Ciencia ficción Operación Velo

Tema en 'Novelas' iniciado por Manuvalk, 13 Marzo 2026.

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  1. Threadmarks: Táctica operativa
     
    Manuvalk

    Manuvalk el ahora es efímero

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    Bienvenidos/as a la primera historia secundaria de Los Viajeros Vol. 2, la cual se titula 'Operación Velo' y contará la historia de cómo se conocieron los kharaket y los anixis, con el fin de aportar más trasfondo a la propia historia. En mi blog encontraréis los links a las guías y a las partes en las que está dividida la historia.

    Como siempre, quiero agradecer a mi gran amigo Reydelaperdicion por no perderse ninguna actualización de este universo ficticio. Su presencia y comentarios significan mucho para mi y espero que sigan ahí por mucho tiempo. Espero que tanto él como el resto que lleguéis aquí, disfrutéis de la lectura y os intereséis por la trama.




    Sinopsis: Esta historia secundaria de Los Viajeros Vol. 2 está ambientada casi cien años atrás de los sucesos ocurridos, donde veremos qué ocurrió entre los anixis y los kharaket para llegar a la situación actual, con el propósito de dar más contexto y profundizar en la historia que comparten ambas especies.







    Táctica operativa



    La llegada de la emisaria Ziba puso en alerta a todo el Consejo Superior, pues la anixis traía consigo una información lo suficientemente importante como para que se ordenase una asamblea de urgencia en la sala habilitada para ello, en la Casa Superior.

    Cuando la nave individual de la emisaria advirtió de su regreso y aterrizó en un lugar alejado de la gran ciudad de Vianus, la recibieron soldados del ejército superior, quiénes la llevaron directamente hacia esa reunión que estaba por darse entre los máximos mandatarios de la sociedad anixis que colonizó Ibos.

    Su mensaje críptico y misterioso por el enlace comunicativo cuando estaba próxima al planeta, “hay algo inteligente en el sistema vecino”, provocó cierto pánico y curiosidad —ambas al mismo tiempo— entre los líderes anixis, que mantenían la información proporcionada por los diferentes emisarios que enviaban a distintas ubicaciones del espacio exterior próximo como algo privado, sin que la ciudadanía fuese consciente de esos datos hasta su posterior verificación de que no había peligro para la colonia.

    — Por favor, acompáñenos.

    Uno de los dos guardias que vigilaban los accesos a la Casa Superior le indicó a la emisaria recién llegada a Ibos que caminase junto a ellos en dirección a la sala de asambleas, una vez los soldados la entregaron en el lugar mientras se hacían cargo de su nave de exploración.

    El silencio en los pasillos era quebrantado por el sonido de los pasos asíncronos de los tres anixis que avanzaban aceleradamente. Ziba observó los apenas imperceptibles cambios que había tenido el lugar, siendo una excepción el pasillo por el que caminaba, donde se podían apreciar colgados en las paredes varios cuadros de aquellos jóvenes emisarios que estaban de misión en el espacio exterior, como recordatorio para los alumnos más infantiles que deseaban partir algún día a otros lugares del universo para encontrar u obtener información beneficiosa para la sociedad anixis.

    Uno de esos cuadros hacía mención a un emisario llamado Eeron, al cuál ella conocía, intrigada por no saber hacia dónde había sido enviado.

    — Aquí es — Musitó uno de los dos guardias, dispuesto a abrirle las puertas.

    — Bienvenida de vuelta, Ziba — Dijo el otro guardia con cortesía.

    — Muchas gracias.

    Los dos guardias abrieron ambos portones de la sala de asambleas y dieron vía libre a la emisaria para que entrase en la cúpula habilitada para reuniones del Consejo Superior, el organismo encargado de tomar las decisiones respecto al futuro de la sociedad en Ibos.

    La anixis acalló la conversación que ya se estaba dando entre los cinco consejeros, quiénes mantuvieron silencio al acto y prestaron atención a la entrada de Ziba, que se posicionó ante la mesa redonda, recibiendo el permiso de parte del representante superior para que tomase asiento.

    — Primero que nada, bienvenida de vuelta — Esas fueron las palabras que le dirigió Akkor, máxima autoridad y líder principal del Consejo Superior — Somos conscientes de que tu regreso en un periodo corto de tiempo solo se puede deber a algo muy importante para la estabilidad de nuestra sociedad, así que tienes la libertad y obligación moral de revelarnos todo lo que hayas visto ahí fuera.

    — Gracias, representante superior — La emisaria asintió con educación, dispuesta a contar lo que había vivido — Como bien saben todos los consejeros, mi misión era la de realizar un reconocimiento exhaustivo del sistema vecino, aún por descubrir, con el propósito de obtener cualquier beneficio para nuestra sociedad. Bueno, se trata de un sistema muy llamativo, con un planeta helado de condiciones extremas, otro mundo sin eje rotatorio pero con una línea en el ecuador que alberga un tipo de insecto, un gigante gaseoso con una fuerza gravitacional considerable y un último planeta en la zona habitable. En ese mismo mundo es en el que me he aventurado, ya que descubrí satélites artificiales orbitándolo.

    — ¿Satélites? — Uno de los consejeros intervino en la explicación de la emisaria, mostrándose preocupado — ¿Estamos hablando de una especie inteligente con capacidad para operar en el espacio?

    — Parece evidente que sí — Akkor se dirigió a su compañero de cámara — Déjala acabar antes de hablar.

    — Sí, disculpad.

    — Logré burlarlos porque eran satélites meteorológicos según mis análisis, pero eso me hizo confirmar que hay una especie inteligente detrás, ya que hay una red de estos que no solo operan en dicho mundo sino en los demás del sistema — Esta revelación de Ziba sorprendió y preocupó a los consejeros — Así, decidí adentrarme en dicho planeta y no solo evaluar las condiciones climáticas, las cuáles lo hacen apto para la vida basada en el carbono como la nuestra, sino también observar de cerca a su especie autóctona. Efectivamente, tengo archivos en mi nave de exploración con imágenes, grabaciones y demás que seguro podrán encontrar interesantes. Pero, en definitiva, allí habita una especie inteligente.

    — ¿Y cómo son? — Otro de los consejeros decidió dar rienda suelta a sus dudas — ¿Parecen peligrosos?

    — ¿Les has visto en posesión de alguna tecnología más avanzada que esos simples satélites meteorológicos?

    — Viven en diferentes ciudades, un tanto aisladas entre sí, pero conectadas mediante vehículos aéreos similares a los nuestros — Dijo la anixis, que contaba lo que recordaba haber visto, ya que el grueso de la información estaba en la base de datos de su nave de exploración, la cual se hallaba en poder del ejército superior para su descontaminación y procesamiento — Poseen un gobierno, algún tipo de economía y parece que ha sido recientemente cuando se han lanzado al espacio. No he visto naves avanzadas ni un poderío armamentístico alarmante, pero no puedo afirmarlo.

    — Entendido, emisaria Ziba, muchas gracias por tu aporte — El representante superior dio por terminada la exposición de la anixis — Ve a descansar, nosotros evaluaremos qué hacer con esa información y la que nos haga llegar el general Plaxor y sus soldados.

    Ziba asintió e incluso hizo una pequeña reverencia mientras se dirigía a la salida de la sala, acompañada por esos dos guardias que la guiaron hasta ella. Cuando las puertas se volvieron a cerrar, el debate entre los consejeros volvió a emerger como una efervescencia.

    — A falta de más datos que el ejército superior extraiga de la nave de exploración de la emisaria, es un hecho que tenemos una especie inteligente como vecina — Recalcó uno de los consejeros, el más joven de todos — Y como tal, según la Constitución Superior, debemos establecer un protocolo de primer contacto.

    — Cierto, consejero Valtin, pero no nos precipitemos en esto — Otro de los consejeros se inclinó hacia delante en la mesa — No sabemos si estos seres son hostiles, tienen complejo de conquistadores o si incluso son Veerham al servicio de Mente Colmena.

    — ¿Mente Colmena? — Uno de ellos pareció sentirse ofendido — ¡Deja de alucinar, esa bacteria la hemos dejado a cincuenta años luz de nosotros! ¡Ni siquiera nos ha podido seguir la pista!

    — ¡Pero lo puede hacer, maldita sea! — Protestó otro — ¡No seamos ingenuos, hay que explorar todas las posibilidades y no decantarse por una!

    — ¡Cálmense, consejeros! — La voz autoritaria de Akkor fue suficiente para apaciguar el debate que se había tornado en discusión rápidamente — Incluso con la información de la emisaria Ziba, sigue siendo insuficiente. Estoy a favor del consejero Valtin; deberíamos dar inicio al protocolo de primer contacto. Por ende, solicito una rápida votación entre los presentes para enviar un grupo de exploración a ese mundo, en un intento por conocer a nuestros vecinos.

    Ninguno de los consejeros quiso rebatir la propuesta del representante superior, la cual era tenida muy en cuenta siempre, pues el veterano líder de la sociedad anixis era visto como la excelencia personificada.

    Aquellos que accedían a ese plan debían alzar una de sus manos y mantenerla ahí, mientras quiénes se negaran o se abstuvieran simplemente debían mantener sus manos sobre la mesa. La votación dio comienzo inmediatamente, viéndose que a excepción de un consejero —aquel que temía tener Veerham en el sistema vecino—, el resto apoyaba la propuesta del representante superior de enviar exploradores a dicho mundo.

    — Cuatro votos a uno — Informó Akkor al resto del Consejo — Propuesta en marcha. Podemos disolver la asamblea de hoy.

    — Representante superior — Valtin rompió con el protocolo de marcharse, haciendo que el resto se quedase en sus asientos — ¿No considera que deberíamos advertir de este hallazgo a la población? Creo que hacerles saber que tenemos un posible aliado a nuestro lado…

    — ¿Aliado? ¿Qué te hace pensar que vayan a serlo?

    — ¿E infundir el pánico en algunos ciudadanos? — Otro de los consejeros se negó rotundamente — ¡Estás loco, muchacho!

    — Este tipo era ingeniero hace dos días y ahora ya se cree en potestad de proponer según qué cosas…

    — Entiendo tu postura, consejero Valtin — El representante superior lanzó una mirada de disconformidad con el resto de los consejeros — Pero vayamos paso a paso. Primero, necesitamos un primer contacto exitoso y productivo. Posteriormente, si las relaciones diplomáticas avanzan por el buen sendero, se informará a los ciudadanos sobre este suceso. Mientras tanto, esto queda entre el Consejo Superior y la emisaria, artífice del descubrimiento. ¿Entendido?

    Valtin asintió algo apenado, ya que él consideraba que se debía advertir a la población de cualquier hallazgo, fuese lo que fuese, pues todo influía en el devenir de los acontecimientos. Sin embargo, Akkor respiraba aliviado al ver que el resto de consejeros le apoyaba en ese caso, pues él no planeaba informar del descubrimiento de una especie inteligente tan cerca, ya que primero quería cercionarse de que no era una amenaza y después, obtener algún tipo de beneficio o ventaja a costa de estos seres desconocidos.

