las palabras que elegía, pero no era mi asunto en verdad.

    Lo vi agachar la vista, lo oí y mi duda, sin querer, salió de mi boca cuando tal vez debió ser un simple pensamiento. No fue un reproche hacia él. Era de alguna forma la pregunta que no me atrevía a hacerle a ninguno de los dos cuando me mandaban a hacer una cosa u otra. ¿Qué sentido tenía toda esta mierda? ¿De verdad simplemente haríamos las cosas de esta forma? Uno se borraba, el otro decía que estaba bien, ¿pero acaso era solo yo quien lo percibía tan malditamente antinatural? ¿Me incomodaba de más a mí también?

    —¿Lo está en verdad? —murmuré para nada convencido.

    Al darme cuenta de que lo dije fuera de mi cabeza suspiré, sin quitarle el brazo de encima, y seguimos andando para salir. Afuera solo faltaban Miller y la señorita hija del policía y amiga de los hijos de puta más cuestionables de la comarca. Cosas de mujeres, supuse.

    Cay, incapaz ya de distraerse con el móvil, se abrazaba a sí mismo y noté el vistazo fugaz, pero punzante que nos dedicó. Saltó a la vista que fue un fallonazo del carácter, un mero desliz de impulsos. Y si de flacos hablábamos, al otro también le quedaba algo suelto el uniforme. ¿Yo era el único aquí que no se lo iba a llevar el viento? ¡Había que enseñar a la gente a comer o algo! Se perdían los valores del hogar, maldita sea.

    —Gracias, gracias, te sorprendería lo guapo que me veo de mesero en cualquier lugar. Lo importante no es la ropa, es la percha, ¿sabías? Aunque, hermano, si ya eras flaco, ¿te quieres transparentar? ¡Transparentar y tostar, encima! Tienes que ponerme más al día, mira que irte tantos días a la mierda... —comenté con tono liviano—. Igual te queda bien, digamos que cuadra con las Ko vibes. Aprobado.

    Estaba terminando de hablar cuando percibí la silueta de las muchachas y supuse que, como karma, estaba bien que Rockefeller se muriera del asco con sólo verme. Ni modo. No es que le hubiese dado motivos para quererme tampoco, todo lo contrario. Podíamos ir inaugurando el turno más incómodo en la historia luego del que le habían encajado a Sasha temprano.
     
    Última edición: 16 Octubre 2026 a las 6:20 AM
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    —Lo estará —afirmé, aún si su intervención había sonado a desliz, y supe que también lo decía para convencerme a mí mismo—. No creo poder ser un buen amigo para él, de todos modos. No ahora.

    Salimos de la sala y reactivé el caudal de tonterías, manteniendo mi atención sobre Arata a consciencia. Quizá no fuera lo correcto o quizá no hubiera nada apropiado para hacer en primer lugar. Sólo sabía que él y yo teníamos una capacidad similar para fingir demencia y que, ahora mismo, era lo más útil para sobrevivir la jornada. Acabé riendo en voz baja ante sus acusaciones.

    —Me quedé seco como lengua de gato —respondí sobre el viaje—, y pasé demasiado tiempo en transporte público. La próxima quizá escoja una ciudad con muchos pueblitos cercanos y lleve la bici o alquile un scooter. Pero estuvo genial, aprendí mucho y conocí un montón de personas.

    La ilusión se removió en mi pecho al verbalizarlo y mi sonrisa se acentuó, genuina. Viajando fue, probablemente, donde más me sentí como yo mismo desde la muerte de Chiasa. La serenidad del campo, el vapor de una taza de té, la vorágine urbana y, en medio de todo, las cuerdas de la guitarra.

    Miller y Rockefeller salieron de su sala y escuché a la primera decir que por supuesto iría a visitarla. Recordé súbitamente la reacción previa de Ilana y finalmente reapareció Makoto, quien nos recorrió con la vista y afirmó.




