Fantasía Metalord NEO Revolution

Tema en 'Novelas' iniciado por Sylar, 17 Abril 2026.

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  1. Threadmarks: CAPITULO 21
     
    Sylar

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    Título:
    Metalord NEO Revolution
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Fantasía
    Total de capítulos:
    22
     
    Palabras:
    2207
    CAPITULO 21

    [VOLUMEN 1]: Rearme

    [24 horas antes del segundo asalto de los forajidos de Lars]


    El flujo mercantil siempre ha constituido un factor estratégico indispensable para la supervivencia de toda comunidad; los aquelarres no representaban una excepción a esta lógica. Cuando un asentamiento oculto incrementa su densidad demográfica por encima de su capacidad de autosuficiencia, necesidad de un comercio con el exterior se convierte en una prioridad imperativa para asegurar la estabilidad material de sus habitantes.


    Por consiguiente, los aquelarres deben implementar protocolos de seguridad estrictos para salvaguardar a su gente. En un mundo hostil la fiabilidad mutua constituye un recurso tan crítico como el suministro de comida y agua, la captación de comerciantes dispuestos a consolidar el comerciar con brujas representa un desafío logístico complicado.


    El despliegue de esta red de suministro depende de múltiples variables, entre ellos la geografía. Un ejemplo seria la localización del aquelarre Windaz: el asentamiento se sitúa de forma estratégica en un sector boscoso de alta densidad que funciona como una frontera neutral entre 2 reinos vecinos. Al norte se ubica el reino de Luthe, mientras que en el sur está delimitado por el reino de Mordvolt. Este macizo forestal, denominado bosque de Gork, mantiene por ello el estatus de ser tierra neutral.


    El bosque de Gork es clasificado como un entorno hostil, debido a la proliferación de una fauna de monstruos natural. Las brujas fundadoras que establecieron el asentamiento original de Windaz lograron asegurar su aquelarre luego de una campaña de subyugación contra los monstruos en dicha zona. En la actualidad, el perímetro inmediato del área urbana presenta un índice de seguridad mejor en comparación en sus primeros años; no obstante, el riesgo latente por la fauna hostil persiste a varios kilómetros del pueblo.


    Las buenas para el aquelarre de Windaz es que había logrado consolidar un contacto fiable en el exterior, manteniendo un flujo de comercio regular bisemanal desde hace varios años. Este canal logístico desafía de forma directa la doctrina de la religión predominante de Altissimus; sus fieles, los altissimianos, operan bajo el dogma de clasificar a las brujas y sus prácticas como enemigos de sus creencias. Sin embargo, en la extensión geográfica del mundo de Liava, el nivel de adhesión ideológica a esta fe no es uniforme ni absoluto.


    El dogma principal que rige a un comerciante es el principio de rentabilidad económica. Si un comercio sostenible es beneficioso, los comerciantes prescinden de las limitaciones impuestas por las leyes de dicha religión. Pese a esto, la Iglesia de Altissimus ejerce una influencia política masiva y ejecuta protocolos punitivos extremos contra los elementos tipificados como herejes. Los comerciantes actúan con pragmatismo táctico: adaptan sus redes operativas a las contingencias del terreno para evitar que sus flujos de efectivo sean catalogados como herejía, lo que provocaría la neutralización inmediata de sus activos por orden directa de los altissimianos.


    La viabilidad de asumir tales riesgos operativos con los aquelarres, ante la posibilidad de ser descubierto y el castigados por la iglesia, plantea una cuestión táctica elemental: ¿por qué no suspender las transacciones o entregar los asentamientos a las autoridades religiosas? La respuesta reside en el control de la información de inteligencia. El plebeyo común posee un conocimiento severamente limitado sobre la naturaleza de las brujas debido a la propaganda eclesiástica, que las clasifica como insurgentes peligrosas con dogmas inhumanos subordinados a una deidad pagana sanguinaria.


    Por el contrario, los comerciantes más audaces, provistos de redes de información y fuentes propias, han determinado la verdadera naturaleza de las brujas. Aunque se confirma la veneración de un dios ajeno a Altissimus, su descripción no correspondía a la barbarie descrita por los mandos de la Iglesia. Los comerciantes descubrieron que la influencia mística de su deidad, Astado, otorga a las brujas una compatibilidad genética a la afinidad con la magia y conocimientos de oficios arcanos más habituados.


