Long-fic Gold: League of Legends

Tema en 'Fanfics sobre Videojuegos y Visual Novels' iniciado por Abbylightbringer, 14 Mayo 2026 a las 10:29 PM.

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    Abbylightbringer

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    Gold: League of Legends
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    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Fantasía
    Total de capítulos:
    19
     
    Palabras:
    102
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    Sinopsis: Midas es un hombre que ha sido sometido a horribles experimentos por parte de Black Rose, una organización secreta. Después de años de confinamiento por ser considerado un “arma fallida”, logra escapar con la ayuda de Briar, una criatura que se alimenta de sangre.

    Aunque Briar suele ver a los demás como presas, las cosas son diferentes con Midas —ella lo considera su amigo.

    Juntos, emprenden un viaje a través de Runeterra, enfrentando innumerables desafíos, conociendo personajes excéntricos y esforzándose más allá de sus límites mientras recorren su largo camino a través de la vida.
     
    Última edición: 14 Mayo 2026 a las 10:55 PM
  2. Threadmarks: Prólogo - Sangre y Lágrimas.
     
    Abbylightbringer

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    Gold: League of Legends
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    Prólogo - Sangre y Lágrimas.

    No recuerdo la última vez que vi la luz del sol. No recuerdo la última vez que escuché las risas de los niños que jugaban por las calles de Piltóver. Tampoco recuerdo la textura de las hojas de los arbustos o el sabor de la comida humilde de los barrios bajos de Zaun. Hay tantas cosas que estoy olvidando…

    —¿Cómo me veía yo antes de todo esto?—susurré, tan cansado como para gritar; tan vacío como para llorar.

    Lo único que mis ojos pueden ver es el largo y maltratado cabello negro que cae por mi frente y me cubre la cara. Puedo sentir la piedra fría bajo mis pies descalzos y ver los barrotes de la mazmorra como una especie de pequeña ventana para la gruesa puerta de madera que me separa de la libertad.

    También puedo escuchar voces que se lamentan, gritan con intenciones asesinas y sed de sangre. Todas esas voces le pertenecen a los experimentos que están aprisionados aquí, y yo no soy la excepción. Sin embargo, a diferencia de los demás sujetos, yo soy el único que ha mantenido mejor su cordura. Aunque a veces veo y escucho cosas que probablemente no estén ahí.

    Huh… Quiero estirar los dedos de mis manos y alcanzar la luz, pero mis manos están encerradas en una especie de caja extraña que inhibe el poder que la gente de esa facción, cuyo nombre no me atrevo a mencionar, me dio.

    Cuando veo el inhibidor, veo que mis manos están llenas de sangre de muchas personas, y al percatarme de eso, solo puedo lamentarme por las familias de todas esas personas.

    —Nunca estuve hecho para esto—me mordí el labio dejando salir una pequeña gota de sangre casi seca.

    El olor de la sangre hizo que todos los prisioneros se volvieran locos, los cuales comenzaron a golpear los barrotes y a gritar sin descanso.

    No puedo cubrirme los oídos para no escucharlos porque mis manos están metidas en la caja.

    Ya no sé por qué sigo vivo. Lo mejor sería morir. Alguien debe matarme en este momento. Quien sea, alguien debe buscar a alguien para matar.

    —Quiero morir…

    La muerte era mejor que cualquier cosa que haya en esta celda.

    Sin embargo…

    —Oye, ¿te has preguntado a qué saben los gromps? Yo pienso que su carne debe ser suave y viscosa, pero su sabor tiene que ser un poco fuerte. Viven en pantanos, así que seguro su sabor será bastante exótico.

    Es la prisionera que está en la celda de al lado. No puedo verla, pero si puedo escuchar su voz extraña salir y hacer eco en todas las paredes. De entre todos los que están aquí, aparte de mí, ella parece ser la que está más cuerda. Aunque escuché que ella es la peor de todos.

    —No lo sé…—le respondí con un susurro. Ella pudo oírme.

    —Cuando salgamos de aquí, vayamos juntos a comernos unos gromps. Tal vez, si tenemos suerte, podremos comer cangrejos del vacío. Ya no puedo esperar.

    Esta persona me tiene cansado. Siempre habla de sus deseos de comer cualquier cosa que se le cruce por enfrente. Alguna vez escuché a los guardias decir que ella solo provocaba problemas cuando el sello se abría. Según ellos, este extraño ser de voz femenina no diferencia entre amigos y enemigos y los ataca a todos por igual, comiéndoselos como si fueran golosinas.

    Estar cerca de un ser así no es algo bueno. Se me hiela la sangre de pensar en lo que ella podría hacer si se libera, pero al pensar en eso, no puedo aguantar la risa.

    Yo soy igual…

    ***

    Fue un arma creada por la Rosa Negra como una especie de supersoldado con magia y sangre. Tal vez lo más místico de este mundo, lo arcano, corra por sus retorcidas venas.

    Ella ha estado encerrada el tiempo suficiente para reflexionar sobre su propia vida. Escucha las voces de los demás experimentos, quienes ruegan por sangre y carne, todos ellos dementes por el hambre incontrolable que los ataca. Ella no es la excepción, ella es igual a ellos, sin embargo, ella también piensa en eso.

    —Es como si mi hambre me estuviera hablando todo el tiempo. Nunca entiendo lo que dice, pero sé que nunca está feliz. ¿No te pasa lo mismo?—dijo ella, haciéndole una pregunta al hombre en la celda continua.

    Desde las sombras de su celda, en la oscuridad recóndita detrás de los barrotes metálicos de la puerta gruesa de madera, su extraña, pero aterradoramente encantadora sonrisa de dientes afilados, se agrandó mientras hablaba con el hombre.

    El hombre, como siempre, no dio una respuesta larga. Simplemente un: “Sí. Ajá”. se escuchó resonar. El hombre era muy distante con los demás experimentos. De entre todos, él parecía el más triste de todos. Ella a veces podía escucharlo llorar y lamentarse entre sollozos y susurros.

    Él era una de las razones por la que ella suele pensar mucho en su propia vida. Como los dos únicos experimentos que aún no están dementes por el hambre, era normal que ella buscara hablar para no volverse más loca.

    —Dejando eso de lado. Soy muy fuerte, ¿sabes? No entiendo por qué sigo encerrada aquí. Tenemos que armar un plan de escape. Vamos a explorar Noxus y luego huyamos lejos. Como mi único amigo, es tu trabajo apoyarme, ¿no? Juntos podremos hacer algo para salir de aquí.

    Como si estuviera cansado de escuchar la voz de la señorita “hambre contenida”, el hombre dejó salir un largo y cansado suspiro.

    —No tengo amigos, no eres mi amiga.

    —No seas tan cruel—le dijo ella, con un tono de voz bastante animado—Eres mi amigo, el único y original.

    —Estuviste aquí mucho más tiempo que yo. Todo este tiempo hablaste sola. Déjame en paz—con ese mensaje cortante, el hombre pareció quedarse dormido.

    Ella, un poco decepcionada por la frialdad de su amigo, se golpeó la cabeza contra la pared y cerró los ojos. Justo en esa fracción de segundo, el sonido extraño de una joya rebotó contra algo metálico.

    Entre la oscuridad, ella miró hacia arriba, ante el sello que inhibe su poder real y, por consecuencia, su personalidad sanguinaria.

    Esa misma noche ella tuvo una idea…

    ***

    Amaneció una vez más en este mundo. Cubierto por su armadura de metal negro, un soldado noxiano sostuvo su lanza con fuerza mientras bajaba las escaleras para hacer la guarida en la prisión donde los experimentos fallidos de la Rosa Negra se ocultan.

    Era un día como cualquier otro, sin ninguna complicación extraña, así que el soldado estaba bastante tranquilo mientras patrullaba las celdas. Esta era su primera vez trabajando en esa sección de la prisión y, aunque fue advertido de las horribles cosas que se ocultan en este lugar, él se paseó cerca de las puertas como si fuera normal para él.

    Como soldado noxiano, el miedo no existe, solo la lealtad a su nación.

    En ese momento se escuchó una voz.

    —Oye, ¿quieres escuchar un chiste?

    Era la voz de una chica. Curioso, el soldado se acercó a la celda, y en el fondo, unos grandes y brillantes ojos blancos de esclerótica violeta lo miraron.

    —¿Qué le dijo el vampiro a la noche?

    Acercándose más de la cuenta, el soldado preguntó: —¿Qué le dijo?

    Y entonces…

    —¡Tengo hambre!

    ¡Boom! La puerta estalló en pedazos y el soldado cayó de espaldas siendo empujado por la gruesa madera. Sus ojos se abrieron de par en par al ver unos dientes afilados acercándose a su cuello. Después de eso, el hombre dejó de pensar, pues un montón de sangre comenzó a chorrear por su garganta, su mente rápidamente se apagó y murió desangrado en tan solo unos pocos segundos.

    —Sangre… ¡Sangre! ¡Es tan deliciosa!—ella comenzó a reírse extasiada por el dulce, tibio y metálico sabor de la sangre. Se frotó el rostro y se lamió las manos, dándose un festín con el cadáver del soldado.

    Después de eso, ella dejó salir un largo suspiro placentero.

    —Y… sigo con hambre—bastante decepcionada para lamentarse, ella miró la puerta al lado de su celda. Sin pensar en nada más que su amigo, ella se acercó.

    ***

    Escuché cosas otra vez, estoy seguro. A veces son las voces de los niños que se divierten persiguiéndose los unos a los otros. En ocasiones son conversaciones cotidianas que solían tener los habitantes de Piltóver por las mañanas. Incluso había aullidos y gritos distantes, como también sonidos de objetos aleatorios.

    Esta vez estoy seguro que escuché algo romperse con fuerza estrepitosa y ruidosa. Sin embargo, mientras me encogía en la esquina de mi prisión, la risa maníaca de ese extraño ser que me habla todos los días resonó en todas las paredes.

    Fue en ese momento en el que me di cuenta que esto no era una jugarreta de mi mente.

    Cuando abrí los ojos mirando a través de mi cabello, la puerta delante de mí estalló en pedazos y unos horribles ojos grandes me miraron. Una joya extraña sobre una picota metálica, bastante afilada, brilló con el color de la sangre y una sonrisa de dientes amarillentos y afilados se agrandó entre la oscuridad.

    —¡Llegó la hora de irnos, amigo!

    Era ella. La estoy viendo por primera vez… Al escuchar su voz detrás de la pared, nunca me imaginé cómo se vería esta misteriosa criatura. Al escuchar su voz, siempre se me venía a la mente cualquier tipo de horrible criatura creada por las malvadas manos de esas personas. Pero sorprendentemente no fue así.

    Se veía como una chica joven de piel gris pálida y cabello blanco manchado de sangre. En apariencia, ella se ve bastante amigable. Pero…

    —Ahora que te veo de nuevo, recordé que la primera vez que te vi fue a través de las barras de metal. Eras muy enano y flaco, pero has crecido, y sigues flaco.

    Mientras ella decía esas palabras con un tono de voz bastante amigable, lo único que pude ver frente a mí era a una asesina cubierta de sangre.

    De pronto, se escucharon las voces de los centinelas de la prisión y la chica miró a la puerta.

    —Habrá tiempo para hablar después. ¡Es hora de comer! Digo… ¡Es hora de correr!

    Ni siquiera reaccioné ante eso. Antes de siquiera poder procesar lo que acababa de ver, la chica extraña salió de la celda, lo que a su vez me dejó viendo a la puerta destruida como un idiota.

    —Luz…—susurré, pues ha pasado mucho tiempo desde que vi algo de luz.

    Una tenue luz se extendía por el pasillo como si proviniera de otro mundo. Con miedo, acerqué la punta de los dedos de mi pie y, al sentir el calor, entendí que esta era una oportunidad.

    Si no logro escapar, alguien me matará. Si lo pienso de esa forma, sería una doble victoria para mi y eso, a su vez, es lo mejor que podría pasarme en años.

    Mi cuerpo se incorporó por sí solo poniéndose de pie. Aún soy débil. Estirar mis piernas me duele, así como tocar el suelo con todo el peso de mi cuerpo sobre mis pies. Pero desde que sentí el calor de la luz, algo en mi despertó después de tanto tiempo.

    Instinto de supervivencia…

    Incluso si duele. Incluso si siento que voy a llorar, puse un pie delante de otro y corrí con todas mis fuerzas.

    Mientras me alejaba corriendo por el pasillo cuyas paredes estaban llenas de celdas, me vi a mí mismo en una esquina de una de esas celdas. Vi al joven muchacho que se convirtió en hombre estando aprisionado en esos cuatro muros.

    Las voces de los monstruos resonaron mientras intentaban romper las puertas, pero llegué a la salida de la sección justo unos segundos después. Mi rostro se sintió abrumado, mis ojos fueron fulminados por la luz que se extendía a la lejanía.

    Pero me detuve a medio camino porque allí estaba ella. Decenas de soldados la atacaban con las hojas afiladas, pero ella, sin importar si salía herida, se reía vigorosamente mientras que la picota sobre sus hombros se partía en dos. Cuando eso pasó, la cara de la joven chica que vi se deformó con una mirada de llamas sangrientas que aniquilarían todo a su paso.

    —¡Comida! ¡Comida! ¡Más! ¡Dame más sangre!

    Ella fue detrás de los soldados que de un momento a otro comenzaron a correr por sus vidas, pero para ellos fue imposible escapar.

    Yo me quedé congelado mirándola, pero luego sentí un escalofrío en la espalda y mis piernas temblorosas se movieron una vez más.

    —Ella es la peor de todos estos monstruos.

    —Fue un desperdicio de recursos.

    —Un arma tan estúpida que ataca a sus aliados no sirve de nada.

    —Nadie puede controlar su hambre. Ella seguirá así para siempre.

    Las voces de los guardias que alguna vez dijeron todos esos diálogos resonaron en mi mente. Mientras corría, escuché el sonido del metal chocando contra el suelo y la respiración asesina de esa chica.

    Miré a mis espaldas, solo para ver que ella me seguía con la misma mirada sanguinaria. Ella seguía repitiendo la misma palabra sin descanso.

    Sangre…

    Impulsado por una fuerza misteriosa en las profundidades de mi mente, usé todo lo que mi delgado cuerpo tenía para ofrecer y corrí como nunca antes he corrido.

    Detrás de mí los guardias siguen atacando y gritando, pero yo ya no volví a mirar atrás.

    Estoy sorprendido conmigo mismo por haber resistido tanto, pero ya estaba por llegar a esa gran puerta. Han pasado años, pero aún recuerdo la primera vez que me trajeron a este lugar y por donde tenía que irme.

    Pronto me encontré a una gigantesca puerta que estaba cerrada. Detrás de mí la voz de esa chica gritó y, por una fracción de segundo, me rendí. Esta era la puerta que te sacaba del infierno, pero irónicamente está cerrada para este pobre diablo.

    Una fuerza abrumadora me empujó contra la puerta, lo que hizo que la entrada se abriera de golpe.

    Ella cayó encima de mí, con esa aterradora mirada. Abrió su mandíbula dentada lista para comerme, pero se detuvo en el momento que esa extraña gema roja flotó sobre su espalda, cerrando la picota herméticamente.

    —Hehehe. Eso fue divertido—y la misma voz animada volvió a escucharse—Al fin salimos, amigo. Ahora el festín apenas comienza.

    Un profundo silencio se sintió. Cuando me di cuenta de que estaba fuera de la celda, cuando entendí que no iba a morir, yo… yo apoyé la cabeza en el suelo y suspiré. Al ver la luz del sol sobre mi, el cielo azul tan claro que parecía un sueño…

    —Sniff… Ah…—finalmente me rompí, llorando y gritando mientras esa chica me miraba—¡Ahhhhhhhh!—soy libre, no podía creerlo.

    —¿Y ahora por qué lloras? ¡Deberías estar feliz! ¡Esta es nuestra libertad!

    Yo no le dije nada, solo ahogué mi llanto y me senté en el suelo.

    —Di algo al menos. Uh, ya sé. Las personas tienen nombres. Yo tengo nombre y tú no lo sabes. ¡Hola, soy Briar! ¡¿Cómo te llamas, amigo?

    Era una pregunta sencilla, pero yo nunca había pensado en eso. El monstruo que rompió en pedazos la puerta de mi celda tenía nombre, se llama Briar.

    —Mi nombre…—susurré, tratando de recordar. Cuando las palabras aparecieron en mi mente, las dije sin más—Me llamo Midas.

    Y la chica sonrió con sus dientes afilados.
     
  3. Threadmarks: Episodio 1: “El Hambre Contenida” Parte 1
     
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    Episodio 1: “El Hambre Contenida” Parte 1

    Midas aún recuerda ese día hace diez años como si fuera ayer, pues se trata de su trauma más grande. Cada vez que cierra los ojos, él aún puede verlo. En medio de un campo de batalla, el olor de su propia sangre impregnó el aire. A su vez, el paisaje desértico y horroroso que se presentó ante sus ojos relucía con la luz del sol.

    Sus manos doradas, llenas de su propia sangre, se sintieron rígidas como piedra.

    —No quería… yo no quería esto…—Incluso si él no quería matar a todas esas personas, no tuvo más opción que hacerlo. Ahora estaba rodeado de decenas de estatuas doradas, las cuales alguna vez fueron personas.

    Todas las estatuas doradas que pisaron este campo de guerra estaban en diversas posiciones de batalla, congeladas en el oro sólido para la eternidad. Todos ellos no supieron lo que los golpeó, pues para cuando quisieron darse cuenta, ya se habían convertido en estatuas hechas de ese metal precioso.

    —¡Yo no quería esto!—desesperado, mientras la sangre corría por su abdomen, Midas quiso mover sus manos para limpiarse, pero estas, al igual que las estatuas que lo rodean, estaban rígidas y cubiertas por el oro macizo.

    Esto lo hizo sentir aún más desesperado. Sus manos no se movían, se encontraban rígidas como el mismo oro y el dolor ardiente en su abdomen parecía que iba a quemarle la piel.

    Delante de él, estaba la estatua dorada de un hombre robusto con armadura pesada, quien apuntaba su lanza hacia Midas. La punta de la lanza estaba manchada de sangre, lo que explicaba la herida en su abdomen.

    En la lejanía, un científico de la hemomancia miraba a Midas en silencio. Negó con la cabeza al ver la cobardía de su experimento, quien se suponía estaba dispuesto a pelear para el Imperio de Noxus y la Rosa Negra, pero lo que se llevó fue una gran decepción.

    Esa era la razón por la que Midas estaba encerrado y la razón de su sufrimiento.

    ***

    En la actualidad, Midas se esconde entre los callejones de la capital de Noxus. Está asustado y nervioso, pero sobre todas esas emociones desastrosas, Midas finalmente se siente libre. A pesar de que sus manos están atadas con el inhibidor, siente el aire fresco y pesado de las calles pasar por su rostro.

    —Oye, ¿qué estamos buscando?—preguntó Briar con una sonrisa emocionada. Su sangre hervía de emoción al saber que ahora mismo están escapando de las garras de Noxus, pero irónicamente seguían dentro del Imperio.

    Midas respondió con un resoplido. Ahora mismo se veía como un indigente descalzo al lado de una extraña y adorable abominación.

    Si bien escaparon del corazón de la mazmorra luego de escuchar las voces lejanas de los guardias, ahora se enfrentaban a la magnitud demoledora del imperio noxiano. Los edificios eran oscuros y siniestros, altos y robustos, justo como los habitantes de esta nación.

    La vista siniestra elevó los nervios de Midas, quien no podía mantenerse quieto mientras hacía crujir sus manos doradas con cada movimiento dentro del inhibidor. Sus ojos bailaron de izquierda a derecha pensando en el siguiente movimiento.

    —Oye, ¿no me escuchaste? ¿Tenemos que hacer algo interesante para salir de aquí, o no? En primer lugar, Noxus acepta a la gente poderosa. Si les mostramos nuestra fuerza, seguramente nos recibirán con un cálido abrazo.

    —Cállate. Eso no va a funcionar. No soy poderoso. No quiero pelear ni matar a nadie más. Nunca más… No volveré a hacer lo mismo nunca más, de eso estoy seguro. No para este maldito lugar.

    La cara de Midas lo decía todo. Briar había visto la misma expresión en el campo de batalla. Ira, odio… Aunque ella no suele prestar atención a esos detalles, pues está más concentrada comiendo que mirando las caras de las personas, pero en algunas ocasiones ella fue capaz de mirar algo parecido. Solo que había algo más en la expresión de Midas que Briar no pudo entender.

    —Lo que sea. Necesito un mapa. Lo robaré y me iré de aquí. Tú haz lo que te venga en gana.

    —Ooh… Eres un amargado, ¿lo sabías? No hay nada interesante en lo que quieres hacer. ¿De qué te puede servir un aburrido mapa?

    ‘¡Ja! Ella está loca.’ pensó Midas. Cualquiera lo suficientemente humano que hubiera pasado por el mismo tormento que él querría irse lo más lejos posible. Briar no podía entender eso porque ella no nació como una humana, pero tampoco había forma en que Midas supiera eso.

    Mientras tanto, Midas miró el camino siendo transitado por decenas de personas que pululaban de un lado a otro. El lugar parecía ser una especie de ruta comercial llena de personas que vendían su mercancía a los lugareños. No encontró rastro alguno de un mapa cerca, lo que decepcionó a Midas.

    Imitando los gestos de Midas, Briar inclinó la cabeza para ver los alrededores. Ella no sabía que estaba viendo, pero al seguir los movimientos de Midas, miró que un tipo gordo estaba sentado en el suelo. El hombre tenía un montón de pergaminos esparcidos sobre una gruesa tela negra. Al ver eso, Briar, tonta, pero no ingenua, tuvo una idea.

    —Oye, Midas. Si te digo que tengo lo que quieres, ¿qué harías al respecto?—Sin embargo, a pesar de que ella pudo ver el lugar, también se detuvo al ver la piel rojiza del vendedor. La sangre que corre por el cuerpo de esa persona se veía abundante y dulce, lo que provocó que la boca de Briar comenzara a generar saliva en respuesta al hambre atroz que nació en las profundidades de su estómago.

    —¿A qué te refieres? Simplemente dime dónde está el mapa—exigió, mirando a Briar con el ceño fruncido.

    —Jejeje…—Una risa extraña provino de la chica. Briar miró a Midas con una sonrisa—Yo distraigo a esa bolsa de sangre y tú tomas tu mapa. ¿Estamos de acuerdo?

    —Espera, ¿qué vas a hacer?

    —¡Comida!—Antes de que Midas pudiera saber más, Briar gritó al mismo tiempo que la joya de la picota brilló con intensidad. Ella sacó la joya y la picota, o cepo, se abrió convirtiéndose en dos espadas afiladas. Luego de eso, le dio una patada a la joya enviándola a volar lejos, y esta se clavó en el abdomen del vendedor.

    Por el arte de la hemomancia y la magia imbuida en la sangre de Briar, ella se elevó en el aire y fue atraída por la joya roja (hemolito), como si fuese volando hacia el hombre. Cuando chocó, una explosión roja empujó a todos los que estaban cerca, lastimándolos en el proceso.

    —¡Sangre!—con una apariencia casi demoníaca, Briar clavó las espadas en el cuello del vendedor y le cortó la cabeza al instante. La sangre entonces salpicó, manchando la cara de esta chica—Jajaja. Delicioso. ¡Quiero más! ¡Denme su sangre!

    La imagen horrenda de esta chica bañándose en la sangre hizo que las entrañas de Midas se retorcieran, lo que casi le hace vomitar. Incluso en un momento tan turbio como este, cuando los gritos de los lugareños se elevaron hasta el cielo alertando a los demás del peligro, Midas no perdió de vista su objetivo.

    Apretó los dientes y agachó la cabeza, para luego mezclarse entre la multitud que huía despavorida. Con una agilidad afín a su delgado cuerpo, Midas pasó corriendo al lado de Briar y, usando los dientes, agarró uno de los pergaminos, uno que convenientemente tenía escrito “Mapa” sobre el pergamino.

    Habiendo logrado su cometido, asustado por lo que acababa de presenciar y nervioso por la risa macabra de Briar, Midas comenzó a correr con todas sus fuerzas una vez más. Él sabía bien que ese fenómeno ahora se está alimentando de la gente que no pudo escapar, y eso lo hizo sentir culpable.

    ‘Lo siento… Lo siento mucho… Yo no quería.’ Pero cuando Briar comenzó el ataque, ya estaba decidido el destino de esas personas y Midas no podía hacer nada para salvarlos.

    Así se movió rápido por los puestos de la zona comercial. Esquivó a las personas que huían, pero debido a su debilidad, chocó con una mujer y cayó de cara al suelo. Se le hizo difícil volver a levantarse por culpa del inhibidor, pero aun así reunió la fuerza suficiente para levantarse y correr otra vez.

    Por el lado de Briar, los centinelas rápidamente la habían rodeado. Eran cerca de veinte hombres y mujeres armados con armaduras negras y diversas herramientas de combate. Mazos, hachas, arcos con flechas y espadas muy pesadas que cualquier persona tendría dificultad para siquiera levantar. Todo estaba permitido. Pero Briar, con la dulce sangre fluyendo por su boca, les regaló una aterradora sonrisa a los soldados noxianos.

    —Parece que llegaron algunos amigos para la cena—y se abalanzó sobre ellos con la mandíbula bien abierta, lista para darse un magnífico festín de sangre.
     
    Última edición: 14 Mayo 2026 a las 10:47 PM
  4. Threadmarks: Episodio 1: “El Hambre Contenida” Parte 2
     
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    Episodio 1: “El Hambre Contenida” Parte 2

    Ella dio un potente salto frontal que la llevó a estrellarse de cara contra uno de los soldados. El hombre de armadura negra con detalles rojos cayó de espaldas, ¿y qué es lo que hizo Briar? Lo único que ella sabe hacer.

    —¡Acechar! ¡Matar! ¡Comer!—Con las cuchillas de sangre que brotaron de sus muñecas, cortando con movimientos ondulantes de arriba hacia abajo, destrozó la armadura del hombre provocando el clásico sonido del metal rechinante, al mismo tiempo que las afiladas hojas cortaban la piel del hombre.

    La sangre salpicó en su cara, y ella se rió mientras estiraba su lengua para lamerse los labios. Los demás soldados estaban impactados por la brutalidad de este monstruo, pero de inmediato recuperaron la compostura, lanzando gritos de guerra que reverberaban en las paredes de la zona comercial. Así rodearon a Briar en cuestión de segundos, haciendo que la adorable abominación mirara en todas las direcciones posibles.

    —Jejeje. Ustedes no me están atrapando… ¡Ustedes están atrapados conmigo!—colocando las manos en el suelo, como un animal de cuatro patas, saltó hacia el soldado más cercano. Sin embargo, al hacerlo, la punta de una lanza le atravesó el abdomen.

    La sangre salpicó con pequeñas gotas mientras ella se desplomaba en el suelo. Por un instante Briar estuvo de rodillas con la sangre saliendo de su herida, pero ella levantó la mirada y sus ojos seguían encendidos con furia y hambre, por consiguiente…

    —¡Ahhhg!—Briar lanzó un grito ensordecedor y chirriante, liberando una gran onda de choque del color de la sangre que empujó a todos los soldados frente a ella. Fueron seis en total, quienes se estrellaron contra las paredes quedando inconscientes, aunque dos de ellos murieron por el golpe.

    Con este acto maníaco, Briar se levantó del suelo, solo para que uno de los soldados apareciera blandiendo su pesada espada desde lo alto. Su intención era obvia, pues este tipo quería partir a Briar en dos, pero no lo logró. Briar usó las cuchillas en paralelo frente a su propio rostro para protegerse. El peso de la espada no fue un problema, ya que ella, a pesar de ser pequeña en comparación con el corpulento soldado de dos metros de altura, es extremadamente fuerte y ágil. Con este movimiento quedó fuera de peligro, pero su abdomen seguía sangrando sin parar, regando sangre por el suelo de tierra que se tiñó de rojo.

    Los demás soldados vieron la oportunidad y entraron a la batalla, disparando flechas que se clavaron en el torso de Briar. Ella gimió horrorosamente con la voz ronca y grave, pero con el toque salvaje y femenino que la caracteriza. Una vez más, ella casi se desploma, pero comenzó a reírse escupiendo sangre por la boca. Apretó ambas cuchillas contra la espada pesada del soldado y la partió en dos.

    El hombre por un instante se quedó aturdido. Cuando quiso incorporarse delante de Briar, ella ya le había mordido el cuello. Briar lamió toda la sangre que llenó la armadura del soldado y gracias a la hemomancia y la magia que imbuye su cuerpo, sus heridas comenzaron a cerrarse. Su piel escupió las flechas y su abdomen dejó de sangrar.

    Siendo ella un monstruo inmortal imparable que sana con tan solo beber una gota de sangre, Briar estaba en completa ventaja contra seres tan débiles como los soldados restantes. Ella misma solía decirle a Midas que lo mejor era poner al guerrero más fuerte contra el enemigo más grande. En ese momento, estas bolsas de sangre no eran más que comida con piernas, no un enemigo al que enfrentar.

    Empapada por la sangre, Briar ahora quería terminar de comer su almuerzo.

    —Amigo… ¿Dónde está mi amigo? Uh, es cierto. Primero me los comeré a todos ustedes y luego regresaré con mi amigo—Briar se limpió la sangre de la cara con la palma de la mano y luego se lamió la mano—¿O también debería comérmelo a él? Jujejeje. ¡Ahhhg!

