Long-fic de Pokémon - El viaje de una chica llamada Navaja

Tema en 'Fanfics de Pokémon' iniciado por Navaja, 27 Noviembre 2023.

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    Fuzz

    Fuzz Lectora shippera

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    Capitulo 10
    Hay muchas cosas que comenté en privado ajjajs pero pobre Shiro.
    Ya no lo puedo ver de forma seria.

    Y hablando de seria. Me gustó lo sería que te pusiste para investigar sobre la eeveevolución. Porque para que Bill diera esa tremenda cátedra, con ejemplos y todo, se debió haber requerido mucha información.

    Bill se me hizo hermoso como personaje. No solo siendo tremendo maestro,sino también muy calido y empático. Y sin recibir nada a cambio. Creo que me empezó a enamorar desde su actitud hacia Chuck.

    Creo que aprendí muchísimo de los eevees, más de lo que Wilidex te puede orientar jajaja.

    Veamos qué siguen en estas aventuras.
     
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    Fuzz

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    Capitulo 11.

    Uff no sé. Creo que es de los más lindos que he leído hasta el momento. Chuck como protagonista era algo que estaba esperando hace rato.

    No conozco bien la dinámica de concursos y la única que se me hace familiar es la de Rubí/Zafiro y ORAS. Pero la combinación y cada detalle visual, se sintió como una obra de arte. Podía imaginarlo claramente y sentir esa maravilla al realizar esas combinaciones de ataques con esa gracia y talento.

    Luego la batalla contra Misty. Esto fue arte puro porque cada movimiento estuvo meticulosamente formulado.
    Había una estrategia y una planificación que se me hizo brillante. No te voy a negar, como fan de Misty me hubiera gustado verla más en pantalla, con una interacción fuera de la batalla, pero es algo mío como fan solamente.

    Lo más bonito es que Chuck no tuviera prisa por algo personal. Estaba apurado porque su amiga iba a presentar y quería estar ahí. Por eso no se me hizo desagradable que tratara de apurar el combate porque tenía una motivación no sólo válida, sino noble.

    Amé la torpeza con la que se aproximó a Bianca. Hay mucho en su corazón y solo deja ver un poquito, y luego se escapa de vergüenza porque no quiere ser vulnerable.

    Me encanta que no hayas caricaturizado el PJ como el típico rival castroso. Es un PJ muy complejo, con matices y motivaciones que van más allá del estereotipo, con una inseguridad heredada de la falta de validación de su figura de apego (su mamá) que lo motiva a ir más allá para tener, al menos, unas migajas de aprobación.

    Se me hizo un capítulo hermoso por como lo significas (y dignificas) como personaje en rol de rival.

    Así que lo disfruté mucho.

    Ya me queda poco para llegar al capítulo 13 y no sé si fue buena idea avanzar dos de una, pq me quedaré sin fic rápido jajaja.

    Bueno. Te pido que sigas actualizando y desarrollando escenas con este amor y dedicación, que se ve en cada capítulo
     
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    Fuzz

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    Capitulo 12.
    Uff no sé qué decir.
    Pasé por toda la gama de emociones. Desde frustración al ver que Zack dejaba sola a Navaja otra vez, pasando por tensión en la parte de Zapdos, y finalizando con ternura por la bebé recién nacida.

    El uso de espacio raro me pareció aterrador en ese contexto. Y Chuck me dió tanta rabia, por tratar así a Navaja. Siento que la culpó de cobardía, cuando es él quien está huyendo de sus propias inseguridades al tratar de llenar el vacío por medio de sus metas y aspiraciones de grandeza.

    Igual me da penita y me alegro de que esté personaje tenga todos estos matices.

    Veamos cómo nos sorprendes con el cap que viene.
     
    Última edición: 2 Abril 2026
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  4. Threadmarks: Capítulo 14: Cuando florece el vínculo
     
    Navaja

    Navaja El mundo está esperando ahí

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    Título:
    El viaje de una chica llamada Navaja
    Clasificación:
    Para niños. 9 años y mayores
    Género:
    Aventura
    Total de capítulos:
    14
     
    Palabras:
    8012
    Capítulo XIV: Cuando florece el vínculo

    El Magnetotrén se deslizaba con suavidad entre campos que aún conservaban algo del verde del día, aunque el cielo ya se había oscurecido por completo. Las primeras estrellas asomaban con timidez, y en la lejanía, el contorno de las colinas se recortaba en sombras limpias contra el firmamento.

    Desde la ventana, Navaja observaba cómo la ciudad quedaba atrás. Las luces dispersas se apagaban poco a poco, reemplazadas por praderas abiertas, senderos de tierra y caseríos pequeños que aparecían brevemente entre los árboles antes de desaparecer tras alguna curva.

    El vagón estaba tranquilo. Algunos pasajeros dormitaban, otros seguían el paisaje con la mirada, como si buscaran algo familiar entre tanto campo.
    Zack estaba sentado frente a ella, recostado contra el respaldo con los brazos cruzados.
    Parecía dormido pero Navaja sabía que no lo estaba.

    —Estás despierto — dijo sin mirarlo.

    —Siempre lo estoy —respondió Zack tras una pausa breve.

    La niña sonrió apenas.

    El tren anunció la próxima parada con una voz mecánica y suave:

    <<Próxima estación: Ciudad Azulona>>

    Navaja alzó la vista hacia la ventana. A lo lejos, la ciudad comenzaba a dibujarse con más claridad. Las luces de las avenidas se extendían en líneas ordenadas, y entre los árboles se distinguían ya los edificios de fachada blanca, elegantes incluso a esa distancia.

    —Bueno, filosita — sonrió Zack abriendo un ojo.

    —¿Qué? — respondió ella alzando una ceja.

    Zack se estiró con cuidado, haciendo una mueca cuando el brazo vendado tiró.
    —Hora de una nueva aventura.

    ~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~

    En la televisión del Centro Pokémon pasaban comerciales de las nuevas tiendas del Centro Comercial de Ciudad Azulona. Uno de ellos mostraba una perfumería recién inaugurada, presentada nada menos que por Erika, la líder del Gimnasio, quien hablaba con voz serena entre estanterías llenas de frascos brillantes.

    Navaja estaba sentada en un sillón, con Mienfoo en brazos. A su lado, el resto de sus Pokémon comía en silencio. Alimentaba a la pequeña armiño con un batido tibio que Zack había preparado y puesto en un biberón.

    — Aliméntate bien, pequeña. Para que así puedas crecer fuerte y entrenar con nosotros.

    Al oír la palabra entrenar, Scyther levantó la vista con rapidez. Navaja alzó el dedo índice, marcando una pausa tajante.

    — Cuando CREZCA. Scyther, no puedes ni siquiera comer en paz sin pensar en pelear… Estás igual que Zack — dijo, lanzándole una mirada de reproche amable. Le dio unas suaves palmaditas a Mienfoo cuando terminó el batido—. Y pensar que antes no querías luchar… — murmuró entre dientes.

    Eevee saltó hasta el sillón y Navaja acarició su cabeza con cuidado, peinándole el mechón que le caía hacia adelante en un remolino suave. Se sorprendió al notar lo largo que estaba.

    La cachorra de tipo normal elevó la cabeza y emitió un sonido breve, casi como un ronroneo. Navaja recordó entonces algo que le había dicho Bill: que, cuando un Eevee forja un lazo profundo con su entrenador, empieza a parecerse a él.

