Lo miré de reojo tras su respuesta sobre aquel guardia, ¿coincidencia? Probablemente, pero mi cabeza me decía que había algo mas, deje el tema ahí, si no me incumbía no importaba. La curiosidad mató al gato, ja. — No sabía que en el mundo quedaban lugares como esos... No me quedan muchos recuerdos de lo que era la vida antes del imperio — le dije pateando una piedra cercana, con el pie bueno Tal vez mentía, el sol en el rostro, el campo, los sembrios... mis padres... Eran el recuerdo esa herida que nunca terminaría de cerrarse, de lo que podría haber sido y no fue. Que pequeños eran los humanos, una hormiga en la suela del imperio. Descartables. Pero antes... antes de la guerra el futuro era más brillante, más esperanzador. La nostalgia me nubló la vista pero me recuperé casi de inmediato. No había manera de volver al pasado. — Cómo... Cómo se llama este místico lugar fuera de las garras de Chance? — sonreí ligeramente, ¿realmente existía un lugar así? >> He tenido algunos encuentros, pero éste es de lejos el que peor resultado dió. Fue una bola de nieve que no dejo de empeorar hasta que explotó. Agradeci la idea del uniforme y supuse que estaría bien, era mejor inmovilizarlo antes que seguir dejando que la lesión empeore. Rasgué la manga de su camisa, con cierta dificultad, pero era suficiente tela para hacer un vendaje decente al menos. Subi el pie con delicadeza, apoyándolo sobre mi otra rodilla y empecé a vendarlo, con una habilidad que solo los años y la escasez de materiales podrían darte. Contenido oculto Hola he salido del infierno de la chamba solo pa volver al infierno de la prisión. Hype. Perdón por la tardanza. DAVID DAME UN BASTÓN, QUIEFO UN BASTÓN QUIERO SER LITERALMENTE ESTE
Oriol te miró al principio con una ceja alzada, y con una curiosa sonrisa complacida. Casi de orgullo, en cierto modo. Parecía que le gustaban tus respuestas; le gustaba tu estilo, y cómo respondías sin responder. Parecía que le caías bien, o esa era tu impresión. Quizá eso era buena señal, sobre todo si realmente tenía una máscara puesta, como sospechabas. Tal vez así lo que había debajo de la máscara no sería muy peligroso para ti. —Nos dejan salir cada tres días —respondió ante tu pregunta—. Hasta donde sé, solo en excepciones te dejan salir más o te impiden salir cuando toca. A veces lo aplican como castigo, lo de no permitirte salir junto a los demás. Y, por lo que sé, todo el mundo sale a la vez, normalmente. O casi todo el mundo. Ha habido veces en las que hemos estado demasiado hacinados aquí y se han hecho grupitos, pero en los últimos tiempos no hemos tenido problemas de espacio. Hacía tiempo que no había caras nuevas, la verdad. El hecho de que no pareciese que pudiesen salir en ningún punto y de que Oriol te contase que antes estaban más hacinados... daba a pensar. Si nadie salía pero el número de presos bajó, bueno. Solo hay una forma de que ese número se reduzca si no es liberando gente. —Si te interesa salir más veces —murmuró Oriol, mirando al frente. Esto lo dijo con tono muy suave, como quien confiaba un secreto, con la mirada clavada en los guardias cercanos—, hay formas de lograrlo. Aunque quizá esto es información muy avanzada para ti, novato. Avanzada y peligrosa. *** Con el oído bien afinado, pasaste cerca de los grupos que charlaban entre ellos, de la manera más discreta que pudiste. Estabas cerca de la puerta donde se apostaban dos guardias, y cerca de ellos había otros presos, todos charlando. La información que pudiste escuchar era, quizá, especialmente útil, ¿no? Sobre todo porque los guardias que hablaban entre ellos, muy discretamente, te dieron algo de contexto sobre qué hacían ahí... —¿Por qué has tomado el puesto vigilando el puto baño? —preguntó uno de los dos, brazos cruzados—. Hay