    La batalla se reanudó después de una breve pausa de un segundo. Los soldados que peleaban fueron implacables y nunca se rindieron. Cortaron, golpearon y dispararon con todas las fuerzas que tienen sus cuerpos, pero ningún esfuerzo fue suficiente para detener a este monstruo.

    Ella también es implacable; un ser hecho para la matanza con las magias más extrañas de este mundo.

    Lo único que quedó al final de la batalla fue una calle vacía y un montón de soldados muertos. Entre todo eso estaba Briar, mirando el cielo azul en silencio. El hemolito flotó sobre sus hombros y el cepo volvió a cerrarse. Su mirada volvió a ser blanca y púrpura, y su respiración, antes agitada, se suavizó.

    —¡Gracias por la comida! Ustedes fueron muy amables—con esas crueles palabras a los cadáveres repartidos en el suelo, que manchan la tierra de rojo carmesí, Briar se dio media vuelta y sintió el olor de Midas en el aire. Ella sonrió al sentir que él se estaba alejando a paso de tortuga—Voy a alcanzarte…

    ***

    Su respiración agitada es constante. Sus piernas le dolían y sus pies descalzos pisaron muchas piedras afiladas que lo lastimaron, pero aun así siguió corriendo. Está corriendo como nunca, pues su libertad estaba cerca.

    ‘Esa chica se quedó atrás. Con suerte no la volveré a ver, pero aun así me siento culpable.’ La culpa recayó en que él dejó a su salvadora atrás. Él ya podía imaginar que seguramente Briar está peleando contra los soldados noxianos, pero eso ahora no era su problema.

    Midas entendía que estaba siendo egoísta, pero antes que la vida de un ser que mata de una forma tan brutal, está su propia vida. Ahora con este mapa, Midas tenía que buscar una ruta segura para escapar de Noxus y regresar a Zaun, el lugar en el que creció.

    Su historia aún está oculta en las profundidades de su mente y el origen de su poder espera ser revelado. Mientras tanto, Midas seguirá avanzando hasta llegar a su destino.

    ‘Quería morir…’ Midas quería terminar con la tortura de estar encerrado en esa celda, pero ahora que se liberó, se dio cuenta de que estaba actuando como un cobarde. La muerte le quitaría todas las oportunidades posibles. Pero ahora, fuera de esa celda, y corriendo bajo el cielo azul, él finalmente se decidió. ‘Regresaré a casa.’ Al lugar donde una vez se sintió seguro.

    Ahora el problema más importante era buscar un refugio donde esconderse para leer el mapa. Midas aún corre por la zona comercial, pues no ha pasado mucho tiempo desde que huyó como una rata escurridiza. Además, su apariencia andrajosa llamaba demasiado la atención, pero aun así seguía viéndose como un hombre adulto normal. Esa era una ventaja.

    Al borde del colapso, Midas finalmente salió de la zona comercial. Se le ocurrió correr en la dirección contraria a los grandes edificios que se levantaban a la lejanía. Meterse en el corazón de Noxus era una estupidez obvia, era más plausible irse lo más lejos posible intentando evadir la seguridad.

    Como la zona comercial tenía pequeños edificios del color de la arena del desierto, ahora que salió del lugar se encontró con una extensión de casas de piedra negra, sombrías y robustas, con personas intrigadas por los gritos y las personas que llegaron gritando luego de los problemas en la zona comercial.

    Midas aprovechó esto y se ocultó entre la gente. Ya que su ropa era prácticamente basura, decidió que era hora de comportarse mal.

    Al pasar entre las casas y la gente, notó que cerca de allí alguien había tendido la ropa en una cuerda. Allí se encontraba una limpia y agradable capa con capucha del color de la noche, conveniente para ocultar la apariencia hasta cierto punto. Aunque, bueno, al tipo que lleva un mapa en la boca y que tiene un inhibidor con forma de caja pequeña que aprisiona sus manos se le haría difícil hacer tantas cosas.

    Así que, con gran destreza, maniobró el mapa entre sus dientes y lo metió dentro de su camiseta. Al estar listo, Midas disimuló un poco sus manos de prisionero y agarró la capa con los dientes, acto seguido, se echó a correr como un vil ladrón.

    ‘Lo hice… lo hice de nuevo…’ Aunque no lo parezca, en el pasado Midas ya le había robado muchas cosas a la gente. Eso fue cuando era un niño y aún vivía en Zaun junto a su hermana mayor. Ahora todo era diferente.

    Robar para sobrevivir, así de difícil podía ser la infancia de algunos niños en Zaun.

    Midas se mantuvo corriendo durante unos minutos más. Su corazón golpeaba con fuerza dentro de su pecho y el sudor caliente corrió por su frente. Su respiración fue difícil ya que aún sostenía la capa con los dientes. Lo único bueno de todo esto es que la capa sirvió para ocultar el inhibidor. Así la gente no sospechará de él.

    ‘¿Nadie me vio?’ Se preguntó mientras intentaba ponerse la capucha. La oscuridad de la capucha ocultó su rostro delgado y demacrado, y su cabello también hizo su trabajo al ocultar su rostro. Ahora se veía más como una sombra de la muerte, delgado y tenebroso, pero sin identidad que mostrar a los demás.

    Descansó durante unos minutos más, apoyando la espalda en una pared detrás de unas cajas para que nadie pudiera verlo. Respiró y se dio cuenta de la falta de hidratación. Sintió sed, pero incluso eso importaba poco. Todo lo que Midas podía hacer era escapar. De hecho, en estos breves minutos todo fue muy tranquilo. Bastante pacífico en comparación con las celdas llenas de experimentos que gritaban y golpeaban las paredes junto al hambre insaciable.

    —Aah… Estoy cansado—para distraerse un poco mientras descansaba, hizo crujir sus dedos dentro del inhibidor. Como ahora sus manos estaban cubiertas de metal dorado, estas hacían un ruido metálico cada vez que se movían. Era algo que Midas solía hacer mucho cuando estaba encerrado.

    Cerró los ojos para dejar salir las preocupaciones, pero justo en ese momento escuchó una voz autoritaria demandando órdenes a los soldados noxianos.

    Midas se asomó por el borde de las cajas para ver. Se percató de que se trataba de un hombre alto y robusto, de mirada severa con una gigantesca hacha colgando de su espalda. Se veía joven, tal vez de la misma edad que Midas. Su armadura gruesa y pesada se veía bastante ligera cuando ese hombre se movía.

    —¿Y los rastros?—preguntó el hombre.

    Uno de los soldados respondió con mucho respeto—Hay marcas de sangre en el suelo. No debe estar lejos. Si nos da algo de tiempo, podremos encontrar al asesino.

    —Entonces háganlo de una vez.

    —A sus órdenes, capitán Darius.

    Un hombre que se rige por la voluntad de su fuerza, el poder lo es todo para él y lleva los últimos años ascendiendo desde lo más bajo. Recientemente, el capitán de un gran escuadrón, y el frente de la interminable batalla para expandir el imperio noxiano.
     
  5. Threadmarks: Episodio 1: “El Hambre Contenida” Parte 3
     
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    Episodio 1: “El Hambre Contenida” Parte 3

    Darius se veía extremadamente intimidante. Midas tembló con un poco de miedo al verlo, pues entendía que, si intentaba hacer algo cerca de él, sería aplastado por el poder de esa temible hacha.
    Midas no conoce a este hombre, claro está. Es la primera vez que lo ve, pero podía sentir un poder explosivo proveniente de él. Tal vez se debía a la magia que corre por sus venas que puede sentir cosas que las personas normales no.

    ‘¿Cómo salgo de aquí?’ El lugar está rodeado de soldados. Midas está acorralado en una esquina, no hay ninguna oportunidad para escapar. Además, si algún soldado o Darius llegan a ver el inhibidor en sus manos, todos se lanzarán encima de él al instante.

    Ahora este pobre diablo está contra la espada y la pared. Solo un milagro podría salvarlo.

    Hilarante…

    ‘Era demasiado bueno para ser verdad…’ Cuando Midas estaba pensando que su libertad se había acabado, entre las sombras, Briar se movió con gran agilidad a pesar de que sus brazos estaban inmovilizados por el cepo.

    Ella se agachó entre los callejones y las cajas, como un animal que acecha en la oscuridad. Sus grandes ojos miraban el entorno y su instinto de caza se activó, aunque esto se había vuelto curioso hasta cierto punto. Briar no está acechando a los soldados, sino a Midas. Cuando la acalorada pelea en la zona comercial terminó, ella de inmediato buscó a Midas. El aroma del hombre la atrajo a este lugar y la llevó a descubrir su paradero, pero al ver que todo estaba vigilado por los soldados, pensó que esto no sería bueno para nadie.

    Con Darius presente, Briar sintió muy bajo en su instinto que no debía lanzarse a pelear como cualquier idiota. Ella sintió peligro en ese tipo, sin embargo… —¿A quién le importa?— Briar no es alguien que pueda razonar con claridad.

    A Briar también le gusta pelear. Al ver a un oponente tan grande como una montaña, ella se sintió emocionada por comparar su fuerza contra ese tipo, pero lastimosamente también tenía un objetivo muy claro. Todo se había reducido a dos decisiones difíciles.

    —Tengo que buscar a Midas, pero…—ayudar a un amigo, o pelear contra una montaña. La decisión era difícil, tanto que hasta la mente de Briar se sintió al borde del colapso—Huh… Será en otra ocasión.

    Negó decepcionada y siguió ocultándose entre las sombras. Midas estaba cerca, seguramente muy asustado por estar acorralado como un conejo en una jaula, por lo que Briar quería saber si podía acercarse sin llamar demasiado la atención. Claro, ella no es una asesina profesional como para saber cuándo ocultarse o cómo borrar su propia presencia, pero sabía cómo armar distracciones.

    En esta zona había muchas cajas de madera, muchas más que en la zona comercial. Si lo que causa una distracción es algo ruidoso, sería perfecto, ya que Briar es una experta en hacer ruido.

    —A veces el hambre también puede ayudarte a pensar—es algo que se relaciona con la supervivencia. Si te mueres de hambre, la sensación de muerte te impulsará a hacer lo que sea para sobrevivir. Briar sabía mucho de eso, pues ella vive con hambre. Entonces, en un rápido movimiento en el que juntó un montón de cajas, pateándolas y tratando de no hacer tanto ruido, Briar se preparó para lanzar su grito carmesí—¡Distracción! ¡Ahhhg!

    Las cajas salieron volando contra algunos de los soldados y las casas, provocando un sonido similar al de una pequeña explosión. Todas las cajas explotaron en pedazos, haciendo que los soldados cercanos se pusieran en alerta.

    Darius, que estaba cerca de atrapar a Midas, miró en esa dirección y se acercó. Agarró el hacha en sus poderosas manos y frunció el ceño.

    Al ver a Darius alejarse, Midas respiró con dificultad. No supo qué provocó esa distracción, pero agradeció internamente. Se agachó cual rata escurridiza y salió corriendo de la zona. Algún que otro soldado lo vio huir, pero no le prestaron atención ya que la descripción de Briar ya había llegado a todos, por lo que el objetivo es esta chica asesina, no un tipo flaco y descalzo con una capa negra.

    Fue una suerte para Midas que los soldados no lo relacionaran con Briar. Como ambos estuvieron separados en el momento del ataque, realmente fue afortunado que nadie los haya visto juntos. Un incidente afortunado.

    Darius llegó a la zona de la explosión. Vio soldados pegados en las paredes luego de la explosión, heridos y algunos muertos. Cerca de allí había gotas de sangre que se cernían dejando un rastro de sangre en el suelo.

    —Está cerca—era obvio para Darius. Sin embargo, Briar pudo haber escapado sin provocar este revuelo. Entonces, ¿por qué arriesgar su posición oculta al provocar tanto revuelo?—Pero no tiene sentido…

    El informe inmediato decía que la prisionera Briar escapó junto a otro de los prisioneros. Lo más probable es que ambos estén juntos, eso sí los dos lograron arreglárselas para escapar juntos hasta el final. Además, la descripción del hombre que acompañaba a Briar también era confusa. Era demasiado normal para encontrarlo solo mirando los alrededores.

    —Dile a todos los soldados que se separen. Busquen en todos los callejones más oscuros. No hay que dejarlos escapar—ordenó Darius con un tono de voz autoritario. Aunque preparó su hacha para pelear contra Briar, lo hizo en vano. Ella también ha escapado, pero ese rastro de sangre era la clave—No pasará mucho hasta que no tengan a dónde huir.

    Uno de los soldados cercanos asintió y fue a avisar a los demás.

    ***

    ‘Casi me atrapan. Estuvo demasiado cerca.’ Midas nuevamente se encontraba corriendo por su libertad. Dentro de poco saldrá de este lugar y estará cerca de las llanuras de Noxus. Si logra mantenerse oculto, podrá llegar a los horizontes de Noxus en unos pocos días. ‘El camino es demasiado largo y peligroso.’ Pero era mejor que morir pudriéndose en una celda. ‘Pero… no importa… Estaré allí, no importa lo que tenga que hacer.’

    De pronto…

    —¡Excelente huida, mi escuálido amigo!—la voz de Briar resonó a su lado.

    Midas se asustó tanto por la repentina aparición de Briar que cayó de cara en el suelo después de tropezar con sus propios pies.

    —¡Carajo! ¡Casi se me sale el corazón por la boca! ¡¿Estás loca?!—gritó Midas mientras se levantaba del suelo.

    Briar lo escuchó con atención con una linda sonrisa amigable, pero no le importó si Midas tenía la frente sangrando por el golpe. Cuando escuchó a los soldados a sus espaldas, con los dientes, ella lo agarró de la capa y lo levantó sin problemas. Después de eso, ella se echó a correr con todas sus fuerzas, haciendo parecer que Midas era una bandera izando en lo alto de un poste.

    —¡¿Ahhhhhh?!—la voz de Midas se desvaneció en la oscuridad de los callejones.

    Así este momento tan cómico se extendió hasta que finalmente salieron de la capital.

    Fueron perseguidos por diferentes soldados en el camino, pero Briar fue implacable en todos los sentidos, peleando y corriendo mientras llevaba a Midas como un muñeco de trapo entre los dientes. Afortunadamente, Darius no pudo alcanzarlos debido a la estamina casi infinita de Briar, lo que le permitió a Midas ser arrastrado fuera de la capital sin problemas y sin ninguna herida.

    ‘Me sentí inútil…’ Porque mientras Briar peleaba y hacía todo lo posible para ayudar en el escape, Midas solo se escondió como un cobarde y no hizo nada.

    —Qué vista tan terriblemente nostálgica…—susurró Midas al ver hacia atrás.

    El campo llano se extendió frente a ellos, alejado del poderoso e imponente Bastión Inmortal que se extendía tenebrosamente sobre el paisaje que los ojos de ambos pudieron ver. Los grandes edificios, los problemas y los secretos de este lugar, encerrados en el corazón del Imperio finalmente eran tan lejanos.

    Cuando Briar soltó a Midas después de correr durante una hora entera, ella se echó en el suelo mirando al cielo. Midas la vio más normal de lo que debería, y luego cerró los ojos.

    ‘La primera vez que llegué a este lugar, pensé que ese momento sería el comienzo de mi historia como un héroe.’ Nadie podía culparlo, pues Midas era solo un niño cuando llegó a Noxus. Llegó a este lugar con el deseo de ayudar a alguien.

    —¡...! ¡Briar, levántate! ¡Rápido!—ignorando los pensamientos relacionados al pasado, Midas tocó el costado del torso de Briar con la punta del pie.

    —¿Qué pasa, Midas? ¿Por qué te pones tan tenso?

    Midas no dijo nada, solo se limitó a mirar a la entrada del Bastión Inmortal. Briar siguió la mirada de Midas y se percató que un pequeño escuadrón estaba saliendo del Bastión. A la cabeza del escuadrón estaba Darius, quien miró a Briar con el ceño fruncido.

    Ambos estaban lo suficientemente lejos para huir, pero en esta llanura es muy fácil ver a dónde se dirigen. Al no tomar en cuenta este hecho, Briar y Midas no tenían escapatoria en primer lugar.

    —Esto es muy malo, después de todo—dijo Briar, levantándose del suelo y mirando a Darius con curiosidad.

    Pero algo extraño pasó. Darius no le ordenó a sus soldados avanzar, solo se quedaron mirando a los dos individuos en silencio. La expresión de Darius fue seria en todo momento, una expresión acompañada por una mirada fría y calculadora. Ni Midas ni Briar fueron capaces de leer las emociones de aquel soldado.

    De un momento a otro, Darius levantó su hacha y avanzó lentamente mientras su escuadrón miraba en silencio.

    Midas tragó saliva, pues era más que obvio lo que se avecinaba. Una batalla inminente… Al pensar en eso, Midas notó que Briar dio un paso adelante.

    —Oye, Midas. Ahora mismo me voy a poner muy loca. Mientras yo peleo contra ese grandullón, es mejor que cojas tu mapa y te vayas lejos. Yo te alcanzaré después de derrotarlo.

    —¿Qué…?—demasiado asustado para entender las intenciones de Briar, Midas se quedó congelado en su lugar—No entiendo. Esa persona es demasiado poderosa, puedo sentirlo en cada partícula de mis huesos. Tú no podrías…

    Y no era para menos. Midas sabía a lo que Briar se iba a enfrentar sin siquiera conocer al enemigo. Midas podía “sentir” el peligro inminente, pero Briar negó mientras se reía.

    —Jajaja… Huir o pelear… son demasiadas opciones—el hemolito tembló levemente. Briar miró a Midas y le dio a entender que esto iba a ser divertido—Así que elegiré pelear.

    Para ese momento, Darius ya se encontraba delante de ellos…
     
  6. Threadmarks: Episodio 1: “El Hambre Contenida” Parte 4
     
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    Episodio 1: “El Hambre Contenida” Parte 4

    Solía pensar que matar y devorar era lo único bueno que la vida tenía para mí. No me quejo porque realmente me gusta matar y comer. Estar rodeada por el campo de batalla cubierto de cadáveres, con los gritos de los enemigos que aún estaban con vida, con la tibia sangre tocando mis labios, la adrenalina de la caza y la victoria que se cernía en mis garras… Yo realmente sentí que pertenecía allí…

    —¡Aléjate de mí, monstruo!

    —¡Ayúdenme!

    —¡Por favor, detente!

    —¡Huyan!

    Realmente sentí que pertenecía allí…

    —Otro fracaso… Incluso si usamos la sangre de Lord Vladimir, todo lo que obtuvimos fue esto: una mujer estúpida que no sabe cuándo detenerse. Su cuerpo sigue siendo valioso, después de todo, así que sería una pena matarla. Tú, pon a este fracaso con los demás fenómenos. Tal vez en el futuro le encontremos una utilidad.

    Esa era la voz de ese sujeto. El sujeto que me encerró aquí, así como el sujeto que me creó…

    No sé cuánto tiempo pasó. No estoy segura. Todo estaba muy oscuro, pero también era muy ruidoso. Tengo recuerdos borrosos de esos momentos. Solía golpearme a mí misma contra las paredes. Solía gritar y reírme sin parar. No sabía por qué, simplemente mi risa salía mientras gritaba sin parar. Intenté hablar con los demás, pero parece que nadie entendía lo que yo decía…

    Todo este tiempo estuve hambrienta; desesperada. No podía detener la molesta sensación de mi estómago rugiendo a cada segundo que pasaba. Me dolía mucho, se sentía horrible. Mi boca se secaba siempre, cada vez ansiando una gota más de sangre.

    ¿Cuánto tiempo pasó? No lo recuerdo.

    Cada noche, mientras la oscuridad era más intensa, los demás comenzaban a llorar y gritar pidiendo sangre. Al escuchar toda esa desesperación, fue la primera vez que pensé en lo que yo era. Entendí que no era diferente a los demás. "Un animal tonto que solo mata y come". Tal vez fue en ese momento en el que mis palabras al fin tuvieron sentido para los demás, así como también pude calmar la ira que el hambre me provocaba.

    Allí, en las profundidades de esa celda, por primera vez vi la luz que se extendía desde el exterior atravesando la pequeña ventana de la puerta; por primera vez me conocí a mí misma.

    ***

    —Bueno, bueno, grandullón. Vamos a bailar un poco, ¿sí? Espero que estés preparado—dijo Briar, imitando el gesto de Darius de tronarse el cuello, aunque el cuello de Briar no crujió.

    Ella ya estaba lista para la batalla, pero Midas seguía sin hacer nada como una langosta patética. Aunque Briar le dijo que tenía que irse, él solo se quedó allí, mirando con el miedo hirviente en su alma.

    —Briar…—Darius apretó la empuñadura del hacha, recordando ciertas cosas de las que se le había informado con antelación—Sé algunas historias sobre ti. Eras implacable en el campo de batalla. Tanto enemigos como aliados huían de ti—caminó lentamente alrededor de Briar, haciendo crujir la pesada armadura—Tienes la fuerza para ser una de las mejores, pero no la suficiente cabeza para pensar en ello. Has alterado la prosperidad del Imperio con tus acciones. Si no peleas para Noxus y decides volverte en su contra, no tendré más opción que asesinarte.

    —Jejeje. Ahora mismo tengo algunas cositas que hacer. Pensé en pelear por Noxus otra vez, pero creo que la amistad vale más que un puesto en el ejército, y si eso me lleva a pelear contra ustedes…—el hemolito tembló violentamente—No tendré problemas en hacerlo.

    ‘Esto no está bien…’ Midas ya se estaba planeando huir de allí. Ciertamente debe hacerlo, pero la culpa le carcome el alma. Esta chica, a pesar de ser una loca asesina, fue quien le dio la oportunidad de ser libre. Si la abandona aquí, Midas no podría dormir con la muerte de otra persona más en sus pesadillas. ‘Debería ayudarla, pero, ¿qué puedo hacer para lograrlo?’

    Midas es débil, tanto en cuerpo como en mente. Desde siempre fue un cobarde y desde siempre tuvo que ser protegido por alguien más. Fue exactamente igual en Zaun, cuando su hermana mayor se peleaba con pandilleros para protegerlo.

    —Briar…—apretó los puños dentro del inhibidor. Al ver a Briar delante de Darius, inevitablemente tuvo un recuerdo de su hermana a punto de pelear contra un tipo similar.

    Así, mientras Midas se quedaba pensando y lamentándose en silencio, Briar abrió el cepo y un chasquido místico resonó. Ella nuevamente adquirió esa apariencia demoniaca y su sonrisa de dientes afilados se agrandó. Sin poder contenerse, ella se lanzó sobre Darius levantando ambas cuchillas de sangre que salieron de sus muñecas cortadas, pero Darius solo resopló aburrido volteando el hacha por el lado que no tiene filo.

    Como si fuera un mazo, Darius maniobró el hacha y golpeó a Briar en la cara. El golpe levantó a Briar por los aires, lo que hizo que su cráneo se partiera dentro de su cabeza. Ella dejó salir un grito monstruoso y doloroso, pero antes de caer, ella recobró la compostura en el aire y aterrizó sobre sus dos pies.

    —Aah... aah... dolor… sangre…—de rodillas en el suelo, ella susurró ante las gotas de sangre que comenzaron a correr por su frente. Al levantar la mirada, vio que Darius ya estaba preparando un ataque descendente con el hacha. Ella fue instintiva en ese momento ya que de inmediato se movió rodando por el suelo, justo en el momento que el hacha cayó partiendo la tierra.

    El suelo tembló levemente y esa fue la señal para Briar, quien atacó nuevamente aprovechándose de la pequeña fracción de segundo en la que Darius levanta el hacha.

    Briar usó toda la fuerza de su cuerpo para el ataque, empujando las cuchillas contra la cara de Darius, pero el hombre fue más rápido. Él bloqueó ambas cuchillas con la empuñadura del hacha y empujó a Briar hacia atrás. Aunque parecía que Darius hizo esto para aumentar la distancia, él empujó el hacha hasta el borde de la empuñadura y le clavó el filo a Briar en la espalda. Hizo esto para convertir el hacha en una especie de gancho y traer de vuelta al objetivo. Cuando contrajo el brazo para acercar a Briar, usó su mano libre para agarrarla por el cuello y estrellarla contra el suelo.

    Completamente inmovilizada, Briar…

    —Jejeje… Sorpresa, grandullón.

    Darius no entendió la risa de Briar, pero vaya que sí logró entenderlo unos segundos después al notar que sus brazos comenzaron a sangrar. La sangre cayó sobre el rostro de Briar y ella se lamió los labios. Por el arte de la misma magia, sus heridas comenzaron a sanar a una velocidad abrumadora.

    —Sorprendente—incluso Darius lo admitió. Él no se dio cuenta cuando fue que recibió el golpe, pero seguramente las cuchillas lograron alcanzarlo en el momento que usó el hacha como gancho.

    Sin embargo, un poco de sangre no hace milagros. Briar seguía herida y acorralada. Su cráneo a duras penas mantenía su forma después del golpe del hacha y su espalda estaba soltando un charco de sangre que se expandió en el suelo. Esta última herida fue la que más rápido se cerró ya que un segundo después la sangre dejó de salir.

    —Hay que terminar con lo que comenzaste. Este fue el camino que elegiste así que muere con dignidad.

    Tal vez haya sido la imaginación de Briar, pero detrás de Darius ella juraría haber visto a un cordero enmascarado sosteniendo un arco delante de un siniestro lobo negro fantasmal flotante. Al mismo tiempo, ella también vio el filo del hacha de Darius acercándose a su cuello.





    ***

    Cuando era niño solía ser muy asustadizo. Me daban miedo tantas cosas que era casi ridículo. Sin embargo, no importaba cuánto miedo tuviera, ella estaba allí para salvarme. Ella siempre me salvaba de la oscuridad, de los insectos, de los sonidos tenebrosos y de los tipos malos e intimidantes.

    Ella me salvó de este horrible mundo de mierda…

    Ahora que lo recuerdo, ella solía silbar una canción que nuestra madre nos cantó el día que murió. Ninguno de los dos recordaba la letra, pero sí la entonación de la canción, así que mi hermana solía silbarla mientras hacíamos las cosas de todos los días… Ella también solía silbar esa canción antes de empezar una pelea.

    No importaba cuántas veces la golpearan o cuántas veces caía al suelo al borde de las lágrimas, para mí, ella estaba dispuesta a matar a cualquier bastardo…

    Y esa fue la razón por la que la dejé… porque yo también quería protegerla.

    Todo eso llegó a mi mente como una bomba de tiempo. Al ver a Briar caer y reírse de ello, pensé en la hermana que me protegió con su vida. Recuerdo las heridas que le solían provocar a mi hermana… recordé cuánto ella sufrió para protegerme…

    Antes de darme cuenta de lo que estaba haciendo—¡Aléjate de ella, bastardo!—me encontraba corriendo hacia Darius para intentar derribarlo con una embestida. Usé el costado derecho de mi cuerpo y empujé todo mi peso sobre él, pero…—¿Uh?—al golpearlo, vi que Darius me estaba mirando en silencio, agachado sobre el mismo lugar en el que estaba desde un inicio.

    Huh… Darius no se movió ni un solo centímetro después de mi ataque. En su lugar, pasó de apuntar su hacha a Briar a apuntar el filo del hacha a mi.

    —Midas…—ahogándose por el agarre de Darius, Briar me miró mientras su hemolito volvía a cerrar el cepo. Luego volvió su mirada a Darius y sus ojos mostraron una emoción muy distinta a la que alguna vez vi en ella—¡No! ¡Él es mi amigo!

    Al escuchar su grito, un fuerte golpe me empujó lejos, arrastrando mi cuerpo cuatro metros. Me sentí adolorido en todas partes después de que mi cara besara el suelo, así que, desesperado, me levanté para hacer que Darius se aleje de Briar, pero sentí un líquido caliente cayendo por mi pecho acompañado de una extraña sensación de ardor. Cuando miré a Darius, me percaté de que detrás de ellos estaba la muerte, Kindred.
     
  7. Threadmarks: Episodio 1: “El Hambre Contenida” Parte 5
     
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    Episodio 1: “El Hambre Contenida” Parte 5

    —Hay una leyenda que se cuenta en las profundidades de los campos de batalla entre la frontera de Noxus y Freljord —dijo una chica, subiéndose a un tubo metálico delante de una pared deteriorada.

    Esta chica, de cabello plateado y de ojos verdes como un par de esmeraldas recién pulidas, levantó la mano de forma muy exagerada apuntando el dedo hacia el cielo oscuro. Su ropa está sucia y rota, con vendajes en las manos y tobillos, como si estuviera preparada para pelear contra alguien en cualquier momento.

    Ahora mismo ella está en un callejón olvidado, sucio y antihigiénico, donde la oscuridad y el extraño vapor dañino de Zaun se esparcen como pólvora en una tormenta, y frente a ella se encuentran cinco niños que la miran con ojos algo apagados. A pesar de sus miradas, los niños están muy interesados en la historia que esta chica les está contando, pues son rumores que vienen de más allá de las profundidades de esta deprimente ciudad.

    —Se dice que cuando un guerrero está por morir, dos ojos penetrantes azules lo ven a la distancia. Ese ser extraño que te mira puede aparecer en las entrañas de los bosques oscuros de Noxus, o entre la cruel y fría nieve de Freljord, pero siempre estará allí, esperando; observando tu momento final—ella se movió por las tuberías haciendo movimientos extraños, como si estuviera imitando a algún monstruo bípedo que camina con las manos en la cara, simulando una máscara—Su nombre es Kindred, la mismísima personificación de la muerte. Una vez que la ves frente a ti, entenderás que ya estás muerto. Ella se esconde bajo la piel de un cordero, usando una máscara para ocultar su rostro etéreo. En sus manos misteriosas sostiene un arco curvo con el que no dudará en clavarte una flecha en la cara. Sin embargo, la muerte en sí no está sola. Kindred no es un ente individual ya que, cuando ves al Cordero, no dudes en que el Lobo está mirándote con los colmillos listos para morderte el cuello—levantó las manos simulando las garras de un lobo.