    Un carromato de suministro arribó a la aldea de Windaz bajo la escolta de brujas del aquelarre. El vehículo transportaba un cargamento de recursos y estaba tripulado únicamente por 2 hombres. El que manejaba a los equinos era un varón provisto de un jubón de lana verde y un gorro ornamentado con una pluma blanca; a su lado se posicionaba un combatiente de mayor estatura, equipado con una armadura de hierro de peso medio, casco defensivo, escudo y espada como armamento activo. Las unidades correspondían al perfil de un comerciante joven y un escolta guerrero curtido.


    Tal era la importancia de su arribo que la propia Eldar Sara, en compañía de la comandante de la guardia de Windaz, Naya, salió para recibir de forma presencial al comerciante y su escolta personal.


    —Agradecemos nuevamente sus servicios, señor Jans -declaró Sara con tono de respeto formal mientras estrechaba su mano.


    —El placer es mío; mi jefe, «BN», le envía saludos -respondió el comerciante Jans devolviendo el saludo formal a la Eldar.


    El comerciante actuaba únicamente como un eslabón intermediario, un efectivo subordinado que respondía ante una línea de mando superior; un jefe que, con el objetivo de preservar el secreto operativo de su identidad, se identificaba exclusivamente mediante las siglas «BN».


    Mientras las cajas eran descargadas del carromato con el apoyo de las brujas, el escolta detectó ruidos de pasos aproximándose de forma directa hacia su retaguardia. El combatiente ejecutó un viraje rápido para encarar la dirección de la marcha, identificando a un niño de cabellera negra, posicionado frente suyo, lo identifico de inmediato como un habitante del pueblo.


    —Saludos, lamento la intromisión imprevista; soy Zaswell y requiero un momento su ayuda para una consulta -declaró el «sangre de bruja» a modo de presentación, manteniendo sus manos ocultas en la espalda.


    —¿Qué requerimiento tienes, joven? -respondió el guerrero con tono cortés.


    —Necesito verificar si conoce una marca específica; procederé a mostrárselo de forma inmediata.


    —¿Una marca? De acuerdo, si es algo rápido, adelante -consintió el escolta


    Las manos en la espalda revelaron un lienzo de tela que envolvía un objeto. De su interior extrajo una pieza biológica: un trozo de tejido dérmico humano extirpado, el cual presentaba una marca tatuada con el diseño de 2 dagas que simulaban estar ensangrentadas. Dicho fragmento cutáneo evidenciaba un proceso avanzado de degradación orgánica, comenzando a emanar un olor fétido.


    —«Esa marca…» -pronunció el guerrero en sus pensamientos, prescindiendo de la naturaleza de la muestra anatómica para concentrar todo su foco de atención en el patrón del tatuaje.


    —Implementé medidas para disminuir la descomposición de este trozo de piel -explicó el niño —debido a que registré múltiples cadáveres que exhibían este mismo tatuaje. Comprendo que la retención de un trozo de piel humano le resulte repulsiva, pero requería verificar el origen de esta marca. Nadie del aquelarre posee conocimiento de ello, pero asumí que gente del exterior podría saberlo, como los comerciantes que vienen a Windaz cada cierto tiempo.


    Una resolución táctica audaz ante un patrón de identificación desconocido en los cadáveres de las fuerzas agresoras. El guerrero de la escolta, manteniendo su calma y neutralidad, pregunto de inmediato:


    —¿Cuál es el origen del cadáver del cual extirpó ese trozo?


    —De uno de tantos invasores que llevaron a cabo un ataque contra este aquelarre hace una semana -respondió Zaswell.


    Una respuesta directa, sin vacilación ni dilatación informativa, que estableció que el aquelarre de Windaz fue objeto de un asalto por parte de una fuerza irregular organizada hace una semana. Sin embargo, solo un porcentaje de los cadáveres presentaba dicho patrón de tatuajes. Zaswell determinó de inmediato que no se trataba de un elemento ordinario; antes de que todos los cuerpos fueran desechados, extrajo la sección dérmica mediante un corte limpio y encontró la manera de almacenarlo en un entorno húmedo para preservar la muestra biológica hasta la llegada de los comerciantes del exterior a Windaz.


