El bar de playa de la posada, de reminiscencia hawaiiana. La estructura principal, de líneas ondulantes y techo de paja natural, se funde con la costa como un lounge abierto. Bajo el alero de palma, la iluminación dorada baña el interior con una luz íntima que invita a quedarse al caer la tarde. El mobiliario combina madera oscura, fibras naturales y tapizados en tonos arena y terracota. En la zona exterior, amplias reposeras acolchadas rodean pequeñas piscinas de agua artificiales que reflejan el cielo del atardecer. Las palmeras enmarcan el paisaje y sostienen la iluminación tenue que baña el aire libre. Es un lugar pensado para disfrutar cócteles frescos, música suave y la brisa marina. Incluido en: Playa Morito Conecta con: Jardín Wisteria Infinity pool
Hiroshi condujo al grupo fuera del restaurante y lo rodearon para adentrarse en los terrenos de la posada. Les indicó las principales aguas termales al rebasarlas, delimitadas dentro de grandes vallas de bambú y vegetación, y entonces, a medio camino, se detuvieron. El hombre revisó la hora en su teléfono celular y, aunque pretendía conservar la calma, lo cierto era que su pie había empezado a golpetear el césped. Tres, cinco, diez minutos transcurrieron hasta que una figura emergió por detrás de un edificio. Encorvada, desgarbada, llevaba las manos hundidas en los bolsillos, las eternas gafas de sol y la maraña de cabello ceniciento aplastada bajo una gorra carmesí que parecía pertenecer a algún equipo de béisbol. —Yo. —R-Ratatouille-san, llega tarde —masculló Hiroshi, inclinándose hacia su colega para que la menor cantidad de estudiantes posible lo oyera. Skit alzó levemente la barbilla para mirarlo y se notó que arrugaba el semblante. —Pero ¿no les tocaba KOMA primero? —Sí, venimos de ahí. —¿Y cuánto estuvieron? Five minutes? Eso no es cool, Hiroshi-san. Su acento era tan peculiar como de costumbre. —Eso no importa, debemos apegarnos al itinerario. —Lavando la impaciencia de su tono, Kenzo se volteó a los estudiantes—. Bueno, chicos, ahora seguirán con Ratatouille-san. Cuídense y suerte. Skit nunca era particularmente aliñado, pero ahora parecía un huésped cualquiera de la posada con las flip-flop rojas en los pies, el bañador de flores que dejaba al descubierto sus piernas raquíticas y velludas, la remera blancuzca con la estampa vieja y la camisa manga corta por encima. Y las gafas, por supuesto. —Alright, andando. Let's go, kiddos. Viraron hacia el oeste y se introdujeron brevemente en un precioso jardín atestado de wisterias antes de tomar el puente Misogi que, a juzgar por el aspecto tradicional, pertenecía al santuario. Desembocaron directo en la playa y siguieron una pasarela hecha con tablones de madera que los guió a un bar de aspecto agradable y relajado, con una música latina entremezclándose al rumor del oleaje. Eran poquísimas las mesas ocupadas y el movimiento del personal, en consecuencia, mínimo. —Vengan, vengan —los arengó Skit para que se cubrieran de la llovizna bajo el techo de paja, y entonces se volteó—. Oh, Sienna! Dear! —¡Llegaron! —Una mujer los abordó con una sonrisa de oreja a oreja—. ¡Bienvenidos a OASIS! Su acento japonés evidenciaba sus raíces extranjeras. De tez tostada, mirada azulina y facciones cinceladas, llevaba la mitad de los rizos trenzados contra su cabeza; el resto del pelo caía sobre su hombro, brindándole un aire maduro pero alegre y desenfadado. —Soy Sienna, la encargada del bar —se presentó, dejando sobre la barra unos menú—. Menudo día para arrancar su semana aquí, ¿eh? ¿Se mojaron mucho? —Nah. Sólo son unas chispitas, nada