Chūō Salón Cristal [Salón de eventos]

Tema en 'Ciudad' iniciado por Gigi Blanche, 20 Febrero 2026.

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    Zireael

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    Lo escueto de su respuesta me hizo dar vueltas en mi cabeza cuestionándome si habría dicho algo mal, si mi forma de decir que el fallo en el orden para mí no era tan importante porque en sí lo que me preocupaba era cómo se sentía él quizás sólo le entendió como indiferencia a secas. Capaz mi wording dejó mucho que desear, pero este muchacho era complicado, a veces me resultaba incluso más cerrado que Cayden, y leer algo probaba ser una misión difícil. De alguna forma, su distancia me resultaba incluso más fría y tenía más problemas para navegarla.

    A mi saber este evento no representaba al chico en sí, representaba su estrato social y ya. Tal vez por eso para mí era indiferente, porque me detenía poco en esas cosas, pero para él era más relevante porque su vida se revolvía alrededor de esto. De los restaurantes, lo fino, lo organizado. Los inversionistas y cómo se viera eso. Estaba pensando demasiado y por alguna razón, la mirada de Mei apareció en entre esos pensamientos. La chica seguro quería cagarme a palos, ¿verdad?

    En sí tampoco me contestó si más tarde hablaría con su papá y yo me limité a mirarlo, pues había apoyado los brazos y los codos en la baranda. Yo seguía de costado, apoyando las caderas allí, pero lo oí preguntarme por el vestido y el brazalete. La mención me hizo bajar la vista al accesorio un momento.

    —Una de mis mejores amigas me ayudó a prepararme. El vestido era suyo, pero le iba muy largo —expliqué, tranquila—. También los accesorios los trajo ella. Tenía un montón, así que yo sólo elegí los que me gustaron.

    Mientras hablaba estiré la mano, dudé un instante, pero la posé en su espalda y le dediqué una caricia. Lo hice porque sí, como siempre. En determinado momento subí la mano y me hice con un mechón pequeño de su cabello. Se me ocurrió una tontería y la dije sin más.

    —Mei seguro sintió que estaba vistiendo una muñeca. Estaba de lo más entretenida con todo.

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    Ni modo, la experiencia culinaria excedió los límites de mi paladar que de pronto parecía el de un niño de cinco años. Según yo no era un picky eater ni nada, pero el evento de Paimon estaba por probar lo contrario. La advertencia de Suiren sobre el caviar llegó cuando yo ya estaba comiendo, así que no hubo remedio, y volví con la carne y el vino que no me decepcionaban. Lo de que por allá estaba el baño por si quería vomitar me sacó una risa y como estaba comiendo me cubrí la boca con la mano.

    —Tampoco era para tanto, pero gracias, supongo.

    Le pregunté por su comida favorita, me contestó con un plato típico de rusia y me regresó la pregunta.

    —Cualquier cosa con papas. La cocina irlandesa las usa en un montón de platos. Mi mamá hace un estofado muy rico —respondí mientras me iba terminando la copa de vino y dejándola en una de las bandejas de los camareros que pasaban—, pero igual me gusta mucho el pescado fresco en general. Como nací aquí, la comida japonesa es como muy reconfortante.

    Estaba por preguntarle si le gustaría volver a Rusia cuando la madre de Paimon apareció y como la charla no era conmigo, me mantuve al margen. Ella reparó en mi presencia, pero siquiera se molestó en saludar y por el mismo motivo yo no lo hice. Preguntó por Ilana y su indiferencia me resultó tan repelente como la de Liam; eran distantes, siquiera mostraban alguna emoción y preguntaban cosas que tal vez, no deberían importarles. El paralelismo con el repelente de mi padre me hizo sentir molesto, pero pateé el sentimiento lejos.

    Dejé que Suire contestara y giré el cuerpo de regreso a la mesa para comer más carne. Quiso saber quién había invitado a Ilana, Craig no contestó y supuse que el silencio otorgaba. De nuevo, ¿era de su incumbencia a quién invitara su hijo o no? Y si sí lo era, ¿por qué no se lo preguntaba a él y ya? Ah, claro, que había arruinado los tiempos del evento. Qué incordio. ¿Por qué los progenitores no podían simplemente ser normales?

    —Ilana es una chica sencilla y amable —dije en voz baja cuando la mujer ya no estaba, la cosa rozaba el pensamiento en voz alta. Mis ojos seguían posados en la mesa de comida, aunque ya no estaba picando nada—. No sé qué tanto hayan hablado con ella al respecto, pero la ciudad no parece acabar de gustarle, es... Suele sentirse perdida, incapaz de pertenecer a algún lado, y supongo que también se siente encerrada entre tanto edificio, autopistas, trenes y autos. No sé tampoco si pueda acostumbrarse o encontrarle el gusto a estos espacios, por más que pueda adaptarse con tal de compartirlos con otras personas, ya que para ella es más importante eso, acompañar a los demás.

    ¿Por qué estaba diciéndole eso?

    Era más fácil molestarse contigo cuando eras un cretino abiertamente.

    La dulzura de su carácter se acentuaba cuando uno se permitía ser dulce con ella también.

    —Tu amigo es muy frío —retomé y ahora sí pesqué otro cuadro de carne, aunque no me lo llevé a la boca—, en comparación a ella quiero decir, no lo digo con intención de ofenderlo a él o a ti, pues al final se llevan. Sólo digo que la disonancia puede acabar angustiándola.

    Como la había angustiado mi distancia y mi incapacidad para centrarme en ella, ¿no? Sin embargo, la chica había accedido a mis estupideces, seguramente porque ella, en su naufragio, tampoco estaba atada a nada ni a nadie. Había algo de hedonismo en el carácter de ambos, ¿no? Yo había hecho mucho daño siguiendo esa lógica, rechazando lo que me causaría dolor, ¿pero Ilana? No lo sabía. Quizás sólo estuviese haciéndose daño a sí misma. Más allá de la búsqueda de la diversión y el placer, algo en ella pensaba que podía arreglar a otros o rescatarlos.

    —La invitó aquí, ¿pero por qué? Ella tampoco debe entenderlo. —Suspiré y solté una risa nasal—. Como yo tampoco entiendo por qué me invitaste a mí específicamente.
     
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    Mencionó que había elegido lo que más le gustase y bueno, que el vestido a su amiga le había quedado largo. Me causó gracia pensar en mi hermana cuando compraba ropa en línea y le llegaba con medidas que no eran correspondientes a su estatura, y el cómo sufría para obsequiarlas o mandarlas a arreglar y luego no ponérselas, aunque me daba la sensación de que la persona que ella mencionaba no era como mi hermana en sí.

    —Suena a que pasaron una tarde ideando el oufit —murmuré solo por molestarla un poco, sin embargo ella estiró su mano y su tacto dió en mi espalda, estaba tenso por lo sucedido pero sin siquiera darme cuenta me relajé bajo su contacto, mis hombros se aflojaron y mi respiración simplemente se fue haciendo más imperceptible.

    Continuó su camino hasta un mechón de mi cabello negro, y cuando sus palabras continuaron me reí como quién se imaginaba a la mencionada diciéndole a Rockefeller cómo organizarse, qué ponerse y cómo combinarlo.

    —Parece ser una buena amiga —comenté en lo que comenzaba a sonar de fondo el toque de la violinista, se escuchaba lejos pero en una tonalidad más suave, por lo que supuse y estaban dando inicio a los bailes—. Por mi parte, el traje lo eligió mi padre —dije porque sí—, aunque parece que tiene buen gusto, como tu amiga a la hora de elegir qué ponerle a sus muñecos —retomé su palabra para continuar el hilo de la conversación.

    En sí, para este tipo de eventos era quién especificaba al costurero qué realizar para cada miembro de la familia, incluyéndolo.

    >>¿Te molestó la tarjeta que dejé en tu pupitre? —tanteé, pestañando con lentitud.


