— Te juro, me sentí rarísima, me temblaban las piernas... como que me maree, ¿sabes? de solo verlas... Camí no era muy propensa al estrés. Creo que se distrae fácil, como que le hace caras a los profesores y no sabe cuando callarse... De todas formas, verla así me cubría el rostro de amargura. Un poco incómodo, no lo iba a negar... ¿Qué le iba a decir yo? ¿Que no entendía nada, que por qué quedarse pendiente de quien no la pesca? Quería aconsejarla, claro, quería consolarla... —... con todo fui al baño y... — ¿Y? —instigué, con la preocupación oprimiendo mi pecho... solo un poco. —Ah... —exhaló abrumada, sus manos pasaron por su cara, se peinó el cabello desde la coronilla hacia atrás de alguna forma sus manos volvieron a posarse sobre sus mejillas, así como sus codos sobre las rodilla—. Casi vomito... bueno, no; si que vomité. ... ¿eh? — ¿Cómo...— mi rostro se contrajo con una mezcla de preocupación y absoluto rechazo—, vomitaste?— y mi voz se elevó con una ligereza que no abarcaba mi angustia—, ¿Cómo así, Camila? Casi que me veía enojado, pero no por ella. Sus párpados se cerraron con fuerza, su labio tembló y antes de saber siquiera qué ocurriría, mi propio aliento se escapó por un suspiro y llevé mi brazo sobre su hombro para acercar su cuerpo a mi costado. Sobé con cierto mimo su brazo derecho y la chica apoyó su rostro sobre mi pecho, otra vez cubriendo su rostro y sollozando como nunca... Que desgracia que se asomara la maldita de Lore, con esos aires de suficiencia eternos. —¿Eh, otra vez llorando por el noviecito, Camilita? —soltó con mofa, sonriendo alegre mientras yo le sonreía la mirada con las bolas hinchadas de su presencia. —¿Quieres irte? —solté con voz calmada a la par que apretaba más a Cami en la especie de abrazo que teníamos, ahorrándome también la panda de insultar para Lorenza—, dale, que la chusma no cabe aquí anda, anda, que seguro tienes a más gente que incordiar —comenté haciéndole una seña de barrido con mi mano, señal universal para que se largara de una vez. La pobre Cami ni llorar tranquila podía, quedándose tan callada como quieta. —Tch —rodó los ojos Lorenza, mano sobre la cadera y hastío en la expresión—, que pesado, Juaco, ¿ahora no podemos no preocuparnos entre nosotras?— me miró con recriminación—, si tanto te la quieres comer, ¿por qué no vas y se lo dices? Así dejas de hacerte el santo, ¿sabes? Sentí que sonrió hasta con malicia. —Por eso te dejan tus amigas, Cami, te juntas con puros estúpidos... Camila hizo el ademán de alejarse, así que solté la fuerza del agarre y observé extrañado, sin quitarme la preocupación de encima que se filtraba de manera ligera, el cómo a su propio ritmo levantó el rostro para ver a Lorenza con una seriedad absoluta. —Deja de ser envidiosa, Lorenza. A quien le coma la boca mia es asunto mío, no tuyo —sonrió celosa—, anda, no pierdas más tiempo con nosotros, que se te pega lo idiota y ya tienes bastante. —¡Ja! —espetó con cara amargada, ¿ofendida? Bastante viable, ¿herida? Nunca sabremos cuánto, pero de alguna manera lograba mantenerse altanera. Si, si, llegaría lejos con esa actitud. —Tampoco es que me apetezca ser voyerista, así que nada, cuídense y ojalá que Mauri no te rompa la cara mañana, Juaqui —se despidió dando un cuarto de vuelta en dirección a los pasillos del liceo, nos regaló un suave vaivén de mano y todos la cosa. Que considerada era, eh. Siempre tan preocupada por todos... —Je —la risa nasal de Cami me hizo voltear hacia ella, inconsciente de mi propio ceño fruncido como piedra. Me miró con una mezcla de resentimiento y sorna, antes de codearme el costado por debajo de la costilla de manera brutal. Me sacó el aire cortado y todo. —¿Que te lo imaginas, tu y yo comiéndonos?— Que alegría escuchar su animada y tierna voz, claro, sí. —Tch —dije con cara de amargado con la mano sobre el costado—, claro, claro, vieras cómo muero de ganas que me de una indigestión. —¡Jajaja! —rió como si realmente fuera el chiste del año, lo que me hizo mirarla con juicio severo... y luego reír nasal, aflojando una sonrisa. —¿Qué? ¡¿A caso miento?! —solté con falsa indignación, víctima de... No sé de qué, ¿importaba? Sus manos caían sobre mi brazo, apenas se sostenía la espalda y bueno, era mejor verla reírse por cosas aburridas y absurdas que pelearse y llorar por amistades igual de aburridas y absurdas... Pero quién sabe, me dejé caer sobre la firmeza de mis brazos que me permitían inclinar la espalda. Cerré los ojos y sentí los rayos del sol, la mañana empezaba a ceder con su frío... Como no, tenía que mentalizarme para cuando Cami y Fer volvieran a conversar, y que se volvieran a amar, y que volviera a ir a todos lados juntas, solo para que después Fer volviera a salir con Lore y que al final nada terminaba, porque no sé... Como que les gustaba ser indecisas, ¿serían masoquistas? No tenía cómo saberlo, y la verdad poco me importaba, si es que yo no tenía solución para nada.
Ay, weon... Drama escolar, promiscuidad, y quien sabe qué otras weás xD. Pobre de nuestro prota Joaquín... Va a ver a la salida... No sé, pero nunca me han gustado las teleseries de este volado. Recuerdo que antes en Televisión Nacional daban una llamada 16 y luego la secuela (QUE NADIE PIDIÓ) llamada 17. Oh, bueno... A ver por dónde más me paso