Autor: Temarii Juuzou. Actividad: Días de A, B, C... K... Xutra [+18] Anime: Beastars Personajes: Juno / Louis Advertencia: No es tan explícito, no encontré otra etiqueta. NO soy furra, encontré un edit y la idea vino sola ¿okey? Okey... N de Noche Juno se sentía molesta e incluso algo sucia por lo que hacía, pero no podía evitarlo. Era como si su cuerpo le pidiera a gritos ver a Louis y sus piernas por sí solas comenzaban a moverse hasta hacerla llegar al mismo hotel cada 3, 13 y 23 del mes. ¿Era especial la fecha? No, solo… comenzaron así: cada diez días, sin falta, con algunas excepciones, porque la vida adulta a veces les obligaba a estar lejos de la ciudad o sus propias familias les complicaban la escapada. Pero siempre era en esos días. Soltó un suspiro y dejó el auto en manos del valet de aquel maravilloso hotel. Ya era casi como algo suyo: lejos de ambos hogares, un sitio donde ni su pareja ni la esposa de Louis irían, algo solo para ellos dos. Aquel pequeño secreto llevaba existiendo desde un mes después de la boda de Louis. Ella salía de la universidad cuando un hermoso auto lujoso llegó a recogerla; aquella noche no había pasado nada, pero el ciervo definitivamente dejó algo en claro: la maldición que la loba le había impuesto no lo dejaba disfrutar su nueva vida, no le permitía seguir con sus responsabilidades. Besar a su esposa era insoportable y, aunque ésta sabía que Louis no la amaba y jamás podría hacerlo, la situación familiar se volvía tan incómoda que la adicción al trabajo comenzaba a consumirlo. Juno recordaba perfectamente las palabras que la hicieron comenzar aquella relación secreta: —Si no eres tú, no me siento completo. Y así comenzaron. Primero fueron cenas nocturnas después de clase, cada diez días. El ciervo iba sin falta por Juno y la llevaba a buenos restaurantes, privados y exclusivos, porque no dejaba de ser una figura pública con un compromiso que honrar; y ella tan solo era una loba universitaria de la mejor escuela de artes escénicas. Después, esas cenas en restaurantes exclusivos se transformaron en encuentros en hoteles, donde simplemente disfrutaban pasar el rato juntos, con charlas largas de sus vidas y miradas intensas, sin llegar a nada… hasta que una noche volvieron a besarse. Después de años, sus labios se habían encontrado nuevamente. Fue así como Louis confirmó algo que ya sabía: los colmillos de un carnívoro no tenían comparación. Besar a Juno era… inexplicable. Solo podía describirlo como una sensación embriagante que le llenaba el cuerpo de adrenalina y le pedía más y más. Por su lado, Juno disfrutaba del tacto suave en la boca del ciervo. Sentir la lengua ajena recorrer la suya y las manos sin garras acariciar su cuerpo la hacía desfallecer. La puerta de la suite se abrió con suavidad. Junto entró; llevaba puesto ropa casual, un blazer café y unos pantalones a la moda, nada llamativo, nada atractivo y eso, era parte de la esencia que lograba enloquecer al ciervo. No necesitaba ropa llamativa para sobresalir, su sola presencia y belleza eran suficientes para eso. Juno parpadeo ajustando sus ojos a la luz de las velas de la habitación, apenas había tenido que empujar la puerta para encontrarse con la escena que Louis preparaba cada vez que la esperaba allí; la iluminación era tenue, cálida, como si el tiempo dentro de esa habitación pasara más lento. Sobre la mesa, cerca del ventanal, se encontraban las mismas velas encendidas, un arreglo de flores y una cena que aún soltaba un ligero vapor. Louis estaba de pie junto a la mesa, vestido con un lujoso y elegante traje, la pierna cruzada y una sonrisa de superioridad en el rostro. Cuando sus miradas chocaron, los ojos de este brillaron, lo cual hizo que las piernas de la loba flaquearan un poco al acercarse. —Llegaste. —Siempre lo hago. Louis se acercó para ayudarla a quitarse el abrigo y lo dejó sobre una silla. Sus dedos rozaron apenas los hombros de la loba, un gesto pequeño, pero cargado de una familiaridad que ninguno de los dos se permitía fuera de ese lugar, transmitiendo a ambos una corriente eléctrica que les recorrió todo el cuerpo. La cena comenzó en cuanto Juno tomó asiento. Hablaron de lo de siempre, de trivialidades que parecían importantes solo porque estaban juntos, cosas que tranquilamente hablarían en un día normal, encontrándose en una casa que, en un mundo distinto, estarían compartiendo juntos. Juno le contó sobre la obra de teatro para la que había sido elegida, una producción grande, con un director famoso que llevaba años buscando el elenco adecuado. Louis escuchaba con atención genuina, los