CAPITULO 21 [VOLUMEN 1]: Rearme [24 horas antes del segundo asalto de los forajidos de Lars] El flujo mercantil siempre ha constituido un factor estratégico indispensable para la supervivencia de toda comunidad; los aquelarres no representaban una excepción a esta lógica. Cuando un asentamiento oculto incrementa su densidad demográfica por encima de su capacidad de autosuficiencia, necesidad de un comercio con el exterior se convierte en una prioridad imperativa para asegurar la estabilidad material de sus habitantes. Por consiguiente, los aquelarres deben implementar protocolos de seguridad estrictos para salvaguardar a su gente. En un mundo hostil la fiabilidad mutua constituye un recurso tan crítico como el suministro de comida y agua, la captación de comerciantes dispuestos a consolidar el comerciar con brujas representa un desafío logístico complicado. El despliegue de esta red de suministro depende de múltiples variables, entre ellos la geografía. Un ejemplo seria la localización del aquelarre Windaz: el asentamiento se sitúa de forma estratégica en un sector boscoso de alta densidad que funciona como una frontera neutral entre 2 reinos vecinos. Al norte se ubica el reino de Luthe, mientras que en el sur está delimitado por el reino de Mordvolt. Este macizo forestal, denominado bosque de Gork, mantiene por ello el estatus de ser tierra neutral. El bosque de Gork es clasificado como un entorno hostil, debido a la proliferación de una fauna de monstruos natural. Las brujas fundadoras que establecieron el asentamiento original de Windaz lograron asegurar su aquelarre luego de una campaña de subyugación contra los monstruos en dicha zona. En la actualidad, el perímetro inmediato del área urbana presenta un índice de seguridad mejor en comparación en sus primeros años; no obstante, el riesgo latente por la fauna hostil persiste a varios kilómetros del pueblo. Las buenas para el aquelarre de Windaz es que había logrado consolidar un contacto fiable en el exterior, manteniendo un flujo de comercio regular bisemanal desde hace varios años. Este canal logístico desafía de forma directa la doctrina de la religión predominante de Altissimus; sus fieles, los altissimianos, operan bajo el dogma de clasificar a las brujas y sus prácticas como enemigos de sus creencias. Sin embargo, en la extensión geográfica del mundo de Liava, el nivel de adhesión ideológica a esta fe no es uniforme ni absoluto. El dogma principal que rige a un comerciante es el principio de rentabilidad económica. Si un comercio sostenible es beneficioso, los comerciantes prescinden de las limitaciones impuestas por las leyes de dicha religión. Pese a esto, la Iglesia de Altissimus ejerce una influencia política masiva y ejecuta protocolos punitivos extremos contra los elementos tipificados como herejes. Los comerciantes actúan con pragmatismo táctico: adaptan sus redes operativas a las contingencias del terreno para evitar que sus flujos de efectivo sean catalogados como herejía, lo que provocaría la neutralización inmediata de sus activos por orden directa de los altissimianos. La viabilidad de asumir tales riesgos operativos con los aquelarres, ante la posibilidad de ser descubierto y el castigados por la iglesia, plantea una cuestión táctica elemental: ¿por qué no suspender las transacciones o entregar los asentamientos a las autoridades religiosas? La respuesta reside en el control de la información de inteligencia. El plebeyo común posee un conocimiento severamente limitado sobre la naturaleza de las brujas debido a la propaganda eclesiástica, que las clasifica como insurgentes peligrosas con dogmas inhumanos subordinados a una deidad pagana sanguinaria. Por el contrario, los comerciantes más audaces, provistos de redes de información y fuentes propias, han determinado la verdadera naturaleza de las brujas. Aunque se confirma la veneración de un dios ajeno a Altissimus, su descripción no correspondía a la barbarie descrita por los mandos de la Iglesia. Los comerciantes descubrieron que la influencia mística de su deidad, Astado, otorga a las brujas una compatibilidad genética a la afinidad con la magia y conocimientos de oficios arcanos más habituados. Un carromato de suministro arribó a la aldea de Windaz bajo la escolta de brujas del aquelarre. El vehículo transportaba un cargamento de recursos y estaba tripulado únicamente por 2 hombres. El que manejaba a los equinos era un varón provisto de un jubón de lana verde y un gorro ornamentado con una pluma blanca; a su lado se posicionaba un combatiente de mayor estatura, equipado con una armadura de hierro de peso medio, casco defensivo, escudo y espada como armamento activo. Las unidades correspondían al perfil de un comerciante joven y un escolta guerrero curtido. Tal era la importancia de su arribo que la propia Eldar Sara, en compañía de la comandante de la guardia de Windaz, Naya, salió para recibir de forma presencial al comerciante y su escolta personal. —Agradecemos nuevamente sus servicios, señor Jans -declaró Sara con tono de respeto formal mientras estrechaba su mano. —El placer es mío; mi jefe, «BN», le envía saludos -respondió el comerciante Jans devolviendo el saludo formal a la Eldar. El comerciante actuaba únicamente como un eslabón intermediario, un efectivo subordinado que respondía ante una línea de mando superior; un jefe que, con el objetivo de preservar el secreto operativo de su identidad, se identificaba exclusivamente mediante las siglas «BN». Mientras las cajas eran descargadas del carromato con el apoyo de las brujas, el escolta detectó ruidos de pasos aproximándose de forma directa hacia su retaguardia. El combatiente ejecutó un viraje rápido para encarar la dirección de la marcha, identificando a un niño de cabellera negra, posicionado frente suyo, lo identifico de inmediato como un habitante del