Explícito The devil is a man who can't take rejection [Gakkou Roleplay | AU]

Tema en 'Mesa de Fanfics' iniciado por Zireael, 21 Julio 2026 a las 5:34 PM.

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    Zireael

    Zireael kingslayer Comentarista empedernido

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    Escritora
    Título:
    The devil is a man who can't take rejection [Gakkou Roleplay | AU]
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Misterio/Suspenso
    Total de capítulos:
    1
     
    Palabras:
    5879
    Como mi vida es una eterna cagada, ahora vamos a aprovechar el tiempo que no volveré a tener en una temporada (?)

    Al final opté por separarlo porque ajá, así me siento como si estuviera escribiendo una saga (????) However, este fic es una continuación directa de los eventos ocurridos en Searching for that power that don't exist que es un What if inmenso del futuro, está ambientado en 2026. A pesar de ello, el núcleo de cada arco es más o menos independiente y leer este no requiere de haber leído a profundidad el primero, pero por suerte la Pau del pasado hizo una línea del tiempo que resume todo :D Igual sí quisiera que converjan de forma más directa en algún punto.

    Anyways Bruno TDF es tu turno :D hope u like it porque tÚ LO METISTE AQUÍ, COMO SIEMPRE

    De una vez aviso, asume que voy a terminarlo en otros tres años como el anterior. Este AU lo escribo incluso más lento que los otros, este primer capítulo es una excepción porque lo tenía pensado desde hace como dos del arco anterior.

    Anyways, let's fucking goooo

    Wait, reminder de que cuando hablo del Triángulo del Dragón me refiero al territorio conformado por los barrios especiales de Chiyoda, Shinjuku y Shibuya. En mi mente ya es conocimiento general, pero hey el recordatorio no hará daño JAJAJ



    [​IMG]
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    when everything is said and done
    I'm not the one that came undone
    keeping my cool above your flame

    hear the people chant my name
    fear of the devil that she knows
    you can't reap what she won't sow

    .
    the devil is a man who can't take rejection

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    I

    This must all be an illusion skipping frames


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    En algún lugar del Triángulo del Dragón, Tokyo
    Mañana del 17 de julio



    El apartamento estaba en un cuarto piso y la ventana daba a la calle, desde donde podía ver a las personas ir y venir. Durante el transcurso del primer día el hombre aquel, el de mala cara, apareció y le dejó una maleta con ropa, objetos de cuidado personal y demás, pero no dijo nada ni respondió sus preguntas. Entre las cosas también estaba la llave del lugar, pero usarla probó ser inútil, pues afuera había siempre alguien apostado que le preguntaba a dónde quería ir, por qué y le dejaba claro que no lo haría sola.

    En la nevera había comida, cosas básicas para preparar o rápidas de hacer. El espacio era casi un estudio, eso sí, pues tenía una sola habitación que incluía el baño y lo que era la sala, la cocina y una especie de centro de lavado pequeño. Era un espacio unitario que también tenía una pequeña televisión que descansaba en un mueblecillo cerca de la ventana. Después del evento Hikari y ahora este, estaba claro que no era la primera ni última vez que los irlandeses retenían a alguien de esta forma. Era como una cárcel disimulada, a la vista de todo el mundo.

    Había despertado aquí luego de haber sido noqueada en la reserva de Tokorozawa. Sin embargo, nadie más le había tocado un pelo, su cuerpo estaba intacto más allá del golpe en la nuca y nadie la había forzado o amenazado, no hasta que Liam Dunn apareció. Como Jesucristo resucitado o algo así. Tocó a la puerta y cuando ella abrió, Dunn padre ingresó al espacio sin pedir permiso, forzándola a darle espacio. No dijo nada de primera entrada, sencillamente entró y el hombre fuera cerró la puerta, dejándola con el jefe irlandés y ninguna salida.

    ¿Así se había sentido Cayden cuando Nathan apareció en el apartamento de Minami?

