Ciencia ficción Los Viajeros Vol. 2: Parte III: Ecos del pasado

Tema en 'Novelas' iniciado por Manuvalk, 12 Abril 2026 a las 3:36 AM.

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    Manuvalk

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    Título:
    Los Viajeros Vol. 2: Parte III: Ecos del pasado
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    Para adolescentes. 13 años y mayores
    Género:
    Ciencia Ficción
    Total de capítulos:
    1
     
    Palabras:
    6027
    Hola a todos/as y bienvenidos/as a la tercera parte de Los Viajeros Vol. 2, la continuación posterior a toda la historia inicial de Los Viajeros. Todo este universo ficticio de mi autoría se encuentra señalizado en mi blog con guía cronológica, de personajes e informativa, con el fin de añadir más comprensión y trasfondo.

    Quiero mencionar a mi querido amigo Reydelaperdicion porque ha seguido todo este universo desde sus inicios y a día de hoy aún se mantiene ahí, disfrutando del desarrollo de esta historia. No sé si disfrutará mucho de este comienzo de parte... pero al margen de eso, sé que sigue con interés esta trama y me alegra contar con él tanto para las leídas en simultáneo como para todo lo demás. Espero que, pase lo que pase, siga disfrutando de esto con la misma pasión de siempre.

    La publicación de esta parte va a comenzar siendo un poco extraña, ya que mi idea es publicar este primer capítulo y luego iré publicando los demás en función de mi progreso escribiendo, ya que no tengo toda la tanda de capítulos hecha y con cosas que hacer, dudo tenerla pronto. Sin más que decir, os dejo con la lectura.




    "Tercera ley de Newton: la única manera de que los humanos descubran cómo llegar a alguna parte, es dejando algo atrás...".

    Interestelar



    Sinopsis: Cinco años después del fin de la Guerra de los Dos Días, una paz enrarecida se ha instalado en Ibos. El nuevo Consejo Superior aboga por unir a las especies bajo el mismo manto de la AIE tras la corrupción orquestada por los operativos y el que fuera su representante superior, pese a que aún hay sectores de la población enfrentados entre sí. Además, el conflicto en Khara ha estallado entre los insurgentes y la milicia liderada por Zorin, quién mantenía un acuerdo con Akkor sin conocer que fueron saboteados por el mismo hacía mucho tiempo. Con un nuevo liderazgo intentando abrirse paso entre el sistema podrido de antaño y algunos personajes en nuevos e inesperados roles, los ecos del pasado resonarán más fuerte que nunca. ¿Podrán mirar de una vez por todas al futuro o están condenados a repetir los errores de aquellos que les precedieron?







    Lo que queda de ti



    — Aún no me puedo creer que hayan pasado cinco años desde que te perdí. Parecía ayer cuando el dolor inmenso que sentí me atravesaba como una espada, hasta el punto de colapsar. Te veo en sus ojos, ¿sabes? En esos preciosos y diminutos ojos verdes que ahora me miran con cada vez más preguntas, más dudas, más incertidumbre. Y no sé qué contestarle a nuestro pequeño cuando me pregunta por su padre; sé lo que es nacer y no tener uno. Creo que todavía no entiende lo que representa la muerte y yo tampoco me veo preparada para contárselo. Además, soy consciente de que ya no soy la mujer que era; el odio me consume. Me despierto con lágrimas, taquicardia, furia recorriendo mis venas mientras revivo una y otra vez tu intento heroico por salvarme de las manos de ese demonio. Es una pesadilla constante y sigue impactando como al principio. Quizá no se irá nunca, quizá nunca lo supere. No lo sé. Tendría que centrarme en nuestro hijo, lo sé, él me necesita y es todo lo que queda de ti, pero… No puedo. Es verle y verte a ti; es una copia tuya. Y cuando te veo en cualquier lugar, no siento tristeza o pena; siento rabia. Me odio por no haber evitado que ese hijo de puta te matara. Pero más le odio a él. Y algún día le haré pagar por ello.

    Karla veía brotar lágrimas de sus ojos a la vez que observaba con fijación un árbol donde había una pequeña placa en la cual se hallaba la siguiente inscripción: “Owen Crane Carver (2134-2208). Tu pareja, tu hijo y tus amigos te recordarán por tu bondad, tu coraje y tu alegría”.

    El cementerio —de árboles— solía estar vacío a primera hora de la mañana, momento en el que la mujer conocida por ser científica solía personarse para colocar flores a los pies del tronco del árbol que acogía las cenizas de su novio fallecido.

    Vaalot apretó los dientes con rabia casi instintivamente cuando recordaba por enésima vez el momento en el que el amor de su vida fue herido de gravedad, al igual que su mejor amiga, quién había logrado sobrevivir.