    —Kipp, ¿sucede algo? -interrogó Jans aproximándose a su escolta, identificándolo por su nombre de pila al registrar la presencia del tejido orgánico maloliente en posesión del niño —¿Eso de allí es un trozo de piel humana? Un momento… -Antes de manifestar una reacción de asco ante la muestra, fijó su atención en el patrón de la marca sobre la piel —Ese tatuaje… -concluyó, mientras su semblante adoptaba una rigidez de absoluta seriedad.


    —No hay duda, el diseño corresponde a ellos; los «forajidos de Lars» -afirmó el escolta identificado como Kipp.


    La Eldar Sarina, al percatarse de la presencia de Zaswell y del degradado trozo de piel humano que exhibía ante el comerciante y su escolta, avanzó en compañía de la comandante Naya con la intención de disculparse por la barbárica acción; no obstante, el escolta intervino de inmediato en defensa del niño.


    —De hecho, este joven hizo una maniobra inteligente. Su aquelarre fue atacado hace una semana, ¿correcto? -interrogó Kipp.


    —S-sí, lo fue -respondió la Eldar Sara con un ligero margen de alteración nerviosa.


    —Este trozo de piel, más la afirmación de que varios cuerpos de tales asaltantes lo tenían en la suya, lamento informarles que no fueron hostigados por bandidos cualquiera -explicó el agente comercial Jans —Con esto hemos confirmado una cosa: ustedes se encuentran bajo la mira de los «forajidos de Lars».


    Tanto el comerciante Jans como su escolta Kipp, quienes respondían a las órdenes de su jefe «BN», provenían del reino de Luthe, donde los «forajidos de Lars» constituían una amenaza constante. Si bien el bandidaje representaba un problema común para todos los reinos, estos bandidos eran un organizado grupo delictivo que destacaba por estar coordinada por un hábil y veterano guerrero mago: Lars.


    Su identidad era un misterio, confirmando únicamente su alta capacidad en el combate mágico y su éxito en la unificación de múltiples bandas, delincuentes y toda clase de escoria criminal bajo su mando. Transformándolo en un factor de inestabilidad desde hacía años para el reino. Las autoridades del reino de Luthe mantenía activa una considerable recompensa por la captura de Lars, vivo o muerto, así como una recompensa menor, pero no minúscula, por sus subordinados; no obstante, a diferencia de su líder, estos últimos debían permanecer con vida para que la entrega fuera válida ante la ley.


    —Sé que no debería revelar esto, pero nuestras fuentes de información han registrado que los forajidos de Lars han disminuido drásticamente sus actividades en el reino desde hace casi un mes; es un patrón extraño -relató Jans.


    —Ahora tiene sentido. ¿podría ser que su objetivo ahora sea…? -El escolta interrumpió la frase al formular tal hipotético planteo, girando la cabeza para observar a la Eldar y al resto de las brujas en las inmediaciones.


    Tal noticia fue un golpe psicológico instantáneo para la Eldar. Sara Dorbo experimentó una reacción orgánica alarmante al procesar la naturaleza de la amenaza que se cernía sobre Windaz, concluyendo mediante su propio análisis que la incursión previa no constituía un evento aislado.


    —Entonces… volverán con un asalto más fuerte que el anterior -declaró Sara entre tosidos, forzando la estabilización de su postura.


    —El análisis de los hechos lo confirma. Que los forajidos de Lars hayan reducido sus actividades en el reino y constatar que han fijado su atención en este aquelarre no es una coincidencia menor; es altamente improbable que desistan del objetivo de forma voluntaria, están decididos a concluir con lo que sea que tienen en mente -concluyó Jans


    El propio Zaswell emitió una carcajada tras envolver nuevamente el trozo de tejido dérmico en el lienzo de tela. Lejos de manifestar indicios de preocupación o estrés, exhibió una absoluta confianza mediante su característica expresión de sonrisa villanesca.


