Al cruzar sus puertas, generalmente de madera tallada o cristal templado, se percibe una atmósfera elegante y sofisticada. El techo suele ser alto, decorado con molduras finamente trabajadas y grandes lámparas de araña de cristal que proyectan destellos cálidos sobre el salón. Las paredes pueden estar revestidas en mármol, paneles de madera noble o telas de alta calidad, en tonos neutros combinados con detalles dorados o plateados. El piso, impecable y brillante, puede ser de mármol pulido o parquet de madera oscura. En el centro, destaca una amplia pista de baile iluminada con luces ambientales regulables que cambian suavemente de color según el momento del evento. Las mesas redondas, vestidas con manteles de lino grueso y perfectamente planchados, están acompañadas por sillas elegantes con respaldos tapizados. Cada mesa cuenta con centros de mesa sofisticados: arreglos florales frescos, velas decorativas o candelabros de cristal. El salón también dispone de tecnología de última generación: sistema de sonido envolvente, pantallas LED discretamente integradas y cabina para DJ o escenario para presentaciones en vivo. Además, suele contar con un lobby amplio, área VIP privada, terrazas con vista panorámica y servicios exclusivos como catering gourmet y atención personalizada. En conjunto, ofrece una experiencia envolvente donde cada detalle está cuidadosamente pensado para crear un ambiente distinguido y memorable. Barrio de Tokio: Chūō, Ginza
Había sido una semana tranquila, los últimos días, aunque calurosos continuaban el ritmo usual. El aire acondicionado de mi habitación solía estar encendido, el sol estaba bastante fuerte y agradecí el hecho de no tener que salir por ninguna situación en horario donde estuviese en lo más alto del cielo -aunque de igual manera lo tenía prohibido por estas vacaciones-. Enjuagué mis ojos y luego mi miré al espejo, pestañeando. No dolía, tampoco ardía, por lo que el tratamiento continuaba surtiendo un efecto positivo. Me sequé el rostro con la toalla y la dejé sobre mi hombro desnudo, mirando el reloj que daba en la pared sobre mi cama. Eran las cinco de la tarde, me estaba acostumbrando a tener una siesta desde las cuatro o cuatro y media hasta las cinco, y bueno, con las vacaciones era bastante viable. Cerré la puerta del baño para ducharme y demás, al salir escuché el auto de mi madre, ya estaba partiendo hacia el trabajo en lo que miraba el traje que había dejado sobre la silla del escritorio con anterioridad. Tenía una tarjeta con el símbolo de los Paimon en el bolsillo del saco. No confiaba en mi billetera, y en esta ocasión agradecía por ello. Me puse el pantalón, luego la camisa de botones que remangué en torno a mis antebrazos, y por último los zapatos. Apliqué uno de los perfumes que tenía en los cajones sobre la tela y luego peiné con lentitud el cabello húmedo, me coloqué también el reloj de plata y sujeté la tarjeta, colocando la dirección en la aplicación, bajando las escaleras sin pedir el vehículo aún. En lo que me servía un vaso de agua una sonrisa de nada se me dibujó en los labios, conteniendo la gracia en realidad al recordar como Orn le había enviado dos cartas a Rockefeller -en realidad se las había dejado sobre el pupitre el último día de clase antes de finalizar la jornada-, una con la invitación, y la otra con un número donde los Paimon tenían un convenio, de trajes de lujo. Él me había comentado que le diría directamente dónde pedir el vestido, pero le mencioné que posiblemente eso la ofendería, y aunque su expresión no cambió evitó el decírselo verbalmente, dejándole solo ambas tarjetas a su decisión. Paimon era controlador cuando se trataba de cosas que involucraban a su padre, aunque no solía mostrar emociones al respecto procuraba que todo estuviese en orden, por lo que imaginaba el cómo no saber ni confiar realmente en el estilo de Rockefeller lo sacaba de su zona de confort; era curioso, si fuese otra persona ni siquiera la hubiese tenido en cuenta, pero no sería yo quién señalaría lo obvio. Como fuese, bebí el líquido transparente y ya a eso de las siete pedí el carro, aprovechando también para enviarle un mensaje a Dunn. 08 de agosto Hola. Ya voy en camino. Cuando llegues me avisas, para que no entres solo, o te espero en la entrada, no tengo problema. 7:02 PM Contenido oculto Zireael buenasss Oufit sui:
