Bienvenidos/as a la primera historia secundaria de Los Viajeros Vol. 2, la cual se titula 'Operación Velo' y contará la historia de cómo se conocieron los kharaket y los anixis, con el fin de aportar más trasfondo a la propia historia. En mi blog encontraréis los links a las guías y a las partes en las que está dividida la historia. Como siempre, quiero agradecer a mi gran amigo Reydelaperdicion por no perderse ninguna actualización de este universo ficticio. Su presencia y comentarios significan mucho para mi y espero que sigan ahí por mucho tiempo. Espero que tanto él como el resto que lleguéis aquí, disfrutéis de la lectura y os intereséis por la trama. Sinopsis: Esta historia secundaria de Los Viajeros Vol. 2 está ambientada casi cien años atrás de los sucesos ocurridos, donde veremos qué ocurrió entre los anixis y los kharaket para llegar a la situación actual, con el propósito de dar más contexto y profundizar en la historia que comparten ambas especies. Táctica operativa La llegada de la emisaria Ziba puso en alerta a todo el Consejo Superior, pues la anixis traía consigo una información lo suficientemente importante como para que se ordenase una asamblea de urgencia en la sala habilitada para ello, en la Casa Superior. Cuando la nave individual de la emisaria advirtió de su regreso y aterrizó en un lugar alejado de la gran ciudad de Vianus, la recibieron soldados del ejército superior, quiénes la llevaron directamente hacia esa reunión que estaba por darse entre los máximos mandatarios de la sociedad anixis que colonizó Ibos. Su mensaje críptico y misterioso por el enlace comunicativo cuando estaba próxima al planeta, “hay algo inteligente en el sistema vecino”, provocó cierto pánico y curiosidad —ambas al mismo tiempo— entre los líderes anixis, que mantenían la información proporcionada por los diferentes emisarios que enviaban a distintas ubicaciones del espacio exterior próximo como algo privado, sin que la ciudadanía fuese consciente de esos datos hasta su posterior verificación de que no había peligro para la colonia. — Por favor, acompáñenos. Uno de los dos guardias que vigilaban los accesos a la Casa Superior le indicó a la emisaria recién llegada a Ibos que caminase junto a ellos en dirección a la sala de asambleas, una vez los soldados la entregaron en el lugar mientras se hacían cargo de su nave de exploración. El silencio en los pasillos era quebrantado por el sonido de los pasos asíncronos de los tres anixis que avanzaban aceleradamente. Ziba observó los apenas imperceptibles cambios que había tenido el lugar, siendo una excepción el pasillo por el que caminaba, donde se podían apreciar colgados en las paredes varios cuadros de aquellos jóvenes emisarios que estaban de misión en el espacio exterior, como recordatorio para los alumnos más infantiles que deseaban partir algún día a otros lugares del universo para encontrar u obtener información beneficiosa para la sociedad anixis. Uno de esos cuadros hacía mención a un emisario llamado Eeron, al cuál ella conocía, intrigada por no saber hacia dónde había sido enviado. — Aquí es — Musitó uno de los dos guardias, dispuesto a abrirle las puertas. — Bienvenida de vuelta, Ziba — Dijo el otro guardia con cortesía. — Muchas gracias. Los dos guardias abrieron ambos portones de la sala de asambleas y dieron vía libre a la emisaria para que entrase en la cúpula habilitada para reuniones del Consejo Superior, el organismo encargado de tomar las decisiones respecto al futuro de la sociedad en Ibos. La anixis acalló la conversación que ya se estaba dando entre los cinco consejeros, quiénes mantuvieron silencio al acto y prestaron atención a la entrada de Ziba, que se posicionó ante la mesa redonda, recibiendo el permiso de parte del representante superior para que tomase asiento. — Primero que nada, bienvenida de vuelta — Esas fueron las palabras que le dirigió Akkor, máxima autoridad y líder principal del Consejo Superior — Somos conscientes de que tu regreso en un periodo corto de tiempo solo se puede deber a algo muy importante para la estabilidad de nuestra sociedad, así que tienes la libertad y obligación moral de revelarnos todo lo que hayas visto ahí fuera. — Gracias, representante superior — La emisaria asintió con educación, dispuesta a contar lo que había vivido — Como bien saben todos los consejeros, mi misión era la de realizar un reconocimiento exhaustivo del sistema vecino, aún por descubrir, con el propósito de obtener cualquier beneficio para nuestra sociedad. Bueno, se trata de un sistema muy llamativo, con un planeta helado de condiciones extremas, otro mundo sin eje rotatorio pero con una línea en el ecuador que alberga un tipo de insecto, un gigante gaseoso con una fuerza gravitacional considerable y un último planeta en la zona habitable. En ese mismo mundo es en el que me he aventurado, ya que descubrí satélites artificiales orbitándolo. — ¿Satélites? — Uno de los consejeros intervino en la explicación de la emisaria, mostrándose preocupado — ¿Estamos hablando de una especie inteligente con capacidad para operar en el espacio? — Parece evidente que sí — Akkor se dirigió a su compañero de cámara — Déjala acabar antes de hablar. — Sí, disculpad. — Logré burlarlos porque eran satélites meteorológicos según mis análisis, pero eso me hizo confirmar que hay una especie inteligente detrás, ya que hay una red de estos que no solo operan en dicho mundo sino en los demás del sistema — Esta revelación de Ziba sorprendió y preocupó a los consejeros — Así, decidí adentrarme en dicho planeta y no solo evaluar las condiciones climáticas, las cuáles lo hacen apto para la vida basada en el carbono como la nuestra, sino también observar de cerca a su especie autóctona. Efectivamente, tengo archivos en mi nave de exploración con imágenes, grabaciones y demás que seguro podrán encontrar interesantes. Pero, en definitiva, allí habita una especie inteligente. — ¿Y cómo son? — Otro de los consejeros decidió dar rienda suelta a sus dudas — ¿Parecen peligrosos? — ¿Les has visto en posesión de alguna tecnología más avanzada que esos simples satélites meteorológicos? — Viven en diferentes ciudades, un tanto aisladas entre sí, pero conectadas mediante vehículos aéreos similares a los nuestros — Dijo la anixis, que contaba lo que recordaba haber visto, ya que el grueso de la información estaba en la base de datos de su nave de exploración, la cual se hallaba en poder del ejército superior para su descontaminación y procesamiento — Poseen un gobierno, algún tipo de economía y parece que ha sido recientemente cuando se han lanzado al espacio. No he visto naves avanzadas ni un poderío armamentístico alarmante, pero no puedo afirmarlo. — Entendido, emisaria Ziba, muchas gracias por tu aporte — El representante superior dio por terminada la exposición de la anixis — Ve a descansar, nosotros evaluaremos qué hacer con esa información y la que nos haga llegar el general Plaxor y sus soldados. Ziba asintió e incluso hizo una pequeña reverencia mientras se