Long-fic de Naruto - El Amor Uzumaki

Tema en 'Fanfics de Naruto' iniciado por Sosei Project, 26 Junio 2026.

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    Sosei Project

    Sosei Project Iniciado

    Leo
    Miembro desde:
    26 Junio 2026
    Mensajes:
    2
    Pluma de
    Escritor
    Título:
    El Amor Uzumaki
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Romance/Amor
    Total de capítulos:
    2
     
    Palabras:
    3827

    Aviso legal

    Naruto y todos sus personajes, lugares, organizaciones, técnicas y demás elementos originales son propiedad de Masashi Kishimoto, Shueisha, Studio Pierrot, TV Tokyo y sus respectivos titulares de derechos.

    La presente obra es un fanfiction realizado por un fan, sin fines comerciales. No reclamo la propiedad sobre la franquicia original; únicamente sobre los acontecimientos, interpretaciones y elementos originales creados específicamente para esta historia.

    Aviso al lector
    Antes de comenzar esta historia, hay algo importante que debes saber.

    Esta novela transcurre en una línea temporal completamente alternativa (AU) del universo de Naruto. Aunque toma como base el mundo creado por Masashi Kishimoto, desarrolla una continuidad propia mediante cambios en la cronología, los acontecimientos y la caracterización de algunos personajes.

    Por ello, la Kushina Uzumaki que aparece en esta historia no es la madre de Naruto. Se trata de una reinterpretación del personaje dentro de esta continuidad alternativa, con una historia, una edad y un papel diferentes a los establecidos en el canon original.

    En consecuencia, cualquier relación entre Naruto y Kushina existe únicamente dentro de este universo alternativo y no guarda ningún vínculo familiar.

    Esta historia no pretende reemplazar, corregir ni alterar el canon oficial de Naruto. Es simplemente una interpretación personal nacida del respeto y la admiración hacia la obra original.

    Si decides acompañarme en este viaje, te invito a dejar por un momento el canon de lado y permitir que esta historia hable por sí misma.


    Bienvenido a Sōsei Project.

    EL AMOR UZUMAKI

    Prologo

    La casa Uzumaki quedó en silencio.

    Kushina permaneció unos segundos frente a la puerta principal. Todavía podía sentir el calor del abrazo de Naruto y aquella descarada mano que, antes de marcharse, había encontrado la manera de deslizarse por su cintura.

    Una sonrisa apareció en sus labios.

    —Baka...

    Negó con la cabeza mientras caminaba de regreso a la cocina.

    El pescado seguía dentro del refrigerador, las verduras descansaban sobre la mesada.

    La olla comenzaba a calentarse lentamente sobre el fuego. Tomó el cuchillo y empezó a cortar la cebolla con la precisión que daban los años de práctica.

    Tac.

    Tac.

    Tac.

    El sonido llenó la habitación.

    Cuando el aceite comenzó a chisporrotear, dejó caer la cebolla y el ajo sobre la sartén. El aroma invadió la cocina casi de inmediato. Era un olor que siempre le resultaba familiar.

    Demasiado familiar.

    Había aprendido a cocinar sola.

    No recordaba que nadie le hubiera enseñado, no recordaba unas manos corrigiendo las suyas, no recordaba una voz diciéndole cuánto tiempo debía dejar hervir el arroz.

    Simplemente aprendió.

    Porque cuando uno crecía solo... no tenía otra opción.

    Removió lentamente la sartén. El vapor comenzó a empañar la ventana.

    Kushina levantó la vista, su reflejo apareció difuso sobre el cristal.

    Los últimos rayos del atardecer atravesaban su cabello, tiñéndolo de un rojo intenso.

    Durante años había odiado aquel color.

    Era imposible pasar desapercibida.

    Entrará donde entrara...las miradas siempre terminaban sobre ella.

    Sonrió con melancolía. — Qué ironía... — murmuró mientras tomaba un mechón entre sus dedos.

    Hubo un tiempo en que habría dado cualquier cosa por tener el cabello negro, como cualquier otra niña.

    Pero apareció un idiota.

    Un idiota incapaz de quedarse callado, o mejor dicho, su Baka.

    Y terminó convirtiendo aquello que más odiaba... en lo que más amaba de sí misma.

    — "Tu cabello parece un atardecer, es hermoso..."
    Las palabras escaparon de sus labios casi sin darse cuenta.

    Naruto las había dicho muchos años atrás.

    Aún podía escuchar aquella voz, aún podía verlo sonriendo.

    Aún podía sentir el rubor que había intentado ocultar aquel día.

    La cuchara dejó de moverse.

    Kushina permaneció inmóvil.

    El reflejo del cristal desapareció lentamente bajo el vapor.

    Y, sin pedir permiso... la memoria volvió atrás.

    Muy atrás.

    Hasta una época en la que Naruto no era Hokage.

    Ni siquiera era su amigo.

    Cuando los dos eran apenas unos niños.

    Y todavía no sabían que compartían exactamente la misma soledad.


    La niña del cabello rojo
    Capitulo 1

    El edificio de la Academia Ninja se levantaba orgulloso en el centro de Konohagakure.

    Las voces infantiles llenaban los pasillos, algunos niños lloraban abrazados a sus madres, otros corrían de un lado a otro enseñando orgullosos sus mochilas nuevas.

    Había padres acomodando protectores de frente, madres despidiendo a sus hijos con un beso en la frente y hermanos mayores prometiendo esperar a la salida.

    Era el primer día.

    Y el entusiasmo podía sentirse en cada rincón del edificio.

    Una niña de largo cabello rojo apareció al final del pasillo.

    Caminaba despacio.

    Con ambas manos sujetando los tirantes de una mochila demasiado gastada para alguien que apenas comenzaba la Academia.

    No había nadie caminando junto a ella.

    Nadie le deseó buena suerte.

    Nadie le sonrió.

    Simplemente abrió la puerta del salón y entró.

    Las conversaciones disminuyeron apenas un instante.

    Algunas miradas se posaron sobre ella.

    Después sobre su cabello.

    — ¿La viste...?

    — Tiene el pelo rojo...

    — Nunca vi un color así...

    Kushina fingió no escuchar.

