Autor: Temarii Juuzou. Actividad: Días de A, B, C... K... Xutra [+18] Anime: The Apothecary Diaries Personajes: Maomao / Jinshi Advertencia: Este es un AU. O de Orquídea El centro de investigación se encontraba flotando sobre terrazas verdes, casi como una colmena de cristal. Varios paneles solares en forma de hojas cubrían los techos, capturando de esta forma la luz del amanecer mientras que pequeñas turbinas eólicas giraban con lentitud entre los jardínes verticales; desde lejos, parecía un precioso bosque suspendido en la ciudad. Por fuera, el aire siempre fresco mantenía viva a la comunidad, que disfrutaba de sus labores con dedicación y alegría; por dentro, el aire del invernadero principal era más pesado. Más húmedo. Maomao caminaba entre las hileras de orquídeas con una tableta en una mano y un pequeño bisturí botánico en la otra. Sus pasos, tan ligeros y silenciosos, ya acostumbrados al suelo cubierto de musgo cultivado, la llevaban por todo el lugar con una extraña velocidad. —Humedad setenta y tres por ciento… —murmuró para sí misma, revisando los datos de su tableta—. Fotosensibilidad estable… pigmentación nivel cuatro. Una de las flores frente a ella se abrió lentamente. Los pétalos translúcidos reflejaban la luz con un tono perlado, como si respiraran, Maomao observó el fenómeno sin emoción visible, ya acostumbrada a ese tipo de visiones. —Interesante —dijo mientras anotaba. La Orchis Aurora, el proyecto en el que llevaba meses dedicada, era una especie experimental diseñada para responder a estímulos emocionales humanos. Sus pétalos cambiaban de color, temperatura y aroma dependiendo de las feromonas y compuestos químicos liberados por quienes se acercaban. En teoría, podrían utilizarse para terapias psicológicas naturales. En práctica… Maomao sospechaba que la planta aún escondía demasiados secretos que ella deseaba descubrir antes que cualquier otro. Se inclinó para recolectar una muestra cuando una sombra cayó sobre la mesa de cultivo. No levantó la vista. —Si vienes a mirar otra vez —dijo con tono seco— al menos intenta no respirar tan fuerte sobre mis plantas. Una pequeña pausa y luego una voz suave, ya tan reconocida para ella, respondió detrás de ella. —¿Qué, acaso eres dueña del aire de este lugar? Maomao suspiró, haciendo que su flequillo se levantara de forma graciosa. Elevó un poco su mirada por sobre sus anteojos, sólo para mirarlo, aunque era claro de quién se trataba. Se acomodo su bata de laboratorio y levantó la mirada. Frente a ella, se encontraba Jinshi, apoyado contra uno de los pilares de vidrio, observando las flores con aparente interés. Llevaba la identificación del centro colgada del cuello, aunque nunca parecía estar trabajando realmente. Nunca parecía tener trabajo. —No eres botánico —dijo Maomao sin rodeos. —No. —Tampoco ingeniero ambiental. —Tampoco. —Entonces no entiendo por qué sigues apareciendo aquí. Jinshi sonrió ligeramente. —Quizá me gustan las orquídeas. Maomao lo miró de arriba abajo, evaluándolo, como si fuera otra muestra de laboratorio. Llevaban tanto tiempo en esa convivencia que se podría decir, la chica ya estaba acostumbrada a las intervenciones de su espacio personal de aquel hombre y su asistente, el cual brillaba por su ausencia ese día; pero la verdad es que, por más acostumbrada que estuviera, seguía sin comprender el interés del contrario en su solitario laboratorio. —Las visitas recreativas están en el invernadero público. Este es un proyecto de investigación. —Lo sé. —Entonces vete. Pero Jinshi no se movió, en su lugar comenzó a acercarse. En ese instante ocurrió algo: las orquídeas alrededor comenzaron a abrirse una tras otra, pétalos blancos desplegándose como pequeñas lunas. El aroma en el aire se volvió más intenso. Maomao frunció el ceño y miró las flores, no llorando entender porque aquel sujeto las alteraba tanto ¿Era acaso por esa belleza tan exótica? ¿Las flores sentían su presencia como la mayoría de las personas que rodeaban