Long-fic de Pokémon - Pokémon Asfodelo

Tema en 'Fanfics de Pokémon' iniciado por Nao Sharp, 10 Julio 2026.

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  1.  
    Nao Sharp

    Nao Sharp Usuario popular

    Aries
    Miembro desde:
    14 Febrero 2021
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    723
    Pluma de
    Escritora
    Título:
    Pokémon Asfodelo
    Clasificación:
    Para adolescentes. 13 años y mayores
    Género:
    Aventura
    Total de capítulos:
    4
     
    Palabras:
    612
    Bueno, pues lo prometido es deuda: aquí está mi fanfic de Pokémon. Sé que he tardado un montón, pero entre el fin de curso y las caídas del foro se me pasó el tiempo :/. Como veis, excepto porque está ambientado en el Mundo Pokémon y hay pokémons de varias regiones, el resto es original. Como un fangame, pero sin el game (?). Espero que os guste :3 . Y si veis alguna cagada decidlo sin miedo, es mi primera vez con esta saga ajajaja. Bueno, sin más dilación os dejo con la historia:

    POKÉMON ASFODELO

    "Este mundo es muy especial… El tiempo no fluye… El espacio no es estable. Aquí solo vive ese Pokémon de las sombras."
    -HELIO


    Prólogo: Los Supervivientes.

    Tras una explosión, siempre viene un silencio ensordecedor. Zael mira hacia atrás una última vez, hacia la cueva donde acaba de enterrar todo lo que conocía. Todo lo que creía que era. El derrumbamiento que ha provocado ya no deja ver nada más que un montón de rocas. Suspira y se da la vuelta, enmarcado por los tres picos de la cordillera que casi le hace perder la cabeza. Casi, pero no. El poder que desprende por cada poro de su piel contrasta con la expresión afligida de su rostro cansado. Óscar lo mira compasivo desde unos metros más adelante, esperando poder ayudarle de alguna manera. El problema es que no necesita la compasión de esos ojos que recordaba negros y por algún motivo ahora son verdes. Nadie más se ha enterado de lo que ha pasado aquí, nadie más ha visto las vidas robadas, nadie más ha visto con sus propios ojos el aspecto del fin del mundo. De todo el dispositivo, solo han salido ellos dos con vida. Porque la cordillera lo oculta todo. La cueva de entre los picos ahora es una tumba cerrada gracias a los explosivos que nadie más ha escuchado. Cuando están uno frente al otro, Óscar le pone una mano en el hombro.
    —Hemos hecho lo que debíamos hacer.
    Dibuja una sonrisa tenue en su rostro. Zael solo suspira y desvía la vista como respuesta. Si era lo que debían hacer, ¿por qué se siente tan roto?
    —Bueno, bajemos de estas montañas de una vez —Óscar aparta la mano y mira hacia el camino estrecho y pedregoso que les espera—. Tengo ganas de estar debajo de las nubes otra vez, no encima.
    La broma no parece surtir efecto en la mirada perdida de su compañero. El océano de sus ojos se ha convertido en hielo. Óscar toca las Poké Balls de su cinturón donde por suerte su equipo ya descansa.
    —Deberíamos ir a comer algo al llegar abajo —sigue hablando—. ¿Qué te apetece?
    Ellos dos nunca se han llevado demasiado bien, es cierto. Pero por muy rivales que sean, sabe que debe de estar pasándolo muy mal. A pesar de haber hecho lo correcto. Zael se encoje de hombros.
    —Tampoco hay demasiadas opciones en el pueblo de ahí abajo —dice.
    Pero hasta su propia voz le parece desconocida. ¿De verdad tienen que hacer como si no pasara nada? ¿Cómo si no acabara de perderlo todo?
    —Eso es cierto.
    Óscar sonríe antes de tomar la delantera con la que empieza un descenso arduo y silencioso. El descenso hacia una vida desconocida.
     