dirigía a la salida de la sala, acompañada por esos dos guardias que la guiaron hasta ella. Cuando las puertas se volvieron a cerrar, el debate entre los consejeros volvió a emerger como una efervescencia. — A falta de más datos que el ejército superior extraiga de la nave de exploración de la emisaria, es un hecho que tenemos una especie inteligente como vecina — Recalcó uno de los consejeros, el más joven de todos — Y como tal, según la Constitución Superior, debemos establecer un protocolo de primer contacto. — Cierto, consejero Valtin, pero no nos precipitemos en esto — Otro de los consejeros se inclinó hacia delante en la mesa — No sabemos si estos seres son hostiles, tienen complejo de conquistadores o si incluso son Veerham al servicio de Mente Colmena. — ¿Mente Colmena? — Uno de ellos pareció sentirse ofendido — ¡Deja de alucinar, esa bacteria la hemos dejado a cincuenta años luz de nosotros! ¡Ni siquiera nos ha podido seguir la pista! — ¡Pero lo puede hacer, maldita sea! — Protestó otro — ¡No seamos ingenuos, hay que explorar todas las posibilidades y no decantarse por una! — ¡Cálmense, consejeros! — La voz autoritaria de Akkor fue suficiente para apaciguar el debate que se había tornado en discusión rápidamente — Incluso con la información de la emisaria Ziba, sigue siendo insuficiente. Estoy a favor del consejero Valtin; deberíamos dar inicio al protocolo de primer contacto. Por ende, solicito una rápida votación entre los presentes para enviar un grupo de exploración a ese mundo, en un intento por conocer a nuestros vecinos. Ninguno de los consejeros quiso rebatir la propuesta del representante superior, la cual era tenida muy en cuenta siempre, pues el veterano líder de la sociedad anixis era visto como la excelencia personificada. Aquellos que accedían a ese plan debían alzar una de sus manos y mantenerla ahí, mientras quiénes se negaran o se abstuvieran simplemente debían mantener sus manos sobre la mesa. La votación dio comienzo inmediatamente, viéndose que a excepción de un consejero —aquel que temía tener Veerham en el sistema vecino—, el resto apoyaba la propuesta del representante superior de enviar exploradores a dicho mundo. — Cuatro votos a uno — Informó Akkor al resto del Consejo — Propuesta en marcha. Podemos disolver la asamblea de hoy. — Representante superior — Valtin rompió con el protocolo de marcharse, haciendo que el resto se quedase en sus asientos — ¿No considera que deberíamos advertir de este hallazgo a la población? Creo que hacerles saber que tenemos un posible aliado a nuestro lado… — ¿Aliado? ¿Qué te hace pensar que vayan a serlo? — ¿E infundir el pánico en algunos ciudadanos? — Otro de los consejeros se negó rotundamente — ¡Estás loco, muchacho! — Este tipo era ingeniero hace dos días y ahora ya se cree en potestad de proponer según qué cosas… — Entiendo tu postura, consejero Valtin — El representante superior lanzó una mirada de disconformidad con el resto de los consejeros — Pero vayamos paso a paso. Primero, necesitamos un primer contacto exitoso y productivo. Posteriormente, si las relaciones diplomáticas avanzan por el buen sendero, se informará a los ciudadanos sobre este suceso. Mientras tanto, esto queda entre el Consejo Superior y la emisaria, artífice del descubrimiento. ¿Entendido? Valtin asintió algo apenado, ya que él consideraba que se debía advertir a la población de cualquier hallazgo, fuese lo que fuese, pues todo influía en el devenir de los acontecimientos. Sin embargo, Akkor respiraba aliviado al ver que el resto de consejeros le apoyaba en ese caso, pues él no planeaba informar del descubrimiento de una especie inteligente tan cerca, ya que primero quería cercionarse de que no era una amenaza y después, obtener algún tipo de beneficio o ventaja a costa de estos seres desconocidos. En cuanto los consejeros abandonaron la sala de asambleas, el principal líder de la sociedad anixis tomó su comunicador privado y contactó directamente con alguien de su confianza. — General Plaxor, ven cuanto antes a mi sala privada — Le indicó Akkor con absoluta seriedad — Tengo un encargo para ti y tu unidad especial. — Recibido, representante superior. Estoy de camino. […] — Debería ir. La emisaria no comprendía cómo es que no había sido llamada a formar parte del grupo de exploración que partiría en breve hacia el planeta donde la propia anixis había avistado a seres inteligentes. Su frustración era tal que se dirigió al representante superior en persona, quién no dudó en atenderla tras haberlo hecho el día anterior en su llegada a Ibos tras la misión de reconocimiento que hizo. — Entiendo tu interés en formar parte del primer contacto, pero tú ya has hecho tu parte del trabajo, ahora les toca a otros — Akkor trató de ser conciliador y expresarse con tacto — Ser emisario es una cosa; entablar un primer contacto es otra completamente diferente. Un mal paso y podemos tener un enemigo en nuestras puertas. — Ser emisaria y estar en un primer contacto tienen algo en común, la exploración espacial — Ziba no se daba por vencida — Y yo me manejo de ambas, para eso me he formado. — Como te he dicho, no vas a formar parte de la misión — El principal líder anixis veía que la emisaria empezaba a incomodarlo — Te ruego que no insistas, tú ya has cumplido y corresponde a otros el entablar contacto con esa especie. — ¡Esto es…! — Tranquila, Ziba, se te asignará una nueva misión en los próximos meses. Por ahora, relájate y disfruta de tu estancia en Ibos, observa qué cosas han cambiado durante el tiempo que no has estado, visita a tus padres… Visiblemente indignada con esa decisión, Ziba se marchó de la sala personal del representante superior, viendo que su insistencia no obtenía los frutos esperados. Mientras la veía marchar, Akkor lanzó un suspiro de alivio a la vez que pensaba en el selecto grupo de exploradores que irían a entablar un primer contacto con esa especie desconocida y recientemente descubierta. En una nave diseñada por el antaño ingeniero y ahora consejero Valtin —que era un prodigio en cuanto al diseño y creación de naves avanzadas para el ejército superior y los emisarios—, se encontraba un grupo de diez exploradores con el objetivo de conocer a esos seres inteligentes que habitaban el sistema vecino. No obstante, una vez las compuertas de la nave se cerraron en el muelle de atraque de una pequeña estación orbital en las proximidades de Ibos, este grupo desveló su verdadera naturaleza. No eran meros exploradores sino más bien soldados del ejército superior que operaban recientemente bajo el amparo de Akkor y en la sombra de la ley. Una división del ejército que apenas había arrancado y que solo conocían esos diez soldados presentes, inmiscuidos en una nueva tarea. — Bien, cascos fuera — Ordenó el general Plaxor, viendo como los nueve soldados restantes bajo su mando obedecían — Ya no hay que disimular más de cara a los trabajadores del hangar. Estamos solos en esta nave. — General, ¿va a contarnos ahora en qué consiste esta misión? — Preguntó uno de