al pelimorado? No dejo de observar a Jinshi mientras se acercaba, luego a las flores, de nuevo a Jinshi. —Otra vez. —¿Hm? —Cuando te acercas —dijo ella señalando las plantas— hacen eso. Jinshi observó el fenómeno con curiosidad genuina, por primera vez se miraba interesado por su trabajo; un interés genuino y no mera curiosidad banal o simples ganas de molestar. —¿Eso es malo? —No deberían reaccionar tan rápido. El tiempo de reacción siempre ha sido lento. Maomao anotó algo en su tableta, pensativa. Busco datos e información, tratando de darle una explicación lógica a lo que estaba pasando en ese momento. —Tus niveles hormonales deben ser inusuales. —Qué halagador. —No era un halago. Una de las flores más cercanas liberó una pequeña nube de polen brillante. Maomao se apartó con velocidad y se cubrió el rostro con su manga, pero Jinshi no fue tan veloz al apartarse y comenzó a toser. Ella lo miró con los ojos entrecerrados; mentiría si dijera que no se preocupaba por esa reacción. —¿Estás enfermo? —No. —Las esporas pueden irritar las vías respiratorias. Deberías ir al médico a que te revisen. —Estoy bien, boticaria. Pero cuando volvió a hablar, su voz salió un poco más áspera. Maomao pudo darse cuenta de ello, pero lo que no pudo notar fue el pequeño pétalo blanco que cayó al suelo detrás de él. Los días siguientes solo sirvieron para confirmar la sospecha de Maomao; las orquídeas reaccionaban con mayor intensidad cuando Jinshi estaba cerca de ellas. No podía ser una simple coincidencia, tenía que haber alguna explicación lógica a todo eso. Revisó los sensores ambientales tres veces, cambió la calibración de los analizadores químicos e incluso sustituyó los filtros de ventilación del invernadero. Nada cambió. Si Jinshi entraba, las flores se abrían. Si Jinshi hablaba cerca de ellas, el aroma aumentaba. Si Jinshi se acercaba a Maomao… las plantas liberaban polen. —Esto no tiene sentido —murmuró la peliverde frente a su pantalla de datos. La Orchis Aurora estaba diseñada para reaccionar a estímulos emocionales humanos, sí, pero las respuestas debían ser colectivas, no centradas en un individuo específico. A menos que… —¿Qué estás mirando con tanta intensidad? La voz apareció detrás de ella otra vez. Maomao no se molestó en disimular su irritación. —Un problema biológico. —Suena grave. —Lo es. Giró la pantalla hacia él. La luz hizo que los preciosos ojos de Jinshi parecieran incluso más brillantes. —Tus registros de presencia. El pelimorado levantó una ceja y sonrió con una clara diversión. —¿Acaso me estás investigando? —Estoy investigando a mis plantas. Señaló el gráfico con uno de sus dedos. Jinshi lo observó: con la uña mugrosa y el dedo delgado lleno de cortes, le parecía increíble lo tan descuidada que podía llegar a ser con su cuerpo. Desvió la mirada para observar lo que en verdad debía estar viendo; cada pico de actividad floral coincidía exactamente con los momentos en los que él había entrado al invernadero, la misma Maomao había registrado sus entradas, sus salidas. Había incluido una pequeña cámara en la puerta para tener registro horario y fotográfico. —Eres una variable anómala —dijo Maomao. —Nunca nadie me había llamado así. ¿Debería sentirme halagado, boticaria? —Probablemente no, porque nadie antes había intentado cultivarte en una maceta. Aunque no dudo que muchos amarían tenerte como centro de mesa. Jinshi soltó una risa baja, pensando en una buena respuesta que hiciera irritar a la pequeña pecosa frente a él, pero cuando intentó responder, una tos lo interrumpió. Fue más fuerte que las anteriores. Se llevó una mano a la boca. Maomao observó el gesto con frialdad científica, aunque muy en el fondo si le preocupaba la salud de su compañero. —¿Ya fuiste a hacerte el chequeo que te dije? —Estoy bien. —Eso dijiste la última vez. Jinshi apartó la mano e hizo un gesto con esta misma, restándole importancia a la situación. —El polen irrita un poco, nada más. Un poco de agua y jarabe será