preocupante —comentó Skit, quien ya se disponía a lanzarse sobre uno de los taburetes cuando Sienna lo pescó del cuello de la camisa. —Y este de aquí es su profesor a cargo de OASIS, cosa que dudo les haya dicho —informó ella, aún radiante, y se echó a reír mientras zarandeaba al hombre—. ¡Bueno! Entiendo que vienen de KOMA. El ambiente aquí es mucho más distendido y relajado, como podrán ver, pero las responsabilidades son bastante similares: podrán ocuparse de la barra, ayudar en la cocina, atender a los clientes... La mayor diferencia es que acá andarán en patas. >>¿Hay algo que les gustaría consultar? Hoy está super tranquilo, como pueden ver, así que tenemos tiempo. Contenido oculto Igual que con el restaurante: si alguno de sus personajes tiene experiencia en las tareas mencionadas, pueden especificármelo. Amane Zireael quem Insane Reual Nathan Onyrian
La reacción de Riamu fue más... escandalosa de lo que estimaba y me arrancó un respingo mínimo. La miré, suavizando mi semblante recién unos segundos después, y no pude pedirle que evitara alzar la voz pues siguió hablando. —Supongo que podrías intentar intercambiar lugares con alguien e ir al encargado con la propuesta —sugerí—. Los futones no son tan terribles, de todos modos. ¿Nunca fuiste a una onsen tradicional? Podría esperar las quejas de cualquiera de nuestros compañeros extranjeros, quizá, pero viniendo de ella era un poco más llamativo. ¿Un trabajo que llamara mi atención? Lo pensé mientras nos guiaban fuera del restaurante, al cual le eché un último vistazo. No creía que hubiera otro espacio tan sofisticado como este en la posada. —Probablemente ninguno de los que nos ofrezcan —resolví en un murmullo, caminando—. Ni siquiera quería venir aquí, Ri-chan, pero mis padres me obligaron. Lo del programa de pasantías seguro es una excusa para promocionar la posada con los niños ricos de Tokio y seguimos siendo adolescentes, no haremos más que atender mesas y lavar platos. Será un incordio. Pasado un rato apareció el relevo y nos guiaron a... ugh, el bar estaba en la playa. Bajé la mirada a mis zapatos, rogando que no se les colara arena dentro, y fui con cuidado. Ya empezaba a sentir la humedad de la brisa y la sensación me arrugó el semblante con disgusto.
La voz de Rowan me hizo girar el cuello ligeramente, esbocé una sonrisa amigable al ubicarlo y asentí ligeramente entusiasmada. Digamos que imaginaba y podríamos trabajar en diferentes lugares en el pasar de los días, y ya imaginaba que sería entretenido aunque algo cansado. —¿Algo con lo que te identifiques hasta el momento? ¿Mesero, bartender, cocinero? —Pregunté en vos baja para no llamar la atención de quien nos estaba guiando. Noté a Alek mirarlo con el ceño fruncido. —¿Y el otro tipo no vino, el que es tu hermano o tu novio? —Shhh —le pegué con suavidad en la costilla con el codo, pidiéndole que bajara la voz en lo que torcía los ojos ligeramente. Fue entonces que Makoto se despidió, pasando los estudiantes al siguiente punto. Caminamos hasta el Sr Skit, el lugar estaba precioso, sentí mis orbes brillar al ver el estilo relajado, veraniego y menos -visualmente- exigente que el anterior. —Mejor trabajemos aquí —susurré apretando los labios, como para sentir aún el brillo labial que me había aplicado al salir de la habitación—, mire a Rowan por el rabillo del ojo—. ¿Y estás entusiasmado? Hal no dijo nada sobre el cambio de escenario, no sabía muy bien qué lugar decidiría para sus tareas, tampoco si quisiera que lo acompañara en ellas, igual sabía que si en algo se desempeñaba bien era en el trabajo.
