Cuando la conocí quedé prendido por su hermosura. Era joven, esbelta, de nivea piel y ojos sagaces que se perdían en silencio hacia el horizonte. Su cabello, mecido por la salada briza, reflejaba el sol de la media tarde con una elegancia hipnótica. Una que aceleraba mi corazón y contenía mi aliento, rígido. Como si tuviera ojos por la espalda, la mujer se voltea con gracia y sus pupilas se clavan sobre las mías, inquisitivas, pero en el caso suyo se entornan sus párpados con una sonrisa divertida. La risa sobre sus labios me parecía... Lírica... Se terminó de voltear relajando sus brazos sobre la baranda que cercaba la terraza del buque. Como perro y su hueso, cuando me quise dar cuenta mi cuerpo ya le hacía sombra a su silueta sinuosa. Y su sonrisa jamás se deshacía de su boca. —¿Aburrido? —preguntó con suavidad calma. Mi sonrisa se torció con intensidad hacia la derecha. —No, no desde que te vi —comenté con gravedad sosegada, una voz que siempre reconocí como profunda. La mujer ladeó su cabeza, sin perder la diversión en una expresión ahora extrañada. —Que raro... no pensé que fuera interesante. —Je... Por algún motivo, mis manos terminaron recargadas contra la baranda, mi rostro cerca del suyo, mientras sus manos sostenian el fierro más a distancia, dejándome así acorralarla. No parecía nerviosa, por lo que asumí que mis acciones no causaron ni la más mínima perturbación. Tampoco era mi intención. —¿Cómo no será interesante avistar gran perla en el mar? —me arriesgué. —Uhm... —soltó con la sonrisa y un movimiento de mentón que expresaban su comprensión, sin dejar atrás la diversión—, ¿te gustan las joyas, grumete? Expresé profunda reflexión con el rostro más serio que me permitía el corazón desbocado, ladeando la cabeza como ella misma hizo al preguntar... Volví a buscar su mirada, firme. —Creo que me gustas más tú... La mirada que me brindó de pies a cabeza fue tan descarada como el crecimiento de su sonrisa, una que no pude evitar reflejar con mi propia torcedura, encantado de cómo su cuerpo apenas se movía, pero aún así lograba verse cautivada. O mejor dicho extasiada. —Jejeje —rió al dar otra vez con mis ojos—, ¿pero tú a cuántas le has dicho eso? —comentó agraciada enarcando una ceja inquisitiva. —Je... hoy solo a ti... —confesé, realmente lo hice, porque nadie llamó mi atención como ella lo hizo ahora mismo. Porque era preciosa... ¿Qué tenía un desvalido como yo en el romance para lograr tener esa belleza de entre mis manos Nada más que la soberbia de creerme capaz, definitivamente. Y gracias esa soberbia terminamos en su cuarto, porque para mi sorpresa esa bella dama viajaba sola... Un poco peligroso, ¿no? tampoco le di tantas vueltas, que las prioridades eran otras, vaya... Como perderme en sus ojos, perderme en su silueta, encontrarla con mis manos y hundirme en sus tibieza que contrastaba con las casi sudorosas manos con la que le sostenía... Estaba nervioso, por eso el sudor en las palmas... Pero la respiración pesada no era ni de cerca nerviosismo. Eran ansias. Ansias de devorarle la boca, ansias de devorarle el cuello, ansias de recorrer su cuerpo, suavísimo, de justa medida donde poder hundir mis dedos, hasta que la acorralé contra no sé qué cosa y terminó por reírme mientras me deshacía de su ropa superior... Me detuve, no pude evitarlo y, enmañatado con las telas la miré tan perplejo como extrañado... —¡Qué se pondrá celosa, ¿sabes?! —exclamó animada a medio desvestir. —¿Celosa? —comenté grave, pero sin drama alguno, más bien extraviado en su noción de celos... —Jejejeje, claro, claro que sí.... Me distancié un poco para darle espacio de maniobra, aún desorientado, y con movimientos gráciles me dio la espalda. Su cabello largo le cubría esa espalda curva y, recostándose contra los extremos de un carrito