Prisión Rostiz

Tema en 'Lost Future: The Last Chance' iniciado por MrJake, 2 Abril 2026.

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    MrJake

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    Gigi Blanche

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    La respuesta del hombre fue tan serena que consiguió aplacarme, al menos lo suficiente para frenar mis quejas. Volví a relajar el cuerpo sobre la camilla y acabé con la vista clavada en el techo. Sanos y salvos, ¿eh? La mención de la Prisión Rostiz, sin embargo, reanudó mi tensión y me eché una ojeada a mí misma. ¿Esta era ropa de paciente... o de recluso? El tipo pronto confirmó mis temores y sentí una presión desagradable contra las costillas. Bueno, ¿qué podría haber esperado luego de semejante espectáculo? Sólo me había faltado escupirle a Valiant en la cara.

    Siguieron hablando, pero las voces se mezclaron con el ruido blanco que me latía en los oídos. De un segundo al otro cobré consciencia y giré el rostro hacia Marcoh, preocupada. Efectivamente, él también portaba esa "ropa de preso". No dije nada, pues en ese momento se abrió la puerta y yo arrugué el gesto. Comenzaba a hartarme de los putos robots. Me senté en mi camilla con cierta lentitud y mis ojos se abrieron, consternados, al ver que se llevaban a Marcoh. El impulso de decirle algo, lo que fuera, se extinguió en mi garganta y sólo pude seguir su recorrido en silencio. Aún me sentía adolorida y algo entumecida, pero bastó para endurecerme el estómago.

    Esto no pintaba nada bien.

    El silencio fue denso y opresivo. ¿Que nuestro jefe estaría bien, decía? La sombra de una mueca me sobrevoló los labios. Vaya, qué detalle, y yo que me moría de preocupación por él. Entendía mi posición, sin embargo, al menos ahora era bastante consciente de que no tenía margen para ninguna estupidez, no encerrada en una prisión subterránea y separada de Zuki. Sostuve la mirada de la Ferroregente en profunda seriedad y oí los cargos de los que se me acusaba sin pestañear, aunque los latidos de mi corazón fueran casi dolorosos. ¿Diamond y Xenodis... estarían aquí también? ¿Adam? Vince...

    Entendía que las dichosas misiones eran órdenes, no invitaciones, y de todos modos el encarcelamiento no era una opción para mí, no si eso libraba a Zuki a su suerte. Lo recordé de repente, aún recuperándome del aturdimiento, y mi semblante se deformó. Zuki... Le habían drenado la energía. Ahora era un pequeño Tinkatink y no sabía absolutamente nada de ella desde entonces. ¿Se habría despertado? ¿Estaría bien?

    El tipito verde hizo sus preguntas mientras yo recuperaba la compostura, aún sentada en mi camilla. Me forcé a relajar mi mano, empuñada en torno a las sábanas.

    —Cuando chocamos... o cuando me pareció que chocábamos, hubo una especie de resplandor que me cegó por completo... y después de eso no recuerdo nada. No es que mis embarcaciones se estrellen todos los días, pero ciertamente no se sintió como un choque ordinario. ¿Qué fue lo que ocurrió?
     
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    Caos en el barco.

    Entre todos los gritos, las miradas a un Valiant negociante con su subalterno y el pánico mucho más cercano de Marcoh, yo solo pude mantener la calma. ¿Qué más le íbamos a hacer? El choque era inminente. Lancé un largo suspiro y negué con la cabeza.

    Hasta aquí, supongo. Es lo que hay.

    Eso sí, resonó algo dentro de mi cabeza. Hablaban de mí, de Lucas, de otros ocho. Los diez.

    Éramos moneda de cambio, interés en algo más que mi pasado... O lo que fuera que vieran en Lucas. Sentí tensión en la espina, hacía mucho que no volvía. Lo sabía por experiencia: Juntarnos a todos invita a la desgracia.