    En cuanto los consejeros abandonaron la sala de asambleas, el principal líder de la sociedad anixis tomó su comunicador privado y contactó directamente con alguien de su confianza.

    — General Plaxor, ven cuanto antes a mi sala privada — Le indicó Akkor con absoluta seriedad — Tengo un encargo para ti y tu unidad especial.

    — Recibido, representante superior. Estoy de camino.

    […]

    — Debería ir.

    La emisaria no comprendía cómo es que no había sido llamada a formar parte del grupo de exploración que partiría en breve hacia el planeta donde la propia anixis había avistado a seres inteligentes. Su frustración era tal que se dirigió al representante superior en persona, quién no dudó en atenderla tras haberlo hecho el día anterior en su llegada a Ibos tras la misión de reconocimiento que hizo.

    — Entiendo tu interés en formar parte del primer contacto, pero tú ya has hecho tu parte del trabajo, ahora les toca a otros — Akkor trató de ser conciliador y expresarse con tacto — Ser emisario es una cosa; entablar un primer contacto es otra completamente diferente. Un mal paso y podemos tener un enemigo en nuestras puertas.

    — Ser emisaria y estar en un primer contacto tienen algo en común, la exploración espacial — Ziba no se daba por vencida — Y yo me manejo de ambas, para eso me he formado.

    — Como te he dicho, no vas a formar parte de la misión — El principal líder anixis veía que la emisaria empezaba a incomodarlo — Te ruego que no insistas, tú ya has cumplido y corresponde a otros el entablar contacto con esa especie.

    — ¡Esto es…!

    — Tranquila, Ziba, se te asignará una nueva misión en los próximos meses. Por ahora, relájate y disfruta de tu estancia en Ibos, observa qué cosas han cambiado durante el tiempo que no has estado, visita a tus padres…

    Visiblemente indignada con esa decisión, Ziba se marchó de la sala personal del representante superior, viendo que su insistencia no obtenía los frutos esperados. Mientras la veía marchar, Akkor lanzó un suspiro de alivio a la vez que pensaba en el selecto grupo de exploradores que irían a entablar un primer contacto con esa especie desconocida y recientemente descubierta.

    En una nave diseñada por el antaño ingeniero y ahora consejero Valtin —que era un prodigio en cuanto al diseño y creación de naves avanzadas para el ejército superior y los emisarios—, se encontraba un grupo de diez exploradores con el objetivo de conocer a esos seres inteligentes que habitaban el sistema vecino.

    No obstante, una vez las compuertas de la nave se cerraron en el muelle de atraque de una pequeña estación orbital en las proximidades de Ibos, este grupo desveló su verdadera naturaleza. No eran meros exploradores sino más bien soldados del ejército superior que operaban recientemente bajo el amparo de Akkor y en la sombra de la ley.

    Una división del ejército que apenas había arrancado y que solo conocían esos diez soldados presentes, inmiscuidos en una nueva tarea.

    — Bien, cascos fuera — Ordenó el general Plaxor, viendo como los nueve soldados restantes bajo su mando obedecían — Ya no hay que disimular más de cara a los trabajadores del hangar. Estamos solos en esta nave.

    — General, ¿va a contarnos ahora en qué consiste esta misión? — Preguntó uno de los soldados, bastante joven a diferencia del resto.

    — Tranquilízate, novato — El descendiente del Gran General se aproximó a su soldado con una media sonrisa — Te escogí para esta división por tu coraje, pero me pregunto si la inexperiencia te puede penalizar. Haciendo esa serie de preguntas, diría que sí.

    — Disculpe, general — Asintió arrepentido el joven anixis — Solo quería saber en qué consiste este despliegue, ya que estamos en una nave e intuyo que la misión será extraplanetaria y extraoficial.

    Algunos de sus compañeros empezaron a reírse brevemente, especialmente al ver la reacción de burla que Plaxor tenía en su rostro.

    — ¡Claro que sí, Ernu! ¡Es justo eso, chico listo! — El general empezó a aplaudir efusivamente durante diez segundos — En fin… Soldado, a tu superior jamás se le pregunta por el objetivo de la misión. Ya se te darán las órdenes a ejecutar y tu superior ya se encargará de dar la información pertinente, ¿entendido?

    — Sí, señor.

    — Perfecto. ¡¿Alguien tiene alguna pregunta más?!

    Ninguno de los ocho soldados restantes articuló palabra alguna, confirmando las sospechas de Plaxor: nadie tenía más preguntas. Entonces, el general empezó a andar lentamente de un lado a otro de la sala, la zona de acceso al interior de la nave, que servía como área para salir y a su vez como almacén de suministros tecnológicos esenciales para la misión.

    Precisamente, cuatro cajas metálicas de gran tamaño captaban la atención de todos, aunque nadie sabía su contenido ni para qué estaban allí. El semblante serio del general mantenía a los soldados firmes y nerviosos, algunos más que otros, a la espera de ver qué tenía que decirles su superior, quién estaría presente en dicha misión.

    — Ayer, supimos que uno de nuestros emisarios descubrió algo llamativo en nuestro sistema vecino, mientras se disponía a cartografiarlo y obtener información sobre el — Empezó narrando Plaxor, para poner en contexto a su equipo — Al parecer, una especie inteligente habita uno de los planetas y tiene satélites en los demás, lo que implica un potencial desarrollo de formación tecnológica avanzada.

    — ¿Qué significa eso, general? — Uno de los soldados se aventuró a preguntar, a pesar de que no era algo del agrado de su superior.

    — ¡Si cierras la boca, te lo contaré!

    La exclamación repentina de Plaxor volvió a silenciar nuevamente al escuadrón de soldados. Con muy poca paciencia para tolerar preguntas que él consideraba ingenuas, el general retomó su explicación con evidente enfado.

    — Como iba diciendo, esto implica que se trata de una especie que busca expandirse. Como hicimos nosotros, nacimos en Anyxa y posteriormente evolucionamos lo suficiente como para desarrollar nuestra tecnología y expandirnos, creando el viejo imperio que, para nuestra desgracia, fue infectado por Mente Colmena. Si fuera por mi, regresaría a reconquistar lo perdido, pero no somos suficientes para afrontar ese desafío y nos debemos resignar a guardarnos la poca gloria que nos queda — Plaxor se había ido por las ramas y eso era algo que sus soldados vieron, pero por no indicarle nada y generar más tensión, permanecieron callados — La cuestión es que estos seres podrían representar una amenaza para nuestra seguridad. El Consejo Superior ha iniciado el protocolo de primer contacto, un plan pacífico para establecer una conversación cordial con otra especie. No obstante, el representante superior considera que esto implica mucho riesgo dada la situación algo precaria en la que estamos, habitando un único mundo y siendo muy vulnerables a posibles ataques enemigos. Por ello, ha decidido hacer creer a los demás consejeros que somos un grupo de exploradores formados para contactar con bondad a esa especie, pero en su lugar, vamos a ir nosotros a asegurarnos de que esos tipos no salgan de su maldito sistema.

    — ¿Y cómo vamos a hacer eso? — Otro de los soldados, sin poder contenerse, lanzó la pregunta a sabiendas de las consecuencias.

    — ¡Quién vuelva a hablar, se quedará abandonado en compañía de esos putos seres a los que vamos a visitar! — Exclamó el general, harto y decidido a terminar con su exposición de la situación — Vamos a presentarnos ante ellos y vamos a proponerles un acuerdo: que ellos no abandonen su sistema y nosotros no iremos al suyo. Una especie de pacto de no agresión. Y antes de que me lo pregunte alguno, la idea no es colaborar con ellos, ya que son una especie teóricamente inferior. Su tecnología al lado de la nuestra sigue siendo obsoleta, pero si la han podido desarrollar, pueden progresar en décadas. Por eso mismo, vamos a asegurarnos de tenerlos atados en corto. ¿Veis esas cuatro cajas?

    — Sí, son enormes.

    — ¿Qué contienen?

    — Seguramente una bomba, con eso podríamos amenazarles.

    — ¡Cerrad la boca y escuchad un segundo! — La advertencia de Plaxor vino precedida por un silencio absoluto — Prestad atención.

    En esas cuatro cajas metálicas parecía haber algún tipo de animal salvaje, pues cuando no se oía absolutamente nada, se podía percibir un ligero respirar agitado proveniente del interior de esas cajas. Más de un soldado dio un paso atrás al sentirse algo intimidado por aquello, sin saber muy bien qué pretendían hacer teniendo eso a bordo de la nave.

    — Años atrás, cuando nos fuimos del viejo imperio y el Gran General se quedó a proteger la huida del arca que nos trajo a Ibos, ordenó que nos lleváramos consigo a cuatro bestias del planeta Bildsh. En aquel entonces, estaban investigando con ellas en dicho mundo, pues estos animales salvajes feroces poseen la capacidad de hacerse invisibles a nuestro ojo, lo que las convierte en un arma brutal. Se intentó obtener esa ventaja para equiparla en armaduras militares e incluso mediante experimentos genéticos, pero hasta el momento ha sido imposible obtener o replicar esa capacidad — La explicación del general también servía como lección de historia para los soldados menos experimentados y más jóvenes — Estas bestias han estado plácidamente dormidas en la bodega de carga del arca, la cual tuvimos que ir deconstruyendo para ayudar a construir la ciudad de Vianus y demás que tenemos hoy en día. Pero esa bodega quedó intacta y almacenada en la base militar de nuestro ejército superior. Estas criaturas llevan más de cincuenta años en letargo, pero están recién despiertas en sus cajones y esperan salir lo más pronto posible. Las soltaremos en un planeta helado, el más cercano a la entrada de este sistema, para tenerlas activas por si requiriésemos de su habilidad. Si los seres a los que vamos a ver se muestran violentos o nos generan un conflicto a gran escala, las bestias de Bildsh podrían ser una baza con la que ninguno de ellos contará. Básicamente, es tener una ventaja extra almacenada cerca de quiénes podrían obligarnos a usarla.

    Los soldados asintieron, sorprendidos, a la revelación de que tenían en esa misma nave a cuatro bestias de Bildsh. Algunos de ellos nunca llegaron a oír hablar de estos animales salvajes, ya que era una investigación secreta en plena guerra interestelar contra Mente Colmena y la ciudadanía desconocía de esos experimentos para obtener la habilidad de hacerse invisible que poseen las bestias.

    Pero sin lugar a dudas eran una ventaja a tener en cuenta.

    — Eso es todo por ahora — Expresó el líder de aquel escuadrón de exploración, dando por concluida la charla — La nave partirá en breve, y pese a que tenemos una IA básica que la dirige, quiero que uno de vosotros se dedique a pilotar por si acaso. Nunca he confiado en máquinas y nuestros ancestros tampoco, desde los problemas que daban los Rhajik. El resto, instalaos en vuestros camarotes, el viaje será de un par de días.

    Con las órdenes ya claras por parte del general Plaxor, su equipo decidió dejar sus pocas pertenencias en los camarotes y darse una vuelta por el navío.

