Playa Bar OASIS

Tema en 'Sakura Inn' iniciado por Gigi Blanche, 4 Marzo 2026.

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    Gigi Blanche

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    El bar de playa de la posada, de reminiscencia hawaiiana. La estructura principal, de líneas ondulantes y techo de paja natural, se funde con la costa como un lounge abierto. Bajo el alero de palma, la iluminación dorada baña el interior con una luz íntima que invita a quedarse al caer la tarde. El mobiliario combina madera oscura, fibras naturales y tapizados en tonos arena y terracota.

    En la zona exterior, amplias reposeras acolchadas rodean pequeñas piscinas de agua artificiales que reflejan el cielo del atardecer. Las palmeras enmarcan el paisaje y sostienen la iluminación tenue que baña el aire libre. Es un lugar pensado para disfrutar cócteles frescos, música suave y la brisa marina.

    Bar OASIS.png

    Incluido en:
    Playa Morito

    Conecta con:
    Jardín Wisteria
    Infinity pool
     
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    Gigi Blanche

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    Hiroshi condujo al grupo fuera del restaurante y lo rodearon para adentrarse en los terrenos de la posada. Les indicó las principales aguas termales al rebasarlas, delimitadas dentro de grandes vallas de bambú y vegetación, y entonces, a medio camino, se detuvieron. El hombre revisó la hora en su teléfono celular y, aunque pretendía conservar la calma, lo cierto era que su pie había empezado a golpetear el césped.

    Tres, cinco, diez minutos transcurrieron hasta que una figura emergió por detrás de un edificio. Encorvada, desgarbada, llevaba las manos hundidas en los bolsillos, las eternas gafas de sol y la maraña de cabello ceniciento aplastada bajo una gorra carmesí que parecía pertenecer a algún equipo de béisbol.

    Yo.

    —R-Ratatouille-san, llega tarde —masculló Hiroshi, inclinándose hacia su colega para que la menor cantidad de estudiantes posible lo oyera.

    Skit alzó levemente la barbilla para mirarlo y se notó que arrugaba el semblante.

    —Pero ¿no les tocaba KOMA primero?

    —Sí, venimos de ahí.

    —¿Y cuánto estuvieron? Five minutes? Eso no es cool, Hiroshi-san.

    Su acento era tan peculiar como de costumbre.

    —Eso no importa, debemos apegarnos al itinerario. —Lavando la impaciencia de su tono, Kenzo se volteó a los estudiantes—. Bueno, chicos, ahora seguirán con Ratatouille-san. Cuídense y suerte.

    Skit nunca era particularmente aliñado, pero ahora parecía un huésped cualquiera de la posada con las flip-flop rojas en los pies, el bañador de flores que dejaba al descubierto sus piernas raquíticas y velludas, la remera blancuzca con la estampa vieja y la camisa manga corta por encima. Y las gafas, por supuesto.

    Alright, andando. Let's go, kiddos.

    Viraron hacia el oeste y se introdujeron brevemente en un precioso jardín atestado de wisterias antes de tomar el puente Misogi que, a juzgar por el aspecto tradicional, pertenecía al santuario. Desembocaron directo en la playa y siguieron una pasarela hecha con tablones de madera que los guió a un bar de aspecto agradable y relajado, con una música latina entremezclándose al rumor del oleaje. Eran poquísimas las mesas ocupadas y el movimiento del personal, en consecuencia, mínimo.

    —Vengan, vengan —los arengó Skit para que se cubrieran de la llovizna bajo el techo de paja, y entonces se volteó—. Oh, Sienna! Dear!

    —¡Llegaron! —Una mujer los abordó con una sonrisa de oreja a oreja—. ¡Bienvenidos a OASIS!

    Su acento japonés evidenciaba sus raíces extranjeras. De tez tostada, mirada azulina y facciones cinceladas, llevaba la mitad de los rizos trenzados contra su cabeza; el resto del pelo caía sobre su hombro, brindándole un aire maduro pero alegre y desenfadado.

    —Soy Sienna, la encargada del bar —se presentó, dejando sobre la barra unos menú—. Menudo día para arrancar su semana aquí, ¿eh? ¿Se mojaron mucho?

    —Nah. Sólo son unas chispitas, nada preocupante —comentó Skit, quien ya se disponía a lanzarse sobre uno de los taburetes cuando Sienna lo pescó del cuello de la camisa.

    —Y este de aquí es su profesor a cargo de OASIS, cosa que dudo les haya dicho —informó ella, aún radiante, y se echó a reír mientras zarandeaba al hombre—. ¡Bueno! Entiendo que vienen de KOMA. El ambiente aquí es mucho más distendido y relajado, como podrán ver, pero las responsabilidades son bastante similares: podrán ocuparse de la barra, ayudar en la cocina, atender a los clientes... La mayor diferencia es que acá andarán en patas.

    >>¿Hay algo que les gustaría consultar? Hoy está super tranquilo, como pueden ver, así que tenemos tiempo.


    Igual que con el restaurante: si alguno de sus personajes tiene experiencia en las tareas mencionadas, pueden especificármelo.

    Amane Zireael quem Insane Reual Nathan Onyrian
     
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    Gigi Blanche

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    La reacción de Riamu fue más... escandalosa de lo que estimaba y me arrancó un respingo mínimo. La miré, suavizando mi semblante recién unos segundos después, y no pude pedirle que evitara alzar la voz pues siguió hablando.

    —Supongo que podrías intentar intercambiar lugares con alguien e ir al encargado con la propuesta —sugerí—. Los futones no son tan terribles, de todos modos. ¿Nunca fuiste a una onsen tradicional?

    Podría esperar las quejas de cualquiera de nuestros compañeros extranjeros, quizá, pero viniendo de ella era un poco más llamativo. ¿Un trabajo que llamara mi atención? Lo pensé mientras nos guiaban fuera del restaurante, al cual le eché un último vistazo. No creía que hubiera otro espacio tan sofisticado como este en la posada.

    —Probablemente ninguno de los que nos ofrezcan —resolví en un murmullo, caminando—. Ni siquiera quería venir aquí, Ri-chan, pero mis padres me obligaron. Lo del programa de pasantías seguro es una excusa para promocionar la posada con los niños ricos de Tokio y seguimos siendo adolescentes, no haremos más que atender mesas y lavar platos. Será un incordio.


