Al cruzar sus puertas, generalmente de madera tallada o cristal templado, se percibe una atmósfera elegante y sofisticada. El techo suele ser alto, decorado con molduras finamente trabajadas y grandes lámparas de araña de cristal que proyectan destellos cálidos sobre el salón. Las paredes pueden estar revestidas en mármol, paneles de madera noble o telas de alta calidad, en tonos neutros combinados con detalles dorados o plateados. El piso, impecable y brillante, puede ser de mármol pulido o parquet de madera oscura. En el centro, destaca una amplia pista de baile iluminada con luces ambientales regulables que cambian suavemente de color según el momento del evento. Las mesas redondas, vestidas con manteles de lino grueso y perfectamente planchados, están acompañadas por sillas elegantes con respaldos tapizados. Cada mesa cuenta con centros de mesa sofisticados: arreglos florales frescos, velas decorativas o candelabros de cristal. El salón también dispone de tecnología de última generación: sistema de sonido envolvente, pantallas LED discretamente integradas y cabina para DJ o escenario para presentaciones en vivo. Además, suele contar con un lobby amplio, área VIP privada, terrazas con vista panorámica y servicios exclusivos como catering gourmet y atención personalizada. En conjunto, ofrece una experiencia envolvente donde cada detalle está cuidadosamente pensado para crear un ambiente distinguido y memorable. Barrio de Tokio: Chūō, Ginza
Había sido una semana tranquila, los últimos días, aunque calurosos continuaban el ritmo usual. El aire acondicionado de mi habitación solía estar encendido, el sol estaba bastante fuerte y agradecí el hecho de no tener que salir por ninguna situación en horario donde estuviese en lo más alto del cielo -aunque de igual manera lo tenía prohibido por estas vacaciones-. Enjuagué mis ojos y luego mi miré al espejo, pestañeando. No dolía, tampoco ardía, por lo que el tratamiento continuaba surtiendo un efecto positivo. Me sequé el rostro con la toalla y la dejé sobre mi hombro desnudo, mirando el reloj que daba en la pared sobre mi cama. Eran las cinco de la tarde, me estaba acostumbrando a tener una siesta desde las cuatro o cuatro y media hasta las cinco, y bueno, con las vacaciones era bastante viable. Cerré la puerta del baño para ducharme y demás, al salir escuché el auto de mi madre, ya estaba partiendo hacia el trabajo en lo que miraba el traje que había dejado sobre la silla del escritorio con anterioridad. Tenía una tarjeta con el símbolo de los Paimon en el bolsillo del saco. No confiaba en mi billetera, y en esta ocasión agradecía por ello. Me puse el pantalón, luego la camisa de botones que remangué en torno a mis antebrazos, y por último los zapatos. Apliqué uno de los perfumes que tenía en los cajones sobre la tela y luego peiné con lentitud el cabello húmedo, me coloqué también el reloj de plata y sujeté la tarjeta, colocando la dirección en la aplicación, bajando las escaleras sin pedir el vehículo aún. En lo que me servía un vaso de agua una sonrisa de nada se me dibujó en los labios, conteniendo la gracia en realidad al recordar como Orn le había enviado dos cartas a Rockefeller -en realidad se las había dejado sobre el pupitre el último día de clase antes de finalizar la jornada-, una con la invitación, y la otra con un número donde los Paimon tenían un convenio, de trajes de lujo. Él me había comentado que le diría directamente dónde pedir el vestido, pero le mencioné que posiblemente eso la ofendería, y aunque su expresión no cambió evitó el decírselo verbalmente, dejándole solo ambas tarjetas a su decisión. Paimon era controlador cuando se trataba de cosas que involucraban a su padre, aunque no solía mostrar emociones al respecto procuraba que todo estuviese en orden, por lo que imaginaba el cómo no saber ni confiar realmente en el estilo de Rockefeller lo sacaba de su zona de confort; era curioso, si fuese otra persona ni siquiera la hubiese tenido en cuenta, pero no sería yo quién señalaría lo obvio. Como fuese, bebí el líquido transparente y ya a eso de las siete pedí el carro, aprovechando también para enviarle un mensaje a Dunn. 08 de agosto Hola. Ya voy en camino. Cuando llegues me avisas, para que no entres solo, o te espero en la entrada, no tengo problema. 7:02 PM Contenido oculto Zireael buenasss Oufit sui:
Contenido oculto: Pa musicalizar la big entrance de ambos (? Vete a saber qué bicho le había picado a Craig al invitarme y a mí al aceptar antes de largarme de la escuela el último día de clase, ni siquiera lo pensé en su momento y dije que sí. No tardé ni media hora en olvidarlo y los días siguientes siquiera se me volvió a cruzar por la cabeza, entre lo del sábado y luego lo del lunes y martes. Eso sin mencionar la charla con mamá y luego la charla, por fin, con tío Dev. En medio de todo hubo regaños y verdades que acepté y así, lentamente, continué reacomodando elementos. Haber abierto la boca me estaba ayudando a pensar con más claridad y las voces ajenas me sacaban del torbellino donde mis emociones obstaculizaban mi lectura de las cosas, demasiado enfocada en la herida. Me volvía egoísta, mezquino y agresivo. Tenía que juntar mi mierda de una vez por todas. Me acordé de la invitación de Craig el jueves como a la una de la mañana, luego de una sesión para nada sana de jugar a la Play por varias horas seguidas. Me cuestioné si decirle que no iba y quedarme en casa el sábado, ¿pero no volvíamos a lo mismo? ¿No era sencillamente lo que hacía siempre? ¿No era lo fácil y menos inconveniente? Además, a ese paso iba a haber pasado una semana de vacaciones y yo habría usado casi cuatro días en puro bed rotting. Qué decepción. En fin, cuando llegó el dichoso día empecé a prepararme con anticipación y me digné a estilizar mi mata de pelo de verdad. Estaba de un largo un poco extraño, la parte rapada de la nuca estaba ligeramente crecida y los rizos del fleco y el resto del largo me estorbaban en la cara, pero ya ni modo. Dividí el cabello por el centro, formé cada espiral con cuidado con ayuda de crema, me lo sequé con el difusor y así, al menos, lucía diferente a todos días. Pantalón, camisa, colonia. Dudé con el saco, pero al final como no me había puesto corbata me lo eché encima y recé que la humedad de Tokyo hoy diese algo de tregua. Me quedé escarbando entre mis accesorios un rato, los diferentes aros y pendientes que tenía y algunas cosas más. Cuando tomé una decisión, me coloqué lo que elegí y me metí el móvil y la billetera al bolsillo. Como los días anteriores, tuve que secuestrar el maquillaje de mamá para cubrir el estropicio que me había hecho Yuno en el cuello, pero por suerte ella estaba en su estudio trabajando en una publicación y lo mío fue un visto y no visto. Cuando estuve listo me despedí de ella, a quien ya el viernes le había contado al respecto, y le dije que mi idea era volver a casa aunque se me hiciera tarde. Mientras iba de camino, le puse un mensaje a Liam para que me depositara algo de dinero porque mis fondos estaban en números rojos por la tontería con Yunōsuke. De jueves a viernes había rascado dinero a los viciosos de turno, Mason, Katrina, el chico Aoyama que era nuevo y un poco a regañadientes, el Kasun diablo, pero tampoco era tanto y prefería prevenir que curar. Fue después de escribirle a mi padre que recibí el mensaje de Craig. Creo que vamos llegando similar, tal vez, pero yo te aviso cuando llegue no pasa nada 7:04 P.M En el trayecto me llegaron otros mensajes y me sonreí, entretenido, al ver su remitente. Sí, bueno, era sábado, ¿podía culparlo? Intercambiamos algunos textos y le mandé uno de estos selfies borrosos que sacaba a las prisas. Un poco porque sí, otro poco para fastidiarlo o tentarlo, sólo Dios sabía. Sí, sí. Mucho hijo de Aurora Zárate, pero ya la cagada estaba hecha. La reacción inmediata me vino en gracia, pero al final el intercambio se dio por cerrado un par de mensajes luego de ese. Que si me aburría de la fiesta le avisara y no sé qué. No le di mucha cuerda porque ya me estaba bajando del coche y busqué de nuevo el chat del albino apenas estuve fuera del vehículo. Estoy frente al lugar 7:29 P.M Acababa de sacar la vista de la pantalla cuando noté la melena rubia platinada, con cada cabello liso como aguja, balancearse al movimiento de su dueña. El vestido que llevaba era de un tono tinto extraño que parecía oscurecerse o aclararse según las curvas de su cuerpo, volviéndose negro por tramos. Su silueta era alta, puede que alcanzara la mía o la rebasara. Paimon a veces era un asno y no tenía cómo defenderlo. Primero por asumir que le haría caso a su sugerencia como si no quedara claro con ella que no confiaba en mi capacidad de adecuarme a un evento formal y segundo que de hacer caso a ella asumiera que podía pagarlo, como si él y su familia no estuvieran forrados. Haría lo que me diese la gana y ya está, ¡qué se aguantara! Era problema suyo por invitarme y si tanto dudaba, para qué me había invitado para empezar. Quien me había