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    Como si lo hubiese calculado a la perfección (o estuviera revisando alguna cámara de seguridad), Makoto ingresó al pasillo por una puerta lateral apenas el grupo terminó de reunirse. Pareció aprobar el aspecto de los pasantes tras una minuciosa observación y posó su mirada sobre Cayden. Medio giró el cuerpo y, ubicando una mano tras su espalda, estiró el otro brazo en la dirección por la cual había venido.

    —Por aquí, Dunn. El resto, regresen al hall. Estaré con ustedes en un momento.

    Esperó a que Cayden empezara a caminar para adecuarse a su ritmo y recorrieron el largo pasillo en silencio, rebasando varias puertas sencillas hasta detenerse frente a una doble, blanca, con cristalería circular. Makoto la abrió con ambas manos y frente a ellos se extendió una gran cocina, pulcra y moderna, que parecía funcionar en armoniosa sincronía. Todos allí portaban uniformes como el de Cayden, exceptuando a la muchacha de cabello oscuro que se veía muy concentrada rebanando un corte de carne. Llevaba el pelo en dos rodetes esponjosos y la ropa, negra, contrastaba con su piel.

    —Shanshan —llamó Makoto, captando la atención de la joven.

    Shanshan se irguió, sonriente, y le cedió la cuchilla al hombre a su lado, quien la aceptó con movimientos precavidos y se inclinó para despedir a quien, aparentemente, era su superiora. Fue donde Makoto y Cayden prácticamente dando brincos, y al detenerse frente a ellos destacó su baja estatura. Era pequeña y menuda, como una niña.

    —¿Hmm? —Arrugó el ceño y ladeó apenas la cabeza—. Xiao Kai, ¿no venían dos muchachos hoy?

    —Así es. Me ocuparé del otro en breve, te encargo a Dunn mientras tanto.

    —¡Claro! —Shanshan se aproximó a Cayden y le sonrió con un balance entre entusiasmo y dulzura—. Xiao Cay, ¿puedo decirte así? Tu nombre me suena muy curioso, como una tierna y deliciosa hoja de kai-lan. Ay, qué antojo. Qué bueno que justo entró un pedido de salteados. ¿Estás listo? Ven conmigo.

    Makoto inclinó el torso de forma ceremoniosa y se retiró de la cocina. Shanshan guió a Cayden hacia el mesón donde había estado trabajando y el ayudante le regresó la cuchilla.

    —Antes de ponerte a trabajar, cuéntame un poco de ti. ¿Te gusta cocinar? ¿Te gusta comer? ¿Cuáles son tus comidas favoritas? —encuestó sin sonar atropellada, analizando la carne antes de reanudar su labor.

    . . .​

    En cuestión de pocos minutos, Makoto emergió del pasillo y se reunió con el resto del grupo a un lado de la barra. Los pasantes pudieron ver que el movimiento dentro del restaurante comenzaba a elevarse pero que, aún así, el ambiente se mantenía sobrio y silencioso. Los comensales lucían atuendos elegantes, algunos incluso extravagantes, y el servicio se deslizaba con fluidez entre las mesas.

    —Comenzarán atendiendo mesas bajo mi estricta supervisión —anunció, entregándole una libreta y bolígrafo a los meseros—. Como imagino que ya estudiaron el menú, sólo tienen que...

    —¿Cuándo se supone que estudiamos el menú? —intervino Kou, con firmeza y tranquilidad, recibiendo de lleno la mirada de Makoto.

    —¿No los recibieron en sus habitaciones esta tarde?

    —No.

    Kohaku y Abigail se mantuvieron al margen, pues ambos habían pasado el día fuera y ni siquiera podían confirmar que una cosa así no se les hubiera pasado por alto.

    —Sin embargo —prosiguió Shinomiya, la sombra de una sonrisa asomando en sus labios—, sí vine al restaurante durante el almuerzo, así que el menú no será un problema.

    —Ya veo. —Makoto se giró hacia los meseros restantes—. ¿Asumo que ustedes están en blanco?

    —Como una hoja de papel, señor —respondió Kohaku.