    Pasado un rato apareció el relevo y nos guiaron a... ugh, el bar estaba en la playa. Bajé la mirada a mis zapatos, rogando que no se les colara arena dentro, y fui con cuidado. Ya empezaba a sentir la humedad de la brisa y la sensación me arrugó el semblante con disgusto.
     
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    Insane

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    La voz de Rowan me hizo girar el cuello ligeramente, esbocé una sonrisa amigable al ubicarlo y asentí ligeramente entusiasmada. Digamos que imaginaba y podríamos trabajar en diferentes lugares en el pasar de los días, y ya imaginaba que sería entretenido aunque algo cansado.

    —¿Algo con lo que te identifiques hasta el momento? ¿Mesero, bartender, cocinero? —Pregunté en vos baja para no llamar la atención de quien nos estaba guiando.

    Noté a Alek mirarlo con el ceño fruncido.

    —¿Y el otro tipo no vino, el que es tu hermano o tu novio?

    —Shhh —le pegué con suavidad en la costilla con el codo, pidiéndole que bajara la voz en lo que torcía los ojos ligeramente.

    Fue entonces que Makoto se despidió, pasando los estudiantes al siguiente punto. Caminamos hasta el Sr Skit, el lugar estaba precioso, sentí mis orbes brillar al ver el estilo relajado, veraniego y menos -visualmente- exigente que el anterior.

    —Mejor trabajemos aquí —susurré apretando los labios, como para sentir aún el brillo labial que me había aplicado al salir de la habitación—, mire a Rowan por el rabillo del ojo—. ¿Y estás entusiasmado?

    Hal no dijo nada sobre el cambio de escenario, no sabía muy bien qué lugar decidiría para sus tareas, tampoco si quisiera que lo acompañara en ellas, igual sabía que si en algo se desempeñaba bien era en el trabajo.
     
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    Zireael

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    Rowan2.png

    Bartender, of course —contesté en un tono que no fuese a interrumpir—. Aunque tampoco es que prepare tragos en Tekné. Voy a servir rostro casi siempre, ya sabes.

    La tontería fue una broma. No iba a servir rostro, iba a acompañar a los muchachos y ayudarlos con cuestiones de logística más que de servicio aunque a veces también atendía la gente. Me encargaba de asegurarme de que todo sucediera como debía, de vigilar la gente que llegaba y demás. Si no era un mal día, ayudaba cuando llegaba la mercadería y demás. Todo dependía. En cualquier caso, la pregunta de su amigo me sacó una risa.

    —¿El que parece mi marido, dices? —atajé sin haberme ofendido una pizca, la verdad me daba igual como luciera mi amistad con Tora a ojos del mundo—. Tora se quedó en Tokyo. No le gustaba la idea de compartir habitaciones y al parecer es un workaholic. Quería quedarse trabajando en el bar.

    La respuesta a la pregunta de Ilana quiso rozar lo escueto, pero supuse que tenía que ver más con Kai que con el hecho de que el lugar hubiese iniciado labores recientemente. Cualquier otro le había pintado pajaritos en el aire con el ambiente del lugar y tal. De todas formas, al echar un breve vistazo a la chica, creí notarla tranquila ya. También seguro la reconfirmación de que mañana empezábamos había ayudado.

    Como fuese, salimos del restaurante y anoté mentalmente la ubicación de las aguas termales detrás de las vallas de bambú. Ya cuando el excéntrico de Ratatouille apareció, atravesamos por un momento un jardín de wisterias y mis ojos se distrajeron en las flores. Así fuimos a caer directo a la playa, al bar, donde la música se mezclaba con el sonido del mar. El ambiente de inmediato me agradó más que el del restaurante. La encargada del bar era una mujer llamada Sienna.

    —Mejor aquí —secundé al comentario de Katherin y a su pregunta asentí con la cabeza—. Lo estoy. Me hacía bastante falta un cambio de aires.

    Un poco estaba jugando a la ruleta rusa, si me daba una crisis de salud aquí iba a pasarla como el culo, pero ni modo eran cosas que a veces había que hacer. Si me quedaba en casa pensando en que quizás me sintiera mal, pues nunca iría a ninguna parte.

    —Lo de ganar experiencia era medio excusa, imagino que todos queríamos venir por rascar vacaciones en un lugar de estos —apunté, entretenido—, ¿o no?

    Dudaba que nos fuesen a pagar la gran cosa de por sí.

    Se me olvidó poner outfit de Rowan porque olvidé que no había roleado con él antes (?
     
    Última edición: 3 Abril 2026 a las 12:51 PM
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    Gigi Blanche

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    Luego de presentarnos con nuestro compañero, Atkinson, ingresamos a la habitación y sonreí al saber que él también tocaba la guitarra. Eso era una gran coincidencia y una buena posibilidad de seguir reclutando gente para el club. Me reí con ligereza tras su comentario, ya tumbado en la cama, y fui cerrando los ojos conforme le decía que confiaba en él. ¿Fundamentos? Ninguno.

    Tal y como habíamos prometido, nos reunimos con Anna y Morgan para almorzar. Las chicas no compartían habitación y Morgan acotó brevemente conocer a Kashya cuando Anna la mencionó como su compañera. Única compañera, además. Qué suertudas eran. Conversamos de cualquier cosa, aunque el mayor trabajo lo hizo Anna, y luego regresé a descansar el tiempo que nos permitieran. La siesta fue gloriosa y reparadora.

    Al volver a salir me calcé el gorro tras comprobar que aún caía una llovizna leve y empezaron a guiarnos por las instalaciones donde trabajaríamos. Saliendo del restaurante ubiqué a Kakeru y fui con él. Imaginaba que su situación con Anna sería algo compleja ante la presencia de Altan y que todos, en cierta medida, tendríamos que fingir un poco de demencia. Caminamos juntos hasta el bar y apenas pude me descalcé, aprovechando que llevaba unas sandalias sin calcetines. El contacto con la arena me hizo sonreír y permanecimos en la retaguardia del grupo mientras llegábamos y nos atajaba la encargada de aquí.

    —¿Estuviste trabajando mucho, entonces? —inquirí, y él resopló sin lucir verdaderamente molesto ni hastiado.

