Ciencia ficción Los Viajeros Vol. 2: Parte III: Ecos del pasado

Tema en 'Novelas' iniciado por Manuvalk, 12 Abril 2026.

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    Manuvalk

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    Título:
    Los Viajeros Vol. 2: Parte III: Ecos del pasado
    Clasificación:
    Para adolescentes. 13 años y mayores
    Género:
    Ciencia Ficción
    Total de capítulos:
    5
     
    Palabras:
    6027
    Hola a todos/as y bienvenidos/as a la tercera parte de Los Viajeros Vol. 2, la continuación posterior a toda la historia inicial de Los Viajeros. Todo este universo ficticio de mi autoría se encuentra señalizado en mi blog con guía cronológica, de personajes e informativa, con el fin de añadir más comprensión y trasfondo.

    Quiero mencionar a mi querido amigo Reydelaperdicion porque ha seguido todo este universo desde sus inicios y a día de hoy aún se mantiene ahí, disfrutando del desarrollo de esta historia. No sé si disfrutará mucho de este comienzo de parte... pero al margen de eso, sé que sigue con interés esta trama y me alegra contar con él tanto para las leídas en simultáneo como para todo lo demás. Espero que, pase lo que pase, siga disfrutando de esto con la misma pasión de siempre.

    La publicación de esta parte va a comenzar siendo un poco extraña, ya que mi idea es publicar este primer capítulo y luego iré publicando los demás en función de mi progreso escribiendo, ya que no tengo toda la tanda de capítulos hecha y con cosas que hacer, dudo tenerla pronto. Sin más que decir, os dejo con la lectura.




    "Tercera ley de Newton: la única manera de que los humanos descubran cómo llegar a alguna parte, es dejando algo atrás...".

    Interestelar



    Sinopsis: Cinco años después del fin de la Guerra de los Dos Días, una paz enrarecida se ha instalado en Ibos. El nuevo Consejo Superior aboga por unir a las especies bajo el mismo manto de la AIE tras la corrupción orquestada por los operativos y el que fuera su representante superior, pese a que aún hay sectores de la población enfrentados entre sí. Además, el conflicto en Khara ha estallado entre los insurgentes y la milicia liderada por Zorin, quién mantenía un acuerdo con Akkor sin conocer que fueron saboteados por el mismo hacía mucho tiempo. Con un nuevo liderazgo intentando abrirse paso entre el sistema podrido de antaño y algunos personajes en nuevos e inesperados roles, los ecos del pasado resonarán más fuerte que nunca. ¿Podrán mirar de una vez por todas al futuro o están condenados a repetir los errores de aquellos que les precedieron?







    Lo que queda de ti



    — Aún no me puedo creer que hayan pasado cinco años desde que te perdí. Parecía ayer cuando el dolor inmenso que sentí me atravesaba como una espada, hasta el punto de colapsar. Te veo en sus ojos, ¿sabes? En esos preciosos y diminutos ojos verdes que ahora me miran con cada vez más preguntas, más dudas, más incertidumbre. Y no sé qué contestarle a nuestro pequeño cuando me pregunta por su padre; sé lo que es nacer y no tener uno. Creo que todavía no entiende lo que representa la muerte y yo tampoco me veo preparada para contárselo. Además, soy consciente de que ya no soy la mujer que era; el odio me consume. Me despierto con lágrimas, taquicardia, furia recorriendo mis venas mientras revivo una y otra vez tu intento heroico por salvarme de las manos de ese demonio. Es una pesadilla constante y sigue impactando como al principio. Quizá no se irá nunca, quizá nunca lo supere. No lo sé. Tendría que centrarme en nuestro hijo, lo sé, él me necesita y es todo lo que queda de ti, pero… No puedo. Es verle y verte a ti; es una copia tuya. Y cuando te veo en cualquier lugar, no siento tristeza o pena; siento rabia. Me odio por no haber evitado que ese hijo de puta te matara. Pero más le odio a él. Y algún día le haré pagar por ello.

    Karla veía brotar lágrimas de sus ojos a la vez que observaba con fijación un árbol donde había una pequeña placa en la cual se hallaba la siguiente inscripción: “Owen Crane Carver (2134-2208). Tu pareja, tu hijo y tus amigos te recordarán por tu bondad, tu coraje y tu alegría”.

    El cementerio —de árboles— solía estar vacío a primera hora de la mañana, momento en el que la mujer conocida por ser científica solía personarse para colocar flores a los pies del tronco del árbol que acogía las cenizas de su novio fallecido.

    Vaalot apretó los dientes con rabia casi instintivamente cuando recordaba por enésima vez el momento en el que el amor de su vida fue herido de gravedad, al igual que su mejor amiga, quién había logrado sobrevivir.

    ¡¡¡Todos de rodillas, esto ha acabado!!!

    Akkor se encontraba en shock, con el rostro girado para ver cómo Echo instauraba el fin de su tiranía y sometía a los pocos soldados renegados que quedaban con vida, quiénes depositaban sus armas en el suelo y se arrodillaban al ver que la batalla había concluido drásticamente para ellos.

    No obstante, cuando volvió en sí y se percató de que Owen se abalanzaba sobre él violentamente, instintivamente accionó el gatillo del Striker que portaba en sus manos. Una simple bala, un impacto directo cerca del corazón, un último sonido en el instante más silencioso que nadie nunca había podido escuchar.

    El cuerpo de Owen se sacudió en el suelo, cayendo boca abajo, a la vez que brotaba sangre de su boca. El hombre jadeaba, aún seguía vivo, pero todos los presentes se quedaron helados, incluso su ejecutor.


    ¡¡¡NO!!! — Gritó desconsolada Karla, colocándose a su lado — ¡¡¡NO!!!

    ¡Rápido, joder, buscad a un médico! — Exclamó Kendall, que se posicionó al lado de una Andrómeda que también estaba gravemente herida.

    ¡Uldi! ¡¿Dónde mierdas estás?! — Jackon se dirigió al exterior acompañado de Ebran y de sus kharaket — ¡Ve a buscarla, corre!

    K-Kar… Karla… — El joven Crane estaba sufriendo por poder decir algo a su amada — Yo te…

    No digas nada, cielo, no digas nada — Con un mar de lágrimas en los ojos, la científica lo tomó de las manos y le miró a los ojos — T-te vas a poner bien, ¿vale? Ya verás, seguro…

    Aguanta, Andro — El detective veía que la joven Vermeer también estaba mal, aunque la herida de su amigo se veía peor — Pronto vendrán los médicos.

    — Au, mamá… Me haces daño...

    Un niño de cinco años de edad recién cumplidos sujetaba de la mano a su madre, quejándose porque ésta, inconscientemente, estaba apretando su pequeña mano. Esa reprimenda de parte del chico hizo que Karla volviese en sí, liberando la mano de su hijo mientras se arrodillaba a su lado con una expresión de preocupación.

    — L-lo siento, Ástian, perdóname — La mujer bajó la cabeza para evitar que su hijo viese las lágrimas que recorrían sus mejillas — Estaba…

    — Da igual — Musitó el joven, de nombre Ástian en honor a la ciudad de Astea, lugar de su nacimiento — Siempre lo haces…

    El muchacho parecía hacer alusión a que no era la primera vez que su madre, sin darse cuenta, entraba en uno de sus trances —diagnosticado como estrés post traumático—, haciéndole daño inconscientemente y generando en el propio niño cierta resignación y distanciamiento con su madre, la cual llevaba cinco años sufriendo en todos los ámbitos.

    — No volverá a pasar, hijo — Karla se incorporó, quitándose rápidamente las lágrimas de su rostro — Te lo prometo.

    — Siempre dices que lo prometes y luego lo haces otra vez. Da igual.

    Los ojos verdes de Ástian se cruzaron con los ojos marrones de su madre mientras el pequeño se disponía a seguir la senda que le llevaría fuera del cementerio de árboles.

    El niño estaba empezando a desarrollar cierta capacidad de raciocinio —la que podía desarrollar a su temprana edad— y tal y como actuaban los más pequeños en ese contexto, se dedicaba a llevar la contraria a su madre o directamente decidía por su cuenta sin considerar a quién era la figura de autoridad.

    No era desobediente ni mucho menos un mal chico, pero sin lugar a dudas los problemas que llevaba años afrontando su madre le estaban afectado a él en su desarrollo general, algo que sin duda debía ser bien vigilado de cerca por un profesional de la mente.

    Precisamente en ese instante, la científica recibió un mensaje en su comunicador mientras seguía los pasos de Ástian.

    Recuerda que tenemos una sesión esta tarde.

    Karla llevaba prácticamente toda esa media década que había pasado desde la muerte de Owen acudiendo a una psicóloga, quién era la mismísima Rath. La neoniana montó una clínica privada con los fondos que el nuevo Consejo Superior le otorgó tras sus servicios en la expedición del Explorario, siempre y cuando se convirtiese en una ciudadana ejemplar que cumple con la ley.

    Ubicada en la propia ciudad de Astea —donde la belleza de las montañas y el aire puro de estas conquistaba a muchas personas—, Rath se había convertido en los últimos años en una psicóloga que empezaba a despuntar, especialmente debido a muchos casos de estrés prolongado y traumas que había dejado la Guerra de los Dos Días —tal y como fue bautizada la guerra civil ocurrida en Ibos durante ese lapso de tiempo mencionado—.

    — ¡Ástian, no te adelantes sin mí! — Karla le advirtió a su hijo.

    — ¡Qué sí! — Exclamó él, algo irascible en ese instante.

    La mujer lanzó un suspiro de cansancio evidente, debido no solo a las batallas internas que tenía sino también al ver a su hijo comportándose desde el último año de una forma que denotaba que se sentía frustrado con su madre. A diferencia de ella, el pequeño Ástian no podía sentir tristeza o dolor por la muerte de su padre Owen, ya que no lo conoció y le era difícil ponerse en esa situación al ser un niño aún.

    Sin embargo, había oído hablar mucho de él por parte no solo de su madre sino también de su tío Jackon, su tía Echo, su tía Andrómeda y demás personas que vagamente conocía.

    — Mira quién me acaba de escribir — La mujer apellidada Vaalot intentó cambiar el foco de la situación hacia algo más animado para su hijo — Andrómeda me ha dicho que si queremos almorzar con ella. ¿Quieres?

    — ¡Sí! — Contestó el prebenjamín Crane — ¡Quiero un zumo!

    — ¿De qué?

    — Pues… ¿manzana?

    — Manzana será.

    — ¡Vale!

    Karla sonrió esporádicamente al ver a su hijo dando un par de saltos de alegría, lo que contrastaba con su expresión facial hacía apenas un minuto. Sin embargo, antes de seguir avanzando para salir del ‘campo santo’, la mujer se paró frente a otro árbol en el que ponía: “Aquí yace el emisario honorífico Eeron, pionero en la unión de todas las especies”.

    — Cuida de mi Owen, estéis donde estéis, ¿vale?

    — Mamá, ¿con quién hablas? — Ástian se volteó al escuchar a su madre, deteniendo sus pasos.

    — Con un viejo amigo.

    […]

    La Casa Superior requirió de ciertos arreglos tanto en su infraestructura como en sus interiores, especialmente la sala de asambleas donde se solía reunir el mismísimo Consejo Superior. Aquel lugar fue testigo del fin del corrupto liderazgo de Akkor, pero también de la fatídica herida que terminó con la vida de Owen y que por poco también acababa con la de Andrómeda.

    Pasados cinco años —aproximadamente— desde dicho acontecimiento, el gobierno formado por los principales líderes de la sociedad instalada en Ibos tuvo que sufrir un proceso de cambio más que necesario tras despojar de sus títulos de consejeros tanto a Akkor como a Relic, con éste último asesinado a manos de Kendall. Así, para mayor equidad con todas las especies que conformaban la Alianza Interestelar de Especies —contando a los anixis, amparados desde hacía un par de años en el tratado de aliados—, se instauró un nuevo modelo de gobierno en el cual cada especie poseería un puesto de liderazgo, nombrando a alguien a quién considerasen su líder y por ende su representante ante el resto de especies.

    Fue así como se formó el nuevo Consejo Superior, esta vez sin una figura de máxima autoridad como lo era antaño el representante superior: los sylerianos mantuvieron en el cargo a su Elegido, el representante Omnius Paokt, quién había visto sus ocupaciones más liberadas tras haber pasado de encargarse de toda la AIE en Ibos a simplemente ser la voz de su especie. Los anixis, recientemente como miembros oficiales de la AIE, designaron a la consejera Ziba como su representante legal, lo cuál delegó en que Valtin dejase los asuntos políticos para dedicarse de nuevo a la vieja profesión que le dio tanto éxito; la ingeniería.

    Por parte de los neonianos, sus elecciones oficiales dieron por ganadora a Musna Alni —pese al intento de Kairos de presentarse a líder de los suyos—, una neoniana carismática que había ido ganando adeptos entre la ciudadanía de la Alianza tras la Guerra de los Dos Días. Mientras tanto, la humanidad preparó unas elecciones para elegir democráticamente —como hicieron otros— a su representante, erigiéndose como flamante ganador el médico general Brandon Gallagher. El joven adinerado fue quién presentó la mejor candidatura posible para liderar.

    Pese a que no todos veían con buenos ojos el tener en un cargo político a alguien con una fortuna a sus espaldas, la mayoría lo vio como una oportunidad de inversiones en los diferentes campos de trabajo —ingeniería, ciencia, medicina, agricultura— lo que sin duda favorecía la creación de empleo y la economía, siempre y cuando Brandon destinase parte de su dinero a todo ello. Además, su cargo respetado como médico general —los de su clase no abundaban por el momento— parecía darle más crédito que a otros candidatos que se postularon, algo que terminó por evidenciarse una vez salieron los resultados.

    Todas estas elecciones contrastaban notablemente con la de los kharaket; pese a que aún no formaban parte oficialmente de la Alianza Interestelar de Especies debido a que su conflicto en su planeta natal no estaba resuelto, el nuevo Consejo Superior decidió otorgarles un representante mientras buscaban una solución al problema. Esto llevó a que Ebran fuese nombrado como representante parcial de su especie, la cual no se había votado porque estaba en guerra. Y ese mismo tema era el que estaba sobre la mesa redonda de la sala de asambleas que había sido remodelada tras los destrozos en la Guerra de los Dos Días.

    — Pedimos prudencia ante todo — La consejera anixis había tomado la palabra tras la discusión algo acalorada que se estaba llevando a cabo desde hacía media hora — Es una obviedad que la sociedad kharaket aún no valora positivamente la intervención de la Alianza en Khara, especialmente si hay anixis formando parte de esta.

    — ¿Acaso les puedes culpar? — Aquel que representaba en tiempos difíciles a su gente, siendo Ebran, justificaba el rechazo de los suyos a los anixis y sus dudas para con las especies aliadas — Han sufrido mucho desde que la tecnología quedó inutilizada y ahora que sabemos casi con total seguridad que fue obra de Akkor y que Zorin decidió mirar hacia otro lado… Es un clima de máxima tensión en casa.

    — Tenemos a los subcomandantes Devom e Ikviek en el terreno, tratando de localizar el paradero del gobernador Zorin y la milicia — Omnius se veía tranquilo en lo referente al conflicto kharaket, pese a que este se había prolongado más de lo esperado — Deberías regresar a tu mundo y rebajar esa tensión, hacer entender a todos que la Alianza solo quiere ayudar y que no pretendemos someter a nadie. Llevaremos a Zorin y sus soldados ante la justicia y Khara será libre para decidir qué quiere hacer con su futuro.

    — Es algo que haré próximamente, consejero Paokt — Ebran no se tomó muy bien que el syleriano le indicara lo que tenía que hacer — Iré pronto.

    — ¿Se sabe algo de parte de los subcomandantes? — El representante Gallagher entró en la conversación, jugando con un anillo entre sus dedos — Hace semanas de su nueva misión en la ciudad de Siren y los recursos son limitados. Deberían reportarse pronto.

    — No seas impaciente, Brandon — La líder neoniana, llamada Musna, parecía llevarse bien con el humano dado que lo tuteaba — Te has vuelto muy controlador desde que destinaste varios millones de alianzas a las fuerzas del orden.

    — Lo soy porque la milicia siempre ha sido experta en malgastar dinero y recursos — Se quejó el médico general, ahora en un cargo político — Mi pensar sigue siendo el mismo; yo hubiese enviado directamente al equipo de élite que organizamos al principio de la legislatura.

    — ¿Los emisarios? — Ziba supo inmediatamente a quiénes se refería su compañero del Consejo — Ellos no están para infiltrarse en territorios hostiles, sino para explorar.

    — Bueno, a fin de cuentas, están capacitados casi para cualquier cosa — Musna no se andó con rodeos al escuchar a la anixis — Y tienen potestad para actuar fuera de la ley…

    — Parece que no hemos aprendido con el tema de los operativos — Visiblemente ofuscado, Omnius intervino para dar a conocer su opinión — Y vamos nosotros y creamos un grupo similar.

    — Eso ya se habló y se hizo, no tiene sentido sacarlo a la palestra ahora — Queriendo cortar de raíz un nuevo debate ajeno a lo que se estaba hablando principalmente, Ebran hizo uso de su puesto como consejero temporal para retomar el tema relevante del momento — Tal y como he dicho, planeo desplazarme pronto a Khara. Si los subcomandantes no han mandado información para ese entonces, yo mismo me comunicaré para daros una actualización del conflicto.

    — Perfecto, consejero Ebran — La ex emisaria y consejera anixis asintió con seriedad — ¿Algo más a considerar? Debo dar clase a los aprendices.

    — Todo claro por mi parte — Gallagher se colocó el anillo de oro con el que había estado jugando todo el rato.

    — Una vez tengamos información del estado actual de la misión en Khara, nos reuniremos nuevamente para tomar una decisión — Paokt se incorporó.

    — Entendido — La líder neoniana apellidada Alni no quiso dejar pasar por alto una cuestión más — Por cierto, ¿hoy no llegaba el Regente Kairos por aquel acuerdo comercial…?

    — ¡Es verdad, es hoy! — Omnius se echó las manos a la cabeza, lamentándose por no haberse acordado — Maldición, no revisé la agenda…

    — Deberíamos contratar secretarias — Afirmó Brandon, sin poder evitar sonreír de forma picaresca.

    — ¿Quién va a reunirse con él? — La anixis presente en la sala iba a estar ocupada.

    — Que aún tengáis acuerdos con ese ser ávido de poder… — El líder insurgente de los kharaket rechazaba la idea de tener trato con el neoniano que un día le propuso una alianza para controlar Ibos.

    — Descuidad, yo me reuniré con él — Decidió finalmente la propia Musna, viendo que parecía ser la única con más disponibilidad — Os informaré de todo, ya que nuestras condiciones las conozco. A ver las suyas.

    […]

    La visita de Kairos —acompañado de Tabitha Ezals, su pareja y segunda al mando en la colonia de Ceti Nosea— después de varios años sin pisar Ibos resultaba bastante extraña para el propio neoniano. Hasta entonces, el actual regente de la primera colonia en el planeta de exiliados reconocida por el nuevo Consejo Superior no había regresado al que fue su último hogar antes de la partida al espacio exterior con la expedición del Explorario, encargándose de todos los acuerdos comerciales la propia Tabitha.

    Usualmente, estas reuniones para tratar asuntos como los envíos de suministros a Ceti Nosea, el progreso tecnológico de la colonia y demás consideraciones se daban directamente con los emisarios —tal y como ocurrió una vez cuando Jackon apareció para entregarles el cargamento—, pero con el paso del tiempo se decidió que fuese de líder a líder; a veces se encargaba Ziba, otras veces Brandon y también Musna, a excepción de Ebran por su condición de representante extraoficial y de un Omnius que nunca tuvo en especial estima al rebelde neoniano.

    — Fíjate — Murmuró él en cuanto puso un pie en el muelle de atraque de la estación espacial en órbita con Ibos — Nos recogen en Ceti Nosea y nos reciben aquí con una comitiva de policías.

    Kent tomaba de la mano a Ezals mientras observaba cómo el muelle de atraque estaba bastante controlado por la autoridad del lugar, con la excepción de que esta vez se encontraba una de las consejeras del Consejo Superior esperándoles allí mismo.

    Musna había sido prácticamente una rival para Kairos en su intento por ganar las elecciones a representante neoniano en el propio Consejo, unos pocos meses después de haber derrocado al representante superior, por lo que encontrarse con ella no era plato de buen gusto para el que seguía siendo líder de los mercenarios.

    — Bienvenidos, amigos — La líder Alni esbozó una sonrisa que era puramente estética, algo fácilmente de reconocer — Espero que ese par de días de trayecto no hayan supuesto una molestia.

    — No somos amigos, Musna — Le recalcó Kent sin tapujos.

    — Era más cómodo cuando veníais vosotros, pero está bien — Tabitha se mostraba bastante neutral con su homónima, pese a saber la breve historia que tenía con el que era su actual pareja — ¿Qué hace tanta seguridad aquí?

    — Ya sabéis que la única forma de que podáis venir a Ibos es siendo totalmente vigilados — La consejera se tomaba de las manos a sí misma, en una postura complaciente — Son las normas.

    — Ya, claro — El regente observó su brazo protésico hecho de metal y piel sintética que lo camuflaba realmente bien — Oye, antes de irme, me gustaría visitar a la ingeniera Yazuke.

    — Puedo acceder a ello — Asintiendo con honestidad, Musna les indicó a sus dos símiles que la siguiesen — Acompañadme, por favor. Hemos habilitado un lugar discreto para conversar. Y después tendréis unos días de libertad controlada para visitar lo que queráis y a quiénes queráis.

    […]

    La base militar del ejército de la Alianza —ubicada a las afueras de la ciudad de Vianus— empezó a ver una afluencia de soldados anixis aproximadamente dos años después del fin de la guerra civil. Las cosas habían cambiado mucho en términos militares, con el ejército aliado y el ejército superior ahora reunificado en uno solo bajo el amparo del gobierno de una Alianza entre todas las especies que habitaban Ibos —a la espera de poder integrar a los kharaket como miembro oficial y con la colonia de exiliados reconocida como aliada en caso de conflicto pese a sus limitaciones comprensibles—.

    Habiendo dos de sus subcomandantes —Xerom e Ikviek, quién había sido nombrado general del ejército anixis— en una misión de especial índole en Khara, el lugar era dirigido principalmente por la comandante única de toda la milicia, quién seguía siendo Echo Mercer. A su lado contaba con la ayuda de los subcomandantes Octavia y Stalo, además de con la ayuda de los miembros de ese “equipo de élite” que el nuevo Consejo Superior decidió crear en un intento de plagiar el modus operandi del preso Akkor con los operativos, eso sí, con intenciones benevolentes a diferencia de éste.

    La actual comandante del ejército caminaba por los pasillos del edificio considerado como base principal —pese a que el ejército se dividía entre dicho cuartel y aquel que habitaba el ejército superior— mientras se dirigía a una de las clásicas reuniones que se hacían mensualmente para ver el progreso en los diferentes campos de desarrollo y sobre todo para conocer de boca del resto de líderes militares lo que estaba ocurriendo en las tres ciudades del planeta. Sus pasos resonaban con fuerza hasta personarse ante la puerta que le daba acceso a una habitación habilitada para ese tipo de encuentros.

    — ...porque esa vigilancia exhaustiva no termina de dar los frutos deseados — Echo escuchó parte de la conversación que ya se estaba llevando a cabo sin su presencia — Y sospecho que aún hay fieles a ese malnacido.

    — ¿Estás seguro de eso, Stalo? — La pregunta provino de la otra subcomandante — Por lo que he visto, los soldados del ejército superior se han integrado bien en el ejército aliado y hace meses que no tenemos reportes de conducta sospechosa en los anixis.

