Jujutsu Kaisen Con H de Hormonas [Explícito]

Tema en 'Fanfics de Anime y Manga' iniciado por Temarii Juuzou, 8 Marzo 2026 a las 8:30 PM.

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    Temarii Juuzou

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    Escritor
    Título:
    Con H de Hormonas [Explícito]
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Romance/Amor
    Total de capítulos:
    1
     
    Palabras:
    1232
    Autor: Temarii Juuzou.
    Actividad: Días de A, B, C... K... Xutra [+18]
    Anime: Jujutsu Kaisen.
    Personajes: Kinji Hakari/Kirara Hoshi





    H de Hormonas


    Kirara hizo una mueca de dolor al sentir la aguja entrar en su muslo, debería estar más que acostumbrada al ya tener un año entero hormonándose, pero si lo pensaba bien, definitivamente nunca podría terminar de acostumbrarse del todo a ese dolor. Se dio su tiempo antes de subirse el pantalón, observando su cuerpo frente al espejo: al menos, los estrógenos estaban dando frutos, sus caderas estaban más acentuadas, sus pechos habían crecido de forma natural, quizá no siendo los más grandes del mundo pero… eran… suyos.


    Observó con detalle su cuerpo, llevando las yemas de sus dedos a su piel, acariciando esta misma con delicadeza, como si tuviera miedo de romper su propia piel o como si le diese miedo que se desprendiera y su otro yo volviese a salir a la luz. Negó con la cabeza, por aquella visión tan horrible. Al abrirlos, los estúpidos posters de mujeres en bikini que Hakari había pegado hace tiempo en la pared, aunque ya desgastados y a nada de caerse, le regresaron la mirada por el reflejo de aquel sucio espejo; sintió como se le revolvía el estómago de asco.

    Kirara apartó la mirada con brusquedad, pero sabía que era inútil, los posters seguirían ahí incluso si decidiera salir de la habitación. Mujeres de cinturas diminutas, piernas largas, sonrisas perfectas congeladas en papel brillante. Recordó vagamente el día en que Hakari los pegó, años atrás, antes de… todo. Antes de ella. Antes siquiera de haber salido del clóset.

    Sintió un nudo incómodo en el pecho.

    —Claro… —murmuró para sí misma con amargura—. Ese es su tipo.

    Intentó subirse el pantalón, pero sus manos se quedaron quietas sobre la tela. Volvió a mirarse en el espejo, observando nuevamente, pero ahora con más lentitud, como si el tiempo no importara en lo absoluto; sus caderas, la curva suave de su pecho, la forma en que su cintura se había afinado… y aun así, en el fondo de su mente, esa voz insistente seguía susurrando que no era suficiente. Que nunca lo sería.

    Hakari había salido con chicas hermosas. Chicas que no tenían que inyectarse hormonas cada semana. Chicas que no tenían que observarse en el espejo buscando rastros de algo que temían que aún estuviera ahí. Kirara apretó los dientes.

    —Estúpido… —susurró, aunque ni siquiera sabía si hablaba de sí misma o de sus pensamientos. La puerta del departamento se abrió en ese momento.

    —¡Ya llegué!

    Kirara se tensó mientras escuchaba el sonido de pasos pesados acercándose por el pasillo, el golpe familiar de los pies descalzos de Hakari contra el suelo y, antes de que pudiera reaccionar, la puerta de la habitación se abrió.

    Hakari apareció en el marco con la misma energía despreocupada de siempre y el cabello rubio despeinado. Llevaba consigo una bolsa de comida china, lo que seguramente sería la cena de esa noche; se quedó quieto en el marco de la puerta, observando la escena frente a él con una sonrisa traviesa en el rostro: Kirara, frente al espejo, con los jeans a medio subir, esa ropa interior nueva tan suave acentuando su trasero, las mejillas ligeramente sonrojadas… Hakari se relamió los labios y miró a su novia con una ceja levantada.

    —¿Ah? —dijo con un tono divertido—. ¿Me estabas esperando para jugar?