    —La verdad que sí, se aprovechó de mis vacaciones para explotarme —bromeó, sin elevar la voz—. "Ah, ¿ya no vas a la escuela? Entonces vamos a estropear por completo tus horarios de sueño, andando".

    —Haru siempre se ha quejado de sus rutinas, sí. La de veces que lo ha despertado un lunes a las tres de la madrugada porque entra chocándose todos los muebles...

    —Sugawara tiene la paciencia de un santo. —Me miró—. ¿Llegaste a verlo? Ahora, digo.

    Meneé la cabeza.

    —Este finde estaba muy ocupado con no sé qué, nunca habla mucho de su trabajo, así que no nos vimos. ¿Y tú? ¿No hiciste nada además de ser explotado por Frank?

    Una sonrisa danzó en sus labios.

    —¿Algo de eso, dices? Pues... no. —Esta vez el resoplido sí sonó frustrado—. En verdad no me he visto con nadie desde... el año pasado.

    O sea, desde Anna. Por un lado suponía que tenía sentido, ¿no? Lleva tiempo recuperarse de un intento de suicidio y tampoco lo veía preocupado por cambiar de forma sustancial su estilo de vida. Dubois de un lado, Shinomiya y los chicos del otro, y enfrente, su ex novia con su pareja actual. No envidiaba a este pobre diablo, en absoluto. Ahora que lo pensaba, si se permitía arrastrar tanto por Frank probablemente fuera su manera de despejarse o de no pensar las cosas a secas.

    —Qué triste —murmuré, y él se encogió de hombros.

    —Son tiempos de sequía.

    La broma me robó una risilla.

    —Habrá que salir a explorar nuevas tierras, entonces.

    —Ah, habló el experto. ¿Te divertiste mucho en Osaka y Kioto, Ishi?

    —Pero ¿qué imagen tienen de mí? —refunfuñé, alegando inocencia, y ante la insistencia de su mirada sonreí—. Un poco. Conocí a alguien, de hecho, pero... da igual, imagina que volvamos a vernos.

    —Podrían.

    Mi sonrisa permaneció estática.

    —Nah. Mucho trabajo.

     
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    Amane

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    Riamu 5.png

    —¿Tú crees que me dejarán? —cuestioné en voz algo más baja, girando la cabeza para mirarlo—. Sí, claro, hace poco fui con Thi a uno. No me molestan los futones, pero me gustaban más cuando creía que todos teníamos que usarlos —volví a quejarme con las mejillas infladas, por simple amor al arte.

    Esperé su respuesta mientras nos dirigíamos al exterior del restaurante, ya que parecía que habíamos acabado con esa parte del recorrido, y no pude evitar la risilla que me salió de los labios tras recibir la misma. Por supuesto que ninguno le llamaría la atención a Kouchii, ¿qué otra cosa podía haber esperado? A decir verdad, ni siquiera podía culparlo por ello. Podía ser algo más optimista al respecto, pero de todos modos, esperaba no tener que acabar lavando platos...

    >>¿Papá Shinomiya? ¿Acaso se ha molestado porque me he acoplado todo el mes en tu casa? —quise saber, sin lograr disimular mi preocupación, y no fue hasta que noté su disgusto al acercarnos a la playa que me permití una nueva sonrisa divertida—. ¿Sabes? Yo me lo estoy tomando como práctica. Esta semana no seré solo tu querida Ri-chan, si no también una pobre chica huérfana que necesita varios trabajos para darle de comer a sus dos hermanos pequeños. ¡Es un buen papel, ¿no crees?! —acoté, quizás demasiado emocionada para una cosa tan tonta—. ¿Por qué no haces algo similar? Por ejemplo... imagina que es como un trabajo super importante para los Lobos o algo así.


    Alisha 2.png

    Aquel día estaba siendo todo un caso para mi pobre cuerpecito, to be very honest. Primero había estado la resaca con la que me había despertado, claro, y la posterior pastilla que me tomé y que, por fortuna, fue efectiva a la hora de remitir los efectos negativos de la misma. Después había almorzado con ganas, lo que había hecho que recuperara prácticamente todas mis energías, pero entonces aproveché el tiempo libre que nos habían dado para echarme un siesta y... nah, lo único que había conseguido era tener ganas de seguir durmiendo.

    Que me hicieran salir de la cama para hacer un recorrido por las instalaciones no me vino para nada en gracia, ¿pero qué iba a hacer? No podía empezar a meterme en problemas desde el primer día, ¿no? Tenía que dejarles un poco de espacio para que se confiaran y todo eso. Así pues, seguí al resto hacia el interior del restaurante con paso lento, aguantándome a duras penas las ganas de bostezar y agradeciendo que la oscuridad del lugar me ayudara a disimular el cansancio. Al menos nos dirigimos a la playa después, lo que hizo que mis ánimos se elevaran de manera considerable.

    Yo! ¡Tengo una duda! Si sobra algo de alcohol al acabar la jornada, ¿nos lo podemos llevar~?

    una pregunta más que importante, definitivamente
     
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    Zireael

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    Ilana.png

    Después de almorzar me había ido a echar la mejor siesta que recordaba haber tenido en semanas, caí noqueada y cuando fue hora de volver a reunirnos con el grupo sentía la cara hinchada pero de dormir. Buena parte del rato me estuve restregando los ojos, adormilada todavía, y cuando Kai preguntó por el asunto de la gastronomía estuve un rato debatiéndome si valía la pena responder que mi experiencia en el tema era haber hecho chocolates hace algunas semanas. El crédito más bien se lo llevaba Sasha por haberme enseñado. Al final la duda me fue poniendo nerviosa y estuve peinándome el pelo con las manos hasta que me atreví a hacer otra pregunta.

    La respuesta, digamos, ni siquiera intentó superar mis expectativas ni pintar el asunto como un idilio. Me preocupaba un poco el tema de ayudar propiamente en la cocina, pero eso sería un problema de la Ilana del futuro. Al menos la reconfirmación de que empezábamos a trabajar mañana me calmó y al final me limité a seguir al grupo hasta el siguiente punto. En el trayecto le tomé una foto a las wisterias y se la envié a papá con un emoji de estos, de ojitos aguados, esperando que me perdonara por la escapada con Mei. De todas formas sabía que no podría contestarme hasta quién sabe qué horas.