    — Eevee… Eres hermosa — sonrió Navaja para sí misma y la pequeña zorro se acurrucó en sus piernas, lista para dormir con su moño rosa ladeado en el cuello, mientras la niña le acariciaba el lomo con suavidad. Parecía tan serena así, que era difícil imaginar que le encantaban los combates.

    Nidoran y Bulbasaur también se subieron al sillón y se acomodaron a su lado. Escuchó la suave respiración de Mienfoo en su hombro y notó que estaba profundamente dormida. Scyther se sentó en el piso alfombrado a su lado izquierdo y Machoke al otro lado del sillón.

    Navaja se permitió cerrar los ojos. La sala tenía la calidez de una noche tranquila, con luces bajas, y la televisión seguía encendida en volumen casi nulo. Se sentía en paz junto a su pequeña familia Pokémon.

    No supo cuánto tiempo pasó, pero se despertó en cuanto sintió que Mienfoo le era retirada con suavidad de los brazos. Abrió los ojos. Zack estaba frente a ella, con el cabello aún húmedo y oliendo a jabón. Sonreía con ternura mientras guardaba a Mienfoo en su pokébola.

    Ella se enjugó los ojos con el dorso de la mano.

    — Bellos durmientes, vamos a las literas — susurró con una sonrisa amplia.

    Navaja miró alrededor. La sala común estaba casi vacía. La televisión seguía encendida, ahora con un noticiero nocturno. Se fijó en el brazo izquierdo de Zack, que estaba en cabestrillo.

    — Tu brazo… ¿Te duele?

    Él negó con la cabeza.

    — La enfermera tiene manos de ángel… — sonrió con expresión algo exagerada — Me obligó a usar esto para mantenerlo quieto. Lo malo es que me quedará una fea cicatriz.

    Navaja suspiró.

    — Por favor, cuídate. Es una orden… esclavo — sonrió con una sonrisa pícara.

    — ¡Ya, ya, señora de la querencia! A dormir. Ya mañana me puedes mandar a las cosechas — Bromeó guardando a Machoke en la pokébola.

    Ella rió en voz baja y comenzó a guardar a su equipo en sus cápsulas verdes. Dio un bostezo mientras lo seguía hacia el pasillo de las literas.

    Entonces la voz suave de la enfermera Joy los detuvo.

    — Zack —llamó desde el mostrador—. Tienes una llamada.

    Zack parpadeó, algo desconcertado.

    — ¿Una llamada? ¿De quién?

    ~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~

    El joven de cabellos claros se sentó frente a la pantalla y reconoció de inmediato la figura al otro lado.

    — ¿Creíste que podrías esconderte de tu Maestro?

    Bruno estaba de brazos cruzados. Sus músculos tensos, la mirada pétrea y ceño fruncido.

    — Llamé a varios Centros Pokémon preguntando ti.

    Zack bajó la mirada.

    — Sumimasen… Sensei.

    — Nada de disculpas. Y mírame a los ojos cuando te hablo — el tono del Alto Mando se elevó Zack obedeció antes que terminara la frase — ¿Te estabas escondiendo de mí?

    — Sí, sensei.

    Bruno inspiró profundo, cerró los ojos un segundo y exhaló con fuerza antes de fijar de nuevo la vista en su alumno.

    — ¿Por eso no fuiste a curaciones a Azafrán?

    Más que una pregunta, sonó a acusación.

    — Así es, sensei.

    Bruno lo fulminó con la mirada. Apoyó una mano cerrada contra los labios, conteniendo algo.

    — Asumirás que ya sé lo que ocurrió en el Dojo.

    Zack luchó por no bajar la mirada, sus ojos se entrecerraron y se obligó a abrir sus labios apretados para contestar.

    — Sí, sensei.

    — Kiyo me llamó preocupado — Bruno hizo una pausa y agregó con un tono más bajo y suave — ¿Qué pasó?

    Zack relató lo sucedido en el Monte Luna, el encuentro con Shiro, y finalmente los hechos en el Dojo de Ciudad Azafrán.

    Bruno escuchó en silencio, luego suspiró y negó lentamente con la cabeza.

    — ¿Recuerdas que llegaste a mi casa cuando Shane decidió que harías el viaje?

    — Sí, lo recuerdo.

    —Yo alenté que siguieras ese camino porque creí firmemente que era lo correcto.

    Hizo una pausa. Zack tensó la mandíbula.

    — Y aún lo pienso. Las montañas te enseñan disciplina pero el mundo te enseña sabiduría. Y lo primero ya lo tienes.

    Zack arrugó el entrecejo y apretó los puños.

    — Un luchador no sólo se protege a sí mismo — continuó Bruno.

    Zack lo miró con los ojos húmedos.

    — Ahora que tienes a alguien siguiendo tus pasos te harás más fuerte… O más débil, ¿Recuerdas eso?

    Zack asintió.

    — Sí, sensei — su voz sonó débil.

    Bruno sonrió.

    — Me alegra saber que estás bien, Zack. Eres un buen chico… te desvías del camino, sí, pero… ¿qué más te puedo pedir? Eres un adolescente. Y tienes lo necesario para convertirte en un gran luchador.

    Zack luchó por contener un puchero. Se limpió la barbilla con el dorso de la mano.

    — Recuerda: El más fuerte no es el que pelea más duro o resiste más tiempo… Es quién sabe cuando detenerse.

    La mirada de Bruno se suavizó y en su rostro se dibujó una sonrisa.

    Zack asintió.

    — Entendido, sensei.

    — Ahora déjame ver a Machoke. Quiero ver cuánto ha crecido.

    Zack obedeció. Sacó la Pokébola de su cinturón y liberó a su compañero. Machoke sonrió al instante al ver la cara conocida en la pantalla.

    Bruno soltó una carcajada y echó la cabeza hacia atrás.

    — ¡Pero mira nada más! ¡Eres enorme! Una verdadera mole.

    Detrás del maestro, un gigantesco Machamp apareció y se acercó con una sonrisa franca. Machoke se irguió con orgullo.

    ~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~


    A la mañana siguiente, el sol brillaba con una claridad temprana que teñía las fachadas de tonos dorados. En Ciudad Azulona, la vida terminaba tarde, pero comenzaba aún más temprano. A esa hora, en uno de los parques cercanos, un grupo de adultos ya practicaba Tai Chi con movimientos lentos y respiración controlada, como si el día mismo dependiera de su disciplina para arrancar.

    Navaja había salido del Centro Pokémon con el rostro serio y los pasos resueltos. Más que entusiasmo, era una especie de resignación activa. Se dirigió a un jardín contiguo, donde el césped recién regado despedía un olor limpio y fresco. Respiró hondo y dejó que el aire matinal, mezclado con el rumor leve de la ciudad, llenara sus pulmones.

    — ¡Salgan todos! —exclamó, extendiendo sus cuatro Pokébolas verdes al aire.

    Sus Pokémon aparecieron frente a ella en un destello suave, atentos, aún adormilados.

    —Hoy haremos batallas dobles —anunció con tono firme—. Scyther y Kai contra Eevee y Helio.

    Los equipos se acomodaron frente a frente sin protestar.—Helio, usa Bomba Lodo contra Scyther. Eevee, apóyalo con Refuerzo.

    —Kai, tú usa Cornada contra Eevee. Y tú… —se volvió hacia el Pokémon insecto, que ya la miraba, alerta—. Scyther, usa Poder Oculto.