    ¡¡¡Todos de rodillas, esto ha acabado!!!

    Akkor se encontraba en shock, con el rostro girado para ver cómo Echo instauraba el fin de su tiranía y sometía a los pocos soldados renegados que quedaban con vida, quiénes depositaban sus armas en el suelo y se arrodillaban al ver que la batalla había concluido drásticamente para ellos.

    No obstante, cuando volvió en sí y se percató de que Owen se abalanzaba sobre él violentamente, instintivamente accionó el gatillo del Striker que portaba en sus manos. Una simple bala, un impacto directo cerca del corazón, un último sonido en el instante más silencioso que nadie nunca había podido escuchar.

    El cuerpo de Owen se sacudió en el suelo, cayendo boca abajo, a la vez que brotaba sangre de su boca. El hombre jadeaba, aún seguía vivo, pero todos los presentes se quedaron helados, incluso su ejecutor.


    ¡¡¡NO!!! — Gritó desconsolada Karla, colocándose a su lado — ¡¡¡NO!!!

    ¡Rápido, joder, buscad a un médico! — Exclamó Kendall, que se posicionó al lado de una Andrómeda que también estaba gravemente herida.

    ¡Uldi! ¡¿Dónde mierdas estás?! — Jackon se dirigió al exterior acompañado de Ebran y de sus kharaket — ¡Ve a buscarla, corre!

    K-Kar… Karla… — El joven Crane estaba sufriendo por poder decir algo a su amada — Yo te…

    No digas nada, cielo, no digas nada — Con un mar de lágrimas en los ojos, la científica lo tomó de las manos y le miró a los ojos — T-te vas a poner bien, ¿vale? Ya verás, seguro…

    Aguanta, Andro — El detective veía que la joven Vermeer también estaba mal, aunque la herida de su amigo se veía peor — Pronto vendrán los médicos.

    — Au, mamá… Me haces daño...

    Un niño de cinco años de edad recién cumplidos sujetaba de la mano a su madre, quejándose porque ésta, inconscientemente, estaba apretando su pequeña mano. Esa reprimenda de parte del chico hizo que Karla volviese en sí, liberando la mano de su hijo mientras se arrodillaba a su lado con una expresión de preocupación.

    — L-lo siento, Ástian, perdóname — La mujer bajó la cabeza para evitar que su hijo viese las lágrimas que recorrían sus mejillas — Estaba…

    — Da igual — Musitó el joven, de nombre Ástian en honor a la ciudad de Astea, lugar de su nacimiento — Siempre lo haces…

    El muchacho parecía hacer alusión a que no era la primera vez que su madre, sin darse cuenta, entraba en uno de sus trances —diagnosticado como estrés post traumático—, haciéndole daño inconscientemente y generando en el propio niño cierta resignación y distanciamiento con su madre, la cual llevaba cinco años sufriendo en todos los ámbitos.

    — No volverá a pasar, hijo — Karla se incorporó, quitándose rápidamente las lágrimas de su rostro — Te lo prometo.

    — Siempre dices que lo prometes y luego lo haces otra vez. Da igual.

    Los ojos verdes de Ástian se cruzaron con los ojos marrones de su madre mientras el pequeño se disponía a seguir la senda que le llevaría fuera del cementerio de árboles.

    El niño estaba empezando a desarrollar cierta capacidad de raciocinio —la que podía desarrollar a su temprana edad— y tal y como actuaban los más pequeños en ese contexto, se dedicaba a llevar la contraria a su madre o directamente decidía por su cuenta sin considerar a quién era la figura de autoridad.

    No era desobediente ni mucho menos un mal chico, pero sin lugar a dudas los problemas que llevaba años afrontando su madre le estaban afectado a él en su desarrollo general, algo que sin duda debía ser bien vigilado de cerca por un profesional de la mente.

    Precisamente en ese instante, la científica recibió un mensaje en su comunicador mientras seguía los pasos de Ástian.

    Recuerda que tenemos una sesión esta tarde.

    Karla llevaba prácticamente toda esa media década que había pasado desde la muerte de Owen acudiendo a una psicóloga, quién era la mismísima Rath. La neoniana montó una clínica privada con los fondos que el nuevo Consejo Superior le otorgó tras sus servicios en la expedición del Explorario, siempre y cuando se convirtiese en una ciudadana ejemplar que cumple con la ley.

    Ubicada en la propia ciudad de Astea —donde la belleza de las montañas y el aire puro de estas conquistaba a muchas personas—, Rath se había convertido en los últimos años en una psicóloga que empezaba a despuntar, especialmente debido a muchos casos de estrés prolongado y traumas que había dejado la Guerra de los Dos Días —tal y como fue bautizada la guerra civil ocurrida en Ibos durante ese lapso de tiempo mencionado—.

