Su pregunta más que hacerme extrañarme solo me hizo pensar: ¿Cuándo fue la última vez que vi una pokéball realmente? Años, como mínimo. Recuerdo vagamente un símbolo encima del esférico... ¿Un triángulo? Algo así. Creo que era verde incluso. La única imagen nítida eran los trozos debajo de mi pie y los Snorunt de Udan llevándose las esquirlas para quién sabe donde. Pero, ¿por qué ellos no podrían? Udan no las usaba, pero el resto del mundo... Supongo que esto era lo que hay ahora. Tampoco habrá una para el toro, seguro. Eso sí, me sacó una reacción cuando oí ese apellido. Giré con los ojos afilados y los dientes algo visibles, hostiles, y me quedé atento a cada palabra suya hasta volver a mi expresión de siempre, apagada. Solo hice un chasquido con mi lengua. ¿Fue suerte? Aunque cayera en la trampa, y si no mentía, se encontró quizás a la única persona no tan detestable del imperio. Esta tipa- No tuve tiempo a seguir pensando para mí, pues sus orbes buscando los míos me invitaron a retirarle la mirada en un movimiento ansioso. Dejé de pensar por un breve instante. —No es mío. Rompí mi silencio tras un segundo, monótono, con respecto al toro atrás mío que justo decidió levantarse. Igual por los temblores o por sentirse aludido, ¿Importa realmente?, sus pasos temblorosos y débiles empezaron a resonar en las placas de acero y su cabeza a empujarme lentamente para hacerme mover. Que no me empujes... Bah. Bien. Salgamos. No hacia la salida, sino hacia el resto de personas ahí. ¿Por qué me envías con ellos? Me quedé manteniendo una distancia prudente que el Tauros no parecía querer respetar. No somos amigos, ya te dije que te puto vayas. La salida está hacia el otro lado, hacia el otro maldito lado. Y no; Anda tú a pelear contra más de cien kilos. No estaba a la altura. Eso sí, en la cercanía por un momento pude ver bien al tercero en discordia: Mi "premio" por haberme cargado un par de guardias y llegado hasta aquí en un trozo. ... Al menos él también estaba de una pieza. —Échalo encima. Sugerí de pronto con el rostro ladeado, esquivo. Apuntaba con el pulgar hacia la mole que, por alguna razón, se decidió echar varios pasos hacia la puerta. Miraba con un recelo tan exagerado que simplemente no entendía porque él mismo me había acercado a esta gente. ¿Yo sí, pero tú no? No, no, es al revés; A mí no me metas en tus ideas absurdas. Ahora no te vas a hacer el loco. >>Si me bajo del barco Valiant se los raja a los tres. Y si se quedan aquí igual mueren ahogados o por el supuesto choque. ¿Salvar imperiales? No eran mi responsabilidad. ... No debí levantarme hoy. Es lo que puto hay.
Cuando se armó el lío a raíz de la intervención de aquel "hacker", o lo que fuese aquello, y el barco empezó a dar tumbos, Valiant se largó de la escena junto a múltiples Ferropaladín y Ferrosoldado, y a él le siguieron muchos de los pacificadores, bajo su instrucción de ir a cubierta. La perspectiva de que el barco se chocase con algo y todos acabasen bajo el océano era, sin duda, un buen aliciente para obedecer. Vince fue uno de los últimos en salir. Lo hizo bastante después de Valiant, solo cuando hubo recuperado a su ahora pequeño Dreepy, y, antes de alejarse del todo, le dedicó unas palabras tan bajito, tan de refilón, que probablemente Anna ni siquiera las oyó. O tal vez sí, según qué tan buen oído tuviese. —... lo siento. Es mi culpa. Y, con esas, se fue. Marcoh no, sin embargo. Seguía aturdido, aturullado, y seguramente más adjetivos que empezaban por "atur", si estos existían; pero, sobre todo, seguía débil y frágil. Todo en él, a decir verdad, se veía débil y frágil. Probablemente lo era incluso cuando estaba sano y entero. —N-No sé, todo esto es... —Te respondió, confuso, rascándose la cabeza— confuso. Casi no me acuerdo de nada. Pero creo que puedo andar, s-sí, gracias. Mi nombre es Marcoh, por cierto, pero creo que ya me conoces de algo... yo a ti no, pero... me has salvado, ¿no? Desvió la mirada, algo nervioso, quizá torpe. Tal vez era, simplemente, fruto del vaivén ahora continuo del barco, y del caos que se sucedía a su alrededor. —G-Gracias —terminó diciendo, tras unos segundos de silencio. Observó entonces la situación: a ti, a Alpha, a Kris, a los pokémon que acompañaban de una u otra forma a cada uno... a todos. Y