    ¿Qué importaba eso ahora? Con uno menos...
    Aun si el resto está bien.
    Aun si ella... Espero esté bien...

    No suena tan mal acabar atravesado.

    Se reirán de mí en la otra vida, estoy seguro, pero no...
    ...

    Y así, por fin, todo se apagó.

    ...
    ...
    ...

    O no.

    Podía abrir los ojos otra vez. Un pestañeo a la vez, dejando que el blanco de unas paredes desconocidas fuera poco a poco aclarándose entre la bruma enturbiando mi mirada hasta que una voz desagradablemente alta me regresaba a la vida.

    ... Bah...

    Mover los ojos no solo me hizo darme cuenta de la situación, sino me trajo más sensaciones de mierda.

    Nauseas y mareos, el cuerpo me tiritaba en parte por un frío que solo vientre evitaba. Corrí la vista a ese lugar para hallarme con vendas arropándome, tapando lo que describió ése sujeto como una adición más a la colección. No desencajaría entre zarpazos, otras suturas y algún que otro balazo, pero...

    ¡...!

    Mis manos atadas no impidieron que me retorciera y- Mierda, no debí moverme, agh. Punzaba desde dentro, ardía desde fuera y encima estaba la sensación de sentirme ya débil potenciando todo. Perdí mucha sangre, no era primera vez, y peor si me estaba sacando un poco más en esa jeringa recostada sobre la mesa a mi lado. ¿Por qué? Cosas de médicos, ¿qué voy a saber de eso? Aunque honestamente siento que me hubieran drenado la mitad del estanque.

    Oigo sus palabras y mi expresión es un poema: Me duele. Pero las respuestas, tal como dice él, llegarán de una u otra forma.

    Nada—Me sale la voz casi en un gruñido, no es hostil, sino producto de la situación.—... No tengo... Nada de eso.

    Al menos podía ahorrarme más dolor.
    Tampoco es que pueda pensar en otra cosa.
     
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    Kcalbdelaperdicion

    Kcalbdelaperdicion MFL Refugee XIII

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    Nada, ni una vara para poder atar mi pie. Lo que proveia este lugar era lo absolutamente esencial. Tal vez ni siquiera eso. Podría usar alguna de las mudas de ropa, pero no quería meterme en problemas por destruir aquello... Decidí acostarme, manteniendo mi pie tan inmóvil como fuese posible.

    Cerré los ojos. Mi estadía en la prisión pintaba ser mucho mas larga que mi tiempo de recuperación.

    El sonido de la puerta abriéndose me hizo levantarme de golpe, mi pie a penas tocó el suelo, pero la molestia estaba presente sin importar en que posición estuviese.

    Es la hora de la salida. Disfrútala. No se garantiza que las tengas a menudo. Camina detrás del Ferropalmas, y tranquilito.

    Qué amables — camuflé completamente mi sarcasmo — Desgraciadamente no me encuentro en las mejores condiciones.

    Me levanté sin disimular la mueca de dolor que apareció cuando el pie se apoyó en el piso. Tal vez exageré un poco, pero había que vender la idea.

    — Mi pie no me va a permitir ir muy lejos, ¿Podrías darme una mano? —dije casualmente, de la misma forma en la que pedirias un favor a un amigo.

    No que yo tuviese muchos de esos.

    El guardia me observó de arriba a abajo, que se pensara la respuesta me daba un poco de esperanza.

    Otro de los prisioneros me hablo a cierta distancia, ya había salido de su celda, era el tipo que había observado antes. Sus ojos tenían un destello compasivo. No era algo común en un régimen como este. Hace mucho que el egoísmo era la herramienta más efectiva para sobrevivir.