de compra, dejó claro sus atributos ie retaguardia... Espera, ¿carrito de la compra? Me quedé anonadado con el rostro más serio que Policía Fiscal, con ella volteando ligeramente la cabeza para seguir sonriéndome divertida. Ya nada más que su cabello cubría esa piel nivia del torso... Pero yo seguía procesando que hubiera un carro de compras en su cuarto de primera clase... Repleto de porquerías, cabe resaltar, baratijas, ropas y demás... —Cassidy —dijo sin más, sonriente y risueña—, se pondrá celosa~ Como que no lo pensé mucho... ¿Quién era Cassidy, a quién se refería, por qué estaría nerviosa? Mientras mi cabeza divagaba, la idea buscaba y la verdad simple y llanamente dejé las preguntas tan en automático como mi cuerpo buscado el suyo. Me hice con sus labios y me froté con ansias pausadas... —No te creas que me quedo si eres una infiel —comenté con gravedad sosteniendo su mirada divertida tras besarla... Aunque, bueno, por más seriedad que mostrara y rechazo a la posibilidad, mi dedos seguían buscando sus curvas y mi cadera deseaba encajar con la suya. Lo admito, no era de mucha ayuda. Por su parte, rió sedoso y despacio. —A Cassidy no le importa —respondió más sedosa, su voz se escuchaba hermosa, pero ni con eso me sacó la extrañeza del rostro. Cerré los ojos y hablé cerca de su oído, disfrutando la sensación del fuego contra su piel desvelada. Poco y nada le quedaba, la verdad, más allá de las medias y los tacanos. Unos preciosos, por cierto, como su trasero. —¿Despechada, a caso —murmuré y sus suspiros solo me hicieron frotar mi mejilla, y compañía, con más fuerza contra su cuerpo suavecito. —Jejeje, para nada~, me acompaña a todos lados —respondió divertida, buscando mi boca mediante mirar sobre su hombro, deseosa de la humedad que nuestras cavidades ofrecían. Fumaba, claramente. Yo era más de licor. La dejé sin más para tomar distancia, deshacerme de mi chaqueta y la camisa, para luego seguir con los botones del pantalón. La vi recostada de lado sobre su carrito de compra, sonriéndome divertida, viendo tanto cómo yo la comí a ella con la mirada, frotando sus glúteos contra mi pelvis estirando la espalda como si se desperezara. —¿Y no la invitas? —fue lo único que atiné a preguntar mientras observaba los alrededores... Era un cuarto para uno... Poco me importaba que fuera lesbiana o algo, ¿donde estaba su compañía? Fuera pareja, lo que fuera. Me deshice de mi propia ropa, sostuve el borde delantero del carrito, sintiendo el cuerpo de mi querida contra mi propia muñeca por la cercanía... Con la otra simplemente atendí mi propio cuerpo, empezando a jadear con fuerza, hipnotizado de tener su entrada tan cerca... —Jajaja —había reído ella en el transcurso de acontecimientos—, pero si fue la primera en llegar~ Me detuve, en seco, mano aún en mi miembro y mis ojos fueron en busca de los suyos... Mi cara desconcertada, pero fija y sería, debía ser todo un poema... —¿Cómo? —pregunté sin más, con mi voz grave por naturaleza, sin sonar realmente perturbado... Pero me incomodé un poco, la verdad, ¿No que estábamos solos...? No quería una emboscada, ¡aunque, bueno, tal vez terminaba bien para mí! Sonrió sedosa y frotó su baja contra mis cadera, con todo y carne entre medio. —Claro, quién me presta los condones si no~ —comentó juguetona y rió otro poco mientras colaba una de las manos dentro del carrito repleto de cachivaches que usó todo este tiempo de sostén... Es más, ni miró donde metía su mano y sacó como si nada una tira de sachets de... bueno... Condones, vamos, que nadie acá quería salir con un hijo... Pero yo solo recibí con aún más desconcierto, en automático, la tira de sachets. —Uhm...