    Los niños se vieron notablemente asustados por la historia. Uno de ellos se cubrió los ojos para no ver los gestos terroríficos que hacía su hermana mayor para imitar la presencia de la legendaria Kindred. Ese niño es Midas.

    Ella se dio cuenta del miedo de su hermano menor así que sonrió con malicia mientras se acercaba a él—Así es, Kindred es implacable en todos los sentidos. Tendrás suerte si alguna vez te encuentras con ella, pero serás un monstruo si sobrevives a su presencia. Y con toda la historia que te conté, solo me queda decir que… ¡Nadie escapa de la muerte!—gritó ella, saltando sobre su hermano y mordiéndole el cuello.

    Midas gritó asustado y, sin mirar atrás, se echó a correr mientras se le escurrían las lágrimas por toda la cara. Los otros cuatro niños se le quedaron mirando ya que vieron que Midas se estaba dirigiendo a la pared. Intentaron advertirle, pero Midas chocó contra la pared, cayendo de espaldas mientras pataleaba y se frotaba la frente por el dolor.

    —Aah… siempre pasa lo mismo —suspiró, e intentó acercarse a Midas, pero uno de los niños la detuvo diciendo algo.

    —Midas es demasiado cobarde. Oye, ¿estás segura que este tonto es tu hermano? No se parecen en nada…

    —Sí, sí. Tú y Midas son muy diferentes.

    —Tú eres muy ruda y genial, pero Midas es un llorón.

    —Midas es tan patético que una vez lloró porque aplastó un gusano.

    Con ese último comentario, todos los niños comenzaron a reírse. Ella solo negó con la cabeza; no estaba decepcionada de su hermano menor ni nada parecido así que solo sonrió, pues ella era la única que realmente entendía a este pequeño cobarde.

    —Midas es valiente—dijo ella con orgullo.

    Todos los niños simplemente pusieron caras de póker porque no se creían las palabras de esta chica. Todos en este sector conocen a Midas por ser un llorón y un cobarde, no había forma en que alguien así pudiera ser valiente.

    —Bueno, creo que ya nos vamos. Ya es muy tarde. Mi padre me golpeará si tardo mucho en llegar a casa.

    —Nosotros igual.

    —Yo no tengo a nadie esperándome así que iré a molestar a Silco un rato.

    Después de eso, los cuatro niños se fueron y dejaron solos a estos dos hermanos. Ella asintió y luego miró a Midas sentado en el suelo, quien a su vez miraba a la nada después de lo que todos dijeron sobre él.

    Se sintió mal por Midas, sí, pero ella también era una chica que hablaba con la verdad. Ella jamás le iba a mentir a su querido hermano, pues es la única familia que le queda.

    —Levántate, perdedor. Vamos a buscar algo para comer. Oh, y no dejes que lo que digan esos tontos te haga sentir mal. Todos dicen cosas, pero solo tú puedes decidir cómo interpretar esas cosas.

    Midas se limpió las lágrimas de la cara.

    —Está bien…

    Aunque Midas haya dicho eso, lo cierto es que de alguna forma se sentía frustrado. Esto le impidió levantarse, por lo que se cruzó de brazos e infló los cachetes como una ardilla. Al ver esto, ella sonrió y se agachó delante de Midas.

    —¿Qué pasa, Midas? ¿Eres tan perdedor que no puedes levantarte?

    Esto hizo que Midas respondiera al instante—¡No! ¡Yo no soy un perdedor!

    Antes de que Midas pudiera seguir ladrando, su hermana mayor lo abrazó—Eres un perdedor, y a menos que mejores, seguirás siendo un perdedor. Pero descuida, yo estoy aquí para cuidarte. Estaré aquí, contigo, hasta que seas un hombre fuerte que pueda defender a su querida hermana mayor.

    Midas no pudo refutar nada ante esas palabras. Le devolvió el abrazo a su hermana y cerró los ojos.

    En aquel momento, a Midas le hubiera gustado mucho decirle a su hermana mayor las palabras en las que pensó cuando sintió el calor del abrazo.

    ‘Gracias, Mai.’

    ***

    Se sintió extraño para Midas. Mientras el misterioso líquido tibio se derramaba por su pecho, sintió como si su piel se estuviera quemando. Miró a Briar, confundido, y luego bajó la mirada para saber lo que le estaba pasando a su cuerpo.

    Al notar la sangre que se derramó desde la horrible cortada grande en su pecho, miró a Briar otra vez antes de que su garganta se llenara de sangre. Tosió, escupiendo una parte de la sangre, pero al hacerlo, se sintió extremadamente mareado. Por consiguiente, cayó de cara al suelo mientras su conciencia se desvanecía.

    ‘¿Qué me está pasando?’ Se preguntó, pero la respuesta era obvia. Al ver a Kindred presente en la escena, recordó cierta historia que su hermana solía contarle. Kindred solo aparece cuando tu muerte está asegurada, por lo que ahora todo era claro y borroso al mismo tiempo.

    —Aah… Uno menos—después de mandar a volar a Midas, Darius miró a Briar y le sorprendió la expresión que esta chica tenía en la cara.

    Briar estaba en silencio, mirando el charco de sangre que se estaba formando bajo el agonizante cuerpo de Midas. Esa sangre se veía deliciosa de cierta forma, pero también le provocó una extraña sensación en el estómago. Era como si Briar quisiera vomitar.

    Era la sangre del tipo que solía llorar por las noches…

    —Midas… oye…

    Midas no le respondió a Briar. El hombre tenía la mirada vacía y su respiración, antes constante, lentamente se estaba debilitando. Parecía que Midas quería decirle algo, pero debido a lo lejos que estaban, ella no pudo entenderle.

    —Morir para proteger a alguien no es un error, es algo que te lleva a mantener tu honor hasta el final—Darius soltó a Briar y se puso de pie. Miró al moribundo Midas con seriedad—Pero fuiste débil, y te irás sabiendo que realmente no pudiste proteger a nadie.

    Darius no tenía la intención de ser cruel con sus palabras, pero fue realista al respecto. Briar seguía mirando la sangre de Midas con los ojos muy abiertos al lado de los pies de Darius. Él imaginó lo trágica que es la existencia de esta chica. Briar estará hambrienta el resto de su vida sin ninguna posibilidad de saciar su hambre. Aunque ella intente controlar su poder, atacará y devorará todo lo que esté a su paso sin poder contenerse.

    Briar es un ser de tragedia inmensurable, de eso no cabía duda, pero Darius decidió darle la oportunidad de levantarse, es por eso que le soltó el cuello, de esa forma ella tendrá la oportunidad de batirse en duelo nuevamente, pero Briar se arrastró en dirección a Midas.

    Su oportunidad de ser libres se había acabado. Ahora solo quedaba despedirse. Midas, quien estaba a punto de perder la conciencia, entendía ese hecho innegable, por eso trataba de darle un último mensaje a esta chica.

    Cuando Briar estuvo lo suficientemente cerca, ella pudo escucharlo decir algo al borde del susurro.

    —Mi sangre…—sus ojos estaban perdiendo su luz—Bebe mi sangre, Briar…

    —Tu sangre…—Briar no se veía especialmente entristecida. Ella más bien no entendía lo que estaba sintiendo. Estaba tan confundida que solo mostraba una expresión perdida, la misma expresión que tendría alguien que acababa de descubrir nuevas emociones.

    Briar no creció como una humana, y por eso ella no podía entender lo que Midas quería lograr con esto, pero…

    —Briar… bebe mi sangre… huye… y vive…—al final Midas se desmayó por la pérdida de sangre y Briar se quedó mirándolo en silencio.

    El peso de las emociones humanas era algo que Darius conoce muy bien. Y al ver a Briar tan confundida, para él fue como ver a un niño pequeño que estaba aprendiendo a hablar en el momento equivocado. Incluso así, Darius dejó que esto pasara porque estaba seguro de que, justo ahora, Briar beberá la sangre de Midas, se recuperará y se lanzará a pelear una vez más.

    Si ella hace eso, Darius asesinará a Briar guardándole el respeto que un soldado noxiano merece.

    Asimismo, Briar se inclinó sobre el pecho de Midas y lamió la sangre que salía de la herida. Las heridas restantes se sanaron y Briar se puso de pie. Estando de espaldas, Briar hizo una pregunta.

    —¿Así se sienten las familias de las personas que asesiné?

    Darius apretó la empuñadura del hacha—No lo sé, después de todo, ni siquiera tú sabes qué estás sintiendo.

    —Jejeje… Seh…

    Briar se dio la vuelta, con el hemolito temblando violentamente. Su boca estaba manchada de la sangre de la persona a la que una vez llamó amigo, y tenía una suave sonrisa confundida.

    Este gesto hizo que Darius esbozara una leve sonrisa que fue casi imperceptible.

    Por primera vez, su hambre no fue un problema para ella, después de todo, había algo que ocupaba ese espacio dentro de su mente. Su hambre fue contenida por el cepo sobre sus hombros, pero su espíritu jamás será encerrado.

    Briar es en sí misma un arma, y ahora solo ella usará esa arma.

    Con esto, el cepo se abrió una vez más, y la sonrisa maníaca de Briar estuvo dirigida hacia Darius. Sus ojos se llenaron con la llama de su hambre y ahora cada músculo de su cuerpo quería explotar en poder contra el hacha de Darius.

    —¡Ahhh!

    —¡Oraaaaah!

    Ambos se batieron en un duelo final.
     
  8. Threadmarks: Episodio 1: “El Hambre Contenida” Parte 6
     
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    Episodio 1: “El Hambre Contenida” Parte 6

    Una vez más, Briar se lanzó al ataque. Ella corrió con todas sus fuerzas poniendo las manos en el suelo, como si estuviera imitando a un animal de cuatro patas. En tan solo un segundo estuvo frente a Darius, apuntando el filo de las espadas hacia la cara del hombre.

    Darius maniobró su hacha con gran habilidad y golpeó las espadas de Briar. El sonido rechinante del metal contra la sangre solidificada resonó provocando chispas que por un segundo iluminaron el rostro de ambos. Sin embargo, Darius no se detuvo ahí, ya que después de bloquear el ataque de la chica, intentó agarrarla por el cuello otra vez. Briar es pequeña y ligera, por lo que para alguien como Darius, incapacitar a un enemigo con estas características era bastante fácil, pero Briar no cayó en el mismo truco.

    Usando el choque de las espadas contra el hacha, Briar hizo un mortal hacia atrás y sus pies derraparon en el suelo una vez que aterrizó. Su mirada estaba encendida de hambre y desgracia, y su sonrisa maníaca por primera vez no era lo que estaba pintando en su rostro. Sí, Briar seguía con esa sonrisa en la cara, pero había algo más que le hizo mantener la compostura. Su hambre no estaba descontrolada como en el pasado, y su sed de sangre era más pasiva esta vez.

    Ella saltó nuevamente, confiando en que podría intercambiar golpes contra Darius una vez más. Briar fue ágil e implacable, pues se movió por el terreno como si se tratara de su hábitat natural. Golpeó las espadas contra Darius muchas veces a una velocidad considerable, saltando hacia atrás cada vez que sentía que Darius podría cortarla a la mitad con el filo del hacha.

    La velocidad y habilidad que Darius tiene no son una broma. Este hombre era un monstruo con la piel de un humano. Su fuerza y tiempo de reacción eran perfectos, tanto que Briar no pudo volver a cortarlo de nuevo.

    —¿Estás cansada, niña? —dijo Darius al notar la respiración pesada de Briar.

    Ella solo se rió mientras decía—Jejeje. Nada de eso. Solo estoy muy emocionada en este momento —y, una vez más, golpeó sus espadas contra Darius.

    Cuando Darius bloqueaba un golpe, Briar derrapaba por el suelo luego del retroceso. En todo momento ella intentó ganar, pero parecía imposible. Su fuerza no era suficiente, su hambre no era tan grande y su ira se había convertido en una extraña sensación que le dolía de alguna forma.

    Mientras ella pelea, Midas está muriendo allí atrás. A pesar de que sus recuerdos son bastante borrosos debido a la locura que adquirió al estar confinada durante tantos años, ella recordaba todos los momentos en los que había hablado con Midas.

    Detrás de esa pared que los separaba, Briar imaginaba al chico que encerraron, creciendo solo en una esquina oscura. La primera vez que lo vio, se trataba de un chico de 17 años con las manos atadas con ese mismo inhibidor. La mirada de Midas en esa época estaba perturbada y deprimida, como si acabara de vivir el momento más traumático de su vida, pero Briar no solo vio eso. La primera vez que lo vio, pensó que ese chico sería diferente a los monstruos que la rodeaban. Y la primera vez que Briar escuchó a Midas llorar disculpándose con alguien en concreto, entendió lo diferentes que eran el uno del otro.

    El muro que los separaba no solo era físico, sino también metafórico. Un humano que creció como tal; un monstruo que nació con el ansia de matar y comer. Briar reflexionó muchas veces sobre eso. A pesar de ser un poco tonta debido a la poca inteligencia y educación que recibió, ella en ocasiones podía sentirse extrañamente sola, haciéndose preguntas relacionadas a su propia existencia.

    ¿Por qué estoy aquí?
    ¿Por qué siento tanta hambre?
    ¿Qué soy?
    ¿Hay algún lugar para mí en el mundo?

    Cuando ella se hizo algunas de esas preguntas, el primer deseo de ser como los demás empezó a nacer en lo profundo de su corazón. A pesar de que ahora pelea desesperadamente con tal de derrotar a Darius, en esa época Briar no era más que un monstruo indefenso, enjaulado con pensamientos retorcidos y solitarios.

    —¡Muere, muere, muere! —sus esfuerzos no dieron ningún resultado. Darius era un enemigo formidable. No importa qué tanto Briar se haya esforzado por matar a Darius, nada funcionó y eso hizo que ella se diera cuenta de la diferencia abismal que separa la fuerza de la locura.

    ‘Midas está muriendo,’ pensó ella. Briar aún puede sentir la vida aferrándose al cuerpo de Midas, pero eso se iba a acabar dentro de poco. Ella no entendía bien por qué se sentía así, pero de alguna forma ese sentimiento no le gustó nada. Era doloroso, más doloroso que sentir un hambre insaciable.

    Lo que ella no logró entender durante un largo rato fue que Darius no devolvía los ataques, solo se limitaba a defenderse de cada corte de las espadas. Y lástima que fue así, ya que Briar no pudo darse cuenta de que Darius solo estaba midiendo su potencial. Cuando el hombre terminó de hacer eso, el momento de atacar había llegado.

    Briar intentó atacar a las piernas de Darius, pero sus movimientos fueron lentos en comparación a los de Darius, pues el hombre levantó el pie y le pisó la mano. Ella gritó porque sintió crujir sus huesos dentro de su piel, pero Darius no se detuvo ahí. Mientras ella no podía escapar porque su mano estaba debajo del pie de Darius, el mismo Darius levantó el hacha para cortarle la cabeza a Briar.

    —¡No me subestimes! —gritó Briar, envuelta en su propia locura. Ella forzó su propia mano y esta literalmente se arrancó de su muñeca. El hueso podía verse en la herida amputada de la mano que cayó al no tener como soporte la muñeca de Briar.

    Darius abrió los ojos un poco sorprendido. La fortaleza de esta chica no tenía límites, y eso es algo que respetaba. A sus ojos, ella es una verdadera guerrera del imperio noxiano.

    Sin perder el tiempo, Briar usó la única espada que podía sostener en su única mano. Sus movimientos esta vez fueron más rápidos y desesperados. La locura la estaba haciendo entrar en un estado de frenesí desesperado. Su velocidad de ataque aumentó en gran medida y su sed de sangre la impulsó a atacar.

    No importaba si Briar había recibido poca educación porque había una cosa que la hacía la guerrera perfecta: el instinto de un guerrero insaciable. Con la única espada que tenía, ella enganchó el hacha de Darius y la usó como una catapulta.

    Contra Darius, su espalda era su debilidad, por lo que Briar quiso explotar esa debilidad.

    Ella se impulsó y se subió a la espalda de Darius. Una vez que hizo esto, abrió la boca y de inmediato le mordió el cuello. Darius gruñó y soltó el hacha. Desesperadamente quiso quitarse a Briar de encima, pero al sentir como un montón de su sangre salió de golpe por la herida en el costado derecho de su cuello, cayó de rodillas con su campo de visión distorsionado. Aún estando en una mala posición, Darius aprovechó su propia debilidad como una ventaja. La agarró por el cabello y, en un movimiento rápido y poderoso, estampó a Briar contra el suelo.

    Ella gimió de dolor, escupiendo la sangre que tenía en la boca y, cuando iba a ponerse de pie otra vez para defenderse de los ataques de este hombre, Darius la pateó en el estómago para hacerle escupir la sangre restante que robó. Esto hizo que Briar retrocediera unos pocos metros, cayendo de rodillas y mirando al suelo.

    Ella vomitó la sangre de Darius, por lo que no pudo procesarla y curarse por completo. Sin embargo, la patada que recibió en cierta forma fue algo bueno, ya que eso la había acercado lo suficiente a su mano amputada. El hemolito tembló repentinamente y unió la mano de Briar otra vez.

    En esa pequeña fracción de segundo, Darius decidió no perder más el tiempo, por lo que levantó el hacha nuevamente para ejecutar a Briar, pero ella, desde el suelo, giró como un tornado sobre su propio eje y usó las espadas como escudo. Cuando Darius quiso golpear, las espadas giratorias chocaron contra el hacha haciéndola rebotar hacia atrás.

    Debería haber sido un buen movimiento defensivo, pero…

    —Se terminó —susurró Darius. Apretó el agarre en la empuñadura del hacha y tan rápido como un rayo, golpeó a Briar en el pecho.

    Ella salió disparada hacia atrás. La fuerza del golpe fue tanta que hizo que se deslizara por el suelo hasta llegar junto a Midas. Briar no pudo ver el contraataque de Darius, y eso fue lo que al final se convirtió en su perdición.

    Al estar cerca de Midas, Briar miró la cara del hombre y se sintió mal de alguna forma. Aunque Midas le dijo que huyera, ella fue testaruda y se quedó para pelear. Ahora los dos iban a morir juntos por esa mala decisión.

    Mientras Darius se acercaba para dar el golpe final, Briar lo miró y sintió un escalofrío.

    ‘Voy a morir…’

    Su pensamiento era el correcto.

    ‘Voy a morir…’

    Morirá al lado de la persona a la que llamó amigo.

    ‘Voy a morir…’

    No había libertad sin un poco de muerte.

    Tal vez fue ese pensamiento el que, por primera vez para Briar, le generó un miedo extraño. Pero no era solo eso. Midas aún respiraba y, aunque con dificultad, seguía vivo.

    —Él está agonizando. No hay nada que puedas hacer para salvarlo —Darius ya estaba delante de Briar, mirándola con seriedad.

    Salvar a alguien… Qué irónico. Briar pensó que ese era un buen chiste, pero Darius tenía razón.

    Aún con dificultad, Briar se sentó al lado de Midas. Lo miró, observando al muchacho que fue encerrado hace diez años. Pensó que este tipo escuálido era muy deprimente y sonrió con calma. Cuando su poder se libera siempre tiene esa expresión demoníaca en la cara, pero por extraño que parezca, ella no veía a Midas como un objetivo a matar.

    —Somos libres… —susurró ella. Se inclinó sobre Midas y abrió la boca.

    —¿Ahora te vas a comer a quien llamaste ‘amigo’?

    Briar sonrió—Los amigos no son comida —y en un rápido movimiento, mordió la capa de Midas y se echó a correr lejos de Darius.

    De hecho, Darius no hizo nada para detenerla. Él sabía que tanto Briar como Midas morirán por sus heridas en cualquier momento. Aunque es probable que Briar sobreviva si bebe la sangre de Midas, Midas no sobrevivirá.

    Briar había perdido esta pelea.

    Por otro lado, Darius se sentó en el suelo y miró a la chica huir desesperada. Aunque no lo demostró a primera vista, lo cierto es que Darius estaba a punto de desmayarse. Pelear contra un ser mágico de por sí era difícil, y ya había perdido una gran cantidad de sangre. Era una suerte que siguiera de pie luego de toda la sangre que perdió.

    —Si no mueres en el camino, habrá un momento en el que volveremos a encontrarnos. Hasta entonces, espero que estés preparada, pues yo estaré listo para matarte.

    Aunque con complicaciones extremas, Briar y Midas lograron escapar del Bastión Inmortal. Luego de eso, los soldados que vieron la pelea le preguntaron a Darius por qué dejó escapar a la asesina. Esta vez Darius no tenía ninguna excusa. Simplemente quería pelear con ella otra vez. En el fondo, Darius pensó que sería una lástima matar a alguien con tanto potencial.

    Al final Darius solo negó con la cabeza—No llegarán muy lejos. El hombre de la capa ya está muerto. En cuanto a ella, ya la encontraremos.

    Los soldados estuvieron preocupados por esa decisión. Pensaron que Darius se estaba tomando este asunto a la ligera, pero lo cierto es que de alguna forma fue una pelea formidable y por eso permitió que la chica huyera.

    Darius sabía que ella en algún momento regresaría, y no estaba equivocado…
     
  9. Threadmarks: Episodio 2: “Amigo” Parte 1
     
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    Episodio 2: “Amigo” Parte 1

    Hace diez años, en las entrañas del Bastión Inmortal.

    El ambiente del lugar era oscuro y deprimente, envuelto en tonos grises que se extendían a lo largo de los pasillos de paredes lúgubres, del color de la misma piedra que envuelve al Imperio. En este escenario, los pasos de tres personas resonaron, y fue entonces cuando finalmente apareció un joven Midas de 17 años.

    Midas estaba siendo escoltado por dos soldados noxianos de armadura negra. Ambos soldados eran inexpresivos y no dijeron una sola palabra, lo que reforzaba este ambiente silencioso y deprimente.

    Mientras caminaba con desánimo, Midas miraba al suelo con los ojos vacíos. En sus manos yacía el inhibidor que contiene sus poderes místicos, los mismos poderes que asesinaron a un batallón entero. Aunque sus manos estaban metidas en la caja, parte del metal dorado se veía subiendo por las muñecas de Midas.

    —Avanza, muchacho —dijo uno de los soldados.

    Sin protestar, Midas agachó más la mirada y apresuró el paso. Cuanto más bajaban las escaleras del Bastión, más se sentía la presencia siniestra de los experimentos fallidos de la Rosa Negra. Lo que más podía escucharse cuanto más bajaban eran los lamentos y gritos de esos seres misteriosos ocultos detrás de las puertas reforzadas.

    Fue de esa forma hasta que llegaron a un gran pasillo repleto de estas celdas. En una de esas celdas estaba una chica que se golpeaba la cabeza contra la pared. Ella tenía una sonrisa siniestra mientras su propia sangre se derramaba por su frente. Ella extendió la lengua para lamer la sangre que cayó por su labio y la herida en su frente se cerró.

    De un momento a otro, ella escuchó a los guardias llegar. Asomó la cabeza por las rejas y sus ojos se abrieron emocionados por el nuevo monstruo que trajeron. Sin embargo, este tipo no se veía como un monstruo en lo absoluto. Era un muchacho delgado, de cabello negro corto alborotado y con tatuajes extraños y dorados que pudieron verse por un segundo entre los pliegues de su camiseta negra. En cuanto a la vestimenta en sí, la ropa del muchacho era una versión masculina de la ropa que ella traía puesta: la camiseta negra con marcas extrañas, los pantalones cortos pero levemente holgados, y sin zapatos, que fue lo que ella pudo ver por una fracción de segundo en el momento que asomó la cabeza.

    —Entra a la celda —masculló uno de los soldados.

    Se escucharon las bisagras de una puerta rechinar. Luego, los pasos descalzos del muchacho resonaron y finalmente la puerta se cerró.

    Silencio.

    Silencio sepulcral seguido del aura deprimente de este lugar. Ella suspiró decepcionada y luego regresó a golpearse la cabeza contra la pared. Al acercarse a la pared, repentinamente, ella escuchó algo. Apoyó la oreja en la pared y se concentró para escuchar.

    Escuchó un suave ruido que se ahogaba en la oscuridad del largo pasillo; un suave llanto triste.

    —Perdóname… Por favor, perdóname. No quería. Yo no quería hacerlo.

    Si ella usaba toda su capacidad intelectual, llegaría a la conclusión de que lo que está escuchando proviene del muchacho al que acababan de encerrar. Pensó que él seguramente había hecho un lío allá afuera y que por eso lo encerraron. Pero dejando eso de lado, ella sonrió al escuchar a alguien llorar. Claro, muchos aquí lloran por el hambre, pero el llanto de este tipo era muy distinto.

    —Jejeje. Eres un bebé llorón —ella se burló de él, pero él la ignoró.

    El tipo al otro lado de la pared bajó el volumen de su llanto, lo que decepcionó a Briar por segunda vez.

    Briar, sí… Ella fue encerrada en este lugar hace algunos pocos años por hacer muchas cosas que molestaron a los tipos importantes de Noxus. Ahora está encerrada, aburrida y hambrienta.

    Después de unas largas horas en las que Briar se arrastró por el suelo, comiendo algunos bichos que encontró, golpeándose contra las paredes y mordiéndose los dedos de los pies, repentinamente…

    —Oye, bebé llorón. ¿Qué le dijo el vampiro a la noche?

    No obtuvo respuesta, obviamente, pero ella decidió hacer como que Midas realmente le respondió.

    —¡Tengo hambre!

    Ella sonrió como si lo que acababa de decir fuera gracioso, y lo que obtuvo como respuesta fue un silencio largo de cuatro segundos. Luego de eso, la voz de Midas resonó débil y con un ligero tono grave que mostraba su cercanía a la adultez.

    —Eso… eso no es gracioso —parecía aburrido, con la voz seca.

    Desde la oscuridad de su celda, Midas miraba al suelo. Sus ojos brillaban tenuemente en color dorado y el metal en sus muñecas parecía subir como garras por sus brazos. Esto se debía a que el poder de Midas se estaba descontrolando, pero para eso estaba el inhibidor.

    Cuando el Toque Dorado de Midas se activó, una piedra roja dentro del inhibidor brilló. Con eso, el brillo en los ojos de Midas se apagó y el metal dorado lentamente bajó hasta quedarse pegado a sus manos.

    —No es gracioso… —se repitió, como queriendo dejar grabadas sus propias palabras en su mente.

    —Parece que tenemos un aguafiestas aquí —Briar siguió con su conversación extraña—, pero dejemos eso de lado. ¿Tienes nombre? ¿Cómo te llamas?

    —Mi nombre no es de tu incumbencia —respondió Midas. Aunque pudo haber sonado agresivo, lo cierto es que su tono de voz seguía siendo vago.

    —Aah… ¿Así van a ser las cosas? Ya veo —Briar hizo un puchero inflando las mejillas. Suspiró luego de un segundo y pegó la cara a los barrotes de la puerta—Entonces yo no te voy a decir mi nombre. Nunca lo haré.

    —Ok… solo cállate.

    —Está bien…

    Como un perro obediente, Briar caminó por la celda con pasos anchos durante unos segundos y se sentó en el suelo con las piernas cruzadas. Miró a la puerta en silencio, la miró fijamente mientras cerraba los ojos y luego…

    —Oye, una vez caí por un peñasco. Me rompí la cara, pero encontré muchos peces cerca de allí y me los comí. Estaban deliciosos. Esos peces literalmente sabían a agua de río. Fue muy agradable. Aunque luego los soldados me encontraron y me incorporaron al campo de batalla otra vez.

    —Aah… —Midas escondió la cara entre sus rodillas. Aunque él pensó que esa chica se iba a callar, fue todo lo contrario.

    Briar seguiría hablando y hablando durante mucho tiempo más.

    Tal vez la relación que ambos tenían no era algo profundo. Ni siquiera se le puede llamar amistad. Pero Briar en algún momento comenzó a pensar en Midas como su mejor amigo. En este abismo oscuro, Midas era el único que escuchaba todo lo que Briar decía, y a Briar le gusta mucho que los demás la escuchen. Eso la hacía feliz y por eso ella quería escapar junto a Midas.

    Al final lo lograron. Después de años encerrados en esa oscuridad, con Midas hundiéndose más en su propia depresión y con Briar pensando una y otra vez en su lugar en este mundo, la libertad finalmente fue de ellos.

    Ese era el sueño que debió cumplirse, pero…

    ***

    Corrió desesperada, ocultándose entre el frondoso bosque verde. Los árboles pasaban a su lado rápidamente, pero esto se debía a que Briar estaba huyendo con todas sus fuerzas. Su respiración era pesada y la sangre se le estaba escurriendo del pecho. Su campo de visión se estaba volviendo borroso y el agarre de su mandíbula en la capa de Midas se estaba debilitando.

    A pesar de que todo estaba en su contra, Briar siguió corriendo. Ella entendía que no podían ser atrapados, pues luego de perder contra Darius, su único pensamiento era su propia supervivencia. Sin embargo, aun pensando en la supervivencia, ella también pensó en Midas.

    ‘Me siento débil.’ Todo a su alrededor parecía dar vueltas. Mientras corría, ella rememoró todo su pasado junto a Midas.

    —Mai… Mai… —era la voz moribunda de Midas.

    Midas está agonizando. Aunque fue sorprendente que se mantuviera con vida hasta este momento, la vida en su cuerpo se estaba extinguiendo como una llama en una tormenta. La sangre dejó de salir por su herida, pues ya no había sangre que derramar. Su corazón rápidamente disminuyó el ritmo de los latidos y sus órganos comenzaron a fallar.