    — ¡Ástian, no te adelantes sin mí! — Karla le advirtió a su hijo.

    — ¡Qué sí! — Exclamó él, algo irascible en ese instante.

    La mujer lanzó un suspiro de cansancio evidente, debido no solo a las batallas internas que tenía sino también al ver a su hijo comportándose desde el último año de una forma que denotaba que se sentía frustrado con su madre. A diferencia de ella, el pequeño Ástian no podía sentir tristeza o dolor por la muerte de su padre Owen, ya que no lo conoció y le era difícil ponerse en esa situación al ser un niño aún.

    Sin embargo, había oído hablar mucho de él por parte no solo de su madre sino también de su tío Jackon, su tía Echo, su tía Andrómeda y demás personas que vagamente conocía.

    — Mira quién me acaba de escribir — La mujer apellidada Vaalot intentó cambiar el foco de la situación hacia algo más animado para su hijo — Andrómeda me ha dicho que si queremos almorzar con ella. ¿Quieres?

    — ¡Sí! — Contestó el prebenjamín Crane — ¡Quiero un zumo!

    — ¿De qué?

    — Pues… ¿manzana?

    — Manzana será.

    — ¡Vale!

    Karla sonrió esporádicamente al ver a su hijo dando un par de saltos de alegría, lo que contrastaba con su expresión facial hacía apenas un minuto. Sin embargo, antes de seguir avanzando para salir del ‘campo santo’, la mujer se paró frente a otro árbol en el que ponía: “Aquí yace el emisario honorífico Eeron, pionero en la unión de todas las especies”.

    — Cuida de mi Owen, estéis donde estéis, ¿vale?

    — Mamá, ¿con quién hablas? — Ástian se volteó al escuchar a su madre, deteniendo sus pasos.

    — Con un viejo amigo.

    […]

    La Casa Superior requirió de ciertos arreglos tanto en su infraestructura como en sus interiores, especialmente la sala de asambleas donde se solía reunir el mismísimo Consejo Superior. Aquel lugar fue testigo del fin del corrupto liderazgo de Akkor, pero también de la fatídica herida que terminó con la vida de Owen y que por poco también acababa con la de Andrómeda.

    Pasados cinco años —aproximadamente— desde dicho acontecimiento, el gobierno formado por los principales líderes de la sociedad instalada en Ibos tuvo que sufrir un proceso de cambio más que necesario tras despojar de sus títulos de consejeros tanto a Akkor como a Relic, con éste último asesinado a manos de Kendall. Así, para mayor equidad con todas las especies que conformaban la Alianza Interestelar de Especies —contando a los anixis, amparados desde hacía un par de años en el tratado de aliados—, se instauró un nuevo modelo de gobierno en el cual cada especie poseería un puesto de liderazgo, nombrando a alguien a quién considerasen su líder y por ende su representante ante el resto de especies.

    Fue así como se formó el nuevo Consejo Superior, esta vez sin una figura de máxima autoridad como lo era antaño el representante superior: los sylerianos mantuvieron en el cargo a su Elegido, el representante Omnius Paokt, quién había visto sus ocupaciones más liberadas tras haber pasado de encargarse de toda la AIE en Ibos a simplemente ser la voz de su especie. Los anixis, recientemente como miembros oficiales de la AIE, designaron a la consejera Ziba como su representante legal, lo cuál delegó en que Valtin dejase los asuntos políticos para dedicarse de nuevo a la vieja profesión que le dio tanto éxito; la ingeniería.

    Por parte de los neonianos, sus elecciones oficiales dieron por ganadora a Musna Alni —pese al intento de Kairos de presentarse a líder de los suyos—, una neoniana carismática que había ido ganando adeptos entre la ciudadanía de la Alianza tras la Guerra de los Dos Días. Mientras tanto, la humanidad preparó unas elecciones para elegir democráticamente —como hicieron otros— a su representante, erigiéndose como flamante ganador el médico general Brandon Gallagher. El joven adinerado fue quién presentó la mejor candidatura posible para liderar.

    Pese a que no todos veían con buenos ojos el tener en un cargo político a alguien con una fortuna a sus espaldas, la mayoría lo vio como una oportunidad de inversiones en los diferentes campos de trabajo —ingeniería, ciencia, medicina, agricultura— lo que sin duda favorecía la creación de empleo y la economía, siempre y cuando Brandon destinase parte de su dinero a todo ello. Además, su cargo respetado como médico general —los de su clase no abundaban por el momento— parecía darle más crédito que a otros candidatos que se postularon, algo que terminó por evidenciarse una vez salieron los resultados.

