Mini-rol Better in Stereo [Pokémon Rol Championship]

Tema en 'Salas de rol' iniciado por Andysaster, 15 Abril 2026.

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    Andysaster

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    Lugar: Ciudad Témpera
    Estado: Canon
    Personajes: Mimi Honda y Miki Chigusa
    Resumen: Mimi regresa a casa tras un largo y ajetreado día de trabajo, pero entre las calles de la siempre despierta ciudad Témpera nota la presencia de alguien conocido, inmerso en un relegado concierto callejero. ¿Sería esa la oportunidad perfecta para conocerse mejor?


    ₊˚ ‧ ♪ ࿐ ₊ ˚ ⊹


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    Ciudad Témpera
    9 PM

    Las farolas se prendieron con la llegada del crepúsculo. Las primeras estrellas se esparcieron como pinceladas tímidas sobre un lienzo de colores, y con ellas lo hicieron las luces de los escaparates y de las marquesinas, dotando a la ciudad de un nuevo rostro.

    Los pasos apresurados se mezclaban con risas lejanas, el zumbido de los coches y el tintinear de vasos en terrazas iluminadas. La noche, todavía joven, prometía ser eterna para aquellos que sabían cómo aprovecharla.

    Mimi caminaba a través del murmullo del gentío cuando una melodía, lejana pero armoniosa, llegó hasta sus oídos. Curiosa, imaginando que se trataría de un artista callejero cualquiera, se desvió de su trayectoria para echar un vistazo. Fue así como, tras las únicas tres personas que parecían haber detenido sus ajetreadas vidas para prestarle atención, reconoció una cabellera, corta y azul, que le resultó familiar.

    Si acaso tenía dudas el Chatot que la acompañaba, subido a una percha y acompañando su actuación con un triángulo, despejó cualquier clase de incertidumbre.

    ¿Esos eran... ¡Miki y Poly!?
     
    Última edición: 15 Abril 2026
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    Yugen

    Yugen D e p r e s s e d | m e s s

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    Mimi Honda

    Al final no había podía racionalizar nada. Estaba en la reunión, mis compañeras hablaban y los directivos de la revista hacían más de lo mismo... pero aunque me estaba esforzando por aparentar profesionalismo y normalidad, mi mente estaba muy lejos de estar en calma.

    —Señorita Honda.

    Me preguntaba si Liz se habría dado ese mesaje con mi loción de coco. Me gustaba eepecialmente no solo por el aroma, si no porque dejaba la piel muy suave... ¿le habría dejado la piel suave?

    —Señorita Honda.

    Parpadeé como si acabara de despertar de un sueño. Al otro lado de la mesa, un tipo trajeado me estaba mirando.

    —¿Huh?

    —¿Qué le parecen las condiciones?

    Céntrate, Honda. ¿Qué estás haciendo?

    Me llevé el puño cerrado a los labios y cerré los ojos, aclarando tanto mi garganta como mis ideas.

    —Mis compañeras ya han expuesto las propias—acoté—. Si van a retirar las fotografías editadas, me comprometo a cesar la campaña de cancelación en contra de la revista y evitar emprender acciones legales contra ustedes.

    El tipo, del cual no recordaba el nombre, sonrió con satisfacción.

    —Excelente. Creo que entonces hemos llegado a un acuerdo.

    Las horas se pasaron tan lentas como un Shuckle cojo. Suponía que todo estaba resuelto, que las fotografías editadas serían retiradas y todo seguiría como siempre... ¿pero entonces por qué no lo sentía como una victoria? ¡Era el mejor desenlace posible y mi mente seguía dando tumbos!

    Cuando finalmente todo acabó ya había empezado a anochecer y el sol comenzaba a ocultarse pintando el cielo con tonos naranjas y rosados. Tenía hambre—mi estómago llevaba quejándose para mi desgracia unas horas— y estaba deseando llegar a casa y descansar de una vez. A... casa. Este pensamiento me hizo detenerme de golpe mientras comtemplada mi reflejo en un escaparate cualquiera de la calle.

    ¿Desde cuando compartir habitación en el Centro Pokémon con Liz se había convertido en... casa? Si era cierto que no tenía realmente un hogar al que volver ni una familia que me estuviese esperando... sí que había alguien. Al margen de mi equipo, al cual consideraba también familia, había alguien a quien me había sorprendido más de una vez esperando ver, como si su sola presencia tuviese el poder de mejorar mi día. Como si fuera... un rayo de luz entre tantas nubes de tormenta.

    Parpadeé, sorprendida por este pensamiento repentino y sintiendo mis mejillas tomar color sacudí la cabeza obstinadamente.

    Urgh. Otra vez estaba sacando las cosas de quicio. ¿Y todo por qué? ¿Por un estúpido beso en la mejilla? Llevábamos semanas teniendo sexo sin compromiso alguno... ¿y lo que me desestabilizaba de todo era un pequeño, tonto, ridículo beso en la mejilla?

    Oh, Arceus. ¡Era patética! El universo debía estar riéndose de mí, estaba segura.

    Mientras me reprochaba este tipo de cosas mentalmente frente el maniquí del escaparate y su bonito abrigo rojo, algo llamó mi atención. Una melodía que no conocía, aunque si sabía que tipo de instrumento la generaba. Era... un bajo. ¿Alguien estaba tocando el bajo? ¿En la calle a estas horas?

    En una intercepción cercana, mientras las luces de las farolas se prendían tímidamente, reconocí una figura familiar. Tenía los ojos cerrados, concentrada en apariencia, y sus dedos hábiles rasgaban las cuerdas de un bajo. A su alrededor se habían congregado un par de personas. El resto de ciudadanos pasaban a su lado y si la miraban, solo era para hacer comentarios sobre el curioso Chatot que tocaba el triángulo sobre una percha de metal.

    ...

    ¿Miki?

    No me acerqué demasiado. De hecho apoyé mi espalda contra la pared y me crucé de brazos, protegida dentro de mi abrigo del frío que empezaba a arreciar. Y la escuché, como atraída por un imán por el magnetismo de la melodía.

    No solía interesarme la música electrónica, era muy clásica en ese sentido. Mi opinón era que la música era mucho mejor cuando el autotune no existía y la gente tenía decencia a la hora de componer. Pero aquella tonada no tenía letra, era pura armonía en escala.

    Debía admitir que lo que había detenido mis pasos era la curiosidad, simple fisgoneo... pero el interés me hizo quedarme. Y con el paso de los minutos encontré en la composición algo que me gustó, algo con lo que me sentí identificada. Había en ella cierta melancolía... pero también algo que no supe definir. ¿Determinación? ¿Esperanza? Era un canto a la libertad, a aquellas calles concurridas, a la propia luna y estrellas sobre nuestras cabezas que ya habían empezado a apoderarse de la estampa nocturna.

    Sonaba... bien. Me hizo cerrar los ojos y esbozar una media sonrisa para mí misma. No había mentido cuando nos confesó en Arcadia Nova que sabía tocar.

    Cuando la música cesó y Miki se estaba tomando un respiro decidí acercarme. Había sido un buen espectáculo, ¿qué menos que pagarlo como se debía?

    Pero eso ella no tenía por qué saberlo.

    —¿Ahora estafas en la calle?—pregunté como quien no quiere la cosa y me agaché, dejando unas monedas sobre la gorra volteada en el suelo. Había unos centavos y un billete de veinte. No iría muy lejos con eso—. ¿Cúal es el truco? ¿Tú tocas y cuando están distraídos Poly les roba la cartera?
     
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    Miki Chigusa

    Mi relación con el bajo y con la música en sí se remontaba ocho años atrás.

    Una buena mañana de primavera decidí, a mis nueve años y con completo convencimiento, que no quería regresar a la escuela. Fingí estar enferma poniéndome bolsas térmicas bajo las axilas, y Poly se acurrucó conmigo bajo las mantas para aportar con su calor corporal, aunque lo cierto es que disimulaba fatal. Nos pillaron rápido.

    Era la menor de una familia numerosa, diligente y ocupada, donde el hermano con el que menos años me llevaba acababa de cumplir los dieciocho y partía hacia ciudad Corazón, buscando ganarse la vida. Ya lo venía haciendo desde antes, pero fue mi abuela quien me crio.

    Y fue ella, también, quien tuvo que lidiar con ese repentino brote de "alergia escolar".

    Tras varios intentos infructuosos por engañarla a pesar de nuestro considerable desempeño (a lo cual Poly y yo comprendimos rápido que era una realidad completamente inviable), su insistencia y su notable carácter lograron hacer que hablase. O que lo intentase, al menos. Nunca había sido buena con las palabras.

    La abuela comprendió que el rechazo surgía de una desmotivación que había estado echando raíces desde hacía quizás mucho tiempo. Siempre había aprendido a una velocidad distinta al resto de niños, y pronto los contenidos nuevos se me quedaban cortos.

    La escuela tradicional no estaba diseñada para ajustarse a las diversas neurodivergencias, y las altas capacidades eran una de ellas. Al parecer mi cerebro procesaba la información de manera diferente al resto, y pronto vi en la escuela un espacio aburrido y repetitivo, que cortaba mis alas y me hacía sentir "rara" por ser distinta.

    Era una "bicho raro", una "listilla", y para colmo tenía la inteligencia emocional de una patata. Me abrumé.

    Fue entonces cuando, tras varios días sin asistir a la escuela fingiendo un brote de varicela, la abuela vino con una idea inesperada a mi habitación. Me pidió que me pusiese los zapatos y el abrigo, que saldríamos a un lugar que me gustaría. Poly y yo nos miramos sin comprender, pero la intriga sembró una semilla de emoción en mi corazón, y la seguimos de buen grado. La abuela, pese a ser una mandona y una gruñona, siempre tenía grandes ideas. Y fue así como, tras una charla con la orientadora escolar, concluyó que tenía la solución perfecta para una niña con altas capacidades y energías desperdiciadas como yo.

    Un instrumento musical.

    La abuela tenía amigos en una banda, de modo que pude probar numerosos instrumentos. La batería me resultó demasiado estruendosa, si bien parecía desestresar a cualquiera al aporrear las baquetas contra el tambor. El piano estaba bien... pero quería algo más de emoción. Algo que no me tuviese sentada en una banqueta.

    La sensación de la guitarra al rasgar sus cuerdas me atrajo, pero al ver a los amigos de la abuela comprendí que era un instrumento que abundaba en todas partes. Solo una persona de entre todos los presentes poseía un instrumento exclusivo. Uno con forma de guitarra eléctrica, pero con menos cuerdas. Un bajo.

    Al tocar los primeros acordes conecté con el instrumento a un nivel inexplicable. Fue un encuentro íntimo que me hizo sentir humana por primera vez en mi vida. Podía... expresar tristeza tocando acordes graves, o alegría cuando mis dedos se colocaban sobre los trastes adecuados. No necesitaba seguir luchando contra las palabras; me permitía dar rienda suelta a mi creatividad sin ningún tipo de juicio ni condicionante externo. Era mi propio mundo.

    Y se sentía correcto por primera vez en mi vida.

    Esa noche acudieron al concierto callejero mis tres espectadores más fieles. La estresada camarera del bar de enfrente, que tomaba su café de las nueve diligentemente y que descubrió en algún punto que siempre tocaba justo en frente; el señor jubilado del bigote gracioso, quien aplaudía en los momentos equivocados y veía en mi música un reflejo de sus años mozos... Y Billy, el crío ratero que intentaba quitarme las monedas de la gorra mientras no miraba.

    Suerte que mi agudeza y mi memoria fotográfica se lo impedían. Poly no dudaría en darle un picotazo si se pasaba de listo.

    Aquella noche había explorado algunos retoques a canciones de Queen y los Beatles, siempre con mi toque personal. Sentía al rasgar las cuerdas ese groove que ningún bajista sabía explicar con certeza: ese feeling que se transmitía al tocar la melodía. Nacías con groove o no. Y era a través de él donde lograba expresarme con claridad.