pueblo. —Saludos, lamento la intromisión imprevista; soy Zaswell y requiero un momento su ayuda para una consulta -declaró el «sangre de bruja» a modo de presentación, manteniendo sus manos ocultas en la espalda. —¿Qué requerimiento tienes, joven? -respondió el guerrero con tono cortés. —Necesito verificar si conoce una marca específica; procederé a mostrárselo de forma inmediata. —¿Una marca? De acuerdo, si es algo rápido, adelante -consintió el escolta Las manos en la espalda revelaron un lienzo de tela que envolvía un objeto. De su interior extrajo una pieza biológica: un trozo de tejido dérmico humano extirpado, el cual presentaba una marca tatuada con el diseño de 2 dagas que simulaban estar ensangrentadas. Dicho fragmento cutáneo evidenciaba un proceso avanzado de degradación orgánica, comenzando a emanar un olor fétido. —«Esa marca…» -pronunció el guerrero en sus pensamientos, prescindiendo de la naturaleza de la muestra anatómica para concentrar todo su foco de atención en el patrón del tatuaje. —Implementé medidas para disminuir la descomposición de este trozo de piel -explicó el niño —debido a que registré múltiples cadáveres que exhibían este mismo tatuaje. Comprendo que la retención de un trozo de piel humano le resulte repulsiva, pero requería verificar el origen de esta marca. Nadie del aquelarre posee conocimiento de ello, pero asumí que gente del exterior podría saberlo, como los comerciantes que vienen a Windaz cada cierto tiempo. Una resolución táctica audaz ante un patrón de identificación desconocido en los cadáveres de las fuerzas agresoras. El guerrero de la escolta, manteniendo su calma y neutralidad, pregunto de inmediato: —¿Cuál es el origen del cadáver del cual extirpó ese trozo? —De uno de tantos invasores que llevaron a cabo un ataque contra este aquelarre hace una semana -respondió Zaswell. Una respuesta directa, sin vacilación ni dilatación informativa, que estableció que el aquelarre de Windaz fue objeto de un asalto por parte de una fuerza irregular organizada hace una semana. Sin embargo, solo un porcentaje de los cadáveres presentaba dicho patrón de tatuajes. Zaswell determinó de inmediato que no se trataba de un elemento ordinario; antes de que todos los cuerpos fueran desechados, extrajo la sección dérmica mediante un corte limpio y encontró la manera de almacenarlo en un entorno húmedo para preservar la muestra biológica hasta la llegada de los comerciantes del exterior a Windaz. —Kipp, ¿sucede algo? -interrogó Jans aproximándose a su escolta, identificándolo por su nombre de pila al registrar la presencia del tejido orgánico maloliente en posesión del niño —¿Eso de allí es un trozo de piel humana? Un momento… -Antes de manifestar una reacción de asco ante la muestra, fijó su atención en el patrón de la marca sobre la piel —Ese tatuaje… -concluyó, mientras su semblante adoptaba una rigidez de absoluta seriedad. —No hay duda, el diseño corresponde a ellos; los «forajidos de Lars» -afirmó el escolta identificado como Kipp. La Eldar Sarina, al percatarse de la presencia de Zaswell y del degradado trozo de piel humano que exhibía ante el comerciante y su escolta, avanzó en compañía de la comandante Naya con la intención de disculparse por la barbárica acción; no obstante, el escolta intervino de inmediato en defensa del niño. —De hecho, este joven hizo una maniobra inteligente. Su aquelarre fue atacado hace una semana, ¿correcto? -interrogó Kipp. —S-sí, lo fue -respondió la Eldar Sara con un ligero margen de alteración nerviosa. —Este trozo de piel, más la afirmación de que varios cuerpos de tales asaltantes lo tenían en la suya, lamento informarles que no fueron hostigados por bandidos cualquiera -explicó el agente comercial Jans —Con esto hemos confirmado una cosa: ustedes se encuentran bajo la mira de los «forajidos de Lars». Tanto el comerciante Jans como su escolta Kipp, quienes respondían a las órdenes de su jefe «BN», provenían del reino de Luthe, donde los «forajidos de Lars» constituían una amenaza constante. Si bien el bandidaje representaba un problema común para todos los reinos, estos bandidos eran un organizado grupo delictivo que destacaba por estar coordinada por un hábil y veterano guerrero mago: Lars. Su identidad era un misterio, confirmando únicamente su alta capacidad en el combate mágico y su éxito en la unificación de múltiples bandas, delincuentes y toda clase de escoria criminal bajo su mando. Transformándolo en un factor de inestabilidad desde hacía años para el reino. Las autoridades del reino de Luthe mantenía activa una considerable recompensa por la captura de Lars, vivo o muerto, así como una recompensa menor, pero no minúscula, por sus subordinados; no obstante, a diferencia de su líder, estos últimos debían permanecer con vida para que la entrega fuera válida ante la ley. —Sé que no debería revelar esto, pero nuestras fuentes de información han registrado que los forajidos de Lars han disminuido drásticamente sus actividades en el reino desde hace casi un mes; es un patrón extraño -relató Jans. —Ahora tiene sentido. ¿podría ser que su objetivo ahora sea…? -El escolta interrumpió la frase al formular tal hipotético planteo, girando la cabeza para observar a la Eldar y al resto de las brujas en las inmediaciones. Tal noticia fue un golpe psicológico instantáneo para la Eldar. Sara Dorbo experimentó una reacción orgánica alarmante al procesar la naturaleza de la amenaza que se cernía sobre Windaz, concluyendo mediante su propio análisis que la incursión previa no constituía un evento aislado. —Entonces… volverán con un asalto más fuerte que el anterior -declaró Sara entre tosidos, forzando la estabilización de su postura. —El análisis de los hechos lo confirma. Que los forajidos de Lars hayan reducido sus actividades en el reino y constatar que han fijado su atención en este