    —Esta información resulta perfecto. Ya habíamos determinado que no nos enfrentábamos a una fuerza ordinaria de bandidos, sino a un contingente organizado; no obstante, confirmar que esta amenaza está compuesta por forajidos con un nivel de adiestramiento superior al promedio, y no por una fuerza militar orquestada por algún reino que nos fijó como objetivo, es el mejor escenario posible -concluyó Zaswell.


    —¿Cómo puedes estar tan tranquilo? Si estos «forajidos de Lars» han puesto sus ojos sobre nuestro aquelarre, entonces… -Naya protestó ante la calmada actitud del «sangre de bruja».


    —Me parece que tú no lo entiendes -Zaswell le interrumpió —La razón de mi calma es por una cuestión simple: nuestras posibilidades de vencerlos son aún mayores en comparación a enfrentar a una organizada fuerza militar -explicó —Más allá de un líder con experiencia y poder mágico, la mayoría siguen siendo bandidos; un poco más equipados que los forajidos usuales, pero en retrospectiva, la inmensa mayoría son bandidos.


    El agente comercial y su escolta encontraron la presencia del niño y sus palabras un elemento fascinante y extraño; que tal joven fuera capaz de formular tales planteamientos y mostrar un comportamiento ajeno a alguien de su edad les resultaba un panorama singular, pero también llamativo.


    —Oh, dime, joven; por tus palabras y actitud, ¿acaso tienes algún plan contra ellos? -fue la interrogante de Kipp.


    —Por supuesto -dijo Zaswell exhibiendo su villana sonrisa —He estado haciendo los preparativos, aguardando su segunda llegada -revelo.


    —¿Empezaste a organizar preparativos de una defensa… desde el primer ataque? -Naya le preguntó.


    —Jeje, por supuesto, y calculo… que quizás nos queden 2 días… o menos, mucho menos, eso me dicta mi intuición -fue su sincero planteamiento —Hay que darles una merecida “bienvenida” -expresó dicha oración con una maliciosa sonrisa


    [CONTINUARÁ]​
     
  2. Threadmarks: CAPITULO 22
     
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    CAPITULO 22

    [VOLUMEN 1]: Rearme

    El comerciante y su escolta guerrero se retiraron de Windaz luego de concluir sus asuntos en el aquelarre, bajo la promesa de una visita en pocos días. Generalmente el retorno de los comerciantes se da de forma bisemanal, cada 15 días, pero ante los recientes eventos del descubrimiento de los Forajidos de Lars, han adelantado la siguiente fecha.


    Los Forajidos de Lars no son una amenaza menor; el reino de Luthe, del que procede el acuerdo comercial con el jefe comerciante apodado «BN», reconoce el nivel de amenaza de dicho grupo. Las verdaderas intenciones de esa promesa son comprobar si el aquelarre ha caído o sobrevivido ante la amenaza de Lars y sus bandidos.


    Zaswell, junto a las 15 jóvenes brujas que conformaban la división de fusileros de la «división Metalord» y Mornah, revelo en el campo de tiro del grupo 4 botes de madera de 8,9 centímetros de diámetro y unos 17,7 centímetros de longitud, conectados a una mecha que iba hacia una apertura en la sección superior de unos 3 centímetros de diámetro; su interior estaba repleto de pólvora negra.


    Tanto Naya como la Eldar Sara y varias brujas de la guardia estaban presentes allí, pues el propio «sangre de bruja» había revelado contar con un plan de defensa que llevaba planificando desde el 1º día en que fueron atacados.


    —¿Qué es esto?, ¿qué es lo que tienen en su interior estos pequeños contenedores de madera? -Naya, la comandante de la guardia Windaz, fue directo al grano en la cuestión.


    —El principio de la estrategia, eso es -Zaswell contestó con sus manos en la espalda.


    —¿El principio? -replicó la Eldar confusa.


    Tanto Naya como las brujas combatientes a sus espaldas estaban igual de confusas que Sara Dorbo. La propia bruja morena fornida notó que el número de las armas denominadas mosquete que poseen ha aumentado, llegando a verse 13 de ellos actualmente.