    A la vez fui oyendo a la encargada, que parecía mucho más desenfada que Kai, pero me distraje de más en el teléfono respondiendo algunos mensajes extra de las chicas disimulada entre las siluetas de los demás para no quedar como una grosera. No tenía mucho que aportar, tenía la cantidad exacta de cero experiencia en nada, si acaso había ayudado a hacer el aseo de áreas comunes cuando estuve en la residencia del intercambio. No me quedaría más que aprender sobre la marcha.

    Eso y que me distraje mucho con el sonido del mar, ya quería tener un tiempo para ir a la playa. Procuré quitarme del camino, por si alguien quería adelantarse o lo que fuese para escuchar mejor, y cuando guardé el móvil en el bolsillo trasero del short alcé la cabeza para echar un vistazo rápido. Ubiqué caras conocidas por aquí y por allá, pero reparar en los tatuajes de Shimizu por un costado del ojo me tensó el cuerpo contra mi voluntad.

    Tomé aire, sintiéndome estúpida, y repetí el mapeo del espacio un poco más lento. Fue una tontería, pero al notar la mata de pelo oscuro de Kakeru las piernas se me movieron solas y al empezar a cortar distancia hacia él, que fue cuando noté estaba con Kohaku, me di cuenta que el miedo que me había golpeado el pecho retrocedió. Todavía me sentía un poco ponchada por no haberlo visto como había planeado, pero como nos habíamos intercambiado mensajes de todas formas, bueno, de alguna manera era como haber podido seguir fastidiando a la pobre criatura non stop.

    A medio camino temí que se viera raro que me acercara a ambos si ya estaban hablando o la cosa que fuera, pero no iba a darme vuelta y regresarme por donde vine. Tampoco quería volver por donde había visto a Arata, ya de paso, así que bateé mis pensamientos sin sentido. Al llegar con ellos les dediqué una sonrisa amplia.

    —Mis sensei favoritos —bromeé porque sí y luego alcé la vista a Kakeru específicamente—. Tendrías que haberme visto leyendo el nombre de mi habitación. Estoy cada día más cerca de dominar japonés.

    Me hinché un poco el pecho, orgullosa, y me reí por lo bajo.

    —¿Me puedo unir al grupito fuera del grupote? —les pregunté a los dos, señalando al resto de gente. Bah, no era que estuvieran fuera en sí, pero se entendía.


    no podía no hacerlo :D
     
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    Gigi Blanche

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    Sienna ubicó a la muchacha que había hablado con algunos estirones de cuello y le sonrió, en una invitación silenciosa para hablar. La pregunta le permeó el semblante de desconcierto y, un segundo después, se echó a reír. Fue una carcajada tan fresca y sonora que incluso los empleados de la barra corrieron la vista de sus actividades. Skit, quien ya había sido puesto en libertad y permanecía de pie junto a la mujer, también giró el rostro hacia ella. Aún con las gafas se adivinaba su expresión con facilidad.

    Girl, no.

    —¿Eh? ¿No? Pero ya habrá algunos de ellos con más de dieciocho, ¿no? —se quejó Sienna, señalando a los estudiantes—. ¿Cuántos años tienes, niña?

    —La edad no importa, chica, se supone que van a trabajar.

    —Venga, Skittles, ¿desde cuándo tan aburrido?

    Skit suspiró.

    —¿Desde que necesito este trabajo para comer, maybe?


    —Hmm, buen punto. —Se volteó hacia Alisha y alzó tanto los hombros como sus manos, derrotada—. Lo siento, bonita, por el pinganillo me dicen que debemos comportarnos. Además, aquí entre nos, es bastante raro que sobre algo~


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    —No tengo idea —rebatí, y la sombra de una sonrisa me torció la boca—, pero si les haces el suficiente berrinche tal vez les ganes por cansancio. —La miré—. ¿No es tu estrategia usual, Ri-chan?

    No le molestaba el futón, sino no tener lo que ella consideraba mejor. El cuadro se pintaba solo. Eventualmente seguimos viaje y percibí con claridad la preocupación que permeó su voz. Giré el rostro hacia ella y le sonreí, meneando la cabeza. A papá le daba exactamente lo mismo lo que hiciera en su ausencia siempre y cuando no nos perjudicara de puertas para afuera. Sabía que Teruaki le había ido con el cuentito y, pese a no contar con su opinión de primera mano, descontaba que tener a una chica en casa le significaba un alivio antes que una molestia. Imagina irte a dormir por fin sin el pánico de que tu hijo sea gay, ¿no? Pobre hombre.

    —Se habrá acordado de repente que me queda poco para graduarme, eso es todo —busqué apaciguarla, y luego alcé las cejas. ¿Huérfana y con dos hermanos? Su propuesta me robó una risa nasal—. No creo que pueda convencerme de que atender mesas es una misión fundamental para la supervivencia de la manada.

    No había manera. Le dejaba a ella las ilusiones, que de por sí tenía dotes actorales. En cualquier caso... si realmente debía elegir suponía que prefería el restaurante antes que este bar de playa.


    [​IMG]

    Era increíble lo diferente que olía el aire aquí en comparación a la ciudad. Suponía que en el transcurso de la semana me acostumbraría, claro, pero de momento no podía dejar de notarlo. Agradecí la compañía de Ishi y conversamos de varias cosas hasta llegar al resguardo del bar. La llovizna no era disruptiva, sólo mantenía una fina película de humedad sobre mi cabello y, en cierta forma, me hacía más consciente del océano. Me alegraba estar aquí, lejos de casa, lejos de mis padres, lejos de todo lo que encapsulaba mi pequeña vida.

    Los ojos de Kohaku fueron los primeros en deslizarse a mi costado y entonces volteé el rostro, topando con Ilana. Al verla recordé la forma en que su cabeza había aparecido flotando por el marco de su puerta y la imagen mental me estiró algo más la sonrisa. Mini Ishi le dedicó un breve asentimiento a su saludo.

    —Hola, Lana. ¿Lo conseguiste de una? Muy bien, muy bien. Me enorgulleces.

    Por un tiempo me había preocupado que mi cancelación de nuestros planes la ofendiera o molestara, pero nos seguimos mensajeando con normalidad el resto del verano y ahora, viendo que se había aproximado a nosotros sin ningún problema, bateé la idea por completo. De por sí no tenía sentido, ¿cierto? Sólo eran mis paranoias usuales. ¿Por qué le afectaría algo tan insignificante como salir a tomar un helado? Debía haber hecho mil cosas mucho más entretenidas en sus vacaciones que... que verme a mí.