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    Mis dedos se movieron veloces sobre el diapasón, fluyendo a través del mástil como si fuese una extensión más de mí. Cerré los ojos, conectando con la música a niveles que no correspondían a este plano. Me relajaba, me animaba y me liberaba de la carga que me pesase sobre los hombros en ese instante.

    Terminé la actuación con un solo divertido y desenfadado. Me gustaba explorar mi virtuosismo escogiendo una canción que me supusiese un reto, que me mantuviese en vilo hasta el final. Poly había contribuido hasta entonces de tanto en tanto con su triángulo, pero en ese instante me cedió el escenario imaginario en su totalidad. Sabía que era mi momento favorito, y disfrutaba como un niño de verme tocar.

    Cuando finalicé hice una inclinación respetuosa hacia los espectadores y me eché la toalla pequeña al cuello, secándome el sudor. Busqué refrescarme con mi botella de agua, y mientras Poly despedía al público con sus maneras grandilocuentes, me permití recuperar el aliento. Eché un vistazo de reojo a la gorra, sabiendo que, por desgracia, la mitad de ese dinero o tal vez más venían por el añadido de ver a un Chatot tocando el triángulo.

    Suspiré. Las calles siempre habían sido así de inclementes, estaba acostumbrada.

    "¿Ahora estafas en la calle?"

    Bebía de espaldas al público, quien empezaba a replegarse porque la camarera debía volver a su puesto, el anciano se percataba de que nuevamente estaba desorientado y lejos de casa, y Billy vio demasiados intentos de robo frustrados como para seguir intentándolo por el día de hoy. Pero al reconocer esa voz giré sobre mis pasos con curiosidad.

    Oh. ¿Mii-chan?

    Poly se me adelantó con rapidez.

    —¡Señorita benefactora! ¡Qué agradable sorpresa! —El Chatot sobrevoló la distancia que nos separaba, posándose afectuosamente sobre su hombro. Parecía que el terror que le dio la chica en nuestro primer encuentro desapareció tras el día en Arcadia Nova—. Válgame el cielo, nuestro trabajo es honesto y legal. Pero no puedo decir lo mismo de nuestro acompañante.

    >>¡Billy, te sigo viendo! ¡Cruack!

    —¡Estúpido Chatot calvo! —se lamentó el crío, echando correr lejos de allí tras sacarnos la lengua a los tres.

    —Por todos los legendarios de Sinnoh, ya no existe el respeto por los mayores —El ave se secó el sudor de la frente, y sonrió hacia la invitada—. ¿A qué se debe el honor? ¿Alcanzaste a escuchar mi aportación con el triángulo?

    —Mii-chan —saludé con simpleza, alzando la palma de mi mano. Curiosa, repasé con la mirada los alrededores, volviendo de nuevo a sus ojos—. ¿Liza no te acompaña?

    Era raro. Esas dos parecían pegadas con pegamento todo el tiempo.

    —¡Es cierto! —observó Poly entonces, intrigado—. ¿La señorita agente está en una misión acaso?

    Eché un vistazo a la gorra, notando exactamente cinco monedas más de la imagen que recordaba instantes atrás. Asentí, ufana. Una espectadora generosa; al menos ya tenía cuatro.

    Tal vez para finales de año alcanzase los diez, me sentía optimista al respecto.

    —Poly, el próximo día tendrás que traerte tu traje especial —resolví, convencida, sin darle espacio a réplicas.

    —¿¡Eeeeh!?

    Tal vez un par de "arreglillos" a la atracción principal nos aproximase aún más a la meta
     
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    Mimi Honda

    De todas las personas con la que esperaba encontrarme por la calle probablemente Miki no era la última, pero mucho menos la primera. Era una persona... bueno, peculiar. Yo no era quién para juzgar, pero evidente veía el mundo de una forma muy diferente a mí. Y aunque eso no era necesariamente algo malo y distintos puntos de vista y opiniones enriquecían las relaciones, no podía evitar notar en Miki algo que, aunque me impulsaba a acercarme, también me hacía dar un paso atrás y mantenerme cautelosa. Que compartiéramos la pasión por la música, sin embargo, era un plus considerable.

    Poly se excusó, mencionando que su trabajo era legal y que no estaban allí para aprovecharse de los pocos espectadores que pasaban. Yo sabía esto, claro... pero no tenía remedio, ¿verdad? Tenía que abrir la bocaza y soltar la idiotez más fuera de lugar posible. A veces de verdad que era un incordio tratar conmigo.

    —¡Oye!—le espeté al mocoso, indignada, al verme sacarme la lengua. Se marchó rápidamente, casi trastabillando mientras doblaba una esquina.

    Los niños eran un desastre. Maleducados, tercos y demasiado traviesos para que tuviera la paciencia suficiente para lidiar con ellos. No sabía que veía Liza en un par de enanos inmaduros. ¿El instinto maternal tal vez? Aunque... debía reconocer que la pequeña aventura en el parque de atracciones, en la tirolina... no había sido desagradable. No tanto.

    —¿Liza no te acompaña?


    La pregunta se sintió como un pinchazo. Como si el hecho de que Miki preguntase por Liza hiciese más real la circunstancia de que pasábamos mucho tiempo juntas. Al menos sí el suficiente para que preguntasen por ella si no la veían conmigo.

    —No somos siamesas para pasar juntas todo el tiempo, ¿sabes?—repliqué con brusquedad, como un bufido. No lo pretendía, no estaba molesta, simplemente... salió así. Me di cuenta de ello, de ese ademán defensivo salido de la nada, agresivo como el de un gato al tocarlo sin permiso, y jugueteé con cierto nerviosismo con un mechón de cabello—. Está en una misión de descanso. Lleva unos días esforzándose más de lo que debería y le pedí que se quedase en el Centro y aprovechase el día para sí misma.

    Esa... tonta. Esperaba que me hubiera hecho caso. Necesitaba dejar de preocuparse por todo el mundo y poner sus prioridades en orden. No podría cuidar de nadie si no cuidaba primero de sí misma.

    Me mente se perdió momentáneamente en ese pensamiento, recapitulando la conversación de la noche anterior y la de la mañana. No había dormido nada por el episodio de sonambulismo y tenía más ojeras con un Pancham. De verdad esperaba que hubiera podido descansar, que se hubiera tomado el día para sí misma. Era evidente que lo necesitaba. Pero algo me decía que ese no había sido el caso. Quizás porque la conocía lo suficiente para saber que eso de estarse quieta por unas horas no entraba en su lista de actividades. ¿Y luego era yo la que requería relajarse?

    >>Necesitarás más que un traje especial—mencioné echándole un vistazo crítico al improvisado escenario... que ni siquiera era un escenario como tal. Era un rincón cerca de la intercepción, sin más atractivo que el propio bajo y la percha para aves de Poly. A unos metros, la luz del semáforo se puso en verde—. Me marcho. Guarda las monedas antes de que el mocoso regrese.

    Quería volver, pasar tiempo a su lado y hablar de todo y nada. Preguntarle cómo le había ido el día, si había hecho lo que me prometió y se había centrado en ella por una vez. Pero una parte de mí no quería hacerlo. Prefería alargar ese reencuentro todo lo posible, aún cuando sabía que no nos quedaba mucho tiempo juntas. Era idiota e irrazonable, haciendo montañas de granos de arena... pero no sabía hacer otra cosa. No sabía que hacer con ese sentimiento insidioso asomando su fea cabeza.

    Apreté los labios, conflictuada.

    Qué cobarde podía ser a veces.

    Me detuve antes de cruzar el paso de peatones, suspendiendo mis propios pasos como si hubiera chocado contra una pared invisible. No quería asumir nada, no quería pensar en nada... si lo hacía alcanzaría la misma estúpida conclusión y no estaba dispuesta a hacer concesiones.

    No otra vez.

    La luz del alumbrado público y de los vehículos que cruzaban se reflejó en mis ojos cuando giré mi cabeza para mirar a Miki y Poly.

    —¿Teneis bastante dinero para cenar esta noche?

    Yo ya había tenido suficiente.
     
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    Andysaster

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    Miki Chigusa

    "No somos siamesas para pasar juntas todo el tiempo, ¿sabes?"

    Su repentino exabrupto me hizo parpadear. Entreabrí los labios, dispuesta a decir que de hecho sí, que esa era la imagen que daban. Como la de un dúo de Plusle y Minun, de Meowstic o de... ¿un Kangashkan y su cría?

    No, eso sería raro.

    El caso es que Poly, ubicado aún sobre el hombro de Mimi cuando esta desvió la mirada, negó con la cabeza con vehemencia hacia mí, colocando las alas en cruz de forma disimulada. Se veía apurado. ¿Quería que no hablase? ¿Qué tenía de malo?

    —Las misiones de descanso también son importantes —coincidió Poly entonces, tomando el timón de la conversación para evitar estrellarla contra un iceberg—. Estoy seguro que tras el desafortunado incidente en el parque de atracciones, la señorita agente agradecerá su petición.

    Me encogí de hombros, dejando el tema estar, y volví a beber de la botella. Me costaba entender mis propias emociones y ajenas, pero pese a tener cero habilidades sociales no estaba ciega. Tampoco era algo que me quitase el sueño... Y Mii-chan enojada daba miedo. Si Poly me estaba librando del rugido de un Pyroar, bienvenido sea el salvavidas.

    —¿Segura? —cuestioné entonces, cuando mencionó que necesitaríamos más que un traje para aumentar el número de espectadores. Me crucé de brazos, pensativa—. No es un simple traje. Es el traje, Mii-chan.

    >>Ahora que eres la presidenta del club de fans de Miki, te daremos un asiento en primera fila para que lo compruebes por ti misma.

    ¿Presidenta de su club de fans? ¿Cuándo había ella firmado eso?

    Poly se apartó de su hombro cuando Mimi hizo ademán de querer marcharse, regresando a la percha para aves. A nosotros tan solo nos restaba recoger y regresaríamos también a casa. Tal vez hiciéramos una parada en un súper de camino para ver qué comprábamos de cena. Probablemente pasta otra vez, porque era barato, y las galletitas para pokémon con las que Poly estaba obsesionado.

    En mi opinión, estaba más bueno el alpiste.

    —Descuide, señorita benefactora. Sus monedas estarán a salvo —Le aseguró el Chatot, llevando el ala a su pecho para hacer una inclinación formal a modo de despedida—. Que pase buena noche y gracias por escucharnos.

    —Estarán a salvo lo que dure en comprar galletas de manera compulsiva —Agregué, de forma casual, mientras recogía nuestras pertenencias. Poly refunfuñó algo desde atrás, pero no le presté demasiada atención—. Adiós —Mis gestos se suavizaron momentáneamente, mientras me acuclillaba para guardar el bajo en el estuche—. Y gracias.

    Se sentía bien que alguien más te escuchase.

    Habíamos comenzado a guardar la percha para aves cuando su voz nos alcanzó de nuevo, de manera inesperada. Giró sobre sus pasos, y sus palabras hicieron que ambos abriésemos mucho los ojos, como si no procesáramos bien sus palabras. La miramos con ojillos brillantes, lágrimas de felicidad acumuladas de forma cómica en nuestras cuencas, y el ave fue la primera en abalanzarse hacia ella, presa de la emoción.

    —¡¡Buaaaaah!! —Lloriqueó entre sus brazos—. ¡Señorita benefactora, tiene el cielo ganado!

    —¡Solo por esto te haremos embajadora de los productos ortinológicos de nuestra tienda!


    ***


    Sin duda hoy la suerte nos había sonreído. En lugar del Mimedonalds, esta vez nos dirigimos a un Burger Slowking, porque el presupuesto no era mucho en apariencia y había tres bocas que alimentar. Sea cual fuera el nombre del establecimiento, Poly y yo devorábamos con fruición nuestras hamburguesas y la ración de patatas que acompañaba el menú. Nuestro paladar parecía emocionado de identificar otra clase de sabores que no fueran los tres contados de siempre.