    […]

    Uno de los soldados se encontraba en el puente de mando, asegurándose de que el curso de trayectoria de la nave seguía siendo el indicado, ya que el control por el momento estaba en manos de la IA básica con la que contaba el navío.

    Teniendo las coordenadas del mundo habitado por esos seres desconocidos, solo quedaba llegar al lugar, pero para eso faltaban al menos dos días. El soldado era un anixis de media edad, con más de una década en el ejército superior y con un currículum lo bastante asombroso como para que fuese seleccionado por el general Plaxor para formar parte de esa unidad especial, que posteriormente sería conocida como ‘los operativos’.

    Sumido en sus pensamientos mientras observaba la inmensidad del espacio ante sus ojos, gracias a la cristalera frontal de la nave, el soldado no se percató de que uno de sus compañeros aparecía por detrás. Cuando éste se sentó a su lado, casi dio un respingo del susto.

    — ¡Maldición, habla antes de aparecer así por mi espalda! — Exclamó el soldado que se aseguraba de que el pilotaje fuese el indicado.

    — Perdona, Ikviek — Musitó el joven anixis, algo más relajado que cuando se vio algo ridiculizado por su superior — Supuse que estarías aquí.

    — Si, bueno, podemos turnarnos entre todos pero no he tenido problema en dejar que el resto duerman y yo quedarme aquí unas horas. Me gusta observar las estrellas, me dan perspectiva, me hacen pensar…

    — ¿A quién no? Estas vistas son magníficas, no pensé que fuéramos a verlas estando en Ibos.

    — ¿A qué te refieres, Ernu?

    — Apenas hace veinte años, más o menos, que llegamos al planeta. Y apenas estamos construyendo, haciendo que todo se empiece a parecer más a cómo era el viejo imperio — Ernu parecía sentirse algo nostálgico, a pesar de que él era muy pequeño cuando huyó de Mente Colmena — No sé, no esperaba formar parte de un viaje espacial cuando el foco ahora está puesto en crecer y expandirnos por un único mundo. Entiendo esta misión, pero, ¿no decía Plaxor que somos vulnerables? Solo habitamos un planeta. ¿Y si entablar contacto con esos seres nos pone en peligro?

    — ¿Sugieres entonces no hacer esto?

    — Yo no iría, pero si hay que hacerlo, buscaría una aproximación más honesta que la que pretendemos. Engañar o amenazar a esos seres es empezar con mal pie.

    — No te tenía por un pacifista, chico.

    — Tampoco lo soy, solo intento ser razonable.

    — Ya, bueno, te entiendo — El veterano Ikviek se echó las manos tras el cuello, acomodándose en la silla — Yo tampoco soy muy fanático de hacer esto, pero son órdenes del representante superior en concreto. Y él es el artífice de que ahora estemos todos en Ibos, de lo contrario, quizá seríamos Veerham.

    — ¿Y esas bestias de Bildsh? — El joven anixis se estremeció solo de recordar su lenta respiración dentro de las cajas — No sé, me siento como si se me estuviesen escondiendo más cosas de las que me cuentan, ¿sabes?

    — Bienvenido al sistema de rangos y de sociedad — Ikviek soltó una carcajada — Vamos, chico, ¿naciste ayer? Los líderes, el Consejo, gobiernos… todos ocultan cosas. Ya sea para no generar pánico en la población, ya sea porque creen que se juzgará mal alguna decisión que tomen, ya sea porque sean unos ladrones en sus cargos… Da igual. La cuestión es la misma: la información es poder y la guardan o la revelan en función de cuando les conviene. Asúmelo, Ernu. Somos marionetas. Es una táctica operativa.
     
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    Reydelaperdicion

    Reydelaperdicion Equipo administrativo Comentarista empedernido

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    Saludos, amigo.

    Paso a comentar el primer capítulo de esta historia secundaria. Tengo que decir que me gustó mucho, pese a ser un capítulo sencillo y tranquilo.

    Arrancamos con cosas que hemos visto en la historia principal. Ziba regresa a su hogar luego de haber cumplido su rol como emisaria, para informar sobre todos los mundos que hay en el sistema vecino. Les habló sobre el mundo congelado, el que es un desierto excepto en el ecuador, del gigante gaseoso y por último de Khara, donde se ve que los kharaket tenían una tecnología bastante avanzada en el pasado. Incluso vemos que tenían satélites para controlar el clima. Tras haber informado de todos, Akkor (viejo de mierda, ojalá se muera igual aunque sé que aquí no puede morir porque esto es el pasado) le dice que se largue, quedando él con otros consejeros randoms y el joven Valtin, que, por lo que sabemos, recibió el rango de consejero hace poco.

    Akkor decide que todos voten para ver si amerita realizar un primer contacto con ellos, y esto deja a todos de acuerdo, aunque Akkor sabe que eso no es lo que se hará. Cómo no, la corrupción estuvo siempre ahí cuando se trata de este anazi. Voy a disfrutar mucho cuando lo caguen matando en la parte III, lo juro :shani:

    Ziba, cuando se entera de que se hará una expedición, Akkor le dice que no irá, pese a que es ella quien ha descubierto a la especie y el sistema. Y bueno, la verdad es que esto confirma que Ziba tenía una confianza ciega muy grande para con el líder de su especie, porque si él mismo está decidido a enviar "exploradores" y no quiere que ella vaya a aportar su experiencia, es porque claramente algo no iba a ir bien. Ziba tenía todas las razones para desconfiar de él, y sin embargo, no fue hasta que no le mostraron la evidencia que empezó a desconfiar en persona al respecto :blue: Pero bueno, mala suerte.

    El grupo elegido para ir a entablar el contacto no es un grupo de exploradores, sino soldados especializados dirigidos por el anazi repelente Plaxor :ewww: Cómo no, los operativos tenían que tener su origen en algún lado, y este fue el que Akkor les dio. Me sorprende también ver que Plaxor, como fue Relic en su momento, no era un consejero, sino el líder de este grupo (por más que siempre fue el general de los anixis). Supongo que, de haber seguido en el poder, el plan de Akkor habría sido que un puesto en el interior del consejo fuera heredado siempre por un operativo destacable. Lo bueno es que ya no va a pasar porque a Relic lo mandaron a conocer a Maradona en la parte II, así que, adiós al plan de Akkor :dancecat:

    Me da también cierta intriga cuando Plaxor conversa con ellos. Está claro que tiene una espina por el hecho de que hayan tenido que huir del enemigo, y es que tiene sentido, el Gran General era su propio ancestro, y que haya tenido que quedarse ciertamente le duele, y preferiría ir a recuperar su mundo de origen, que al fin y al cabo es un patrimonio heredado y el orgullo de una raza. No cabe duda de por qué siempre estuvo celoso de la AIE, y con razón, pues aquellos a quienes consideró como subespecies hicieron lo que él no se animó a hacer nunca, en fin, sigan subestimando a mis bebés y les seguirá yendo mal, bitches :yagami:

    En la conversación descubrimos que Plaxor no ha cambiado. Cuando vi que en la parte I no era más que un viejo cascarrabias, pensé que vería una versión diferente de él aquí, pero no. Él siempre fue cascarrabias, solo que en la parte I obtuvo el rango de viejo. Este responde de mala manera a cualquier pregunta que se haga, y encima amenaza con dejar a los soldados abandonados (pero joder, ¿qué acaso no se dieron cuenta que tendrían que haber matado a Plaxor ahí mismo y empezar ellos mismos la rebelión :think: ).

    Plaxor les dice todo, le han mentido al pueblo anixis. No van a conocer a sus vecinos, ni para llevarse bien ni para obtener conocimiento. Tan solo quieren asegurarse de que no les vayan a joder, porque con Mente Colmena todavía vivo, la mala experiencia que tuvieron en el pasado con los Rhajik que ellos fabricaron, y el saber que otra especie está desarrollándose, tienen miedo. Y es que, a ver, los entiendo. Acá no somos quien para juzgar, porque en el pasado apenas los humanos vieron a otros con un color de piel diferente ya sabemos que pasó :aniscream: Pero los anixis tienen una paranoia increíble, porque quieren neutralizar cualquier amenaza. Pero esto solo confirma cada vez más que los anixis, en este universo al menos, son padres de las subespecies, porque neonianos y sylerianos entraron en guerra apenas pudieron, y los humanos en la Tierra tenían hasta una colonia de presos listos para tomar el poder en cualquier momento.

    Da miedo incluso lo que llevan ahí, y es que sabemos gracias a Plaxor que tenían bestias de Bildsh en letargo, y las iban a plantar en el mundo congelado para que siguieran desarrollándose y usarlas como ventaja, algo que aterra a casi todos los operativos.

    La escena final con Ernu y Ikviek nos muestra que ambos en el pasado habían sido operativos, aunque yo creía recordar que solo Ikviek estuvo en el primer contacto, aunque quizá eso fuera mi error. Curioso que digan que los líderes siempre ocultan algo, porque eso mismo los ha llevado a formar parte de la resistencia que ha derrocado a Akkor.

    En fin, amigo, este spin off pinta para ser increíble. Muchas preguntas de la historia principal se han respondido aquí, y de seguro vendrán muchas más. Me encanta como lo has ido hilando todo con detalle y cuidado, y estaré ansioso de ver qué más podremos descubrir a lo largo de esta historia :vibing:

    Con eso me despido. Gran arranque de spin off para seguir con las lecturas mientras espero por el regreso con la parte III. Sin duda nos vamos a divertir en las leídas en simultáneo. Un abrazo y cuídate mucho :cynda:
     
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    Manuvalk

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    Hola hola, ya estamos con el segundo (y penúltimo capítulo) de esta historia secundaria de Los Viajeros Vol. 2.

    Como siempre, quiero agradecer a mi buen amigo Reydelaperdicion por disfrutar de cualquier actualización relacionada con este universo. Su presencia y feedback significa mucho para mí.

    Para aquellos lectores que lleguen hasta aquí, espero que también disfruten de la lectura. Guías cronológicas, de personajes y demás en mi blog.







    Eslabón fallido en la cadena de mando




    La expedición liderada por el general Plaxor tuvo su primera parada en el planeta más alejado de la estrella que alumbraba el sistema Ketenna.

    El mundo helado, siendo este Pateliala, fue testigo de como el navío de exploración anixis eyectaba hacia su superficie cuatro cajas metálicas de gran tamaño, las cuáles atravesaron la fina capa atmosférica de la roca congelada para precipitarse sobre un grueso, profundo y extenso manto de nieve, bajo una ventisca notable. Los compartimentos se abrieron y dieron la libertad a las cuatro bestias de Bildsh, representando un recuerdo del viejo imperio que pereció bajo la infección de la bacteria bautizada como Mente Colmena.

    Aquello era un ejercicio de pura supervivencia pero también de maestría; si esas bestias conseguían adaptarse a semejante entorno cruel es porque podían alimentarse de algún modo y por ende, convertía a dicho planeta en un candidato potencial para una colonia, eso si, tecnológicamente avanzada para así soportar las bajas temperaturas.

