CAPITULO 21 [VOLUMEN 1]: Rearme [24 horas antes del segundo asalto de los forajidos de Lars] El flujo mercantil siempre ha constituido un factor estratégico indispensable para la supervivencia de toda comunidad; los aquelarres no representaban una excepción a esta lógica. Cuando un asentamiento oculto incrementa su densidad demográfica por encima de su capacidad de autosuficiencia, necesidad de un comercio con el exterior se convierte en una prioridad imperativa para asegurar la estabilidad material de sus habitantes. Por consiguiente, los aquelarres deben implementar protocolos de seguridad estrictos para salvaguardar a su gente. En un mundo hostil la fiabilidad mutua constituye un recurso tan crítico como el suministro de comida y agua, la captación de comerciantes dispuestos a consolidar el comerciar con brujas representa un desafío logístico complicado. El despliegue de esta red de suministro depende de múltiples variables, entre ellos la geografía. Un ejemplo seria la localización del aquelarre Windaz: el asentamiento se sitúa de forma estratégica en un sector boscoso de alta densidad que funciona como una frontera neutral entre 2 reinos vecinos. Al norte se ubica el reino de Luthe, mientras que en el sur está delimitado por el reino de Mordvolt. Este macizo forestal, denominado bosque de Gork, mantiene por ello el estatus de ser tierra neutral. El bosque de Gork es clasificado como un entorno hostil, debido a la proliferación de una fauna de monstruos natural. Las brujas fundadoras que establecieron el asentamiento original de Windaz lograron asegurar su aquelarre luego de una campaña de subyugación contra los monstruos en dicha zona. En la actualidad, el perímetro inmediato del área urbana presenta un índice de seguridad mejor en comparación en sus primeros años; no obstante, el riesgo latente por la fauna hostil persiste a varios kilómetros del pueblo. Las buenas para el aquelarre de Windaz es que había logrado consolidar un contacto fiable en el exterior, manteniendo un flujo de comercio regular bisemanal desde hace varios años. Este canal logístico desafía de forma directa la doctrina de la religión predominante de Altissimus; sus fieles, los altissimianos, operan bajo el dogma de clasificar a las brujas y sus prácticas como enemigos de sus creencias. Sin embargo, en la extensión geográfica del mundo de Liava, el nivel de adhesión ideológica a esta fe no es uniforme ni absoluto. El dogma principal que rige a un comerciante es el principio de rentabilidad económica. Si un comercio sostenible es beneficioso, los comerciantes prescinden de las limitaciones impuestas por las leyes de dicha religión. Pese a esto, la Iglesia de Altissimus ejerce una influencia política masiva y ejecuta protocolos punitivos extremos contra los elementos tipificados como herejes. Los comerciantes actúan con pragmatismo táctico: adaptan sus redes operativas a las contingencias del terreno para evitar que sus flujos de efectivo sean catalogados como herejía, lo que provocaría la neutralización inmediata de sus activos por orden directa de los altissimianos. La viabilidad de asumir tales riesgos operativos con los aquelarres, ante la posibilidad de ser descubierto y el castigados por la iglesia, plantea una cuestión táctica elemental: ¿por qué no suspender las transacciones o entregar los asentamientos a las autoridades religiosas? La respuesta reside en el control de la información de inteligencia. El plebeyo común posee un conocimiento severamente limitado sobre la naturaleza de las brujas debido a la propaganda eclesiástica, que las clasifica como insurgentes peligrosas con dogmas inhumanos subordinados a una deidad pagana sanguinaria. Por el contrario, los comerciantes más audaces, provistos de redes de información y fuentes propias, han determinado la verdadera naturaleza de las brujas. Aunque se confirma la veneración de un dios ajeno a Altissimus, su descripción no correspondía a la barbarie descrita por los mandos de la Iglesia. Los comerciantes descubrieron que la influencia mística de su deidad, Astado, otorga a las brujas una compatibilidad genética a la afinidad con la magia y conocimientos de oficios arcanos más habituados. Un carromato de suministro arribó a la aldea de Windaz bajo la escolta de brujas del aquelarre. El vehículo transportaba un cargamento de recursos y estaba tripulado únicamente por 2 hombres. El que manejaba a los equinos era un varón provisto de un jubón de lana verde y un gorro ornamentado con una pluma blanca; a su lado se posicionaba un combatiente de mayor estatura, equipado con una armadura de hierro de peso medio, casco defensivo, escudo y espada como armamento activo. Las