    Briar lo escuchó y apretó con fuerza los dientes. Hay muchas emociones que ella no entiende, pues lo único que conoce es el placer y el hambre. Aunque la ira también es algo que puede sentir, es algo que no comprende con totalidad. De ahí en adelante, tristeza, felicidad, miedo, amor… Todo eso no son más que palabras para ella.

    Es por eso que ella estaba tan confundida hace un rato. Cuando vio a Midas ser atacado a muerte, de alguna forma sintió algo que dolió, pero que no la lastimó.

    —¡Por aquí!
    —¡El rastro de sangre está por acá!
    —¡Ella está cerca!

    Eran los soldados noxianos corriendo detrás de Briar.

    Marcando el inicio de una tragedia, pequeñas gotas de agua cayeron sobre el rostro de Briar; seguido de eso, la lluvia comenzó repentinamente. El frío se sintió en el aire y el olor húmedo de la tierra llenó la escena. Los pasos rápidos de Briar chapoteaban en el agua que fue acumulándose bajo sus pies y la imagen deprimente de dos personas al borde de la muerte se intensificó.

    Dos ojos azules observaron desde las sombras. Kindred aparecía y desaparecía de la escena, envuelta en el misticismo de su existencia. Detrás de ella (cordero), estaba el lobo, sonriendo complacido.

    La lluvia fue un alivio momentáneo para Briar y Midas, pues esta borraría el rastro de sangre, lo que impediría que los soldados los encontrasen. Sin duda fue un golpe de suerte, pero se necesita más que eso para escapar de la muerte.

    Mientras Briar corría, Midas comenzó a ver su infancia dentro de sus sueños. Imágenes borrosas pasaron en sucesión; entre esas imágenes estaba la razón por la que se encuentra en Noxus en lugar de su hogar, Zaun.

    ‘No puedo más. No puedo respirar,’ se quejó Briar. Ella sintió los párpados pesados y todos los músculos de su cuerpo debilitados. A duras penas podía mantenerse corriendo, lo cual ya era una gran hazaña. Aunque es pequeña y fuerte, Briar entendió que también podía verse a sí misma como alguien débil.

    La pelea contra Darius le dio una valiosa lección. Lo único malo es que ella no va a sobrevivir para poder usar lo que aprendió este día.

    Sin fijarse dónde puso el pie derecho, y debido al barro que la lluvia formó, Briar resbaló, se golpeó la cabeza contra una piedra y cayó violentamente en un agujero rodeado de piedras. Midas cayó junto a ella. Ambos cayeron por una especie de túnel largo que se extendía por más de diez metros. La caída estaba llena de piedras gruesas, por lo que no fue una caída directa.

    Al tocar el fondo del túnel, Briar cayó sobre el pecho de Midas y, debido al golpe anterior, ella ya estaba completamente noqueada.

    Fue una caída ruidosa, pero luego de eso solo quedó el silencio de la lluvia allí arriba. Briar estaba encima de Midas, y eso hizo que las heridas de ambos se tocaran. La sangre de Briar, mezclada con agua y lodo, entró en la herida de Midas, y viceversa.

    Al final, la oscuridad se apoderó de todo y los ojos de Kindred miraron a Midas y Briar.

    —Es una lástima. Será para otra ocasión —susurró el cordero con una voz femenina y tranquila.

    —Qué aburrido es esto. Pensé que íbamos a tener una buena caza esta vez —gruñó el lobo. Su voz era más gruesa y rasposa, al igual que su mirada severa y enojada que se veía aterradora entre la oscuridad.

    El cordero se dio la vuelta ignorando al lobo y dándole la espalda a Midas y Briar—El destino cambia, la muerte cambia. Esto no es más que un pequeño retraso. El momento llegará, tarde o temprano.

    Así como apareció, Kindred se desvaneció en la oscuridad. Cuando se fueron, las heridas de Briar y Midas se habían cerrado…
     
  10. Threadmarks: Episodio 2: “Amigo” Parte 2
     
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    Episodio 2: "Amigo" Parte 2
    Hay voces que resuenan en su mente; las voces de los niños que corrían por Los Carriles huyendo de los adultos, un recuerdo de hace ya mucho tiempo que estaba quedando en el olvido. Pero, dejando eso de lado, él, en este momento, se siente como si estuviera hundiéndose en el fondo del mar, pero el agua, en lugar de estar fría, era cómodamente tibia. De hecho, el agua se sentía más suave de lo que debería.

    ¿Midas se estaba muriendo? Ni siquiera él podía responder a eso. Todo lo que percibía era una oscuridad infinita que le enfriaba el alma.

    ‘Briar… Espero que hayas podido escapar.’ El pensamiento vagó por los confines de su mente, haciendo eco en el agua.

    Por unos instantes volvió a ver la escena de Briar frente a Darius. Recordó lo estúpido que fue al lanzarse encima de un tipo que parecía una montaña, a pesar de no tener ninguna oportunidad de ganar.

    ‘Actué por mero impulso.’

    Vaya que lo hizo. Las decisiones que tomó lo condujeron a la muerte. Si había algo de lo que arrepentirse, era que no pudo despedirse de su hermana antes de partir.

    Adonde sea que las almas de las personas vayan, seguro será un lugar horrible. Tal vez la vida misma sea un ciclo interminable y aterrador, que sigue y sigue incluso si ya estás muerto. Es paradójico, pero en este inmenso mundo cualquier cosa es posible.

    Para Midas es posible invocar pequeñas partículas de luz, así como convertir ejércitos enteros en estatuas de oro. Es una lástima que él ya no pueda usar ese poder después del shock psicológico que recibió hace diez años. Eso se había convertido en un trauma que ha dirigido su vida hasta ahora; lo que le generó esa depresión y esa actitud amargada y reservada.

    Vamos, cualquier persona normal terminaría como Midas después de sufrir demasiado.

    ‘Incluso si no puedo hacer nada para salvar a nadie, espero que todos ellos puedan perdonarme. En especial tú, hermana. Sé que, donde sea que estés, estarías decepcionada de todas las horribles cosas que hice.’

    Midas ya estaba completamente listo para partir, pero sería irónico terminar todo con un esfuerzo tan patético.

    Hubo un dolor real que Midas sintió. Le dolía la espalda y la cabeza. Se sintió como una mierda aplastada diez veces. El dolor era horrible, tanto que eso mismo lo obligó a despertar.

    Se quejó por el dolor y, al abrir los ojos, se encontró con nada menos que más oscuridad. Estaba acostado sobre lo que parecían ser piedras puntiagudas. El suelo estaba húmedo y el lugar olía a tierra mojada. No hacía falta reiterar que a Midas le dolía todo el cuerpo, pero también había algo especial cerca de él, no, encima de él.

    No era algo pesado, realmente, pero Midas se quejó porque sintió que lo que estaba encima de él estaba respirando. Además, era suave, muy suave, demasiado suave, pero también apestaba a sangre seca.

    —No me puedo mover.

    Por supuesto. Si te caes de una gran altura de diez metros, lo que más esperaría, con mucha suerte, es sobrevivir. Para Midas fue una suerte increíble haber sobrevivido.

    Sí, él está vivo.

    —De todas formas… ¿Acaso ya estoy muerto? ¿Esto es lo que hay después de la muerte? No me siento muerto, realmente—después de pasar por un momento tan horrible como estar agonizando entre un limbo de vida y muerte, Midas se sentía más despreocupado. Cualquier cosa que pase de ahora en adelante no lo sorprendería.

    Intentó moverse como una oruga, pero no le funcionó. Todo su cuerpo estaba aturdido y rígido, como si fuera un cadáver con vida. Además, el dolor en su pecho se había esfumado casi por completo.

    —¿Qué hago?—apoyó la cabeza en el suelo y respiró con calma. Ahora entendía que no estaba muerto, pues al sentir el inhibidor en sus manos, todos los recuerdos fueron nítidos en su mente—Estoy vivo. ¿Cómo es posible? ¿Dónde está ella?

    Interesante última pregunta. Después de intentar sacrificarse heroicamente para salvar a una chica, Midas no supo nada más. Entonces, ¿dónde está Briar?

    —Aah… ¿por qué te mueves tanto?—la voz de Briar resonó sobre Midas.

    Parecía demasiado oportuno, pero un suave rayo de luz se extendió desde el fondo del extraño túnel en el que se encontraban. Parecía haber una salida cerca, por lo menos. Pero eso ahora no era lo importante.

    Si la voz de Briar sonaba sobre Midas, entonces este tipo entendió que lo que estaba encima de él era…

    —¿Briar…?

    —Ese es mi nombre.

    La suave luz lentamente se acercó más y más a la pareja. Era como una mano moviéndose, una mano lista para revelar los secretos del universo.

    Al despertar con un bostezo, Briar se sentó encima de Midas, pues Midas sintió que el peso de esta chica se centró en su abdomen.

    —¿Dónde estamos?

    —No tengo la menor idea. No lo recuerdo—ella estaba tan confundida como Midas. El hecho de estar vivos ya era extraño. Qué suertudos.

    Y hablando de suerte, la luz se extendió completamente hacia el final del túnel, lugar donde Midas y Briar estaban. Cuando la luz iluminó la escena, los ojos de Midas casi se salen de sus cuencas. Él se quedó en silencio mientras la tenue luz iluminaba la piel grisácea de Briar.

    Durante la batalla en el frente del Bastión Inmortal, el hacha de Darius cortó el pecho de Briar, eso quería decir que su ropa estaba rota, y como ayer Briar cayó y su ropa se desgarró aún más, ahora el resultado de todo eso se mostraba en los pechos descubiertos de esta chica.

    —¿Hm? ¿Por qué me ves así?—confundida, agachó la mirada y se dio cuenta de que su camiseta estaba rota y que sus senos estaban descubiertos.

    Ella no se sintió avergonzada, realmente. Briar es ajena a ese tipo de sentimientos tan humanos.

    Midas, por otro lado, aunque sus ojos fueron atraídos como imanes a esa dirección, al notar la mirada de Briar, miró hacia otro lado.

    —Yo… yo… yo no vi nada—por supuesto que no. Un caballero debe fingir demencia ante este tipo de situaciones. Nunca sabes cuándo te llevarás una bofetada por parte de la linda doncella. Bueno… Briar es todo lo contrario.

    —¿Y eso qué tiene de malo?—se levantó de encima de Midas y miró los alrededores.

    Midas se sentó en el suelo luego de eso y trató de borrar esa imagen de su mente. Sintió que algo iba a despertar en cualquier momento, pero intentó imaginar cosas horribles para quitarse esos pensamientos. Al recordar los experimentos que hicieron en él, la mirada de Midas se oscureció por un momento.

    Al caminar unos metros cerca de la luz, Briar observó el lugar y comenzó a hablar, ignorando completamente el hecho de que sus pechos estaban desnudos.

    —Esto es una cueva. He estado en muchas cuevas antes y parece que esta es una de esas que es poco profunda. Hm… Recuerdo que estas cuevas se forman por la lluvia o algo así. Una vez escuché a alguien mencionar algo parecido.

    —Ah… oye.

    —Si la luz viene de allá, entonces es una salida.

    —Uh… ¿Briar?

    —¿Qué? —se dio la vuelta para mirar a Midas. Levantó las cejas confundida porque Midas estaba sentado de rodillas, viendo a la pared.

    —Yo… digo… bueno… Deberías usar esta capa para cubrir tu cuerpo.

    —¿Cubrir?—ella volvió a bajar la mirada para ver su ropa rota, luego levantó la mirada como si hubiera hecho un descubrimiento importante—Oooh. Es cierto. A los humanos les da vergüenza ese tipo de cosas. Claro, claro. Ya lo tengo, pequeño Midas.

    Ella se acercó a Midas y, usando los dientes, le quitó la capa. Briar luchó un poco para ponerse la capa. Al hacerlo, el cepo sobre sus hombros fue un impedimento.

    —Oye, Midas. ¿Me ayudas?

    —¿Eh?—dándose la vuelta para verla, Midas inmediatamente volvió a mirar a la pared al darse cuenta de que la capa no iba a funcionar por culpa del cepo sobre los hombros de Briar.

    Claro, la capa puede funcionar siempre y cuando se acople a la posición de los brazos de Briar. Para eso había que morder y romper un poco, pero estando tan cerca de esos dos lugares en el cuerpo de una chica, Midas estaba en un completo caos mental.

    Midas tiene 27 años. Llegó a Noxus a los 10 años y fue encerrado a los 17. En todos esos años, él se perdió de toda la juventud que un hombre normal tendría y, por consiguiente, el hecho de conocer mujeres. Ahora Midas es un hombre virgen de 27 años que tiene a una chica con un problema muy erótico.

    Nada de eso iba a salir bien…

    —Oye, apúrate. ¿Acaso me tienes miedo?

    —Sí. Bueno, yo no, pero… Ahhhg… Carajo, lo haré—se resignó bastante rápido. Esta era la verdadera personalidad de Midas. Sin estar encerrado en una celda oscura, libre en la naturaleza junto a un adorable monstruo. Tal vez la vida no fue tan mala con este pobre diablo.

    Midas se puso de pie y caminó hacia Briar, de espaldas, por alguna razón. Vamos, la razón era obvia. Un caballero mantiene sus principios incluso en el día de su muerte. Si Midas se atrevía a ver los senos de Briar otra vez, no solo moriría de vergüenza, sino que le estaría faltando el respeto a una mujer. Antes que un asesino y un ladrón de pan recién horneado, Midas era un caballero entrenado por una hermana mayor con la mentalidad de un primate.

    Midas tuvo una crianza muy rara…

    Con mucho cuidado y cerrando los ojos, Midas se acercó a los hombros de Briar y usó los dientes para morder y romper la capa.

    —Jejeje. Vamos, muérdelo. Muerde la capa como si fuera un pedazo de carne jugosa bañada en su propia sangre.

    —¿Puedes callarte? Esto ya está siendo lo suficientemente difícil para mí.

    Después de romper la capa, los brazos de Briar pasaron bastante bien por los cortes en la capa. Ahora solo hacía falta amarrar la capa en la parte del cuello y el pecho para terminar el trabajo. Lo malo es que esa es la parte más difícil y Midas estaba muy nervioso.

    Hacer esto con los ojos cerrados es imposible y la mirada inocente de Briar lo hace sentir culpable. Ella esperaba paciente con esa sonrisa alegre, lo que incrementó su sensación de culpa.

    ‘Ya no importa.’ pensó Midas mientras abría la boca y sujetaba la capa con los dientes. Amarrar cuatro cuerdas con los dientes sería un trabajo extremo, pero Midas ya tenía práctica en hacer cosas que no requieran de usar las manos. Estuvo encerrado durante diez años con las manos en la caja del inhibidor. Sería raro que él no supiera hacer algo parecido.

    —Oye, me haces cosquillas.

    —Por favor no hables…

    Al final, después de unos largos y tortuosos minutos, Midas terminó el trabajo. La capa estaba cerrada y ahora el pecho de Briar estaba seguro.

    —Bien, eso también fue divertido—dijo Briar con un aire de autosuficiencia, aunque ella no hizo nada.

    Por otro lado, Midas estaba de rodillas en el suelo tratando de calmarse. Esto había sido incluso más difícil que pelear contra Darius.

    Pensó en otras cosas una vez más para calmarse.

    ‘Mi herida…’

    Sí. Midas ya lo había notado al principio, pero ahora que lo veía más de cerca y con la luz del sol, la herida ya no estaba. Quedaba una gran cicatriz negra y, justo alrededor de esa cicatriz, la piel de Midas se había vuelto un poco gris. Midas llegó a la rápida conclusión de que se trataba de algo extraño, parte de los experimentos de la Rosa Negra.

    En su tiempo, Midas no entendió muchas de las cosas que esa gente le hizo a su cuerpo. De hecho, la espalda de Midas tiene incrustadas algunas runas extrañas que hace años le provocaron mucho dolor. Ahora las pequeñas placas con runas parecían haberse fusionado con su piel.

    —¡Tienes que ver esto! ¡Acá hay una salida!—gritó Briar desde lo profundo del túnel, justo donde la luz provenía.

    Midas suspiró. Al pasar tantas cosas en sucesión y tan rápido, sintió que este momento de calma era extraño. Se puso de pie y fue a ver lo que esta chica había encontrado.

    Sus piernas ya no se sentían tan débiles. Su cuerpo dolía, sí, pero esa sensación de debilidad lentamente estaba abandonando su cuerpo. Esta vez, Midas se sentía mucho mejor que otros días de su vida. Eso era bueno. Al igual que su actitud, que fue tan deprimente desde el principio, ahora era más relajada.

    —Este lugar… es…—susurró Midas al llegar al final del túnel. Se trataba de un agujero en una pendiente, donde el sol directamente golpeaba desde esa zona.

    A lo largo se extendía un inmenso bosque verde y a lo lejos parecían haber montañas inmensas con picos blancos puros, la nieve misma. Los ojos de Midas se iluminaron con esperanza al ver este paisaje.

    —Es lindo, ¿no?—le dijo Briar.

    Midas dejó salir una leve risa y respondió con un: “Sí. Es hermoso.”

    Ahora sin duda eran libres y estaban frente a los horizontes de Noxus.

    Esto apenas comenzaba. Solo el prólogo en la aventura de esos dos. Al ver el paisaje, inevitablemente pensaron que esto iba a ser emocionante.

    —Entonces no esperemos más. Puede que los soldados nos encuentren—dijo Midas con seriedad.

    Briar sonrió ante las palabras de Midas. El tipo amargado y llorón era muy diferente en persona que detrás de la pared. Este tipo es su amigo.
     
    Última edición: 14 Mayo 2026 a las 11:08 PM
  11. Threadmarks: Episodio 2: “Amigo” Parte 3
     
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    Episodio 2: “Amigo” Parte 3

    Cuando salieron de la cueva, Midas se sentó sobre una roca para ver el mapa. Después de pasar por tantos problemas para conseguirlo, lo menos que podía hacer era echarle un vistazo para saber dónde demonios se encontraban. Y mientras él luchaba para sacar el mapa de su ropa, Briar miró los pajaritos en los árboles y el cielo azul que se cernía sobre ellos. La naturaleza era genial, pero Briar solo pensaba en comerse a los pájaros que estaban cantando su canción de la mañana.

    De pronto, Midas se quejó con un suspiro pesado. Briar se dio la vuelta para mirarlo.

    —El mapa está manchado de sangre…—él había puesto el mapa sobre la roca, con otra roca pequeña encima para que el viento no se lo lleve, pero este estaba mayormente cubierto con la sangre que se derramó ayer, aunque aún quedaba algo que se podía ver.

    —¿En serio? ¡Déjame ver!—dijo Briar, arrodillándose al lado de Midas. Al ver el mapa, se acercó para olerlo—Tu sangre huele bien.

    Midas miró a Briar con incomodidad—Que digas eso solo me hace sentir peor. Tantas vidas se perdieron solo para que al final nada resultara bien. Escapamos pero, ¿a qué costo?

    Los dilemas humanos son muy complejos para Briar. Para ella, matar es solo otro ciclo que forma parte de la vida, no había por qué sentirse avergonzada por matar a unas cuantas personas. Sin embargo, al estar con Midas este último día, ella comenzó a ver las actitudes del hombre como algo interesante. Tal vez estar encerrada durante años le dañó el cerebro y por eso se podía interesar tanto en algo tan mundano.

    —No te pongas tan triste de la nada. Matar no es algo malo. Nunca voy a entender por qué a los humanos les avergüenza tanto admitir que han matado a algo o alguien. Matas para comer, matas para conseguir una casa, matas para vivir. No es tan difícil de entender.

    En ese aspecto, Briar tenía razón. Sin embargo, Midas ya no quiso hablar más del tema. Se puso de pie mientras hacía crujir sus manos dentro del inhibidor y miró los alrededores.

    —Una cosa no tiene nada que ver con la otra. Ahora déjame intentar saber en qué parte del mapa estamos.

    Aunque el mapa estuviera mayormente manchado de sangre, aún se podía ver parte de la zona norte de Runaterra, lo cual era bueno para Midas. Si los picos nevados que se ven a lo lejos son parte de Freljord, entonces eso quería decir que solo había una dirección que seguir.

    Briar, sin embargo, levantó las cejas—Bueno, escapamos y todo, pero, ¿a dónde se supone que vamos a ir?

    Midas frunció el ceño—¿Nosotros?—le pareció extraño que Briar se incluyera a sí misma en la ecuación, pero tenerla cerca ya no era un problema. Él aún se sentía culpable por dejarla abandonada antes con esos soldados, así que respondió con naturalidad, aceptando la compañía de Briar—Iremos a Zaun, obviamente—le respondió con palabras rápidas mientras seguía mirando los alrededores.

    —¿Zaun…? No tengo idea de dónde queda eso. ¿Está cerca de Noxus?

    —Casi, pero no—Midas se agachó y apuntó ambas manos al mapa. Toda la parte sur del mapa estaba manchada, pero había algunas partes que aún conservaban la tinta que mostraba algunos lugares importantes del mundo—Noxus está aquí, en todo el centro superior. El Bastión Inmortal, del que escapamos, está relativamente cerca del puerto que podría llevarnos a Piltóver. El problema es que, por lo que veo en este mapa, en estos últimos años Noxus se ha expandido demasiado y el puerto, que antes era una ciudad libre, ahora es parte de Noxus.

    Basilich, la ciudad portuaria, fue tomada por Noxus hace algunos años. El mismo Darius fue el encargado de sofocar la ciudad, convirtiéndola en parte del Imperio. Midas ya podía suponer cómo fue que pasó esto, pero realmente poco le importaba.

    —Ir caminando directamente a Piltóver sería una tontería. El camino es demasiado peligroso y sin un medio de transporte es aún peor. Las partes del mapa que se mancharon de sangre no nos importan porque todos esos imperios tienen sus propios problemas. Estoy seguro de que todos están enemistados con Noxus. Y nosotros, que llevamos ropa de Noxus, seguro nos cortarán la cabeza al vernos.

    —Wow. Más despacio, cerebrito. Parece que sabes demasiadas cosas.

    Midas sonrió levemente—Sé algunas cosas porque mi hermana mayor solía obligarme a estudiar. Ella siempre me decía: “Si no puedes volverte fuerte, entonces vuélvete inteligente. Si estudias y te vuelves lo suficientemente listo, entonces te volverás un tipo importante de Piltóver y podrás sacarnos a los dos de este basurero.” Y luego era ella la que andaba golpeando tipos borrachos en los bares para robarles el dinero.

    —Jajaja. Tu hermana suena como una chica muy cool.

    —Supongo que lo es. A diferencia de mí…

    —¿Por qué? ¿A qué te refieres?

    Midas negó—Nada importante. Es hora de seguir avanzando. Si quieres seguirme, esa será tu decisión. Me sacaste de esa celda, lo menos que puedo hacer es llevarte conmigo, a pesar de que seas una asesina incontrolable.

    —Te saqué de esa celda porque eso es lo que los amigos hacen.

    Briar genuinamente considera a Midas su amigo, aunque el concepto de amigo era extremadamente difícil de entender para ella. No obstante, para Midas, eso era algo más complicado. Dejando de lado todo el asunto del escape, él fue testigo de lo horrible que puede ser esta chica. Ella asesinó a tantas personas como si no fueran nada. Si se trata de dilemas morales, Midas era un caos completo debido a eso.

    Al final, solo le quedó reír con ironía—Ja… Claro, amigos…

    Aún era difícil entender muchas cosas así que guardó el mapa en el agujero de su camiseta, el cual quedó luego de que recibió de lleno el hachazo de Darius, y caminó en la dirección contraria a las montañas heladas. Briar lo siguió con una sonrisa emocionada.

    —Nunca antes había hecho un viaje con un amigo. Esto va a ser divertido.

    —Ya somos dos—dijo Midas con mucho sarcasmo. Caminó con los pies descalzos, mirando los árboles y asegurándose de que no se estaban desviando del camino.

    De repente, Briar se detuvo—Espera, escuché algo. Es como un rugido.

    —¿Un rugido?

    Claro, si Briar tiene los sentidos aumentados como un vampiro, era normal para ella escuchar cosas a larga distancia, y escuchar un rugido no era buena señal.

    —Sí. Creo que sé de dónde viene—dijo ella, acercándose a Midas y escuchando el estómago de este tipo—Viene de tu barriga. ¿Tienes hambre?




    —Sí. Tengo hambre…—él se esperaba algo más peligroso. Bueno, con Briar las sorpresas nunca iban a parar. Para alguien que estuvo a punto de morir eso ya no era un problema—Pensé que habías escuchado a alguna bestia salvaje.

    —El hambre de un hombre es una bestia salvaje—asintió ella, aprobando sus propias palabras. Y no se equivoca, eh.

    —Aah… No he comido nada desde ayer. Incluso si yo estaba encerrado, los soldados me solían traer comida.

    —Huh, suertudo. A mí no me daban nada. Me moría de hambre, es por eso que aproveché para comer cuando escapamos.

    —Tú puedes vivir sin comer, ¿no? Yo no puedo. Aún soy humano, o eso creo—por un momento Midas se miró la cicatriz en el pecho.

    —Que yo pueda vivir sin comer no significa que no sufra por el hambre. Ya sabes, mi hambre es como una bomba. Cuando explota, todo se vuelve muy divertido y caótico.

    —Sí, claro. Lo vi antes. Fue horrible.




    La caminata siguió así durante algunas horas más. Si bien Midas se estaba muriendo de hambre, Briar también. En algún punto del camino, a Briar se le ocurrió salir a cazar un poco de comida. Midas no tenía ningún problema con eso. Él bien sabía que Briar puede arreglárselas sola, pero él no. Midas sigue siendo físicamente débil aunque su magia sea extremadamente peligrosa y poderosa. Un mago que no tiene forma de defenderse es presa fácil para un asesino experimentado.

    Midas se quedó sentado cerca de unos árboles a la luz del sol. Tal vez era mediodía debido a que el sol estaba casi en su punto más alto. Sentado allí, esperando en silencio, Midas recordó el regalo que los dioses le dieron en esa cueva.

    ‘No debería pensar en eso, pero…’ La imagen nítida de dos colinas pálidas se quedó grabada en su mente. El recuerdo de Briar sentada sobre él, con los senos al descubierto, se convirtió en uno de los mejores recuerdos que ha tenido. Bueno, el resto de sus recuerdos son pura mierda depresiva, algo bueno tenía que pasar tarde o temprano. ‘En serio no debería pensar en eso. Me hace sentir como una mierda.’ Por supuesto, Midas podrá ser un asesino, pero no un pervertido. A pesar de que solo fue un accidente, la inocencia que Briar mostró en ese momento lo hizo sentir culpable.

    —Carajo… Ya no sé qué pensar. Ella es mala, pero…

    Briar como tal no es malvada, ella es como un animal relativamente inteligente. Para ella la acción de matar es normal, pues ella come de los cadáveres. Por ejemplo, nunca le reprocharías a un león por comerse una gacela, pues es el ciclo innegable de la vida. Lo mismo pasaba con Briar. Era difícil diferenciar lo que está bien y lo que está mal.

    —Pero…

    La sonrisa adorable de ese pequeño fenómeno, sus palabras indiferentes y su actitud tan animada. Era imposible para Midas odiarla. Además de que de alguna forma Briar le recordaba a su hermana mayor.

    Pensando en eso, Midas se reclinó sobre la piedra y miró las nubes. Este lugar era muy solitario y no sabía cuándo un monstruo puede atacar de la nada. No tiene forma de defenderse y aun así permitió que Briar se alejara. Tal vez en el fondo solo quería ser castigado por sus pecados.

    —Era suave…

    Pues claro, Midas es un virgen, pero esos pensamientos son lo que lo están salvando de hundirse en su propia depresión. Estuvo encerrado durante mucho tiempo, alejado de la única familia que le quedaba, habiendo asesinado a muchas personas y sintiéndose culpable por ello. Su única luz en este momento eran los pechos de una chica y el pensamiento de que podrá volver a ver a su hermana después de tanto tiempo.

    —Haah… Amigo, eh… Es la primera vez en mucho tiempo que pienso en eso.

    Midas no tuvo amigos cuando vivía en Zaun. Lo único que tenía era a su hermana mayor. En estos últimos años, Briar se la pasaba proclamando que ambos son amigos y, de hecho, Midas ya estaba empezando a creérselo. No se sentía tan raro ser amigo de esta chica loca.

    —Debería darle una oportunidad—cerró los ojos, esperando poder descansar su propia mente, pero escuchó a alguien llamándolo.

    —¡Hazte a un lado!

    Por un momento, pensó que se trataba de una de las voces que suelen susurrarle al oído debido a la cordura que perdió estando en esa celda, pero…

    —¡Midas! ¡Hazte a un lado!

    Esa era la voz de Briar, gritándole a lo lejos de una forma muy extraña. Midas, por supuesto, abrió los ojos y miró al frente, pero sus ojos mostraron miedo cuando vio a Briar montando a un jabalí gigante que corría en la misma dirección en la que estaba él. De hecho, Briar le estaba mordiendo el cuello al jabalí y es por eso que su voz sonaba extraña.

    —¡Aaaahhh!—Midas se levantó de la piedra e intentó correr, pero el jabalí fue más rápido.

    La bestia embistió a Midas y lo mandó a volar lejos. Briar miró en cámara lenta cómo Midas volaba para luego estrellarse violentamente contra un árbol. Abrió la boca, sorprendida, pero entonces miró al jabalí con el ceño fruncido luego de que Midas cayera al suelo.