    No obstante, esa información era irrelevante al momento de eyectar a esas criaturas en su nuevo hogar, también con el propósito de tenerlas como ventaja y a su vez alejarlas de Ibos, dónde podrían desatar el caos si se hubiesen escapado de su eterno letargo. Con esa tarea ya hecha, los soldados y su general se embarcaron en el final de su trayecto, el cual les llevó a las inmediaciones del mundo habitado por la especie inteligente que pretendían conocer.

    Cuando se equiparon con sus trajes de exploración —con armaduras incluidas— y algunos se disponían a prepararse para el descenso con la nave, el general les detuvo. Ninguno entendía a qué se refería su superior al detener sus acciones, pero rápidamente lo entendieron. Plaxor abrió un compartimento en el almacén en el que se hallaban y reveló armas, las suficientes como para que cada uno de ellos estuviese seriamente equipado ante un posible conflicto armado.

    — ¿Serán necesarias? — Preguntó Ernu, siendo aquel que más contradecía o recriminaba las decisiones del general anixis — Pensaba que esto consistía en mantener una simple conversación con estos seres para delimitar sus movimientos y los nuestros, una especie de pacto de no agresión, se dijo.

    Plaxor se hartó de ver cómo sus palabras eran tomadas de diferentes formas e interpretaciones, por lo que se aproximó al joven soldado y le propinó un puñetazo en el abdomen sin dar motivo alguno, bajo la atenta mirada de Ikviek y el resto de sus compañeros. Ernu quedó de rodillas en el suelo, doliéndose del golpe —aún no se había equipado la armadura— mientras su general empezaba a repartir los Flasher y Winlock junto con munición suficiente para cada individuo.

    — Que sea la última vez que alguien rebate alguna de mis órdenes u explicaciones — Recalcó el veterano general, frunciendo el ceño y mostrándose bastante serio — Esta misión es más importante de lo que pensáis. ¡Despertad, maldición!

    El resto de soldados asintieron decididos y marcharon tras su general, quedando únicamente Ikviek para ayudar a Ernu a incorporarse tras el golpe recibido.

    Ambos intercambiaron miradas de preocupación y seriedad, pero parecían estar demostrándose que iban a estar el uno para el otro. El mayor para el menor. Su relación en ese instante parecía la de dos hermanos que se empujaban mutuamente para avanzar en sus respectivos caminos, especialmente porque un mal desempeño en esa misión y sus carreras como militares del ejército superior podían irse al traste.

    Y el joven soldado anixis ya estaba en la cuerda floja.

    Así, el escuadrón observaba desde el puente de mando el descenso de la nave, atravesando la atmósfera de Khara para divisar parajes con escasa vegetación, algo desérticos, pero montañas alejadas con sus picos nevados, lo que evidenciaba que contaba con polos geográficos. Aunque no había atisbo de mares, lagos u océanos, la poca vegetación que había parecía bastante bien nutrida. Esto lo vieron los diez anixis con sus propios ojos una vez aterrizaron y salieron del navío, encontrándose en las proximidades de una ciudad.

    Apenas cuatro edificios sobresalían en altura, pero sin duda confiaban en haber sido avistados y efectivamente así había sido.

    — Van a considerarnos una amenaza — Les indicó Plaxor a sus soldados, realizando una formación circular de defensa — Prepárense.

    Dos vehículos aéreos que portaban rotores en ambos lados —tenían un aspecto similar a los helicópteros humanos— aparecieron para sobrevolar al grupo de exploración anixis, mientras a su vez llegaban varios vehículos terrestres —con forma de todoterrenos con seis ruedas— al lugar, un área libre de vegetación pero lo bastante próxima a la ciudad como para obtener una respuesta rápida de sus autoridades y sus soldados.

    De los todoterrenos salieron lo que parecían ser militares, armados con unas armas que los anixis nunca habían visto. Cuando el general y los suyos se dieron cuenta, estaban rodeados y en clara desventaja numérica, pero su confianza era tal, que daba por sentado que no iban a ser atacados por los nativos del lugar. Su tecnología a ojos de los anixis era bastante antigua, lo equivalente a la era moderna de la humanidad.

    — ¿Qué dicen? — Uno de los soldados anixis les escuchaba comunicarse en un lenguaje que le era imposible de entender.

    — ¡Venimos sin ninguna intención hostil! — Expresó el general Plaxor, que decidió mostrarles un pequeño microchip que hacía la función de traductor universal — ¡Con esto es posible que podamos entendernos!

    El líder del escuadrón decidió dejar dicho aparato minúsculo en el suelo, lo que encendió las armas en los kharaket, que alzaron sus armas violentamente contra el general mientras le proferían palabras y gestos con excesiva efusividad.

    — ¡Por favor! — Plaxor decidió jugar la carta de la falsa rendición, equipando su arma en un anclaje que los trajes portaban a su espalda, ordenándoles con un gesto a sus soldados que hiciesen lo mismo — ¡Somos amigables!

    Uno de los kharaket se aproximó al microchip de traducción universal y parecía escanearlo con un aparato. Tras hacerlo, se volteó hacia su gente y tomó el microchip, que automáticamente se adhirió a su piel y empezó a escanear sus ondas cerebrales, los sonidos que emitía y cualquier cosa que pudiese ser un signo de estar intentando comunicarse. Se trataba del comandante del ejército kharaket, alguien joven que se aventuró a coger ese traductor pese a la insistencia de sus soldados a que no lo hiciera.

    — ¡No pasa nada! ¡No siento nada en mí! — Los anixis pudieron entender lo que decía ese kharaket que llevaba el microchip adherido a su mano — ¡Han guardado sus armas! ¡Busquemos la forma de comunicarnos!

    Las respuestas de sus símiles eran incomprensibles para el escuadrón liderado por el general Plaxor, pero por sus gestos, parecían contrariados con que aquel kharaket se hubiese acercado al microchip de traducción y además se hubiese dejado manipular, en cierto modo, por el. Decidido a ver si podían comunicarse definitivamente, el general anixis llamó la atención del kharaket.

    — Con ese pequeño artefacto podemos entendernos. ¿Sabes lo que estoy diciendo?

    — ¿Qué? Yo… ¿cómo es posible? — El comandante del ejército kharaket, un joven bastante atrevido, estaba muy impactado al poder entender de pronto a esos seres recién aterrizados en su mundo — ¡Sí, te entiendo! ¡Esto es…!

    — Mi tecnología — Indicó Plaxor, que claramente hacía de portavoz de su escuadrón, hablando por todos ellos — Somos una especie inteligente muy avanzada tecnológicamente, como puedes apreciar.

    El resto de soldados kharaket y sus autoridades seguían alerta y atentos por si esos diez alienígenas con complexión delgada y alta intentaban algo. Su comandante se erigió como su representante en ese instante, siendo el único con la capacidad de entender a esos desconocidos seres.

    — Ya veo — Utilizando el protocolo de los kharaket ante encuentros con seres alienígenas, siendo ese el primero en su historia, el comandante de su ejército optó por presentarse — Mi nombre es Draux. Soy el comandante del ejército kharaket.

    — ¿Kharaket es el nombre de tu especie?

    — Así es. ¿Tú cómo te llamas?

    — Soy el general Plaxor, líder de este escuadrón de exploradores — Reveló el veterano anixis, celebrando en su interior que los kharaket se mostrasen “amables” — Mi especie es conocida como los anixis.

    — Anixis… ¿Qué hacéis en mi planeta? — La conversación entre el comandante Draux y el general Plaxor estaba siendo grabada por ambos, mediante cámaras equipadas en sus trajes de protección.

    — Como he dicho al llegar, venimos en son de paz — Expresó nuevamente el anixis — Y sé que te preguntarás que hacemos aquí, así que iré directamente al grano del asunto, pero antes querría hablar con tu líder.

    — Mi líder está escuchando — Draux dejó claro que había micrófonos y cámaras grabando a los anixis, seguramente en vivo y en directo para sus gobernantes — Aunque no entiende nada, pero yo podré explicárselo.

    — Tenemos más microchips de traducción universal, tu líder puede venir y comunicarse directamente conmigo, le cederé uno — Plaxor estaba empezando a perder la paciencia, pese a que la conversación apenas había comenzado — Lo pido porque yo estoy en representación de mis superiores, los líderes de mi sociedad. Y no te ofendas, pero no me interesa comunicarme de más con un simple comandante militar. Quiero a la máxima autoridad.

    Los soldados kharaket no comprendían de qué hablaba el general anixis, pero el comandante de su ejército no se tomó nada bien esas palabras.

    Si bien no había dicho nada agresivo ni había amenazado la integridad de los nativos, su tono y sus palabras fueron consideradas una ofensa para Draux, que no pudo evitar revelar esa molestia en su expresión facial, gesto que no pasó desapercibido. Sus cuatro manos se convirtieron en puños apretados que parecieron indicar a sus soldados que la situación no estaba desarrollándose por el buen camino.

    — Mi líder no vendrá, el protocolo es claro en estos casos, general Pexor — El comandante kharaket mencionó el nombre del anixis de forma errónea — Sea lo que sea que tengas que decirle a los kharaket, me lo dirás a mí o no lo dirás.

    Esas últimas palabras, sumadas a la forma despectiva y equivocada de decir su nombre, no sentaron tampoco bien al general anixis.

    Ambos mandatarios militares parecían estar midiéndose, cediendo ante sus egos en lugar de ante lo que más importaba en cada lado: los anixis dejar claro que sus nuevos vecinos tenían prohibido salir de su sistema y los kharaket dejar claro que su objetivo no era otro que expandirse, llegando a colonizar eventualmente mundos ajenos a su sistema.

    — Está bien, comandante — Plaxor decidió tomárselo con calma — El mensaje de mis superiores es simple: somos más avanzados tecnológicamente, no queremos hacer amigos y si os vemos fuera de vuestro sistema solar, habrá problemas.

    — ¿Por qué no queréis que salgamos de nuestro sistema? — Preguntó Draux, que aunque querría igualar la amenaza del anixis, sabía que tecnológicamente estaban lejos de estar equilibrados en un conflicto — Por lo que veo, vosotros los anixis lo habéis hecho. ¿Qué os hace diferentes a nosotros? ¿Quién os ha nombrado dueños del universo?

    — No conoces la gloria del imperio anixis. Por desgracia para nosotros no hemos llegado hasta aquí por mera expansión, sino por tener que huir de un enemigo temible conocido como Mente Colmena — El general anixis sabía que los kharaket podrían respetar su superioridad tecnológica, pero no percibía miedo en la mirada de ese comandante, por lo que decidió hacerles saber de un peligro que no diferenciaba entre especies — Es una bacteria inteligente que ha atacado el imperio anixis. En otra época, tú y este mundo seríais ensombrecidos por la ingente cantidad de naves anixis surcando estos cielos… Pero tenéis suerte, eso no será así. Aunque no te confundas, hemos sobrevivido y somos fuertes. No quieras que te muestre el poder del que disponemos.

