Instalaciones Restaurante KOMA

Tema en 'Sakura Inn' iniciado por Gigi Blanche, 3 Marzo 2026.

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    Gigi Blanche

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    Kohaku accedió a la propuesta de Ilana y, mientras el pequeño grupo seguía parloteando de cualquier tontería, Makoto se materializó en silencio en la zona. El primero en notarlo fue Cayden, pues se pronunció a su lado, y sus ojos violáceos lo repasaron sutilmente antes de empezar a caminar, captando la atención del resto. Se detuvo en un punto intermedio, juntó las manos tras la espalda y fue recorriendo al grupo mientras una música ambiental reptaba desde los parlantes. Suspiró apenas.

    —Iniciaremos de todas formas, acérquense —indicó, en tono neutro—. Como bien saben, nos estarán ayudando esta noche. Serán repartidos en tres puestos diferentes: Shinomiya, Miller e Ishikawa serán meseros. Dunn, ayudarás en la cocina. Shimizu y Rockefeller, trabajarán en la barra.

    Su mirada se posó inequívocamente en cada pasante nombrado y, de la misma forma, excluyó a quienes no se encontraban allí.

    —Lo primero que necesito es que se cambien. —Estiró el brazo hacia su derecha, de forma grácil y despreocupada—. Al cruzar aquella puerta verán dos salas, para hombres y mujeres. Ya hay lockers a su nombre. Dispongan de los uniformes allí guardados y, de la misma forma, dejen sus pertenencias personales. Teléfonos móviles y relojes inteligentes están terminantemente prohibidos en horario laboral. —Miró a Abigail e Ilana—. También necesitaré que se aten el cabello. Cuando hayan finalizado, simplemente salgan al pasillo y espérenme allí.

    Sin mayores dilaciones, Makoto giró sobre sus talones y se alejó en otra dirección. Abigail, quien se había mantenido cerca de Ilana, enganchó su brazo al de la muchacha y comenzó a llevársela mientras expresaba su deseo de que los uniformes fuesen lindos. Kou las siguió de cerca, y unos segundos después Kohaku empezó a caminar.

    Tanto el pasillo como las salas se encontraban vacías. Acorde a las instrucciones de Makoto, una tarjeta había sido impresa con el nombre del estudiante en cada locker, en orden alfabético según sus apellidos. También descansaba la llave en la pequeña cerradura. Los uniformes de las chicas eran iguales; en cuanto a los muchachos, sólo el de Cayden difería del resto.


    Dejo espacio por si llegaras a querer rolear algo en los cuartos de cambio de ropa, caso contrario puedes poner que salen a esperar a Makoto y ya ta

    Este es el uniforme de meseros y bartender, y este el uniforme de ayudantes de cocina
     
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    Zireael

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    Había seguido parloteando con Kohaku y Abigail mientras tanto, luego de que él accediera a lo que propuse y sólo guardé silencio cuando Makoto apareció. Fue un poco fantasmagórico, había que decirlo, pero ello no quitaba que había que respetar a la persona a cargo. Presté atención y el estómago me cayó a los pies al oír que me tocaba con Shimizu en la barra y mi sonrisa, sin que lo notara, desapareció. Me acomodé mejor el cabello y procuré no dar muchas señales de tensión o eso intenté. Era… Este chico ya ni siquiera se detenía a mirarme, se notaba que intentaba no aterrorizarme más, pero mi cuerpo actuaba solo. Lo hacía y yo no quería estar con él.

    Cuando tuvimos todas las instrucciones, Abigail se enganchó a mi brazo y me llevó con ella, apenas la sentí volví el rostro para buscar a Kohaku con la vista y lo despedí con un movimiento de mano, como si no fuese a verlo de nuevo pronto de por sí. No me molestó ser llevada por la chica, sólo me pescó un poco con la mente en otro lado.

    —Bye-bye, sensei! —Mi atención regresó a Miller—. Espero que lo sean, ¿qué haremos si no?

