Prisión Rostiz

Tema en 'Lost Future: The Last Chance' iniciado por MrJake, 2 Abril 2026 a las 2:35 PM.

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    MrJake

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    Prisión Rostiz

    Prisión Rostiz.jpg

    "Encerrar a los que molesten al régimen en el lugar más recóndito e inaccesible posible, para que nadie pueda rescatarlos, para que sus voces no lleguen a ninguna parte, para que nadie pueda visitarlos, para que lo que ahí dentro pase no se sepa en el exterior. Eso debió ser lo que pensó el Imperio cuando crearon la Prisión Rostiz debajo del desierto, horadando aquel enorme agujero en las arenas. Y desde luego, Chance será muchas cosas, pero si algo no es, es un mal constructor: la infraestructura estuvo completa en un tiempo récord, tanto que parecía mentira. Antes de que parpadeásemos, el hueco que la División de Limpieza hizo en mitad del desierto fue transformado en... eso.

    Al fin y al cabo, a eso se dedicaba Chance antes, ¿no? A construir edificios. Ahora, supongo que esos "edificios" han pasado a ser prisiones claustrofóbicas subterráneas y torres enigmáticas gigantescas. Un avance natural para alguien megalomaníaco como él, claro.

    ¿Cómo es por dentro, dices? No lo sé. Por suerte para mí, nunca he estado; pero conozco a alguien que sí. Con todo, nunca le he preguntado qué ha visto ahí abajo. A decir verdad, no quiero saberlo".



    Módulo de alta seguridad: Mimi, Alpha, Lucas.
    Módulo B: Talía.
    Módulo C: Dante, Kris.
    Enfermería general: Anna, Kyllian.​
     
    Última edición: 5 Abril 2026 a las 2:11 PM
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    Cuando despertaste, te encontraste en aquella celda. La celda que se iba a convertir en tu casa por los próximos días. Era complicado determinar dónde te encontrabas: lo único que parecía claro es que era una prisión, por supuesto, pero no recordabas nada ni del trayecto ni de ningún evento desde que Watcher os "atacó" con esos drones suyos hasta que despertaste. No sabías si estabas en un gran edificio, en una gran caverna, en en el fondo del mar, quién sabía. Y no tenías forma, desde luego, de determinar si fuera era de día o de noche, o si habían pasado horas, días o semanas. La única luz que entraba en la sala parecía artificial: tristemente artificial.

    Llevabas una camisa blanca y unos pantalones del mismo color: casi parecías una interna en un manicomio, más que en una prisión. Unas rejas, barrotes gruesos y quizá demasiado rudimentarios para estar en la era del Imperio eran lo que te separaba del exterior. Pero fuera, todo lo que podías ver eran pasillos vacíos y oscuros, por los que a veces pasaba algún robot. Concretamente, viste a algunos en específico en alguna ocasión, pululando como si patrullasen, similares a Hariyama robóticos...

    [​IMG]

    Por un tiempo, no viste a más humanos. Uno podría preguntarse si realmente había humanos allí, o si todos eran robots.

    Pasaste lo que probablemente sentiste como horas allí, hasta que una persona, enfundada en uniforme hasta las cejas, con guantes y una especie de pasamontañas incluido, se acercó a la jaula en la que estabas y pasó comida por debajo de la puerta. No te dijo nada, ni una palabra. Ni siquiera te miró.

    Al día siguiente, pasó lo mismo. Solo tenías una cama, un compartimento con lavabo, ducha y baño, una mesa y una silla, y con esos muebles pasabas el tiempo. Ni disponías de tu dinero, ni de tus pertenencias... ni de Yuu. No tenías idea de qué fue de todo eso, ni tenías, aparentemente, manera de saberlo. Solo sabías que venían a traerte de comer tres veces al día; lo cierto es que te cuidaban bien. Y la estancia, para ser una celda, era relativamente grande, individual, ofreciendo cierta privacidad. Todo un detalle, ¿no?

    Dos días. Tres.


    Tercer día de encarcelamiento.


    Ese fue el día. Fue al tercero cuando esa... cosa se acercó. Imponente, caminó hasta tu celda con pasos estilosos, poniendo un pie delante del otro, casi contoneándose. Los "Hariyama" que había cerca se apartaron al instante nada más ver pasar a ese otro robot: claramente, su rango era superior.

    TSAREENA.png

    Se detuvo frente a ti, y con el extraño "bastón" que llevaba en la mano, te apuntó. Su punta roja parpadeó mientras parecía escanearte, un puntero láser surgiendo en tu frente. Luego apoyó el bastón en el suelo, y te habló. Lo hizo con un tono... sorprendentemente natural. Casi parecía una voz humana, femenina, potente y autoritaria. Solo la reverberación metálica delataba que se trataba de uno de esos robots.

    —Mimiko Honda: bienvenida a la prisión Rostiz. Hemos estado ajustando parámetros y preparando papeleo en estos días, lamentamos la espera. Ahora: soy la Ferrorregente TS4-097, encargada de este módulo. Te ubicas en el nuevo módulo de alta seguridad, destinado a internos selectos. El número actual de internos en tu módulo es de: cinco personas. Permanecerás aquí por un periodo indefinido de tiempo, por orden del Imperio. Tu instrucción es acompañarme para tu primer chequeo.

    Hizo girar rápidamente su batuta, y con ella pareció pulsar algo en tu celda. En ese instante, los barrotes se deslizaron a ambos lados, abriéndose la puerta al instante.

    —Por favor: sígueme.


    ***

    Módulo C
    Nekita

    Por tu parte, tú despertaste en la prisión de forma similar, pero en un lugar distinto. El silencio del que disfrutaba, o más bien que torturaba a Mimi, para ti no era sino un bullicio ligero, pero constante. Tu celda era mucho más modesta: apenas una cama, una silla, mudas colgadas de un par de perchas (todas blancas e impersonales) y utilidades básicas de baño tras un biombo. Lo que tenía en común tu celda con la de ella era que, como en la suya, tú también estabas solo.

    Pero había gente. Personas. Esas eran las voces que oías. Al asomarte por los barrotes, veías frente a ti otra celda al otro lado, y otras a cada lado de esa. Y otras a tu lado, izquierda y derecha, y otras más allá, y otras, y otras. El pasillo entero estaba lleno de celdas. No todas llenas, eso sí; pero lo suficiente como para que hubiese conversaciones a través de barrotes. Suponías, claro, que muchos internos debían conocerse entre ellos.

    Inevitablemente, cuando el primer día allí pasó, te preguntaste qué fue de Mimi, de Steve, de Talía... y de Effy. No sabías nada de ellos, y no los veías cerca, a ninguno de ellos, ni distinguías su voz. Todo cuanto podías hacer allí, en esa celda, era esperar.

    De ese modo, solo eras visitado dos veces al día para traerte comida, y siempre venía una persona que pasaba en silencio, celda a celda, dejando una bandeja con alimentos. Cubierta hasta las cejas, solo dejando ver sus ojos. Era difícil deducir siquiera si eran la misma persona, el mismo hombre o mujer, o distintos. Solo podías deducir que no siempre era el mismo por la diferencia de alturas, nada más.

    Un día pasó. Y, por la noche, de repente, abruptamente, se hizo absoluto silencio. Nadie abrió la boca. Y entendiste por qué cuando las pisadas pesadas se hicieron cada vez más notorias, advirtiendo que alguien (o algo) se acercaba. Cuando pasó frente a tu celda, lo entendiste: era... un robot. Otro más, como aquellos Combees, como Watcher. La sala casi pareció hacerse más fría cuando ese robot entró y pasó frente a ti, con la mirada clavada al frente. Como un vigía que, con su sola presencia, imponía respeto, grande e intimidante.

    Machamp paradoja.jpg

    Al final, la noche pasó. Y la siguiente.


    Tercer día de encarcelamiento.

    Como en el primer día y segundo día, a la hora del almuerzo, un hombre cubierto hasta arriba pasó por tu celda, se agachó frente a ti y te dejó la comida. Pero, esta vez, se quedó mirándote. En sus ojos oscuros viste... un destello de algo extraño. El hombre, en un inicio, no dijo nada, solo quedó allí, quieto, mirándote. Y golpeó con discreción la base de la bandeja con dos dedos.

    ¿Qué quería decir? La bandeja fue deslizada hacia el interior. El tipo te miró de nuevo.

    Jurarías... que te guiñó un ojo.

    Y luego, sin más, se fue en silencio. Siguiendo su rutina. Una que quién sabe cuánto duraría.