    Había algo en el parecido con su hijo que la incomodaba, era como ver el futuro y a la vez ver algo completamente distinto. Lo había pensado desde que se reunió con él aquella primera vez, para negociar por la vida de Sugino. No lo dejó ver entonces ni ahora, claro, pero ella… Sentía un rechazo natural por este hombre, por la persona a la que se parecía y por la forma en que sabía que lo trataba, porque a fin de cuentas, en el fondo, consideraba a Cayden amigo suyo. Incluso si lo había amenazado, incluso si había contemplado manipularlo y con todo lo que había ocurrido entre ellos. Más allá de eso, ahora mismo digamos que algo de su confianza había mermado por la humillación de Tokorozawa y porque estaba aquí, en jeans, una camiseta, descalza y sin maquillaje. Liam no diría nada, pero lucía frágil sin sus vestidos, tacones y demás, como una simple chica en sus veintes que quizás estaba demasiado delgada y muy cansada. Daba el aspecto de ser una simple astilla.

    En cualquier momento podía quebrarse.

    El hombre caminó, se sentó a la mesa y dejó encima un teléfono celular, el de Ilana. Se lo habían quitado en la madrugada que la trajeron aquí. Ella reconoció el aparato y se quedó de pie, esperando, sin saber muy bien qué hacer con su cuerpo. Tenía el cabello húmedo porque se había duchado hacía unos veinte minutos y una gota de agua se deslizó por un mechón hasta caer al suelo.

    —Usas desechables —dijo Reaper entonces—. Tu móvil principal no tiene nada y en el coche en el que llegaste a Tokorozawa no hay rastro de otro teléfono. Aprendiste lo suficiente de la calle para poder cubrir lo que haces y lo que hacen los tuyos, más o menos. Tu segundo al mando no es tan discreto, eso sí. Al menos no aquí, quizás por la naturaleza emocional de papel en el cuadro. Los muchachos pudieron llegar por sus descuidos.

    —¿Ya puedo usar mi teléfono entonces? —murmuró ella, algo ácida.

    —Ya puedes en tanto no hagas estupideces como pedirle a alguien que intoxique a mis hombres. Ahora siéntate, Jade.

    La joven arrugó las facciones, pero acató la orden y se acercó, despacio, para ocupar la otra silla. Tomó su celular y lo dejó frente a ella, en su pecho todavía reposaba la figurilla de jade.

    —No creí que cayeras tan al fondo del pozo como para provocarle diarrea a mis hombres y secuestrar a Hikari Sugino, debo admitir.

    —No me gusta que jueguen conmigo —acotó ella.

    —Podría decir lo mismo, pero no es un juego. Es un asunto muy serio. De hecho es demasiado serio. Amenazaste a mi hijo.

    Now you're gonna call him son? —La pregunta fue brusca—. ¿Se lo dijo, para empezar?

    Dunn padre no reaccionó, por supuesto.

    —A Mad Wolf.

    —¿El que tiene cara de estreñido?

    —Quien te trajo las cosas, sí.

    —Supongo que cualquiera es más padre que usted.

    El hombre suspiró con hastío, pero no reaccionó más allá de eso. No había nada que lo sacudiera lo suficiente, mucho menos los arrebatos de la juventud que lo rodeaba. Al menos de los que se sabían, digamos, intocables. Esta muchacha, por mucho que no tuviera ni treinta años, no era tonta y lo estaba usando a su beneficio.

    —Hay cosas en este mundo, Rockefeller, que son demasiado grandes para ti sin importar lo que hayas hecho en las montañas de Estados Unidos. No importa cuántos te siguieran, quiénes fueran o lo que signifique el grupo allá, en tus montañas. No estabas en la misma partida y si sigues avanzando, no podrás salir. Aquí aplican otras leyes y jamás podrás acabar de entenderlas ni desafiarlas sin consecuencias directas más allá de la justicia de este país, de la mano de sus representantes. Eres hija de un policía que murió en servicio, sabes de lo que hablo. —Liam apoyó el puño cerrado sobre la mesa e Ilana apretó la mandíbula ante la mención de Nathan—. No vas a salir de este estudio hasta que no hayas firmado un contrato que estipule que no intentarás tomar recursos ni personas que están asociadas a las organizaciones japonesas o extranjeras que existen en los barrios especiales o que están siendo buscadas por éstas. La libertad que puedas tener depende estrictamente de ti y tu capacidad de mantener tu palabra.

    —¿Y por qué demonios haría eso?