    Recorrió el aula con la mirada hasta encontrar un pupitre vacío junto a la ventana.

    Era perfecto, desde allí podía ver el cielo.

    Se sentó con cuidado, apoyó la mochila a un lado del pupitre y cruzó las manos sobre el regazo.

    No esperaba hacer amigos, nunca los había esperado.

    El murmullo volvió poco a poco.

    Entonces una voz infantil rompió el silencio.

    Parece un tomate...
    — Las primeras risas comenzaron a escucharse.

    Kushina cerró lentamente los ojos, no era la primera vez y estaba segura de que tampoco sería la última, solo tenía que ignorarlos, como siempre.

    La puerta del aula volvió a abrirse de golpe.

    — ¡¡Perdón!!

    Todos giraron al mismo tiempo.

    Un niño rubio apareció jadeando en la entrada. La mochila colgaba de un solo hombro, una sandalia estaba mal ajustada. — Lo siento... ¡Me perdí!respiraba como si hubiera cruzado medio Konohagakure corriendo.

    El salón quedó completamente en silencio.

    Un segundo después... las risas llenaron nuevamente el aula.

    Iruka llevó una mano a la frente y suspiró con resignación — Uzumaki Naruto... apenas es el primer día.

    Naruto soltó una risa avergonzada mientras se rascaba la nuca. — Sí... creo que empecé un poco mal.

    Iruka negó con la cabeza. Después recorrió el salón con la mirada.

    Solo quedaba un asiento libre. El último. Junto a la ventana. Junto a la niña del cabello rojo.

    — Siéntate allí. —
    Ordenó suavemente Iruka.

    Naruto siguió la dirección de su dedo. Sonrió.

    Tomó la mochila y caminó hasta el fondo del salón sin imaginar que aquellos pocos pasos cambiarían el resto de su vida.

    Naruto dejó la mochila sobre el pupitre con un golpe seco. Se dejó caer sobre el asiento y soltó un largo suspiro de alivio.

    — Uf... pensé que Iruka-sensei me iba a dejar afuera.

    Kushina continuó mirando por la ventana. Ni siquiera giró la cabeza.

    Naruto esperó unos segundos. — Soy Uzumaki Naruto —dijo sonriendo mientras se señalaba el pecho. — Aunque creo que ya lo escuchaste.

    Silencio.

    El niño rubio ladeó la cabeza. — ¿Y tú?

    La pelirroja respondió sin apartar la vista del cielo. —No me interesa hablar.

    Naruto pestañeó un par de veces. — Ah...Esperó otro momento… Bueno... igual podemos sentarnos sin hablar. — Silencio otra vez.

    Naruto apoyó ambos codos sobre el pupitre. — Aunque sería raro.

    Nada.

    — Porque vamos a ser compañeros de asiento.

    La niña dejó escapar un pequeño suspiro. — ¿Siempre hablas tanto?

    Naruto sonrió de oreja a oreja. —Sí.

    —Qué molesto...
    —Volvió a mirar por la ventana.

    Naruto no pareció ofenderse, al contrario. — ¡Qué bien! Ya llevamos dos conversaciones.

    Kushina cerró los ojos. “Es insoportable..."

    Iruka carraspeó desde el frente del salón. — Muy bien, todos a sus lugares.

    Los alumnos fueron ocupando sus asientos mientras las últimas madres abandonaban el aula.

    El silencio terminó por instalarse.

    Iruka tomó una tiza y escribió una sola palabra sobre el pizarrón.

    BIENVENIDOS

    Hoy comienza el primer paso para convertirse en shinobi de Konohagakure. Algunos llegarán a ser Genin. Otros Chūnin. Tal vez alguno incluso se convierta en Hokage algún día.

    Naruto levantó la mano antes de que Iruka terminara la frase. — ¡Yo!

    Algunas risas comenzaron a escucharse.

    Iruka sonrió. — Todavía no hice ninguna pregunta, Naruto.

    — No importa, igual voy a ser Hokage. —
    Muy decidido el rubio.

    L
    as risas aumentaron. Naruto también rio, como si no le molestaran.

    Kushina desvió apenas la mirada, lo observó durante un instante mientras todos se estaban riendo de él.

    Y él...seguía sonriendo. No entendía por qué.

    Iruka dejó la tiza sobre el escritorio. — Antes de empezar las clases, quiero que cada uno se presente.

    Los niños comenzaron a levantarse uno por uno.

    —Me llamo Kiba Inuzuka.

    —Soy Ino Yamanaka.

    —Choji Akimichi.

    Las presentaciones continuaron entre nervios y algunas carcajadas.

    Cuando llegó el turno del último pupitre, Iruka sonrió. —Tú primero.

    Kushina se puso de pie lentamente, sintió cómo todo el salón volvía a mirarla y respiró hondo. — Mi nombre es Kushina Uzumaki. Nada más y volvió a sentarse.

    Iruka esperó unos segundos. — ¿Quieres decirnos qué te gusta? ¿O cuál es tu sueño?

    Kushina negó con la cabeza. — No.

    Iruka comprendió que insistir no serviría de nada. — Está bien. Gracias, Kushina.

    Naruto la observó de reojo. Habla menos que un pez... — dijo suavemente.

    Iruka volvió a mirar la lista. — Naruto.

    El rubio prácticamente saltó de la silla.¡Soy Uzumaki Naruto! Me encanta el ramen, odio esperar los tres minutos para que esté listo y algún día voy a convertirme en el Hokage más fuerte que haya existido.

    El aula quedó en silencio durante un instante. Varios niños comenzaron a reír.

    — ¡Qué mentiroso!

    — ¡Llegó tarde y quiere ser Hokage!

    — Ni siquiera encontró el salón.

    Naruto soltó una pequeña carcajada junto con ellos. — Sí... eso fue un accidente.

    Iruka sonrió con paciencia. — Puedes sentarte.

    Naruto obedeció.

    Cuando volvió a acomodarse en el banco, notó que Kushina lo observaba. Solo un segundo. Ella apartó la mirada inmediatamente. "¿Por qué sonríe?"

    No conseguía entenderlo, si todos se hubieran reído de ella...habría querido desaparecer. Pero aquel niño...parecía no darle importancia.