    ***


    Para ambas, esto ya sí arranca todo lo nuevo que planteé en cambios: desde posibles tiradas de lógica a partir de ahora, hasta los árboles de habilidades de vuestros pokémon y la posibilidad de que vuestros personajes también "suban de nivel" (mecánica que será invisible para vosotros, pero de la que yo llevaré tracking desde ahora en adelante). Además, ya dejáis de estar guionizados: yo tengo eventos preparados y un escenario específico diseñado, pero vuestras decisiones, como debería ser, serán lo que mueva la trama en esencia, hasta el punto de que hay trozos de trama que ni siquiera están construidos: los haréis vosotras.

    Por supuesto, realmente poco podéis avanzar de momento; necesitaréis ambas que el resto de personajes esté aquí para que os permita avanzar, pero os habilito desde ya la opción de ir roleando un poco, aunque por trama estéis separados.

    Also, como decía, los árboles de movimientos ya están disponibles en vuestras fichas, por favor miradlos cuando podáis; como vuestros pokés están al nivel 2, eso significa que podéis desbloquear dos movimientos del árbol, siguiendo las instrucciones que indiqué en el tema de discusión y comentarios. He reseteado y renombrado vuestros movimientos de forma acorde, y tenéis bajo el árbol todo el desglose de movimientos para ver en qué consiste cada uno. Podéis indicarme por la vía que queráis qué dos movimientos adquirís (que ahora os servirán de poco al no tener a Livy ni a Yuu, pero bueno (?)). Ante cualquier duda, decidme.

    También matizar: los PS de vuestros pokés y sus usos, estén donde estén, se consideran curados a tope. Sin embargo, ni vuestro cuerpo ni vuestra mente se cura, permanece exactamente como estaba hasta ahora.
     
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    Mi cabeza se sentía como si la hubiesen aplastado con un mazo y los ojos me pesaban al abrirlos. Tuve que parpadear un par de veces, como salida de un sueño, cuando finalmente volví al mundo consciente.

    Nghh...—gemí.

    Oh, por todos los legendarios de Sinnoh. Me sentía como si estuviera teniendo la peor resaca de mi vida.

    Recordaba a Watcher, a aquellos drones que nos vigilaban... recordaba haber accedido a colaborar aunque estaba ardiendo de frustración por dentro porque tenían a Emily. Recordaba un destello de luz, como el flash de una cámara... y después todo se volvió negro.

    El resto del tiempo entre las Grutas y esto estaba en blanco, era una página vacía en el guion. Sin sueños, sin memorias... nada. Ni siquiera recordaba cuando me habían cambiado de ropa.

    Me miré mí misma observando la indumentaria que llevaba puesta con profundo desagrado. Blanca, lisa, sin ningún detalle aparente y absolutamente nada que la hiciera destacar. Parecía más una camisa de fuerza que la ropa de un preso. Al menos, esos monos naranjas que había llevado cuando interpretaba este mismo papel en mis películas tenían cierto encanto. Orange is the new black solían decir.

    Teniendo en cuenta todo lo que había visto hasta ahora y la robotocracia que era Valthyria, esperaba una prisión de máxima seguridad al uso. Aquel lugar... parecía un escenario sacado de Dragones y Mazmorras. Oscuro, rudimentario... tal vez lo único que lo diferenciaba de un zulo, que definitivamente tendría más clase que esto, era su limpieza. Todo resultaba... extrañamente aséptico.

    ¿Estaba en un módulo de aislamiento? ¿Por qué no había nadie más?

    No se oía nada. El silencio era tan penetrante que si hubiera caído un alfiler en esos pasillos oscuros la hubiera escuchado impactar contra el suelo. Me preguntaba si lo hacían a propósito, si era una especie de tortura psicológica. Después de años como autocracia seguro habían perfeccionado el arte de la extorsión.

    Yuu no estaba, no tenía idea de donde se habían llevado a Dante, a Effy ni a los demás. Por no tener idea, ni siquiera sabía si era de día o de noche.

    Había comprobado los barrotes pero eran firmes, rígidos y lo suficientememte gruesos y juntos para que no me pasase ni siquiera la mano entre ellos. No tenía mucha fuerza y cualquier mínimo intento de forzarlos se escucharía en kilómetros a la redonda... por no hablar de los robots que patrullaban frecuentemente y de las cámaras que, aunque no podía ver, estaba segura que me seguían en todo momento. El único lugar en el que me había asegurado que no hubiera era el baño... al menos tenían cierto sentido de la decencia humana básica.

    Cuando comprobé que el agua de la ducha era limpia y caliente lo primero que hice fue tomar una y quitarme la tierra de encima después de horas caminando entre Grutas. Cerré los ojos, un suspiro me estremeció el pecho y dejé que el agua se llevara tanto la suciedad como la pesadez en mis músculos.

    ¿Qué sabía hasta ahora? Effy nos había traicionado, el Imperio la estaba coaccionado para que colaborara con ellos. Chance nos buscaba a los diez. Si bien parecía querer tener a todos los holders atados con correa y bien cerca, su prioridad éramos las diez creaciones de Tau. No importaba el tiempo que hubiera pasado, nunca olvidé aquel momento en que descubrimos la verdad sobre nuestra propia existencia. La confusión, el terror... la desesperación. No era plato de buen gusto descubrir que no eras un humano al uso, si no un avatar creado con la energía vital. Éramos creaciones artificiales de una megalómana con complejo de dios.

    Al igual que estos robots.

    El primer día se pasó en un silencio espectral. Tuve tiempo de reflexionar de todo y de nada a la vez, rehusando la comida que me traían como una criatura salvaje en una jaula. Mi estómago se quejaba, gruñendo como un Pyroar... pero lo ignoraba sistemáticamente. No me fíaba de nada y no iba a llevarme nada a la boca que hubiera pasado antes por las manos del Imperio. El hecho de que el tipo que me traía la comida estuviese vestido como un verdugo, con pasamontañas incluido, no me inspiraba confianza precisamente.

    Me traían comida tras veces al día: pude intuir que el desayuno, el almuerzo y la cena. Gracias a este detalle pude hacerme una idea de la hora y del pasar del tiempo. Entre cada comida había un transcurso de aproximadamente unas cinco o seis horas. La luz aséptica y fría que se colaba a través de la ventana no daba pistas de nada. No era el sol ni la luna. Era... otra cosa. Así que tuve que usar lo que tenía a mano para ubicarme en el tiempo. El silencio que me rodeaba ya era suficiente tortura.

    Pasaba las horas en un silencio hosco, tumbada sobre la cama de cara a la pared, sin más compañía que la de mis propios pensamientos. Nunca intenté comunicarme con el tipo que me alimentaba; ni siquiera lo miraba cuando le escuchaba deslizar la bandeja por el compartimento de la puerta. Llegaba, se llevaba la otra bandeja intacta de la comida anterior y deslizaba una nueva.

    Al segundo día el estómago me punzó dolorosamente y tuve que encogerme sobre mí misma para ignorarlo. No sabía hasta cuando podría aguantar así. En un primer momento no había querido comer porque el estómago lo tenía cerrado y el pensamiento de llevarme algo a la boca me causaba naúseas, pero con el tiempo eso pasó y la necesidad tomó su lugar sin pedir permiso.

    No quería absolutamente nada que tuviera que ver con Chance. Ni siquiera si era alimento seguro y comestible. Aceptar su comida era aceptar que tenían poder sobre mí y no estaba dispuesta a hacer concesiones. Ya no era solo la desconfianza, que por otro lado, estaba bastante segura de que no pretendían envenenarme.

    Si querían acabar conmigo no lo harían en las sombras y de forma sutil. Era el amado líder de quién hablábamos, por favor. Si éramos un objetivo tan suculento para el Imperio, en el caso de querer deshacerse de nosotros nos ejecutarían en algún lugar público, a la vista de todos. Cuanta más difusión y más sangre, mejor. Era un mensaje disuasorio bastante claro y a Chance le gustaba alardear frente a las masas sometidas de su poder y control.

    Me daban ganas de reír.

    Puto cerdo narcisista.

    Pero ese no era el objetivo, ¿verdad? No iban a ejecutarnos, al menos no mientras el Imperio pudiese obtener algo de nosotros. Lo que no descartaba, sin embargo, era que nos torturasen. Y no precisamente como ya lo estaban haciendo con su trato de silencio.