—Bartender, of course —contesté en un tono que no fuese a interrumpir—. Aunque tampoco es que prepare tragos en Tekné. Voy a servir rostro casi siempre, ya sabes. La tontería fue una broma. No iba a servir rostro, iba a acompañar a los muchachos y ayudarlos con cuestiones de logística más que de servicio aunque a veces también atendía la gente. Me encargaba de asegurarme de que todo sucediera como debía, de vigilar la gente que llegaba y demás. Si no era un mal día, ayudaba cuando llegaba la mercadería y demás. Todo dependía. En cualquier caso, la pregunta de su amigo me sacó una risa. —¿El que parece mi marido, dices? —atajé sin haberme ofendido una pizca, la verdad me daba igual como luciera mi amistad con Tora a ojos del mundo—. Tora se quedó en Tokyo. No le gustaba la idea de compartir habitaciones y al parecer es un workaholic. Quería quedarse trabajando en el bar. La respuesta a la pregunta de Ilana quiso rozar lo escueto, pero supuse que tenía que ver más con Kai que con el hecho de que el lugar hubiese iniciado labores recientemente. Cualquier otro le había pintado pajaritos en el aire con el ambiente del lugar y tal. De todas formas, al echar un breve vistazo a la chica, creí notarla tranquila ya. También seguro la reconfirmación de que mañana empezábamos había ayudado. Como fuese, salimos del restaurante y anoté mentalmente la ubicación de las aguas termales detrás de las vallas de bambú. Ya cuando el excéntrico de Ratatouille apareció, atravesamos por un momento un jardín de wisterias y mis ojos se distrajeron en las flores. Así fuimos a caer directo a la playa, al bar, donde la música se mezclaba con el sonido del mar. El ambiente de inmediato me agradó más que el del restaurante. La encargada del bar era una mujer llamada Sienna. —Mejor aquí —secundé al comentario de Katherin y a su pregunta asentí con la cabeza—. Lo estoy. Me hacía bastante falta un cambio de aires. Un poco estaba jugando a la ruleta rusa, si me daba una crisis de salud aquí iba a pasarla como el culo, pero ni modo eran cosas que a veces había que hacer. Si me quedaba en casa pensando en que quizás me sintiera mal, pues nunca iría a ninguna parte. —Lo de ganar experiencia era medio excusa, imagino que todos queríamos venir por rascar vacaciones en un lugar de estos —apunté, entretenido—, ¿o no? Dudaba que nos fuesen a pagar la gran cosa de por sí. Contenido oculto Se me olvidó poner outfit de Rowan porque olvidé que no había roleado con él antes (?
Luego de presentarnos con nuestro compañero, Atkinson, ingresamos a la habitación y sonreí al saber que él también tocaba la guitarra. Eso era una gran coincidencia y una buena posibilidad de seguir reclutando gente para el club. Me reí con ligereza tras su comentario, ya tumbado en la cama, y fui cerrando los ojos conforme le decía que confiaba en él. ¿Fundamentos? Ninguno. Tal y como habíamos prometido, nos reunimos con Anna y Morgan para almorzar. Las chicas no compartían habitación y Morgan acotó brevemente conocer a Kashya cuando Anna la mencionó como su compañera. Única compañera, además. Qué suertudas eran. Conversamos de cualquier cosa, aunque el mayor trabajo lo hizo Anna, y luego regresé a descansar el tiempo que nos permitieran. La siesta fue gloriosa y reparadora. Al volver a salir me calcé el gorro tras comprobar que aún caía una llovizna leve y empezaron a guiarnos por las instalaciones donde trabajaríamos. Saliendo del restaurante ubiqué a Kakeru y fui con él. Imaginaba que su situación con Anna sería algo compleja ante la presencia de Altan y que todos, en cierta medida, tendríamos que fingir un poco de demencia. Caminamos juntos hasta el bar y apenas pude me descalcé, aprovechando que llevaba unas sandalias sin calcetines. El contacto con la arena me hizo sonreír y permanecimos en la retaguardia del grupo mientras llegábamos y nos atajaba la encargada de aquí. —¿Estuviste trabajando mucho, entonces? —inquirí, y él resopló sin lucir verdaderamente molesto ni hastiado. —La verdad que sí, se aprovechó de mis vacaciones