Sasha detuvo brevemente sus tareas al ver a Katherin regresar con una de las cervezas. El pedido del agua aclaró su panorama y sonrió con cierta simpatía, recogiendo la pinta con una mano. Ella también había trabajado de mesera bastante tiempo y comprendía perfectamente esta clase de despistes. —Todo lo embotellado lo toman ustedes de allá, o al menos eso le oí a Sienna decirle a Altan —le indicó a Manson, señalando la nevera a un costado de la barra—. Suerte, cariño. Esos dos parecen algo difíciles. Así, Katherin volvió a la mesa 13 con la bebida correspondiente. El muchacho le agradeció en voz baja y ambos escucharon la oferta del menú; aunque, a medida que Manson hablaba, el otro hombre iba frunciendo cada vez más y más el ceño. Ya había bebido la mitad de su vaso. —No quería tener que seguir usando el cerebro, por eso pedí los menúes... —se quejó, suspirando, y miró a su compañero—. En fin, ¿tú qué quieres? —Algo liviano... ¿Alguna de las ensaladas? —Giró el rostro hacia Katherin—. O mejor un poke bowl, el que trae atún. —Uf, yo estoy para algo sabroso, ¡total paga la empresa! —Soltó una risotada que tensó a su compañero, quien husmeó en varias direcciones—. Tráeme unos calamares y una hamburguesa, ¿cómo era? ¿Ohana? —Aloha. —Sí, esa. >>La dificultad de la mesa 13 aumenta levemente. Contenido oculto Ya podés lanzar el d20 de esta mesa y dirigirte a la restante c:
Al volver oí a Hattori hablando con Sienna y supuse que estas barreras idiomáticas o lo que fuese pues eran frecuentes en los espacios turísticos, nada que hacerle. Ella reparó en mí, me dio la bienvenida de regreso y estaba por contestarle cuando algo la alertó y a mí también, volteé apenas escuché el llanto de Nazu y arrugué las facciones sin darme cuenta de ello en verdad, compungido. Iba a encargarse ella, me ofreció tomar otra mesa distinta o, en segunda opción, intentar arreglarlo por el bien de la experiencia. La verdad era que la pareja había sido bastante amable y la pobre criatura pues no tenía la culpa de nada y entre todo quería pensar que yo era una persona decente, por decir algo. Suspiré, no por hastío, fue más bien un dejo de preocupación y me le puse al corte a Sienna. —Voy contigo —dije—. Aunque prepara el back up, por si acaso.