    —¡Cerdo tonto! ¡Eso no se hace!—abrió el cepo y su hambre se liberó.

    Briar cortó muchas veces la carne del jabalí con las espadas y la sangre le salpicó en la cara. Fue un movimiento astuto y rápido ya que, cuando sintió que el jabalí había muerto, el hemolito flotó sobre sus hombros y volvió a cerrar el cepo. No era mucho, pero Briar sabía cuándo detenerse, casi.

    —Jujeje. Aquí lo tienes, Midas. El almuerzo llegó—sentada sobre el jabalí, Briar se regocijó en su propia victoria, pero Midas no le respondió—¿Midas?

    Obviamente, después de ser arrollado por una bestia, Midas estaba tirado en el suelo, con la cabeza metida en un arbusto. No parecía estar noqueado, ya que intentaba salir del arbusto, pero como sus manos estaban atadas, eso le resultó imposible.

    —¡Espera un poco, te ayudaré!—dijo Briar, bajándose del jabalí.

    Ella se acercó a Midas y lo tomó de la camisa usando los dientes. Midas salió del arbusto al instante y se sentó en el suelo.

    Él miró al suelo y luego levantó la mirada para ver a Briar.

    —Auch…—como si no hubiera sido suficiente haber recibido un hachazo en el pecho, ahora fue atropellado por un jabalí.

    —¿Estás bien?

    Midas suspiró—Sí, estoy bien…—pero aunque dijera eso, el golpe fue demasiado fuerte y Midas no sabía si se rompió algún hueso. Aunque ese no parecía ser el caso. Solo había dolor agudo en su espalda que lentamente se iba calmando.

    —Excelente porque traje comida.

    —¿Comida? ¿Eso es comida?

    Lo que Midas veía solo era un jabalí mutilado desangrándose en el suelo.

    Briar asintió alegremente—Sí. Déjame traerte un poco de carne—y se acercó al jabalí. Arrancó una pieza de la carne rojiza con la boca y regresó a donde Midas—Abre la boca.

    —¿Qué? No soy un pájaro—Midas dijo eso refiriéndose a cómo los pájaros suelen alimentar a sus polluelos.

    —No te quejes y come—y sus palabras eran serias, de una forma divertidamente rara. Estaba hablando con la carne sangrante en la boca, con su saliva derramándose por sus labios—Apúrate, que yo también quiero comer.

    Una mujer alimentando a un hombre de esa forma… Midas tenía una difícil decisión que tomar. No puede usar las manos, así que eso era un problema.

    ¿Qué decisión tomar? Ese dilema se presentó.
     
  12. Threadmarks: Episodio 2: “Amigo” Parte 4
     
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    Episodio 2: “Amigo” Parte 4

    —Come de una vez. Se me está haciendo agua la boca.

    La insistencia de Briar era demasiada. Midas miró hacia otro lado para no tener que ver la cara de Briar tan de cerca. Esta chica no conocía el significado de vergüenza. Claro, ella no es humana, tiene sentido, pero había límites para ese tipo de cosas. Midas no entendía a esta chica para nada, y dejarla de esa forma solo empeoraría la situación.

    Además… que una chica le dé de comer de esa forma…

    ‘Esto no es algo que harían los amigos.’ Su cara ardía de vergüenza. ‘Vamos, Midas, ya eres un adulto, compórtate como tal.’ Pero aunque se dijera eso a sí mismo, era más fácil decirlo que hacerlo. Briar seguía delante de él, ansiosa por comer también.

    —¿En serio me vas a dejar así?—preguntó ella, con un tono de voz ansioso. La saliva se le caía por los labios. Las pequeñas gotas de sangre que cayeron en su lengua aumentaron su hambre.

    Midas, con un gesto extraño que consistía en mirar a todos lados, reflexionó en silencio. Miró el cielo, luego el suelo e instintivamente le vio el pecho a Briar. Él no sabía qué era peor. Ser alimentado como un pequeño pajarito, o verle el pecho a una chica. De hecho, ¿qué edad tiene esta chica? ¿Acaso es más joven que él? Esas preguntas rondaron como hormigas, pero al final decidió tomar una decisión rápida.

    Esa carne estaba cruda, pero era mejor que comer pan y agua. Incluso si él fue el único que recibió comida en ese abismo oscuro, eso no quería decir que la comida fuera buena. Además, la carne fresca de jabalí, según recordaba Midas, era deliciosa incluso si se comía cruda.

    Valía la pena intentarlo…

    —¡Midas, si no te apuras, me la voy a comer yo!—gimiendo en agonía por el hambre, Briar cayó de rodillas. Con su más grande fortaleza y debilidad, el hambre, sintió que se estaba muriendo. Bueno, ya de por sí era una gran hazaña que ella pudiera aguantar el hambre con un pedazo de carne en la boca.

    Midas estaba siendo cruel, desde el punto de vista de Briar.

    —Eres una sinvergüenza—gruñó Midas. Se acercó a ella, arrodillándose y abriendo la boca.

    Briar abrió los ojos y observó en silencio. Midas estaba haciendo lo que ella le decía, como un perrito obediente. Ciertamente le gustó eso. Nadie suele escucharla cuando habla. Tener a alguien que te escucha era muy agradable, aunque era eso desde el punto de vista retorcido de Briar.

    Con dificultad, Midas mordió la carne e intentó quitársela a Briar. Sin embargo, él no esperaba que Briar quisiera jugar ahora mismo. Briar no solo no soltó la carne, sino que parecía querer pelear por ella. Midas en serio no entendía a este ser impredecible, pero de alguna forma… él también se unió a la pelea.

    Ambos forcejearon como si fueran dos perros callejeros peleándose por un pedazo de basura. Si alguien los viera a los dos en este momento, esa persona solo querría mirar hacia otro lado y olvidar lo que vio.

    La batalla duró unos pocos segundos ya que Briar soltó la carne y Midas retrocedió golpeándose la espalda contra el suelo.

    —Jajaja. Eres más fuerte de lo que pareces—se rió. Durante su leve forcejeo, Briar sintió bastante fuerza proveniente del cuerpo de Midas.

    —Ni yo me lo creo. Pensé que tendría los músculos hechos mierda después de no hacer nada durante diez años.

    Midas está modificado con hemomancia y todo tipo de artes oscuras. En su espalda tiene incrustados siete objetos parecidos a pequeñas piedras con símbolos arcanos, los cuales fueron otorgados por la misteriosa Le Blanc de la Rosa Negra. Estas runas potenciaban el poder mágico de Midas tanto, que la primera vez que este usó su magia, literalmente su poder estalló como una bomba convirtiendo todo lo que le rodeaba en oro.

    Así como Briar, Midas también es una abominación de la Rosa Negra. En resumidas palabras, él ya no es humano, por lo tanto, no tiene la fuerza de un humano. Además, el hecho de que Midas estuvo agonizando durante varias horas mientras era arrastrado por Briar demostraba su extraña resistencia.

    Con la carne jugosa en la boca, Midas masticó mientras miraba el cielo. La carne tenía un sabor bastante exótico y delicioso. La sangre era salada y eso le daba un mejor toque a la carne, la cual era un poco dura, pero las fibras musculares del jabalí estaban llenas de poder y energía. Era suficiente para que un hombre reviviera luego de estar encerrado en una celda.

    —Hm… Está bueno, supongo—concluyó Midas. Se sentó en el suelo para mirar a Briar, pero lo que vio fue más repugnante.

    Briar estaba arrancándole las entrañas al jabalí con los dientes. La sangre salpicaba en su rostro y en toda su ropa. Su sonrisa maníaca le dio escalofríos a Midas.

    ‘Ella no me va a comer, ¿verdad?’ Existe la posibilidad de que Briar en algún momento pierda el control e intente comerse a Midas, de eso no cabe duda.

    Al ver esa imagen repugnante, Midas perdió el apetito y se recostó en el suelo otra vez. Un descanso valía la pena en este momento. Mientras esperaba a que Briar terminara de comer, Midas cerró los ojos y se permitió relajarse.

    ***

    Él no tenía idea de cuánto tiempo se había quedado dormido. Más bien, él no sabía que se había quedado dormido. Solo abrió los ojos después de su breve siesta y miró a su costado. Briar estaba allí, durmiendo, sentada con la espalda apoyada en el tronco de un árbol caído.

    —¿Cómo puede dormir así? ¿No le duele la espalda?—pensó en lo incómodo que sería dormir así.

    Ahora que se percató de algo, se habían quedado a dormir en medio de la nada y no fueron atacados por ningún animal salvaje. ¿Fue suerte? Para nada. Briar mató a uno de los animales más grandes del bosque, por lo que otros animales no se acercarían a ella.

    A unos pocos metros yacía el cadáver huesudo del jabalí. Midas no tenía idea de cómo semejante animal podía caber en el estómago de Briar.

    —Con un cuerpo tan pequeño…

    No es que Midas fuera especialmente grande. Él es un poco más alto que Briar tan solo por 10 centímetros, es decir, la estatura de Midas es de 1,71 metros. No es un hombre pequeño, pero tampoco es un hombre alto. Tal vez su apariencia era más normal de lo que él creía.

    Dejando eso de lado, Midas intentaba luchar por mantenerse calmado. Cada vez que se distraía, sus ojos eran atraídos hacia la misma zona en el cuerpo de Briar.

    ‘No ha pasado mucho. Me sigue afectando… ¿Cómo puedo hacer que se me olvide?’ La vida de un hombre es sencilla en muchos aspectos. Mueres por un hachazo en el pecho o vives lo suficiente para verle los senos a una chica. No había punto de comparación. Hasta parecía que morir era más fácil que olvidarse de esa imagen tan clara en su mente.

    En fin…

    —Oye, Briar—se levantó y le tocó la rodilla a Briar con el dedo del pie.

    Briar se quejó, gruñó y siguió durmiendo.

    —No me digas que eres de las que duermen como piedra en el fondo del río…

    Él la llamó una vez más, pero Briar repitió el mismo gesto. Ella parecía una muñeca tirada en el suelo. Se veía tan ligera que Midas pensó que, si la pateaba, ella saldría volando sin mucho esfuerzo. Claro, eso fue un pensamiento intrusivo. Es obvio que Midas no iba a hacer eso.

    Esperándola en silencio, se sentó frente a ella y la miró con detenimiento. Ella aún tenía sangre seca en la ropa. De hecho…

    —Ella apesta…—en tono de ese pensamiento, Midas levantó los brazos y se olfateó a sí mismo—Se supone que yo también huelo mal—, pero debido a que estuvo en la celda durante diez años, se había acostumbrado a su olor corporal.

    Un buen baño les haría bien a ambos, pero un baño por separado, obviamente.

    —Briar… Despierta… Ya amaneció…—suspiró cansado. Ver más de cerca a esta chica era algo agradable. Sin contar todas las atrocidades que ella hizo, sin duda alguna es una chica muy hermosa.

    A pesar de su piel gris muerta, sus ojos y su rostro redondo eran bastante adorables. Su cuerpo también mostraba que era una mujer adulta de baja estatura. Bueno, Briar no es tan bajita. Ella tiene 1,61 metros de estatura. Eso está lejos de ser poco.

    —Aah… Si me vieran ahora mismo, pensarían que soy un acosador sexual. Mi hermana seguro me golpearía y se burlaría de mí. Así es ella, después de todo.

    Midas cerró los ojos. ‘Ahora que estoy pensando en ti… Maissa… Espero que estés bien, donde sea que estés. Quiero contarte todo lo que sufrí… Quiero volver a tenerte cerca de mí. Cuando te vea seguramente voy a llorar, pues no podré soportar el haber crecido lejos de ti. No sé cómo te verás ahora, pero estoy seguro de que ahora eres la mujer más ruda y peligrosa de toda Zaun. Espérame… regresaré a casa pronto.’

    Midas extrañaba demasiado a su hermana mayor. No hubo un solo día en el que no se arrepintiera de haberla dejado sola. Claro, Midas aceptó ir a Noxus para poder sacar a su hermana mayor de los carriles. Él pensó que si lograba conseguir el dinero suficiente podría regresar junto a Maissa para vivir juntos en una lujosa casa en Piltóver, con deliciosa comida y ropa bonita. Nadie lo podía culpar, pues era solo un niño débil que quería proteger a su hermana mayor a toda costa. Nunca nadie le dijo que estaba tomando una mala decisión.

    Sin embargo, pensar en eso no servía de nada. El pasado es eso, pasado. No hay forma de retroceder el tiempo. Ahora lo que Midas quería hacer era ir a buscar a su hermana.

    —Tal vez, con este poder, yo podría sacarte de ese lugar…—se miró las manos, recordando la magia que fluye por todo su cuerpo. Con solo tocar algo, ese objeto se convertiría en oro. Eso era dinero gratis, pero…—Pero este poder también mató a mucha gente…

    Dinero manchado de sangre…

    —¿Qué estamos viendo, Midas?—dijo Briar sobre el hombro de Midas.

    Midas se sobresaltó por un momento. Estuvo tan distraído que no notó el momento en el que Briar despertó. Casi salta del susto, pero se calmó al ver los enormes ojos de esta chica.

    —Casi me matas del susto.

    —Bueno, estabas mirando a la nada como un tonto y pensé que sería divertido hablarte. Vamos, hombre, parecías un zombi mirando un hueso.

    —Aah…—negó con la cabeza, cansado y pensando que tendrá que aguantar estos sustos durante el resto del viaje—Estaba pensando en muchas cosas. En fin—, se puso de pie escudriñando los alrededores—Ya comimos, ya descansamos. Es hora de seguir. No sabemos si los soldados de Noxus siguen por ahí. Más tarde tendremos que buscar un refugio.

    —Sí, sí. Lo normal.

    —Mejor presta atención. El camino a Zaun será extremadamente peligroso, pero teniéndote a ti cerca, el riesgo disminuye un poco. Eso si no me matas antes…—eso último Midas lo susurró para que Briar no lo escuchara—El viaje a pie nos llevará, como mínimo, un mes o dos. Si no tenemos complicaciones, podremos llegar sanos y salvos.

    —Eso es bueno. Ya quiero conocer el lugar del que vienes.

    Midas miró a Briar en silencio por un segundo, luego se dio la vuelta y caminó en dirección a Zaun—Es probable que no te guste cómo se vive en Zaun.

    La vida en Zaun es una constante lucha. Midas lo sabía de primera mano porque él fue parte de esa dura vida, pero ahora que va de regreso a ese lugar, Midas tenía la esperanza de poder cambiar la vida de su hermana y la suya. Si Briar está aquí, eso poco importa. Al menos ahora, juntos iban a cruzar estos horizontes.

    —¡No te vayas! ¡Oye, espérame!

    —Si no caminas rápido te quedarás atrás.

    —Huh. Yo soy superrápida. Si lo que quieres es una carrera a pie, entonces eso tendrás.

    —¿Qué? ¡Oye, espera! ¡No corras!

    ***

    —Cuéntame una historia, cordero.

    En las sombras de este mundo, Kindred, el Lobo, le hizo una pregunta al cordero. Ella lo miró en silencio mientras veía las vidas extinguirse en el frente de batalla. Se ocultaban entre los fríos y nevados de Freljord, mirando a los bandidos enfrentarse a un hombre con una espada enorme.

    —Sí… Me parece una buena idea. Escucha atento, mi querido Lobo. Esta es la historia de dos viajeros. Juntos atravesaron el mundo y se descubrieron a sí mismos, pero en el camino tuvieron muchos obstáculos.

    —He escuchado historias muy parecidas.

    —Por supuesto, pero esta es especial así que escucha. Dos viajeros, Dorado y Gris, hambrientos de la misma vida, rompieron las cadenas de su propio tormento…
     
  13. Threadmarks: Episodio 2: “Amigo” Parte 5
     
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    Episodio 2: “Amigo” Parte 5

    Cuando el sol estaba por ocultarse en el horizonte, Midas y Briar se encontraron con un riachuelo. El lugar era bonito a la vista, pues el agua era cristalina y reflejaba el cielo azul. La tierra se veía fértil y los árboles alrededor eran como muros que protegían la zona. Cerca de allí había un lugar abierto. El lugar parecía estar preparado para acampar, pues tenía el espacio suficiente para una fogata y una tienda de acampada.

    —Agua, luz y un lugar sin piedras ni árboles. ¿Qué más podríamos pedir?—susurró Midas.

    Él nunca había salido a la naturaleza y, en diez años, era la primera vez que viajaba por un bosque lleno de vida. De niño Midas solía desear visitar los otros imperios para conocer el mundo. En los libros que su hermana solía traerle, él leía fantásticas historias de muchos lugares emblemáticos de Runaterra.

    Midas de pronto escuchó el chapoteo en el agua y una risa conocida. Su expresión se tornó un poco aburrida al ver a Briar metiendo la cabeza en el agua.

    —Briar, ¿puedo saber qué estás haciendo?

    Briar sacó la cabeza del agua y miró a Midas. Ella tenía un pez en la boca que aún se retorcía agonizante, con sangre que chorreaba por los labios de Briar. Con un movimiento extraño de cabeza, Briar lanzó al pez contra la tierra para que no regresara al agua.

    —Tengo hambre así que estoy cazando la cena. El pescado crudo es bueno de vez en cuando. Solía comer mucho de esto cuando me iba lejos de los campos de batalla. Creo que te conté la historia de cuando me rompí la cara cuando caí por un barranco.

    —Esa historia la he oído como dos mil veces, Briar. Ya me la sé de memoria…—dijo Midas, un poco decepcionado de sí mismo por memorizar algo tan horrible.

    —Eso es muy lindo. Me gusta que te guste mi historia.

    —Nunca dije que me gustara esa historia. En especial la parte en la que describes gráficamente cómo te rompiste la cara. Tuve pesadillas con eso la primera vez que te escuché.

    —Tiene sentido. Creo que eras como un niño en ese tiempo, ¿no?

    —Ya no era un niño. Yo ya tenía 17 años—respondió Midas, frunciendo el ceño y con un leve movimiento de hombros.

    Briar se sorprendió luego de escuchar eso.

    —Entonces tú eres como, ¿más viejo que yo? Déjame hacer algo—al decir eso, Briar salió del agua y, con el pulgar del pie derecho, ella comenzó a dibujar cerca de once líneas rectas. —Son dos… y luego cuatro… pero en ese momento no era así…—murmuró ella mientras dibujaba.

    Midas la miró con curiosidad sin saber qué es lo que esta chica quería lograr. Ella solo seguía dibujando en la tierra. La mirada en el rostro de Briar demostraba que estaba muy concentrada en eso.

    Luego de unos segundos, Briar miró a Midas y le preguntó: “¿Cuánto son siete más cuatro?”

    —Once…

    Midas no entendía nada, pero Briar asintió y sonrió luego de escuchar la respuesta.

    —Entonces, no lo olvidé. Lo hice bien. Yo tenía 11 años cuando Midas tenía 17. Increíble, ¿no?

    —Eso fue hace diez años. Tienes 21 años, ¿no?

    —Sí… Eso creo. Y si fue hace diez años, entonces tú…—Briar intentó procesar los números en su mente, pero no le funcionó. —Dame un segundo—como hace un minuto, ella se puso a dibujar líneas rectas, contando cada línea una por una. Al finalizar, Briar miró a Midas con un aire de autosuficiencia. —Tú tienes 27 años. Eres un viejo.

    La palabra “viejo” encendió una llama en la mente de Midas. Como si las venas de su frente se hubieran hinchado para explotar, Midas levantó la voz. Sus ojos mostraban lo indignado que estaba con tan solo escuchar esa palabra.

    —¡No soy un viejo! ¡Solo soy mayor que tú por 6 años! ¡Tengo 27! ¡Aún soy un muchacho!

    Y aunque Midas no estaba equivocado, Briar no se veía muy convencida por ese argumento. Ella inclinó la cabeza como si tratara de entender.

    —En fin—dijo Midas, cambiando el tema y dándole la espalda a Briar—Lo que realmente me sorprende es que sepas contar.

    —¿Y eso por qué?

    Midas miró a Briar de pies a cabeza, juzgando a la chica en silencio. Primero pensó en cómo esta chica debió haber crecido, pues él entendía que ella solo es una cabeza hueca con una sed de sangre insaciable. Ya de por sí era sorprendente que ella pudiera articular palabras.

    —Por nada. Olvídalo—Midas miró el cielo y observó los alrededores—El cielo se está oscureciendo, debemos encender una fogata si no queremos morirnos de frío. En el Bastión había antorchas que emitían una leve sensación de calor, pero aquí afuera, en la naturaleza, eso es diferente. Aunque… me pregunto cómo vamos a encender una fogata…

    Si ambos dejaban el tema anterior de lado y se miraban las manos, tanto Briar como Midas estaban aprisionados con su propia picota. En este mismo momento ninguno de los dos tenía la habilidad manual para encender una fogata.

    Briar se dio cuenta de esto y de inmediato pensó en algo. —¿Y si te quito esa cosa que tienes en tus manos? Si tienes tus manos libres, podríamos hacer las cosas más fáciles.

    Midas se quedó callado cuando Briar hizo su pregunta. Luego de una breve pausa, comenzó a reírse. —Eso es una muy mala idea. Morir de frío sería mucho mejor que liberar mis manos.

    Claro, muchas cosas tienen un motivo de ser. Briar miró sobre sus propios hombros mientras Midas se reía. Entendió que, al igual que sí misma con la picota, lo que aprisiona las manos de Midas también es una especie de picota que inhibe el poder, pero, ¿qué clase de poder puede estar ocultando Midas y por qué se ríe de eso como si fuera algo ridículo?

    Ahora hay muchas cosas que Briar quiere saber.

    —¿Por qué morir sería mejor que tener tus manos libres?—Briar no se iba a quedar con la duda. —¿Acaso también te pones muy loco cuando liberas tu picota? Si eso es así, sería algo que definitivamente quiero ver.

    Midas agachó la mirada mientras se sentaba en la orilla del río. —Sería más fácil si ese fuera el caso, pero no. No es de esa forma…—miró el agua pasar; observó el brillo carmesí del cielo reflejado en la transparencia del agua y suspiró. —Ojalá fuera de esa forma…

    Estando de pie al lado de Midas, Briar sintió la misma aura deprimente que Midas solía tener hace unos días.

    —¿Cuál es el poder que ocultas, Midas?

    —Poder… Más que un poder o un don, es una horrorosa maldición—Levantó ambas manos para ver el inhibidor. Dentro del inhibidor había una piedra que estaba entre sus manos. Esa piedra, al igual que el hemolito de Briar, se encarga de suprimir la magia de Midas. —Todo lo que estas manos tocan muere… Y es solo muerte sin sentido, ni siquiera es algo parecido a lo tuyo. No hay un propósito detrás de este poder más que el de matar y ya…

    —¿Y cómo es esa muerte de la que hablas?

    Midas no tenía idea de qué cara está poniendo Briar, pues sigue mirando al río, pero había algo en la voz de esa chica diferente a lo habitual. Gracias a la suave y extraña voz de Briar, Midas tuvo la confianza para responder. —Todo lo que toco se convierte en oro. Todo lo que mis manos tocan se convierte en una estúpida piedra dorada.

    Cuando Midas era un niño, él solía pensar que el oro era lo más valioso que existía, y que debía conseguir tantas monedas de ese material como sea posible. Ahora Midas solo podía ver el oro con asco.

    Sentándose al lado de Midas, Briar sumergió los pies en el agua. Ella intentó acariciar a los peces con la punta de los dedos, pero al no poder alcanzarlos, respondió a lo que Midas dijo antes con un: “Hmm… No sé qué decir”.

    —No hace falta que digas algo. No quiero escucharlo…

    —Bueno… Es que yo no entiendo esas cosas sentimentales de los humanos. Intento entenderlos, pero es difícil, aunque también muy divertido—dijo ella, con esa misma sonrisa de siempre. —¿Sabes? Me dijeron que, antes de nacer, yo tan solo era un charco de sangre, hierbas extrañas y montones de huesos y carne despedazados. La hemomancia unió cada parte de mi cuerpo y así nací yo, de la sangre de Vlad. Al principio todo estaba nublado, manchado de color rojo. Sentía mucha hambre, ira y ganas de destrozar todo lo que se me ponga enfrente. No importaba cuánta sangre yo comiera, el hambre no se detenía, y eso era algo que dolía demasiado. No recuerdo mucho de esa época más que eso. Todo era tan… aburrido. Luego crearon mi picota y pude calmarme un poco. Aunque… Jejeje. Hice muchas cosas locas y me encerraron. Pasaron algunos años hasta que apareciste.

    —¿Y para qué me cuentas eso?—siendo escéptico ante la historia de Briar, Midas la miró, pero levantó las cejas al ver a la chica sonriendo con mucha confianza.

    —Porque pensé que había algo en lo que ambos nos parecemos.

    Midas regresó la mirada al río. Notó que la oscuridad de la noche manchaba el agua del río y que el frío nocturno se acercaba. Así recordó la noche en la que se fue de Zaun y dejó todo atrás para sufrir el resto de su vida. —Huh… Entonces, ambos somos un desastre.

    —¿Y eso es algo malo?

    La vida era sencilla para Briar, es por eso que ella podía decir eso con tanta naturalidad. Se puede decir que los ignorantes son los que más felices son a diferencia de los demás.

    —Amigos…—Midas tuvo que pensar otra vez en lo mismo. ¿Qué es un amigo? Él jamás tuvo amigos, pues en Zaun muchos esperan apuñalarte por la espalda. La vida y el tiempo cambia a las personas, y eso, lastimosamente, le pasa a muchas personas de Zaun, lo que hace casi imposible hacer amigos o mantener amistades.

    —Midas, mi amigo, hay muchas cosas en las que vas a pensar, y eso es extremadamente aburrido, así que calla tu mente y sumérgete—cuando Briar decía eso, lo decía literalmente.

    Ella se lanzó al agua, que solo tenía como un metro de profundidad, y luego flotó mirando al cielo. Midas se le quedó mirando sin entender, pero Briar se arrodilló dentro del río e hizo un gesto con la mirada para que Midas también entrase al agua.

    Siguiendo a la chica, Midas hundió las piernas en el agua y sintió el frío del agua. Miró los peces que huyeron de su presencia y de alguna forma se sintió más deprimido.

    —Bueno… me hacía falta tomar un baño, así que…—se dejó caer de espaldas y se hundió en el agua.

    Desde el fondo del río todo se veía distorsionado. La luz de la luna que de repente se abrió paso entre las nubes y las hojas de los árboles iluminó el riachuelo, dándole un poco de luz a estos dos raritos.

    ‘Se siente bien…’ El agua fría estaba tocando su piel. Era diferente a la lluvia que los golpeó la noche anterior. Esta vez Midas podía sentir que podría quedarse dormido en el agua y jamás despertar.

    Es una lástima que, como un ser vivo, Midas necesita respirar. La falta de oxígeno lo hizo salir del agua después de un rato. Una fuerte brisa lo tocó al salir, y el agua se escurrió por su cabello largo, recorriendo su maltratada piel hasta regresar a la corriente del río.

    —¿Te sientes mejor?—preguntó Briar. El agua se escurría por su cabello blanco y su piel gris.

    Al verla así, Midas se sintió como un idiota por alguna razón. Se quedó congelado viéndola, pero entonces sonrió dándose cuenta de que se estaba deprimiendo otra vez, y que ahora solo estaba calmando sus emociones viendo la cara de la linda chica homúnculo.

    —Sí. Estoy bien.

    —Ya veo. Así que,—Ella hundió la cabeza en el agua y al instante la sacó, ahora sosteniendo un pez con los dientes.—Es hora de cenar.

    Ella parecía un oso que caza peces. Midas no pudo evitar verla de otra forma. Teniendo en cuenta que si se estaba poniendo sentimental antes, se sintió avergonzado. En un infantil intento de ocultar su vergüenza, empujó a Briar con el pie, haciendo que ella perdiera el equilibrio y se cayera en el agua.

    Después de actuar como un niño de diez años, salió del agua.

    —Jujuju. Aún te tengo, pescado—gruñó Briar saliendo del agua, con el pez aún en la boca.

    —Encárgate de pescar, Briar. Yo intentaré encender una fogata. Aún tengo los pies libres…

    —¡A sus órdenes, capitán!

    Parecía difícil encender una fogata, pero Midas ya tenía unas ideas en mente. La cena estará lista para después, y estos dos amigos podrán seguir con su viaje luego de un largo descanso de una noche entera.

    Si bien ambos se acercaron más esta noche, Midas seguía atrapado en sus propios pensamientos deprimentes. Ahora no está solo, y eso era mejor que nada. Esta chica era… especial, de una forma extraña.

    Aunque él hasta ahora no se haya dado cuenta, fue Briar quien lo salvó de volverse loco en esa celda…
     
  14. Threadmarks: Episodio 2: “Amigo” Parte 6
     
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    Episodio 2: “Amigo” Parte 6

    Hay voces que susurran, que se desvanecen en la nada como las luces verde neón de las Firelights. Así mismo, los gritos de un niño resuenan en las profundidades de un oscuro lugar, un lugar donde la sangre salpica incesante, agonizante y dolorosamente.

    Las luces parpadean, una y otra vez. Los gritos aumentan y las lágrimas se derraman.

    Al final, la muerte lo abrazó para llevarlo lejos de su sufrimiento. Cuando eso pasó, Midas abrió los ojos. Se encontró al lado de la fogata, respirando con dificultad. El sudor frío le cayó por la frente en el momento en que se sentó para tomarse un respiro y la luz tenue de la fogata le iluminó el rostro.

    En ese momento, un par de lágrimas cayeron por su rostro y un dolor agudo y punzante le envolvió el cuerpo entero.