    La atención del manager permaneció sobre él más tiempo del que era sano para sus nervios. ¿Qué? ¿Por qué lo miraba así? ¿Y por qué no decía nada? Cuando Makoto se distanció, Kohaku exhaló de golpe y Abigail lo codeó con disimulo.

    —Behave yourself, boy —susurró.

    —¿Qué?

    —¡Que te comportes!

    —Pero ¿qué hice?

    —No sé, pero no lo hagas de vuelta.

    —Aquí tienen, en cinco minutos empezamos. —Makoto les extendió un menú a cada uno y luego se giró hacia Arata e Ilana—. Ustedes, síganme.

    Los guió hasta el otro extremo de la barra, por el cual ingresaron a ella. Todo allí se veía caro y lujoso de forma exagerada, como si hubieran escogido adrede los elementos para inundar el bar de un claro estatus. Las luces doradas danzaban entre la cristalería y el contenido de las botellas, y los helechos dispuestos a intervalos regulares parecían haber sido decorados con minuciosas gotitas de agua. Allí los recibió una mujer de frondoso cabello corto, facciones suaves y un atuendo, cuanto menos, particular. Los guantes de crema, las perlas y las rosas blancas combinaban a la perfección en su vestido y en el sombrero eduardiano que reflejaba la calidez de las velas en sus ojos cristalinos.

    —Oh, dear. ¿Qué tengo aquí?

    —Esta es Cotillard-san, la jefa del bar —presentó Makoto; la sonrisa entrecerró los ojos de la mujer, entretenidos en los pasantes—. Responderán directamente a ella, no a mí. Si eso es todo, procederé a retirarme.

    —Eso sería todo~ Gracias, Kai-san.

    Así, Ilana y Arata quedaron a solas con la mujer, quien, tras un tiempo de observación, profirió un leve suspiro y recostó la mejilla en su mano enguantada.

    —Criaturas tan pequeñas, debiendo trabajar aquí y manipular alcohol... ¿Cómo prepararán bebidas deliciosas cuando ni siquiera pueden probarlas? Absurde, c'est absurde. —Meneó la cabeza, profundamente decepcionada, y volvió a suspirar justo antes de renovar su sonrisa—. C'est la vie. Aún no tienen veinte y no me lo dirán, pero ustedes y yo sabemos que probablemente ya hayan saboreado las bondades de este mundillo. Yo no tomo las decisiones ejecutivas y tampoco puedo tener ojos en todas partes, ¿o sí~?

    >>Por cierto, pueden llamarme Lisa si lo prefieren. Ah, esta memoria tan torpe... ¿Cómo son sus nombres?


     
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    Zireael

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    Arata1.png

    La mierda nuclear no tenía que ver conmigo, pero incluso yo, al oírlo decir aquello, sentí algo encajarse en el lugar incorrecto. Pensé en la primera cagada con Sasha, por los teléfonos y el desastre posterior, pensé en las palabras de la famosa carta de la discordia y recordé la cara de Cayden cuando me abrió la puerta. Una parte de mí quiso pensar que lo que ponía en ella, lo que se entendía, no era lo que quería decir Ko... pero aquí estábamos. No me quedó más que reflejar ni pensamientos en voz alta que no lograra silenciar. Pensé que al final se habían hecho daño el uno al otro y quizás ambos lo merecían. Habitaban algo que no reconocían como egoísmo, pero a la hora de la hora lo era, justo como pasaba conmigo.

    Era excesivo y sonaba mal, pero puede que debiera ser así.

    Sencillamente lo dejé pues yo no era quién para cuestionarlo, como no cuestionaba a Cayden de no ser cuando estaba al borde de matarse, que se hiciera el loco y ya. Además eso era lo que importaba, ¿no? Sobrevivir el turno. Por ahora no habría más, pero yo sabía que nada era tan simple como eso. Que esto no se acabaría así nada más. No otra vez. Al escucharlo seguir hablando y mencionar un próximo viaje tuve que tragarme un pensamiento a conciencia.

    —Creo que el scooter estaría más funcional, pedalear como loco al final sería parecido —comenté junto a una risa floja—. Por más cerca que estén los pueblitos entre sí.