    Iruka comenzó la primera lección, explicó qué era el chakra. Habló sobre la Voluntad de Fuego y sobre el deber de proteger a los compañeros.

    Naruto escuchó exactamente los primeros cinco minutos, después una mariposa pasó junto a la ventana. Sus ojos la siguieron inmediatamente.

    Voló hasta una rama.

    — Naruto.

    Luego hasta otra.

    — Naruto.

    Naruto apoyó la cabeza sobre la mano sin dejar de observarla. "¿A dónde irá...?"

    — ¡Naruto!
    Levantó la voz el sensei.

    El rubio dio un pequeño salto. — ¿Sí?

    — ¿Puedes decirme qué es el chakra?
    Preguntó Umino.

    Naruto abrió la boca.

    La volvió a cerrar.

    Miró el pizarrón.

    Miró a Iruka.

    Después a Kushina.

    Ella seguía escribiendo tranquilamente.

    — Eh... ¿Una especie de... energía?
    respondió el rubio improvisando.

    Iruka sonrió.
    — Correcto.

    Naruto levantó ambos puños. — ¡Lo sabía!

    — Pero la próxima vez presta atención.
    Dijo Iruka volviendo a su escritorio.

    — Sí, Iruka-sensei...

    Kushina dejó escapar un suspiro. — Tuvo suerte...— Siguió escribiendo.

    Cinco minutos después...

    — Naruto.
    Se notaba el fastidio del sensei.

    — ¿Sí?
    El rubio estaba inmerso en otro un mundo

    — ¿Qué dije hace un momento?

    El rubio volvió a quedarse completamente inmóvil. Miró otra vez la ventana. La mariposa ya no estaba.

    — ...
    Iruka cruzó los brazos. — Naruto.

    — Creo que... se fue.
    respondió el rubio.

    Toda el aula estalló en carcajadas, incluso Iruka terminó riéndose.

    — Sí, la mariposa se fue, pero hoy preguntaba por la explicación.

    Naruto escondió la cabeza entre los hombros mientras sonreía avergonzado.

    Kushina intentó seguir escribiendo. No pudo. Una pequeña risa escapó de sus labios. Muy pequeña. Tan baja que apenas ella misma llegó a escucharla.

    Naruto giró la cabeza justo en ese momento.

    La miró sorprendido. — ¿Te reíste?

    Kushina volvió a adoptar su expresión seria. — No.

    — Sí lo hiciste.
    Insistió.

    — No.
    Kushina sin perder la calma.

    — Te vi.

    — Entonces necesitas anteojos.
    Remató la pelirroja.

    Naruto sonrió. Era la primera vez que hablaban sin discutir y, por alguna razón que no podía explicar...eso le alegró el resto de la mañana.


    El sonido de la campana anunció el recreo.

    En un instante, el salón volvió a llenarse de voces. Los alumnos salieron corriendo hacia el patio mientras comentaban la primera clase.

    — ¡El último llega al árbol pierde!

    — ¡No vale empujar!

    — ¡Espérame!

    Naruto fue el primero en levantarse. — ¡Vamos!

    Kushina ni siquiera movió la cabeza.

    Él esperó unos segundos. — ¿No vienes?

    — No. —
    respondió sin girarse.

    ¿Por qué? —
    El rubio insistía.

    — Porque no quiero. —
    Finalizó Kushina.

    — Ah... —
    Naruto se rascó la nuca. — Bueno... nos vemos después. — y salió corriendo.

    Kushina permaneció sentada unos instantes más. Esperó a que el salón quedara casi vacío antes de levantarse.

    Siempre hacía lo mismo, no le gustaban las multitudes y mucho menos el primer día.




    E
    l patio de la Academia era mucho más grande de lo que parecía desde el salón.

    Varios troncos de entrenamiento rodeaban una explanada de tierra. Más allá había un enorme árbol cuya sombra cubría casi toda la mitad del patio.

    Los niños comenzaron a formar pequeños grupos casi de inmediato.

    Kiba organizó una carrera.

    Choji se sentó debajo del árbol con una bolsa de papas fritas.

    Ino y Sakura conversaban junto a una de las ventanas.

    Naruto observó todo aquello con una sonrisa. Después respiró hondo. — ¿Puedo jugar?

    Los tres niños que estaban organizando una carrera se miraron entre ellos.

    Uno de ellos negó lentamente. —Ya somos suficientes.

    Naruto sostuvo la sonrisa unos segundos más. —Ah, No importa. Será la próxima. — Se dio media vuelta como si realmente no le afectara.

    Pero su paso se volvió un poco más lento.

    Muy cerca de allí...

    Kushina había visto toda la escena, no dijo nada. Simplemente siguió caminando. —Está fingiendo... — Pensó. —Se nota demasiado.

    Antes de que pudiera seguir su camino, escuchó unas risas detrás de ella.

    — ¡Ahí va!

    — La cabeza roja.

    — Parece un tomate caminando.

    Tres niños comenzaron a reír. Kushina continuó avanzando sin responder.

    Había aprendido hacía mucho tiempo que contestar solo hacía durar más las burlas.

    Uno de los niños volvió a hablar. — ¡Oye, tomate! — Esta vez se detuvo.

    No giró inmediatamente. Respiró hondo. Contó hasta tres. — Ignóralos... Solo ignóralos.

    Cuando estaba a punto de seguir caminando, una voz conocida se escuchó a pocos metros. — ¡Oye!

    Todos levantaron la vista.

    Naruto caminaba hacia ellos con las manos dentro de los bolsillos.

    Uno de los niños sonrió. — ¿Qué quieres?

    Naruto señaló a Kushina. —Ella tiene nombre.

    Los tres niños se miraron entre sí.

    — ¿Y?

    — Pues úsalo.

    Uno de ellos soltó una carcajada. — ¿Es tu novia?

    Naruto abrió mucho los ojos. — ¿¡Qué!?

    ¡La estás defendiendo!

    — ¡No la estoy defendiendo!
    Gritó Naruto desesperado.

    — Entonces deja que la llamemos como queramos.

    Naruto frunció el ceño. — No.

    El niño dio un paso hacia él. — ¿Y qué vas a hacer?

    Naruto permaneció en silencio unos segundos. Después sonrió. —Molestarlos hasta que se cansen.