    —Porque en caso contrario serás la siguiente Hikari Sugino y créeme cuando te digo que si fallas a tu palabras, si me mientes y escapas de aquí y descubro que sigues metida en este embrollo, tu cabeza tendrá un precio en todos los barrios especiales. Y déjame decirte una cosa más, Jade, los clanes y otras facciones no son tan benevolentes como yo.

    —¿A esto le llama benevolencia? —rebotó ella y miró el diminuto apartamento—. Yo lo llamaría secuestro.

    —Sin embargo, existen incidentes como los de Sasha Pierce —señaló el hombre, indiferente—. Como el de otra muchacha, hace tiempo, revuelta con Shinjuku y lo que sería el futuro de Shibuya. Existe el incidente de Hiroki Usui que lo obligó a retirarse de los barrios especiales. Existe el incidente de Kohaku Ishikawa en Roppongi bajo las narices de Licaón, el de mi hijo en el Shimizudani y el de Ryouta Shimizu.

    La memoria de los barrios.

    Había cosas que ella no sabía, por supuesto, nombres que no debían estar allí en ese contexto, pero estaban. La rubia no reaccionó de forma evidente. Le habían guardado tantos secretos en la vida que se había vuelto poco impresionable incluso antes de que acribillaran a Nathan o sabía, al menos, disimular su sorpresa. A fin de cuentas, era actriz.

    Y era buena.

    —¿Está diciéndome que acabaré apaleada, torturada o muerta?

    —Sé que conoces los peligros inherentes a tu condición como mujer, además. Quiero evitarte todo eso, porque aunque hayas hecho lo que hiciste, considero que se puede dialogar contigo, porque de hecho el personaje que has creado, muy difícil de separar de la chica que fuiste alguna vez, se basa enteramente en el diálogo. Considero que todavía te queda algo de sentido común, aunque te esfuerces en mostrar lo contrario, y por mucho que sea una necedad… Sigues siendo amiga de mi cachorro o al menos sigues siendo importante para él.

    —En el fondo siempre fui una especie de capricho de Cayden, let's be real about it. No soy tan importante como para tenerlo a usted aquí diciéndomelo.

    —No —negó con contundencia—. A veces es egoísta, estúpido y obsesivo, pero no trata a la gente de esa manera, como meros objetos de entretenimiento que toma y luego desecha, incluso cuando ha intentado hacerlo para vaciarse. Su amor es genuino. Tanto que se vuelve desgarrador. Aprendió a amar así de su madre y sus tíos y entiendo lo abrumador que puede ser. Si aceptaras el afecto que siente por ti, Jade, ¿no sentirías que estás siendo arrastrada por un agujero negro?

    Este hombre era un cínico. La repugnaba de formas muy específicas, porque para ella las figuras paternas, gracias a Nathan, habían sido siempre cálidas a pesar de lo estrictas. En su cabeza todos los padres debían ser amorosos, todos debían ver a sus hijos como objetos de afecto, protección y cuidado. Sin embargo, de Liam Dunn sólo quedaba la protección celosa y obsesiva de un inestable mental.

    Del más grande de los narcisistas.

    Eso… ¿En qué la convertía a ella?

    —No pretenda colocarme al mismo nivel que usted, no en esto. ¿Lo abrumaba la posibilidad de saberse amado profundamente? My steak is too juicy, my lobster is too buttery. —Se mofó y rodó los ojos, dejando la vista en cualquier lugar del espacio—. Escoja un problema honesto, Dunn. Yo sé que no soy tan importante como otros y eso está bien, no tiene nada de malo o anormal. Lo supe desde el principio y de por sí… puede que Cayden para mí si fuese un capricho hasta cierto punto.

    ¿Era el amor lo que había abrumado a Liam? Sí y no. Tantos años después contra sus retinas todavía vibraba la silueta, necia, de Flanagan Dunn y en su carne todavía podía sentir sus golpes. En su mente continuaba rebotando la idea de que él también era incapaz de amar a la sangre de su sangre y mucho menos de criar una vida, por ello con tal de evitar crear otro monstruo como Flanagan y como él, la mejor opción había sido replegarse y que otras manos que sí sabían amar se encargaran de penetrar en las gruesas escamas del nuevo dragón.

    Todo menos cambiar.

    Así de poderoso era el terror que habitaba en su pecho.