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    ¿Cualquier cosa con papas? Asocié el que podría gustarle el Drániki, era a base de papas ralladas, cebolla y arina, solo que no podría considerarse una cena, sino que más bien algo para picar. Bueno, quizá un día que mi madre preparara algunos podría compartirle en la escuela, a ver qué tal. Luego mencionó el pescado y bueno, realmente no era muy fan aunque en lo que llevaba aquí lo comía más regularmente. Iba a preguntarle sobre su bebida predilecta pero fue entonces que apareció la progenitora de mi mejor amigo, realizando un saludo y luego una pregunta concisa.

    Me había cruzado con ella un par de veces en Rusia, aunque no habían sido memorables. De igual manera siempre preguntaba por mi madre al haberla conocido en una entrega de notas en dicho País; sabía que no era una mujer muy presente en la vida de su hijo, y cuando aparecía no solía dejar algo positivo para él o para su hermana... que hablando de ella. La busqué con sutileza en el espacio sin lograr ubicarla, luego miré al padre de Paimon y seguía conversando como si nada hubiese sucedido y bueno, no era de mi incumbencia más allá de lo que pudiese hacer.

    Me giré nuevamente hacia la mesa para sujetar ahora uno de los postres, iba a retomar la conversación que teníamos sin embargo sus palabras me hicieron elevar las cejas ligeramente, para luego normalizar el gesto en lo que degustaba el helado de vainilla con una pequeña cuchara. Mencionó cualidades de Ilana, en lo cual estaba de acuerdo aunque no asentí en el momento, dedicándome a escuchar lo que quería decir, o lo que fuese que la presencia de la madre de Paimon hubiese provocado en él.

    ¿Básicamente estaba diciéndome que no tuviesemos una idea equivocada de ella? Bueno, Paimon en su momento la llamó como Alicia por el famoso cuento, por lo que me di cuenta que ambos tenían una idea muy similar sobre la mencionada, ¿entonces por qué creía sentir un sentimiendo adicional en lo que él me comunicaba?

    Mencionó que Orn era un chico frío y dejé de comer, dejando el postre a medio probar sobre la mesa con la cuchara sobre la copa, girando ligeramente el cuello para mirarlo. No era falso lo que atribuía, sin embargo comenzaba a sentirme ofendido. ¿Estaba diciendo básicamente que no debía haberla invitado porque ella no pertenecía a este tipo de lugares?

    —¿Quieres decirme que nos alejemos de ella entonces? ¿O que directamente él deje de hablarle por lo que tú consideras y debería ser la forma de él en relacionarse? —murmuré, no de manera tajante, tan solo como una pregunta para organizar lo que estaba soltando de repente.

    Él llevaba conociéndola a ella dos meses o algo así había dicho, yo llevaba con Paimon hace más de ocho años siendo amigos, era natural que me provocara molestia lo que dejaba entrever en sus palabras. No estaba en desacuerdo con la señalización de que pertecían a mundos diferentes, pero aún así notaba que Paimon cedía a ella como no había hecho con nadie antes, los chcolates se los había comido y no se dignó en compartir ni uno, tan sólo porque los había hecho ella. Y también, había estado extraño cuando le pregunté si ella le había dado algo el día que si era el intercambio, parecía que había estado esperando los suyos y no los recibió, pero si la vió entregar detalles a otras personas.

    Estaba incómodo con eso, pero no lo había dicho, y sabía que nunca lo diría.

    Es una formas bastante... comprometedora, ¿no crees?

    A ella parece que le gustan las cosas tiernas, así que los dejaré con ese molde.

    Tampoco aceptaría que el invitarla aquí lo había pensado con anterioridad, lo del vestido y las molestias de lo que podía proporcionar su familia con la tarjeta del costurero de confianza.

    ¿Y al final le dirás?

    Sí.

    Deja que ella elija que ponerse.

    No sé si luego se sienta incómoda por no saber el código de vestimenta. Le daré la tarjeta, igual lo pagaría yo.

    Se va a ofender, Pai.

    Y por eso prefirió dejarla sobre su escritorio. Como fuese, notaba que él quería que ella lo conociese más, y esto hacía parte de él. Si a ella le causaba o no disonancia sería quien decidiría alejarse de él, pero por parte del moreno lo único que detectaba es que quería mostrarle más su mundo a ella. Preguntó luego porque la había invitado aquí y bueno, para mi estaba claro el por qué, pero para Paimon aún no.

    —Él también está tratando de entender el por qué —murmuré en respuesta—. Lo que puedo decirte es que él no tiene la intención de lastimarla de ninguna forma, como quisiera suponer... que tú tampoco la tienes, pero sin querer podemos lastimarnos, ¿no? Por ejemplo, me siento ofendido contigo en este momento —obvieé su risa y aligeré los hombros, retomando el postre—, supongo que son palabras y situaciones que simplemente se dan, ya está en cada quién decidir que vínculo sostener y cuál no.

    Me terminé el postre en lo que el pianista finalizaba la presentación y volvía a dar paso a la violinista, iniciando con la música de salón en lo que los invitados comenzaban a animarse a bailar en el centro, aunque aún muchos de ellos seguían conversando distribuidos por el espacio.
     
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    Zireael

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    —Un poco sí —resolví a lo de pasar la tarde con el outfit—. Fue divertido, nos sirvió para pasar tiempo juntas.

    El tacto de mi mano lo relajó, me di cuenta, y respiré con cierta pesadez. Eran estas cosas las que no comprendía, las que contrastaban y hacían ruido. Cedía a ciertas cosas por mí y me invitaba aquí de alguna forma para incluirme en su vida, pero de allí en fuera era... bastante seco y no estaba segura de ser fanática de eso. No quería invisibilizar sus regalos o cómo me había acompañado al parque de diversiones, tampoco esta invitación, pero la confusión comenzaba a ser más grande que cualquier otra cosa. No creía que nuestras formas de mostrar afecto estuvieran emparejadas o lo estuvieran nuestras personalidades. Lo había llamado amigo, pero a veces no sentía que llegáramos a eso.

    No es como que yo supiera qué hacía aquí, pero haber aceptado venir significaba que, al menos, quería entender. Eso no quitaba que siguiera sintiéndome como pez fuera del agua en esta fiesta, con su alcohol fino, su comida gourmet y sus músicos pagados. Ni que me sintiera cómoda siendo parte de algo tan elegante ni de sentirme observada por la madre de este chico sin siquiera haber mantenido una conversación con ella.

    Ya me había costado mucho hacer mi primer grupo de amigas para estar batallando de nuevo, ¿era eso? No estaba segura.

    —Lo es —convine a lo de Mei como buena amiga y el resto de sus palabras me hicieron pensar en una cosa—. Bueno... A mí mi vestido me gusto, ¿pero a ti te gusta tu traje?

    Una cosa era dejarse arreglar por gusto.

    Otra por obligación.

    No esperaba que justo ahora sacara el tema de la tarjeta, por eso cuando hizo la pregunta mis movimientos se congelaron y dejé ir el mechón de su cabello con delicadeza. Al mismo tiempo, volví a darle la espalda a la baranda, descansando el cuerpo. No contesté de inmediato, me marqué el Cayden más asqueroso del momento, y sencillamente me callé. No era que fuese a dejarlo en blanco, era que ocupaba ordenar mis ideas y mi molestia.

    —Sí —admití un rato después y respiré con pesadez—. Bastaba con que me dijeras el dress code y yo resolvía por mi cuenta, pero con la tarjeta se sintió como si no confiaras en mi capacidad de estar a la altura del evento y entonces me pregunté para qué me invitabas. No es que fuese a aparecer aquí con un vestido de verano tampoco, es sentido común, o podrías sencillamente haberme preguntado si tendría problemas para conseguir la ropa.

    Me sujeté el brazo derecho con la mano izquierda.