unidades correspondían al perfil de un comerciante joven y un escolta guerrero curtido. Tal era la importancia de su arribo que la propia Eldar Sara, en compañía de la comandante de la guardia de Windaz, Naya, salió para recibir de forma presencial al comerciante y su escolta personal. —Agradecemos nuevamente sus servicios, señor Jans -declaró Sara con tono de respeto formal mientras estrechaba su mano. —El placer es mío; mi jefe, «BN», le envía saludos -respondió el comerciante Jans devolviendo el saludo formal a la Eldar. El comerciante actuaba únicamente como un eslabón intermediario, un efectivo subordinado que respondía ante una línea de mando superior; un jefe que, con el objetivo de preservar el secreto operativo de su identidad, se identificaba exclusivamente mediante las siglas «BN». Mientras las cajas eran descargadas del carromato con el apoyo de las brujas, el escolta detectó ruidos de pasos aproximándose de forma directa hacia su retaguardia. El combatiente ejecutó un viraje rápido para encarar la dirección de la marcha, identificando a un niño de cabellera negra, posicionado frente suyo, lo identifico de inmediato como un habitante del pueblo. —Saludos, lamento la intromisión imprevista; soy Zaswell y requiero un momento su ayuda para una consulta -declaró el «sangre de bruja» a modo de presentación, manteniendo sus manos ocultas en la espalda. —¿Qué requerimiento tienes, joven? -respondió el guerrero con tono cortés. —Necesito verificar si conoce una marca específica; procederé a mostrárselo de forma inmediata. —¿Una marca? De acuerdo, si es algo rápido, adelante -consintió el escolta Las manos en la espalda revelaron un lienzo de tela que envolvía un objeto. De su interior extrajo una pieza biológica: un trozo de tejido dérmico humano extirpado, el cual presentaba una marca tatuada con el diseño de 2 dagas que simulaban estar ensangrentadas. Dicho fragmento cutáneo evidenciaba un proceso avanzado de degradación orgánica, comenzando a emanar un olor fétido. —«Esa marca…» -pronunció el guerrero en sus pensamientos, prescindiendo de la naturaleza de la muestra anatómica para concentrar todo su foco de atención en el patrón del tatuaje. —Implementé medidas para disminuir la descomposición de este trozo de piel -explicó el niño —debido a que registré múltiples cadáveres que exhibían este mismo tatuaje. Comprendo que la retención de un trozo de piel humano le resulte repulsiva, pero requería verificar el origen de esta marca. Nadie del aquelarre posee conocimiento de ello, pero asumí que gente del exterior podría saberlo, como los comerciantes que vienen a Windaz cada cierto tiempo. Una resolución táctica audaz ante un patrón de identificación desconocido en los cadáveres de las fuerzas agresoras. El guerrero de la escolta, manteniendo su calma y neutralidad, pregunto de inmediato: —¿Cuál es el origen del cadáver del cual extirpó ese trozo? —De uno de tantos invasores que llevaron a cabo un ataque contra este aquelarre hace una semana -respondió Zaswell. Una respuesta directa, sin vacilación ni dilatación informativa, que estableció que el aquelarre de Windaz fue objeto de un asalto por parte de una fuerza irregular organizada hace una semana. Sin embargo, solo un porcentaje de los cadáveres presentaba dicho patrón de tatuajes. Zaswell determinó de inmediato que no se trataba de un elemento ordinario; antes de que todos los cuerpos fueran desechados, extrajo la sección dérmica mediante un corte limpio y encontró la manera de almacenarlo en un entorno húmedo para preservar la muestra biológica hasta la llegada de los comerciantes del exterior a Windaz. —Kipp, ¿sucede algo? -interrogó Jans aproximándose a su escolta, identificándolo por su nombre de pila al registrar la presencia del tejido orgánico maloliente en posesión del niño —¿Eso de allí es un trozo de piel humana? Un momento… -Antes de manifestar una reacción de asco ante la muestra, fijó su atención en el patrón de la marca sobre la piel —Ese tatuaje… -concluyó, mientras su semblante adoptaba una rigidez de absoluta seriedad. —No hay duda, el diseño corresponde a ellos; los «forajidos de Lars» -afirmó el escolta identificado como Kipp. La Eldar Sarina, al percatarse de la presencia de Zaswell y del degradado trozo de piel humano que exhibía ante el comerciante y su escolta, avanzó en compañía de la comandante Naya con la intención de disculparse por la barbárica acción; no obstante, el escolta intervino de inmediato en defensa del niño. —De hecho, este joven hizo una maniobra inteligente. Su aquelarre fue atacado hace una semana, ¿correcto? -interrogó Kipp. —S-sí, lo fue -respondió la Eldar Sara con un ligero margen de