    La batalla comenzó al instante. Scyther fue el primero en moverse, lanzando una ráfaga de energía helada hacia Bulbasaur, que rodó por el suelo para esquivarla.

    Eevee, agachada en posición de ataque tenía con los pelos erizados hasta la punta de la cola, envió un aura brillante hacia su compañero, justo cuando Scyther volvió a cargar. En medio del intercambio, Nidoran embistió con fuerza a Eevee, que no lo había visto venir. El golpe la arrastró varios metros por el suelo.

    Navaja estaba allí de pie observando cada movimiento con las manos en la cintura.

    Eevee se levantó con el pelaje cubierto de tierra, enfurecida, y acto seguido cavó un agujero con rapidez, desapareciendo de la escena.

    — ¡Helio, ahora! — ordenó la entrenadora de atuendo verde, señalando con precisión.

    El Pokémon bulbo, confundido, se equivocó y lanzó una Danza Pétalo hacia Scyther. El ataque dio de lleno. El insecto fue empujado por la ráfaga floral y cayó de costado, dejando una estela de pasto aplastado a su paso. Navaja se cubrió la boca con ambas manos.

    Nidoran abrió la boca, sorprendido. No tuvo tiempo de reaccionar: Eevee emergió del suelo justo bajo él y lo derribó con un Cabezazo limpio. Luego, sin mirar atrás, le echó tierra con las patas traseras y regresó a su posición con una calma provocadora.

    Scyther se levantó, tambaleante y entrecerró los ojos.

    << ¿Y ese poder?>>

    Helio comenzó a cargar otro ataque, esta vez contra Nidoran. El tipo veneno intentó alejarse, pero Navaja fue rápida.

    — ¡Protégete, Kai!

    El Pokémon tipo veneno se agazapó y generó una cúpula verde justo a tiempo para resistir el golpe. Exhaló con fuerza al salir ileso.

    Scyther volvió a lanzarse al combate, movido por el orgullo. Mareado, con el ala aún cubierta de pétalos, intentó esquivar el nuevo ataque de Helio, pero no logró hacerlo del todo. Cayó al suelo.

    Y entonces, por primera vez en su vida, activó el movimiento Protección.

    Navaja abrió los ojos, sin aliento. Las palabras se le trabaron en la garganta. Dos de sus Pokémon estaban en el suelo por un ataque combinado de sus propios compañeros.

    — Y-yo… Scy… Mmm.. He…

    Quería reír, llorar, correr hacia todos a la vez Pero no tenía suficientes brazos. No era como si pudiera multiplicarse como Scyther cuando usaba su Doble Equipo.

    Sus Pokémon la notaron.

    Eevee fue la primera en moverse. Corrió hacia ella y le rozó la pierna con la cola esponjosa. Nidoran la siguió, se irguió sobre las patas traseras y rascó suavemente su bota.

    Bulbasaur jadeaba en el suelo, justo frente a Scyther, que se había incorporado con esfuerzo. Le dio la espalda, mostrando las alas todavía sucias de pasto.

    <<Sube>>

    Bulbasaur alzó sus lianas y se sujetó con ellas al cuello de Scyther, como una mochila mientras este avanza hasta su Entrenadora quie los observa con las manos cubriendo su boca incrédula aún.

    Solo reaccionó cuando Scyther se detuvo frente a ella y se giró ligeramente para que pudiera recibir a Helio.

    Lo tomó como si fuera de cristal, temblando de ternura.

    — Lo hiciste… Mi Campeón… Lo hiciste — susurra acunándolo en sus brazos. Bulbasaur sonrió y se acomodó en el hueco de su cuello,

    Navaja alzó una mano hacia Scyther. Él no se movió, pero tampoco se apartó. Se inclinó apenas cuando ella le acarició la frente y cerró los ojos.

    Ella sonrió, y con su Bulbasaur aún en brazos, se agachó para acariciar a Eevee y Nidoran, que ahora saltaban con orgullo, celebrando la victoria de su compañero.

    Un silbido suave sonó detrás de ellos. Al girar, vieron a Zack, de pie bajo la sombra inclinada de un árbol.

    — Es un progreso enorme… ¿Cómo aprendiste a hacer eso?

    Navaja bajó la mirada hacia sus Pokémon y sonrió.

    — Si quiero ser una buena Entrenadora debo sacar lo mejor de ellos. He estado estudiando estrategias… como lo haría un estudiante del ITP…

    —No —la interrumpió el luchador con seriedad tranquila—. Lo que estás haciendo es lo que hace un verdadero líder.

    Ella se sonrojó y bajó la vista, pero esbozó una sonrisa breve. Ese gesto bastó. Zack se sentó en una banca cercana, y Navaja lo siguió con Bulbasaur aún en brazos. Los demás Pokémon se quedaron en el parque, disfrutando del aire libre. Una vez sentada a su lado, Navaja guardó a Bulbasaur en su Pokébola.

    Miró hacia el lado y notó a Zack extrañamente calmado; tenía la mirada fija en un punto del parque, el ceño relajado. Un silencio contenido que le ponía los pelos de punta.

    — ¿Quién te llamó anoche? — se atrevió a preguntar.

    — Mi Maestro —el luchador sin apartar la vista del horizonte.

    — ¿Te regañó?

    — Así es él… Pero me lo merezco. No escuché las advertencias de nadie y ahora deberé estar sin entrenar unas semanas— frunció los labios, como si la sola idea doliera——. Nunca he estado sin entrenar. No sé qué voy a hacer.

    Navaja le puso una mano en el hombro.

    — Si te hace sentir mejor, no tienes que ser mi esclavo…

    Zack soltó una risa breve, sin alegría.

    — Eso te lo debo por hacerte enojar. Por no ser el mejor compañero… ¡Yo nunca quise hacer este viaje en primer lugar! Quizás no tendría esta lesión de no ser por…

    — ¿Por mí?

    Él la miró de inmediato, sorprendido. Ella retiró la mano.

    —Por Shane —dijo Zack finalmente, en voz baja, cerrando el puño sobre la rodilla.

    —Oh — Navaja asintió despacio —. Así que tú también estás molesto con él…

    El sol ya había trepado varios grados en el cielo y comenzaba a calentarles el rostro. La brisa matinal jugó con sus cabellos, y por un instante, todo pareció aquietarse.

    Navaja apoyó las manos en el borde de la banca y cerró los ojos, dejando que el aire fresco y el aroma tenue de flores llegaran hasta ella.


    —Yo tampoco quería hacer este viaje —dijo al fin, mirando al cielo, cuyas tonalidades se expandían con suavidad sobre las copas de los árboles—. Pero a veces pienso en Kai… y sé que, de no ser por este viaje, nunca lo habría conocido. Fue el primer Pokémon que capturé en mi vida.

    Entonces giró la cabeza hacia el luchador y le sonrió.

    —Y tú no te habrías encontrado con Shiro.

    — Tienes razón — Zack bajó la mirada, sin intentar discutirlo.

    —Ya no creo que este viaje haya sido un error —añadió ella, observando a su Nidoran, que perseguía con torpeza juguetona a Eevee por el pasto—. No me imagino la vida sin mi adorado Kai.

    Nidoran pareció percibir que lo miraban. Se detuvo, los vio, y corrió hacia su entrenadora con los ojos brillantes. Ella lo levantó en brazos con naturalidad y lo apretó contra su pecho.

    — Y yo no hubiera conocido a esas hermosas nenas… — suspiró el luchador usando su mano derecha como visera.

    — ¿Lo ves? Shane nos hizo un favor.