    Los tres soltaron una carcajada. — Estás loco.

    — Un poco. —
    El rubio movió la mano en señal de más o menos.

    — Vámonos chicos.
    Los niños terminaron alejándose mientras seguían riéndose.

    Naruto esperó hasta que desaparecieron entre los árboles.

    Después se giró hacia Kushina.

    — Listo. —
    Sus ojos azules se posaban en la pelirroja.

    Ella lo observó con el mismo rostro serio de siempre. — ¿Qué? —

    — Ya se fueron. —
    Naruto cerró los ojos.

    Silencio.

    Naruto esperaba, al menos...un pequeño "gracias".

    Kushina cruzó los brazos. — ¿Quién te pidió que te metieras?

    La sonrisa desapareció poco a poco del rostro de Naruto. — Yo solo...

    — Puedo defenderme sola. —
    Respondió muy seria.

    — Ya lo sé.

    — Entonces no vuelvas a hacerlo.

    Naruto bajó lentamente la cabeza. —Pensé que...

    —Pues pensaste mal. —
    Kushina volteándose.

    Y lo dejó allí, completamente inmóvil. Mientras se alejaba hacia el gran árbol del patio.

    Naruto permaneció observándola durante unos segundos. No entendía qué había hecho mal. Había intentado ayudar… Nada más.

    Se rascó una mejilla. — Qué pelirroja más rara... — murmuró.

    No muy lejos de allí, Iruka observaba la escena desde la galería de la Academia.

    Una leve sonrisa apareció en su rostro. — Todavía son muy pequeños...dijo para sí. — Pero esos dos... van a darme muchos dolores de cabeza.

    Naruto terminó sentándose debajo del árbol, apoyando la espalda contra el tronco y levantó la vista hacia las hojas.

    Al otro lado del patio, Kushina también se había quedado sola, no porque quisiera sino porque todavía no sabía cómo dejar que alguien se acercara.

    Por primera vez en mucho tiempo...dos niños completamente distintos compartían exactamente la misma soledad. Ninguno de los dos era capaz de verlo.

    La campana anunció el final del recreo. Los alumnos regresaron al salón entre risas y empujones. Algunos seguían discutiendo quién había ganado una carrera; otros comparaban las hojas que habían recogido del patio.

    Naruto entró caminando despacio. Sus ojos buscaron inmediatamente el último pupitre.

    Kushina ya estaba allí. Como si nunca hubiera salido.

    Se sentó a su lado sin decir una palabra... por primera vez desde que se habían conocido... el silencio no resultó incómodo.

    Iruka entró unos segundos después llevando varios pergaminos enrollados bajo el brazo.

    Bien. Antes de terminar la jornada quiero explicarles cómo serán los próximos años en la Academia.

    Los niños recuperaron rápidamente la atención.

    — Aquí aprenderán taijutsu, ninjutsu, lanzamiento de armas, historia de Konohagakure y trabajo en equipo. Ningún shinobi puede sobrevivir luchando solo.

    Naruto levantó la mano. — ¿Y si soy muy fuerte?

    Iruka sonrió. —
    Entonces necesitarás compañeros fuertes.

    — ¿Y si soy el más fuerte de todos?
    Volviendo a levantar su mano.

    — También.

    Algunas risas recorrieron el salón.

    Naruto cruzó los brazos. — Cuando sea Hokage voy a demostrarlo.

    Iruka negó divertido. — Primero intenta no volver a perderte mañana.

    Naruto rio junto con el resto.

    Kushina volvió a observarlo de reojo. — Otra vez... Se ríe con ellos.

    No conseguía entender cómo podía hacerlo.

    Las últimas horas pasaron con rapidez.

    Iruka explicó las normas básicas de convivencia, repartió los horarios y respondió decenas de preguntas.

    Cuando el sol comenzó a descender sobre Konohagakure, enrolló el último pergamino.

    — Eso será todo por hoy.

    Los alumnos comenzaron a guardar sus cosas.

    En pocos segundos el salón volvió a llenarse de voces.

    — ¡Mi mamá me prometió dango!

    — ¡Nos vemos mañana!

    — ¡Adiós!

    Uno por uno, fueron saliendo.

    Padres. Madres. Abuelos.

    Todos esperaban a alguien.

    Naruto terminó de guardar sus cuadernos con tranquilidad. No tenía prisa. Nadie lo estaba esperando.

    A su lado, Kushina cerró la mochila. Tampoco parecía tener prisa.

    El salón fue quedando vacío. Hasta que solamente permanecieron ellos dos.

    Iruka los observó desde la puerta y durante un instante creyó ver el mismo reflejo en ambos. Dos niños. Dos mochilas. Y nadie esperándolos al salir de clases.

    Su expresión se volvió más seria. — No olviden llegar temprano mañana.

    Los dos asintieron al mismo tiempo. — Sí, Iruka-sensei.

    Salieron del salón. Caminaron por el pasillo sin hablar.

    El eco de sus pasos era el único sonido que rompía el silencio.

    Al llegar al portón principal, sus caminos comenzaban a separarse.

    Naruto levantó una mano. — Nos vemos mañana.

    Kushina dio dos pasos antes de detenerse. No giró completamente. Solo lo suficiente para responder. —... Hasta mañana.

    Fue apenas un murmullo.

    Pero Naruto sonrió como si hubiera recibido el mayor de los premios. — ¡Sabía que podías hablar más de tres palabras!

    Kushina cerró los ojos. — "Baka..."

    Continuó caminando. Naruto tomó el camino contrario.

    Los dos desaparecieron entre las calles de Konohagakure.


    El departamento de Naruto era pequeño.

    Dejó la mochila sobre el suelo y abrió el armario y solo había un vaso de ramen instantáneo.

    — Otra vez...
    Suspiró.

    Puso agua a hervir y se sentó frente a la mesa mientras esperaba. El silencio del departamento era enorme. Demasiado enorme.

    — Qué aburrido...
    murmuró.

    Al otro lado de la aldea...

    Kushina intentaba cocinar arroz, removió la olla. Esperó unos minutos. Cuando levantó la tapa... el fondo estaba completamente quemado.

    Frunció el ceño. — Otra vez...

