Fantasía Zerkal - El Guerrero Destinado

Tema en 'Relatos' iniciado por Aldo MV Gallardo, 30 Marzo 2026 a las 12:21 PM.

  1.  
    Aldo MV Gallardo

    Aldo MV Gallardo Sonríe, amigo mio.

    Capricornio
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    Escritor
    Título:
    Zerkal - El Guerrero Destinado
    Clasificación:
    Para todas las edades
    Género:
    Fantasía
    Total de capítulos:
    1
     
    Palabras:
    1461
    Es un gusto volver a escribir por aquí. Hace mucho tiempo llegué a publicar una historia, quizás fueron unos 30 episodios, más nunca la terminé. Hoy se encuentra en las novelas abandonadas, se llamaba El Legado de los Héroes, como tal nunca la he abandonado, su mundo me intriga y sigo explorándolo, pero la trama principal por lo ambiciosa que es... la verdad es que me abruma y por ello nunca la volví a publicar... Bueno, solo quería recordar a quien le guste este pequeño cuento quien fui en está pagina.

    Hace unos meses tomé un curso de guion cinematográfico y parte del curso también era generar adaptaciones de microcuentos y cuentos de Eduardo Galeano en su antología "Espejos", mas que nada para soltar la mano escritora y con ella empezar a trabajar en los guiones. Aprendí mucho en ese curso, pero creo que lo más importante que obtuve de él fue la iniciativa de crear pequeños cuentos, porque muchas veces me lanzaba hacia la inmensidad de los mundos y desarrollaba lore y grandes personajes, volviendo las historias más grandes y dispersas... Hoy me siento más contenido, he escrito pequeñas historias y eso da gusto porque uno siente que ha concluido algo por más sencillo que sea el resultado. Las ganas de compartirlo me hicieron recordar Fanficslandia, el hogar de mi primera novela y un sitio en el que siempre me dio gusto compartir mis escritos, pues es cuna de decenas de creativos y uno no puede dejar de sentirse apapachado por ese calor de tanta imaginación reunida.

    Si estas leyendo esto, te mando un fuerte abrazo y siempre anímate a escribir, las mejores historias son las que se escriben, no las que se quedan en la cabeza.


    Zerkal nació en un día nevado en el reino más importante del norte. Berreó tras salir del cuerpo sin vida de su madre, quien perdió la batalla contra el parto. Fue acobijado por el llanto de su padre y los gritos de dolor de sus tías.
    Llegado al mundo en un día prometido, además de que según las creencias llevarte a tu madre al nacer era símbolo de poder; Zerkal fue benefactor de múltiples sueños.
    Al crecer, lo primero que tomó en mano tras caminar fue la espada de su padre y al ser un infante fue reclutado como prodigio. Labró su nombre en los escuadrones de caballeros del reino, ganando batallas, ganando tesoros, besando princesas.
    Mas, sin embargo, una profecía le fue revelada una noche por el rey:

    “En las montañas vive una criatura de seis ojos, tres cuernos, coraza como hierro, seis patas del tamaño de dos hombres, una boca que puede comer un escuadrón entero, una cola que puede derrumbar una casa. Cada mil años se levanta con hambre feroz y devora las cosechas y destruye los puebles del reino. Será así hasta que un guerrero nacido en la luna de sangre, que lleve por capa a su madre y espada a su padre, lo despierte antes de su sueño y se enfrenté a él derrotándolo en un combate que agite las tierras. Bañándose en su sangre y trayendo un nuevo amanecer de bonanza al norte”.

    Zerkal aceptó la misión sin rechistar.
    Pero el rey aclaró -Decenas antes que tu han luchado contra la bestia. Todos han muerto. Espero sepas cual es tu destino, o luches contra él.
    Tras escuchar la advertencia del rey, Zerkal solo preguntó –¿Cuándo fue la ultima vez que bajó la bestia?

    -900 años e incontables guerreros- respondió el rey.

    -Ya no hará falta contar guerreros, su majestad- Y se retiró por la puerta del castillo hacia los patios de entrenamiento.