    —Te pareces a él —murmuró el hombre, inalterable—. De formas puntuales, pero te pareces sin duda. Posees la misma impertinencia, si empezamos con lo obvio, y la misma tendencia a buscar atención incluso si lo manifiestas de formas distintas. Es poca la gente que se atreve a responderme como lo hacen ustedes.

    —Ya lo dijo, la relación con Cayden de alguna forma me protege. Sé que tengo ciertas licencias.

    —Vas a firmar los papeles, Rockefeller —retomó Liam.

    I'm not quite sure… —rebotó ella, cruzando las piernas y balanceando la que quedó encima

    Lo cierto era que Dunn padre estaba cansado de tener que enfrentarse a más de un niño engreído a la vez, pero lo aceptaba. Era el menor cobro que podía hacerle el universo por todo el mal que había causado. Que seguía causando.

    Oh no, dear, you are. Más allá de tu integridad, deberías preocuparte por la de otros a tu alrededor. Todavía te queda tu madre, ¿o me equivoco? —Liam no reaccionó al ver a la joven fruncir el ceño. Ahora parecía lo que era: una chiquilla—. Te quedarán otros amigos también.

    —¿Me está amenazando? ¿Con quitarme lo único que este mundo desgraciado se dignó a permitirme conservar?

    El karma últimamente funcionaba con rapidez.

    —Sí. Porque eres una niña que obtuvo poder en un maldito agujero de Estados Unidos y cree que puede usarlo aquí, en la jungla de los antiguos clanes de Japón con los que he creado una relación simbiótica por décadas. No entiendes ni un tercio de lo que ocurre o cómo ni lo entenderás nunca, por mucho que tengas sabuesos, que compres información, que recibas ayuda del Cronista. No perteneces aquí y no alterarás el nuevo mundo, Rockefeller, por eso estoy amenazándote. Porque ni yo ni nadie dejará que pase algo como que estaba pasando hace seis años —sentenció el pelirrojo, porque eso fue, sin dudas una sentencia. Las palabras de esta maldita familia… ¿Por qué siempre tenían esa característica? Era como si arrojaran una maldición y con ella un corte mortal. Reaper estaba preparando la guadaña con la que la decapitaría—. Si quieres quedarte en esta ciudad, si quieres seguir investigando, vas a hacerlo sin meterte en asuntos que no te correspondan. Vas a firmar los papeles y si me mientes, no seré responsable por tu vida ni por los cazadores que correrán detrás de ti. Porque lo harán.

    Ilana era otro ciervo y si cometía un error, su cabeza reposaría en la pared de alguien.

    El filo del metal se presionó contra su cuello, pudo sentirlo al encontrar el frenesí en el ámbar ajeno… Una violencia silenciosa, o más bien latente. La mirada de Liam Dunn se sentía hueca, afilada y cortante en comparación a la tonalidad cálida que poseía. Bastaba saberse mirado por este hombre para sentirse intimidado, ella lo había averiguado ya, pero ahora, privada de su confianza, sus vestidos, su maquillaje y las ilusiones de control, era incluso más notorio. No importaba si Liam Dunn era más bien delgado o si poseía el mismo aire ligeramente andrógino que su hijo, pues en su mirada y en su corazón habitaba un dragón mucho más agresivo, distante y amoral. Uno que no dudaría en hacerla a un lado, que no suplicaría clemencia, pues sabía que pocos monstruos podían luchar en su contra.

    Era diminuta a su lado.

    Y la Señora de los Bosques también era inmensa.

    ¿No eran dos representaciones de la muerte? Ante ella estaba el Segador y allá, en el Agujero en el Centro de Todo, estaba Dios. ¿Dios había tomado la vida de su padre? No, un idiota lo había hecho. ¿Dios tomaría su vida? No, lo haría este verdugo. La peor parte era que quizás no importara quién o por qué tomara su vida… Llevaba muchos años vacía y fingía que no era el caso. Había desempeñado un papel desde que Nathan había muerto, lo había hecho incluso frente a su madre, frente a sus amigos, frente a sí misma, frente a la Cabra Negra y el Culto.

    Estaba agotada.

    Y no había dejado de soñar en semanas.

    Todo eran figuras, animales gigantescos, vidrios rotos y la canción. Todo era la melodía de Dios y Dios sin más, en aquella oscuridad. ¿La Cabra Negra la llamaría al desierto? ¿Dios la miraría una vez más? Era posible, todo apuntaba a ello.