para explotarme —bromeó, sin elevar la voz—. "Ah, ¿ya no vas a la escuela? Entonces vamos a estropear por completo tus horarios de sueño, andando". —Haru siempre se ha quejado de sus rutinas, sí. La de veces que lo ha despertado un lunes a las tres de la madrugada porque entra chocándose todos los muebles... —Sugawara tiene la paciencia de un santo. —Me miró—. ¿Llegaste a verlo? Ahora, digo. Meneé la cabeza. —Este finde estaba muy ocupado con no sé qué, nunca habla mucho de su trabajo, así que no nos vimos. ¿Y tú? ¿No hiciste nada además de ser explotado por Frank? Una sonrisa danzó en sus labios. —¿Algo de eso, dices? Pues... no. —Esta vez el resoplido sí sonó frustrado—. En verdad no me he visto con nadie desde... el año pasado. O sea, desde Anna. Por un lado suponía que tenía sentido, ¿no? Lleva tiempo recuperarse de un intento de suicidio y tampoco lo veía preocupado por cambiar de forma sustancial su estilo de vida. Dubois de un lado, Shinomiya y los chicos del otro, y enfrente, su ex novia con su pareja actual. No envidiaba a este pobre diablo, en absoluto. Ahora que lo pensaba, si se permitía arrastrar tanto por Frank probablemente fuera su manera de despejarse o de no pensar las cosas a secas. —Qué triste —murmuré, y él se encogió de hombros. —Son tiempos de sequía. La broma me robó una risilla. —Habrá que salir a explorar nuevas tierras, entonces. —Ah, habló el experto. ¿Te divertiste mucho en Osaka y Kioto, Ishi? —Pero ¿qué imagen tienen de mí? —refunfuñé, alegando inocencia, y ante la insistencia de su mirada sonreí—. Un poco. Conocí a alguien, de hecho, pero... da igual, imagina que volvamos a vernos. —Podrían. Mi sonrisa permaneció estática. —Nah. Mucho trabajo.
—¿Tú crees que me dejarán? —cuestioné en voz algo más baja, girando la cabeza para mirarlo—. Sí, claro, hace poco fui con Thi a uno. No me molestan los futones, pero me gustaban más cuando creía que todos teníamos que usarlos —volví a quejarme con las mejillas infladas, por simple amor al arte. Esperé su respuesta mientras nos dirigíamos al exterior del restaurante, ya que parecía que habíamos acabado con esa parte del recorrido, y no pude evitar la risilla que me salió de los labios tras recibir la misma. Por supuesto que ninguno le llamaría la atención a Kouchii, ¿qué otra cosa podía haber esperado? A decir verdad, ni siquiera podía culparlo por ello. Podía ser algo más optimista al respecto, pero de todos modos, esperaba no tener que acabar lavando platos... >>¿Papá Shinomiya? ¿Acaso se ha molestado porque me he acoplado todo el mes en tu casa? —quise saber, sin lograr disimular mi preocupación, y no fue hasta que noté su disgusto al acercarnos a la playa que me permití una nueva sonrisa divertida—. ¿Sabes? Yo me lo estoy tomando como práctica. Esta semana no seré solo tu querida Ri-chan, si no también una pobre chica huérfana que necesita varios trabajos para darle de comer a sus dos hermanos pequeños. ¡Es un buen papel, ¿no crees?! —acoté, quizás demasiado emocionada para una cosa tan tonta—. ¿Por qué no haces algo similar? Por ejemplo... imagina que es como un trabajo super importante para los Lobos o algo así. Aquel día estaba siendo todo un caso para mi pobre cuerpecito, to be very honest. Primero había estado la resaca con la que me había despertado, claro, y la posterior pastilla que me tomé y que, por fortuna, fue efectiva a la hora de remitir los efectos negativos de la misma. Después había almorzado con ganas, lo que había hecho que recuperara prácticamente todas mis energías, pero entonces aproveché el tiempo libre que nos habían dado para echarme un siesta y... nah, lo único que había conseguido era tener ganas de seguir durmiendo. Que me hicieran salir de la cama para hacer un recorrido por las instalaciones no me vino para nada en gracia, ¿pero qué iba a hacer? No podía empezar a meterme en problemas desde el primer día, ¿no? Tenía que dejarles un poco de espacio para que se confiaran y todo eso. Así pues, seguí al resto hacia el interior del restaurante con paso lento, aguantándome a duras penas las ganas de bostezar y agradeciendo que la oscuridad del lugar me ayudara a disimular el cansancio. Al menos nos dirigimos a la playa después, lo que hizo que mis ánimos se elevaran de manera considerable. —Yo! ¡Tengo una duda! Si sobra algo de alcohol al acabar la jornada, ¿nos lo podemos llevar~? Contenido oculto una pregunta más que importante, definitivamente