Contenido oculto: Pa musicalizar la big entrance de ambos (? Vete a saber qué bicho le había picado a Craig al invitarme y a mí al aceptar antes de largarme de la escuela el último día de clase, ni siquiera lo pensé en su momento y dije que sí. No tardé ni media hora en olvidarlo y los días siguientes siquiera se me volvió a cruzar por la cabeza, entre lo del sábado y luego lo del lunes y martes. Eso sin mencionar la charla con mamá y luego la charla, por fin, con tío Dev. En medio de todo hubo regaños y verdades que acepté y así, lentamente, continué reacomodando elementos. Haber abierto la boca me estaba ayudando a pensar con más claridad y las voces ajenas me sacaban del torbellino donde mis emociones obstaculizaban mi lectura de las cosas, demasiado enfocada en la herida. Me volvía egoísta, mezquino y agresivo. Tenía que juntar mi mierda de una vez por todas. Me acordé de la invitación de Craig el jueves como a la una de la mañana, luego de una sesión para nada sana de jugar a la Play por varias horas seguidas. Me cuestioné si decirle que no iba y quedarme en casa el sábado, ¿pero no volvíamos a lo mismo? ¿No era sencillamente lo que hacía siempre? ¿No era lo fácil y menos inconveniente? Además, a ese paso iba a haber pasado una semana de vacaciones y yo habría usado casi cuatro días en puro bed rotting. Qué decepción. En fin, cuando llegó el dichoso día empecé a prepararme con anticipación y me digné a estilizar mi mata de pelo de verdad. Estaba de un largo un poco extraño, la parte rapada de la nuca estaba ligeramente crecida y los rizos del fleco y el resto del largo me estorbaban en la cara, pero ya ni modo. Dividí el cabello por el centro, formé cada espiral con cuidado con ayuda de crema, me lo sequé con el difusor y así, al menos, lucía diferente a todos días. Pantalón, camisa, colonia. Dudé con el saco, pero al final como no me había puesto corbata me lo eché encima y recé que la humedad de Tokyo hoy diese algo de tregua. Me quedé escarbando entre mis accesorios un rato, los diferentes aros y pendientes que tenía y algunas cosas más. Cuando tomé una decisión, me coloqué lo que elegí y me metí el móvil y la billetera al bolsillo. Como los días anteriores, tuve que secuestrar el maquillaje de mamá para cubrir el estropicio que me había hecho Yuno en el cuello, pero por suerte ella estaba en su estudio trabajando en una publicación y lo mío fue un visto y no visto. Cuando estuve listo me despedí de ella, a quien ya el viernes le había contado al respecto, y le dije que mi idea era volver a casa aunque se me hiciera tarde. Mientras iba de camino, le puse un mensaje a Liam para que me depositara algo de dinero porque mis fondos estaban en números rojos por la tontería con Yunōsuke. De jueves a viernes había rascado dinero a los viciosos de turno, Mason, Katrina, el chico Aoyama que era nuevo y un poco a regañadientes, el Kasun diablo, pero tampoco era tanto y prefería prevenir que curar. Fue después de escribirle a mi padre que recibí el mensaje de Craig. Creo que vamos llegando similar, tal vez, pero yo te aviso cuando llegue no pasa nada 7:04 P.M En el trayecto me llegaron otros mensajes y me sonreí, entretenido, al ver su remitente. Sí, bueno, era sábado, ¿podía culparlo? Intercambiamos algunos textos y le mandé uno de estos selfies borrosos que sacaba a las prisas. Un poco porque sí, otro poco para fastidiarlo o tentarlo, sólo Dios sabía. Sí, sí. Mucho hijo de Aurora Zárate, pero ya la cagada estaba hecha. La reacción inmediata me vino en gracia, pero al final el intercambio se dio por cerrado un par de mensajes luego de ese. Que si me aburría de la fiesta le avisara y no sé qué. No le di mucha cuerda porque ya me estaba bajando del coche y busqué de nuevo el chat del albino apenas estuve fuera del vehículo. Estoy frente al lugar 7:29 P.M Acababa de sacar la vista de la pantalla cuando noté la melena rubia platinada, con cada cabello liso como aguja, balancearse al movimiento de su dueña. El vestido que llevaba era de un tono tinto extraño que parecía oscurecerse o aclararse según las curvas de su cuerpo, volviéndose negro por tramos. Su silueta era alta, puede que alcanzara la mía o la rebasara. Paimon a veces era un asno y no tenía cómo defenderlo. Primero por asumir que le haría caso a su sugerencia como si no quedara claro con ella que no confiaba en mi capacidad de adecuarme a un evento formal y segundo que de hacer caso a ella asumiera que podía pagarlo, como si él y su familia no estuvieran forrados. Haría lo que me diese la gana y ya está, ¡qué se aguantara! Era problema suyo por invitarme y si tanto dudaba, para qué me había invitado para empezar. Quien me había salvado había sido la Pésima Influencia a.k.a Mei, había llegado a casa con una bolsa inmensa de cosas entre las que traía un vestido que había comprado en un impulso y resultó ser muy largo para ella, me lo había mostrado por fotos y le dije que servía. De esa forma, por un buen rato la chica se metió en su papel de estilista profesional. Me ajustó el vestido, me