Apego Coral era la niña de papá. Incluso antes de nacer, Ash siempre estuvo presente. Le hablaba, le cantaba (o al menos lo intentaba), asistía a cada ecografía y la esperaba con una anticipación casi infantil. Cuando la sostuvo en brazos por primera vez, entendió que existía un tipo de felicidad que no había conocido hasta ese momento. Durante sus dos primeros años, Coral creció siendo la luz de los ojos de su padre. Se acostumbró a la voz que la hacía reír y a esos brazos que la levantaban para jugar y la mecían para hacerla dormir. Era la niña de papá. La primera hija, la primera nieta y la primera sobrina. Aprendió a decir “papá” antes que cualquier otra palabra, y sus primeros pasos fueron hacia sus brazos. Y aunque Misty a veces fingía lamentarse de que él era el favorito, en el fondo amaba la hermosa dinámica que tenían. Coral era la mejor de su clase en el jardín de niños. A sus dos años, era conocida por ser un encanto: amable, de buenos modales, siempre invitaba a los demás a jugar y, para su corta edad, era sorprendentemente autónoma. Los viajes de su papá siempre habían existido. Coral los conocía del mismo modo en que conocía la lluvia: algo que ocurría, duraba un tiempo y luego terminaba. Su padre partía con la mochila al hombro y volvía con historias y algún pequeño regalo de una región lejana. Pero entonces hubo un viaje que duró tres semanas. A los pocos días, Coral empezó a preguntar por él. Misty le respondía que papá estaba de viaje y que volvería pronto. Sin embargo, la niña volvió a preguntar al día siguiente, y al siguiente, y así hasta que se cumplieron las tres semanas. Cuando Ash regresó, Coral corrió a sus brazos y no lo soltó durante varios minutos. En ese momento, ninguno de los dos padres lo tomó como una señal. No notaron que la niña se había levantado en mitad de la noche y había caminado hasta su habitación solo para comprobar que papá seguía ahí. No pasaron muchos días antes de que Ash tuviera que prepararse para un nuevo viaje. Al despedirse, Coral permaneció tensa y silenciosa. No jugó durante el resto de la tarde; se quedó cerca de Misty hasta que llegó la hora de dormir. Esa noche, el llanto de la niña despertó a Misty. Eran cerca de las tres de la mañana y pensó que algo había ocurrido, así que fue rápidamente a su habitación. La encontró de pie, junto a la cama, llorando con una angustia inusual. Al verla, Coral corrió hacia ella y se aferró a su cuello con una fuerza desproporcionada para su pequeño cuerpo. —Mamá… mamá… —decía entre sollozos. Misty trató de calmarla, hablándole despacio y meciéndola con suavidad, pero la niña no se tranquilizaba. Finalmente, entre lágrimas, dijo: —Papá… quiero a papá. Fue entonces cuando Misty entendió que, probablemente, Coral se había estado conteniendo toda la tarde y que, a esa hora, toda esa tensión había terminado por explotar. Las noches siguientes no fueron muy diferentes. Coral se despertaba llorando y Misty la consolaba hasta que volvía a dormirse. A veces tomaba solo unos minutos, pero en otras ocasiones su llanto se volvía tan intenso y desgarrador que ella prefería romper la regla y llevarla a su cama, donde finalmente se dormía a su lado. Durante el día, la niña también había cambiado. En el jardín infantil, donde antes entraba sola y saludaba a todos con una sonrisa, ahora se aferraba a la ropa de Misty y se negaba a soltarse, con un llanto que le apretaba el corazón a cualquiera. Su autonomía, tan celebrada por las profesoras, parecía haberse esfumado de un día para otro. Misty intentaba explicarle que siempre volvía por ella, que no la abandonaba, que solo era por unas horas. Coral asentía, pero sus manos seguían apretando la tela de su ropa con desconfianza. Así fue durante toda la semana, hasta que aprendió a esperar a que mamá volviera, porque mamá siempre volvía, siempre puntual, a la misma hora. Mamá siempre estaba ahí. Te extraña, le había escrito Misty un día a Ash. Pero no había cobertura y el mensaje nunca llegó a enviarse. Lo cierto era que ella también lo extrañaba. Sin embargo, sabía que esa era la vida que había elegido. Lo había sabido incluso antes de casarse con él y lo había aceptado. Coral, en cambio, nunca había tenido que aceptar esas condiciones, y ahora Misty no sabía cómo explicarle que era algo a lo que tendría que acostumbrarse. Apenas tenía señal, hacía lo posible por organizar videollamadas. Pero, aunque Ash le hablaba con cariño desde la pantalla, Coral no entendía por qué no podía estar con ella. Después de casi un mes, su papá volvió. Ash llegó feliz junto a Pikachu, dejó la mochila en el suelo y vio a su hija en la sala. Se agachó con los brazos abiertos y una gran sonrisa, esperando que corriera hacia él. Pero no lo hizo. Coral se quedó quieta, mirándolo… y entonces se puso a llorar. Retrocedió unos pasos y se aferró a las piernas