    —Pero elegiste sólo asumir y dejar una tarjeta en vez de hablar conmigo. Me haces regalos, me acompañas al parque de diversiones y me invitas aquí, pero no hablas conmigo casi nada y ni siquiera puedo entender cuándo puedo o no preguntarte algo sobre tu familia o lo que sea que pasó allí adentro, porque conversamos tan poco que siento que puedo molestarte. Aunque supongo que esa también soy yo asumiendo cosas.

    ¿Y este rant de la nada? Ya qué más daba.

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    Al terminar con mis ideas comí el trozo de carne que había tomado y cuando Suiren me contestó con una pregunta me di cuenta de que o yo había usado un orden de palabras bastante deficiente o él había entendido lo que le dio la gana. Quizás fue un poco de ambas. Él no fue tajante, pero quizás yo tenía que aprender a filtrar mejor lo que decía, ¿o no? Yūnosuke me había dicho que me callara, básicamente, pero fue en un contexto en que de verdad estaba diciendo cualquier cosa. Igual el chiquillo tenía razón.

    —No fue lo que dije y no soy su padre para controlar con quién se junta —advertí, manteniendo el tono sereno. Igual ya verías tú que risas si Paimon conocía al Sargento Rockefeller—. Ni sé tampoco cómo acabaste metido en el statement. Ella les guarda cariño a ambos y es simple de ver, ¿qué sentido tendría meterme y decirles que se vayan a la mierda y por qué lo haría, si yo estoy aquí contigo? La chica es bonita, su personalidad es preciosa y quiere a los otros con facilidad, limitar algo como eso sería limitarla a ella.

    No quería forzar jaulas sobre nadie más, ya no. Quería aprender a amarlos libres, como habían nacido, pues las alas de los demás eran bellísimas. En la inmensidad del cielo, quizás, algún día podría reparar mis propias alas y volar con ellos.

    —Además, no es como que tú seas una mala persona. No creo que Paimon lo sea tampoco, quizás debí usar una palabra distinta, tal vez sea simplemente muy reservado e introvertido. Ni siquiera puedo afirmar que yo sea muy distinto de él. Ilana y yo en lo que llevamos de conocernos hemos tenido problemas porque soy un cerrado y porque abusé de su confianza.

    La sinceridad era innecesaria, pero ya que había comenzado no podía echar atrás. Más allá de eso, en los últimos dos meses incluso lo que decía con sinceridad o buenas intenciones acababa distorsionado, quizás por las emociones subyacentes que pretendía ahogar. Una cosa era verdad y lo había dicho ella misma, no estábamos atados de ninguna forma, no esperábamos grandes cosas del otro y sencillamente reconocíamos la tensión que luego del incidente del parque había quedado y había persistido cuando ella llegó al Sakura. Mis comentarios no eran producto de un ataque de celos, si acaso... Quería aclarar el panorama.

    —Sin embargo, al trazar límites más claros, creo que hemos podido entendernos mejor. Hay que hablar con ella, escucharla y permitir que ella nos escuche. La misión es complicada, ese es el problema, y ella... Ella no suelta incluso cuando la cuerda la lastima.

    Yo tampoco.

    —Así que no, nunca les pediría que se desvanezcan porque no me interesa, no lo pretendo y sería ilógico e injusto. Les pido que sepan confiar en ella y entender cuando parece necesitar más afecto o más claridad, ya que creo que los tres de alguna forma somos bastante distintos a ella, pero queremos seguir formando parte de su vida. Él es tu amigo, pero ella es mi amiga.

    La forma en que nos habíamos conocido, los viajes en tren compartidos, los almuerzos y las verdades que existían entre ambos habían forzado de forma veloz esta complicidad. Una que era difícil de explicar o traducir. La niña me sugería tener una cita, yo aceptaba a tenerla algún día y nos regalábamos chocolates y cada uno seguía con su vida. Su viejo de repente aparecía donde Yuzu cuando yo estaba high as a kite y las capas de los problemas sólo empeoraban porque Arata la había hostigado. La relación era enrevesada y compleja, pero ella era una buena chica.

    Escuché las siguientes palabras de Craig y suspiré al oírlo decir que lastimábamos a los otros incluso cuando no lo pretendíamos, como si no supiera yo de eso. A pesar de todo, cuando admitió sentirse ofendido conmigo agaché un poco la mirada y estiré la mano para pescar una copa de helado. Vainilla con jarabe de chocolate, no era ciencia nuclear, iba a estar rico sin importar qué.

    —Disculpa por haberte ofendido con las cosas que dije sobre Paimon, fue bastante innecesario. —Me incliné por un costado de su visión para encontrar sus ojos—. Y gracias por invitarme.
     
    Última edición: 17 Marzo 2026
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    —Más que gustarme te puedo decir que estoy acostumbrado a ello, no me incomoda, pero no sería algo que usase todos los días.

    Realmente no me había detenido a pensar sobre el contraste en nuestras personalidades, por lo que hasta el momento no me hacía ruido el permanecer en silencio ante su compañía, para mí el estar presente representaba eso, algunos hechos partículares en donde la persona estimada se sintiese parte de mi interés, de lo contrario no compartiría con personas a menos de ser estrictamente necesario, por ende en ella noté el suspiro pesado y algo similar a la duda se instó en mi cabeza, pensaba dejarlo pasar como otras cosas más pero su silencio me pareció extraño, era una niña que hablaba hasta por los codos y yo sentía que por primera vez... había dicho algo malo.

    Craig me lo había advertido y yo había hecho caso omiso.

    —No fue mi intención.

    Me giré ligeramente, descansando la izquierda aún sobre la superficie y la derecha dejándola a mi costado. Noté la búsqueda de confort al abrazarse ella misma de cierta manera, y el sentir que había dicho algo fuera de lugar punzó con algo más de fuerza. Prácticamente hizo una lista sobre las cosas que había hecho con ella hasta el momento, luego la poca confianza que tenía para hablarme por sentir que me molestaba y alcé las cejas sin darme cuenta.

    —No, no lo siento así. Quiero decir —noté que me apresuré un poco y respiré con profundidad, dejando unos minutos para organizarme la cabeza—. Me suelo sentir cómodo en el silencio... si comparto contigo, te hago algún presente o te invito aquí o te acompaño a algún lugar y no hablo es porque es lo normal para mí —miré un instante sus facciones aunque las mías no cambiaron mucho en el proceso—. Y tienes razón, me cuesta hablar de mi vida personal aunque las personas las considere cercanas, pero ten claro que tú nunca me molestarías Rockefeller, disfruto tu compañía.

    Ella era energética, conversadora y espontanea. Y yo por otro lado, distante emocionalmente, reservado y calculador.

    Si lo pensaba así... podría estarla alejando sin siquiera darme cuenta, y la idea me perturbó más de lo que adminitiría.


    >>Si en algún momento necesitas que hable más, puedes decírmelo. No prometo hacerlo bien, pero… te puedo prometer que intentaré hacerlo lo mejor posible.

    Extendí mi mano libre, acomodando un mechón de su cabello.

    —Y sobre lo que me recomendaste hace un rato, sí, más tarde hablaré con mi padre, pero ya que estamos, si quisiera saber qué harás estas vacaciones, Rockefeller.

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    Estaba de acuerdo en sus palabras, porque en caso de ser afirmativo a mi pregunta mi respuesta sería una negativa rotunda. Yo también lo veía, Ilana era una niña dulce, carismática y algo curiosa -de lo contrario ni se le hubiese acercado a Paimon luego del recorrido-, y por ende tampoco estaba dispuesto a perder su amistad. Mencionó que había tenido problema con ella y yo me dediqué a escuchar con respeto, mencionó también que quizá él y Paimon se parecían pero en mi cabeza no lo veía así. Cayden era por lejos más accesible, y un poco ansioso por lo que lograba notar.