    Al tercer día algo cambió. La tentación y el hambre empezaban a ganar la batalla a mi obstinación y el plato de sopa caliente que me habían traído ya podía ser solo agua con arroz cocido blanco... pero se veía jodidamente apetecible. Estaba por levantarme y acercarme cuando lo vi. O la vi, más bien. A esa... cosa.

    Parecía una especie de Gardevoir, al menos compartía el esquema de colores. Era otro robot y a juzgar por la actitud de los Hariyama robóticos, una de mayor rango. Una Ferroagente "serie que no iba a repetir", como ella misma se denominó.

    De su introducción pude sacar que estaba en la prisión Rostiz, en un módulo de aislamiento y de que había cinco personas más. ¿Podían ser Effy o Talía? ¿Quizás Dante o Steve? Si estaban en el mismo módulo, definitivamente no estaban cerca. No había más celdas alrededor.

    —¿No me vas a decir eso de "Tienes derecho a permanecer en silencio, cualquier cosa que diga puede ser usada en tu contra ante un tribunal"? Ah, claro, perdón. —repentinamente abrí mucho los ojos y me cubrí los labios con la mano con fingido estupor—. Pensaba que aún había tribunales en Valthyria.

    >>Eso de juicios justos es de democracias, no de dictaduras autocráticas. Qué tonta.

    Abrió la puerta. Bueno, realmente no la abrió como tal. Los propios barrotes lo hicieron, deslizándose a ambos lados con un sonido profundamente desagradable. Después de tanto tiempo en un silencio absoluto, el ruido me tensó todos los músculos del cuerpo.

    >>¿Hay cinco personas más?—inquirí sin dar muestras de incorporarme de la cama, sentada en el borde de la misma con una pierna sobre la otra. En el momento en que hice la pregunta, alcé la mirada con frío desdén y la fijé en los ojos del robot—. ¿Dónde está el pokémon que venía conmigo?
     
    Última edición: 4 Abril 2026 a las 2:53 AM
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    La Ferroregente te miró, inclinando lentamente su cabeza hacia un lado. El movimiento de la cabeza fue progresivo, lento; con cada palabra que decías se deslizaba más y más. Parecía como si estuviese impaciente, como si ese gesto fuese una muestra robótica y rígida de hartazgo, de alguna manera. Solo cuando paraste de preguntar cosas, habló de nuevo.

    Lo hizo mientras caminaba, dando un par de pasos que resonaron como tacones golpeando piedra.

    —Hay cinco internos en este módulo, dije: eso te incluye a ti, Mimiko Honda. Cinco, incluyéndote a ti. Salvando eso: no se te dio indicaciones de que pudieses hacer preguntas. Se te negará toda respuesta a cualquier cuestión futura.

    Miró a la bandeja de comida, y luego te miró a ti.

    —Debes alimentarte. Si te rehúsas a no seguir comiendo, serás obligada a ello. No será agradable.

    >> Reitero la orden.

    Su batuta, entonces, desplegó algo: un látigo, como una cuerda que se dejó caer bajo la herramienta. Con severidad y de forma sonora y contundente, golpeó bruscamente con él justo junto a ti, en un chasquido repentino que te sobresaltó brevemente.

    —Considera eso un aviso. Ahora: sígueme, por favor. Esa es la orden. Se requiere la realización del chequeo protocolario.
     
    Última edición: 4 Abril 2026 a las 8:50 AM
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    Si éramos cinco contándome a mí... ¿entonces estábamos todos? ¿Dante, Effy, Talía, Steve y yo? La duda me carcomía la consciencia, pero no iba a sacar nada en claro preguntando. No sabría el paradero de Yuu, siquiera. El pedazo de hojalata no iba a responder preguntas de una rea.

    Qué lástima. En ese sentido me gustaba más la Observadora.

    La seguí con la mirada cuando ingresó a la celda, atenta, pero no me moví del lugar. Permanecí con una pierna cruzada sobre la otra en actitud ciertamente irreverente, el dorso de mi mano apoyado bajo el mentón. Ya que aquella celda se había convertido en mi casa y lo sería por Arceus sabía cuanto tiempo, que menos que actuar en consecuencia.

    Si su presencia me intimidaba, no di muestras de ello. No me era indiferente, por supuesto que no. Aquella cosa podría hacerme lo que quisiera y yo no tendría forma alguna de defenderme. Pero empujé ese miedo tan profundo como pude y me rehusé a mostrar el más mínimo atisbo de él.

    Cuando descubrió el plato lleno, intacto en la bandeja, no tardó en amenazarme de forma nada sutil.

    Solté una risa mordaz por la nariz.

    —Oh, ¿así es cómo tratais a los presos selectos? ¿Me vais a poner una sonda de alimentación forzada por la nariz?

    >>Mi estómago funciona perfectamente, gracias. Dile a mamá Watcher que no me gusta el arroz blanco.

    El látigo chasqueó justo a la altura de mi pie. Mi cuerpo se tensó instintivamente, todos mis músculos parecieron congelarse de súbito. Pero no por la amenaza de un golpe.

    No me preocupaban tanto los latigazos que pudiera recibir como el chasquido en sí. Esa forma brusca de cortar el aire y el sonido posterior podía paralizarme muy fácilmente si tenía la fuerza suficiente. Podía aguantar unos golpes... pero no el peso de los recuerdos. No estaba preparada para eso, joder. Tanto el ruido como el silencio ya eran tortura suficiente.

    Ni siquiera necesitaban golpearme físicamente para disuadirme, un estruendo fuerte contra una superficie plana sería bastante para que ni siquiera me pudiera mover.

    Me preguntaba si la perra esta sabía eso.

    En un silencio significativo, de forma algo mecánica y como si mis músculos estuviesen herrumbrados, me incorporé de la cama y la seguí. ¿Tenía acaso otra alternativa? Huir no era una opción, no era tan imprudente. Hasta mi propia insolencia tenía sus límites.

    ¿Chequeo protocolario? ¿Qué cojones era eso? Lo desconocía, pero suponía que cualquier cosa era mejor que quedarse allí dentro. Si podía obtener más información, no lo haría encarrada en una jaula.

    Antes de salir de la celda, empujé la bandeja hasta un rincón con un lado del pie. Se deslizó hasta la pared y allí quedó; el caldo turbio enfriándose.
     
    Última edición: 4 Abril 2026 a las 10:28 AM
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    La Ferroregente hizo caso omiso a todas y cada una de tus palabras. Se limitó a mirarte, esperando a que te levantases, y, cuando por fin lo hiciste y diste indicios de colaborar y de estar dispuesta a seguirla, comenzó a moverse fuera de la celda.

    Tus pasos fueron débiles y lentos, fruto de la falta de alimento, pero te moviste como pudiste detrás de ella, y saliste, al fin, de la celda. Habían sido solo tres días (al menos, estando consciente), pero ya se hacía algo raro poder salir de aquel habitáculo y ver qué había fuera. Lo que encontraste, sin embargo, fue un pasillo sorprendentemente circular, que se curvaba conforme avanzabas. Desde tu perspectiva en la celda no te había parecido que la zona fuese circular, pero era un efecto óptico, sin duda: el tono y el color lúgubre de todo no acompañaba, claro, pero el pasillo, además, resultaba ser muy largo, creando un circunferencia muy gruesa. Hasta que no veías el horizonte estando dentro del pasillo no percibías que, realmente, aquello parecía ser un camino en círculos que empezaba y terminaba en el mismo punto.

    En una celda.

    Te fijaste al caminar detrás de la Ferrorgente en que había varias celdas más, bastante separadas cada una del resto, lo suficiente como para que no oyeses nada salvo que alguien gritase, y muy fuerte. Pero es que, para más inri, la primera celda frente a la que pasaste estaba vacía.

    Y la segunda. Y la tercera.

    La cuarta no, sin embargo. Esa estaba ocupada, por alguien que, al mirar de reojo, no parecía estar pasándolo muy mal... casi parecía incluso acostumbrado. Leía un libro, apoyado en su cama con una pierna sobre la rodilla de la otra. Se le veía decentemente aseado, afeitado; de mirada incisiva. Sería un hombre unos veintitantos...

    F.jpg

    Al pasar frente a él, levantó la vista del libro, y te miró en silencio. Observándote con calma, sin decir nada.

    Pasaste de largo, y, tras pasar una celda vacía más (con la tuya, contabas ya seis), la Ferroregente se dirigió a la pared opuesta a las celdas, donde había una puerta. Parecía ser un ascensor: pulsó algo usando su "batuta multiusos", y la puerta metálica, rudimentaria pese a ser un aparato tecnológico, se abrió.