    Ese dolor todavía se sentía real, tanto que fue suficiente para que él dejara salir algunas lágrimas. Fue una pesadilla horrible. No… Eso era más que una pesadilla.

    Se trataba de un recuerdo.

    De repente, se escuchó algo cerca que interrumpió la expresión perturbada que Midas tenía en la cara.

    —Jejeje… Hm…—Era Briar, durmiendo plácidamente al lado de una roca. Ella estaba acostada en el suelo y se reía como si nada importara. Esa risa calmó un poco los nervios de Midas.

    Aún estaba oscuro, la luna estaba en su punto más alto y el frío viento empujó el cabello de Midas.

    ‘Ha pasado ya un tiempo desde que tuve ese sueño…’ Midas miró al suelo, con los ojos apagados. Los gritos aún resonaban en su mente y el dolor punzante lo molestó un poco. Al agachar la mirada, notó que la cicatriz en su pecho se había hecho más pequeña y que ese extraño color gris seguía allí; es más, se había extendido unos dos centímetros más por encima de su piel. ‘Tal vez recordé ese momento porque Briar dijo el nombre de esa persona. Vlad… Vladimir…’

    Con un suspiro, se levantó del suelo. Sus manos atadas y su cabello largo que cubría su rostro le hacían parecer un loco que merodeaba por el bosque en la noche.

    —Ya no importa. Yo ya no estoy en ese lugar. No volveré a ese lugar…—cerró los ojos con fuerza, mentalizando su deseo y fundiéndolo con hierro en su mente.

    Su único objetivo permanecerá en su mente. Se ha liberado de su prisión. La tristeza no es una opción. Creció como un hombre solitario en una celda así que en este momento actuará como tal. Hace ya mucho tiempo dejó de ser un niño, es tiempo de ser más fuerte…

    Cuando terminó de mentalizarse, Midas se sentó en el suelo junto a la fogata y miró a Briar en silencio. Pasaron algunos minutos así, lo que al final hizo que él se diera cuenta de que no podía dormir.

    —No sé cómo puedes dormir tan tranquila… Ninguna de las muertes que provocaste se han vuelto pesadas para ti, a diferencia de mí.

    La diferencia entre los dos seguía ahí…

    ***

    Al día siguiente, Midas y Briar se encaminaron para subir una montaña. Era más rápido subir y bajar la montaña en lugar de rodearla. Con todo preparado, la fogata apagada y los rastros que dejaron borrados, estaban listos.

    Caminaron entre una senda rodeada de árboles. El sol estaba abrasador esta mañana, por lo que sentir mucho calor era lo normal. De hecho, Midas estaba sudando a mares mientras caminaba. Con Briar pasaba lo contrario. Ella seguía tan fresca y amigable como siempre.

    —Dar patadas es así como uno de mis talentos. Te sorprendería las cosas que puedes aprender a hacer con los pies cuando tienes las manos ocupadas.

    —Huh, ¿en serio? Porque creo que me pasa lo mismo. Aunque patear cosas no es lo mío.

    —Si pudieras aprender a pelear, sería algo muy bueno, Midas. No solo podrás patear a tus enemigos, también podrás defenderte de los animales salvajes. Hasta podríamos pelear juntos contra todo lo que se nos cruce, como algo que los verdaderos amigos hacen.

    —Yo tengo mi propia especialidad. No me hace falta pelear cuerpo a cuerpo.

    —¿Hablas de tu magia? ¿Qué tiene de bueno tener magia si no puedes usarla?

    Midas frunció el ceño.

    —No es que no pueda usar magia, es solo que mi magia es… inestable.

    Eso era una mentira. Midas es inestable, no su magia. La magia de este tipo era perfecta y misteriosa a su modo, sin embargo, debido al trauma que se llevó hace diez años, cada vez que se ve las manos e intenta liberar su magia, los recuerdos de las personas solidificadas en oro regresaban.

    —Hm… Qué complicada es la magia. Una vez leí un libro que tenía muchos garabatos chistosos y de repente me sentí más poderosa. Creo que fue después de eso que aprendí que, lanzando el hemolito a algo, podía salir volando en esa dirección.

    —La cosa que le hiciste al vendedor de pergaminos…

    Midas no quería recordar eso, pues fue una escena tan gráfica que sintió que iba a vomitar.

    —Sí, eso mismo. Ya sabes. Tal vez, si lees uno de esos libros raros, puedas aprender a controlar tu magia, o tal vez puedas aprender nueva magia. Yo no soy una bruja ni nada parecido así que no podría recomendarte nada.

    —… Aprender…—pensativo, Midas apresuró el paso.

    —Así que, ¿cómo supiste que podías usar magia?

    Interesante pregunta. Midas no hubiera sido traído a Noxus si no fuera un hombre de magia. ¿Cómo descubrió Midas que el maná fluye por su cuerpo? La respuesta era fácil, realmente.

    —No es que yo haya sabido de mi magia de buenas a primeras. Cuando tenía ocho años, unos idiotas me encerraron en una caja para reírse de mí. Mi hermana apareció y les pateó el trasero, obviamente. Cuando ella me ayudó a salir de la caja fue ahí donde tuve mi primer acercamiento a la magia. Y… existen dos versiones de la historia. La mía y la de mi hermana. En mi historia, yo sentí que algo estaba iluminando la caja, pues en ese entonces le temía a la oscuridad. Creí que era una especie de artefacto que los de Piltóver tiraron a la basura, pero mi hermana vio algo diferente. Cuando ella me sacó de la caja, me dijo que había una pequeña bola de luz siguiéndome. La luz se apagó cuando salí de la caja. No sabía que eso era magia hasta tiempo después.

    —Entonces, ¿esa luz era tu magia?

    Midas se quedó callado, recordando lo que pasó después.

    —Se supone que así era, pero…

    Una imagen pasó por su mente. La expresión que tenía Maissa cuando eso pasó. En esa época, Midas no entendió la expresión en el rostro de su hermana. Ahora que lo recordó, él pudo ver la preocupación y el miedo en el rostro de esa chica.

    —¿Pero?

    Midas negó. Con un suspiro respondió:

    —Olvídalo. Dejemos el tema para después.

    —¿Qué? Pero yo quería saber.

    —Te lo diré otro día. Continuemos con el viaje. A este paso tardaremos muchísimo más en llegar a Zaun así que debemos concentrarnos. Ahorra tu energía. Conseguiremos algo de comer cuando el sol esté en su punto más alto.

    —Oh, comida. Tú sabes lo que me gusta.

    —Sí… Claro…

    ***

    Pasaron tres días hasta que pudieron subir la montaña. Recorrieron la cima por dos días más hacia el este cazando animales y aves pequeñas para comer. Aprovecharon el agua de las constantes lluvias para hidratarse y la sombra de los árboles para descansar.

    En este breve lapso de tiempo, hubo dos ocasiones en las que Briar casi mata a Midas. Briar no se puede controlar todo el tiempo que pierde el control. Ella sigue diciendo “Yo decido cuando pierdo el control”, pero era justo eso lo que casi mata a Midas en esas dos ocasiones.

    Imagina a Midas, un hombre delgado y débil, corriendo entre los árboles mientras una loca con cara de monstruo lo persigue. Realmente fue horrible para Midas, pues no había podido dormir bien por culpa de eso. Él había tenido algunas pesadillas al respecto.

    Hubo muchos momentos parecidos que no merecen la pena ser mencionados. La vida de estos dos en los últimos días se basaba en caminar, comer y dormir. De vez en cuando había una que otra cosa que Briar hacía que provocaba una leve sonrisa en la cara de Midas.

    Está ese momento en el que Midas miró una fruta silvestre en un árbol, pero que no pudo alcanzarla debido a que sus manos estaban atadas. Briar aprovechó eso y le dio una poderosa patada al árbol, haciendo que la fruta cayera. Midas estaba sorprendido y, al ver a Briar celebrando el poder de su patada, sonrió como si ya estuviera acostumbrándose a tener una amiga.

    Al decimocuarto día, por la mañana, el paisaje en las alturas cambió. Una vasta extensión de agua llena de vida se mostró, una playa y un asentamiento costero en las faldas de la montaña.

    —¡Mira, Midas! ¡Es el mar! ¡Jajaja! ¡Es enorme!

    Briar saltó apuntando hacia el mar con su afilada uña y Midas observó el océano con nostalgia.

    Después de recordar las aguas cercanas a su ciudad natal, Midas se arrodilló en el suelo y con dificultad sacó el mapa.

    —Estamos cerca de la llanura de Rokrund. Cerca de aquí hay tres asentamientos costeros: Qualthala, Rokrund y Stonewall, siendo el tercero el más lejano. Aunque ahora estemos más cerca de Zaun y Piltóver, seguimos en territorio noxiano así que no podremos acercarnos a los asentamientos. Si alguien que sepa de nosotros nos ve, nos meteremos en problemas y los soldados que están por aquí vendrán a cazarnos.

    —Pero eso es muy aburrido. Seguimos caminando sin parar, día tras día. No hay nada de malo en visitar a la gente…

    —¿No oíste lo que dije? Somos fugitivos, experimentos que escaparon del laboratorio. A menos que salgamos de Noxus, tenemos prohibido acercarnos a otras personas. Además, ya es una suerte que no nos hayan atacado ladrones en el camino. Es mejor mantenernos al margen.

    —A veces pienso que eres el rey de lo aburrido.

    Cansado por la insistencia de Briar, Midas guardó el mapa y suspiró cansado. Había muchas cosas para hacer, pero ambos deben bajar de la montaña sin alertar a los lugareños y así entrar al territorio de Piltóver. La mejor opción era ir por el mar, pero las costas de esta parte del mundo siguen siendo de Noxus.

    —Aah… Sé que es aburrido, pero no tenemos otra opción. Sería mejor ir a Rokrund y conseguir a alguien que nos lleve cruzando el mar en dirección a Piltóver en barco, pero eso cuesta mucho dinero y, como te dije antes, somos fugitivos.

    —Eso no nos impide hacer lo que queramos. Vamos, Midas, no seas una gallina. ¿Cuántas veces estuvimos a punto de morir de camino acá?

    —¿Tú? Dos veces. ¿Yo? Cinco veces, y la mayoría de esas fueron tu culpa.

    —Jajaja. Es que no sabía cuándo parar. Pero lo que importa ahora es lo que vamos a hacer. Ahora mismo iremos a una de esas ciudades y conseguiremos un barco. ¡Cruzaremos el mar, marinero!

    La idea era buena, sí, pero Briar no entendía lo riesgoso de esto. Si bien pueden jugarse la vida yendo a una de las ciudades, rezando para que nadie sepa sus identidades, eso no les aseguraba que saldrían de ahí sin levantar sospechas.

    Mientras Briar ve a Midas, el hombre está pensando seriamente en esto. Podrían acortar mucho el camino si van en barco, pues ese viaje de un mes o dos podría ser reducido a una o dos semanas más en altamar.

    —Tú puedes, Midas. Yo te cubriré la espalda, te lo prometo. Te protegeré como tú lo hiciste conmigo en ese momento.

    —¿Ese momento?

    Briar asintió y Midas levantó las cejas recordando la pelea contra Darius. La derrota aberrante que este hombre y Briar recibieron no tenía sentido, al menos no para estos dos tontos. Eso fue algo que Midas a veces recordaba. De hecho, él piensa que jamás va a poder olvidar el dolor de ser golpeado con el filo de un hacha en el pecho. Sin embargo, a pesar de las consecuencias, Midas se lanzó al ataque sin dudarlo solo para proteger a Briar.

    —Fue genial… Aunque eres jodidamente débil y no lograste hacer nada. Pero tu sangre nos ayudó a escapar.

    —… Sí… Ya es algo…

    La vergüenza se encendió en el corazón de Midas. Él intentó actuar como un héroe para salvar a una chica solo porque le recordaba a su hermana mayor. Decir que eso era más que un simple acto de egoísmo era poco.

    Pero en ese momento intentó ser alguien que no es, algo muy diferente a lo que él siempre ha hecho… Eso era más que simple egoísmo, ¿no?

    —Entonces cállate y vamos a por un barco.





    ‘Esta mujer es terriblemente testaruda…’ Al borde del colapso, y sabiendo que Briar podría matarlo en cualquier momento, Midas aceptó ir a por un barco. El objetivo es Rokrund. Si los dos parten desde ese lugar, podrían llegar a Piltóver más rápido de lo que se esperaba en un comienzo, pero como siempre, el camino no será fácil.

    En este momento, un extraño ser del tamaño de cuatro barcos de carga se mueve en las aguas cercanas a Noxus. Sus ojos brillan con un púrpura misterioso y está completamente hambriento.

    —Cuando consigamos un barco, llegaremos a tu casa tan rápido, que no te dará tiempo a darte cuenta. Ah. Y cuando lleguemos, quiero comer algo de la comida de tu ciudad.

    —Sí, sí. Eso haremos…
     
  15. Threadmarks: Episodio 3: “Un viaje interrumpido” Parte 1
     
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    Episodio 3: “Un viaje interrumpido” Parte 1

    Se sintió como un viaje corto para los dos. El pueblo de Rokrund estaba relativamente cerca, pero Midas seguía creyendo que esto no era una buena idea.

    En primer lugar, ambos se veían extremadamente sospechosos. Midas tenía el inhibidor que ataba sus manos y Briar la picota sobre sus hombros. Era demasiado obvio que ambos se escaparon de algún lugar. Si la gente de este lugar no sospechaba nada de ellos, entonces eso quería decir que eran muy tontos.

    En fin. Rokrund tenía una que otra historia sobre el largo legado de conquista de Noxus. Se suponía que la actual general Ambessa tuvo una historia de guerra en este lugar mientras estaba embarazada. Midas lo había escuchado antes de ser encerrado en el Bastión, de ahí la razón por la que pensaba que entrar a este lugar era una mala idea.

    —Si vamos a conseguir un barco, necesitamos dinero para pagarlo. No podemos robarnos uno así como lo hicimos con el mapa.

    Un viaje en barco seguramente tenía un precio de unas veinte monedas de plata si se tenía en cuenta la inflación en los últimos diez años en los que Midas estuvo prisionero. Dos monedas de oro también serían suficientes, pero ahora mismo…

    —Ya veo. No tenemos ni una sola moneda. Somos pobres. ¿Robamos algunas monedas? —dijo ella, con una sonrisa animada en la cara. La idea de robar surgió de ella naturalmente, como si no viera el acto de arrebatarle dinero a otra persona como algo malo.

    Ante la sugerencia de Briar, Midas suspiró pesadamente. Robar no era una mala opción, pero eso ahora no era posible. Para robar se necesitaban unas manos ágiles y libres, y Midas solo cumplía con uno de esos requisitos.

    —Si yo pudiera hacerlo ya lo hubiera hecho. Tenemos que pensar en algo, pero no se me ocurre nada. En primer lugar, debemos pensar en cómo entraremos a Rokrund sin llamar la atención. Yo puedo disimular mi inhibidor, pero contigo es un caso aparte.

    —¿La picota? Hmm… ¿Y si me la quito y entramos al pueblo?

    Con cara de póker, ante la sonrisa inocente de Briar, Midas la miró directo a los ojos y le dijo:

    —No.

    Midas fue testigo de lo que pasaba cuando Briar se quitaba la picota. Él no podía arriesgarse a tener un monstruo sediento de sangre atacando Rokrund. Eso arruinaría todo y se quedarían atrapados en Noxus durante el siguiente mes, eso sí es que lograban salir de Rokrund con vida.

    —Entonces, ¿tienes una idea mejor, Midas? Porque yo soy muy mala pensando en cosas.

    Ella movió las manos en negación.

    Era plausible entrar a Rokrund y conseguir un trabajo que generara dinero rápido, pero las discapacidades de Midas y Briar eran un impedimento. Midas pensó en eso con una expresión seria. Caminó de un lado a otro diciendo:

    —Déjame pensar.

    Las opciones eran nulas. Las probabilidades estaban en su contra y el día apenas comenzaba. No había nada que pudieran hacer.

    ‘Qué problema. Hubiera sido mejor seguir el camino a pie.’ Muy tarde para arrepentirse, este hombre se miró las manos. Observó el metal dorado que subía por sus muñecas y suspiró. Un nuevo pensamiento nació. ‘Pensar que tendría que usar esta maldición para algo tan estúpido… Me hace sentir patético.’

    Lo que Midas había pensado era literalmente el camino fácil. Usar magia. Hay sociedades enteras que consideran la magia como un tabú, algo horrendo y algo a lo que se le debe temer. Midas era consciente de ello, pues incluso su hermana mayor le tenía miedo a la magia. La mayoría de este miedo se debía a una guerra que tuvo lugar en el pasado… [Las Guerras Rúnicas]. Pero no puedes simplemente privar a un mago de su poder, pues en algún momento este deberá usar el maná que fluye por su cuerpo. Para Midas, este era ese momento.

    Sin embargo, el hombre aún temía a su propio poder. Midas estaba decidido a no abrir este inhibidor. Si su poder llegaba a explotar como aquel día, muchas vidas se perderían otra vez.

    ‘Pero si abro esta cosa… Aah… debe haber algo que yo pueda hacer sin abrir el inhibidor.’

    Pensar, pensar, pensar. No había otra cosa que Midas pudiera hacer.

    En ese momento, Briar se aburrió de esperar a Midas, así que comenzó a patear las piedras en el suelo contra los troncos de los árboles. El golpe sonaba como una puerta. Toc, toc, con cada piedra que chocaba contra la madera. Cada golpe hacía que Midas se desconcentrara. Cada “toc” hacía que Midas levantara los hombros con un suave espasmo en respuesta. Y en el sexto “toc”, Midas miró a Briar patear las piedras y tuvo una idea.

    —Briar…

    —¿Uh? ¿Ya se te ocurrió algo?

    Midas miró los pies de Briar. Miró las piedras pequeñas bajo los pies descalzos de la chica.

    —Sí… recoge tantas piedras pequeñas como puedas. Sujétalas en tu mano y acércate a mí.

    —... ¿Qué?

    Para Briar fue una petición sin sentido, pero para Midas era la oportunidad de conseguir dinero sin poner en peligro a los que le rodeaban. Este poder lo tenía traumado, pero iba a usar este trauma para regresar a casa. Es lo que un hombre, no, es lo que una persona decente y cuerda haría. Superar el dolor y sufrimiento a través de sus propias debilidades.

    Era un pequeño paso para superar este trauma, pero sin duda era algo bueno.

    —Está bien, Briar. Hazlo. Te aseguro que funcionará.

    —Si tú lo dices…

    Sin entender bien lo que estaba haciendo, Briar se agachó y comenzó a recoger las piedritas con tamaños similares a los dientes de un niño. A pesar de la misión aleatoria que se le encargó, Briar sintió que buscar piedras pequeñas era divertido. Ella tarareaba mientras recogía las piedras, esperando alguna palabra del hombre que se quedó viendo a la nada mientras pensaba.

    Al ver a Briar haciendo el trabajo sucio, Midas decidió darle un vistazo a los alrededores.

    ‘Sé que va a funcionar, es obvio. Lo que no sé es cómo nos irá cuando entremos a ese lugar. Espero que no haya sorpresas indeseadas…’

    La preocupación de Midas era entendible. Este hombre había estado tratando de tomar el camino más seguro desde que comenzó este viaje. Y más que sentir miedo a la muerte o al sufrimiento durante el viaje, Midas solo quería regresar a casa vivo. Después de eso, incluso si moría, Midas podría morir sabiendo que su hermana mayor estaba bien.

    Claro, morir no era algo que Midas deseara. Al menos, ese pensamiento se esfumó cuando salió de la celda.

    —¡Oye, Midas! ¿Con esto es suficiente?

    Briar tenía cerca de veinte piedritas en cada mano. Midas asintió y ambos se acercaron.

    —Y, ¿ahora qué?

    Ante la pregunta de Briar, Midas estiró los brazos apuntando al suelo y movió los antebrazos de forma que quedó un pequeño agujero donde una piedra del tamaño de un diente pudiera entrar en el inhibidor.

    —Déjalas caer una por una. Creo que pueden caber cinco piedras entre mis manos, así que hazlo.

    —Wow… Creo que ya sé lo que intentas hacer. Se ve divertido. Déjame comenzar.

    Con curiosidad, Briar dejó caer cinco piedras en la mano de Midas. Una que otra piedra se le cayó en el camino, pero realmente no era importante. Lo emocionante estaba pasando entre las manos de Midas.

    Las piedras entraron al inhibidor y, en el momento en que tocaron las manos doradas de Midas, el místico color dorado transformó las piedras. Cada piedra cambió su constitución y los elementos que las conformaban, manchándose de color dorado como si fuera sangre y finalmente transformándose en oro.

    —¿Eso es todo? ¿No hay brillos locos o sonidos místicos?

    —La magia no siempre es tan sorprendente como piensas, Briar. La magia en sí es una de las fuerzas fundamentales del universo. Tiene diversas formas, principios y ramas que se extienden entre los conocimientos de los seres pensantes. Cada forma de magia es diferente. Mi magia, la tuya… la magia de las personas que nos convirtieron en monstruos. Puedes esperar un gran espectáculo de un mago o simplemente algo más modesto como lo que pasa en mi caso.

    —Pero, ¿tienes alguna magia que se vea genial?

    Midas frunció el ceño en muestra de confusión.

    —La magia no existe para verse bien, sino para controlar los principios de nuestro mundo. Claro, habrá magia que será un verdadero espectáculo, pero así son las cosas. No siempre tienes lo que quieres. Ahora veamos el resultado de nuestra magia.

    Al levantar las manos, Midas dejó caer las pequeñas piedras doradas en el suelo.

    —Jajaja. Las piedras se volvieron brillantes. Su brillo es muy lindo.

    Las piedras de oro, tiradas en el suelo, por un instante le recordaron a Midas el día en el que su poder explotó. Antes de quedarse embobado viendo el oro para recordar los traumas, Midas negó con un movimiento de cabeza y se agachó.

    —No son monedas, pero sigue siendo oro. Nos servirá para comprar ropa nueva y unas mochilas en las que llevar nuestras pertenencias.

    —¿Ropa? ¿Qué tiene de malo mi ropa?

    —... Es mejor cambiar nuestra ropa para parecer viajeros reales, eso levantará menos sospechas. Además, tu ropa está rota, Briar, al igual que la mía. También quiero unos zapatos. He olvidado la última vez que usé unos…

    —No quiero ropa nueva. Me gusta mi ropa. Es más, ¡prefiero andar por ahí desnuda que cambiar mi ropa!

    —¿Desnuda? … Briar, por favor, no hagas eso… —La cara de Midas se encendió en rojo carmesí. La vívida imagen de ese momento en la cueva regresó a su mente con total claridad. A pesar de que él había tenido la suerte de olvidar ese momento, lo que Briar dijo se lo recordó.

    —¡Jajaja! ¿Qué le pasa a tu cara? ¡Se puso roja! ¿Eso es parte de tu magia?

    Midas solo cerró la boca. No valía la pena seguir con el tema. Briar era demasiado espontánea para su gusto, tanto que a veces se volvía agobiante. Claro, Midas no odiaba eso, pero se necesitaba un estómago de acero para digerir estos momentos.

    En fin. Midas siguió con el trabajo de generar dinero gratis. Era bastante conveniente tener el poder de convertir en oro todo lo que tocaba, lo malo es que eso venía con muy grandes desventajas.

    Al terminar el trabajo, Midas arrancó parte del extremo de la capa de Briar. Usando los dientes y la ayuda de las manos libres de Briar, amarraron el trozo de tela para convertirlo en una pequeña bolsa. Ahí iba el dinero.

    Con eso listo, ambos finalmente entraron a Rokrund. Este era un antiguo asentamiento costero, bañado por oscuras y brumosas aguas que rompían contra la costa. A lo lejos se podían ver barcos y botes en el mar, seguramente de pescadores y viajeros.

    Rokrund no era realmente un lugar que tuviera influencia de la milicia de Noxus, por eso, el primer vistazo que Briar y Midas se llevaron fue el de un gran pueblo tranquilo en las costas de Noxus. El cielo azul despejado rompía completamente con el clima que estos dos vivieron en los últimos días. Además, parecía un sueño ver señales de civilización después de esos pocos días.

    Al pasar por la entrada de Rokrund, ambos fueron recibidos por una gran bestia de grandes colmillos y orejas pequeñas, llena de cicatrices. Esta criatura, una tuskbeast, más parecida a un elefante, miró a Midas a los ojos. Al recibir la mirada extraña de la enorme bestia, el cuerpo de Midas se puso rígido como una roca. Él no esperaba encontrarse con una bestia así; además, al ser una criatura bastante intimidante, Midas no pudo evitar sentir miedo.

    —¡Awww! ¡Eres adorable! —gritó Briar detrás del oído de Midas. Acto seguido, se acercó al elefante para acariciarlo. —¡Mira lo grande que es este tipo, Midas!

    Ella se veía como una niña en una dulcería, pero para Midas esto fue diferente. Él se veía asustado y Briar rápidamente se dio cuenta de eso. Era como si ella pudiera oler el miedo o algo así.

    —¿Midas? Te ves como un espantapájaros. No me digas que le tienes miedo a esta adorable abominación. Es tan lindo que me dan ganas de comérmelo.

    Parecía una broma, pero Briar, desde el punto de vista de Midas, también cumplía a la perfección con la descripción de una “adorable abominación”. Y ahora que se dio cuenta de eso… ‘Es cierto. He estado viajando con alguien peor que una tuskbeast. Ni siquiera sé por qué me asusté tanto…’ Se aclaró la garganta para contestar a las palabras anteriores de Briar.

    —No. No le tengo miedo. Es solo que me sorprendió ver una bestia que es usada en la guerra, no debería estar aquí. Normalmente estas cosas siempre tienen armaduras muy pesadas y hay soldados a sus espaldas.

    —¡Ooh! Es cierto. He visto a estos tipos en el campo de batalla. Yo pensaba que eran robots zombis…

    —Lamento romper tus suposiciones, señorita misteriosa —dijo una voz de repente. Era la voz de un hombre mayor, un anciano.

    Frente a la primera cabaña costera que se podía ver al entrar a Rokrund, un hombre apareció. Era un hombre viejo, sosteniéndose de su bastón. Midas frunció el ceño al ver que el anciano tenía prótesis metálicas en uno de sus brazos y ambas piernas. Además, este tipo estaba cubierto de cicatrices, al igual que la tuskbeast.

    Midas se puso a la defensiva, olvidando por completo que una bestia que seguramente pesaba doscientas veces más que él estaba a su lado.

    —Y, ¿usted es?

    El anciano respondió con calma.

    —Soy un viejo entrometido. Me da curiosidad saber de dónde se escaparon ustedes dos. Las noticias vuelan, al menos para mí.
     
  16. Threadmarks: Episodio 3: “Un viaje interrumpido” Parte 2
     
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    Episodio 3: “Un viaje interrumpido” Parte 2

    La respiración de Midas se detuvo. Un sudor frío cayó por su frente y la necesidad de huir se encendió en su corazón.

    —Briar… Tenemos que irnos de aquí… —dijo él, con una voz temblorosa. Midas ya se esperaba que fueran descubiertos, pero no tan rápido. No le quedaba más que salir corriendo junto a su compañera.

    —¿Eh? ¿Por qué? Acabamos de llegar.

    Briar no entendía la situación. Esto era malo para ambos.

    Frente a los ojos de Midas, el anciano se veía como un viejo zorro astuto. Su piel arrugada y las cicatrices en su rostro mostraban su experiencia en la vida y su cabeza calva oculta por un sombrero negro le hacía verse como un mafioso.

    —Jajaja. No te asustes, muchacho. No dije eso con malas intenciones. —Negó con un movimiento de su mano prostética. —Ya es normal que gente que se escapó de algún lugar pase por este pueblo —su voz era suave, pero severa. Sus ojos del color de la plata y su sonrisa de anciano inocente generaban desconfianza. Con las manos detrás de la espalda, se acercó a la tuskbeast. Levantó su temblorosa mano metálica y acarició a la bestia, y esta, en respuesta, resopló con su trompa.

    —¿Sabes quiénes somos? —preguntó Midas, con el ceño fruncido y un tono de voz cauteloso. El cabello largo que casi le cubría la cara bailó con el viento.

    —No.

    Una respuesta rápida y concisa de parte del anciano. Midas levantó las cejas confundido, pues el viejo había dicho cosas que sonaban sospechosas. No tenía sentido, pero Briar, en su inocencia, tocó a la tuskbeast con la mano para interrumpir la conversación. Obviamente, interrumpir no es algo que Briar hizo a propósito.

    —Oh. Ella es Águila, mi vieja compañera de guerra. ¿No es adorable?

    —Jajaja. ¡Es muy linda!

    El hecho de que Briar se estuviera tomando la situación con tanta calma hizo que Midas se sintiera consternado. Este viejo sabía cosas y Midas no quería dejarse llevar por la misteriosa amabilidad de esta persona. La actitud del anciano fue amable y calmada en todo este tiempo. Era demasiado sospechoso.

    —Briar, aléjate de esa cosa. Nosotros ya nos vamos. No tenemos nada que hacer aquí.

    El anciano fue astuto, justo como su apariencia lo mostraba.

    —No te pongas nervioso y te vayas así sin más, muchacho. La milicia casi no trabaja cerca de Rokrund. Ustedes dos estarán bien unos días si deciden quedarse. Sea lo que fuere que vayan a hacer aquí, siempre y cuando no sea una molestia para los demás, estará bien.

    —Eso suena sospechoso. No… suena peligroso.

    —Eres un muchacho muy desconfiado. Debo suponer que no tuviste una infancia donde pudieras confiar en otras personas. Tiene sentido, lo sé. Este saco de huesos aparece de la nada y comienza a hablarle a los viajeros. Es raro, ¿no creen?