    Fue casi una lamentación y cuando estuvimos en la sala correspondiente, me solté con cuidado de ella para ir a mi locker. Vi que los uniformes eran negros sólidos y pensé que semejante contraste me haría ver un poco como un fantasma, pero ni modo. Dejé mis cosas y trastabillé un instante cuando estaba dejando el teléfono porque volví a recordar a Shimizu. Al final desbloqueé el aparato y busqué el chat con Kakeru, ¿por qué? Seguridad. La noción me llegó con tal claridad que fue vergonzoso.

    Holi
    Soy tremenda salada y me tocó con Shimizu en el turno, digo, a los dos nos pusieron en la barra
    Me lo tengo que tragar
    No pasa nada! Simplemente quería quejarme, me sentía un poco mal
    Suerte en el bar ♥


    Después de enviar todo, m quedé mirando el contacto como idiota unos segundos, al final suspiré y zambullí el móvil en locker y empecé a ponerme el uniforme. No, espera, ¿era bonito o no? Mi opinión no estaba muy establecida al respecto y estiré algunas arrugas que le quedaron al ponérmelo.

    —No sé muy bien qué opinar… —dije en voz baja y me giré hacia Abigail estirando los brazos un poco a lo T-posing—. ¿Tú qué dices? ¿Te gusta? Yo no suelo usar tanto negro, se siente raro.

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    Vaya turnito hecho con el culo, ¿no? Que Rockefeller, que Cayden y Kohaku y encima tirando a Shinomiya, para que la porquería terminara de amarrarse. La que quedaba suelta era Miller y... ¿Y no se suponía que había más nombres escritos en el turno? ¿Por qué coño solo estábamos los meados y Miller? En fin.

    Parecía estar a mi bola, pero me comí el show con papitas desde mi posición. Cayden llegando con Rockefeller, porque ni Dios sabía qué pasaba con estas criaturas, Miller, Ko y Shinomiya... ¿Le había cerrado la puerta en el hocico? Los vistazos que casi parecían imaginarios, pero noté la tensión inmensa que le cayó encima a la mariposa en cuanto el castaño de Shibuya apareció. Lo habría pasado por alto de no conocerlo como lo hacía. Se había apretado contra la barra, la madera debía lastimarle la espalda, y había sumergido la atención en el teléfono, pero su pierna, incluso de pie, traqueteaba.

    Había algo con el lobo este y ahora era tan ruidoso que era ridículo que no lo hubiese notado antes. Mantuve la atención en Cay, me quedé mirándolo por el rabillo del ojo todo el rato y de vez en cuando miraba un instante a las dos chicas con Ko. Joder, hermano, ¿y el elefante en la habitación? Bien, gracias.

    Aquella… persona se manifestó de pronto, junto a Cay específicamente, frenando todos sus tics nerviosos y forzándolo, por decencia, a guardar el teléfono que hasta entonces había tenido en la mano con tal de no lidiar con el espacio. Anunció la repartija y el alma un poco me bailó en el cuerpo, supuse que a Cayden también. Hubo algo parecido al alivio por saber que al menos estaría en otro espacio y algo en él, al mismo tiempo, parecía increíblemente frustrado. Shinomiya, ¿verdad? Habría preferido soportarlo él así fuese un turno de doce horas que dejarlo respirar el mismo aire que Ko. Esta criatura no tenía remedio.

    Pero lo entendía.

    Esa era una cosa, la otra me interpelaba a mí. La sonrisa de Rockefeller había desaparecido en cuanto oyó que le tocaba conmigo, aunque no dijo nada hacia su repentino grupito. En silencio, tensa, se hizo con la larga trenza a su espalda y la giró sobre sí misma, formando una especie de moño con ella cerca de su nuca. La indicación fue para las mujeres, pero vi a mi pelirrojo de turno acatarla también hasta donde le fue posible, domando aquella melena de un largo bastante incómodo para poder hacer algo en específico. Seguro le encajarían una redecilla, pero eso sin duda facilitaría la tarea de meter aquel nido de pájaros en ella.

    Miller se llevó a la rubia enganchada de un brazo, que se despidió de Ko con un movimiento de mano algo atropellado, y yo esperé por los monos de mi circo en vista de que Shinomiya había ido tras las damas. Ko caminó primero apenas con unos segundos de diferencia, yo lo seguí y escuché el rumor de los pasos de Cay detrás de nosotros.