    —Puedes unirte —acepté, y me incliné apenas hacia ella—, pero con la condición de que nos hagas un reporte de tus vacaciones.

    —Ah. —Kohaku abrió los ojos, mirando a Ilana, y tras unos segundos de estupor se le aflojó una risa avergonzada, o culpable, o resignada, o todas las anteriores—. Nunca te pedí la guitarra, ¿cierto?

     
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    Zireael

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    Ilana.png

    El chispazo de exceso de conciencia de mí misma era un incordio con el que todavía no sabía muy bien cómo lidiar, pues no era parte nuclear de mí, había surgido un poco contra mi voluntad desde que llegué a Japón. De todas formas, al ser recibida por los muchachos pude diferenciar mis pensamientos de la realidad y al escuchar a Kakeru llamarme Lana, como siempre, mi sonrisa se estiró un poco más.

    Asentí a su pregunta, entusiasmada, y esta vez me permití la risa que me había guardado con las chicas pues porque nadie iba a entender en ese momento de qué me reía de por sí, pero él sí. Mira si iría a acordarme de este chico cada vez que se me hiciera un embrollo con un kanji. Culpa suya, la verdad. Mi japonés se iba a seguir rompiendo cuando quisiera, así que era como que inevitable.

    El asunto de la cancelación... pues era. No me gustaba hostigar a la gente, lo pareciera o no, y en parte por eso tampoco había querido husmear de más y ver que había venido a las pasantías me alegraba. No iría a decirlo, pero de alguna forma era como si de mis ochocientos planes formados del aire, al menos lo del paseo a la playa se me hubiese cumplido. Con otras veinte almas, pero eso daba lo mismo. Uno perdía por un lado y ganaba por el otro.

    Como fuese, me confirmó que podía unirme y lo miré cuando se inclinó apenas en mi dirección. La condición para ser aceptada en el grupito era darles un reporte de mis vacaciones, pero me acordé que Kohaku se había marcado un gemelas Minami yéndose de Tokyo y lo que yo tuviera que contar seguro fuese aburridísimo. Estaba contemplando por dónde comenzar, cuando Ishikawa pareció acordarse de algo y trajo a la mesa lo de la guitarra. Llegados a este punto ya tenían que poner un cartel de
    missing en la sala de música, que yo me llevé el instrumento porque él me dio permiso y nunca hicimos ningún papeleo ni nada.

    —Me secuestré la guitarra todas las vacaciones, pero te prometo que la cuidé con mi vida y que valió toda la pena. Practiqué bastante, Kakeru es testigo —expliqué junto a una risilla, rascándome la nuca, pues no era mentira, era una de tantas cosas con que lo había estado molestando día sí y día también—. Si te vas a meter en problemas, entonces son nuestros problemas que yo tampoco fue que preguntara ni nada. Me acordé en algún momento del último día de clases y pues la había dejado en casa. I'm so sorry.

    Al terminar de hablar uní las manos al frente e hice una reverencia algo atropellada. El movimiento fue un poco brusco, también la forma en que erguí la espalda luego, y me saqué el cabello de encima de un par de movimientos.

    —Pero ahí tienen parte del reporte requisito para unirme al grupo. Mis vacaciones no fueron nada muy emocionante, me invitaron a una fiesta un finde y el resto de días se repartieron en pasar tiempo con mi madre o con una de mis mejores amigas yendo a comer algo o a algún jardín o lo que fuese, practicar con la guitarra y la kalimba. Ah, y ayer salí con, ¡con la Pésima Influencia! —Al llegar a la mención de Mei me acordé cómo la bautizamos el día del bosque y me reí al contarlo—. No dormí casi nada y me comí una regañina... pero hey, la siesta luego del almuerzo me dejó como nueva.

    Sonreí, como si no acabara de soltar un montón de cosas de la nada. Miré a ambos de nuevo.

    —A mí un pajarito me contó que te fuiste de viaje —le dije a Kohaku, alzando la mano para cubrir que estaba señalando al pájaro en cuestión con la otra. No fue disimulado en lo más mínimo, pero lo hice justo por eso—. ¿La pasaste bien?

    Al relajar las extremidades de nuevo, pesqué a Kakeru por la camiseta y lo tironeé sin una gota de fuerza real. Al recibir su atención se me coló una pizca de ilusión que no noté en realidad.

    —¿Crees que nos pongan juntos en algún shift? That would be fun.
     
    Última edición: 4 Abril 2026 a las 6:50 PM
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    Me tomé el descanso después del almuerzo con una ligereza que no era muy propia de mí habíamos salido a comer con cierto entusiasmo… bueno, siendo honesta, más de mi parte que de la de Adara. Ella era… complicada de describir mientras hubiera comida, simplemente la comía, sin cuestionarse demasiado según ella, no se hacía problema por nada.

    Tan simple. Tan distinta a mí.

    Después llegó el momento de conocer los lugares donde trabajaríamos, así que comenzamos a recorrer el restaurante con calma no había prisa, lo que me permitió fijarme en pequeños detalles: la disposición de las mesas, el sonido tenue de las conversaciones, el ambiente en general.

    Seguimos avanzando hasta que finalmente llegamos a la playa. Fue ahí cuando mencionaron algunas cosas que hicieron que girara ligeramente la cabeza para mirar a Adara de reojo.

    —¿No vas a decir nada sobre tu experiencia en la barra? —pregunté, curiosa.

    —No —respondió sin dudar, frunciendo apenas el ceño, como si mi pregunta no tuviera demasiado sentido—. Prefiero observar un poco más el lugar.

    —¿Observar? ¿Para qué?

    —Para tantear el terreno —contestó con naturalidad—. Además, no tengo tanta experiencia… solo fue una o dos veces, no lo recuerdo bien. Ya sabes, tengo memoria fotográfica, pero justo ahora decidió no ayudarme.

    Se encogió de hombros con ligereza y recorrió el lugar con la mirada. Yo terminé haciendo lo mismo, casi por inercia pensándolo mejor… tenía razón. Adara había tenido cierta experiencia en una barra cuando aún vivía en Grecia según lo que contó, un amigo suyo se enfermó y ella decidió reemplazarlo. Sin permiso de su padre, claro eso le trajo consecuencias… varias, de hecho pero aun así, lo recordaba como algo fácil.