aquelarre no es una coincidencia menor; es altamente improbable que desistan del objetivo de forma voluntaria, están decididos a concluir con lo que sea que tienen en mente -concluyó Jans El propio Zaswell emitió una carcajada tras envolver nuevamente el trozo de tejido dérmico en el lienzo de tela. Lejos de manifestar indicios de preocupación o estrés, exhibió una absoluta confianza mediante su característica expresión de sonrisa villanesca. —Esta información resulta perfecto. Ya habíamos determinado que no nos enfrentábamos a una fuerza ordinaria de bandidos, sino a un contingente organizado; no obstante, confirmar que esta amenaza está compuesta por forajidos con un nivel de adiestramiento superior al promedio, y no por una fuerza militar orquestada por algún reino que nos fijó como objetivo, es el mejor escenario posible -concluyó Zaswell. —¿Cómo puedes estar tan tranquilo? Si estos «forajidos de Lars» han puesto sus ojos sobre nuestro aquelarre, entonces… -Naya protestó ante la calmada actitud del «sangre de bruja». —Me parece que tú no lo entiendes -Zaswell le interrumpió —La razón de mi calma es por una cuestión simple: nuestras posibilidades de vencerlos son aún mayores en comparación a enfrentar a una organizada fuerza militar -explicó —Más allá de un líder con experiencia y poder mágico, la mayoría siguen siendo bandidos; un poco más equipados que los forajidos usuales, pero en retrospectiva, la inmensa mayoría son bandidos. El agente comercial y su escolta encontraron la presencia del niño y sus palabras un elemento fascinante y extraño; que tal joven fuera capaz de formular tales planteamientos y mostrar un comportamiento ajeno a alguien de su edad les resultaba un panorama singular, pero también llamativo. —Oh, dime, joven; por tus palabras y actitud, ¿acaso tienes algún plan contra ellos? -fue la interrogante de Kipp. —Por supuesto -dijo Zaswell exhibiendo su villana sonrisa —He estado haciendo los preparativos, aguardando su segunda llegada -revelo. —¿Empezaste a organizar preparativos de una defensa… desde el primer ataque? -Naya le preguntó. —Jeje, por supuesto, y calculo… que quizás nos queden 2 días… o menos, mucho menos, eso me dicta mi intuición -fue su sincero planteamiento —Hay que darles una merecida “bienvenida” -expresó dicha oración con una maliciosa sonrisa [CONTINUARÁ]
CAPITULO 22 [VOLUMEN 1]: Rearme El comerciante y su escolta guerrero se retiraron de Windaz luego de concluir sus asuntos en el aquelarre, bajo la promesa de una visita en pocos días. Generalmente el retorno de los comerciantes se da de forma bisemanal, cada 15 días, pero ante los recientes eventos del descubrimiento de los Forajidos de Lars, han adelantado la siguiente fecha. Los Forajidos de Lars no son una amenaza menor; el reino de Luthe, del que procede el acuerdo comercial con el jefe comerciante apodado «BN», reconoce el nivel de amenaza de dicho grupo. Las verdaderas intenciones de esa promesa son comprobar si el aquelarre ha caído o sobrevivido ante la amenaza de Lars y sus bandidos. Zaswell, junto a las 15 jóvenes brujas que conformaban la división de fusileros de la «división Metalord» y Mornah, revelo en el campo de tiro del grupo 4 botes de madera de 8,9 centímetros de diámetro y unos 17,7 centímetros de longitud, conectados a una mecha que iba hacia una apertura en la sección superior de unos 3 centímetros de diámetro; su interior estaba repleto de pólvora negra. Tanto Naya como la Eldar Sara y varias brujas de la guardia estaban presentes allí, pues el propio «sangre de bruja» había revelado contar con un plan de defensa que llevaba planificando desde el 1º día en que fueron atacados. —¿Qué es esto?, ¿qué es lo que tienen en su interior estos pequeños contenedores de madera? -Naya, la comandante de la guardia Windaz, fue directo al grano en la cuestión. —El principio de la estrategia, eso es -Zaswell contestó con sus manos en la espalda. —¿El principio? -replicó la Eldar confusa. Tanto Naya como las brujas combatientes a sus espaldas estaban igual de confusas que Sara Dorbo. La propia bruja morena fornida notó que el número de las armas denominadas mosquete que poseen ha aumentado, llegando a verse 13 de ellos actualmente. En eso, Naca, la hija menor del herrero de Windaz, el señor Gazo, llegó a escena, limpiándose las manos sucias con un trapo, con un rostro rebosante de emoción y con novedades. —Todo está comprobado y funcionan, siguiendo los planos que diseñaste, jeje -dijo la pequeña aprendiz de herrera, que se había unido a la «división Metalord» hace poco. —Excelente, las planificaciones van sobre la marcha -expresó un agradecido Zaswell La propia Naya estaba desconcertada; tantas planificaciones en torno a la defensa de Windaz se gestaban a sus espaldas y en total desconocimiento para ella, la espada que juró defender el aquelarre. —¿A qué viene tanto secretismo?, ¿qué estás planeando, sangre de bruja? -Naya le habló con un tono serio y acercándose lentamente a Zaswell. Hasta que la bruja Aleza se situó en medio para interrumpir su camino, con el mosquete preparado en manos, pero manteniendo el cañón aun apuntando hacia el suelo. —Mantén la distancia, y ni se te ocurra hacer algo estúpido, o de lo contrario… -fue su advertencia. —¿De lo contrario qué?, ¿usarás esa arma contra mí?, ¿agredirás a una bruja del aquelarre que te acogió? -fueron las duras palabras de Naya hacia ella. Una tensión se sintió en el aire en torno a las brujas de la división Metalord y las brujas de la guardia que seguían a Naya, con una sostenida mirada silenciosa entre los 2 grupos. El propio Zaswell suspiró con una mano en el rostro de la exasperación con tal situación, y la Eldar reaccionó con nervios, intentando calmarlas —¡Muy bien todos!, ¡cálmense y presten atención! -dijo una animada Mornah en voz alta, enfocando la atención de todos los presentes —¡Recuerden que el destino de que este aquelarre no sea destruido y la mayoría de sus habitantes en el proceso convertidos en esclavas depende enteramente del éxito de la defensa!, ¡muchas gracias por su atención! -hizo hincapié en dicho dilema con un rostro sonriente. La actitud optimista y la mezcla de crudeza en su oración, provenientes de la joven bruja de 15 años de inusual cabellera morado oscuro, lentes y pecas en las mejillas, funcionaron como un impacto directo que disipó la fricción entre los 2 grupos, dejando un incómodo silencio de casi 1 minuto. —¿Quieres saber lo que pienso? -Zaswell rompió ese silencio, mientras en sus manos pelaba una manzana con un cuchillo —Nuestros enemigos son forajidos bien organizados que posiblemente nos superen en número, quizás el doble de lo que contamos para defendernos; en este 2º asalto que lleven a cabo no serán tan estúpidos de lanzarse de forma suicida. Es más que seguro que traigan y desplieguen combatientes con distintos roles, desde la fuerza de choque, los tiradores a distancia como arqueros, los que embosquen a escondidas, magos de combate y, por su dios, Astado, que no quiera que tengan un as bajo la manga, como maquinaria de asedio o uno de esos artículos mágicos de combate muy costosos, un cañón mágico. Eso sería como una sentencia de muerte. —¿A qué viene toda esa palabrería? —Naya preguntó. —A lo que quiero llegar con toda mi «palabrería» -dijo Zaswell, devorando un trozo de la manzana cortada antes de proseguir —Es que las tácticas que emplearás en la defensa para lidiar contra ellos serán anticuadas. ¿Piensas simplemente preparar a tus combatientes cuerpo a cuerpo principales para cargar al frente y dejar en la retaguardia a los pocos y escasos lanzadores de magia a distancia y tiradores? Eso es algo que ellos esperarían que hicieses -aseguró el propio «sangre de bruja» —Incluso si preparas unas cuantas trampas para sorprenderlos, el nivel de daño que podrías causarles simplemente no equilibrará la balanza a tu favor. ¿Vas a usar pozos escondidos con estacas?, ¿cuerdas para dejar caer troncos como arietes? Armar esas trampas llevará más tiempo y la probabilidad de que logres reducir varios efectivos es muy reducida, DEMASIADO. —Je, ¿y cómo podrías estar seguro de eso? —Naya le preguntó con los brazos cruzados. —Porque son forajidos, bandidos con la destreza de un pícaro, el tipo de escoria que destaca en golpear desde la sombra cuando estás con la guardia baja. ¿Crees que no tendrán exploradores entre sus filas que rastreen la zona en busca de posibles trampas al movilizar a tantos de ellos por un bosque? Incluso si logras ocultarlas con magia, el resultado será igual -fue el argumento del chico, mientras devoraba otro trozo de manzana —Desarmarán la mayoría de esas trampas; con suerte lograrás algunas bajas, dejando en evidencia el tiempo desperdiciado en esa «planificación» de defensa. Para lidiar realmente contra un grupo hábilmente preparado y organizado, necesitas trampas que superen su astucia y sature su capacidad de respuesta, algo que no vean venir. La carismática lengua y la habilidad argumentativa de un niño de 10 años eran algo que la propia Naya encontraba desconcertante, pero sus palabras guardaban una filosa verdad; desde lo más recóndito de su ser, la comandante de la guardia de Windaz preveía que el enemigo volvería con una ofensiva de un volumen de efectivos muy superior al contingente defensivo del aquelarre , sugiriendo la estrategia de apostar por trampas tradicionales en el bosque con el uso de magia para lograr una ventaja contra el abrumante número de los invasores. Entonces, tales estrategias en mente chocaron al instante contra las palabras dictadas por el «sangre de bruja», quien anticipó su mentalidad de estratega defensiva convencional; aunque le costaba aceptarlo, ese niño tenía un argumento convincente. ¿Con qué seguridad esos bandidos y forajidos no tendrían exploradores con experiencia que frustraran dichas trampas? Todo se reduciría a una inevitable segunda lucha encarnizada; si la estrategia de las trampas para disminuir el abrumador número del 2º asalto de invasores fracasaba, la batalla concluiría con una derrota definitiva de las brujas y el fin del aquelarre. —Llegado a esta conclusión, he formulado 2 posibles planes de acción para este escenario, donde solo uno será elegido. El primero: ante la imposibilidad de una victoria y el inevitable desenlace del pueblo, un plan de evacuación y retirada se pondrá en marcha -expresó el muchacho, devorando otro trozo de manzana. —¡Cobarde!, ¿¡planeas dejar al aquelarre morir!? -expresó una molesta Naya. Incluso la Eldar Sara, ante tal planteamiento, se mostraba decepcionada y triste, más considerando la tranquila reacción de Zaswell. Las guardias que seguían a su comandante expresaban tanto su malestar como preocupación; todas eran conscientes del peligro de la amenaza que se acercaba a Windaz y el potencial de ese «sangre de bruja» si ayudara en la defensa. De marcharse, comprendían que sería una batalla perdida. Las brujas que formaban parte de la división de fusileros, preservaban la disciplina de su posición y una estricta neutralidad en sus expresiones, sosteniendo pleno contacto visual con Naya y sus guardias. La propia bruja fornida, notando la falta de reacción de ellas, sumó esa molestia y dirigió su reprimenda hacia el pelotón de las 15 fusileras. —¿Acaso no sienten una sola pizca de preocupación o indignación con lo que ha dicho?, ¿no les afecta en lo más mínimo el destino de este aquelarre? -les preguntó ella con una mirada desafiante. Pero ninguna le dio una respuesta; se mantuvieron calladas y Aleza seguía bloqueándole el paso, con su mosquete lista para actuar en cualquier momento. —Sí que eres emocionalmente impulsiva -opinó Zaswell a Naya, acompañado de un suspiro de exasperación —Deberías