Shinjuku Nekomata Café [Cafetería]

Tema en 'Ciudad' iniciado por Gigi Blanche, 21 Octubre 2025.

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    Gigi Blanche

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    —Todos los colores. Mientras más colores, mejor. Aspiro a convertirme en un unicornio arcoiris alguna vez, ¿te lo dije? —Solté todo a tropel, sin siquiera tomar aire, y mi semblante mutó a asombro—. ¿No? ¿Nunca jamás, ni siquiera en las fiestas? Pues ya tenemos otro plan de verano entonces. ¡Es un clásico aquí! ¿Nunca viste un shojo o un slice of life de adolescentes, Al?

    Tras el fiasco del flancito, sentí una cosa suave y peluda refregarse contra mi pierna y no le presté mucha atención. Vi el postre de Al, usé la carta descarada de la novia promedio y sentí una mezcla bastante curiosa de culpa e ilusión. Una por pretender robarle la comida, claro, y la otra por... robarle la comida. ¿Tenía sentido? Erguí el torso, liberando espacio para su intercambio de platos, y me quedé viendo la gelatina.

    —¿Estás seguro...? No quiero- Bueno, en realidad sí, ¿a quién engaño? —Arrugué el ceño al escuchar lo de Kairi—. ¡No! No pasa nada. Nos atendió tan bien, no quiero hacerlo sentir incómodo ni nada. Tal vez sólo soy yo, ¿eh? Me habrá picado algo que me cambió las papilas gustativas en este preciso instante. ¡Morgana! —Arranqué al gatito de su dulce sueño al levantarlo—. ¡¿Qué me hiciste?!

    Terminé cortando el teatro innecesario pues Al se dispuso a probar el pudding y yo le presté suma atención. Una parte de mí quería que me diera la razón y la otra, claro, esperaba que en realidad a él sí le gustara para... para que no sufriera, básicamente. ¡Vaya! Cuántas emociones complicadas. Dijo que le agradaba, lo escuché reírse y fui consciente de que eso, en realidad, era lo que más me importaba.

    —Bueno, a ver la gelatina... —anuncié, estirando el suspenso como si estuviéramos en un MasterChef. Finalmente me llevé la cucharada a la boca y aplasté el cuadradito contra mi paladar, analizando el sabor—. No me provocó una pataleta como el pudding, así que ya es algo, pero... No sé, ¿creo que no son lo suficientemente dulces para mí?

    Comí una vez más y me reí, girando la cuchara entre mis dedos.

    —Qué más da, lo importante es que a ti sí te gustaron los postres. ¡Eso sí es el milagro de verano! —Apoyé los codos en la mesa, mi rostro en mis manos, y mientras lo miraba sonreí—. Me gustó que me digas love. Y me gustó todo aquí, desde los gatitos, hasta la comida y tu compañía. Es una primera cita perfecta.

    La risa me cerró los ojos y deshice la posición para estirar el brazo hacia él, alzando mi pulgar.

    —¡Diez de diez!


    ni dos citas adentro y ya empezaron con las manías JAJAJAJA
     
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    —Creo que no, pero debería haberlo asumido —reboté a lo de convertirse en unicornio arcoiris, mi voz estuvo parchada de una diversión inocente, pues me di cuenta de que había hablado en tropel. Luego negué con la cabeza a... Pues ambas cosas, lo de la pólvora y lo del shojo y slice of life—. Creo que los grandes fuegos artificiales de los festivales y de Año Nuevo me bastaban hasta ahora. Así que podemos añadirlo a la lista de planes de verano.

    Al decirlo le dediqué una sonrisa antes de que sucediera la tragedia del postre. Me preguntó si estaba seguro, aunque no le duró nada y luego me pidió que no le dijera nada a Kairi por cómo nos había entendido. Me lo pensé, en vistas del incidente yakitori, pero igual era solo mi paladar así que quizás era injusto para el pobre diablo. Desistí de mencionarlo entonces, pero no llegué a decirlo porque ella me distrajo al arrebatar a Morgana de su quinto sueño para echarle las culpas y no pude evitar reírme, fue casi una carcajada. El bichillo soltó un maullido quejicoso, seguramente más molesto por haber sido despertado que por ser acusado así.

    —No sé yo si Morgana tiene algo que ver —argumenté entre la risa.