    —Insinuaste que sabes de nosotros…

    —No mentí respecto a eso. Ya estoy un poco senil, pero para un veterano como yo, obtener información no es tan difícil. Sucedió recientemente. Alguien se escapó del Bastión Inmortal y nada más ha pasado desde entonces. Debo suponer que son ustedes. Solo hay tres direcciones a las que puedes ir si escapas de la capital: las costas de Noxus, Freljord o ir en altamar en dirección a Jonia, pero me sorprende lo rápido que llegaron aquí.

    —¿Supiste de nosotros con tan poca información…?

    —No es algo para presumir. Además, a tu amiga parece gustarle estar aquí.

    Ambos miraron a la tuskbeast. La bestia usó su larga trompa para levantar a Briar de la picota. La chica se reía mientras la bestia la balanceaba de un lado a otro.

    —Aah… Así es ella. No obstante, quiero saber cómo te enteraste de lo que pasó hace unos días.

    El anciano se quedó en silencio por unos segundos. Luego, le dio la espalda a Midas y chasqueó los dedos. Con eso, la tuskbeast usó su trompa para subir a Briar a su lomo.

    —Demos un pequeño paseo. Estoy viejo, pero aún tengo la fuerza de un muchacho.

    Desconfiado y con la mirada furtiva, Midas caminó detrás del anciano. Después de unos pocos metros, el anciano comenzó a hablar.

    —Solo soy un anciano retirado. Yo era soldado en el frente del ejército noxiano. De vez en cuando uno de mis nietos aparece para darme información. Y si te sorprende que me haya retirado, pues… huí del campo de batalla hace ocho años. Me arrancaron las piernas y perdí uno de mis brazos. Águila me llevó hacia mi hijo y ahí fue donde terminó mi legado en la guerra. Ya no sirvo más. Ahora soy un hombre viejo que recibe de vez en cuando a los viajeros y les cuenta la misma historia. Y luego les cobra una buena cantidad de dinero.

    —... ¿Qué?

    —Jajaja. Eso último era una broma. Pero si quieres pagar, no es broma.

    —¡Oye, Midas! ¡Sube aquí! ¡Todos se ven más pequeños desde la espalda de esta lindura! —gritó Briar.

    Midas la vio con una sonrisa torcida, sin siquiera saber qué hacer, luego la ignoró mientras ella se reía y saltaba sobre el lomo de la tuskbeast. La expresión en su rostro se volvió más rígida al darse cuenta de que había caído en el cuento de este anciano y había entrado al pueblo.

    Ciertamente no hay nada más que hacer y este anciano, aunque sospechoso, parecía querer ayudarlos. Aunque eso mismo era lo que lo hacía verse sospechoso. Midas miró los alrededores. Los lugareños parecían ser indiferentes ante la presencia de la tuskbeast y sus acompañantes.

    ‘Tengo que hacer algo al respecto.’ Pero todo está en su contra.

    Entonces, el anciano sin nombre preguntó:

    —Dime, muchacho. ¿Qué es lo que quieres en este lugar?

    Mantuvo el silencio por unos segundos mientras pensaba. Entonces, él respondió cabizbajo:

    —... Solo pasamos por aquí para comprar suministros y contratar los servicios de un barco. Quiero regresar a mi casa…

    —Oh… No hay nada como el hogar… —parecía comprensivo al respecto. —Aquí hay todo lo que necesitas. Pero si quieres esa información sí que te va a costar.

    —Esta vez no es una broma, ¿no?

    —Me temo que no. Debo hacer algo para ganarme la vida. Además, nada en esta vida es gratis. Estas piernas falsas son la prueba de ello.

    Era entendible. Incluso confiar en las palabras de este viejo era mejor que regresar a la celda. Además, si se trataba de dinero, Midas era una granja de oro.

    —Ya veo. Si ese es el caso, quiero que me digas los lugares en los que puedo encontrar ropa y provisiones para unas semanas. Si sabes de alguien que pueda hacer ropa a medida, sería perfecto.

    —Estás con la persona indicada, muchacho. Sígueme. Te prepararé un mapa y algunas cosas que te van a servir.

    Este viejo ya podía escuchar el sonido de las piedras de oro.

    ***

    Luego de una negociación rápida y después de darle toda la bolsa de oro al anciano, Midas tenía un nuevo mapa limpio y las direcciones a las que tenía que ir para conseguir los suministros. Además, el anciano le “regaló” una mochila y una capa nueva. Midas también aprendió un poco sobre los horarios de las embarcaciones así que todo estaba listo.

    —Maldito viejo estafador… Me cobró el paseo de Briar en la tuskbeast…

    Eso último era lo que más oro le había costado. Sin embargo, ahora tenía información valiosa. Una de las cosas que el anciano le dijo es que nadie los atrapará en este lugar debido a que las fuerzas militares de Noxus se están movilizando hacia Jonia y Freljord para invadirlos. Se supone que el gobernante de Noxus quiere conquistar esas dos naciones.

    Por ahora, ambos están a salvo en este lugar.

    —Se nos acabó el oro, Briar. Vas a tener que recoger más piedras pequeñas. —Midas ni siquiera le reprochó nada a Briar, quien caminaba a su lado mirando a la gente, solo aceptó que se habían quedado sin dinero.

    —¿Qué esperamos? ¡Vamos rápido! ¡Jajaja!

    Briar se adelantó y Midas dejó salir un suspiro cansado. El susto que se llevó antes aún lo tenía preocupado. A pesar de que no podía confiar completamente en las palabras del anciano, parecía que nada de lo que había dicho era mentira.

    Asegurándose de conseguir todo el oro posible, Briar y Midas dieron un largo paseo por Rokrund. Las direcciones que el anciano le dio a Midas eran fáciles de seguir, por lo que el primer lugar al que fue se trataba de la sastrería de una mujer. Allí Midas compró ropa nueva, y cerca del negocio de esa mujer, encontró unos zapatos y otra mochila de viaje para Briar. La ropa nueva hizo que Midas se viera más limpio y ordenado. A pesar de que el diseño de la ropa era parecido al que ya tenía, la vestimenta tenía más accesorios. Tenía dos correas en la cintura para sujetar todo tipo de cosas, armas o una bolsa de dinero. El color seguía siendo negro, una camiseta y pantalones cortos hasta las rodillas, con vendajes que aseguraban sus músculos para largos viajes. Con la ayuda de la mujer, el cabello de Midas ahora estaba atado con una vaga cola de caballo. Sus ojos ámbar eran más notables ahora y su apariencia juvenil resaltaba más. A pesar de tener 27 años, Midas seguía luciendo bastante joven luego de arreglarse.

    Briar, por otro lado, no quiso cambiar su ropa así que no tuvieron más opción que pedirle a la mujer que arreglara la ropa de esta chica. La reparación de la blusa de Briar fue rápida y efectiva, por lo que no perdieron el tiempo. Luego Briar no quiso usar zapatos, por lo que Midas no insistió más y simplemente continuaron con su camino.

    Con eso listo, Midas también buscó algunas herramientas que fuesen útiles. La más importante fue un cuchillo pequeño. Aunque no puede usar el cuchillo con las manos, aún puede usarlo con los dientes. Eso facilita muchas cosas en el viaje.

    Siguiendo con el viaje, Briar se divirtió corriendo de un lado a otro incomodando a la gente. Mientras tanto, Midas habló con uno de los dueños de un barco en el puerto, donde más barcos se extendían por el agua, llenando el paisaje costero. Le explicó la situación al capitán del barco y le mostró la bolsa de oro. Claro, fue Briar quien andaba sosteniendo el dinero, pues las manos de Midas estaban ocupadas. Al ver tanto dinero en una bolsa de oro, el capitán del barco aceptó enseguida.

    Asegurándose su pasaje en barco, Midas fue a comprar comida para la semana. El viaje en el barco será mañana temprano cuando el sol salga en el horizonte. Lo último que necesitaban era un lugar donde quedarse esta noche.

    ‘No ha pasado nada relevante… Ni siquiera la gente de este lugar me mira con ojos extraños. La mujer a la que le compré la ropa no se inmutó por mi inhibidor o la picota de Briar.’ Parece que, para la gente de este lugar, recibir viajeros de todo tipo era algo normal.

    Midas se sintió más tranquilo.

    —Briar, deja a la pobre gaviota en paz. Vamos a buscar un lugar para dormir esta noche.

    Briar estaba persiguiendo a una gaviota, pero Midas la llamó así que ella se acercó a él de inmediato.

    —Interrumpes la diversión de la gente. ¡Eres arrogante!

    Ella hizo un puchero, pero Midas torció los ojos y le dio la espalda, caminando en dirección al centro de Rokrund mientras contestaba.

    —Huh. Miren quién habla. En fin, busquemos una posada. Hoy vamos a cenar comida decente.

    —¿Comida decente? Pero la carne cruda es comida decente. Es deliciosa, jugosa y sangrante. Jejeje. Se me está haciendo agua la boca con solo pensarlo.

    Midas ignoró eso y, al asegurarse de comprar todo lo necesario y pasar toda la tarde caminando, terminaron el camino en una posada cerca de la costa.

    En un principio Midas quería pedir dos habitaciones separadas, pero Briar insistió en que debían estar juntos. Ante la sonrisa feliz e inocente de la chica, Midas no pudo negarse. Él sintió que era débil con las chicas adorables… Al final escogieron una habitación grande con dos camas. El lugar estaba limpio y cálido, con linternas tenues que borraban la oscuridad. Había una ventana que mostraba el océano y la luz del ocaso entró por esa misma ventana, dando comienzo a la penumbra de la noche.

    Con ayuda de Briar, Midas se desabrochó la mochila y se quitó la capa, dejándolas en el suelo. Midas también le ayudó a Briar a hacer lo mismo, solo que ella ya no tiene una capa cubriéndola. Las mochilas estaban llenas y el viaje se veía prometedor. Un aire de tranquilidad invadió el corazón roto de Midas.

    —Finalmente… Un lugar en el que puedo sentirme seguro —susurró Midas, tirándose de cara en la cama. Sus pensamientos fueron rápidamente interrumpidos por Briar.

    El lugar estaba enteramente hecho de madera. Como Briar se puso a saltar en la cama, la madera comenzó a rechinar. Midas la vio con cara de póker otra vez.

    —Esto es divertido, Midas. Esta cosa rebota mucho. Deberías intentarlo.

    —No me hace falta. Yo me voy a dormir. Tú deberías hacer lo mismo. Mañana tenemos que irnos otra vez.

    —Sí, sí. Barco, casa, felicidad. Lo entendí todo.

    El día terminó. Las luces se apagaron y todo llegó a su fin. Midas se recostó en la cama y, desde ahí, miró por la ventana. El cielo oscuro que se cernía sobre todo parecía irreal. Todo parecía un sueño, pero no lo era.

    Midas y Briar son libres.
     
  17. Threadmarks: Episodio 3: “Un viaje interrumpido” Parte 3
     
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    Episodio 3: “Un viaje interrumpido” Parte 3

    Después de una hora entera, Briar finalmente se había quedado dormida. La chica ahora estaba con la cara sobre la almohada, con las piernas estiradas sobre la sábana, la cual ya se estaba arrastrando por el suelo. Parecía que esa era la única forma en la que ella podía dormir en una cama.

    ‘Esta chica es un desastre… ¿En serio puede respirar con la cara en la almohada?’ pensó Midas, con un atisbo de preocupación.

    Si se tratase de Midas, él ya se habría ahogado en unos segundos, pero Briar es diferente. Es más, ella ni siquiera necesita dormir, pero aún así lo hace, y cuando duerme, es muy difícil despertarla.

    Midas, que la miraba desde la comodidad de su cama, suspiró cansado y se dio la vuelta mientras se abrigaba con el cobertor. Miró el cielo por la ventana y cerró los ojos.

    Dispuesto a dormir, dejó todas las preocupaciones de lado. Mañana será otro día y las cosas serán mejores. Él quiso convencerse de que todo sería mejor. Su mente se manchó de oscuridad y entonces se quedó dormido.

    Esa noche Midas escuchó la voz de su madre y tuvo recuerdos de su infancia junto a ella y Maissa. Solo fueron voces que le susurraron, pero fue suficiente para hacerle saber que faltaba poco para regresar a casa.

    ***

    Temprano por la mañana, Midas ordenó todo lo que iba a necesitar en el viaje. Las mochilas estaban llenas de suministros y ropa, al menos su mochila, pues la mochila de Briar estaba llena de botellas con sangre. Midas decidió comprar toda esa sangre porque temía que Briar pudiera perder el control. Al menos así, ella tendría algo con que saciar su hambre, sin importar si se trataba de sangre de animales.

    Bueno, esta chica no es quisquillosa con la comida. Eso es bueno, de una forma perturbadora.

    Lo único que faltaba era despertar a Briar. La posición en la que ella estaba durmiendo se veía dolorosa. Es como cuando le rezas a algún dios a la orilla de la cama, solo que con la cara en el colchón y las rodillas en el suelo.

    —No debería seguir sorprendiéndome por estas cosas —masculló Midas. Después de ver dormir tantas veces a esta chica, ya se había acostumbrado a verla adoptar posturas inhumanas. —Briar, despierta. Tenemos que irnos o el barco nos dejará.

    Las orejas de murciélago de Briar se movieron ante la voz de Midas, como un breve espasmo. Ella solo hundió más la cara entre las sábanas y siguió durmiendo. Al ver esto, Midas sintió un suave dolor de cabeza. Como todos los días, esto iba a ser difícil.

    Midas intentó las mismas cosas que suelen despertar a Briar. Primero le habló al oído con un tono de voz neutral.

    —Briar. Briar. Briar. Briar. Despierta. Despierta. Despierta. Despierta.

    Este hombre no iba a admitirlo, pero se le hacía divertido ver cómo las orejas de Briar se movían cada vez que le hablaba de cerca. Estuvo así unos pocos minutos. Cuando eso no funcionó, él intentó tocarle la espalda a Briar con el inhibidor. El inhibidor es pesado y frío, por lo que un toque leve de esto despertaría a cualquiera, pero no a Briar.

    Ella solo dejaba salir una suave risa somnolienta, lo que molestaba a Midas.

    —Briar, no quiero repetir esto por el resto de mi vida. Tenemos que irnos. Despiértate o te dejaré tirada.

    Eso no iba a funcionar. Ni siquiera una amenaza tan vacía era rival para el sueño pesado de Briar. Así que Midas, con un extraño aire de tranquilidad, se sentó junto a Briar y se quedó mirando a la ventana. Se quedó mirando tan profundamente el cielo oscuro, que lentamente comenzaba a iluminarse con el sol, que entonces…

    —¿Qué se supone que estamos mirando? —preguntó Briar, quien ahora también estaba sentada junto a Midas.

    ‘Qué hilarante…’ Él quería creer que esto era una broma. Miró a su costado sin una expresión en su rostro.

    —Nada en especial. Ya tenemos que irnos. Te ayudaré a recoger tu mochila.

    —¿Ah? ¿Qué? ¿Tan rápido? Apenas me despierto. Vayamos a cazar el desayuno.

    —Comeremos en el barco, así que prepárate —se levantó y se acercó a la mochila en el suelo. —Vamos.

    —Huuh… Ya voy…

    Con pesar, quejándose como una niña mimada, Briar se levantó de la cama y se acercó a la mochila. Allí mismo, Midas agarró la mochila usando el inhibidor como un gancho para ropa y la levantó poniéndola sobre la cama. Briar se dio la vuelta y Midas desabrochó los ganchos de la mochila con los dientes para hacer que Briar se ponga la mochila.

    Cuando terminaron, Briar ayudó a Midas y ambos salieron de la posada. Caminaron por Rokrund con destino al puerto mientras la actividad en el lugar comenzaba a aumentar con la luz del sol.

    —♪El sol ya salió, el día comenzó. ¿Qué deberíamos hacer hoy? No lo sé, no lo sé♪

    Briar cantó mientras daba pequeños saltos al caminar. Midas la miró y pensó en lo infantil que es esta chica.

    Él intentó ignorarla hasta llegar al barco.

    De pronto, una voz los saludó.

    —¡Buenos días, jovencitos! ¿Ya se van?

    Era el mismo anciano del día anterior. Él estaba junto a Águila, quien sopló con su trompa provocando mucho ruido.

    Midas susurró con una expresión de molestia: —Viejo estafador—, pero luego sonrió como para que no se dieran cuenta de la cara de enojo que puso un segundo antes.

    —Apresúrate, Briar —dijo, para alejarse de ahí lo más rápido posible.

    Lo malo es que Briar lo malinterpretó.

    —¿Qué? ¿Quieres competir para ver quién llega primero? ¡No se diga más!

    —Eso no es lo que dije. ¿Briar? —ella había desaparecido. Midas, al mirar a la lejanía, se percató de que Briar se alejaba corriendo. —¡Oye! ¡Espérame! ¡¿Por qué siempre me haces lo mismo?! —y no tuvo más opción que seguirla corriendo.

    ***

    En el puerto, Midas estaba tirado en el suelo sobre su propia mochila. Él respiraba con dificultad mientras el sudor caliente como el infierno se le escurría por la frente. Como siempre, a su lado estaba Briar, solo que ahora ella le estaba soplando a Midas para que pudiera sentirse más fresco.

    —No hagas eso, te apesta la boca.

    Decirle eso a una mujer no era nada amable, pero Briar es completamente ajena a esa clase de pensamientos, así que no le importó el comentario de Midas y siguió soplando.

    —No entiendo cómo puedes ser tan lento y cansarte tan rápido.

    —Pregúntale eso al tipo de dos metros que casi nos mata.

    Lejos del comentario de Midas, los marineros que subían al barco se quedaron viendo la comedia que estos dos estaban mostrando. En cuanto al barco, no era muy grande, pero se veía robusto y resistente. No se puede esperar mucho de un barco de carga de una ciudad pequeña como Rokrund, después de todo.

    —¡Oigan, cangrejos de agua dulce!

    El capitán del barco, un hombre bronceado y musculoso de entre unos cuarenta y cincuenta años, levantó su mano desde la cubierta del barco. Se veía tan intimidante con su voz ronca y las cicatrices en su cuerpo que mostraban aún más de lo mismo.

    —¡Dejen el coqueteo para después y suban ahora!

    Midas y Briar se vieron entre sí.

    —¿Coqueteo? ¿Qué es eso, Midas?

    —Nada importante. Ya tenemos que irnos. Apresúrate.

    Midas se apresuró a ponerse de pie y se subió al barco caminando por la plataforma. Briar, por otro lado, frunció el ceño enojada. Ella empezaba a creer que Midas le ocultaba demasiadas cosas. No saber algo era molesto para Briar así que hoy ella quería aprovechar para bombardear a Midas con mil preguntas.

    —Entonces… —al subir al barco, Midas miró al capitán y le habló. —¿Nueve días de viaje?

    El hombre lo miró como si Midas tan solo fuese una piedrita en el suelo.

    —Ni más ni menos, mocoso. Es lo que dije ayer.

    —¿Mocoso?

    —Te ves como uno. Ahora déjame recordarte lo que dije ayer porque parece que tienes el cerebro de un pollo y… —miró las piernas de Midas y luego lo miró a los ojos. —y las piernas de uno.

    —¿Pollo…?

    Ciertamente, el capitán tenía esta clase de personalidad. Era un hombre duro del océano y se notaba demasiado. Además, era demasiado grosero, incluso con su tripulación.

    —Jajaja. Este barco se mueve mucho. Me hace sentir que todo da vueltas.

    Cuando Briar subió al barco después de Midas, el capitán la miró.

    —Huh. La niña ruidosa. Tenemos un lugar para ti.

    Briar levantó la mirada para ver al capitán, quien era incluso más alto que Midas.

    —¿Para mí? ¿En serio? ¿Y eso dónde está?

    —Ya verás. ¡Tiana! —gritó el capitán.

    El grito fue tan fuerte que Midas y Briar levantaron los hombros con dolor de oídos, el suelo de madera de la cubierta del barco tembló levemente y las aves que rondaban por la zona huyeron despavoridas.

    Luego del grito, de las diferentes puertas que estaban repartidas por la cubierta del barco, salieron volando siete pedazos de tela que se juntaron en una sola al lado del capitán. La tela fina, sedosa y del color de la noche, se transformó en una mujer encapuchada de cabello azul oscuro. Sus ojos verdes en la oscuridad de su capucha generaban mucho misterio en su presencia. Ella usaba botas negras altas con tacones planos de un centímetro de alto y unos pantalones de cuero marrón ajustados.

    —¿Ahora qué quieres, viejo arrogante? —preguntó Tiana, con una voz femenina, pero severa. Se notaba la molestia en su tono de voz.

    —Llegaron los clientes, idiota —el capitán no cambió su forma de hablar, ni siquiera con la joven chica que respondió al nombre de Tiana. —Muéstrale a esta enana su lugar. Yo me encargo del flacucho.

    ‘Flacucho… ¿Cuántas veces me va a insultar este viejo?’ Para este momento, Midas no sabía ni por qué estaba aquí. Solo le quedó quedarse callado. Después de mucho tiempo en una celda, aún era muy difícil hablarle a la gente sin sentirse fuera de lugar, además, también era muy difícil refutar esos insultos.

    De repente, Tiana se acercó a Briar y la miró por un segundo.

    —Nombre.

    Briar estuvo confundida.

    —¿Qué?

    —Tu nombre.

    —Ah, eso. Soy Briar. Un placer conocerte.

    —Briar, eh. Sígueme. Alejémonos de estos monos.

    Tiana le dio la espalda a Briar y se alejó de la escena. Mientras tanto, Briar inclinó la cabeza confundida. Ella no entendió nada de lo que pasó. Miró a Midas como si estuviera buscando una explicación, pero Midas no respondió la pregunta, pues dijo algo diferente.

    —Ve un rato con ella. Pero recuerda: no ataques a nadie.

    Briar sonrió. Aunque no entendía bien los hechos, pensó que esta era una oportunidad para hacer nuevos amigos.

    —¿Cuándo he roto una promesa?

    —Te haré una lista de eso más tarde.

    —Entonces me voy. Chao, Midas.

    Ella era como una tormenta. Tan pronto se le presentó la oportunidad de socializar con otras personas, Briar aprovechó eso y desapareció en un pestañeo. En el camino se le olvidó que hoy iba a ser un día de preguntas para Midas.

    ‘¿Qué voy a hacer con este desastre de mujer?’ Al pensarlo detenidamente, Midas empezó a preocuparse de que Briar causara problemas aquí en el barco y en Zaun. Bueno, en Zaun ella sería más normal que en otros lugares, por más extraño que parezca.

    —¡Mocoso! —el grito del capitán trajo de regreso a la realidad a Midas. —Si ya terminaste de verle el trasero a tu extraña novia, tenemos que ponernos en marcha.

    —¿Qué? Yo no-

    —¡Cállate! ¡No perdamos más el tiempo! ¡Ahora te recordaré los horarios de nuestra tripulación!

    Midas la iba a pasar mal en este viaje. Parecía que nadie lo tomaba en serio, pero eso por un lado era algo bueno, pues al estar con diversos y constantes temas en la mente, eso le hacía olvidar todo el horror que vivió en los últimos 17 años.

    ***

    El capitán le explicó muchas cosas a Midas sobre cómo se vive en altamar. Midas lo entendió todo y asintió sin decir nada. A su alrededor toda la tripulación ya estaba lista para zarpar así que elevaron el ancla e izaron las velas.

    El viaje a Piltóver había comenzado. En los primeros minutos, Midas estaba al frente de la cubierta junto al capitán. Ambos miraban el mar en silencio y, detrás de ellos, había mucho ruido por parte de Briar y Tiana. Esas chicas parecían hablar de muchas cosas animadamente.

    —Escucha, mocoso. No sé de dónde se escaparon ustedes dos. Tampoco voy a preguntar. Lo que estoy haciendo es mi trabajo y solo eso. Por eso, los problemas en los que estés metido no tienen nada que ver con nosotros.

    —Lo sé. Si algo pasa, será mi responsabilidad —respondió Midas con determinación.

    —Ya estás hablando como un hombre, mocoso. Solo quería aclararte eso.

    —Sí… Y deja de llamarme mocoso. Tengo 27 años.

    —¿Qué…? —levantó las cejas sorprendido. —Mentiras. Te ves tan joven como mi hija. Pensé que tendrías apenas 20 años. Lo que dices son tonterías. No tienes que mentir con tu edad. Es mejor si eres un mocoso estúpido.

    Ante la sorpresa del capitán, Midas miró el océano. Su mirada estaba vacía por un segundo. Los gritos de un niño resonaron en su mente, pero cerró los ojos con fuerza y calmó esos gritos.

    —No estoy mintiendo. Lo digo en serio… —su voz fue demasiado seria como para ser una mentira.

    El capitán, al ver la expresión en la cara de Midas y al escuchar su tono de voz, entendió que era él quien ahora estaba siendo grosero. Levantó su pesada mano y le dio una fuerte palmada en la espalda a Midas.

    —Bueno, la vida te ha tratado bien, al menos en apariencia.

    —Sí… claro…
     
  18. Threadmarks: Episodio 3: “Un viaje interrumpido” Parte 4
     
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    Episodio 3: “Un viaje interrumpido” Parte 4

    Él exploró los rincones del barco en busca de algo para entretenerse, pero no encontró nada en especial. Midas solo pudo ver el agua en silencio mientras los demás tripulantes hacían su trabajo.

    El capitán seguía gritando, caminando de un lado a otro. El hombre de vez en cuando golpeaba a alguno de sus camaradas con una fuerte palmada en la espalda, algo que Midas no entendía muy bien. Bueno, fue él quien se llevó una palmada en la espalda hace unos minutos.

    ‘Todos están muy bien coordinados. Saben lo que hacen y eso es sorprendente.’ Ciertamente era interesante ver el trabajo de estas personas del océano.

    Entre los tripulantes estaba una mujer de unos cuarenta años, vestida como si fuera una especie de pirata. En su cinturón la mujer llevaba un arma de chispa que se veía pesada, como un revólver de cañón exageradamente grande. Ella tenía un gran sombrero negro con una gran pluma roja y su cabello negro atado con una coleta suelta parecía ondear con el viento. Ella ahora mismo estaba leyendo un mapa junto a otro tripulante.

    —¿Ella es la navegante de la tripulación? —se puso a divagar con su propia pregunta, sin quitarle la mirada de encima a la mujer.

    De repente, sintió una fuerte palmada en la espalda. Arqueó la espalda con dolor y miró hacia atrás con una reacción inmediata.

    El capitán estaba allí, sonriendo a pesar de que antes había sido muy severo y agresivo.

    —Así es, mocoso. Mara es nuestra navegante estrella. Es una mujer con mucho conocimiento y experiencia. ¿Acaso te interesa? Porque déjame decirte que ningún hombre, mujer o lagarto ha podido con ella.

    —Ugh… No me interesa ella —se quejó, incorporándose con la espalda recta. —Estaba pensando en las cosas que ella podría saber.

    —Conque es eso, eh —se rascó la cabeza casi calva. —Si conocimiento es lo que quieres, no seas tímido y ve a hablarle. Solo te recomiendo una cosa: no te acerques a ella por la espalda ya que su instinto es demasiado fuerte y puede reaccionar de forma violenta. Debo suponer que no quieres que una bala te atraviese el cráneo.

    Un escalofrío recorrió la espalda de Midas. Con una risa nerviosa, agachó la cabeza.

    —Jeje… Claro.

    Nervioso, se acercó a ella con cautela. El marino que antes estaba junto a la mujer se había ido, por lo que Midas había aprovechado eso. Como la mujer estaba sentada en un barril pequeño, ella notó la presencia de Midas muy rápido. Sus ojos negros eran calculadores y aterradores, pero la apariencia de una hermosa mujer adulta eclipsaba por completo su mirada aterradora.

    —¿Qué necesitas de mí, cliente? —preguntó ella, con un suave gesto de su mano, la cual sostenía un pedazo de carbón que le manchó los dedos. —¿Quieres saber dónde estamos? Porque eso es muy fácil de responder.

    —Uh… Bueno, yo… —su voz se ahogó por un momento. Se tomó un respiro para poder articular sus palabras. Al final de todo él es un adulto, por lo que no podía seguir actuando tan temeroso con todo lo que está frente a él. —Tengo un mapa terrestre del mundo y sé cómo leerlo, pero me preguntaba si podrías explicarme cómo se lee un mapa del océano…

    —Entiendo. Eso no es algo difícil así que toma asiento, cliente. Por todo el oro que nos ofreciste, no tengo ningún problema en explicar algunas cosas.

    Midas mostró una leve sonrisa de alivio.

    —Te lo agradezco.

    A diferencia del capitán, Tiana o el resto de la tripulación, esta mujer parecía la más calmada y amable de todos. Incluso si la mirada de esta mujer parecía una sentencia de muerte, las apariencias pueden engañar a cualquiera.

    Con un suave gesto de su mano con el carbón sobre un punto del mapa, trazó una pequeña línea entre un punto y otro. Sobre el mapa había algunas herramientas de medición.

    —No hace falta agradecer. Solo necesito que me digas tu nombre. Ya sabes, para poder comunicarnos mejor.

    —Por supuesto —asintió. —Me llamo Midas. No tengo apellido así que ese sería mi nombre completo.

    Ella asintió.

    —Tu nombre es extraño, pero suena bien. Yo soy Kalika, navegante y pistolera. No tengo una tarjeta de presentación que ofrecerte, pero si quieres mis servicios y puedes pagarlos, ya sabrás dónde encontrarme. No fallaré ninguna bala —dijo ella, dándole una pequeña palmada al revólver en su cinturón.