suficiente. Maomao entrecerró los ojos. —Las esporas de esta especie no son como todas. —Entonces tal vez soy especial. Pero antes de que pudiera seguir interrogándolo, uno de los técnicos del laboratorio la llamó desde la entrada. Maomao chasqueó la lengua. —No toques nada —dijo mientras se alejaba. —Como ordene, boticaria. Cuando regresó unos minutos después, Jinshi ya no estaba. Las orquídeas también habían vuelto a su estado normal, pero algo llamó su atención. En el suelo, cerca de la mesa de cultivo, había algo pequeño y blanco. Maomao se agachó. Un pétalo. Delgado y curvado. Del mismo tono nacarado que la Orchis Aurora. Lo levantó entre los dedos y lo observó, estaba… diferente. Podía notarlo. Frunció el ceño. —Imposible. Las flores del invernadero no se desprendían con facilidad. Sus pétalos estaban diseñados para permanecer intactos durante todo el ciclo de floración, la única manera era arrancarlos con fuerza y quedaba imperfecta. No como este. Además… ese pétalo estaba húmedo. Como si hubiera estado dentro de agua. Maomao se quedó inmóvil un segundo. Luego guardó el pétalo en un tubo de muestra. —Curioso —murmuró. Esa noche decidió quedarse más tarde en el laboratorio. El invernadero estaba casi vacío cuando finalmente lo vio regresar; caminaba más despacio de lo normal. Maomao fingió estar concentrada en su análisis mientras lo observaba por el reflejo del vidrio. Jinshi se apoyó contra una de las mesas, respirando más pesado de lo normal y tosiendo en cada momento; ya no era una tos suave, se sacudía con violencia desesperado, como si necesitara expulsar algo dentro de su cuerpo. —Jinshi— Pero él ya estaba inclinado hacia adelante, tosiendo con la misma intensidad. Algo cayó al suelo. El sonido que siguió a la tos fue suave, demasiado ligero para ser sangre. Maomao se acercó rápidamente. Jinshi aún tenía la mano sobre la boca. —Estoy bien —dijo con voz ronca. Maomao lo ignoró, sus ojos estaban fijos en el suelo. Había tres pétalos idénticos al que había encontrado, al que había estado estudiando toda la tarde. Su mente hizo las conexiones en cuestión de segundos. Esporas inhaladas. Reacción biológica. Crecimiento interno. Maomao levantó la mirada lentamente, tomando de la barbilla al chico, haciendo que le viera el rostro. —Jinshi. Él sabía exactamente qué había visto. La expresión tranquila que siempre llevaba empezó a resquebrajarse apenas; parecía otro, asustado, pequeño, indefenso. Maomao hasta sintió un poco de lástima y temor por él. —No es tan dramático como parece. Maomao recogió uno de los pétalos. Aún estaba tibio. —Acabas de toser una flor —dijo con total seriedad—. Creo que sí es dramático. Y por primera vez desde que lo conocía… Jinshi no tuvo una respuesta inmediata. El invernadero se quedó en silencio. Las luces bioluminiscentes de las orquídeas brillaban suavemente entre las hojas, como pequeñas lunas suspendidas en el aire húmedo a su alrededor. Maomao se había alejado para poder observar los resultados del escáner pulmonar proyectados sobre la mesa de trabajo. Las imágenes no podían ser más claras, disipaba toda duda que Maomao pudiera tener. Pequeñas estructuras vegetales se extendían dentro de los bronquios de Jinshi, raíces finas con brotes florales. Un proceso de germinación completo dentro de un cuerpo humano. —Esto no es una simple reacción alérgica. Esto es… fascinante. Jinshi estaba sentado en el borde de la mesa, respirando más despacio de lo normal. —No es fascinante para mí. —Las esporas están germinando en tu sistema respiratorio. Encontraron una forma de aferrarse a tu cuerpo y sobrevivir. —Suena… aterrador. Maomao lo miró con ojos brillantes, una extraña emoción le iluminaba el rostro. Jinshi no pudo evitar sonrojarse. —Estás cultivando flores en los pulmones. —Ah. Jinshi soltó una pequeña risa… que terminó en otra tos. Se inclinó hacia adelante; esta vez cayeron más pétalos. Maomao los recogió antes de que tocaran el suelo.Podía estar fascinada, pero al tener a