    — Hicimos un gran trabajo al encerrar algunos soldados del ejército superior que eran totalmente radicales a favor de Akkor, pero otros han demostrado dejar atrás aquello para trabajar por el bien de esta sociedad — La cabeza visible del ejército unificado habló por primera vez, una vez había llegado a una reunión que parecía haberse adelantado — ¿Por qué no me habéis esperado?

    — Disculpa, comandante Mercer — En ausencia de los subcomandantes Ikviek y Xerom, sus lugares los ocupaban dos miembros de la unidad especial de élite, siendo Ernu el que hablaba — Hay indicios de posibles operativos infiltrados en las filas del ejército y no hemos podido evitar hablarlo en tu ausencia.

    — Pero, ¿a quién le sorprende esto? Es obvio que aún quedan algunos…

    La otra persona era Vorta, que tras haberse marchado con los mercenarios y Kairos a Ceti Nosea, habiendo ocurrido todo lo que sucedió allí —la emboscada a su grupo y el conflicto con el anterior regente Robur en el ahora destruido Puesto de Talon—, regresó a Ibos en la nave que les llevó al planeta de los exiliados en su momento, decidida a formar parte del nuevo comienzo que iba a experimentar la sociedad de las especies aliadas.

    De aquello hacía ya más o menos cuatro años, evidenciando en la syleriana un cambio de paradigma con respecto a sus intereses de antaño y los de ahora, pues su lealtad había pasado de ser a Kairos y los mercenarios a serlo a su nuevo grupo —formado por emisarios, exploradores, soldados y demás— del cual no había nombre oficial porque su función era extraoficial, tal y como actuaban los operativos del ex representante superior.

    — Es difícil determinarlo sin pruebas concluyentes — Octavia se volteó hacia la ex líder de los mercenarios — ¿Las hay?

    — No por el momento, pero seguimos investigando — El anixis, que fue soldado del ejército superior en su juventud, sabía moverse entre las tropas — Tengo varios contactos entre los anixis, estaremos vigilantes.

    — Bueno, mientras las sospechas no sean pruebas irrefutables, no hay mucho que podamos hacer — Echo apoyó sus manos sobre la mesa que tenía enfrente, decidida a tratar otro de los asuntos — Bien, ¿se sabe algo sobre las últimas protestas en Cainía?

    — Sí, hubo una trifulca en el resort que terminó en una batalla campal entre los turistas y un grupo de protestantes en contra del turismo excesivo — Reveló el subcomandante neoniano, de brazos cruzados y contándolo con cierta indiferencia — Evidentemente las autoridades la aplacaron.

    — Vale, genial, pero no hablaba de ese caso. De ello se encarga la policía — La comandante dejó salir un suspiro de su boca — Quiero saber si esas protestas violentas contra la admisión de los kharaket en la Alianza se siguen dando con tanto fervor cómo las últimas.

    — Se detuvo a los artífices de ello y después fueron liberados con cargos, pero desde aquello no ha vuelto a suceder — Informó Octavia, demostrando el trabajo codo con codo que hacían los subcomandantes con las autoridades policiales de las ciudades.

    — Entendido, ¿algo más que comentar? — La principal líder del ejército unificado tenía algo de prisa — Tengo que irme, hoy es un día especial.

    […]

    Jackon lanzó un derechazo que de haber impactado en su oponente le habría hecho un daño considerable, pero la maestría con la que se movía Sizgolar pese a su edad era digna de un hábil peleador.

    Discípulo del reconocido Vanth Dheer en el arte de la lucha —cuando el neoniano ingresó en la milicia de su especie, obtuvo clases del antiguo líder junto a otros jóvenes inexpertos que se alistaron para proteger a los pocos que quedaban de los ataques de la resistencia humana—, el veterano soldado retrocedió unos pasos y bloqueó un nuevo intento de ataque por parte del que había sido comandante de la expedición del Explorario, ahora siendo miembro de esa unidad especial junto a Andrómeda, Kendall, Vorta y Ernu entre otros.

    — ¡¿Pero cómo te mueves así, Siz?! — La gotas de sudor recorrían la frente de Vaalot al mismo tiempo que intentaba asestarle un golpe en el rostro del neoniano.

    — Estás cansado, chico — Con toda la calma del mundo, el veterano soldado esquivaba los golpes cada vez más predecibles del humano — Has perdido velocidad y agilidad mental. Mi plan ha resultado.

    Con precisión casi quirúrgica, Sizgolar cerró su mano para convertirla en puño y aprovechó la flaqueza de su rival para abrirse un hueco e impactar su golpe en la boca del abdomen de este, provocando que cayese de rodillas con una evidente ausencia de aire.

    Sin embargo, antes de dejarle padecer unos largos segundos, el neoniano decidió tumbarlo en el suelo y levantarla la zona baja de la espalda, haciendo que el oxígeno llegase rápido a los pulmones del ex comandante.

    Jackon seguía adolorido, lanzando un resoplido mientras esperaba a que se le pasase el dolor del golpe.

    — Debes ser más inteligente en estas situaciones, Vaalot — Le advirtió Siz, mirándolo fijamente como si le estuviese dando una lección — Como tu enemigo, he esperado a cansarte física y mentalmente para asestar el golpe definitivo. Yo soy más mayor que tú, por ende soy más lento, pero he sabido usar mi desventaja a mi favor para convertirla en una ventaja.

    — Eres un maldito hijo de puta inteligente — Mientras lo decía, Jackon esbozaba una sonrisa de oreja a oreja, incorporándose.

    — En anteriores entrenamientos me has llegado a golpear e incluso me has hecho rendirme — El neoniano no menospreciaba al joven, sino todo lo contrario, pero veía que algo le pasaba — Pero hoy te he notado ausente.

    — Ya, bueno… Le he escrito a mi hermana para ver si se animaba a venir por el cumpleaños de Cole, pero no me ha respondido.

    — Sigue dolida, hijo. Es comprensible.

    — Lo entiendo, pero ya han pasado casi cinco años de aquello — Vaalot tomó una toalla para quitarse el sudor del rostro — Y me enfurece ver que no me perdona la decisión que tomé.

    — El tiempo es relativo para estas cosas — El neoniano apoyó sus manos en los hombros del chico — Para ti han pasado cinco años pero para ella sigue siendo el día después de la muerte de su amor.

    Jackon se mostró cabizbajo al escuchar esa reflexión del veterano soldado, pues en el fondo sabía que tenía razón. Karla no había sido la misma desde aquel día, especialmente sabiendo que su propio hermano fue quién ordenó la detención de Akkor, cuando mucha gente lo prefería muerto. Él sabía que aquella decisión pesaría, pero no esperaba que fuese a hacerlo tanto y durante un tiempo tan prolongado.

    — No puedes obligarla a superar aquello, ni a perdonarte siquiera — Tratando de dar ánimos al humano, Sizgolar aprovechó para darle una palmada en la espalda en clara señal de apoyo — Está en sus manos; esto escapa del control de las tuyas.

    — Supongo que tienes razón — Algo apático con la situación, Vaalot decidió sentarse en una silla de plástico, aprovechando que estaban en el jardín trasero de su vivienda — Pero es una lástima, Cole y Ástian son amigos… y joder, hace meses que no veo a mi sobrino. Estuve el día de su nacimiento y no le he visto todo lo que me gustaría en todo este tiempo.

    Tanto Siz como Jackon permanecieron en silencio, tomando el sol en aquel pequeño jardín trasero de la casa que el humano compartía con su pareja y comandante, además de con el propio neoniano, el pequeño Cole —que cumplía seis años ese mismo día— y la IA con forma humana.

    Precisamente Oda hizo acto de presencia junto al niño, que la tomaba de la mano mientras aparecía en el jardín con una sonrisa de oreja a oreja.

    — ¡Echo ya está aquí, Echo ya está aquí! — Exclamaba con efusividad, celebrando la llegada de su madre adoptiva.

    — También hay algo más — Oda tomó la palabra, mirando a su protegido Jackon — Karla ha llamado; vendrá al cumpleaños con Ástian, Andrómeda y Kendall.

    […]

    Una fogata iluminaba el centro de un pequeño campamento instalado en el interior de la ciudad de Siren, la capital conocida del planeta Khara. Antaño un hervidero de actividad civil y tecnológica en auge, ahora era un lugar fantasma tras la huida del gobernador Zorin y lo que quedaba de la milicia kharaket a su cargo, con sus dos comandantes Draux y Huze también en paradero desconocido.

    Hacía más de dos años que la Alianza decidió, una vez acordado con Ebran, el envío de un numeroso escuadrón que fuese a la caza de aquellos al servicio de la corrupción de Akkor. El acuerdo del que fuera representante superior con el máximo mandatario kharaket ya era papel mojado y su sometimiento a la población —repartida por todo el globo— no quedaría impune, con los insurgentes cada vez consiguiendo más adeptos al margen del apoyo del ejército aliado.

    La noche había caído sobre el campamento pero la vigilancia no descansaba; varios soldados de la AIE patrullaban el área mientras otros rodeaban la zona con un perímetro camuflado pero bien estudiado, con el fin de evitar una posible emboscada ya fuese de la milicia kharaket o de pequeños grupos de rebeldes que intentasen adueñarse de los suministros.

    Tristemente, esa era la realidad en Khara tras la repentina inutilización de su tecnología —teniendo que realizar un pacto con los anixis para adquirir su tecnología y por ende depender de ellos— hasta que se empezase a reconstruir todo y se instaurase no solo un nuevo gobierno en el planeta, sino su posible admisión definitiva en la Alianza Interestelar de Especies.

    El silencio en el campamento era roto por las diversas conversaciones que se estaban dando, algo que observaba desde la proximidad de la hoguera el subcomandante anixis —el general del ejército superior desde hacía varios años—, autoridad máxima en la misión junto al subcomandante syleriano.

    Ikviek era un veterano de guerra —aunque no hubiese presenciado muchas— y un soldado contrastado; vio caer el viejo imperio a manos de Mente Colmena, detectó desde muy temprano la corrupción en el Consejo y en el ejército, formó parte de la expedición clandestina del Explorario y formó parte del derrocamiento de Akkor. Todo aquello le permitió ganarse su nuevo puesto a ojos del nuevo Consejo Superior —y de la recomendación de compañeros de expedición como la del propio Jackon Vaalot—.

    — ¿Pensando? — La voz de alguien distrajo de sus pensamientos al solitario anixis — Nunca te veo hablando con tus soldados, ni con los kharaket insurgentes a menos que debamos tratar asuntos bélicos.

    — Estamos en una misión — Contestó Ikviek en un tono serio pero calmado — No he venido a hacer amigos, Xerom.

    — Ya, bueno, los kharaket ahora son amigos — El subcomandante syleriano se sentó al lado de su compañero de rango, siendo ambos los máximos responsables del escuadrón de la Alianza — Y son una especie de lo más interesante. Me agrada estar aquí y conocerlos más en profundidad.

    — Bien por ti, camarada — El veterano soldado dio un largo sorbo a una bebida que había dejado calentarse al lado del fuego — ¿Quieres?

    — ¿Qué es?

    — Lo que los humanos llaman café.

    — Escuché que los anixis se habían aficionado a esa bebida humana, pero no pensé que fuera cierto.

    — No todos los estómagos anixis aguantan este brebaje, pero los que sí lo hacemos, aprovechamos al máximo sus beneficios.

    — Vaya, pues ya lo he visto todo en la vida.

    Ikviek y Xerom permanecieron en silencio durante unos pocos minutos, observando desde su posición cómo algunos soldados aliados aprovechaban sus descansos para entablar conversación con los insurgentes que acompañaban al escuadrón, ya fuese como apoyo militar, guías o simplemente ayudantes en otras tareas.

    No obstante, los ojos de ambos subcomandantes se cruzaron con los de la líder insurgente —en ausencia de Ebran—, quién se aproximó a ellos para tomar asiento a su lado.

    — Acabo de hablar con Ebran; es una maravilla ese aparato al que llamáis comunicador de enlace cuántico — Solphea se quedó al mando de la resistencia kharaket tras la partida de su principal líder hacia Ibos, el cual iba y venía de allí cada ciertos meses — Ha dicho que vendrá muy pronto.

    — ¿Algo más? — Ikviek suponía que habría más información que compartir.

    — Sí, el Consejo quiere dar un acelerón a las cosas — La kharaket cruzó las piernas y puso sus cuatro manos cerca de la fogata, pues estaban en una época fría en Khara — Debemos dar con el paradero de Zorin cuanto antes.

    — ¿Prioridad máxima? — Devom se volteó a mirarla con atención.

    — Prioridad máxima.
     
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    Reydelaperdicion

    Reydelaperdicion Equipo administrativo Comentarista empedernido

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    Saludos, amigo, paso a comentar el capítulo 1 de la parte III, a unos días de distancia cortesía de la caída del foro.

    Que decir, arrancamos la parte y el capítulo con una noticia triste, y es que Owen no sobrevivió al ataque de Akkor en la parte II :anicry: Su herida fue mortal, y se fue, dejando sola a Karla, quien 5 años después lo va a ver al cementerio junto a su hijo Astian. Amigo, eso no se hace. Owen era mi favorito entre los de la nueva generación, era lo último que quedaba de Lill y Snow (que eran mis favoritos de la generación anterior) y encima dejó sola a su mujer y huérfano de padre a su hijo. Eso fue una forma horrible de empezar la parte, pobre Karla, ella sabe lo que era crecer sin un padre,y ahora le toca criar a su hijo de la misma manera :sadexo:

    Pero como se dice, a cada acción le corresponde una reacción, y yo te aseguro que la muerte de mi bebé Owen no será olvidada ni tampoco perdonada, amigo :slap::ewww: Ya verás. Ten mucho cuidado cuando sigas adentrándote en la leída de LGC, porque no voy a olvidarme de esto :humm:

    Vemos también que Karla arrastra un estrés postraumático horrible , llegando a hacer daño a su hijo de forma involuntaria. Espero que estés feliz, amigo, Owen y Karla junto al pequeño Astian iban a ser la familia más bonita y feliz de la conti y tu la destruiste antes de que empiece angrysnake:angrycat: Luego de la visita, Karla se va con Rath, pues tiene una sesión con ella.

    Pasamos a ver a los nuevos consejeros. Ziba y Om no son nuevos, pues mantienen su rol. Valtin se retiró del puesto y vuelve a ser un simple ingeniero (le hubieran dado el título de consejero honorífico como a Eeron btw) mientras que los neonianos eligieron a Musna, una neoniana nueva ya que Kairos fue rechazado de las elecciones, y de los humanos está Brandon, quien ya demuestra que el puesto le queda grande y de útil solo tiene la billetera. El grupo trata con Ebran, que no es consejero pero sí representante, como gestionar el conflicto en Khara, ya que Ikviek y Xerom están ahí ayudando a Solphea, pero Zorin, sabiendo que Akkor ha caído, se ocultó de la acción. Luego reciben la notificación de que Kairos iba a llegar, algo que casi todos olvidaron, a lo que Brandon propone elegir secretarias. Claro, te faltó proponer que usen minifalda y mantenerlas vigiladas con cámaras en los vestuarios, maldito simp :eyebrow::eye:

    Musna va a ver a Kairos, quien se queja junto a Tabitha de que los traten como criminales, y bueno, papi, no haberte robado una nave de la alianza a la próxima :slap: Kairos quiere ir de visita con Mia, y Musna se ofrece a ello.

    Echo se reune con Octavia, Stalo, Vorta y Ernu, los nuevos operativos o emisarios que funcionan en la oscuridad, donde nos damos cuenta de que hay gente protestando por la presencia de los kharaket en el futuro de la alianza, y que a parte hay personas fieles a Akkor en el ejército. Pues ojalá no por mucho. Akkor mató a mi bebé, así que cualquiera que lo quiera ayudar tiene que irse al otro barrio, y de paso él también :shani:

    Luego vemos a Jackon entrenando con Sizgolar, donde se puede ver que el humano está distraido, pues su decisión de dejar a Akkor con vida ha dañado su relación con Karla (encima eso, amigo, has destruido a los hijos de Axlor y Arva). Siz le dice que tenga paciencia, y luego pasamos a la noticia de que ese mismo día es el cumpleaños del pequeño Cole :nice: y además, Kendall, Andrómeda, Karla y Astian van a estar en la fiesta. Esa escena será bonita, amigo, pero sabes que en esa fiesta faltará alguien importante (ya ves por qué no puedo perdonarte por lo de Owen :blue: ).

    Por último en Khara las cosas no van bien. Así como en Ibos hay gente que se rehusa a que los kharaket sean parte de la alianza, en Khara la gente no está contenta con que haya miembros de la alianza interviniendo, pero todo es por un bien mayor. Encontrar y detener a Zorin y de paso dar libertad al pueblo kharaket para que elijan su próximo rumbo. Ikviek, Xerom y Solphea esperan la ayuda de Ebran, quien acudirá allí mismo para dar una mano, mientras se preparan para seguir rastreando al escurridizo Zorin.

    Bueno, amigo, creo que la parte III ahondará en la culminación de la corrupción de Akkor cuando su último aliado llamado Zorin caiga, y cuando él sea ejecutado (que tiene que ser ya :´v) junto a los últimos leales a él, mientras que vemos la reconstrucción de la Alianza y como se recuperan de las muertes de Eeron, Orlat y Owen. Entiendo que es una forma de cerrar este ciclo para que luego venga uno nuevo en las últimas tres partes, y estoy entusiasmado por ver qué va a venir. Pero como Owen ya no está, una chispa se apagó y costará leer la conti de la misma manera que antes :piplup:

    En fin, con eso me despido. Ojalá la próxima podamos reunirnos y leer y comentar en vivo sin que se nos muera el foro en el proceso. Estaré ansioso por eso, un abrazo y cuídate mucho :cynda:
    Y procura no seguir matando a mis personajes favoritos, último aviso eh :smud:

    Ahora sí, adiós.
     
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    Manuvalk

    Manuvalk el ahora es efímero

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    Los Viajeros Vol. 2: Parte III: Ecos del pasado
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    Hola a todos aquellos que os hayáis adentrado en esta tercera parte de Los Viajeros Vol. 2, en especial a mi buen amigo Reydelaperdicion que, por lo visto en el comentario del primer capítulo, está dolido por la muerte de uno de los personajes. Bueno, amigo, te entiendo... pero no esperes que la cosa mejore. Estás tratando con un escritor sin escrúpulos :shani::yagami:.

    Fuera bromas, espero que tanto mi buen amigo como el resto de lectores, disfruten de lo que está por venir en los próximos capítulos. Esta parte constará de 15 capítulos, aunque la publicación se tomará una pausa tras el capítulo 7, como una especie de parón a mitad de temporada. Quería ir avisando de esto. Sin más, hora de leer.







    Lo que me queda




    Oda había preparado un pastel de nata con fresas y galleta que tenía un aspecto delicioso a ojos de todos los invitados.

    Sizgolar disponía los platos y cubiertos en una mesa rectangular que decidieron colocar en el amplio salón de la vivienda, mientras una recién llegada Echo salía ya vestida de la ducha, tras haber llegado in extremis de su jornada laboral en la base militar del ejército de la Alianza.

    Cole y Ástian estaban sentados en sus sillas a la espera de que se realizase la clásica ceremonia previa a la repartición de porciones; el pequeño cumpleañero vería cómo le colocaban una vela con el número seis —la edad que cumplía ese día— para soplar con todas sus fuerzas a la vez que pedía un deseo que no podía revelar si quería que se cumpliese.

    Andrómeda y Kendall ayudaban a preparar las cosas mientras los hermanos Vaalot salían un momento al patío trasero, donde hacía una hora habían estado entrenando el propio Jackon y el neoniano. El sol calentaba con energía siendo que se encontraban al mediodía, pero eso no era molestia para los mellizos, ajenos temporalmente al ajetreo del interior de la casa por petición expresa del propio hombre.

    — Gracias por venir — Empezó diciendo Jackon, con un gesto de agradecimiento — Y por traer a Ástian. Está creciendo muy deprisa…

    — Sí, así es — Contestó ella con cierto recelo — Y no he venido por ti, sino por Cole, Siz y Echo.

    — Entiendo…

    — También por mi hijo. Él quería veros a todos.

    — Ya — El hombre podía percibir una brecha entre ambos, una distancia abierta por las fricciones del tiempo y de las decisiones pasadas — Oye, sé que estás enfadada conmigo, pero apreciaría que contestaras mis llamadas. Apenas nos vemos cada varios meses y…

    — Tú también tuviste tu época en la que desapareciste durante meses — Karla no dudó en restregar las heridas por la cara — ¿O no te acuerdas?

    — Sí, es cierto — Él se dispuso a recriminarle también — Pero no me alejé de mi familia por cinco putos años.

    — ¡¿Qué mierda quieres de mí, Jack?!

    La científica tenía tanta rabia contenida que se encaró con su hermano a la vez que apretaba sus dos puños.

    El soldado no vaciló ni un poco y no se apartó en absoluto, quedándose ambos a escasos centímetros el uno del otro, con cara de pocos amigos. La tensión era tal que cualquiera que no los conociese dudaría del lazo de sangre que compartían los dos, el cual se estaba fragmentando con el paso de los años. Karla tomó distancia de todos a los que quería cuando Owen murió en el hospital sin que los médicos pudieran hacer nada, alejándose especialmente de su hermano mellizo.

    — Tú ordenaste no matar a Akkor y todos te obedecieron como si aún fueses el puto comandante o como si aún tuvieses poder de decisión, pero eso no es así — La joven Vaalot Tidder estaba conteniéndose con tal de no montar un espectáculo allí mismo — Dejaste de ser alguien importante en el momento en el que dejaste el ejército y volviste con esa expedición de exiliados como si fueras el maldito salvador de todos, ¡pero no lo eres y nunca lo serás! ¡El asesino de Owen sigue vivo y él no! ¡ÉL NO!

    Visiblemente furiosa, Karla empujó violentamente a su hermano, descargando toda su ira y frustración en ese movimiento.

    Jackon fue desplazado unos pasos atrás, mostrándose serio y contrariado pero sin inmutarse en absoluto. El levantamiento del tono de voz por parte de la científica atrajo la atención de Andrómeda y Kendall, que salieron juntos al jardín para encontrarse con dicha escena. La madre del joven Crane Vaalot comenzó a sollozar mientras Vermeer se acercaba a ella y la abrazaba por la espalda, mientras observaba con tristeza a su compañero de equipo, un Jackon que tenía los ojos vidriosos pero todas las emociones por dentro.

    — Yo le quería como si fuese un hermano más.

    Esas palabras surgieron de los labios del ex comandante, que acto seguido emprendió el camino hacia el interior de su hogar.

    Karla se sentía horriblemente mal, no por haber dicho todo eso a la cara de su hermano sino porque la pérdida de Owen estaba enquistada en ella cómo una afección sin cura, cómo una herida aún abierta y sin visos de cicatrizar pronto. La otra científica, Andrómeda, consolaba a la que siempre había considerado como su hermana, mientras se acariciaba el abdomen; lugar donde fue herida de gravedad en el mismo lugar en el que Owen fue abatido.

    Kendall no dijo nada; sus ojos se cruzaron con los de Andrómeda y él asintió, regresando dentro.

    — ¿Está todo bien? — Siz se dirigió al chico de rasgos asiáticos.

    — Me temo que no — Hablando en voz baja para no llamar la atención de los dos niños, Xom negaba con la cabeza — No sé cómo haremos para que los Vaalot vuelvan a ser cómo eran antes.