primero dejar que termine de hablar y luego expresas tu opinión; solo oíste el primero de los 2 planes formulados -devoró otro trozo de manzana con total calma. La comandante de la guardia de Windaz encontraba esa actitud relajada del niño tan molesta como exasperante, pero optó por calmarse y escuchar el resto. —El 2º plan: llevar a cabo los planes de contingencia contra los invasores. Dado que la posible amenaza cuenta con una superioridad numérica considerable y está conformada por posibles combatientes capacitados en emboscadas, artimañas y letalidad furtiva, es necesario disminuir sus números con ciertos factores preparados de antemano, o una confrontación directa contra tal contingente será un suicidio. —Tanto que alardeas que esos «mosquetes» son tan poderosos, ¿y no son suficientes contra esos invasores? -la propia Naya preguntó con los brazos cruzados y una mirada juzgadora. —Poderosos sí, mas no invencibles; incluso la espada mágica más poderosa y el espadachín más hábil pueden ser abrumados con la superioridad numérica suficiente, es de sentido común -declaró Zaswell, tomando otro trozo de manzana —Que tenga que explicarle algo tan básico a la líder del brazo defensivo de Windaz es preocupante; dicho esto, continuaré mi explicación. La contrarréplica de Zaswell fue como un golpe al orgullo de la comandante de la guardia, pero no reaccionó a tal filoso comentario del «sangre de bruja»; dejó que siguiera hablando. —Por desgracia, para llevar a cabo los planes de contingencia, no es suficiente solo con los integrantes de la «división Metalord» -aclaró el «sangre de bruja». —La cooperación a voluntad de la guardia de Windaz y algunos voluntarios masculinos del aquelarre son esenciales; de lo contrario, todo se vendrá abajo -Mornah expuso. —Dicho esto, la «división Metalord» solo se arriesgará a llevar a cabo el 2º plan si cuento con los elementos necesarios; de lo contrario, procederemos a poner el 1º plan en marcha -Aleza dejó en claro los requisitos de la participación de su grupo. Al oír las condiciones impuestas, la reacción de Naya y sus guardias fue mayormente desfavorable; acceder a tales peticiones era, en simples términos, delegar la defensa del aquelarre a las directrices de la «División Metalord». Por ello, no tardaron en relucir las críticas de las combatientes seguidoras de Naya. —¡Esto es inaceptable! —¿¡Vamos a confiar en este niño!? —¡La señorita Naya es nuestra guía en el campo de batalla!, ¡nadie más! —¡Este «sangre de bruja» se está volviendo bastante arrogante! Naya, con los brazos cruzados y los ojos cerrados, se mantenía en silencio, ignorando las quejas y opiniones de las brujas guardias a sus espaldas en torno a Zaswell. Su postura evidenciaba una profunda evaluación de la situación. —Naya, por favor… -oyó la voz de Sara. Al abrir sus ojos, la Eldar estaba de pie a escasos centímetros frente a ella, con sus manos juntas, rogando que tomara una decisión. Sara Dorbo era la líder del aquelarre y podía ordenárselo; en lugar de eso, prefirió dejar a voluntad de la comandante de la guardia de Windaz elegir de manera definitiva una resolución tan crucial. ¡Silencio! -ordenó la fornida bruja morena, callando a sus subordinadas al unísono. Empezó a acercarse lentamente a Zaswell hasta que Aleza la detuvo y le recordó mantener su distancia, solo para que el propio «sangre de bruja» interviniera y diera su permiso. —Aleza, está bien -al decir esas palabras, la bruja se hizo a un lado, manteniéndose en alerta. La comandante de la guardia de Windaz acortó la distancia hasta encontrarse cara a cara frente a Zaswell Drayt, a 1 solo escaso metro. Un choque de miradas se desató entre ambos; un tenso ambiente volvió a imponerse entre los 2 grupos. —Entonces… Naya, comandante de la guardia de Windaz, es hora de tomar una decisión. ¿Tomará la postura de defender el aquelarre bajo sus términos, aun ante la considerable posibilidad de fracasar y que el pueblo perezca en su trágico destino?, o… ¿delegará la defensa del aquelarre a la «división Metalord» para ofrecernos los elementos necesarios para implementar el plan de contingencia en marcha? Elija, comandante de la guardia… -Zaswell hizo una breve pausa, consumiendo la última porción de manzana, para de inmediato cruzar las manos a la espalda e imponer un semblante de absoluta seriedad —Elija bien. [CONTINUARÁ]
CAPITULO 23 [VOLUMEN 1]: Rearme [X días antes del segundo asalto de los forajidos de Lars] Zaswell junto a las 15 brujas de la división de fusileras, Naca la aprendiz de herrera y Mornah, se encontraban reunidos afuera del taller improvisado, con un comunicado importante del «sangre de bruja». —Los forajidos que nos atacaron aquella noche volverán en un 2º asalto -declaró Zaswell —Y con total seguridad lo harán mucho más organizados, armados y en mayor número. Un enfrentamiento directo en nuestra actual condición en el pueblo será nuestro fin. Las 15 fusileras guardaron silencio, asimilando la crudeza del diagnóstico militar. Mornah en silencio, cruzo los brazos con total atención, mientras Naca sostenía con fuerza una de las herramientas de la fragua, atenta a las palabras del «sangre de bruja». —¿Estás seguro de esto? -preguntó una de las brujas de la división. —Una sospecha certera. Ese grupo de bandidos que atacó en 2 flancos con planeación, y empleó un 2º grupo de infiltración con magos en sus filas, no podría ser catalogado como simples forajidos del montón -fue el análisis de Aleza. Como el propio Zaswell anticipó, su suboficial Aleza poseía una mente aguda para comprender la magnitud de la amenaza de los forajidos. La silenciosa mirada de Mornah deducía que ella también había llegado a la misma conclusión, pero guardó silencio para permitir que las propias brujas fusileras entrenaran su razonamiento táctico. —Entonces… una confrontación directa sería un suicidio. ¿Cuál