    Kirara abrió la boca para responder, probablemente para insultar su estupidez, pero no tuvo tiempo. Hakari cruzó la habitación en dos pasos largos.

    —Oye, oye— empezó a decir Kirara, pero la frase murió cuando Hakari la tomó por la cintura y la arrastró con él hacia la cama.

    En cuestión de segundos, ambos ya estaban uno encima del otro; Hakari la besaba como si el mundo dependiera de ello y Kirara solo podía dejarse mientras sus pantalones eran despojados lentamente, dejándola a merced de su pareja. Sintió como las manos del rubio disfrutaban de la curva de su cintura y paseaban por toda su cadera hasta llegar a su vientre, Kirara intentó mantener su expresión molesta pero le era imposible, no cuando le besaba de aquella forma que le hacía temblar todo. así que, dejándose llevar por la sensación de la lengua ajena contra la suya, llevó sus propias manos a los musculosos brazos de su pareja, disfrutando de la sensación.

    —Idiota… —murmuró contra sus labios.

    Hakari río suavemente y sus manos se deslizaron con naturalidad hacia la espalda baja de Kirara, como si ese lugar le perteneciera desde siempre, como si no hubiera absolutamente nada extraño o cuestionable en la forma en que su cuerpo encajaba contra el suyo.

    Kirara sintió cómo el nudo en su pecho se aflojaba un poco.

    El rubio se alejó apenas un momento para sacarse la playera continuar, aprovechando para mirarla con esos ojos brillantes llenos de deseo, pero terminó por fruncir el ceño. La chica se había alejado un poco y se había cruzado de piernas, tratando de evitar que notara el entusiasmo y la excitación que ese beso y las caricias le habían dado.

    —¿Qué? —murmuró—. ¿No quieres…? Quizá malinterprete la situación.

    Kirara frunció el ceño y negó con la cabeza; claro que quería, era imposible no querer acostarse con Hakari, era solo que… cada vez que lo hacía, la situación le sobrepasaba al no sentirse completamente ella y no desear decepcionar a su pareja; odiaba eso, incluso si ya llevaban rato teniendo relaciones, cada vez era igual. E incluso peor.

    —No, no, claro que quiero.

    —Muy bien, porque yo definitivamente también.

    Hakari inclinó la cabeza, sonriéndole con descaro y tocando su miembro ya bien marcado en sus propios jeans con vulgaridad. Kirara soltó una risa y le soltó una patada en el pecho haciéndole caer de la cama.

    —Que asco, puerco.

    El chico soltó una risa y se incorporó, disfrutando de la risa de su amada; le observó en cada momento, estudiándola con una atención inesperadamente suave. Y entonces, simplemente volvió a besarla; se acercó a la cama y la tomó de las mejillas para hacerlo, esta vez más lento.

    Su mano viajó nuevamente a la espalda baja de su novia, dejando que sus dedos subieran por la espalda de Kirara, dibujando pequeños círculos distraídos sobre la tela de su camisa. Dejó que su otra mano viajara hasta su muslo, acariciándolo con ternura pero sin subir de más, como si ya supiera exactamente dónde tocar para no hacerla sentir incómoda, donde lograba hacer que su respiración cambiará, dónde presionar para que sus hombros dejarán de estar tensos.

    Como si entendiera sin siquiera tener que preguntar nada.

    Kirara cerró los ojos, disfrutando de aquello. En algún momento, sin darse cuenta, sus manos habían terminado aferrándose a los hombros de Hakari, terminando por tirarse de espaldas al colchón con su novio encima de ella. Fue ahí, en medio de ese silencio cómodo, entre besos y caricias distraídas, que algo dentro de su pecho se acomodó.

    Porque Hakari no estaba dudando al tocarla o besarla, no la estaba comparando ni miraba hacia otro lado. Solo eran ellos dos.

    Y Kirara al separarse y, todavía con la respiración un poco desordenada, apoyó la frente contra la de él.

    Tal vez… pensó.

    Tal vez si Hakari podía mirarla así, ya era hora de dejar de dudar tanto.
     
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  1. Temarii Juuzou
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