    Me quedé a gusto con el pudding entonces, así que seguí comiendo a la vez que me mantuve atento a su opinión de la gelatina. Su veredicto final me sacó una risa un poco sin gracia, algo decepcionado porque el postre hubiese resultado así, pero su conclusión del por qué quizás tuvo algo de sentido. En sí los postres japoneses procuraban no ser demasiado dulces, la cultura como tal no era fanática de las cosas empalagosas.

    —Quizás en otra cafetería hagan postres más aptos para tu gusto por el azúcar —reflexioné luego de otra cucharada.

    Al final dijo que lo importante era que a mí le habían gustado y oírlo así, incluso con la tontería del milagro de verano, me estiró una sonrisa enternecida. Se veía que lo que nos importaba a ambos era si el otro había disfrutado y ya. Era ridículamente sencillo. Siguió hablando y sentí algo de vergüenza al escucharla decir que le gustó que le dijera love, después que le había gustado el lugar también y mi sonrisa se estiró gradualmente. Así como ella había dicho, eso era lo más importante.

    —Ojalá que todas las citas que vengan sean igual de buenas o incluso mejor entonces, love —dije primero, contento.

    Con su calificación a la primera cita, entonces mi mente se deslizó a una idea tonta que conservaba desde que la invité. Mis ojos viajaron por la mesa, los platos de postre, los vasos de agua, Derpy por un lado. Finalmente volvieron a ella y la miré como si no la hubiese visto ya muchas veces, el negro de su cabello, las trenzas, los collares. El rosado de sus ojos y la forma en que hablaba conmigo sin parar, a pesar de lo callado que yo podía ser.

    —Había una cosa que quería preguntarte —comencé, en apariencia tranquilo—. O más bien, que quería re-preguntarte aunque estemos aquí porque ya nos dimos esa respuesta... Es una tontería tal vez, pero quería repetirlo en un lugar lindo que nos gustara a ambos, luego de haber tenido una cita bonita. Una cita de verdad. Es algo penoso, pero es la primera cita real que tengo.

    Tomé una bocanada de aire y sostuve su mirada. Todo lo que hacíamos era un poco aparatoso, torpe o impulsivo, pero así éramos. Así nos queríamos, así nos elegíamos el uno al otro. Así esperaba algún día ser la persona que ella merecía.

    —¿Quieres ser mi novia, An?
     
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    —Necesitaremos un papiro para anotar todos nuestros planes —me carcajeé con liviandad, aunque al decirlo sentí una calidez indiscutible en el pecho.

    Realmente había tantísimas cosas que quería hacer con él, y el hecho de contar con todo el verano por delante... Pobre criatura, no lo dejaría en paz. Aún tenía a Morgana alzado como si lo hubiese puesto contra una pared de fusilamiento y giré el rostro violentamente hacia Altan al escucharlo defenderlo. Ah, ya entendía todo, ¡estaban complotados!

    —Tú deja que Morgana se defienda solito si tiene con qué hacerlo.

    Claro que acabé regresando al gatito a mi regazo y lo acaricié un rato, desde la cabeza hasta el lomo, en una suerte de disculpa tácita por haber interrumpido su visita a Morfeo. Asentí a la posibilidad que planteó Altan y me limité a seguir comiendo la gelatina, pensando si se me ocurría algún otro café particularmente conocido por sus... ¿postres extra dulces? Ahora que me paraba a reflexionarlo, no había visitado muchos de estos lugares desde que vivía en Japón. Sola no lo haría, mamá vivía ocupada y los chicos se limitaban a Kabukicho y los alrededores, con los parques, la pista de skate, las tienduchas de ramen y los bares levantados con dos chapas. Kakeru muchas veces había propuesto planes típicos de citas, pero al final había cancelado la gran mayoría por cualquier cantidad de excusas. Que se sentía mal, que estaba ocupado, o que "al final no podía" a secas. En su momento había llegado a frustrarme, ahora lo entendía.

    Los dos habitamos un lugar increíblemente oscuro el año pasado.