Después de almorzar me había ido a echar la mejor siesta que recordaba haber tenido en semanas, caí noqueada y cuando fue hora de volver a reunirnos con el grupo sentía la cara hinchada pero de dormir. Buena parte del rato me estuve restregando los ojos, adormilada todavía, y cuando Kai preguntó por el asunto de la gastronomía estuve un rato debatiéndome si valía la pena responder que mi experiencia en el tema era haber hecho chocolates hace algunas semanas. El crédito más bien se lo llevaba Sasha por haberme enseñado. Al final la duda me fue poniendo nerviosa y estuve peinándome el pelo con las manos hasta que me atreví a hacer otra pregunta. La respuesta, digamos, ni siquiera intentó superar mis expectativas ni pintar el asunto como un idilio. Me preocupaba un poco el tema de ayudar propiamente en la cocina, pero eso sería un problema de la Ilana del futuro. Al menos la reconfirmación de que empezábamos a trabajar mañana me calmó y al final me limité a seguir al grupo hasta el siguiente punto. En el trayecto le tomé una foto a las wisterias y se la envié a papá con un emoji de estos, de ojitos aguados, esperando que me perdonara por la escapada con Mei. De todas formas sabía que no podría contestarme hasta quién sabe qué horas. A la vez fui oyendo a la encargada, que parecía mucho más desenfada que Kai, pero me distraje de más en el teléfono respondiendo algunos mensajes extra de las chicas disimulada entre las siluetas de los demás para no quedar como una grosera. No tenía mucho que aportar, tenía la cantidad exacta de cero experiencia en nada, si acaso había ayudado a hacer el aseo de áreas comunes cuando estuve en la residencia del intercambio. No me quedaría más que aprender sobre la marcha. Eso y que me distraje mucho con el sonido del mar, ya quería tener un tiempo para ir a la playa. Procuré quitarme del camino, por si alguien quería adelantarse o lo que fuese para escuchar mejor, y cuando guardé el móvil en el bolsillo trasero del short alcé la cabeza para echar un vistazo rápido. Ubiqué caras conocidas por aquí y por allá, pero reparar en los tatuajes de Shimizu por un costado del ojo me tensó el cuerpo contra mi voluntad. Tomé aire, sintiéndome estúpida, y repetí el mapeo del espacio un poco más lento. Fue una tontería, pero al notar la mata de pelo oscuro de Kakeru las piernas se me movieron solas y al empezar a cortar distancia hacia él, que fue cuando noté estaba con Kohaku, me di cuenta que el miedo que me había golpeado el pecho retrocedió. Todavía me sentía un poco ponchada por no haberlo visto como había planeado, pero como nos habíamos intercambiado mensajes de todas formas, bueno, de alguna manera era como haber podido seguir fastidiando a la pobre criatura non stop. A medio camino temí que se viera raro que me acercara a ambos si ya estaban hablando o la cosa que fuera, pero no iba a darme vuelta y regresarme por donde vine. Tampoco quería volver por donde había visto a Arata, ya de paso, así que bateé mis pensamientos sin sentido. Al llegar con ellos les dediqué una sonrisa amplia. —Mis sensei favoritos —bromeé porque sí y luego alcé la vista a Kakeru específicamente—. Tendrías que haberme visto leyendo el nombre de mi habitación. Estoy cada día más cerca de dominar japonés. Me hinché un poco el pecho, orgullosa, y me reí por lo bajo. —¿Me puedo unir al grupito fuera del grupote? —les pregunté a los dos, señalando al resto de gente. Bah, no era que estuvieran fuera en sí, pero se entendía. Contenido oculto no podía no hacerlo :D