    Apagó el fuego. Tomó un trozo de pan y un vaso de agua y eso sería suficiente.

    No tenía ganas de volver a empezar. Se sentó junto a la ventana.

    Afuera, el cielo comenzaba a teñirse de naranja.

    Sin darse cuenta... pensó en el niño rubio. Baka...

    No entendía cómo alguien podía sonreír tanto. Mucho menos estando solo. Negó con la cabeza. — No vuelvas a pensar en él.

    Naruto abrió la ventana de su departamento mientras terminaba el último bocado de ramen.

    El aire fresco de la tarde entró lentamente.

    Levantó la vista hacia el cielo. — Mañana sí voy a hacer que esa pelirroja hable.

    Sonrió con absoluta confianza. Como si fuera el desafío más sencillo del mundo.

    Muy lejos de allí...

    Kushina observaba exactamente el mismo cielo. El viento movía suavemente algunos mechones de su cabello rojo.

    Cerró la ventana. Apagó la luz. Y se acostó.

    Aquella noche... dos niños durmieron pensando, aunque fuera por un instante, en la misma persona.

    Ninguno era capaz de admitirlo.

    Ninguno entendía por qué.

    Y ninguno imaginaba que aquel encuentro, que había comenzado con un asiento vacío junto a una ventana, terminaría cambiando el destino de ambos... y el de todo el mundo shinobi.

    Fin del capítulo 1.
     
    • Creativo Creativo x 1
  2. Threadmarks: Capitulo 2
     
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    El Amor Uzumaki
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    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
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    Romance/Amor
    Total de capítulos:
    2
     
    Palabras:
    3119
    Cabeza de Tomate

    Hogar de Naruto

    La mañana siguiente llegó acompañada por el canto de los pájaros que anidaban sobre los tejados de Konohagakure.

    Naruto abrió un ojo. El despertador todavía no había sonado. Permaneció unos segundos mirando el techo.

    Después sonrió. — ¡Hoy no voy a llegar tarde!

    Saltó de la cama con un entusiasmo que solo él parecía capaz de tener a esas horas. Se vistió apresuradamente, se lavó el rostro y salió del departamento mientras terminaba de acomodarse la chaqueta naranja.

    Cinco minutos después...volvió a abrir la puerta. —Se me olvidó el dinero para el ramen...

    Lo tomó de la mesa y salió otra vez. Esta vez definitivamente.

    Hogar de Kushina

    Al otro lado de la aldea, Kushina ya llevaba varios minutos despierta.

    La cama estaba perfectamente tendida.

    La pequeña cocina había quedado limpia antes incluso de que saliera el sol.

    El desayuno consistía en una taza de té y un trozo de pan del día anterior.

    Comió en silencio.

    Sin prisas.

    Cuando terminó, lavó la taza, acomodó la silla debajo de la mesa y tomó la mochila.

    Antes de salir, observó por un instante el pequeño departamento.

    Era extraño.

    Había vivido allí tanto tiempo que ya no le parecía un lugar frío. Sola...vacío.

    Cerró la puerta con llave. Comenzó a caminar hacia la Academia.

    Las calles de Konohagakure comenzaban a llenarse de gente.

    Comerciantes levantaban las persianas de sus negocios.

    Algunos shinobi saltaban entre los tejados rumbo a sus misiones.

    Un anciano barría la entrada de una tienda.

    Era una mañana cualquiera.

    Naruto caminaba con las manos detrás de la cabeza, tarareando una melodía que ni él mismo conocía.

    De repente se detuvo.

    A unos metros delante de él, una larga cabellera roja avanzaba por la misma calle.

    Sonrió de inmediato. — ¡Pelirroja!

    Kushina reconoció aquella voz al instante. Cerró los ojos durante un segundo. "No...Tan temprano no..."

    Naruto llegó corriendo hasta quedar a su lado. — ¡Buenos días!

    Kushina continuó caminando. —...

    — ¿Dormiste bien? — Naruto la miraba.

    Silencio.

    —Yo sí. Soñé que ya era Hokage.

    Silencio otra vez.

    Naruto inclinó la cabeza intentando ver su rostro.

    — ¿Siempre eres así por las mañanas? Preguntó.

    —Siempre soy así. – respondió la pelirroja con una sonrisa

    —Ah... Naruto asintió varias veces. —Entonces no es sueño.

    Kushina dejó escapar un suspiro. — ¿Qué quieres?

    —Nada.

    —Entonces deja de seguirme.

    —No te estoy siguiendo.

    Kushina se detuvo en seco. Naruto también.

    Los dos quedaron frente a frente en medio de la calle.

    —La Academia queda para el mismo lado —dijo Naruto señalando el camino con el pulgar—. Si tú vas para allá y yo también... técnicamente ninguno sigue al otro.

    Kushina lo miró unos segundos. No supo qué responder. Simplemente volvió a caminar.

    Naruto sonrió satisfecho. — ¡Ves! Tenía razón.

    —No.

    — ¿No qué?

    —No tenías razón.

    —Pero seguimos caminando juntos.

    —Eso no significa nada.

    Naruto cruzó las manos detrás de la nuca.—Yo creo que sí.

    —Pues piensas mal.

    —Puede ser. — Respondió aquello con tanta naturalidad que Kushina terminó mirándolo de reojo.

    Era imposible discutir con él.

    No porque tuviera buenos argumentos.

    Sino porque parecía incapaz de tomarse una discusión en serio.

    Doblaron una esquina, la Academia ya podía verse al final de la calle.

    Naruto sonrió. — ¡Hoy sí llegamos temprano!

    En ese mismo instante...la campana comenzó a sonar.

    Los dos se quedaron inmóviles.

    Naruto giró lentamente la cabeza hacia Kushina.

    Ella levantó una ceja.

    — ¿No dijiste que hoy llegarías temprano?

    Naruto tragó saliva. —La campana... sonó antes...

    Kushina no pudo evitarlo. Una pequeña sonrisa apareció en la comisura de sus labios.

    Duró apenas un segundo, pero Naruto la vio.

    Abrió mucho los ojos. — ¡Te reíste!

    La sonrisa desapareció inmediatamente.

    —No.

    — ¡Sí!