crees que debería ser la mejor resolución para este problema? -planteó Mornah perspicazmente, con una mano en el mentón y los ojos cerrados. Todas quedaron en silencio y pensativas. Incluso la joven Naca, de 13 años, comenzó a deliberar con intensa incomodidad, tratando de hallar una solución a tal dilema, hasta que el propio Zaswell las interrumpió entre leves risas y unos aplausos. —Es allí en donde yo ofrezco esa solución. Tengo las contramedidas preparándose, pero… para que todo funcione de maravilla, necesito que sigan mis instrucciones al pie de la letra -les habló Zaswell a todas las fusileras brujas. —¿Qué es lo que necesita, comandante? -se dirigió Aleza a él con sumo respeto. —Hay que forzar la cooperación del aquelarre mismo, incluyendo a Naya y sus guardias. La única forma de lograrlo es la manipulación psicológica -contestó ese niño. —¿Manipulación psicológica? -replicó una de las brujas fusileras en confusión. —Te sorprendería lo que el miedo y el estrés ante la muerte, o resultados peores, pueden llegar a ser tan persuasivos, incluso para el orgullo más terco, jeje… [–––––––] [24 horas antes del segundo asalto de los forajidos de Lars] —Elija bien… Esas fueron las palabras que resonaban en la cabeza de Naya, la comandante de la guardia de Windaz, el brazo protector del aquelarre. Después de un debate y argumentos concluyentes del «sangre de bruja», llegó a la conclusión de que el aquelarre está destinado a perecer si Naya decide ser la persona encargada de preparar las defensas. Zaswell Drayt ofrece la posibilidad de una defensa que permita al aquelarre sobrevivir, bajo la condición de solo llevar a cabo la defensa de Windaz si es el encargado de dirigir dicha iniciativa, con Naya y sus guardias teniendo que obedecer órdenes del «sangre de bruja». En caso de rechazar, Zaswell y la «división Metalord» se marcharían del aquelarre, dejando a Windaz a su suerte. Tanto la propia Eldar, Sara Dorbo, como Naya eran conscientes del poder de fuego del arma utilizada por la «división Metalord», el mosquete, y de que la guardia de Windaz aún se estaba recuperando de las bajas del ataque anterior. A la comandante le costaba admitir en voz alta que el argumento del «sangre de bruja» era preciso: un choque frontal significaría la aniquilación si los atacantes regresaban con mayor superioridad numérica, organización y mejor equipamiento de combate. Con las manos cerradas, apretando los puños con frustración, analizó cada escenario posible en torno a la preparación del dispositivo defensivo de Windaz bajo su mando. Desconocía el eje de avance enemigo. Sembrar perímetros extensos de trampas requería un tiempo del que no disponía; cada hora era un recurso crítico. Dispersar obstáculos en múltiples direcciones con la esperanza de que alguno funcionara sería una opción viable si no existiera la posibilidad de que los «forajidos de Lars» emplearan exploradores de vanguardia para asegurar la zona, mientras su pequeño ejército marchaba por la retaguardia. Esa variable táctica había sido expuesta de forma lógica por aquel niño de 10 años, el «sangre de bruja». Luego de una frustrante meditación, Naya suspiró con intensidad y, abriendo los ojos, dio su respuesta. —Mis brujas y yo aceptaremos tus términos para defender el aquelarre Windaz, Zaswell Drayt. Tal respuesta hizo que sus subordinados mostraran rostros escépticos y de asombro. Mornah, por su parte, ocultaba ese semblante que delataba una leve carcajada maliciosa, mientras las brujas fusileras contenían su emoción. —«El plan del comandante funcionó». —«¿Así que esto es la manipulación psicológica?». —«Aceptaron su propuesta, tal y como él había dicho». Cada una de ellas expresó en sus pensamientos, con elogio, el labio carismático de Zaswell para persuadir a la comandante de la guardia a acceder a sus condiciones. Con el respaldo de la Eldar, prácticamente todo el aquelarre seguiría las órdenes de la «división Metalord» para su defensa y supervivencia. —Zaswell, para asegurar que el aquelarre sobreviva, ¿qué necesitas? -preguntó la propia Eldar con total humildad. —Eldar, una pregunta: ¿usted puede manipular la barrera mágica que rodea el aquelarre para debilitarla en un punto específico? -fue la interrogante de Zaswell. —Bueno… en teoría sí, podría manipular la barrera para lograr lo que pides. ¿Qué tienes en mente? La barrera mágica de Windaz no era un fenómeno exclusivo. Se dice que otros aquelarres poseen también sus propias barreras mágicas, y quien lideraba a la comunidad, la Eldar, tiene la influencia para manipular dicho fenómeno mágico, ya fuera potenciándola o debilitándola en puntos concretos. —Excelente. También necesitamos a 4 voluntarios masculinos. Estén tranquilas, no es para que combatan en la vanguardia -aseguró Zaswell. —¿Por qué necesitas a voluntarios masculinos específicamente? -preguntó Naya. —Porque las brujas están bendecidas por su dios, Astado, y esa misma bendición puede ser percibida como una firma mágica por personas con la suficiente percepción o sensibilidad mágica, como un observador místico -fue la aclaración del «sangre de bruja» —Para que el plan funcione es necesario contar con 4 hombres; en caso de que no sean magos, es mucho mejor. De esa forma, serán indetectable. Oh, y también necesitamos magia de agua; lo último es… por las dudas. Mornah se acercó con un pergamino enrollado, entregándoselo a Zaswell. Al abrirlo, reveló en detalle el esquema para la defensa de Windaz, planificado por el propio «sangre de bruja», involucrando todos los elementos solicitados por el mismo niño de 10 años. —¿Este es tu plan? ¿Realmente esto… funcionará? -la Eldar reaccionó con asombro y cierta incredulidad tras leer el contenido del pergamino. —Suena arriesgado. ¿Qué tan seguro estás de que esto funcionará? -expresó Naya por su parte, con los brazos cruzados, con nula