los soldados, bastante joven a diferencia del resto. — Tranquilízate, novato — El descendiente del Gran General se aproximó a su soldado con una media sonrisa — Te escogí para esta división por tu coraje, pero me pregunto si la inexperiencia te puede penalizar. Haciendo esa serie de preguntas, diría que sí. — Disculpe, general — Asintió arrepentido el joven anixis — Solo quería saber en qué consiste este despliegue, ya que estamos en una nave e intuyo que la misión será extraplanetaria y extraoficial. Algunos de sus compañeros empezaron a reírse brevemente, especialmente al ver la reacción de burla que Plaxor tenía en su rostro. — ¡Claro que sí, Ernu! ¡Es justo eso, chico listo! — El general empezó a aplaudir efusivamente durante diez segundos — En fin… Soldado, a tu superior jamás se le pregunta por el objetivo de la misión. Ya se te darán las órdenes a ejecutar y tu superior ya se encargará de dar la información pertinente, ¿entendido? — Sí, señor. — Perfecto. ¡¿Alguien tiene alguna pregunta más?! Ninguno de los ocho soldados restantes articuló palabra alguna, confirmando las sospechas de Plaxor: nadie tenía más preguntas. Entonces, el general empezó a andar lentamente de un lado a otro de la sala, la zona de acceso al interior de la nave, que servía como área para salir y a su vez como almacén de suministros tecnológicos esenciales para la misión. Precisamente, cuatro cajas metálicas de gran tamaño captaban la atención de todos, aunque nadie sabía su contenido ni para qué estaban allí. El semblante serio del general mantenía a los soldados firmes y nerviosos, algunos más que otros, a la espera de ver qué tenía que decirles su superior, quién estaría presente en dicha misión. — Ayer, supimos que uno de nuestros emisarios descubrió algo llamativo en nuestro sistema vecino, mientras se disponía a cartografiarlo y obtener información sobre el — Empezó narrando Plaxor, para poner en contexto a su equipo — Al parecer, una especie inteligente habita uno de los planetas y tiene satélites en los demás, lo que implica un potencial desarrollo de formación tecnológica avanzada. — ¿Qué significa eso, general? — Uno de los soldados se aventuró a preguntar, a pesar de que no era algo del agrado de su superior. — ¡Si cierras la boca, te lo contaré! La exclamación repentina de Plaxor volvió a silenciar nuevamente al escuadrón de soldados. Con muy poca paciencia para tolerar preguntas que él consideraba ingenuas, el general retomó su explicación con evidente enfado. — Como iba diciendo, esto implica que se trata de una especie que busca expandirse. Como hicimos nosotros, nacimos en Anyxa y posteriormente evolucionamos lo suficiente como para desarrollar nuestra tecnología y expandirnos, creando el viejo imperio que, para nuestra desgracia, fue infectado por Mente Colmena. Si fuera por mi, regresaría a reconquistar lo perdido, pero no somos suficientes para afrontar ese desafío y nos debemos resignar a guardarnos la poca gloria que nos queda — Plaxor se había ido por las ramas y eso era algo que sus soldados vieron, pero por no indicarle nada y generar más tensión, permanecieron callados — La cuestión es que estos seres podrían representar una amenaza para nuestra seguridad. El Consejo Superior ha iniciado el protocolo de primer contacto, un plan pacífico para establecer una conversación cordial con otra especie. No obstante, el representante superior considera que esto implica mucho riesgo dada la situación algo precaria en la que estamos, habitando un único mundo y siendo muy vulnerables a posibles ataques enemigos. Por ello, ha decidido hacer creer a los demás consejeros que somos un grupo de exploradores formados para contactar con bondad a esa especie, pero en su lugar, vamos a ir nosotros a asegurarnos de que esos tipos no salgan de su maldito sistema. — ¿Y cómo vamos a hacer eso? — Otro de los soldados, sin poder contenerse, lanzó la pregunta a sabiendas de las consecuencias. — ¡Quién vuelva a hablar, se quedará abandonado en compañía de esos putos seres a los que vamos a visitar! — Exclamó el general, harto y decidido a terminar con su exposición de la situación — Vamos a presentarnos ante ellos y vamos a proponerles un acuerdo: que ellos no abandonen su sistema y nosotros no iremos al suyo. Una especie de pacto de no agresión. Y antes de que me lo pregunte alguno, la idea no es colaborar con ellos, ya que son una especie teóricamente inferior. Su tecnología al lado de la nuestra sigue siendo obsoleta, pero si la han podido desarrollar, pueden progresar en décadas. Por eso mismo, vamos a asegurarnos de tenerlos atados en corto. ¿Veis esas cuatro cajas? — Sí, son enormes. — ¿Qué contienen? — Seguramente una bomba, con eso podríamos amenazarles. — ¡Cerrad la boca y escuchad un segundo! — La advertencia de Plaxor vino precedida por un silencio absoluto — Prestad atención. En esas cuatro cajas metálicas parecía haber algún tipo de animal salvaje, pues cuando no se oía absolutamente nada, se podía percibir un ligero respirar agitado proveniente del interior de esas cajas. Más de un soldado dio un paso atrás al sentirse algo intimidado por aquello, sin saber muy bien qué pretendían hacer teniendo eso a bordo de la nave. — Años atrás, cuando nos fuimos del viejo imperio y el Gran General se quedó a proteger la huida del arca que nos trajo a Ibos, ordenó que nos lleváramos consigo a cuatro bestias del planeta Bildsh. En aquel entonces, estaban investigando con ellas en dicho mundo, pues estos animales salvajes feroces poseen la capacidad de hacerse invisibles a nuestro ojo, lo que las convierte en un arma brutal. Se intentó obtener esa ventaja para equiparla en armaduras militares e incluso mediante experimentos genéticos, pero hasta el momento ha sido imposible obtener o replicar esa capacidad — La explicación del general también servía como lección de historia para los soldados menos experimentados y más jóvenes — Estas bestias han estado plácidamente dormidas en la bodega de carga del arca, la cual tuvimos que ir deconstruyendo para ayudar a construir la ciudad de Vianus y demás que tenemos hoy en día. Pero esa bodega quedó intacta y almacenada en la base militar de nuestro ejército superior. Estas criaturas llevan más de cincuenta años en letargo, pero están recién despiertas en sus cajones y esperan salir lo más pronto posible. Las soltaremos en un planeta helado, el más cercano a la entrada de este sistema, para tenerlas activas por si requiriésemos de su habilidad. Si los seres a los que vamos a ver se muestran violentos o nos generan un conflicto a gran escala, las bestias de Bildsh podrían ser una baza con la que ninguno de ellos contará. Básicamente, es tener una ventaja extra almacenada cerca de quiénes podrían obligarnos a usarla. Los soldados asintieron, sorprendidos, a la revelación de que tenían en esa misma nave a cuatro bestias de Bildsh. Algunos de ellos nunca llegaron a oír hablar de estos animales salvajes, ya que era una investigación secreta en plena guerra interestelar contra Mente Colmena