    —Ah~ Mimi, ewef un ánfel waído del fielo.

    —Miki dice que eres un ángel caído del cielo —Tradujo Poly, como era habitual cuando comía con la boca llena. Cerró los ojos, saboreando con satisfacción los condimentos de su guarnición—. ¡Y estoy de acuerdo! ¿Qué podemos hacer para recompensárselo, señorita benefactora? ¡Ya ha hecho mucho por nosotros!

    —Si quiere seguir haciéndolo, tampoco le cortes las alas.

    —¡Miki! —me regañó, pero yo seguí comiendo con los ojos cerrados, feliz en mi propio mundo de sabores. Casi podía ver las florecitas a mi alrededor.

    >>En cualquier caso, no hemos sido del todo honestos con usted —Poly se limpió el pico con una servilleta, aclarándose la voz al dirigirse a Mimi entonces—. ¿Recuerda los puntos que Miki consiguió el otro día en ese extraño evento? Aún invitándolas a Arcadia Nova con los descuentos de nuestro contacto, nos seguía sobrando dinero. Así que decidimos repartírnoslo a partes iguales.

    Asentí, como dándole fuerza a lo que decía con mi escueto aporte.

    —Mi parte la invertí en la bolsa —revelé sin mayores miramientos—. En acciones para Poké-reloj S.A. ¿Sabías que ahora puedes hasta pagar en establecimientos con esas cosas?

    —Miki dice que era el momento perfecto para invertir en esas acciones. Aunque dice que esas cosas no se pueden comer. Aún. Meh, lo que haga con su dinero es su problema —Poly lo dejó estar sin más—. Yo, por supuesto, empleé mi parte en algo mucho mejor. Algo real y tangible, algo que...

    —Se compró un lote de merchandising de su serie favorita —completé sin más—. De su waifu, sin ir más lejos.

    Poly enrojeció al instante. Varias plumas revolotearon sobre nosotras.

    —¡E-E-Eso es u-un tema aparte! ¡No se distraigan de la cuestión! —Tras recomponerse de su exabrupto, el Chatot dejó caer la cabeza, alicaído—. El caso es que nos emocionamos al tener tanto dinero por primera vez... Y nos olvidamos de lo más importante: la comida. De modo que nos tocó aumentar el número de conciertos esta semana.

    —Cuando consiga el doble con mis acciones te lo recompensaré —Le aseguré, confiada en lo que decía. Revisé mi teléfono, para ver cómo estaba la bolsa esa noche. Mi expresión decayó y dejé el móvil boca abajo sobre la mesa—. ...O tal vez volvamos a requerir de tu benevolencia, oh adorada Mii-chan.

    ¿Nos compraría más hamburguesas si le hacía la pelota? Nunca estaba de más intentarlo.
     
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    ¿Segura? —me preguntó—. No es un simple traje. Es el traje, Mii-chan.

    >>Ahora que eres la presidenta del club de fans de Miki, te daremos un asiento en primera fila para que lo compruebes por ti misma.

    ¿Huh? ¿En qué momento...? B-bueno, suponía que era indiferente. El punto de la cuestión es que ningún traje mejoraría el "escenario", por llamarlo de alguna manera. La gente se acercaría por ver a un Chatot disfrazado tocando el triángulo, no por el bajo. Miki debía ser el atractivo central, su música debía serlo. Y era muy buena, no entendía como el público era tan escaso. ¿Quizás por la excentricidad de la propia bajista? Eso debía dar igual cuando había grupos musicales que prendían fuego a sus guitarras en los conciertos. ¿Tal vez el lugar? Ciudad Témpera era una ciudad grande y concurrida, pero la gente siempre tenía prisa por llegar a cualquier sitio. Pocos eran los que se detenían un momento a disfrutar de aquello que encontraban por el camino.

    Me crispaba un poco. Si Miki quería que la gente se parase a escucharla necesitaría más aliciente que su música.

    En cualquier caso cuando cambié mis planes y decidí invitarlos a cenar, lo hice sabiendo la reacción exagerada y dramática que recibiría. Poly se me echó encima entre lágrimas y Miki... bueno, Miki me hizo embajadora de los productos ornitológicos de su tienda.

    —No gracias—repliqué rápidamente.

    ***​

    Terminamos en un Burger Slowking porque estaba cerca y me parecía mejor que el MimeDonald's, aunque en el fondo eran la misma porquería ultraprocesada que Liz parecía adorar. No podía entender qué le veía, a mis ojos eran cantidades ingentes de grasa insalubre y azúcar. Aunque el sabor era muy bueno, era algo que debía reconocer, había optado por un menú infantil solo porque no tenían más que hamburguesas y esa era la más pequeña. Y el yogurt de fresa me gustaba.

    Sin embargo, no podía centrarme en comer o pensar siquiera en disfrutar de la cena tranquila con el espectáculo dantesco que tenía en la silla del frente. Miki devoraba su hamburguesa como si no hubiera comido en su vida, ansiosa, llenándose las mejillas como un Dedenne famélico.

    ¿Qué tenía toda esta gente en contra de los modales en la mesa? ¿Quién los crio? ¿Un pokémon salvaje en mitad del bosque?

    —No hables con la boca llena—le espeté con cierta crispación. Cerré los ojos y la ceja me tembló—. No quiero ver el comienzo del proceso de digestión en vivo y en directo.

    Poly me tradujo el mensaje pero lo había entendido. ¿Un ángel caído del cielo? Qué exageración. Aunque, el agradecimiento se sentía bien y me calentaba el pecho como una ola suave y cálida, no era algo que iba a mencionar directamente... principalmente porque la razón era bastante egoísta. Solo estaba pensando en mí cuando decidí invitarlos a cenar. Pensando en huir, escapar quién sabe a dónde. Estaba intentando alargar el tiempo lo máximo posible, pero era una lucha inútil y sinsentido, era perfectamente consciente de eso.

    Tarde o temprano tendría que volver, todas mis cosas estaban en la habitación que compartíamos. Y entonces... ¿entonces qué? ¿Qué demonios iba a hacer entonces? Cuanto más lo pensaba, más ansiadad sentía, como un pesar profundo y ominoso en el corazón. Podía aparentar normalidad, hacer la vista gorda y fingirlo todo, como ya disimulaba mi evidente atracción antes de que todo este desastre comenzase... ¿pero hasta cuándo?

    Nunca había tenido un deseo tan intenso por desaparecer sin dejar rastro.

    Miki y Poly siguieron hablando ajenos a mis turbulencias internas y los escuché, porque su presencia lograba distraerme un poco de la ola de pensamientos catastrofistas. Ya no les quedaba dinero del premio porque o lo habían invertido en bolsa... —¿broker también? Broke más bien. Podía añadirlo a su curriculum. Broker, bajista y voyeur a medio tiempo—y Poly... Poly otro caso perdido. Dos caras de una misma moneda. ¿Quién invertiría en acciones de Poké-reloj S.A en la actualidad? Ya nadie usaba poké-relojes. Todo el mundo tenía un Holomisor o un Videomisor. O los Rotom-phone, que era la aplicación de la Rotom-Dex a los teléfonos junto a las capacidades de cualquier smartphone común.

    La empresa de mi padre los producía. Dex, mi pokédex-holomisor, era de hecho un prototipo con algoritmos de I.A en lugar de un Rotom. Pero antes muerta que hacerle publicidad a Honda S.A.

    Que se jodiera mi padre. Si la empresa quebraba y acabábamos todos en la ruina no podía importarme menos.

    Suspiré con resignación cuando Miki terminó de hablar, quizás con cierta indulgencia, y comprobó que las acciones habían caído en picado.

    —Has pensado en... no sé, ¿buscar un trabajo con un sueldo fijo y un horario?—inquirí— ¿La jornada de nueve a cinco te dice algo?
     
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    Andysaster

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    Poké-reloj S.A se había modernizado a pasos agigantados con el tiempo. Mimi tal vez lo recordase, siendo de Sinnoh como nosotros, como el precursor de medios de comunicación mucho más eficientes en la actualidad. Pero lo cierto es que ese no era su papel.

    Los poké-relojes hoy día eran accesorios con funciones distintas a las que tendría un Holomisor o un Videomisor al uso, ubicándolos en campos completamente diferentes. Era la herramienta principal de deportistas de élite, revisaba niveles de oxígeno en sangre, frecuencias cardiacas irregulares, calidad del sueño e incluso estaban conectados a la línea de emergencias.

    Cada vez más y más personas los usan en su día a día ya sea por estética o por su función, y ahora que estaban testeando también con la IA me pareció un buen punto en el que invertir. Quería escoger algo oriundo de Sinnoh.

    Pero, por lo que fuera, esa no estaba siendo una buena noche para sus acciones. En cualquier caso no había invertido demasiado, y aún quería confiar en mi buena suerte. Mimi nos había salvado de la inanición y teníamos nueva espectadora, tal vez la suerte se extrapolase allí también.

    —Es... un poco complicado —Poly le dirigió una sonrisa incómoda a Mimi, ligeramente nerviosa cuando habló de trabajo—. Lo máximo a su alcance en la actualidad son trabajos de cara al público. Y a Miki eso le genera ansiedad.

    —No me gusta la gente —aporté con tranquilidad, dándole un sorbo a mi refresco—. Me gustan los pokémon. Pero si no sabes entrenar o vestirlos bonito, eso no les sirve de mucho.

    —Le salió una entrevista de trabajo interesante hace poco en un maid café de por aquí. Le dije que fuese, que ahí estaría rodeada de pokémon también, pero no me hace caso —Poly, paternalista como siempre, se desplomó sobre la mesa como quien ha tocado fondo—. Señorita benefactora, se lo suplico, convéncela. O si no en algún punto dejará de comprarme galletitas, y voy a ponerme muy nervioso.

    —Mii-chan, convéncelo para que vaya a una reunión de desintoxicación de galletas.

    El debate siguió un poco más, hasta que nos distrajimos con la comida lo suficiente como para dejarlo estar. Repasé la mesa de manera distraída, los alrededores también, y volví la atención hacia nuestra presidenta y embajadora, valorando una cuestión en silencio.

    —¿Venías del trabajo? —pregunté, reparando en el bolso, en la ropa que había elegido y en el maquillaje. Parecía muy arreglada—. Te ves cansada. Otra razón por la que trabajar debería ser ilegal.

    —¿De qué trabaja, señorita benefactora? —Quiso saber Poly con interés—. ¿O tal vez estudia acaso?
     
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    Yugen

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    Mimi Honda

    —Hmmm.—murmuré. No era una afirmación como tal, solo un pequeño sonido para demostrar que estaba escuchando y prestando atención.

    Entendía que le generase ansiedad. Miki no era precisamente una mariposa social, parecía más bien del tipo recluído que se sentaría con un libro en una biblioteca. O con un manga, o con... una enciclopedia de aves.

    Bueno, entendía lo que quería decir.

    No todo el mundo estaba hecho para trabajar de cara al público y era respetable. Yo no era precisamente la persona más extrovertida del mundo pero poseía cierto carisma y un orgullo obstinado que le resultaba atractivo a la gente por alguna razón, como si fuera un personaje estereotipado de una novela. No me molestaba particularmente en tanto me dejasen hacer mi trabajo.

    Decía que no sabía entrenar... ¿de verdad que no sabía? Hubiera sido interesante cuanto menos poner a prueba sus habilidades en un combate. Hacía siglos que no tenía uno de esos... casi me sentía oxidada. El don para tratar con los pokémon, al menos, lo tenía. Y había mencionado que le gustaban, ¿así que por qué no probaba algo de eso? Quizás podía trabajar en una guardería pokémon fingiendo que no sabía de dónde salían los huevos que iba encontrando. O quizás... tratándose de ella tal vez realmente no lo sabía.

    Cuando más veía a Miki a Poly interactúar, más sentía que eran tal para cual. Mundos opuestos, pero complementarios. Como piezas de puzzle, como éclairs y té.

