—Tampoco diría eso... —murmuré, rascándome la mejilla con algo de vergüenza ante el apunte de Ian. Me gustaba ayudar a la gente y cuidar de mis seres queridos, era algo que siempre se me había dado bien, pero no estaba segura de merecer un calificativo como aquel; había algo de egoísmo en mis acciones, al fin y al cabo. De todos modos, no era un debate importante ni uno que fuera a tener con Ian en esos momentos, pues fue no mucho después que tuvimos que salir del ascensor. La chica rubia mencionó mi nombre en cuanto nos acercamos, lo que provocó que se disipara cualquier duda sobre su identidad. Curiosamente, la confusión volvió con más intensidad a mi rostro en cuanto procesé sus palabras, pues habló como... ¿como si supiera que había estado en peligro? Sin embargo, llevábamos más de una década sin vernos, por lo que algo así era imposible... ¿cierto? Antes de poder preguntarle al respecto, una repentina risa rompió el silencio del pasillo y no necesité girarme para saber que se trataba de Ian. ¿Honestamente? Ni siquiera podía culparlo; todo aquello empezaba a parecer premeditado. Me mantuve al margen mientras los chicos hablaban, imaginando que también llevaban tiempo sin saber del otro, y aunque no tuve intención de intervenir, no pude evitar hacerlo al notar un movimiento extraño por parte de Alpha. Había sido breve, tanto que seguramente se me habría pasado desapercibido si no fuera por los años que llevaba trabajando en el Centro Pokémon. >>Alpha, ¿estás bien? —le cuestioné en un murmullo, preocupada, y di un paso en su dirección con el ceño algo fruncido—. ¿Te han herido?