    Mencionó el confiar en ella y un par de puntos más, en lo que realmente estaba de acuerdo, lo del afecto me costaba un poco, digamos que lo podía fingir perfectamente, pero en sinceridad me era complejo conectar con las personas, aún así no significaba que no la estimara de una u otra forma, fue entonces que me di cuenta que si a mí -que la veía como una amiga- me costaba ciertas barreras no imaginaba el costo que tendría Paimon para desvanecer las suyas. Le dije lo que pensaba respecto a todo lo que había soltado y noté como agachó ligeramente la mirada en algún momento, disculpándose después.

    Se inclinó para dar con mis ojos y giré ligeremante el cuello para ver los suyos casi de frente, suavizando las facciones en el proceso.

    —Comprendo tu preocupación, por lo que tampoco te juzgo, y acepto las disculpas —le sonreí con gentileza, esperando que terminada su postre.

    Entre tanto miré el móvil un minuto, dejándole un mensaje a mi madre y ya luego regresé mi atención a él, murmurando:

    >>Pero como forma personal de sentirme mejor tendrás que bailar una pieza conmigo. ¿Quieres aquí, en el centro de la pista, o en otro lugar? Mira que no soy de los que sienten interés por lo que piensan personas que ni conozco —avisé referente a que me daba lo mismo si decidían juzgar o no que bailáramos juntos.
     
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    Pues claro que uno no se pondría traje todos los días, pero bueno suponía que peor era nada. No acoté nada más al respecto porque nos metimos en el asunto de si la tarjeta me había ofendido y tuve que ponerme a pensar. Tampoco iría a encajarle a él toda la culpa, yo podría haber hablado, pero volvíamos a lo mismo de que no me sentía en la potestad de hacerlo. También quizás le estuviera dando demasiada importancia, pero como me costaba hablar con él entonces no tenía mucho de donde tirar.

    Aclaró que no fue su intención y asentí con la cabeza, como para hacerle saber que lo había escuchado y que lo entendía. No lo miré, me quedé con los ojos al frente y me dispuse a escucharlo, sin soltar la suerte de abrazo a mí misma. De alguna forma me aliviaba haberlo dicho, pero por otro lado se sentía extraño sentir que estaba pidiéndole modificar su personalidad por mí. Al menos así lo sentí, ¿quién le pedía a otros que hablaran más? Ni siquiera era algo malo que hablara poco. ¿Cuál era la pared? Quizás que era menos expresivo en general.

    Mi vista logró alcanzar el blanco de Suiren de nuevo y me pregunté cómo habrían logrado sostener su amistad tanto tiempo, a la vez di de nuevo con el rojo de Cayden y me quedé dando vueltas en cómo incluso en la distancia existían diferencias. Fuese carisma tentativa, expresividad o cualquier otra cosa. Pensé en mis amigas, en las gemelas, y como ellas también parecían algo ensimismadas, pero nunca me habían hecho sentir que fuese una legítima misión interactuar con ellas.

    Había dicho también que nunca lo molestaría y que disfrutaba mi compañía, lo que al menos me hizo esbozar una sonrisa a pesar de que continuaba con la mirada estática. De todas formas, volvía a lo mismo: no quería modificar su personalidad. ¿Qué sentido tenía eso? Lo miré por la esquina del ojo cuando me acomodó un mechón de cabello y volvió sobre lo que había mencionado sobre su padre.

    Pensé y pensé, rascándome el brazo con las uñas. No supe bien cómo ordenar mis propias palabras, a pesar de que era yo la que nunca se callaba, y al final tuve que escarbar en otras maneras de comunicación. Despegué el cuerpo de la baranda, lo giré en su dirección y encontré sus ojos; era un poco raro saberme a su altura, pero pues era el tema de no ser necesariamente baja y ponerme tacones altos. Estiré las manos, las apoyé en sus hombros y las deslicé envolviéndolo en un abrazo.

    —No se trata de cambiarte —murmuré sin soltarlo—. Sé que no todo el mundo habla tanto como lo hago yo. Es más... una cosa de distancia. Agradezco que estés dispuesto a intentarlo de todas formas.

    Respiré con pesadez y mis dedos recorrieron su cabello suelo con cuidado de no estropearlo. Me di cuenta que había comenzado a avanzar, como siempre, tentando los límites de lo que aceptarían los otros. Me lo permitía con relativa frecuencia en medio de sus silencios, pues tarde o temprano acababa tocándolo o abrazándolo. ¿Era necio? ¿El problema era qué tanto insistía yo? No estaba segura.

    —En las vacaciones no haré mucho —comencé, regresándole su espacio, y ocupé las manos en reajustarle el traje aunque realmente no se había desacomodado tanto—. Dos de mis mejores amigas no estarán en la ciudad, así que seguro me pase el resto del tiempo con Mei o con vaya a algún lugar con mi mamá. También hice planes con Kakeru, de la clase, así que espero poder verlo. No sé si me surgirán otros planes con el paso de los días.

    Separé las manos de su cuerpo y regresé el mío a la baranda, para descansar la postura.

    —¿Tú harás algo o seguirás ocupado luego de esta fiesta? Podemos dar una vuelta por la ciudad, si te queda algún día libre antes de- ¡Cierto! Iré a las pasantías de la escuela, ¿tú?

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    Al menos había aclarado el embrollo, porque entre todo el cagadero sólo me faltaba ofender permanentemente a otro compañero de clase. En mi intención de hacerle saber que Ilana merecía confianza y afecto, había ordenado las ideas de forma un poco deplorable y se me ocurrió que me pasaba con frecuencia. Esperaba que cuando me llegara la hora lograra poner los trapos sobre la mesa de forma más ordenada. Quizás si me detenía a escucharme de verdad algo cambiara, tal vez mi camino para hacer las cosas distintas estuviera oculto en el rebotar de mi propia voz y en aceptar aquello que había negado.

    Lo demás, el cómo ceder a Ilana, le correspondía a Paimon. En tanto no fuese tan cretino como yo, creía que ella podría tenerle paciencia hasta cierto punto e incluso si lo era, ella lo pondría en su lugar. Que luciera compuesta y tranquila no significaba que no tuviese carácter, era más bien lo contrario. Las alas de Ilana, cuando volvía a unirlas a su espalda, tenían la fuerza para reventar los barrotes.

    De cualquier manera, cuando encontré su mirada para disculparme, sus facciones se suavizaron y yo sonreí ligeramente. Enderecé la espalda, lo dejé revisar el teléfono y cuando regresó la atención a mí, bueno, no pude evitarlo. Una sonrisa algo torcida me alcanzó los labios y lo miré un poco incrédulo, pues para mí lo del baile se había quedado como una broma. Encima soltaba tan pancho que no le importaba lo que pensaran otras personas, el asunto era, ¿me importaba a mí? Suponía que no lo suficiente si había bailado con un chico y me había enredado con él en una disco a ojos de absolutamente todo el mundo. Me importaba cuando se trataba de personas que quería, mi familia, Hubert, ¿pero el resto del pueblo? Se podían comer una mierda, suponía.

    —No creo que bailar junto a la mesa de comida sea muy elegante —apunté, echándole un vistazo—. Y en el puro centro de la pista es como que un poco excesivo even tho I like the attention.

    Al decirlo me permití una risa baja, cosa de nada. Navegué el espacio con la vista, con aparente desinterés, ¿este chico qué diablos pretendía? No entendía nada, si era sincero. Parecía sólo haberme tomado confianza por como lo encontré, pero la mayoría de varones o decían estas mierdas por tocar los huevos o mejor no las decían del todo, los restantes... Bueno, éramos los que sí disfrutábamos de bailar con otros chicos.

    —Otro lugar —dije un poco al aire, no porque me estuviera decantando por eso en realidad. Fue pura curiosidad, como si de alguna forma estuviera intentando descifrar qué diablos tenía en la cabeza esta criatura. Puede que no tuviese nada en lo absoluto, lo que también era válido, no es como que yo tuviera algo—. ¿Cuáles opciones me ofreces en ese caso?
     