    Demasiado fácil. Era buena en ello preparar bebidas parecía algo natural para ella, casi automático supongo que tenía sentido: por parte de su madre, su familia trabajaba en ese ambiente, y desde pequeña había estado rodeada de todo eso observando, aprendiendo sin darse cuenta.

    Aunque, en el fondo, nunca fue lo suyo.
    Lo de ella siempre fueron los números, las letras… el orden algo que, sin duda, había heredado de la familia de su padre.

    Seguí caminando, dejándome llevar por el recorrido, hasta que, entre la gente, reconocí a alguien.

    David.

    Una pequeña sonrisa apareció en mis labios casi sin que me diera cuenta no recordaba la última vez que habíamos hablado, pero sí tenía muy presente dónde lo conocí: en el campamento .Y entonces pensé… Si no me acercaba ahora, probablemente me arrepentiría después.

    ¿O no? No estaba completamente segura. Pero igual decidí hacerlo.

    —¿Me acompañas? —le pregunté a Adara.

    Ella me miró con cierta extrañeza.

    —¿A dónde?

    —Voy a saludar a alguien —respondí, señalando en su dirección. Luego, al notar su expresión, añadí—. ¿Lo conoces?

    Se quedó mirándolo unos segundos antes de responder.

    —Sí. Es mi compañero de clase.

    Eso sí que no me lo esperaba. Alcé ligeramente una ceja.

    —Pero te acompaño —continuó—. Quiero ver más de cerca la barra. Lo saludo y luego me desvío un poco. No me demoraré.

    Asentí sin decir nada más, y comenzamos a caminar hacia allá, esquivando personas en el camino. Fue entonces cuando, al pasar junto a un grupo, reconocí a Ko, levanté la mano casi por reflejo, llamando su atención. Me parecía demasiado descortés pasar de largo sin siquiera saludar.

    —Hola, esperamos no interrumpir —dije con una sonrisa amable, mirando primero al grupo—. Hola, Ko. Me alegra verte, espero que estés muy bien.

    —Hola —añadió Adara.

    Luego, comenzó a hablar, y entendí enseguida lo que hacía.

    —Rockefeller —dijo, mirando a la chica—. Fujiwara —continuó, dirigiéndose al otro chico.
    Les dedicó una leve sonrisa antes de fijar su mirada en Ishikawa.

    —Kohaku.

    No pasó desapercibido el hecho de que fuera el único al que llamó por su nombre. Por mi parte, apenas los observé un instante. Era una parada breve, nada más.

    —Mucho gusto, soy Fiorella Bianchi —me presenté, especialmente para quienes no conocía—. Solo estábamos de paso.

    Luego miré a Ko una vez más.

    —Me dio mucho gusto saludarte, nos vemos. Pásenla bonito.

    Y sin más, seguimos caminando, no sin antes regalar una última sonrisa al grupo, en modo de despedida.

    Finalmente, llegamos hasta donde estaba Mason. Sentí una ligera emoción al verlo, como si el tiempo no hubiera pasado tanto como creía.

    —Hola… ¿cómo has estado? —dije, con una sonrisa—. Me da mucho gusto volver a verte, más que nada ¿esperamos no interrumpir tu tranquilidad? creo que la primera vez y la última vez que hablamos fue en el campamento ¿no?

    —Mason —añadió Adara, con un saludo más leve.

    Holiss Gigi Blanche Fiore saludo a Ko, y (a Kakeru) por que se le hacia feo pasar por ahí y no saludar?) así que también saludo a la niña de Pau uwu.
     
    Última edición: 4 Abril 2026 a las 12:30 AM
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    Insane

    Insane Maestre Comentarista empedernido

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    La verdad es que el nuevo sitio me hacía dejar de lado el anterior, aunque no lo mencioné ni demostré de ninguna forma. Era una estupidez, pero el anterior por lo oscuro me recordaba más al trabajo actual que tenía por fuera de toda esta mierda, en cambio este me recordaba que estaba en un sitio paradisíaco casi gratis -casi porque igual estaría trabajando para estar aquí-; por lo que me pensé y deduje que me los turnaría, así como las otras cosas que nos irían mostrando a ver qué tal.

    Como fuese, el tipo éste amigo, no amigo de Kathe, novio del otro, mencionó que iba a servir rostro y no sé qué mierda, le eché un vistazo por el rabillo del ojo, no se veía inútil a ciencia cierta pero tampoco alguien que estuviese de sirviente de nadie. Respondió que su casi marido no había venido y miré a Kathe, ella asintió para que se supiese escuchado y recordé que me había mostrado que ese idiota que no asistió le había obsequiado algo... no recordaba precisamente el qué pero, naj, ninguno de los dos me gustaba para ella, la tipa era intensa y toda la cosa, pero éste era raro, y el otro se veía un desastre a ciegas, igual, esperaba y no fuera tan tonta para ser comprado con porquerías baratas.

    —Sí, la verdad no pensé que fuese tan sorprendente el lugar, creí que sería algo más sencillo pero vaya sorpresa —secundó Manson, medio risueña.

    Como fuese, la pregunta de la rubia me hizo ponerle atención, en sí no me interesaba el alcohol pero esperaba despejar la mente luego de terminar las tareas, qué también me hartaba de estar haciendo lo mismo siempre, pero como era de esperar el trabajador se negó luego de intercambiar palabras, y regresé las pupilas rojas al cabello rubio. No le veía cara de que fuese a obedecer mucho.

    —Es bonita, ¿no? —pareció tantearme la boba ésta y me encogí de hombros.

    —Normal.

    —Ajá —murmuró no muy convencida de mi respuesta, y volvió su atención al otro—. ¿Y serás de los que se lleven licor de manera poco legal luego del trabajo? —bromeó por la escena reciente.
     
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    Amane

    Amane Equipo administrativo Comentarista destacado

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    Miré a Kou con los ojos entrecerrados y los labios fruncidos, prácticamente aniquilándolo con la mirada al escuchar su propuesta para convencer a los profesores del cambio. Tenía suerte de que me hubiera acostumbrado a sus bromas durante todo aquel mes, que si no me hubiera enfadado muy mucho con él por decirme algo así.