    Como White y yo.

    —Le diré a Liz que vaya contigo entonces. Tiene un serio problema con el azú—

    Me di cuenta de que volvía a traerla a colación y carraspeé para aclararme tanto la garganta como las ideas, abrumada por el propio cauce de mis pensamientos. Aunque el rubor era difícil de disimular... no es que las luces halógenas de la sala estuviesen ayudando precisamente.

    La comida distrajo el rumbo de la conversación y me regresó a mi eje, a una zona segura dónde no tenía que pensar de más.

    —¿No me habeis visto en MUPIS y marquesinas?—inquirí y sonreí para mí misma llevándome con cierto orgullo propio una mano al pecho—. Soy modelo. En vías de desarrollarme como actriz, pero aún no tuve suerte. Trabajo para una agencia regional, aquí en Témpera. No es algo periódico: dependo de eventos, castings y disponibilidad.

    >>Sorprendentemente no doy el perfil de muchos de ellos por...—dirigí mis ojos al pecho dismuladamente antes de apartar la mirada con hartazgo o desdén, quizá—cuestiones estéticas.
     
    Última edición: 18 Abril 2026
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    Mimi estuvo por aportar algo sobre el tema de la desintoxicación de galletas, pero se detuvo a sí misma en el acto, enrojeciendo por alguna razón. Otra mención a Liza donde actuaba raro. Y hoy, sospechosamente, no estaban juntas.

    Eso solo podía significar una cosa. Había estado demasiado ciega para no verlo. Mi alma de detective no podía pasarlo por alto.

    ...

    Se habían enfadado.

    ¿Por eso había vuelto con nosotros en lugar de regresar a casa? ¿Porque no querían verse? Oh. Esto empezaba a asemejarse a las historias que aparecían en los mangas, con cantidades ingentes de drama. Me llamaban la atención precisamente porque podía contextualizar emociones que tal vez me pasasen desapercibidas en mí misma o en mis alrededores, ponerles un nombre en calidad de lectora. Los dibujos y expresiones ayudaban a dar ejemplos visuales donde tal vez las palabras se quedasen cortas.

    El alma de abuela telenovelera de Poly estaría en su salsa si se enterase.

    —¿¡Eeeeeeh!? —Poly aleteó, atónito ante la revelación del oficio de Mii-chan. Escupí una pluma azul. Poly llevaba días saltándose su medicación porque no le gustaba el sabor, pero si seguía así iba a quedarse calvo de verdad—. ¿Modelo? ¡Pero eso es fascinante! ¡Qué honor, estamos ante una celebridad en ciernes!

    Mientras hablaban, yo me dediqué a investigar, con la información que Mimi me proporcionó, alguna de sus colaboraciones con marcas más concretas. Encontré una de sus fotos más recientes, la misma que vi en una marquesina cercana a nuestro escenario, y entrecerré los ojos con suspicacia.

    Estiré el brazo y coloqué el teléfono con la imagen a su lado. Miré a Mimi, luego a la imagen.

    Mimi, imagen. Imagen, Mimi.

    Entreabrí los labios, con la misma franqueza y transparencia con la que actuaba siempre. No tenía ninguna clase de filtros.

    —¿De verdad esa eres tú? —cuestioné.

    Poly me miró, alarmado, como si hubiese activado una bomba de relojería.

    —¡P-P-Pero qué cosas tienes, Miki! —Me tapó la boca rápidamente con las alas, agitado—. ¡Por supuesto que es la señorita! ¿No lo ves? ¡Son igualitas!

    La chica de la foto tenía otro peinado, otros retoques tal vez, y el maquillaje la hacía parecer una persona completamente diferente. Si de verdad era ella, no la habría reconocido nunca.

    —Humu... —murmuré para mí, reflexiva. Mencionó que no había logrado pasar varios castings por cuestiones estéticas, y no lo comprendí del todo—. Aunque no te parezcas tanto a la chica de la marquesina eres bonita. ¿Tal vez los asustaste con tu mirada asesina? —Me llevé una mano al mentón—. Hm. Podría ser eso.

    Poly tragó saliva con esfuerzo. No sabía cómo de mal podía salir todo esto, y mucho menos sabía cómo detenerme cuando abrir mi boca podía suponer un peligro para la humanidad.

    >>Ya sé. Practica tus dotes escénicas con nosotros —sugerí entonces, dejando caer la base de mi puño sobre la palma—. A ver, pon tu sonrisa más tierna. Como si vieses algo que te hace muy feliz.

    —Oh, oh, ¡yo también quiero! —Poly, algo más aliviado con aquella repentina propuesta, se sumó al juego con energías renovadas—. Finge que te dan una mala noticia.

    >>¡No, no, no! ¡Imagina que se comen la última galletita de la despensa!
     
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    Mimi Honda

    Que Miki no me reconociera no fue sorprendente. Había una gran diferencia en las fotografías promocionales—, con su escenografía y la ropa determinada para cada ocasión—, con la ropa que solía llevar normalmente. El maquillaje era más prominente y la gran variedad de peinados también; a veces incluso había llevado pelucas. ¿Por qué? Bueno, por qué no. Eran carteles diseñados para atraer, pero esa no era exactamente yo. Era una versión artística, comercial de mí. Una imagen para vender.

    Y no quería presumir pero era muy buena en mi trabajo.

    Lo amaba, me gustaba gustar, pero a veces también me crispaba los nervios. Nunca había negado que lo más importante en una modelo era su físico y aunque estaba orgullosa en general de mí misma, no era una industria en la que tener complejos. Te aplastarían sin piedad como un vulgar Joltik enfrentándose a un Charizard. Exactamente como estaba haciendo mi agente y su insistencia con según qué cosas.

    No, no era por ninguna mirada asesina. Aunque sin duda tenía una de esas y la estaba usando con Miki en ese mismo instante.

    La ceja me tembló.

    —¿Huh?

    Poly notó enseguida la tensión y se apresuró a taparle la boca con el ala extendida. Al menos sirvió para cambiar el rumbo de la conversación y sacar una dinámica interesante.

    Algo... ¿qué me hacía muy feliz? ¿Mi equipo, los éclairs? ¿La ropa? Era innegable que todo eso me hacía feliz, especialmente mi equipo, mi familia. Pero... había algo más. Y si me paraba a pensarlo me sentiría completamente avergonzada de que fuese lo primero que vino a mi mente.

    "Me hiciste completamente feliz ofreciéndome vivir contigo en su lugar. Quizás sean meses duros, pero… Me diste el impulso necesario para esforzarme al máximo y mantenerme positiva el tiempo que haga falta. Y es todo gracias a ti. Porque sé que al final del camino me estarás esperando. Y podremos seguir como estamos cuando vivamos juntas, el tiempo que sea necesario."

    Vivir juntas... ¿eh?

    Sonreí sin pensarlo, como si fuera algo tan natural como respirar. No sabía exactamente de dónde había salido esa idea cuando la propuse pero ahora no podía dejar de pensarlo. Compartir piso daría un giro de ciento ochenta grados a nuestra vida nómada como holders, a tener que pedir la cocina al centro pokémon para cocinar cualquier cosa... pero también había más.

    Un detalle pequeño, apenas sin importancia, pero sumamente destacable. Un detalle que signficaba el mundo para mí.

    Y es que podría verla todos los días.

    Era un poco como ahora, compartiendo habitación... pero con algo que sería verdaderamente nuestro. Un pequeño espacio del mundo solo para nosotras dos.

    Cuando aquel pensamiento se abrió paso como quien abre una puerta que debía permanecer cerrada y el resto del mundo a mi alrededor se desdibujó; parpadeé, completamente contrariada. El rostro se me encendió súbitamente.

    Urgh... ¿pero qué eran esos pensamientos? ¡Estaba desatada!

    Me incorporé rápidamente de la mesa dejando caer las manos sobre la misma como si necesitase un esfuerzo extra para ponerme de pie y les sonreí, fingiendo una calma que no sentía.

    Eso sí que era actuación diez de diez. Que me dieran el Óscar ya, por favor.

    —Voy al baño.

    No esperé la respuesta de Miki y de Poly. Giré sobre mis talones y me fui de allí.

    ***​

    El agua helada en el rostro me hizo contener una exclamación ahogada. Necesitaba calmarme, tenía que serenar mis malditas ideas o iba a perder la cabeza. A no ser, por supuesto, que la hubiese perdido ya, cosa que teniendo en cuenta el devenir de mi mente era muy probable.

    ¿En qué momento...? ¿Desde cuándo...? ¡Ugh! apreté los labios sintiendo tensos cada uno de mis músculos. Mis dedos se cerraban con fuerza, los nudillos tornándose blancos alrededor del lavabo por la presión.

    Tragué saliva con dificultad, respirando como si me faltara el aire en los pulmones. Como si no hubiera oxígeno suficiente en ese estúpido cubículo del baño de mujeres. Las paredes se estaban haciendo pequeñas, atrapándome, asfixiándome, sofocándome.

    Necesitaba respirar.

    Necesitaba...


    El agua oscurecida se deslizó por mis mejillas y me di cuenta al mirarme en el espejo que se me había corrido el maquillaje. Parecía un Pancham bajo una tormenta. Tenía un aspecto patético. El cabello rubio, ligeramente ondulado y completamente suelto ahora me caía sobre los hombros enmarcando un rostro pálido, surcado por profundas líneas de máscara de pestañas y agua del grifo helada.

    Chasqueé la lengua, irritada con mi propia miseria, y busqué mi estuche en mi bolso para retocarla.

    —¿En serio?—un par de chicas abrieron la puerta e ingresaron en el baño en ese momento sumidas en sus propias conversaciones. No quise entrometerme en ellas, pero la acústica del sitio no ayudaba a la privacidad—. ¿Pero cómo puedes estar enamorada de ese? ¡Ya tiene novia!

    —No es su novia—replicó la otra—. Es la tipa que le gusta.

    —Va a ser su novia—su amiga replicó sin piedad, taxativa—. Olvídate, Morgan. Te lo digo por tu bien. ¿Quieres sufrir otra vez?

    —Tsk. ¿Puedes dejar de ser un incordio? Anda, sujétame la puerta, el seguro está roto.

    Me paralicé frente al espejo, estática, con el rímel a la altura de las pestañas.

    El universo se estaba riendo de mí, ¿verdad? Era eso. Estaba absurda y patéticamente ensañándose conmigo. "Oh, ¡qué divertido es joder a Mimi!" "¡Ya está acostumbrada! ¿Una? ¿Dos veces? ¡No hay dos sin tres!"

    Solté una risa por la nariz, sardónica, carente de cualquier alegría real.

    ¿Felicidad? ¿Qué era eso? No, no la conocía. Nunca se quedaba lo suficiente para conocerla.

    Mi expresión se ensombreció y dejé caer la mano como un peso muerto, débil y sin fuerzas.

    ¿Qué demonios iba a hacer ahora?
     
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    Andysaster

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    Miki Chigusa

    Separé mis labios con asombro, conteniendo apenas el aliento. Poly, lado a lado en aquel asiento acolchado abrió mucho los ojos, presa de la estupefacción. Ante nosotros teníamos una imagen que podía confundirse fácilmente con un espejismo:

    Mimi, la misma Mimi que hacía escasos segundos me lanzaba cuchillos con la mirada, había suavizado sus facciones de tal forma que ni siquiera parecía la misma. Tenía una expresión dulce, soñadora, sus mejillas ruborizadas de forma absurdamente tierna, contrario al rubor producto del enojo que solía mostrar siempre.

    El Chatot y yo nos miramos, atónitos, sin poder creer la posibilidad de un cambio tan abrupto y tan repentino en unas mismas facciones.

    El poder de la actuación era aterrador.

    —¡Bravo, bravísimo! —Poly comenzó a aplaudir con las alas, emocionado. Se secó una lagrimilla traicionera de los ojos—. Su actuación me ha conmovido, señorita benefactora. ¡Va a ser usted una gran actriz!

