Mini-rol Edén [Pokémon Rol Championship]

Tema en 'Salas de rol' iniciado por Yugen, 31 Diciembre 2025.

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    Yugen

    Yugen D e p r e s s e d | m e s s

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    Mencionó su complejidad contándome que no estaba dispuesta a rendirse con el sake. Si bien el sabor no le había resultado agradable en un inicio, estaba dispuesta a seguir probándolo en un intento por simpatizar con algo que yo disfrutaba.

    Me sorprendió, no era algo que pretendía negar. Esa obstinación era muy característica de Katherine.

    —Eso puede ser una virtud o pura tozudez, depende del prisma con el que se mire—reí levemente—. A mi me parece una tozudez encantadora.

    —Pero, ¿y si el libro no tiene más de ochenta páginas?—inferí, reflexiva— Si es digamos... ¿de setenta? ¿Dónde está el límite? ¿Cuando decides si quieres leer el resto? Hay libros que desde el principio sabes que no son para ti. Bien porque la temática que trata no te interesa o porque no te resulta atractiva... o porque prefieres otro tipo de géneros. Forzarte a leerlos... me recuerda a la historia de ese pequeño y confundido lirio blanco.

    Apreciaba el gesto y entendía los motivos... pero lo veía algo extremo. No había nada de malo en considerar que algo simplemente no era para ti.

    En cualquier caso, era adorable escucharla hablar de Paeonia cada vez que tenía la oportunidad. Después de haber ocultado o bien tratado de ignorar esos sentimientos durante tanto tiempo, debía ser para ella como abrir la llave del paso del agua. Su rostro se iluminaba y aquellos intensos azules brillaban como el sol reflejándose sobre las olas. Me recordaba a mi propia emoción aquellos años, cuando mi corazón aún vibraba ante la idea del amor.

    Ahora, me resultaba una emoción ajena y distante, pero volverla a ver en otra persona despertaba en mi interior una simpatía genuina. Era hermoso ver crecer y florecer ese pequeño brote y convertirse en una flor. Que mi amor se hubiera perdido entre las páginas del tiempo no signficaba que la emoción marchitase... estaba viva, radiante y la reconocía en almas afines. Era imposible para mí de confundir.

    —No te lo mencioné directamente porque preferí que fueses tú quien lo viese por sí misma. Pero antes, cuando me hablaste de Paeonia, incluso cuando contabas cosas que te molestaban de ella... tenías esa sonrisa. Tus palabras decían una cosa, pero tu expresión y la cadencia de tu voz mostraban una muy distinta.

    Tomé un poco de arroz y algunas verduras. Me aliviaba comprobar que no me había pasado cocinando platos y que todos acabarían a buen recaudo. ¿Debí preparar postre también?

    —No la conozco lo suficiente—le dije con cierta lástima, un ligero pesar en la voz—. Algo me dice que no quiere tenerme cerca. Por supuesto que no pretendo obligarla, pero me resulta curioso. ¿Qué podría generarle esta animadversión hacia mi persona?

    No era una pregunta como tal pues no tenía dudas de los motivos. Estaba, si se quiere, jugando sin malicia con la situación.

    >>Me pregunto...—alargué la pausa a propósito ocultando una sonrisa significativa tras el vaso de cerámica—. Celos, ¿tal vez?
     
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    —Si es un libro de setenta páginas, con leer hasta la quince sería suficiente —rebatí con tranquilidad, mano en el mentón. Me encogí de hombros entonces—. Es solo un burdo ejemplo, pero con eso basta para entender la idea. Muchas veces abandonamos las cosas demasiado pronto, por más que con otras tantas tengamos las cosas claras desde el principio. No hay nada de malo en comprobar, en los casos donde esa certeza no sea ineludible, que eso que crees que no es para ti efectivamente no lo es. Ganas más de lo que pierdes, créeme.

    Compararlo con aquel brote de lirio blanco quizás era ser demasiado catastrofista. Hasta yo tenía límites para mi propia imprudencia.

    Le guiñé uno de mis ojos, risueña.

    >>O puede que solo sean desvaríos de una persona terriblemente obstinada.

    La cena continuó su curso con normalidad. Tal vez era el hambre que sentía, o el hecho de que hacía demasiado que no probaba comida casera, pero todos los platos me supieron deliciosos. ¡Hasta las verduras!

    Bueno, tampoco nos pasemos.

    Me encontraba degustando un trozo de carne, ajena a sus reflexiones, cuando su expresión se suavizó y me reveló lo mucho que mi transparencia me delataba.

    Parpadeé, y procedí a masajearme las mejillas entonces, sintiendo el ardor picarme ligeramente la piel. Sonreí apenas, frunciendo el ceño en señal de desconcierto. "¿De verdad?", inquirí, pero no parecí turbada si no más bien... enternecida e indulgente conmigo misma.

    No tenía remedio, ¿verdad?