    — Solo el tiempo y la reflexión propia pueden hacer mella en el muro que se ha construido entre ambos — El neoniano apelaba a la paciencia y el transcurso de los eventos para que ambos hermanos terminasen reconciliándose — Nosotros solo podemos acompañarles en el proceso.

    El detective, ahora también miembro de ese grupo especial junto a Andrómeda, Jackon, Ernu, Vorta y más personas, asintió. Ver a sus compañeros y amigos llevarse así le hacía sentir de nuevo en una familia desestructurada como lo fue la suya, con un padre ausente, una madre criminal y un tío que intentó darle una vida normal el máximo tiempo posible.

    No obstante, sus pensamientos se esfumaron cuando Echo bajaba del segundo piso acompañado de Jackon, quién se había ido a la parte de arriba para que nadie le viese sufrir. Los rostros de la comandante y de aquel que la precedió en el cargo eran todo un poema, pero tanto ellos cómo el resto eran conscientes de que no podían aguarle la fiesta de cumpleaños a un niño de seis años que tenía toda la ilusión de celebrarla, pese a todo lo que había vivido desde bien pequeño.

    — ¡Vamos, vamos! — Ajeno a los gritos que se habían sucedido antes, Cole levantaba las manos con efusividad — ¡Quiero la tarta!

    — ¡Sí, la tarta! — Ástian se contagiaba de la energía de su amigo.

    — Tienes que pedir un deseo y soplar la vela antes de comerte un trozo de tarta — Comportándose cómo si fuese su madre, algo que era así a efectos legales, Echo le indicó a su hijo adoptivo cuál era el procedimiento a seguir.

    En ese preciso instante, Oda prendió un diminuto fuego en la vela con forma de número seis mientras Andrómeda regresaba al interior de la casa junto a Karla, ya más recompuesta.

    Los mellizos Vaalot no intercambiaron miradas mientras que la joven Vermeer se tomó de la mano con quién era su pareja desde hacía ya tres años, siendo Kendall. Ástian estaba distraído con la iluminación tenue que había adquirido la casa, provocando así que la vela fuese la principal y más potente fuente de luz. Sizgolar observaba con orgullo y algo de emoción como su protegido se preparaba para soplar la vela.

    El rostro del pequeño Cole se iluminó justo antes de pedir su deseo.

    — Nunca, nunca, nunca quiero quedarme solo en la oscuridad.

    […]

    Con el cumpleaños llegando a su fin, la gente fue despidiéndose poco a poco de los anfitriones, quiénes agradecieron la visita de todos —pese a la tensa situación con alguno de ellos—. Cole había recibido varios regalos de los que iba a hacer uso rápidamente, recibiendo el permiso de parte de sus padres adoptivos y de su protector para irse a jugar al jardín, algo que el pequeño Ástian vio, generándose en el niño un deseo que no pasó inadvertido.

    — Mamá… — El chico tiraba de la chaqueta de su madre, captando así su atención — ¿Ya nos vamos?

    — Sí — Contestó ella un tanto fría.

    — Yo quiero quedarme un poco más y jugar con Cole — Las palabras de Ástian llegaron a oídos de la comandante Mercer, que se aproximó a quiénes consideraba su familia — ¿Puedo?

    — No lo sé, hijo…

    — Si te parece bien, que se quede — Murmuró Echo, mostrándose complaciente ante su cuñada — Por nosotros no hay problema.

    Karla valoraba la actitud afable de quién era la pareja de su hermano pero muchas veces se sentía algo condescendiente por parte de la comandante, pese a que ésta en el fondo solo quería tratarla con aprecio y cariño a pesar de su deteriorada relación con el otro Vaalot. Ástian le hacía ojitos a su madre a modo de súplica mientras ella observaba a Jackon desde la distancia; el hombre se encontraba en el jardín junto a Cole y Sizgolar, quiénes ayudaban al pequeño a construir una torre con piezas de plástico.

    — Está bien — Musitó ella, disimulando la seriedad con una media sonrisa — Pero antes del anochecer le quiero en mi casa, ¿vale?

    — Descuida, yo personalmente lo llevaré — Mercer no quería generar más conflicto entre su cuñada y su novio.

    — Gracias — La científica decidió darle un abrazo a la comandante, pese a que ésta no se lo esperaba — Por entenderlo.

    Echo asintió con neutralidad tras haber correspondido el abrazo, indicándole a Ástian con un gesto que podía acceder al patio trasero para jugar con su buen amigo. Karla vio marchar a su hijo y en cierto modo respiró aliviada por desconectar de su presencia, como si tenerlo a su alrededor le doliese.

    Y es que Ástian era la viva imagen de Owen, algo que afectaba a su madre a un nivel profundo que ella ni siquiera terminaba de comprender. Lo quería con locura, ya que era su hijo y lo único que le quedaba del amor de su vida, pero su duelo no resuelto la impedía verlo con toda esa ternura que un niño merece.

    Sin embargo, todo eso podría conversarlo pronto con su psicóloga, a la cuál debía visitar próximamente.

    — Karla, valoro mucho tu presencia aquí el día de hoy — La científica no esperaba que la IA con forma humana la interceptase en su camino a la salida — Y la de tu hijo. Tener a Ástian en brazos fue una sensación inimaginable, aquel día…

    — Oda, por favor — La mujer Vaalot detuvo el discurso de la máquina inteligente — Me tengo que ir.

    — Entiendo — La IA era la envidia de todos los seres orgánicos, ya que parecía una persona capaz de controlar las emociones al milímetro — Espero verte pronto.

    — Ya veremos… — Karla no quería dar muchas esperanzas al respecto — Gracias por el pastel, estaba muy bueno.

    — Un placer. Cuídate.

    La científica —que llevaba dos años sin ejercer en su profesión debido a su delicada salud mental— por fin emprendió el rumbo hacia la salida del hogar, sin haberse despedido ni de su hermano ni de Sizgolar —aunque al neoniano lo estuvo viendo hacía no mucho tiempo, ya que él era quién se encargaba muchas veces de llevar a Cole a su casa, para que jugase con Ástian y de paso para hablar entre ellos dos—.

    No obstante, en el exterior de la vivienda la esperaban Andrómeda y Kendall, quiénes se vieron con ella antes del cumpleaños para tomar una bebida en un local.

    — ¿Te llevamos a casa? — La joven Vermeer se preocupaba mucho por su “hermana” y sus gestos y expresiones faciales así lo demostraban.

    — No, aunque de hecho me vendría bien que me llevarais a Astea — Indicó la mujer — Si no es molestia desviaros un poco, claro.

    — Descuida — El hombre de rasgos asiáticos no dudó en restarle importancia a esa petición — ¿Dónde debes ir?

    — A la clínica terapéutica.

    — Claro, vamos — Xom fue el primero en subirse a la lanzadera personal que tenía ya desde hacía años.

    El que fuera detective —aunque en los últimos meses no ocupó ese rol— puso rumbo hacia la ciudad de Astea, ya que había tenido que desplazarse junto a Andrómeda a Vianus para encontrarse con Karla y posteriormente ir al cumpleaños de Cole. Durante el trayecto, la pareja mantuvo una conversación con Karla, a quién tenían en muy alta estima y cuidaban.

    — Entonces, ¿vas a ver a tu psicóloga? — La pregunta provenía de Xom, que era el que menos comunicación tenía con Vaalot de entre él y su novia — ¿Es esa de la que tanto hablan por radio últimamente? ¿Rath se llama?

    — Así es, es ella — Afirmó la científica, mientras observaba por una pequeña ventana al lado de su asiento, en la parte de atrás — Llevo visitándola desde el último año.

    — ¿Y qué tal es? — Andrómeda no quiso quedarse al margen de la conversación — Porque por lo que se escucha de ella, hace un buen trabajo.

    — Sí, bueno… — Karla se tomó una pausa — Está bien.

    Kendall y Andrómeda se miraron fugazmente, pero el suficiente tiempo como para decirse algo no verbal que solo sabían interpretar entre ellos. Estaba claro, desde sus perspectivas, que Karla sufría altibajos y estaba en uno de ellos, cumpliéndose hacía poco tiempo el quinto aniversario de la muerte de Owen, algo que no pasaba inadvertido para ninguno de sus amigos.

    — Si te está ayudando, es más que suficiente — Recalcó el hombre de rasgos asiáticos mientras pilotaba la lanzadera por los carriles aéreos señalizados para salir de la ciudad ordenadamente — Al menos, así es como lo veo yo.

    — Desde luego — Dijo Vaalot, que no parecía tener mucho interés en hablar en aquel momento.

    — Oye, K, sobre lo que ha pasado con tu hermano…

    — Andro — El hombre interceptó a su novia antes de que siguiese hablando — No es el momento, ¿no crees?

    — Ya… quizá tengas razón — La joven científica se dirigió de nuevo a su gran amiga — Perdona, no debería mencionarlo ahora.

    — Agradecería que no lo hicieras. No quiero hablar de él ahora mismo.

    El resto del trayecto transcurrió en absoluto silencio, únicamente roto por el persistente sonido suave de los propulsores del vehículo aéreo, que pese a oírse muy poco era algo que no podía desaparecer. Además, cuando las lanzaderas pasaban en dirección contraria a gran velocidad y muy cerca, el vehículo se zarandeaba tímidamente por el contraste de velocidades.

    Sin embargo, tras media hora aproximada, habían llegado a Astea.

    — ¿Quieres que te dejemos en la puerta de la clínica? — Preguntó Xom, dispuesto a hacerlo sin mayor esfuerzo.

    — Lo buscaré en el GPS — Añadió Vermeer, determinada a ello.

    — No, chicos, os lo agradezco pero dejadme por aquí — Indicó con cierta urgencia la científica Vaalot — Me vendría bien airearme con un paseo.

    — Claro, como quieras.

    La pareja se despidió de la mujer con dos afectuosos abrazos una vez la lanzadera tocó el suelo, dejándola a diez minutos andando de la clínica de Rath. Mientras Karla emprendía el rumbo hacia esta, la pareja se dirigía a su hogar, también ubicado en la misma ciudad.

    — Cuando estaba trabajando al menos se mantenía ocupada y distraída de todos esos sentimientos — Espetó Andrómeda, recordando que los primeros años tras la muerte de Owen, su amiga trabajaba aún en el campo en el que se especializó — Pero por algún motivo, está cayendo a un pozo sin fondo.

    — No debe ser nada fácil para ella, Andro — Kendall parecía entender mejor lo que le sucedía a su amiga — La conozco desde que éramos niños y ella y Owen siempre habían estado el uno para el otro. Cuando su madre Arva murió por culpa de los Veerham, ella y Jackon fueron adoptados por los padres de Owen. Lill y Snow cuidaron de ellos hasta que se subieron a bordo de la gran arca. No me imagino lo horrible que se debe sentir el perder a alguien a quién amas con todo tu ser…

    La joven Vermeer vio como el semblante del detective cambió, pasando de uno normal a uno triste.

    La realidad era que pese a que él y Owen siempre habían tenido sus diferencias, todo lo que había sucedido hasta llegar a ese punto había sido con ellos dos trabajando en equipo; desde los sucesos en el invernadero del agricultor hasta la propuesta de grupo en la sombra de Om. En cierto modo, esa relación había pasado de un opuesto al otro en el transcurso del tiempo y ahora Kendall sentía que con Owen había perdido a un verdadero amigo.

    Sin embargo, obviamente, lo llevaba distinto a Karla.

    […]

    La ciudad de Astea tenía muchas diferencias respecto a la capital del planeta.

    Vianus contaba con la zona de los suburbios, una gran plaza en el centro y la espléndida Casa Superior además de los tres distritos que acogieron en un principio a las subespecies. Astea, por su parte, tenía el privilegio de situarse en un largo y extenso acantilado, rodeada de sierras montañosas y un aire inequívocamente más puro que en la capital. Sus edificios no eran tan altos como los de Vianus y contaba con muchos parques, añadiendo también un río que cruzaba todo el núcleo poblacional. Era la segunda ciudad más habitada de Ibos, por detrás de la capital y por delante de la turística y paradisíaca Cainía.

    Karla era una transeúnte más por la calle tras haberse despedido de sus amigos Kendall y Andrómeda.

    Astea era la cumbre de la psicología y la ciencia entre especies, con las bases militares de la Alianza y el ejército superior —ambas milicias juntas y llamadas ‘ejército unificado’— muy próximas a Vianus, lo que generaba en la segunda ciudad planetaria un ambiente bastante pacifista y solidario. Sus ciudadanos eran conocidos por un gran sentimiento de comunidad, muy similar al de los inquilinos de los suburbios de la capital, creando así un lugar magnífico si tu objetivo era llevar una vida menos ajetreada y más relajada.

    El camino a la clínica psicológica de Rath era relativamente corto; diez minutos aproximadamente para llegar hasta sus puertas. El lugar se encontraba entre dos bloques de viviendas —edificios de no más de cuatro pisos— y destacaba por verse sorprendentemente pequeño. Uno esperaría un espacio extenso con diversas salas donde los profesionales de la salud mental convivían y compartían impresiones a la vez que trabajaban tratando a sus pacientes, pero aquel sitio era llamativo por aparentar ser tan poca cosa aunque a su vez eso lo hacía acogedor, algo que percibió Vaalot en cuanto puso un pie en el interior.

    Las puertas eran correderas y se abrieron al detectar la presencia de la mujer, captando a su vez la atención de un hombre humano de aspecto joven que parecía ser el secretario.

    — Bienvenida a la consulta privada de la psicóloga Rath — Dijo aquel tipo, mostrándose servicial — ¿Tiene alguna cita programada o quiere programar una? Le puedo informar de las tarifas…

    — Ya tengo cita y está pagada — La científica quiso ir directamente al grano.

    — Vale. ¿Nombre?

    — Karla Vaalot Tidder.

    — Perfecto — El chico corroboró que figurase en la lista de pacientes citados — Sígame, si es tan amable…

    — Sé donde está la consulta, ya he venido antes — La mujer empezaba a sentirse incómoda con el secretario, pero mantuvo las formas — Gracias.

    — Entendido.

    Mientras aquel tipo regresaba a su mostrador con el ceño algo fruncido, Karla emprendió el camino hacia la consulta de la neoniana con los nervios a flor de piel, no por la interacción anterior sino porque siempre que se personaba ante la psicóloga se ponía nerviosa, pues los temas a tratar involucraban muchas emociones y situaciones no resueltas. Sin embargo, respiró aliviada al no llevar consigo a Ástian —que estaba en la casa de su tío Jackon—, porque hablar de según qué asuntos con él delante no representaba nada positivo para ella, sino más bien lo contrario. Sin su hijo en aquel contexto, podía expresarse con normalidad y decir lo que pensaba sin tapujos, aunque Rath ya le había dicho en repetidas ocasiones que deberían tener una sesión conjunta, ya que el pequeño Crane también parecía afrontar diferentes conflictos internos propios de un niño.

    — Adelante — La neoniana dio permiso a la humana cuando la escuchó tocar repetidas veces la puerta.

    La científica accedió a la sala con cierta cautela, como si estuviese adentrándose en un lugar temeroso. Pero aquello no le impidió afrontarlo con valentía, sabedora de que estaba allí por voluntad propia y porque buscaba superar sus traumas, el estrés post-traumático del conflicto con los operativos y el duelo por la muerte de Owen. La habitación era espaciosa; una mesa de escritorio figuraba en el centro junto a la psicóloga sentada, con varias estanterías con libros y una ventana alargada que daba vistas a un parque cercano siendo lo más llamativo del lugar.

    Karla tomó asiento frente a la terapeuta, dejó sus pertenencias en la otra silla que tenía al lado y clavó sus ojos en los de la neoniana. Rath se mostraba seria, terminando de escribir algunas cosas en una tableta electrónica mientras una pequeña lámpara iluminaba su rostro, quedando el resto de la sala en una penumbra íntima. Por unos breves segundos, el silencio en aquel sitio incomodó notablemente a la científica, que empezó a mover una de sus piernas como clara señal inconsciente de nerviosismo.

    — Bueno, primero que nada, ¿cómo estás?

    — Bien… supongo.

    — No hemos quedado para tomar un café, Karla — Rath sabía que era difícil para la humana el abrirse al comienzo de una sesión — Quiero honestidad y dirección. Cuéntame, desde la última sesión que tuvimos hasta hoy, ¿qué cosas has vivido? ¿Qué has sentido?

    Vaalot tragó saliva y lanzó un suspiro profundo que no pasó desapercibido para la psicóloga, quien no dudó en anotar en su tableta electrónica cualquier gesto o expresión que considerase. Tras unos segundos, la científica —que ya no ejercía de ello— se dispuso a hablar.

    — Las pesadillas aparecen menos pero son repentinas e inesperadas — Musitó de pronto — Sigo reviviendo ese instante; cuando… cuando ese asesino dispara a Owen. Se repite como un bucle hasta que me despierto sobresaltada.

    — Aunque como has dicho ya no es algo recurrente, ¿verdad? — La neoniana seguía anotando.

    — Así es.

    — ¿Qué más tienes para contarme?

    — ¿Solo quieres que te cuente cosas y ya está? — La humana se molestó, creyendo que de eso se trataba.

    — No, Karla, solo quiero oírte — Rath dejó claro su objetivo — Una vez vea cómo estás en el día de hoy, te diré como avanza el progreso. Iré haciendo comentarios sobre la marcha, como siempre hemos hecho.

    — Vale.

    — Ahora dime, ¿qué otras cosas te alteran o te afectan?

    — Sigo viendo en Ástian la prueba viviente de lo que pasó hace ya cinco años — Karla se sinceró al abrir el tema de su hijo — Se parece tantísimo a Owen, me recuerda a él cuando duerme o cuando sonríe, pero por algún motivo, no me siento feliz de eso. Algo en mí emerge y me llena de rabia…

    — ¿Contra tu hijo?

    — No, contra el asesino de su padre.

    — Puedes decir su nombre.

    — No quiero hacerlo.

    — Entiendo — La psicóloga prosiguió con sus apuntes durante unos segundos, para acto seguido levantar la mirada y centrarla de nuevo en su paciente — Verás, es comprensible que no quieras mencionarle. Pero hacerlo o no hacerlo no cambiará nada de lo ocurrido, sin embargo, te irás sintiendo mejor a medida que lo verbalices porque terminarás dándote cuenta de que es simplemente eso, un nombre.

    — No es simplemente eso — Recalcó Vaalot, con una expresión de evidente furia contenida en su rostro — Es el maldito asesino de mi marido.

    Karla y Owen no llegaron a casarse aunque sí tenían planes para ello, no obstante, a menudo se dirigían entre sí o con otros como ‘marido’ y ‘mujer’ en términos matrimoniales, confiando tanto en que su vínculo les llevaría a ese punto que ya casi lo daban por sentado.

    — Pero está pagando por ello — Rath hizo alusión a que el ex representante superior estaba en la cárcel de máxima seguridad y procesamiento en la estación espacial en órbita, cumpliendo condena de por vida por sus actos.

    — Debería estar muerto, pero Jackon se encargó de ordenar su encierro porque se creía el héroe que había venido a salvar Ibos — En ese instante, Karla empezó a sacar lo que verdaderamente sentía — Y mientras ese asesino disfruta de varias comidas al día y una pensión completa, mi marido está convertido en cenizas y es un árbol al que venero.

    La crudeza de las palabras sin duda marcaba un precedente a ojos de Rath, que en anteriores sesiones no había visto a la mujer hablar con tanta ira contenida en su tono de voz y en la utilización elegante pero letal del vocabulario. Sin embargo, eso daba a la neoniana mucho material en el que trabajar con respecto a su paciente.

    — ¿Sigues enfrentada con tu hermano?

    — Hoy mismo hemos tenido uno de esos “encuentros” — Karla matizó esa última palabra en un tono que le confería dichas comillas — Y eso me hace recordar que tengo a mi hijo con él y no pienso permitir que Ástian esté con el hombre que permitió al asesino de su padre seguir respirando. Así que voy a irme.

    — Karla, espera, aún no hemos…

    — ¡Hemos acabado! — Explotó la científica, incorporándose bruscamente de la silla para marcharse de la sesión.

    Rath apenas tuvo margen de respuesta, pues Karla emprendió la dirección hacia la salida con una velocidad vertiginosa, abandonando la sala con total rapidez mientras ella simplemente permanecía atónita. No solo era la primera vez que la humana hablaba con semejante dureza camuflada con educación, sino que también era la primera vez que abandonaba una sesión en curso. Aún no salía de su asombro cuando su secretario, el hombre que atendió a la paciente a su llegada —y que la había desquiciado sin darse cuenta—, se asomó por la puerta con un gesto de desconcierto absoluto.

    — ¿Está todo en orden, jefa?

    — Sí, no te preocupes — Contestó Rath, volviendo al presente tras haberse quedado algo impactada con la espantada de su paciente — Ordena el reintegro del importe de Karla Vaalot. No le cobraré esta sesión.

    — Entendido, así lo haré.

    […]

    Las dudas y las emociones asaltaban a Karla mientras caminaba a paso ligero hasta una de las diversas paradas de autobús-lanzadera con el objetivo de regresar a Vianus y recoger a su hijo de casa de su hermano. La sesión ya había empezado algo tensa para ella, que sintió cómo gradualmente iba experimentando un nivel elevado de ira contenida en su interior. Mientras se aproximaba a dicha parada, un pensamiento la detuvo. Estaba atardeciendo en Ibos —concretamente en esa zona del planeta donde se ubicaba la civilización— y el cielo obtuvo ese clásico tono rojizo que era mucho más vivo que el de la Tierra.

    Vaalot consideró cambiar de idea y en el último instante decidió sacar su comunicador para realizar una llamada a su cuñada.

    ¿Karla? — La voz de la comandante del ejército unificado se escuchaba con cierto tono de sorpresa — ¿Vienes ya a por Ástian?

    — Hola, Echo — Murmuró la científica — No, de hecho, necesito pedirte un favor.

    El que quieras.

    — ¿Podría quedarse Ástian con vosotros durante unos días?

    La pregunta fue tan inesperada para Mercer que se mantuvo en silencio unos segundos un tanto prolongados, algo que incomodó a Vaalot.

    — Si no es posible, iré a por él ahora mismo.

    N-no, no, está bien. No tenemos problema en que se quede aquí unos días, a fin de cuentas es nuestro sobrino — El comentario que lanzó la comandante podía interpretarse de diversas formas — ¿De cuántos días estamos hablando? Porque me imagino que tendrá colegio…

    — Al menos dos días — Indicó Karla — Tengo que hacer algo.

    ¿Hacer algo? — Echo se preocupó al instante al escuchar aquello — ¿El qué?

    — Tranquila, no voy a cometer ninguna locura — La científica lo dijo más por acabar pronto con la conversación que por verdadera empatía, pues pese a ir a terapia y haber pasado por una depresión que se alargaba en el tiempo, nunca había pensado en quitarse la vida ni nada parecido — Solo tengo un asunto que tratar y me gustaría que te quedaras con mi hijo.

    Okay, Karla, está bien. Simplemente no hagas nada de lo que te puedas arrepentir, ¿vale?

    — No te preocupes por mí — Vaalot lo dijo con un tono serio — Dile a Ástian que le quiero y que solo serán dos días.

    Lo haré.

    — Gracias, Echo.

    Somos familia, esto no es nada. Cuídate y hablamos muy pronto.

    — Sí, igualmente.

    Una vez la llamada fue cortada, Karla decidió no subirse al bus aéreo y en su lugar pidió una lanzadera taxi, la cual no tardó mucho en llegar.