    —No te olvides de nosotros cuando estés en lo alto —Me sequé una lágrima falsa y teatral con una servilleta, apesadumbrada—. Recuérdanos por quienes fuimos: tus mejores amigos de la infancia con derecho a descuentos y accesos a salas V.I.P.

    El ambiente distendido se pausó momentáneamente con la repentina partida de Mimi hacia el baño. Su sonrisa fue natural y encantadora, así que no hubo por dónde sospechar.

    Me encogí de hombros y seguí devorando mi hamburguesa, satisfecha con aquel descubrimiento del siglo. Nuestra presidenta y embajadora era modelo y sería famosa en breve. Eso iba a darnos mucho caché, heh.

    —Deberíamos pedirle una sesión de fotos para anunciar nuestra tienda, Poly —Le propuse al ave, mojando una de las patatas con aire distraído en la salsa que la acompañaba—. ¿Crees que nos hará descuento de amigos? ¿O el descuento es esta cena gratis? Si no me la termino no cuenta.

    —Miki... Antes fuiste al baño, ¿cierto?

    Poly, contra todo pronóstico, no parecía estar prestándome atención. De vez en cuando miraba hacia la puerta del baño en la que Mimi había desaparecido, como si hubiese algo que lo inquietase.

    —Mhm —asentí sin más—. ¿Por?

    —¿Recuerdas que tuve que llevarte servilletas porque no tenían papel allí?

    Oh. Cierto. Poly se había metido en el baño para acicalarse las plumas y alcancé a pedirle a que fuera a por papel afuera. Los baños de establecimientos como este siempre estaban hechos un asco.

    >>Tal vez Mimi también necesite papel.

    Hubo algo en su tono que sonó... distinto. Como el silencioso aporte de un padre preocupado por su hijo adolescente, rebelde e inalcanzable. No me lo dijo, pero pude ver en sus ojos cierta preocupación tácita. ¿También había notado lo que yo hacía un rato? ¿Que Mimi y Liza estaban enfadadas? ¿Qué habría detonado esa impresión? Lucía bastante normal ahora mismo. Quitando el hecho de que nos había sonreído dos (2) veces seguidas.

    Vaya. Ya no podría sorprenderle con la telenovela en el camino de regreso a casa.

    Tomé varias servilletas y me levanté del asiento, dirigiéndome así hacia el baño.

    Poly dibujó una sonrisa ligera y disimulada al verme partir.

    —Ahora vuelvo —anuncié.


    ***​


    Dos amigas abandonaban el baño en el momento preciso en el que me adentré en él. Les dejé salir, ignorando sus aburridas conversaciones sobre chicos y amores no correspondidos, y me dirigí hacia uno de los cubículos cerrados del baño. O esa era mi intención, cuando reconocí por el rabillo del ojo la silueta de Mii-chan de espaldas a mí, frente al lavabo.

    Me detuve justo allí, en el ángulo perfecto para que nuestros ojos se encontraran a través del cristal. El baño estaba vacío en su totalidad excepto por nosotras, y mis preguntas sobre qué hacía allí y no atrapada dentro del cubículo se posicionaron en un segundo plano cuando noté el maquillaje corrido bajo sus ojos.

    Parpadeé cuando se volvió hacia mí con actitud inquisidora, y alcé la mano con las servilletas en un acto reflejo. Otra mirada asesina no, por favor. Prefería las sonrisas diabéticas e inofensivas.

    —Poly me pidió que te trajese papel —le informé, concisa, sin dejar entrever ninguna emoción en concreto. No retrocedí ni me ametendré, como quien evita realizar movimientos bruscos frente a un Tyrantrum para que este no lo detectase. Simplemente aguardé allí, con las servilletas extendidas hacia ella—. Cuando vine antes tampoco quedaba.
     
    Última edición: 24 Abril 2026
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    Yugen

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    Mimi Honda

    Menudo... desastre.

    Pero eso era un eufemismo, porque un término tan ridículo se quedaba corto en comparación al asolador terror que me comprimía las entrañas.

    No sabía cómo, ni cuándo, ni por qué, pero no era tan ciega como para negarme la realidad a mí misma. Aunque no quería reconocerlo y mucho menos mencionarlo en voz alta, no podía barrer mis propios sentimientos bajo la alfombra como quien limpia su habitación un domingo. Lo peor que podía pasarme había vuelto a pasar y yo, estúpida de mí, solo había avivado las llamas entrometiéndonos en una maldita amistad con derechos.

    Ahora estaba acorralada entre la espada y la pared con la hoja a la altura de la garganta amenazando con cortarme el cuello. Un paso en falso y sería game over para mí. O quizá... quizá ya lo era. No tenía dónde esconderme ni hacia dónde huir, estaba indefensa, desprotegida y todo lo que había delante era un abismo insalvable. Había pensando en cambiarme de habitación y llevarme mis cosas... pero no quería hacer eso. ¡Solo nos quedaban tres días para pasar tiempo juntas, maldita sea!

    ¿Quizás con el tiempo me calmase? ¿Tal vez estaba sacando todo de contexto y realmente no era lo que yo pensaba? Era una posibilidad remota, tanto que era prácticamente inexistente, pero estaba dispuesta a aferrarme a lo que fuese. No hacerlo era aceptar un destino inevitable y nefasto y ya estaba harta de no poder luchar contra él.

    Nada de esto era justo. Solo quería desaparecer.

    En ese momento entró otra persona en el baño de mujeres. En un primer instante la ignoré, pensando que sería otra desconocida. Depués de todo, sorprendemente, este lugar estaba lleno de gente. La comida insalubre tenía un encanto inexplicable.

    Pero noté su silueta por el espejo y cuando sus ojos encontraron los míos no supe exactamente qué sentir. ¿Me había seguido? ¿Si necesitaba venir no podría haberlo hecho antes?

    —¿Miki?—inquirí.

    Esperaba cualquier cosa, alguna excusa tonta sin sentido... pero extendió rápidamente la mano hacia mí con un puñado de servilletas. Me había traído papel... si realmente lo necesitase me habría dado vergüenza. Afortunadamente, siempre llevaba un paquete de pañuelos desechables en el bolso.

    Destensé los hombros, pero la angustia no desapareció. Nada más lejos de la realidad.

    De verdad se había tragado mi excusa o... ¿estaba aquí por otra cosa? Fuera cual fuere la respuesta, no era un buen momento para acercarse a mí.

    —Solo vine a retocarme el maquillaje—le respondí parca, con toda la naturalidad que logré reunir. Pero mi voz había perdido gran parte de su energía. Volví a girarme hacia el espejo y hacer precisamente eso—. Puedes dejarlas por ahí. Alguien te lo agradecerá, supongo.
     
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    Andysaster

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    Miki Chigusa

    Contra todo pronóstico no me fulminó con la mirada por el asalto a su privacidad. En su lugar se volvió hacia mí, desconcertada con mi presencia tal vez. Cuando obtuvo la respuesta al evidente interrogante que me rodeada regresó frente al espejo, dándome la espalda con naturalidad para continuar con lo que estaba haciendo antes de mi llegada.

    Pese al realismo en sus palabras había algo en su voz que sonaba distinto. Si no la conociese de nada tal vez lo hubiese pasado por alto, pero había transcurrido el tiempo suficiente a su alrededor como para notarlo. Era la clase de persona que llevaba dentro una llama pequeña pero obstinada, imposible de extinguir, que se dejaba ver en su coraje y en su manera de plantarse ante la vida. Solo que ahora esa llama parecía haberse recogido sobre sí misma, reducida a un rescoldo dormido y tenue. La ausencia de energía la delataba.

    En eso también se parecía a Liza.

    —...Oh —Fue todo cuanto dije. Poly me había brindado la excusa de las servilletas para aproximarme a ella sin recurrir a mis pobres habilidades sociales, pero acababa de perderla con la misma facilidad con la que una brisa repentina arrancaba una tablatura de unas manos distraídas. Cualquier intento de pensamiento se evaporó antes de tomar forma.

    Mi primer impulso fue asentir y girar sobre mis pasos, volviendo de nuevo a la mesa que compartíamos. Las patatas se me estaban enfriando, y cuando eso sucedía perdían gran parte de su encanto. Pero cuando estuve por hacerlo la expresión desaprobatoria de Poly se dibujó en mi mente con absurda precisión.

    Dejé caer los hombros con desgano, pues sabía perfectamente las palabras que estaban por recibirme.

    ¿Eeeeeh? ¿¡Eso fue todo, te fuiste sin más!? Miki, si te conformas con el mínimo esfuerzo...

    >>...Me temo que nunca lograrás conectar con alguien de verdad.

    No había mentido cuando les dije que no me gustaban las personas. Era una criatura solitaria, independiente, que prefería la compañía de sus Pokémon antes que tener que convivir en sociedad. Pero el ser humano era un animal sociable por naturaleza y en el fondo, muy en el fondo, anhelaba conocer lo que era tener un amigo de mi misma especie.

    El día en Arcadia Nova se sintió especial no solo para Poly. Hubo algo que, tal vez, nos alcanzó a todas esa misma tarde. Una conexión difícil de definir con palabras... pero que se sentía agradable en el pecho con tan solo recordarlo. Aika, Liza, Mii-chan... incluso Ai, a pesar de nuestras diferencias y en distinta medida al resto, me despertó cierta simpatía en el fondo.

    Por primera vez, pese a que pude y quise hacerlo en un inicio, no sentí la necesidad de darle la espalda a los problemas ajenos. Si Mimi no se sentía bien y no podía hablarlo con su mejor amiga...

    Suponía que podría hacer algo más allá del mínimo esfuerzo por ayudarla.

    Cuando recuperé la marcha no me dirigí hacia la puerta si no que me dirigí a los cubículos. Estaban todos vacíos, como si se hubiese extendido en el restaurante de comida rapida la noción de que no era el mejor momento para entrar allí. Asomé la cabeza en uno y en otro, buscando signos de papel higiénico. Al ver que no había en ninguno, decidí repartir a partes iguales el papel entre ellos. Así ayudaría a más de una.

    Mientras me entretenía con esa tarea, de espaldas, a ella y tras un breve silencio entre ambas, volví a alzar la voz. Le dirigí la palabra como quien relataba un suceso cotidiano, aparentemente ajena a la tormenta que parecía gestarse dentro de ella.

    La realidad es que tan solo se trataba de un recurso extrañamente conveniente dadas las circunstancias.

    —El otro día Poly y yo discutimos —comencé, depositando la primera servilleta sobre el inodoro. Sonaba despreocupada, con el mismo tono sereno de siempre—. Fue una tontería, ni siquiera recuerdo ya el origen. Solemos chocar a menudo.

    >>El caso es que esa discusión duró más de lo habitual, porque ambos pensábamos que el otro en realidad le restaba importancia a la situación —Abandoné un cubículo y pasé al otro, a paso lento y tranquilo—. Pero lo cierto es que el enfado se nos pasó poco después de lo que sucedió, y el resto de los días lo único que impidió hablarnos fue la realidad que nos montamos en nuestra cabeza.

    A veces los miedos nos avisaban de algo que nunca iba a suceder en realidad. Nos sentimos bien idiotas al saber que ambos habíamos estado igual de preocupados y ansiosos por volver a dirigirnos la palabra. Aunque chocábamos, no podíamos estar alejados el uno del otro. Y algo me decía que ellas dos no eran muy distintas en ese aspecto.

    >>Le llevé sus galletas favoritas para hacer las paces —Pese a parecer una charla común y trivial, era evidente que hacía referencia a algo más. Si bien el problema que yo me imaginaba no era lo que sucedía en realidad, se acercaba mucho a los hechos. Había una distancia entre ambas que solventar. Salí del último cubículo y me sacudí las manos después de un trabajo bien hecho—. Poly me recordó que tenemos puntos en la aplicación del Burguer Slowking.