    Todas estas elecciones contrastaban notablemente con la de los kharaket; pese a que aún no formaban parte oficialmente de la Alianza Interestelar de Especies debido a que su conflicto en su planeta natal no estaba resuelto, el nuevo Consejo Superior decidió otorgarles un representante mientras buscaban una solución al problema. Esto llevó a que Ebran fuese nombrado como representante parcial de su especie, la cual no se había votado porque estaba en guerra. Y ese mismo tema era el que estaba sobre la mesa redonda de la sala de asambleas que había sido remodelada tras los destrozos en la Guerra de los Dos Días.

    — Pedimos prudencia ante todo — La consejera anixis había tomado la palabra tras la discusión algo acalorada que se estaba llevando a cabo desde hacía media hora — Es una obviedad que la sociedad kharaket aún no valora positivamente la intervención de la Alianza en Khara, especialmente si hay anixis formando parte de esta.

    — ¿Acaso les puedes culpar? — Aquel que representaba en tiempos difíciles a su gente, siendo Ebran, justificaba el rechazo de los suyos a los anixis y sus dudas para con las especies aliadas — Han sufrido mucho desde que la tecnología quedó inutilizada y ahora que sabemos casi con total seguridad que fue obra de Akkor y que Zorin decidió mirar hacia otro lado… Es un clima de máxima tensión en casa.

    — Tenemos a los subcomandantes Devom e Ikviek en el terreno, tratando de localizar el paradero del gobernador Zorin y la milicia — Omnius se veía tranquilo en lo referente al conflicto kharaket, pese a que este se había prolongado más de lo esperado — Deberías regresar a tu mundo y rebajar esa tensión, hacer entender a todos que la Alianza solo quiere ayudar y que no pretendemos someter a nadie. Llevaremos a Zorin y sus soldados ante la justicia y Khara será libre para decidir qué quiere hacer con su futuro.

    — Es algo que haré próximamente, consejero Paokt — Ebran no se tomó muy bien que el syleriano le indicara lo que tenía que hacer — Iré pronto.

    — ¿Se sabe algo de parte de los subcomandantes? — El representante Gallagher entró en la conversación, jugando con un anillo entre sus dedos — Hace semanas de su nueva misión en la ciudad de Siren y los recursos son limitados. Deberían reportarse pronto.

    — No seas impaciente, Brandon — La líder neoniana, llamada Musna, parecía llevarse bien con el humano dado que lo tuteaba — Te has vuelto muy controlador desde que destinaste varios millones de alianzas a las fuerzas del orden.

    — Lo soy porque la milicia siempre ha sido experta en malgastar dinero y recursos — Se quejó el médico general, ahora en un cargo político — Mi pensar sigue siendo el mismo; yo hubiese enviado directamente al equipo de élite que organizamos al principio de la legislatura.

    — ¿Los emisarios? — Ziba supo inmediatamente a quiénes se refería su compañero del Consejo — Ellos no están para infiltrarse en territorios hostiles, sino para explorar.

    — Bueno, a fin de cuentas, están capacitados casi para cualquier cosa — Musna no se andó con rodeos al escuchar a la anixis — Y tienen potestad para actuar fuera de la ley…

    — Parece que no hemos aprendido con el tema de los operativos — Visiblemente ofuscado, Omnius intervino para dar a conocer su opinión — Y vamos nosotros y creamos un grupo similar.

    — Eso ya se habló y se hizo, no tiene sentido sacarlo a la palestra ahora — Queriendo cortar de raíz un nuevo debate ajeno a lo que se estaba hablando principalmente, Ebran hizo uso de su puesto como consejero temporal para retomar el tema relevante del momento — Tal y como he dicho, planeo desplazarme pronto a Khara. Si los subcomandantes no han mandado información para ese entonces, yo mismo me comunicaré para daros una actualización del conflicto.

    — Perfecto, consejero Ebran — La ex emisaria y consejera anixis asintió con seriedad — ¿Algo más a considerar? Debo dar clase a los aprendices.

    — Todo claro por mi parte — Gallagher se colocó el anillo de oro con el que había estado jugando todo el rato.

    — Una vez tengamos información del estado actual de la misión en Khara, nos reuniremos nuevamente para tomar una decisión — Paokt se incorporó.

    — Entendido — La líder neoniana apellidada Alni no quiso dejar pasar por alto una cuestión más — Por cierto, ¿hoy no llegaba el Regente Kairos por aquel acuerdo comercial…?

    — ¡Es verdad, es hoy! — Omnius se echó las manos a la cabeza, lamentándose por no haberse acordado — Maldición, no revisé la agenda…

    — Deberíamos contratar secretarias — Afirmó Brandon, sin poder evitar sonreír de forma picaresca.

