Ciencia ficción Operación Velo

Tema en 'Novelas' iniciado por Manuvalk, 13 Marzo 2026 a las 1:25 PM.

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    Manuvalk

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    Operación Velo
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    Ciencia Ficción
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    Bienvenidos/as a la primera historia secundaria de Los Viajeros Vol. 2, la cual se titula 'Operación Velo' y contará la historia de cómo se conocieron los kharaket y los anixis, con el fin de aportar más trasfondo a la propia historia. En mi blog encontraréis los links a las guías y a las partes en las que está dividida la historia.

    Como siempre, quiero agradecer a mi gran amigo Reydelaperdicion por no perderse ninguna actualización de este universo ficticio. Su presencia y comentarios significan mucho para mi y espero que sigan ahí por mucho tiempo. Espero que tanto él como el resto que lleguéis aquí, disfrutéis de la lectura y os intereséis por la trama.




    Sinopsis: Esta historia secundaria de Los Viajeros Vol. 2 está ambientada casi cien años atrás de los sucesos ocurridos, donde veremos qué ocurrió entre los anixis y los kharaket para llegar a la situación actual, con el propósito de dar más contexto y profundizar en la historia que comparten ambas especies.







    Táctica operativa



    La llegada de la emisaria Ziba puso en alerta a todo el Consejo Superior, pues la anixis traía consigo una información lo suficientemente importante como para que se ordenase una asamblea de urgencia en la sala habilitada para ello, en la Casa Superior.

    Cuando la nave individual de la emisaria advirtió de su regreso y aterrizó en un lugar alejado de la gran ciudad de Vianus, la recibieron soldados del ejército superior, quiénes la llevaron directamente hacia esa reunión que estaba por darse entre los máximos mandatarios de la sociedad anixis que colonizó Ibos.

    Su mensaje críptico y misterioso por el enlace comunicativo cuando estaba próxima al planeta, “hay algo inteligente en el sistema vecino”, provocó cierto pánico y curiosidad —ambas al mismo tiempo— entre los líderes anixis, que mantenían la información proporcionada por los diferentes emisarios que enviaban a distintas ubicaciones del espacio exterior próximo como algo privado, sin que la ciudadanía fuese consciente de esos datos hasta su posterior verificación de que no había peligro para la colonia.

    — Por favor, acompáñenos.

    Uno de los dos guardias que vigilaban los accesos a la Casa Superior le indicó a la emisaria recién llegada a Ibos que caminase junto a ellos en dirección a la sala de asambleas, una vez los soldados la entregaron en el lugar mientras se hacían cargo de su nave de exploración.

    El silencio en los pasillos era quebrantado por el sonido de los pasos asíncronos de los tres anixis que avanzaban aceleradamente. Ziba observó los apenas imperceptibles cambios que había tenido el lugar, siendo una excepción el pasillo por el que caminaba, donde se podían apreciar colgados en las paredes varios cuadros de aquellos jóvenes emisarios que estaban de misión en el espacio exterior, como recordatorio para los alumnos más infantiles que deseaban partir algún día a otros lugares del universo para encontrar u obtener información beneficiosa para la sociedad anixis.

    Uno de esos cuadros hacía mención a un emisario llamado Eeron, al cuál ella conocía, intrigada por no saber hacia dónde había sido enviado.

    — Aquí es — Musitó uno de los dos guardias, dispuesto a abrirle las puertas.

    — Bienvenida de vuelta, Ziba — Dijo el otro guardia con cortesía.

    — Muchas gracias.

    Los dos guardias abrieron ambos portones de la sala de asambleas y dieron vía libre a la emisaria para que entrase en la cúpula habilitada para reuniones del Consejo Superior, el organismo encargado de tomar las decisiones respecto al futuro de la sociedad en Ibos.

    La anixis acalló la conversación que ya se estaba dando entre los cinco consejeros, quiénes mantuvieron silencio al acto y prestaron atención a la entrada de Ziba, que se posicionó ante la mesa redonda, recibiendo el permiso de parte del representante superior para que tomase asiento.

    — Primero que nada, bienvenida de vuelta — Esas fueron las palabras que le dirigió Akkor, máxima autoridad y líder principal del Consejo Superior — Somos conscientes de que tu regreso en un periodo corto de tiempo solo se puede deber a algo muy importante para la estabilidad de nuestra sociedad, así que tienes la libertad y obligación moral de revelarnos todo lo que hayas visto ahí fuera.