y la ciudadanía desconocía de esos experimentos para obtener la habilidad de hacerse invisible que poseen las bestias. Pero sin lugar a dudas eran una ventaja a tener en cuenta. — Eso es todo por ahora — Expresó el líder de aquel escuadrón de exploración, dando por concluida la charla — La nave partirá en breve, y pese a que tenemos una IA básica que la dirige, quiero que uno de vosotros se dedique a pilotar por si acaso. Nunca he confiado en máquinas y nuestros ancestros tampoco, desde los problemas que daban los Rhajik. El resto, instalaos en vuestros camarotes, el viaje será de un par de días. Con las órdenes ya claras por parte del general Plaxor, su equipo decidió dejar sus pocas pertenencias en los camarotes y darse una vuelta por el navío. […] Uno de los soldados se encontraba en el puente de mando, asegurándose de que el curso de trayectoria de la nave seguía siendo el indicado, ya que el control por el momento estaba en manos de la IA básica con la que contaba el navío. Teniendo las coordenadas del mundo habitado por esos seres desconocidos, solo quedaba llegar al lugar, pero para eso faltaban al menos dos días. El soldado era un anixis de media edad, con más de una década en el ejército superior y con un currículum lo bastante asombroso como para que fuese seleccionado por el general Plaxor para formar parte de esa unidad especial, que posteriormente sería conocida como ‘los operativos’. Sumido en sus pensamientos mientras observaba la inmensidad del espacio ante sus ojos, gracias a la cristalera frontal de la nave, el soldado no se percató de que uno de sus compañeros aparecía por detrás. Cuando éste se sentó a su lado, casi dio un respingo del susto. — ¡Maldición, habla antes de aparecer así por mi espalda! — Exclamó el soldado que se aseguraba de que el pilotaje fuese el indicado. — Perdona, Ikviek — Musitó el joven anixis, algo más relajado que cuando se vio algo ridiculizado por su superior — Supuse que estarías aquí. — Si, bueno, podemos turnarnos entre todos pero no he tenido problema en dejar que el resto duerman y yo quedarme aquí unas horas. Me gusta observar las estrellas, me dan perspectiva, me hacen pensar… — ¿A quién no? Estas vistas son magníficas, no pensé que fuéramos a verlas estando en Ibos. — ¿A qué te refieres, Ernu? — Apenas hace veinte años, más o menos, que llegamos al planeta. Y apenas estamos construyendo, haciendo que todo se empiece a parecer más a cómo era el viejo imperio — Ernu parecía sentirse algo nostálgico, a pesar de que él era muy pequeño cuando huyó de Mente Colmena — No sé, no esperaba formar parte de un viaje espacial cuando el foco ahora está puesto en crecer y expandirnos por un único mundo. Entiendo esta misión, pero, ¿no decía Plaxor que somos vulnerables? Solo habitamos un planeta. ¿Y si entablar contacto con esos seres nos pone en peligro? — ¿Sugieres entonces no hacer esto? — Yo no iría, pero si hay que hacerlo, buscaría una aproximación más honesta que la que pretendemos. Engañar o amenazar a esos seres es empezar con mal pie. — No te tenía por un pacifista, chico. — Tampoco lo soy, solo intento ser razonable. — Ya, bueno, te entiendo — El veterano Ikviek se echó las manos tras el cuello, acomodándose en la silla — Yo tampoco soy muy fanático de hacer esto, pero son órdenes del representante superior en concreto. Y él es el artífice de que ahora estemos todos en Ibos, de lo contrario, quizá seríamos Veerham. — ¿Y esas bestias de Bildsh? — El joven anixis se estremeció solo de recordar su lenta respiración dentro de las cajas — No sé, me siento como si se me estuviesen escondiendo más cosas de las que me cuentan, ¿sabes? — Bienvenido al sistema de rangos y de sociedad — Ikviek soltó una carcajada — Vamos, chico, ¿naciste ayer? Los líderes, el Consejo, gobiernos… todos ocultan cosas. Ya sea para no generar pánico en la población, ya sea porque creen que se juzgará mal alguna decisión que tomen, ya sea porque sean unos ladrones en sus cargos… Da igual. La cuestión es la misma: la información es poder y la guardan o la revelan en función de cuando les conviene. Asúmelo, Ernu. Somos marionetas. Es una táctica operativa.
Saludos, amigo. Paso a comentar el primer capítulo de esta historia secundaria. Tengo que decir que me gustó mucho, pese a ser un capítulo sencillo y tranquilo. Arrancamos con cosas que hemos visto en la historia principal. Ziba regresa a su hogar luego de haber cumplido su rol como emisaria, para informar sobre todos los mundos que hay en el sistema vecino. Les habló sobre el mundo congelado, el que es un desierto excepto en el ecuador, del gigante gaseoso y por último de Khara, donde se ve que los kharaket tenían una tecnología bastante avanzada en el pasado. Incluso vemos que tenían satélites para controlar el clima. Tras haber informado de todos, Akkor (viejo de mierda, ojalá se muera igual aunque sé que aquí no puede morir porque esto es el pasado) le dice que se largue, quedando él con otros consejeros randoms y el joven Valtin, que, por lo que sabemos, recibió el rango de consejero hace poco. Akkor decide que todos voten para ver si amerita realizar un primer contacto con ellos, y esto deja a todos de acuerdo, aunque Akkor sabe que eso no es lo que se hará. Cómo no, la corrupción estuvo siempre ahí cuando se trata de este anazi. Voy a disfrutar mucho cuando lo caguen matando en la parte III, lo juro Ziba, cuando se entera de que se hará una expedición, Akkor le dice que no irá, pese a que es ella quien ha descubierto a la especie y el sistema. Y bueno, la verdad es que esto confirma que Ziba tenía una confianza ciega muy grande para con el líder de su especie, porque si él mismo está decidido a enviar "exploradores" y no quiere que ella vaya a aportar su experiencia, es porque claramente algo no iba a ir bien. Ziba tenía todas las razones para desconfiar de él, y sin embargo, no fue hasta que no le mostraron la evidencia que empezó a desconfiar en persona al respecto Pero bueno, mala suerte. El grupo elegido para ir a entablar el contacto no es un grupo de exploradores, sino soldados especializados dirigidos por el anazi repelente Plaxor Cómo no, los operativos tenían que tener su origen en algún lado, y este fue el que Akkor les dio. Me sorprende también ver que Plaxor, como fue Relic en su momento, no era un consejero, sino el líder de este grupo (por más que siempre fue el general de los anixis). Supongo que, de haber seguido en el poder, el plan de Akkor habría sido que un puesto en el interior del consejo fuera heredado siempre por un operativo destacable. Lo bueno es que ya no va a pasar porque a Relic lo mandaron a conocer a Maradona en la parte II, así que, adiós al plan de Akkor Me da también cierta intriga cuando Plaxor conversa con ellos. Está claro que tiene una espina por el hecho de que hayan tenido que huir del enemigo, y es que tiene sentido, el Gran General era su propio ancestro, y que haya tenido que quedarse ciertamente le duele, y preferiría ir a recuperar su mundo de origen, que al fin y al cabo