Jinshi frente a él, aparentemente sufriendo, la ponía tensa. —La germinación de esta especie necesita un detonante químico muy específico —dijo mientras analizaba uno de los pétalos. Silencio, tan solo cortado por la tos. —Estrés emocional severo. Jinshi no respondió, de todas maneras, no podía. Maomao levantó la mirada. —O… emociones reprimidas de alta intensidad. Él desvió la vista hacia las orquídeas; alrededor de ellos, varias flores comenzaron a abrirse lentamente, era casi celestial, mágico, hermoso. —Eso explica por qué reaccionan cuando estás aquí —continuó Maomao—. La planta reconoce la misma señal química. Dio un paso más cerca. —Pero hay otra variable. Jinshi la miró de reojo, sin tener la valentía de mirarla. —¿Cuál? —La enfermedad sólo progresa cuando el afectado no puede resolver la emoción que la causa. El silencio se volvió más pesado. Maomao lo observaba con esa mirada clínica que usaba para examinar sus experimentos; Jinshi comenzó a sentirse un sujeto de prueba, preguntando cuánto tiempo tardaría en pedirle que le dejase diseccionarlo, para examinar por dentro la función de aquella extraña germinación. Incluso lo considero, pensando que esa sería la forma más rápida de acabar con la incomodidad que sentía al respirar o hablar. —Así que tengo una pregunta —dijo. Jinshi cerró los ojos un momento, como si ya supiera cuál era. —¿De quién estás enamorado? No puede ser otro tipo de sentimiento, este definitivamente es de los más fuertes que siente el cuerpo humano. Las orquídeas liberaron un aroma más dulce, a la par que las mejillas de Jinshi se sonrojaban; parecía un pequeño colegial en lugar de un hombre de 28 años. —Si te lo digo —murmuró— esto podría empeorar. Maomao frunció el ceño. —Eso no tiene lógica. —Claro que la tiene. Jinshi bajó de la mesa y se acercó. Las luces de las flores dibujaban sombras suaves sobre su rostro. —Porque la persona está aquí. Maomao parpadeó. Una vez. Dos. Sus mejillas se tiñeron de un suave rojo, menos obvio que del contrario, pero existente aún así. —No seas absurdo —dijo automáticamente. Pero Jinshi ya estaba dando otro paso, acercándose cada vez más. Quedaron demasiado cerca; las orquídeas alrededor comenzaron a abrirse todas al mismo tiempo. La chica no pudo negar lo evidente, lo que siempre supo y simplemente se negaba a admitirse. —Maomao —dijo él en voz baja—, estoy enamorado de ti. Ella sintió el cambio en el aire, el cómo la química de las flores reaccionaban a su alrededor, generando un ambiente intenso entre ambos. —He pasado meses viniendo aquí —continuó Jinshi—. No por el proyecto, incluso si debo supervisarlo. Tampoco vengo por las plantas. Vengo a diario, por ti. El corazón de Maomao dio un golpe extraño contra su pecho. No era una reacción que estuviera acostumbrada, pero tampoco le molestaba. Jinshi era hermoso, el hombre más atractivo en toda la ciudad; con una belleza andrógina y exótica, no había hombre o mujer que no quisiera llamar su atención y ahora, ella, la boticaria más insignificante, tenía toda la atención de él para ella. Bueno, en realidad, siempre la había tenido. —Bien. Jinshi sonrió débilmente, ni siquiera oculto que aquellas palabras le habían dolido. No esperaba la gran cosa o una confesión igualitaria, pero tampoco podía soportar un monosílabo que podría significar cualquier cosa. —¿Solo eso vas a decir? Otra tos lo interrumpió, más pétalos salieron de su boca, pero esta vez, entre ellos. Maomao los observó con una expresión distinta en el rostro. Levantó su mirada y sostuvo un largo rato la de Jinshi; por primera vez no parecía completamente segura de qué hacer, por más determinada que se viera en ese momento. —Si el amor no es correspondido —dijo ella lentamente— las raíces seguirán creciendo. —Lo sé. —Eventualmente perforarán el tejido pulmonar. —Supongo que sí. —Podrías morir. Jinshi sostuvo su mirada, jamás la desvió. —Es posible. El aroma de las orquídeas era casi embriagador en ese momento. Maomao sintió algo