El Tercer Golpe Los golpes en la puerta, a esa hora, solo podían ser de algún alumno haciendo una broma, al menos, eso pensó Albus. Eran las tres de la madrugada, el dormitorio de Slytherin permanecía en silencio, con sus compañeros dormidos, tan solo iluminado apenas por una pequeña vela en el tocador de Scorpius, quien, sentado en su cama, había dejado de leer. Ambos miraron la puerta. Tres golpes, lentos, espaciados. —¿Esperas a alguien? —susurró Scorpius, con una ceja levantada. Albus le miro como si fuese estúpido ¿A quien estaría esperando a esa hora? negó con la cabeza. Entonces, una voz habló al otro lado. —Albus, déjame entrar. Era la voz de Scorpius. El verdadero Scorpius estaba sentado frente a él, pálido, con los labios entreabiertos. Ninguno se atrevió a moverse. —No abras —murmuró. La voz volvió a hablar, esta vez con un tono lastimero. —Por favor, Al. Hace frío aquí afuera. Albus sintió que el estómago se le revolvía; aquella era exactamente la forma en que Scorpius lo llamaba cuando estaban solos. Nadie más lo sabía, nadie más fuera de su familia le decía así. Se levantó, sacó su varita y apuntó hacia la puerta. —¿Quién eres? Del otro lado hubo una risita, exactamente la misma de Scorpius, sarcástica y burlona. —¿Ya no me reconoces? La manija comenzó a girar. Scorpius lanzó un hechizo de bloqueo, sus pocos compañeros de habitación se movieron y uno que otro se despertó. La puerta se sacudió violentamente, como si algo enorme estuviera golpeándola desde el otro lado. Después, todo quedó en silencio. Albus no pudo dormir aquella noche. A la mañana siguiente, preguntó al resto de los estudiantes si habían oído algo, pero nadie sabía de qué hablaba, incluso sus compañeros de cuarto le afirmaron verlo bloquear la puerta con Scorpius, pero el único ruido, habían sido ellos contra la puerta. Tampoco nadie vio algo en los pasillos. —Anoche soñé algo — le confesó Scorpius mientras caminaban hacia el Gran Comedor—. Soñé que abrías la puerta. Albus se detuvo. —No lo hice. —Lo sé. Scorpius lo miró con los ojos llenos de terror. —Pero, cuando la habrías, lo que estaba afuera tenía tu cara. Un golpe resonó detrás de ellos. Ambos giraron al mismo tiempo. Al final del corredor, junto a una ventana, había un muchacho idéntico a Albus. Llevaba el uniforme arrugado y tenía la cabeza inclinada hacia un lado; les sonrió. Y, aunque estaban demasiado lejos para escucharlo, Albus supo exactamente qué dijo cuando movió los labios. “Esta noche, abre la puerta.” Scorpius le apretó la mano y, desde algún lugar, en aquel pasillo, tres golpes sonaron.
Primero de nada quiero darte las gracias por participar en la actividad, me hace muy feliz. Respecto al relato, me he quedado un rato pensando de qué se podría tratar, supongo que algún tipo de espectro que toma la forma de otras personas. En un primer momento, la verdad, pensé que cuando estaban en el dormitorio, de alguna forma se iba a dar cuenta que el Scorpius que estaba con él no era el real y se iba a enterar de alguna forma fantasmagórica, pero... de alguna forma, ¿me alegro que no sea así? Creo. En cualquier caso, me ha dejado pensando y con una sensación así de no digamos miedo, pero sí inquietud. Me ha gustado mucho tu relato corto. Sigue escribiendo. ¡Un saludo!