fe en dichos preparativos. —Cuando les digo que este plan trazado en este trozo de papel es la mejor posibilidad para que el aquelarre sobreviva, no lo digo a la ligera, ni como broma, ni con ego, pues yo mismo me estoy jugando el cuello en esta estrategia en caso de fallar -expresó el propio «sangre de bruja» con rostro serio y los brazos en la espalda —Tengo toda la certeza de que no habrá falla si se sigue mi maldito plan al pie de la letra. Todos asienten, aceptando el plan del pergamino como el esquema que Windaz ejecutaría para defenderse; comprenden que llevar la contraria es simplemente perder tiempo valioso. —Naya, si aún tienes en mente ese plan tuyo de poner trampas en el bosque, hazlo si quieres -expresó Zaswell —Lo único que pido es que todas sigan los pasos del plan como corresponde. Es esencial que todo se cumpla; la mínima falla y todos estamos jodidos. —Lo sé, no tienes que recordármelo -respondió la comandante de la guardia —En cuanto a lo de las trampas, ¿a qué se debe ese gesto “tan amable” de tu parte? —Podría plantearte la duda sobre por qué te demoraste tanto en tomar una elección. ¿El orgullo y el pragmatismo estaban tan empatados debatiendo en tu consciencia para elegir una resolución definitiva? -dijo el «sangre de bruja» con los brazos cruzados y un semblante indiferente —Puedes tomar mi “amable gesto” como gustes, solo prioricen seguir el plan trazado. —Je, así será -dijo Naya retirándose, sin más deseos de debatir. [–––––––] [12 horas antes del segundo asalto de los forajidos de Lars] Esa misma noche, Zaswell se encontraba en casa, dándole mantenimiento a su arma personal, el pimentero. Abriendo el mecanismo por una pequeña bisagra, quitó cuidadosamente la pólvora y las balas redondas introducidas sin usar para limpiar todos los orificios delicadamente. La puerta se abre, llegando en ese instante una mujer de larga cabellera castaña, ojos cafés y un remendado vestido largo de color marrón. Era Marian Drayt, madre de Zaswell, tras cumplir su jornada de trabajo como curandera del aquelarre. —Hola, mamá -saludó su hijo a su llegada, mientras seguía enfocado en limpiar el arma. —Zaswell, hijo… ¿de verdad tú… planeabas la idea de abandonar Windaz? -fue la estremecedora pregunta de su madre, mientras se acercaba lentamente con sus manos juntas, con leves temblores contenidos. —Nunca lo sabremos. El brazo protector de Windaz y la Eldar eligieron la cooperación para garantizar la supervivencia del pueblo, una sabia decisión -expresó él, dejando de manipular el arma unos momentos —Puedo presentirlo… muy pronto sucederá el 2º ataque. Su madre lo abrazó por la espalda y besó sus mejillas, conteniendo las ganas de llorar. —Por favor… ten cuidado. Si algo llegara a pasarte… —Me alegra saber que no ibas a prohibirme intervenir -opinó él. —Me habrías desobedecido de todos modos -dijo su madre, poniendo su mentón cariñosamente sobre la cabeza del niño —Tú realmente nunca planeaste abandonar Windaz, ¿verdad? —Quién sabe… -el propio Zaswell evadía la pregunta —Me iré a dormir. Presiento que mañana será un día bastante largo y bullicioso. —Que descanses, hijo -le deseó ella con otro beso en su mejilla —Tu hermana Zaila estaría orgullosa de lo que haces por el aquelarre. —Lo sé… [–––––––] [1 hora antes del segundo asalto de los forajidos de Lars] Casi a la hora del mediodía, un grupo de brujas llegó corriendo a toda prisa procedentes del exterior para informar a Naya. Se trataba de sus subordinadas de las tantas centinelas enviadas para vigilar las proximidades y retroceder a Windaz para dar la alarma apenas avistaran el más mínimo indicio de invasores en el área. —¡Se acercan! ¡Ya vienen! -advirtió una de ellas. —¿Alguna de las trampas tuvo efecto? -preguntó Naya. —No… los exploradores del enemigo las interceptaron y lograron desactivarlas -aclaró una segunda bruja del mismo grupo de centinelas —Incluso nos avistaron y tuvimos que correr. Sus sentidos y manejo escurridizo del área boscosa no son de alguien torpe y sin experiencia. La alarma resonó en toda Windaz. El propio Zaswell, junto a las fusileras de la «división Metalord» que estaban en el taller improvisado, marcharon listos cargando los 4 botes de madera. La Eldar se situó en su oficina siguiendo el plan de manipular la barrera mágica para debilitarla, deliberadamente, hacia una posición en concreto. —Ustedes 4…-señaló a 4 hombres residentes del aquelarre —Cada uno elija uno de estos botes y sitúense en los arbustos que señalaré. Usen esto para encender la mecha que tiene arriba cuando se dé la palabra correcta como señal -entregó a cada hombre un pedernal y una daga. No fueron elegidos al azar; de los pocos hombres del aquelarre, eran los que sabían con mejor experiencia hacer chispas fácilmente con ambos elementos y encender las mechas sin margen de error. Cada uno de los hombres se situó en un arbusto específico, elegido por el propio «sangre de bruja», quien luego retrocedió para dejar que Naya hablara primero al llegar los dichosos invitados no deseados. Los minutos restantes pasaron. Las brujas centinelas cercanas sintieron la presencia de más de 200 invasores organizados como un pequeño ejército. En sus filas había tanto un mago como hábiles individuos con sensibilidad para sentir el mana. Percibieron entonces que la barrera mágica tenía un lado «frágil», el mismo que intencionalmente la Eldar hizo debilitar en torno al plan, mismo lugar en donde el propio Zaswell mandó a los 4 hombres a ocultarse con los botes de madera con mecha, listos para encender a la señal. El presunto líder que comandaba al pequeño ejército organizado de forajidos se presentaba como un combatiente pelón de casi 2 metros de estatura, de extremidades superiores fornidas, portando un pesado peto para su torso y armado con un gran mandoble como su arma principal. —Es hora… -Naya observándolo