— No estaba entendiendo nada y, la verdad, creo que no quería entenderlo—, como que no veo a nadie. Comenté volviendo a darme ánimos y tras hacer con uno de los sachets de lo extendí a ella con todo y seriedad en el rostro. —Anda, ayuda un poco —dije sin más, realmente no había rastro de mal genio en mi voz por más que mi cara pareciera rozar la furia. Así era mi expresión y yo cambiarla no podía, así como está chica parece que no podía estarse quieta sin una sonrisa en el rostro. —Jeje, pero yo he hecho mucho, eh~ —comentó lo último con un mohín y queja claramente importados. —Tch —hice sin más y rodé un poco los ojos, igual no dejé de trabajar con mis manos mi hombría y su genial glúteo. Era hermoso, lo juro. Toda ella lo era, desde su carita fina hasta sus curvas sinuosas y lo que más me enloquecía era la suavidad y temperatura de su piel, como si por poco pudiera vivir apretando y soltando mis manos contra su cuerpo. —Toma, jeje, encanto —dijo sin más, divertida, cuando ya tenía el condón entre manos. Le sonreí torcido, animado. —¿Y no quieres ayudarme otro poco? —pregunté. —¿Y soltar a Cassie? No, gracias —dijo con otro mohín, caprichosa... ¿Cómo qué soltar a Cassie? Fue lo único que me reinició el Windows en medio de todo ese... Caos... En serio la miré confundido con una mano en el condón y la otra en mi miembro. —¿Cómo que Cassie?— ¡Si lo único que tenía entre manos era un carrito de la compra... Oh... —Jajajaja, ¡pues que no quiero soltarla, claro... Estoy muy comoda con ella —mencionó sin más estirándose aún mas contra su carrito de la compra, con cada brazo sobre cada borde y su cabeza reposando en el manillar mientras sus tetas caían en el vacío antes de que se notaran las cachurerias que tenía dentro de ese carrito... No podía más con la confusión, en verdad. —... Es más... creo que ya no me importaba. —Pues nada, siguela abrazando —dije sin más antes de hundirme otra vez en su cuerpo, perderme en su temperatura y llenarme la nariz de su fragancia a un ritmo más frenético para poder olvidar cualquier rastro de la conversación que acabábamos de tener. La chica rió, un poco como loca, pero pronto era más gemido que risas y la verdad prefería eso... No es que hubiera estado mal, digo, era preciosa, hermosa, con un cuerpo suuuper agradable... Solo que le patinaba un poco la cabeza, y la verdad yo no sé por qué diablos me quedé tanto tiempo, pero incluso terminamos compartiendo un rato recostados en su cama con sábanas satén de un rojo oscurecido y profundo, con ese subtono vino que tanto me cautivaba... Aparte, estar recostado con un cuerpo calentito al lado tras tanta diversión, por lo menos física, era agradable y no se lo prohibiría a nadie, empezando por no pribarmelo a mí... Eso sí... tuvo la irremediable necesidad de traer el carrito desde estar empotrado contra una de las paredes a traerlo al costado de la cama, al costado donde ella estaba. Igual me dijo que no me preocupara, a lo que simplemente la miré con la seriedad de quien no sabe qué cara poner, y ella reía luego contándome sus ocurrencias... Como insistir en que Cassidy no se había puesto celosa y que su chica era muuuuy abierta de mente... Si, claro... todo lo abierta de mente que pudiera ser un carrito de la compra. Pero supongo que es mejor eso que un ex loco que la cele o una mujer que no le deje ir por un barco a cogerse al primero que convenza... Aunque... creo que mi mejor decisión fue cerrar los ojos, dejar de pensar y dormir un buen rato antes de despertar, compartir un tentempié juntos tras una ducha por separado y despedirnos tras caminar un buen rato por la cubierta, hablando de otras cosas más divertidas que involucrar a un carrito de compras de nombre Cassidy... Pero no les voy a mentir, la verdad es que no duré ni un día sin llegar a buscarla otra vez a la tarde siguiente. Era adictivo, qué más podría concluir. Que seguro enloquecí un poquito también ese viaje en buque.