    — ¿Quién va a reunirse con él? — La anixis presente en la sala iba a estar ocupada.

    — Que aún tengáis acuerdos con ese ser ávido de poder… — El líder insurgente de los kharaket rechazaba la idea de tener trato con el neoniano que un día le propuso una alianza para controlar Ibos.

    — Descuidad, yo me reuniré con él — Decidió finalmente la propia Musna, viendo que parecía ser la única con más disponibilidad — Os informaré de todo, ya que nuestras condiciones las conozco. A ver las suyas.

    […]

    La visita de Kairos —acompañado de Tabitha Ezals, su pareja y segunda al mando en la colonia de Ceti Nosea— después de varios años sin pisar Ibos resultaba bastante extraña para el propio neoniano. Hasta entonces, el actual regente de la primera colonia en el planeta de exiliados reconocida por el nuevo Consejo Superior no había regresado al que fue su último hogar antes de la partida al espacio exterior con la expedición del Explorario, encargándose de todos los acuerdos comerciales la propia Tabitha.

    Usualmente, estas reuniones para tratar asuntos como los envíos de suministros a Ceti Nosea, el progreso tecnológico de la colonia y demás consideraciones se daban directamente con los emisarios —tal y como ocurrió una vez cuando Jackon apareció para entregarles el cargamento—, pero con el paso del tiempo se decidió que fuese de líder a líder; a veces se encargaba Ziba, otras veces Brandon y también Musna, a excepción de Ebran por su condición de representante extraoficial y de un Omnius que nunca tuvo en especial estima al rebelde neoniano.

    — Fíjate — Murmuró él en cuanto puso un pie en el muelle de atraque de la estación espacial en órbita con Ibos — Nos recogen en Ceti Nosea y nos reciben aquí con una comitiva de policías.

    Kent tomaba de la mano a Ezals mientras observaba cómo el muelle de atraque estaba bastante controlado por la autoridad del lugar, con la excepción de que esta vez se encontraba una de las consejeras del Consejo Superior esperándoles allí mismo.

    Musna había sido prácticamente una rival para Kairos en su intento por ganar las elecciones a representante neoniano en el propio Consejo, unos pocos meses después de haber derrocado al representante superior, por lo que encontrarse con ella no era plato de buen gusto para el que seguía siendo líder de los mercenarios.

    — Bienvenidos, amigos — La líder Alni esbozó una sonrisa que era puramente estética, algo fácilmente de reconocer — Espero que ese par de días de trayecto no hayan supuesto una molestia.

    — No somos amigos, Musna — Le recalcó Kent sin tapujos.

    — Era más cómodo cuando veníais vosotros, pero está bien — Tabitha se mostraba bastante neutral con su homónima, pese a saber la breve historia que tenía con el que era su actual pareja — ¿Qué hace tanta seguridad aquí?

    — Ya sabéis que la única forma de que podáis venir a Ibos es siendo totalmente vigilados — La consejera se tomaba de las manos a sí misma, en una postura complaciente — Son las normas.

    — Ya, claro — El regente observó su brazo protésico hecho de metal y piel sintética que lo camuflaba realmente bien — Oye, antes de irme, me gustaría visitar a la ingeniera Yazuke.

    — Puedo acceder a ello — Asintiendo con honestidad, Musna les indicó a sus dos símiles que la siguiesen — Acompañadme, por favor. Hemos habilitado un lugar discreto para conversar. Y después tendréis unos días de libertad controlada para visitar lo que queráis y a quiénes queráis.

    […]

    La base militar del ejército de la Alianza —ubicada a las afueras de la ciudad de Vianus— empezó a ver una afluencia de soldados anixis aproximadamente dos años después del fin de la guerra civil. Las cosas habían cambiado mucho en términos militares, con el ejército aliado y el ejército superior ahora reunificado en uno solo bajo el amparo del gobierno de una Alianza entre todas las especies que habitaban Ibos —a la espera de poder integrar a los kharaket como miembro oficial y con la colonia de exiliados reconocida como aliada en caso de conflicto pese a sus limitaciones comprensibles—.

    Habiendo dos de sus subcomandantes —Xerom e Ikviek, quién había sido nombrado general del ejército anixis— en una misión de especial índole en Khara, el lugar era dirigido principalmente por la comandante única de toda la milicia, quién seguía siendo Echo Mercer. A su lado contaba con la ayuda de los subcomandantes Octavia y Stalo, además de con la ayuda de los miembros de ese “equipo de élite” que el nuevo Consejo Superior decidió crear en un intento de plagiar el modus operandi del preso Akkor con los operativos, eso sí, con intenciones benevolentes a diferencia de éste.