Sienna ubicó a la muchacha que había hablado con algunos estirones de cuello y le sonrió, en una invitación silenciosa para hablar. La pregunta le permeó el semblante de desconcierto y, un segundo después, se echó a reír. Fue una carcajada tan fresca y sonora que incluso los empleados de la barra corrieron la vista de sus actividades. Skit, quien ya había sido puesto en libertad y permanecía de pie junto a la mujer, también giró el rostro hacia ella. Aún con las gafas se adivinaba su expresión con facilidad. —Girl, no. —¿Eh? ¿No? Pero ya habrá algunos de ellos con más de dieciocho, ¿no? —se quejó Sienna, señalando a los estudiantes—. ¿Cuántos años tienes, niña? —La edad no importa, chica, se supone que van a trabajar. —Venga, Skittles, ¿desde cuándo tan aburrido? Skit suspiró. —¿Desde que necesito este trabajo para comer, maybe? —Hmm, buen punto. —Se volteó hacia Alisha y alzó tanto los hombros como sus manos, derrotada—. Lo siento, bonita, por el pinganillo me dicen que debemos comportarnos. Además, aquí entre nos, es bastante raro que sobre algo~ —No tengo idea —rebatí, y la sombra de una sonrisa me torció la boca—, pero si les haces el suficiente berrinche tal vez les ganes por cansancio. —La miré—. ¿No es tu estrategia usual, Ri-chan? No le molestaba el futón, sino no tener lo que ella consideraba mejor. El cuadro se pintaba solo. Eventualmente seguimos viaje y percibí con claridad la preocupación que permeó su voz. Giré el rostro hacia ella y le sonreí, meneando la cabeza. A papá le daba exactamente lo mismo lo que hiciera en su ausencia siempre y cuando no nos perjudicara de puertas para afuera. Sabía que Teruaki le había ido con el cuentito y, pese a no contar con su opinión de primera mano, descontaba que tener a una chica en casa le significaba un alivio antes que una molestia. Imagina irte a dormir por fin sin el pánico de que tu hijo sea gay, ¿no? Pobre hombre. —Se habrá acordado de repente que me queda poco para graduarme, eso es todo —busqué apaciguarla, y luego alcé las cejas. ¿Huérfana y con dos hermanos? Su propuesta me robó una risa nasal—. No creo que pueda convencerme de que atender mesas es una misión fundamental para la supervivencia de la manada. No había manera. Le dejaba a ella las ilusiones, que de por sí tenía dotes actorales. En cualquier caso... si realmente debía elegir suponía que prefería el restaurante antes que este bar de playa. Era increíble lo diferente que olía el aire aquí en comparación a la ciudad. Suponía que en el transcurso de la semana me acostumbraría, claro, pero de momento no podía dejar de notarlo. Agradecí la compañía de Ishi y conversamos de varias cosas hasta llegar al resguardo del bar. La llovizna no era disruptiva, sólo mantenía una fina película de humedad sobre mi cabello y, en cierta forma, me hacía más consciente del océano. Me alegraba estar aquí, lejos de casa, lejos de mis padres, lejos de todo lo que encapsulaba mi pequeña vida. Los ojos de Kohaku fueron los primeros en deslizarse a mi costado y entonces volteé el rostro, topando con Ilana. Al verla recordé la forma en que su cabeza había aparecido flotando por el marco de su puerta y la imagen mental me estiró algo más la sonrisa. Mini Ishi le dedicó un breve asentimiento a su saludo. —Hola, Lana. ¿Lo conseguiste de una? Muy bien, muy bien. Me enorgulleces. Por un tiempo me había preocupado que mi cancelación de nuestros planes la ofendiera o molestara, pero nos seguimos mensajeando con normalidad el resto del verano y ahora, viendo que se había aproximado a nosotros sin ningún problema, bateé la idea por completo. De por sí no tenía sentido, ¿cierto? Sólo eran mis paranoias usuales. ¿Por qué le afectaría algo tan insignificante como salir a tomar un helado? Debía haber hecho mil cosas mucho más entretenidas en sus vacaciones que... que verme a mí. —Puedes unirte —acepté, y me incliné apenas hacia ella—, pero con la condición de que nos hagas un reporte de tus vacaciones. —Ah. —Kohaku abrió los ojos, mirando a Ilana, y tras unos segundos de estupor se le aflojó una risa avergonzada, o culpable, o resignada, o todas las anteriores—. Nunca te pedí la guitarra, ¿cierto?