ayudó a elegir los zapatos entre los que tenía, me maquilló haciéndome los ojos algo dramáticos y pintándome los labios con una tinta borgoña. Se encargó de alisarme el pelo aunque ya de por sí era terriblemente lacio. —Voy a necesitar que confíes en mí —dijo sacando unas tijeras de la bolsa. —¡Estás loca! ¡No vas a tocarme el pelo con eso! Estuvimos un rato en un ir y venir en el que luego de mucho dudar, la dejé hacer cuando me dijo que llevaba meses cortándose su propio cabello y lucía... Pues se veía bien. Al final lo único que hizo fue recortarme el fleco una diminutez. El recorte, sin embargo, hizo que mi cabello luciera más uniforme y a que el maquillaje se viera bien. —Era esto o hacerte un look de esos que te aplastan el cabello de adelante como tras las orejas —comentó mientras se aseguraba de que ambos lados estuvieran iguales pues mi fleco también me enmarcaba el rostro—. A mí me gusta que el pelo te envuelva la carita aunque lo tengas super liso. Se te ve hermoso. Con el pelo listo, siguió sacando cosas de la Barney-bolsa. Esta vez collares, brazaletes y aretes. Probé y probé hasta que me decidí por algunos y ella finalmente me entregó una cartera de mano negra, donde metimos mi teléfono. Era lo único que cabía además de mi identificación, la tarjeta, algunos yenes y el labial para que lo retocara cuando fuese necesario. —Todas estas cosas las compro baratas en un montón de tiendas —susurró acomodándome el collar—. Me da igual que no sean joyería fina, amo como se ven y a veces tengo tantas que no uso la mitad o me doy cuenta después que no me gustaron tanto como pensé. —¿No es como way too much? —murmuré, dudosa, dándole vueltas al brazalete. Me recordó la conversación de las mascotas con Kakeru. —No. Creo que te van bien, es como... Para darle el toque Lana a un outfit que no es tan Lana coded. Luego se puso a echarme perfume, que en el cuello, los brazos, el vestido. De pronto me soltó el último atomizado en el busto y la aparté, escandalizada. —¡Uno por si acaso! —dijo casi encima de mí seguro para que mi madre, que estaba en el salón estudiando, no oyera—. Nunca se sab- La mandé a callarse, avergonzada, y con eso dimos el asunto por finalizado todo el ritual. Ella me tomó una foto al terminar, para que pudiera verme, y le agradecí porque sin su ayuda jamás habría podido con semejante misión. Al subir al Uber, luego de despedirme de mi madre, Mei se metió también y pasé a dejarla en la casa de sus otras amigas, las que me había presentado la noche del infame Shimizudani y yo continué mi camino hacia Ginza. Me quedé unos segundos fuera, por si alcanzaba a ver a Paimon, y al final opté por invocarlo. Me aparté el cabello del hombro, saqué el móvil de la cartera y me puse a escribir. Mei me había puesto unas uñas press-on pues de normal las mías las usaba cortas por costumbre de la guitarra incluso si había dejado de tocar y se me hacía un poco raro, pero tecleé con relativa fluidez. Podrías salir afuera por mí? Me da un poco de corte entrar sola 7:30 P.M Obviamente me dejé el móvil en la mano, esperando por si me respondía, y al girar el cuerpo un momento di de lleno con unos ojos que en mi mente no debían estar allí. Iba de negro sólido, pero noté el chispazo de dorado de un collar sobre su pecho a través del botón abierto y el destello del mismo color en su oreja izquierda, entre el cabello. Me saludó con un movimiento de mano, pues seguíamos a cierta distancia, y a mí me bailó el alma por el cuerpo, en consecuencia el rostro me cosquilleó. ¿Y qué diablos hacía aquí, quién lo había invitado o por qué era importante su presencia? Además, ¿entonces no había...? Le regresé el saludo junto a una sonrisa, pero mis piernas me hicieron acercarme más a la entrada del salón. Fue mi manera de evitar tener que hablarle, que una no tenía tanta fuerza de voluntad cuando de muchachos se trataba. Justo por eso estaba yo aquí en esta fiesta de ricachones. —Ya verás tú si tengo que elegir entrar sola... —Me lamenté en voz baja, mirando la pantalla del móvil. Contenido oculto Perdón el tochopost (? Hace unos días que no podía dormir me entretuve con estas webadas so Ilana y Cayden