    Aunque me avergonzaba un poco, me sentía francamente aliviada de poder hablar de esas cosas con normalidad. Por supuesto que había notado las señales desde hacía días, pero el terror de creer sentir algo por dos personas al mismo tiempo me había atemorizado lo suficiente como para enterrar ese pequeño brote bajo la tierra, fingiendo no verlo.

    Ahora que la verdad se había revelado y podía permitirme sentir, apreciaba profundamente conversaciones como esa.

    —Comienzo a dudar de si eres demasiado perceptiva o nosotras demasiado evidentes —dije, a medio camino entre una afirmación y una simple broma. La observé con renovado interés, buscando descifrar aquellos orbes sagaces y chispeantes. ¿Cuánto sabía aquella mujer realmente?—. ...Sí, por alguna razón siente celos hacia ti.

    >>Allí donde la ves es una persona con ciertas inseguridades. Tal vez te ve tan madura y, qué se yo, ¿serena? en comparación que siente que tiene poco que hacer contra ti. Irónico, ¿no es así? —dejé escapar una risa—. Si comprendiese de una vez que no existe una amenaza como tal estoy segura de que seríais buenas amigas. Después de todo tenéis la música en común; ese es un gran punto de partida.
     
    Última edición: 9 Abril 2026 a las 6:57 AM
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    No pensaba que eran desvaríos pero esa obstinación me resultaba muy familiar. Y cuando más atendía a sus palabras, más evidente era para mí. Como si Clematis fuese una versión más joven, más resuelta de la propia Katherine. Si algo la definía era su tozudez, así que no dudaba ni por un segundo que compartían la misma visión del mundo.

    Tal vez en ese sentido yo era más cauta. Quizás porque ya había probado, o intentado adaptarme, y había descubierto que no era para mí. Tal vez estaba extrapolando esa esa mala experiencia a todo lo demás. Podía leer un libro hasta las ochenta páginas, pero probablemente sabría si era de mi interés antes de las veinte.

    Su rostro se tiñó cuando hice mención a su actitud cada vez que hablaba de Paeonia. Sus mejillas se encendían y esbozaba una sonrisa casi sin notarlo, como si su propio cuerpo reaccionase más por inercia que por un movimiento consciente.

    Ver todo esto me resultaba sumamente interesante. No era una persona particularmente perceptiva, solo me gustaba observar. Era sencillo ser consciente del entorno simplemente observándolo. De patrones, actitudes, hechos. De la misma forma que me gustaba contemplar la naturaleza y todos sus matices, también me gustaba contemplar a las personas.

    Por eso, cuando Clematis pareció sorprendida con mi perspicacia, una risa breve emergió de mis labios.

    —Ambas—le respondí aún desde detrás del vaso—. Para mí, Paeonia es incluso más transparente que tú, cariño.

    Era ese tipo de persona que escondía un corazón sumamente frágil bajo capas de espino. Aunque no podía saber qué situaciones la habían llevado a ello, sí podía ver que la rodeaba una férrea pared de orgullo y la misma obstinación. Pero alcanzar el centro del laberinto de espinas, aún clavándoselas en la piel, era un hecho remarcable que Clematis parecía haber conseguido. Y tal vez ni siquiera era del todo consciente de su transcendencia.

    >>¿Madura?—repetí, algo sorprendida. Parpadeé y volví a dejar el sake en la mesa—. Hmm. No me considero una persona particularmente madura ni serena... A menudo, lo que exteriorizo no es lo que realmente siento y tengo un humor difícil de definir. Pero creo que entiendo lo que quieres decir.

    Aunque... no eran exactamente ese tipo de celos a los que me refería. Si bien podía entender la competitividad, tenía la impresión de que los celos de Paonia no estaban dirigidos totalmente hacia mí y mis aptitudes, si no a mi relación con la propia Clematis. Sin embargo, no era algo que iba a mencionar en voz alta, pues era mucho más interesante ver el desenlace de los acontecimientos, interviniendo lo suficiente en la historia para plantar la semilla y verla crecer; pero regalarla y cuidarla en el proceso no dependía de mí. Ese era un camino que debían recorrer solas.

    Cerré los ojos entonces, animada por su última afirmación, y esbocé una pequeña sonrisa soñadora en los labios.

    —Ah~, me gustaría escucharla tocar el piano. Seguro haría una pareja maravillosa con mi violín.
     
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    —Bueno, tal vez no te consideres así, pero es lo que vemos en ti. Ya sea la forma con la que te expresas, te desenvuelves, o el prisma con el que ves el mundo. O quizás... tan solo sea la diferencia de edad, quién sabe —apunté, liviana, dándole un sorbo al sake. Era algo así como la mamá Swanna del inesperado y variopinto grupo de Ducklets que se había formado de la noche a la mañana. La perspectiva me causaba una innegable ternura—. El punto es que Mimi no puede evitar compararse contigo porque sabe que me llamas la atención. Y puedo imaginar el porqué.

    >>Debe creer que tú puedes, en tu supuesta madurez y experiencia, darme mucho más de lo que ella podría darme nunca. Como si se viese a sí misma como una niña voluble e inexperta en comparación.

