Árboles Sagrados

Tema en 'Final Fantasy: Crimson Sky' iniciado por MrJake, 17 Marzo 2026.

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    MrJake

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    Árboles Sagrados

    arbol sagrado.jpg

    Lvl. Recomendado: 75
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    Subzonas:
    - Yggdrassil
    -Iifa
    -Baobab
    -Tahkian
    -Edén


    Los Árboles Sagrados. Figuras emblemáticas para toda Ilumbra, divinidades que, se dice, crearon a demonios y ángeles, y cuya piedad y bondad les hizo, incluso, darle una segunda oportunidad a los primeros cuando resultaron ser traidores.

    Estos dioses, así, se alzan enormes en toda Ilumbra, sin revelar a sus ciudadanos lo que esconden dentro. Tras sus ramas no hay sabia, ni ningún fluido mágico. Todo cuanto esconden es una inmensa estructura metálica, un canal que asciende un flujo de antiesencia de raíz a cielo, y muchas, muchas máquinas incomprensibles al ilumbrita promedio.

    Los secretos de los ángeles empiezan aquí. El camino al Cielo empieza aquí. Solo hay que lograr llegar hasta lo más alto.


    En la subzona "Yggdrassil", el trance no puede utilizarse, y no se cargará por mucho que se cumplan los requisitos para ello (bloquea también las Invocaciones de cualquier tipo y las magias y técnicas especiales de Kein. También impide a Kein usar su habilidad de senda).
    En la subzona "Iifa", no podrá usarse magia.
    En la subzona "Baobab", no podrán usarse objetos.
    En la subzona "Tahkian", no podrán usarse técnicas.
    En la subzona "Edén", no podrá usarse el comando atacar.

     
    Última edición: 17 Marzo 2026
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  2. Threadmarks: Baobab - Base del árbol
     
    MrJake

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    Capítulo 8: Al otro lado del Cielo
    Amane Gigi Blanche Lelouch Lucas Diamond

    Cid había entregado al grupo un par de magicitas fulgor. Se suponía que iban a ser lo suficientemente potentes como para generar una explosión que perforase la corteza de Baobab, pero no tanto como para desmoronar toda Mogulópolis. Después de todo, los moguris accedieron a permitirles tal entrada en su árbol sagrado, pero siempre y cuando se garantizase la seguridad de su capital.

    Así, accediendo desde la parte de atrás, Rigel y Roxy ayudaron a colocar las magicitas, y Evan lanzó un pequeño hechizo Piro para iniciar la reacción en cadena. La explosión fue más sonora de lo esperado, y Fauna tuvo que cubrirse los oídos al escucharla.

    Cuando el humo cesó, observaron que el daño, por suerte, fue como el niño genio prometió: lo bastante intenso como para abrir un camino, pero no lo suficiente como para crear un enorme destrozo. Ahora, en la inmensa corteza del árbol, algo parecido a una "puerta" se abría, una creada forzosamente, sí, pero que casi invitaba a pasar. Una grieta, una apertura.

    Fauna se acercó a la misma, asomándose con cierta prudencia. Cerró los ojos, y pasó unos cuantos segundos en silencio. Solo cuando estuvo segura, habló:

    —Estoy lista. Vamos, chicos. Todos junto a mí, por favor. Caminemos pegados, ¿sí?

    Erin, Brigid y Kein se pegaron a ella, y el tercero lo hizo tocándole los dos hombros, como si la siguiese en una conga. La chica áurea esbozó una sonrisilla divertida.

    —Tampoco es necesario que mantengamos contacto físico, pero puedes hacerlo si te sientes más seguro.

    —A-Ah, ehm, perdona —murmuró Kein, apartando las manos.

    Disteis algunos pasos, todos juntos, al interior del árbol. Nada más hacerlo, sin embargo, una oscuridad abrumadora os precedió, sí... pero se vio interrumpida por una luz tan intensa, tan inmensa, que os dejó completamente cegados por unos instantes. Cuando os disteis cuenta, al mirar a Fauna, se la vio alzando su bastón, sus ojos brillando con un tono dorado intenso. Y la luz que antes os cegó eran ahora destellos fugaces que bailaban a vuestro alrededor, descontrolados. Se sentía como un huracán, como un viento poderoso agitándoos, haciéndoos tambalear.

    —¿¡Qué ocurre, Fauna!? Esto no parece controlarse —preguntó Erin, sujetando, junto a Brigid, al resto, haciendo de barrera para que no saliesen despedidos.