    — Bueno, en ese caso, no estáis en disposición de amenazar libremente a nadie — Draux no dudó en defender el orgullo de su especie — Me da igual lo que haya pasado en vuestro imperio, no me importa vuestro poder… Respetamos la vida en otros mundos, pero no nos dejaremos doblegar por ninguna raza, por muy avanzada que sea. Así que, en nombre de los kharaket, te pido amablemente que te retires de Khara y del sistema Ketenna. No vamos a respetar ninguna frontera impuesta por ningún ser, pero tampoco iremos a tu mundo, ni con intenciones hostiles ni con deseos de alianza. Esta conversación lo ha dejado claro.

    El comandante del ejército kharaket hizo un gesto a sus soldados y a los vehículos tanto terrestres como aéreos de que se preparasen para marcharse, eso sí, viendo como lo hacían antes los anixis. Sin embargo, no vieron ninguna prisa en estos, lo que les impacientó considerablemente. Ernu, Ikviek y el resto de soldados bajo el mando del general se le quedaron mirando, esperando órdenes.

    — General, ¿nos marchamos? — Uno de los soldados se acercó a su superior, observando en su expresión un evidente enfado.

    — ¿Marcharnos? — Plaxor se volteó hacia su soldado con el semblante muy serio — En absoluto.

    — ¿Qué hacemos entonces? — Ernu no comprendía porqué no iban a irse si es que la conversación no les había llevado a ninguna parte.

    — Demostrarles lo que les espera si salen de este maldito sistema solar — La expresión facial del general anixis le delató, al mostrar su furia contenida — ¡¡¡Abrid fuego!!!

    Repentinamente, la orden del general Plaxor vino precedida por él comenzando un enfrentamiento contra ese grupo de soldados kharaket y su comandante.

    El resto de soldados anixis siguieron la jugada de su superior, a pesar de que algunos como Ernu o Ikviek no parecían muy por la labor de realizar semejante acto. Sin embargo, la lucha ya había comenzado. Varios kharaket se vieron sorprendidos por las ráfagas de plasma provenientes de los Flasher de los anixis, cayendo fulminados al instante, mientras que los dos vehículos aéreos que monitorizaban la situación desde el aire se vieron sorprendidos por sendos disparos en sus rotores, lo que terminó precipitándoles contra el suelo. Uno de ellos cayó en mitad de la zona de conflicto, generando una explosión que acabó con varios soldados más del bando kharaket.

    Visiblemente aterrado y sin recursos para hacer frente a una batalla contra seres con tecnología superior, el comandante Draux tomó uno de los vehículos terrestres y junto a dos soldados más se marchó conduciendo.

    — ¡Señor, se escapan! — Exclamó uno de los soldados anixis, disparando contra el todoterreno.

    — Déjalos, el mensaje ya lo han recibido alto y claro — Plaxor sonrió al ver como se alejaba en la distancia el vehículo, en dirección a la ciudad que se oteaba en la distancia — Ahora es momento de que sus líderes lo reciban de boca de ellos.

    […]

    Informe de la situación, general.

    — Esta especie se hace llamar kharaket y sus intenciones son colonizadoras, sin ninguna duda — Expresó Plaxor mediante el comunicador de enlace cuántico para comunicaciones a larga distancia espacial — Han dejado claro que no nos tienen miedo y que planean expandirse, pese al acuerdo que les he ofrecido.

    ¿No ha ocurrido nada más?

    — No, representante superior — Akkor estaba del otro lado de la comunicación por enlace cuántico — Estamos de regreso a Ibos, en dos días llegaremos.

    Entendido. En ese caso, el protocolo de primer contacto queda anulado, así se lo haré saber a los consejeros — El principal líder del Consejo Superior decidió dar el siguiente paso — Y en cuanto lleguéis, tendré un nuevo objetivo para ti y tu escuadrón.

    — ¿De qué objetivo estamos hablando, representante superior?

    No vamos a asumir riesgos con estos… kharaket. De una forma u otra, obtendremos un acuerdo beneficioso para nuestros intereses — Akkor estaba decidido a poner en marcha un plan clásico de su especie — Pero vamos a cortarles las alas, Plaxor. Usaremos nuestra última arma de Regresión.

    — ¿Lo has oído? — Apoyado a un lado de la compuerta de la sala de comunicaciones, el joven anixis de nombre Ernu miraba a su compañero, con quién acababa de escuchar la conversación entre Akkor y Plaxor — Van a someterlos de un modo u otro.

    — Esto… esto es corrupción en estado puro… — Ikviek no daba crédito, sintiéndose utilizado y traicionado — Yo no me alisté en el ejército superior para hacerle el trabajo sucio a los altos cargos.

    […]

    El trayecto de regreso a Ibos hizo reflexionar a los nueve soldados que acompañaban al general Plaxor en esa misión para entablar un acuerdo con una nueva especie inteligente, llamada kharaket. La actuación por parte de su superior tenía muchos matices, mayormente porque su proceder siempre había sido el de alguien muy impulsivo, agresivo y con poca tolerancia, pero estos rasgos solo podían ser aumentados exponencialmente por las órdenes emitidas desde arriba, del Consejo Superior.

    No obstante, los soldados operativos eran conocedores de que su representante superior era quién les había enviado personalmente a Khara con el objetivo de intimidar y someter psicológicamente a sus vecinos alienígenas, algo que desconocían si había dado sus frutos, pero que sin duda intuían podía significar problemas a la larga. Sin embargo, de esos nueve soldados bajo el mando de Plaxor, solo dos de ellos consideraban que sus acciones —dirigidas por el propio general— estaban fuera de lugar para un protocolo de primer contacto.

    — ¿Estás seguro de esto? — Ernu observaba a su alrededor con algo de nerviosismo — Sabrán que alguien lo ha hecho.

    — ¿Acaso ahora te vas a echar atrás? — Su compañero, Ikviek, se hallaba realizando una serie de comandos en el puente de la nave — Debemos asegurarnos de que toda la información obtenida, las coordenadas de ese mundo y demás sean archivos corruptos para que no regresemos nunca.

    El soldado más veterano estaba dispuesto a borrar contenido de los archivos clasificados sobre el primer encuentro con los kharaket, con el fin de evitar que Akkor, Plaxor y en definitiva su idea de sociedad pudiese obtener demasiadas ventajas sobre sus vecinos espaciales. En cierto modo, Ikviek no lograba comprender porqué hacía aquello, poniendo en riesgo su integridad por querer proteger de cierta manera a unos alienígenas que acababa de conocer.

    Pero su sabotaje en los archivos estaba poniéndolo en la línea de fuego de sus superiores si lo descubrían.

    — Rápido, amigo, date prisa — El joven anixis estaba verdaderamente preocupado — No es nuestro turno en el puente de mando, si viene el próximo relevo…

    — Cierra la boca y déjame terminar.

    Ikviek seguía borrando diferentes aspectos en dichos archivos, como grabaciones, información planetaria y descripción de los kharaket. Sin embargo, vio como su acceso repentinamente era bloqueado por el sistema, lo que le hizo tratar de encontrar el motivo. Sin embargo, sus esfuerzos fueron en vano, pues el general Plaxor apareció en el puente de mando de la nave junto al resto de soldados operativos a su cargo, pillando infraganti a Ernu e Ikviek en su propósito de torpedear los intereses tiránicos de sus superiores.

    — ¿Creíais que la base de datos era accesible para todos? — El descendiente del Gran General se mostró bastante confiado, especialmente porque tenía a siete soldados armados respaldándole — ¡Malditos ineptos! ¡Esto que estáis haciendo es alta traición a la sociedad anixis!

    — La sociedad anixis no sabe lo que tú y el representante superior tramáis — Ernu decidió hablar por él y por su compañero, mientras éste se mostraba férreo y serio, a la espera de un conflicto — Te hemos escuchado hablando con él. Vais a hacer uso del último arma de Regresión.

    — ¡¿Acaso eso te afecta en algo?! ¡¿Prefieres intentar proteger a una especie inferior, la cuál acabas de conocer?! — El general anixis se aproximaba lentamente al dúo, haciendo aspavientos y mostrándose furioso — ¡Debería fusilaros aquí mismo, pero no quiero dañar los controles de la maldita nave!

    — Espere, señor, ¿dicen la verdad? — Uno de los soldados se dirigió a su superior — ¿Vamos a usar el arma Regresión con esos seres?

    — Sí, iba a contároslo próximamente — Plaxor sabía que debía evitar que sus soldados se pusiesen en su contra — El representante superior me ha dado la orden de hacerlo una vez regresemos a Ibos.

    — ¡Eso es una locura!

    — ¡Regresión es nuestra mejor baza contra una posible amenaza futura!

    — ¡Los kharaket no suponen un problema ahora mismo!

    Plaxor odiaba escuchar reproches, pero estos no hacían más que aumentar.

    Él creía haber elegido a diez jóvenes soldados con experiencia y deseaba hacer de ellos un grupo de élite bajo el mando de Akkor, pero viendo los valores y ética que todos parecían tener, ese plan estaba cayendo en saco roto. Ahí, su impulsividad empezó a emerger, al igual que su furia y ese deseo de que todo fuese cómo él quería o de lo contrario no sería. Sin nadie esperárselo, el general anixis alzó drásticamente su Flasher y empezó a disparar contra los siete soldados que estaban ahí para apoyarle, a excepción de los desarmados Ernu e Ikviek.

    — ¡¿Pero qué hace?!

    Ernu se tiró al suelo con las manos en la cabeza, mientras que Ikviek permaneció impasible, de pie ante su superior. Una vez los siete soldados restantes yacían sin vida en el suelo del puente de mando, acribillados a disparos plasma, el general se volteó a los dos causantes de lo que él consideraba una clara traición al orden.

    — Vosotros habéis sido quiénes habéis provocado esto — Murmuró Plaxor con el semblante serio, hasta que al último momento emergió una sonrisa un tanto malévola — Esta masacre ha ensuciado vuestras manos y sumado a la modificación de archivos sin consentimiento… vais a pagar un alto precio.

    […]

    Ibos


    Una vez cumplidos los dos días de trayecto desde Khara hasta Ibos, el general Plaxor aterrizó la nave y fue recibido por el representante superior.

    Ernu e Ikviek fueron encerrados por su propio general en uno de los camarotes de la nave, sin comida y sin agua, quedando lo suficientemente debilitados para que a su regreso no pudiesen oponer apenas resistencia a las autoridades que entraron a detenerlos. El general testificó que sus dos soldados fueron los causantes de la muerte de sus siete compañeros debido a que fueron descubiertos intentando boicotear los controles de la nave y sus archivos, lo cuál también le sirvió de excusa para borrar las imágenes de las cámaras del interior del navío, indicando que fue obra de los dos traidores. Una historia tan bien elaborada que convenció al Consejo Superior, el cuál creía que el grupo de exploradores había sido atacado por los kharaket en su intento por establecer un primer contacto.

    Todo hilaba a ojos de Akkor, que sabedor de la verdad, decidió encubrir y proteger a su general otorgándole un ascenso merecido por “lograr detener a los traidores de nuestra sociedad y obtener la información sobre el paradero de nuestros exploradores asesinados por los kharaket”. Ahora el general Plaxor pasaba a ser miembro del Consejo Superior aprovechando la vacante que dejaba uno de ellos, siendo conocido posteriormente como el “consejero de guerra” por estar siempre proponiendo ideas violentas o soluciones drásticas.