salvado había sido la Pésima Influencia a.k.a Mei, había llegado a casa con una bolsa inmensa de cosas entre las que traía un vestido que había comprado en un impulso y resultó ser muy largo para ella, me lo había mostrado por fotos y le dije que servía. De esa forma, por un buen rato la chica se metió en su papel de estilista profesional. Me ajustó el vestido, me ayudó a elegir los zapatos entre los que tenía, me maquilló haciéndome los ojos algo dramáticos y pintándome los con una tinta borgoña. Se encargó de alisarme el pelo aunque ya de por sí era terriblemente lacio. —Voy a necesitar que confíes en mí —dijo sacando unas tijeras de la bolsa. —¡Estás loca! ¡No vas a tocarme el pelo con eso! Estuvimos un rato en un ir y venir en el que luego de mucho dudar, la dejé hacer cuando me dijo que llevaba meses cortándose su propio cabello y lucía... Pues se veía bien. Al final lo único que hizo fue recortarme el fleco una diminutez. El recorte, sin embargo, hizo que mi cabello luciera más uniforme y a que el maquillaje se viera bien. —Era esto o hacerte un look de esos que te aplastan el cabello de adelante como tras las orejas —comentó mientras se aseguraba de que ambos lados estuvieran iguales pues mi fleco también me enmarcaba el rostro—. A mí me gusta que el pelo te envuelva la carita aunque lo tengas super liso. Se te ve hermoso. Con el pelo listo, siguió sacando cosas de la Barney-bolsa. Esta vez collares, brazaletes y aretes. Probé y probé hasta que me decidí por algunos y ella finalmente m3 entregó una cartera de mano negra, donde metimos mi teléfono. Era lo único que cabía además de mi identificación, la tarjeta, algunos yenes y el labial para que lo retocara cuando fuese necesario. —Todas estas cosas las compro baratas en un montón de tiendas —susurró acomodándome el collar—. Me da igual que no sean joyería fina, amo como se ven y a veces tengo tantas que no uso la mitad o me doy cuenta después que no me gustaron tanto como pensé. —¿No es como way too much? —murmuré, dudosa, dándole vueltas al brazalete. Me recordó la conversación de las mascotas con Kakeru. —No. Creo que te van bien, es como... Para darle el toque Lana a un outfit que no es tan Lana coded. Luego se puso a echarme perfume, que en el cuello, los brazos, el vestido. De pronto me soltó el último atomizado en el busto y la aparté, escandalizada. —¡Uno por si acaso! —dijo casi encima de mí seguro para que mi madre, que estaba en el salón estudiando, no oyera—. Nunca se sab- La mandé a callarse, avergonzada, y con eso dimos el asunto por finalizado todo el ritual. Ella me tomó una foto al terminar, para que pudiera verme, y le agradecí porque sin su ayuda jamás habría podido con semejante misión. Al subir al Uber, luego de despedirme de mi madre, Mei se metió también y pasé a dejarla en la casa de sus otras amigas, las que me había presentado la noche del infame Shimizudani y yo continué mi camino hacia Ginza. Me quedé unos segundos fuera, por si alcanzaba a ver a Paimon, y al final opté por invocarlo. Me aparté el cabello del hombro, saqué el móvil de la cartera y me puse a escribir. Mei me había puesto unas uñas press-on pues de normal las mías las usaba cortas por costumbre de la guitarra incluso si había dejado de tocar y se me hacía un poco raro, pero tecleé con relativa fluidez. Podrías salir afuera por mí? Me da un poco de corte entrar sola 7:30 P.M Obviamente me dejé el móvil en la mano, esperando por si me respondía, y al girar el cuerpo un momento di de lleno con unos ojos que en mi mente no debían estar allí. Iba de negro sólido, pero noté el chispazo de dorado de un collar sobre su pecho a través del botón abierto y el destello del mismo color en su oreja izquierda, entre el cabello. Me saludó con un movimiento de mano, pues seguíamos a cierta distancia, y a mí me bailó el alma por el cuerpo, en consecuencia el rostro me cosquilleó. ¿Y qué diablos hacía aquí, quién lo había invitado o por qué era importante su presencia? Además, ¿entonces no había...? Le regresé el saludo junto a una sonrisa, pero mis piernas me hicieron acercarme más a la entrada del salón. Fue mi manera de evitar tener que hablarle, que una no tenía tanta fuerza de voluntad cuando de muchachos se trataba. Justo por eso estaba yo aquí en esta fiesta de ricachones. —Ya verás tú si tengo que elegir entrar sola... —Me lamenté en voz baja, mirando la pantalla del móvil. Contenido oculto Perdón el tochopost (? Hace unos días que no podía dormir me entretuve con estas webadas so Ilana y Cayden