    — ... Sí, una mano estaría bien... o un hombro si eso — murmuré
     
    Última edición: 14 Abril 2026 a las 9:41 AM
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    MrJake

    MrJake Game Master

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    Módulo de alta seguridad

    Como pasó con el resto, a ti también te llevaron inconsciente. Quizá era una forma que evitaseis conocer cómo era exactamente el acceso a la Prisión; algo que solo tenía sentido, en realidad, si alguna vez ibais a salir. Cosa que no tenía pinta de ser su intención, después de todo. Quizá era mera paranoia de Chance, o de quien fuese que gestionaba aquel lugar. Importaba poco la razón, realmente. Al final, la realidad era la misma.

    Habías hecho una verdadera speedrun de acabar encarcelado en Valthyria. Te bastaron poco más de diez pasos una vez cruzada aquella frontera, y ya fuiste detenido. E Ingrid, "amablemente", procedió a cumplir su amenaza y mandarte allí. Al menos, gracias a su comentario sabías el nombre del sitio: estabas en la Prisión Rostiz. Eso estaba claro.

    Parecía ser que lo que hizo saltar las alarmas de verdad no fue que intentases robar, ni que llevases un pokémon... pokémon que, por cierto, no estaba en ninguna parte, para variar. Habrías deseado que se hubiese podido colar en tus ropas, pasar desapercibido y entrar contigo, pero suponías que no era fácil ni siquiera para él. Te cambiaron de ropa, después de todo: ahora ibas todo de blanco, vestido así de pies a cabezas, con un aburrido, monótono, y absurdamente sencillo blanco. Y Gimmighoul no estaba.

    Pero no, no fueron esas cosas las que te aseguraron ticket de oro en la prisión. Ni siquiera mentir sobre tu identidad; fue tu identidad en sí lo que claramente hizo que acabases allí. O, al menos, "allí" en cuanto a la ceda concreta en la que te metieron: una que tenía demasiado espacio como para ser "normal", y el hecho de que había solo una celda a cada lado, las cuales apenas alcanzabas a ver a través de los barrotes, y que el pasillo estaba condenadamente vacío y silencioso... te hacían pensar que estabas en un sitio especial. Sí, desde luego, que fueses "Ian Lockhart" te ganó un trato especial, significase eso algo bueno o malo.

    Ya el tipo que te falsificó la tarjeta, al menos, no tendría nada con lo que chantajearte, el destino solito se encargó de usarlo en tu contra. Que le jodiesen a sus estúpidas bobinas.

    Contigo, en fin, pasó el mismo protocolo que Emily, Mimi y Alpha pasaron, sin que tú supieses nada de que ellos estaban allí, claro: al segundo día de tu estancia, se te presentó la Ferroregente, indicándote que de te llevarían ante un médico. Este era uno cubierto hasta arriba de ropa negra, solo dejando ver los ojos, y te hizo preguntas rutinarias y exámenes básicos. Luego, siempre empujado por otro "Ferropalmas", volviste a subir en el ascensor, y de vuelta a la celda. No se te dio explicaciones, ni nada más. Todo lo que te daban era comida tres veces al día, y... ya. Poco más.

    Otro día más, simplemente, pasó.

    Tres días de encarcelamiento

    Al tercer día allí fue cuando algo muy, muy especial pasó. Algo distinto. Demasiado distinto. Observaste a un Ferropalmas, que usualmente nunca pasaban por allí, escoltado por la Ferroregente. Y al pasar ante tu celda, te diste cuenta de algo: el ferropokémon grandote llevaba algo en sus manazas. No, de hecho, no "algo": a "alguien". A una persona que llevaba un aspecto horrible, que estaba ya vestido con ropa de celda y claramente inconsciente. A penas lograste discernir sus rasgos... pero habrías jurado que la cara te era familiar. Vagamente familiar. Lo viste por poco tiempo, pero... te sonaba de algo.

    Lucas.jpg


    Parecía que había un nuevo prisionero. Y escuchaste que lo arrojaron en una celda no demasiado lejos de ti; asomándote al pasillo que ya sabías que era circular, te pareció escuchar que estaría a dos, quizá tres celdas de distancia. Te sorprendió eso: no te cruzaste a nadie más en tu viaje a la consulta de aquel médico, habrías jurado que estabas solo allí. Debería haber espacio más que suficiente para albergar a gente, y, sin embargo, lo ponían bastante cerca.