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    Insane

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    Realmente no sabía que esperaba de ella, quizá me encontraba cómodo y era suficiente para mí; el silencio nunca me había sido impedimento para lo que necesitaba, ya fuese cuestiones académicas, profesionales en cuanto a mi formación, vínculos familiares y amistades. Bueno, se sabía que tenía un amigo que era Craig, los de Rusia que se podían contar con una sola mano y eso, posiblemente la crianza, la cultura, los genes influían más de lo que uno se detenía a pensar. Mi interés por vincularme siempre había sido minímo a menos que necesitara algo en particular, pero realmente conociendo a Rockefeller no necesitaba algo de ella, simplemente se sentía bien tenerla cerca, era terriblemente expresiva y me causaba gracia en el buen sentido de la palabra.

    Como un solecito andante por ahí.

    Noté como rascaba su brazo y me cruzó la idea de que siquiera mis palabras la habían alcanzado lo suficiente, estuve por tomar la iniciativa de acercarme a ella pero lo hizo primero, se giró y el peso ligero de sus brazos descansaron sobre mis hombros. Acomodé la derecha en su cintura, y deslicé el pulgar por la curvatura en forma de mimo, mirándola a los ojos.

    —Lo entiendo —murmuré en respuesta—, pero me quedaré con la solicitud, así aprovecho y hago la mía —. continué, buscando las palabras apropiadas—, cuando hagas algún presente entrégamelo personalmente, noté que lo hiciste con un par y me dejaste de lado.

    Medio reclamo, medio generalizado, medio a la libre interpretación.

    Sus dedos depararon en mi cabello y pestañeé con tranquilidad, como si lo que acababa de decir solo fuese una observación sin peso real; se alejó apenas, acomodándome el traje aunque estaba bien aún, respondió la pregunta que había hecho en el transcurso de la conversación y luego mencionó a otro chico de la clase. Me giré para descansar la espalda en la baranda, notando la gente ya bailando dentro. Asentí para que se viese escuchada, me regresó la pregunta y sonreí apenas.

    —Luego de salir de acá viajo con mi padre y mi hermana a Francia, por el trabajo de mi padre aprovecharemos y pasaremos las vacaciones por allá, llego dos días antes de iniciar clases —giré el cuello ligeramente hacia ella—. ¿Una vuelta por la ciudad? ¿Cómo sería eso? —la verdad fuese dicha, no había hecho planes de turista en ningún lado que hubiese visitado hasta el momento—. Ah, había olvidado eso. No, ya se cruzaba con los planes de papá.

    Recordé su primer día y exhalé para luego reír apenas, ligeramente entre dientes, como incrédulo de que había bailado a mitad del pasillo, y también por lo que estaba por decir.

    >>¿Bailamos? —extendí mi mano, enderezándome con la intención de volver adentro, con ella.

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    Noté su sonrisa e incredulidad. Digamos que hace tiempo no me sentía animado y quería que fuese algo para recordar, por el encierro que me esperaba luego de salir de acá, y tenía la sensación de que no rechazaría el ofrecimiento. Imaginaba que luego Paimon me preguntaría por esto si nos veía, y quizá su hermana le contaría a mi ex-novia al volver a Rusia, pero nada qué hacer, había cosas que simplemente dejaban de tener valor como algo fundamental y pasaban a ser parte de una historia que se sentía lejana.

    Descartó la mesa y no podía estar más de acuerdo, porque ya me veía estorbándoles a la gente que pasara a tomar los bocadillos en lo que nosotros improvisamos en medio del pasillo. Mencionó el centro de la pista y giré el cuello para mirar dicho lugar, estaba comenzando a llenarse de parejas y los vestidos se revolvían entre los colores opacos por la iluminación que continuó bajando un poco más, dejando que la luz externa de la noche entrara por los cristales de las ventanas que rodeaban gran parte del lugar, destellando contra el mármol del suelo. Habían acertado al llamarle salón de cristal.

    Se decidió por otro lugar que no estaba en la lista y me sonreí con suavidad, mirándolo luego a él.

    —Bueno, la cocina imposible —mencioné por la pura gracia. Estaban pedazos del exterior como el que ocupaba Paimon e Ilana pero era demasiado estrecho para mover las piernas, así que ni lo mencioné, y ya luego señalé con el índice hacia el techo a la altura de mi cabeza—, el segundo piso, aunque bueno, casi nadie sube aunque haga parte del salón —regresé el brazo a su posición, y terminé enterrando la manos en el bolsillo—, así que bueno, solo quedaría el desolado piso número dos, y no sé que tan cómodo te sientas, quizá critique tu baile y no tengas a quién mirar para imitar —le molesté porque me plació hacerlo.

    >>Así que dime, ¿qué lugar prefieres?
     
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    Zireael

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    Lo de la solicitud me confundió, distraída como estaba en el hecho de que había, digamos, correspondido a mi abrazo. Fui consciente de la caricia en la cintura, de las formas extrañas en que este muchacho cedía, y por eso me sentí algo tonta al caer que estaba, de nuevo, reclamándome lo de los chocolates. ¿A quiénes les había entregado los chocolates en persona más allá de Kakeru? Y se los di en la azotea, sin público más allá de la entrada repentina de Kohaku y el muchacho de pelo negro. ¿Cayden? Ni yo recordaba a quiénes les di cosas cara a cara y mira que de pronto para él era importante, que se sentía dejado de lado y todo y, peor todavía, decía haberme visto. En otro momento o quizás siendo otra persona lo habría molestado con ello, pero no era el momento ni el público adecuado para hacer un chiste.

    —Lo siento, me pasa por apurarme —dije en voz baja—. La próxima que te regale algo, te lo daré en persona.

    Parpadeó ante mi tacto, pero lo solté de todas formas, bueno, más o menos ya que le acomodé la ropa. Él me confirmó la sospecha de que seguiría ocupado diciendo que se iría a Francia con su padre y su hermana y que llegaba dos días antes de que empezaran las clases. Eso era... ¿El veintinueve? Apenas estarían terminando las pasantías. Bueno, quizás no estaba destinado a darse y ya. Seguramente yo llegaría cansada y querría echarme a dormir el domingo.

    —¿Pues una vuelta por la ciudad? —reboté, algo confundida con que no pudiera internalizar la idea—. Vamos a algún lugar a comer algo y luego caminamos por ahí y ya. Podemos ir a ver algún lugar específico o solo estar en un parque.

    Creí oírlo reírse y ladeé la cabeza, todo lo que supe fue que de pronto me preguntó si bailábamos y recordé el tour. Una risa me sacudió el cuerpo y pesqué la cartera sobre la baranda con una mano, la suya con la otra y esperé a que volviéramos adentro. Allí dejaría mis cosas en alguna mesilla cercana para liberarme las manos.

    —Vamos entonces.

    Cay2.png

    ¿Este chico estaba borracho con, mind you, una copa de vino? La idea quiso hacerme gracia, pero después recordé que tenía algunas cosas de género bastante más internalizadas de lo que me gustaría admitir y que quizás, si uno no le daba importancia a esas mierdas, dos amigos podían de hecho bailar y punto. Por diversión, porque sí, porque no había motivos de ninguna clase detrás de ello. Igual era un poco exagerado llamar a Craig amigo mío, pero suponía que íbamos en proceso a algo como eso.

    En la pista ya habían comenzado a reunirse personas, me distraje con el color de los vestidos y el contraste de los trajes. La luz había seguido bajando y por mucho que en efecto fuese una tontería de amigos sin masculinidad frágil ni temor al que dirán, pues el asunto del bailecito lento inevitablemente alteraba su naturaleza lo quisiera uno o no. Quise saber cuáles eran las otras opciones y se me escapó una risa nasal al oír lo de la cocina.

    Sí, bueno, suponía que todos los hombres éramos idiotas con una pizca de confianza encima o incluso sin ella.