    Fue llevada a su casa en Astea, donde se preparó una pequeña mochila con diferentes utensilios necesarios y algo de ropa extra para acto seguido retomar el mismo taxi y dirigirse a la zona de la ciudad de Vianus donde se realizaban viajes de ida y vuelta hacia la estación espacial en órbita. Compró un billete de ida y otro de vuelta —tomándole dos días el ir y el volver, contando la noche que debería pasar en lo que fue la vieja gran arca— mientras su mente la dirigía a un objetivo concreto: visitar al asesino de Owen Crane.

    […]

    La afluencia de personas en la estación espacial no era casualidad.

    Allí trabajaban científicos, ingenieros y las autoridades que se encargaban de la prisión de máxima seguridad más bien conocida como ‘procesamiento’, ya que muchos de los que estaban allí terminaban siendo exiliados a Ceti Nosea. Sin embargo, en los últimos años —con la construcción de una colonia autosuficiente que sustituyó al destruido Puesto de Talon— los presos exigían su traslado al mundo del exilio, aunque eso solo lo conseguían los delincuentes cuyos delitos eran menores que aquellos criminales que habían cometido crímenes mucho más serios, quiénes terminaban siendo enviados a Ceti Nosea con la diferencia de que vivirían fuera de las murallas de la colonia regida por Kairos Kent.

    Hacía dos años que la científica Vaalot había dejado de trabajar definitivamente en la estación espacial en órbita por una cuestión de salud mental —y como sugerencia de Rath, que la veía afectada por estar en el mismo lugar que el asesino de su pareja— y eso hacía que, por ende, durante todo ese lapso de tiempo ella nunca hubiese pisado ese lugar. Hasta el día de hoy. Karla salió del transporte que la llevó hasta la estación espacial, tomándole unas largas horas en compañía de otros seres que bien iban a visitar a algún familiar o amigo, ya fuese en la cárcel o en su trabajo. La mujer observó el muelle de atraque en el que se encontraba, comprobando que en esos dos años apenas había cambios reconocibles.

    Sin intenciones de pararse a ver nada en concreto, la científica optó por dejar primero sus pertenencias en una habitación de hotel que había agendado durante el trayecto, ya que tendría que pasar la noche en la estación espacial antes de subirse al siguiente transbordador que la llevase de regreso a Ibos. Dicho hotel era de dos estrellas —tampoco se podía pedir mucho en un lugar donde las viviendas eran designadas únicamente a trabajadores permanentes— y la habitación de Karla era simple, pequeña y con apenas lo esencial; una cama para una sola persona, un mueble con tres cajones, un espejo viejo y un baño con lo justo para ducharse y hacer sus necesidades.

    He movido unos hilos y mis contactos en procesamiento me han ayudado a darte una sesión de visita con él — La humana leía el mensaje de texto que había recibido por parte de Vorta, con quién se había comunicado durante el trayecto a la estación espacial — Estarás veinte minutos, es el máximo tiempo que te he podido conseguir. Recuerda: no hagas nada estúpido. Quedará constancia de tu visita en el registro de entradas.

    Karla asintió como si tuviese delante a la syleriana, contestándole con un mero “gracias” y preparándose mentalmente para el encuentro con el ex representante superior.

    Suspiró varias veces con los ojos cerrados mientras percibía cómo sus músculos se tensaban desde la cabeza hasta los pies, momento en el que los abrió y centró su mirada en el espejo que tenía enfrente; las lágrimas recorrían sus mejillas pero su expresión no era de llanto sino de absoluta seriedad y rabia contenida. La habitación estaba en completo silencio pero la mente de Karla la bombardeaba con todo tipo de pensamientos, aunque solo predominaba uno: “has sido mi pesadilla todos estos años… pero ahora me aseguraré de ser la tuya. No descansaré hasta verte morir”. Ella misma se dijo que esas lágrimas que brotaban las estaba descargando ahora para no soltar ninguna ante el asesino de Owen.

    Mirándose en aquel viejo espejo, se juró que no derramaría ninguna más.

    [...]

    Los guardias dejaron pasar a la científica, que tuvo que cruzar un detector de metales —concretamente de armas— y un escaneo corporal en busca de cualquier objeto que pudiese ser beneficioso para el preso o algo con lo que la humana pudiese atacarle. Karla no pretendía ninguna de esas cosas porque sabía que iba a estar vigilada en todo momento, además de que realizar algún intento de asesinato contra el anixis significaría también su propio encierro en prisión. No obstante, su sola presencia allí generaba toda una ola de miradas sobre ella; los carceleros, guardias y policías la observaban mientras ella avanzaba por una extensa sala, siendo guiada por dos miembros autoritarios del lugar hacia una habitación en la que iba a reunirse a solas con el ex representante superior.

    — El criminal se encuentra maniatado a una silla anclada en el suelo — Le informó uno de los dos guardias, siendo un neoniano — Hay una cámara en el interior del habitáculo; si intenta hacerle algo, entraremos rápidamente para detenerla.

    — No pienso tocarle — Contestó Vaalot con cierta indiferencia.

    Aquello fue más que suficiente para el guardia neoniano, que junto a su compañero, abrió la puerta y dejó pasar a la humana. La sala era pequeña, de paredes blancas, una luz potente y una mesa metálica cuadrada con dos sillas frente a frente —el mobiliario estaba anclado al suelo—. Sin embargo, la mujer no se fijó en esos detalles sino en la figura que se hallaba sentada justo enfrente suya.

    Akkor tenía la mirada gacha y ni siquiera la levantó para ver a su visita, denotando cierto estado anímico de resignación.

    Pese a ello, la científica no sentía ningún tipo de pena por él, mirándolo fijamente mientras permanecía de pie ante su silla. El contador de veinte minutos había dado comienzo; ese era el tiempo que Karla tenía para decirle lo que quisiera decirle al asesino de Owen. No obstante, ninguno de los dos articuló palabra alguna hasta que de pronto el anixis de avanzada edad empezó a moverse. Al principio parecía que estaba temblando, pero conforme se fijaba Karla, más veía que en realidad el antiguo líder del Consejo Superior se estaba riendo.

    Una risa que empezó de menos a más, finalizando en una carcajada que hizo hervir la sangre de la humana.

    — ¡¿De qué te ríes, pedazo de mierda?!

    Vaalot golpeó la mesa con sus dos puños pero Akkor se mantuvo impasible ante ello. Su cabeza estaba levantada y ahora sí miraba a los ojos de la científica mientras se dibujaba una media sonrisa en su arrugado rostro.

    — Karla Vaalot… — Murmuró repentinamente el anixis, captando indudablemente la atención de la humana — Pensé que vendrías mucho antes.

    El que fuera representante superior llevaba todos esos años esperando la aparición de la mujer de aquel chico que asesinó en un acto reflejo durante su detención en la Casa Superior.

    Sabía que los humanos eran extremadamente emocionales —más de lo que lo eran el resto de especies, o al menos, de forma distinta a ellos— y no dudaba en si alguien vendría a verle para descargar su ira sobre él; solo dudaba en el cuando. Karla tenía el ceño fruncido y los puños cerrados hasta tal punto que parecía que sus manos estaban con la sangre en ebullición, pues estaban muy rojas. Akkor sonreía al verla rabiar cuando de pronto, algo cambió. El semblante de la mujer pasó de ser el mencionado a una expresión facial más serena, controlada.

    Un cambio radical que sorprendió al anixis.

    — Estuve a punto de hacerlo en repetidas ocasiones, especialmente cuando trabajaba aquí — Murmuró ella, haciendo referencia a su trabajo como científica en la estación espacial — Pero en aquel entonces era débil, ingenua, estaba sufriendo…

    — Sigues siendo la misma, humana — Le dijo él en un tono despectivo y oscuro — No disfraces tu verdadero rostro tras esa máscara valiente.

    Karla sonrió, siendo un contraste de su cara cuando llegó.

    Ese gesto descolocó más aún al veterano anixis, que se veía con una ropa de prisionero —un uniforme completo de color rojo torino—, unas arrugas más pronunciadas en su rostro y los mismos ojos redondos, profundos y negros que parecían buscar penetrar en tu interior. Un rasgo que tenían los anixis y que muchos veían como algo intimidatorio.

    — Tú no me conoces — La mujer retomó el semblante serio — Crees saberlo todo de todos y eso te hace pensar que tienes idea de quién soy, de cómo me siento y de qué hago aquí.

    — En eso último te equivocas. No sé qué haces aquí.

    — Tan solo quería mandarte un mensaje muy claro — Vaalot observó el contador de tiempo que había ubicado en lo alto de la pared que tenía a la izquierda, vislumbrando que ya habían pasado cinco minutos — Y me sobran quince minutos que puedes utilizar para reflexionar.

    — ¿Tú hermano te ha dejado venir? — La pregunta del anixis buscaba descolocar a la científica y alargar a su vez la conversación — Debería estar protegiéndote, pero parece que no sabe proteger a nadie. Ni siquiera a tu novio.

    — No necesito a nadie, sé cuidarme yo sola — Karla reconoció inmediatamente lo que pretendía el preso — Es más, mi hermano no sabe que estoy aquí. Lo saben quiénes yo quiero que lo sepan.

    — ¿Ahora actúas por tu cuenta? ¿Ya no vais todos juntos, de la mano, cómo hacíais cuándo erais esa ridícula resistencia?

    — Resistencia que te ha encerrado durante cinco años aquí, maldito inútil.

    — No fuisteis solo vosotros; tuvisteis la ayuda de la expedición de tu hermano, incluso vi algunos kharaket — Al recordarlo, Akkor sintió cómo le recorría el cuerpo una sensación de frustración notable — Debí haberlos erradicado cuando tuve oportunidad… al igual que a todos vosotros. Jamás debí traer a las subespecies a Ibos, pero me dejé encandilar por las ideas de Eeron…

    — Incluso Relic intentó meterte una puñalada trapera — La científica buscó hurgar en la herida del orgullo y el ego del anixis — No sabes liderar a nada ni nadie, por eso terminas fracasando en todo lo que te propones. Ni siquiera tu gente te quiere de vuelta; vas a ver una nueva sociedad desde tu celda.

    — Eso está por verse, Vaalot.

    — Me aseguraré de que nunca salgas de aquí.

    — Buena suerte con eso.

    — Y si lo haces, por la razón que sea, te encontraré.

    — Claro, hazlo… y verás cómo mando a tu hijo con su padre.

    Esas palabras crearon una especie de cortocircuito mental en la mujer, como si algo que estaba funcionando hubiese dejado de hacerlo. Su tolerancia a escuchar al asesino, su templanza pese a estar furiosa por dentro y el control de sus emociones; todo eso terminó por fracturarse. El grito que salió de su boca retumbó en todo el habitáculo y si hubiese podido, Akkor se hubiese tapado los orificios que tenía como oídos.

    Sin embargo, no podía y apenas logró pensar en qué estaba pasando porque de pronto tenía a la humana con sus dos manos en el cuello, apretándole fuertemente mientras ésta le miraba con un rostro desencajado. El anixis sentía que estaba empezando a dejar de respirar cuando de pronto irrumpieron abruptamente en el habitáculo los guardias que estaban custodiando la puerta por fuera, tomando cada uno de los brazos a la científica mientras ella tenía la mirada clavada en el preso.

    — ¡¿Qué diablos haces?! — El guardia neoniano confrontó a la mujer, soltándola — ¡¿En qué pensabas?!

    — Ese es el mensaje — Karla ignoró al guardia y mantuvo su fría mirada en Akkor, que la observaba contrariado mientras jadeaba para recuperarse — Lo que me queda es esto; el irrefrenable deseo de verte morir. Y estaré esperando por ese día.
     
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    Reydelaperdicion

    Reydelaperdicion Equipo administrativo Comentarista empedernido

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    Saludos, amigo.

    Paso a comentar el capítulo de esta semana. Tengo que decir que pese a ser tranquilo no por eso le ha faltado su cierta intensidad.

    Todo arranca en el cumpleaños del pequeño Cole, el niño va a pasar el día de su cumple con sus padres adoptivos, Oda, Sisgolar, Kendall, Andro, Karla y Astian, su amigo. Esa escena podría haber sido una escena muy bonita, excepto por un pequeño detalle. En esta imagen familiar falta mi bebé Owen :angrycat: Estoy seguro de que él habría adorado estar allí con su familia y hacer como un tío amigable para el pequeño Cole. Pero bueno, amigo, has tenido otros planes y eso me ha quedado claro :ewww:

    Además de la muerte de Owen, la relación entre Karla y Jackon ha quedado todavía más dañada. Los hermanos se han distanciado mucho, al punto de que Karla prefiere interactuar con Oda, Sisgolar y Echo antes que con Jackon. Vemos que a Karla no le gustó nada la idea de Jackon de haber encerrado a Akkor cuando Owen murió, puesto a que era una decisión que creyó que debía ser tomada por el consejo, o por lo menos por alguien que no fuera su hermano. Eso ha dividido a los dos, quienes no se toleran casi, y Karla hace el esfuerzo por el pequeño Cole y porque Astian es su amigo. Pasamos a la escena donde Cole pide su deseo, y ese es no quedarse solo nunca. Bueno, amigo, vas a tener que mirar a los ojos a ese niño y decirle que ese deseo no se va a cumplir, porque se que en tu mente intentas y ya estás pensando en la manera de arrebatarle a más gente a la que quiere angrysnake

    Luego de que el cumpleaños termina, Ástian quiere quedarse a jugar con su amigo, como buenos primos que son, aunque no de sangre. Karla se lo permite, ya que así ella podrá ir a la consulta con Rath sin la compañía de su hijo, y entonces accede y se marcha. Karla es recibida por Kendall y Andrómeda, quienes tras todo el tiempo que pasaron son pareja, y se ofrecen a llevarla a la consulta con Rath. En el medio de ese trayecto podemos ver que los dos se sienten mal por lo que ha pasado con Karla, ya que no les cae bien que ella y Jackon estén peleando, además de que también están tristes por la muerte de Owen. Los dos le hacen el favor y dejan a Karla en la ciudad donde está el consultorio de Rath, donde todo parece indicar que el aire que se respira es más puro y el clima de sociedad es más agradable :whistle: Ella ingresa y allí en la consulta vemos que Rath le pregunta por cómo se ha sentido y llevado con su familia. Es doloroso cuando Karla admitió que ve a Astian siendo igualito a Owen tanto en su apariencia como en sus gestos, y eso, lejos de hacerla feliz, lo lastima, pues es un recordatorio de que Owen ya no está con ella y se perdió el nacimiento y la crianza de su bebé :anicry: Tú continúa haciéndome sufrir con estas escenas y yo te juro que mientras más daño me causes, más doloroso será el daño que te causaré cuando sea el momento, ya verás :slap: Fuera de bromas, ha sido doloroso ver eso. Karla solo entró en el grupo porque Akkor asesinó a Eeron y exilió a su hermano por eso. Ella era una persona pacífica y amorosa, y no merecía eso. Rath luego le dice que hizo lo correcto al no seguir trabajando en el mismo lugar de Akkor, y también le sugiere que diga su nombre, aunque Karla no quiere ni puede. Rath le dice que lo intente, porque al fin y al cabo Akkor es un simple nombre sin poder ni libertad. Karla se retira enojada y abandona la sesión. Rath, empática al haber servido junto a Jackon, entiende aquello y no le cobra la consulta.

    La científica estaba esperando el transporte para ir a casa, pero decide que tiene que ir a desquitarse con Akkor. Deja a Astian al cuidado de sus tíos y aborda una nave para irse a la estación espacial que sirve como celda para los prisioneros que no son elegibles para ser llevados a Ceti Nosea. Cuando llega al lugar, Vorta le manda un mensaje y le dice que usó sus contactos para conseguirle unos veinte minutos en visita con Akkor, pero que no haga nada que pueda ser perjudicial para cualquiera.

    Akkor recibe a Karla estando maniatado en su silla, y se muestra burlón y se ríe de la muerte de Owen. Maldito anazi, va a pagar por eso :ewww: Y tú también, amigo, no creas que no vas a pagar también, okno, pero te agradecería que no incluyeras más escenas de ese estilo.

    Akkor intenta picar todavía más a Karla, preguntándole si se ha alejado de su hermano, hablandole de como debió matar a todos en las subespecies, recordándole a Eeron, a Owen y también jurándole que si escapa, se asegurará de matar también al hijo de los dos. El pequeño Astian es lo único que me queda de Owen (irónico, porque es título del capítulo) y como ese viejo amenace a ese bebé, yo mismo lo voy a enfriar :humm:


    Karla le dice que Akkor ha causado mucho daño en ella, y (no lo dijo directamente a él, pero podemos ver eso en su escena a solas) ella se cansó de saber que Akkor es una pesadilla para ella, y decidió que las cosas serán diferentes. Karla estrangula al ex líder anixis, y le dice que es un recordatorio de que lo que la mantendrá siguiendo adelante es el deseo de verle morir. Supongo que ya sabemos qué es lo que hará ella. Entiendo que necesite eliminar a Akkor para poder descansar en paz y dejar de sufrir, pero espero que no cause problemas al cobrar su venganza :aniscream:

    Bueno, amigo, con esto me despido por ahora. Ha sido un capítulo tranquilo, pero igualmente duro de leer. Espero que Karla pueda seguir llevando mejor su vida ahora que ha podido desquitarse brevemente con Akkor. Y espero que toda su familia y amigos estén allí junto a ella para acompañarla en el duelo.

    Estoy intrigado por ver qué más sorpresas nos esperan de cara a los próximos capítulos. Será hasta la siguiente semana. Un abrazo y cuídate mucho :cynda:
     
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  5. Threadmarks: Lo que nos quedará
     
    Manuvalk

    Manuvalk el ahora es efímero

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    Los Viajeros Vol. 2: Parte III: Ecos del pasado
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    Ciencia Ficción
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    Hola a todos y bienvenidos al tercer capítulo de esta parte, el cual, en cierto modo, cierra el prólogo como una trilogía de tres capítulos que hacen referencia a lo mismo (sus títulos resultan evidentes). No quiero irme sin agradecer antes a mi gran amigo Reydelaperdicion por estar siempre presente, disfrutando de esta historia (pese a las cosas que no le gustan) y haciendo de las lecturas en simultáneo algo ameno y divertido, siempre que el foro y nuestras vidas privadas nos dejan.

    Sin mucho más que decir, les dejo con la lectura.







    Lo que nos quedará




    Tras la reunión con Musna, la representante neoniana del Consejo, el regente Kairos y su pareja Tabitha tenían libertad para visitar la estación espacial e incluso para ir a Ibos, aunque solo podrían quedarse un par de días en el territorio de la Alianza. El encuentro con la líder de su especie —la cual representaba los intereses del Consejo Superior— llevó a una serie de acuerdos fructíferos tanto para la colonia de Ceti Nosea como para Ibos; los exiliados recibirían más materiales tecnológicos para su desarrollo como comunidad mientras que estos entregarían víveres alimenticios que habían conseguido hacer crecer en las tierras secas y ácidas de su mundo.

    Un beneficio mutuo que mantenía a Kairos metido en la política del planeta que abandonó en una expedición y del que se terminó yendo a su regreso.

    — Hay mucha presencia policial por esta zona — Tabitha observaba el aumento de guardias en ese área concreta de la vieja gran arca — ¿Crees que sea por nosotros?

    — Por supuesto que no — Contestó el mercenario mientras observaba la escena que tenía ante sus ojos — Estamos muy cerca de procesamiento. Quizá ha ocurrido algo…

    De pronto, ambos neonianos vieron como las asistencias médicas —acompañadas de guardias fuertemente armados— se llevaban a la clínica más próxima a uno de los reclusos.

    Los ojos de Kent se abrieron como platos al ver que dicho ser era el mismísimo Akkor, quién se veía jadeante y nervioso, como si estuviese en un estado crítico tanto física como mentalmente. No era la primera vez que el que fuera representante superior exagerase alguna dolencia o manipulase alguna situación para salir unas horas de la prisión y permanecer bajo observación en la clínica médica, pero esto era algo que prácticamente todos desconocían.

    Sin embargo, la sorpresa para el regente fue aún mayor cuando vio a Karla salir detrás, a escasos metros y con dos guardias que parecían estar dejándole ir, pero advirtiéndole de algo.

    — ¿Vaalot? — Kent no dudó en llamarla, captando su atención.

    — ¿Kairos…? — La científica no se mostró alegre ni efusiva pero sí sorprendida con la presencia del neoniano — ¿Qué haces aquí?

    — Negociando acuerdos con el grandioso Consejo Superior — El neoniano habló con cierto sarcasmo — ¿Y tú? ¿Estás detenida o algo por el estilo?

    — Oh, no… Que va, me he librado por esta vez — Murmuró la humana, mirando de reojo a los dos guardias que le habían reprochado el suceso con Akkor mientras se regresaban a procesamiento — He estado muy cerca…

    — ¿Cerca? ¿De qué? — La neoniana Ezals se sumó a la conversación, pese a que no conocía personalmente a la científica.

    — Disculpad, no os he presentado — Kairos hizo las introducciones — Tabitha, ella es una vieja amiga, Karla Vaalot. Karla, ella es mi pareja, Tabitha Ezals.

    — Un placer — Musitó la humana sin más.

    — Encantada de conocerte — Dijo la neoniana con una sonrisa tímida.

    — Me tengo que ir — Lo abrupta que fue Karla al decir eso no fue esperado por ambos neonianos — Me alegra ver que sigues de una pieza, Kairos.

    — Bueno… — El líder mercenario se miró el brazo protésico — Ahora soy dos piezas, pero sí.

    — Cuidaos.

    La mujer se marchó de la zona bajo la atenta mirada del dúo que lideraba la nueva colonia de Ceti Nosea desde hacía cinco años.

    Tabitha no había conocido personalmente a Karla hasta ese encuentro pero había oído hablar de ella y del resto de ‘viejos amigos’ por parte del propio Kairos, que sí percibía una diferencia palpable en la actitud y seriedad que demostraba la humana al hablar. El ver a Akkor marchándose con las asistencias médicas y al instante encontrarse a la científica Vaalot allí le hizo llegar una conclusión que no era difícil de alcanzar, especialmente conociendo la historia pasada.

    — Ha venido a verlo — Dijo de pronto el regente, absorto en sus pensamientos — ¿Ha intentado matarle...?

    — ¿Qué? — Su pareja no entendía a qué se refería — ¿De qué hablas, Kai?

    — Es una larga historia, te la tendré que contar.

    — Visto lo visto, sí, me gustaría conocerla.

    — Claro — Kent decidió que lo mejor era proseguir con sus planes — Vayamos a ver a Mia para que revise el estado de la prótesis.

    — Vamos, el área de ingeniería no está lejos.

    […]

    — Karla llegará por la noche — Reveló Echo, sentada en la mesa de la cocina frente a quien era su pareja — Luego se lo diremos a Ástian.

    — Okay.

    Jackon estaba absorto en sus pensamientos, pese a escuchar a su novia avisarle del tiempo que le quedaba para disfrutar de su sobrino.

    Viéndole sumido en el interior de su mente, la comandante Mercer tomó su silla y se sentó al lado de él, dándole un beso en el hombro y recostando su cabeza en este, gesto que apreció el hombre y correspondió con un beso cariñoso en la coronilla de la mujer. El soldado centró entonces su mirada en el pequeño Crane y en su hijo adoptivo Cole, quiénes correteaban por el jardín jugando a una especie de pilla pilla constante entre ellos.

    Las ausencias de Oda y Siz se debían a que el neoniano era instructor de cadetes en el ejército unificado mientras que la IA con forma humana —manteniendo su apariencia de cara al resto de la población— había ido a hacer la compra.

    — Es un buen chico — Musitó Vaalot de pronto, refiriéndose a su sobrino — Y no pude salvar a su padre…

    — Jackon… — Mercer ya había vivido los bajones emocionales del soldado y sabía lo que éste estaba experimentando — No fue culpa tuya. Nada lo fue.