es un patrimonio heredado y el orgullo de una raza. No cabe duda de por qué siempre estuvo celoso de la AIE, y con razón, pues aquellos a quienes consideró como subespecies hicieron lo que él no se animó a hacer nunca, en fin, sigan subestimando a mis bebés y les seguirá yendo mal, bitches En la conversación descubrimos que Plaxor no ha cambiado. Cuando vi que en la parte I no era más que un viejo cascarrabias, pensé que vería una versión diferente de él aquí, pero no. Él siempre fue cascarrabias, solo que en la parte I obtuvo el rango de viejo. Este responde de mala manera a cualquier pregunta que se haga, y encima amenaza con dejar a los soldados abandonados (pero joder, ¿qué acaso no se dieron cuenta que tendrían que haber matado a Plaxor ahí mismo y empezar ellos mismos la rebelión ). Plaxor les dice todo, le han mentido al pueblo anixis. No van a conocer a sus vecinos, ni para llevarse bien ni para obtener conocimiento. Tan solo quieren asegurarse de que no les vayan a joder, porque con Mente Colmena todavía vivo, la mala experiencia que tuvieron en el pasado con los Rhajik que ellos fabricaron, y el saber que otra especie está desarrollándose, tienen miedo. Y es que, a ver, los entiendo. Acá no somos quien para juzgar, porque en el pasado apenas los humanos vieron a otros con un color de piel diferente ya sabemos que pasó Pero los anixis tienen una paranoia increíble, porque quieren neutralizar cualquier amenaza. Pero esto solo confirma cada vez más que los anixis, en este universo al menos, son padres de las subespecies, porque neonianos y sylerianos entraron en guerra apenas pudieron, y los humanos en la Tierra tenían hasta una colonia de presos listos para tomar el poder en cualquier momento. Da miedo incluso lo que llevan ahí, y es que sabemos gracias a Plaxor que tenían bestias de Bildsh en letargo, y las iban a plantar en el mundo congelado para que siguieran desarrollándose y usarlas como ventaja, algo que aterra a casi todos los operativos. La escena final con Ernu y Ikviek nos muestra que ambos en el pasado habían sido operativos, aunque yo creía recordar que solo Ikviek estuvo en el primer contacto, aunque quizá eso fuera mi error. Curioso que digan que los líderes siempre ocultan algo, porque eso mismo los ha llevado a formar parte de la resistencia que ha derrocado a Akkor. En fin, amigo, este spin off pinta para ser increíble. Muchas preguntas de la historia principal se han respondido aquí, y de seguro vendrán muchas más. Me encanta como lo has ido hilando todo con detalle y cuidado, y estaré ansioso de ver qué más podremos descubrir a lo largo de esta historia Con eso me despido. Gran arranque de spin off para seguir con las lecturas mientras espero por el regreso con la parte III. Sin duda nos vamos a divertir en las leídas en simultáneo. Un abrazo y cuídate mucho
Hola hola, ya estamos con el segundo (y penúltimo capítulo) de esta historia secundaria de Los Viajeros Vol. 2. Como siempre, quiero agradecer a mi buen amigo Reydelaperdicion por disfrutar de cualquier actualización relacionada con este universo. Su presencia y feedback significa mucho para mí. Para aquellos lectores que lleguen hasta aquí, espero que también disfruten de la lectura. Guías cronológicas, de personajes y demás en mi blog. Eslabón fallido en la cadena de mando La expedición liderada por el general Plaxor tuvo su primera parada en el planeta más alejado de la estrella que alumbraba el sistema Ketenna. El mundo helado, siendo este Pateliala, fue testigo de como el navío de exploración anixis eyectaba hacia su superficie cuatro cajas metálicas de gran tamaño, las cuáles atravesaron la fina capa atmosférica de la roca congelada para precipitarse sobre un grueso, profundo y extenso manto de nieve, bajo una ventisca notable. Los compartimentos se abrieron y dieron la libertad a las cuatro bestias de Bildsh, representando un recuerdo del viejo imperio que pereció bajo la infección de la bacteria bautizada como Mente Colmena. Aquello era un ejercicio de pura supervivencia pero también de maestría; si esas bestias conseguían adaptarse a semejante entorno cruel es porque podían alimentarse de algún modo y por ende, convertía a dicho planeta en un candidato potencial para una colonia, eso si, tecnológicamente avanzada para así soportar las bajas temperaturas. No obstante, esa información era irrelevante al momento de eyectar a esas criaturas en su nuevo hogar, también con el propósito de tenerlas como ventaja y a su vez alejarlas de Ibos, dónde podrían desatar el caos si se hubiesen escapado de su eterno letargo. Con esa tarea ya hecha, los soldados y su general se embarcaron en el final de su trayecto, el cual les llevó a las inmediaciones del mundo habitado por la especie inteligente que pretendían conocer. Cuando se equiparon con sus trajes de exploración —con armaduras incluidas— y algunos se disponían a prepararse para el descenso con la nave, el general les detuvo. Ninguno entendía a qué se refería su superior al detener sus acciones, pero rápidamente lo entendieron. Plaxor abrió un compartimento en el almacén en el que se hallaban y reveló armas, las suficientes como para que cada uno de ellos estuviese seriamente equipado ante un posible conflicto armado. — ¿Serán necesarias? — Preguntó Ernu, siendo aquel que más contradecía o recriminaba las decisiones del general anixis — Pensaba que esto consistía en mantener una simple conversación con estos seres para delimitar sus movimientos y los nuestros, una especie de pacto de no agresión, se dijo. Plaxor se hartó de ver cómo sus palabras eran tomadas de diferentes formas e interpretaciones, por lo que se aproximó al joven soldado y le propinó un puñetazo en el abdomen sin dar motivo alguno, bajo la atenta mirada de Ikviek y el resto de sus compañeros. Ernu quedó de rodillas en el suelo, doliéndose del golpe —aún no se había equipado la armadura— mientras su general empezaba a repartir los Flasher y Winlock junto con munición suficiente para cada individuo. — Que sea la última vez que alguien rebate alguna de mis órdenes u explicaciones — Recalcó el veterano general, frunciendo el ceño y mostrándose bastante serio — Esta misión es más importante de lo que pensáis. ¡Despertad, maldición! El resto de soldados asintieron decididos y marcharon tras su general, quedando únicamente Ikviek para ayudar a Ernu a incorporarse tras el golpe recibido. Ambos intercambiaron miradas de preocupación y seriedad, pero parecían estar demostrándose que iban a estar el uno para el otro. El mayor para el menor. Su relación en ese instante parecía la de dos hermanos que se empujaban mutuamente para avanzar en sus respectivos caminos, especialmente porque un mal desempeño en esa misión y sus carreras como militares del ejército superior podían irse al traste. Y el joven soldado anixis ya estaba en la cuerda floja. Así, el escuadrón observaba desde el puente de mando el descenso de la nave, atravesando la atmósfera de Khara para divisar parajes con escasa vegetación, algo