    ¿Acaso empezaba a acabárseles el espacio viable? ¿Acaso solo así podían mantener distancia con todo el mundo?

    ¿Cuántas celdas había, por cierto? En tu viaje al médico, la única vez que saliste, contaste, sumando la tuya... cuatro. Y apenas cubriste un cuarto del área de aquel enorme pasillo circular. ¿Veinte celdas, quizá?

    Pensar en aquellas cosas podía ser una pérdida de tiempo, sí. Pero... quizá era la mejor forma que tenías de distraerte. La alternativa era la pura desidia y desesperación, después de todo.

    Al menos la comida estaba cerca. El guardia no debía tardar en llegar, después de todo.


    ***


    Graecus

    Si te preguntaban cómo habías conseguido entrar allí, seguramente habrías tardado horas en explicarlo. Posiblemente, ni siquiera sabrías cómo hacerlo.

    Mencía te dijo que ella tenía que quedarse fuera, pero que tenían "recursos" y estaban todos preparados para ayudarte a acceder. ¿El plan? Infiltrarte, como hizo su compañero, en aquella cárcel con el objetivo número uno de encontrarle a él y asegurarte de su seguridad, y el objetivo número dos de, de paso, tratar de salvar al amigo de la chica, el tal "Florián". Por supuesto, era mucho, mucho, mucho más fácil decir todo aquello que hacerlo, pero confiar en los "recursos" de la resistencia parecía ser todo lo que podías hacer.

    Mencía te lo dijo claro, sin embargo.

    "El problema de este método —explicó—, es que con él podrás entrar de forma relativamente fácil. Pero salir... no lo será tanto".

    Quizá por eso él se quedó allí abajo, después de todo. ¿Ibas a unirte a esa loca idea? ¿Cómo narices habías terminado así?

    "Allí abajo no hay miembros de la División de Control, al menos que sepamos —te dijo, también—. Por lo que no habrá problema en mostrar tu rostro cuando puedas; mientras no digas tu nombre real, no sabrán quién eres. Y no te pasarán un escáner identificativo... salvo una sola vez. Pero eso es cosa nuestra, ¿vale? Confía en nuestros recursos".

    Los dichosos... recursos.

    En fin, bajar por aquel agujero enorme en mitad de un jodido desierto podría parecer la parte más difícil, pero fue, de hecho, la más sencilla. Relativamente hablando. Existía toda una bajada rocosa haciendo espiral en un borde, tan perfectamente tallada en la propia piedra que resultaba imposible visualizar cómo demonios habían fabricado aquello. Pero lo habían hecho.

    Por el camino, viste un par de robots que parecían Marowaks, que, al verte enfundado totalmente en negro salvo por la cabeza, se quedaron mirándote, curiosos. Pero no hicieron nada. Se apartaron, te dejaron pasar, y luego volvieron a montar guardia, bloqueando la bajada a otros que decidiesen acercarse. ¿Solo con ir de negro era suficiente, o qué?

    FERROSOLDADO.jpg

    No te dio tiempo a apreciar un ligero cambio en esos robots, sin embargo. Algo pasó con ellos, pero tú, en principio, no lo notaste.

    Sí que lo notaste cuando te encontraste el segundo bloqueo. Esta vez, uno de los Marowak fue rápido en agarrar su "hueso" y convertirlo en una espada, y estuvo apunto de apuntarte con ella, cuando, de repente...

    Simplemente se detuvo. Y, como los anteriores, se apartó para dejarte pasar. Así lo hizo un tercer bloqueo, este de una especie de Gallade o Gardevoir, que eran Ferropaladines, que vigilaban con cuidado la zona.

