Cerdo Fuego Siempre reímos cuando nos juntamos, que no es muy seguido, pero es algo. Ramitas, papas, una coca-cola. Con mantas, unos bowls enormes, unas ganas de devorarlo todo, así como los siguientes capítulos de Grey's anatomy. Nuestros ojos se cierran, eso sí, por lo menos los míos... —¿Ya tení sueño? —recuerdo que pregunta y yo me pongo a refunfuñar. —No, no tanto... —Cuánto le queda... Y en un parpadeo, no le queda otra que mirar a su costado y soltar una risa contenida, nasal, atropellada. Rueda los ojos, niega y come más papitas. Ya me pondría poner al día cuando despertara, pero ella iba a terminar el capítulo sí o sí.
Perro Fuego Era difícil olvidar la escena. Ella siempre fue un poco… intensa, por decir algo. No en el mal sentido, por más que me agotara. Cuidaba de los más pequeños, le daba abrazos a la abuela, podía terminar jugando juegos con nuestro primo y por ahí andaba luego con su vozarrón rebatiendo con los adultos. Ah, y con mi hermano era un sin fin de hipótesis literarias… Por otro lado, su propio hermano era mucho más sosegado. Sonrisas divertidas, pensamientos tan profundos como su mirada, jugueteos de nada con nuestra primita y muchas ganas de mantener su paz sin más. Sus comentarios siempre eran inteligentes cuando correspondían, incisivos, más bien. Lo admiro mucho, la verdad. Por lo tanto, cuando la vi llorar, mientras yo me sumía en la perplejidad de mi propio silencio, él sencillamente se acercó, le pasó los brazos sin prisas sobre los hombros, los dejaba reposar sin más y ella, sin más, seguía llorando con su rostro cubierto.