    —Pasa —te espetó, dándote un leve empujón. Pese a que era más bajita que tú, y tenía poco "cuerpo", su fuerza al empujarte fue considerable. No fue un empujón brusco, tampoco, pero podías entrever que, si quisiera, seguramente podría medirse bien en una pelea cuerpo a cuerpo con un humano.

    Eso sin contar los trucos que se guardase, hablando solo de fuerza, claro.

    Montaste, y la Ferroregente quedó fuera. Se dirigió a ti directamente, antes de cerrarse la puerta.

    —Te indicaré brevemente las instrucciones del chequeo. Bajarás y te recibirá un Ferropalmas. Síguele hasta la sala que te indicará; no hablan mucho, pero limítate a ir donde señale. No desobedezcas ni intentes alguna tontería, o habrá consecuencias, por supuesto.

    >> En la sala te recibirá un humano. Él te explicará todo lo demás.

    Las puertas, entonces, se cerraron, y empezaste a moverte dentro del ascensor. Era difícil determinar si ibais arriba o abajo. Aquel ascensor era totalmente cerrado, sí, pero sus paredes, suelo y techo parecían hechos de rejilla; casi parecía que fuese una jaula encadenada a un cable y moviéndose de arriba abajo. Irónicamente conveniente, estando en una prisión, claro.

    No pasó mucho tiempo hasta que el ascensor frenó. Cuando se abrieron las puertas, dicho y hecho, una de esas moles de metal con aspecto de Hariyama (un Ferropalmas, dijo que se llamaban) estaba justo frente a ti. Sin mediar palabra, se hizo a un lado, esperando a que salieses, y caminó a tu vera, sin colocarse ni detrás, ni delante.

    Caminaste ahora por un pasillo ancho, esta vez recto. A los lados había salas cerradas con puertas al uso; no parecían ser celdas, desde luego. Cuál fue tu sorpresa, sin embargo, cuando otro Ferropalmas caminó junto a otra persona en dirección opuesta, de frente a ti. Como si regresase al punto del que tú venías.

    El chico te reconoció. Tú a él también, claro. Lo viste esposado, con grilletes de apariencia pesados en sus muñecas. Claramente, no se estaba comportando, algo que también se dejó entrever por el moratón que lucía en su cuello. Y no tardó en demostrar que, en efecto, no era el preso modelo.

    —¡Mimi! —gritó Steve nada más verte. El Ferropalmas colocó su mano "flotante" en su hombro, agarrándole con fuerza, nada más verlo reaccionar—. ¡Mimi, eres tú! ¿Y Talía? ¿Y Dante? ¿Y... Effy?

    Pero el Ferropalmas le empujó. Por mucho que él quería aprovechar el cruce de personas, Steve no tuvo ocasión. Cuando le arrastraron por la fuerza, a base de empujones, y pasó de largo, te gritó:

    —¡¡No les digas nada!! ¡Son escoria imperial, no les digas absolutamente nada!
     
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    [​IMG]

    Esa sensación de despertarte desorientado, siendo una presión extraña en la cabeza y pesadez de los párpados era extrañamente familiar, por un momento creyó que escucharía las máquinas del hospital y vería alguna silueta borrosa de alguna enfermera corriendo del cuarto donde se encontraba pero no, cuando finalmente aclaró su visión estaba completamente solo y no tardó demasiado en reconocer que se trataba de una celda de contención.

    Se levantó ayudándose de las paredes para analizar con mayor cuidado la habitación y sintió su corazón acelerarse cuando notó que Livy no estaba allí, con Watcher ya se había mentalizado a que los iban a separar y por eso aprovechó por última vez en sostener la mano de Mimi, pero que le quitaran a su pokémon lo asustaba, ¿quién le aseguraba que iba a estar a salvo?

    Las voces a su alrededor le sonaban totalmente difusas mientras su mente solo se podía preocupar con todas las variables que podía estar sufriendo su pokémon y las posibles investigaciones que tendría Mimi, ¿en qué consistirían? ¿Estaría bien?

    Y cuando la primera persona se acercó a entregarle algo de comida no pudo evitar pegarse a la reja y preguntar —¿Dónde está mi amiga y mi pokémon? ¿Dónde están Mimi y Livy?

    Nada.

    El apetito ante la preocupación era nulo.

    Trató de prestar más atención a las voces con la esperanza de escuchar alguna queja de Mimi, Steve o Talía pero nada, ninguna de esas voces pertenecían a sus amigos.

    La segunda vez que vino alguien volvió a preguntar lo mismo, el segundo día también pasó lo mismo y tan solo probó bocado en su segunda comida al recordarse que genuinamente necesitaba mantenerse lo mejor posible en caso de que existiera la mínima posibilidad de escapar, por mucho que las nauseas por la preocupación lo mantuvieran sin apetito.

    El tercer día ya esperaba sentado con su cabello húmedo cerca de la reja, esperando a que pasara nuevamente una nueva persona a dejarle de comer, jugando con su collar para distraerse de todo lo que lo preocupaba. Como siempre esperó a que se agachara para poder preguntarle algo pero se quedó callado al notar una mirada diferente por el ¿interés? que mostraba, notó el gesto que hizo con la bandeja y ese guiño que le dedicó y cuando notó que se iba fue que finalmente reaccionó.

    No podía perder rutina, ¿no?

    —¿¡Dónde están mis amigos?! —Preguntó nuevamente asomándose lo que podía por los barrotes, suspirando con frustración apoyado allí en los barrotes hasta que se separó, tomando la bandeja para adentrarla más a su celda, dándole la espalda para estar ligeramente más escondido y comenzar a revisar a qué cosa podía referirse aquel extraño.
     
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    Yugen

    Yugen D e p r e s s e d | m e s s

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    No fui plenamente consciente de la debilidad de mi cuerpo hasta que no puse un pie fuera de la celda y comencé a caminar detrás del robot. De hecho había sentido un pequeño mareo al incorporarme, pero lo ignoré, en gran parte porque no quería volver a escuchar el chasquido del látigo. Al menos sí estaba hidratada, porque bebía agua llenando mis manos en el lavabo. El agua era limpia, clara y aunque sabía un poco a metal, hacía el trabajo. Definitivamente podría aguantar mucho más sin comer que sin beber.

    Aunque seguía el paso de aquello cosa, mi mirada no podía evitar desviarse alrededor, de reojo, fijándose en todas y cada una de las celdas que encontrábamos por el camino. En mi pecho palpitaba la inquietud y la ansiedad, pero también un pequeño rayo de esperanza de encontrar a mis compañeros en alguna de ellas. Al menos sabría que estaban bien, o... a salvo, en realidad. ¿Quién demonios estaría bien encerrado en este sitio?

    Todas parecían estar vacías. Exactamente iguales las unas a las otras, jaulas humanas fabricadas en masa. Entonces pensé, que si Effy estaba colaborando con ellos... muy probablemente no la encontraría en una celda.

    En la cuarta había un tipo. Uno que no conocía de nada y verlo a él en lugar de alguien que esperaba me hizo chasquear la lengua en voz baja. Bueno, ese definitivamente sí estaba bien. Se había adaptado sin problemas a su nueva normalidad. Al menos tenía un libro. A mí no me habían dejado ni un cepillo para el pelo.

    La siguiente "casita" también estaba vacía. Si alguno de ellos estaba aquí, en este módulo, en este momento habían salido. Quizás al mismo lugar que yo, a realizar el chequeo protocolario de las narices. La pregunta me picaba en la lengua, pero lo único que lograría buscando explicaciones sería gastar saliva y prefería guardar las energías que me quedaban para algo verdaderamente necesario.

    Era un camino cerrado, circular, que acababa en el mismo punto... sin ninguna salida visible ni otros pasillos. Todo tenía esa aura lúgubre, rudimentaria pero aséptica. La oscuridad generalizada de todo me hacía pensar que estaba en alguna especie de... bunker subterráneo. La única iluminación era artificial, luces blancas, pero débiles y muy separadas, no parecían tener la fuerza suficiente para iluminar toda una sala. Al menos no eran antorchas. Sentía que quedarían bien en un lugar así.

    La única salida parecía ser un ascensor. Perrabot la abrió con la batuta y me pregunté si el mecanismo solo reaccionaba al comando de un Ferroagente o si yo misma podría accionarlo. Si el ascensor solo funcionaba con los robots, la idea de escapar de este lugar era aún más jodida.