La pizca de exceso de conciencia de mí misma era un incordio con el que todavía no sabía muy bien cómo lidiar, pues no era parte nuclear de mí, había surgido un poco contra mi voluntad desde que llegué a Japón. De todas formas, al ser recibida por los muchachos pude diferenciar mis pensamientos de la realidad y al escuchar a Kakeru llamarme Lana, como siempre, mi sonrisa se estiró un poco más. Asentí a su pregunta, entusiasmada, y esta vez me permití la risa que me había guardado con las chicas pues porque nadie iba a entender en ese momento de qué me reía de por sí, pero él sí. Mira si iría a acordarme de este chico cada vez que se me hiciera un embrollo con un kanji. Culpa suya, la verdad. Mi japonés se iba a seguir rompiendo cuando quisiera, así que era como que inevitable. El asunto de la cancelación... pues era. No me gustaba hostigar a la gente, lo pareciera o no, y en parte por eso tampoco había querido husmear de más y ver que había venido a las pasantías me alegraba. No iría a decirlo, pero de alguna forma era como si de mis ochocientos planes formados del aire, al menos lo del paseo a la playa se me hubiese cumplido. Con otras veinte almas, pero eso daba lo mismo. Uno perdía por un lado y ganaba por el otro. Como fuese, me confirmó que podía unirme y lo miré cuando se inclinó apenas en mi dirección. La condición para ser aceptada en el grupito era darles un reporte de mis vacaciones, pero me acordé que Kohaku se había marcado un gemelas Minami yéndose de Tokyo y lo que yo tuviera que contar seguro fuese aburridísimo. Estaba contemplando por dónde comenzar, cuando Ishikawa pareció acordarse de algo y trajo a la mesa lo de la guitarra. Llegados a este punto ya tenían que poner un cartel de missing en la sala de música, que yo me llevé el instrumento porque él me dio permiso y nunca hicimos ningún papeleo ni nada. —Me secuestré la guitarra todas las vacaciones, pero te prometo que la cuidé con mi vida y que valió toda la pena. Practiqué bastante, Kakeru es testigo —expliqué junto a una risilla, rascándome la nuca, pues no era mentira, era una de tantas cosas con que lo había estado molestando día sí y día también—. Si te vas a meter en problemas, entonces son nuestros problemas que yo tampoco fue que preguntara ni nada. Me acordé en algún momento del último día de clases y pues la había dejado en casa. I'm so sorry. Al terminar de hablar uní las manos al frente e hice una reverencia algo atropellada. El movimiento fue un poco brusco, también la forma en que erguí la espalda luego, y me saqué el cabello de encima de un par de movimientos. —Pero ahí tienen parte del reporte requisito para unirme al grupo. Mis vacaciones no fueron nada muy emocionante, me invitaron a una fiesta un finde y el resto de días se repartieron en pasar tiempo con mi madre o con una de mis mejores amigas yendo a comer algo o a algún jardín o lo que fuese, practicar con la guitarra y la kalimba. Ah, y ayer salí con, ¡con la Pésima Influencia! —Al llegar a la mención de Mei me acordé cómo la bautizamos el día del bosque y me reí al contarlo—. No dormí casi nada y me comí una regañina... pero hey, la siesta luego del almuerzo me dejó como nueva. Sonreí, como si no acabara de soltar un montón de cosas de la nada. Miré a ambos de nuevo. —A mí un pajarito me contó que te fuiste de viaje —le dije a Kohaku, alzando la mano para cubrir que estaba señalando al pájaro en cuestión con la otra. No fue disimulado en lo más mínimo, pero lo hice justo por eso—. ¿La pasaste bien? Al relajar las extremidades de nuevo, pesqué a Kakeru por la camiseta y lo tironeé sin una pizca de fuerza real. Al recibir su atención se me coló una pizca de ilusión que no noté en realidad. —¿Crees que nos pongan juntos en algún shift? That would be fun.