desérticos, pero montañas alejadas con sus picos nevados, lo que evidenciaba que contaba con polos geográficos. Aunque no había atisbo de mares, lagos u océanos, la poca vegetación que había parecía bastante bien nutrida. Esto lo vieron los diez anixis con sus propios ojos una vez aterrizaron y salieron del navío, encontrándose en las proximidades de una ciudad. Apenas cuatro edificios sobresalían en altura, pero sin duda confiaban en haber sido avistados y efectivamente así había sido. — Van a considerarnos una amenaza — Les indicó Plaxor a sus soldados, realizando una formación circular de defensa — Prepárense. Dos vehículos aéreos que portaban rotores en ambos lados —tenían un aspecto similar a los helicópteros humanos— aparecieron para sobrevolar al grupo de exploración anixis, mientras a su vez llegaban varios vehículos terrestres —con forma de todoterrenos con seis ruedas— al lugar, un área libre de vegetación pero lo bastante próxima a la ciudad como para obtener una respuesta rápida de sus autoridades y sus soldados. De los todoterrenos salieron lo que parecían ser militares, armados con unas armas que los anixis nunca habían visto. Cuando el general y los suyos se dieron cuenta, estaban rodeados y en clara desventaja numérica, pero su confianza era tal, que daba por sentado que no iban a ser atacados por los nativos del lugar. Su tecnología a ojos de los anixis era bastante antigua, lo equivalente a la era moderna de la humanidad. — ¿Qué dicen? — Uno de los soldados anixis les escuchaba comunicarse en un lenguaje que le era imposible de entender. — ¡Venimos sin ninguna intención hostil! — Expresó el general Plaxor, que decidió mostrarles un pequeño microchip que hacía la función de traductor universal — ¡Con esto es posible que podamos entendernos! El líder del escuadrón decidió dejar dicho aparato minúsculo en el suelo, lo que encendió las armas en los kharaket, que alzaron sus armas violentamente contra el general mientras le proferían palabras y gestos con excesiva efusividad. — ¡Por favor! — Plaxor decidió jugar la carta de la falsa rendición, equipando su arma en un anclaje que los trajes portaban a su espalda, ordenándoles con un gesto a sus soldados que hiciesen lo mismo — ¡Somos amigables! Uno de los kharaket se aproximó al microchip de traducción universal y parecía escanearlo con un aparato. Tras hacerlo, se volteó hacia su gente y tomó el microchip, que automáticamente se adhirió a su piel y empezó a escanear sus ondas cerebrales, los sonidos que emitía y cualquier cosa que pudiese ser un signo de estar intentando comunicarse. Se trataba del comandante del ejército kharaket, alguien joven que se aventuró a coger ese traductor pese a la insistencia de sus soldados a que no lo hiciera. — ¡No pasa nada! ¡No siento nada en mí! — Los anixis pudieron entender lo que decía ese kharaket que llevaba el microchip adherido a su mano — ¡Han guardado sus armas! ¡Busquemos la forma de comunicarnos! Las respuestas de sus símiles eran incomprensibles para el escuadrón liderado por el general Plaxor, pero por sus gestos, parecían contrariados con que aquel kharaket se hubiese acercado al microchip de traducción y además se hubiese dejado manipular, en cierto modo, por el. Decidido a ver si podían comunicarse definitivamente, el general anixis llamó la atención del kharaket. — Con ese pequeño artefacto podemos entendernos. ¿Sabes lo que estoy diciendo? — ¿Qué? Yo… ¿cómo es posible? — El comandante del ejército kharaket, un joven bastante atrevido, estaba muy impactado al poder entender de pronto a esos seres recién aterrizados en su mundo — ¡Sí, te entiendo! ¡Esto es…! — Mi tecnología — Indicó Plaxor, que claramente hacía de portavoz de su escuadrón, hablando por todos ellos — Somos una especie inteligente muy avanzada tecnológicamente, como puedes apreciar. El resto de soldados kharaket y sus autoridades seguían alerta y atentos por si esos diez alienígenas con complexión delgada y alta intentaban algo. Su comandante se erigió como su representante en ese instante, siendo el único con la capacidad de entender a esos desconocidos seres. — Ya veo — Utilizando el protocolo de los kharaket ante encuentros con seres alienígenas, siendo ese el primero en su historia, el comandante de su ejército optó por presentarse — Mi nombre es Draux. Soy el comandante del ejército kharaket. — ¿Kharaket es el nombre de tu especie? — Así es. ¿Tú cómo te llamas? — Soy el general Plaxor, líder de este escuadrón de exploradores — Reveló el veterano anixis, celebrando en su interior que los kharaket se mostrasen “amables” — Mi especie es conocida como los anixis. — Anixis… ¿Qué hacéis en mi planeta? — La conversación entre el comandante Draux y el general Plaxor estaba siendo grabada por ambos, mediante cámaras equipadas en sus trajes de protección. — Como he dicho al llegar, venimos en son de paz — Expresó nuevamente el anixis — Y sé que te preguntarás que hacemos aquí, así que iré directamente al grano del asunto, pero antes querría hablar con tu líder. — Mi líder está escuchando — Draux dejó claro que había micrófonos y cámaras grabando a los anixis, seguramente en vivo y en directo para sus gobernantes — Aunque no entiende nada, pero yo podré explicárselo. — Tenemos más microchips de traducción universal, tu líder puede venir y comunicarse directamente conmigo, le cederé uno — Plaxor estaba empezando a perder la paciencia, pese a que la conversación apenas había comenzado — Lo pido porque yo estoy en representación de mis superiores, los líderes de mi sociedad. Y no te ofendas, pero no me interesa comunicarme de más con un simple comandante militar. Quiero a la máxima autoridad. Los soldados kharaket no comprendían de qué hablaba el general anixis, pero el comandante de su ejército no se tomó nada bien esas palabras. Si bien no había dicho nada agresivo ni había amenazado la integridad de los nativos, su tono y sus palabras fueron consideradas una ofensa para Draux, que no pudo evitar revelar esa molestia en su expresión facial, gesto que no pasó desapercibido. Sus cuatro manos se convirtieron en puños apretados que parecieron indicar a sus soldados que la situación no estaba desarrollándose por el buen camino. — Mi líder no vendrá, el protocolo es claro en estos casos, general Pexor — El comandante kharaket mencionó el nombre del anixis de forma errónea — Sea lo que sea que tengas que decirle a los kharaket, me lo dirás a mí o no lo dirás. Esas últimas palabras, sumadas a la forma despectiva y equivocada de decir su nombre, no sentaron tampoco bien al general anixis. Ambos mandatarios militares parecían estar midiéndose, cediendo ante sus egos en lugar de ante lo que más importaba en cada lado: los anixis dejar claro que sus nuevos vecinos tenían prohibido salir de su sistema y los kharaket dejar claro que su objetivo no era otro que expandirse, llegando a colonizar eventualmente mundos ajenos a su sistema. — Está bien, comandante — Plaxor decidió tomárselo con calma — El mensaje de mis superiores es simple: somos más