tragó saliva con esfuerzo al mirar a Tinkatink—. A-A mi Indeedee le hicieron lo mismo, yo lo vi. No... no cambió de forma, claro, pero la dejaron débil, y luego se la llevaron. ¿Dónde está? ¿La habéis... visto en alguna parte? Tras la pregunta y los comentarios, otra sacudida azotó el barco, y esta vez os echó hacia un lado, impulsados por la inclinación brusca del S.S. Destino. Cuando se enderezó de nuevo, lo hizo con tal brusquedad que hubo varias personas que cayeron rodando, creando todo un efecto dominó entre robots y pacificadores por la zona. Por suerte, vuestro pequeño grupo estaba relativamente resguardado: poca gente había querido estar en el foco de una batalla con Valiant, después de todo. Y en ese momento un Ferropaladín rezagado pasó por la zona, sus ojos convertidos en estrellas. Se movía con gestos amplios, casi caricaturescos. —¿VALIAAAANT? ¿DÓNDE ESTÁS, AMIGO? BAH, NO ESTÁ CERCA DE ESTE, A VER QUE PRUEBE CON- Y, de repente, los ojos del robot volvieron a la normalidad, se enderezó y se detuvo, como calibrando por unos instantes cuál era su orden y qué estaba haciendo. Se desplazó entonces, presto, hacia la salida. ¿R-Realmente ese tipo pretendía hacer que todos los tripulantes del barco acabasen dando de comer a los Wimpod? ¿O solo quería jugar con Valiant? Fuese como fuese, parecía tener algo personal con el robot. O quizá con el Imperio en sí, quién sabe. La cuestión era que, aunque quizá pudiera ser en esos momentos un aliado para vosotros, que os habíais preocupado de enemistaros con Valiant de una u otra forma, no parecía estar dispuesto a hacer muchas distinciones. Si el Destino caía, bueno, vuestro destino también.
Este hombre me resultaba diametralmente opuesto a Diamond, fue lo que pensé al ver cómo rehuía mi mirada. Aquel tonto me había desafiado desde el primer segundo, tan apasionado como imperturbable en sus creencias, mientras que Xenodis... por momentos siquiera parecía encontrarse aquí o asimilar la gravedad de la situación. O tal vez fuera que no le importaba lo suficiente. Negó ser dueño del Tauros, quien pese a ello se acercó a él, y los observé con una pequeña sonrisa resignada mientras el Pokémon lo empujaba. —A veces esa decisión no la tomamos nosotros, grandulón. Me acerqué entonces a Marcoh, habiendo obviado por completo la existencia de Vince. Daba igual, no tenía nada bonito para decirle y tampoco me apetecía ya reclamarle nada. Aguardé por la respuesta del muchacho mientras repasaba su aspecto, lo frágil que lucía, los ojos tiernos e incluso las pecas que le daban un aire inocente y juvenil. ¿Qué rayos hacía un niño dulce como él envuelto en este enredo? Me fue inevitable solapar su imagen con recuerdos difusos del pasado y en un impulso, quizá, nacido del estrés y el cansancio, despegué una mano de Zuki y le acaricié el cabello, despacio. "Me has salvado, ¿no?". Qué palabra tan gorda. El dolor de la espalda palpitó. —Tus amigos estaban muy preocupados por ti y les di una mano. Somos todos pacificadores, ¿no? Somos compañeros, eso se supone que hagamos. Yo me llamo Anna, por cierto. No en las mejores condiciones, pero... es un gusto, Marcoh. Iba a sugerirle incorporarnos, pero él desvió la mirada y preferí aguardar. La pregunta sobre su Indeedee me comprimió el gesto con evidente pesar. —Lo siento, yo no- Una nueva sacudida azotó al barco, lanzándonos hacia un costado. Apreté los dientes, adolorida, y vi pasar al robot estrellado que pronto volvió a la normalidad. Vaya locura estábamos viviendo. Me enderecé, extendí una mano hacia Marcoh y señalé el Tauros con un movimiento de barbilla, tomando la oferta previa de Xenodis. —Sostente de él, creo que nos conviene salir a la cubierta para, como mínimo, enterarnos qué coño está pasando. ¿Vienes, Adam? —Alcé la voz hacia el pacificador que en realidad no era pacificador, y entonces giré el rostro para mirar a Xenodis, más cerca de mi posición—. Que Valiant nos raje o no en definitiva no es tu problema, así que no le des mucha cabeza. No estoy del todo segura cómo tú y Diamond se atoraron en este lío pero probablemente no les corresponda. Si puedes irte, vete. Aquí los héroes no llegan demasiado lejos. Además, si perderlos a ustedes estropea los planes de Valiant... —Una sonrisa torció mi boca—, que bienvenido sea.