    Zack se ríe.

    — No entiendo por qué estás siendo tan madura.

    —Porque ahora veo el lado bueno de todo esto… y son estos ojitos preciosos que me miran con amor —Navaja acunó las mejillas de Nidoran y acarició su rostro redondeado con los pulgares—. Eres la cosita más linda que han visto mis ojos.

    — Eso les dices a todos tus Pokémon — Zack hace un bufido.

    — Porque lo son.

    — ¿Y yo?

    — No.

    ~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~

    Caminaron por las calles de Ciudad Azulona, envueltos en el bullicio ordenado de una ciudad despierta. A ambos lados, altos edificios de cristal reflejaban la luz de la mañana como si compitieran entre sí por capturar el sol. El aire estaba impregnado de aromas diversos: café recién molido, especias orientales, dulces glaseados y fragancias florales que escapaban de alguna perfumería cercana. Cada esquina parecía tener su propio carácter.

    Al llegar a una avenida más amplia, los edificios comenzaron a espaciarse, dando paso a jardines de diseño geométrico, con senderos curvos, pérgolas y estanques ornamentales. Y entonces lo vieron.

    En el centro de un gran parque circular se alzaba el gimnasio de Ciudad Azulona. Era un edificio imponente, rodeado por una hilera perfecta de árboles podados con esmero. Su estructura, alta y simétrica, parecía más un invernadero de lujo que un recinto de batalla. Los vitrales de su techo —dispuestos en amplios paneles triangulares— formaban la figura de una flor abierta, como los pétalos rojos de un Vileplume gigante. Desde esa distancia, cada sección relucía con un leve matiz rosado que cambiaba con la luz del día.

    — ¡Vaya! —Exclamó Navaja—. Es aún más impresionante en persona.

    — Imagino que las chicas del gimnasio lo serán aún más en persona también —añadió Zack con una sonrisa cargada de entusiasmo.

    Pero Navaja se le adelantó, girándose con las manos en la cintura y la ceja levantada.

    —Oh, no. Tú no vienes conmigo.

    Señaló con decisión la nariz del luchador.

    —No quiero que pase lo mismo que en Ciudad Celeste. Y además —se cruzó de brazos, adoptando su tono más autoritario—, sigues siendo mi esclavo. Lo que significa que haces lo que yo diga.

    —Yo y mi bocota… —murmuró Zack, bajando la cabeza en señal de derrota. Luego se irguió de nuevo y se apartó el cabello con un movimiento fluido.

    —Buena suerte.

    —Así me gusta —respondió ella con una sonrisa, y sin esperar más, se dirigió con paso firme hacia las puertas automáticas del gimnasio.

    ~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~

    Zack se quedó de pie frente al gimnasio, mirando cómo las puertas automáticas se cerraban tras Navaja. Se frotó el cuello, indeciso. Podía volver al Centro Pokémon… o quedarse por ahí un rato.

    — ¿Problemas con la entrada, jovencito?

    La voz rasposa lo hizo girar. Un anciano de barba rala y boina torcida lo observaba desde una banca cercana. Tenía el periódico en el regazo, pero no parecía haber leído una sola palabra.

    Zack levantó una ceja.

    —Digamos que mi compañera no cree que yo sea… útil aquí dentro.

    El viejo asintió, comprensivo.

    —Ah, las mujeres de este gimnasio no se dejan engañar por cualquiera… —dijo, y luego miró a ambos lados antes de inclinarse hacia él—. Pero si quieres ver lo que pasa adentro… conozco un escondite.

    Zack lo miró con desconfianza. El anciano le devolvió la mirada con una sonrisa ladeada y una ceja arqueada, como si le ofreciera el secreto mejor guardado de la ciudad.

    Movido más por la curiosidad que por el deseo, Zack lo siguió entre arbustos y setos bien recortados. Pasaron por detrás de una glorieta y subieron por un pequeño montículo cubierto de plantas ornamentales.

    — Aquí —susurró el viejo, apartando unas ramas con destreza práctica. Había una rendija entre los paneles del gimnasio, probablemente pensada para ventilación, pero desde esa altura ofrecía una vista perfecta del interior.

    Zack se asomó.

    Y efectivamente, desde allí podía verse parte del invernadero interior: los vitrales teñían la luz con tonos rosados, y varias entrenadoras se movían con gracia entre plataformas de batalla decoradas con flores colgantes.

    Zack alzó una ceja, volvió la vista hacia el anciano y lo encontró completamente absorto, las mejillas sonrojadas y una sonrisa de lo más satisfecha.

    Zack entrecerró los ojos.

    <<No creí que hubiera alguien peor que yo…>>

    ~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~

    Una vez dentro, Navaja se detuvo a observar. El vestíbulo del gimnasio no se parecía a ningún otro lugar que hubiese visitado antes. La luz natural descendía desde los vitrales altos del techo, pintando el suelo con reflejos tenues en tonos rosas, verdes y dorados. La sensación era la de estar al aire libre, bajo un invernadero sagrado donde la arquitectura y la naturaleza convivían sin esfuerzo. El aire olía a flores frescas, pero también a tierra húmeda y corteza.

    Al fondo, tras un mostrador sencillo de madera clara, se encontraba una joven con un uniforme de safari caqui, botines de seguridad y un corte bob impecable. Su piel era pálida y sus ojos, de un rojo sereno, parecían brillar en contraste con su cabello azul.

    — Bienvenida al gimnasio. ¿En qué te puedo ayudar?

    Navaja se acercó al mostrador con paso firme.

    — Vengo a retar al gimnasio, por favor.

    — ¡Perfecto! Déjame ingresar tu nombre. ¿Me prestas tu Pokédex?

    Ella extendió su dispositivo rojo sin dudar. La recepcionista sacó su teléfono y escaneó el pequeño código grabado en la parte posterior.

    — Listo. Estás registrada como retadora, Navaja. Erika vendrá a buscarte en unos minutos.

    — ¡Sí! —respondió Navaja, cerrando el puño con energía contenida. Su corazón latía más rápido de lo normal, y al notarlo, se dio cuenta de que estaba sonriendo.

    — ¿Ya probaste los perfumes de la tienda?

    — ¿Perfumes? Eh… no.

    — Aquí hacemos fragancias inspiradas en Pokémon, especialmente los de tipo planta. Si tienes uno, puedo ayudarte a encontrar un aroma que le combine.

    — Nunca he usado perfume… —confesó Navaja— pero supongo que no me molestaría oler como Bulbasaur.

    Sacó a su compañero de su Pokébola. Bulbasaur apareció con su entusiasmo habitual, y Navaja lo tomó en brazos.

    — Oh, es un Bulbasaur muy bonito —comentó la joven, sonriendo con los ojos—. El último aroma que añadimos a la colección está basado en la Tormenta Floral de Venusaur. Huele esto.

    Rodeó el mostrador, tomó la muñeca de Navaja con cuidado y roció un suave espray. El aroma que emergió era dulce, profundo, casi comestible. Navaja aspiró con sorpresa y dejó escapar una sonrisa.

    — Así huele Venusaur… —murmuró. Bulbasaur la miró con orgullo.

    Fue entonces cuando una presencia se hizo notar.

    Desde un pasillo lateral, una mujer alta y serena se acercaba con paso mesurado. Llevaba un kimono de tonos amarillos pálidos, decorado con discretos patrones geométricos de pokébolas en azul. Un faldón rojo asomaba por debajo, y sus pies, calzados con elegantes getas negras, avanzaban en silencio sobre la madera pulida. El cabello negro, liso como tinta, caía recto hasta los hombros, enmarcado por una diadema roja que destacaba su flequillo perfectamente cortado.

