Harry Potter Con Ñ de Ñoqui

Tema en 'Fanfics sobre Libros' iniciado por Temarii Juuzou, 16 Marzo 2026 a las 11:50 PM.

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    Temarii Juuzou

    Temarii Juuzou Maestre

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    6 Agosto 2011
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    3,104
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    Inventory:

    Escritor
    Título:
    Con Ñ de Ñoqui
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Romance/Amor
    Total de capítulos:
    1
     
    Palabras:
    1353
    Autor: Temarii Juuzou.
    Actividad: Días de A, B, C... K... Xutra [+18]
    Personajes: Scorpius Malfoy / Albus Potter





    Ñ de Ñoquis


    La cocina entera se llenó del delicioso aroma de las papas hervidas y la harina. Scorpius llevaba parado frente a la mesa lo mismo que el aroma llevaba inundando cada rincón del sitió, estaba tratando de hacerlo todo perfecto, pero era difícil cuando nunca antes había cocinado… o hecho algo por sí mismo.

    —He visto a mi abuela cocinar, es toda una batalla. No te preocupes, seguro queda bien —Albus entró al lugar con más ingredientes en la mano, se acercó para darle un beso en la mejilla a su pareja y se puso a ayudarle.

    —No puedo creer que me hayas convencido de esto —dijo, mirando el desastre en la mesa con vergüenza—. Conocer a tus padres ya era suficientemente aterrador, pero… a toda la familia Weasley… sin duda, debo estar loco.

    Albus sonrió divertido y le ayudó con la masa para los ñoquis. Habían visto la receta en una de sus salidas al mundo muggle y Scorpius había insistido en probarlo, había quedado tan enamorado que estaba seguro, sería lo mejor para alimentar a todos los Weasley que conocería ese día.

    —Bueno, ya conoces a Rose… —Albus se acercó y dejó varios besos en las mejillas sucias de harina de su novio —. Y solo estamos haciendo ñoquis.

    —“Solo” dice —Scorpius levantó las manos llenas de masa—. ¿Sabes cuántas veces he cocinado en mi vida?

    —¿Una?

    —Cero.

    Albus no pudo evitar comenzar a carcajear, Scorpius le miró con el ceño fruncido. Se hizo el digno y continuó con su elaboración, leyendo la receta que había escrito en pergamino.

    —Claro. Eres un Malfoy, seguramente en tu casa la cocina tiene más elfos domésticos que cucharas.

    Scorpius lo miró con aún más dramatismo. Albus se acercó despacio, tomando un pedazo de masa.

    —Eres adorable.

    —Puaj… deja tus cursilerías para otro momento —Scorpius intentó ocultar su sonrojo ocultando el rostro, pero era imposible cuando todo él era tan pálido, que sus orejas le delataban —. Y no soy adorable.

    —Lo eres cuando estás nervioso.

    —No estoy nervioso, Potter.

    —Scorpius.

    —¿Qué?

    —Estás amasando la mesa.

    Scorpius bajó la mirada. La masa estaba completamente aplastada contra la madera, ya sin forma alguna y con varios hoyos, un completo desastre culinario. Una pequeña maldición salió de su boca mientras sus manos se movían a velocidad para juntar la masa en una bola; tendría que comenzar a estirarla de nuevo. Albus rio otra vez y se acercó aún más.

    —Ven, genio culinario —dijo, colocándose detrás de él—. Se hace así.

    Sus manos tomaron las de Scorpius, guiando el movimiento sobre la masa. El contacto fue… demasiado cercano; no era como si fuese nuevo, llevaban siendo amigos desde los 12 y habían comenzado su relación a los 16, el contacto entre ellos era de lo más natural pero siempre se sentía bien, cálido. A Scorpius le gustaba, sobre todo porque Albus siempre olía a madera y menta, fresco y otoño, le gustaba tenerlo así de cerca. Sentir su cuerpo apretando el suyo, tanto que los latidos de ambos se comenzaban a sincronizar ¿Era esto estar enamorado?

    Scorpius tragó saliva.

    —Podrías explicarlo sin invadir mi espacio personal.

    —Podría —murmuró Albus cerca de su oído—. Pero no quiero.

    Scorpius intentó concentrarse en la masa. Intentó, pero las manos de Albus habían empezado a acariciar sus brazos y ya no le estaban ayudando, había comenzado a distraerlo con suaves caricias que se movían por todo su cuerpo. El rubio intentó seguir amasando pero el castaño ya había empezado a desabotonar su camisa e introducido una de sus sucias manos en su pecho, acariciando su pezón ya endurecido mientras la otra le acariciaba el muslo, ensuciando unos pantalones que nunca jamás volvería a usar.