    — Gracias, representante superior — La emisaria asintió con educación, dispuesta a contar lo que había vivido — Como bien saben todos los consejeros, mi misión era la de realizar un reconocimiento exhaustivo del sistema vecino, aún por descubrir, con el propósito de obtener cualquier beneficio para nuestra sociedad. Bueno, se trata de un sistema muy llamativo, con un planeta helado de condiciones extremas, otro mundo sin eje rotatorio pero con una línea en el ecuador que alberga un tipo de insecto, un gigante gaseoso con una fuerza gravitacional considerable y un último planeta en la zona habitable. En ese mismo mundo es en el que me he aventurado, ya que descubrí satélites artificiales orbitándolo.

    — ¿Satélites? — Uno de los consejeros intervino en la explicación de la emisaria, mostrándose preocupado — ¿Estamos hablando de una especie inteligente con capacidad para operar en el espacio?

    — Parece evidente que sí — Akkor se dirigió a su compañero de cámara — Déjala acabar antes de hablar.

    — Sí, disculpad.

    — Logré burlarlos porque eran satélites meteorológicos según mis análisis, pero eso me hizo confirmar que hay una especie inteligente detrás, ya que hay una red de estos que no solo operan en dicho mundo sino en los demás del sistema — Esta revelación de Ziba sorprendió y preocupó a los consejeros — Así, decidí adentrarme en dicho planeta y no solo evaluar las condiciones climáticas, las cuáles lo hacen apto para la vida basada en el carbono como la nuestra, sino también observar de cerca a su especie autóctona. Efectivamente, tengo archivos en mi nave de exploración con imágenes, grabaciones y demás que seguro podrán encontrar interesantes. Pero, en definitiva, allí habita una especie inteligente.

    — ¿Y cómo son? — Otro de los consejeros decidió dar rienda suelta a sus dudas — ¿Parecen peligrosos?

    — ¿Les has visto en posesión de alguna tecnología más avanzada que esos simples satélites meteorológicos?

    — Viven en diferentes ciudades, un tanto aisladas entre sí, pero conectadas mediante vehículos aéreos similares a los nuestros — Dijo la anixis, que contaba lo que recordaba haber visto, ya que el grueso de la información estaba en la base de datos de su nave de exploración, la cual se hallaba en poder del ejército superior para su descontaminación y procesamiento — Poseen un gobierno, algún tipo de economía y parece que ha sido recientemente cuando se han lanzado al espacio. No he visto naves avanzadas ni un poderío armamentístico alarmante, pero no puedo afirmarlo.

    — Entendido, emisaria Ziba, muchas gracias por tu aporte — El representante superior dio por terminada la exposición de la anixis — Ve a descansar, nosotros evaluaremos qué hacer con esa información y la que nos haga llegar el general Plaxor y sus soldados.

    Ziba asintió e incluso hizo una pequeña reverencia mientras se dirigía a la salida de la sala, acompañada por esos dos guardias que la guiaron hasta ella. Cuando las puertas se volvieron a cerrar, el debate entre los consejeros volvió a emerger como una efervescencia.

    — A falta de más datos que el ejército superior extraiga de la nave de exploración de la emisaria, es un hecho que tenemos una especie inteligente como vecina — Recalcó uno de los consejeros, el más joven de todos — Y como tal, según la Constitución Superior, debemos establecer un protocolo de primer contacto.

    — Cierto, consejero Valtin, pero no nos precipitemos en esto — Otro de los consejeros se inclinó hacia delante en la mesa — No sabemos si estos seres son hostiles, tienen complejo de conquistadores o si incluso son Veerham al servicio de Mente Colmena.

    — ¿Mente Colmena? — Uno de ellos pareció sentirse ofendido — ¡Deja de alucinar, esa bacteria la hemos dejado a cincuenta años luz de nosotros! ¡Ni siquiera nos ha podido seguir la pista!

    — ¡Pero lo puede hacer, maldita sea! — Protestó otro — ¡No seamos ingenuos, hay que explorar todas las posibilidades y no decantarse por una!