    La actual comandante del ejército caminaba por los pasillos del edificio considerado como base principal —pese a que el ejército se dividía entre dicho cuartel y aquel que habitaba el ejército superior— mientras se dirigía a una de las clásicas reuniones que se hacían mensualmente para ver el progreso en los diferentes campos de desarrollo y sobre todo para conocer de boca del resto de líderes militares lo que estaba ocurriendo en las tres ciudades del planeta. Sus pasos resonaban con fuerza hasta personarse ante la puerta que le daba acceso a una habitación habilitada para ese tipo de encuentros.

    — ...porque esa vigilancia exhaustiva no termina de dar los frutos deseados — Echo escuchó parte de la conversación que ya se estaba llevando a cabo sin su presencia — Y sospecho que aún hay fieles a ese malnacido.

    — ¿Estás seguro de eso, Stalo? — La pregunta provino de la otra subcomandante — Por lo que he visto, los soldados del ejército superior se han integrado bien en el ejército aliado y hace meses que no tenemos reportes de conducta sospechosa en los anixis.

    — Hicimos un gran trabajo al encerrar algunos soldados del ejército superior que eran totalmente radicales a favor de Akkor, pero otros han demostrado dejar atrás aquello para trabajar por el bien de esta sociedad — La cabeza visible del ejército unificado habló por primera vez, una vez había llegado a una reunión que parecía haberse adelantado — ¿Por qué no me habéis esperado?

    — Disculpa, comandante Mercer — En ausencia de los subcomandantes Ikviek y Xerom, sus lugares los ocupaban dos miembros de la unidad especial de élite, siendo Ernu el que hablaba — Hay indicios de posibles operativos infiltrados en las filas del ejército y no hemos podido evitar hablarlo en tu ausencia.

    — Pero, ¿a quién le sorprende esto? Es obvio que aún quedan algunos…

    La otra persona era Vorta, que tras haberse marchado con los mercenarios y Kairos a Ceti Nosea, habiendo ocurrido todo lo que sucedió allí —la emboscada a su grupo y el conflicto con el anterior regente Robur en el ahora destruido Puesto de Talon—, regresó a Ibos en la nave que les llevó al planeta de los exiliados en su momento, decidida a formar parte del nuevo comienzo que iba a experimentar la sociedad de las especies aliadas.

    De aquello hacía ya más o menos cuatro años, evidenciando en la syleriana un cambio de paradigma con respecto a sus intereses de antaño y los de ahora, pues su lealtad había pasado de ser a Kairos y los mercenarios a serlo a su nuevo grupo —formado por emisarios, exploradores, soldados y demás— del cual no había nombre oficial porque su función era extraoficial, tal y como actuaban los operativos del ex representante superior.

    — Es difícil determinarlo sin pruebas concluyentes — Octavia se volteó hacia la ex líder de los mercenarios — ¿Las hay?

    — No por el momento, pero seguimos investigando — El anixis, que fue soldado del ejército superior en su juventud, sabía moverse entre las tropas — Tengo varios contactos entre los anixis, estaremos vigilantes.

    — Bueno, mientras las sospechas no sean pruebas irrefutables, no hay mucho que podamos hacer — Echo apoyó sus manos sobre la mesa que tenía enfrente, decidida a tratar otro de los asuntos — Bien, ¿se sabe algo sobre las últimas protestas en Cainía?

    — Sí, hubo una trifulca en el resort que terminó en una batalla campal entre los turistas y un grupo de protestantes en contra del turismo excesivo — Reveló el subcomandante neoniano, de brazos cruzados y contándolo con cierta indiferencia — Evidentemente las autoridades la aplacaron.

    — Vale, genial, pero no hablaba de ese caso. De ello se encarga la policía — La comandante dejó salir un suspiro de su boca — Quiero saber si esas protestas violentas contra la admisión de los kharaket en la Alianza se siguen dando con tanto fervor cómo las últimas.

    — Se detuvo a los artífices de ello y después fueron liberados con cargos, pero desde aquello no ha vuelto a suceder — Informó Octavia, demostrando el trabajo codo con codo que hacían los subcomandantes con las autoridades policiales de las ciudades.

    — Entendido, ¿algo más que comentar? — La principal líder del ejército unificado tenía algo de prisa — Tengo que irme, hoy es un día especial.

    […]

    Jackon lanzó un derechazo que de haber impactado en su oponente le habría hecho un daño considerable, pero la maestría con la que se movía Sizgolar pese a su edad era digna de un hábil peleador.

