Terror Colmillos

Tema en 'Relatos' iniciado por Allister, 12 Octubre 2026 a las 1:07 PM.

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    Allister

    Allister Caballero del árbol sonriente

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    173
    Pluma de

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    Escritor
    Título:
    Colmillos
    Clasificación:
    Para todas las edades
    Género:
    Horror
    Total de capítulos:
    1
     
    Palabras:
    497
    Las calabazas talladas adornaban los porches otoñales de Riders' Trail. Algunos vecinos más osados habían colgado en sus patios esqueletos bastante realistas y telas de araña que le daban al barrio el aspecto de un tugurio embrujado.

    Las casitas de madera que habían sobrevivido durante décadas desde la época colonial, y que habían visto perecer a un puñado de brujas colgadas de sendos cedros, vigilaban la cuadra donde, en un par de horas, desfilarían diablos, princesas y vampiros en busca de dulces.

    Estaba oscureciendo cuando Denzel salió de casa y se sentó en la acera. Era un niño regordete, de cabello pajizo. A veces se sentía rudo luciendo aquellos pantaloncillos de mezclilla y la playera de Iron Maiden, en la que Eddie cargaba con furia la bandera del Reino Unido mientras avanzaba amenazante.

    Miró con lánguido pesar la desolada calle y suspiró con desánimo. Entre las manos sostenía una máscara de hombre lobo. Era de goma y colgaba de sus dedos como un rostro derretido.

    —Solo quisiera un disfraz de verdad —dijo, lo suficientemente alto como para que el viento se llevara sus palabras.

    David, el matón de la secundaria, tenía un espléndido traje de Drácula, con capa y una prótesis de colmillos demasiado realistas, cortesía de su padre, el dentista del pueblo.

    Denzel lo envidiaba. Con aquel artilugio, David parecía un vampiro auténtico.

    —Si tan solo tuviera unos colmillos como aquellos —murmuró, aún más molesto—, sería el hombre lobo perfecto.

    Esta vez, el viento formó un pequeño remolino de hojas y tierra que se desplazó silenciosamente por la calle. Denzel lo siguió con la vista y entonces lo vio: era un hombre alto y flaco, blanco como los esqueletos del jardín de los Johnson y de cabello largo y oscuro como una noche sin luna.

    Denzel sintió un escalofrío recorrerle el cuerpo. El hombre avanzaba lento y, a la vez, veloz, como si no hubiera nada de humano en su andar. De pronto, estuvo frente a él.

    El cielo amoratado de la noche advenediza se extendía tras su melena oscura, mientras las estrellas y la luna llena comenzaban a dibujarse con una velocidad extraña.

    —Esto puede ayudar —exclamó el hombre alto, extendiendo su mano de cadáver hacia Denzel.

    El chico, sin saber por qué, extendió la suya a su vez.

    El hombre depositó en sus manos una dentadura amarillenta, repleta de dientes afilados.

    —Una auténtica dentadura de hombre lobo —dijo.

    Luego se retiró calle abajo, desvaneciéndose en el viento tal como había llegado.

    Denzel se sentía sumido en un letargo carente de lógica. Contempló la asquerosa dentadura y, sin pensarlo, se la incrustó sobre sus dientes humanos.

    No se sintió diferente. Un aguijonazo de decepción lo invadió.

    Intentó retirarse la dentadura de inmediato, pero descubrió con horror que estaba pegada a sus encías y a su paladar.

    Alzó la vista.

    La luz de la luna lo recibió de lleno.

    Denzel sudó frío al ver cómo el vello de su cuerpo comenzaba a crecer de manera alarmante.
     

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