Debido a que pienso publicar todo en un mismo sitio, pues dejo +16 en caso de que la circunstancias lo requiera. En cualquier caso, se avisará de cualquier especificación necesaria para la segura navegación en cada poema que lo requiera. Centelleo Mi lindo colibrí voló lejos de casa Mi lindo colibrí, al que le dieron caza Mi lindo colibrí, con sus colores juguetones Ya no pica por sabores en los comedores Comedores con flores Comedores con agua Comedores con calma Comedores de tu alma
Gárgola Recuerdo furibundo de noches olvidadas, las de tus manos tersas, encantadas. No queda nada de aquellas madrugadas, agonicas, ausentes de tus llegadas. Mi recuerdo furibundo, con la soledad por delante. El canto de las aves confundo al contraste del silbido elegante. Me asomo por el marco de aquella ventana veterana, para dar con los sombra enana, de quien huye parco. Como jamás volviste, jamás supe encontrarte. Ni en ese recuerdo triste, sin poder siquiera Marte. Quedó el anhelo, quedó el desprecio, que sin consuelo carcomerme es el precio. ¿Qué haces, sombra furibunda? Tras huir a través de mis cristales. ¿A quién tu boca consuelo infunda? Cuando, atrás, mi corazón coagula.
Encuentro Oh, mi pequeña luz, dulce consuelo. ¿Qué soñaras esta noche, pequeño borrego? ¿Blancas serán las madejas de tu cielo? Para teñirlas a puntada de ruego. Guinda, consigues tu amor. Toronja, para quien olvidó. Piña, picoso el gusto. Manzana, que podría ser racimo. Así la comes a puñados, tal como robas Arándanos. Aunque la guinda por manzana cambie, y de uvas se llene todo el árbol, inmutable se mantiene el racimo, con el cual finalizas tu recorrido. Querida luz, amado borrego. Bala los colores de tu cielo, saborea cada encuentro, sin pavor, que te sostengo. Quiero que juegues, pequeño lucero, en aquella luz titilante de tu sueño. Quiero que cantes, querido borrego, para que así nuestras pesadillas, queden lejos de nuestro encuentro.