Quizás ella no, pero yo sí. No necesité avisarle a nadie. Solo di pasos entre los temblores caminando en la dirección opuesta a la que debíamos seguir para buscar la carga que arrastré varios pasillos hasta llegar aquí. La había soltado previamente para inmiscuirme en la ejecución, pero ahí seguía. Desmayada y sin fuerzas, me pregunté siquiera si la había dejado en esa pose o fueron las sacudidas las que la hicieron caer boca abajo. ¿Qué más da? Solo incliné mi cuerpo hasta posicionarla como antes y reaparecí ante el grupo con ella a mi espalda. —La tengo. Igual y quería explicaciones, pero si ya sabía que le chuparon la energía qué más daba. Tampoco es que entienda muy bien el fluido en el que estaba, por muy parecido que fuera a algo conocido, ¿y si no lo era? Bah, qué importa. ¿Por qué...? Tiene su asquerosa insignia en el pecho. Aun así va deseándole abiertamente lo peor y hace cosas inauditas. ¿Poner la vida propia por un pokémon? Pff. La de veces que había visto a su gente hacer lo contrario. Qué decir de la cara de todo esto. Y ahí estaba, pese a todo, invitándome a arruinar unos planes de los que no me sé ni el principio, solo por ver caer a quienes debería servir. Bicha rara que era. Quizás por eso le respondo. —Quiere a Lucas, yo solo soy un extra—Admití sin darle mucha importancia.—. Mejor tírate tú; No sirvo para lo que le vendí, y se dará cuenta. Y yo no soportaría ver lo que les hará.
Marcoh asintió, y, aunque retorcía el gesto y apretaba los labios por el miedo ante la situación en la que se encontraban, se permitió una leve sonrisa. —Anna, ¿eh? Encantado también. N-No tengo muy claro eso que dices sobre los pacificadores, sin embargo. Ya ni siquiera sé del todo qué es lo que somos, exactamente. Si policía, soldados, o... instrumentos. Y, en ese momento, Alpha habló. La mirada de Marcoh se abrió de par en par cuando lo vio aparecer con la Indeedee desmayada sobre sus hombros. La dejó al lado del chico, y este se lanzó sobre ella, tomándola entre los brazos con cuidado. Sus ojos brillantes bailaban entre el pokémon y Alpha, como una danza conmocionada cargada de alivio y agradecimiento infinito. —¡I-Indeedee! Estás a salvo. Y-Yo... gracias, no sé qué decir, yo... En efecto, no supo qué decir. Solo agachó la cabeza a modo de ligera reverencia, mostrándole a Alpha con ese pequeño gesto mucho más de lo que, probablemente, cualquiera de sus palabras podría haber llegado a expresar. Y luego sucedió otra sacudida más, y, aunque Marcoh también se tambaleó, como el resto, sus ojos ya no tenían el mismo tipo de miedo. Era como si recuperar a Indeedee le hubiese dado la esperanza que le faltaba. El chico, así, asintió ante la propuesta de Anna, y decidió hacerle caso. Con cuidado, varios de los presentes se desplazaron, al final obedeciendo a Valiant, hasta salir a la cubierta nuevamente. Cómo pretendía el robot lidiar con un posible accidente marítimo provocado por un hacker haciendo que toda la tripulación posible se expusiese en cubierta era una pregunta que, seguramente, no se habían plantado del todo, pero quizá iba a hacerles saltar o algo por el estilo. La cuestión era que quedarse quietos no parecía la mejor opción. Así que salieron. Y vieron allí a Valiant pegado a la borda del barco, asomado a esta, cerca de