    Última edición: 10 Julio 2026
  2. Threadmarks: Capítulo 1: Una aventura tardía
     
    Nao Sharp

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    Capítulo 1: Una aventura tardía

    Entran los primeros rayos de sol en la casa rodeada de grandes huertas que marca el final del pequeño Pueblo Armeria. Eileen lleva horas despierta, porque hoy es el gran día. Hoy dará comienzo su aventura pokémon. Cuando se ajusta la mochila a la espalda tras desayunar con su madre, Lux corretea ansioso a su alrededor. Él también tiene ganas de ver mundo. Eileen acaricia ese pelo blanco que jamás tiene una sola mancha. Siempre le ha fascinado. Eso, y el fuerte dorado que decora su hocico, su barriga, le dibuja calcetines en las patas y hace juego con los mechones de las orejas y la cola.
    —Recuerda comprar todo lo que te falta en Ciudad Azahar. —dice su madre mientras le da dinero.
    La joven asiente y lo guarda en un bolsillo lateral de la mochila.
    —Y… Creo que ya estás lista.
    Mira a su hija de arriba a abajo antes de sonreír de forma melancólica. Sabía que este momento llegaría. De hecho, ha tardado varios años más de lo que debería en llegar. Se acerca y abraza a Eileen.
    —Ten cuidado —suspira mientras la estruja— Y tú también, Lux.
    El perro ladra como asentimiento.
    —No te preocupes, estaremos bien.
    La sonrisa de Eileen se muestra confiada, pero es obvio que está nerviosa. Cualquiera lo estaría antes de emprender su aventura pokémon.

    Después de perder de vista a su madre, que los despidió de forma efusiva hasta perderlos de vista, Eileen y Lux pasan frente a las últimas casas de madera del pueblo, en dirección a la Ruta 1004 de Dosina. El acceso está marcado por un sobrio cartel verde reglamentario, con su número y la flecha que indica la dirección a seguir, justo encima de otra que devuelve al pueblo. Pero hoy ellos van hacia lo desconocido, así que sin miedo se adentran el el camino marcado por la primera flecha. La ruta es frondosa y hay montones de pokémon que Eileen va registrando en la Pokédex de su SmartRotom a través de la cámara. No tiene intención de capturarlos a todos como otros entrenadores, ese no es el objetivo de su viaje. Busca conocer el mundo y encontrar su propio futuro. Por supuesto, ya había probado la Pokédex antes de salir, con Lux y los pokémon que merodean por el pueblo. Pero usarla en la ruta es mucho más emocionante. Le saca fotos a un par de Pidgeys que están picando algo en el suelo, antes de sonreír al ver a unos Beautiflys que juguetean en el aire. Lux corretea de un lado a otro, olisqueando y buscando quién sabe qué. Porque allí todo está lleno de vida: el cielo, los árboles, la hierba y hasta el interior de la tierra. Es lo más hermoso que Eileen ha visto nunca.

    Caminan varios kilómetros hasta que se encuentran a un niño que va investigando junto a su Bunnelby.
    —Ey, ¡hola! —la saluda sin ninguna vergüenza.
    —Oh, hola.
    Eileen lo observa desde la altura con curiosidad, es la primera persona con la que se cruzan desde que salieron.
    —¿Eres entrenadora? —dice mirándola de arriba a abajo.
    Ella asiente y el chico sonríe de oreja a oreja.
    —¡Entonces combatamos!
    El pokémon del chico se pone en posición en un abrir y cerrar de ojos, mirando a Lux con rabia.
    —Ah… Vale.
    La propuesta la ha pillado bastante de sorpresa y está nerviosa porque es su primer combate, pero sabe que a eso se dedican los entrenadores: a combatir.
    —¡Vamos, Lux!
    Su pokémon se coloca delante del Bunnelby, gruñendo. Está claro que no va a dejarse ganar.
    —¡Bunnelby, usa placaje!
    —¡Lux, usa meteoros!
    Exclaman a la vez. Pero Lux es mas rápido y golpea primero. Las pequeñas estrellas que convoca con su ataque caen sobre el rival con fuerza, aunque no parece haber hecho mucho daño al conejo. Lux también aguanta el placaje que el rival ejecuta con su cuerpo sin demasiados problemas. Eileen repite la orden, pero el niño cambia el movimiento.
    —¡Usa malicioso!
    Sin embargo, no surte efecto. Y esta vez meteoros ha dejado muy afectado a Bunnelby. El niño abre mucho los ojos y se pone a mirar algo a toda velocidad es su SmartRotom.
    —¡Jolín, tiene cuerpo puro! —se queja.
    Eileen sonríe, sabe que Lux es especial. Un último meteoros termina por debilitar al conejo, que vuelve a la Poké Ball. La verdad se siente un poco culpable, solo es un niño.
    —Vaya, me has ganado —el crío sonríe mientras rebusca en su bolsillo— ¡tendré que entrenar más!
    Lo bien que se ha tomado el perder hace que Eileen suspire aliviada.
    —Claro, seguro que algún día llegas a ser un campeón —lo anima.
    El chico asiente y le tiende unas monedas.
    —Toma, ¡por ganar!
    —Ah, gracias.
    Eileen acepta el dinero con una sonrisa. Casi no se acordaba de que el entrenador que pierda debe dar una cantidad simbólica al contrario.
    —¡Nos vemos! —exclama el chico echando a correr en dirección a pueblo Armeria.
    La joven se despide de él con la mano hasta que lo pierde de vista y luego se agacha para acariciar a Lux con una sonrisa de oreja a oreja.
    —Es genial, hemos ganado nuestro primer combate.
     