    —Calma... —gruñó Fauna—. Es... la reacción natural del flujo. Pero... puedo serenarlo...

    —¡E-Eso espero! —gimió Kein, mirando a su alrededor—. E-El corazón... me va a mil...

    —E-Eso es porque es pura antiesencia —explicó Fauna—. No te despegues, por favor.

    —¿En qué quedamos, te toco, o no te toco-?

    Un brillo más fulguró entonces, bañando todos los ojos de los presentes una vez más. Obligados a cubriros la vista, cuando pareció que la luz se mermaba un poco, pudisteis por fin empezar a ver. Os encontrasteis, sorpresivamente, tirados en el suelo, los ocho, sin rastro de la entrada por la que pasasteis, sobre una especie de placa de metal. Y, en el centro del lugar, una enorme columna de... una extraña energía visible que se movía, sorprendentemente, de forma más apaciguada.

    La misma energía por la que aparentemente habíais entrado.

    Flujo.jpg

    Brigid se fue incorporando, admirada, en sus ojos reflejándose el brillo entre azulado y verdoso de aquella energía a la que miraba.

    —¿Ese es... el flujo?

    Fauna caminó hasta su vera. Aunque estaba algo agotada, lo disimuló bien, y mantuvo la espalda recta y el semblante sereno.

    —Sí. El flujo de antiesencia subiendo de la raíz al cielo. Lo que podríamos considerar que es, en parte, cientos de almas manando, de alguna forma, en una vorágine imparable.

    —No será tan imparable —comentó Erin—. Al fin y al cabo, hemos logrado superarla.

    Kein, entonces, miró a su alrededor, confuso.

    —Uhm, ¿chicos? Quizá la expresión no es la más apropiada, pero ¿¡dónde demonios estamos!? ¿Qué es esto? ¿Esto es... un árbol por dentro? ¿Así son todos? Y-Yo pensaba que había más madera, pero esto parece, uhm... ¿hierro?

    Sí, era cierto: el interior del árbol no era un árbol como tal. Más bien era una especie de torre enorme cuyo interior metalizado albergaba elementos extraños que no podíais descifrar. Tecnología mucho más avanzada que aquella a la que estabais costumbrados, sin duda alguna.

    —Debe ser esa famosa tecnología de los ángeles —murmuró Erin—. Darek alguna vez comentó que ellos tienen un nivel de desarrollo mucho mayor que el nuestro. Los árboles sagrados... nunca estuvieron vivos, ni fueron "árboles". Aunque creo que a nadie le toma eso de sorpresa a estas alturas.

    —Y ahora, ¿qué? —preguntó Brigid—. ¿Cómo subimos?

    Fauna miró hacia arriba, mirando al flujo.

    —Solo se puede subir de una forma: yendo hacia arriba.

    Y Kein, que le siguió la mirada, apuntó con un dedo pulgar hacia atrás.

    —S-Sí, eso está bien, pero ya que vamos hacia arriba, mejor por las escaleras esas de allí, ¿no te parece, Fau...?


    Base del árbol (Baobab)
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    >> Bajando: Algaba de Baobab (bloqueado)
    >> Subiendo (escaleras norte): ???
    >> Subiendo (escaleras este): Piso 1 - Baobab
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    Última edición: 31 Marzo 2026 a las 11:13 AM
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    Aries
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    Rigel Betelgeuse

    Una ultima charla en el Starlight con Biggs y Wedge a modo de despedida. Era Wedge el que se encargó de darme ánimos, secundado por su hermano. Les di un abrazo a ambos, cubriéndolos con mis brazos, en un gesto quizás algo paternalista. Estaba orgulloso de lo que habían crecido personalmente en el viaje, y aunque me pudiese costar admitirlo, sentía que habían encontrado un camino muy prometedor como ayudantes de piloto junto a Cid, lejos de mi mando.

    Acabamos yendo hacia Mogulópolis para abrir un hueco en la corteza de Baobab. Qué disparate hubiera sido pensar siquiera en esto hace un tiempo, cuando apenas éramos bien recibidos en la ciudad. Quizás saber de los tejemanejes de Montblanc (o Rudy, mejor dicho) servía para tener un trato de favor... Aunque lo cierto era que los Moguri estaban bastante agradecidos con el grupo por haberles ayudado cuando Aura estuvo en el continente.