    En eso, Naca, la hija menor del herrero de Windaz, el señor Gazo, llegó a escena, limpiándose las manos sucias con un trapo, con un rostro rebosante de emoción y con novedades.


    —Todo está comprobado y funcionan, siguiendo los planos que diseñaste, jeje -dijo la pequeña aprendiz de herrera, que se había unido a la «división Metalord» hace poco.


    —Excelente, las planificaciones van sobre la marcha -expresó un agradecido Zaswell


    La propia Naya estaba desconcertada; tantas planificaciones en torno a la defensa de Windaz se gestaban a sus espaldas y en total desconocimiento para ella, la espada que juró defender el aquelarre.


    —¿A qué viene tanto secretismo?, ¿qué estás planeando, sangre de bruja? -Naya le habló con un tono serio y acercándose lentamente a Zaswell.


    Hasta que la bruja Aleza se situó en medio para interrumpir su camino, con el mosquete preparado en manos, pero manteniendo el cañón aun apuntando hacia el suelo.


    —Mantén la distancia, y ni se te ocurra hacer algo estúpido, o de lo contrario… -fue su advertencia.


    —¿De lo contrario qué?, ¿usarás esa arma contra mí?, ¿agredirás a una bruja del aquelarre que te acogió? -fueron las duras palabras de Naya hacia ella.


    Una tensión se sintió en el aire en torno a las brujas de la división Metalord y las brujas de la guardia que seguían a Naya, con una sostenida mirada silenciosa entre los 2 grupos. El propio Zaswell suspiró con una mano en el rostro de la exasperación con tal situación, y la Eldar reaccionó con nervios, intentando calmarlas



    —¡Muy bien todos!, ¡cálmense y presten atención! -dijo una animada Mornah en voz alta, enfocando la atención de todos los presentes —¡Recuerden que el destino de que este aquelarre no sea destruido y la mayoría de sus habitantes en el proceso convertidos en esclavas depende enteramente del éxito de la defensa!, ¡muchas gracias por su atención! -hizo hincapié en dicho dilema con un rostro sonriente.


    La actitud optimista y la mezcla de crudeza en su oración, provenientes de la joven bruja de 15 años de inusual cabellera morado oscuro, lentes y pecas en las mejillas, funcionaron como un impacto directo que disipó la fricción entre los 2 grupos, dejando un incómodo silencio de casi 1 minuto.


    —¿Quieres saber lo que pienso? -Zaswell rompió ese silencio, mientras en sus manos pelaba una manzana con un cuchillo —Nuestros enemigos son forajidos bien organizados que posiblemente nos superen en número, quizás el doble de lo que contamos para defendernos; en este 2º asalto que lleven a cabo no serán tan estúpidos de lanzarse de forma suicida. Es más que seguro que traigan y desplieguen combatientes con distintos roles, desde la fuerza de choque, los tiradores a distancia como arqueros, los que embosquen a escondidas, magos de combate y, por su dios, Astado, que no quiera que tengan un as bajo la manga, como maquinaria de asedio o uno de esos artículos mágicos de combate muy costosos, un cañón mágico. Eso sería como una sentencia de muerte.


    —¿A qué viene toda esa palabrería? —Naya preguntó.


    —A lo que quiero llegar con toda mi «palabrería» -dijo Zaswell, devorando un trozo de la manzana cortada antes de proseguir —Es que las tácticas que emplearás en la defensa para lidiar contra ellos serán anticuadas. ¿Piensas simplemente preparar a tus combatientes cuerpo a cuerpo principales para cargar al frente y dejar en la retaguardia a los pocos y escasos lanzadores de magia a distancia y tiradores? Eso es algo que ellos esperarían que hicieses -aseguró el propio «sangre de bruja» —Incluso si preparas unas cuantas trampas para sorprenderlos, el nivel de daño que podrías causarles simplemente no equilibrará la balanza a tu favor. ¿Vas a usar pozos escondidos con estacas?, ¿cuerdas para dejar caer troncos como arietes? Armar esas trampas llevará más tiempo y la probabilidad de que logres reducir varios efectivos es muy reducida, DEMASIADO.