Tener que cruzar el tema con los proveedores que me veían como un mocoso me alteraba la calma de siempre. Masajeé el puente de mi nariz luego de colgar con los encargados de la cena principal, eran todos unos ineptos. Dejé el móvil sobre la mesa de madera en lo que mi padre se paseaba por la sala, sin detenerse a mirarme en sí pero hablándome antes de sujetar las llaves de su auto, las cuales reposaban en la mesita del recibidor. —¿Todo listo? —Sí. —Bien, iré por tu hermana al aeropuerto, al final sus vacaciones también iniciaron y nos acompañara en el evento —miró su reloj de mano, eran apenas las once de la mañana por lo que ella tendría toda la tarde para ver a una manicurista y a un estilista que había pedido e hicieran su servicio directamente en casa. Hace un tiempo no la veía y no podía negar que hacía algo de falta. Su voz chillona y estresante, y que se metiera en todo lo que no le importaba... bueno, quizá no la extrañaba tanto. Asentí sentándome en el amplio sofá de cuero, extendiendo las manos por el respaldar en lo que echaba la nuca hacia atrás, cerrando los ojos. Quería decirme algo más pero no se animaba, lo conocía lo suficiente, por algo aún no salía, pensando... Pareció ajustarse los lentes, tomar aire y abrir el picaporte de la puerta, quedando suspendido la apertura de la misma. —Es posible que tu madre también asista. El ceño apareció sin tregua, aunque no elevé la cabeza. El estómago se me revolvió y mastiqué de regreso el malestar, preguntando apenas: —¿Por qué? —Tendrá acciones en la nueva apertura, bueno, consiguió ser socia de nuestro socio, no sé cómo se conocieron pero sucedió —ahora si abrió la puerta—, no suelo exigirte nada porque no es necesario pero en esta ocasión te pido compostura, Orn. . . . Comenzaba a ingresar la gente, en la puerta mi padre había contratado a dos hombres de seguridad, los cuales tomaban los datos de los invitados para corroborar que no había ningún colado, por mi parte me encuentraba validando con los camareros el cóctel de bienvenida. Degusté para validar las mezclas y asentí señalando dos en específico, sintiendo luego el peso de un brazo sobre mis hombros. Giré el rostro y la sonrisa de Craig me hizo hacer medianamente espejo de la suya. —Es extraño verte estresado, Pai. Apartó su tacto regresando las manos a los bolsillos, echando un vistazo por la cocina, y dando permiso para que los empleados pudiese seguir rondando en el espacio que no era muy amplio. —Es más extraño verte sin lentes, debiste traerlos, ahora quién se aguanta a todas esas niñitas mirándote en vez de mirar a mi padre cuando éste dé el discurso de la noche. El albino soltó una risa ligera y genuina, encogiéndose de hombros luego en lo que parecía y le vibraba el celular. Me dispuse a ignorarlo porque seguía teniendo cosas por hacer en la cocina. Observé las papas rellenas de queso en trozos pequeños como apertura de bienvenida, solicité que espolvorearan queso parmesano para dar algo de sal sin echarla directamente, y ya después estaba por dirigirme a la sección del plato fuerte, sin embargo sentí el móvil vibrar en mi bolsillo. Lo saqué, observando el mensaje. Fue entonces que entró mi padre, organizando su corbata en el proceso y el lugar simplemente se sintió pesado. Los cocineros se tensaron, realizando sus funciones aún con más premura y perfección que antes. —Orn, ya llegó el jefe de cocina —hizo referencia a un hombre que lo estaba acompañado, vestido para la ocasión como Chef—, ya puedes relajarte. Deslicé el delantal que tenía puesto para dejarlo sobre el mesón. Saludé al hombre mayor estrechando su mano, alagó a mi padre por tenerme al frente al revisar el orden de la cocina pese a que no estaba con la intención de permanecer ahí en la reunión, me excusé para retirarme. Al salir de ahí noté que ya estaban entrando los invitados, eché un vistazo superficial para ver si había decidido entrar sola por los minutos que tardé pero no fue el caso; llegué a la gran puerta de madera con fibra de vidrio, salí dejando de recibir el aire acondicionado, siendo reemplazado por el aire sutilmente caliente de una noche de verano, y la busqué con calma, ubicándola cerca a la entrada. Estaba con un vestido tallado a su figura, los colores eran partículares, su maquillaje medianamente oscuro y sus accesorios... no eran definitivamente de la tarjeta que le entregué y me sonreí para mí. Su cabello estaba también diferente... se veía muy diferente, pero en esencia seguía siendo ella. Me acerqué, saludándola en lo que le extendía la mano. —Bienvenida. Contenido oculto Debido a la baja cantidad de tráfico había llegado realivamente rápido. Di mi nombre a los hombres de la puerta y me permitieron ingresar, los eventos de los Paimon nunca dejaban de sorprender, el lugar era demasiado amplio, las personas que estaban llegando bastante estiradas y el recibimiento con el cóctel era de apreciarse. Me preguntaron si prefería una mimosa o un gintonic, me decidí por el segundo recibiendo el recipiente de cristal, imaginando dónde estaría Orn en este momento al observar la entrada a la cocina. Di un sorbo en lo que sentía un par de ojos encima, giré el rostro y me encontré con su hermana, le sonreí con la gentileza de