    Con la llegada de las chicas el tema murió, yo le quité el brazo de encima a Ko y Makoto se llevó a Cayden. Sólo pensarlo me hacía sentir como un hijo de puta inmenso, pero fue sacarlo del espacio y que la pared de tensión se redujera, pues los restantes al menos podían fingir no estar hasta los huevos de este turno que ni siquiera empezaba. Cuando Makoto volvió, hubo un intercambio algo gracioso por el tema de los menú y como Shinomiya era, ni idea, un pedante de manual tuvo que contestar porque además era un estirado como muchos otros de esta academia de mierda. Ko respondió, al tipo como que no le vino en gracia y yo negué con la cabeza en silencio, como diciéndole que no tenía remedio.

    A Rockefeller y a mí nos llegó el turno entonces, seguimos a Makoto y noté que la rubita mantenía una sana distancia de mi persona. Nos presentaron a la jefa del bar y agradecí que no me tocara con el ser este tan... peculiar que era el manager.

    —Para nada diré que trabajo en un bar ya de forma recurrente y mucho menos que estos labios han probado el alcohol —apañé pasando de las palabras que no entendí.

    —Yo soy Ilana. —Se presentó la hija del Sargento sin hacer ni pizca de caso a mi tontería ni declarar nada de sí misma. En su lugar sonrió con dulzura—. Lisa es un nombre muy bonito, gracias por dejarnos usarlo. Se siente más cercano así.

    ¿Primeros nombres? Me la sudaba completamente.

    —Arata —añadí yo.

    Cay3.png

    Mira que yo sabía que tenía que enfrentarme a esto, pero meternos a todos en el mismo turno era una cosa que parecía hecha con intención. Conforme el día se acortaba los nervios me aplastaban y por eso fui a la playa, donde me encontró Ilana, por eso, sin darme cuenta, había estado murmurando canciones buscando calmarme. ¿Qué debía hacer? ¿Saludarlo? ¿Preguntarle por sus vacaciones? ¿Siquiera podía mirarlo? Quería hablar con él de la puñetera carta, pero no sabía si pedírselo durante las pasantías o esperar a volver a clases. Sin embargo, más allá de eso... Sólo era el mismo imbécil de siempre y quería hablarle porque sí. Porque... porque era un berrinchudo y no quería perder a mi amigo.

    Pero Ko ni siquiera me miraba por accidente.

    Entre la frustración, lo que sabía que sí debía hacer tarde o temprano, lo que no sabía si podía o debía permitirme ahora mismo y Shinomiya atravesado en este turno, la ansiedad y todo el abanico de emociones me estaban comiendo vivo. Encima dejaron al lobo con Ko y me quise pegar contra la barra.

    En los casilleros procuré volverme un NPC directamente, pero fue ahí donde sí que sentí los ojos ajenos encima, pero ya no pude frenarme y salí. ¿Qué se suponía que hiciera de por sí? ¿Regresar? ¿Siquiera quería que retrocediera? No tenía idea.

    Estaba pensando en todo a la vez, como siempre, cuando Makoto me guió a la cocina en silencio. Saberme fuera del espacio compartido con todos los elefantes de la habitación posibles me hizo sentir apenas algo más liviano y respiré distinto. En cuanto llegamos observé el espacio, era moderno, limpio y quien contrastaba era... Espera, ¿por qué estaba de negro y era tan pequeñita? La... joven, I guess? Se acercó dando brincos y se detuvo frente a nosotros, preguntó si no eran dos asignados y yo miré a Makoto de soslayo.

    ¿Habría sido un error? Madre de Dios, encima Lombardi brillaba por su ausencia al igual que Makris, si mandaban a otro aquí tendría que ser... Shinomiya o Kohaku, por descarte, porque no podían dejar a Ilana en la barra sola, ¿cierto?

    Pasé saliva y la aproximación de Shanshan me sobresaltó ligeramente. Hice una reverencia bastante ligera, por respeto, y al erguirme ladeé la cabeza.