    Alcé la vista cuando señaló la planta de arriba en la que no había reparado ni yo ni un buen porcentaje de los invitados, como bien decía él, y me reí por lo bajo. Tomé aire profundamente y lo solté despacio, tratando de leer todavía qué estaba pasando aquí sin lograr llegar a ninguna conclusión. No sabía yo qué tan malo podría ser quedarse en la esquina de la depresión como para que llegáramos a esto.

    —No seré un bailarín profesional, pero tampoco soy un tronco —¿Mis fuentes? Las veces que me colaba a los hoteles y las fiestas finas, el evento de baile con Kashya de toda la gente posible y la opinión de Yuno, que estaba medio borracho. De todas formas me defendí con calma y fingí desinterés acomodándome algunos de los rizos que me enmarcaban la cara—. Let's go upstairs then.

    Lo dije bajando el tono, al menos tanto como lo permitía el sonido ambiental y la música, y comencé a caminar apenas ubiqué las escaleras para hacerlo. Asumí que el chico vendría conmigo, si era él el que se moriría ofendido si no bailábamos, y lo miré de costado ligeramente divertido. La siguiente cosa que dije e hice fue pues porque ya me había dado pie a ponerme absolutamente imbécil. A ver si me soportaba. Estiré ligeramente la mano en su dirección, sin dejar de caminar.

    —¿Debería llevarte de la mano para no ofenderte incluso más esta noche?
     
    Última edición: 18 Marzo 2026 a las 5:30 PM
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    Insane

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    —Ah, hablabas de salir y hacer algo normal, me imaginé literalmente dar una vuelta por la ciudad sin nada más —negué suavemente con la cabeza al caer en cuenta de mi interpretación tan literal.

    No sabía si realmente aquello pasaría en estas vacaciones, posiblemente nuestros tiempos se cruzarían y quedaría postergado para otro momento, aunque bueno, hace tiempo no salía a visitar algún museo o algo, por lo que la idea se me quedó en la cabeza, podría quizá llevar a mi hermana para que no dijese que no la invité a ningún lado en sus vacaciones en caso de que Rockefeller llegase muy cansada por lo de la escuela.

    Ya luego con la tontería del tour esperé a ver si le apetecía, aceptó luego de reírse ella también y regresamos dentro. El ruido aumentó considerablemente con respecto a la canción que tocaba la violinista y estando dentro noté que las luces ya habían bajado bastante. Esperé que Rockefeller dejara sus pertenencias en alguna superficie cercana y luego posé la izquierda en su cintura y la derecha sujetando su mano en el aire.

    Hacía tiempo que no bailaba una pieza clásica con alguien de mi edad.

    —Derecha —murmuré con respecto de que iniciaría con el pie derecho, siguiendo el vals con lentitud para procurar que me siguiese sin problema.

    Sentía diferentes ojos encima, pero estaba acostumbrado, al ser el hijo del dueño del evento la atención solía ser desproporcionada.

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    Mencionó no ser un bailarín profesional pero a su vez se defendió determinando que no era un tronco a lo que me encogí de hombros, yo la verdad que era básico en el baile también, no destellaba pero tampoco me consideraba un tieso. Prefería si se quisiera otro tipo de música en general, pero no era ni el ambiente ni el lugar y apenas podía bailarse lo que solía escuchar, así que tampoco tenía mucho de donde agarrar.

    Por otra parte, la verdad fuese dicha, pocas veces me dedicaba a conocer algo de las personas a mi alrededor, teniendo pocas excepciones como lo era con Sasha que ya la consideraba amiga, y podría decirse que iba encaminado a formalizar también un vínculo con Rockefeller aunque seguía sin saber casi nada de ella, igual ella de mí, y ahora último estaba Cayden, por lo que se me pasaba por alto muchas cosas, y podría pecar de ignorante o poco observador, al menos hasta que el interés despertaba por alguna razón más que una amabilidad fingida, lleno de máscaras; quizá por eso me sentía bien en este momento simple de disfrutar algo como un baile. Acomodó sus rizos, y yo fingí medir el tiempo al intuir que diría que sí, a lo cual acerté ante su murmuro.

    Inició el paso y lo seguí desde atrás. En un momento estiró la mano, la miré y luego a él, lo escuché y me reí ligeramente, recibiéndola al sujetar su dedo índice y corazón entre los míos.

    —Me veré en la necesidad de preguntarte: ¿qué somos? —cité casi al pie de la letra lo del observatorio, omitiendo que en este caso los ojos me estaban funcionando decentemente, recordando el momento en el que me ofreció su tacto para unirme al mundo de una u otra manera.

    Empezamos a subir los escalones con el medio agarre, noté por la altura como Paimon ingresaba con Ilana, parecía que al igual que nosotros se dispondrían a bailar. Él no subió la mirada en ningún momento, por lo que no creía que nos hubiese visto. Al llegar al segundo piso observé el espacio, estaba casi desolado aunque también habían dejado una mesa con algunos bocadillos, imaginaba que por si a gente -como nosotros- les apeteciera quedarse arriba a charlar. Lo solté entonces para acomodarme frente a él, extendiendo nuevamente la mano para que la sujetara y por reflejo la otra la acomodé un poco más arriba de su cintura, porque bueno, no sabía si él me pondría la mano en el hombro o también en la cintura, pero si la poníamos en el mismo lado sería medio incómodo.

    Empecé a guiar los pasos con suavidad para marcar un ritmo, realizando una observación al recordar varias cosas:

    >>Tu crema de peinar sigue siendo la misma. A veces no puedo creer que no me diese cuenta cuando nos encontramos en la entrada, posiblemente porque seguía todo perdido con los medicamentos.
     
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    Zireael

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    —En mi cabeza salir a dar una vuelta siempre incluye algo —añadí junto a una risa—, incluso un plan improvisado.

    Estaba un poco extraño salir a caminar nada más, incluso cuando uno lo hacía solo por ejercicio tenía ese propósito o cuando turisteaba pues era para conocer el lugar. De todas formas, me hizo genuina gracia que eso fuese lo que hubiese pensado en algo tan literal. Tal vez fuese más simple alcanzarlo así, de hecho, con cuestiones menos figuradas, pero ya lo averiguaríamos. No era algo que valiera la pena pensar ahora, si él estaría fuera de Tokyo y demás.

    Al ser recibidos de nuevo por el sonido del interior, reparé también en la iluminación y supuse que un baile lento tampoco había matado a nadie antes. No era lo que se dice mi taza de té, pero bailar era bailar y me gustaba de cualquier forma. Me sentía más liviana después. Por ahora también ayudaba haber sorteado un poco el asunto de la comunicación y el regalo que no le había dado en persona. Ambos teníamos parte de responsabilidad en las cosas, él no habría dado por asumido que me molestaría su accionar y yo no creía que ciertas convenciones sociales preocuparan a Paimon de alguna manera.

    Me adapté a la posición que dictaba el baile y asentí cuando me dijo que comenzaría hacia la derecha. No me costó acoplarme a su guía ni nada y procuré ignorar las miradas que sentía sobre nosotros. Era el defecto de haber sido invitada por el hijo del anfitrión, así que no había mucho que hacer. Tardé en darme cuenta en que Cay y Sui habían desaparecido.

    —Bailar ayuda a las personas a acercarse —comenté, tranquila—, quiero decir, más allá de un sentido físico. Es una linda forma de relacionarse.

    Cay2.png

    Puestos a ello, la verdad era que bailaba cualquier cosa y me divertía, que lo dijeran el Maharaja y el Cross de Roppongi, pero igual no estábamos aquí en un ambiente de disco para nada. Era la fiestota elegante del hijo de alguien importante. Al pensarlo se me ocurrió que bien este podría haber sido, de alguna forma retorcida, mi destino, pero también luego pensé que era improbable. Liam era algo ermitaño, no recordaba haber oído que se presentara personalmente a casi ningún lado, pero también era lógico. Su línea de... negocios, no es que fuese digna de nadie.