    — Karla cree que sí, en cierto modo.

    — Tu hermana está dolida y es comprensible, no la culpo por lo que siente pero su juicio está cegado por ello — La principal líder del ejército unificado de la AIE lo veía de esa manera — Yo también pensaba que después de cinco años, habría mejorado, pero se resiste a dejarlo ir.

    — Tal vez yo me sentiría igual en su lugar — El hombre conocía bastante bien a su hermana melliza, aunque ésta estaba cambiando — Si te perdiese…

    — No pienses en esas cosas, amor.

    — No puedo evitarlo — Murmuró él, apoyando sus dos brazos sobre la mesa de madera — Perdí a Eeron, a muchos compañeros en esa expedición, a Owen… y creo que he perdido a Karla para siempre.

    — Eso no lo sabes — Viéndolo abatido, Echo le acarició el rostro para que éste se girase hacia ella — Sois la única familia que os queda.

    — ¡Mamá! ¡Mamá! ¡Mamá! — Cole irrumpió en la cocina como una exhalación, acompañado de su amigo — ¿Podemos ir a mi habitación para enseñarle a Ástian todos los juguetes que tengo?

    — Sí, por supuesto — La mujer acarició la cabeza del niño que había adoptado como tutora legal pero se dirigió posteriormente a su sobrino — Esta noche vendrá tu madre a recogerte, ¿vale?

    — Vale, tía Echo.

    Ástian no parecía especialmente ilusionado con la idea de irse con su madre y eso resultaba ser evidente. Ambos pequeños se disponían a subir por las escaleras cuando repentinamente, el joven Crane se volteó y observó a su tío Jackon, viéndole un tanto afligido. Sin decirle nada se acercó y levantó su mano mientras le miraba directamente a los ojos.

    — ¡Choca esos cinco, tío Jackon!

    El soldado alzó la vista y mostró una media sonrisa para acto seguido chocarle la mano a su sobrino, haciendo que éste se fuese con una pequeña sonrisa dibujada en su rostro.

    Vaalot lo vio subir por las escaleras —que Cole ya había recorrido rápidamente para entrar en su cuarto— y se formó un sentimiento bastante especial en su interior. Mercer lo abrazó por la espalda y él besó sus manos mientras pensaba en una idea que siempre había tenido en mente, pero no consideraba factible por las dificultades que estaban atravesando desde la llegada a Ibos.

    — Es cierto, somos muy pocos Vaalot Tidder los que quedamos — Pensó para sí mismo — Estaría bien expandir un poco la familia; a fin de cuentas es lo que nos quedará.

    […]

    El hospital central de la ciudad de Vianus acogía no solo a los pacientes más graves sino también a aquellos con buenos contactos —motivo por el cual Kendall fue llevado allí tras el acuerdo entre Akkor y Omnius—, pues se trataba del centro sanitario con mejores médicos de todo Ibos. Pese a haber también otro hospital en Astea y un centro de salud en Cainía, el lugar más frecuentado y solicitado siempre era el mencionado hospital de Vianus. Fue por eso que el actual representante de la humanidad no dudó ni un instante en destinar fondos y en convertirse en socio capitalista del hospital —que contaba con un área de salud privada— aprovechando también su nueva posición política, esa que siempre persiguió en la sombra.

    Brandon visitaba de vez en cuando el edificio porque también hizo amistades con algunos de sus compañeros, durante su periplo de trabajo como médico general. Esos conocimientos no se habían perdido sino que más bien estaban en segundo plano, centrándose ahora en la política para su especie y en conjunto con el Consejo Superior de la Alianza. Junto al líder humano se encontraba el líder syleriano y el que fuera hasta hacía unos años el principal mandatario de la AIE, hasta su anexión con los anixis en todos los ámbitos, desde la política hasta la milicia. Omnius no era alguien que frecuentase el hospital pero desde que Gallagher admitió a la médico Uldi —escuchando las recomendaciones de varios miembros de la expedición del Explorario— en el complejo sanitario, el syleriano realizaba varias visitas mensuales, las cuáles se estaban dando cada vez con más frecuencia.

    Aquel día, aprovechando la excusa de que el representante Gallagher iba a pasarse por el hospital de Vianus, el representante Paokt decidió acompañarle para encontrarse con la médico syleriana. La sala principal del edificio era extensa y contaba con diversas secciones dispuestas para según cual fuera la dolencia de los visitantes, donde debían registrarse antes de ser llevados a una sala específica para ser vistos por un doctor concreto. En cuanto Brandon puso un pie en el lugar, la mayoría de enfermeros le saludaron con una sorprendente alegría e incluso algunos se acercaban a él para estrechar su mano y conversar brevemente. Om se asombró bastante ya que no esperaba que su compañero en el Consejo Superior tuviese semejante fama entre los doctores, aunque supuso que se debía a que hizo buenas migas durante su estancia como médico.

    — ¡Representante Gallagher! ¡Es un gusto recibirle de nuevo!

    — ¡Brandon, amigo!

    — ¡Qué bueno verte, doctor!

    — El placer es mío, siempre — El líder político de la humanidad y a su vez el más rico vestía con un elegante traje casi la mayor parte del tiempo, además del pelo engominado hacia atrás y una sonrisa brillante — ¿Cómo van las cosas por aquí? ¿Esas máquinas con inteligencia artificial operan con mayor precisión o hablo con la empresa que las fabrica…?

    — Brandon, avísame antes de irte, ¿vale? — Omnius se acercó a su oído — Tengo que ver a alguien, pero me iré cuando tú te vayas. Aún hay asuntos que debemos tratar en la Casa Superior.

    — Claro, Om, sin problema.

    Mientras Gallagher proseguía su conversación con varios sanitarios en la sala principal del hospital, Paokt se metió en el ascensor del fondo para subir hasta la tercera planta del edificio, donde se encontraba la zona de enfermos crónicos. Uldi se hallaba allí, estando encargada del bienestar de aquellos pacientes que sufrían dolencias constantes y permanecían ingresados durante largos periodos de tiempo. La syleriana experimentó muchas sensaciones durante la expedición del Explorario y volvió de ella como una persona más capacitada, sintiéndose más madura y segura de sí misma. Además, su bondad destacaba por encima de muchas otras virtudes —de hecho, ella fue exiliada por robar medicamentos del hospital de Astea para dárselos a gente con pocos recursos— y en múltiples ocasiones se la podía ver priorizando a otros antes que a ella, lo que podía costarle parte de su bienestar físico y mental.

    — Oh, eres magnífica — Una anixis de avanzada edad que se encontraba postrada en una cama, veía como la médico le suministraba un medicamento por vía intravenosa mientras a su vez la acomodaba — Muchas gracias.

    — No es nada, Amaritha — Uldi se dirigió a la paciente por su nombre, evidenciando cierta confianza — Ahora relájate y en un rato vendré con la comida, mientras la medicación hace su trabajo.

    — Que gran profesional, doctora Uldi — Paokt la sorprendió apareciendo detrás suya — Buenos días, Amaritha. La veo bastante bien hoy.

    — Buenos días, Omnius — La anciana anixis lo saludó con una sonrisa — ¿Vienes a conquistar un poco más el corazón de la doctora?

    Uldi no pudo evitar soltar una pequeña risa tímida mientras Om se ruborizaba al no esperarse semejante pregunta.

    Para todos los pacientes allí —en especial para la propia Amaritha—, la presencia del líder syleriano no pasaba desapercibida y todos sospechaban con cada vez más certeza de que éste tenía un interés romántico por la médico. Ambos habían tenido varias citas desde hacía un año, pero la relación entre ambos no había pasado a nada más, consolidándose por el momento como una amistad.

    — Bueno, ella sin duda tiene facilidad para conquistar los corazones ajenos — Dijo él, viendo que varios pacientes permanecían atentos a ellos dos — En cuanto a mí, solo venía para ver si Uldi tiene planes esta noche.

    — No los tiene.

    — ¡Amaritha! — Exclamó la syleriana, sorprendiéndose al ver cómo la anixis había hablado por ella — Eso no es verdad, esta noche me toca turno de guardia y debo estar pendiente de vosotr…

    — ¡Podemos decirle a otro doctor que se quede por ti!

    — ¡Sí, estaremos bien!

    — ¡Vete con ese apuesto syleriano!

    Omnius y Uldi se sentían como dos adolescentes siendo alentados sobre sus sentimientos por mayores de edad y en cierto modo era un poco así; prácticamente todos los pacientes de la tercera planta eran en su mayoría seres de avanzada edad con patologías incurables.

    — Vale, vale… — La doctora syleriana estaba un poco sonrojada, percibiendo la mirada de todos los presentes — Iré contigo, Om.

    — Genial — Dijo él con una sonrisa, mientras recibía un mensaje del representante Gallagher — Me tengo que ir, pero, ¿nos vemos en cuánto termines tu turno?

    — Así es — Asintió ella, visiblemente contenta — Te veo luego.

    […]

    El área de ingeniería en la estación espacial era el principal lugar de trabajo de cerca de doscientos ingenieros muy bien cualificados, trabajando en proyectos ordenados estrictamente por el nuevo Consejo Superior para la mejora de infraestructuras, vehículos, herramientas básicas del día a día e incluso en estrecha colaboración con el ejército unificado para el desarrollo de mejoras en los apartados armamentísticos, todo esto con la premisa de protegerse de posibles amenazas pero a su vez para abastecer a sus tropas y exploradores espaciales de una buena defensa.

    Aquel que lideraba todos esos proyectos de gran magnitud no era otro que el ex consejero e ingeniero reputado de nombre Valtin. El anixis volvió a su antiguo oficio —que nunca apartó— tras la remodelación ocurrida en el Consejo, una vez Akkor fue enviado a procesamiento e Ibos afrontaba la incertidumbre de ver quiénes serían sus próximos líderes. Con la ex emisaria Ziba decidida a liderar a sus símiles, Valtin optó por regresar a un perfil bajo y dedicarse a la evolución tecnológica de la sociedad. Contaba con muchos aprendices, de los cuáles solo los mejores terminaban trabajando con él; y así fue como Yazuke se convirtió en su mano derecha tras todos estos años.

    La ingeniera asiática era una de las mejores en su profesión y eso fue algo que el anixis supo reconocer al instante, en cuanto la vio trabajar. De eso hacía ya cuatro años, en los que Valtin formó una relación laboral y personal con Mia muy enriquecedora para ambos, sintiéndose como paternofilial. El anixis valoraba no solo las aptitudes de la humana sino también su personalidad, además de que ambos conectaban a través de esa soledad que los dos sufrían desde una edad muy temprana en sus vidas. Un vínculo que les había llevado a compartir tanto su profesión como su día a día.

    De hecho, fue el propio anixis el que ayudó a la asiática a fabricar la prótesis de brazo derecho que Tabitha pidió para Kairos hacía más de cuatro años.

    — ¿Ocupados?

    La aparición del regente neoniano y su pareja pilló con las manos en la masa a los dos brillantes ingenieros, quiénes tenían utensilios y herramientas dispersas por las diferentes mesas de la sala, donde hacía una hora habían estado varios de los jóvenes aprendices a ingeniería trabajando en diferentes proyectos impulsados por los representantes de la Alianza. Mia se encontraba usando una especie de gafas con diferentes rangos de precisión visual mientras manipulaba un artefacto, por lo que Valtin se aproximó a Kent y a Ezals, saludándolos cordialmente.

    — Un poco, pero podemos detenernos — El ex consejero anixis se volteó para dirigirse a su amiga humana — ¡Mia! ¡Deja eso y ven! ¡Descansa un poco, compañera!

    — ¡Voy! — Yazuke vestía con un mono de trabajo de color azul, un tanto ajustado — Un segundo.

    Valtin invitó a Kairos y a Tabitha para que tomasen asiento en unos taburetes, indicándole al regente de la colonia civilizada de Ceti Nosea que colocase su prótesis de brazo sobre la mesa. No era necesario que se la quitase ya que eso significaría un dolor y una herida terrible —pues los nervios y el tejido estaban unificados con los conductos de la prótesis que sustituían al brazo quemado que le amputaron al neoniano—, por lo que Kent colocó su brazo como si fuesen a extraerle sangre de una vena, solo que en su lugar, tenía un brazo metálico como lo tuvo su homónimo Brokad.

    — ¿Alguna molestia? ¿Dolores? ¿Fallos mecánicos? ¿Responde a tus órdenes? — Valtin se metió en el clásico trance que tenía cuando se centraba en su profesión — Ves diciéndome, mientras tanto haré una revisión exhaustiva de la capa metálica y el cableado interno.

    — No he tenido problemas, honestamente — Se sinceró Kairos mientras veía al anixis trabajar en su brazo — Pero quería aprovechar ya que vamos a estar unos días en Ibos para que le hicierais una revisión rápida.

    — Y para ver cómo estabais — Tabitha lanzó una mirada de reproche a su pareja — Ya sabéis lo importantes que sois para nosotros.

    — Sí, claro… — El regente no solía destacar por comentarios afectuosos — Habéis sido de gran ayuda para nosotros y para la colonia.

    — ¿Sigue sin nombre? — Mia intervino en la conversación, habiendo dejado su trabajo personal de lado — ¿En serio?

    — Así es, nunca ha hecho falta ponerle uno y tampoco sabemos cómo llamarlo — El neoniano hizo una mueca de dolor cuando Valtin tocó uno de los conductos — Eso lo he notado…

    — Disculpa — Musitó el anixis, prosiguiendo en su proceso.

    — Joder, ¿de verdad, Kai? — La asiática le dio un pequeño golpe en el hombro, en señal de colegueo — ¿Y qué tal si lo llamáis…?

    — ¿Tienes alguna idea? — La neoniana Ezals sonreía al ver a la humana pensando.

    — Buah, que va, ahora mismo tengo la imaginación frita — Dijo la que fuera una de las exiliadas a bordo del navío Explorario, señalando las diferentes mesas repletas de objetos — Demasiado tiempo ocupada con los cachivaches estos…

    — Bueno, si tienes en algún momento una idea para el nombre de la colonia, avísanos y…

    — ¿Qué tal “colonia de traidores”?

    Esa propuesta no fue ni de Mia ni de Valtin; provino de una persona que acababa de entrar en esa sala de ingeniería.

    Los ojos de los cuatro presentes se clavaron en Vorta, quien hizo acto de presencia con una indumentaria que la reconocía como miembro especial del ejército unificado —dicho de otro modo: una operativa del Consejo Superior—, la facción que Akkor controló y corrompió y que ahora servía al bien de la sociedad. La syleriana se aproximó al cuarteto con una sonrisa falsa que no era difícil de detectar para nadie; allí solo podían sentirse molestos los dos neonianos, ya que ni la humana ni el anixis tenían o tuvieron conflicto con la mercenaria.

    — Cuanto tiempo sin verte, Vorta — Kairos no estaba del todo cómodo en la posición en la que se encontraba pero eso no le impidió sacar a relucir su clásico tono irónico — Te queda bien ese uniforme. ¿Qué tal sienta trabajar para las autoridades que tanto criticabas?

    — Podría decir lo mismo sobre ti. ¿O esa colonia sin nombre no ha crecido gracias a las autoridades que tanto criticabas?

    — Ya he terminado — Valtin había concluido con su revisión a la prótesis del regente neoniano y visto lo visto, era un alivio para él.

    — Gracias — Kent se dirigió al anixis y posteriormente se centró en la que antaño fue su mano derecha en el grupo de mercenarios, ahora la mayoría conviviendo con él en Ceti Nosea pese a su traición inicial a su llegada al planeta de los exiliados — Un placer verte tras todos estos años, Vorta.

    — No puedo decir lo mismo.

    — Qué hipócrita... — Tabitha salió en defensa de su pareja.

    — Espero que te pases un día por la colonia — El mercenario neoniano sorprendió al resto con sus palabras — De seguro que tienes muchos amigos allí que estarán contentos de verte de nuevo.

    — ¿Los que se quedaron contigo incluso cuándo los abandonaste? — Vorta soltó una breve carcajada — Esos no son mis amigos.

    — Por favor, chicos, este no es lugar para discutir — El reputado ingeniero anixis les habló en un tono calmado — Kairos, tú brazo está en perfectas condiciones. Cualquier cosa, puedes contactarnos, ¿no?

    — Por supuesto. Gracias, Valtin.

    — Vorta, ¿necesitas algo de nosotros? — Yazuke se dirigió a la syleriana con absoluta normalidad.

    — Sí, tengo que hablaros sobre un asunto privado. Es importante.

    — Vámonos, Kai — La neoniana Ezals miró despectivamente a la syleriana mientras enfilaba el camino hacia la salida — Aquí ya hemos acabado.

    Ambos neonianos se marcharon de la sala de ingeniería tras ese intercambio verbal con la ex mercenaria Vorta, quién se había personado allí para hablar personalmente con los dos ingenieros principales sobre un asunto que involucraba al Consejo Superior y sus planes de futuro más próximos.

    […]

    El campamento militar instalado en la abandonada ciudad de Siren cesó en sus funciones cuando vieron una nave descendiendo sobre su posición.

    El polvo y la arena que se elevaron en el aire hicieron que los más próximos a la zona de aterrizaje se cubriesen los rostros con sus antebrazos, a excepción de algunos soldados de la Alianza que portaban los cascos equipados. Cuando los propulsores de dicho navío se apagaron y una de sus compuertas exteriores se abrieron, uno de los subcomandantes del ejército unificado —al mando de la operación en Khara— se acercó a recibir a Ebran.

    El líder de los insurgentes que estuvieron llevando la batalla a la milicia de Zorin fue recibido entre vítores y aplausos, especialmente por aquellos kharaket que formaban parte de su resistencia. Sin embargo, la breve sonrisa que se dibujó en su rostro fue apagada cuando Ikviek fue el encargado de recibirle. Un anixis en el mundo de origen kharaket nunca era plato de buen gusto para sus habitantes, aunque viniese como parte de una Alianza formada junto a humanos, neonianos y sylerianos.

    — Bienvenido de vuelta — Dijo el veterano anixis, que pese a no llevarse especialmente bien con los kharaket en general, mantenía su profesionalidad por encima de todo.

    — Gracias — Murmuró Ebran sin mayor efusividad — ¿Alguna novedad?

    — El subcomandante Devom partió ayer hacia una ubicación en la que hay posibilidad de que Zorin y su gente hayan estado — Reveló Ikviek mientras caminaba apresuradamente junto al kharaket — Se trata de las inmediaciones de otra ciudad, alejada de nosotros.

    — ¿Noule? — El líder insurgente indicó el nombre de una posible ciudad.

    — Uno de los tuyos escribió el nombre en el informe pero me cuesta entender vuestra letra — El subcomandante vio como el kharaket arqueaba una ceja en señal de incomprensión — Aunque creo que se llamaba así.

    — Probablemente — El consejero temporal kharaket empezó a buscar a alguien con la mirada — ¿Dónde está Solphea?

    — Se encuentra en la tienda habilitada para heridos — Indicó Ikviek, viendo en el rostro del kharaket una evidente preocupación — Descuida, ella está bien. Pero creo que deberías hablar con ella.

    — Vale…

    Ebran aceleró el paso hacia a esa tienda de acampada militar que servía como enfermería en el campamento, dejando a Ikviek atrás, el cual observaba al líder insurgente con una expresión neutra en su rostro. Una vez dentro del lugar —que era amplio y abarcaba espacio para al menos veinte camillas—, se estremeció cuando vio a la segunda al mando de su resistencia sentada junto a una kharaket anciana que yacía tumbada sobre uno de esos camastros militares poco cómodos.

    Solphea le vio acercarse apresuradamente y se incorporó para frenarle en su ímpetu por verla.

    — ¡¿Qué?! ¡¿Qué le…?!

    — Ebran, tranquilízate, por favor — La kharaket colocó una de sus manos sobre el pecho de su superior, deteniéndole — Está dormida y sedada.

    — ¡Pero… ¿qué ha pasado?! — Él no dejaba de verla postrada en la camilla — ¡Estaba bien la última vez que estuve aquí!

    — Eso fue hace meses — Solphea lo decía en un tono comedido pero triste, algo que no auguraba nada positivo respecto a la situación — Pero esa enfermedad ha progresado rápidamente…

    — ¿Cómo? — Más calmado pese a encontrarse al borde de las lágrimas, el líder insurgente pedía más explicaciones — ¿No hacían su trabajo las medicaciones que le robamos a Draux y sus soldados?

    — Lo hicieron durante un tiempo, pero la enfermedad se ha hecho más fuerte y a su edad… — La mujer kharaket miraba a su símil de mayor edad, quién se encontraba con los ojos cerrados y respirando débilmente — Sabíamos que esto iba a terminar llegando, Ebran. Creo que es el momento.

    — N-no… No… ¡No! ¡Yaya!

    Ebran estaba totalmente roto y empezó a llorar desconsolado en los brazos de Solphea, que lo rodeó con ellos mientras compartía el mismo dolor con su homónimo.

    Ambos se fundieron en un abrazo que fue más consuelo que alegría por el reencuentro, mientras la anciana Yaya yacía dormida y medicada a la espera de que exhalase su último aliento. Ella había sido una abuela para él e incluso una madre para su padre, además de ser la persona que ayudó a dar a luz al líder insurgente que sollozaba al verla en ese estado. Conocía de su enfermedad degenerativa, propia en más de la mitad de kharaket con edad avanzada, pero eso no lo hacía más fácil de llevar.

    Recién llegado de un viaje de varios días desde Ibos, Ebran acababa de recibir una de las peores noticias que podía esperar en aquel momento.
     
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    Reydelaperdicion

    Reydelaperdicion Equipo administrativo Comentarista empedernido

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    Saludos, amigo, es un gusto estar aquí para leer una semana más. Por lo que parece, esta pequeña trilogía de capítulos tranquilos llegó a su fin.

    Empieza todo con Kairos y Tabitha viendo un montón de seguridad, demasiada para ellos. Luego sale Akkor estando herido y acompañado de médicos y soldados. Cuando Karla aparece, esta se encuentra con los dos neonianos, pero no se queda demasiado tiempo, pues no quiere empeorar las cosas para ella. Allí Kairos llega a la conclusión de que el antiguo líder de la alianza anazi sufrió un atentado por parte de la mujer.

    En casa, vemos que Jackon y Echo están a solar cuidando tanto de Cole y de su sobrino Astian, ya que Sisgolar está fuera y Oda también. Los dos aprovechan y hablan y vemos que Jackon también sufre la muerte de Owen, ya que al no haber podido salvarlo, se siente culpable de que el pequeño Astian no tenga a su padre con él. Yo le diría a Jackon que no es culpa suya, sino de ti, amigo :ewww: Okno XD. Cuando los dos jovencitos eligen irse a jugar arriba con los juguetes, Astian ve que su tío está algo triste y trata de animarlo. Que tierno mi bebé :nice: espero que te sientas bien contigo mismo sabiendo que mataste a su papá, amigo angrysnake Tras esa escena, Jackon decide que quiere que su familia sea más numerosa, y no podría ser más bello. Hacen falta más angelitos en esta historia :/*-*\:

    Vemos que Brandon y Om van de visita a uno de los hospitales donde trabaja Uldi. Brandon va a ver a sus amigos y de paso a revisar las cosas, mientras que Om va a hacerle compañía y también para visitar a Uldi, con quien ha estado saliendo durante un par de semanas. Está claro que más de uno de los hombres en esta historia ha decidido que ya es el momento de ponerla :eyebrow: Vemos que Uldi pasa el tiempo ganándose el corazón de todos sus pacientes, entre los que destaca una anciana anixi llamada Amaritha, que está encantada con Uldi y que de paso la anima a salir con Om. Me da gusto ver que en Ibos los anazis son una minoría, y que quedan otros que son buena gente.