    Dia y noche, tras día y noche, Zerkal entrenó sus habilidades con la espada, con los escudos, con las lanzas. Escaló montañas hasta tener las manos tan ásperas como la misma piedra, su hombros fueron entrenados para soportar las duras ventiscas de los picos donde yacía dormida la criatura. Alimentaba su cuerpo con la mejor comida y practicaba repetidamente con los mejores guerreros del reino. Así fue durante años…
    Con el tiempo empezaron a llamarle Zerkal “El Cobarde”, pues cada que le preguntaban: ¿Cuándo irá a luchar contra la bestia? El guerrero respondía con un helado –Cuando esté listo-. Para muchos solo palabras para ocultar su miedo, y Zerkal tampoco mentía al respecto, sí tenía miedo, pues si tantos ya había fallado habría sido por algo, pensaba mientras lanzaba tajos al viento.
    Siguieron pasando los años y todos terminaron ignorando al falso héroe que seguía entrenando, que seguía perfeccionando su técnica hasta el punto del ridículo. No había hombre que pudiese igualarlo en su fuerza, en su agilidad, ni en aguante. Era el maestro de los maestros. Su nombre fue famoso entre las brigadas, entre la caballería, pero a pesar de su talento sin igual todos seguían preguntando si de verdad habría de luchar contra la bestia.
    En la cabeza de Zerkal rondaban dos palabras que le detenían de cumplir la encomienda: Aun no.
    Poco tiempo después hubo luna de sangre y otro guerrero nació. En las calles se escuchaba “Quizás tu si puedas vencer a la bestia”. Zerkal vio una vez al niño “No tendrás que hacerlo”, pensó para si mismo y volvió a entrenar.
    Finalmente un dia Zerkal se vio en el espejo y vio en su rostro las primeras cenizas del tiempo. Observó por la ventana y vio la brillante luz de una mañana de verano. Tomo un respiro de aire fresco que soplaba de los bosques a la lejania, más allá de ellos, las montañas donde yacía la montaña del monstruo.
    -Es hoy- Dijo para si mismo y más tarde para el rey, la guardia y la gente del pueblo. Salió por el camino largo, entre el festejo de la gente, canticos y flores. Los guardias y los soldados aclamaban su regreso triunfal, no había nadie más preparado para la misión que Zerkal. Entre la felicidad de su gente bajó del pueblo y cruzo bosques, ríos, praderas, montes y finalmente las heladas montañas. No fue tarea fácil, pero si mucho mejor de lo que esperaba. Su cuerpo perfecto, esculpido por los años y el entrenamiento subieron las piedras heladas del pico más alto hasta la montaña donde estaba la guarida de la criatura como si hubiese nacido para ello.
    En el borde del ultimo peldaño de piedra antes de la cueva tomó un gran respiro.

    Estoy listo. Ahora sé que estoy listo.

    Subió a la cueva y ahí vio a la criatura. Era un bicho gigantesco, como tres veces un toro, su coraza era gruesa y tenia cierto brillo, como si su armadura hubiese nacido para romper el acero. Sobre su boca relucían dos pinzas que seguro rompían huesos como picadientes. Tenia dos tenazas del tamaño de un hombre cada una, atrás de ellas un par de patas en cada lado. Los cuernos que resaltaban de su cabeza eran brillantes, de ese tono que tiene el aceite sobre el agua, eran más largos que cualquier espada con la que hubiese chocado. Su cola corría sin fin, como si fuese una larga cadena para atar a sus victimas y un par de alas como libélula, cristalinas y gruesas, su aleteó debía sonar como el golpe de un martillo contra el metal, pero multiplicado por mil... Sí, era una bestia maravillosa.

    –Como me habría gustado luchar con ella–. Se dijo para si mismo Zerkal.

    Pues la bestia estaba muerta. Aquella majestuosa bestia yacía postrada en el suelo de la cueva helada. La luz se filtraba por la entrada y algunas grietas en la montaña. Cientos de huesos de animales y hombres se encontraban a sus espaldas y sobre su cuerpo. No parecía haber sido derrotada por nada ni nadie, a excepción del gran enemigo de todos, el tiempo.
    Zerkal acarició el cuerpo hueco de la bestia. Habría muerto ya hace unos años.
    Rodeó la cueva buscando si habría de haberse equivocado, o si acaso habría dejado crías, pero no encontró nada.
    Finalmente Zerkal se plantó frente al cadáver de la bestia y frente a ella dejó su escudo, su lanza y su espada. Su casco, su peto y su malla de acero.
    Realizó una ultima reverencia y bajó de la montaña.
    Cuando la gente del pueblo le vio regresar en la lejanía se armó una gran fiesta que duró días.
    La bestia ha muerto”. Fue lo único que Zerkal dijo de su viaje.
    Y eso bastó para que el reino tuviese un respiro de paz y una sonrisa.
    Zerkal dejó de ser “El cobarde” y pasó a ser llamado Zerkal “El poderoso”.
    Tuvo estatuas, obras y canciones en su nombre.
    Vivió una buena y larga vida.

    Y más nunca tomó de nuevo otra espada.
     

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