    —No.

    — ¡Lo vi!

    Kushina siguió caminando como si nada hubiera ocurrido. —Apúrate, baka.

    Naruto permaneció inmóvil unos segundos. Después sonrió para sí. — Me llamó baka... Pero... ya no sonó tan enojada.Susurrando.

    Y, por alguna razón que no podía explicar... aquello le alegró el comienzo del día.

    La campana acababa de sonar cuando Naruto y Kushina atravesaron el portón de la Academia.

    — ¿Ves? —Dijo Naruto, respirando agitado mientras subía las escaleras de dos en dos—. Todavía no empezaron las clases.

    Kushina lo observó de reojo. —La campana significa exactamente lo contrario.

    —Detalles...

    Entraron al salón justo cuando Iruka terminaba de escribir sobre el pizarrón.

    El joven chunin giró lentamente la cabeza.

    El silencio cayó sobre el aula.

    Naruto sonrió con una tranquilidad impropia de alguien que acababa de llegar sobre la hora. —Buenos días, Iruka-sensei.

    Iruka lo observó durante unos segundos. — Buenos días, Naruto.

    Después miró a Kushina.

    Ella permanecía inmóvil junto a la puerta. —Tomen asiento.

    Los dos respiraron aliviados.

    Naruto caminó hasta el último pupitre y antes de sentarse, se inclinó apenas hacia Kushina. — ¿Ves? Te dije que llegábamos.

    —No dijiste eso.

    —Bueno... lo estaba pensando.

    —Qué conveniente.

    Naruto dejó escapar una pequeña risa.

    Definitivamente le gustaba discutir con ella, no porque quisiera hacerla enojar.

    Simplemente encontraba divertido que siempre tuviera una respuesta preparada.

    Iruka tomó una caja de madera y la dejó sobre el escritorio. Dentro había varias hojas dobladas. —Hoy comenzaremos con algo sencillo. Los alumnos prestaron atención. —Quiero conocer el nivel de cada uno, no se preocupen, no es un examen, solo una práctica.

    Naruto levantó la mano inmediatamente. — ¿Tiene nota?

    —No. — Respondió el sensei.

    — ¡Excelente! Levanto el brazo hacia arriba...

    Iruka sonrió. —Pero si no se esfuerzan, mañana sí tendrá nota.

    Naruto bajó lentamente la mano. —...Ya no es tan excelente.

    Las primeras risas comenzaron a escucharse. Incluso Iruka dejó escapar una sonrisa. —Salgan al patio. Vamos a practicar lanzamiento de shuriken.

    El entusiasmo invadió el salón.

    Los alumnos comenzaron a levantarse apresuradamente.

    Naruto fue uno de los primeros en salir. — ¡Hoy sí voy a impresionar a todos!

    Kiba, que caminaba unos pasos delante de él, soltó una carcajada. —Primero intenta darle al blanco.

    — ¡Claro que puedo! Respondió Naruto irritado.

    —Ayer casi le tiras un borrador a Iruka-sensei.

    —Fue una prueba de reflejos.

    —Fallaste.

    —Bueno...la próxima vez no fallaré…

    El patio estaba iluminado por el sol de la mañana.

    Frente a cada alumno había un poste de entrenamiento con un círculo pintado en el centro.

    Iruka comenzó la demostración. Tomó un shuriken, no hizo ningún movimiento exagerado y simplemente lanzó.

    ¡Tac!

    La estrella se clavó exactamente en el centro del blanco. Los niños observaron con admiración.

    —No intenten lanzar con fuerza —explicó Iruka mientras retiraba el arma—. El secreto está en el equilibrio.

    Naruto cruzó los brazos. —Yo también puedo.

    Kiba levantó una ceja. — ¿Seguro?

    —Segurísimo. — Dijo el rubio inflando su pecho.

    Iruka comenzó a repartir los shuriken de práctica.

    Cuando llegó frente a Kushina, le entregó tres. —Hazlo con calma.

    Ella asintió. Después se acercó al poste.

    Respiró profundamente. Lanzó.

    ¡Tac!

    El primer shuriken quedó apenas unos centímetros por encima del centro.

    Volvió a lanzar.

    ¡Tac!

    El segundo quedó prácticamente al lado del primero.

    El tercero...golpeó exactamente el círculo central.

    Iruka sonrió satisfecho. —Muy bien.

    Kushina hizo una leve inclinación de cabeza. No sonrió. No celebró. Simplemente regresó a su lugar.

    Naruto la observó completamente sorprendido. — ¿Desde cuándo sabes hacer eso?

    —Desde antes que tú.

    —Eres una presumida, pelirroja.

    —No. — Fue una respuesta.

    Naruto infló las mejillas. —Algún día voy a superarte.

    —Primero intenta no clavarte uno en el pie.

    Kiba soltó una carcajada tan fuerte que terminó llamando la atención de Iruka. — ¿Ocurre algo, Kiba?

    —No, Iruka-sensei, es que Naruto quiere superar a Kushina.

    Naruto abrió mucho los ojos. — ¡No lo digas como si fuera imposible!

    Iruka sonrió.—Todos pueden mejorar. La práctica continúa. Naruto, es tu turno.

    El rubio tragó saliva. Tomó uno de los shuriken.

    Observó el blanco.

    Después observó a Kushina.

    Ella mantenía los brazos cruzados.

    Parecía completamente segura de que iba a fallar.

    "Ahora sí...Voy a sorprenderlos."

    Respiró profundamente. Lanzó.

    El shuriken salió disparado.

    Pasó varios metros por encima del blanco.

    Continuó volando. Y terminó clavándose en el tronco de un árbol.

    Un cuervo que descansaba sobre una rama salió volando completamente asustado.

    El patio quedó en absoluto silencio.

    Naruto permaneció con el brazo todavía extendido. Parpadeó.

    Miró el árbol y después el blanco.

    Volvió a mirar el árbol.

    —...

    Kiba fue el primero en romper el silencio. — ¿Eso también era una prueba de reflejos?

    Las carcajadas estallaron por todo el patio.

    Naruto escondió el rostro entre los hombros. —Crei que el árbol estaba más cerca...

    —Estaba veinte metros más lejos —respondió Iruka conteniendo una sonrisa.