    Kalika es una mujer de Aguas Estancadas que está en el negocio. Aunque, de hecho, muchas personas están en el negocio, toda la tripulación es parte de eso, pero también trabajan como transportadores de mercancía y personas. En cuanto al negocio, es obvio que se trata del negocio de matar gente.

    Midas tuvo que hacer como que no escuchó eso porque, para él, matar a otras personas es un acto que repudia desde lo más profundo de sus entrañas. La muerte era de por sí su más grande trauma.

    ***

    Unos minutos antes, mientras Midas hablaba con el capitán, Briar estaba viviendo su propia aventura al otro lado del barco. Sin saber qué hacer con exactitud, ella siguió a Tiana, mirando a los tripulantes en el camino.

    —Todo esto me recuerda a las hormigas que Midas y yo vimos antes. Todos eran como un ejército trabajando juntos.

    —Así es como funciona esto, chica —respondió Tiana, dándole la espalda a Briar. —Somos personas del océano y tenemos que aprender a trabajar juntos si no queremos morir. Ahora… —se detuvo cerca de la vela del barco. —Lo único que deberías saber en este momento es que todos estos tipos son idiotas. Idiota del trapeador, idiota del mástil, idiota de las cuerdas, bla, bla, bla. Todos son idiotas a excepción de Kalika. Ella es genial.

    Tiana apuntó a Kalika, quien estaba leyendo el mapa.

    Briar no entendió por qué Tiana insultaba a todos los tripulantes con tanta naturalidad, pero por alguna razón parecía divertido.

    Sus orejas de murciélago se movieron por el viento, sus grandes ojos miraron a Tiana con esa inocencia asesina que la caracteriza.

    —¿Y tú? ¿Qué clase de idiota eres?

    Preguntar eso con una sonrisa tan inocente estaba lejos de ser ofensivo. Briar pensaba que debía preguntar algo relacionado a eso, y eso fue lo que hizo sin importarle las consecuencias, pues así es ella, después de todo.

    Tiana, en lugar de ofenderse, sonrió ante las confiadas palabras de Briar. Su apariencia sombría era completamente diferente a lo que se ocultaba bajo la oscuridad de la capucha.

    —Pues… Creo que yo soy la idiota de la magia.

    Los ojos de Briar se iluminaron.

    —¿Magia? ¿Es como la magia de Midas?

    Ella levantó las cejas.

    —¿Midas? ¿El tipo con el que vienes?

    —Sí. Él es mi amigo. Él usa una magia muy aburrida. Jajaja. Deberías verlo.

    —Ya veo. Así que eso fue lo que sentí en ese momento… —entrecerró los ojos, pensativa, recordando el momento en el que vio a Midas por primera vez y tuvo un presentimiento extraño. Miró al hombre de las manos de oro, más específicamente, el inhibidor. —Entonces esa cosa que tiene en las manos limita su poder…

    —¡Oh! ¡Es cierto! ¡Sí! ¡Lo entendiste todo! Midas es como yo. Cuando nos liberamos, somos más poderosos. Aunque Midas no se ha liberado nunca. Como que le da mucho miedo su magia o algo así. La verdad es que yo no entiendo esas cosas de humanos. Si tienes poder, deberías usarlo, ¿no?

    —Hm… Supongo. Y esa cosa sobre tus hombros también limita tu fuerza, ¿no?

    —Oh. Jajaja. Sí. Me la regalaron cuando maté a algunas personas hace unos años. Algunos me subestiman cuando ven la picota.

    —Es interesante. ¿Puedo verla? No me tomará mucho.

    —Por supuesto. No tengo ningún problema con eso, amiga.

    —Entonces, si me permites… —Tiana agarró la picota y miró el hemolito con detenimiento.

    La piedra brillaba con una luz tenue roja. Era como si alguien hubiese solidificado sangre y le hubiera dado propiedades calmantes con una magia perfecta y estable. El hemolito en sí era una piedra compleja para los pocos conocimientos de Tiana, pero sin duda era una herramienta interesante. Pensar en las manos que crearon esta belleza hizo que el corazón de Tiana se acelerara emocionado.

    Parece que a ella le gusta mucho la magia.

    —¿Encontraste algo interesante?

    —No mucho, realmente, pero es interesante saber que hay más magos a bordo. ¿Y tú? Parece que también tienes talento para la magia.

    —Yo ni siquiera sé cómo se usa la magia. Una vez leí un libro raro y aprendí a volar.

    —Jajaja —le pareció graciosa la afirmación de Briar. Se notaba que ella no sabía literalmente nada de lo que es la magia, el maná y todo lo místico de este mundo. —Es sorprendente. Si pudiera conseguir alguno de esos libros, yo también podría volar.

    —Jajaja. Deberías hacerlo. Es muy divertido. Y es más divertido cuando todo a tu alrededor explota y todos salen corriendo. Mi sangre se calienta de tan solo pensarlo. Oh, espera. Sangre. Tengo hambre. No he comido nada desde que llegamos.

    De repente, Briar se dio la vuelta, dándole la espalda a Tiana.

    —¿Puedes sacar una de las botellas que están en esta bolsa rara?

    Tiana asintió y abrió la mochila. Al sacar una de las botellas, notó que el contenido era de un rojo espeso. Era sangre. Aunque a ella eso no pareció importarle en lo absoluto, pues abrió la botella y se la dio a Briar como si estuviera sosteniendo una cantimplora con agua.

    Con una sonrisa, y con mucha dificultad, Briar bebió la sangre de la botella de un trago, aunque un poco del contenido se regó sobre su pecho.

    —¡Fuaah! ¡Es delicioso! ¡Midas es muy listo al traer tanta comida!

    Briar se refería a la sangre como comida y eso hizo que Tiana sintiera curiosidad. Ella entendía que Runaterra es un mundo inmenso y que puede haber toda clase de criaturas y Briar estaba entre esas criaturas. Además, Tiana no podía evitar pensar que Briar es muy adorable, pero también tiene un extraño presentimiento de peligro al verla. Lo mismo le pasaba al ver a Midas. Es como si Briar y Midas estuvieran conectados de alguna forma, evocando esas sensaciones peligrosas.

    —¡Oye! ¡Oye! ¿Qué deberíamos hacer después? Midas me dijo que bebiera una de estas botellas al día. Después de comer estoy aburrida.

    Esta chica tenía un exceso de energía graciosa.

    —No lo sé. Yo no hago nada en especial cuando viajo con estos idiotas. Después de todo, yo soy solo una guardiana para ellos. Los protejo cuando las cosas se ponen feas.

    —¿Proteger? ¿De qué debes protegerlos?

    Tiana sonrió.

    —De las horribles criaturas que por milenios han hundido barcos y asesinado a sus tripulantes. Tal vez pase algo interesante en este viaje, pues nunca se sabe el destino, ¿no crees?

    Como si el peligro inminente encendiera la llama de la emoción en su corazón, Briar miró el océano esperando que alguna de esas criaturas apareciera. Pelear por primera vez con algo desconocido que se oculta en las aguas profundas aumentó su sed de sangre, lo que hizo que su sonrisa de emoción pura se ensanchara con dientes afilados.

    —Se escucha divertido…

    ***

    La noche cayó y todo se oscureció sin ninguna pequeña luz que iluminara el océano. El agua estaba agitada y el viento comenzaba a soplar con fuerza. La vela del barco tembló y el capitán miró con seriedad a su tripulación.

    —¡Todos, terminen de comer lo antes posible! Parece que esta noche vamos a estar muy ocupados.

    Una tormenta se acercaba. Midas estaba comiendo de un plato como si fuera un perro. Algunos de los tripulantes se rieron de él por comer de esa forma, pero pronto sabrán la razón de por qué Midas no usa sus manos.

    —Midas… Estoy aburrida. Juguemos a algo —dijo Briar, arrastrándose en el suelo. —Juguemos a que te persigo mientras intento morderte el cuello.

    —Eso no es un juego, Briar, no si la única que se divierte eres tú —exasperado, Midas terminó de comer el pan y la carne que había en el plato. —¿Por qué mejor no intentas comer comida de humanos?

    Briar se sentó en el suelo.

    —La comida de los humanos está bien. Es deliciosa, pero prefiero mil veces la sangre.

    —Si tú lo dices… En ese caso, intenta contar números o algo. Mantente distraída y no mates a nadie.

    —No estoy de humor para matar hoy-

    Un destello enceguecedor parpadeó en el cielo. Eso interrumpió a Briar. De repente, el trueno de un rayo resonó con fuerza y comenzó a llover. El barco fue sacudido suavemente por las olas que aumentaron su tamaño.

    —¡Todos ustedes, inútiles, vayan a sus puestos! —gritó el capitán desde el timón.

    De inmediato, todos en la cubierta comenzaron a preparar cuerdas. Algunos ataron la vela con fuerza y nudos especiales. Mientras tanto, Tiana y Kalika se encontraron al frente del barco. El rompeolas estaba haciendo su trabajo, pero Tiana tenía que encargarse de que el barco resistiera la fuerza de las olas reforzando la madera con su magia y Kalika necesitaba revisar el mapa para no salirse del curso.

    Ninguno se veía desesperado, todos estaban demasiado concentrados. Eso desconcertó a Midas, quien no tuvo más opción que acercarse a Kalika para preguntarle.

    —¿Esto es una tormenta eléctrica?

    Kalika no le quitó la vista de encima al mapa. Con una escuadra, marcó una ruta diferente.

    —Es obvio cuando lo ves, jovencito. Es una tormenta, sí, pero eso no es lo que nos preocupa. Si pones atención a la tripulación, te darás cuenta de algo interesante.

    Al ver el barco, notó que los tripulantes estaban sacando cañones a la cubierta. Estos cañones tenían algo especial, pues estaban modificados con tapas para que el agua no entrara en contacto con la pólvora. Además de eso, muchos estaban preparando rifles de caza y el capitán sostuvo un martillo enorme sobre su hombro.

    —¿Nos estamos preparando para pelear?

    —Ahí lo tienes, Midas —respondió Kalika. Con una sonrisa confiada, miró al hombre. —Pagaste por un viaje de lujo con protección incluida. Ahora vamos a tener que defender a nuestros clientes de las atrocidades del océano.

    En ese momento, otro rayo cayó. El océano momentáneamente se iluminó y, en la lejanía, múltiples ojos carmesíes observaron.

    El capitán se rió vigorosamente al ver esos ojos.

    —¡Jajajaja! ¡Son demasiados! ¡Hace diez años que no veo tantos!

    —¡¿Qué está pasando, Kalika?! —un poco asustado, miró a sus espaldas luego de la pregunta. Briar parecía estar hablando con Tiana.

    Otra vez, con toda la confianza del mundo, Kalika desenfundó su revólver y lo llenó de pólvora.

    —Leviatanes. Eso es lo que está pasando. Son criaturas solitarias, pero se dice que suelen reunirse cuando algo los asusta. Lo único malo es que no sabemos qué fue lo que los asustó.

    La mención de los leviatanes congeló la sangre de Midas. Fue justo en el momento que recordó un libro sobre biología marina que un fuerte golpe empujó el barco, haciendo que todos cayeran al suelo. Aunque uno de los tripulantes cayó al agua.

    Midas corrió a la orilla para ver si el hombre estaba con vida. Él estaba flotando en el agua, agitando los brazos desesperadamente. Cuando Midas quiso pedir ayuda para el hombre, algo emergió desde las profundidades y el hombre desapareció.
     
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    Episodio 3: “Un viaje interrumpido” Parte 5

    [Yo había escuchado historias sobre el mar. Al vivir en Zaun y poder estar cerca del puerto de Piltóver, pude escuchar muchas historias de parte de los pescadores y exportadores sobre lo que pasaba en el océano. También he estudiado sobre eso, así que puedo decir que sé algunas cosas, pero jamás pensé que viviría una de esas historias…]

    —¡Carguen los cañones, alimañas!—gritó el capitán, apretando con fuerza el timón.

    Después de trazar la nueva ruta, Kalika se quitó el sombrero y lo arrojó a un lado. Con una potente voz, gritó:

    —¡Capitán, veinte grados a babor!

    —¡Veinte grados a babor!—la voz del capitán reverberó con fuerza. Con esa misma fuerza, giró el timón y el barco se movió en consecuencia.

    —¡Capitán! ¡Perdimos a Lan! ¡Se fue por la borda!—junto a Midas, uno de los hombres miró al océano. Gritó para que el capitán lo escuchara.

    —¡Lan ya es comida para los peces! ¡Ahora todos concéntrense en mantenerse con vida!

    Las voces gritaban, las olas golpeaban y los ojos carmesíes observaban. Midas se quedó congelado al ver la muerte de una persona. A pesar de que vio a Briar asesinar a muchas personas en la capital de Noxus, la muerte frente a sus ojos seguía siendo su mayor trauma.

    La muerte, su significado… Midas estaba asustado, pero en el fondo había algo más que miedo.

    —¡Idiota! ¡No te quedes cerca de la borda!

    Tiana le gritó a Midas mientras lo agarraba por el hombro. Con fuerza, ella arrojó a Midas al suelo. Al caer, los ojos de Midas se encontraron con los de Briar, quien estaba junto a Tiana.

    —Yo… no…

    —¡Midas! ¡Vamos a pelear contra esas cosas!

    A pesar de lo serios que estaban todos en el barco, Briar estaba sonriendo emocionada. Esos monstruos ya estaban demasiado cerca del barco, moviéndose bajo las aguas.

    —¡No podemos pelear! ¡Nos matarán a todos!

    Midas sonaba desesperado, pero todos en el barco sonrieron ante eso. Con esto, Midas lo había entendido. Esta gente está loca, pero, ¿quién es él para juzgar la cordura de los demás?

    —¡Jajaja! ¡Eres un cobarde, mocoso! ¡Solo observa y aprende!—gritó el capitán, riendo extasiado mientras la fuerte lluvia le golpeaba la cara.

    Los rayos brillaron en el cielo. El barco fue azotado por las bestias marinas y la muerte parecía segura.

    De pronto, una de esas bestias marinas emergió del agua. Se veía como una gigantesca serpiente de dientes afilados, con ojos rojos brillantes y escamas negras como la noche misma. La serpiente era tan grande como el barco, con cuernos grandes y blancos, parecidos a púas espinosas. Se veía tan aterradora como la muerte misma.

    —¡Fuego!

    La orden del capitán recorrió el barco y los cañones se dispararon. Múltiples balas de cañón volaron y atravesaron el cuerpo del Leviatán, salpicando sangre morada que se mezcló con el agua. La bestia se retorció de dolor, golpeando el barco y hundiéndose en las profundidades donde, cada vez que un rayo destellaba, se veía a más bestias de ese tipo nadando bajo el barco.

    Como resultado de esa breve victoria, las risas de los marinos resonaron.

    —¡Si puede sangrar, puede morir! ¡Que no se te caigan los pantalones del miedo, mocoso! ¡Somos los dueños de este lugar!

    Como siempre, el capitán era demasiado agresivo y salvaje, pero eso animaba a la tripulación. Con esas palabras, Kalika se acercó a Midas y lo agarró de la mochila. Ella lo levantó del suelo con mucha facilidad.

    —Mantente concentrado, flacucho—y le dio una sonrisa pícara que, por un segundo, calmó el miedo de Midas.

    Pero no era momento de quedarse mirando. Los Leviatanes comenzaron a hacer lo mismo que el que murió antes. Subieron por el casco del barco y azotaron la cubierta con sus cabezas. Fueron tres en total y parecía que iban a hundir el barco en cualquier momento. Sin embargo, estas personas no lo iban a permitir.

    Tiana usó su magia para reforzar el casco del barco. Kalika cargó y disparó su revólver diez veces y el resto de la tripulación continuó manteniendo los cañones cargados. Y Briar no se iba a quedar atrás. Cuando uno de los Leviatanes azotó el barco, su cabeza se quedó enganchada en una cuerda. Briar aprovechó eso y se le lanzó al cuello.

    La picota se rompió en pedazos y el sello se liberó. La locura de Briar se manifestó con su expresión demoníaca y las espadas de sangre surgieron de sus brazos. Como una loca vehemente, clavó sus espadas en la bestia y la cortó innumerables veces en un segundo. Se rió vigorosamente mientras lo hacía, lamiéndose la sangre morada de la cara cada vez que las espadas cortaban.

    —¡Delicioso! ¡Más! ¡Más!—se repetía a sí misma, extasiada con la nueva sangre que su paladar probó.

    De pie en medio del caos, Midas cerró los ojos sintiéndose de vuelta en el campo de batalla. La sangre cubrió su cuerpo y el dorado brillante llenó el escenario. Como en aquel momento en el campo de oro, así como en la pelea contra Darius, Midas no pudo hacer nada para salvarlos.

    Al abrir los ojos, observó cómo todos peleaban con tanta pasión, con sonrisas locas en sus rostros. Ellos sin duda estaban locos, pero no le temían a la muerte. Toda esta gente parecía entender que, si morían, entonces morirían todos juntos, peleando por la vida. A pesar de que ya perdieron a un compañero, siguen peleando, siguen avanzando hacia el futuro.

    —¡Carajo! ¡Son demasiados, capitán!

    —¡Lo sé, Tiana! ¡No me lo recuerdes! ¡Sigan cargando los cañones! ¡Sigan disparando!

    Toda la tripulación asintió. Briar había logrado matar al Leviatán bastante rápido, por lo que ahora había cerrado su picota para esperar a la siguiente serpiente.

    —¡Esto es muy divertido!

    Tiana extendió sus manos y tocó su espalda con la de Briar.

    —¡Estas cosas suelen pasar más seguido de lo que nos gustaría! ¡Pero es divertido romperles el culo de vez en cuando!

    —¡Jajaja! ¡Todos ustedes son asombrosos! ¿Quieren ser mis amigos?

    —Aquí todos somos amigos, Briar. De eso se trata todo esto.

    Los ojos de Briar se iluminaron. Ella ahora tenía más ganas de pelear junto a esta gente.

    —¡¿Cuándo vamos a salir de la tormenta, Kalika?!

    —¡No lo sé, capitán! ¡Todo está muy oscuro para saber!

    —Carajo… ¡¿Cuántas balas quedan, inútiles?!

    —¡Aún tenemos cuarenta balas, capitán!

    La situación parecía complicarse momentáneamente. Los Leviatanes no dejaban de aparecer. Eran demasiados para este barco pequeño. Por lo general, es bastante fácil matar a uno solo. Si son más de cuatro, aun con dificultad, es posible, pero…

    En ese momento había cerca de veinte Leviatanes. Es más, parecía que seguían llegando más Leviatanes. Las aguas eran feroces, los rayos y truenos no paraban y los nervios de la tripulación aumentaron.

    ‘¿Qué debemos hacer? Si esto sigue así, nos hundiremos y todos moriremos…’

    Los pensamientos de Midas fueron como la misma tormenta que los azotaba con fuerza. Seguía congelado sin hacer nada, pero, ¿qué puede hacer él al respecto? Con el inhibidor puesto, usar magia es imposible. Incluso así, era mejor seguir peleando con los Leviatanes que liberar el sello.

    De un momento a otro, Midas vio cómo el capitán recibió a uno de los Leviatanes con un martillazo en la cara. Ese hombre no solo era un buen capitán, era un luchador nato.

    —¡Se nos están acabando las balas, capitán!

    —¡El casco no va a resistir mucho más! ¡Ya me estoy quedando sin maná!—Tiana intentaba aguantar los golpes que el barco recibía con todo su poder, pero el coste de maná era abismal. Comenzó a sentirse cansada debido a eso.

    El capitán cambió la expresión de su rostro al ver a Tiana, su hija, caer de rodillas aguantando todo el daño que el barco estaba recibiendo. Luego vio a Kalika disparando desesperadamente a uno de los Leviatanes que se acercaron al barco. Los demás tripulantes, catorce hombres fornidos, seguían cargando los cañones y disparando a quemarropa, pero casi no quedaban balas.

    Briar hacía lo que podía cada vez que un Leviatán acercaba la cabeza a la cubierta del barco y Midas se quedaba como una lechuga, plantado en el centro mirando a todos lados, buscando qué hacer.

    —No esperé que fuéramos atacados por tantos bastardos…—con un susurro, el capitán dejó el timón y tomó su martillo con fuerza. —Si hubiéramos comprado más balas, habríamos salido de esta… Nah. Ni siquiera con eso habríamos salido de este problema—apretó la empuñadura del gigantesco martillo de hierro. Sus ojos mostraron ira hacia las bestias del mar. —¡Alimañas, tal parece que vamos a morir! ¡¿Están listos para irse de este mundo rompiéndoles el hocico a estos hijos de puta?!

    Toda la tripulación gritó. Kalika sonrió nerviosamente y Tiana suspiró cansada.

    —Oye, cap. Yo no me quiero morir. Aún tengo un mundo y un montón de islas por mapear—cargó el revólver y lo apuntó hacia uno de los Leviatanes. Kalika sonrió cansada. —¿Estás seguro de que no eres tú el que se quiere morir?

    —No tenemos opción. ¡Tiana! ¡¿Cómo te sientes, mocosa?!

    De rodillas en el suelo, respirando con dificultad, con la ropa mojada y la mirada vacía, Tiana miró a su padre.

    —Se me está acabando el maná, papá… Nos van a matar…

    Midas no tenía palabras. En unos pocos minutos la situación se había volcado por completo, pero así es este mundo, el océano feroz. Cualquier cosa puede pasar. Las balas de cañón se acabaron. El casco del barco comenzó a sufrir daños. Las olas eran más agresivas y los Leviatanes no se detenían.

    ‘De la nada. Así como así… ¿Vamos a morir?’

    La mirada de Midas se ensombreció. Sus manos comenzaron a picar y el sonido de los gritos resonó. Uno de los tripulantes fue devorado por un Leviatán. El capitán alcanzó a golpearlo con el martillo, pero no fue suficiente para salvar al marino.

    Entonces Midas lo sintió, esa misma sensación que tuvo cuando su madre murió. Ese dolor en su pecho y ese trauma que nació como el pequeño brote de una semilla. La misma sensación que creció ese día hace diez años y la misma sensación que tuvo cuando intentó salvar a Briar.

    Esa impotencia. La ira de no poder hacer nada. Ahora tiene el poder para salvarlos, pero tiene miedo de usarlo. Teme que todo vaya a resultar igual de mal.

    Otra vez…

    —Otra vez me voy a quedar mirando…

    —¡Aaah!—gritó Briar, estrellándose contra el mástil. Fue lanzada por la fuerza de un Leviatán.

    Ella pasó frente a los ojos de Midas, desangrándose, pero con una sonrisa emocionada. Ella quería seguir peleando, pero de hacerlo, moriría sin duda alguna. Aun así, se levantó y avanzó.

    —Briar…

    ‘Ella también va a morir…’

    Midas cayó de rodillas, rindiéndose por completo. La gente de este barco frente a él peleaba frenéticamente contra las bestias del mar. ¿Y él? Se hundió en la oscuridad de su propio fracaso.

    Pero en medio de esa oscuridad, una suave luz iluminó su camino y la voz de un recuerdo le acarició el corazón.

    [¿Te vas a rendir? ¿Así de fácil? ¿Otra vez?]

    ‘Maissa… Lo siento.’

    Agachó la cabeza, cerrando los ojos. Sintió que no iba a poder llegar hasta ella, pero en su memoria, el día en que se fue a Noxus se mostró y las palabras de su hermana resonaron con más fuerza.

    [Midas, te lo he dicho demasiadas veces, pero tienes la mentalidad de un perdedor. Así nunca vas a mejorar]

    Un niño frente a una chica lastimada llena de vendas.

    [Sé fuerte, Midas. No solo para mí, sino para ti mismo]





    Fue como una revelación divina envuelta en recuerdos dolorosos. Los gritos de los demás seguían alzándose, la tormenta seguía arrasando, pero Midas se levantó con la mirada sombría y miró al capitán. Cada paso que daba pesaba demasiado, con las consecuencias de sus propias acciones retumbando en el fondo de su mente. Cada momento era una tortura. En cada instante él seguiría siendo el mismo asesino de siempre, pero, al final…

    —Capitán… Necesito algo…—susurró, con un tono de voz apagado. —Quiero que rompas mi inhibidor.

    —¿Esa cosa en tus manos?

    —Así es. Al hacerlo, quiero que todos se alejen de mí tanto como puedan. Voy a usar mi magia…—miró al capitán con determinación.

    En cuanto al capitán, él no entendió muy bien la petición de Midas. Todos iban a morir pronto, pero miró a Tiana y ella asintió en respuesta, confirmando que Midas decía la verdad.

    —Aah… Midas… Siéntete orgulloso, pues en este momento tienes la mirada de un hombre en la cara. Desde ahora dejaré de llamarte mocoso.

    Midas asintió y puso sus manos sobre un barril. El capitán sostuvo su martillo, preparándose mientras los Leviatanes golpeaban el barco.

    —¿Midas? ¿Vas a usar magia? ¿Magia del tipo que explota?—parecía que Briar estaba al borde de la muerte, pero seguía sonriendo y haciendo preguntas ridículas.

    Midas, sin embargo, no miró a Briar a los ojos.

    —Bebe otra botella de sangre y recupérate, Briar. Después de eso, deberás prepararte.

    Sus palabras fueron confusas para Briar, pero mientras ella pensaba que la magia de Midas iba a ser algo asombroso, Midas solo esperaba la tragedia.

    Con eso, el capitán levantó el martillo y golpeó el inhibidor. Un fuerte golpe metálico resonó mezclado con la lluvia y el metal del inhibidor mostró una grieta, para luego romperse en pedazos. Todos vieron las manos doradas de Midas y lo que sostenía en ellas.

    Una piedra roja de un brillo tenue…

    Al ver sus manos libres, Midas recordó todos sus pecados y su cuerpo tembló tratando de contener su ataque de ansiedad. Soltó la piedra y esta cayó al suelo. Después de eso, cayó de rodillas, sin quitarles la mirada a sus manos.

    —Está libre…

    —¿Midas?

    Briar sintió algo extraño. La expresión de Midas, antes determinada, se había torcido en una triste mueca de miedo y trauma. Sus manos temblaban y su respiración se volvió muy rápida. Antes de que alguien pudiera decir algo, notaron que algo cambió en el ambiente. Los rayos se detuvieron, la marea comenzó a calmarse y los Leviatanes miraron en silencio, como si tuvieran miedo.

    —No me digas que aquello a lo que los Leviatanes le tenían miedo era a…

    Sí… Ellos le tenían miedo a Midas.

    De repente, pequeñas gotas de agua se levantaron, flotando con un brillo místico. Todos, confundidos, miraron a Midas, pero de inmediato cayeron de rodillas por la extraña y repentina falta de oxígeno. Nadie pudo hablar ni gritar, ya que esa misma falta de oxígeno se los impedía. Al mismo tiempo, mientras todos se ahogaban, la superficie de sus cuerpos comenzó a mancharse de color dorado.

    Midas vio esto y solo pudo ver la misma horrible escena de hace diez años. Sus lágrimas cayeron, pero no pudo emitir ningún sonido de llanto.

    Su cuerpo débil se encogió en el suelo, patético y débil, asustado y traumatizado por su propio poder.

    —No quiero. No quiero esto—dijo finalmente, con la voz quebrada. —Por favor… otra vez no… No quiero. No quiero matarlos…

    Briar lo miró, tirada en el suelo mientras su cuerpo se cubría de oro. Era extraño para ella, pero sentía algo doloroso al verlo llorar. Midas no estaba bien, no como ella creía. En estos últimos días, ella había visto un lado de Midas que jamás conoció cuando estaban en esas celdas. Midas tenía esperanza, pero ahora había vuelto a ser el mismo tipo deprimido de aquella celda.

    —Que alguien me ayude… Por favor—se agarró la cabeza intentando calmarse, pero fue imposible. Sin embargo…

    —Midas…—era Briar, hablándole sin dificultad por alguna extraña razón. Ella sonrió con su cuerpo en el suelo mientras se convertía en oro. Al menos sus manos y su espalda se habían manchado de oro. —No sé qué es lo que pasa, pero…—cerró los ojos. —No llores… No llores más, bebé llorón.

    Briar podrá no entender las emociones humanas, pero conoce a Midas, al menos la superficie de él. Sabe que, cuando él está solo, Midas se ve inusualmente triste, pero eso cambiaba cuando ella estaba ahí, cuando estaban juntos viviendo aventuras por el bosque mientras viajaban.

    Era divertido…

    —Briar…

    Ella volvió a abrir los ojos.

    —Muéstrame tu increíble magia, Midas. Después… vayamos juntos a comernos a un gromp…



    Tal vez Midas estaba demasiado mal, pero esas palabras calmaron por completo sus nervios. ¿Por qué? Porque en lugar de ver su horrible pasado, Midas solo podía ver a Briar, solo a ella y nadie más, sonriendo y siendo rara como siempre.

    Aun nervioso y destrozado, se levantó del suelo y extendió las manos, apuntando a los Leviatanes. Toda esa extraña contaminación que generó antes se juntó en sus manos, lo que le quitó un poco del oro de encima a todos y les devolvió el oxígeno.

    Las gotas de agua cayeron y el mar se volvió turbulento. Justo en esa fracción de segundo, Midas flotó unos pocos centímetros y, repentinamente, de sus manos de oro disparó un inmenso rayo dorado de luz que atravesó la superficie del agua y a todos los Leviatanes, desintegrándolos y reduciéndolos a la nada.

    Era como un cañón de luz imparable, inmenso y de poder infinito, tanto que cubrió todo el océano visible mientras se extendía hacia el cielo.
     
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