    Sea como fuere, colocamos las magicitas de Cid por la corteza y un hechizo piro del niño del grupo las hizo prender. En serio, ¿quién había dado permiso al niño para venir a algo tan peligroso? El árbol cedió y pronto pudimos juntarnos los ocho para adentrarnos allí. Fauna nos guio y nos cubrió ante la tormenta de oscuridad que nos absorbió. Fueron unos minutos muy tensos, en los que varias ráfagas de luz nos sacudieron. Partículas luminiscentes flotaban en el aire, con un vendaval del que Erin y Brigid tuvieron que cubrirnos. Fauna se encargó de nuevo, y acabamos transportados a otra zona, sobre una plataforma de hierro, dentro del árbol.

    —Esto es... Muy tecnológico —comenté, secundando el comentario de Kein. En efecto, a ninguno nos sorprendió que los árboles sagrados no fueran naturales, sino que fueran creados por los ángeles.

    >>Y probablemente peligroso, ¿eh? Uhm... Siento que vamos a presenciar cosas bastante sorprendente, y enfrentar monstruos bastante poderosos. —Sí, todo un lince, ¿no? —. Quizás deberíamos separarnos para ir explorando las distintas rutas. Yo iré por el este.

    Vamos Rigel, Erin, Evan y Kein por la escalera este
     
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  4. Threadmarks: Piso 1 (Baobab)
     
    MrJake

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    Piso 1 - Baobab

    Decidiendo dividirse, Kein, Erin, Rigel y Evan se fueron por una de las escaleras, ascendiendo por sus metálicos peldaños con cuidado y atención. Las escaleras se curvaban, y cuando Kein miró hacia arriba mientras ascendía, perdió el equilibrio por un instante, teniendo que ser parado por Erin, que iba detrás de él, antes de que cayese de espaldas.

    —¿Qué haces?

    —¡A-Ah, nada, perdón! Es solo que... me ha dado impresión. Me he mareado y todo: mirad arriba.

    Al mirar hacia arriba... pudieron ver todo un entramado de placas de metal superpuestas, que se movían de forma concéntrica alrededor del flujo, en el centro del lugar. Un ascenso que prometía ser tortuoso, desde luego: largo, cansado, difícil.

    Parece que nos quedará camino para rato —murmuró Erin, dándole un golpecito en el hombro a Kein—. Así que cuanto antes nos movamos, mejor, amigo. Ya no queda otra que seguir subiendo.

    Kein suspiró, en lo que terminó de subir aquellas escaleras, llegando a una planta superior. El cableado incomprensible, el extraño metal con apliques y técnicas de trabajado del mismo que les eran totalmente desconocidos... todo ello hacía que aquello se sintiese, cada vez más, como algo de otro mundo para todos ellos. Erin fue, sin embargo, la primera en observar algo.

    —Asumiré que toda esta estructura interna no existe tanto para subir y bajar, sino como... una zona de mantenimiento, de construcción. Una suerte de andamios gigantescos y mucho, mucho más avanzados.

    —P-Puede ser —afirmó Kein, muy atento a su alrededor. De pronto, su mirada quedó fija en un punto concreto, donde unas extrañas máquinas flotantes se desplazaban en grupos, mientras otros "robots" terrestres se movían a paso lento por el suelo—. Pero parece que el mantenimiento no lo hacen los ángeles en persona.

    —... o eso, o se han cubierto bien las espaldas con vigilancia metálica. No se parecen a las máquinas magitek de Ilumbra... tengamos cuidado.



    Piso 1 (Baobab)

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    >> Bajando: Base del árbol (Baobab)
    >> Ascensor: ??? (requiere una llave)
    >> Subiendo (escaleras): ???
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    Gigi Blanche

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    Jackson "Jazz" Bullseye

    Para cuando llegó el momento de ponernos en marcha, había conseguido descansar y serenar mis emociones turbulentas. Ingresar a uno de los Árboles y ascender al cielo seguía sonando delirante, pero no me sorprendía luego de todo lo ocurrido en el último tramo de mi vida. Mis viajes solitarios por el continente, las noches desperdiciadas en tabernas y los líos que había protagonizado en callejones mugrosos... Se sentía todo tan lejano que era casi nostálgico.