    — Bienvenida, Navaja —dijo con voz suave y amable, deteniéndose frente a ella—. Yo soy Erika. Acompáñame, por favor.

    ~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~

    Cada paso que daban entre los senderos de piedra levantaba un leve aroma dulce, casi embriagador. Flores de todos los colores se abrían hacia la luz que se filtraba por el techo de cristal.

    —Aquí cultivamos nuestras plantas con dedicación y respeto —dijo Erika con suavidad, avanzando sin prisa—. No sólo crecen… también nos enseñan.

    Navaja no respondió. Estaba mirando a todos lados. No como entrenadora.
    No como rival. Sino como alguien que estaba entrando en otro mundo, con su pequeño Bulbasaur en brazos, que tenía una expresión similar a la de su Entrenadora.

    El pequeño Pokémon observaba parpadeando de vez en cuando todo su alrededor, dejando que su nariz se inundara de los diversos aromas que había en el ambiente hasta que de pronto lo sintió.

    El aroma que se mezclaba con la piel de su Entrenadora tomó más fuerza desde un lugar cercano Sus ojos se abrieron un poco más y saltó de los brazos de Navaja hacia el suelo.

    Bulbasaur dio un paso adelante. Luego otro. Como si algo lo estuviera llamando.

    — ¿Helio…? — Navaja frunció levemente el ceño y entonces lo vio.

    Al final del sendero, entre hojas amplias y flores abiertas, una enorme silueta respiraba con calma.

    Un Venusaur.

    Su flor estaba completamente abierta, recibiendo la luz. Con ojos tranquilos. Su presencia imponente.

    Bulbasaur avanzó hasta acercarse lo suficiente y se quedó inmóvil; pequeño, minúsculo en comparación.

    El Venusaur abrió lentamente los ojos y lo miró. No hubo tensión. No hubo amenaza. Solo reconocimiento.

    Bulbasaur dio un paso más, con más seguridad. Sus patas tocaron el suelo con cuidado, como si no quisiera romper algo invisible entre ellos.

    El Venusaur exhaló suavemente. Un soplo cálido, mientras las hojas a su alrededor se movieron con delicadeza.

    Bulbasaur se detuvo frente al enorme Pokémon y levantó la cabeza. Todo lo que veía era: altura, fuerza y calma.

    Venusaur inclinó apenas el rostro, pero suficiente para acercarse a su nivel.

    Bulbasaur contempló aquella imponente figura delante de él y se imaginó a sí mismo así de grande algún día.

    La evolución final del Pokémon bulbo extendió una de sus enormes lianas y con la punta, acarició la cabecita del pequeño delante suyo, el cual cerró los ojos un momento y cuando los volvió a abrir en sus ojos algo había cambiado, su mirada reflejaba determinación.

    — Así que ese es Venusaur… — Navaja sonrió con la mirada brillante de entusiasmo.

    Erika observaba desde atrás.

    — Venusaur no siempre se muestra así —comentó con suavidad—. Reconoce a quienes están listos para crecer.

    Bulbasaur no se movió de inmediato. Se quedó ahí un momento más y por primera vez no se sintió pequeño.

    ~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~

    La arena de combate se encontraba en el corazón del invernadero, rodeada por muros de cristal opaco cubiertos de enredaderas, y coronada por una cúpula translúcida desde donde la luz natural descendía como una bendición. La plataforma era rectangular, con márgenes de madera encerada, y delimitada por un anillo de helechos y arbustos bajos que parecían formar parte de la arquitectura.

    Navaja se posicionó en el extremo destinado a los retadores. Erika, con la compostura de quien conoce bien su papel, ocupó su sitio opuesto. La joven de cabello azul, ahora en funciones de réferi, se situó al costado de la arena.

    —El combate constará de tres Pokémon por lado —declaró con voz clara—. Se permiten sustituciones. El primer equipo que quede sin Pokémon en condiciones de continuar será el perdedor.

    Navaja asintió en silencio. Respiró hondo. Sentía la Pokébola en su mano como si pesara el doble. A su alrededor, el sonido de hojas susurrantes era el único testigo de lo que estaba por comenzar.

    Erika fue la primera en actuar. Con un movimiento grácil, lanzó su Pokébola hacia adelante. El dispositivo trazó un arco perfecto y, al abrirse en el aire, liberó un destello blanco que tomó forma rápidamente.

    —Jumpluff —anunció Erika con voz serena.

    El Pokémon flotó suavemente sobre el terreno, impulsado por sus ligerísimas esporas como si el viento lo llevara sin esfuerzo. Sus esferas algodonadas se mecían con una lentitud engañosa.

    Navaja no vaciló. Sabía que, en una batalla contra un gimnasio de tipo planta, no podía permitirse improvisar.

    —Eevee, sal — La pequeña Pokémon apareció en el campo con un salto ligero. Alzó la cabeza hacia su oponente, con esa energía contenida de quien ha esperado su turno —. Prepárate.

    Erika no tardó en responder.

    —Drenadoras.

    —Esquiv… — Navaja no alcanzó a terminar la orden.

    La semilla salió disparada como una bala y se incrustó en el pelaje de Eevee antes de que pudiera reaccionar. La Pokémon zorro se tensó al instante, y pequeñas enredaderas comenzaron a extenderse, drenando su energía.

    — ¡Rápido, Joltioparálisis!

    Eevee reunió energía en su cuerpo, erizando el pelaje hasta la punta de la cola. Un pulso eléctrico salió disparado hacia Jumpluff.

    — Gigadrenado.

    El Pokémon flotante respondió sin prisa. Una corriente verde brotó de su cuerpo y alcanzó a Eevee primero, absorbiendo su energía antes de que el ataque eléctrico pudiera impactar con claridad.

    Jumpluff se desvió en el aire con una ligereza insultante. El Joltioparálisis rozó apenas una de sus esporas. Las Drenadoras siguieron trabajando. Eevee jadeó.

    —Ida y vuelta —ordenó Erika, con la misma calma.

    —Eevee, hazlo otra vez.

    —Jumpluff, no lo dejes.

    Eevee enseñó los dientes, frustrada. Se lanzó hacia adelante con todo su peso, decidida a alcanzarlo esta vez.

    Pero Jumpluff fue más rápido. Se impulsó hacia ella, girando sobre sí mismo, envuelto en una energía verde. El impacto fue seco, directo.

    Ambos chocaron de frente. Durante una fracción de segundo, el campo quedó en silencio. Y entonces Jumpluff desapareció en un destello rojo.

    — Cambio —murmuró Navaja, entre dientes.

    Tangela apareció en el campo con un peso distinto al de Jumpluff. Su pequeño cuerpo estaba completamente cubierto por enredaderas azuladas que se agitaban con vida propia, dejando ver apenas sus ojos oscuros, atentos… casi desafiantes. Sus pequeñas botas rojas contrastaban con el resto de su cuerpo, dándole un aire engañosamente inofensivo.

    —Tangela, enséñale a Eevee un poco de paciencia —indicó Erika con suavidad.

    Navaja frunció el ceño. No le gustó como sonó eso.

    — Eevee, Voz Cautivadora.