    —Potter —no pudo evitar soltar un jadeo. Sus manos habían tomado la masa y la aplastaba como si fuese masa antiestrés y no la masa con la que pensaba alimentar a su futura familia política.

    —¿Sí?

    —No estás ayudando…

    —Claro que sí. Yo te vi estresado y ahora te veo relajado…

    Albus apretó suavemente sus manos contra la piel de Scorpius, disfrutando del leve gemido que este soltó ante su tacto, disfrutando del calor que estaba emanando el cuerpo ajeno. Llevó sus labios hasta el cuello del Malfoy y dejó suaves besos, pequeñas mordidas y un recorrido con su lengua delineando las líneas que su huezo formaba hasta llegar a su oreja.

    —Estás temblando —le susurro al oído, con la voz ronca Albus.

    —Cállate, Albus… mejor mueve esta cosa dura que me distrae.

    —Mmm —Albus sonrió, colocando su boca contra su hombro. Se pegó más, restregándose todo lo que pudo—. ¿No me quieres ayudar?

    Scorpius giró un poco la cabeza, lo suficiente para verlo.

    —Si tus padres llegaran en este momento.

    —Estamos cocinando, Scorp.

    Scorpius suspiró, cerrando los ojos y dejando que las manos de su pareja siguiera acariciando su piel, llenando su cuerpo de harina y excitando al grado de haber olvidado que la salsa ya debería estar hirviendo en la estufa.

    —Tenemos que seguir…

    —Estás lleno de harina —dijo Albus en voz baja, dejando varios besos donde podía, buscando sentir la piel de su amado contra sus labios.

    —Culpa tuya.

    —Si, lo es.

    Pero ninguno se apartó, en lugar de ello, se buscaron con más intensidad, deseando sentirse cerca el uno del otro. Scorpius quería más caricias, Albus deseaba tirarlo sobre la mesa y devorarlo entero ahí. La cocina se quedó silenciosa por un momento, tan sólo el chapoteo de la salsa y los besos húmedos de Albus, acompañados de los delicados jadeos que Malfoy soltaba cada dos por tres. Pero alguno debía ser el adulto en la situación, así que Scorpius se obligó a tener fuerza de voluntad.

    —Los ñoquis…

    Albus miró la masa, completamente olvidada y manoseada a más no poder. Soltó una suave risa, que se ahogó contra la piel del cuello de Scorpius.

    —Creo que los estamos descuidando —El rubio continuó hablando, o lo intentaba. Era imposible con la mano de Albus metida en su pantalón.

    —Creo que no son lo único que estamos descuidando.

    Albus le mordió el hombro y el contrario soltó otro jadeo. Abrió lentamente los ojos y miró con vergüenza sus manos llenas de masa cruda.

    —Entonces será mejor que terminemos rápido.

    —¡MERLÍN!

    La puerta se abrió de golpe y ambos se separaron de inmediato. Albus incluso intentó cubrir con su cuerpo al rubio, quien torpemente se acomodaba la ropa.

    —Wow… —dijo James, apoyado en el marco con una sonrisa burlona—. Que asco, encima de la mesa donde como mis cereales.

    Albus suspiró y miró a su hermano mayor con el ceño fruncido.

    —Se toca.

    —¿Para entrar a la cocina? —James soltó una carcajada—. Solo vengo por un poco de jugo, lo tomo y pueden seguir manoseándose. Pero apúrense, que la familia no tardará en llegar.

    Scorpius se puso rojo al instante. Desvió y rehuyó la mirada de su cuñado mientras este avanzaba hacia el refrigerador.

    —Nosotros sí estamos—

    James alzó uno de los pocos ñoquis que habían alcanzado a hacer. Los miró con burla y lo dejó con los demás.

    —Claro —tomó el jugo y bebió de la caja, en otro momento Albus le hubiera dicho que eso era asqueroso y que buscara un vaso pero no estaba en posición para ello —. Yo creo que mejor piden comida a domicilio… no creo que su salsa quemada sepa bien con ñoquis de sexo.

    Soltó otra carcajada y salió de la cocina. Scorpius miró a Albus con las mejillas rojas y le lanzó un puñado de harina en la cara, Albus comenzó a reír y toser mientras buscaba su varita para comenzar a limpiar la mesa.

    —Bueno, el restaurante donde comimos los ñoquis aún está abierta ¿Vamos?

    Scorpius le miró con una mueca en la boca y luego suspiró.

    —Primero un baño —se acercó para poner su mano descaradamente en la entrepierna de Albus —. Aquí hay algo que pide a gritos ayuda.

    El castaño sonrió y no se opuso a la propuesta.
     

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