    Me empujó dentro del ascensor y tuve que morderme la lengua para no replicar. Después de una serie de instrucciones—ante las que rodé los ojos—, al menos tuve un poco más claro todo esto. Y si iba a poder hablar con un humano, aún mejor. Jamás pensé que el "quiero hablar con un agente" terminaría en esto. Que irónica era la vida a veces.

    Cuando las puertas se abrieron, el Ferropalmas ya estaba allí. Esa mole de metal gigante. Si no iba a poder defenderme de Perrabot, de esa cosa mucho menos.

    El resto del camino aparentaba ser tan silencioso como todo el recorrido hasta aquí... pero entonces sucedió algo. Por el pasillo recto, en dirección opuesta a la nuestra, venía de regreso otra de esas moles, sí, pero reconocí inmediatamente a la persona que escoltaba.

    Y él también me reconoció a mí.

    Steve. Estaba esposado, con grilletes de acero en las muñecas detrás de la espalda, reducido y controlado. Lo que más me impactó, sin embargo, fue aquella marca morada en la piel de su cuello. Le habían golpeado. Definitivamente si las palabras no servían, estos hijos de puta no se lo pensarían dos veces en pasar a la violencia física.

    Miserables.

    No pudimos hablar y yo ni siquiera lo intenté. Me limité a escucharle y ver como lo empujaban, arrastrándolo de regreso al ascensor mientras seguía vociferando y su voz hacía eco entre aquellas paredes oscuras.

    ¿Qué no les dijera nada? ¡Ni siquiera estaba comiendo porque ellos me la estaban dando! No colaborar no era el problema. Pero, ¿hasta que punto estaba dispuesta a poner en riesgo mi integridad física?

    Apreté los labios, tensa, consciente de esa realidad. Ensombrecida mi expresión, me dirigí al escolta.

    —¿A dónde tengo que ir ahora?
     
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    MrJake

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    Por supuesto, aquel hombre tampoco te respondió, y se marchó por donde había venido. Lo viste irse, alto, cubierto de tela de arriba abajo, todo en negro; creando un clarísimo contraste con el blanco que llevabas tú ahora.

    Te acercaste sin embargo a la comida, quizá sin saber muy bien qué conclusión sacar de su gesto. Viste que la comida ese día era, como de costumbre (al menos en el poco tiempo que llevabas allí), sencilla, pero completa. Incluía un cuenco de sopa, un mendrugo de pan, y lo que parecía ser una musaca, rellena de algún tipo de carne o proteína vegetal. Nada parecía fuera de lo ordinario, y cuando miraste la propia bandeja, por arriba y por abajo, no viste nada especial, pero...

    Autocheck de percepción cumplido.

    ... sí te fijaste en algo que llamaba la atención. La musaca en sí tenía la capa superior, la que cubría el resto de ingredientes y sobre la que reposaba la fina capa de bechamel y queso, torcida. El cuadrado, en lugar de estar recto sobre el resto del montaje, estaba en diagonal, lo suficientemente inclinado como para ser llamativo, pero no tanto como para resultar extremadamente obvio.

    Con cuidado, levantaste esa primera capa. Y entonces lo viste.

    Alguien había dejado un mensaje. Pequeños trozos de pimiento verde destacaban bajo la capa de berenjena, visibles sobre el fondo rojo y marrón del resto del relleno. Y estaban meticulosamente manipulados para conformar pequeñas letras. Eran a duras penas legibles, pero al tomar el ángulo adecuado, lo lograste entender. Decía...

    "eres
    Dante
    Miles?
    H"


    Aquello, seguramente, te descolocó y llenó de más preguntas que respuestas. ¿Quién te preguntaba eso? ¿Alguien desde la cocina? ¿El propio guardia que te lo llevó? ¿Otra persona desde fuera? ¿Quién era? ¿Qué quería, exactamente? ¿Verificar tu identidad? ¿Por qué?

    Ahora, tenías un plato de comida allí, con un mensaje bien oculto, y pocas opciones para sacar nada en claro. Conforme leías el mensaje, sin embargo, escuchaste a la gente callarse de repente, y los pasos aproximándose. El robot grande, aquel con aspecto de Machamp, volvía... y eso enfriaba de repente el ambiente, de nuevo. Rutinariamente, pasó frente a tu celda, sus ojos sin mirar en ninguna dirección concreta, y pasó de largo.

    Por fortuna, no parecía ir examinando la comida de nadie. Quizá por eso era una buena forma de ocultar un mensaje bien discreto de esa forma.

    Quien te lo envió, desde luego, era meticuloso. Sabía lo que hacía...

    ¿Acaso pasaría ese mismo guardia luego a llevarse la bandeja? ¿Sería otro guardia? Era difícil saberlo. No podías distinguirlos por nada más que por su complexión física, y no conocías bien sus rutinas. Estabas a ciegas.

    Como de costumbre desde que llegaste al Imperio.


    ***


    Aviso: tienes hambre... por el momento, tus tiradas físicas (fuerza, agilidad, percepción) se verán perjudicadas en este estado (penalización de -2).


    Por supuesto, el Ferropalmas no te dijo nada. Solo se movió un par de pasos más allá y, con una de sus gigantescas y flotantes manos, señaló, como una invitación amable (que en realidad era probablemente una orden) a una puerta a tu derecha. Una más, de las múltiples que había en la zona.

    Resignada y sin mucho más que pudieras hacer, entraste. Dispuesta a tu "chequeo protocolario", aparentemente.

    Al entrar en la sala, te diste cuenta. Aquello era prácticamente la consulta de un médico: viste una camilla donde tumbarte, un escritorio con papeles y algo parecido a un ordenador, múltiples aparejos médicos colgados en la pared, una de esas básculas con un metro incorporado... todo lo que podías esperar encontrar en una consulta médica, claro.

    Incluido el "médico". Que, esta vez, era un hombre (o mujer) cubierto hasta arriba con ropas oscuras, incluida la extraña máscara que cubría todo salvo sus ojos. Como buen médico, este llevaba una bata sobre sus ropas, pero esta bata, también, era negra. Parecía que el blanco estaba reservado a los presos, aparentemente.

    —Mimiko Honda —dijo, mirando a la pantalla. Habló, que ya era más de lo que habían hecho el resto de los que te llevaban comida—. Los informes dicen que no has comido nada. Espero que eso no sea una muestra de rebeldía.

    Tecleó un par de cosas, en silencio, sin mirarte siquiera. Por su voz, rasgada y algo grave, pero con tintes suaves y nasales, dedujiste que era una mujer. Al menos tuvieron la decencia de que, si te iban a examinar, lo hiciese alguien de tu mismo sexo. Eso, o no les importaba y fue simplemente casualidad; tampoco había manera de saberlo.

    —Voy a hacerte unas cuantas preguntas genéricas antes de empezar, y luego te examinamos para poder terminar cuanto antes, ¿vale? Ni tú ni yo queremos estar aquí más tiempo del necesario.

    >> Según tus resultados de la analítica de ingreso, estás bastante sana y no detectamos anomalías especialmente graves. No obstante, mejor asegurarnos. ¿Tienes alergia a algún medicamento? ¿Alguna enfermedad crónica destacable? ¿Has tomado drogas en el último año? En su caso, ¿cuáles? Y, ¿tomaste algún fármaco no genérico en el último año?

    Tras hacerte esas preguntas, una tras otra, fue cuando te miró, la primera vez que lo hizo desde que entraste. Sus ojos revelaban pestañas finas y alargadas, y unos iris de color miel bastante llamativos.

    —... compórtate y colabora. No hagas que sea necesario acudir a los Ferropalmas, por favor.
     
    Última edición: 5 Abril 2026 a las 9:21 AM
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    Yugen

    Yugen D e p r e s s e d | m e s s

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    Bueno, el chequeo... era un chequeo médico como tal, aparentemente nada destacable. Si ignorábamos al médico vestido como un terrorista, con una bata negra en lugar de blanca, era la sala de un hospital al uso. Comillas, comillas.

    Me preguntaba por qué todos los humanos aquí estaban vestidos como si los presos fuéramos un peligro biológico. ¿Era una especie de cuarentena o el protocolo usual? Se veía... extremo desde fuera.

    Vi a aquel tipo, o tipa, o lo que demonios fuese mirar la pantalla de aquella especie de ordenador y teclear algo en él. Suponía que iba a examinarme físicamente, quitarme la ropa y todo eso—como si no lo hubieran hecho ya cuando me cambiaron a este sucedáneo de uniforme de rea—, y tomar mis constantes vitales y ese tipo de cosas que se hacían en los chequeos.