    Última edición: 10 Julio 2026
  3. Threadmarks: Capítulo 2: Ruta hacia la amistad
     
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    1031
    Capítulo 2: Ruta hacia la amistad

    Tras un primer día de aventuras tranquilo, Eileen y Lux se enfrentan al segundo día de su viaje. Dormir en el suelo del bosque es algo incómodo, pero al menos hace buena temperatura por las noches. Tras un par de combates ganados a lo largo de la mañana, se detienen a comer cerca de un riachuelo. Lux aprovecha para bañarse y Eileen para revisar su Pokédex.
    —Que bien, ya tengo unos 20 pokémon registrados —sonríe—. ¿Crees que deberíamos buscarte un compañero?
    El gruñido de Lux dice claramente que le da igual.
    —A mí me gustaría hacer algún amigo más —declara Eileen—. Así que supongo que si nos hacemos amigos de otro pokémon, lo capturaré.
    Lux sale del agua y, si en algún momento estuvo sucio o mojado, ya no lo está. Su entrenadora le da unas bayas y se prepara un bocadillo para sí misma.
    —¡Que aproveche! —dice en cuanto lo tiene listo.

    Retoman la ruta después de comer y caminan por varias horas más, hasta que se encuentran con un fuerte revuelo en el medio del camino. Una bandada de Pidgeys anda gritando y acosando a un pokémon que a apenas pueden ver, porque los pájaros están sobre él. Un chillido agudo hace que a Eileen se le encoja el alma, van a matar al pobre pokémon.
    —Eh, ¡dejadlo en paz! —grita.
    Pero los Pidgeys pasan del tema. Entonces Lux corre hacia ellos, logrado que se aparten con un ladrido. Dejan a la vista a un pequeño Seedot lleno de heridas. Los pájaros, envalentonados, se ponen en posición para atacar a Lux. Eileen llega corriendo y coge en brazos al pokémon herido mientras su compañero gruñe.
    —Vamos, usa meteoros —lo insta.
    Lux ataca y golpea a varios enemigos con sus estrellas, haciendo que huyan. El resto gritan y se abalanzan contra Eileen, que se agacha por instinto para intentar esquivarlos a la vez que protege a Seedot, y logra reducir el daño a unos arañazos en la mochila. Su pokémon se gira ardiente de rabia, ladra antes de salir disparado hacia uno de los Pidgeys. Eileen ve con los ojos muy abiertos cómo salta sobre ella. El rival que recibe el golpe cae al suelo confundido mientras Lux aterriza con elegancia y vuelve a ladrar. Ahora sí, los pájaros que quedaban huyen asustados. Eileen se sienta en el suelo, intentando calmar su respiración acelerada. Mira a su pokémon que se acerca moviendo el rabo.
    —¿Qué has hecho?
    Lux ladra con alegría.
    —¿Un movimiento nuevo? Es genial.
    Eileen sonríe y él camina trazando un círculo antes de sentarse. Entonces ambos miran al Seedot en brazos de la chica, que tiene varias heridas, pero al menos está vivo. Ella se quita la mochila para darle una baya aranja al pequeño, que la mordisquea con su boquita casi invisible.
    —¿Qué te pasó? —le pregunta mientras lo sostiene como si le estuviera dando el biberón a un bebé.
    Seedot emite unos chasquidos.
    —¿Y dónde está tu manada ahora?
    Los siguientes sonidos del pokémon dan a entender un “no sé”.
    —Vaya —Eileen pone un gesto trise—. Pues si quieres ven con nosotros, de momento solo estamos nosotros dos.
    Lux ladra a modo de asentimiento y a Seedot se le iluminan los ojos antes de emitir un chasquido afirmativo.
    Después de terminar la baya, Seedot tiene mucho mejor aspecto. Eileen lo deja en el suelo y sonríe al ver que se mantiene en pie. Saca de su mochila una Poké Ball y se la acerca al pequeño.
    —Entonces, ¿me acepas como entrenadora?
    Él asiente y choca la cabeza contra el botón. Tras tambalearse tres veces se completa la captura. Sonriente, Eileen se pone de pie y lanza la Poké Ball.
    —¡Adelante Seedot!
    El pequeño sale, ahora como un nuevo compañero. Lux salta de alegría mientras su nuevo amigo corretea junto a ellos. Y así, siendo uno más, continúan el camino hacia Ciudad Azahar.