    Eevee abrió el hocico, lista para emitir el ataque pero no alcanzó. Las lianas se movieron primero. Salieron disparadas con una velocidad inesperada y atraparon a Eevee antes de que pudiera reaccionar, sujetándola con firmeza.

    — ¿Qué…?

    Antes de que Navaja pudiera ordenar algo más, una nube fina de esporas se liberó desde el cuerpo de Tangela. Eevee intentó resistirse. Se tensó. Forcejeó hasta que sus movimientos se volvieron torpes y sus ojos comenzaron a cerrarse.

    —No… no te duermas…

    Eevee cayó.

    — ¡No! — Navaja apretó los dientes y alzó a la pokébola a Eevee, el rayo rojo la devolvió a su cápsula. — Activaré el cambio de Pokémon.

    —Un Pokémon que no puede continuar no puede ser sustituido —intervino la réferi con tono firme.

    — Eevee despertará, yo lo sé — Navaja alzó la voz, girando hacia ella, con el corazón golpeándole el pecho.

    —Lo siento. Son las reglas. Un Pokémon en ese estado se considera fuera de combate.

    El silencio cayó un instante. Navaja apretó la Pokébola entre sus dedos y luego asintió.

    —… Entendido— respiró hondo y extendió la pokébola de su siguiente Pokémon— Kai, sal a pelear.

    Nidoran apareció en el campo con un pequeño salto. Sus patas tocaron el suelo con firmeza, y sus orejas se alzaron de inmediato al ver a Tangela.

    — Prepárate… — exclamó Navaja sin dudar.

    —Estrujón —ordenó Erika.

    Las lianas volvieron a salir disparadas.

    — ¡Superdiente, ahora!

    Tangela fue más rápido. Las enredaderas rodearon a Nidoran con fuerza, aprisionándolo antes de que pudiera esquivar. Kai gruñó, atrapado, pero no se detuvo. Clavó los dientes en una de las lianas y mordió con fuerza.

    El ataque fue efectivo ya que Tangela se estremeció y aflojó la presión lo suficiente y Kai cayó al suelo, libre.

    Pero no hubo descanso. Tangela volvió a lanzar el Somnífero.

    — ¡Kai! —exclamó Navaja, sintiendo el pánico subirle por la garganta.

    Nidoran agachó la cabeza, activando el ataque Taladradora. Su cuerno giró tan rápido que esparció las esporas del somnífero antes que pudieran alcanzarlo y entonces se lanzó hacia adelante como un proyectil.

    El impacto fue limpio. Tangela salió despedido hacia atrás, arrastrándose por el suelo del campo.

    — ¡Eso es! — Navaja dio un paso al frente.

    — Gigadrenado —indicó Erika, sin alterar el tono.

    Tangela apenas se había incorporado cuando una energía verde brotó de su cuerpo y se conectó con Nidoran. El Pokémon roedor se tensó. Su energía comenzó a drenarse de inmediato.

    — ¡Usa tu cola, Kai! — ordena Navaja apretando un puño.

    Nidoran resistió y comenzó a avanzar incluso mientras la energía le era arrebatada y su cola comenzó a brillar con un tono violáceo.

    Cuando estuvo lo suficientemente cerca giró sobre sí mismo e impactó con el ataque Cola Veneno a Tangela, que la arrastró por el suelo otra vez.

    Ambos jadearon. Nidoran se tambaleó pero no cayó. Tangela, en cambio, comenzó a estremecerse. Un brillo púrpura recorrió su cuerpo.

    —…El veneno — sonrió Navaja.

    Las piernas del Pokémon planta tambalearon y cayó.

    — Tangela no puede continuar. Victoria para Nidoran — La réferi alzó la mano.

    Navaja exhaló, apenas dándose cuenta de que había estado conteniendo el aire.

    Primera victoria.

    ~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~

    El murmullo lejano de la batalla comenzaba a sentirse en el aire: golpes, órdenes, energía. Pero en ese rincón del invernadero todo seguía en calma.

    Bulbasaur seguía frente al Venusaur. No como antes, ya no pequeño.

    Venusaur exhaló lentamente y su flor liberó un aroma suave y profundo, antiguo. Como tierra mojada después de la lluvia.

    Bulbasaur inhaló, y sus ojos se suavizaron. Se sentó sin pensarlo, sin prisa.

    Venusaur movió apenas una de sus hojas, rozando a Bulbasaur, cobijándolo a su lado.

    El pequeño Pokémon apoyó su peso un poco más sobre sus patas y se acercó al enorme Pokémon. Su respiración se volvió más lenta, más profunda.

    —<< Aún eres joven —dijo Venusaur, con una voz grave, pausada, como si viniera desde la tierra misma—. Pero tus raíces ya son firmes. >>

    Bulbasaur parpadeó, bajando la mirada un instante.

    —<< Quiero ser fuerte… —respondió en voz baja—. Como tú. >>

    Venusaur dejó escapar una exhalación más larga, casi como una risa contenida.

    —<< No necesitas ser como yo —Hubo una breve pausa. Las hojas del invernadero susurraron suavemente—. Debes florecer a tu manera. >>

    Bulbasaur levantó la mirada.

    << ¿Y si no soy suficiente? >>

    La gran hoja volvió a moverse, esta vez con más decisión, apoyándose levemente sobre su espalda.

    <<Ya lo eres. >>

    El pequeño Pokémon cerró los ojos y recordó el impacto. El momento exacto en que su ataque había conectado. El cuerpo de Scyther retrocediendo, elevándose y cayendo.

    Scyther… Su mentor, su hermano mayor.

    <<Hoy le gané a Scyther y… tuve miedo… >> —admitió en voz baja.

    El Venusaur no se movió. Hubo una pausa. Las hojas sobre ellos susurraron suavemente, mecidas por una corriente casi imperceptible.

    <<Eso no es debilidad >> —dijo Venusaur.

    Bulbasaur abrió los ojos lentamente.

    <<Pero sigo teniendo miedo… en cada combate…>>

    La gran hoja se deslizó una vez más sobre su espalda, firme esta vez.

    <<El miedo no desaparece —respondió Venusaur—. Se cultiva. >>

    Bulbasaur lo miró, sin entender del todo.

    <<Como una semilla —continuó—. Si lo enfrentas, crece contigo. Si huyes, te enreda. >>

    El pequeño Pokémon guardó silencio. Y pensó en Navaja, en Scyther… animándolo, siempre. Y, por primera vez, no sintió vergüenza de su miedo.

    Exhaló y una pequeña sonrisa se dibujó en su rostro.

    A lo lejos se escuchaban el eco de la batalla.

    No respondió. No hacía falta. El mundo afuera seguía girando, pero ahí dentro… todo estaba en equilibrio.

    ~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~

    Erika liberó a Jumpluff una vez más.

    Nidoran jadeaba, el cuerpo tenso, pequeñas gotas deslizándose entre su pelaje. Aun así, no retrocedía.

    — Kai… ¿quieres venir a descansar? —preguntó Navaja, dando un paso al frente.

    Nidoran negó de inmediato, sacudiéndose con fuerza, como si quisiera desprenderse del cansancio. Volvió a ponerse en guardia.

    Navaja no insistió y alzó la vista.

    Jumpluff flotaba frente a ellos con una calma inquietante. Sus esporas se mecían apenas pero algo había cambiado. Un leve chisporroteo recorrió los algodones de sus extremidades.

    Navaja entrecerró los ojos.

    — Está paralizado…

    Una pequeña ventana. Una oportunidad. El pulso de la Entrenadora se aceleró.