    —¿Xiao Cay? Puedes, no me molesta —respondí pasando de su comentario siguiente, la personalidad me recordó a Vero y era el peor momento del mundo para pensar en Vero, así que pateé la noción al fondo de mi cabeza. Esperé a que Makoto se fuera y siguiendo a la chica, cuchicheé al volumen que me lo permitió el espacio—. Aunque también usaste el Xiao con él. ¿Qué significa?

    Eso y que era terrible Cay(Kai)ception de pronto.

    Me llevó al mesón donde estaba cuando llegamos, le devolvieron el cuchillo y yo me mantuve quieto, con tal de no ir a estorbarle a nadie. Creí que me pondrían a trabajar como quien lanza a alguien a una piscina de tiburones, pero Shanshan se puso a entrevistarme y enlacé las manos tras la espalda. Busqué calmarme a conciencia y no fue tan difícil, pues el carácter de ella lo facilitaba.

    —Me gusta comer, bastante. Mis comidas favoritas... Estofados, supongo, aunque sólo los que hace mi madre. —Arrugué un poco la cara—. Y casi cualquier cosa que lleve papas en cualquier presentación. Fritas, al horno, hervidas. Me gustan mucho los postres también, con café y chocolate más que nada.

    Suspiré antes de continuar.

    >>Y me gusta cocinar para mis amigos de vez en cuando. No sé hacer nada muy complicado, creo, pero lo disfruto y lo hago con cariño incluso si tengo que aprender de cero. Así que eso, espero aprender mucho, Shanshan.

    Al decirlo hice otra pequeña reverencia.
     
    Última edición: 17 Octubre 2026 a las 2:25 PM
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    Gigi Blanche

    Gigi Blanche Equipo administrativo Game Master

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    [​IMG]

    —¿Hmm? Hmm... —rumió la chef, tras recibir la pregunta de Cayden mientras caminaban—. Es como decir "pequeño". Pequeño Kai, pequeño Cay... Mira las casualidades. —El sonido de su risa fue agudo, mas no estridente—. Tú puedes decirme Chef Wu, o Shanshan, ¡o Shan laoshi! Ese me gusta, sí, sí. Espero que nos llevemos bien, Xiao Cay.

    La grasa, los tendones, las vetas... Shanshan fue maniobrando la cuchilla en su pequeña mano con fluidez y precisión, como si el implemento pesara lo que una pluma. Una sonrisa relajada permanecía en su rostro a todo momento y de vez en cuando le lanzaba vistazos fugaces a Cayden, demostrándole que lo escuchaba. Su respuesta le arrancó reacciones sutiles aquí y allá, ante la mención de su madre, de las papas y, sobre todo, de los amigos.

    Una vez terminó de filetear la carne, el empleado se llevó las cosas y Shanshan se giró hacia Cayden con las manos alzadas en el aire, pues estaban sucias.

    —Cocinar con el corazón es el primer paso para toda comida deliciosa. El segundo es no estar demasiado resfriado. —Otra risa mientras cruzaba a lavarse al mesón de enfrente—. Asegurémonos de que aprendas mucho para que puedas sorprender a tus amigos, ¿qué dices, Xiao Cay? Este restaurante es un poco fancy, pero no te asustes por la carta de platillos. Cualquier comida, hasta la más complicada, puede descomponerse en partes sencillas. En mi experiencia, lo realmente importante es tener paciencia y respetar los pasos. ¿Listo para arrancar?

    Si Cayden prestaba atención podría notarlo. Dentro de aquella cocina había personas manipulando ingredientes y máquinas que nunca antes había visto, y a su alrededor danzaba una inmensa variedad de aromas. Hacía un poco de calor, pero no se sentía denso o agobiante. Todos se veían a gusto trabajando.

    —La gente apenas va llegando, así que estamos más que nada en fase de preparación. Hay muchas cosas que pueden hacerse de antemano para no morirnos de estrés en las horas pico. A grandes, graaandes rasgos aquí trabajamos sushi, brochetas, tempura, y otras cosas más raras y difíciles de categorizar. ¡Ah, y postres! ¿De qué te gustaría aprender hoy?