    Altan me cumplió el capricho y volver a oír aquel "love" de su boca me lanzó una sensación de lo más bonita, como un destello de luz que chispeó y se propagó por mi cuerpo, entibiándolo. Aguardé, pues parecía querer seguir hablando, y cacé sus intenciones más o menos a la mitad del mini speech. ¿Su primera cita real? Sonreí, enternecida, y meneé apenas la cabeza. La pregunta finalmente brotó de sus labios y el destello de luz se multiplicó, convirtiéndose en lisa y llana energía. Sin siquiera pensarlo me incorporé, dejé a Morgana en mi silla y rodeé a Altan para abrazarlo por los hombros, apretujándolo con mucho, mucho cariño. Dejé un beso en su mejilla, largo, y echarle un vistazo a Eevee me hizo sonreír.

    —¿Aquí es donde digo que no por el bien del suspenso dramático? —bromeé en voz baja, presionando los labios una vez más; pegué mi mejilla a la suya y cerré los ojos—. Sí, Al. Claro que sí. Sí y mil veces sí.

    Mi sonrisa se ensanchó y entreabrí los ojos, viéndolo de soslayo pese a estar todo desenfocado. Mi voz descendió ligeramente.

    —¿Ahora nos vamos de aquí, que quiero agradecerte apropiadamente la cita?

     
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    Zireael

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    Al oír lo del papiro solté una nueva risa y asentí con la cabeza, totalmente comprometido con la tarea. Igual no era mala idea, no sé, ¿hacer un documento y apuntar nuestras potenciales ideas de citas? También podíamos aplicar lo del papiro, pero en vez de papiro, una libreta random en donde ambos fuésemos anotando lo que se nos ocurriera. Así podíamos elegir luego con calma y, sobre todo, que no acabaran perdidas sobre ideas que se nos ocurrieran después.

    Por demás Morgana seguía siendo acusado y yo, por bocón, terminé siendo su compinche. Alcé las cejas al oírla decir que dejara al enano defenderse solo y miré al animal pequeño, despeinado y flacucho. No parecía que tuviera mucho con que defenderse.

    —Lo siento, amigo. Mi chica ha hablado.

    Al final lo devolvió a su regazo, lo mimó y todo el tema. Yo volví a usar el apelativo que admitió que le gustaba y en medio de mi discurso/confesión, la vi sonreír. Al terminar ella se levantó, dejó al gato en la silla y me abrazó por los hombros. Recibir el calor de su cuerpo y el cariño del gesto fue agradable y hermoso. Por ello sin siquiera pensarlo la envolví también a como pude y cerré los ojos, recibiendo su beso en la mejilla. Sentía el cuerpo liviano y los pensamientos vueltos aire también.

    —Por favor no —atajé a su broma, algo nervioso, pero sonreí al recibir el siguiente beso y oírla—. Te quiero mucho, An. Gracias por darme la mejor primera cita que pude imaginar.

    Lo siguiente que dijo, a un volumen diferente, me sacó una risa baja e insté al gato a hacerse a un lado para poder levantarme. Me despegué con cuidado de ella y al estar de pie tomé su rostro entre las manos para dejarle un beso en la frente.

    —Recoge a Derpy y dile hasta luego al pobre Morgana, iré a pagar —le dije en un murmuro sin perder la sonrisa.

    Kairi de pronto estaba en un rush de clientes, pero al verme en la caja dejó una bandeja en la ventanilla de la cocina y correteó hacia mí. Saqué la tarjeta, el chico colocó la cantidad en el datáfono y en dos segundos estaba cancelado. Él, en vez de retomar su tarea, me acompañó a nuestra mesa y allí buscó devolver a Morgana a su delantal. Yo busqué a Eevee, que estaba plantado junto a la silla moviendo la cola, y le hice un mimo entre las orejas que aceptó con gusto.

    —Anna, Altan, fue un placer atenderlos, de verdad. Quería despedirlos personalmente —comenzó e hizo una reverencia ligera—. No puedo quedarme mucho, que de pronto se nos activó la clientela, pero espero que vuelvan pronto aunque sea por los gatos. En Nekomata siempre los estaremos esperando.

    —Gracias a ti por todo —le dije al muchacho y le sonreí.

    Esperé por Anna, claro, que seguro querría despedirse del colorinches. De todas formas estiré la mano hacia ella para que la tomara y en cuanto estuviera lista podríamos retirarnos, ya que yo, obviamente, estaba muy interesado en ese agradecimiento que había mencionado.
     
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