    Naruto se rascó la nuca. —Ah... Entonces calculé mal.

    Kushina observó al rubio durante unos segundos.

    Intentó mantenerse seria.

    De verdad lo intentó.

    Pero la imagen de aquel cuervo huyendo despavorido terminó derrotándola.

    Una risa escapó de sus labios.

    Esta vez no fue apenas un murmullo.

    Fue una risa clara.

    Breve.

    Natural.

    Naruto giró inmediatamente hacia ella.

    Sus ojos se abrieron de par en par. — ¡Otra vez!

    Kushina recuperó la compostura casi al instante. — ¿Qué cosa?

    — ¡Te reíste, Pelirroja!

    —No.

    — ¡Sí!

    —Lo imaginaste.

    — ¡No estoy loco!

    Kushina levantó apenas una ceja. —Todavía no estoy convencida de eso.

    Naruto quiso responder.

    Pero terminó riéndose él también.

    No entendía por qué.

    Había fallado estrepitosamente.

    Todo el patio se había burlado de él.

    Y, aun así... escuchar aquella risa había hecho que el ridículo valiera completamente la pena. Las risas tardaron varios segundos en apagarse.

    Naruto caminó hasta recoger el shuriken que había quedado incrustado en el árbol. Al regresar, evitó mirar a sus compañeros. Sabía perfectamente que todos seguían conteniendo la risa.

    Iruka decidió continuar la práctica antes de que el desorden aumentara. —Muy bien. Ahora quiero que formen parejas.

    Los alumnos comenzaron a mirarse entre sí.

    Choji caminó naturalmente hacia Shikamaru.

    Kiba terminó junto a un niño de otro curso.

    Ino y Sakura se colocaron una frente a la otra.

    Naruto miró alrededor. Después sonrió. Solo quedaba una persona. — ¡Genial!

    Caminó hasta Kushina.

    —Otra vez nosotros.

    Ella dejó escapar un pequeño suspiro.

    —Qué mala suerte...

    — ¿Para quién?

    —Para mí.

    Naruto apoyó una mano sobre el pecho. —Eso fue cruel.

    Iruka comenzó a explicar el ejercicio. —No quiero que se ataquen.

    Solo deberán lanzarse una pelota de entrenamiento mientras se desplazan alrededor del campo. El objetivo es aprender coordinación.

    Naruto levantó la mano.

    — ¿Y si quiero atacar?

    —No atacas.

    — ¿Y si ella me ataca?

    Iruka miró a Kushina.

    Ella respondió con absoluta tranquilidad. —Depende.

    Naruto abrió mucho los ojos.—¿¡Depende de qué!?

    —De lo que digas.

    Algunos alumnos soltaron una carcajada.

    Iruka terminó entregándoles una pequeña pelota de cuero. —Empiecen.

    Naruto la sostuvo entre las manos. —Bueno... ¿Lista?

    —Sí.

    Lanzó con suavidad.

    Kushina atrapó la pelota sin ningún esfuerzo.

    La devolvió inmediatamente.

    Naruto también la recibió.

    Durante varios minutos el ejercicio transcurrió sin problemas.

    Paso.

    Lanzamiento.

    Recepción.

    Paso.

    Lanzamiento.

    Recepción.

    Iruka caminaba observando a todos los alumnos.

    Corregía posturas.

    Explicaba pequeños errores.

    Todo marchaba mejor de lo esperado.

    Hasta que Naruto decidió hablar. —Oye pelirroja.

    Kushina atrapó la pelota. — ¿Qué?

    — ¿Siempre tienes esa cara?

    Ella frunció apenas el ceño.

    — ¿Qué cara?

    —La de... — Naruto intentó buscar las palabras. —...como si estuvieras enojada con el mundo.

    Kushina lanzó la pelota con un poco más de fuerza.

    Naruto apenas logró atraparla.

    —No estoy enojada.

    —Entonces parece.

    —Ese no es mi problema.

    Naruto volvió a lanzar. — ¿Nunca sonríes?

    Kushina recibió la pelota.

    La sostuvo unos segundos entre las manos.

    Después respondió. — ¿Y tú nunca dejas de hablar?

    —No.

    —Ya me di cuenta.

    Volvió a lanzarla.

    Esta vez Naruto tuvo que dar un pequeño salto para alcanzarla. — ¡Eso fue más fuerte!

    —No.

    —Sí fue.

    —Lánzala.

    Naruto obedeció.

    Mientras la pelota viajaba por el aire, un grupo de niños pasó corriendo entre ambos.

    Uno de ellos chocó accidentalmente contra Kushina.

    Ella perdió el equilibrio apenas un instante.

    La pelota golpeó su hombro y cayó al suelo.

    —Lo siento —dijo el niño sin detenerse.

    Kushina observó la pelota unos segundos. No dijo nada. Simplemente se agachó para recogerla.

    Naruto también se inclinó al mismo tiempo. Las manos de ambos tocaron la pelota exactamente en el mismo instante. Los dos levantaron la vista. Sus rostros quedaron muy cerca.

    Kushina retiró la mano inmediatamente.

    —Puedes quedártela.

    —No...

    Naruto se la devolvió.

    —Era tu turno.

    Ella la tomó con cierta sorpresa.

    No esperaba ese gesto.

    Durante unos segundos ninguno habló.

    Hasta que Naruto rompió el silencio. — ¿Sabes, pelirroja?

    — ¿Qué?

    —Cuando te ríes...

    Kushina sintió un extraño cosquilleo en el estómago.

    —...te ves completamente distinta.

    El tiempo pareció detenerse. Naruto sonreía con total naturalidad.

    Como si acabara de hacer el comentario más normal del mundo.

    Kushina permaneció inmóvil. No supo qué responder.

    Sintió calor en las mejillas.

    Desvió rápidamente la mirada.

    —B... baka... Murmuró tan bajo que casi ni ella misma se escuchó.

    Se dio media vuelta y comenzó a caminar.

    Naruto inclinó la cabeza. — ¿Qué dije ahora?

    Desde la distancia, Ino había presenciado toda la escena.

    Miró a Sakura.

    Después volvió a mirar a Kushina. —Qué rara...

    Sakura asintió. —Los dos son raros.