    A ellos le notaste algo mucho más claro. Sus ojos... se convirtieron por unos instantes en estrellas extrañas. Fue rápido, lo suficiente para apartarse y, luego, apagarse casi por completo. No entendías mucho qué pasaba, pero suponías que ese era el truco de la resistencia. Parecía que sus "recursos"... eran la mágica posibilidad de manipular robots. Al menos en cierta medida. De alguna forma desconocida.

    Entraste al final en una edificación, y ahí te perdiste entre pasillos, escaleras, bajadas y subidas. La mayoría, eso sí, bajadas. Muchas, muchas bajadas. Una chica jovencita, vestida igual que tú, morena, menuda y frágil, con un aspecto sensible, fue la que te recibió y te guio por el camino. Se le veía algo extraña, estaba como... desganada, de alguna forma. Agotada, quizá. Te guiaba casi por inercia por allí, dando pasos lentos, cansados. Curioso, cuando su rostro se mostraba mucho más jovial.

    Él, en fin, te explicó un poco todo. Tú solo le soltaste el discurso que te dijo Mencía: decir que eres el nuevo trabajador, que venías a dar apoyo dadas las nuevas incorporaciones, y que debían haber recibido el aviso el día anterior de tu llegada, de parte de la División de Servicios. Ella, de hecho, hizo algunas comprobaciones al decirle aquello, y no protestó... por lo que intuías que, de alguna forma, no detectó la mentira.

    ¿Más de la magia de los "recursos", quizá?

    —Bueno, en fin —te fue explicando durante la larga caminata—. Yo llevo aquí muy poco tiempo, también. Mi nombre es Viola... me han asignado a enfermería.

    >> Ya te dirá una Ferroregente cuál es tu puesto, pero primero deberás pasar por el escáner. Las cosas aquí, ya te darás cuenta, son... bastante estrictas. Pero bueno, te las apañarás. Creo que venías para gestión de presos, ¿no? Entonces te tocará atender al módulo que te asignen, llevarles comida, y poco más. Las políticas que me han dicho que te den son solo un par, atiende bien...

    Vaya. Realmente parecía completamente abatida. Hablaba sin ganas. Miraba al suelo al andar. Estaba como deprimida. Como si hubiese perdido toda esperanza, de alguna forma.

    —Jamás, bajo ningún concepto, puedes quitarte la "máscara" delante de los internos. Prohibido por completo. Si te ven la cara, lo mejor que te puede pasar es que acabes encarcelado como ellos.

    >> Nunca debes hablarles, por mucho que ellos te digan cosas, salvo autorización expresa de tu Ferroregente. La otra excepción a esto es que sea la hora de la salida, ahí puedes hablar para dar instrucciones; toca una cada tres días, y los internos están cuatro horas por las inmediaciones a la prisión, en todos los módulos. Bueno, salvo en uno, creo, pero no creo que te manden ahí, siendo novato. Si te toca guardia en el "patio", esa es la peor parte, por lo que he oído. Te darán un táser y una porra, úsalas sin duda alguna en caso de que haya cualquier vulneración de las normas, altercado o trifulca. Solo los nuevos presos dan problemas, los que llevan un tiempo... saben que no compensa.

    >> Tendrás una sala de descanso donde sí podrás quitarte la máscara, con otros compañeros. Hay una cafetería, los alojamientos de los trabajadores, y varias instalaciones más. Las salas son comunes, supongo que... nos veremos por allí, quizá. O quizá no, no sé. Esto es muy grande, y hay mucha gente.

    Miró luego hacia atrás, observando a Varoom. Todo el tiempo había avanzado con lentitud, detrás de ti, pegado al suelo.

    —El pokémon —dijo, señalándolo con el dedo pulgar— se quedará en una sala especial para ellos. Podrás visitarlo a veces. Algunos tenemos compañe... herramientas aquí, después de todo. Pero salvo que sean necesarios, no podrá salir de allí. Solo se autorizará su salida por orden expresa de una Ferroregente, y usualmente para usarlo para disuadir altercados o en... ciertas ejecuciones, si procede. Pasa a veces. Yo no he visto ninguna en este puñado de días... por suerte.

