—Tampoco diría eso... —murmuré, rascándome la mejilla con algo de vergüenza ante el apunte de Ian. Me gustaba ayudar a la gente y cuidar de mis seres queridos, era algo que siempre se me había dado bien, pero no estaba segura de merecer un calificativo como aquel; había algo de egoísmo en mis acciones, al fin y al cabo. De todos modos, no era un debate importante ni uno que fuera a tener con Ian en esos momentos, pues fue no mucho después que tuvimos que salir del ascensor. La chica rubia mencionó mi nombre en cuanto nos acercamos, lo que provocó que se disipara cualquier duda sobre su identidad. Curiosamente, la confusión volvió con más intensidad a mi rostro en cuanto procesé sus palabras, pues habló como... ¿como si supiera que había estado en peligro? Sin embargo, llevábamos más de una década sin vernos, por lo que algo así era imposible... ¿cierto? Antes de poder preguntarle al respecto, una repentina risa rompió el silencio del pasillo y no necesité girarme para saber que se trataba de Ian. ¿Honestamente? Ni siquiera podía culparlo; todo aquello empezaba a parecer premeditado. Me mantuve al margen mientras los chicos hablaban, imaginando que también llevaban tiempo sin saber del otro, y aunque no tuve intención de intervenir, no pude evitar hacerlo al notar un movimiento extraño por parte de Alpha. Había sido breve, tanto que seguramente se me habría pasado desapercibido si no fuera por los años que llevaba trabajando en el Centro Pokémon. >>Alpha, ¿estás bien? —le cuestioné en un murmullo, preocupada, y di un paso en su dirección con el ceño algo fruncido—. ¿Te han herido?
—¡¿Ian?! Fue una bofetada mental. En el momento preciso en que ese nombre abandonó los labios de Alpha las piezas encajaron de golpe. Por supuesto, ¿quién si no podría sacarse de la manga un cinismo tan ridículo como si no fuese la gran cosa? Siempre igual. No sabía cuando callarse. Lo fulminé con la mirada pero no hice una mención explícita al respecto. No era necesario ser muy listo—y desgraciadamente Ian era inteligente aunque le gustaba hacerse el tarado mental—, para leer la situación en la que nos encontrábamos. La incomodidad era densa y palpable... Si había mencionado algo tan ridículo era porque sabía que iba a molestarme. O porque era gilipollas. Por suerte para él, sus intentos ni me iban ni me venían. Tenía cosas mucho más importantes en mente. Sabía que Emily estaba aquí por Watcher... pero Ian era una sorpresa y no precisamente una agradable. La obscena cantidad de Holders encerrados en un mismo lugar estaba pasando por momentos de curiosa a aterradora. Nos querían a los diez... y las cuentas empezaban a no salir. Emily le preguntó a Alpha si se encontraba bien y le dirigí una mirada involuntaria de reojo, como si lo viese por primera vez. ¿Bien? Parecía un cadáver. Nadie que pareciese tener un pie en la tumba podía estar bien. Estaba... roto. Quebrado. Se había apagado como una vela. Desvié la mirada de su figura. No podía mirarlo durante demasiado tiempo, me revolvía las entrañas. Sabía que era Alpha pero no había nada en él de todo lo que recordaba. Sus ojos hundidos carecían de brillo, su piel estaba lívida y seca. Cuando esa imagen sombría se superponía con mis recuerdos todo regresaba sin pedir permiso. Y entonces solo quería preguntarle nuevamente un por qué, aunque no obtendría respuesta alguna. —¿Lucas también está en la prisión?—me crucé de brazos con la espalda contra la pared, incómoda. Un escalofrío me erizó la piel y me contrajo el gesto en una mueca sardónica—. Joder. >>Dante, Effy, Steve y Talía también están aquí. ¿Me estais diciendo que Chance nos tiene a todos?