    Le dirigí una pequeña sonrisa entonces. Poly decía que tenía que entrenar mi sonrisa, porque solía lucir rígida y artificial. Y aunque hice un esfuerzo consciente por imitar lo que la gente hacía en estos casos, la voluntad de querer aportar un minúsculo granito de arena me ayudó involuntariamente a suavizar mis facciones.

    >>¿Qué tal si le llevas una hamburguesa pequeña a Liza esta noche?
     
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    Yugen

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    La escuché.

    Podía verla abriendo cubículos a través del espejo, repartiendo servilletas entre los cuatro disponibles. Y entonces empezó a hablarme de una discusión reciente con Poly. Me sorprendió un poco cuando parecían uña y carne todo el tiempo. Es decir... ¿en serio? Suponía que incluso en las relaciones más aparentemente sólidas, también había problemas de vez en cuando. Era normal. No todo el mundo podía estar bien siempre. A veces surgían diferencias, discusiones y desacuerdos.

    Nuevamente mi mente voló hacia Liz y nuestra última discusión. Había sentido verdadero terror entonces, profundo y visceral, muy similar al que estaba sintiendo en ese mismo momento. Le prometí que me esforzaría por ser honesta sobre mis sentimientos de ahora en adelante. Pero resultaba tan irónico que reiría, porque era absolutamente imposible que pudiera contarle nada de esto.

    ¿Qué tal si le llevas una hamburguesa pequeña a Liza esta noche?

    La perspectiva me hizo reír por dentro. Lo haría, en otras circunstancias. Pero, ¿ahora?

    —Estoy segura de que preferiría una pizza—mencioné con una naturalidad que no sentía devolviendo la máscara de pestañas al bolso y me miré nuevamente en el espejo, asegurándome de tener un aspecto lo suficientemente decente para no evidenciar la tormenta que se había desatado dentro de mí.

    La pregunta sin respuesta de que iba a hacer ahora seguía dando vueltas como un tiovivo incansable. Tantas, que había empezado a marearme. ¿Podría fingir naturalidad? Eso sí que sería poner a prueba de verdad mis habilidades interpretativas.

    Ese breve instante en el que Miki me siguió hasta el baño y empezó a hablarme, aunque no tenía nada que ver, alivió la carga un poco. Detuvo el tren de mis pensamientos forzándolo a hacer una pausa durante unos segundos. Las ruedas chirriaron sobre las vías y el peso en mi corazón se sentió un poco más ligero. Solo... solo un poco.

    No había sido consciente hasta ese momento de cuanto lo necesitaba. Una distracción, una breve charla sin importancia.

    —Oye Miki—cuando nuestros ojos se encontraron en el espejo mi expresión se suavizó. Fue un breve instante, pero ella podría jurar que le sonreí. Esta vez no por fingir o demostrar algo que no era cierto, si no porque lo sentía genuinamente—. Gracias.

    Giré sobre mis talones y empujé la puerta abatible para salir.

    >>No tardes. Se te va a enfriar la comida y no voy a pedir una segunda ración.

    Que las servilletas fueran o no una excusa no importaba realmente. Era conciliador tener a alguien cerca en momentos así. Incluso cuando todo lo que quería hacer era encerrarme aún más en mí misma.
     
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    Andysaster

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    No aceptó mi torpe propuesta... ¿Poly se molestaría por eso? Me lo replanteé por un momento, creyendo que tal vez había sido culpa de mi notoria inexperiencia y mi rigidez social. Tal vez, si Poly fuera el humano y yo el pokémon, el desenlace hubiera sido distinto. Él tenía mucha labia y un encanto natural. Estaba segura de que no se habría quedado en blanco como yo.

    Pero entonces Mimi mencionó mi nombre, haciéndome alzar la mirada hacia el espejo... Y me sonrió.

    Fue breve, pero el gesto tuvo la capacidad de alejar cualquier indicio de culpabilidad como nubes de tormenta sobre un cielo despejado. Comprendí que tal vez no lo había hecho tan mal. Para una primera vez, al menos.

    ¿Seis sobre diez quizás?

    —¿Ni siquiera un helado? —cuestioné cuando aseguró que no nos pediría una segunda ración, tentativa. Nunca ganarás si no lo intentas, ese era mi lema.

    Sintiéndome algo más liviana tras aquel breve intercambio cerré la puerta del último cubículo y abandoné los baños tras ella. Los humanos eran tan complicados...

    Pero suponía que, al final del camino... podría llegar a merecer la pena.


    ***​


    —¡Oh, señorita benefactora! —Poly se enderezó cuando divisó a Mimi cerca de la mesa. Tragó rápidamente la patata que me había estado robando mientras no miraba (solo Arceus sabía cuántas llevaba), y le dirigió su mejor sonrisa a la recién llegada—. Ya estaba a punto de llamar a la agente Mara para que fuera en su búsqueda —No se le veía especialmente inclinado a abandonar la mesa por el momento. ¿Esa mancha en su pico era kétchup? Alzó la mirada entonces, buscando a alguien por los alrededores—. Oh... ¿Miki no está contigo?

    —Poly, suelta esa patata donde pueda verla.

    —¡¡Eeeeeek!! —Cuando me vio aparecer justo detrás de ella se tensó, haciendo que de sus alas cayesen varias patatas. ¿Las estaba guardando entre las plumas también?—. ¡N-No es lo que parece, lo juro!

    Entrecerré los ojos.

    —A mí sí me lo parece. No me hagas sacudirte boca abajo para comprobarlo.

    Al final resultó que los puntos que íbamos a invertir en la hamburguesa de Liza, los canjeó Poly comprándome una ración de patatas grandes. Suponía que bien estaba lo que bien acababa (para mí, claro).

    Las conversaciones en la mesa retomaron su distendido cauce. Entretanto Poly me preguntó con la mirada cómo había ido todo, a lo que me encogí de hombros como toda respuesta. No necesitó mucho para comprender que Mimi no necesitaba hablar, si no simplemente algo de compañía. Si no quería regresar pronto a casa, el Chatot lo respetaba y no hizo ninguna pregunta al respecto, dejando el tema estar.

    Para su suerte, nosotros éramos el mejor dúo de toda la ciudad si buscaba algo de compañía. Poly tenía la energía y yo... Bueno.

    Yo tenía los contactos.

    —Ah —Me había puesto a navegar en las noticias de mi teléfono mientras Poly y Mimi charlaban cuando una notificación emergente me sorprendió. Se la extendí al ave con un movimiento de mi mano—. Al parecer Robert está hoy aquí.

    —¿Ya es ese viernes del mes? —inquirió Poly, repentinamente ilusionado. Su expresión se iluminó y dejó de untar kétchup a cada alimento que tenía a su alcance—. ¡Sí que pasa rápido el tiempo!

    —Mhm —coincidí, queda—. Y aún no hemos resuelto el favor que me debe —Reflexioné por un momento, y entonces asentí—. Tal vez podríamos hacerlo hoy.

    —¡Eso es una grandísima idea!

    Ante la mirada perdida de Mimi, Poly se apresuró en explicarse.

    >>Ciudad Témpera es una urbe demasiado grande y activa como para que conozcas todos los eventos que se organizan en ella, así que es posible que no lo sepas. Cada tercer viernes del mes se reúnen una serie de yatai o puestos de comida ambulantes junto a la ribera del río. También hay mercaderes ambulantes que traen cosas de todas las regiones... ¡Y Robert forma parte de ellos!

    —La última vez le pedí que consiguiese artículos de Sinnoh para la próxima —Me llevé una mano al mentón, pensativa—. Espero que lo haya tenido en cuenta. Por su bien.

    —Miki, si sueltas esas cosas tan a la ligera vas a darle una imagen errónea a la señorita benefactora —Me reprendió el Chatot, pero no me mostré demasiado afectada y seguí comiendo mis patatas como si nada.

    Poly, animado nuevamente ante la idea, se dirigió hacia Mimi entonces.

    >>¿Le gustaría venir? Ya que comparte raíces con nosotros, tal vez sea divertido encontrar algún recuerdo por allí. ¡Robert invita!
     
    Última edición: 27 Abril 2026
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    —El helado puede ser parte de la primera ración—concedí sin darle mayor importancia—. ¿Quieres helado de postre?

    Al regresar a la mesa nos encontramos con un escenario... curioso por decir algo. Poly había estado robando patatas fritas en nuestra ausencia—de Miki, las mías no las había tocado. Y aunque podía preguntarme por qué, tenía la impresión de que "la mirada asesina" de la que hablaba tenía bastante que ver con ello—, incluso se había guardado un buen puñado entre las plumas como quien se llena los bolsillos al robar en el supermercado. No era muy disimulado al respecto.

    Con el tiempo, las aguas regresaron a su cauce y parte de ese pesar en mi pecho se aligeró. O, más bien se diluyó al distraerme con otras cosas. La compañía me hacía bien incluso cuando lo que deseaba hacer era alejarme de todo y todos. Era reconfortante no tener que pensar y centrarme simplemente en el momento presente, lejos de mi turbulencia interna y el terror que me arañaba desde dentro. No era algo que solía hacer. Siempre tenía la mente en mil cosas al mismo tiempo, demasiado rígida para permitirme relajarme propiamente.

    En ese sentido, White era mucho más libre que yo y me resultaba curioso que el día de hoy hubiera sido justo lo opuesto. Había tenido que pedirle que se relajara y pensara más en ella.

    Pensé en mandarle un mensaje, al menos para avisarle de que llegaría tarde, pero no encontré el valor o la energía o... lo que fuese. Ni siquiera podía contactarla a través del teléfono, no sabía cómo demonios iba a mirarla a la cara cuando llegase el momento.

    Tomé una de las patatas y la mordí mientras Poly y Miki hablaban de algo que no entendía. Suponía que sus chanchullos usuales. ¿Quién era Robert? ¿Un mafioso? No, no, espera. ¿Un magnate del alpiste para aves?

    Me limité a enarcar una ceja y Poly comprendió mi confusión y se apresuró a explicarse. Robert atendía un puesto de comida ambulante junto a la ribera del río.

    En Sinnoh, los yatai eran algo típico, especialmente durante festividades, pero nunca había ido a ninguno de ellos. Sí a los festivales pero no... a los puestos ambulantes en sí. Teniendo en cuenta que entonces era una perra elitista tenía sentido, pero ahora sentía curiosidad.

    Puestos de comida callejera y artesanía local de Sinnoh... sonaba como un paraíso. Apenas había probado la hamburguesa así que tenía hambre y además retrasaría aún más la hora de regreso. Todo eran ventajas.

    En el fondo de mi ser sentí lástima, sin embargo, cierta nostalgia fría y pesada. Estaba segura de que Liz amaría un lugar así.

    —Llevo tiempo pensando en comprar una nueva pokochera. Una de esas automáticas—les conté—. Si tienen productos de Sinnoh, ¿habrá allí?

    ***​

    La ribera del río estaba salpicada de los colores, las luces y los aromas de los puestos. No era una congregación muy grande pero había varios visitantes y curiosos, incluso tal vez algún que otro turista. La noche era fresca, aún más junto al río y me aseguré de mantenerme resguardada al calor de mi abrigo.

    Soba, ramen, takoyaki... todas eran comidas callejeras y gastronomía típica de las regiones de Kanto, Johto y Sinnoh.

    Mientras paseaba por los puestos sintiendo mi estómago gruñir, localicé una figura conocida acompañada de dos niños pequeños. Ambos eran varones, vestidos exactamente igual—¿gemelos?—y la muchacha que los acompañaba, con el cabello corto y blanco, parecía estar riéndose con ellos en ese momento.

    Lillipup número dos localizado con éxito.

    —Eh, Miki—llamé a mi acompañante—¿esa no es Aika?
     
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  17. Threadmarks: Ribera del río
     
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    Mimi y compañía arribaron así a la ribera del río, un punto situado en el margen más alejado del centro y por consiguiente del estruendo de la agitada vida en la urbe. A medida que divisaban los farolillos, que delataban la ubicación de los pequeños puestos ambulantes en la distancia, el ruido incesante retrocedía hasta convertirse en un murmullo apenas perceptible.