    Tragó saliva al decir eso. Juraste haberla visto temblar por un instante. Esa chica no quería estar allí, era más que obvio, pero... parecía no tener alternativa. O tener una alternativa mucho peor, de algún modo.

    Te siguió diciendo algunas cosas más: que la Ferroregente que te asignasen (fuese lo que fuese eso) sería tu jefa directa, pero que los "Ferropalmas" podían recibir ciertas órdenes de tu parte y las acatarían, pero solo para ayudarte en tareas de sometimiento y escolta, en su caso. Y te habló de los "Ferrocentinelas".

    —Ignóralos. Dan... algo de miedo, la verdad. Pero no tienen nada que ver con nada, solo están como... fuerza armada, junto al resto de la División Militar. Algunas Ferroregentes los usan para imponer respeto. Pero solo colaboran; no están al mando de Madame, después de todo.

    Finalmente, llegasteis a... algún sitio. Te habías perdido, entre tanta escalera y pasillo, pero sí supiste que, en un punto dado, empezaste a cruzar un estrecho puente que pasaba por encima de un enorme vacío. Y, a mitad del mismo, una puerta esperaba.

    Fue allí donde viste a un robot apostado... uno de esos Ferropolilla, de esos Volcarona metálicos. Y ahí recordaste las últimas palabras de Mencía. El último de los trucos de sus "recursos".

    "... cuando te escaneen —explicó entonces—, tirarán de la base de datos. Estás ahí, bien clarito. Pero... podremos modificarla por unos instantes, solo unos poquitos. Lo suficiente para que no te identifiquen como Drake... como uno de los "holders", como le llamáis".

    El Ferropolilla, así, te escaneó a ti, luego a Viola. Y sus ojos brillaron.

    "Recuerda, eso sí —siguió diciéndote, en su momento, Mencía—. Ten cuidado".

    —... IDENTIDAD VERIFICADA —dijo el robot, en voz mecanizada—. ACCESO AUTORIZADO.

    "... si te vuelven a escanear, ya no habrá vuelta atrás. No podremos cubrirte las espaldas dos veces. De ahí... que te vaya a costar salir".



    ***


    Un par de horas después, ya te habían separado de Varoom, y habías accedido a las zonas comunes. Te cruzaste con múltiples trabajadores, todos vestidos como tú, totalmente de negro. Algunos, incluso, aún llevaban la máscara encima, cubriendo sus rostros y dejando ver solo los ojos. Parecía que había gente que se sentía cómoda llevándola, después de todo.

    Te asignaron una habitación, y pudiste comer algo en la cafetería antes de que llegase la Ferroregente que iba a ser tu "jefa".

    Pero el momento, claro, llegó. Y se presentó ante ti.

    —Hola, recluta —dijo al entrar. Estabas con ella en una sala de reuniones vacía, donde te mandaron para esperarla. Y, cuando la viste, ella se contoneó hasta acercarse al otro lado de la mesa. No se sentó; no sabías ni si su morfología se lo permitiría—. Me presento. Soy la Ferroregente TS4-1100, encargada de la gestión de personal. Al parecer bienes a dar apoyo al área más necesitada.

    Alzó su batuta, la cual hizo girar.

    —Asistirás en uno de los módulos de internos, recluta. En uno muy especial. Espero que estés preparado.

    De repente, paró la batuta, y la dejó apuntándote. Tu corazón casi se detiene cuando un escáner empezó a recorrer tu cuerpo, surgiendo de aquel aparato. ¡P-Pero Mencía te dijo que...!

    —... valores biométricos generales aceptables. Masa muscular media. No veo necesario que pases por enfermería general... podemos hablar de tu trabajo directamente, si quieres.

    ¿Uh? ¿No te detectó? ¿Ese escáner no era... para tu identidad, acaso?