    Todo el mundo en este lugar parecía bastante preocupado porque comiese. Pero como el "médico" mencionó, no era intranquilidad por mi salud, no, nada más lejos de la realidad... estaban preocupados de que fuese precisamente una muestra de sublevación.

    Pobrecitos.

    —¿Rebeldía?—repliqué—. No me atrevería. El problema es que la comida es tan asquerosa que parece preparada por un Garbodor. No me puedo comer eso.

    Era... una mujer. Y si no lo era, al menos tenía el tono vocal y la cadencia de una. Si iban a desnudarme y examinarme, esa era la forma correcta de proceder. No le daba tanto crédito a los funcionarios de una prisión como esta. Les hubiera dado igual si era un hombre o una mujer quien me pusiera las manos encima mientras hiciera el trabajo.

    ¿Más tiempo del necesario, decía? No quería estar ahí a secas. Todo esto... era horrible. Lo único medianamente decente era el agua caliente de la ducha.

    No sabía nada de mis compañeros a parte de Steve. Nada de Dante y aún menos de Yuu. Este último me preocupaba especialmente porque el Imperio no era partidario de los pokémon de carne y hueso. Prefería sus copias de metal baratas.

    Si se lo habían llevado y lo tenían encerrado en algún lugar... solo deseaba que estuviera salvo. Que no le hubiesen lastimado.

    Mi mente se perdió momentáneamente y tuve que parpadear para volver al momento presente. Justo en ese instante, escuché las palabras de la doctora y mi expresión, que se había mantenido neutral—fingidamente—hasta ese momento, mutó en un breve, corto gesto de indignación.

    ¿Perdón? ¿Analítica de ingreso? ¿Habían extraído mi sangre para analizarla mientras estaba inconsciente?

    Mencionaría lo poco ético que me resultaba, pero imaginé que para ellos eso era muy normal. Eso de... violar derechos humanos básicos.

    Demasiadas preguntas. Esta mujer quería saber todo mi historial. Las palabras de Steve en el pasillo hicieron eco en mi mente y apoyé la espalda contra la pared. Alergias, enfermedades crónicas... ¿drogas también?

    —Oh, sí. Por supuesto—respondí como si nada enredando un mechón rubio en mi índice—. Mi vida es ta~n desgraciada que desde que toda esta mierda empezó todas las mañanas las inicio con una raya de coca. Ya sabes, cosas de la farándula. De hecho, si no cumples este protocolo no te dejan ser actriz.

    De reojo eché un vistazo a la sala antes de regresarla de nuevo a ella.

    >>¿Para qué necesitais saber todo esto?

    Soy muy fan de que a Mimi solo le pongas mujeres lol
     
    Última edición: 5 Abril 2026 a las 10:56 AM
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    Nekita

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    De nuevo ninguna clase de respuesta.

    Suspiró en frustración y observó la comida ya ese acomodo que había hecho para cubrir un poco lo que tenía, buscar cualquier clase de pista que ese gesto pudiera significar pero lo que menos esperó fue que estuviera justo en una de las comidas proporcionadas. Frunció el ceño mientras levantaba esa fina capa principal de la musca y tuvo que contener una risa incrédula al ver lo que se encontraba allí.

    Quien se hubiera tomado la molestia de hacer todo eso definitivamente había sido meticuloso para hacer todos esos cortes para formar esas pequeñas letras, pero era algo que definitivamente podía apreciar debido a su profesión y al mismo tiempo solo lo dejaba más confundido que antes.

    Tenía que creer que quien fuera que hizo todo eso iba a ser más ayuda de lo que lo perjudicaría a futuro, que no sería una trampa donde estuvieran manipulados como Effy para investigar algo o probar algo pero a este punto, ¿qué opciones tenía? O ignoraba el mensaje para ver que pasaba o respondía y trataba de esperar lo mejor para tener algo de respuestas.

    Dejó el plato, tomó el de sopa para tomar un par de cucharadas hasta que escuchó los pasos pesados aproximarse y casi como los demás se quedó congelado con la cucharada a medio camino para ver pasar a ese guardia, como si respirar o moverse lo fuera a meter en problemas y fuera a arruinar todo ese pequeño descubrimiento.

    Esperó así unos cuantos segundos más y cuando se sintió más seguro terminó de tomar esa cucharada para volver a dejar la sopa a medio comer sobre la bandeja, luego dio una mordida al pan y con el cubierto proporcionado deshizo un poco la parte interna de la musaca para dejar solo 4 pimientos que armaran en respuesta con las letras proporcionadas.

    "Si
    H?"

    Volvió a cubrirlo con la capa que había puesto su misterioso sujeto y como todo lo demás y ya venía haciendo desde el día anterior tomó dos pedazos para comer lejos de su mensaje de la musaca antes de dejarlo de vuelta cerca de los barrotes y dejarse caer sobre la cama en frustración, iba a tener que esperar por otra ronda y entretenerse con las conversaciones ajenas.
     
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    MrJake

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    Módulo C
    Nekita

    Dejaste preparada tu respuesta al mensaje discretamente, y devolviste los "restos", a la espera de que otro guardia la recuperase. Había tres opciones, claro: podía venir el mismo guardia y recibir el mensaje, o entregarlo a quien correspondiese en su caso, y todo genial. O podía no ser el mismo, y en ese caso, o bien no se daba cuenta de nada, o bien... bueno, estarías en problemas.

    Pero eran meros trozos de pimiento verde. No debían darse cuenta, si no lo buscaban expresamente. O eso era todo en lo que podías confiar, al menos, claro.

    Tu espalda se dejó caer en la cama, esperando escuchar a los presos a tu alrededor. Quizá conocer a los vecinos no era mala idea, asumiendo que ibas a estar allí-

    De repente, se escuchó bullicio. Pasos, pero esta vez, bastantes. Cuando te diste cuenta, viste a... decenas de robots pasar por allí, desfilando como si fuesen una suerte de ejército. Robots que eran parecidos a un Gardevoir, o quizá un Gallade, todos en fila. Y te fijaste en que varios de ellos tenían magulladuras, e incluso alguno caminaba a duras penas con una pierna metálica desfigurada, o le faltaba algún brazo. Tras esos robots, caminaron otros en estados, muchos de ellos, similares: estos más parecidos a Marowak.

    Cuando todos pasaron, en lo que pareció ser un mero desfile de ferropokémon destartalados, uno de los "Gallade" apareció, rezagado... este arrastrando a alguien. Abrió la celda justo frente a ti, y arrojó a la persona en su interior, luego cerrándola de nuevo.

    Era un chico de cabellos blancuzcos, vestido de blanco (por supuesto). Y hasta ese momento, parecía haber estado inconsciente.


    ***

    Módulo C
    Kcalbdelaperdicion

    Para ti, la experiencia de la inconsciencia fue parecida a un sueño febril. Quizá incluso llegaste a tener fiebre, quién sabe. Cuando abriste los ojos, estabas extremadamente aturdido, y la vista tardó casi un minuto en ajustarse y dejar de ver borroso.

    Te dolía un pie, como si tuvieses un esguince, y el cuello estaba tenso. Miraste tus brazos y viste raspaduras y magulladuras, todas ellas sin tratar, pero... nada grave, o eso querías creer. Pudiste incorporarte, y aunque sentías una punzada de dolor al apoyar el pie herido, podías andar.

    ¿Qué pasó, exactamente? La mente estaba borrosa.

    El S.S. Destino. Cassiopeia, el acantilado, Valiant...

    Y el resplandor de luz inexplicable.

    Como inexplicable era que estuvieses vivo y entero, claro.

    Esa era la parte positiva. La negativa, sin embargo, era que, de repente, te encontraste en una prisión. Porque el sitio en el que estabas era eso: una prisión. Bueno, para ser más exactos, estabas en una celda. Poco más que un biombo separaba tu cama de un baño con ducha e inodoro. Tus ropas, ahora, eran todas blancas, pulcras y recién puestas: hasta olían a limpio, sorprendentemente, algo que quizá no esperarías de una cárcel.

    Los barrotes, por supuesto, no prometían ningún tipo de vía de escape. Cuando los miraste, viste que te encontrabas en un largo pasillo lleno de celdas a uno y otro lado; podías asomarte muy poco, porque tu cabeza no cabía entre ellos, pero se intuía que aquel lugar no tenía pinta de ser pequeño.

    Los cuchicheos imperceptibles se escucharon entonces, murmullos que eran intensos y que, quizá, estaban ahí desde el principio pero solo ahora fuiste consciente de que existían. Se fueron serenando al poco tiempo; era como si algo inaudito hubiese pasado, y todos los presos lo comentasen en voz baja, creando una enorme cacofonía. Tú no te enteraste de qué era lo que había pasado, claro: habías estado inconsciente.