    El tercer día de viaje empieza con un sol radiante. Seedot ya está perfectamente sano mientras los tres avanzan por la ruta 1004. Si todo va bien, llegarán a la ciudad al atardecer. Tras enfrentarse a un par de entrenadores a los que vencen gracias al absorber de Seedot y el nuevo ataque rápido de Lux, se detienen a comer en un claro.
    —Que raro —murmura Eileen al mirar al cielo.
    Sus dos compañeros también alzan la vista con curiosidad. Desde el norte parece que se acercan unas nubes densas.
    —Esperemos que no llueva.
    La comida pasa tranquila. Seedot y Lux ya son buenos amigos y juegan por la hierba mientras Eileen descansa. La verdad es que tiene ganas de dormir en una cama esa noche.
    A penas una hora después de retomar la ruta, el cielo los asalta con una oscuridad amenazante.
    —Por favor, que no llueva —ruega Eileen.
    Pero su petición no sirve de nada, porque unos minutos después empiezan a caer gotas. Ella se pone su chubasquero e intentan atecharse bajo los árboles frondosos que rodean la ruta, porque no tiene nada más contra la lluvia. Sin embargo, al pasar los minutos y con unas precipitaciones cada vez más intensas, los árboles empiezan a filtrar el agua. Necesitan llegar a la ciudad cuanto antes. Eileen sigue caminando con decisión a pesar de que sus zapatos son una piscina; y sus pokémon no dudan en acompañarla. Pero tras media hora de lluvia y barro incesantes Seedot está agotado. Lo coge en brazos y avanzan más, cada vez a un paso más lento. Lux no se rinde porque su orgullo no se lo permite, pero aunque el barro no le mancha sí está mojado y cansado. Así que Eileen termina por guardarlos en sus Poké Ball a ambos y avanzar sola. Con el paso de las horas está cada vez más mojada y tiene más frío. Quizás debería pedir ayuda. No quiere rendirse en su tercer día, pero la lluvia no tiene intención de dejarla en paz. Sigue dando un paso tras otro, llena de dudas. Quizás debería llamar al centro pokémon de Azahar… O a su madre. Se apoya en un árbol y mira al cielo. ¿De verdad va a rendirse?
     
  4. Threadmarks: Capítulo 3: A través de la lluvia
     
    Nao Sharp

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    1685
    Capítulo 3: A través de la lluvia