    Pude notar cierta sorpresa en los ojos de Ai. Tal vez consideraba que mi percepción de la situación era mucho más superficial, pero nada más lejos de la realidad. Podía aparentar ser una persona temeraria y despreocupada todo el tiempo, pero lo cierto es que poseía una gran intuición. La observación y la adaptabilidad con el entorno eran rasgos fundamentales de un Ranger en ciernes. Solo que en ocasiones, bueno... Mis impulsos ganaban la partida incluso antes de empezar a jugar.

    Estaba intentando mejorar eso.

    Y aunque Mimi no me lo había expresado como tal, la conocía. Comprendía el pesar que aquejaba su corazón y sabía, con una certeza casi absoluta, que jamás se elegiría a sí misma por sobre nadie más. En su cabeza y en sus memorias más profundas y dolorosas, ella era la eterna relegada.

    Bueno, pues no era así en mi corazón.

    Solté una risa fresca cuando la vi sonreír, con aire soñador, deseando poder escucharla tocar el piano e incluso hacerlo a su lado algún día.

    —Hey, hey, ponte a la cola, preciosa —bromeé, jocosa, señalando con el pulgar detrás de mí—. Llevo dos años de amistad esperando por ese privilegio.

    >>Pero, como señal de buena voluntad hacia ti, estoy dispuesta a darte un truco infalible para ganarte poco a poco a ese esquivo y desconfiado Glameow. No aseguro la rapidez de mi técnica, pero sí su eficacia —Alcé el índice, cerrando los ojos con aire solemne. Abrí uno de ellos solo para mirarla, alzando las cejas con expectación—. ¿Y bien? ¿Estás lista?
     
    Última edición: 10 Abril 2026 a las 7:20 AM
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    —Amor, me haces sentir vieja...—repliqué con un tono fingidamente quejumbroso pues mi voz no reflejaba ni un mínimo ápice de molestia—. Solo tengo seis años más que tú. Aunque... cuando preparé la cena y fui a avisarte, comprendí por qué me llaman "mami" realmente. Estoy segura de que te hubiera doblado la ropa sobre la cama si la hubieras dejado en la habitación.

    Era una exageración pero me gustaba cuidar, eso era un hecho. Bien porque mi profesión consistía en ello—cuidar de las flores, adecentarlas y prepararlas—, o bien porque era parte de mi naturaleza atenta y solícita. Me gustaba hacer sentir a la gente cómoda y apreciada, la amabilidad era algo que no me costaba mostrar.

    Pero que Paeonia se comparase conmigo... me sorprendió. Y lo que más me sorprendió de todo, fue que la propia Clematis era consciente del por qué... o bien de una parte del por qué. Si esos celos nacían o no de sentimientos románticos, no era algo que parecía haberse planteado.

    No dudaba que Paeonia tenía miedo de perder su lugar a su lado... más, sabiendo lo que sabía ahora, ese miedo era completamente infundado, nacido de la inseguridad y no de una realidad tangible. Ni siquiera era consciente de que no importaba el cómo, el cuando ni el quién, Clematis siempre la eligiría a ella.

    Me recordó a la problemática de Dianthus y Poly. En su momento, ella también se había sentido reemplazable, creyendo que el lugar de Poly estaba conmigo... pero aunque yo podía darle lo que estaba buscando, jamás sería verdaderamente feliz a mi lado. Su corazón ya pertenecía a otro lugar. Había brotado y echado raíces, alimentándose de momentos compartidos y preciados instantes, y nadie lo movería de su lugar.

    ¿Estaba siendo impertinante al interesarme tanto por su relación? Quería saber más.

    Oh, la intriga se acrecentaba por momentos. ¿Así que ella tampoco la había escuchado tocar siendo tan cercanas?

    Llevaba mucho tiempo buscando poner a prueba mi virtuosismo y tocar Caprice de Niccolo Paganini en mi violín. A menudo se acompañaba con un piano y era una pieza extraordinariamente complicada de tocar correctamente. No en vano, el virtuosismo de Paganini fue tan debatido que corrían rumores de que era fruto de la magia negra. O tal vez... Zigeunerweisen de Sarasate. Pero hasta entonces no me había cruzado ningún pianista con el que compartir escenario. La perspectiva de haberlo encontrado al fin, después de tanto tiempo, redoblaba mi interés por cruzar aquella alta, aparentemente impenetrable pared de espino. ¿Quién sabía qué encontraría al otro lado? Un espíritu apasionado del arte de la música era ya aliciente suficiente para intentarlo. No todos los días se tenía una oportunidad así.

    Entretenida con el giro de los acontecimientos, apoyé la mano en la mejilla y reí suavemente. ¿Así que un Glameow? Definitivamente podía ver las similitudes.

    —Por supuesto. Por favor, ilústrame—la miré con atención, tan curiosa como deleitaba por la liviandad del momento—. ¿Debería llamarte sensei ahora?
     
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