siempre a lo que se acercó. —¡Tanto tiempo! y tu siempre tan bello, Sui~ ¿Cómo has estado? —Bastante, sí. Bien, todo en orden. ¿Qué tal la universidad? Posó su mano derecha sobre la cintura, soltando un suspiro bastante amplio. —Genial por unas partes, horripilante por otras. Ya sabes, siempre hay alguna materia que como se quiera no entra, y bueno, esforzándome. ¿Tienes pensado regresar a Rusia luego de terminar tus estudios aquí? —tanteó mis ojos através de los suyos, pestañeando con algo de cuidado—, te vendría bien, ya sabes, no sale mucho el sol y pues tienes varias amistades allá, aunque bueno, mi hermanito ande por acá recientemente, quiero también llevármelo pero no se despega de mi padre... Le sonreí con amabilidad por su preocupación disfrazada. —No te preocupes, aunque bien es cierto que el sol se asome en cantidades minímas en Rusia me gusta verlo en todo su esplendor en el verano de Japón, de igual manera he conseguido un par de amigos acá, no son muchos en realidad —regresé mi atención hacia la puerta de la cocina—, pero con los que tengo me basta. Aunque espero seguir contando contigo si en algún momento decido retornar —sus mejillas se ruborizaron ligeramente, riendo. Me excusé para perderme en donde deduje y estaba mi mejor amigo, ecnontrándomelo con el cabello perfectamente estilizado, suelto hasta sus hombros, su traje a la medida y su accesorio de mano de oro blanco. No se acercaba más que lo necesario para observar los alimentos, direccionando qué sacar y qué no. Fue entonces que aproveché a saludarlo, y ya luego del intercambio sentir el móvil vibrar, eché un vistazo saliendo de la cocina en lo que me encontraba con su padre. Lo saludé y él me sonrió de regreso, perdiéndose con el que sería el chef de la noche. Salí por la entrada principal y denoté el cabello rubio y lacio a un costado, giré el rostro para mirarla sin detener el paso más que para alentarlo, parpadeé con lentitud denotando su vestido, estaba escribiendo en su móvil o eso parecía por lo que dudaba que me hubiese notado, sino se hubiese dado cuenta de mi desconcierto, no por su vestimenta, sino por no saber si era ella... se veía diferente a como la imaginé venir, y una parte de mí quiso saber qué cara pondría Paimon al verla. Regresé la vista al frente, y entre la gente que hacía fila di, la que estaba reunida fuera hablando y los que solo pasaban caminando cerca dí con el cabello rojizo. —Si te soy sincero dudé si vendrías, y ya estaba mentalizándome a hacerme por ahí mientras la reunión acababa —bromeé con ligereza.
Después de saludar a Cayden me quedé enfrascada en el teléfono un rato aunque Paimon no me había contestado, así que no vi a Suiren salir. Le envié algunos mensajes a Mei diciéndole que estaba nerviosa y que, para terminar de armarla, me había venido a topar al otro aquí donde siquiera se me ocurrió que estuviera. Ella me dijo que estuviera tranquila, que sería yo quien pusiera a los demás nerviosos y no al revés y suspiré, entre avergonzada y resignada. Le di las gracias otra vez y le dije que intentaría no molestarla mucho más, pues sabía que iría a un bar con las otras chicas. Al sacar la atención del móvil noté a Pai acercándose, así que con cuidado guardé el teléfono de regreso en la cartera y cuando estuvo conmigo le dediqué una sonrisa. Los tacones me dejaban a su altura, de forma que repasé sus facciones y el cabello suelto, arreglado. Iba de traje completo y pensé, de nuevo, que una no tenía tanta fuerza de voluntad. Mira que los uniformes del Sakura eran formales, pero pues esto era distinto. —Gracias —le dije y miré su mano extendida hacia mí, de forma que reflejé el movimiento, alcanzándolo. Me lo pensé un momento, para variar, y volví a deslizar la mirada sobre él. ¿Por qué? Porque me dio la gana, la verdad, tampoco era tan importante. Mi sonrisa se ensanchó ligeramente y parpadeé, despacio. —Gracias por salir por mí. Te sigo. —Me debatí si abrir la boca y al final, de nuevo, hice lo que se me antojó. El cumplido de todas formas era genuino y se lo habría dicho a cualquier otra persona con la que tuviese amistad—. Estás muy guapo, Pai. Tendría que haber asumido que si esto estaba relacionado a los Paimon, la chica iba a aparecer por una razón u otra. Seguía cuestionándome cómo lo aguantaba, pero tampoco era la primera ni la última cristiana que tenía algo con un pelinegro con cara de moco. Más bien, me sorprendía la paciencia que tenía la criatura entre soportarme a mí y al otro, aunque ya de por sí tenía cierta tendencia heroica extraña con las personas. Más allá de eso, lo que me sorprendió fue verla con colores oscuros, maquillaje dramático y todo el asunto, quien fuese que la había