    — ¡Cálmense, consejeros! — La voz autoritaria de Akkor fue suficiente para apaciguar el debate que se había tornado en discusión rápidamente — Incluso con la información de la emisaria Ziba, sigue siendo insuficiente. Estoy a favor del consejero Valtin; deberíamos dar inicio al protocolo de primer contacto. Por ende, solicito una rápida votación entre los presentes para enviar un grupo de exploración a ese mundo, en un intento por conocer a nuestros vecinos.

    Ninguno de los consejeros quiso rebatir la propuesta del representante superior, la cual era tenida muy en cuenta siempre, pues el veterano líder de la sociedad anixis era visto como la excelencia personificada.

    Aquellos que accedían a ese plan debían alzar una de sus manos y mantenerla ahí, mientras quiénes se negaran o se abstuvieran simplemente debían mantener sus manos sobre la mesa. La votación dio comienzo inmediatamente, viéndose que a excepción de un consejero —aquel que temía tener Veerham en el sistema vecino—, el resto apoyaba la propuesta del representante superior de enviar exploradores a dicho mundo.

    — Cuatro votos a uno — Informó Akkor al resto del Consejo — Propuesta en marcha. Podemos disolver la asamblea de hoy.

    — Representante superior — Valtin rompió con el protocolo de marcharse, haciendo que el resto se quedase en sus asientos — ¿No considera que deberíamos advertir de este hallazgo a la población? Creo que hacerles saber que tenemos un posible aliado a nuestro lado…

    — ¿Aliado? ¿Qué te hace pensar que vayan a serlo?

    — ¿E infundir el pánico en algunos ciudadanos? — Otro de los consejeros se negó rotundamente — ¡Estás loco, muchacho!

    — Este tipo era ingeniero hace dos días y ahora ya se cree en potestad de proponer según qué cosas…

    — Entiendo tu postura, consejero Valtin — El representante superior lanzó una mirada de disconformidad con el resto de los consejeros — Pero vayamos paso a paso. Primero, necesitamos un primer contacto exitoso y productivo. Posteriormente, si las relaciones diplomáticas avanzan por el buen sendero, se informará a los ciudadanos sobre este suceso. Mientras tanto, esto queda entre el Consejo Superior y la emisaria, artífice del descubrimiento. ¿Entendido?

    Valtin asintió algo apenado, ya que él consideraba que se debía advertir a la población de cualquier hallazgo, fuese lo que fuese, pues todo influía en el devenir de los acontecimientos. Sin embargo, Akkor respiraba aliviado al ver que el resto de consejeros le apoyaba en ese caso, pues él no planeaba informar del descubrimiento de una especie inteligente tan cerca, ya que primero quería cercionarse de que no era una amenaza y después, obtener algún tipo de beneficio o ventaja a costa de estos seres desconocidos.

    En cuanto los consejeros abandonaron la sala de asambleas, el principal líder de la sociedad anixis tomó su comunicador privado y contactó directamente con alguien de su confianza.

    — General Plaxor, ven cuanto antes a mi sala privada — Le indicó Akkor con absoluta seriedad — Tengo un encargo para ti y tu unidad especial.

    — Recibido, representante superior. Estoy de camino.

    […]

    — Debería ir.

    La emisaria no comprendía cómo es que no había sido llamada a formar parte del grupo de exploración que partiría en breve hacia el planeta donde la propia anixis había avistado a seres inteligentes. Su frustración era tal que se dirigió al representante superior en persona, quién no dudó en atenderla tras haberlo hecho el día anterior en su llegada a Ibos tras la misión de reconocimiento que hizo.

    — Entiendo tu interés en formar parte del primer contacto, pero tú ya has hecho tu parte del trabajo, ahora les toca a otros — Akkor trató de ser conciliador y expresarse con tacto — Ser emisario es una cosa; entablar un primer contacto es otra completamente diferente. Un mal paso y podemos tener un enemigo en nuestras puertas.

    — Ser emisaria y estar en un primer contacto tienen algo en común, la exploración espacial — Ziba no se daba por vencida — Y yo me manejo de ambas, para eso me he formado.

    — Como te he dicho, no vas a formar parte de la misión — El principal líder anixis veía que la emisaria empezaba a incomodarlo — Te ruego que no insistas, tú ya has cumplido y corresponde a otros el entablar contacto con esa especie.

    — ¡Esto es…!