    Discípulo del reconocido Vanth Dheer en el arte de la lucha —cuando el neoniano ingresó en la milicia de su especie, obtuvo clases del antiguo líder junto a otros jóvenes inexpertos que se alistaron para proteger a los pocos que quedaban de los ataques de la resistencia humana—, el veterano soldado retrocedió unos pasos y bloqueó un nuevo intento de ataque por parte del que había sido comandante de la expedición del Explorario, ahora siendo miembro de esa unidad especial junto a Andrómeda, Kendall, Vorta y Ernu entre otros.

    — ¡¿Pero cómo te mueves así, Siz?! — La gotas de sudor recorrían la frente de Vaalot al mismo tiempo que intentaba asestarle un golpe en el rostro del neoniano.

    — Estás cansado, chico — Con toda la calma del mundo, el veterano soldado esquivaba los golpes cada vez más predecibles del humano — Has perdido velocidad y agilidad mental. Mi plan ha resultado.

    Con precisión casi quirúrgica, Sizgolar cerró su mano para convertirla en puño y aprovechó la flaqueza de su rival para abrirse un hueco e impactar su golpe en la boca del abdomen de este, provocando que cayese de rodillas con una evidente ausencia de aire.

    Sin embargo, antes de dejarle padecer unos largos segundos, el neoniano decidió tumbarlo en el suelo y levantarla la zona baja de la espalda, haciendo que el oxígeno llegase rápido a los pulmones del ex comandante.

    Jackon seguía adolorido, lanzando un resoplido mientras esperaba a que se le pasase el dolor del golpe.

    — Debes ser más inteligente en estas situaciones, Vaalot — Le advirtió Siz, mirándolo fijamente como si le estuviese dando una lección — Como tu enemigo, he esperado a cansarte física y mentalmente para asestar el golpe definitivo. Yo soy más mayor que tú, por ende soy más lento, pero he sabido usar mi desventaja a mi favor para convertirla en una ventaja.

    — Eres un maldito hijo de puta inteligente — Mientras lo decía, Jackon esbozaba una sonrisa de oreja a oreja, incorporándose.

    — En anteriores entrenamientos me has llegado a golpear e incluso me has hecho rendirme — El neoniano no menospreciaba al joven, sino todo lo contrario, pero veía que algo le pasaba — Pero hoy te he notado ausente.

    — Ya, bueno… Le he escrito a mi hermana para ver si se animaba a venir por el cumpleaños de Cole, pero no me ha respondido.

    — Sigue dolida, hijo. Es comprensible.

    — Lo entiendo, pero ya han pasado casi cinco años de aquello — Vaalot tomó una toalla para quitarse el sudor del rostro — Y me enfurece ver que no me perdona la decisión que tomé.

    — El tiempo es relativo para estas cosas — El neoniano apoyó sus manos en los hombros del chico — Para ti han pasado cinco años pero para ella sigue siendo el día después de la muerte de su amor.

    Jackon se mostró cabizbajo al escuchar esa reflexión del veterano soldado, pues en el fondo sabía que tenía razón. Karla no había sido la misma desde aquel día, especialmente sabiendo que su propio hermano fue quién ordenó la detención de Akkor, cuando mucha gente lo prefería muerto. Él sabía que aquella decisión pesaría, pero no esperaba que fuese a hacerlo tanto y durante un tiempo tan prolongado.

    — No puedes obligarla a superar aquello, ni a perdonarte siquiera — Tratando de dar ánimos al humano, Sizgolar aprovechó para darle una palmada en la espalda en clara señal de apoyo — Está en sus manos; esto escapa del control de las tuyas.

    — Supongo que tienes razón — Algo apático con la situación, Vaalot decidió sentarse en una silla de plástico, aprovechando que estaban en el jardín trasero de su vivienda — Pero es una lástima, Cole y Ástian son amigos… y joder, hace meses que no veo a mi sobrino. Estuve el día de su nacimiento y no le he visto todo lo que me gustaría en todo este tiempo.

    Tanto Siz como Jackon permanecieron en silencio, tomando el sol en aquel pequeño jardín trasero de la casa que el humano compartía con su pareja y comandante, además de con el propio neoniano, el pequeño Cole —que cumplía seis años ese mismo día— y la IA con forma humana.

    Precisamente Oda hizo acto de presencia junto al niño, que la tomaba de la mano mientras aparecía en el jardín con una sonrisa de oreja a oreja.

    — ¡Echo ya está aquí, Echo ya está aquí! — Exclamaba con efusividad, celebrando la llegada de su madre adoptiva.

    — También hay algo más — Oda tomó la palabra, mirando a su protegido Jackon — Karla ha llamado; vendrá al cumpleaños con Ástian, Andrómeda y Kendall.