    Zael está un poco cansado de ver llover. Bueno, o quizás mucho. Se suponía que en un día y medio como tarde habría sido capaz de llegar a Pueblo Armeria con su bicicleta, pero tenía que ponerse a llover. Y además con ganas. Lleva tres horas parado cuando habitualmente en el Sur a penas llueve. Se aparta un mechón rebelde de su pelo negro descuidado y vuelve a dejarse caer en la silla plegable que por suerte decidió llevar con él. Y más suerte tiene de que la tienda de campaña esté aguantando este mal tiempo, claro. Tiene en frente a un Swampert que está quieto bajo la lluvia, apoyado sobre sus cuatro patas mirando al infinito. Debe andar meditando o algo así. Le fascina cómo hay pokémon que en su última fase evolutiva parece que se vuelven más místicos, como si se convirtieran en sabios. Cosa que no debe estar muy lejos de la realidad. En una charca que hay cerca, ha soltado a otros pokémon de tipo agua más pequeños para que jueguen. Al menos así alguien saca provecho de todo esto. Saca su SmartRotom para revisar las notas de su investigación, aburrido. Ya se las sabe de memoria, pero no tiene mucho más que hacer. No pasa ni un minuto cuando aparta la vista para mirar la ruta trazada al pie de la colina en la que ha plantado la tienda. A lo lejos le parece distinguir una figura, pero no cree que nadie pueda estarse aventurado por la ruta con la que está cayendo. Así que desvía la vista a los pokémon que juegan en la charca. Disfruta de cómo Wooper persigue las burbujas de Dewpider, Ducklett nada o Lotad se sorprende con las gotas que caen de su propio nenúfar. Adora a los pokémon, al menos mucho más que a las personas. Y por eso mismo le preocupa el Sobble que volvió con él desde Galar hace unas semanas, no parece adaptarse al grupo. Está escondido entre unos arbustos, asustado de las burbujas y hasta de la lluvia. Sabía que es una especie tímida, pero, ¿tanto? Quizás haya algo más. Suspira dispuesto a anotar el problema con Sobble en sus notas, para revisarlo al volver a casa, pero nunca llega a hacerlo porque la figura que creyó haberse imaginado ahora está al pie de la colina. Del otro lado del camino, se apoya en un árbol y mira hacia el cielo. Entonces, la capucha empapada de su chubasquero se escurre ligeramente, dejando ver un rostro suave acompañado de húmedo pelo castaño. La chica se la recoloca como puede y luego se abraza a si misma, sin darse cuenta de que la están mirando desde lo alto. Está calada hasta los huesos y muerta de frio.
    —Eh, Swampert —el monstruo se gira con cara de pocos amigos cuando Zael le habla—. Vamos, ni que estuvieras a las puertas de un descubrimiento —bromea—. Hazme el favor y trae a esa chica.
    Swampert sigue el gesto con la cabeza que hace su entrenador para ver a la joven en la que no se había fijado hasta ahora. Estaba perdido en sus pensamientos sobre la lluvia. Así que, con sorprendente agilidad para su tamaño, baja por la colina. Zael no se lleva muy bien con los humanos, es cierto. Pero una cosa es eso y otra muy distinta dejar a alguien morir de hipotermia.

    —¡Uuiiiiii!
    El grito penetrante de Swampert hace que Eileen se gire de repente. Al verlo, le sale un grito ahogado y se queda paralizada del susto. El pokémon vuelve a gritar en lo que ella interpreta como un “¡espera!”. Definitivamente todos los pokémon se comunican de forma parecida. No tarda más que unos segundos en estar en el camino frente a ella.
    —¿Q-que pasa? —entre el frío y el miedo, hablar se ha vuelto difícil.
    Swampert se le acerca y ella choca con un árbol al retroceder, mientras busca la Poké Ball de Lux en el bolsillo lateral de su mochila. Ninguno aparta la vista del otro.
    —¡Uiii uuiiii! —habla el pokémon.
    —¿Qué vaya contigo? —pregunta sorprendida.
    Swampert asiente y mira hacia la tienda, haciendo que Eileen también alce la vista. No se había dado cuenta de que estaba allí, hasta hace un momento solo pensaba en seguir caminando para llegar a la ciudad. En el tiempo que se queda distraída, Swampert se coloca tras ella y le da un empujoncito con la cabeza para que camine hacia la colina.
    —Vale, vale. Ya voy —dice rindiéndose.