que tener ganas. El otro tipo se encogió de hombros. —Mejor que estar en mitad de esta jaula de Kricketune, ¿no crees? Al menos apostado en esta esquina, uno está más tranquilo. —Pf. Pero es más aburrido. —Y menos rentable, ¿no? —... también. Ah. Así que era un baño. Vigilaban un baño. Observaste cómo uno de los presos se acercó entonces, y el primero que habló, el que parecía más hastiado, intercambió un par de palabras secas y entró en la sala acompañando al tipo. Dedujiste entonces por qué había dos... ni siquiera para ir al baño podían dejar de vigilarte, ¿no? Uno de los dos guardias entraba contigo, el otro quedaba fuera. Hasta que hacías tus necesidades. Bueno, no es que fuese algo muy útil; pero eso de ser "rentable"... La conversación del grupito de presos sí que te dio algo más de luz a términos y elementos que, en esa prisión, parecían ser bastante frecuentes: —El puto Jérome tiene los huevos de acero blindado. Todo por ganarse unas pelas. —No le teme a la muerte, le da absolutamente igual. Esa es su ventaja. Se mete en el Gallinero cuando llevan, gana tres o cuatro peleas, queda para el arrastre por unos días, y luego vuelve... y cuando caiga desplomado, pues bueno, no le importa una mierda. —Debe pelear bien, el muy cabrón. Porque si no, no me explico cómo no se lo han cargado ya cada vez que lía una de esas. —¿Nunca has ido al puto Gallinero, o qué? Claro que pelea bien. Jérome es un máquina allí. Yo le vi reventar a palos a un puñetero Ursaluna. —¡Venga ya, eso no se lo cree nadie! ¿¡A un Ursaluna!? Se te va la pinza. —¡¡Que es verdad!! ¡El tío está mucho más fuerte de lo que pensáis! Es un recurso demasiado entretenido para ellos como para echarlo a perder. El "Gallinero", ¿eh...? *** Cuando caminaste por el "patio" en busca de información, te aproximaste poco a poco, con paso quizá demasiado decidido, hacia varios de los grupos más grandes. No parecía que tuvieses mucho miedo a preguntar, y quizá por eso el cabecilla de uno de los grupos te vio pasar y le escuchaste cuchichear algunas cosas con sus compañeros. Tú, sin embargo, te encaminaste a otro de los grupitos, uno algo más modesto en número, pero igualmente numeroso: contabas a diez tipos allí reunidos, sentados en el suelo con las piernas cruzadas. Te dirigiste a ellos (quizá estar de pie y verlos a todos tan pequeñitos allí sentados te hacía sentirte más seguro), y le preguntaste por los demás. Ellos se miraron entre todos antes de responder. Como si evaluasen algo. Como si estuviesen haciendo algún tipo de análisis a tu persona. Te miraban todos, pero nadie decía nada, al menos no al principio. Cuando pasaron unos segundos que se hicieron eternos, uno de ellos, calvo y con pocos dientes, señaló en una dirección, cerca de las puertas de entrada. Un chico moreno con pelo largo y cabeza gacha se movía lenta y meticulosamente por allí. —Ese parece encajar en tu descripción, amigo. Lleva un rato dando vueltas. Otro tipo, uno rubio con tantos orificios perforados en su rostro como pelos en la cabeza (es decir, unos once o doce) señaló en otra dirección. —Y allí está Oriol, que ha enganchado al pelirrojo. —Cuando miraste hacia allí, viste a Cayden, de pie, hablando con un tipo enclenque pero con una mirada sibilina innegable—. Ese también es nuevo, como tú. Seguro que son tus amiguitos. La palabra "amiguitos" fue dicha con cierto tono jocoso. Pero no se rieron. De algún modo, parecía que estaban evaluando cuánto respeto profesarte. De repente, sin embargo, callaron y se pusieron serios. Y sentiste una mano en tu hombro. —Eh, tú. Ven aquí. Queremos hablar contigo. Uno de los hombres de ese otro grupo mayoritario que te analizó al pasar, un tipo un poco más alto que tú, pero seguramente dos veces más ancho, te puso una mano en