    En la visita de Kairos y Tabitha, ambos se pasan por la sala de Valtin, quien trabaja en conjunto con Mia, pues ambos son ingenieros, dedicados al trabajo y son gente solitaria, tengo curiosidad de ver un poco más como es esta relación casi entre padre e hija entre ellos, porque eran personajes con un historial similar en cuanto a profesión. Kairos llega para una revisión de su prótesis, y mientras están en eso, hablan sobre como la colonia en Ceti Nosea está prosperando, pero que todavía no tiene nombre. Mientras discutían que nombre ponerle, Vorta aparece, y claramente no muy feliz. Ella y su antiguo líder y amigo se reprochan que en el pasado odiaban a los líderes y ahora los ayudan a su modo. Pero a ver, odiaban a los líderes del consejo integrado por Akkor, Plaxor y también Relic, donde a Valtin y a Ziba los tenían engañados y a Om no se le dejaba opinar. Lucharon para cambiar el régimen y ahora tienen un gobierno más equitativo, no veo el por qué sería hipócrita servir a un gobierno que sirve a su gente, el cual era su objetivo como grupo :think:

    La discusión escala, pero Vorta lo termina al decirle a Valtin y Mia que tienen que tratar un tema del consejo superior.

    Finalmente todo termina con la llegada de Ebran al planeta Khara, listo para ayudar a su gente. Vemos que Xerom está en una misión intentando localizar a Zorin, que Ikviek quedó a cargo de la protección, algo que no le termina de caer bien a la gente kharaket, y que Solphea se encuentra cuidando de Yaya. Y bueno, la anciana kharaket está ya en sus últimas. Pues una enfermedad que tiene su gente al envejecer ha avanzado mucho, y está pronto a decir adiós, ya que las medicinas que robaron en el pasado solo atacaban los síntomas y no la enfermedad. Ebran acaba de llegar y ya ha recibido la mala noticia de que su abuela, aunque no fuera de sangre, está por morir, y entiendo que él hubiera querido liberar a su mundo de la tiranía para mostrarle los cambios que pueden haber, incluso si ella no hubiera vivido mucho para verlo. Momento difícil para el representante kharaket, quien deberá recuperarse, pues algo me dice que la batalla está por comenzar :shani:

    Bueno amigo, aquí termina este capítulo. Ha sido breve, pero bueno. Y también es el fin de una trilogía tranquila en la parte III, que asumo que ahora pasará a ser más intensa mientras se sigue moviendo el conflicto en Khara. A ver qué decisiones se toman en el futuro respecto a estas guerras.

    Será hasta la próxima semana. Un abrazo y cuídate mucho :cynda:
     
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    Manuvalk

    Manuvalk el ahora es efímero

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    Los Viajeros Vol. 2: Parte III: Ecos del pasado
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    Ciencia Ficción
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    Saludos, esta vez no tengo mucho más que decir. Seguimos con la publicación de esta parte y como siempre, quiero agradecer a mi buen amigo Reydelaperdicion por disfrutar de esta historia y por las leídas en simultáneo que tenemos, las cuales se tomarán una pausa pronto, pero que son un atractivo excelente en cada finde que las hacemos.

    Algunas guías han sido actualizadas posteriormente a este capítulo, por lo que si quieren verlas, que sea una vez hayan leído. Dicho esto, espero que os guste.







    Petición de ayuda




    — Subcomandante Devom.

    — ¿Si?

    — Venga aquí un segundo. Mire esto.

    Los pasos de Xerom resonaron en aquel recinto, una pequeña sala aislada y protegida del resto de un edificio por unas paredes y una compuerta de seguridad que indicaban que se trataba de un lugar seguro en caso de conflictos o desastres. El syleriano y su escuadrón se hallaban en la ciudad de Noule, un tanto alejada de la capital de Khara —conocida como Siren— donde estaba ubicado el campamento de la Alianza.

    Aquel soldado neoniano no dudó ni un instante en revelar a su superior lo que había descubierto.

    — ¿De qué se trata? — El subcomandante no entendía lo que ponía en un papel amarillento que le mostraba su soldado.

    — Está escrito en el lenguaje kharaket, pero uno de los insurgentes que ha venido con nosotros lo ha traducido — El soldado neoniano señaló a un kharaket que se encontraba junto a otros soldados, oteando más archivos físicos en esa sala — Dice que han escrito algo sobre Coburto.

    — ¿Coburto? ¿El planeta gaseoso de este sistema?

    — Ese mismo.

    — El guardián de Khara — Indicó otro de los insurgentes, aproximándose al dúo al escuchar su conversación — ¿Han descubierto algo?

    — Tu compañero.

    El soldado neoniano le entregó esa hoja al kharaket, que empezó a leer en su lenguaje. No pasaron ni diez segundos cuando su expresión se desencajó, algo que preocupó al subcomandante syleriano.

    — ¿Qué pone ahí? — Cansado de la incertidumbre, Xerom fue directo al grano.

    — “La llave de la resurrección tecnológica kharaket se esconde en Coburto”.

    […]

    Minutos después...


    — ¿Ikviek? — Solphea se aproximó al que era otro de los subcomandantes del ejército de la AIE — ¿Por qué te equipas con tanta prisa?

    — Xerom ha descubierto algo que quiere que veamos en persona.

    — ¿Irás con todo el escuadrón? — La kharaket creía que podía ser algo serio.

    — No, necesito que la mayoría se queden aquí — El anixis tomaba su preciado Winlock, aquel que llevaba años usando y con el cual había afinado más aún su puntería, siendo un experto — ¿Te apuntas? Hay hueco para más en la lanzadera.

    — Se lo diré a Ebran y te acompañaremos.

    — Bien — Ikviek miró a la carpa en la que hacía un buen rato se había metido el líder de los insurgentes, recién llegado de Ibos — ¿Sigue ahí dentro?

    — Sí… hace poco decidimos dejar que Yaya descansara. Ahora su espíritu camina junto al de sus antepasados.

    Solphea y Ebran parecían haber decidido acabar piadosamente y de forma gentil con la vida de la anciana kharaket, gravemente enferma y sin pronóstico de recuperación. Tras ese momento, el líder de los rebeldes permaneció sentado al lado de la camilla donde descansaba aquella que había representado el rol de una madre o abuela para el joven kharaket. No dejaba de mirarla fijamente pese a que Yaya yacía ya muerta completamente, casi como si esperara que se despertase.

    — Ebran… — La segunda al mando de los insurgentes entró de nuevo en la carpa, viendo a su superior y amigo sentado frente a la anciana — Tenemos que irnos. Xerom ha encontrado algo que quiere que veamos en persona.

    — ¿Es importante? — La voz de Ebran sonaba fría, rota.

    — Parece que sí.

    — Dame un minuto. Te veo fuera.

    — Entendido…

    Solphea se marchó de la carpa, dejando a solas a su líder y representante temporal de su especie en el Consejo Superior de la Alianza.

    El silencio en aquel sitio era absoluto, pese a que había algunas camillas ocupadas por soldados malheridos tras haber enfrentado bandidos en las llanuras y estepas de Khara, cuando los escuadrones se movían a pie para evitar llamar la atención. El insurgente sentía un vacío terrible solo por pensar que Yaya, quien él consideraba de su familia, ya no iba a estar ahí para recibirle en sus regresos a su mundo de origen y mucho menos estaría ahí para brindarle apoyo y consejos. De pronto, se le hizo un nudo en la garganta y un mundo el imaginarse sin la anciana kharaket, provocando que tres lágrimas contenidas brotasen de sus ojos. Sin embargo, Ebran se las quitó rápidamente y se incorporó sin perder de vista el cuerpo sin vida de Yaya. Una sábana la cubría completamente a la espera de que fuese depositada en una bolsa para cadáveres.

    Sin decir nada, el líder insurgente se fue.

    […]

    La ciudad de Noule no era tan llamativa como la capital del planeta, Siren.

    Cierto era que se trataba de una de las ciudades más habitadas en el pasado kharaket, durante su expansión y progreso científico y tecnológico. En la actualidad era un lugar abandonado, a excepción de en algunas ocasiones donde grupos de bandidos se refugiaban en sus edificios. Precisamente en uno de ellos parecía haber una especie de sala de seguridad fuertemente protegida que el escuadrón del subcomandante Devom —quince soldados y algunos miembros de la insurgencia kharaket— había hallado, no solo encontrando información sobre que Coburto podía contener algo, sino también sobre el paradero de Zorin y lo que quedaba del ejército kharaket bajo sus órdenes.

    Cualquiera hubiese esperado que el que era el último gobernante en activo de Khara se hubiese entregado, agradecido por no tener que lidiar con las imposiciones de Akkor, no obstante, su ambición y rencor hacia los anixis —y hacia todos aquellos que colaborasen como hacían las subespecies— le había llevado a considerarse un fugitivo del nuevo Consejo Superior, que no dudó en emitir una orden de búsqueda y captura contra él con el propósito de llevarlo a la justicia y a procesamiento, como con Akkor.

    — Gracias por venir — Fueron las primeras palabras de Xerom una vez vio salir de la lanzadera al otro subcomandante, al líder insurgente y a su segunda al mando — Esto es lo que hemos encontrado.

    Ikviek, Ebran y Solphea echaron un vistazo al papel amarillento y su enigmática frase escrita en el, pero eso no era todo.

    El escuadrón del subcomandante syleriano también encontró indicios de que Zorin y sus soldados habían estado allí tan solo dos días antes, lo que indicaba que estaban muy cerca de dar con su paradero. Zorin, Draux, Huze y algunos más se movían constantemente para evitar ser capturados por las fuerzas de la Alianza en colaboración con la insurgencia global más grande, haciéndolo así por cinco años consecutivos.

    Sin embargo, su suerte parecía estar por terminarse.

    — ¿Hacia dónde podrían haberse dirigido? — Determinado a dar con ellos, quizá empujado por la ira de haber visto morir a Yaya, el líder insurgente preguntó con contundencia.

    — Es difícil saberlo, ellos se conocen Khara mucho mejor que nuestras tropas — Xerom respondió con pesimismo pero lógica — Podrían estar dando vueltas en círculos, escondiéndose en nuevos sitios…

    — Llevamos años tras ellos — Solphea se negaba a dejarse llevar por esa ola de pesimismo que percibió en el syleriano — Cada vez estamos más cerca.

    — Es cuestión de semanas, quizá días, que demos con ellos — El veterano anixis abogó por mostrar algo de esperanza — Veamos qué más…

    De repente, los comunicadores de ambos subcomandantes de la AIE empezaron a emitir una especie de interferencias que para los demás eran simplemente eso. Sin embargo, tanto Ikviek como Xerom se miraron instantáneamente al escuchar aquello, sabiendo lo que significaba.

    — El campamento en Siren está comprometido — Reveló el anixis, poniéndose en marcha casi sin pararse a explicar nada más.

    — ¡¿Qué?! — Ebran lo tomó del brazo rápidamente — ¡¿Qué significa eso?!

    Ikviek se volteó lenta pero muy seriamente, mirando fijamente la mano del kharaket que sujetaba su brazo. El subcomandante se tomaba muy en serio cualquier situación que implicase que su escuadrón, equipo o grupo de soldados estuviese siendo atacado, por lo que no dudó en emprender camino. Ser detenido abruptamente no le sentaba nada bien y menos en dicho contexto.

    Viendo aquello y sintiéndose un poco incómodo, el líder insurgente le soltó.

    — Estamos bajo ataque — Devom intervino en la conversación, queriendo apaciguar esa repentina tensión entre el anixis y el kharaket — Utilizamos un código de interferencias para mandarnos señales sin el que el enemigo pueda escucharnos en caso de tener las comunicaciones pinchadas.

    — Inteligente, pero, ¿de verdad es eso? — Solphea lo puso en duda — Podrían ser interferencias de verdad.

    — Sí, podrían serlo — Ikviek habló con un tono seco — Pero no voy a quedarme aquí averiguándolo.

    El subcomandante anixis retomó su andadura de regreso a la lanzadera, seguido por el otro subcomandante y los dos principales líderes de la resistencia kharaket que conoció durante la expedición en el punto de encuentro de Táfadon. A excepción de unos pocos que permanecerían allí buscando más datos, el resto de soldados se sumaron a su superior anixis y se subieron a las lanzaderas disponibles para regresar rápidamente al campamento ubicado en el centro de Siren.

    Se presuponía que era un ataque de bandidos, algo muy típico durante todos esos meses de estancia en Khara para las fuerzas de la Alianza.

    Así, varias lanzaderas de la AIE pusieron rumbo de Noule a Siren, un trayecto que les tomaría unos veinte minutos cruciales en lo que fuese que estuviese ocurriendo en el campamento. Durante el viaje, el silencio en los distintos vehículos aéreos era total, tan solo escuchándose el traqueteo de las propias lanzaderas al tener pequeñas turbulencias. La preocupación en los rostros de todos era máxima, especialmente en aquellos que lideraban a todos esos soldados.

    Xerom e Ikviek llevaban muchos meses en Khara, utilizando recursos de la Alianza que confiaba en que ellos diesen con el paradero de Zorin y los suyos.

    — Subcomandante Ikviek — El piloto de su lanzadera se dirigió al superior que iba con él — Llegaremos en dos minutos.

    — ¿Qué te dice el radar?

    — Hay mucha actividad en tierra, señor — Especificó el piloto, un soldado humano bastante joven — ¿Quiere que aterrice literalmente en el campamento o que lo haga en las inmediaciones?

    — Mejor en las inmediaciones — Xerom intervino en la conversación mientras miraba a su compañero de liderazgo — Podremos dar una sorpresa a los bastardos que nos estén atacando.

    — Sí, mejor — Indicó el veterano anixis — El resto de lanzaderas que vayan al ataque, sin pensárselo. Sé que puede ser un riesgo, pero nuestros enemigos deben creer que estamos desesperados por recuperar el campamento.

    — Es una buena idea — Solphea apoyó el pensar del subcomandante.

    — ¿Hay noticias de los soldados que estaban en el campamento? — La pregunta provino de Ebran, que seguía sentado en su asiento.

    — He captado las mismas interferencias que recibieron los subcomandantes, pero no hay mensajes explícitos — El piloto miró a todos aquellos que estaban a bordo de su vehículo aéreo — Agárrense, voy a realizar una maniobra agresiva para aterrizar rápidamente.

    Obedeciendo a aquel que sabía manejarse en el aire, todos se agarraron a los arneses que les mantenían fijos en sus asientos mientras la lanzadera realizaba un giro de ciento ochenta grados para precipitarse en picado hacia el suelo. Aquello generó un pequeño susto en todos, pero el piloto demostró una habilidad tremenda ya que esa maniobra le permitió aterrizar rápidamente sin ser detectado en el vuelo, frenando los propulsores justo antes de contactar la superficie terrestre para así terminar aterrizando con calma.

    Viendo aquello y una vez en tierra, Ikviek le dio unas palmadas en el hombro al piloto para reconocer su trabajo.

    — Quédate aquí, por si acaso — Le ordenó el subcomandante Devom al piloto — ¡El resto, en marcha! ¡Nuestros compañeros nos necesitan!

    — ¡Sí, señor! — Gritaron algunos al unísono.

    Xerom e Ikviek se miraron nuevamente entre ellos, preocupados por sus soldados. La Alianza quería ayudar a los kharaket, pero no iba a sacrificar muchos de sus recursos cuando aún estaban centrándose en crecer como gobierno conjunto de especies, por lo que la misión era crucial. Ebran era plenamente consciente de ello y Solphea lo pudo apreciar en sus expresiones faciales, las cuales estaban tensas.

    A la salida de la lanzadera, el humo empezó a dificultar tanto la visión como la respiración del grupo. Todo eso provenía del propio campamento, que parecía estar en llamas. Diminutas chispas flotaban en el aire, dándole al lugar un ambiente de conflicto bélico. Sin embargo, este no había concluido; los disparos seguían escuchándose junto a gritos, órdenes y explosiones de lo que parecían ser granadas de fragmentación. Aquello fue muy revelador para los subcomandantes y los insurgentes: no eran bandidos, pues ellos no contaban con ese tipo de armamento.

    Lo que significaba que se trataba de militares kharaket.

    — ¡Tenemos que dividirnos en dos escuadrones, rápido! — Indicó el anixis, que llevaba la batuta de la operación — ¡Xerom, ve por la derecha, la zona de los edificios derruidos! ¡Yo iré por el otro lado!

    — ¡Entendido! — Pese a ser del mismo rango que su compañero, Xerom consideraba a Ikviek prácticamente un referente dada su experiencia militar.

    — ¡Iré contigo! — La mujer kharaket se dirigió al syleriano — ¡Conozco un atajo por esos edificios!

    Ebran lanzó una mirada de sorpresa a Solphea, pues no esperaba que ella tomase esa decisión, lo que le dejaba a él junto a Ikviek.

    Anixis y kharaket no tenían una relación especialmente buena y a la vista estaba, por lo que tener que trabajar juntos no era plato de buen gusto para ninguno de los dos. Ikviek le indicó con un gesto que le siguiese, acompañado de varios soldados más de la AIE. Xerom emprendió su rumbo junto a Solphea y otros militares más, abriendo comunicación con su compañero subcomandante para permanecer en contacto y coordinarse.

    ¿Me oyes bien?

    — Sí — Musitó el anixis — Avísame de cualquier situación con la que te encuentres. Una vez en posición, ataquemos al mismo tiempo.

    Excelente.

    El escuadrón al completo quedó dividido en dos pequeños grupos que tratarían de arremeter contra sus enemigos utilizando el factor sorpresa.

    Los disparos en el campamento se escuchaban cada vez con menos frecuencia, lo que indicaba que el conflicto estaba por concluir. La preocupación era máxima por saber lo que eso significaba, pues podría ser que los soldados de la Alianza en el campamento hubiesen vencido o justo todo lo contrario. Ikviek, Ebran y varios soldados más atravesaron los escombros de unas ruinas que conectaban estrechamente con el centro de la ciudad de Siren, donde se ubicaba el campamento.

    Moviéndose con rapidez pero sigilo, el equipo liderado por el subcomandante anixis se posicionó al mismo tiempo que recibían un mensaje del otro grupo.

    En posición.

    — ¿Ves algo desde tu ubicación?

    Se hizo un breve silencio que provocó las miradas en algunos militares, algo tensos e inquietos por la situación en la que podrían hallarse muchos de sus compañeros.

    Kharaket — Indicó Xerom con rotundidad — Son ellos.

    — ¿Ves a Zorin, Draux o Huze entre ellos? — El líder insurgente intervino en la comunicación por radio, siendo algo que molestó al subcomandante anixis.

    Es difícil reconocer si alguno de ellos está ahí, no estoy tan cerca.

    — Da igual — Ikviek lanzó una mirada seria a Ebran — A mi señal, atacamos por los dos flancos. Si confirmamos la identidad de alguno de los tres mencionados, lo necesitamos con vida. Podría darnos información.

    Recibido. Esperando órdenes.

    Ikviek accionó un pasador con el que su Winlock contaba al mismo tiempo que se volteaba a ver a su grupo.

    Muchos de ellos eran soldados jóvenes de las subespecies, formados en Paraíso justo antes de abandonarlo para irse en la gran arca a Ibos, por lo que no habían experimentado conflictos bélicos en sus carnes como tal. Más allá de la Guerra de los Dos Días contra Akkor y sus fieles, esos soldados eran prácticamente novatos en cuanto a una batalla armada. No por eso eran menos capaces, pero sí más inexpertos, algo que Ikviek apreció inmediatamente en sus miradas bajo los visores de los cascos.

    — Colocaos en posición, quiero que los disparos les lleguen por todas direcciones — La orden del subcomandante anixis no fue solo para su equipo sino también para el de Devom, que lo escuchó por el comunicador — Confirmad posición y preparaos a mi orden.

    Entendido.

    Mientras los soldados de la Alianza —junto a algunos insurgentes kharaket— se preparaban para reiniciar el conflicto que parecía haber cesado, en el mismo campamento se apreciaba una escena desoladora. Una gran parte de militares bajo el mando de Ikviek y Xerom habían sido abatidos por las mismas armas que ellos portaban, también en manos de lo que quedaba del ejército oficial kharaket bajo las órdenes del representante Zorin.

    Estos, vistiendo con sus clásicos trajes de combate —todo ello material entregado años atrás por los envíos del que fuera antaño el representante superior en Ibos—, se movían por el campamento con total libertad. Uno de ellos ordenó que se pusieran a ojear los documentos que había en las distintas carpas, logrando obtener información rápidamente, pues uno de los soldados kharaket se aproximó a él con cierta prisa.

    — Comandante primero — Aquel kharaket se acercó con un documento digital en sus manos — Esto está escrito en nuestro lenguaje.

    — Coburto… — Draux se estremeció solo de pensarlo — ¿La teoría de Zorin es acertada? ¿Los malditos anixis hicieron algo allí que afectó a nuestra tecnología?

    — Es bastante posible — Otro de los soldados se aproximó, evidenciando por el color rojo de su traje de combate que se trataba de otro comandante, siendo Huze — Quizá no haga falta ni asaltar la Casa Superior en Ibos para obtener la información. Esto puede ser una confirmación de que Akkor y su especie nos sumió en una etapa oscura como especie con fines egoístas.

    — Maldito hijo de puta… — Masculló el comandante primero con la rabia en su tono de voz — ¿Crees que Zorin sabía de esto?

    — Lo dudo, ¿por qué iba a perjudicar a su propia especie? — Huze trataba de pensar con sensatez — Él tuvo que verse coaccionado o no saber nada. De todas formas, cuando regresemos, podemos exigirle respuestas.

    — La resistencia trabaja con los soldados de la Alianza, no ha sido fácil asaltar su campamento. Démonos prisa antes de que…

    El comandante primero no tuvo tiempo para decir nada más, porque los disparos empezaron a lloverle de ambas direcciones.

    Todos los soldados kharaket se echaron a tierra o buscaron una cobertura desesperadamente, viéndose en una situación muy comprometida. Los grupos de Ikviek y Xerom trataron de arrasar con todo, pero por alguna extraña razón, Huze y Draux no estaban siendo atacados. Extrañados, se miraron entre sí mientras se protegían tras algunos escombros y muros derruidos, pero fue entonces cuando se vieron sorprendidos por Ebran.

    El líder insurgente apareció de la nada y se abalanzó sobre Draux, provocando que ambos forcejeasen y saliesen a la línea de tiro, quedando muy expuestos.

    — ¡¿Qué haces, Ebran?! — Solphea llamó la atención de su superior.

    Queriendo ayudar a Draux, el comandante segundo tomó por detrás a Ebran y realizó una maniobra de agarre para tomarlo por el cuello y empezar a asfixiarlo mientras el comandante primero volvía a su cobertura. Sin embargo, el líder insurgente no había dicho su última palabra. Hecho una furia por la muerte de Yaya y toda la situación que estaba viviendo Khara, desenfundó de su cintura una daga de energía que nadie sabía que portaba encima.

    Huze trató de quitársela con esas dos manos extra con las que contaba —como todos los kharaket— a la vez que presionaba su cuello para hacerle perder sus fuerzas, sin embargo, Ebran actuó con maniobrabilidad y habilidad para realizar un giro rápido de muñeca y asestarle la hoja fina de energía en el abdomen a su enemigo, rajándolo de un lado a otro hasta hacerle un corte que derivó en que sus tripas se expusiesen al exterior.

    — ¡¡¡Huze!!! — Exclamó el comandante primero, quién además también era su amigo.