    —Je, ¿y cómo podrías estar seguro de eso? —Naya le preguntó con los brazos cruzados.


    —Porque son forajidos, bandidos con la destreza de un pícaro, el tipo de escoria que destaca en golpear desde la sombra cuando estás con la guardia baja. ¿Crees que no tendrán exploradores entre sus filas que rastreen la zona en busca de posibles trampas al movilizar a tantos de ellos por un bosque? Incluso si logras ocultarlas con magia, el resultado será igual -fue el argumento del chico, mientras devoraba otro trozo de manzana —Desarmarán la mayoría de esas trampas; con suerte lograrás algunas bajas, dejando en evidencia el tiempo desperdiciado en esa «planificación» de defensa. Para lidiar realmente contra un grupo hábilmente preparado y organizado, necesitas trampas que superen su astucia y sature su capacidad de respuesta, algo que no vean venir.


    La carismática lengua y la habilidad argumentativa de un niño de 10 años eran algo que la propia Naya encontraba desconcertante, pero sus palabras guardaban una filosa verdad; desde lo más recóndito de su ser, la comandante de la guardia de Windaz preveía que el enemigo volvería con una ofensiva de un volumen de efectivos muy superior al contingente defensivo del aquelarre , sugiriendo la estrategia de apostar por trampas tradicionales en el bosque con el uso de magia para lograr una ventaja contra el abrumante número de los invasores.


    Entonces, tales estrategias en mente chocaron al instante contra las palabras dictadas por el «sangre de bruja», quien anticipó su mentalidad de estratega defensiva convencional; aunque le costaba aceptarlo, ese niño tenía un argumento convincente. ¿Con qué seguridad esos bandidos y forajidos no tendrían exploradores con experiencia que frustraran dichas trampas?


    Todo se reduciría a una inevitable segunda lucha encarnizada; si la estrategia de las trampas para disminuir el abrumador número del 2º asalto de invasores fracasaba, la batalla concluiría con una derrota definitiva de las brujas y el fin del aquelarre.


    —Llegado a esta conclusión, he formulado 2 posibles planes de acción para este escenario, donde solo uno será elegido. El primero: ante la imposibilidad de una victoria y el inevitable desenlace del pueblo, un plan de evacuación y retirada se pondrá en marcha -expresó el muchacho, devorando otro trozo de manzana.


    —¡Cobarde!, ¿¡planeas dejar al aquelarre morir!? -expresó una molesta Naya.


    Incluso la Eldar Sara, ante tal planteamiento, se mostraba decepcionada y triste, más considerando la tranquila reacción de Zaswell. Las guardias que seguían a su comandante expresaban tanto su malestar como preocupación; todas eran conscientes del peligro de la amenaza que se acercaba a Windaz y el potencial de ese «sangre de bruja» si ayudara en la defensa. De marcharse, comprendían que sería una batalla perdida.


    Las brujas que formaban parte de la división de fusileros, preservaban la disciplina de su posición y una estricta neutralidad en sus expresiones, sosteniendo pleno contacto visual con Naya y sus guardias. La propia bruja fornida, notando la falta de reacción de ellas, sumó esa molestia y dirigió su reprimenda hacia el pelotón de las 15 fusileras.


    —¿Acaso no sienten una sola pizca de preocupación o indignación con lo que ha dicho?, ¿no les afecta en lo más mínimo el destino de este aquelarre? -les preguntó ella con una mirada desafiante.


    Pero ninguna le dio una respuesta; se mantuvieron calladas y Aleza seguía bloqueándole el paso, con su mosquete lista para actuar en cualquier momento.


    —Sí que eres emocionalmente impulsiva -opinó Zaswell a Naya, acompañado de un suspiro de exasperación —Deberías primero dejar que termine de hablar y luego expresas tu opinión; solo oíste el primero de los 2 planes formulados -devoró otro trozo de manzana con total calma.


    La comandante de la guardia de Windaz encontraba esa actitud relajada del niño tan molesta como exasperante, pero optó por calmarse y escuchar el resto.