    Estaba agotada.

    —No me fuerces a tomar medidas más extremas, Rockefeller. Sé buena.

    —He sido buena toda mi vida —apañó ella y se llevó las manos a la cabeza, le punzaba el cerebro de pronto. Eran las migrañas que causaban los sueños.

    —No, hija. Has fingido ser buena desde que pisaste este país de nuevo, según veo.

    —¿Y qué sabe usted? Si no supo fingir ser bueno ni siquiera para su familia. Mi padre tendría que haber metido su trasero en prisión, Dunn, porque ahora es un estorbo, justo como su hijo.

    La elección de palabras fue capaz de sacarle una risa baja al siempre indiferente Reaper. Ella deslizó la mirada al hombre, sus ojos, entre las hebras de cabello húmedo, lo vieron desvanecer la ligera sonrisa que había quedado en su rostro. ¿Cómo un simple humano podía ser tan inquietante sin siquiera usar un arma?

    —Vas a firmar los documentos.

    No tenía alternativa.

    Sería aplastada por uno o por otro.

    .
    .


    .
    I can't leave, but I can't be in this place
    this must all be an illusion skipping frames
    years of living with a cold and empty space
    and it haunts me every time I think I'm safe

    .
    like a frenzy, like an ocean overflowed
    this must all be just an accident at most
    I'm changing, and I feel more like a ghost
    like a specter in your headlights on the road

    .
    do you feel love?
    I know I don't

    .
    .


    El martes 16 de abril se reportó la desaparición de un joven de 19 años y de apellido Sano relacionado a las pandillas de los barrios especiales. El muchacho fue visto por última vez el 4 de marzo en los alrededores del hogar que hasta hace poco compartía con su hermano mayor, quien poseía un historial de abuso de sustancias y se encontraba en remisión en un centro de rehabilitación a cargo de una organización no gubernamental justo en esas fechas y hasta la actualidad. Se sospecha que Sano pudo ser víctima del crimen organizado o que huyó para evitar las deudas de su padre, un hombre asociado a la yakuza, y de su hermano.
    —Artículo recopilado del período digital "Tokyo Hoy", 29 de abril de 2023.


    A escasas horas del 23 de julio se ha reportado la desaparición de una mujer de 35 años de apellido Aoki de su hogar en Taitō. Aoki, quien llevaba casi un año recluida en su habitación, se reportó desaparecida por su madre quien acudió al apartamento preocupada por el estado de su hija con tal de asear la casa, llevarle comida y ropa limpia como hacía cada cierto tiempo, sólo para darse cuenta de que Aoki no estaba allí. El casero del complejo afirma que la última vez que hubo movimiento en el apartamento fue el 14 de julio, cuando un repartidor entregó comida frente a la puerta y Aoki fue captada tomando la entrega una vez éste se retiró. Ese mismo día, las cámaras de seguridad fallaron y se desconoce si alguien más tuvo contacto con la mujer pues la entrada no fue forzada.
    —Artículo recopilado del blog "Tokyo News", 24 de julio de 2023.


    Un hombre de 54 años y apellido Kaneko… desaparecido sin dejar rastro. Nadie notó su ausencia hasta que la renta dejó de pagarse… parece haber ocurrido a principios del mes [...]
    —Enero, 2024.


    Una joven de 20 años… relacionada a las pandillas metropolitanas… Su círculo de amistades cree que se fugó con un hombre de 40 años entre el 1° y el 10 de junio… Su madre fue la única en reportarla desaparecida [...]
    —Junio, 2024.


    Hombre desaparecido… recluido… Se dejó de pagar la renta y el casero reportó una casa vacía [...] Marzo, 2025.


    Joven de 19 años identificado como camello… desaparecido, reportado por una única persona [...] Agosto, 2025.


    Mujer de 57 años quien presuntamente coaccionaba menores de edad… desaparecida. No hay entradas forzadas en la vivienda [...] Diciembre, 2025.



    Joven de 21 años… desaparecido… Se le asociaba a crímenes menores de robo no violento [...] Febrero, 2026.
    Desaparecida…

    …desaparecido.

    Sin entradas forzadas…

    Marzo, 2026.

    …No volvió a su casa de habitación.