    [​IMG]

    —¿Tienes experiencia detrás de la barra, muchacho? —indagó Lisa, levemente sorprendida, y sus facciones se suavizaron al recibir los nombres de los pasantes—. Ilana y Arata, qué agradable cadencia. Muy bien...

    Su sonrisa se amplió con un dejo de diversión y la falda danzó a su alrededor conforme alineaba algunos materiales sobre la barra: una coctelera, una copa champagne, una botella de ginebra y variados licores y jugos más pequeños. Sus movimientos eran orgánicos y precisos, detallistas.

    —Tengo dos simples reglas en mi bar: orden e ingenio. No creo que todos los procesos creativos deban ser caóticos para destacar. Los tragos que verán en la carta son mayormente de mi invención, y como tales, permanezco atorada en el insaciable y terco camino de la perfección. —Miró de soslayo a los pasantes—. Toda opinión es bienvenida, jóvenes.

    Entonces, se enfocó en Arata. Habiendo girado el cuerpo hacia ellos, su mano enguantada se deslizó por el borde de la barra conforme presentaba los ingredientes.

    —Ginebra, licor de durazno, jugo de limón, almíbar y aceite de trufa negra. Utiliza tu ingenio y prepárame un delicioso trago con esto, mon gars.


    Lisa está poniendo a prueba la experiencia de Arata como bartender. Lanzame 2d20 + 4 cuando prepares el trago, el umbral es 15. Los +4 son de su stat de memoria, btw
     
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    Zireael

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    Cay3.png

    Había tenido una leve sospecha del significado, pero como lo había usado en el manager lo puse en duda hasta que ella contestó mi pregunta y arqueé un poco las cejas. ¿Era menor que ella, quizás? ¿Pero qué edad tenía esta criatura? Estaba muy confundido de pronto, pero al menos el sentimiento me sirvió de distracción. También me dio algo de vergüenza, pero el resto de sensaciones corporales asociadas a la ansiedad y lo demás siquiera le dieron tiempo a la emoción de alcanzarme el cuerpo. Ella me indicó cómo podía llamarla y me permití asentir con la cabeza a ambas cosas, pues también dijo que esperaba que nos lleváramos bien.

    Mientras yo hablaba ella siguió con su trabajo, era fluido y preciso y pensé en Arata por rebote. A mí la motora fina me funcionaba bastante bien, si se me permitía decirlo, pero era diferente manejar el filo de algo de esta forma. Al terminar, Shanshan me contestó e hice un sonido afirmativo en voz baja. Había tenido casi un mes para procesar algunas cosas, así que los comentarios de las personas ya no se proyectaban de maneras tan extrañas como al principio ni como lo habían hecho antes de que todo se fuera a la mierda. El comentario del resfrío me sacó una risa que me alivianó el cuerpo.

    —Hasta donde sé estoy sano —apañé y la vi lavarse las manos mientras me decía que aprendería mucho para sorprender a mis amigos. No que me quedaran un montón que sorprender, pero podría cocinarle algo diferente a mi familia, tan siquiera, y a algunos de los demás—. Me parece bien. Estoy listo, creo.

    Le presté algo más de atención al espacio, ya habiéndome regulado más, y vi un montón de cosas que no reconocía ni por asomo y me sentí genuinamente intimidado a pesar de las palabras de Shanshan. Olía a tantas cosas que reconocer una sola era un poco complicado, además, y el calor se notaba a pesar de no ser asfixiante como tal. En sí lo que me llamó la atención fue ver que la gente se veía... cómoda trabajando. Oye, muy bien por ahí que esto no fuese Hell's Kitchen.

    Volví los ojos a ella al oírla hablar de nuevo y pensé que lo de los grandes rasgos era una generalización muy extrema de las preparaciones del restaurante, pero entendía que ella estaba haciendo todo más simple a mis ojos para que no fuese a entrar en pánico. ¿Quién le decía a la pobre yo entraba en pánico por la menor cosa? En fin. Me lo pensé unos segundos, traje las manos de regreso al frente y tomé una decisión.