    La apacible quietud era acompañada exclusivamente por animadas melodías de shamisen y biwas, que se entremezclaban con el murmullo de los viandantes cercanos y los visitantes más curiosos.

    Miki paseaba junto a Mimi, degustando la tarrina de helado a la que finalmente le había invitado. Poly, subido sobre su hombro, probaba bocados de tanto en tanto con su propia cucharilla. Los yatai solían mostrarse así de animados habitualmente, pero podía notar que poco a poco comenzaba a correr la voz entre más gente.

    Eso era bueno. Descansos de la cotidianidad siempre eran necesarios, mucho más si traían recuerdos del hogar consigo.

    "Eh, Miki, ¿esa no es Aika?"

    La joven dejó de pasear la mirada por la zona para volverse hacia donde su acompañante le indicaba. El Chatot pronto agitó las alas, animado de reconocer un rostro familiar en un lugar inesperado como ese.

    —¡Señorita copo de nieve! —saludó, ufano—. ¡Por aquí!

    Miki alzó la mano para agitarla en su dirección. Si bien su rostro no expresaba mucho, se alegraba de verla por allí. Lo que no esperaba era encontrar dos mini copitos de nieve junto a ella, danzando a su son.

    >>¡Qué alegría verla por aquí! ¡Y qué inesperado suceso! —El ave se volvió hacia los niños cuando nos acercamos a ellos lo suficiente—. ¿Quiénes son las encantadoras criaturas que la acompañan en esta ocasión?

    —Tú serás chibi Aika uno —Me acuclillé a la altura de ambos, asintiendo con resolución primero con uno, luego con el otro—. Y tú chibi Aika dos.

    Se respiraba un ambiente festivo y jovial aquella noche de verano, y la brisa refrescante hizo susurrar las hojas, creando trazos irregulares sobre la ladera. Algunas parejas contemplaban las estrellas tumbados sobre el césped; otros, charlaban animadamente a su alrededor, disfrutando del sosiego de la noche. La mayor parte recorrían los puestos, observando los productos con interés y curiosidad.

    En total pudieron contar siete. Varios de ellos consistían en meros yatais de comida tradicional, con algunos taburetes a disposición de los comensales. Uno de ellos, en concreto, había abandonado la comida salada para ofrecer al público dulces exóticos y variopintos. En el lado contrario de la hilera encontraron varios vendedores ambulantes y llamativos; probablemente el famoso Robert estaría entre ellos.

    Pero, para su sorpresa, había algo más. Al puesto más alejado le rodeaba un aura misteriosa y pesada; la mesa, cubierta por una tela oscura salpicada de símbolos místicos, destellaba con vibrantes tonos de morado y dorado. En el centro descansaba una caja lacada, roja y gastada por los bordes, de la que asomaban varillas de madera pulida. Pequeños omamori se balanceaban suavemente a los lados, haciendo tintinear las diminutas campanillas con el viento.

    Distinguieron dentro del puesto a una joven menuda y una Gardevoir acompañándola, con la serenidad y temple que caracterizaba a su especie.

    Qué curioso... ¿Un puesto de adivinación, allí? Desde luego, tenían diversas opciones por las que empezar.

    >>Visitar los puestos de comida salada
    >>Visitar el puesto de dulces
    >>Acercarse a la zona de los mercaderes.
    >>Probar suerte en el puesto de adivinación.
     
    Última edición: 14 Mayo 2026
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    No me sorprendía ver a Aika allí. Al igual que Liz, este era probablemente uno de esos sitios que llamarían su atención. Y tuve la necesidad de mencionárselo a Miki porque... bueno, parecían haber hecho buenas migas en Arcadia. Si yo no estaba por la labor de socializar, al menos Miki podía encontrar una amiga en Aika. O una compañía menos borde.

    —¡Oh, Michin!—el rostro de Aika se iluminó nada más localizarnos. Las luces de los puestos arrancaron destellos dorados de sus ojos— ¡Poly! ¡Hasta Mii-chan está aquí!

    Se detuvo un momento y echó un vistazo rápido alrededor como si buscara a alguien con la vista. Incluso antes de que pronunciara su nombre supe inmediatamente de quien se trataba.

    >>¿Dónde está Lizachi?

    Mierda.

    Me crucé de brazos, retraída y aparté la mirada.

    Incluso alguien con tan pocas luces como Izumi se dio cuenta de que no me apetecía hablar. Se rascó la mejilla con el índice, contrariada.

    —Ahaha...—rio de forma nerviosa—. b-bueno, ¿quereis takoyaki?

    Mientras Aika trataba de buscar alguna excusa para disimular la incomodidad de la situación, los niños que le acompañaban tuvieron reacciones opuestas. Especialmente cuando Miki decidió apodarlos con la creatividad que solo alguien como Miki podía tener.

    —¿Por qué tengo que ser el dos?—clamó uno de ellos, el que parecía más extrovertido de los dos— ¡Quiero ser el uno! ¡Quiero ser el más mejor!

    El... ¿más mejor?

    —A... a mí me gusta el dos—balbuceó el otro—. Te lo cambio...

    —¿Estos son tus hermanos?—inquirí.

    Sip. Estos son Tohru y Yuta. Hemos aprovechado que hoy tenía el día libre y he recibido mi sueldo para pasear por los puestos. ¡Hace una noche perfecta para salir a comer!

    Ambos eran exactamente iguales. Lo único que parecía diferenciarlos era sus personalidades contrarias. Mientras uno parecía retraído y tímido, el otro mostraba una actitud más extrovertida y audaz.

    El que respondía al nombre de Tohru se aferró a la mano de su hermana, prácticamente escondiéndose detrás de su pierna.

    —Aikaaa... necesito ir—murmuró de forma quejumbrosa con una voz menuda y titubeante.

    —¿E-eh? ¿Ahora? Pero si acabas de ir hace cinco minutos...

    Yuta tiró de su otra mano.

    —Aika, yo quiero ir al puesto de ramen. ¡Vamos al puesto de ramen!

    Que dura debía ser la vida de un hermano mayor. Si tuviera más contacto con Miria... ¿mis días también serían así?

    —¡Vuelvo en un segundín!—Aika juntó las palmas de sus manos y nos miró, cerrando uno de sus ojos en actitud suplicante— ¿Puedo dejar a Yuta a vuestro cargo unos minutos? ¿Sí? ¡Gracias!

    —O-oye, que no he dicho na—!

    No pude quejarme ni protestar. Tomó la mano del pequeño Tohru y se marchó apresuradamente. Ya había tenido suficiente haciendo de niñera de medio grupo en el parque de atracciones, no había firmado para ocuparme de otro niño.

    —Eso es un engañabobos—mencionó sin venir a cuento, masticando la carne de su brocheta. Tenía una en cada mano... qué animal. ¿Y encima quería ramen?—. Ni un Slopowke se lo cree.

    Dirigí la mirada al puesto al que se refería. Estaba algo recogido, al fondo de todos, y destacaba por encima del resto de puestos precisamente por eso. Cuando los demás era coloridos e inspiraban un ambiente jovial, este último transmitía solemnidad y misticismo.

    ¿Un puesto de adivinación?

    Lo que sí que llamo mi atención fueron los omamori que parecían estar vendiendo. Hacía siglos que no veía uno de esos. La tradición dictaminaba que las bolsitas no debían abrirse bajo ninguna circunstancia o perderían el poder por el que fueron concebidos. Si realmente tenían efecto, ahora más que nunca necesitaba uno.

    —¿Cómo puedes estar tan seguro de que es un fraude?—mencioné enredando un mechón rubio en el índice—. Hay pokémon que pueden de hecho predecir el futuro.

    —Sí, sí—Yuta le dio otro mordisco a la brocheta—. Pero eso son los pokémon. Los humanos no tienen esas habilidades. ¡Ya vereis, voy a "desemasracarla"!

    —¡O-oye!

    Me extendió ambas brochetas—apenas pude reaccionar... ¿es que era cosa de familia?—, y salió corriendo en aquella dirección desapareciendo entre la concurrida multitud.

    Me giré rápidamente hacia el Chatot, alarmada.

    —Poly, síguelo. ¡Vamos a perderlo entre toda esta gente!

    >>Probar suerte en el puesto de adivinación.

    Vamos a conocer a Koharu *ojitos*
     
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    Así como Aika vino se fue, dejándonos a chibi Aika dos con nosotros. El niño no parecía demasiado afectado, ni mucho menos incómodo por encontrarse rodeado de desconocidos; derrochando confianza se marchó hacia el puesto de adivinación por su cuenta, con tal de demostrar su punto.

    Me gustaba su actitud.

    —¡A la orden! —Poly batió sus alas y emprendió el vuelo sobre nuestras cabezas, siguiendo al niño entre el gentío. Se aproximó hacia él lo máximo que los turistas y visitantes le permitían, teniendo que maniobrar de tanto en tanto para evitar estrellarse contra alguno—. ¡Señorito Yuta, por favor, no se aleje demasiado! ¡S-Su hermana nos dejó a su cargo, cruack!

    Pero el niño hizo caso omiso a sus súplicas. Mimi y yo intercambiamos una mirada decidida y nos pusimos en marcha también. Fue así como todos nos dirigimos hacia el dichoso puesto de adivinación, que se escondía con sutileza entre los vistosos y concurridos yatai.

    Esperaba que Aika nos diera un plus por hacer de niñeros, con escena de persecución incluida.


    ***​


    Yuta fue el primero en llegar, seguido de un extenuado Poly que evidenciaba su nula experiencia en el noble arte de cuidar niños. En ese momento dos amigas se marchaban del puesto. Ambas, con un papel doblado entre sus manos: un omikuji. Consistía en una serie de tiras de papel que cumplían la función de predecir tu fortuna. Una de las jóvenes se mostraba alicaída, mientras que la otra sonreía con nerviosismo a su lado, dándole palmaditas conciliadoras en la cabeza.

    —¡Señorito Yuta! —Antes de que el niño pudiese seguir avanzando hacia el puesto ya libre el Chatot se le subió al hombro, deteniendo así sus pasos. Algunas plumas sobrevolaron los alrededores y se permitió unos instantes para recobrar el aliento—. Menos... Menos mal que pude darle alcance al fin. ¡Estos actos de rebeldía no van a ser del agrado de su hermana, cruack...!

    Atraídas por el sonido de su discusión, tanto la Gardevoir apostada a un lado, con las manos entrelazadas y gesto deferente, como la joven tras el mostrador volvieron sus miradas hacia la escena. Su cabello de bosque se meció sobre sus hombros, recogido en dos finas coletas cuando recargó su mejilla sobre la palma de su mano. La desidia de sus gestos mutó hacia un renovado interés.

    —Vaya. Justo cuando la noche pintaba de lo más aburrida —Murmuró para sí. Sus labios esbozaron una media sonrisa, despierta y sagaz. Se dirigió hacia su Gardevoir, permitiendo deliberadamente que su conversación “privada” llegase hasta sus oídos—. ¿Tú qué piensas, Mana? ¿Valientes o insensatos?

    Poly, quien hasta entonces discutía con Yuta inútilmente acerca de las reglas que debían cumplir de los niños de su edad, se volvió por primera vez hacia el misterioso dúo. Aquella joven no debía ser mucho mayor que Miki, y las pecas que salpicaban su rostro le recordaron vagamente a las de Aika. No obstante, no poseía ni por asomo la misma encantadora inocencia en su sonrisa. La tenue luz de los farolillos y el olor a incienso a su alrededor hizo que un escalofrío repentino le recorriese por dentro al detectar cierto brillo malicioso en sus gestos.

    ¿P-Por qué de repente sentía como si... como si la temperatura a su alrededor hubiera descendido varios grados?

    —¿D-Disculpe...?