    El grito de Draux captó la atención de sus soldados y de los de la Alianza, que se percataron de esa dantesca escena en la que Ebran parecía haberse transformado en un luchador sanguinario. La orden de Ikviek de no matar a Zorin, Huze o Draux debido a su importancia como valedores de información acababa de irse al traste con el comandante segundo del ejército kharaket, que era uno de ellos.

    Huze cayó al suelo sujetándose las tripas mientras jadeaba y veía como su sangre teñía el polvoriento suelo del área en la que estaban. Viendo que habían sido pillados por sorpresa tras su ataque por sorpresa, Draux ordenó la retirada mediante unos gestos que sus soldados identificaron como dicha orden, mientras éste veía a su buen amigo y segundo comandante perder la vida ante sus ojos.

    Con toda la ira acumulándose en él, empezó a correr aprovechando el shock que se había instaurado en los subcomandantes de la Alianza y sus soldados, que dispararon contra aquellos que huían sin mucho éxito. Xerom y algunos de los suyos fueron corriendo tras Draux para ver si lograban capturarlo, dejando a solas a Ebran, Solphea e Ikviek, quiénes se aproximaron al cuerpo ya sin vida de Huze.

    — ¿Qué…? — El anixis observaba a Huze exhalar su último aliento mientras se dirigía verbalmente al líder insurgente — ¿Qué mierda acabas de hacer?

    Ebran no respondía. Dos de sus manos estaban llenas de sangre y su daga de energía yacía en el suelo al lado del cadáver de Huze. Solphea apoyó sus manos en el hombro de su líder, mostrándose contrariada pero apenada por ver como el impulso emocional se había antepuesto al racional en él. Ikviek, por su parte, no podía esconder su enfado con el kharaket.

    — ¡¿Acaso eres tonto?! — El subcomandante se volteó hacia Ebran, encarándolo — ¡Acabas de arruinar una posibilidad de saber más sobre el paradero de Zorin!

    — Cálmate, Ikviek — La segunda al mando de la resistencia kharaket quiso apaciguar las aguas — Xerom ha ido tras Draux, si lo captura…

    — Tú lo has dicho, si lo captura — El anixis estaba bastante molesto, conteniéndose las ganas de abofetear al kharaket — Porque si no lo hace, seguiremos igual o peor que antes. ¡Maldita sea!

    Ebran ni se inmutó. Su mirada estaba clavada en el cadáver de Huze y aunque esa sensación de ira se había visto parcialmente paliada por su muerte, el líder insurgente no se sentía bien por ello. Había pasado demasiado tiempo en la comodidad de Ibos, actuando como representante para su pueblo oprimido y sentía que había perdido facultades tanto físicas como mentales a la hora de operar en conflictos. Estaba dejando que sus emociones le guiasen y eso era algo que Yaya le advirtió que tenía que evitar.

    Pero ella ya no estaba ahí para advertirle.

    […]

    Xerom avanzaba a toda velocidad por una calle repleta de edificios derrumbados junto a varios soldados más bajo su mando, persiguiendo lo más rápido posible a Draux y algunos de sus militares, quiénes habían recibido una nueva orden de retirada por parte de su comandante primero, la cual había sido diferente a aquella que dio durante el punto de encuentro en Táfadon.

    El soldado kharaket acababa de perder a un amigo cercano como lo era Huze, estando ambos en el ejército cuando los anixis hicieron acto de presencia con Plaxor, Ikviek y Ernu tantos años atrás. Su dolor era evidente pero en ese preciso instante solo debía concentrarse en dar esquinazo a los soldados de la Alianza que querían capturarle con vida. Corrió durante tanto tiempo sin mirar atrás ni a los costados que cuando se dio cuenta, se encontraba ya a las afueras de la ciudad de Siren.

    El área contaba con un bosque denso de árboles secos y la noche estaba empezando a aparecer, oscureciendo la capital de Khara y sus alrededores.

    — ¿Estado? — Draux no dudó en intentar contactar con el resto de sus soldados, totalmente desperdigados — Os he perdido el rastro.

    Y nosotros a usted, comandante primero — Contestó uno de los soldados por radio — Envíe la ubicación e iremos a reagruparnos.

    — Vale, voy a…

    Repentinamente, un disparo pasó por su lado a muy poca distancia, lo que le hizo entrar en estado de alerta y buscar la cobertura de algún tronco caído o algún árbol grueso, mientras aquel emisor del disparo se aproximaba al lugar mientras lo buscaba, empuñando un Striker y una linterna equipada en este.

    — Me ha parecido verlo por aquí, se ha escondido — Se trataba del subcomandante Devom, quien advirtió a sus soldados mediante el comunicador que tenían todos equipados en sus trajes — Tenéis mi ubicación, venid rápido. Olvidaos del resto de sus hombres, él puede darnos información valiosa.

    Xerom apuntaba con su arma y la linterna en todas direcciones, buscando al kharaket, que aprovechó su conocimiento sobre la ciudad de Siren y ese bosque para rodear a su enemigo. Sin embargo, justo cuando estaba por huir de la escena, un impulso le detuvo. La imagen de Huze siendo asesinado por Ebran apareció frente a él como una alucinación repentina, lo que hizo que brotase en su interior una absoluta ira contenida que pedía a gritos ser descargada.

    Subcomandante Devom, hemos visto que se ha desviado bastante. Llegaremos a su posición en menos de cinco minutos.

    — Daos prisa, tengo la sensación de que sigue aquí.

    El syleriano no bajaba el arma en ningún momento —pese a que no pretendía matarlo—, consciente de que su enemigo podía aparecer en cualquier momento aunque existía la posibilidad de que éste ya hubiese huido. Sin embargo, su instinto estaba en lo cierto. Sin poder ver exactamente de donde, el subcomandante recibió un contundente golpe en la parte trasera de su cabeza, lo que le hizo caer abruptamente al suelo, soltando el Striker con linterna en el proceso.

    Draux sujetaba en sus manos un pequeño tronco de árbol que sin duda podía hacer daño, algo que había logrado ya que Xerom se había quitado el casco para tener mejor visibilidad cuando iba en persecución del kharaket. El syleriano se estaba volteando en el suelo mientras se dolía de la cabeza, momento en el que vio como su oponente quería asestarle un nuevo golpe que logró esquivar rodando a un lado para acto seguido patearle en el estómago, apartándolo por unos segundos que le sirvieron para incorporarse.

    Devom miró donde estaba su arma, la cual iluminaba la escena con su linterna, siendo ambos rodeados por una penumbra total.

    — Ni pienses que te voy a dejar alcanzar eso — El comandante primero sujetó el tronco con firmeza mientras hacía referencia al Striker que yacía a unos metros de ellos.

    — Entrégate, Draux — El subcomandante quiso buscar la vía del convencimiento — Te aseguro que si lo haces y nos das la información que queremos, tendrás una estancia cómoda en prisión.

    — ¿Por qué iba a entregarme a unas especies creadas por los malditos traidores anixis? — Al parecer, ya no era un secreto para los kharaket que las subespecies fueron desarrolladas por los anixis — Sois todos la misma escoria.

    — Te equivocas, hemos derrocado a Akkor y ahora Ibos es gobernada por la Alianza, una alianza de todas las especies — Devom se acercaba al soldado lentamente — Los kharaket también pueden formar parte. Ebran está tratando de…

    — ¡Ese bastardo ha matado a mi amigo! ¡No representa a nuestra especie, solo a sus propios intereses rebeldes! — Furioso, el comandante primero decidió que no iba a seguir hablando más — ¡Sé que pretendes hacerme perder tiempo para que lleguen tus soldados, pero cuando lo hagan, encontrarán a uno de los dos muerto!

    Xerom no tuvo siquiera tiempo de articular palabra alguna pues Draux se lanzó al ataque con el tronco en su mano. Totalmente desarmado, el syleriano tuvo que utilizar su antebrazo, que habría sufrido serios daños de no ser por el material resistente del traje militar que portaba encima. No obstante, ese movimiento lo dejó vulnerable de cuello hacia abajo, aprovechando el kharaket —que contaba con dos brazos más— para asestarle un combo de puñetazos en el estómago.

    El subcomandante trató de devolver la jugada con su único brazo libre pero Draux se lo interceptó sujetándolo con una de sus manos extras para acto seguido golpearle con el tronco en la rodilla, provocando que el syleriano se tambalease y terminando por golpearle contundentemente en el rostro con uno de sus puños. Xerom cayó hacia atrás con la mala fortuna de golpearse la cabeza contra una piedra, quedando bastante aturdido.

    La sangre del syleriano empezó a teñir dicha roca mientras el comandante primero se aproximaba con el tronco en la mano, a su vez que escuchaba ya las voces de los soldados de la Alianza aproximándose a su posición. El tiempo corría en su contra, pero estaba dispuesto a vengarse de algún modo y no iba a darle a Xerom ninguna posibilidad de sobrevivir.

    — No hay petición de ayuda posible — Draux alzó el tronco para asestar el golpe definitivo, decidido a dejarlo caer sobre la cabeza del subcomandante Devom para acabar con su vida — Hoy mueres bajo el manto de otras estrellas, alienígena de sangre anixis.

    […]

    Varias horas después…


    El líder insurgente yacía sentado frente a la pila de cadáveres que los pocos soldados de la AIE que quedaban con vida se encontraban apilando.

    Solphea lo observaba desde la distancia mientras conversaba con el subcomandante Ikviek, que veía como algunos de sus soldados cargaban con el cadáver de su compañero de rango. Xerom Devom había sido hallado muerto y Draux había logrado escapar, además de que el escuadrón al completo se había visto muy mermado por el ataque de los kharaket liderados por Zorin, lo que les dejaba en una situación muy peliaguda.

    Ebran no decía nada, manteniéndose en absoluto silencio y sin quitar la vista de esa montaña de cadáveres —tanto de soldados de la Alianza como del ejército oficial kharaket—. No obstante, escuchó a algunos soldados conversar sobre lo que Solphea e Ikviek podían estar tratando.

    — Creo que van a solicitar apoyo al Consejo Superior — Murmuró uno de ellos, mientras pasaba por al lado del líder insurgente.

    — ¿Una petición de ayuda? — Su compañero parecía no confiar en ello — El Consejo no va a querer destinar más recursos a esto. Llevamos años buscando a ese tal Zorin y ayudando a la resistencia kharaket, pero solo hacemos que perder soldados y obtener muy pocas pistas.

    — Bueno, lo de Coburto sigue siendo algo.

    — Tal vez, pero, ¿quién diablos va a atreverse a explorar ese planeta? Su fuerza gravitacional te invita a no acercarte si no quieres ser engullido…

    — Está claro que no iremos soldados. Si va alguien, serán los emisarios.
     
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    Reydelaperdicion

    Reydelaperdicion Equipo administrativo Comentarista empedernido

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    Saludos, amigo, paso a comentar el capítulo de la semana.

    Arrancamos con un soldado de la alianza descubriendo un mensaje que indica algo sobre Coburto, y cuando se lo dan a un propio Kharaket, este le traduce el mensaje, y dicen que la clave para que puedan volver a tener tecnología se encuentra en su interior. Una vez que los emisarios pongan el ojo en eso y logren deducir que Regresión está dentro del gigante gaseoso, podrían tener una buena baza para negociar, pues podrían pedir al ejército de Zorin que traicione a su líder y lo entregue a cambio de que desactiven regresión y vuelvan a tener tecnología :think: No sé, es una strat que yo utilizaría.

    Luego pasamos a ver una reunión entre los dos comandantes de la alianza con Solphea y Ebran, quien sigue bastante afligido por la muerte de Yaya, y es que como mencioné antes, si ella era una madre y abuela para Ebran, una de las razones por las que peleaba seguro era poder darle un mundo seguro y que pudiera ver. No debe ser plato de buen gusto que ella haya muerto. Ebran incluso se siente así, cuando ella misma le ha dicho que no debe seguir guiandose por eso. Xerom los convoca y les revela de todo lo que estuvo pasando en los últimos rastrillajes en busca de los soldados de Zorin, diciendo que están cerca de poder llegar hasta él. Entonces, reciben la señal de que un campamento situado en la ciudad capital está siendo atacado. Todos acuden a pelear para evitar tener bajas.

    El piloto de la lanzadera que llevan, pese a ser un extra, tiene un pequeño farmeo de aura pudiendo hacer un giraso con la lanzadera, pasar desapercibido y aterrizar en una zona ventajosa para los líderes. Buen trabajo, piloto random número 31, te has ganado una palmadita en la cabeza de mi parte :patpat:

    Ikviek les dice a todos, incluido Xerom, que pese a que está en el mismo rango parece ser su segundo al mando, que si confirman la presencia de Draux y Huze, los quiere vivos para poder obtener algo de información sobre Zorin. Ebran no está tan de acuerdo, y cuando le toca hacer equipo con él, no se siente muy a gusto. El ataque comienza, y luego de que Draux y Huze hayan obtenido su victoria contra el primer escuadrón, ni tiempo tienen para festejar puesto a que ya están bajo fuego enemigo de todas las direcciones, ya que Xerom y Ikviek les tendieron una trampa :shani:

    Ebran se sale del papel atacando a Huze, quien intenta defenderse. Mala suerte para el comandante segundo kharaket, que no contaba con que Ebran portaba una daga en la cintura y se había visto la pelea entre Mark y Conquest en la S4 de Invencible :yagami: Ebran le ataca con su fuerza y le saca las tripas, causando una muerte que es impactante tanto para Draux como para Ikviek. Draux ordena la retirada, sabiendo que tiene que vengar a su gran amigo, pero que no puede hacerlo si lo capturan y lo matan. Xerom lo persigue junto con los suyos, mientras que Ikviek le dice a Ebran que no tendría que haber hecho lo que hizo. Lo hecho está hecho, pero Ebran no se siente feliz, y Solphea se acerca y lo ayuda, defendiendolo de la inquisición de Ikviek, al decirle que aún pueden atrapar a Draux en la huida.

    En el momento en que vi a Xerom estar aislado de sus soldados ya sabía que iba a morir. Me sorprende de alguien como él que haya sido tan imprudente. Khara es el planeta ancestral de los kharaket (aunque sea obvio decirlo) y él está allí solo hace unos meses, por lo que no tendría que haber arriesgado su suerte en un planeta desconocido contra alguien que lo conoce mejor. Encima de quedarse solo, también se sacó el casco para mayor visibilidad. Creo que Xerom pidió permiso para faltar a las clases de como explorar terreno enemigo, vamos Xerom, tus maestros fueron el chad del universo Lill Crane y la fabulosa comandante Ashley Ripley, ¿cómo cometes tantos errores habiendo sido formado por ellos? :blue:

    Draux le pega en la cabeza y luego, valiéndose de sus 4 brazos, le da un golpe mortal, acabando así la vida de Xerom, bastante molesto, pues piensa que las subespecies anixis son como sus creadores, que Akkor les ha enviado Regresión, que incluso su propio líder pudo haberle ocultado información, y habiendo visto morir a sus soldados y aun amigo el mismo día. Fue mucho estrés para Draux, y se desquitó con Xerom. Lástima que no esperó a sus soldados, pero en fin.

    Ahora queda dar la noticia en casa de que Xerom ha muerto. A Om y a Echo claramente no les va a hacer gracia, ya que ellos eran amigos cercanos de Xerom. Pero bueno, tengo que admitir que Xerom, para ser secundario, llegó lejos en esta historia, e incluso participó de la caída de Akkor.

    También unos soldados mencionan que ellos no se piensan meter en Coburto, y esa tarea queda para los emisarios. Mira, amigo, ya me quitaste a mi bebé Owen. No vas a quitarme a Jackon también. Como Jackon sea el elegido para meterse dentro de Coburto, te mato a la mitad de tus angelitos favoritos en LGC, y como no pueda salir, te mato a la otra mitad :ewww: Okno, era broma XDDDDDDDD. Pero hablando en serio, más te vale que quites esas ideas de mandar a Jackon al interior de Coburto, que se que las tienes angrysnake

    Con eso es todo por ahora. Buen capítulo, el conflicto en Khara continua y ahora que solo quedan Draux y Zorin, hay que ver cómo reaccionan estos dos. Ojalá caigan y sea el fin definitivo de los tiranos en la historia.

    Nos estaremos viendo si el foro sigue en pie, en futuras semanas para las leídas en simultáneo que nos quedan. Te mando un gran abrazo, y cuídate mucho :cynda:
     
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    Manuvalk

    Manuvalk el ahora es efímero

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    14 Diciembre 2013
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    842
    Pluma de
    Escritor
    Título:
    Los Viajeros Vol. 2: Parte III: Ecos del pasado
    Clasificación:
    Para adolescentes. 13 años y mayores
    Género:
    Ciencia Ficción
    Total de capítulos:
    5
     
    Palabras:
    5119
    Hola a todos y bienvenidos al quinto capítulo de esta parte. Como siempre, quiero valorar la presencia constante de mi buen amigo Reydelaperdicion y deseo que le guste cómo se está desarrollando la historia. No tengo mucho más que decir así que, sin más, les dejo con la lectura.







    Ecos del pasado




    — Creo que Amaritha disfruta de nuestras interacciones.

    Omnius empezó a recoger los platos de la cena —que ya se habían terminado— mientras se dirigía a su cita.

    Uldi se limpió los labios con su servilleta mientras le sonreía tímidamente al miembro del Consejo Superior, que se veía bastante relajado al encontrarse en su propia vivienda. Paokt ofreció a la médico la posibilidad de tener su velada en la intimidad de su hogar, seduciéndola con la idea de que él prepararía una rica cena bajo la luz tenue de varias velas distribuidas por todo el salón, con la mesa ubicada justo en el centro.

    — Así es, ella y todos los pacientes de la planta de cuidados — Contestó la syleriana, no pudiendo evitar reír.

    — Me sabe un poco mal por ti, no quiero avergonzarte en tu trabajo — Desde la cocina, Om proseguía con la conversación.

    — Un poco sí lo haces — Uldi lo dijo en un tono burlón — Pero descuida, no me molesta que vengas a verme al hospital, aunque deberías dejar de usar la excusa de las visitas de Brandon…

    — Ya, tienes razón — El que fuera representante único de la Alianza, regresó de la cocina tras haber dejado los platos, trayendo consigo una botella de un vino especial — No tiene más sentido disimular que me gustas mucho.

    Si Uldi hubiese sido humana se habría apreciado su sonrojo, pero la tonalidad azul de su piel y la poca luz que iluminaba la sala lograron camuflarlo. Omnius le sirvió una copa que ella no rechazó, manteniéndose ambos en un placentero silencio mientras degustaban el brebaje.

    Sus ojos se cruzaron a la vez que dejaban las copas, vacías, sobre la mesa. Él le sonrió y ella le tendió la mano sobre el mantel blanco, queriendo que él la tomara.

    — ¿No te preocupa que esto vaya tan rápido? — La pregunta del syleriano venía cargada de una evidente preocupación — No quiero incomodarte ni…

    — Si me preocupara eso, no estaría aquí, en primer lugar — Le indicó la doctora, mirándolo a los ojos — También tengo miedo, como tú. Nunca he conectado con alguien tan profundamente y en estos tiempos tan convulsos en los que vivimos, temo perder todo lo que he construido a lo largo de estos años. Cuando estaba en la expedición y veía morir a compañeros, pensaba que yo podría ser la siguiente.

    — Ahora estás aquí, con un trabajo en el que te adoran y conmigo — Paokt se incorporó y se acercó a su cita, que hizo lo propio — Y sí, también tengo miedo, pero no quiero irme de esta vida sin saborear el amor puro que sé que puede existir incluso en estos momentos tan complicados.

    Om y Uldi estaban a escasos centímetros el uno del otro, cogidos de la mano y con sus ojos clavados en los del otro.

    El silencio en el lugar era total, gracias a que la vivienda del syleriano se hallaba a las afueras de la ciudad de Vianus, donde reinaba la tranquilidad y se evitaba el bullicio diario del núcleo urbano. Ambos símiles terminaron por fundirse en un tierno y dulce beso que parecía sellar el amor que estaba empezando a brotar en sus corazones, los cuales buscaban encontrar a alguien en quien apoyarse y descansar; alguien con quien poder despertar.

    […]

    Eran pasadas las diez de la noche y en la casa de la comandante del ejército de la AIE se había acabado de cenar desde hacía un buen rato.

    Cole y Ástian disfrutaban de una película hecha para niños que el propio Jackon les había puesto en una televisión que acababa de instalar en el cuarto de su hijo adoptivo, aunque ambos infantes sabían que Karla estaba por llegar en cualquier momento. Sizgolar —que también vivía en esa misma vivienda junto al resto de esa peculiar familia— se encontraba en el jardín trasero, sentado en una cómoda silla mientras se limitaba a estar presente y observar el firmamento cuando unos pasos le sacaron de su sensación de absoluta presencia en el ahora.

    El neoniano supo reconocer de quién se trataba por el tímido sonido metálico que hacían sus pies.

    — Siempre se te oye venir — Musitó él, sin siquiera voltearse a verla.

    — Podría ser más sigilosa si quisiera — La IA con forma humana tomó una silla y se sentó junto a su compañero de hogar — Pero no quiero asustar a nadie.

    — Tienes una apariencia humana casi idéntica, Oda, estoy seguro de que no asustarías a nadie como tal.

    — También tienes razón.

    Las estrellas brillaban con fuerza esa noche; la contaminación lumínica era mínima gracias a la implementación de unas bombillas más sensibles con el medio ambiente, gracias al desarrollo tecnológico anixis. El neoniano, que pese a tener una avanzada edad se conservaba bastante bien, se encontraba nostálgico y dudó en hacérselo saber a la robot, con quien solía tener conversaciones profundas.

    — Esto lo suelo hacer todas las noches.

    — Lo sé. Te veo aquí a la misma hora, todos los días.

    — Me recuerda mi lugar en este universo — Indicó Sizgolar, asintiéndose a sí mismo al decir dicha frase — Creo que todos deberían ser conscientes.

    — ¿Y cuál es tu lugar en el universo? — Intrigada incluso pese a ser una máquina inteligente, Oda decidió preguntar.

    — El mismo que el tuyo; el mismo que el de todos — Contestó el ex soldado veterano tras realizar una inhalación profunda — Nuestro lugar en el universo es este mismo espacio que ocupamos en el. Sin más.

    Los procesadores internos de Oda solían analizar y recalcular los diálogos que tenía con otros seres inteligentes —y orgánicos— para mejorar su capacidad de respuesta y de comprensión, además de para entender mejor lo que pasaba por la cabeza de los demás. Siempre estaba aprendiendo, pero con Sizgolar era diferente; el neoniano era un ser sabio por experiencia, edad y conciencia propia. Las reflexiones, breves o extensas, con las que te sorprendía el ex soldado eran algo que cualquiera a su alrededor sabía apreciar.

    No era de extrañar que Jackon y Echo le ofrecieran vivir con ellos no solo por ser el pariente más cercano a Cole sino por ser un auténtico faro de luz en un mar de oscuridad.

    — Echo de menos a Lynx, Iris y Lio — Las palabras de la IA pillaron por sorpresa al neoniano, que se giró para mirarla a los ojos — Cuando te escucho hablar de cosas así, me recuerdas principalmente a Lynx.

    — ¿Era un ser humano inteligente?

    — Bastante — Oda se señaló a sí misma — Él diseñó esto para mí.

    Sizgolar asintió, valorando el gran trabajo que el ingeniero Herswood realizó hacía ya más de cincuenta años.

    Si bien en su juventud desconfiaba de la inteligencia artificial por sus experiencias con los Rhajik, en la actualidad el veterano era bastante abierto de mente respecto a todos los temas y ese no era una excepción. La máquina y el neoniano eran dos seres totalmente diferentes en cuanto a materia, pero muy similares en cuanto a pensamiento y reflexión, lo que no dejaba de ser una verdadera maravilla que provenía, en cierto modo, del propio universo.