    El representante superior, sin embargo, sabía que debía tenerlo bien atado en corto, por lo que nunca más le volvió a mencionar la idea de un grupo de élite en el ejército superior, y así ‘los operativos’ pasó a ser algo exclusivo del propio Akkor, sin que Plaxor estuviese al corriente de lo que en otras circunstancias hubiese sido su grupo. Ni siquiera participó en la instalación del arma Regresión en algún lugar de Khara, perdiéndose de saber más sobre esos planes que Akkor le contó en su momento.

    Pero los que pagaron ese alto precio del que habló el general anixis fueron Ernu e Ikviek, encerrados en cárceles de procesamiento debido a que sabían lo suficiente de los planes del representante superior y del consejero de guerra como para ser exiliados a Ceti Nosea, donde la información podía ser usada como arma arrojadiza al igual que en Ibos. Con sus exilios parados hasta nuevo aviso, ambos soldados del ejército superior se vieron sometidos a una larga estancia en dichas prisiones alejadas de Vianus, donde vivían en condiciones lamentables.

    Akkor lo supo todo en aquel entonces: Plaxor era un eslabón fallido en la cadena de mando y se convirtió en prescindible desde aquel entonces. Un error más en sus juicios y actos y el representante superior perdería la fe en el general de su milicia, a pesar de que su sangre fría le era útil en momentos como aquel. Pero aquella misión en Khara le dio la oportunidad a Akkor de crear a un grupo de operativos bajo su mando, del cuál había decidido que solo sabría él.

    En ese instante, dio comienzo su verdadera tiranía en la sombra, manejando la sociedad anixis a su antojo.
     
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    Reydelaperdicion

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    Saludos, amigo, paso a comentar el capítulo de esta semana.

    Arrancamos con el grupo de anixis liberando en Pateliala a las bestias de Bildsh, con la esperanza de que estas pudieran en el futuro ser de utilidad para los anixis en caso de una guerra contra los kharaket. Y bien, todo parece indicar que el experimento dio sus frutos, porque cuando la expedición de Jackon llegó a ese mundo, las bestias estaban ahí y prosperaron en condiciones climáticas extremas. Eso me hace preguntar si para el futuro tendremos a los personajes regresando por estas bestias para utilizarlas a su favor, después de todo, Ikviek y Ernu saben en dónde están.

    Liberando a los monstruos, Plaxor y los demás ponen rumbo a Khara para tener el encuentro con los kharaket. Llegan, decididos a dejarse ver para ser visitados por los habitantes del mundo, y tienen éxito, porque nada más logran descender, un grupo de soldados kharaket sale a su encuentro para hacerles saber que no tienen miedo de las amenazas que puedan tener pese a ser menos avanzados. Plaxor les deja el comunicador para que puedan entenderse al hablar, y el líder de todos estos se lo pone sin miedo, listo para empezar con una comunicación real y no un juego donde no se pueden entender. Este es el comandante Draux, quien va allí en representación de sus líderes. Plaxor le dice que él representa a las autoridades anixis y quiere hablar con la autoridad de los kharaket. Draux le dice que no va a llamar a su líder, y encima le pronuncia mal el nombre, algo que altera y mucho al cascarrabias de Plaxor, a más no poder :ewww: Joder, si el tipo ni le tiene paciencia a los soldados que los golpea por cualquier cosa, ni pensar en lo que habrá pasado por la cabeza cuando lo insulta otro de una especie que considera inferior :aniscream:

    Ambos hablan. Plaxor le dice que el imperio anixis fue una gloria pasada, y trata de meterle miedo con la amenaza de mente colmena, pero Draux les dice que no le tienen miedo a lo que vayan a intentar. Los kharaket plantean un punto importante, y es que si los anixis pudieron expandirse, entonces no tiene sentido que prohíban a los kharaket de hacer lo mismo. Plaxor le dice que los van a dejar en paz mientras se queden en su mundo, algo que Draux le afirma que no va a pasar. Plaxor se hincha las pelotas y decide que pasen al ataque contra los kharaket. Pese a que lograron causar una masacre, Draux consiguió escapar, pero Plaxor lo ve mejor así, porque quien entendió todo lo que se dijo en la reunión puede comunicar cosas a los líderes :dontstap:

    De vuelta en la nave, Plaxor da la noticia de que todo salió mal, y Akkor, como no podría ser de otra forma, elige que van a usar la última arma de Regresión para frenar a los kharaket y de paso hacer un pacto con ellos. Ikviek y Ernu lo escuchan y sus principios, que se nota no se enseñan en la academia, les impide hacer el mal a otros seres, por lo que eligen actuar de la forma más honrada posible, y es borrando la información de las bases de datos para que no puedan regresar jamás a ese mundo. Plaxor los descubre infraganti, y cuando los dos soldados hablan al respecto, sus otros compañeros lo cuestiona. Plaxor, que debe haber pensado que el universo solo busca joderlo a él, se toma todo a personal, y fusila a todos los soldados, dejando con vida a Ernu y Ikviek, quienes son encerrados para que ya no causen problemas. Plaxor aprovecha para borrar la evidencia con todos los privilegios de admin que tiene y de paso culpar a los dos soldados rebeldes, de esa forma, tiene un caso sólido para presentar ante Akkor.

    El viaje termina, Akkor le dice a todos los demás que el protocolo del primer contacto se cancela tras la hostilidad kharaket. Ikviek y Ernu son encerrados para pensar mejor que hacer con ellos, pues siendo testigos de la corrupción, no los puede exiliar tan fácilmente, y ejecutarlos daría de que hablar. Preciosa forma de conectar este spin off a la historia principal, amigo, te has lucido con esto :vibing:

    Plaxor, en agradecimiento por sus funciones, es nombrado como consejero, consiguiendo un puesto que mantendría por años, pero sin la confianza total de Akkor, quien sabe que es una persona brutal y de poca paciencia. Las acciones hechas por él lo han obligado a no contar nada de info a todos los otros consejeros, o siquiera a él, pues este planeaba formar más operativos para que sirvieran bajo su mando y de Plaxor, pero decidió mejor que no era buena idea contar con Plaxor para eso, y por eso mismo, incluso a quien es casi igual de corrupto que él, lo excluyó de sus funciones :slap: En fin, siempre me preguntaré como era el Gran General en la sociedad de los anixis, pero viendo a Plaxor, creo que mejor estamos sin conocerlo :shani:

    Con todo casi resuelto, Akkor está decidido a utilizar su nueva arma de Regresión para detener a los kharaket, y luego de eso, dar comienzo a un pacto con Zorin, el cual desconocemos hasta hoy :.O.:

    Y bueno, amigo, esto es todo por hoy. Gran capítulo, pese a ser breve, es informativo, y se aclaran más dudas sobre por qué Ernu y Ikviek no estaban exiliados, y cómo es que terminaron formando parte de la expedición de Jackon. Ojalá ver más de ellos en la historia principal. Y bueno, lo visto aquí me hace dar las gracias de que Plaxor terminó muriéndose pronto, que este tipo nunca iba a ir en contra de Akkor en el conflicto.

    Estoy ansioso por ver qué ocurre en el capítulo final y ver si aparecerán nuevos kharaket en el futuro, quizá ver a Zorin, a los demás soldados que murieron en la parte II o incluso a Ebran :whistle:

    Con eso me despido, amigo. Un abrazo y cuídate mucho :cynda:
     
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  5. Threadmarks: Un velo que esconde tus intenciones
     
    Manuvalk

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    Bienvenidos/as al que será el último capítulo de esta historia secundaria ambientada en el universo de esta gran historia.

    Quiero agradecer, como siempre, a mi buen amigo Reydelaperdicion por disfrutar de mi obra y por las juntadas en Discord que hacemos para leer en simultáneo. Se valoran y disfrutan muchísimo, aunque eso él ya lo sabe.

    Sin mucho más que decir, las guías están actualizadas y tras esta historia secundaria vendrá otra más, antes de la próxima parte III de Los Viajeros Vol. 2.

    Espero que todos disfruten del capítulo.







    Un velo que esconde tus intenciones




    Siren era la principal ciudad y la más grande de las varias que constituían la sociedad kharaket en su mundo de origen.

    Epicentro del progreso tecnológico del que la especie autóctona disfrutaba, también era la sede del gobierno, instalado en uno de los edificios centrales de la capital. Varias pantallas ancladas en las fachadas de los edificios proyectaban las imágenes más recientes del primer encuentro con otros alienígenas en toda la historia de la especie, siendo un momento verdaderamente histórico e impactante para los kharaket.

    Los ciudadanos, en su mayoría, estaban aterrados tras conocer el mensaje amenazante de parte del general Plaxor al jovencísimo y recientemente nombrado comandante primero del ejército kharaket. Draux fue llamado por el gobierno de Khara para acudir a su sede en Siren inmediatamente después de que la amenaza de los anixis hubiese concluido con su partida del planeta. La masacre de al menos veinte soldados en ese primer contacto —con la milagrosa supervivencia del propio Draux— solo hacía que presagiar un conflicto a escala global no solo por los propios anixis, sino por la tensión y el miedo social que se erigían tras ello.

    Acompañado por varios militares más y un par de médicos que querían asegurarse de que se pudiese mantener de pie, el máximo mandatario del ejército kharaket se personó en la sede gubernamental. Tuvo que subir en un ascensor junto a toda esa gente hasta la planta veinte, la última de ese majestuoso edificio que terminaba en punta como si de un lápiz puesto de pie se tratase.

    Draux y compañía tuvieron que esquivar a las cámaras de los medios de comunicación que querían hacerse eco del estado de su comandante y de lo ocurrido en la estepa próxima a la capital.

    — Nos dirigimos al encuentro con el gobernador Zorin — Musitó uno de los soldados que acompañaban a su superior — Mantened la alerta ante una posible invasión alienígena y mantened constante la monitorización del espacio exterior.

    Recibido, comandante segundo.

    — Te agradezco esto, Huze — Asintió Draux, visiblemente adolorido tras haber salvado su vida milagrosamente ante los disparos plasma de los anixis — Apenas puedo mantenerme en pie, me tiemblan las piernas y…

    — Tranquilo, hermano — Huze era su mejor amigo y lo apreciaba como alguien de la familia — Debes aparentar fortaleza ante nuestro líder y nuestro pueblo. Demuestra que eres el comandante primero por méritos propios, mantén la cabeza alta.

    — Este puesto debió ser tuyo, amigo mío — El primer kharaket en comunicarse con alienígenas estaba tratando de mantener la compostura.

    — Yo nunca quise ascender, tú lo sabes — Murmuró el segundo al mando del ejército, tratando de que el resto de presentes no le oyesen — De hecho, no sé porqué acepté ser tu comandante segundo.

    — Porque te necesito, Huze. A la vista está.

    Aquel que se llamaba Huze no tuvo tiempo a responder a su gran amigo, pues las puertas de la sala de reuniones se abrieron ante sus ojos rápidamente.