    — Jumpluff, Día Soleado — La voz de Erika cayó con suavidad pero para Navaja fue como una sentencia.

    La luz cambió. No de golpe, sino extendiéndose desde lo alto, como si el techo mismo respirara calor. El aire se volvió más seco, más pesado. Las sombras desaparecieron.

    Navaja apretó los dientes. <<Clorofila…>>. Lo entendió en ese instante. La parálisis ya no importaba.

    Erika también lo había visto. Había esperado. Había dejado que esa pequeña ventaja existiera… solo para anularla en el momento preciso.

    La niña de atuendo verde dio un paso atrás, sin darse cuenta.

    Jumpluff flotó apenas más alto, sostenido por el aire cálido que aún dominaba el campo.

    Las enredaderas seguían aferradas al cuerpo de Nidoran, drenando lo poco que le quedaba. El pequeño Pokémon respiraba con dificultad. Sus patas temblaban… pero no retrocedía. Dio un paso al frente.

    Erika observó en silencio.

    — Gigadrenado.

    La energía brotó desde Jumpluff como una corriente suave pero implacable. Al alcanzarlo Nidoran se tensó.

    — ¡Kai! —la voz de Navaja se quebró.

    Nidoran intentó avanzar con pasos extremadamente lentos… pero sus patas cedieron.

    La réferi alzó la mano.

    —Nidoran no puede continuar.

    Navaja respiraba entre jadeos. A Erika aún le quedaban dos Pokémon y a ella solo uno.

    Tomó la Pokébola de Nidoran con manos temblorosas y lo devolvió con cuidado. Sus dedos se quedaron un segundo más sobre la cápsula, como si no quisiera soltarla del todo.

    Luego llevó la mano a su cinturón y sus dedos rozaron la última pokébola, la única distinta. La Sportball anaranjada. La sostuvo un instante, en silencio, y presionó el botón para agrandarla.

    —Scyther, yo te elijo. — Navaja extendió la esfera.

    El Pokémon mantis emergió con un destello afilado. Sus alas vibraron apenas y sus guadañas chocaron entre sí con un sonido seco. No miró a Navaja. Sus ojos estaban centrados en su oponente.

    Navaja tragó saliva. <<Por favor… coopera…>>

    — Drenadoras.

    — ¡Tijera X!

    Ambas órdenes salieron casi al mismo tiempo.

    Pero Scyther ya se había movido. Una estela verde cruzó el campo antes de que la semilla siquiera abandonara a Jumpluff. Se escuchó solamente el sonido de un impacto limpio y después Jumpluff salió disparado fuera de la arena, como si el golpe hubiera cortado el aire mismo.

    La semilla de Drenadoras cayó inofensiva sobre el suelo y Erika parpadeó, sus labios entreabiertos.

    Navaja también se sorprendió pero posó un dedo sobre sus labios, intentando contener la reacción.

    Scyther se mantuvo de pie en el centro del campo, erguido, afilando una de sus guadañas con la otra, como si nada.

    —Mmm… —murmuró Erika, observándolo con atención—. Tenemos a alguien entusiasta… Pero de modales cuestionables.

    La réferi reaccionó un segundo después, como si también hubiese necesitado confirmar lo que acababa de ocurrir. Se inclinó levemente hacia el borde del campo, observando a Jumpluff.

    El pequeño Pokémon yacía fuera de la arena, inmóvil.

    —Jumpluff no puede continuar —declaró finalmente, alzando la mano—. Victoria para Scyther.

    El silencio duró apenas un instante más.

    Navaja exhaló, sin darse cuenta de que había estado conteniendo el aire otra vez. Pero no sonrió aún

    Erika no apartó la mirada de Scyther. No había sorpresa en su rostro ahora. Solo atención.

    —Regresa, Jumpluff. — El destello rojo lo devolvió a su Pokébola con suavidad.

    Por un momento, el invernadero pareció aquietarse. La luz seguía filtrándose desde los vitrales, pero ya no se sentía cálida… sino expectante.

    Erika sostuvo una nueva Pokébola entre sus manos. No la lanzó de inmediato. La observó, como si midiera el momento. Luego, con un movimiento sereno, la dejó ir.

    —Vileplume.

    La Pokébola se abrió en el aire. El destello que emergió no fue brusco, sino amplio, como si se desplegara en capas. Cuando la luz se disipó, Vileplume ya estaba en el campo, pesado, firme.

    Su gran flor se abrió con lentitud, dejando caer un leve polvo brillante que flotó en el aire antes de asentarse. El aroma cambió de inmediato: más denso, más dulce… casi embriagador.

    Scyther no se movió pero sus alas vibraron apenas.

    Navaja sintió cómo su pecho se tensaba.

    —Este será tu último oponente— Erika dio un paso apenas perceptible hacia adelante. No hubo amenaza en su voz, solo certeza.

    El aire entre ambos Pokémon pareció volverse más espeso, cargado. El calor del sol artificial del invernadero caía con fuerza sobre el campo de combate.

    Las hojas vibraban suavemente… pero no había calma.

    — Scyther — Navaja lo llamó con ojos suplicantes. Su Pokémon la miró apenas por sobre el hombro y ella le sonrió y le enseñó un pulgar —… Podemos hacerlo.

    Scyther volvió a concentrarse en aquel Pokémon que tenía en frente.

    Vileplume no se movió. Scyther tensó el cuerpo, listo para lanzarse en cualquier momento.

    — Danza Espada —indicó Erika.

    Navaja frunció el ceño.

    — No atacó — murmuró sorprendida.

    Vileplume descendió apenas, como si su peso se anclara en la tierra. Luego, su flor comenzó a girar lentamente. Los pétalos se abrieron más de lo normal, liberando un fino polvo brillante que quedó suspendido en el aire.

    El invernadero respondió. Las hojas vibraron.El aire se volvió más denso.

    Scyther dio un paso adelante.

    — ¡Tijera X! —ordenó Navaja.

    Scyther se lanzó cortando el aire con precisión, impactando de lleno contra el cuerpo de Vileplume. El golpe fue limpio y fuerte, suficiente para hacer retroceder al Pokémon planta un paso. Pero no cayó.

    Vileplume se mantuvo firme. Su flor siguió girando un instante más y luego se detuvo.

    Navaja sintió un nudo en el pecho <<No fue suficiente…>>

    —Puño Drenaje — Erika no cambió su expresión.

    Vileplume avanzó, más rápido de lo que parecía capaz. Uno de sus brazos se tensó y golpeó directo en el centro del abdomen.

    Scyther recibió el ataque de lleno. Su cuerpo se sacudió, retrocediendo varios metros.

    — ¡Doble Equipo! — las manos de Navaja se tensaron.

    Scyther desapareció en un parpadeo y siete figuras idénticas rodearon el campo.El aire vibraba con sus movimientos.

    —Danza Pétalo — Erika alzó suavemente su mano.

    La flor de Vileplume se abrió por completo. El aire cambió. Pétalos comenzaron a girar alrededor del Pokémon, primero suaves, luego violentos. Un torbellino rosado, hermoso que cubrió toda la arena. No había dirección clara. No había espacio seguro.

    Las imágenes de Scyther fueron alcanzadas una a una, desapareciendo.

    El verdadero Scyther retrocedió, esquivando por instinto.

    Navaja dio un paso adelante, cubriéndose el rostro.

    —Scyther… —la voz de Navaja fue baja—. Muévete.