    Acusado por venta de drogas…

    …robo, coacción, abuso de poder.

    Abril, 2026.

    Potencial agresor sexual…

    …hikikomori.

    Desempleada…

    Mayo, 2026



    Jefatura de la Policía Metropolitana de Tokyo, Kasumigaseki, Chiyoda
    Mañana del martes 14 de julio



    La sala de investigación era amplia y contaba con varios espacios para escritorios, computadoras y sillas, pero la luz dentro era fría y casi enfermiza. Puede que no fuese siquiera culpa de la luz, blanca, proveniente de las bombillas incrustadas con perfección en el techo blancuzco también, si no de las meras vibras del espacio. Parecía una sala de hospital y si había que ser sinceros, lo que existía dentro se parecía bastante a una enfermedad. Quienes estaban presentes eran el equivalente de los médicos más preparados que había conseguido la Metropolitana o algunos de ellos habían sido enviados por manos externas incluso, en un esfuerzo por detener o retrasar el avance de la infección.

    Desconocían la magnitud de la situación.

    Las desapariciones conectaban, así no lo supieran, con eventos al otro lado del mar. En los bosques de Los Apalaches la historia se había repetido y seguía ocurriendo, incluso cuando la figura de su adoración estaba lejos y su segundo al mando había dejado las tierras de Northwood también. Esta tradición se remontaba en el tiempo y por ello las personas acataban. Por eso seguían alimentándola, incluso si Jade no estaba presente. Por eso incluso si algo fallaba… El Culto de Northwood continuaría su trabajo, como ella había continuado el de aquellos que habían perecido en aquella mina hace años.

    La Señora de los Bosques entonces elegiría a otro oyente para su canción.

    Tomaría otro soñador y el Culto reviviría.

    Como las bacterias conservadas en el permafrost.


    —Este caso lleva en construcción menos de un mes, pues las desapariciones reportadas se trataron como casos separados y fueron cerrados por falta de pruebas concluyentes hasta que en tres eventos de este año saltaron puntos de conexión que nos hicieron reabrir estos casos e incluso buscar otros no denunciados y cubiertos únicamente por periodismo de tercera, amarillista en su mayoría —explicó el Sargento frente al pizarrón y golpeó con los nudillos la superficie blanca, cubierta a reventar de noticias impresas, fotografías de cámaras de seguridad y nombres… muchísimos nombres.

    Frente a él había un grupo de diez personas, una unidad de Inteligencia conformada únicamente para ese caso con lo mejor de lo mejor. Sus representantes eran detectives de diferentes jefaturas del Departamento de Policía Metropolitana de Tokyo, tanto de las divisiones encargadas de crimen organizado como de narcóticos e incluso homicidios, pero también había un representante extranjero, convocado por un Superindentente que se había retirado en el último mes, y dos detectives privados más, nacionales. El extranjero era un joven de 23 años, de cabello y ojos oscuros, que había llegado al país apenas el día anterior.

    >>La primera coincidencia saltó en tres desapariciones recientes, demasiado cercanas la una de la otra. El primero es un hombre extranjero de 52 años, Nichols Cedric, del que se oían rumores de abuso a menores en su juventud y actualmente llevaba desempleado más de seis meses, se cree que desapareció el 4 de enero de este año, pero no fue reportado hasta finales de mes por un ex-compañero de trabajo quien desconfió de las afirmaciones de que se había ido de la prefectura. La segunda fue una joven de 22 años, Ōkubo Teiko, que llevaba recluida en su habitación más de siete meses, desempleada, no asistía a ninguna universidad o instituto técnico, se cree que fue sustraída de su apartamento el 13 o 14 del mismo mes, sin entradas forzadas ni objetos robados del lugar. La tercera…

    —La última persona desaparecida es el primo del director Aoyama Sho, de las farmacéuticas Aoyama, Aoyama Sora de 37 años. —Lo relevó uno de los detectives privados—. El señor Aoyama no tiene cargos en su contra, sin embargo, es sabido que durante 2020 y 2021 se filtraron medicamentos de esta farmacéutica a las calles. Dependiendo de a quién le pregunten, contestará que quien las ponía colocaba era un empleado sin importancia, personas que vendían sus recetas… O el mismísimo Sora, ninguna de las teorías pudo probarse. Él fue reportado como desaparecido en abril, sin embargo, su familia afirma haber perdido contacto con Sora desde febrero cuando regresó de un viaje de negocios y solicitó un mes de vacaciones. Se dice que Sora era caprichoso y distante, por lo que la falta de comunicación no alertó a nadie hasta que no regresó a su trabajo en marzo. La familia procuró tratar la situación de manera externa al principio.

