Centro de Deportes Piscina

Tema en 'Sakura Inn' iniciado por Gigi Blanche, 10 Marzo 2026.

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    Gigi Blanche

    Gigi Blanche Equipo administrativo Game Master

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    En el extremo norte del Jardín Forestal se encuentra la piscina administrada por el Centro de Deportes. Es de amplias dimensiones, cuenta con la vigilancia constante de un bañero y está equipada con toboganes de agua para que los más pequeños se diviertan.

    Piscina.png

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    Arata1.png

    Con la gracia del viaje, no haber dormido especialmente bien el día anterior y demás, en la noche apenas puse la cabeza en una almohada me quedé noqueado como si no durmiera desde hace tres vidas, lo que de hecho no era mentira del todo. El asunto era que una parte de mí tenía el horario habituado a la escuela, dormir poco y todo ese tema. Me desperté indecentemente temprano, fui a dar una vuelta por las instalaciones y después volví a la habitación para ponerme ropa para el día y desayunar. ¿Me dio vergüenza haberme servido un plato de porciones astronómicas? Ni un poco. Nunca en la vida había comido así, si teníamos que ser sinceros.

    Me quedé un rato en la mesa procesando el atracón que me había dado y cuando me levanté, caminé tan lento que debía parecer un viejo. Le eché un vistazo al tablón solo para darme cuenta de que me tocaba en el turno de noche con una alineación que parecía elegida a dedo, era entre risible, irónica y estúpidamente cruel. Era temprano, así que eso sería un problema del Arata del futuro. Por ahora necesitaba hacer la digestión.

    Hice el camino hacia la piscina como si tuviera todo el tiempo del mundo y al llegar recorrí el borde de ésta casi con pereza. Fue así como di con la mata de cabello rojo rizado. Estaba tirado en una de las sillas estas de las orillas de toda piscina, sin camisa, con los lentes oscuros y con los cascos con música a todo volumen, se escuchaba ligeramente. Bajo la cabeza había enrollado una toalla tipo almohada y me cuestioné si estaba despierto o no. Tenía el cabello algo húmedo, me di cuenta después, bueno en general él estaba algo mojado. Mira que para vacacionar sí se ponía las pilas.

    Suspiré, me senté en la silla contigua y me quité la camisa, arrojándosela encima. Dio un respingo y al reparar en mi presencia, se le pasó el susto y me arrojó la prenda de regreso. Volvió a relajarse en la silla, pero se quitó los cascos y alcanzó el móvil al otro lado para bajarle el volumen a su música.

    —¿Madrugaste? —le pregunté.

    —No fue que lo planeara. Me desperté y no pude dormir más así que fui a la playa a tener un momento de conexión con mi yo superior o lo que sea y luego vine aquí para lo mismo —explicó colando los dedos bajo los lentes para rascarse un ojo.

    —¿Ya comiste?

    —No tengo cinco años, sé que tengo que comer.

    —Debatible y lo admitiste tú mismo a principios del mes.

    —Sí, desayuné hace rato —contestó luego de un bufido.

    —¿Ya viste el line up del turno?

    —Tan cómicamente cruel como siempre. Ya me acostumbré.

    —Debatible también, pero como digas, campeón. ¿Y bien? ¿Pretendes agarrar color en estas vacaciones? Pareces Gasparín, ¿cuándo fue la última vez que ese pecho vio la luz del sol, Cay?

    —¡Déjame en paz! —dijo al borde de gritarme, no sonó molesto en sí, más bien avergonzado. Creí notar que bajaba la vista a sí mismo y luego sacó de su costado, donde tenía el teléfono también, un bote de… no supe si era protector solar o bronceador directamente, arqueé una ceja ante la segunda posibilidad—. ¿Crees que sirva?

    —No sé, habrá que averiguarlo. ¿Me lo prestas? Dejé el que traje en la habitación.

    Me alcanzó el recipiente y al echarme una cantidad en la mano me di cuenta que olía a coco. No le di importancia, me lo embarré de cualquier manera y me recosté en la silla. Quise preguntar otra cosa, quise volver a señalar el elefante de la habitación, pero no creí que fuese necesario hacerlo a estas horas de la mañana. Además, él ya me había dicho lo que correspondía… ahora, suponía, esperaba el momento. Ya insistir en el asunto sería incordiar.

    —¿Cómo van las cosas con Zárate? —Me preguntó después y vi que se estaba trenzando un mechón de pelo.

    —Ah, bien. —Se me había olvidado hacerle el update, la verdad—. Todo funcionó.

    Pensé que diría algo más, pero hizo un sonido afirmativo y se desentendió del tema por completo. Algo me quedó haciendo ruido, pero no supe el qué, de forma que sencillamente lo ignoré.
     

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