Microrrelato Onfroi y la piedra

Tema en 'Nano y Microrrelatos' iniciado por Aldo MV Gallardo, 15 Abril 2026 a las 10:15 AM.

  1.  
    Aldo MV Gallardo

    Aldo MV Gallardo Sonríe, amigo mio.

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    Escritor
    Título:
    Onfroi y la piedra
    Clasificación:
    Para todas las edades
    Género:
    Ciencia Ficción
    Total de capítulos:
    1
     
    Palabras:
    454
    Onfroi y la piedra

    Los dioses bajaron de las estrellas un día y dejaron una piedra en el centro de la urbe de la humanidad. Sobre la piedra, un texto tallado en un lenguaje desconocido. Solo una frase venía en una lengua humana:

    “Quien pueda leer la piedra descubrirá los secretos de la eternidad.”

    Los líderes del mundo tomaron la piedra y la guardaron en una bóveda para estudiarla. Durante años, la piedra se volvió un símbolo de fanatismo para los estudiosos de las lenguas. Fue la causante de la locura de más de un estudioso y creadora de miles de teorías fallidas.
    Onfroi, el hijo de un científico que investigaba la piedra observó la piedra con detenimiento. Era la obsesión de su padre y, futuramente, su obsesión.
    Al pasar los años, su padre murió habiendo escrito un buen puñado de teorías; sin embargo, Onfroi lo recordaba lamentarse en su lecho por no haber encontrado el significado de la piedra.
    Onfroi, quien para esos tiempos ya era un investigador iniciado en la piedra, de pronto desapareció. Tomó la herencia de su padre y se alejó lo más posible del poderoso hechizo que ataba la piedra sobre los curiosos.
    El joven se volvió hombre al pasar por selvas llenas de especies que nunca creyó ver en persona; cuando cruzó desiertos infinitos donde el sol se movía más lento que en otros territorios; cuando tocó hielo que siempre ha sido hielo; cuando las tormentas elevaron las olas en los inmensos mares nocturnos… En sus viajes conoció el amor un par de veces, también la amargura de este. Encontró amistades en un día, también uno que otro enemigo… Comió cosas que nunca se imaginó que llegaría a comer: bichos, aves, algún que otro mamífero, algún que otro reptil, más de alguna fruta extraña o alguna hierba milagrosa. Se enfermó también más de una vez.
    Caminó, y caminó, y caminó; sobre ello vio, y vio, y vio; al mismo tiempo que pensó, y pensó, y pensó.
    Presenció actos de suma crueldad, así como las fiestas más grandes de amor.
    Y el hombre se volvió viejo. Su amor por el conocimiento y las lenguas lo guiaron a ser maestro en sus últimos años. Enseñó cada lección aprendida con humildad y pasión, hasta que sintió que no tenía nada más que decir.
    Cuando sentía el fin llegar, realizó su último viaje: regresó al sitio de la piedra, donde al pasar por el pasillo observó decenas de hombres tratando de descifrar sus secretos. Les deseó suerte en silencio.
    Llegó a la piedra, curioso, pero sin fanatismo. Y leyó.
    Ese día, de la sala de la piedra nunca salió Onfroi. Nadie nunca lo encontró.
     

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