Playa adquirida y anexada dentro de los territorios de la posada. En sus inmediaciones se construyó un bar de playa al sur y, al norte, contiene unas canchas de volley de playa y los almacenes donde se guardan los elementos necesarios para practicar deportes acuáticos en el mar: surf, windsurf, buceo, kitesurf, esquí acuático. En una aislada porción de playa, al Este, se encuentran los muelles sobre el río Morito. Allí, los huéspedes podrán embarcarse y recorrer el río, sea remando o alquilando botes a pedal. Ligeramente al noreste se encuentra el depósito de las embarcaciones. Esta es una de las zonas más apacibles y relajadas de la posada. Hay dos casillas de bañeros dispuestas en su extensión. Playa Muelles Incluye: Bar OASIS Infinity pool Conecta con: Jardín Acuático Canchas externas
Era tristísimo que la llovizna nunca hubiese parado, pero tampoco era que pudiésemos hacer algo al respecto. Cuando la noche cayó y tuvimos el dichoso tiempo libre, me di cuenta que a pesar de la power nap que me había echado seguía algo cansada, pero tampoco quería perder la oportunidad de dar vueltas por la posada. O al menos intentarlo. A pesar de que me habría gustado, descarté husmear el jardín forestal con ese clima, pero no quise privarme de… pues, ni idea, la brisa marina y tal. ¿Era buena idea juntar la llovizna y la brisa marina? Ni de chiste, ¿pero desde cuándo tenía yo buenas ideas? Me fui a escarbar la maleta hasta que encontré la camisa de corduroy que había empacado para hacer las veces de chaqueta (de puro milagro) y apuré el paso hacia la playa luego de tomar uno de los paraguas de la posada. Técnicamente nada me privaba de usar los espacios exteriores en tanto no me pusiera a llevar lluvia como tonta, ¿verdad? ¿Verdad? Anyways. Abrí el paraguas, tracé el camino hacia el exterior con calma e inhalé el aire fresco y salado. Me dirigí a uno de estos ranchitos, el que estuviera más cerca de la línea del océano, y me apropié de una de las sillas como si fuese mi casa, dejando el paraguas en la otra y me descalcé las sandalias para apoyar los pies en la arena húmeda por la lluvia del día. No hice más que escuchar el mar y pasado un rato me sacudí los pies para subirlos a la silla. Abracé mis piernas, recosté la cabeza en la suerte de nidito que formé y así conservé calor entre la brisa que arrastraba algunas gotas dentro del resguardo de la suerte de sombrilla grande. Cerré los ojos y me entretuve deslizando los dedos por algo del cabello que me caía cerca de un hombro. Pensé en mi bosque, en el que existía más allá de la valla de la escuela y en cómo mi vida se parecía demasiado a ese mar inmenso de enfrente y yo nunca alcanzaba la tierra. Contenido oculto entre que se cae el foro y la chamba me iba a volver loca queriendo rolear en gakkou lpm yo: usemos a alguno de los otros persona- los dados: no Edit: me olvidé pero trae esta camisa morada sobre misma ropa de temprano
Si tenía que ser sincera, no me había hecho mucha gracia tener que madrugar cuando ni siquiera me había tocado turno matutino, pero la alternativa era quedarme sin desayunar y, claro, aquel berrinche podía ser mucho peor. El hotel contaba con mucha variedad de comida, al menos, por lo que pude aplacar mi inminente ira con el mejor método conocido por la humanidad: azúcar. ¡La vida se veía de otra manera con el estómago lleno de dulces! Así pues, había decidido pasar la mañana en la playa. Todavía era temprano y hacía algo de viento, por lo que no había tanta gente abarrotando el lugar; eso me permitió escoger una buena chaise-loungue donde situarme. Había sido muy diligente con la crema solar antes de salir, aunque eso no evitó que me colocase debajo de una sombrilla. ¡También había traído un libro conmigo! Así que necesitaba la sombra para poder leer. La pregunta del millón era cuantas páginas pasaría antes de quedarme completamente dormida, claro...