Explícito B de Bronceado [Tokyo Revengers]

Tema en 'Fanfics de Anime y Manga' iniciado por Temarii Juuzou, 3 Marzo 2026 a las 12:37 AM.

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    Temarii Juuzou

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    Escritor
    Título:
    B de Bronceado [Tokyo Revengers]
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Romance/Amor
    Total de capítulos:
    1
     
    Palabras:
    1006
    Autor: Temarii Juuzou.
    Actividad: Días de A, B, C... K... Xutra [+18]
    Anime: Tokyo Revengers.
    Personajes: Izana Kurokawa/Kakucho Hitto.





    B de Bronceado


    Cuando Kakucho levantó la mirada, quedó hipnotizado, sintiendo como todo dentro de su cuerpo se retorcía de puro deseo; aquel verano había viajado hasta Filipinas con la familia de Izana y en ese día caluroso, habían decidido pasar la tarde en una playa; él, junto al hermano mayor, se encontraban descansando bajo la sombra de una enorme sombrilla mientras el peli blanco, junto a sus otros dos hermanos menores, jugaban entre las olas.

    Fue ahí cuando pasó, como en cámara lenta. Kakucho devoraba con su mirada el cuerpo bronceado de Izana que brillaba eclipsando a todos a su alrededor. Su mirada simplemente no podía dirigirse a otro sitio, a otro punto, a otra persona, era casi imposible no mirarlo, no cuando Izana, para él, era el chico más hermoso del mundo, aunque, a su favor, el filipino verdaderamente es un chico muy atractivo; de músculos torneados, cuerpo firme y delgado y esa forma casi arrogante de moverse que lo volvía imposible de ignorar, que atraía las miradas de todos en cuanto entraba a cualquier lugar. Con un cuerpo de tez ya morena, bronceado aún más por el contacto con el Sol de su país natal, Kakucho solo imaginaba como sería levantarse y pasar sus manos por toda esa musculatura, frotando las gotas de agua por cada parte del cuerpo ajeno...

    Y claro que se sintió mal, pensar así de su mejor amigo debería ser un pecado mortal, pero no podía evitarlo, Izana simplemente era la perfección en persona y, debajo de aquel Sol abrasador, era imposible no imaginarlo de las formas más eróticas posibles.

    Así que desvió la mirada antes de verse obvio y cruzó las piernas para aprisionar a su propio cuerpo que lo traicionaba.

    Aún así, Izana se dio cuenta.

    No porque fuese evidente, era más que nada una sensación. Esa presión en la piel, esa mirada que quemaba más que el sol, algo a lo que ya está acostumbrado, porque el peli negro siempre lo miraba; no le molestaba, es más, ser el dueño de las fantasías de su mejor amigo era algo que el peli banco disfrutaba con todo su ser y provocarlo era su pasatiempo favorito. Giró apenas el rostro y lo vio, tan obvio para él que le conocía desde niños: Kakucho rígido, mandíbula tensa, respiración más pesada de lo normal, piernas apretadas, rostro sonrojado.

    Una pequeña sonrisa curvó los labios de Izana.

    Salió del agua despacio, dejando que las gotas recorrieran su pecho, su abdomen marcado, su cintura, como si estas le acariciaran su piel. Caminó hacia la orilla con una calma escalofriante, que ponía de nervios al pobre chico que miraba de reojo sin poder evitarlo.

    Kakucho no resistió más.

    Se levantó con la excusa más torpe que pudo inventar, por suerte, Shinchiro, el mayor de los hermanos, estaba demasiado absorto en su lectura como para prestar atención, así que alejarse hasta el restaurante más cercano a ellos fue más fácil de lo esperado. Fue directo al baño, ignorando a los tres únicos clientes que miraban en una vieja televisión un partido, y cerró la puerta. Su pulso estaba acelerado, el calor en su cuerpo ya no tenía nada que ver con el clima.

    Se apoyó contra la fría pared de aquel pequeño lugar, cerrando los ojos, intentando recuperar el control… pero la imagen de Izana bajo el agua, brillando, riendo, moviéndose libre, solo lo empeoró. Comenzó a bajar la mano lentamente, sintiendo como entraba poco a poco a la tela de su traje de baño para aliviarse y poder regresar como si nada hubiese pasado.

    —¿Huyendo?

    La voz lo atravesó. Abrió los ojos de golpe y sacó su mano de aquel íntimo lugar.

    Izana estaba ahí, a pocos pasos, el cabello aún húmedo, la piel dorada por el sol, mirándolo con una intensidad que desarmaba. Ni siquiera había escuchado la puerta abrirse y ahora estaban tan pegados que le aterró la idea de que pudiese escuchar su corazón retumbar.

    ¿Cuántas veces no lo había visto ya en ese estado? Sería igual que siempre, dónde se burla y lo deja aún más caliente de lo que ya está y huye, porque Izana nunca se decide, solo juega con él y lo tortura.

    —¿Necesitas ayuda…? —murmuró Izana, acercándose sin prisa, invadiendo su espacio hasta que el aire entre ellos se volvió pesado.

    Kakucho tragó saliva. Y cuando intentó retroceder, ya no tenía a dónde ir.

    Entonces Izana sonrió, de esa estúpida forma burlona y Kakucho supo lo que pasaría a continuación: el peli blanco le desearía suerte y se alejaría, contoneándose, provocando que su erección creciera más, con un roce o mostrando de más y el corazón del más joven ya no aguantaría una jugarreta así… no ahora, no que lo tenía más cerca que en otros momentos. Antes de que el contrario pudiese alejarse, le tomó del brazo y lo hizo sentarse en la taza del excusado.

    —Si, la necesito…

    Izana abrió los ojos, pero no puso resistencia. Levantó la mirada y su rostro de sorpresa se convirtió en una totalmente diferente, llena de picardía y diversión pura. Kakucho bajo su short lo suficiente como para liberarse y el contrario soltó un suspiro y una risa coqueta después.

    —Ya era hora de que te animaras —Izana le guiñó el ojo y bajó la mirada, colocando la palma de su mano abierta en su vientre bajo —. Veo que tu también estás bronceado… aunque hay partes que el Sol no logró alcanzar.

    Kakucho quiso mirar lo que pasaría, pero el placer que sintió le hizo cerrar los ojos y pegar su cabeza contra la puerta detrás de él, su mano aferrándose a los blancos cabellos en su mejor amigo y la mente completamente nublada, entregándose al calor que la boca del filipino emanaba, disfrutando el hecho de haber sido valiente por primera vez.
     
    • Zukulemtho Zukulemtho x 1
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