    — Tranquila, Ziba, se te asignará una nueva misión en los próximos meses. Por ahora, relájate y disfruta de tu estancia en Ibos, observa qué cosas han cambiado durante el tiempo que no has estado, visita a tus padres…

    Visiblemente indignada con esa decisión, Ziba se marchó de la sala personal del representante superior, viendo que su insistencia no obtenía los frutos esperados. Mientras la veía marchar, Akkor lanzó un suspiro de alivio a la vez que pensaba en el selecto grupo de exploradores que irían a entablar un primer contacto con esa especie desconocida y recientemente descubierta.

    En una nave diseñada por el antaño ingeniero y ahora consejero Valtin —que era un prodigio en cuanto al diseño y creación de naves avanzadas para el ejército superior y los emisarios—, se encontraba un grupo de diez exploradores con el objetivo de conocer a esos seres inteligentes que habitaban el sistema vecino.

    No obstante, una vez las compuertas de la nave se cerraron en el muelle de atraque de una pequeña estación orbital en las proximidades de Ibos, este grupo desveló su verdadera naturaleza. No eran meros exploradores sino más bien soldados del ejército superior que operaban recientemente bajo el amparo de Akkor y en la sombra de la ley.

    Una división del ejército que apenas había arrancado y que solo conocían esos diez soldados presentes, inmiscuidos en una nueva tarea.

    — Bien, cascos fuera — Ordenó el general Plaxor, viendo como los nueve soldados restantes bajo su mando obedecían — Ya no hay que disimular más de cara a los trabajadores del hangar. Estamos solos en esta nave.

    — General, ¿va a contarnos ahora en qué consiste esta misión? — Preguntó uno de los soldados, bastante joven a diferencia del resto.

    — Tranquilízate, novato — El descendiente del Gran General se aproximó a su soldado con una media sonrisa — Te escogí para esta división por tu coraje, pero me pregunto si la inexperiencia te puede penalizar. Haciendo esa serie de preguntas, diría que sí.

    — Disculpe, general — Asintió arrepentido el joven anixis — Solo quería saber en qué consiste este despliegue, ya que estamos en una nave e intuyo que la misión será extraplanetaria y extraoficial.

    Algunos de sus compañeros empezaron a reírse brevemente, especialmente al ver la reacción de burla que Plaxor tenía en su rostro.

    — ¡Claro que sí, Ernu! ¡Es justo eso, chico listo! — El general empezó a aplaudir efusivamente durante diez segundos — En fin… Soldado, a tu superior jamás se le pregunta por el objetivo de la misión. Ya se te darán las órdenes a ejecutar y tu superior ya se encargará de dar la información pertinente, ¿entendido?

    — Sí, señor.

    — Perfecto. ¡¿Alguien tiene alguna pregunta más?!

    Ninguno de los ocho soldados restantes articuló palabra alguna, confirmando las sospechas de Plaxor: nadie tenía más preguntas. Entonces, el general empezó a andar lentamente de un lado a otro de la sala, la zona de acceso al interior de la nave, que servía como área para salir y a su vez como almacén de suministros tecnológicos esenciales para la misión.

    Precisamente, cuatro cajas metálicas de gran tamaño captaban la atención de todos, aunque nadie sabía su contenido ni para qué estaban allí. El semblante serio del general mantenía a los soldados firmes y nerviosos, algunos más que otros, a la espera de ver qué tenía que decirles su superior, quién estaría presente en dicha misión.

    — Ayer, supimos que uno de nuestros emisarios descubrió algo llamativo en nuestro sistema vecino, mientras se disponía a cartografiarlo y obtener información sobre el — Empezó narrando Plaxor, para poner en contexto a su equipo — Al parecer, una especie inteligente habita uno de los planetas y tiene satélites en los demás, lo que implica un potencial desarrollo de formación tecnológica avanzada.

    — ¿Qué significa eso, general? — Uno de los soldados se aventuró a preguntar, a pesar de que no era algo del agrado de su superior.

    — ¡Si cierras la boca, te lo contaré!

    La exclamación repentina de Plaxor volvió a silenciar nuevamente al escuadrón de soldados. Con muy poca paciencia para tolerar preguntas que él consideraba ingenuas, el general retomó su explicación con evidente enfado.