    Ninguna de las dos alcanzó a comprender qué había ocurrido realmente.

    Ni siquiera Kushina lo entendía. Solo sabía una cosa.

    Por primera vez desde que había llegado a la Academia...alguien acababa de decirle algo bonito. Y ese alguien...era el idiota más grande que había conocido en toda su vida.

    El resto del entrenamiento continuó con normalidad.

    O, al menos, eso intentó Iruka.

    Naruto seguía lanzando la pelota con demasiada fuerza.

    Kushina la recibía sin esfuerzo.

    Cada vez que él fallaba, ella suspiraba.

    Cada vez que ella corregía un lanzamiento, Naruto volvía a intentarlo con una sonrisa.

    —Así no vas a mejorar nunca dijo Kushina mientras atrapaba la pelota con una sola mano.

    — ¿Por qué? – El Rubio frunció el ceño-

    —Porque primero lanzas... Le devolvió la pelota. —...y después piensas.

    Naruto la recibió contra el pecho. —Es mi técnica.

    —Es una mala técnica.

    —Todavía está en desarrollo.

    Kushina negó lentamente con la cabeza, era imposible saber cuándo hablaba en serio.

    Iruka dio una palmada. —Muy bien. Vamos a terminar con un último ejercicio.

    Todos los alumnos formaron una fila.

    Frente a ellos había varios postes de entrenamiento, sobre cada uno descansaba una pequeña pelota de goma.

    —El objetivo es muy simple —explicó Iruka—. Derriben la pelota utilizando un shuriken. No importa dónde se clave. Solo quiero que aprendan a controlar la dirección.

    Los primeros alumnos pasaron sin demasiados problemas.

    Algunos acertaban.

    Otros fallaban por poco.

    Cuando llegó el turno de Kushina, el patio quedó completamente en silencio.

    Tomó el shuriken.

    Respiró.

    Lanzó.

    ¡Tac!

    La pelota salió despedida del poste antes de que el arma terminara clavándose en la madera.

    Iruka sonrió. —Muy bien.

    Naruto silbó con admiración. — ¡Eso fue increíble, Pelirroja!

    Kushina regresó a la fila sin responder.

    Entonces...llegó el turno de Naruto.

    Él observó el poste con absoluta concentración.

    —Esta vez sí... — Murmuró para sí mismo.

    Retrocedió un paso.

    Levantó el brazo.

    Cerró un ojo.

    Lanzó.

    El shuriken pasó junto al poste... continuó de largo... rebotó contra una piedra...y terminó clavándose en un cartel de madera donde podía leerse:

    "Prohibido lanzar fuera del área de entrenamiento."

    El cartel cayó al suelo.

    Un silencio incómodo invadió el patio.

    Naruto sonrió nerviosamente. —Bueno... técnicamente...sí le di a algo.

    Kiba estalló en una carcajada.

    Choji tuvo que cubrirse la boca para no atragantarse.

    Incluso Iruka terminó soltando una risa antes de recuperar la compostura.

    Solo Kushina permanecía inmóvil.

    Miraba el cartel.

    Después a Naruto.

    Después otra vez el cartel.

    Naruto se rascó la nuca. — ¿Qué?

    Los hombros de Kushina comenzaron a temblar.

    Muy despacio.

    Intentó contenerse.

    Apretó los labios.

    No funcionó.

    Una risa escapó de su boca.

    Después otra.

    Y otra más.

    Por primera vez desde que Naruto la conocía...la vio reír de verdad.

    No era una sonrisa.

    No era una pequeña risa escondida.

    Se estaba riendo.

    Y era incapaz de detenerse.

    Naruto permaneció completamente inmóvil.

    Nunca la había visto así.

    El viento movía suavemente su largo cabello rojo mientras ella intentaba recuperar el aire.

    Entonces ocurrió.

    Naruto habló sin pensar.

    Como hacía siempre. —Cuando te ríes...

    Kushina levantó la vista.

    —...pareces un tomate.

    El patio quedó completamente en silencio.

    La sonrisa desapareció lentamente del rostro de Kushina.

    Naruto tardó exactamente dos segundos en comprender lo que acababa de decir. —Yo... no era...quería decir...

    Kushina dio un paso al frente.

    Muy despacio.

    Los ojos violetas se clavaron en los de Naruto. — ¿Qué acabas de decir?

    Naruto tragó saliva.

    Iruka sintió que aquello no iba a terminar bien. —Naruto...

    Pero el rubio ya no escuchaba.

    Kushina volvió a dar otro paso.

    —Repítelo —dijo con una calma que resultaba mucho más aterradora que un grito.

    Naruto retrocedió instintivamente.

    —Yo solo estaba...

    —Repítelo.

    El patio entero guardó silencio.

    Kiba dejó de reír.

    Choji bajó lentamente la bolsa de papas.

    Incluso el viento parecía haberse detenido.

    Naruto respiró hondo.

    Y, porque seguía siendo Naruto...porque cuando se ponía nervioso decía exactamente lo que no debía...sonrió.

    Una sonrisa pequeña.

    Inocente.

    —Ca... cabeza de tomate...

    El puñetazo impactó de lleno sobre su frente.

    —¡¡BAKAAAA!!

    Naruto cayó sentado sobre la tierra mientras se sujetaba la cabeza con ambas manos.—¡¡Ay!!

    — ¡No vuelvas a llamarme así!

    — ¡Pero si era un cumplido!

    — ¡¿Desde cuándo tomate es un cumplido?!

    — ¡No sé! ¡Lo pensé después de decirlo!

    Kushina apretó nuevamente los puños.

    Naruto se levantó de un salto. — ¡No, espera!

    Ella dio otro paso. Él entendió inmediatamente.

    Giró sobre sus talones.

    Y salió corriendo por todo el patio.

    —¡¡AAAAAAAH AUXILIOO!!

    —¡¡VEN AQUÍ!!

    Los dos comenzaron a correr entre los postes de entrenamiento mientras el resto de la clase estallaba en carcajadas.

    Iruka llevó una mano a la frente.

    Suspiró profundamente. —Lo sabía...

    Sabía que esos dos iban a darme muchísimo trabajo...


    Fin del capítulo 2
     
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