    —¿El nexo cuál es específicamente? Nichols posee pocas similitudes con respecto a Ōkubo y ella incluso menos con Aoyama… Sin mencionar la multitud de nombres allí colocados —interrumpió el detective extranjero luego de haber alzado el brazo para solicitar la palabra.

    —Comprendo que visto desde fuera podría parecer arbitrario e incluso una exageración, Mattsson —retomó el Sargento y giró el cuerpo hacia el pizarrón. Estiró la mano con tal de recorrer las noticias, los nombres y las fotografías de las tres desapariciones que habían levantado las alertas—. Nichols y Ōkubo, desempleados. Nichols y Aoyama… se rumoraba que habían cometido crímenes que nosotros, la policía, no habíamos podido comprobar. Nichols, Ōkubo y Aoyama tardaron en ser reportados como desaparecidos porque pocas personas los echarían en falta, por su naturaleza reservada o sus condiciones de vida. Personas que no aportan al sistema o que lo violentan, personas que, en caso de faltar, no serán necesariamente extrañados por nadie. Son elegidos a dedo y estudiados antes de desaparecer.

    Lo que no aporta.

    Lo que no sirve.

    Lo que obstruye y disrumpe.

    >>Otro nexo es que todos los reportes coinciden en que las personas fueron vistas o se comunicaron por última vez entre el 1° del mes y el 15, aunque las denuncias fueran posteriores. No hay evidencia alguna de que estas desapariciones hayan ocurrido en condiciones violentas.

    —Existe la posibilidad de que se trate de alguien de comportamiento serial entonces —reflexionó Hubert, cruzando los brazos frente al pecho—. La apuesta más concreta es…

    —Que estas personas están muertas —interrumpió otro detective.

    —Correcto —afirmó el Sargento, sus ojos dejaban claro que no era un fanático de que hablaran sin aviso o permiso, aunque no dijo nada—. No hubo familiares involucrados a los que les pidieran dinero para un rescate y fueron descartados como sospechosos con rapidez, por otro lado tampoco hay rastro de sus cuerpos en las zonas que se sabe es común que el crimen organizado deseche a sus deudores, infractores o víctimas colaterales en casos en que aplica.

    La vista de todos se suspendió en el pizarrón.

    —Estamos buscando cuerpos —murmuró otra, una mujer de mediana edad—. ¿No podía sencillamente encargarse Homicidios o Inteligencia de una sola jefatura?

    —Las posibles víctimas provienen de contextos variados y por eso requerimos conocimiento especializado. Lo que queremos averiguar ahora y para lo que se conformó esta unidad es saber cómo personas de edades y contextos tan dispares pudieron entrar en contacto con la persona que pudo pasar de secuestradora a asesina. Se trata de un individuo metódico que actúa en todos los barrios especiales sin excepción.

    Hubert arrugó las facciones sin darse cuenta, el escenario era bastante nefasto, sobre todo porque como podía ver en la pizarra esto se remontaba hasta hace tres años, en 2023, y recién ahora surgían las conexiones. ¿Todos esos casos habían sido cerrados de manera inconclusa? ¿Toda esa gente entraba en la categoría de “No serán extrañados"? Y lo peor… Lo peor es que en muchos casos parecía una verdad absoluta. Los notaban porque las rentas y los recibos no se pagaban, el trabajo no se hacía o porque de pronto alguien se cansaba de hacer la vista gorda, pero tomaba tiempo y en algunos casos seguramente nunca ocurría. Todos asumirían algo y nadie acudiría a las delegaciones.