ojos le brillaban con orgullo. —Sabía que iba a pasar —dijo mientras servía el vino en dos copas de cristal—. No podían ignorarte para siempre, tienes talento. —No exageres. —Nunca lo hago, siempre soy sincero. El vino era oscuro y elegante, el mejor de la cava. Louis levantó su copa. —Por tu éxito. Juno chocó la suya con suavidad, pero no bebió. Louis sí. La conversación continuó un rato más. Hablaron de la industria, de algunos actores que Juno había conocido durante el rodaje de la serie que la volvió popular, incluso el ciervo se dio el lujo de preguntar algún chismecillo durante sus días de rodaje que hubiera pasado por alto en sus últimas visitas e hizo un par de comentarios sarcásticos que lograron arrancarle una risa. Después, casi como si fuera un pensamiento suelto, Juno preguntó: —¿Has visto a Legoshi últimamente? Louis se sorprendió un poco, pero asintió. —Hace poco. Bebió un poco más de vino antes de continuar. —Fui a visitarlo. Su hija… —hizo una pequeña pausa, buscando las palabras—. Es bastante bonita para tener una apariencia tan… particular. Juno sonrió con sinceridad. —Me alegra que estén bien. Sus dedos giraban suavemente la copa frente a ella. Sintió la misma envidia que cuando estaba en primer año, cuando su corazón le pertenecía a Legoshi en lugar de Louis, pero de una forma diferente; ya no añoraba ser Haru por haberse casado con quien fue su primer amor, lograr tener un hogar y una familia, para nada, incluso estaba feliz por ellos; ahora, su envidia era más por lo que tenía, ese vínculo interespecie que ella jamás podría tocar con Louis, es familia… El vino seguía intacto. Louis lo notó, así como también notó que el plato de Juno apenas había sido tocado. El ciervo apoyó el codo sobre la mesa, observándola con más atención. —¿Y tu famoso coprotagonista? Juno levantó la mirada. —¿Qué? —Ese… lobo, el de la serie. El chico misterioso que sale contigo en las revistas. Ella soltó una pequeña risa nerviosa. —Ah… eso. Sus orejas se movieron ligeramente hacia atrás, su cola se mantuvo tiesa. —Al principio era solo publicidad. Ya sabes cómo funciona la industria, los protagonistas ya se encontraban en relaciones y… los solteros éramos nosotros. —¿Y ahora? Juno dudó, pero a ese punto de su vida y de su relación, era estúpido ocultarle o mentirle a Louis. —Ahora… supongo que se está volviendo real. Es agradable, atractivo, mis padres creen que es un buen prospecto. Louis la observó unos segundos en silencio, apoyando lentamente su copa sobre la mesa. No contestó, no había necesidad porque no le interesaba la nueva relación de Juno, es más, hasta cierto punto le molestaba y la única razón por la que logró mantener sus celos al margen era ese anillo que guardaba en la guantera de su auto; no tenía derecho a reclamar nada. —Estás muy callada hoy. Juno no respondió. —Y rígida —añadió él. Sus ojos se suavizaron apenas. —¿Esto será todo? La loba levantó la mirada de golpe. —¿Qué? —Nuestra relación —dijo Louis con una calma que parecía demasiado ensayada, Juno se sintió transportada al pasado, cuando Louis actuaba de forma extraordinaria y lograba que el escenario se volviera totalmente suyo—. Supongo que tarde o temprano tenía que pasar. Juno lo miró en silencio durante unos segundos y luego negó lentamente. —Nuestra relación terminó hace años, Louis. —El ciervo frunció ligeramente el ceño, pero no dijo nada, esperó a que la loba continuara hablando—. En aquel vagón del metro. La habitación quedó en silencio, solo se escuchaba el leve crepitar de las velas. Juno bajó la mirada hacia su copa una vez más, deseando poder escapar con tan solo desearlo. El corazón comenzó a dolerle. —Estoy embarazada. El aire comenzó a volverse más pesado entre ellos; Louis no dijo nada ni se movió. Juno continuó, con la voz más baja. —Es tuyo. Louis cerró los ojos por un segundo. No estaba molesto, ni decepcionado; podría incluso admitir que aquella noticia le alegró por un momento: la imagen de Juno cargando a su bebé le hizo querer abrazarla y llenarla de todos los caprichos del mundo, pero tan solo fue un impulso momentáneo. Estaba casado, su responsabilidad de descendencia aun no estaba completa y tener un hijo con su “amante” sería inaceptable. La imagen de un pequeño lobo con rasgos suaves le vino a la mente, la pequeña bebé de Haru tomando su mano, riendo… la sola idea de ser él, junto a Juno, quienes pudieran disfrutar de un lobo con rasgos suaves o un ciervo con colmillos le emocionó. Pero solo eran ideas imaginación. —Juno… —No puede ser de nadie más —dijo ella rápidamente—. Mi relación con él… con ese lobo… apenas