avanzados tecnológicamente, no queremos hacer amigos y si os vemos fuera de vuestro sistema solar, habrá problemas. — ¿Por qué no queréis que salgamos de nuestro sistema? — Preguntó Draux, que aunque querría igualar la amenaza del anixis, sabía que tecnológicamente estaban lejos de estar equilibrados en un conflicto — Por lo que veo, vosotros los anixis lo habéis hecho. ¿Qué os hace diferentes a nosotros? ¿Quién os ha nombrado dueños del universo? — No conoces la gloria del imperio anixis. Por desgracia para nosotros no hemos llegado hasta aquí por mera expansión, sino por tener que huir de un enemigo temible conocido como Mente Colmena — El general anixis sabía que los kharaket podrían respetar su superioridad tecnológica, pero no percibía miedo en la mirada de ese comandante, por lo que decidió hacerles saber de un peligro que no diferenciaba entre especies — Es una bacteria inteligente que ha atacado el imperio anixis. En otra época, tú y este mundo seríais ensombrecidos por la ingente cantidad de naves anixis surcando estos cielos… Pero tenéis suerte, eso no será así. Aunque no te confundas, hemos sobrevivido y somos fuertes. No quieras que te muestre el poder del que disponemos. — Bueno, en ese caso, no estáis en disposición de amenazar libremente a nadie — Draux no dudó en defender el orgullo de su especie — Me da igual lo que haya pasado en vuestro imperio, no me importa vuestro poder… Respetamos la vida en otros mundos, pero no nos dejaremos doblegar por ninguna raza, por muy avanzada que sea. Así que, en nombre de los kharaket, te pido amablemente que te retires de Khara y del sistema Ketenna. No vamos a respetar ninguna frontera impuesta por ningún ser, pero tampoco iremos a tu mundo, ni con intenciones hostiles ni con deseos de alianza. Esta conversación lo ha dejado claro. El comandante del ejército kharaket hizo un gesto a sus soldados y a los vehículos tanto terrestres como aéreos de que se preparasen para marcharse, eso sí, viendo como lo hacían antes los anixis. Sin embargo, no vieron ninguna prisa en estos, lo que les impacientó considerablemente. Ernu, Ikviek y el resto de soldados bajo el mando del general se le quedaron mirando, esperando órdenes. — General, ¿nos marchamos? — Uno de los soldados se acercó a su superior, observando en su expresión un evidente enfado. — ¿Marcharnos? — Plaxor se volteó hacia su soldado con el semblante muy serio — En absoluto. — ¿Qué hacemos entonces? — Ernu no comprendía porqué no iban a irse si es que la conversación no les había llevado a ninguna parte. — Demostrarles lo que les espera si salen de este maldito sistema solar — La expresión facial del general anixis le delató, al mostrar su furia contenida — ¡¡¡Abrid fuego!!! Repentinamente, la orden del general Plaxor vino precedida por él comenzando un enfrentamiento contra ese grupo de soldados kharaket y su comandante. El resto de soldados anixis siguieron la jugada de su superior, a pesar de que algunos como Ernu o Ikviek no parecían muy por la labor de realizar semejante acto. Sin embargo, la lucha ya había comenzado. Varios kharaket se vieron sorprendidos por las ráfagas de plasma provenientes de los Flasher de los anixis, cayendo fulminados al instante, mientras que los dos vehículos aéreos que monitorizaban la situación desde el aire se vieron sorprendidos por sendos disparos en sus rotores, lo que terminó precipitándoles contra el suelo. Uno de ellos cayó en mitad de la zona de conflicto, generando una explosión que acabó con varios soldados más del bando kharaket. Visiblemente aterrado y sin recursos para hacer frente a una batalla contra seres con tecnología superior, el comandante Draux tomó uno de los vehículos terrestres y junto a dos soldados más se marchó conduciendo. — ¡Señor, se escapan! — Exclamó uno de los soldados anixis, disparando contra el todoterreno. — Déjalos, el mensaje ya lo han recibido alto y claro — Plaxor sonrió al ver como se alejaba en la distancia el vehículo, en dirección a la ciudad que se oteaba en la distancia — Ahora es momento de que sus líderes lo reciban de boca de ellos. […] — Informe de la situación, general. — Esta especie se hace llamar kharaket y sus intenciones son colonizadoras, sin ninguna duda — Expresó Plaxor mediante el comunicador de enlace cuántico para comunicaciones a larga distancia espacial — Han dejado claro que no nos tienen miedo y que planean expandirse, pese al acuerdo que les he ofrecido. — ¿No ha ocurrido nada más? — No, representante superior — Akkor estaba del otro lado de la comunicación por enlace cuántico — Estamos de regreso a Ibos, en dos días llegaremos. — Entendido. En ese caso, el protocolo de primer contacto queda anulado, así se lo haré saber a los consejeros — El principal líder del Consejo Superior decidió dar el siguiente paso — Y en cuanto lleguéis, tendré un nuevo objetivo para ti y tu escuadrón. — ¿De qué objetivo estamos hablando, representante superior? — No vamos a asumir riesgos con estos… kharaket. De una forma u otra, obtendremos un acuerdo beneficioso para nuestros intereses — Akkor estaba decidido a poner en marcha un plan clásico de su especie — Pero vamos a cortarles las alas, Plaxor. Usaremos nuestra última arma de Regresión. — ¿Lo has oído? — Apoyado a un lado de la compuerta de la sala de comunicaciones, el joven anixis de nombre Ernu miraba a su compañero, con quién acababa de escuchar la conversación entre Akkor y Plaxor — Van a someterlos de un modo u otro. — Esto… esto es corrupción en estado puro… — Ikviek no daba crédito, sintiéndose utilizado y traicionado — Yo no me alisté en el ejército superior para hacerle el trabajo sucio a los altos cargos. […] El trayecto de regreso a Ibos hizo reflexionar a los nueve soldados que acompañaban al general Plaxor en esa misión para entablar un acuerdo con una nueva especie inteligente, llamada kharaket. La actuación por parte de su superior tenía muchos matices, mayormente porque su proceder siempre había sido el de alguien muy impulsivo, agresivo y con poca tolerancia, pero estos rasgos solo podían ser aumentados exponencialmente por las órdenes emitidas desde arriba, del Consejo Superior. No obstante, los soldados operativos eran conocedores de que su representante superior era quién les había enviado personalmente a Khara con el objetivo de intimidar y someter psicológicamente a sus vecinos alienígenas, algo que desconocían si había dado sus frutos, pero que sin duda intuían podía significar problemas a la larga. Sin embargo, de esos nueve soldados bajo el mando de Plaxor, solo dos de ellos consideraban que sus acciones —dirigidas por el propio general— estaban fuera de lugar para un protocolo de primer contacto. — ¿Estás seguro de esto? — Ernu observaba a su alrededor con algo de nerviosismo — Sabrán que alguien lo ha hecho. — ¿Acaso ahora te vas a echar atrás? — Su compañero, Ikviek, se hallaba realizando una serie de comandos en el puente de la nave — Debemos asegurarnos de que toda la información obtenida, las coordenadas de ese mundo y demás