    —Supongo que debería daros las gracias. Hoy es uno de esos días donde andan especialmente revueltos—Mientras hablaba sujetó distraídamente un amuleto que colgaba sobre su pecho. Un magatama de tonos esmeraldas, que resplandecía como un faro en medio de la oscuridad—. A veces sus instintos los atraen a este tipo de lugares, como Mothims a la luz. La jovialidad condensada debe resultar especialmente apetitosa bajo su prisma.

    El ave miró a ambos lados, intrigado e inquieto a partes iguales. ¿Revueltos…? ¿Quiénes?

    >>Lo que muchos desconocen es que son similares a un grupo de la tercera edad haciendo excursión. Quisquillosos, demandantes… Añoran épocas más felices pero se inquietan si perturban su paz más de lo que puedan tolerar.

    Apuntó con su dedo índice hacia Poly y Yuta, con movimientos lentos y perezosos. Su poca preocupación frente a la situación solo acrecentaba su temor.

    >>Vuestra discusión de antes captó su atención… Me temo que me piden un culpable.

    Sintieron cómo una presencia les acariciaba la nuca y desaparecía, dejándoles una opresiva sensación en el pecho.

    —¿¡U-U-Un culpable!? —Agitado, Poly batió las alas en gesto de negación—. N-No es necesario llegar a estos extremos, ya nos íbam…

    Pero la chica negó con la cabeza, congelándolo en el sitio. Agachó la mirada, apesadumbrada, como quien conoce la futilidad de tratar de eludir un destino que es inevitable.

    —Me temo que es demasiado tarde —torció con gravedad—. Ellos… ya están aquí.

    Pudieron sentir cómo la atmósfera se volvía asfixiante en ese entonces. Las luces de los farolillos tintinearon, anunciando la llegada de algo que no provenía de esta dimensión.

    >>¿Y bien...? —murmuró. Su rostro, con la iluminación del puesto a contraluz, resultó terriblemente tétrico cuando se inclinó. La gravedad de sus palabras tan solo añadió el último clavo del ataúd—. ¿Quién de los dos será el sacrificio esta noche?

    ...

    —¡¡K-Kyaaaaaaah!!

    El grito de Poly se escuchó posiblemente por la ribera en toda su extensión. Mimi y yo estábamos abriéndonos paso justo frente al puesto cuando Poly se lanzó hacia mis brazos al localizarme, temblando de patas a cabeza. La joven del puesto, por su parte, había comenzado a reír y se sujetaba el estómago, como a quien le contaban el chiste más ridículo del universo.

    La máscara cayó junto a aquel elaborado teatro, revelando tras ella a un jocoso tanuki.

    —¿Poly? —cuestioné, sin comprender bien lo que sucedía.

    —¡¡Me van a sacrificar!! —exclamó, enterrando la cabeza sin dejar de temblar—. ¡¡Los espíritus van a venir a por mí!!

    Al percatarse de lo asustado que se encontraba el pokémon, y en vistas de que su entrenadora parecía incapaz de detener sus carcajadas, decidió hacerse cargo de la situación. Dio un par de pasos al frente hasta llegar a nosotras, e inclinó su cuerpo hacia delante con una educada reverencia.

    "Disculpad si el carácter juguetón de mi acompañante les ha ocasionado inconvenientes." Una voz serena y aterciopelada se proyectó en la mente de todos los presentes. Por más que fuesen conscientes de su existencia, experimentar la telepatía en carne propia siempre era una sensación asombrosa. "No se preocupen. Si bien nos encontramos rodeados de espíritus en este preciso instante, ninguno de ellos es malévolo ni tiene intención de devorar sus almas."

    —P-P-Pero el repentino frío… —Hipó Poly, asomando con precaución la cabeza entre mis brazos—. La presencia en la nuca... ¿Cómo...?

    "Oh. Debo suponer que te refieres a Sul". Nos dijo, sin ser capaz de reprimir una pequeña sonrisa. "Detrás de vosotras".

    La Gardevoir nos señaló así a un bromista Gastly que se materializaba en ese instante detrás de Mimi. Soltó una risita, dando una vuelta a su alrededor y regresó junto a su entrenadora, quien se secaba las lagrimillas en ese momento mientras escuchaba todo con cristalino divertimento.

    —Sul se encarga de vigilar que nadie robe en un descuido —Apoyó los brazos sobre el mostrador, extendiendo la mano para que el Gastly la atravesase al pasar cerca de ella—. Tal vez lo rozasteis por accidente. Es difícil no verse atraído ante las voces de ese Chatot.

    Entrecerré los ojos, evidenciando mi evidente crispación.

    —Eso no ha sido divertido —le espeté, molesta. Poly no dejaba de temblar y lloriquear. Me iba a dejar la camisa empapada a este paso—. Poly tiene corazón de pollo. Te lo puedes cargar con mucho menos.

    —Oh, vamos. No ha sido para tanto —La joven hizo un aspaviento con la mano, como quien apartaba una mosca. Por la expresión que le dedicó su Gardevoir y por la pausa que hizo después, posiblemente acababa de recibir una reprimenda en su mente. Resopló, resignada—. …Tsk. Como sea. Os dejaré que escojáis un método de adivinación completamente gratis, para compensar el… accidente —Miró de reojo a su pokémon, con expresión de circunstancias—. ¿Mejor?

    Mana cerró los ojos en respuesta, satisfecha.

    La supuesta adivina recuperó la normalidad, y señaló con un movimiento escueto de su cabeza todos los métodos que tenían a su alcance. En ese momento se percataron, al acercarse para ver mejor el puesto, que la dueña del puesto vestía un yukata verde con motivos florales. Parecía que se había tomado esa atmósfera tradicional y anacrónica demasiado en serio.

    —Omikujis, lectura de manos, tarot, astrología oriental, numerología, adivinación por nombre...—Enumeró rápidamente, para salir del paso. No parecía una adivina con demasiada dedicación, eso desde luego, pero a su vez resultaba poseer confianza y conocimientos de la materia de sobra—. Podéis escoger varios, pero solo el primero será gratis, claro.

    A simple vista uno pensaría, por su actitud desinhibida y su picaresca, que aquella joven se trataba de una persona disfrazada de adivina, y no una como tal. Pero había algo en ella, en las energías que sentían a su alrededor y la ligera opresión en su pecho que evidenciaban la existencia de algo más. ¿De verdad podía ver espíritus? ¿Cuál era la fina linea que separaba una broma de la realidad?

    Se inclinó entonces, misteriosa, llevando un dedo sobre sus labios. Cuando la luz del farolillo incidió finalmente sobre sus ojos, lejos de la penumbra de su escondite, descubrieron que estos se encontraban cubiertos por una densa niebla.

    ¿Acaso ella…?

    >>Si queréis el segundo... —les advirtió, astuta. A veces era difícil dilucidar si se encontraban frente a un tanuki o un kitsune. Compartía su mismo carácter taimado—, me temo que tendré que llevarme a la asustadiza ave como ofrenda.
     
    Última edición: 30 Abril 2026
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    Yuta no esperaba para nada lo que estaba a punto de pasar. Salió corriendo hacia el puesto de adivinación ignorando los reclamos de Poly como quien escucha la lluvia caer. Estaba dispuesto a poner fin al engaño. Tohru y Aika eran demasiado inocentes y siempre caían en todo tipo de bromas y estafas—la mayoría del tiempo él mismo era el causante— pero, ¡eh!, un niño de seis años tenía que tener aficiones o se la pasaría viendo vídeos de dudosa calidad en Pika-Tok todo el día.

    —¡Déjame, pájaro calvo!—protestó cuando el Chatot finalmente lo alcanzó aferrando sus garras a la tela de la sudadera verde—. ¡Ya soy un niño mayor! ¿Es que no me ves?

    Le traía sin cuidado si sus actos de rebeldía o no eran del agrado de su hermana, estaba haciendo eso por ella. ¡Por el honor de la familia Izumi! Había perdido la cuenta de la cantidad de estafadores y mediums que habían ido a visitar sus padres en un intento por contactarse con Minato. Pero él no era ingenuo, lo único que buscaba esa gente era fama y dinero, nadie iba a contactarlos con su hija fallecida. Minato no... Minato no iba a volver nunca, ¿por qué era tan difícil de asumir?

    No quería volver a ver a Aika llorar como aquella vez.

    Repentinamente, mientras discutía con Poly, una brisa fría los sacudió a ambos de pies a cabeza. La joven del puesto de adivinación estaba hablando, su voz baja y críptica, y nada de lo que decía parecía hacer sentido. ¿Valientes o insensatos? ¡Él era valiente, claro que sí! Y quiso demostrarlo sacando pecho y alzando el mentón, como si tratara de proteger a Poly sobre su hombro aunque era menudo y enclenque. Si se acercaba a la mesa, probablemente apenas pudiese asomar la cabeza por encima.

    Se frotó bajo la nariz con el índice, ufano.

    —No sé lo que estás diciendo, esfatadora. Pero yo, Yuta Izumi, acabaré con tu reinado del terror ahora mism— ¡Ah!

    Todo su cuerpo se estremeció ante la sensación gélida que recorrió su nuca. Fue como si alguien o algo lo acabase de tocar con un hielo frío. Alarmado pero tratando de no demostrarlo, giró rápidamente la cabeza hacia Poly.

    —¡Deja de intentar asustarme, pájaro calvo!

    Pero Poly... estaba mucho más aterrado que él. Aleteó y varias plumas salieron volando en direcciones arbitrarias.

    Mimi Honda

    Miki y yo llegamos justo a tiempo para presenciar el lamentable espectáculo que siguió. Después de una puesta en escena digna de una película de bajo presupuesto, Poly practicamente se lanzó a los brazos de Miki, balbuceando aterrorizado.

    El propio Yuta también había salido corriendo en mi dirección y se aferró a mi pierna, ocultándose detrás de mí.

    ¿La culpable? La tipa de cabello verde del puesto de adivinación. Se estaba riendo a carcajadas como si lo que acabara de hacer fuera una hazaña risoria. Fue su Gardevoir, mediante telepatía, quien tuvo que darnos una explicación. ¿Espíritus? ¡Ya había tenido suficiente de eso con Elisa, gracias!

    Mi propio cuerpo se tensó cuando un Gastly burlón se materializó detrás de mi y dio una vuelta a mi alrededor entre risas. Si bien los bichos eran mi mayor terror, tampoco tenía gran afinidad con los fantasmas. Eran tramposos, burlones o malvados sin más. Leer sus entradas en la pokédex era ser testigo del horror.

    —¡Woah! ¡Era un Gastly!—Yuta apretó los puños, molesto—. ¡Tramposa!

    No estaba de humor para aguantar tonterías de nadie pero sí estaba dispuesta a aceptar el ofrecimiento gratuito. Ahora más que nunca necesitaba orientación. Era indiferente si me la daba una persona o el universo.

    Aquella adivina no me inspiraba realmente ninguna confianza, aún menos después del lamentable espectáculo, pero tenía el presentimiento, quizás la corazonada de que había algo más detrás de todo. Al menos parecía tener conocimientos de los diferentes métodos de adivinación y su Gardevoir no parecía aprobar su comportamiento. No sabría decir si un pokémon tan puro estaría del lado de una estafadora o no.

    Y sus ojos... sus ojos parecían nublados, cubiertos por una capa blanquecina y acuosa. La realización me golpeó con contundencia. Si era ciega y su Gardevoir hacía las veces de lazarillo, quizás había algo más que estaba pasando por alto. Después de todo, solía suceder que cuando se perdía un sentido se agudizaba el resto.

    ¿Fuera cómo fuere? Me daba igual. Situaciones desesperadas exigían medidas desesperadas.

    —Corta el rollo, ¿quieres?—torcí con exasperación cuando siguió intentando asustar a Poly y sin darle espacio a réplicas, extendí la palma de mi mano en su dirección—. Si todo eso que dices es verdad, dime: ¿qué ves en mi futuro?
     
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