alteración nerviosa. —Este trozo de piel, más la afirmación de que varios cuerpos de tales asaltantes lo tenían en la suya, lamento informarles que no fueron hostigados por bandidos cualquiera -explicó el agente comercial Jans —Con esto hemos confirmado una cosa: ustedes se encuentran bajo la mira de los «forajidos de Lars». Tanto el comerciante Jans como su escolta Kipp, quienes respondían a las órdenes de su jefe «BN», provenían del reino de Luthe, donde los «forajidos de Lars» constituían una amenaza constante. Si bien el bandidaje representaba un problema común para todos los reinos, estos bandidos eran un organizado grupo delictivo que destacaba por estar coordinada por un hábil y veterano guerrero mago: Lars. Su identidad era un misterio, confirmando únicamente su alta capacidad en el combate mágico y su éxito en la unificación de múltiples bandas, delincuentes y toda clase de escoria criminal bajo su mando. Transformándolo en un factor de inestabilidad desde hacía años para el reino. Las autoridades del reino de Luthe mantenía activa una considerable recompensa por la captura de Lars, vivo o muerto, así como una recompensa menor, pero no minúscula, por sus subordinados; no obstante, a diferencia de su líder, estos últimos debían permanecer con vida para que la entrega fuera válida ante la ley. —Sé que no debería revelar esto, pero nuestras fuentes de información han registrado que los forajidos de Lars han disminuido drásticamente sus actividades en el reino desde hace casi un mes; es un patrón extraño -relató Jans. —Ahora tiene sentido. ¿podría ser que su objetivo ahora sea…? -El escolta interrumpió la frase al formular tal hipotético planteo, girando la cabeza para observar a la Eldar y al resto de las brujas en las inmediaciones. Tal noticia fue un golpe psicológico instantáneo para la Eldar. Sara Dorbo experimentó una reacción orgánica alarmante al procesar la naturaleza de la amenaza que se cernía sobre Windaz, concluyendo mediante su propio análisis que la incursión previa no constituía un evento aislado. —Entonces… volverán con un asalto más fuerte que el anterior -declaró Sara entre tosidos, forzando la estabilización de su postura. —El análisis de los hechos lo confirma. Que los forajidos de Lars hayan reducido sus actividades en el reino y constatar que han fijado su atención en este aquelarre no es una coincidencia menor; es altamente improbable que desistan del objetivo de forma voluntaria, están decididos a concluir con lo que sea que tienen en mente -concluyó Jans El propio Zaswell emitió una carcajada tras envolver nuevamente el trozo de tejido dérmico en el lienzo de tela. Lejos de manifestar indicios de preocupación o estrés, exhibió una absoluta confianza mediante su característica expresión de sonrisa villanesca. —Esta información resulta perfecto. Ya habíamos determinado que no nos enfrentábamos a una fuerza ordinaria de bandidos, sino a un contingente organizado; no obstante, confirmar que esta amenaza está compuesta por forajidos con un nivel de adiestramiento superior al promedio, y no por una fuerza militar orquestada por algún reino que nos fijó como objetivo, es el mejor escenario posible -concluyó Zaswell. —¿Cómo puedes estar tan tranquilo? Si estos «forajidos de Lars» han puesto sus ojos sobre nuestro aquelarre, entonces… -Naya protestó ante la calmada actitud del «sangre de bruja». —Me parece que tú no lo entiendes -Zaswell le interrumpió —La razón de mi calma es por una cuestión simple: nuestras posibilidades de vencerlos son aún mayores en comparación a enfrentar a una organizada fuerza militar -explicó —Más allá de un líder con experiencia y poder mágico, la mayoría siguen siendo bandidos; un poco más equipados que los forajidos usuales, pero en retrospectiva, la inmensa mayoría son bandidos. El agente comercial y su escolta encontraron la presencia del niño y sus palabras un elemento fascinante y extraño; que tal joven fuera capaz de formular tales planteamientos y mostrar un comportamiento ajeno a alguien de su edad les resultaba un panorama singular, pero también llamativo. —Oh, dime, joven; por tus palabras y actitud, ¿acaso tienes algún plan contra ellos? -fue la interrogante de Kipp. —Por supuesto -dijo Zaswell exhibiendo su villana sonrisa —He estado haciendo los preparativos, aguardando su segunda llegada -revelo. —¿Empezaste a organizar preparativos de una defensa… desde el primer ataque? -Naya le preguntó. —Jeje, por supuesto, y calculo… que quizás nos queden 2 días… o menos, mucho menos, eso me dicta mi intuición -fue su sincero planteamiento —Hay que darles una merecida “bienvenida” -expresó dicha oración con una maliciosa sonrisa [CONTINUARÁ]