empezó de verdad. No nos hemos acostado. Sus dedos se cerraron con fuerza alrededor de la copa. —Porque no puedo dejar de amarte. El silencio volvió a instalarse entre ellos. Louis sonrió, porque Juno siempre dice lo que piensa y es le encanta; finalmente se levantó de la mesa y caminó hasta el ventanal, mirando la ciudad extendida bajo las luces de la noche. Tan hermosa y majestuosa, suya de quererlo. Un futuro Beastar con una amante loba y un hijo híbrido… —Siempre supe que algún día esto nos alcanzaría —murmuró. Juno se puso de pie también, tan deprisa que la silla cayó al suelo; se acercó. —No vine a pedirte nada. No lo necesito... yo no se siquiera si... No terminó de hablar. Ambos sintieron un nudo en sus gargantas y un dolor en el corazón, casi como si estuvieran sincronizados. Louis giró la cabeza ligeramente. Por eso la amaba tanto, no era tonta, no era común. Sabía jugar sus cartas a su favor y vivía con libertad, con valentía. Se enorgullecía de ser una carnívora y no le pedía permiso ni perdón a nadie por sus acciones, actuaba después de pensar. ´No tenía que decirle o explicarle nada, sabía que haría lo correcto. Para ambos. —Lo sé. —No voy a cortar mis oportunidades en este momento de mi vida y tampoco voy a pedirte que dejes la tuya. Lo hice hace años y no voy a volver a vivir la misma humillación de antes, ya no soy una niña enamorada. El ciervo soltó una risa breve, cansada. Lo agradeció, porque si en ese momento ella le pedía dejar todo por comenzar desde cero juntos… no le importaba ni como, ni donde, era capaz de hacerlo. —Juno… Se giró completamente hacia ella. Tan cerca. Siempre le pareció increíble cómo, aún siendo herbívoro, la altura de Juno seguía siendo baja a su lado. le beso con ternura la frente y la tomó de las caderas, aguantando el estúpido impulso de tocar su vientre. “Nunca he tenido una vida que elegir.” Pensó mientras ambos se miraban en silencio durante varios segundos. Luego Louis se acercó, sin prisa alguna. La abrazó con cuidado, como si memorizar ese momento fuera lo único importante; no hablaron más aquella noche. La cena se enfrió sobre la mesa y las velas se consumieron lentamente, mientras las manos de Louis le acariciaba con delicadeza; Juno siempre disfrutaba de eso, el como el ciervo se dedicaba a disfrutar del pelaje ajeno, como enredaba sus dedos en este y lo olfateaba. Por su parte, Louis amaba como las garras de Juno le acariciaban con lentitud su pecho bajando lentamente. Podrían haber tenido intimidad varias veces en el pasado, pero siempre era distinto; la piel, las garras, las manos, los colmillos, las astas, todo era igual, pero lo que sentían, lo que hacían, de alguna manera lograba que se sintiera diferente cada vez. No era un sexo salvaje con fetiches extraños o pasión descontrolada, tan solo un herbívoro disfrutando entre los brazos de una carnívora, dejándose llevar por sus sentimientos con esa incertidumbre que siempre les envolvía ¿Acaso será hoy el día en que los instintos le ganen al amor, al deseo? Pero eso nunca pasaba, Juno jamás quiso comerse a Louis y jamás querría, porque su corazón y su cuerpo solo anhelaban poseerlo de una forma que jamás podría; devorar sería romper esa barrera y poder hacerlo suyo por siempre y eso era impensable. Lo amaba tanto como para no ser egoísta y no querer privarlo de su vida, de su libertad. La noche terminó con ellos, totalmente desnudos, pelaje contra pelaje, entre las finas sábanas de seda y el dulce aroma de las velas ya extintas. Juno acariciaba con su propia pierna la prótesis de Louis, disfrutando del metal por… última vez. Y, para cuando la madrugada comenzó a filtrarse por las cortinas, ambos sabían que ese era un adiós. Antes de irse, Juno se detuvo en la puerta; Louis seguía de pie junto al ventanal, acomodando la camisa. —Cuídate —dijo él sin voltearse. Juno sintió que algo se quebraba dentro de su pecho. Si tan solo… pero no. Si Louis hubiera sido un lobo o si ella hubiera nacido cierva, jamás se hubiera fijado el uno en el otro; serían dos seres coexistiendo en el mismo mundo, sin necesidad de encontrarse. —Igual tu. Abrió la puerta. El ciervo cerró los ojos, no podía ni verla irse por el reflejo de la ventana, sabía que sus instintos le harían correr hacia ella, pedirle que al menos terminará con su vida en ese instante, porque sin ella todo sería más difícil, más… infeliz. Pero no podría condenarla, ni ser egoísta y arruinar su vida solo por no querer alejarse. La puerta se cerró con suavidad. Y por primera vez en muchos años, el calendario ya no tendría sentido para ninguno de los dos.