    Contemplé la posibilidad de que rechazara mi tontería, pero como se veía que la estupidez era contagiosa, me sonreí al sentir que aceptaba mi mano. Fue un poco extraño, la verdad, la forma en que lo hizo. Se sintió como si me tocara y a la vez no y me permití una risa nasal que dudé que él escuchara. Encima había repetido la pregunta del observatorio, como si nada, y me acordé del meme de que hasta la cosa más homosexual dejaba de ser hasta que se tomaban de las manos.

    —Si al menos me hubieses tomado bien la mano, quizás me molestaría en contestarte —advertí, entretenido, pero sin tomarme la libertad de ajustar el agarre.

    No me molesté en mirar hacia el piso que dejábamos atrás, la verdad, me limité a seguir subiendo sin prisa. Arriba estaba casi vacío a pesar de que tenía también su propia mesa de comida. Tampoco me molesté en reparar mucho en nada más, Suiren pronto estuvo frente a mí y acepté su mano sin dramas. Cuando ajustó las manos sencillamente lo dejé elegir lo que le pareciera cómodo y ocupé el rol que me correspondía. Ajusté la mía en su hombro y me tragué una risa al dejarlo guiar, como claramente era su intención.

    El apunte del olor de los productos de cabello me hizo mirarlo, estábamos casi a la misma altura y fui consciente de que más allá de los zapatos, quizás todavía no se me había terminado del todo el estirón adolescente. No le di importancia de todas maneras.

    —Y yo estaba perdido en el vicio, así que quizás apestara a cualquier cosa menos a flores —bromeé, sosteniendo su mirada, y luego solté el aire por la nariz—. Lamento que hayas tenido que presenciar ese espectáculo, ya que estamos.

    Por unos segundos no hice más que mirarlo, allí en el vaivén del bailecito lento. Cuando hablé de nuevo, lo hice casi en voz baja.

    —¿Cómo estás? Digo, por los medicamentos y eso.
     
    Última edición: 19 Marzo 2026 a las 9:30 PM
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    Insane

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    Y efectivamente lo era. El bailar en el pasillo de la escuela de una u otra forma había iniciando el hecho que siguierámos hablando de una u otra manera, y bueno, habíamos llegado al punto donde la invitaba a algo importante de mi familia y ella había terminado aceptando. Alguna parte de mí creyó que no se presentaría, que
    posiblemente me avisaría esta misma noche que le había surgido algo importante, pero decidió asistir, y bailar en el centro del salón conmigo.

    Era una buena amiga, o eso diría Craig.

    —Lo es. Mi padre en algún momento lo mencionó —y así había sido, era absurdo visto desde fuera, pero cuando la familia de uno se medía en un estatus social que requería estar asistiendo a esta clase de eventos se volvían factores primordiales—, que el bailar une a las personas, y en ocasiones sus intereses.

    Debía admitir que por fuera del deber no solía levantarme a bailar otras cosas. Aparté el contacto de su cintura para elevar la mano contraria sin perder su agarre y basicamente guiarla a dar una vuelta suave, regresando después a la posición inicial.

    >>¿Qué tipo de música sueles escuchar, Rockefeller?

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    Me causó gracia que me dijese que no me respondería por mi forma de tomarle la mano. Me encogí de hombros en el proceso, observando al estar ya arriba la mesa de comida, imaginaba y había lo mismo que abajo, aunque ya no tenía hambre en realidad. Quizá más tarde tomaría algo más, como una soda saborizada o preguntaría si tenían algún jugo natural por ahí, ah, y otro postre para llevarle a mi madre. Fue entonces que me organicé para iniciar el baile, el me siguió sin complicaciones.

    Al mencionarla la crema de peinar y mi ceguera nasal por nulo reconocimiento en aromas respondió que andaba perdido en el vicio, bromeó, claro, pero la verdad era que esa mañana no se veía de buen humor, se notaba ofuscado y estresado. En sí no era de los que preguntaba libremente por la vida personal de las personas, básciamente porque me disgustaba que metieran sus narices en la mía sin ser bienvenidos en sí, como me sucedía en el trabajo con mis compañeras, por lo que prefería irme por otro tipo de aspectos sin husmear lo que no me correspondía.

    —Ahora que lo mencionas, si habían vacíos en tus apuntes, me sirvieron, claro, pero me tocó completar medio adivinando procedimientos —exageré intencionalmente—, pero nada que Google no haya logrado resolver —murmuré continuando el ritmo que marcaba la violinista, tomando ahora sí de punto la mención de que lamentaba que haya tenido que presenciar... aquella escena—, no pasa nada, supongo que todos tenemos problemas en casa —asumí que eran parientes por el hecho de que... físicamente se parecían.

    Lo miré de regreso al estar con la mirada en puntos muertos inicialmente.

    >>La doctora dice que mejorando, yo no lo creo tanto —la sinceridad se coló en mi voz, bajando el tono a lo último, que sino fuese por la cercanía posiblemente no hubiese escuchado—, me siento muy cansado...
     
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    Zireael

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    Sonreí al escuchar que su padre le había comentado que el baile unía a las personas. Puede que el contexto fuese muy diferente, demasiado quizás, pero si había algo que me había unido a los bosques alrededor de Northwood y a las personas eran aquellos bailes improvisados y el sonido de las cuerdas de las guitarras o el silbido de alguna armónica. Eran los recuerdos que echaba en falta y los que me hacían sentir que naufragaba aquí en Japón. No había logrado encontrar algo parecido, aunque no podía decir que tuviese las manos vacías. Tenía a las gemelas Minami, a Mei y a mis nuevos amigos.

    —Podría decirse que es capaz hasta de unir a la muchacha de pueblo con el hijo de un importante gastrónomo —bromeé porque sí.

    En cuanto apartó la mano de mi cintura y levantó la contraria entendí el cue, pero de todas formas el giro, aunque suave, me arrancó una risa que sonó cristalina. Podía ser el baile más lento de la historia y yo conseguiría divertirme, eso ya estaba visto. Cuando volví frente a él retomé la postura de antes y escuché su pregunta.

    —Me gusta la música con tintes de folk, pero también escucho varios derivados del pop, indie, algún que otro género alternativo. Si me gusta como suena, pues se va a la playlist —contesté, sin perder el ritmo—. Tú tienes cara de escuchar el metal más pesado de la historia, pero quizás me des una sorpresa. ¿Qué oyes?

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    Esa mañana había sido una de tantas, suponía, o una que sólo quedaba superada por despertarme en el piso de Hubert sin recordar cómo mierda había llegado allí. Puede que fuese cierto, puede que lo más sano fuese volver a cortar toda relación con Liam y ya estaba, pero... Era un necio, ¿verdad? Daba igual lo que hiciera, cómo le hablara o lo que buscara de él, el hombre no cambiaría. Uno no podía convertir en padre a alguien que jamás había deseado serlo. Así que tenía otra tarea para las vacaciones.

    Apuntó a los vacíos en mis apuntes, de los que yo mismo le había advertido, y me encogí ligeramente de hombros. De nuevo, con lo mucho que me forzaba a desconectar no tenía mucha iea de lo que pasaba en clase hace como dos meses. No me enorgullecía de eso tampoco, pero como siempre, no tenía mucho sentido seguir llorando sobre la leche derramada. Eso y que ya había llorado una barbaridad, así que ni modo.

    —Supongo que cuando volvamos a clases en septiembre me pondré las pilas —acoté, pero cuando respondió a mis disculpas por el encontronazo que presenció, suspiré y me permití una única contestación algo seca—. Yeah, I guess so.

    No tenía intención de hablar al respecto, el asunto de Liam a veces se me antojaba incluso más escabroso que lo demás y lo compartía a regañadientes. Continué siguiendo el ritmo que marcaba, sin más, y cuando le pregunté por su estado volvió los ojos a mí ya que antes estaban en cualquier parte. Su respuesta me resultó honesta y cuando su voz bajó, la suerte de confesión me hizo brindarle un caricia con la mano que tenía en su hombro. Fue liviana y en verdad no fui consciente de ella, de alguna manera fue una reacción automática.