    Al otro lado del pasillo, en la celda frente a la tuya, había un chico sobre la cama; era a la persona a la que mejor alcanzabas a ver, dada tu posición. Tenía el pelo algo largo, y ojos verdes... y eta bastante delgado.

    Otro prisionero más. ¿Iba también él en el barco? Quién sabe. No llevaba uniforme de pacificador, desde luego. Llevaba uniforme de preso, todo blanco.

    Como tú. Ahora... eras un preso más, aparentemente.

    ***

    Enfermería general

    Gigi Blanche

    Qué dolor.

    Seguramente, eso fue lo que pensaste cuando abriste los ojos. Te encontraste de repente sobre una cama, toda vestida de blanco, y cuando la vista se acostumbró a tus alrededores, te diste cuenta de que el dolor se concentraba sobre todo en la pierna izquierda y en el brazo del mismo lado. Ambos tenían vendas cubriéndolos.

    ¿Qué había pasado? Lo último que recordabas, claro, era el accidente del barco. Porque... se chocó, ¿verdad? Recordabas el sonido de un impacto, la luz fulgurante, tu cuerpo saliendo despedido por los aires. Lo raro era que solo te doliese la pierna y el brazo.

    Al intentar incorporarte, te diste cuenta de que estabas en una sala... deprimente. Lucía como una enfermería, pero había algo... lúgubre y triste en ella. Algo en el ambiente se hacía pesado. Claro que no ayudó nada darte cuenta de que había dos personas allí, de pie, una de las cuales parecía estar recolocando una bolsa de suero que, te diste cuenta, iba directa a tu vena. Y el tipo llevaba todo negro, de pies a cabeza... incluida la cabeza. Se cubría con una especie de pasamontañas, dejando entrever solo sus ojos.

    —Ah. Te despertaste. Estate quieta, por favor.

    Entonces, en esa misma sala, oíste un gemido. Alguien, cerca de ti, se incorporaba también. También tumbado en una cama, una que estaba a escasos metros de la tuya. De hecho, había tres allí. Tres personas, y dos doctores para los tres.

    Bueno. "Doctores", o lo que fuesen esos dos tipos de negro.

    —Ay... qué daño.

    —Shh —le dijo otra, que, por la voz, era una mujer. Y solo por la voz podías saberlo, porque no podías ver ni un ápice de su piel bajo tanta tela—. No te muevas. Tienes una rodilla dislocada, normal que te duela. Quédate quieto.

    —¿Dónde estoy? —Cuando dijo eso, reconociste la voz. Era Marcoh. Y, en efecto, su rodilla, aunque vendada, no tenía buena pinta: se veía muy hinchada...—. Solo recuerdo el barco, y... ¡auh! Duele...

    —Calla —replicó la mujer, que había tomado la pierna herida de Marcoh, alzándola y provocándole una punzada de dolor—. Si no hago esto, luego te va a doler más aún.

    Pobre Marcoh... el dolor le tenía casi sin poder centrarse bien en sus alrededores. Tú, por tu parte, estabas... bien. Adolorida, pero bien. Demasiado bien. Sorprendentemente bien.

    Pero no tardaste mucho en percatarte de que no estaba Zuki contigo. Ni tu mandolín, por otra parte, ni... ninguna de tus pertenencias. Nada.

    Respecto al tercero en aquella enfermería, bueno...


    ***

    Enfermería general
    Santygrass

    Tú llevabas despierto más tiempo.

    Quizá fue porque estabas cerca de Valiant, o porque no había paredes cerca de ti en aquel momento, pero todo el daño que te hiciste cuando el barco chocó fue... superficial. Rasguños y un moratón algo más serio en el muslo, pero nada más. Saliste sorprendentemente ileso. De hecho, casi todos los presentes salieron sorprendentemente ilesos. Al menos los que pudiste ver.

    En tu caso, cuando recuperaste la conciencia, os estaban llevando a ti y a los otros tipos una horda de robots y humanos enfundados en negro por unos pasillos que claramente parecían ser los de una prisión, en camillas. No erais todos, eso sí, solo... algunos de los tripulantes. Te cuestionabas por tanto si sí hubo bajas en aquel supuesto accidente (que de accidente no tuvo mucho: fue claramente provocado). De milagro alcanzaste a ver al chico aquel que tanta ansiedad parecía tener en tu trayecto hasta aquí, al cual llevaban casi a rastras, y viste que se desviaron por otro pasillo. A él no lo llevaron a la enfermería, no. Al menos no a la misma en la que estabas tú.

    Te tomaron el pulso aquellos tipos, y curaron superficialmente tus heridas sin mediar muchas más palabras que las típicas que diría un matasanos al uso. Luego, se centraron en Anna y Marcoh. Tú solo... esperaste. Sin obtener respuestas. Sin saber aún cuál era, exactamente, la situación.

    Tu estatus en la prisión, de hecho, era desconocido, pero podías inferir algunas cosas: a ti no te pusieron las ropas blancas que viste que llevaban Anna y Marcoh. De hecho, llevabas una camisa negra que a saber cuándo te pusieron, y pantalones a juego. Sin máscara ni guantes, eso sí. Cabía preguntarse qué papel te tenían reservado a ti allí...

    Pero algo te decía que no iba a gustarte, incluso si no era tan malo como podía.

    Bueno. Estabas vivo. Quizá solo eso ya era mejor de lo que podía haber sido, ¿no?


    ***

    Módulo de alta seguridad - Salas de chequeos
    Naiki

    Cuando despertaste, fue porque notaste, de alguna manera, que te flaqueaba la energía. Claro que durante la inconsciencia no habías estado precisamente enérgico, pero algo diferente pasó entonces, notaste que te "drenaban" algo. Y cuando pudiste, por fin, abrir los ojos bien, te encontraste con las manos esposadas a una silla, y tenías frente a ti a un tipo entero de negro, incluso con la cabeza tapada, solo revelando sus ojos.

    Y el tipo tenía una jeringuilla llena de sangre en la mano.

    Entendiste rápidamente que era tu sangre.

    El hombre (por su voz, era un hombre; no podías saberlo por otra cosa, sin embargo) suspiró casi con hartazgo cuando despertaste.

    —... bienvenido al mundo de los vivos de nuevo, Xenodis. Se ha ordenado que te esposen por motivos de seguridad: no sabíamos cómo ibas a reaccionar. Quédate quietecito, ¿vale?

    Te diste cuenta, fuiste procesándolo poco a poco. Primero, las imágenes: una sala aséptica, llena de utensilios médicos, con un escritorio frente a ti, y aquel tipo sentándose detrás, frente a su ordenador. Después de eso, vinieron las sensaciones físicas.

    Frío. Hacía algo de frío, sí. Pero notabas calidez en el abdomen. Una calidez que, poco a poco, identificaste como dolor. Miraste hacia abajo, descubriendo que no tenías camisa, estabas descamisado... y vendas cubrían tu abdomen y se cruzaban desde tu hombro por tu pecho. Las vendas se teñían, por abajo, levemente de rojo.

    El dolor creció al ser consciente de la situación. Como una punzada intensa.

    —Te hiciste un buen corte —explicó el "doctor", que pareció entender que empezabas a preocuparte por la herida—. Debió ser durante el ataque, con el caos; restos de algo parecido a escombros fueron los responsables, probablemente: tenías algún fragmento incrustado. No fue leve, tampoco grave. Estarás bien, ya está suturado. Pero dolerá, eso no puede evitarse.

    Tras esos comentarios, y mientras tú aún tratabas de procesar bien tu situación, el hombre tecleó, y se aclaró la voz.

    —Supongo que en tu caso las cosas se han acelerado un poco; no os esperábamos de esa manera. Bueno, Alpha. Cuando te espabiles, dime, por favor: ¿has consumido drogas o fármacos fuertes recientemente? ¿Tienes alergias a medicamentos, o alguna enfermedad grave? Tu analítica de sangre de ingreso revelará gran parte de los detalles, pero me obligan a preguntarte. Por favor, responde... y ahórranos problemas a ambos, ¿quieres?



    ***

    Módulo de alta seguridad - Salas de chequeos
    Yugen

    La mujer se llevó una mano enguantada a los ojos y los frotó con hartazgo al escuchar tu respuesta evidentemente sarcástica. Se aclaró la voz de forma agresiva, y se incorporó, echando la silla atrás con violencia. Dejó caer parte de su cuerpo hacia ti.