    El Pokémon mantis levantó el vuelo pero aquel torbellino era peligroso, abarcaba casi todo el campo de batalla y el viento arrastraba todo. El torbellino rugía a su alrededor, golpeando sus alas, raspando sus guadañas. El ataque no se detenía.

    <<Es el mismo…>>

    Lo había visto esa mañana. El mismo movimiento que lo había derribado. Scyther tensó las alas y esta vez no atacó.

    Observó los pétalos, el ritmo, el centro.

    Navaja contuvo el aliento y entonces…lo vio. No con claridad, no con palabras, pero lo entendió.

    Entre el caos había un vacío. Un instante donde los pétalos no alcanzaban. Sus ojos se abrieron.

    — ¡Scyther! Usa Danza Espada — La voz de Navaja no sonó como una orden, sino como un eco, como algo que ya estaba ahí.

    Algo cambió en Scyther. No pensó, no cuestionó. No lo sintió como sumisión, ni obediencia. Era reconocimiento.

    Ella lo había visto: El mismo punto, el mismo instante.

    Por primera vez sintió que no estaba luchando solo.
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    Su cuerpo respondió antes que cualquier otra cosa. Se lanzó directo hacia el corazón del torbellino, girando rápido y preciso, como un filo desatado.

    El remolino de pétalos chocó contra él y se abrió.

    Scyther atravesó el centro y desapareció dentro del ataque.

    Pasó un instante que pareció eterno a ojos de los presentes. El corazón de Navaja parecía que se le iba a salir del pecho.

    El torbellino se partió en dos, como si algo lo hubiera atravesado desde dentro.

    Scyther emergió girando, sus alas vibrando, sus guadañas brillando.

    Vileplume intentó resistir, temblando, mientras los pétalos caían a su alrededor.

    Scyther aterrizó de espaldas a Navaja y los pétalos cayeron sobre sus cabezas, ya no eran peligrosos, sino suaves.

    Vileplume retrocedió un paso, resistiendo, pero no pudo más y finalmente cayó.

    Los pétalos terminaron de caer, uno a uno, como si el invernadero mismo necesitara aceptar lo ocurrido.

    El silencio no se rompió de inmediato.


    Navaja contuvo nuevamente la respiración y Scyther permanecía de pie, de espaldas, sus alas vibrando, giró la cabeza para mirarla, sin duda, ni frustración, ni distancia.

    La réferi dio un paso al frente, observó, esperó y al no haber respuesta alzó la mano.

    — Vileplume no puede continuar. La victoria es para la retadora… Navaja.

    Navaja no reaccionó de inmediato. Su respiración seguía agitada. Sus ojos estaban fijos en Scyther, quien se giró, caminó hacia ella y se detuvo a su lado.

    Navaja sonrió, cansada, emocionada. Dio un paso adelante y lo envolvió en un abrazo apretado, incapaz de contener la felicidad que le subía por el pecho

    — ¡Lo hiciste! ¡Scyther...! ¡Te adoro!

    Scyther no respondió, pero tampoco se apartó. Había sentido que vendría.
    Y aun así… fue él quien dio el paso primero.

    Erika caminó hacia el campo con paso sereno y se detuvo junto a Vileplume, apoyando una mano sobre su flor con cuidado antes de regresarlo a su Pokébola. Luego alzó la vista y miró a Scyther, después a Navaja.

    —Tu combate comenzó con prisa —dijo finalmente—. Buscabas alcanzar algo que aún no comprendías.

    Navaja bajó apenas la mirada.

    Erika continuó:

    — Intentaste forzar el ritmo. Tomar decisiones antes de entender lo que ocurría frente a ti — un leve movimiento de su abanico—. Y eso te costó dos Pokémon.

    Navaja apretó los labios.

    Erika dio un paso más cerca.

    —Pero aprendiste — añadió con ojos suaves —, observaste, esperaste… y elegiste el momento correcto.

    Navaja alzó la mirada.

    Erika miró entonces a Scyther.

    —Y tú —añadió— dejaste de luchar solo.

    El aire pareció detenerse un instante.

    —Cuando un Pokémon pelea únicamente por orgullo, su fuerza es inestable, pero cuando decide confiar… incluso el movimiento más simple se vuelve preciso.

    Scyther no se movió, sus alas se aquietaron.

    Erika volvió su atención a Navaja.

    —Esa sincronía… no se entrena. Se cultiva — Abrió ligeramente su abanico. —Y hoy floreció.

    Navaja sintió que el pecho le temblaba.

    Erika extendió la mano. En su palma descansaba una medalla de tonos suaves, con forma de flor.

    —Has demostrado paciencia, criterio… y vínculo — Hizo una breve pausa —. Acepta la Medalla Arcoíris.

    Navaja la recibió con cuidado, con ambas manos.

    —Gracias… —susurró.

    —Sigue creciendo — Erika asintió apenas.

    Navaja sintió un pequeño peso chocar contra su pierna.

    Bulbasaur había corrido hasta ella con torpeza, jadeando, los ojitos brillantes. Se alzó apenas sobre sus patas delanteras, intentando trepar.

    Navaja rió enternecida, se agachó como pudo y lo recibió en brazos. Bulbasaur se acomodó de inmediato contra su pecho, buscando refugio.

    Sus ojos fueron directo a Scyther, brillantes y orgullosos. Scyther lo observó en silencio. Por un momento no hizo nada. Luego, con un movimiento breve, casi distraído inclinó la cabeza apenas hacia él.

    Bulbasaur sonrió y se acomodó mejor entre los brazos de Navaja, completamente en paz.

    ~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~

    Erika observó en silencio la escena frente a ella. Sus Pokémon.
    Su vínculo. Luego, con un movimiento suave, abrió su abanico.

    —Antes de que te vayas…

    Navaja alzó la vista.

    La líder del gimnasio hizo una leve señal a la recepcionista, quien se acercó con un pequeño frasco de vidrio. El líquido en su interior era de un tono verdoso suave.

    —Es una fragancia basada en Venusaur —explicó Erika—. La desarrollamos a partir de la Tormenta Floral.

    Navaja parpadeó, sorprendida.

    Erika se inclinó apenas y roció una mínima cantidad en el aire, cerca de Bulbasaur.El aroma fue inmediato: profundo, fresco, familiar. Bulbasaur se quedó inmóvil, inhaló y sus ojos se dirigieron en dirección al Venusaur que había conocido.

    — Le gusta —Navaja sonrió.

    — No es solo un aroma. Es memoria—añadió Erika—. Para que recuerde lo que ya es capaz de hacer.

    Navaja apretó suavemente a su pequeño Pokémon contra ella.

    —Gracias — contestó recibiendo el frasco.

    ~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~

    Al salir del gimnasio, la luz del exterior le pareció más simple.

    Zack estaba apoyado contra una baranda, con los brazos cruzados. A su lado un anciano. Ambos miraban hacia otro lado con sospechosa naturalidad y un leve sonrojo en las mejillas.

    Navaja entrecerró los ojos. Bulbasaur asomó la cabeza desde sus brazos, olfateando el aire con curiosidad.

    — ¡Zack! — Agitó la mano a modo de saludo — ¡Gané!

    —Lo sé —respondió Zack demasiado rápido.

    El viejo le dio un pisotón en el pie.

    — ¡Oh… qué bien! — se corrigió aclarándose la garganta. Hubo una breve pausa. Miró a Scyther y luego a ella. —…Por fin.
     
    Última edición: 9 Abril 2026 a las 3:57 PM
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