    — Como iba diciendo, esto implica que se trata de una especie que busca expandirse. Como hicimos nosotros, nacimos en Anyxa y posteriormente evolucionamos lo suficiente como para desarrollar nuestra tecnología y expandirnos, creando el viejo imperio que, para nuestra desgracia, fue infectado por Mente Colmena. Si fuera por mi, regresaría a reconquistar lo perdido, pero no somos suficientes para afrontar ese desafío y nos debemos resignar a guardarnos la poca gloria que nos queda — Plaxor se había ido por las ramas y eso era algo que sus soldados vieron, pero por no indicarle nada y generar más tensión, permanecieron callados — La cuestión es que estos seres podrían representar una amenaza para nuestra seguridad. El Consejo Superior ha iniciado el protocolo de primer contacto, un plan pacífico para establecer una conversación cordial con otra especie. No obstante, el representante superior considera que esto implica mucho riesgo dada la situación algo precaria en la que estamos, habitando un único mundo y siendo muy vulnerables a posibles ataques enemigos. Por ello, ha decidido hacer creer a los demás consejeros que somos un grupo de exploradores formados para contactar con bondad a esa especie, pero en su lugar, vamos a ir nosotros a asegurarnos de que esos tipos no salgan de su maldito sistema.

    — ¿Y cómo vamos a hacer eso? — Otro de los soldados, sin poder contenerse, lanzó la pregunta a sabiendas de las consecuencias.

    — ¡Quién vuelva a hablar, se quedará abandonado en compañía de esos putos seres a los que vamos a visitar! — Exclamó el general, harto y decidido a terminar con su exposición de la situación — Vamos a presentarnos ante ellos y vamos a proponerles un acuerdo: que ellos no abandonen su sistema y nosotros no iremos al suyo. Una especie de pacto de no agresión. Y antes de que me lo pregunte alguno, la idea no es colaborar con ellos, ya que son una especie teóricamente inferior. Su tecnología al lado de la nuestra sigue siendo obsoleta, pero si la han podido desarrollar, pueden progresar en décadas. Por eso mismo, vamos a asegurarnos de tenerlos atados en corto. ¿Veis esas cuatro cajas?

    — Sí, son enormes.

    — ¿Qué contienen?

    — Seguramente una bomba, con eso podríamos amenazarles.

    — ¡Cerrad la boca y escuchad un segundo! — La advertencia de Plaxor vino precedida por un silencio absoluto — Prestad atención.

    En esas cuatro cajas metálicas parecía haber algún tipo de animal salvaje, pues cuando no se oía absolutamente nada, se podía percibir un ligero respirar agitado proveniente del interior de esas cajas. Más de un soldado dio un paso atrás al sentirse algo intimidado por aquello, sin saber muy bien qué pretendían hacer teniendo eso a bordo de la nave.

    — Años atrás, cuando nos fuimos del viejo imperio y el Gran General se quedó a proteger la huida del arca que nos trajo a Ibos, ordenó que nos lleváramos consigo a cuatro bestias del planeta Bildsh. En aquel entonces, estaban investigando con ellas en dicho mundo, pues estos animales salvajes feroces poseen la capacidad de hacerse invisibles a nuestro ojo, lo que las convierte en un arma brutal. Se intentó obtener esa ventaja para equiparla en armaduras militares e incluso mediante experimentos genéticos, pero hasta el momento ha sido imposible obtener o replicar esa capacidad — La explicación del general también servía como lección de historia para los soldados menos experimentados y más jóvenes — Estas bestias han estado plácidamente dormidas en la bodega de carga del arca, la cual tuvimos que ir deconstruyendo para ayudar a construir la ciudad de Vianus y demás que tenemos hoy en día. Pero esa bodega quedó intacta y almacenada en la base militar de nuestro ejército superior. Estas criaturas llevan más de cincuenta años en letargo, pero están recién despiertas en sus cajones y esperan salir lo más pronto posible. Las soltaremos en un planeta helado, el más cercano a la entrada de este sistema, para tenerlas activas por si requiriésemos de su habilidad. Si los seres a los que vamos a ver se muestran violentos o nos generan un conflicto a gran escala, las bestias de Bildsh podrían ser una baza con la que ninguno de ellos contará. Básicamente, es tener una ventaja extra almacenada cerca de quiénes podrían obligarnos a usarla.

    Los soldados asintieron, sorprendidos, a la revelación de que tenían en esa misma nave a cuatro bestias de Bildsh. Algunos de ellos nunca llegaron a oír hablar de estos animales salvajes, ya que era una investigación secreta en plena guerra interestelar contra Mente Colmena y la ciudadanía desconocía de esos experimentos para obtener la habilidad de hacerse invisible que poseen las bestias.