    —El 2º plan: llevar a cabo los planes de contingencia contra los invasores. Dado que la posible amenaza cuenta con una superioridad numérica considerable y está conformada por posibles combatientes capacitados en emboscadas, artimañas y letalidad furtiva, es necesario disminuir sus números con ciertos factores preparados de antemano, o una confrontación directa contra tal contingente será un suicidio.


    —Tanto que alardeas que esos «mosquetes» son tan poderosos, ¿y no son suficientes contra esos invasores? -la propia Naya preguntó con los brazos cruzados y una mirada juzgadora.


    —Poderosos sí, mas no invencibles; incluso la espada mágica más poderosa y el espadachín más hábil pueden ser abrumados con la superioridad numérica suficiente, es de sentido común -declaró Zaswell, tomando otro trozo de manzana —Que tenga que explicarle algo tan básico a la líder del brazo defensivo de Windaz es preocupante; dicho esto, continuaré mi explicación.


    La contrarréplica de Zaswell fue como un golpe al orgullo de la comandante de la guardia, pero no reaccionó a tal filoso comentario del «sangre de bruja»; dejó que siguiera hablando.



    —Por desgracia, para llevar a cabo los planes de contingencia, no es suficiente solo con los integrantes de la «división Metalord» -aclaró el «sangre de bruja».


    —La cooperación a voluntad de la guardia de Windaz y algunos voluntarios masculinos del aquelarre son esenciales; de lo contrario, todo se vendrá abajo -Mornah expuso.


    —Dicho esto, la «división Metalord» solo se arriesgará a llevar a cabo el 2º plan si cuento con los elementos necesarios; de lo contrario, procederemos a poner el 1º plan en marcha -Aleza dejó en claro los requisitos de la participación de su grupo.


    Al oír las condiciones impuestas, la reacción de Naya y sus guardias fue mayormente desfavorable; acceder a tales peticiones era, en simples términos, delegar la defensa del aquelarre a las directrices de la «División Metalord». Por ello, no tardaron en relucir las críticas de las combatientes seguidoras de Naya.


    —¡Esto es inaceptable!


    —¿¡Vamos a confiar en este niño!?


    —¡La señorita Naya es nuestra guía en el campo de batalla!, ¡nadie más!


    —¡Este «sangre de bruja» se está volviendo bastante arrogante!


    Naya, con los brazos cruzados y los ojos cerrados, se mantenía en silencio, ignorando las quejas y opiniones de las brujas guardias a sus espaldas en torno a Zaswell. Su postura evidenciaba una profunda evaluación de la situación.


    —Naya, por favor… -oyó la voz de Sara.


    Al abrir sus ojos, la Eldar estaba de pie a escasos centímetros frente a ella, con sus manos juntas, rogando que tomara una decisión. Sara Dorbo era la líder del aquelarre y podía ordenárselo; en lugar de eso, prefirió dejar a voluntad de la comandante de la guardia de Windaz elegir de manera definitiva una resolución tan crucial.


    ¡Silencio! -ordenó la fornida bruja morena, callando a sus subordinadas al unísono.


    Empezó a acercarse lentamente a Zaswell hasta que Aleza la detuvo y le recordó mantener su distancia, solo para que el propio «sangre de bruja» interviniera y diera su permiso.


    —Aleza, está bien -al decir esas palabras, la bruja se hizo a un lado, manteniéndose en alerta.


    La comandante de la guardia de Windaz acortó la distancia hasta encontrarse cara a cara frente a Zaswell Drayt, a 1 solo escaso metro. Un choque de miradas se desató entre ambos; un tenso ambiente volvió a imponerse entre los 2 grupos.


    —Entonces… Naya, comandante de la guardia de Windaz, es hora de tomar una decisión. ¿Tomará la postura de defender el aquelarre bajo sus términos, aun ante la considerable posibilidad de fracasar y que el pueblo perezca en su trágico destino?, o… ¿delegará la defensa del aquelarre a la «división Metalord» para ofrecernos los elementos necesarios para implementar el plan de contingencia en marcha? Elija, comandante de la guardia… -Zaswell hizo una breve pausa, consumiendo la última porción de manzana, para de inmediato cruzar las manos a la espalda e imponer un semblante de absoluta seriedad —Elija bien.


    [CONTINUARÁ]​
     
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