    —Supongo que a veces las mejoras en un lado no son paralelas con la sensación física general o emocional —dije en voz baja, no es que tuviera experiencia en el tema, pero algo había escuchado. Había tratamientos agresivos que aunque ayudaban con lo principal, estropeaban otras cosas—. Aunque es de admirar que estés aquí con Paimon a pesar de que estás confesándome lo cansado que te sientes.

    La sonrisa que le dediqué no cargó lástima o condescendencia consigo, fue un simple gesto cálido, que así como la caricia en su hombro, no pasó del todo por el filtro de mi conciencia.
     
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    Solté el aire por la nariz con cierto deje jocoso ante su apunte, me encogí de hombros también, cediéndole la razón porque no había nada más que puediese decir al respecto. Sabía que en un tiempo próximo este tipo de eventos aumentaría en mi itinerario, bueno, si aún seguía decidido a quedar con los negocios de mi padre, que eran mi meta en sí, esperaba no ser de los desgraciados que tenían asistir a conocer gente para unir patrimonios con una desconocida, al menos hasta el momento papá no lo había mencionado, aunque sí había notado que en familias cercanas seguía implementándose ese tipo de negocio. A fin de cuentas así fue como mi padre y mi madre terminaron estando juntos.

    Su risa entre el giro fue refrescante, acentuando una sonrisa ladina en mi cara por ello.

    Respondió mi pregunta y comentó lo que asumía de mi gusto, la sonrisa se me acentuó apenas, porque no creía sorprenderla con mi respuesta.

    —Sí, metal, rock, y ocasionalmente electrónica, juzgaste bien —bajé el tono en lo último, hasta donde me permitió el ruido exterior—, permanecí en sus ojos como solía hacerlo, fue entonces que escuché como el tempo aumentaba de velocidad.

    Giré el rostro hacia la violinista sin dejar de bailar, mi madre acababa de decirle algo al oído, me miró también con la frialdad usual y me di cuenta que de ser un baile suave, pasó a ser más animado, menos propio de este tipo de reuniones pero tampoco descabellado. Supuse su intención y regresé a Rockefeller, alejándola un poco para dejarla danzar más al ritmo del violín.

    —A mi hermana le gusta bastante el pop, más tarde te la presento, anda... —busqué con lentitud sin perder el ritmo, mi mano izquierda se mantuvo en su cintura y la derecha sujetando su mano, hasta que ubiqué el cabello negro, lacio, danzando con un invitado más—, es ella —moví la cabeza hacia la izquierda, para que ella misma la ubicara.

    Fue entonces que regresé a Rockefeller, me incliné apenas para susurrarle en el oído.

    >>Ahora que lo pienso, para que es de familia la mala cara, o no sé que crees tú.

    Hermana mayor de Pai:
    [​IMG]

    [​IMG]

    No profundizó sobre mis palabras -que ya de por sí fueron bastante generales- por lo que tampoco pregunté de más, podía ser hasta idea mía el hecho de que sentí y su respuesta fue por demás seca, identificando el terreno como sensible. No era algo que necesitase saber, pero al menos lo tendría en cuenta en próximas interacciones para no tocar donde no debía.

    Hablé luego un poco de mí por su pregunta y la caricia no me pasó desapercibida, aunque la tomé similar a cuando me había dado una palmada. Cayden parecía ser del tipo que consoloban con el tacto y la compañía, y se le agradecía, posiblemente era algo que ni él supiese y lo terminaba haciendo de manera inconsciente, me recordó a mi gato por un momento y me causó su debida gracia, aunque no lo reflejé. Ya luego le mostraría fotos de Copito.

    —Creo que se me complicaría más quedarme en casa, además, Paimon luego de esto viaja, así que no lo veré hasta regresar a clases —mencioné.

    Era particular el como una amistad que de una u otra forma servía de soporte, aunque no fuésemos textualmente los más expresivos, su compañía me confortaba, era un tipo que de una u otra forma mantenía pendiente de mi salud y podía hablar cualquier tontería con él. Me sonrió con calidez y me pregunté cuántos amigos tenía esta criatura, era por demás considerado y posiblemente ni él lo supiese, o al menos a mí me había tratado muy bien desde que nos habíamos encontrado.

    >>Eres bastante dulce, Cayden, ¿te lo habían dicho antes?

    Fue entonces que noté el como la melodía subía el ritmo inicial, pasando de ser un baile lento a ser algo más animado en general.

    —Parece que están en contra de nuestro baile —acoté por la gracia.
     
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    No podía imaginar lo que era estar metido en este mundo desde joven, pues aunque mis padres tenían un buen capital, tampoco es que fuese tanto ni representaran una industria. Mi madre trabajaba y estudiaba hasta quemarse las pestañas, mi padre había tenido que luchar para labrar su camino hasta el DPMT. ¿Yo qué era? Pues una simple chica. Iba de aquí para allá buscando mi lugar, si era que tenía alguno. No me sentía especialmente atada a nada más que a mi familia, quizás.

    —A veces los estereotipos son muy útiles —atajé, divertida.

    La música cambió de ritmo, el ritmo se volvió más animado y volví a reírme. No era nada muy loco, pero sin duda permitía algo más de libertad de movimiento que aproveché en cuanto él me dio más espacio. Al volver a acercarme, lo balanceé de un lado a otro un momento, entretenida.

    Atendí a sus palabras y busqué con la vista la persona que me indicaba. La melena lisa, negra, se movía pues estaba bailando con un invitado. Podía ver en qué se parecían y por eso me hizo gracia su comentario.

    —Un poco —admití pues no taparía el sol con un dedo—. ¿Crees que pueda caerle bien o mejor descarto la posibilidad de antemano?

    Era broma en un cincuenta por ciento.

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    Aunque reacciones eran más bien inconscientes, reconocía mis formas de brindar afecto o consuelo, pues de alguna manera eran también las maneras en que yo lo buscaba. Era el contacto, las caricias, la calidez a secas. Era la compañía aunque fuese sin palabras y la simple sensación de estar con mis personas. Por eso a veces, también, era tan cerrado, obseso o dependiente casi sin escalas. Tal vez el asunto fuese demasiado profundo para pretender entenderlo a mis dieciocho años. Así como quizás era tonto pretender arreglar tantas cosas en un mes de vacaciones.

    Hice un sonido afirmativo cuando me dijo lo de Paimon, para que supiera que entendía y pensé, sin querer, otra vez en que yo estaba aquí en el centro de Tokyo, pero en el escenario ideal no lo habría estado. Contuve el suspiro que habría querido soltar y me concentré en el baile, sin más. Él era quien guiaba, así que no pasó mayor cosa. Ni una vueltita por las risas, pero sí que habló. Dijo que era dulce y encontré sus ojos un momento, antes de lanzarlos a cualquier parte del espacio más allá. No fue algo nervioso, fue puramente evitativo.

    —Algo así —murmuré. Era la ternura con que me había mirado Vero, el cariño en los brazos de Ko, la forma en que Yuzu me había pedido que la amara a ella y a los demás, la manera en que mamá me había dicho que jamás sería como Liam y aún así era yo el que los había lastimado. Era el fuego que me recordaban que existía, el que pedían prestado y después yo no sabía controlar—, pero ojalá todo en la vida fuese sólo blanco y negro. Ojalá fuese siempre dulce, comprensivo y atento, pero no es así.

    El cambio en el ritmo de la música me hizo reír a pesar de lo terriblemente serio y sincericida de mis palabras anteriores. A mi saber, decir que alguien estaba en contra de nuestro baile sólo por un cambio de ritmo era excesivo. Por ello, esta vez fui yo quien reajustó la posición y tomé la guía, adaptando el ritmo de nuestros pasos.

    See? We are perfectly fine —murmuré, en una mezcla algo curiosa de paciencia y diversión.
     
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