    —¿Qué insinúas, Kouchii malo? —me quejé aun así, picándole el costado con el dedo índice repetidas veces—. No tendría que hacer berrinche si la gente me hiciese caso desde el principio, ¿sabes? Al final siempre me dan lo que quiero, así que solo están alargando lo inevitable...

    Después me hizo saber que su padre no estaba enfadado, lo que me hizo suspirar con alivio, y asentí una única vez con la cabeza cuando me dio la posible explicación de aquella decisión. Lo entendía bastante bien. Mis padres no me habían obligado a participar, pero cuando les conté que me había apuntado, sí que empezaron a hablar de lo buena que era la experiencia ahora que me iba a graduar y otro montón de cosas a las que no presté atención. De todos modos, mi propuesta cayó en saco roto y me reí con ligereza, poniéndome de puntillas para dejarle un beso en la sien.

    >>Te falta imaginación, Kouchii~ —dije, como si no fuera evidente, y al volver sobre mis talones, paseé la vista por el espacio, hasta que di con una escena que llamó mi atención y tiré del brazo de Kou—. Ooooh, ¡mira eso! ¿Ves esa chica rubia que está con Kakeru y Kohaku? Creo que a Kakeru le gusta, aunque todavía no he conseguido que me lo admita. ¡Vamos a ver!

    No fue una pregunta, así que el chico no tuvo espacio a réplica en ningún momento. Lo arrastré hasta el grupo como si nada, colándonos en la conversación gracias a las desfachatez que tenía cuando de chisme se trataba.

    >>¡Keru-chan! —exclamé, estirando la mano para revolverle el flequillo a modo de saludo—. Ilana-san, Ishikawa-san. ¿Qué secreto estáis compartiendo aquí tan reunidos~?

    Alisha 2.png

    Tenía pinta de que la encargada del bar me iba a caer bien, pues se veía una mujer con personalidad distendida y alegre. La risa que recibí de su parte me lo confirmó, y por un segundo hasta tuve la esperanza de que me daría una respuesta afirmativa. Para mi desgracia, el profesor intervino para negar la posibilidad, y ni siquiera tuve espacio a confirmar mi mayoría de edad antes de que insistiera en que no era posible. Suspiré, claramente decepcionada, y reflejé el movimiento de la mujer junto a una mueca de labios.

    —Una pena. Que no se diga que no lo he intentado —repliqué, poco antes de que su último comentario me sacara una nueva sonrisa divertida.

    Había intentado ser legal, pero si se empeñaban en ponerme trabas... iba a tener que meterme en problemas antes de lo planeado, ni modo.

    Respecto al trabajo no tenía pregunta alguna, por lo que me quedé callada tras el pequeño intercambio. Fue en ese momento que sentí una mirada sobre mí, lo que me hizo girar la cabeza unas cuantas veces en busca de su origen. Lo encontré, por supuesto, y mi sonrisa se volvió algo más sedosa en cuanto lo hice; el grupo estaba conformado por mi compañera de cuarto, Rowan y un tercer muchacho desconocido. Me acerqué a ellos, desvergonzada como siempre, y eché los brazos por encima de los hombros del pelirrojo.

    >>¿Será que tendré un par de secuaces para my big alcohol heist~? —cuestioné, ladeando la cabeza para poder alternar la mirada entre los tres.

    me sentí invocada u////u
     
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  14.  
    Zireael

    Zireael kingslayer Comentarista empedernido

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    Al menos Arata había tenido la decencia de dejarme en paz luego de ese intercambio tan extraño, se separó de mí en algún momento y me desentendí de su alma. Sasha había aportado su experiencia como mesera y pensé, bueno, que justo por eso yo no decía lo mío. Me parecía muy distinto haber trabajado en un lugar formalmente que cocinar por simple amor al arte. Si bien lo mío cumplía un propósito personal, no era para nada experiencia laboral, ¿o sí?

    Ya en el bar, que estaba directamente en la playa, me distraje revolviendo la arena con los pies y escuchando a Sienna. La pregunta que había hecho Alisha no me pasó desapercibida, pero la dejé correr y esperé por si alguien tenía algo más que preguntar. Sospechaba que las dudas reales empezarían mañana, en el turno que nos correspondiera. Como fuese, trabajar aquí o en KOMA no me molestaría, quería pensar que tenía la capacidad para acomodarme a ambos ambientes.

    Aquí me llamó la atención la música, eso sí, y me descubrí a mí mismo tratando de seguir el ritmo mentalmente. Me gustaba el olor del aire en las costas, era ligeramente salado y digamos que te limpiaba los pulmones quisieras o no. Ah, vaya momento para fumarse un purito a la orilla del mar, ¿no? La idea me resultó simpática y agradecí que Cayden hubiese reaparecido durante las vacaciones para reabastecer a los viciosos de este país.

    Estaba en eso, sencillamente existiendo, cuando Fiorella y Adara aparecieron. Les sonreí a ambas, claro, y me reí por el comentario de ella.

    —Hace falta mucho para interrumpir mi tranquilidad —apañé junto a una risa floja, el asunto en sí no era mentira, ya estaba visto—. Diría que sí. Bueno, a Adara la veo en clase, pero tú y yo no hablamos desde entonces, creo.

    Ensanché la sonrisa.

    —¿Cómo han estado ambas? ¿Qué tal les sentó el viaje hasta aquí?

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    Incluso si la cara por defecto de este tipo era así de amargada, tampoco había que ser muy listo para asumir que mi presencia y la de Tora incluso más, no le agradaban ni una pizca. Era celoso con Katherin por vete a saber qué motivo, tampoco me interesaba tanto, pero era curioso de ver. ¿Era que ella era demasiado inocente todavía? ¿O demasiado impulsiva para medir el riesgo en verdad? Puede que ambas, después de todo se había ido a meter a Tekné con nosotros. Que a ver, era un espacio seguro y aunque Tora fuese un burro, sabía que en las paredes de nuestro recoveco no permitíamos que nada se saliera tanto de control.

    Aunque era imposible negar que había apaleado a Brennan en nuestro barrio.

    El comentario de ella me hizo reír por lo bajo y me distraje un momento con la pregunta de Alisha. Hal la miró, Katherin lo pescó en el acto y me reí de nuevo ante su respuesta. Vaya, era terriblemente aburrido, ¿a qué sí?