la proa. Para vuestra sorpresa, al mirar hacia delante, visteis tierra. El barco se aproximaba a tierra. Concretamente, a unos acantilados bien afilados y bien altos. E iba completamente de frente. Con todo, el robot parecía muy tranquilo. No es como si su fisionomía le permitiese mostrar signos de estrés, tampoco, pero su pose, con manos a la espalda y mirada clavada a aquellos pedazos de roca no parecía tranquilizar a nadie. En la cubierta, además, también había caos: gente corriendo y rebuscando botes salvavidas o alguna otra escapatoria, Ferrosoldados patrullando arriba y abajo como pollos sin cabeza, sin una función aparente clara... Si había una solución, no parecía aparente. —Paldea —murmuró Marcoh, su cabello ondeándose con el viento cada vez más fuerte, sujetando bien a Indeedee. Los ojos estaban clavados en el acantilado—. Es Paldea. Estamos llegando, pero... "... pero nos vamos a chocar de bruces", era lo que le faltó por decir.
Marcoh esbozó una pequeña sonrisa y yo la reflejé sin darme cuenta. Sus palabras posteriores quedaron rebotando en mi cabeza mientras Xenodis le entregaba su Indeedee y yo me erguía, observando la escena con aire abstraído. Era... una buena pregunta, ¿no? En la academia nos habían formado para una cosa, en el campo nos forzaron a desarrollar otra, y ahora aquí nos veíamos reducidos a algo totalmente diferente. Al menos, el cuadro del muchacho recuperando a su Pokémon consiguió enternecerme. Luego me acerqué a Xenodis y, otra vez, me limité a absorber la información que me daba. Si Diamond había volado hasta aquí en busca suya, ¿eso significaba que lo habían apresado sólo como cebo? O por error, quizá. El "mejor tírate tú" me arrancó una risa nasal y meneé la cabeza. En esas íbamos a irnos, ¿eh? —Entonces mejor nos tiramos todos o ninguno —resolví, dándole unas palmaditas breves a la altura del omóplato antes de empezar a caminar junto a Marcoh. La situación en la cubierta era un auténtico caos. Valiant lucía heroicamente suicida en aquella postura suya y me pregunté si estaría haciendo algo dentro de sus circuitos y sus conexiones inalámbricas. Me acercaría a consultarle qué coño planeaba de no ser porque eso, muy probablemente, me garantizaría un viaje directo al fondo del mar. El viento arreciaba y me sostuve el cabello con una mano para enfocar la vista más allá, en la tierra que aparecía en el horizonte. ¿Cuántos años llevaba sin pisar Paldea? Se sentía como un mal sueño. —¿Dónde mierda se metió ese tipo verde? —mascullé entre dientes, girando el cuello en todas direcciones. No había ni rastro de Kyllian. Suspiré y me agaché para darle a Zuki la poción que me quedaba. La necesitaría despierta y activa para aumentar nuestras chances de supervivencia. Estaba en eso cuando detecté un estuche oscuro tirado en el suelo, a varios metros de distancia, y sonreí de oreja a oreja. Regresé muy triunfante, colgándome a la espalda la mandolina de papá, y miré a mis compañeros. Bueno, compañeros... Un rebelde, un no-pacificador y un pobre niño traumatizado. Yo decía que ahora lo eran. —¿Alguna idea? Contenido oculto Como el objeto personal de Anna es un poco incómodo debido a su tamaño había pensado que en algún punto lo perdiera por ahí y que lo encontrara de casualidad, hope u dont mind gm-sama :D