    Una mesa con forma triangular, un amplio ventanal a la derecha con unas vistas del horizonte verdaderamente increíbles y varios consejeros del gobernador Zorin fueron todo lo que le dio la bienvenida al comandante primero, que vio como esos dos médicos que iban con él, su compañero Huze y otros soldados se quedaban en la puerta, al no tener permitido acceder a esa reunión.

    Al mismo tiempo, todos los consejeros abandonaron la amplia habitación a excepción de Zorin.

    El principal líder de la sociedad kharaket llevaba pocos años en el cargo pero tras la destitución del anterior gobernador, impulsó favorablemente el desarrollo tecnológico a costa de los recursos planetarios que aportaba Khara, lo que no fue bien visto hasta que eso les hizo poder enviar naves de minería y satélites a sus planetas vecinos en el sistema, extrayendo más recursos que hicieron crecer exponencialmente la civilización kharaket desde entonces.

    — Gobernador… — Draux temía que fuese a recibir represalias por haberse escondido en la masacre, en lugar de haber peleado y muerto junto a sus soldados — Déjeme que me explique. Esos seres…

    — Lo he visto todo mediante las imágenes en directo que retransmitían las cámaras de tus hombres — Sentado en su silla central y con los dedos de las cuatro manos entrecruzados sobre la mesa, Zorin miraba seriamente el horizonte, sin fijarse en el estado de su comandante primero — Apenas hace unas horas de ese suceso pero aún se me retuerce el estómago como si me lo estuviesen apretando desde dentro.

    — Si ya ha visto las imágenes, entonces sabrá lo que quieren esos alienígenas — Draux tomó asiento más por fatiga física y mental que por conveniencia — Representan un peligro a nuestro mundo y nuestra especie.

    — Esos anixis… se creen los dueños de todo, viendo como se vanaglorian sobre que si un viejo imperio, que si son poderosos tecnológicamente… Pero ese soldado también habló de más.

    — ¿A qué se refiere, gobernador?

    — ¡Esos seres no son nadie! ¡Una maldita bacteria inteligente ha destruido su sociedad y vienen aquí creyéndose los reyes de todo!

    — Señor…

    — No tenemos los recursos para ir tras ellos, ni siquiera para contactar a esa Mente Colmena para que venga a liquidarlos — El joven Zorin negaba con la cabeza, furioso pero buscando ser astuto en su decisión al respecto — Pero vamos a prepararnos. Si deciden regresar, lucharemos hasta nuestro último aliento por defender Khara de conquistadores con aires de grandeza.

    — ¿Y cómo espera que les hagamos frente? ¿Acaso no ha visto esas armas? — Draux veía a su líder demasiado optimista — ¡Parecía energía siendo disparada, no sé que era pero quemaba y atravesaba a mis soldados!

    — He puesto a los científicos a estudiar esa cosa, al parecer deja rastro en las heridas. Si podemos entender qué es y cómo construirlo, podríamos defendernos con su misma tecnología.

    — Aún así eso no es suficiente, señor. Ni siquiera sabemos cuántos anixis hay y si encima están en el sistema vecino… No conocemos que mundos hay ahí, la sonda que enviamos hace unos años se destruyó o dejó de emitir la señal…

    — ¡¿Y qué quieres que haga, maldita sea?! — El gobernador Zorin explotó, golpeando con sus puños la mesa y mirando rabiosamente a su comandante primero — ¡Tenemos todas las de perder en esto! ¡¿Quieres que llegue a un acuerdo con esos seres?! ¡Si quieren pulverizarnos, lo harán en breve!

    Draux entendía la impotencia que sentía su líder, pues era la misma que sentía él. Sin embargo, sentía que Zorin intentaba enfocarlo de una manera demasiado confiada, cuando la realidad era que los anixis podían doblegarles si querían. El poderío de sus armas de fuego, sus naves y la tecnología que parecían tener auguraba que en un conflicto interestelar, los kharaket serían extinguidos en cuestión de días.

    Asumir esa realidad con apenas una demostración de la fuerza bruta enemiga sentaba como un duro golpe en la parte baja.

    — L-lo siento, gobernador Zorin — Musitó de pronto Draux, más calmado — No pretendía dudar de su capacidad de reacción, es solo que…

    — Te entiendo, Draux, a mi tampoco me ha hecho gracia ver como llegan unos malditos alienígenas a amenazarnos y matar a nuestros soldados — El principal líder de los kharaket se incorporó y se dirigió a su comandante — Pero no quiero ceder ante esos seres, no quiero sacrificar nuestra civilización a cambio de obedecer a otros solo por su poderío tecnológico. Estoy seguro de que ellos también sangran, al igual que nosotros. Y con lo que te dijo ese tal Paxor, con la caída de su imperio y tal… ellos tampoco están para malgastar recursos. No creo que seamos tan importantes para ellos, pero si resulta que es así, no van a tenernos como esclavos, ¿comprendes? Prefiero que nos extingamos luchando hasta el final antes que recibir órdenes de una especie conquistadora.

    […]

    Varios años después


    Habían pasado varios años desde que, repentinamente, toda la tecnología kharaket empezase a dejar de funcionar sin motivo aparente.

    El caos generado en la sociedad empezó a un ritmo lento, generando dudas en los ciudadanos y una sensación de alerta máxima en el ejército y el gobierno, con su principal líder creyendo firmemente que esa extraña situación solo podía ser obra de los anixis que aparecieron hacía tanto tiempo, sin saber nada más de ellos. La ciudad de Siren, junto a otras, fueron las más afectadas por aquel suceso. Miles de ciudadanos se manifestaron ante la sede gubernamental de la capital para exigir algo, cualquier acto o movimiento para tratar de recuperar la tecnología. Pero científicos, ingenieros, políticos… nadie logró encontrar solución a algo que empezaba a tensar la frágil línea entre la civilización y el salvajismo.

    Pronto empezaron los disturbios, los enfrentamientos entre las autoridades y los civiles cansados de esperar una solución que no llegaba, la división en el gobierno y finalmente la formación de grupos rebeldes que abandonaron las ciudades controladas por el ejército, marchándose a pueblos o aldeas que podían mantenerse en pie de mejor manera, debido a que la tecnología kharaket no había llegado aún a esos lugares en su totalidad. Y ahora ya no era necesaria.

    Fue así como el poder del gobierno kharaket se redujo a simplemente bastiones en las ciudades, empujados poco a poco a replegarse en la capital, Siren. La ciudad ahora era fuertemente poblada y controlada por los pocos miembros del gobierno liderados por Zorin y por los militares comandados por Draux. Fue una salvación para los políticos que los soldados decidiesen quedarse a su lado, creyendo que era la mejor forma de intentar mantener el orden y hallar una respuesta al misterio de cómo su tecnología había quedado inutilizada.

    Se formaron incursiones en diferentes localizaciones del planeta, asaltos a pueblos donde se rumoreaba que podía haber culpables de lo que se conoció en Khara como el Gran Apagón, todo por la búsqueda de una solución que recuperase el progreso y la proyección que se preveía a la especie kharaket. Sin embargo, todo esto solo hizo que enfurecer a los ciudadanos más humildes, quiénes formaron resistencias o se unieron a los grupos rebeldes con el fin de renegar de su gobierno y establecer sus propias leyes en un mundo sin ley.

    En uno de esos poblados, alejado de las grandes ciudades y con un pozo subterráneo que conectaba con uno de los diversos acueductos que distribuían el agua bajo la superficie de Khara, una mujer se erigía como la referente del lugar, manteniendo el orden entre los habitantes del pueblo mediante la humildad, honestidad y respeto.

    — ¡¿Dónde está Yaya?! ¡¿Dónde está?! ¡Esto es urgente!

    Un joven kharaket avanzaba por un sendero en dirección al pueblo, el cual era transitado por otros habitantes del lugar.

    El tipo iba montado a un zyrg, que es un animal nativo de Khara, muy similar al caballo de la Tierra. Su pelaje de color marrón en la melena que rodeaba su cuello, además del resto de su cuerpo en un tono más cálido —color desierto—, sus cuatro patas con pezuñas, una larga cola y dos cuernos en su frente le daban un aspecto imponente al que los kharaket ya estaban acostumbrados, pues pese a ser un animal salvaje, una vez domesticado servía para cultivar las tierras, arrastrar objetos pesados, recorrer largas distancias e incluso podía matar a alguien con su fuerza bruta.

    — ¡Apartad, por favor! ¡Lo siento, haceos a un lado!

    Los transeúntes del sendero se apartaban despavoridos al ver a semejante animal correr a una velocidad considerable junto a su intrépido jinete, el cuál cabalgaba al zyrg con absoluta maestría. En cuanto le vieron en el pueblo buscando a la kharaket conocida como Yaya, estos se pusieron a buscarla hasta dar con ella. Su aparición no alivió en exceso al joven, que se acercó a ella y la tomó de las manos con cierto nerviosismo, lo que provocó que dos hombres que cuidaban de ella lo apartaran violentamente, temiendo que intentase hacerle daño.

    — Tranquilos, dejadle que hable — Murmuró Yaya, observando a los ojos de ese chico — Dime, ¿qué ocurre?

    — Vengo de otro de los poblados de la zona — Contestó él, visiblemente fatigado — Llevo dos días de camino, de hecho si tuvierais agua…

    — Traedle agua.

    — No es para mí — Musitó repentinamente él, sorprendiendo a Yaya y al resto de los presentes — Sino para mi montura. Se la merece después de todo.

    Aquel zyrg se veía agotado, pero mantenía su postura erguida y parecía tener un vínculo especial con su jinete, quién se aproximó a acariciarlo suavemente. En aquel poblado no contaban con un animal así, siendo difíciles de cazar en las estepas de Khara por su salvajismo y fuerza bruta. Mucho más difícil era domesticarlos, pero una vez lo conseguías, eran el animal más fiel que cualquiera podría tener.

    Yaya ordenó que le diesen agua a la montura del joven.

    — Ahora dime, joven, ¿qué necesitas de mi?

    — Mi mujer está de parto — Dijo él, algo menos agitado que a su llegada y también con algo de agua que le habían dado — En los próximos días nacerá mi hijo y en nuestra aldea nadie sabe cómo ayudar a dar a luz sin que mi mujer… sin que mi mujer o mi hijo estén en peligro. Escuché hablar de ti a unos bandidos con los que me crucé, les tuve que dar mis suministros, mi agua… a cambio de que me dieran la ubicación de tu poblado. Y aquí estoy.

    Yaya observó a ese joven con absoluta sorpresa y asombro. Su viaje, breve —de dos días— pero a la vez intenso solamente por encontrarla y pedirle ayuda le pareció entre temerario y admirable. En sus ojos pudo ver que ese hombre solo tenía intenciones puras y realmente suplicaba por su ayuda para que su mujer diese a luz sin mayores complicaciones.

    — Iré contigo — Asintió ella, viendo la cara de alegría del tipo — Dime, ¿cómo te llamas?

    — Ebran — Contestó él, abriendo las palmas de sus cuatro manos — Muchas gracias por tu ayuda, significa mucho para mí.