    —Escúchame bien, Mimiko Honda. No haces preguntas aquí. Eres prisionera. Obedece las órdenes que se te indican, y respóndeme con sinceridad a todo lo que te pregunto. Es por tu beneficio: en el mejor de los casos, si se te llega a suministrar algún medicamento y este te provoca daños, será tu cuerpo el que lo sufra. En el peor de los casos, te da un shock anafiláctico en cualquier momento y te quedas en el sitio.

    Suspiró luego, y se sentó en la silla.

    —... no, de hecho, eso no pasará. No vas a morir. No te dejarán... órdenes expresas de Madame. Pero tu integridad física y mental es otro tema. Eso sí puede tocarse.

    Miró a la pantalla, y tecleó algunas cosas, e hizo algunos clics. Luego suspiró una vez más. Casi pareció arrepentirse de lo que iba a hacer, como si se resignase a seguir un guion muy bien estructurado, pero prefiriese no hacerlo. Entonces, alargó su mano hasta la pantalla y la giró, mostrándotela.

    Viste en la pantalla varias jaulitas pequeñas, todas apiladas. En una de ellas... estaba Yuu. Justo a su lado, viste a Livy, también; junto a muchos más pokémon pequeños y vulnerables.

    —Ese Shroodle es el pokémon con el que venías, ¿correcto? Los pokémon de los internos tienden a usarse para la creación de Ferropokémon si su fuerza es suficiente... y normalmente se descartan y sacrifican si no tienen potencial. El tuyo no lo tenía. Pero Watcher ha sido la que ha pedido que no se dañen los vuestros, por el momento. ¿Sabes por qué?

    >> Porque cree que su seguridad puede ser una buena moneda de cambio para que colaboréis si os ponéis demasiado beligerantes. Madame quería exterminarlos y obligaros por la fuerza si eso pasaba; pero Watcher tiene métodos más sutiles.

    Se echó hacia atrás en la silla, una vez más, y volvió a colocar la pantalla hacia sí.

    —A mí, el que funcione de los dos, me da absolutamente igual. Únicamente quiero hacer mi trabajo de una vez. Colabora, llevémonos bien, y todo será mucho más fácil para ambas, ¿vale?

    >> Ahora, te repito las preguntas: ¿enfermedades crónicas? ¿Alergias a medicamentos? ¿Consumo de fármacos o drogas en los próximos años? Y responde de verdad, por tu propia seguridad.


    Si respondes y decides mentirle (pero de forma más convincente (?)), bajo tu propio riesgo, tira dado de carisma. Si lo que respondes es la verdad, no se necesitará dado.


    Bueno, aquí llegan Kcalbdelaperdicion Naiki Gigi Blanche y Santygrass. Aún necesito que terminen los que quedan en la Provincia para poder continuar con normalidad y uniros en grupos grandes para que roleéis (que aunque parezca mentira por el contexto, lo haré (?)) y avancéis, pero mientras, hago como con los demás y os suelto aquí. En el primer post del tema están las ubicaciones de cada personaje principal dentro de la Prisión, ya que al empezar a ser muchos se puede complicar orientarnos. Incluyo a Talía y a Lucas dado que ellos también estarían aquí, pero no hago nada con ellos por el momento porque están inactivos y no sé aún si volverán o no. Me reservo por tanto la trama de sus personajes por ahora.

    Para vosotros cuatro, ya tenéis los árboles de movimientos de vuestros pokémon en las fichas. Por favor, consultadlos cuando podáis. Para los seis, incluyendo a Neki y Jen: recordad por favor que debéis, cuando podáis, revisar estos árboles y adquirir los movimientos que queráis siguiendo las indicaciones que puse en su momento. Reseteé los movs de todos los pokémon a solo uno; recordad que debéis escoger tantos movimientos como nivel tenga vuestro poké (por lo que será 1 para los que están a lvl. 1, y 2 movimientos para los que están a lvl. 2).
     
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  13.  
    Kcalbdelaperdicion

    Kcalbdelaperdicion MFL Refugee XIII

    Acuario
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    Una sacudida y un estruendo fue mi último recuerdo de aquel barco, antes de perder la conciencia.

    Tal vez todo había sido un mal sueño y despertaría de vuelta en aquella pequeña ciudad costera, donde la mayor de mis preocupaciones era juntar suficiente dinero para pasar la noche.

    Sin embargo, al abrir los ojos sobre el frío suelo de la celda estaba claro que la pesadilla no había terminado.

    Intente incorporarme hasta que un dolor punzante en mi pie izquierdo me obligó a sentarme en la cama de la habitación. Gruñí por el dolor, la pesadilla era extremadamente real y parecía no tener final.

    Analicé el estado de mi pie, no tenía lesiones a simple vista, pero el dolor era compatible con un esguince, al menos. Presté atención en la celda, buscando cualquier material que pudiese servir para inmovilizarlo. Con un poco de cuidado podría estar más estable en un par de días.

    Me concentré en mis heridas para evitar pensar en la situación en la que me encontraba. Atenderlas y curarlas era lo único sobre lo que tenía control. Necesitaba algo familiar a lo que aferrarme para no perder la cabeza.

    Después de examinar la habitacion dirigí mi mirada al exterior, había otro prisionero directamente frente a mi. Lo observé detenidamente, no me lo crucé en el barco pero no estaba seguro, había decenas de personas. En cuanto me devolvió la mirada desvíe la vista al pasillo esperando localizar mas gente. Tal vez uno de los guardias de esta prisión podría proporcionarme un botiquín, hasta una botella de alcohol serviría.

    Kris piensa esperar a que pase un guardia pa pedirle cositas, puedes adelantarte y agregar esa interacción si quieres, si necesito lanzar un dado de carisma lmk
     
    Última edición: 5 Abril 2026 a las 4:29 PM
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    Yugen

    Yugen D e p r e s s e d | m e s s

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    Algo de todo lo que me dijo, en medio de los repetitivos "no puedes preguntar" y "eres presionera" que ya me conocía, un detalle llamó mi atención. Fue pequeño, fugaz y la doctora no se detuvo en él más de lo necesario, pero me dio parte de la información que estaba buscando desde que desperté en la celda del módulo de aislamiento. Al principio me causó contrariedad y la miré como si la viese por primera vez, como si le hubiera crecido una segunda cabeza.

    ¿Estaba de coña?

    No solo no iban a matarnos, es que no iban a dejarnos morir. Aún si alguno de nosotros pretendiese acabar con su propia vida, no lo permitirían tampoco. No teníamos ni siquiera la libertad para suicidarnos. ¿Y quién era Madame, a todo esto? ¿Otro robot como Watcher? ¿Un alto rango de la División de Control?

    Mi mente iba y venía en círculos. Si no me iban a permitir morir de hambre, definitivamente me forzarían a comer de una u otra forma, como ya me había avisado Perrabot. Nos necesitaban y harían todo lo que estuviese en su mano para mantenernos vivos.

    Eso... podía jugar a nuestro favor.

    Y de hecho sería un plan perfecto y sin fisuras aparentes si no hubiese otro detalle a tener en cuenta. Y es que el Imperio nunca dejaba nada al azar.

    Cuando aquella mujer giró el monitor en mi dirección fue como si un rayo helado me hubiera sacudido el pecho de parte a parte. Eran Shroodle y Smoliv en pequeñas jaulas separadas, en algún lugar de esta prisión.

    —¡Yuu!—exclamé con angustia.

    Era... esa misma extorsión otra vez, igual que en las Grutas. Idéntico modus operandi. La seguridad de un aliado a cambio de mi colaboración. Funcionaba, era algo que debía reconocerles. Si lo que querían conseguir era mi sumisión, poner en entredicho la integridad física de alguien que me importaba era la mejor forma de conseguirlo. Nosotros éramos un bien valioso para el imperio pero la vida de los pokémon desechables. No les temblaría el pulso.

    Sentí de nuevo una ola de amarga impotencia recorrer mis venas y subir desde mi pecho a la garganta. El nudo se hizo más fuerte y apretó.

    Joder.

    —... No tengo alergias, ni tampoco ninguna enfermedad crónica—crucé los brazos creando un improvisado escudo entre ella y mis propias emociones ambivalentes—. Tampoco tomo drogas. A no ser que consideres como tal las pastillas para la ansiedad y la depresión.

    >>¿Es suficiente con eso? ¿O hay entrevista parte dos?
     
    Última edición: 5 Abril 2026 a las 5:14 PM
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