    Mientras Siz y Oda se encontraban a la intemperie en el jardín, la pareja de la casa se hallaba en el salón.

    La espera para la llegada de Karla empezaba a hacerse larga y Jackon, principalmente, era el que más impacientado estaba. A lo largo de esos cinco años que habían transcurrido desde la muerte de Owen en el quirófano, la relación entre hermanos se había deteriorado seriamente, hasta el punto en el que cuando se veían, saltaban chispas —y la última vez no fue menos—. Además, la comandante Mercer había recibido la información de que la científica se había personado el día anterior en procesamiento de la estación espacial para un vis a vis con el encarcelado Akkor, algo que no había gustado en sus familiares.

    — Ha sonado la puerta — Musitó él, habiendo oído dos golpes secos — ¿Le abres tú?

    — Sí, yo lo haré.

    — Gracias, amor.

    Jackon optó por delegar esa simple tarea en su pareja, consciente de que su hermana melliza no querría encontrárselo de cara y a su vez, él tampoco estaba de humor respecto al vínculo actual que mantenían. El hombre emprendió el camino hacia la habitación de su ahijado Cole, subiendo las escaleras hasta encontrarse con la puerta entrecerrada y la luz del televisor —más bien una pantalla muy fina que parecía un cristal con proyector incorporado— iluminaba el cuarto, donde asomando la cabeza, pudo ver a los dos niños viendo una película animada.

    — Chicos… — El hombre murmuró mientras abría tímidamente la puerta, como si estuviese interrumpiendo algo importante — Siento deciros que ha llegado la hora. Ástian, tu madre está aquí.

    — Oh… Vale, tío Jackon — El pequeño Crane no pudo evitar evidenciar una expresión de tristeza en su rostro, ya que no quería marcharse — ¿No podrías…?

    — No, chaval, lo siento — Jackon fue un poco cortarte en su respuesta, aunque utilizó un tono de voz suave y comprensivo — Yo y tu madre… Ya lo entenderás cuando crezcas. Pero no puedo convencerla de que te quedes.

    — ¿No podrías siquiera intentarlo? — Cole no dudó en intervenir, queriendo que su mejor amigo se quedase, al menos hasta ver terminar la película — La peli no ha acabado, papá.

    Cole fue adoptado por la pareja Vaalot Mercer cuando él solo tenía un año de edad, por lo que les consideraba sus verdaderos padres. Aunque tenía algún recuerdo fugaz de Myra, su madre biológica, el niño no sentía nada respecto a ello porque era un vínculo que le quedaba lejano y deconstruido, como si le faltasen piezas a un puzzle del que no tenía idea.

    — Cole, te repito lo mismo que a Ástian — Insistió el ex comandante de la expedición del Explorario, mientras escuchaba ya a su hermana en la sala de estar — Vamos, campeón, tu madre te está esperando.

    — Okay — Visiblemente resignado, Ástian le dio un abrazo a su mejor amigo y técnicamente, primo — Nos vemos en el colegio, Cole. Buenas noches.

    — Sí. Buenas noches, Ástian.

    Cole se quedó algo desanimado en su habitación mientras Jackon acompañaba a Ástian, bajando por las escaleras hasta llegar al salón. Allí se encontraba la científica y la comandante y por sus expresiones faciales, Jackon supo que su novia ya le había reprochado el suceso con Akkor.

    — Venga, Ástian, tenemos que irnos — Musitó Karla, bastante molesta.

    — Hey, peque, ¿te lo has pasado bien? — Echo le dio un tierno abrazo a su sobrino.

    — ¡Sí, tía Echo! — Ástian no dudó en evidenciar su disfrute tanto del día anterior como del presente, ya que su madre estuvo una noche fuera — ¿Cuándo podré volver?

    — Cuando tú quie…

    — Cuando yo lo diga, hijo — Contestó bruscamente Vaalot, tomando a su hijo de la mano con cierta fuerza — Tus tíos van a estar muy ocupados.

    — ¿A qué te refieres? — Sintiéndose amenazado y conociendo a su hermana por sus comentarios sarcásticos en momentos de rabia contenida, Jackon saltó como una chispa en el aceite — ¿De qué diablos hablas, Karla?

    La científica —ahora sin estar trabajando— cerró la puerta con fuerza, dejando a su hermano con la palabra en la boca. Echo vio como su chico la miraba con un gesto de confusión e incredulidad consecuentes con lo que acababa de ocurrir.

    — Me lo ha afirmado — Murmuró la comandante del ejército aliado, mostrándose bastante seria — Quiere muerto a Akkor.

    — Joder… — Vaalot se echó las manos al rostro y las arrastró por su pelo, en un claro gesto de estrés — Mierda, Karla… Tienes que redoblar la seguridad en procesamiento y poner una orden que impida a mi hermana volver, eso debería pararla.

    — Lo puedo hacer, Jack, pero ya la has visto… Está furiosa y está empezando a afectar a su hijo — Mercer sentía lástima — Ástian solo piensa en cuando va a venir aquí porque esto es lo más parecido a un hogar para ese niño. Y…

    — ¿Qué quieres, Echo? ¿Qué intente hablar con ella? — El hombre apoyó sus manos en la cintura mientras agachaba la mirada y negaba con la cabeza — No me va a escuchar. No lo ha hecho desde que nació Ástian.

    — Deberías intentarlo, al menos. Jack, es tu hermana…

    De repente, el comunicador —básicamente un teléfono móvil— de Vaalot emitió un sonido que indicaba la llegada de un mensaje, notificándolo al instante. Jackon interrumpió la conversación con su pareja para verlo cuando de pronto, sus ojos se cruzaron nuevamente con los de la comandante, que parecía ver cierta preocupación en el ex soldado del ejército que ella lideraba.

    — Nos han convocado a los “emisarios” — Jackon hizo énfasis en la última palabra porque más que emisarios, eran operativos — Parece que la situación en Khara ha explotado y el Consejo Superior va a enviarnos allí.

    […]

    La sala de asambleas de la Casa Superior siempre orquestaba reuniones de índole relevante tanto para la sociedad como para el propio Consejo Superior, y esta vez no era distinto.

    Por primera vez en muchos meses, algunos de los representantes del órgano de gobierno en Ibos emplazaron a su equipo de élite —operativos camuflados bajo los términos de emisarios— para comunicarles algo que requería de sus servicios. Fue así como el propio Jackon, Kendall, Andrómeda, Vorta, Ernu y Oda fueron convocados a dicho encuentro en el que les esperaban únicamente los representantes Ziba y Brandon.

    Con la ausencia del resto —Omnius estaba libre de sus funciones durante unos días, Ebran se hallaba en Khara y Musna se estaba encargando de los acuerdos comerciales con Kairos—, esos dos líderes serían los encargados de dar más información a los exploradores más capacitados que se encontraban disponibles.

    — Buenos días — Vaalot fue el último en llegar a las puertas de la Casa Superior, pese a ser puntual — Me ha costado dormirme y levantarme.

    — ¿Problemas en casa? — Ernu le estrechó la mano a aquel que fue su comandante en la expedición del Explorario.

    — Un poco de todo — El humano aceptó el saludo con gusto, ya que el anixis lo realizó pensando en que era propio de dicha especie — Me alegra verte, Ernu.

    — Amigo — Xom le dio una palmada en la espalda — ¿Es verdad lo de tu hermana?

    — ¿Cómo lo sabes? — Jackon estaba incrédulo.

    — Ya sabes que Ken tiene muchos contactos gracias a sus tiempos como detective — La joven Vermeer se inmiscuyó en dicha conversación — Y Karla no me contesta los mensajes ahora mismo.

    — Es cierto — Vorta sorprendió a todos al afirmarlo, especialmente con su posterior revelación — Yo la ayudé a que pudiese tener un cara a cara con Akkor.

    Jackon se mostró bastante molesto con la syleriana y no dudó en evidenciarlo al lanzarle una mirada furiosa, generando cierta incomodidad en el resto de sus compañeros. Sin embargo, ella no se sintió realmente intimidada y quiso justificarse no solo ante el propio Vaalot sino ante el resto. Su adquisición al grupo fue la última y no todos confiaban en ella tras su fuga a Ceti Nosea con Kairos y los mercenarios para después regresar junto a algunos.

    — Lo hice porque yo también querría hacerlo si estuviese en su posición — Se excusó la mercenaria, tratando de ser comprendida — Sabía que ella no le mataría ahí y personalmente, creo que no viene mal que Akkor se preocupe un poco.

    — Pero lo intentó matar — Andrómeda tampoco estaba de acuerdo con que le hubiese dejado a su amiga ir a ver al asesino de su pareja — Y no la culpo, pero está encerrado para dar ejemplo a la sociedad, no para volver al medievo.

    — Yo aquí voy a romper una lanza a favor de Vorta — Siendo algo inesperado para el resto, Kendall se posicionó del lado de la syleriana — No digo que haya que matar a ese malnacido porque no me desagrada la idea de verlo pudrirse en procesamiento hasta sus últimos días, pero tampoco viene mal que sienta que podrían matarlo en cualquier momento.

    — Bueno, si antes no hablaba y no daba información sobre Zorin, entre otras cosas, ahora quizá sea buen momento de realizar un interrogatorio exhaustivo — La propuesta de Ernu les pilló a todos pensando en otra cosa distinta — Ese traidor a la sociedad me mantuvo encerrado a mí y a Ikviek durante muchos años. No niego que verlo en esa misma posición me hace sentirme bien, pero tratemos de aprovecharlo y que hable. Debe saber muchas cosas no solo sobre los kharaket que buscamos, sino también sobre información clasificada que aún no hemos logrado entender del todo.

    — Lo veremos todo a su debido momento, por ahora tenemos otro asunto entre manos — Visiblemente estresado y queriendo cambiar el foco de la conversación, Vaalot optó por volver al presente inmediato — ¿Entramos?

    — Ahora sí.

    El grupo de operativos se volteó para ver como Oda aparecía en el lugar, sorprendiéndolos a todos pero en especial al propio Jackon, con quien convivía.

    La IA con forma humana femenina se personó allí como una miembro más del grupo, aunque hasta el momento, no la habían considerado como tal. De hecho, el ex comandante de la expedición siempre pensó que Oda debería dedicarse a vivir y dejar de lado los conflictos e intereses políticos, pero ella simplemente disfrutaba ayudando a aquellos a los que quería mantener a salvo.

    — ¿Oda? — Vaalot mostró una media sonrisa — Podrías haberme dicho que te habían convocado a ti también y habríamos venido juntos.

    — No sabía que os habían convocado a vosotros — Replicó ella — Desconocía este grupo secreto como tal, hasta ahora.

    — Bueno, pues bienvenida al grupo, Orenda — El único anixis presente decidió llamarla por su nombre falso — Está genial tenerte de vuelta.

    Oda asintió cortésmente al mismo tiempo que las grandes puertas de la Casa Superior se abrían para todo el grupo. Al entrar a la sala principal, un secretario anixis acudió a su encuentro para guiarles directamente a la sala de asambleas, donde el representante humano y la anixis les esperaban para hablar.

    — Bienvenidos, operativos — A la que fuera emisaria en el pasado se le hacía extremadamente raro llamar así al grupo de élite secreto que trabajaba directamente para el propio Consejo Superior — Tomad asiento, hay un asunto de máxima urgencia que debemos tratar.

    — Y no tenemos mucho tiempo — Brandon no dudó en recalcar ese dato, siendo el único que se encontraba de pie mientras andaba de un lado a otro, visiblemente nervioso.

    — Está bien, ¿qué ocurre? — Jackon fue el primero en abrir la conversación como tal, a la vez que las puertas de la sala se cerraban para darles a todos mayor privacidad — ¿Dónde están el resto de representantes?

    — Musna está asegurándose de que Kairos no nos hace alguna de sus jugarretas — Explicó el representante humano con un supuesto recelo al neoniano del que hablaba — Omnius tiene unos días libres y Ebran se encuentra en Khara ahora mismo.

    — Precisamente de Khara es de lo que tenemos que hablar — Ziba decidió ir directa al grano, dando más relevancia a lo dicho por Brandon sobre el tiempo limitado — Como sabéis, llevamos un par de años enviando recursos y soldados para luchar y perseguir a Zorin y en definitiva, al último remanente del gobierno corrupto que se alió con Akkor hace más de medio siglo.

    — Así es, lo sabemos — Musitó Kendall, que tenía a su pareja sentada al lado mientras ambos se tomaban de la mano bajo la mesa.

    — ¿Cómo les va a Ikviek y Xerom? — El explorador anixis se acordó de su viejo amigo y del otro subcomandante — Según tengo entendido, ellos están al mando de la operación allí.

    — En efecto, así era, pero ahora… — Ziba se sentía un poco mal por lo que iba a decir — Ha pasado…

    — Los soldados de Zorin asaltaron el campamento en la ciudad de Siren y han matado a Xerom — Molesto por ver como su compañera anixis tenía dificultades para explicar lo sucedido, Brandon no dudó en soltarlo sin anestesia — Bueno, a Xerom y a muchos soldados más. Nos han jodido pero bien, hemos perdido recursos por todos lados y seguimos sin saber dónde se esconden…

    — ¿Y a ti te preocupa solo eso, saber dónde se esconden? ¿Los recursos? — Andrómeda confrontó verbalmente al representante humano, que no se veía afligido por la muerte de quien fue compañero de generación de muchos de ellos — ¿Qué diablos te…?

    — Señorita Vermeer, por favor, no está en posición de dirigirse así a mi persona — Dándoselas de superior, Gallagher la calló literalmente, prosiguiendo con el tema bajo la seria mirada de todos los presentes — La situación es crítica porque están empezando a crecer los focos de conflicto en todo el planeta.

    — Exactamente. Grupos de bandidos que creemos que están aliados con Zorin y sus soldados, están atacando aldeas, las ciudades que hemos liberado a lo largo de estos años y sobre todo, a nuestros escuadrones y campamentos — Ziba se encontraba algo tensa respecto a esa situación, pese a ser una de las personas con más templanza que había — Pero eso no es todo; también hemos encontrado el posible foco de que la tecnología kharaket sucumbiese en el pasado.

    — ¿En serio? — Vorta se sorprendió bastante al escuchar aquello.

    — Sí. Se trata de un arma de Regresión, no sé si habéis oído hablar de ella antes — La representante anixis desconocía si todos sabían de esa arma especial de origen anixis.

    — Sí, en clase de historia en la academia militar nos hablaron de ello — Jackon asintió, afirmando que conocía de la existencia de dicha arma mientras sus pensamientos se entremezclaban con los de la dura noticia recibida sobre Xerom.

    — Pues esa maldita mierda se encuentra en el interior de Coburto, el planeta gaseoso del sistema Ketenna y el que es, sin duda, el mundo más peligroso — Las palabras de Brandon no sonaban nada alentadoras — Y para destruirlo debemos penetrar en su área gravitacional, la cual es muy poderosa y podría terminar destruyendo la nave que se adentre. Aunque por suerte, el gran ingeniero Valtin nos ha ayudado con unas ligeras mejoras que deberían poder ser útiles para evitar una catástrofe en esa misión. De hecho, fue la misma Vorta la que le dio el recado al propio Valtin.

    — Entonces, eso que me dijiste que le dijera a Valtin… ¿era para esto? — La syleriana recordó que tras encontrarse con Kairos y Tabitha en la sala de ingeniería de la estación espacial, se quedó a solas con Valtin y Mia para comunicarles que el Consejo Superior requería de sus servicios — ¿Por qué no me lo contasteis todo en aquel momento?

    — Porque se debía contar con todo el grupo presente, no individualmente — Indicó Ziba sin tapujos — La cuestión es esa. Valtin y también Mia se han encargado de preparar una nave con equipamiento específico para soportar altas fuerzas gravitacionales y poder destruir así el arma Regresión.

    — Y haciendo eso, ¿los kharaket recuperarán su tecnología? — Ernu estaba intrigado al respecto.

    — Según Valtin, cuando los efectos de Regresión son tan longevos, la tecnología a la que afecta termina resultando obsoleta — La antigua emisaria sorprendió con ese dato — No obstante, él cree que podrían haber remanentes útiles.

    — ¿Y eso es…? — Kendall quería entenderlo mejor.

    — Algo de la tecnología kharaket podría volver a funcionar.

    […]

    Tras la reunión con los representantes Ziba y Gallagher, el pequeño equipo de élite del Consejo Superior se dispersó, ya que todos debían dirigirse a sus respectivas casas para preparar las maletas y subirse en los próximos días a la nave que se les asignase con el objetivo de destruir el arma Regresión en Coburto y posteriormente aterrizar en Khara para ayudar a las fuerzas de la AIE lideradas por el subcomandante Ikviek. Aquel que estaba asignado como la persona al mando de dichos operativos, Jackon, decidió no ir inicialmente a su vivienda y sí viajar de Vianus hasta Astea con el propósito de visitar a su hermana melliza, haciéndole una visita que aunque él sabía que ella no querría, consideraba necesaria.

    El hombre tenía en mente la pérdida de Xerom pero también la petición de su pareja Echo, quien le indicó claramente que debía hablar con la científica para tratar de hacerla entrar en razón, ya que ésta estaba decidida a buscar el modo de acabar con la vida del que fuera representante superior antaño. Con el semblante serio e incluso una tensión interna lógica debido al conflicto que ambos llevaban arrastrando durante años, Vaalot se personó en la puerta de la vivienda de su hermana, tras un trayecto de quince minutos aproximadamente mediante una lanzadera bus. El soldado tocó el timbre durante tres segundos y esperó, pese a asumir la posibilidad de que su hermana ni siquiera se plantease abrirle, ya que podía ver quien estaba ante su casa gracias a la cámara incorporada en el teléfono.

    Adelante. Por favor, cierre después de entrar.

    La voz robótica de la puerta le abrió el paso a Jackon, que internamente estaba un poco sorprendido con que Karla hubiese accedido a abrirle. El hombre subió por las escaleras —evitando el ascensor— hasta el tercer piso del edificio, donde se encontraba el apartamento de la melliza Vaalot. Sin embargo, cuando el emisario llegó a la puerta, se encontró a su sobrino Ástian en ella.

    — Hey, chaval — Jackon se arrodilló ante el pequeño, un tanto sorprendido — ¿Me has abierto tú?

    — Hola, tío Jackon — El joven Crane tenía una expresión de preocupación en su rostro — Sí… te he abierto yo.

    — ¿Dónde está tu madre?

    — Está duchándose — Afirmó el niño, indicándole con un gesto a su tío que entrase al interior de la vivienda — Seguro que acaba pronto.

    — ¿Estás bien? — El soldado veía la expresión facial de su sobrino.

    — Mamá se enfadará conmigo por haberte dejado entrar — Ástian manifestó su preocupación, siendo lógica dado que conocía esa fricción entre los mellizos.

    — No te preocupes, yo le haré saber que no has hecho nada malo — Consciente de que la situación podría ponerse muy tensa, Jackon pensó en algo — Oye, peque, ¿por qué no te vas a tu habitación? Tengo que hablar con tu madre a solas.

    — V-vale, tío Jackon.

    — Buen chico.

    Al hombre le sabía verdaderamente mal tener que enviar a su sobrino a su cuarto pero creía que sería lo mejor, ya que en cuanto Karla saliese de la ducha podría evidenciar su molestia al ver a su hermano allí presente. La espera para que el encuentro se diese no fue de más de cinco minutos, momento en el que la puerta del baño se abrió y la científica apareció ya vestida con una cómoda ropa de estar por casa.

    La expresión de Karla al encontrarse a su hermano mellizo en su sala de estar fue la de alguien que acababa de ver a un claro enemigo en su dominio.

    — ¿Qué mierda haces aquí, Jackon?

    — Tenemos que hablar.

    — ¿Hablar? ¿Nosotros? — La científica negó con la cabeza al mismo tiempo que señalaba la puerta — No tenemos nada que hablar. Vete.

    — Karla, por favor, escúchame y después me iré si así lo quieres — El emisario trató de rebajar la tensión mostrándose conciliador.

    — No deberías ni siquiera estar aquí en primer lugar — La mujer se veía bastante furiosa, pero contenía sus deseos por gritarle — Luego hablaré con Ástian, porque si va a abrirle la puerta a cualquiera…

    — Yo no soy cualquiera — La rectificó Jackon, ahora más serio — Soy su tío. Soy su familia.

    — ¡Yo soy su familia! — Explotó Karla, con el dedo índice acusador en el rostro de su hermano mellizo — ¡Y el padre que le falta se lo arrebató ese cobarde anixis que te empeñas en mantener cómodo en una maldita celda!

    — No finjas que esto es por Owen, porque no es así — El hombre se mantenía en su postura, firme y sin alzar la voz — Él no querría verte en este estado.

    Jackon no se esperó recibir una bofetada por parte de su hermana justo en ese instante, algo que le impactó bastante porque desde el comienzo del conflicto, nunca habían llegado a un punto físico. El soldado apretó la mandíbula y los puños al sentirse atacado y cuando su mirada se quiso clavar en la de ella, pudo ver como la puerta de una habitación estaba entreabierta, apreciando como un ojo de Ástian observaba toda la escena entre su madre y su tío.

    En aquel instante, el soldado Vaalot supo que no era el momento ni el lugar para hablar de más con Karla.

    — Jamás vuelvas a mencionar al padre de mi hijo para decirme cómo debería sentirse él respecto a mí — El semblante rabioso de Karla era algo que pocas veces había visto su hermano — Límpiate la boca antes de mancillar su nombre con tu justificación barata.

    — No te reconozco, Karla — Murmuró él, entre furioso y apenado por haber recibido un golpe de su propia hermana.

    — Yo hace años que tampoco te reconozco. Las personas cambiamos, parece.

    — Solo voy a decirte que si Akkor sigue encerrado es porque me niego a que repitamos los errores del pasado — Pese a todo, el hombre insistió en querer explicarse ante la mujer — Esto no es Paraíso. Vinimos aquí a hacer las cosas totalmente diferentes.

    — ¿Qué clase de gilipolleces sueltas por la boca, Jackon? — La científica estaba apenas a dos metros de él — En Paraíso perdimos a mucha gente querida, perdimos a nuestra madre por culpa de Mente Colmena… ¿acaso encerrarías también a esa cosa para ser “diferente”? Eres patético.

    — No seas ridícula, esa cosa no merecía ser encerrada, era una maldita bacteria que pretendía la extinción de cualquier forma de vida orgánica inteligente — Vaalot no dudó en resaltar las diferencias entre una cosa y la otra — Esto es muy diferente. Akkor está encerrado y morirá en esa celda, ni siquiera le daremos la oportunidad de tener una vida en el exilio… Créeme, hermana, cuando te digo que ese castigo es mucho peor que la muerte.

    — Tal vez para él lo sea, quizá incluso para ti, pero no para mí — Indicó ella, empezando a perder la paciencia — No descansaré hasta verlo agonizar ante mis ojos y no quiero esperar veinte años para ver eso.

    — Pues tendrás que hacerlo.

    — Eso ya lo veremos.

    — Karla…

    — Vete de mi puta casa, ya mismo.

    Jackon la miró a los ojos y pudo ver la frialdad en los de Karla, su determinación a cumplir con ese deseo personal. La conocía lo suficiente como para saber que si ella estaba empeñada en la destrucción de Akkor, trataría de conseguirla casi por cualquier medio. El hombre caminó con parsimonia hasta la puerta, pero antes de salir por ella, se volteó para decirle una última cosa a su hermana, con Ástian aún observando la escena desde detrás de la puerta de su habitación.

    — Piensa en cómo todo esto puede estar afectando a tu hijo.
     
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