    — Será un placer ayudar a dar a luz a tu mujer.

    Yaya abrió las palmas de sus cuatro manos y las juntó con las del joven, en lo que representaba un saludo humilde y sincero en la sociedad kharaket.

    Aquel día, Yaya conoció al padre de Ebran, del mismo nombre, y pudo ver en él una bondad que pocas veces había visto en otros símiles. Desde aquel entonces, ella se convirtió en una especie de abuela para el líder insurgente que en la actualidad enfrenta al gobierno de Zorin y al ejército de Draux, aliados del corrupto Akkor.

    […]

    La situación para la especie kharaket se tornó límite.

    Los grupos de bandidos acechaban en las estepas alejadas de las ciudades y de los pueblos a los que se aventuraban en busca de suministros, víveres o el rumor de posible tecnología útil. Lo poco que quedaba del gobierno terminó por difuminarse, convirtiéndose Zorin en una especie de caudillo militar —gracias a su influencia en el ejército— y transformando la capital de Khara en su fortín.

    Hubo muchos intentos de asalto por parte de grupos rebeldes que consideraban a las autoridades culpables de que la tecnología se hubiese vuelto inútil, pero el comandante primero Draux junto al comandante segundo Huze y sus tropas se encargaron de mantener la ciudad a salvo. Allí solo vivían los soldados y sus familias, además de civiles con profesiones cualificadas como ingenieros, científicos y agricultores, buscando todos juntos un resurgir de la sociedad kharaket, sin éxito.

    El paso de los años empezaba a ser una losa considerable e imposible de superar; los expertos no entendían porqué su tecnología se había visto afectada repentinamente y ahora eran simples artefactos, recordatorios de una vida progresista ya pasada. Sin embargo, llegó un día en el que ocurrió algo que ya nadie esperaba ver: una nave avanzó a través de la atmósfera, traspasó el cielo nublado de aquel día y aterrizó en las proximidades de Siren, tal y como ocurrió años atrás con la aparición de los anixis liderados por el general Plaxor.

    El desconcierto y el temor fue tal, que ante el avistamiento imposible de ignorar, civiles y militares consideraron la idea de huir de la capital. A excepción de uno.

    — Si queréis evacuar, no daré orden de lo contrario — Indicó el único y principal remanente de lo que fue el gobierno — Pero yo no pienso irme.

    — ¡Gobernador, no! — El comandante primero intentó convencerle — ¡Esa nave debe ser de los anixis! ¡Seguro que vienen a exterminarnos!

    — ¡Debemos irnos! — Huze sabía que el tiempo apremiaba, pues consideraba que los integrantes de esa nave se dirigirían a Siren.

    — Draux, vete con tus soldados y con los que deseen huir — Zorin sonaba abatido, tajante y decidido — Me quedaré a recibir a nuestros visitantes.

    El principal líder kharaket y unos pocos más optaron por la idea —suicida para muchos— de quedarse en la ciudad capital, mientras el ejército, sus comandantes y otros civiles seguían el protocolo de evacuación indicado para casos así. Siren contaba con acueductos bajo su superficie y en temporada seca, sus túneles naturales podían utilizarse para moverse a grandes distancias, desembocando en lugares algo alejados del núcleo urbano.

    Efectivamente, el navío era de origen anixis y de el emergieron veinte seres fuertemente armados y protegidos por sus armaduras intimidatorias, siguiendo a uno de ellos que resaltaba entre el resto por portar una túnica roja que ondeaba al viento de Khara mientras avanzaban doscientos metros hacia la muralla construida después del Gran Apagón para repeler los ataques de bandidos. Desde lo alto de ese muro aguardaba Zorin y su séquito de fieles que decidieron quedarse junto a él, aunque eso significase su final a manos de los anixis.

    El gobernador tenía en su poder aquel pequeño microchip con la función de traductor que se quedó Draux tras su encuentro traumático con el general Plaxor.

    — No esperaba este recibimiento — La voz autorizada de los anixis se escondía bajo la capucha roja de su túnica, pero su boca se podía divisar — ¿Y este sitio? Me lo describieron muy distinto a cómo lo veo ahora mismo.

    — Sois anixis, ¿verdad? — Zorin fue directo al grano.

    — ¿Nos recuerdas? Seguro que mis soldados causaron una gran impresión.

    — Así es, lo hicieron — El líder kharaket se contuvo para no insultar a ese anixis, que parecía liderar a ese escuadrón — ¿Con quién hablo? ¿Eres el general Plexor?

    — No, mi nombre es Akkor y soy el representante superior de los anixis.

    — ¿Su líder?

    — Su líder supremo, sí.

    Zorin se sorprendió considerablemente, pues jamás se hubiese imaginado recibir en su planeta al líder de la especie que apareció de un día a otro y amenazó con represalias si salían de su sistema solar. Tener ante sus ojos a aquel que ejercía de superior para los anixis le daba una oportunidad única de explorar ciertas posibilidades, a pesar de que no quería doblegarse a otra especie.

    — ¿Qué queréis? ¿No hicisteis bastante daño hace años? — El líder kharaket no tenía reparos en reprochar aquella masacre de sus soldados ante el escuadrón de exploradores anixis — ¿Por qué has venido, Akkor?

    — Al menos dime tu nombre también, no seas irrespetuoso, kharaket.

    — Mi nombre es Zorin y tal cómo tú, soy el líder supremo.

    — ¿En serio? ¡Esto lo agiliza todo! — Akkor se giró hacia los operativos que habían realizado ese viaje con él, quiénes soltaron algunas carcajadas — Quería dirigirme al líder de los kharaket, pero si ese eres tú, esta visita será breve.

    — ¿Qué quieres de mi?

    — La pregunta es, amigo mío, ¿qué quieres tú de mi? — El representante superior le dio la vuelta a la pregunta — Por lo que veo, te quedaste con uno de mis microchips de traducción universal… Bueno, eso es tecnología anixis.

    Zorin no se percató tiempo atrás porque ese diminuto aparato quedó almacenado sin uso hasta ese momento, pero cuando escuchó a Akkor, supo lo que le estaba diciendo. El líder kharaket sintió una punzada en su pecho, como si acabase de descubrir que todo lo vivido estos últimos años, el Gran Apagón y su tecnología inutilizada… todo ello tenía un culpable.

    — ¡¿Vosotros los anixis habéis inutilizado nuestra tecnología?!

    — El general Plaxor ya os advirtió de que no permitiríamos que salierais de este sistema planetario a menos que nosotros quisiésemos. Tus soldados dejaron claro que vuestro propósito era expandiros y salir de vuestras fronteras estelares, pero nosotros vivimos demasiado cerca y no buscamos amigos. Al menos, no ahora.

    — ¡¿Y eso te da motivo para hacer semejante acto malévolo?! ¡Activa la tecnología kharaket de regreso!

    — Eso no va a pasar, porque vuestra tecnología iba a quedarse obsoleta de todos modos — Visiblemente confiado y sintiéndose superior, Akkor alzaba la cabeza para hablar de tú a tú con el líder kharaket — Pero vuestra sociedad no tiene porqué colapsar eternamente. Hagamos un trato, Zorin.

    — ¡¿Un trato?! ¡¿Esperas que negocie contigo?!

    — No lo espero, estoy seguro de que lo harás — El representante superior estaba convencido — Podría entregarte cargamentos de mi tecnología para que así, tu poder se vea consolidado. Esa muralla desde la que me hablas resulta ser muy reveladora.

    — ¿Cómo?

    — Hay huesos a mis pies, huele bastante mal y veo grietas — El líder anixis era bastante observador y analítico — Tienes problemas con tu propia gente… y lo entiendo. Eso te pasa porque no has sabido manejar los hilos de tu sociedad, no cómo yo. Mi mundo funciona a la perfección porque cada detalle pasa por mí.

    El gobernador kharaket empezaba a sentirse presionado no solo por Akkor, sino también por su propia gente.

    Los bandidos aparecían allí para luchar porque su gobierno no daba respuesta a lo sucedido, otros pueblos dejaron de comunicarse con la ciudad de Siren y algunos de sus propios soldados le miraban con desprecio. Incluso parte de su séquito allí presente tenía la mirada clavada en él, como si le indicasen que ahí estaba la oportunidad de reflotar tras todos estos años de penuria, a pesar de que eso implicase someterse a otros seres.

    — ¿Y qué ganas tú con este acuerdo? — Zorin no creía que fuese a ser tan simple.

    — Ahora mismo no ganaré nada, solo perderé unos pocos recursos cada cierto tiempo si te los entrego — Akkor parecía benevolente, pero todo tenía un motivo oculto — Pero tú y los kharaket quedaréis bajo mi control. Los anixis seremos vuestros protectores y vosotros seréis un ejército para mí, de ser necesario. Ahora mismo mi especie está recuperándose de una guerra pasada y si ese enemigo nos encontrase, seguramente nos exterminaría… Pero con vuestra especie bajo mi ala, con ese aspecto imponente, sois claros guerreros, ejemplo de que la naturaleza crea intelecto y fuerza separándolo en diferentes animales inteligentes… Los anixis somos la cabeza pensante y los kharaket sois la fuerza bruta. Vuestro físico no engaña ante la vista. Sois soldados biológicamente hablando.

    — ¿Por qué tengo la sensación de que sellar este acuerdo significa traicionar a mi gente? — Zorin percibía que estaba siendo coaccionado sutilmente — ¿Quién no me dice que tras ese velo que cubre tu cara, se esconden tus verdaderas intenciones?

    — Mis intenciones son las mencionadas, ya ha quedado claro.

    — Aceptaré la propuesta si nos devuelves nuestra tecnología.

    — No pienso hacer eso por ahora, de hacerlo, vendríais a por los anixis y eso no me lo puedo permitir — Akkor fue listo al suponer aquello — Este trato es el que es, decídete o me marcharé para nunca más volver.

    […]

    Coburto era el planeta gaseoso que protegía Khara de que asteroides y otros objetos interestelares impactasen en su superficie, debido a que su fuerza gravitacional arrastraba casi cualquier cosa a sus nubes gaseosas, engullendo cualquier cuerpo celeste próximo.

    Una vez en su interior, en lugar de arrastrarlo a su núcleo y fundirlo, su propia gravedad a partir de su eje se limitaba a hacer que dichos asteroides u objetos se pusiesen a dar vueltas sobre el propio núcleo, como si dentro del planeta gaseoso hubiese un mini sistema donde dicho núcleo era el sol y los astros absorbidos por Coburto fuesen planetas dando vueltas a su estrella.

    Ese ciclo llevaba siendo así desde hacía millones de años y no parecía que fuese a cambiar. Al estudiar las condiciones planetarias del mundo gaseoso, los anixis consideraron que era el lugar idóneo donde dejar el artefacto conocido como Regresión, el último de su especie —los anixis no tenían recursos para fabricar más, centrándose en colonizar y crecer en Ibos—, emitiendo desde el interior de Coburto y su nula visibilidad interna el famoso pulso electromagnético dirigido a la tecnología kharaket, inutilizándola indefinidamente.



    FIN
     
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