    En realidad, los rostros de la mayoría de los policías allí presentes eran de puro desconcierto. Algunos no debían creer que fuese posible que algo como eso fuese pasado por alto, otros dudaban que siquiera hubiese una conexión entre una cosa y la otra y alguno, mínimo, debía pensar que toda esa gente sencillamente había elegido irse a la mierda de Tokyo. A buscarse la vida, a huir de las deudas, a escapar de sí mismos o lo que fuese, en el peor de los casos habrían cometido suicidio en otro lugar y todavía no se encontraban sus restos. Más de uno ansiaba que fuese eso en lugar de la posibilidad de estar enfrentando a un asesino serial de manual que se había escapado durante tres años.

    Pero no había sido una sola persona.

    Y la cabecilla de todos ellos si acaso se habría presentado ante una de cada cinco víctimas.

    —Estamos aquí porque tomó más de lo que podía masticar, ¿no? —interrumpió el mismo detective de antes, un hombre de unos treinta años y aspecto cansado—. Los Aoyama deben haber comenzado a mover cielo y tierra para dar con Sora. Sora fue el error y ahora está pagando las consecuencias de ese descuido.

    —Los detectives privados de los Aoyama se encuentran aquí para facilitarnos la información que han recabado sobre el caso particular del señor Aoyama —añadió el Sargento, señalando a las dos personas que, además de Hubert, no eran funcionarios del DPMT—. Formarán parte de la construcción del caso desde la arista Aoyama, con la intención de que su investigación avance, pero también de colaborar de manera que se pueda avanzar respecto a las demás desapariciones que han estado ocurriendo en este período de tiempo y que puede que sigan dándose. Nuestro objetivo es atrapar al culpable y evitar que más gente desaparezca de las calles de Tokyo.

    —Les facilitaremos toda la información que hemos recopilado —afirmó uno de ellos.

    —No debe ser buena, pues Sora sigue desaparecido —murmuró alguien cerca de Hubert, sólo él debió oír aquella queja.

    No reaccionó, pretendió no oír y entonces el Sargento se aclaró la garganta. Los ojos inquisitivos del joven notaron el cansancio en el rostro ajeno, la forma en que pasó saliva y cómo miró a todos los presentes un instante previo a detener la mirada en él. Sí, bueno, se había tardado, ¿no? Al fin y al cabo, había sido enviado en nombre de alguien más.

    —De igual forma, tenemos un representante enviado en representación del Superindentente Yasutake; el detective sueco Mattsson Hubert. El Superindente confía plenamente en sus capacidades, por lo que ruego que tanto los detectives externos contratados por los Aoyama como los servidores de la Metropolitana lo pongamos al corriente.

    Todos los pares de ojos lo miraron a la vez y él hizo una reverencia, de las que habían quedado casi archivadas desde que dejó Japón atrás y volvió a su patria. Desde aquel momento en que su intercambio finalizó y tuvo que separarse de sus amigos. Hubo algo en la reverencia, en ese gesto casi eliminado, que le recordó aquel último día y el pecho se le contrajo de angustia. Todos habían contestado sus mensajes menos él. No era inusual en sí, pero ahora, justo ahora de todos los momentos… con tantas personas desaparecidas, con tantos nombres en esa pizarra. Esa lista aumentaba, lo quisieran o no, tenía que haber más gente y ni siquiera podían afirmar que unicamente estuvieran desapareciendo parias, pues ahora incluso uno de los Aoyama estaba desaparecido. Pensar por adelantado y con tal negatividad no era propio de él, pero el contexto lo estaba forzando.

    Algo no estaba bien en esta ciudad, nunca lo había estado, pero en seis años había empeorado.

    Mattsson irguió la postura y procuró ignorar el tinte de las miradas. Había desconfianza, recelo, molestia e incredulidad, había aburrimiento y disgusto. El único que lo estaba observando sin juicios era, sorprendentemente, el Sargento y dio por asumido que era justo porque confiaba en el Superindentente Yasutake. Ese hombre… ¿En qué lo había metido exactamente con tal de no interrumpir su tan ansiado retiro? De haber sabido las proporciones de la situación, ¿se habría negado?

    Hasta la pregunta era necia.

    Cuando el Sargento le entregó una caja a reventar de expedientes no se quejó ni se arrepintió, simplemente comenzó a trabajar y agradeció la taza de café que apareció en su escritorio al cabo de un par de horas. No quedaba más que unir fuerzas y detener el matadero en el que alguien había convertido los barrios especiales en el más absoluto de los silencios.

     
    Última edición: 22 Julio 2026 a las 2:06 AM
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