desde detrás de la barrera mágica, decide cruzar y mostrarse. Emergiendo fuera de la zona de exclusión de la barrera del aquelarre, Naya hace acto de presencia con un semblante frio y serio, portando su espada pesada fijada al dorso y vestía una armadura de cuero endurecido de tonalidad oscura. —Vaya, esto facilita el trabajo, jeje… -expresó el combatiente pelón con una sonrisa pícara mientras se inspeccionaba el mentón —¡Tú eres una de las brujas que custodian este aquelarre! ¿¡No es así!? —Una de varias -declaró Naya, al tiempo que otras combatientes surgían a sus espaldas. Un contingente de 20 brujas de combate, empuñando diversas armas cuerpo a cuerpo, se posicionó a espaldas de su líder. Lejos de intimidar a los forajidos, pero el comandante fornido emitió una leve risa siniestra y, mediante un chasquido de dedos, ordenó el despliegue visible de sus subordinados, consolidando una fuerza de choque de 100 de los 215 efectivos totales para respaldar su vanguardia. Las brujas de combate intentaban suprimir el nerviosismo biológico al constatar la superioridad numérica de los forajidos desplegados a escasos metros de su aquelarre; la única que mantenía un semblante imperturbable y curtido en combate era Naya. —Declara tus intenciones, bandido -Naya le habló. —Jeje, llamarme bandido es bastante descortés; preferimos el término “aventureros sin riendas”, jeje -expresó el comandante forajido con un tono burlón y siniestro —Me siento compasivo, bruja: si te rindes y me entregas a 12 de las tuyas, tu aquelarre sobrevivirá. ¿Qué dices? ¿No es una oferta bastante bondadosa? —Tsk… hoy pides 12, mañana serán 50 y eventualmente 100. Ninguna de nosotras sería capaz de entregar a nuestras hermanas a bandidos para una mísera vida de esclavitud; la muerte sería más piadosa que tu “generosa oferta” -fueron las palabras de Naya escupiendo al suelo. —Estas malditas brujas… -suspiró el bandido líder con una faceta enojada —¡Le extiendes una mano amistosa y te contestan con su vil arrogancia! Por eso el mundo las odia, por eso la fe de Altissimus las persigue. Nosotros somos más razonables que esos fanáticos, pero… si insistes en rechazar mi benevolente oferta, entonces será por las malas. Antes de que desenvainara su gran mandoble, unos aplausos se oyeron a espaldas de las brujas. De entre ellas, posicionándose al flanco de Naya, emergió un niño de 10 años de cabellera negra, ojos marrones y tez caucásica, vestido con un conjunto de camisa marrón, pantalones y calzado de cuero, quien ejecutaba un aplauso de índole sarcástica. —Bravo. Las perseverantes cucarachas han acudido en mayor cantidad que antes; una reacción que se esperaba con anticipación -dijo el niño, culminando sus aplausos. Zaswell Drayt, manteniendo una faceta despreocupada y villanesca con las manos en la espalda, fijaba su vista en el forajido comandante, asumiendo que ejercía el mando del destacamento que le respaldaba. —Jeje, ¿qué es esto? ¿Un niño? ¿Hasta los niños tienen que acudir a defender a estas brujas? ¡Jajaja! ¡Un niño tiene que unirse a la defensa de las brujas! -fue la reacción de burla del forajido comandante. La totalidad de los subordinados a sus espaldas comenzó a reír al constatar la presencia del joven de 10 años situándose al frente con una expresión tan calmada y arrogante ante sus ojos. En lugar de sentirse insultados o intimidados por sus declaraciones, los forajidos solo gestaron burlas hacia él y las propias brujas. Tanto Naya como sus combatientes subordinadas se mantuvieron estáticas, observando el panorama en silencio —Je, voy a disfrutar EXPLOTANDO su orgullo -exclamó Zaswell, proyectando la palabra a todo pulmón. Al oír la frase “Explotando”, fue la señal que esperaban aquellos hombres escondidos con la daga y el pedernal en mano; entonces, con sumo cuidado y precisión, hicieron chispas con discreción, encendiendo la mecha. De repente, los 4 hombres mostrándose desarmados salen de los arbustos adyacentes a los forajidos, corriendo velozmente hacia la posición de las brujas. Cuando los tiradores del bando forajido amagaron con reaccionar con intención de disparar, su comandante los detuvo con una seña. —¿Qué es esto? ¿Aprovecharon el follaje a nuestro alrededor para ocultar a 4 hombres desarmados e intentar tomarnos por sorpresa? ¿Son estúpidos? ¡Jajajaja! Mientras el fornido hombre y la mayoría de los forajidos rompían en carcajadas, aquellos con capacidad para percibir las fluctuaciones de energía, los observadores místicos situados cerca de los arbustos de los que habían emergido los sujetos, registraron durante un breve instante una firma de magia activa en dichas posiciones. Uno de ellos, al aproximarse a uno de esos arbustos, detectó un objeto en el interior: un bote de madera de 8,9 centímetros de diámetro y unos 17,7 centímetros de longitud, conectado a una mecha que se consumía rápidamente hacia una apertura en la sección superior de unos 3 centímetros de diámetro. Antes de que pudiera reaccionar a tiempo, ya era tarde. ¡Fruuushhhhh! Un denso humo negro salió de los 4 botes, inundando toda el área situada en las cercanías de los forajidos, privándoles hasta de la más mínima vista, tosiendo incontrolablemente mientras se cubrían los ojos. —¡Ahora! -exclamó Zaswell a todo pulmón. La barrera debilitada cayó por completo, revelando braseros encendidos con brujas de la guardia en posición, cargando ballestas con virotes de punta de flecha modificados en la parte superior con un grueso tubo como contenedor hecho de madera, sellado con pólvora negra en su interior y sobresaliendo una mecha. Las brujas a sus lados ayudaron a encender las mechas de los contenedores de los virotes y las ballesteras apuntaron hacia arriba, habiendo calculado con anterioridad la trayectoria y disparando al unísono en dirección hacia el interior de la densa cortina de humo. [CONTINUARÁ]