maquillado se había encargado de afilarle la mirada, en general más parecida a los ojos de un ciervo. Uno habría esperado verla con tonos claros y no de un color tan profundo, aunque le quedaba bien y el vestido marcaba su figura de formas para nada sutiles y yo era ojo alegre de por sí. De la manera que fuese, los accesorios parecían más propios de ella. El collar a la distancia lucía algo intrincado y el brazalete en su mano parecía una serpiente plateada, cosas de chica de bosque, sin duda, o de alma rebelde por mucho que lo disimulara. Pobre chica igual, incluso antes de que se volteara yo ya me había quedado mirándola como imbécil y cuando se giró, la neurona me alcanzó a duras penas para alzar la mano y saludarla junto a una sonrisa. A ella los nervios le ganaron la pulseada, la vergüenza le alcanzó el rostro y avanzó un poco más hacia la entrada luego de regresarme el saludo, entreteniéndose con el teléfono. No iba a negarlo, había cierto encanto en sencillamente provocarle cosas a la gente y esta muchacha no era la excepción. Una cuota de satisfacción me cayó encima y me reí por lo bajo, aunque tampoco fue que me pudiera distraer mucho en ello pues Craig apareció y a ella la alcanzó Paimon, claro. Yo me enfoqué en el que sería, digamos, mi anfitrión y solté una risa al oír su comentario. —¿Estás diciendo que pensabas que iba a dejarte plantado? —pregunté, inclinándome apenas en su dirección—. Al menos habría tenido la decencia de habértelo dicho con tiempo. Lo repasé con la vista sutilmente, su elección no era nada muy loco. Pantalón negro, camisa blanca, nada de corbata y reloj en la muñeca. Puede que lo único distinto o trascendental fuese que no traía los lentes oscuros que usaba en la escuela, como Sóloviov, ¿la luz artificial no le haría daño? El tema fue que detenerme en sus ojos me hizo pensar que, ni idea, quizás debía ampliar mis horizontes. ¿Qué hacía yo juntándome con otro albino de ojos azules? En fin. Barrí el pensamiento, la desafortunada coincidencia como tantas otras, y deslicé la vista a la entrada del salón. También era gracioso que fuese mi segunda vez en Ginza en ocho días y las dos en contextos fancy que, en teoría, nada tenían que ver conmigo y en los que acababa invitado por uno u otro motivo. —¿Tu solución a quedarte plantado habría sido consumir aire allí dentro? —tanteé y me tragué una risa—. Con razón me invitaste sin pensarlo... Bueno, yo asumía que había sido sin pensar. ¿No tenía opciones más coherentes, lógicas o deseables a secas? No, de hecho sí y lo recordé de pronto, pero no iría a decirlo en voz alta tampoco como si fuese un mal agradecido o algo así. En su defecto, lo que llegué a creer era que yo al haber visto la tarjeta, pues ni idea, lo dejé en un predicamento social o quién sabe qué. No era que estuviese en la obligación de invitar al primer estúpido que viera la tarjeta tampoco, pero pues ya su curso de acción era muy su asunto. Con el embrollo social y mental a un lado, guardé el móvil y dejé ambas manos hundidas en los bolsillos. No era mi primer rodeo en un lugar fino ni nada, pero agradecía su intención de acompañarme a entrar pues porque en sí estaba acostumbrado a colarme yo solo... y por motivos más que cuestionables.
Cuando alcanzó mi mano la dejé organizarse para que me sujetara como le quedara más cómodo. Me agradeció por salir por ella y sonreí apenas, llevándola sobre mis pasos hacia la puerta de ingreso, los hombres se apartaron siquiera sin pedir el nombre de ella en la lista y continué, empezando a escucharse el sonido del piano de manera sutil, fue entonces que su cumplido me hizo mirarla de reojo, estaba a mi altura, los tacones la hacían llegar así que basicamente dí con sus orbes de manera superficil, y la sonrisa se acentuó de manera consciente. —Y a ti el carmín y negro te queda bastante bien —murmuré de regreso, y no, no era algo que le diría a cualquier persona. Había pensado que vendría de algún tono rosa pastel, quizá algo que tuviese un poco de blanco o hasta un verde agua, pero era una sorpresa encontrarla con ciertas gamas que reflejaban aún más la tonalidad clara de su piel y realzaban sus ojos, la joyería de serpiente y el misticismo del collar de luna que hacía juego con sus aretes, aunque definitivamente lo que más me había gustado de su elección era el vestido, se pegaba a su cuerpo como una segunda piel, y la seguridad que mostraba al caminar la hacía ver bien, no parecía Alicia en el país de las maravillas, al menos no esta noche. Uno de los camareros se acercó con una bandeja en mano, la saludó con respeto y parsimonia ofreciéndole la bebida de su preferencia; tenía algunos Gin Tonic y Mimosas, esperando ambos a que ella