    Seguí las instrucciones, dejé mis mierdas en el casillero con mi nombre y saqué el uniforme para colocármelo. Cerré el locker, me guardé la llavecilla y antes de pararme a ver qué pasaba en esta sala, dirigí los pasos a Kohaku.

    —Lástima que no te pusieron conmigo en la barra, no te habrías aburrido ni un segundo —le dije como si estuviese orgulloso de mi capacidad de no cerrar la boca—. Y me habrías puesto al día de tus vacaciones, pero ya qué. ¿Listo, Ko-chan?

    Otra puerta de casillero se cerró, se notó que intentó no hacer ruido, y Cay vestido de blanco se retiró de la sala todavía tratando de meter un último rizo rebelde detrás de su oreja. ¿Qué si fingí no darme cuenta en lo absoluto? La verdad que sí. No era el momento ni el lugar para nada de esto.
     
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    Gigi Blanche

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    Cuando el encargado del restaurante repartió las tareas y directivas, no tardé en engancharme del brazo de Ilana y empezar a caminar, siendo que éramos las únicas chicas ahí. Kohaku correspondió su saludo agitando la mano apenas y con una sonrisa que le cerró brevemente los ojos. Al conectar con mi mirada, le hice un saludo militar y él asintió, entretenido. En menos de un parpadeo ya estaba fantaseando con los uniformes.

    Solté a Ilana al ingresar a la sala y mi ilusión se evaporó al abrir el locker. Era... negro. Completamente negro. Rezongué, chasqueé la lengua mientras lo analizaba y al final me encogí de hombros, comenzando a desvestirme. Al menos habían sido bastante meticulosos con la talla. Espera, ¿de dónde habían sacado nuestras medidas? ¿La escuela?

    —Girl, I'm allergic to black —me quejé, riéndome, y coloqué los brazos en jarra al enfrentar a Ilana—. Whatever, we'll pull it off. We're pretty enough, right~? Oh! —Di un leve brinco y junté las manos frente a mi pecho—. ¿Me ayudarías con el cabello? Anythin' close to a messy bun will do. By the way, you American?


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    Con la aparición de Makoto me permití tomar aire de forma disimulada y, aún sin pretenderlo, recuperé la consciencia del espacio que me había esforzado en apagar. Cayden y Shinomiya se habían mantenido pegados a sus móviles, cada uno en su respectiva esquina, mientras nosotros charlábamos y Arata simplemente observaba. La tensión de Cay era más evidente que la del lobo, quien, a decir verdad, no lucía extenuado en absoluto. Sólo aburrido. Siempre lo había creído propio de su naturaleza pero ahora, luego del incidente con Rei, luego de las confesiones que no debería haber oído, me preguntaba si lo suyo no era, también, una mera fachada. Una máscara meticulosa y obsesivamente tallada.

    Ser mesero con él y Miller no me generó nada específico y compartí una breve sonrisa con la chica. Cayden iría a la cocina y Arata estaría en la barra, con Ilana. La tensión subyacente palpitaba en el ambiente con la constancia necesaria para confundir mis sentidos, pero aún así creí notar una ligera disonancia de la muchacha a mi lado. La sonrisa que se evaporó por el rabillo de mi ojo y sus manos que acataron la orden al instante, aún si su cabello ya estaba trenzado y no exigía atención. No la miré directamente, no quise hacerlo, y en su lugar recorrí el espacio con disimulo. ¿Habría deseado trabajar con Cayden, quizá? ¿Le molestaba ocuparse de la barra? ¿Se relacionaba con Arata? No tenía idea.

    Abby se la llevó como si nada, con su energía usual, y por un instante envidié su ignorancia. Habiendo despedido a las chicas me permití respirar hondo y liberar el aire lentamente, relajando mis facciones en un semblante neutro. Shinomiya inauguró la marcha de los hombres y esperé un poco para seguir sus pasos, marcando la sana distancia que pretendía conservar. Detrás mío oí a Arata y Cayden hacer algo similar. Era desde trágico hasta gracioso, parecíamos soldados entrenados.