    —Hay que reconocerle a la gente guapa que lo es —dije en un murmuro, entretenido y luego atendí a la voz de Manson—. We'll see. Por ahora lo suyo es que nos portemos bien, ¿o no, Kathe?

    Cuando quise acordar tenía el brazo de la rubia en mis hombros, la miré un momento y solté el aire por la nariz al rodearle el cuerpo con el brazo. ¿Por qué? Pues por qué no. Su pregunta me sacudió el pecho con una risa que quiso convertirse en carcajada.

    —Puede que sí. ¿Ya estás pensando en la estrategia acaso?
     
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  15.  
    Gigi Blanche

    Gigi Blanche Equipo administrativo Game Master

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    Al ver a Rockefeller y Kakeru me di cuenta que se había resbalado por completo de mi mente el hecho de que se conocían. Ni siquiera sabía cómo. Bueno... ¿eran compañeros de clase, creía? El desliz con la guitarra también lo recordé de improviso, tan de repente, que el "ah" se me escapó sin querer y, habiendo captado su atención, preferí ya verbalizarlo. Kakeru la miró como si tuviese frente a él a un rufián buscado en veintisiete países, aunque también se lo notaba divertido.

    —Pensaba que era tu guitarra —dijo, aún sorprendido.

    —Técnicamente es culpa mía, no tuya —balanceé, haciendo cálculos mentales. Con suerte nadie se habría dado cuenta, ¿verdad?—. Deberíamos estar bien... supongo.

    Seguí su reverencia de disculpa con cierta gracia impresa en el rostro y, al volver a recibir sus ojos, le dediqué una sonrisa que cerró los míos. No pretendía que se preocupara en exceso cuando ni siquiera yo lo hacía, la verdad. Kakeru relajó la espalda contra una columna y yo me limité a escucharla mientras nos pasaba su reporte solicitado. Una fiesta, vida social, música... ¿Pésima Influencia? Mis ojos se desviaron a Kakeru y lo vi reírse con evidente conocimiento de causa.

    —¿Dos fiestas, entonces? —recapituló él—. Una para abrir y otra para cerrar las vacaciones, yo lo veo muy organizado. Tus padres deberían felicitarte.

    No iba a preguntar para forzarme en la conversación, no era mi estilo. En su lugar, preferí rescatar otra porción del informe.

    —¿Tocas la kalimba? Qué bonito —murmuré con honestidad e incluso una pizca de entusiasmo—. ¿De casualidad la trajiste?

    —No tiene una kalimba, ¡tiene dos kalimbas! —declaró Kakeru, haciendo el número con sus dedos frente a mi cara; después cruzó los brazos—. Error de logística y mal, muy mal timing. Es como que empezaste una colección sin querer.

    Aquello último, claro, lo dirigió a la chica. De ahí aterrizamos en mi viaje, cosa que... imaginaba que ocurriría bastante esta semana. La tontería del pajarito me amplió la sonrisa, Kakeru no se inmutó y yo afirmé con la cabeza, acompañando el movimiento de un murmullo.

    —Estuvo genial, la verdad. Mi familia no es muy... aventurera, los viajes que hicimos casi siempre fueron por cuestiones religiosas o políticas, así que este se sintió diferente. El mundo da bastante menos miedo cuando te permites conocerlo.

    Teniendo a ambos frente a mí, digamos que me comí el cuadro en primer plano y con papitas. La forma en que ella le jaló de la camiseta fue curiosa en sí misma, y él reaccionó con completa naturalidad girando el rostro y agachándose apenas. Era un muchacho tranquilo y gentil la mayor parte del tiempo, y esta no fue la excepción. Las cejas alzadas y la pequeña sonrisa eran una clara invitación para que Ilana hablara.

    Shift? Ah, turno, ¿no? No sé cómo decidirán esas cosas, pero ojalá. ¿De qué te gustaría trabajar, Lana?

    Mientras Kakeru hablaba percibí que alguien saludaba en nuestra dirección e identifiqué a Fiorella. Le sonreí y aguardé a que su amiga terminara de imitarla. Disimulé la sorpresa que me provocó oírla llamarme por mi nombre de pila.

    —Fio-chan, hola, ¿cómo estás? Me da gusto verte aquí. Hola, Makris-san.

    —¿Qué tal? —dijo Kakeru tras inclinar ligeramente la cabeza, habiéndose erguido y desenredado los brazos para recibirlas con cierta formalidad—. Fujiwara Kakeru, un placer.

    Despedí a ambas con una sonrisa amplia y agitando la mano, y en ese instante apareció otra dupla de personas. Vaya que estábamos solicitados. Lo que sí no esperaba en absoluto era que las personas en cuestión fueran Yumemi y... Shinomiya. Riamu se dirigió directamente a Kakeru y mi cuerpo se tensó por puro reflejo en el instante que mis ojos encontraron los de Shinomiya, mas no tardé en relajar los hombros. Sólo había sido instintivo. El... numerito del parque había cambiado las cosas entre nosotros.

    —Ri-chan —la saludó Kakeru, la risa se le mezcló en la voz y alzó la vista a su amigo con una sonrisa sincera—. Hola, Kou.

    —Hola —saludó Shinomiya en general.

    —¿Secretos? Verás... —Kakeru volvió a su postura previa—. Estábamos compartiendo con el grupo lo más loco que hicimos durante las vacaciones, pero llegaron demasiado tarde, lo siento.

    Meneó la cabeza con decepción impostada mientras yo seguía intentando adecuarme al cambio tan repentino de ambiente. Kakeru lucía contento y sumamente natural, lo que me dio a entender que conocía a Yumemi de... Bueno, había venido con Shinomiya, ¿no? ¿Serían amigos? ¿Algo más, tal vez? Aunque no pegaban ni con moco.

    —Ah, creo que no se conocen, ¿no? —Kakeru miró a Ilana y pensé que estaba haciendo un excelente trabajo obviando la tensión entre Shinomiya y yo—. Lana, estos son amigos míos, Riamu y Kou.

    —Shinomiya Kou —se apresuró en aclarar el otro.

    —Y ella es, bueno, Ilana —concluyó Kakeru.


    BUENO QUÉ MESS JAJAJA i did my best
     
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