    —Sushi, Shanshan laoshi —contesté recordando cómo me dijo que le gustaba ser llamada específicamente—, se me olvidó sumarlo a las cosas que me gusta comer, así que estaría bien aprender al respecto.

    Ilana2.png

    En el momento en que me tocó separarme de Abigail para irme con Arata toda la energía se me desvaneció del cuerpo, fue como pegarle a un interruptor, y aunque los mensajes de Kakeru me habían calmado de forma nuclear, la molestia no era algo que pudiese simplemente borrar del todo. Le hablé a Lisa como le hablaba a todo el mundo y no me molesté en mirar o hablarle a Shimizu.

    —Hago tres meses en unos días —contestó el rubio sobre la experiencia y los gestos se le torcieron en una sonrisa—. Si visitas Akasaka quizás acabes encontrándome por ahí, quién sabe.

    ¿Tres meses? Mayo. No era que tuviese la información suficiente, jamás habría encadenado un evento detrás de otro. El golpe de Cayden, la acción de la mayor de las Minami y otros eventos más grandes de los que tenía absoluto desconocimiento. La temporalidad simplemente me llamó la atención, guardé la información y me desentendí.

    Seguí los movimientos de Lisa, cómo la falda giraba a su alrededor y ella disponía de algunas cosas con naturalidad, como quien está habituado a aquel espacio. Yo me sentía algo... ajena todavía, una buena parte venía del uniforme, suponía, la otra de la presencia de Arata y la restante de lo fancy del espacio. Como fuese, ella se había enfocado en Arata y supuse que ambos nos dimos cuenta a la vez de que quería probarlo. Si para ella el orden y el ingenio eran importantes... No había orden en Shimizu. Lo pensé al poder ver la tinta en sus brazos, pues el uniforme por nada del mundo iría a cubrirlo. Cada centímetro de piel en sus brazos estaba lleno y en el dorso de la mano derecha resaltaba el pájaro grisáceo.

    —No creí que me hicieran un examen apenas iniciar —bromeó él y murmuró un "Permiso" bastante quedo antes de ponerse a revisar los ingredientes dispuestos, uno a uno. Se detuvo en el aceite de trufa—. Lindo plot twist para el cóctel que conocía.

    Si estaba nervioso de alguna manera, no lo dejó ver, y en su lugar comenzó a disponer del espacio con fluidez. Tomó una copa, la llenó de hielo y la dejó esperando mientras preparaba lo demás. Creí notar que a la coctelera metía partes iguales de ginebra y licor de durazno, luego de sopesarlo un poco, y después puso una medida más pequeña de limón y otra de almíbar. Estaba, ¿quería darle algo más de importancia al durazno que al resto? La ginebra era un licor pesado, hasta dónde recordaba.

    Le puso hielo a la coctelera, agitó todo por una cantidad de tiempo que a mí me pareció sacada del corazón y luego de sacar el hielo de la copa que había preparado antes, vertió la mezcla allí. Le quedaba el aceite y antes de hacer nada, se tomó la libertad de olerlo y probar una gota en una cuchara pequeña. Se encogió de hombros, buscó otra limpia y la usó para ponerlo encima. Cuando dejó el aceite a un lado, lo tomé y lo olí también. Aromático, era más eso que el sabor seguramente. Lo dejé donde lo había puesto Lisa inicialmente.

    Arata escarbó entre las cosas disponibles y, para terminar, decoró la copa de nuevo como le salió del alma, supuse. Le colocó unas hojitas de lo que asumí era menta o hierbabuena. Así, con la confianza que no sabía si era real o fingida, deslizó el trago hacia la encargada.

    —Será usted quien juzgue, Lisa —le dijo.

    alv
     
    Zireael ha tirado dados de 20 caras para Arata (+4) Total: 21 $dice $dice
    Última edición: 19 Octubre 2026 a las 1:35 PM
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