    […]

    Una fogata iluminaba el centro de un pequeño campamento instalado en el interior de la ciudad de Siren, la capital conocida del planeta Khara. Antaño un hervidero de actividad civil y tecnológica en auge, ahora era un lugar fantasma tras la huida del gobernador Zorin y lo que quedaba de la milicia kharaket a su cargo, con sus dos comandantes Draux y Huze también en paradero desconocido.

    Hacía más de dos años que la Alianza decidió, una vez acordado con Ebran, el envío de un numeroso escuadrón que fuese a la caza de aquellos al servicio de la corrupción de Akkor. El acuerdo del que fuera representante superior con el máximo mandatario kharaket ya era papel mojado y su sometimiento a la población —repartida por todo el globo— no quedaría impune, con los insurgentes cada vez consiguiendo más adeptos al margen del apoyo del ejército aliado.

    La noche había caído sobre el campamento pero la vigilancia no descansaba; varios soldados de la AIE patrullaban el área mientras otros rodeaban la zona con un perímetro camuflado pero bien estudiado, con el fin de evitar una posible emboscada ya fuese de la milicia kharaket o de pequeños grupos de rebeldes que intentasen adueñarse de los suministros.

    Tristemente, esa era la realidad en Khara tras la repentina inutilización de su tecnología —teniendo que realizar un pacto con los anixis para adquirir su tecnología y por ende depender de ellos— hasta que se empezase a reconstruir todo y se instaurase no solo un nuevo gobierno en el planeta, sino su posible admisión definitiva en la Alianza Interestelar de Especies.

    El silencio en el campamento era roto por las diversas conversaciones que se estaban dando, algo que observaba desde la proximidad de la hoguera el subcomandante anixis —el general del ejército superior desde hacía varios años—, autoridad máxima en la misión junto al subcomandante syleriano.

    Ikviek era un veterano de guerra —aunque no hubiese presenciado muchas— y un soldado contrastado; vio caer el viejo imperio a manos de Mente Colmena, detectó desde muy temprano la corrupción en el Consejo y en el ejército, formó parte de la expedición clandestina del Explorario y formó parte del derrocamiento de Akkor. Todo aquello le permitió ganarse su nuevo puesto a ojos del nuevo Consejo Superior —y de la recomendación de compañeros de expedición como la del propio Jackon Vaalot—.

    — ¿Pensando? — La voz de alguien distrajo de sus pensamientos al solitario anixis — Nunca te veo hablando con tus soldados, ni con los kharaket insurgentes a menos que debamos tratar asuntos bélicos.

    — Estamos en una misión — Contestó Ikviek en un tono serio pero calmado — No he venido a hacer amigos, Xerom.

    — Ya, bueno, los kharaket ahora son amigos — El subcomandante syleriano se sentó al lado de su compañero de rango, siendo ambos los máximos responsables del escuadrón de la Alianza — Y son una especie de lo más interesante. Me agrada estar aquí y conocerlos más en profundidad.

    — Bien por ti, camarada — El veterano soldado dio un largo sorbo a una bebida que había dejado calentarse al lado del fuego — ¿Quieres?

    — ¿Qué es?

    — Lo que los humanos llaman café.

    — Escuché que los anixis se habían aficionado a esa bebida humana, pero no pensé que fuera cierto.

    — No todos los estómagos anixis aguantan este brebaje, pero los que sí lo hacemos, aprovechamos al máximo sus beneficios.

    — Vaya, pues ya lo he visto todo en la vida.

    Ikviek y Xerom permanecieron en silencio durante unos pocos minutos, observando desde su posición cómo algunos soldados aliados aprovechaban sus descansos para entablar conversación con los insurgentes que acompañaban al escuadrón, ya fuese como apoyo militar, guías o simplemente ayudantes en otras tareas.

    No obstante, los ojos de ambos subcomandantes se cruzaron con los de la líder insurgente —en ausencia de Ebran—, quién se aproximó a ellos para tomar asiento a su lado.

    — Acabo de hablar con Ebran; es una maravilla ese aparato al que llamáis comunicador de enlace cuántico — Solphea se quedó al mando de la resistencia kharaket tras la partida de su principal líder hacia Ibos, el cual iba y venía de allí cada ciertos meses — Ha dicho que vendrá muy pronto.

    — ¿Algo más? — Ikviek suponía que habría más información que compartir.

    — Sí, el Consejo quiere dar un acelerón a las cosas — La kharaket cruzó las piernas y puso sus cuatro manos cerca de la fogata, pues estaban en una época fría en Khara — Debemos dar con el paradero de Zorin cuanto antes.

    — ¿Prioridad máxima? — Devom se volteó a mirarla con atención.

    — Prioridad máxima.
     
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