escogiera alguna de las dos, eran cócteles de bienvenida. Por mi parte no recibí ninguno debido a que ya me había tomado el mío con anterioridad. Se acercaron algunas personas a nuestro alrededor al ser el hijo del anfitrión, la saludaron a ella también por educación, los saludé de regreso, intercambié un par de palabras y luego me excusé, para que éstos tomaran su distancia de nosotros. —Ya que estamos, los chocolates son agradables si se entregan en persona, Rockefeller —murmuré, molestándola sin peso real en las palabras. Hice un gesto con los labios que daba a entender que un poco sí, un poco sí había pensado en la posibilidad de que no viniese y bueno, en esta ocasión sabía de antemano que Paimon estaría con Ilana gran parte del tiempo, y esta noche justo no me apetecía ser violinista de nadie, ya de por sí el moreno estaría con gente tratando de hablar con él como para andar atrás suyo, y luego el conversar con desconocidos no era mi pasión, pero solía acompañarlo a sus reuniones de negocios -y ésta no sería la excepción-, ya que al final era un poco un pilar emocional para él, aunque nadie lo supiese y tampoco lo pareciese. Cuando aparecía su madre todo se iba un poco por la borda, y estando su hermana... bueno, todos teníamos nuestra vulnerabilidades en casa. —Apenas te estoy conociendo así que pensé que no avisarías con antelación si te surgía algo más —fui honesto con lo que le estaba diciendo. Eché un vistazo de regreso a la puerta, ya no estaba Ilana ni Paimon por lo que habrían entrado. —Suena bastante aburrido si lo dices así —murmuré soltando el aire con cierta jocosidad por la nariz, porque tenía razón, ya me veía consumiendo aire en lo que pasaban las horas y estaba pendiente de Orn, conversando por ahí y por allá con las personas que se me acercaran por educación y esa hubiese sido mi noche en sí—. ¿Vamos? Había pensado en otra persona originalmente al recibir la invitación, pero no me disgustaba tener apertura para hablar más con él así que me daba por bien servido, y más cuando cumplió su palabra de venir, eso me hacía tenerlo más presente si se pudiese decir de alguna manera. Caminé asegurándome que fuese a mi lado, di el nombre de ambos -aunque hace nada hubiese salido yo- y nos permitieron el ingreso luego de chulearlo a él en la lista. De entrada noté algunas personas alrededor de Orn, el cual estaba al lado de Ilana, y creí notar que sostenía la mano de esta, como dando a entender que estaba con él y bueno, un dato que guardaría para decírselo en otro momento. Una camarera se acercó a nosotros y le ofreció a Cayden la bebida de entrada, mimosa o gin tonic, me miró luego y me ofreció lo mismo, mencioné que ya había tomado el mío y murmuró que no había problema, si quería podía tomar otro, le sonreí con amabilidad por su intención, negándome a su contribución. Escuché el tocar del piano y noté como la hermana de Orn lo observaba a él desde una esquina, recostada en una de las vigas de marmol, parecía algo... confundida. Ignoré la escena y volví mi atención a Cay. —¿Y qué has hecho estos días de vacaciones?
Al principio tomé su mano con delicadeza y después, mientras me guiaba, deslicé el contacto para sencillamente tomarme de su brazo. Me pareció más cómodo y algo menos extraño, pues era un gesto que me permitía con frecuencia. En nuestro camino al interior traté de ordenar mis nervios por el espacio y el asunto de la fiesta súper formal; también procuré no reaccionar en exceso al lujo que me rodeaba. Le hice el cumplido y contra todo pronóstico, él me lo regresó. Este chico me confundía en líneas generales, era bastante hosco y luego cedía a mis estupideces. Me invitaba al evento y al mismo tiempo dudaba de mi capacidad de estar a la altura del mismo, era un indiferente y después aparecía con chocolates y me hacía un cumplido. Me frustraba y después de alguna forma el enfado se me pasaba. —Aunque no lo creas, sé lo que me sienta bien —apañé en un tono similar, atendiendo al sonido del piano, pensando en las cuerdas dentro del instrumento. En esa misma línea había elegido el anochecer por sobre el amanecer. Una parte de mí pensó en mencionar directamente la tarjeta del lugar finísimo fuera de mi presupuesto, pero acabé por descartarlo. No supe si era un berrinche y tampoco tendría sentido sacarlo apenas llegar, así que simplemente entré en el papel que me correspondía esa noche que, en lo que a mí me concernía, era lo que había dicho Mei: ponerlos nerviosos a ellos. Estaba aquí para verme bonita y ya, ¿cierto? Por la anécdota y ya estaba. Por la mañana volvería a ser la chica que llevaba a la gente al bosque, mis dedos regresarían a las cuerdas de la guitarra prestada y a las teclas