    Enfoqué mi vista y toda la atención que pude administrar en el locker y el uniforme, aunque cada sonido me alcanzaba amplificado. Los pensamientos se atropellaban uno detrás de otro mientras me vestía con tanta calma. ¿Debía hacer algo? ¿Hablarle? ¿Saludarlo, aunque sea? ¿Soltar una broma tonta? ¿Él querría saber algo de mí, para empezar? No pretendía... No quería volver a perturbarlo. Llevábamos un mes entero sin saber del otro, quizá... ¿quizá tenía que dejarlo así?

    Arata se acercó a mí desde el otro lado, arrancándome de la espiral nerviosa. Me habló como si nada y yo le sonreí como si nada, sintiendo un tipo diferente de alivio. "Al menos él no está enfadado conmigo". El pensamiento fue espontáneo, casi intrusivo.

    —Le pido tan poco a la vida y ni eso me concede... —me lamenté, sin perder la sonrisa—. Puedo ir a la barra a distraerte entre mesa y mesa. Algo es algo, ¿no?

    También estaría Ilana y me permitiría rellenar los tiempos muertos con algo que no fuera Shinomiya, así que no sonaba a un mal plan. Estaba por responderle que sí, todo listo, cuando oí el casillero tras mi espalda y giré el cuello, viendo que Cayden ya se estaba retirando de la sala. No junté el coraje necesario para detenerlo y me limité a verlo marcharse. Sabía que acababa de exponerme frente a Arata, quien de por sí había asumido que estaba al tanto de lo ocurrido. Regresé los ojos a él y sonreí con cierta resignación. Suponía que eso sería todo.

    —Nací listo, Akkun, ¿no lo sabías?

     
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    Zireael

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    La queja de la muchacha me sacó un risa directo del pecho y relajé la postura, asintiendo con la cabeza. ¿Éramos lo bastante lindas? ¡No, hasta más que suficiente! Nos veríamos bien en un saco de patatas, ¿a qué sí? Preferí pensar en eso que en lo pálida que debía lucir.

    Su brinco, aunque leve, me sobresaltó ligeramente y sonreí ante su pedido, algo enternecida. Asentí con la cabeza y la rodeé para quedar a su espalda. Me hice con su cabello, formé una trenza bastante floja con lentitud y la inflé un poco, mientras tanto fui hablando.

    —I am, East Coast. From Pennsylvania —contesté y repetí lo que había hecho con mi trenza, pero que al haber dejado la suya floja pude colocarla más arriba. Sostuve el moño con una mano y usé otra de las ligas que tenía en la muñeca para asegurarlo—. ¿Y tú?

    Saqué algunos mechones de cabello para que la idea del messy bun no se perdiera y el resultado, de alguna forma, me dio Abigail vibes. No lucía formal ni nada, pero tenía bastante movimiento y no se veía aburrido. Volví frente a ella y me tomé el atrevimiento de acomodarle algunas hebras del fleco antes de retrocecer.

    —I guess it's done. I did my best!

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    Daba bastante pena verlo, si debía ser honesto, intentaba no pensarlo de más y había sido así todas las vacaciones e incluso antes, pero era penoso sin duda. No guardaba un solo recuerdo en la mente donde estos dos hubieran coincidido en el mismo espacio físico sin intercambiar palabra y ahora estábamos aquí, donde obviamente los dos se veían y fingían no hacerlo y seguramente estuvieran atorados en una espiral bastante similar.

    Creía incapaz a Cay de molestarse al punto de dejar de hablarle por toda la eternidad, ya no por el embrollo nuclear, era simplemente porque antes que nada más Ko era y, para bien o para mal, siempre sería su amigo y su persona favorita en el mundo. Habría dosciendos hijos de puta en el planeta y Ko siempre sería Ko. Nada ni nadie podía sustituirlo ni borrarlo.

    ¿Estaba dolido? Claro, ¿pero lo había echado de menos en todo este mes? También. Se le notaba en la cara. Lo veía, también, en la manera silenciosa en que trataba de seguir el consejo que se le había dado y cómo guardaba incluso aquella carta que a veces no parecía poder comprender del todo y que lo hacía sentir cosas contradictorias posiblemente. Cay no iría a remediarse de un mes al otro, su miedo y sus errores no podían borrarse, pero lo veía intentarlo aunque retrocediera con frecuencia. Era un inmenso trabajo en proceso, pues era imperfecto e inmaduro como todos.