extraño en el pecho, pero era una sensación que había sentido ya varias veces, solo decidía ignorarlo y centrarse en su trabajo, creyendo imposible poder mitigar sus sentimientos. Ahora se daba cuenta que tan imposible, no era. —Eres un idiota —dijo finalmente. Jinshi soltó una risa suave. Se dio cuenta que la única razón por la que seguía ahí, era que realmente no había otro lugar a donde escapar; si Maomao le correspondía o no, morir frente a ella sería el único consuelo que le quedaría. Estaba enamorado porque era única, especial y le miraba distinto, no como un ser hermoso, inalcanzable, si no como lo que era, una persona. —Eso también lo sé. Ella lo observó un momento más, se sacó los anteojos y se acercó con firmeza. Las flores alrededor liberaron una nube ligera de polen luminoso, reaccionando a ella y no a él. —Esto sería una hipótesis no comprobada —murmuró Maomao. —¿Cuál? Ella lo miró directo a los ojos. Jinshi parpadeo, nervioso al tenerla tan cerca. —Que la reacción puede revertirse si el estímulo emocional cambia. Jinshi levantó una ceja, sin terminar de comprender lo que Maomao pensaba en ese momento; también por eso le gustaba, cuando quería, podía ser atrevida. Directa. —¿Estás hablando como boticaria o como— Maomao no lo dejó terminar. Se inclinó y lo besó. No fue delicada, fue un beso rápido, intenso; sus manos apretaron las suaves mejillas del contrario y su lengua exploró la cavidad contraria con una necesidad feroz, casi descontrolada. Ni siquiera se dio cuenta de que había terminado por empujar a Jinshi hasta que su cadera golpeó contra una mesa de metal, regando algunos papeles al suelo. El aroma de las orquídeas explotó en el aire, llenando el invernadero de un embriagador olor a la par que las flores se abrían completamente. Ambos se sintieron mareados, embriagados por el momento. Jinshi se sacó la bata y arrancó la contraria con un poco de violencia, separándose de los labios ajenos por unos segundos; los lentes de Maomao salieron volando, pero no importaba en ese momento. La chica llevó su mano a la nuca del contrario y dejó que sus dedos se enredaron en el suave cabello ajeno, sus frentes se juntaron y ambos respiraron hondo, sintiendo en embriagador aroma hacerlos marear; Jinshi tomo del cabello a Maomao y la jaló hacia atrás, besando el cuello de la chica, lamiendo y disfrutando de la piel ajena: suave, dulce. Maomao cerró los ojos, sus manos viajaron por debajo de la camisa de Jinshi, acariciando con sus ásperos dedos el vientre fuerte del contrario, disfrutando de la suavidad, de la firmeza. Ella bajaba más sus manos, él bajaba más su boca. Se alejaron un poco para mirarse a los ojos, un claro consentimiento para continuar por ambas partes. El pelimordo la tomo por las caderas para subirla a la mesa, quizá con más violencia de la necesaria, pero ninguno mencionó nada; estaban demasiado ocupados explorando sus bocas como para que les importara el tubo de ensayo que acababan de romper. O que el laboratorio es de cristal y lo único que los cubriría en ese momento era que nadie chismoso decidiera mirar directo al invernadero colgante lleno de plantas. Maomao tomó la mano de Jinshi yla llevó hasta su pecho, este, con una timidez que no quedaba para la situación en la que se encontraban, la acarició, como si fuera algo nuevo a lo que tener cuidado, algo que debía disfrutar. No se quiso alejar de la boca ajena mientras sus dedos disfrutaban del tacto contra la tela, pero cuando se sintió con la iniciativa de meter la mano bajo las ropas de la chica, una alarma sonó. Cuando la chica se separó, ambos tratando de recuperar el aire, lo observó con la misma intensidad con la que estudiaba sus plantas, con un brillo intenso en la mirada. Ni siquiera fue a revisar la alarma, no era importante en ese momento. —Ahora veremos si funciona. Jinshi la miró sorprendido, sonriendo de forma genuina, emocionado. No volvió a toser en todo el día y, después de ese beso, ningún pétalo volvió a crecer.