de la kalimba con margaritas. No pertenecía a los altos rangos. Al ver al camarero con bandeja en mano me cuestioné qué hacían repartiendo alcohol a menores de edad, porque por muy invitada de Paimon que fuese, no dejaba de ser una chica de instituto, pero no dije nada en verdad. Fuera de eso, tampoco es que pretendiera la gran cosa, ni siquiera bebía con frecuencia. Mei era la que a veces conseguía el alcohol y entonces nos reuníamos las cuatro a hacer el tonto en casa de las Minami o el día del Shimizudani con sus otras amigas. Tomé la cartera con la mano que hasta entonces sujetaba el brazo de Pai, pero en sí no me desenredé de él, y alcancé la copa de mimosa sin saber bien qué elegía. Antes de que siquiera lo probara aparecieron personas que lo saludaron a él y a quienes les dediqué una sonrisa educada, aunque no dije nada ya que no fue necesario. Cuando recuperamos algo de privacidad, él me habló y mencionó el asunto de los chocolates. Al decirlo solté una risa un poco sin gracia y entonces, por fin, le di un trago a la copa como si el asunto no fuese conmigo. En verdad no había querido molestarlo y después me había encontrado el regalo de Kakeru, así que me había distraído por completo al respecto desde que se me ocurrió pasar el receso con él. Además, yo la había pasado muy bonito en el bosque como para andar pensando en nada más. —A mí me parece que los chocolates son agradables en general —argumenté al bajar la copa—. Me alegra saber que los recibiste. ¿Me toca asumir que los probaste? Vaya, las expectativas en el inframundo, ¿no? El gesto de Craig dejó claro que sí, que veía posible que lo dejara más plantado que las flores del invernadero y no pude hacer más que soltar una risa nasal algo incrédula. Su argumento tenía sentido, pero hacía aguas en lo más básico. —Me parece que olvidas que cuando hablamos de verdad la primera vez, podría haber salido corriendo y elegí no hacerlo. —Le recordé en voz baja. Seguí el camino de sus ojos para darme cuenta de que Ilana ya había desaparecido junto a Paimon, por lo que regresé mi atención al albino y sonreí, divertido, al oírlo admitir que sonaba aburrido puesto así. Pues claro, si era aburridísimo. ¿Cuál era su función aquí de por sí? ¿Apoyo emocional para el amargado de Paimon? Sonaba incluso peor. Por supuesto no me atreví a decirlo, me guardé mi pequeño insight para mí mismo y cuando me ofreció entrar asentí con la cabeza y seguí sus pasos. En la entrada dio nuestros nombres y así ingresamos al salón, donde ya Paimon estaba rodeado e Ilana, por rebote, estaba en medio. Ella estaba sintonizada, al menos procuraba estarlo, su sonrisa era radiante y sus movimientos cuidados. El vestido oscuro, el maquillaje y la seguridad que transmitía la hacían parecer más adulta. En nada se parecía a la chica habladora y atolondrada de siempre. Era buena actriz, había que reconocérselo. Saqué la atención de ellos y la enfoqué en la persona que apareció con las bebidas, me cuestioné el tema del alcohol y las edades, pero eso era asunto de los que no cumplían años en enero, no mío y estiré la mano para tomar un gin tonic. Ni idea de lo de las mimosas de noche, a mí me sonaban más a brunch. La camarera le ofreció un cóctel de más a Craig y disimulé la sonrisa dándole un trago a mi bebida en lo que ella se retiraba. —Pues apenas llevamos ocho días —dije luego de haber bajado la copa. Mi respuesta fue honesta en su base y omití la parte de los negocios por obvias razones—. Me estuve viendo con unos amigos y salí de fiesta los primeros días, pero desde el miércoles estoy en casa y ya. ¿Tú has hecho algo? Si sus ojos se lo permitían, para empezar. Le di un segundo trago al cóctel. Mis oídos se enfocaron en el sonido del piano y me di cuenta, de repente, que no sabía muy bien qué hacer en un evento así que no fuese buscar a alguna persona que fuese la pata coja de la mesa para acercarme a ella y ver qué conseguía. ¿Uno podía divertirse siquiera? La mascarada de Akaisa no contaba, era en esencia una fiesta de disfraces. Suponía que entendía que no quisiera venir solo, sobre todo viendo que Paimon había traído a Ilana. ¿Tal vez había elegido lo más sencillo y cercano que tenía por eso? Bah, ya daba lo mismo. —¿Y si me haces un resumen de lo que ocurre en estas fiestas? Soy nuevo en el... lore Paimonístico. No creía que tu amigo fuese tan importante, la verdad. Lo dije en voz baja, aprovechando que se había mantenido a mi lado. ¿Por qué pregunté? Ni idea, ya que estaba aquí al menos quería algo de contexto y así, también, calculaba las proporciones de la misión de Craig en otros momentos. Por la gracia, dije una cosa más. —Tampoco creo que les ofrezcan un cóctel extra a todos.