    Habiendo preparado mi equipamiento, cargado mi bolsa y limpiado mis armas, me dispuse a reunirme con el grupo para bajar del barco. La voz de Aidan me detuvo, el apodo lo delató, y retrocedí sobre mis pasos sin concederle demasiado pensamiento. Había estado demasiado ofuscado en mis pensamientos y recuerdos, pero ahora que volvía a tenerlo de frente me asaltó una idea repentina y extraña: ¿y si era la última vez que lo veía? ¿Si algo iba mal en el cielo y... no regresaba?

    Su actitud era ligeramente diferente a la usual, y en mi rostro tampoco se formó la sonrisa socarrona de siempre. En cierto modo, percibía sobre ambos el peso de la realidad. Las tonterías que soltó, sin embargo, consiguieron destensarme el cuerpo y robarme una risa nasal.

    —De acuerdo. Salvar el mundo, anotado. ¿Algo más?

    Y otra vez con que era el más rápido, creía que esa discusión absurda había quedado zanjada ya. Al verlo regresé sobre varias de las ideas que había navegado los últimos días, la distante nostalgia, el vuelco que había dado mi vida y cómo yo mismo había cambiado. Desde aquella infiltración en el desierto de Fayar, Aidan había sido de las primeras personas que me forzaron a replantearme la imagen que poseía del ejército eleano con sus tonterías, su evidente buen corazón y su nobleza.

    Ya había perdido a mi padre, no sabía qué era de mi madre, debía cuidar de Gael y también estaban Roxy, Fauna, el enano...

    —Si regreso y te cuento mis increíbles hazañas allí arriba, ¿escribirías sobre eso? —Lo molesté, aunque mi voz no cargaba burla ni sorna—. Tendrás que pensarle un título que esté a la altura, y definitivamente deberías dejarme el título del hombre más rápido de Ilumbra. ¿Quién querría leer sobre él, si no?

    Ajusté la bolsa que colgaba de mi hombro y bajé la mirada un momento. Esto era... impropio de mí, desde luego.

    —Pero... si no regreso y Gael sí, ¿podrías echarle un ojo? —pedí, más serio, regresando a su rostro—. Tú y los demás Titanes. Gael los respeta, después de todo, como sus superiores y también como personas, así que creo que les haría caso aún si Elérea se va a la mierda. Me sentiría más tranquilo sabiendo que los tiene a ustedes. Que te tiene a ti. Eres noble, Aidan, te guías por tus buenas intenciones... y por tu buen ojo, por eso me caes bien~ —Aligerando el clima, ahora sí sonreí de costado y me incliné sobre su oído—. No me extrañes demasiado, ¿eh? O no podré hacer mi heroico trabajo.

    En mi camino de retroceso enganché con un dedo los cordones de su camisa y me limité a dejarlos caer. Podría haberme divertido un poco más con él, pero prefería dejarlo para después. Prefería creer que sí sería capaz de volver.

    . . .

    En el camino hacia el Árbol, sin embargo, y mientras preparaban los explosivos y todo lo demás, me invadió un profundo desasosiego. Estaba de brazos cruzados, junto a Roxy, con la mirada perdida en el trabajo de los demás y la cabeza ladeada.

    —¿Y si me muero? —divagué en voz alta, consternado—. ¿Y si me matan los ángeles y nunca descubrí si también me van los tíos? ¿No sería eso una tragedia? ¿Una falta de respeto a mí mismo?

    Ni siquiera me inmuté con el estallido y reanudé la marcha junto a un largo suspiro. Pronto olvidé mis dilemas, pues la situación pareció complicarse y ahora estaba más preocupado en no salir volando. ¿Y si me moría antes de llegar al cielo? ¡Eso sí que sería una tragedia! Y una muy patética. Por suerte nada pasó, aunque me había golpeado la cabeza. Me fui incorporando, sobándome la zona, y miré alrededor. Vaya, esto era... diferente.

    —Esperaba algo más elegante de los queridos ángeles —ironicé en voz baja, golpeteando el suelo metálico con la punta de la bota—. Bueno, ¿les parece si...? Eh, ¿chicos?

    Al levantar la mirada, mi hermano, el enano, la coraza y el salvajín ya se estaban alejando en dirección a una de las escaleras. Suspiré, resignado, y eché un vistazo a quienes quedábamos. Envolví a Roxy y a Fauna con mis brazos, y a Brigid... bueno, sólo la miré, ni tenía un tercer brazo ni me daba la estatura.

    —He quedado con las damas, pero qué miserable mi destino —canturreé, concediéndoles una sonrisa encantadora—. ¿Vamos~?

    >> Subiendo (escaleras norte): ???
     
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