de Misty. —¡Mamá… mamá! A Ash se le partió el corazón. Misty lo miró sin saber cómo explicarle lo que estaba pasando, porque ni ella misma lo entendía del todo. No tuvo más remedio que cargar a la niña mientras le hablaba en voz baja, intentando calmarla. —Cielo, es papá… Vamos a saludar a papá. Pero Coral se escondía en sus brazos, llorando con angustia. Ash intentó acercarse despacio, pero la niña lo rechazaba, empujándolo entre sollozos. Y aunque eventualmente dejó de llorar, permaneció aferrada a su madre, evitando la mirada de su padre. Ni siquiera la presencia de Pikachu logró sacarle una sonrisa. Cuando por fin Coral permitió que se acercara, cuando aflojó los brazos y se dejó levantar, Ash la apretó contra su pecho y cerró los ojos. Ella hundió la cara en su cuello… y no lo soltó. El problema fue que, a la hora de dormir, Coral tampoco quería soltar a papá. Ash fue quien la arropó, pero apenas intentó ponerse de pie, la niña volvió a llorar. Así que se quedó sentado junto a la cama, mientras ella se aferraba a su mano como si temiera que desapareciera otra vez. Tras varios minutos, el sueño la venció y el agarre sobre su mano finalmente cedió. Pikachu decidió quedarse a su lado, por si despertaba. Ash salió en silencio y caminó hasta el sofá, donde Misty estaba sentada con un libro que claramente no había estado leyendo. Se sentó a su lado y, sin decir nada, se dejó caer suavemente, apoyando la cabeza en su pecho. Cerró los ojos, respirando despacio, sintiendo los dedos de su esposa deslizarse por su cabello. Siempre había pensado que ese era el mejor lugar del mundo, donde su corazón se aquietaba y podía descansar. Pero esa noche, la tormenta dentro de él era demasiado grande. —¿Desde cuándo…? Misty no respondió de inmediato. Sus dedos siguieron moviéndose con la misma suavidad con la que había calmado a Coral tantas noches. —Empezó a despertarse llorando todos los días la primera semana después de que te fuiste —dijo al fin, en voz baja—Luego fue intermitente… Ash volvió a cerrar los ojos y se acomodó mejor entre sus brazos, como si así pudiera esconderse del peso de la culpa que lo oprimía por dentro. El daño invisible que había causado sin querer. Cómo, con cada ausencia, estaba lastimando no solo a Coral, sino también a Misty, al dejarla sola con toda la responsabilidad. Sus viajes no eran solo historias y regalos; también eran ausencias que dejaban heridas en las personas que más amaba. —No sabía que… con esto le estaba haciendo daño. Misty apoyó la mejilla en su cabeza y suspiró. —Antes no lo hacía. No había sido un error puntual ni una mala decisión aislada. Había sido algo que creció poco a poco, en silencio, hasta que ya no pudieron ignorarlo. Esa noche, Ash no encontró todas las respuestas. Pero sí entendió que no podía seguir viviendo como si su ausencia no dejara huellas. Se prometió que haría los ajustes necesarios, que estaría más presente, hasta que Coral volviera a sonreír como antes y esas noches de llanto desaparecieran. Porque Coral era su niña, y su sonrisa valía mucho más que cualquier misión, liga o torneo.
Es muy bonito ver como Ash es un padre super cariñoso y atento con su hija, a su vez me encanta que la tenga tan consentida, es algo que siento que haria perfectamente en el canon, hasta la llevaría cargando en sus hombros y jugando con pokemon sin parar. Y que decir de Coral, que se aferraria a su padre, una hija y su padre, un lazo super fuerte, es algo muy hermoso en verdad. Vaya determinacion de Misty, saber que su pareja de vida estaría lejos por ciertos períodos de tiempo. Aun con todo ese peso de criar a una hija, prácticamente sola, la verdad es que hizo un excelente trabajo pero aun asi, siempre la ausencia del padre afectará de alguna u otra forma a todos los miembros de la familia. Todo ellos para que nos diesemos cuenta que la ausencia pega mas fuerte de lo que creemos, es que estamos hablando de una persona que le encanta moverse y seguir con aventuras, pero es aqui cuando el compromiso, cariño, amor y sobre todo vinculo, se hacen presentes. Es tu hija Ash... y te necesita Debo de admitirlo, senti muy feo cuando Coral no lo reconocía del todo, me dolió, pero son las consecuencias de ese estilo de vida. Misty, siguió poniendo de su parte, siendo la voz de la razon y consuelo para Ash, habia que hacer cambios... y vaya que lo hará... espero Ash logre ser el padre que nunca tuvo
Me encantó... Sentí tan bonito cómo son una familia... Me gusta mucho lo que has hecho en este universo, escribes con tanto cariño y le transmites al lector ese mismo amor y respeto que tienes hacia los personajes. Me gustó mucho ver el lado paternal de Ash y Misty siendo tan linda como mamá... Se me apretó un poquito el corazón. Incluso lloré un poquito tbn. Gracias por esta historia. Me gustó mucho. Por favor, sigue escribiendo