    Pero sin lugar a dudas eran una ventaja a tener en cuenta.

    — Eso es todo por ahora — Expresó el líder de aquel escuadrón de exploración, dando por concluida la charla — La nave partirá en breve, y pese a que tenemos una IA básica que la dirige, quiero que uno de vosotros se dedique a pilotar por si acaso. Nunca he confiado en máquinas y nuestros ancestros tampoco, desde los problemas que daban los Rhajik. El resto, instalaos en vuestros camarotes, el viaje será de un par de días.

    Con las órdenes ya claras por parte del general Plaxor, su equipo decidió dejar sus pocas pertenencias en los camarotes y darse una vuelta por el navío.

    […]

    Uno de los soldados se encontraba en el puente de mando, asegurándose de que el curso de trayectoria de la nave seguía siendo el indicado, ya que el control por el momento estaba en manos de la IA básica con la que contaba el navío.

    Teniendo las coordenadas del mundo habitado por esos seres desconocidos, solo quedaba llegar al lugar, pero para eso faltaban al menos dos días. El soldado era un anixis de media edad, con más de una década en el ejército superior y con un currículum lo bastante asombroso como para que fuese seleccionado por el general Plaxor para formar parte de esa unidad especial, que posteriormente sería conocida como ‘los operativos’.

    Sumido en sus pensamientos mientras observaba la inmensidad del espacio ante sus ojos, gracias a la cristalera frontal de la nave, el soldado no se percató de que uno de sus compañeros aparecía por detrás. Cuando éste se sentó a su lado, casi dio un respingo del susto.

    — ¡Maldición, habla antes de aparecer así por mi espalda! — Exclamó el soldado que se aseguraba de que el pilotaje fuese el indicado.

    — Perdona, Ikviek — Musitó el joven anixis, algo más relajado que cuando se vio algo ridiculizado por su superior — Supuse que estarías aquí.

    — Si, bueno, podemos turnarnos entre todos pero no he tenido problema en dejar que el resto duerman y yo quedarme aquí unas horas. Me gusta observar las estrellas, me dan perspectiva, me hacen pensar…

    — ¿A quién no? Estas vistas son magníficas, no pensé que fuéramos a verlas estando en Ibos.

    — ¿A qué te refieres, Ernu?

    — Apenas hace veinte años, más o menos, que llegamos al planeta. Y apenas estamos construyendo, haciendo que todo se empiece a parecer más a cómo era el viejo imperio — Ernu parecía sentirse algo nostálgico, a pesar de que él era muy pequeño cuando huyó de Mente Colmena — No sé, no esperaba formar parte de un viaje espacial cuando el foco ahora está puesto en crecer y expandirnos por un único mundo. Entiendo esta misión, pero, ¿no decía Plaxor que somos vulnerables? Solo habitamos un planeta. ¿Y si entablar contacto con esos seres nos pone en peligro?

    — ¿Sugieres entonces no hacer esto?

    — Yo no iría, pero si hay que hacerlo, buscaría una aproximación más honesta que la que pretendemos. Engañar o amenazar a esos seres es empezar con mal pie.

    — No te tenía por un pacifista, chico.

    — Tampoco lo soy, solo intento ser razonable.

    — Ya, bueno, te entiendo — El veterano Ikviek se echó las manos tras el cuello, acomodándose en la silla — Yo tampoco soy muy fanático de hacer esto, pero son órdenes del representante superior en concreto. Y él es el artífice de que ahora estemos todos en Ibos, de lo contrario, quizá seríamos Veerham.

    — ¿Y esas bestias de Bildsh? — El joven anixis se estremeció solo de recordar su lenta respiración dentro de las cajas — No sé, me siento como si se me estuviesen escondiendo más cosas de las que me cuentan, ¿sabes?

    — Bienvenido al sistema de rangos y de sociedad — Ikviek soltó una carcajada — Vamos, chico, ¿naciste ayer? Los líderes, el Consejo, gobiernos… todos ocultan cosas. Ya sea para no generar pánico en la población, ya sea porque creen que se juzgará mal alguna decisión que tomen, ya sea porque sean unos ladrones en sus cargos… Da igual. La cuestión es la misma: la información es poder y la guardan o la revelan en función de cuando les conviene. Asúmelo, Ernu. Somos marionetas. Es una táctica operativa.
     
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