sean archivos corruptos para que no regresemos nunca. El soldado más veterano estaba dispuesto a borrar contenido de los archivos clasificados sobre el primer encuentro con los kharaket, con el fin de evitar que Akkor, Plaxor y en definitiva su idea de sociedad pudiese obtener demasiadas ventajas sobre sus vecinos espaciales. En cierto modo, Ikviek no lograba comprender porqué hacía aquello, poniendo en riesgo su integridad por querer proteger de cierta manera a unos alienígenas que acababa de conocer. Pero su sabotaje en los archivos estaba poniéndolo en la línea de fuego de sus superiores si lo descubrían. — Rápido, amigo, date prisa — El joven anixis estaba verdaderamente preocupado — No es nuestro turno en el puente de mando, si viene el próximo relevo… — Cierra la boca y déjame terminar. Ikviek seguía borrando diferentes aspectos en dichos archivos, como grabaciones, información planetaria y descripción de los kharaket. Sin embargo, vio como su acceso repentinamente era bloqueado por el sistema, lo que le hizo tratar de encontrar el motivo. Sin embargo, sus esfuerzos fueron en vano, pues el general Plaxor apareció en el puente de mando de la nave junto al resto de soldados operativos a su cargo, pillando infraganti a Ernu e Ikviek en su propósito de torpedear los intereses tiránicos de sus superiores. — ¿Creíais que la base de datos era accesible para todos? — El descendiente del Gran General se mostró bastante confiado, especialmente porque tenía a siete soldados armados respaldándole — ¡Malditos ineptos! ¡Esto que estáis haciendo es alta traición a la sociedad anixis! — La sociedad anixis no sabe lo que tú y el representante superior tramáis — Ernu decidió hablar por él y por su compañero, mientras éste se mostraba férreo y serio, a la espera de un conflicto — Te hemos escuchado hablando con él. Vais a hacer uso del último arma de Regresión. — ¡¿Acaso eso te afecta en algo?! ¡¿Prefieres intentar proteger a una especie inferior, la cuál acabas de conocer?! — El general anixis se aproximaba lentamente al dúo, haciendo aspavientos y mostrándose furioso — ¡Debería fusilaros aquí mismo, pero no quiero dañar los controles de la maldita nave! — Espere, señor, ¿dicen la verdad? — Uno de los soldados se dirigió a su superior — ¿Vamos a usar el arma Regresión con esos seres? — Sí, iba a contároslo próximamente — Plaxor sabía que debía evitar que sus soldados se pusiesen en su contra — El representante superior me ha dado la orden de hacerlo una vez regresemos a Ibos. — ¡Eso es una locura! — ¡Regresión es nuestra mejor baza contra una posible amenaza futura! — ¡Los kharaket no suponen un problema ahora mismo! Plaxor odiaba escuchar reproches, pero estos no hacían más que aumentar. Él creía haber elegido a diez jóvenes soldados con experiencia y deseaba hacer de ellos un grupo de élite bajo el mando de Akkor, pero viendo los valores y ética que todos parecían tener, ese plan estaba cayendo en saco roto. Ahí, su impulsividad empezó a emerger, al igual que su furia y ese deseo de que todo fuese cómo él quería o de lo contrario no sería. Sin nadie esperárselo, el general anixis alzó drásticamente su Flasher y empezó a disparar contra los siete soldados que estaban ahí para apoyarle, a excepción de los desarmados Ernu e Ikviek. — ¡¿Pero qué hace?! Ernu se tiró al suelo con las manos en la cabeza, mientras que Ikviek permaneció impasible, de pie ante su superior. Una vez los siete soldados restantes yacían sin vida en el suelo del puente de mando, acribillados a disparos plasma, el general se volteó a los dos causantes de lo que él consideraba una clara traición al orden. — Vosotros habéis sido quiénes habéis provocado esto — Murmuró Plaxor con el semblante serio, hasta que al último momento emergió una sonrisa un tanto malévola — Esta masacre ha ensuciado vuestras manos y sumado a la modificación de archivos sin consentimiento… vais a pagar un alto precio. […] Ibos Una vez cumplidos los dos días de trayecto desde Khara hasta Ibos, el general Plaxor aterrizó la nave y fue recibido por el representante superior. Ernu e Ikviek fueron encerrados por su propio general en uno de los camarotes de la nave, sin comida y sin agua, quedando lo suficientemente debilitados para que a su regreso no pudiesen oponer apenas resistencia a las autoridades que entraron a detenerlos. El general testificó que sus dos soldados fueron los causantes de la muerte de sus siete compañeros debido a que fueron descubiertos intentando boicotear los controles de la nave y sus archivos, lo cuál también le sirvió de excusa para borrar las imágenes de las cámaras del interior del navío, indicando que fue obra de los dos traidores. Una historia tan bien elaborada que convenció al Consejo Superior, el cuál creía que el grupo de exploradores había sido atacado por los kharaket en su intento por establecer un primer contacto. Todo hilaba a ojos de Akkor, que sabedor de la verdad, decidió encubrir y proteger a su general otorgándole un ascenso merecido por “lograr detener a los traidores de nuestra sociedad y obtener la información sobre el paradero de nuestros exploradores asesinados por los kharaket”. Ahora el general Plaxor pasaba a ser miembro del Consejo Superior aprovechando la vacante que dejaba uno de ellos, siendo conocido posteriormente como el “consejero de guerra” por estar siempre proponiendo ideas violentas o soluciones drásticas. El representante superior, sin embargo, sabía que debía tenerlo bien atado en corto, por lo que nunca más le volvió a mencionar la idea de un grupo de élite en el ejército superior, y así ‘los operativos’ pasó a ser algo exclusivo del propio Akkor, sin que Plaxor estuviese al corriente de lo que en otras circunstancias hubiese sido su grupo. Ni siquiera participó en la instalación del arma Regresión en algún lugar de Khara, perdiéndose de saber más sobre esos planes que Akkor le contó en su momento. Pero los que pagaron ese alto precio del que habló el general anixis fueron Ernu e Ikviek, encerrados en cárceles de procesamiento debido a que sabían lo suficiente de los planes del representante superior y del consejero de guerra como para ser exiliados a Ceti Nosea, donde la información podía ser usada como arma arrojadiza al igual que en Ibos. Con sus exilios parados hasta nuevo aviso, ambos soldados del ejército superior se vieron sometidos a una larga estancia en dichas prisiones alejadas de Vianus, donde vivían en condiciones lamentables. Akkor lo supo todo en aquel entonces: Plaxor era un eslabón fallido en la cadena de mando y se convirtió en prescindible desde aquel entonces. Un error más en sus juicios y actos y el representante superior perdería la fe en el general de su milicia, a pesar de que su sangre fría le era útil en momentos como aquel. Pero aquella misión en Khara le dio la oportunidad a Akkor de crear a un grupo de operativos bajo su mando, del cuál había decidido que solo sabría él. En ese instante, dio comienzo su verdadera tiranía en la sombra, manejando la sociedad anixis a su antojo.