el hombro y te apretó el mismo con fuerza. No una fuerza masiva que te hiciese daño y te dislocase más aún otro hueso de tu cuerpo, no, pero tampoco tan poca como para que se sintiese como un gesto amable. Con ese movimiento, te guio ligeramente, como si te empujase con cierta discreción pero firmeza, hasta alejarte de los primeros tipos y meterte de lleno en el grupote. El líder del mismo te miró al llegar. De arriba abajo. Pies a cabeza. Llevaba un cigarrillo en la boca (¿eso estaba siquiera permitido?) y tenía brazos cubiertos por completo de tatuajes, que le llegaban hasta el cuello. Sus brazos, además, eran anchos también, aunque él no era ni tan alto como tú, ni tan ancho como su esbirro. Y, aun así, algo en él despertaba más... respeto, digamos. Por decirlo de alguna forma. Contenido oculto Contenido oculto —Bueno, bueno —dijo, dando una calada, expulsando el humo sin siquiera agarrar el cigarrillo, que colgaba de sus labios mientras hablaba—. Mira lo que tenemos aquí. Una cara nueva. De repente, era como si fueses una especie de trozo de oro brillante rodeado de cuervos. Toda la panda, de al menos veintipico tíos, te miraba en silencio mientras el jefe te hablaba. —Encantado de saludarte, novato. Soy Bronco. Hemos visto que andas buscando gente, ¿no? ¿Algo de un tipo de dos metros, decías...? Eso es más grande incluso que tú, amigo. Se frotó el mentón, mientras expulsaba más humo de lado. —No hemos visto a ese hombre que dices, pero estaría bien conocerle, también. Me interesan los tipos fuertes como tú. Esa es la gente que busco en mi grupo, no tanto esmirriado. Esta cárcel se está llenando poco a poco de cadáveres andantes, ¿verdad que sí? Puro hueso. Soltó el cigarrillo sin pudor alguno, y sacó otro, que, apagado, se colocó de inmediato en la boca. Te miró por encima del hombro. —Bienvenido a mi prisión, amigo —te dijo, caminando hasta ti, y dándote una palmada en la espalda. Una fuerte, marcada, con energía—. ¿Necesitas saber algo? Bronco está para ayudarte. Cuéntame, por favor. No hay casi nada que yo no pueda conseguirte. Si quieres, puedes acompañar tu respuesta de un dado de carisma. También puedes no hacerlo, pero si lo haces y sale bien, o si sale mal (?), tu interacción con Bronco and co irá de formas distintas. *** Contenido oculto Quiéres ser Viktor pudiendo ser PAPASOTE Jayce?????? Pfff
—A veces mantener esos recuerdos cerca de ti es lo que hace que puedas vivir con algo de normalidad... —Dijo sin intención de que sonara deprimente, pero sentía que genuinamente era la realidad, en los peores días era un consuelo tener en mente lo que alguna vez fue, la esperanza de que quizás en algún día las cosas volverían a ser así para no caer en desesperanza. Incluso aunque pareciera ser un sueño lejano. —Bueno, creo que sí sabes de ese lugar, aunque no estoy tan seguro de qué tanto pueda decir están en contra del Imperio... —Estaba seguro que quizás eso era más que suficiente para dar entender que se trataba de la Coalición, porque no quería ganarse alguna llamada de atención por mencionar a "los enemigos". Lo miró con una ceja alzada cuando mencionó aquella bola de nieve, ¿qué había hecho ese sujeto para arrastrar tantos problemas? —Algo me dice que seguramente tienes una historia interesante para siquiera formar una bola de nieve que empeorar, ¿no? Suspiró y con un movimiento de cabeza señaló a las personas que parecían más desorientadas que los demás —¿Reconoces a alguien aquí? Dijiste que en el barco donde estabas hubo un motín, así que los que lo hicieron también deberían estar aquí, ¿no? Porque encontrarlos podría hacer que la integración con... los demás sea más fácil porque ya no seríamos tan "vulnerables" por ser solo dos. Contenido oculto Sorry, semana terrible de trabajo sdfg