    —Por favor: expresa todas tus dudas al respecto del empleo. Según tengo entendido, te han dado pautas generales. Entiendo que tendrás cuestiones al margen de estas. Es el momento de preguntarlas.


    Hello Juanjo y George uvu Aquí podéis arrancar los dos, sé que especialmente lo de Grae is a lot again, pero quería colocar a Drake en una posición más cercana ya a la trama de verdad y ahorrarme varios posts de entrar en el sitio, explicaciones, y blablablabla, así que lo aligeré todo hasta dejarle ahí. Con Ian, como podrá ver, no le dejé nada concreto aún porque así le doy espacio para que me ponga un (1) post inicial y a partir de ese ya arranco (lo cual me permite ganar tiempo también para que otros posteen, potencialmente, y así responderle junto a otra gente y poder hilar tramas si procede, está todo pensado ewe.

    Respecto del resto: únicamente le voy a soltar aquí post a Neki (y por extensión a Kat) porque estaba pendiente de un check y además su post es ligerito, y eso les permitirá ya reubicarse en el otro tema. Al resto os prometo y reprometo que os respondo, pero será todos a la vez y mañana o pasado, lo siento la vida adulta es durísima (?) Again, así aprovecho si alguien más postea y tiro a todos pa'lante hehe


    ***


    Nekita (y Kcalbdelaperdicion)

    Pensaste en esa mención de "tercera" que hizo el guardia. ¿A qué... podía referirse? ¿La tercera celda, puerta, o algo así, como una especie de pista para saber dónde dirigirte? No tendría mucho sentido, dado que no tenías idea de la estructura de la prisión, y eso debería saberlo; no te lanzaría un mensaje en clave si no podías deducir el código correctamente.

    ¿La tercera comida? No, tenías solo dos al día. ¿La tercera noche? Podía ser, tal vez. Tal vez se refería a la próxima noche, la del tercer día desde tu encarcelamiento. Era una posibilidad. Quizá esta noche pasaría algo especial, o te daría alguna información extra, otro mensaje oculto, algo. Aunque eso tenía sus puntos débiles, por ejemplo, no tenías certeza de que él pudiese saber cuánto tiempo llevabas en la prisión, exactamente (no parecía saber exactamente si eras Dante o no, después de todo). Pero, aun así, era algo plausible, quizá lo más plausible.

    Sin embargo, intentaste pensar un poco más allá. De otra manera, desde otra perspectiva. Tenías que tener en cuenta algo: no sabías quién era, y le preguntaste justo entonces, a través de tu mensaje oculto, por su identidad o la de quien quiera que te estaba hablando: escribiste "H?" precisamente por eso. Quizá su mensaje iba más en la línea de tratar de decirte quién era H. O quién era él, o... las dos cosas, si es que eran la misma. Entonces, quizá, al decirte "tercera" de manera especialmente enfatizada, siendo una palabra normal y corriente para cualquiera que la escuchase, pero que al oírla tú, de algún modo, pudieses saber qué mensaje ocultaba. Claramente conocía de tu existencia, de tu nombre completo: por lo que, quizá, sabía que para ti "tercera" podía tener un significado especial, podía simbolizar algo que "Dante Miles" podría llegar a interpretar de una manera distinta; algo que, de paso, quizá te daba pistas para saber quién era "H".

    ... lo tenías al borde de tu mente. Estaba ahí, en algún lado. Tenías todos los hilos... pero te faltaba hacer el nudo.

    —Moveos, venga —presionó el guardia detrás de ti. Ayudando al chico de pelo grisáceo a moverse (lo hacía más o menos bien, pero cierto era que cojeaba un poco), no tuvisteis más remedio que seguir avanzando, las manos del Hariyama robótico empujando a todo el que se rezagaba.

    Y, al final, salisteis al exterior. O, bueno, todo lo "exterior" que era aquella cueva.


    Podéis postear desde ya en las Cavernas Rostiz.
     
    Última edición: 14 Abril 2026 a las 9:59 PM
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