    Y ahora, ¿ahora? Bueno, un poco lo de toda la vida. Tenía a los dos aquí y yo estaba en medio. Uno lucía calmado, el otro era más bien un saco de nervios y ninguno se atrevió a acercarse al otro. Yo opté por hacerme el tonto más grande del planeta, al menos fue así hasta que Kohaku oyó el casillero del otro y giró la cabeza, viéndolo irse sin lograr hacer nada más que quedarse tieso y como el Evitavito 3000 en remisión tenía un máster en huir, tampoco fue que se frenara, estaba intentando con todas sus fuerzas ser un fantasma y… no incordiar a Ko, suponía. La idea de haberlo quemado lo perseguía y yo lo sabía. Reflejé la sonrisa de pelo de nube, incluida la resignación en ella, y le eché el brazo sobre los hombros.

    —Voy a fingir que te creo si te hace sentir mejor y sí por favor, ve a la barra a sacarme del aburrimiento o me moriré mientras preparo un trago y no podemos permitir tal cosa. ¿Te imaginas el escándalo? —le dije agitándolo suavemente, empezando a caminar. No estaba molesto con Ko, más bien eran él y Cay quienes debían estar molestos conmigo, pero no entraría en esos detalles ahora mismo. Ni sabía en cuáles entrar y en cuáles no, por ello al final suspiré, me rasqué la nuca con la mano libre y hablé casi en voz baja—. No le lleves mucho el apunte, a Cay quiero decir, al menos en el turno. Ya sabes que es... difícil de amansar. Ahora está muy nervioso y no sabe gestionarlo, menos con el turno de trabajo en medio. Tú debes estar en un bote similar a tu propia manera, porque te conozco. Así que solo sobrevivan este rato y ya luego vemos.
     
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    —West Coast, L.A. —respondí, adecuándome a ella, y solté una risa floja—. You know, like the Lana Del Rey song.

    Por lo demás, yo misma había solicitado el servicio, así que permanecí quieta y con la espalda bien erguida, siguiendo el movimiento de sus manos en mi cabello. Le sonreí al aparecerse en mi campo de visión y no me demoré ni un pestañeo en utilizar el móvil de espejo. Ladeé la cabeza, toqueteando apenas los mechones que caían, y mi sonrisa se amplió.

    —Lookin' good! Thank you, peach.

    Me incorporé de un brinco y regresé a mi locker a dejar mis últimas pertenencias. Antes de cerrarlo, sin embargo, me hice con el bálsamo, lo utilicé y se lo mostré a Ilana, meciéndolo suavemente de lado a lado mientras presionaba los labios, desparramándolo bien. Olía a fresa y dejaba un brillo suave, rojizo.

    —Want some? We're pretty, but we can be super pretty!

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    —Prefiero no verte muerto en un charco de alcohol, suena apestoso y poco elegante —respondí a su broma, sin inmutarme por la imagen mental, y lo reflexioné unos segundos—. Supongo que no quiero verte muerto y punto. ¿Quién seguiría invadiendo mi espacio personal, si no?

    Mientras soltábamos las tonterías, noté de soslayo que Shinomiya cerraba su locker y se retiraba de la sala, avanzando con la seguridad y gracilidad que, por desgracia, le caracterizaban. Era algo irritante de ver, si debía ser completamente honesto, pero ¿de qué importaba mi opinión en la materia? El tono de Arata cambió y enfoqué mi atención en él mientras empezábamos a caminar. Me imaginaba lo que diría. El tiempo se había encargado de apaciguar la intensidad de ciertas emociones y el viaje me había brindado perspectiva. Le sonreí, sereno, y asentí.

    —Está bien, Akkun, en cierta forma fui yo quien le pidió esto. Por terrible que suene, no espero nada de él. —Agaché la mirada un instante y la regresé al frente, aproximándonos a la puerta—. Está bien así.

    Salimos al pasillo, donde sólo faltaban las chicas, y regresé a la liviandad de antes.

    —Te queda bien el uniforme —le halagué y me reí, alzando un brazo—. A mí me queda un poco baggy, debo haber perdido peso durante el viaje. ¡Caminé mucho! Y me asé mucho también.
     
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