    Al llegar a lo alto se encuentra con Zael, que sigue sentado en su silla. Swampert le dedica un gesto triunfante.
    —Gracias —su voz es grave, tranquila.
    El Pokémon se da por satisfecho y vuelve a la posición de meditación, mientras su entrenador se pone en pie y mira a Eileen de arriba a abajo.
    —Anda, acércate o te mojarás más.
    —Eh… Sí, sí.
    Se pone roja al darse cuenta de que se había quedado mirándolo como una tonta. Tiene un aura de poder difícil de describir. Una vez bajo el toldo de la tienda se quita la capucha. Aunque se queda fuera del suelo plasticoso sobre el que está Zael, para no mojarlo.
    —¿Cuántas horas llevas caminando bajo la lluvia?
    Siente cómo sus ojos color hielo la taladran y traga saliva. Ni que la estuviera riñendo su madre. Al darse cuenta del frío que tiene empieza a tiritar.
    —Pues no sé, d-desde que empezó… —comenta avergonzada.
    Zael suspira y da un paso hacia ella. Es alto, o tal vez ella muy bajita.
    —Bueno, no importa. Dame el chubasquero y la ropa qué más mojada esté, intentaremos secarla. Por cierto, ¿cómo te llamas?
    Se quita rápidamente la mochila medio vacía y él la deja con cuidado sobre el suelo de la tienda, al lado de su silla.
    —Eileen —responde mientras— ¿Y t-tú?
    —Zael.
    La chica asistente mientras se quita el chubasquero y se lo pasa. Él usa una cuerda de la tienda como tendal improvisado. Luego, para poder pisar el suelo seco, se quita los zapatos y los calcetines, y los dejan en una esquina. Se queda con un pantalón y una camiseta ajustados, mientras Zael materializa una Poké Ball desde su SmartRotom. Ella se frota los brazos del frío, antes de ver cómo aparece un enorme Arcanine que los mira con curiosidad.
    —Está muerta de frío, ¿puedes calentarla? —le explica a su pokémon.
    El enorme perro la mira de arriba a abajo a la vez que su dueño, antes de tumbarse haciendo un semicírculo que invita a Eileen a sentarse. Ella duda un segundo.
    —Vamos, que no te va a hacer nada —la anima Zael.
    Así que le acaricia la cabeza al pokémon y se acomoda contra él. La verdad es que da un calor muy agradable. Arcanine se enrosca un poco más para acomodarse y cierra los ojos, mientras Eileen le acaricia la cabeza. En cierto modo, se parece un montón a Lux. Zael vuelve a desplomarse en su silla y deja escapar un largo suspiro. Ella aprieta los labios, pensando que quizás se está arrepintiendo de ayudarla. Nadie le ha dicho que es simplemente su personalidad.
    —Gracias por ayudarme —murmura intentando resolver un problema que no existe.
    Zael la mira y dedica una sonrisa tenue.
    —No es nada —apoya la cabeza sobre su mano—. ¿Eres entrenadora?
    Eileen asiente.
    —Bueno, es mi tercer día —bromea intentando quitarle hierro al asunto.
    Pero solo consigue que el chico le dedique una mirada curiosa, ante lo que se pone nerviosa y baja la vista.
    —Eso explica por qué no estabas preparada para una situación así.
    Ella mira a sus manos, avergonzada.
    —Iba a comprar todo en Azahar, pero no he llegado… —suspira y acaricia una de las patas de Arcanine—. Se suponía que no iba a llover.
    —Ya —se queja Zael—. El tiempo está loco últimamente.
    Eileen asiente y él sigue hablando.
    —Entonces, ¿eres de pueblo Armeria?
    —Llevo unos años viviendo allí, así que se podría decir que sí. ¿Por?
    Vuelve a alzar la vista y se encuentra otra vez con esos ojazos color hielo. Es increíble cómo la presencia de Zael puede convertir la silla plegable en un trono.
    —Voy hacia allí para investigar los pokémon que viven en la costa —responde él.
    —Que guay —dice emocionada—. ¿Trabajas para la Profesora Pokémon o algo así?
    Zael niega con la cabeza.
    —Que va, yo soy independiente.
    —Ah, entiendo —tiene muchas más preguntas, pero se las guarda—. Pues mi casa es la última antes de la playa —le explica—, si tienes algún problema y le dices a mi madre que me conoces seguro que te ayuda... Aunque te agradecería que no le dijeras que me has encontrado en este estado.
    Eileen se pone a juguetear con su coleta húmeda y él ríe.
    —No te preocupes, no se lo diré.
    —Gracias.
    La joven sonríe mirando a sus pies, agradecida por haberse encontrado con Zael.
    —Por cierto, ¿cuántos años tienes? —la voz del entrenador la saca de sus pensamientos—. Pareces un poco mayor para acabar de empezar tu aventura.
    Eileen vuelve a alzar la vista y se sonroja al darse cuanta de que él nunca ha dejado de prestarle atención.
    —16 —suspira—. Tuve que retrasar todo esto por asuntos familiares.
    Zael asiente, sin poder evitar preguntarse qué problemas tendrá ella con su familia.
    —¿Y tú?
    La verdad es que él no parece mucho más mayor.
    —17.
    —Ya veo —sonríe ella—. Somos casi de la misma edad.
    —Sí.
    No es el hombre más hablador del mundo, pero tampoco se le puede reprochar nada.
    —No parece que vaya a a parar de llover —sigue hablando Eileen, mirando las gotas que se deslizan por el cuerpo de Swampert—. ¿Cuántas horas hace que empezó?
    Zael mira la hora en su SmartRotom.
    —Unas tres horas y media.
    —Que mal… Supongo que solo podemos esperar.
    Zael asiente de nuevo y se recuesta en la silla para echar un vistazo a los pokémon de la charca. Ambos se quedan en silencio, escuchando el incesante sonido de la lluvia y preguntándose cuándo podrán seguir su camino.
     
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